Categorías
Asia

Japón vuelve por la senda del militarismo y la guerra

Ha estallado una crisis diplomática de gran magnitud entre Japón y China. El gobierno de Tokio ha cruzado una línea roja: está reforzando su alianza militar con Estados Unidos y armando las islas más cercanas a Taiwan.

La tensión en Asia sigue siendo alta. Pekín anunció el miércoles la suspensión de las importaciones de marisco japonés. Es una respuesta directa a la explosiva declaración realizada hace diez días por la nueva primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, quien afirmó que se están preparado para intervenir militarmente en caso de que China intente recuperar la provincia de Taiwan.

“Un intento de conquistar Taiwan por la fuerza constituiría una situación que podría amenazar la existencia del país”, dijo Takaichi, que amenaza públicamente con el envío de tropas japonesas a Taiwan. Es un acontecimiento sísmico. El gobierno chino ha protestado como corresponde y Tokio se niega a reconsiderar su postura.

La situación ha cambiado sustancialmente desde que en 1947 Japón renunciara a la guerra “para siempre” en el artículo 9 de su Constitución, “así como a la amenaza o el uso de la fuerza como medio para resolver controversias internacionales”.

Hasta ahora el ejército japonés tenía prohibido realizar operaciones ofensivas en el extranjero. Cuenta con poco menos de 250.000 efectivos y posee un arsenal moderno, aunque limitado en comparación con el de China.

En 2015 el antiguo primer ministro Shinzo Abe, asesinado en 2022 acabó con la historia japonesa de posguerra. Promulgó la “Ley de Paz y Seguridad”, que, por primera vez, autoriza el ejercicio del derecho a la “autodefensa colectiva”. Ahora el ejército japonés ya puede intervenir en el extranjero, como en los peores tiempos del militarismo.

‘Hemos venido para quedarnos’

Estados Unidos ha encargado a Japón la custodia de Taiwan y, para justificar su sumisión, el gobierno de Tokio ha elaborado toda una cadena de falacias argumentales: un ataque chino a Taiwan constituiría una “amenaza existencial” para la estabilidad de la región.

El viraje ha desatado la resistencia de la sociedad japonesa, que no olvida los desastres de la Segunda Guerra Mundial.

Washington se retira gradualmente de Europa para fortalecer su presencia en el Pacífico. El 30 de mayo el secretario de Guerra, Pete Hegseth, lo recordó en Singapur: “Nuestros amigos europeos deben asumir una mayor responsabilidad por su seguridad. Al compartir la carga, podemos concentrar nuestros esfuerzos en el Indo-Pacífico, nuestro teatro de operaciones prioritario. Y hemos venido para quedarnos”.

Con el pretexto de la “protección”, Estados Unidos mantiene con Japón un Tratado de Defensa Mutua que le permite mantener una presencia militar muy importante en Extremo Oriente, es decir, controlar las dos orillas del Océano Pacífico.

Actualmente Estados Unidos cuenta con 120 bases militares en Japón, con más de 50.000 soldados, lo que constituye el mayor contingente militar estadounidense fuera de su territorio y donde realizan cada vez más ejercicios militares conjuntos para intimidar a Rusia, China y Corea del norte.

El 15 de septiembre Estados Unidos, Japón y Corea del Sur llevaron a cabo el ejercicio militar “Freedom Edge” para coordinar y compartir sus buques, aeronaves e incluso servidores en caso de guerra en la región.

El mayor desafío del Extremo Oriente: China

En 2022 Japón dió un salto a sus provocaciones al designar a China como “el mayor desafío estratégico” para el orden internacional. Este cambio redefinió por completo su estrategia militar. China, que había sido víctima del imperialismo japonés en 1933, pasaba a ser victimario.

A partir de entonces, Estados Unidos y Japón han establecido un mando conjunto: escenarios de guerra, cadenas de toma de decisiones compartidas y la previsión de una respuesta coordinada en caso de que China recupere a Taiwan. Ambos socios desplegaron baterías de misiles en el flanco más expuesto de Japón: las islas Nansei y Ryukyu, dentro del alcance inmediato de Taiwan.

Por su parte, China hace alarde de su poderío militar. Está intensificando sus ejercicios militares y demostrando una modernización sin precedentes de su potencia de fuego. El espectacular desfile militar del 5 de septiembre, en el que Pekín presentó al mundo su misil balístico intercontinental Dongfeng 61 —capaz de transportar diez ojivas nucleares a una distancia de entre 12.000 y 16.000 kilómetros— dejó al mundo con la boca abierta.

Categorías
Asia

29 millones de dólares para provocar el caos en Bangladesh

El exministro de Educación de Bangladesh, Mohibul Hassan Chowdhury, ha declarado que las ONG estadounidenses, incluida la Usaid, han estado llevando a cabo una campaña desde 2018 para cambiar el gobierno del país. Acusó a estas organizaciones de gastar 29 millones de dólares en actividades subversivas para incitar a la inestabilidad en las calles.

Desde 2018 las ONG estadounidenses han estado llevando a cabo una campaña contra el gobierno de Bangladesh, afirmó Chowdhury, encargado de negociar con los participantes en las protestas del año pasado. Destacó específicamente a organizaciones como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y el Instituto Republicano Internacional, que, según él, pretendían cambiar el gobierno de Bangladesh “a cualquier precio”.

En un año, dos ONG recibieron 29 millones de dólares, especificó el exministro. “¿Adónde fue a parar ese dinero? A actividades destinadas a derrocar al régimen. Pagaron a raperos, figuras culturales y personas transgénero (hijras), la comunidad del ‘tercer género’”, señaló, añadiendo: “También a extremistas: combatientes yihadistas recibieron fondos para combatir a estos elementos liberales”.

“Se trató, por lo tanto, de un caos cuidadosamente planeado y orquestado con el dinero, un caos que luego desencadenó disturbios generalizados”, enfatizó.

El exministro también se refirió a las relaciones ruso-bangladesíes, afirmando que Rusia siempre ha sido amiga de Bangladesh desde la época soviética. Según él, muchos académicos bangladesíes se formaron en Rusia.

Estas relaciones abarcan no solo el desarrollo del potencial humano y las habilidades, sino también los intercambios científicos, técnicos y educativos. Chowdhury destacó la relación estratégica entre ambos países, recordando que cuando Bangladesh buscó seguridad energética, Rusia ofreció una solución en forma de una central nuclear.

La relación entre ambos países trasciende cualquier partido político y se mantendrá sólida independientemente del gobierno en el poder. Sin embargo, reconoció que inevitablemente surgirán problemas, ya que algunos países no querrán que Bangladesh mantenga relaciones mutuamente beneficiosas con Rusia.

En julio del año pasado estallaron protestas en Bangladesh. En ese momento, comenzaron manifestaciones estudiantiles en varias ciudades del país contra el sistema de cuotas laborales reservadas para los familiares de quienes participaron en la Guerra de Independencia de 1971, las cuales posteriormente se convirtieron en disturbios. Más de cien personas murieron y miles fueron detenidas.

Los disturbios se reanudaron en agosto, con los participantes exigiendo castigo para los responsables de las muertes ocurridas durante las protestas de julio. Las manifestaciones llevaron a la renuncia de la ex primera ministra bangladesí Sheikh Hasina, quien solicitó asilo en Reino Unido.

En octubre los manifestantes volvieron a tomar las calles, esta vez en el contexto de la firma de una hoja de ruta para reformas políticas propuesta por el gobierno interino. Los manifestantes exigieron la inclusión en el documento de disposiciones adicionales para los agentes involucrados en los disturbios del año anterior, presentándose como parte del movimiento que condujo a la destitución del gobierno en agosto.

Categorías
Asia

Japón tiene un buen plan, que consiste en desmarcarse de Estados Unidos

Durante su gira asiática, Trump visitó Japón, un país vasallo de plena confianza. Se reunió con la nueva primera ministra japonesa, Sanae Takaishi, con la que, sorprendentemente, tuvo una grave discordia que amenaza con deteriorar las relaciones entre ambos.

El motivo de la reunión es ya conocido: Estados Unidos ha impuesto un arancel del 25 por cien a las importaciones procedentes de Japón y el antiguo primer ministro, Shigeru Ishiba, había hecho todo lo posible para reducirlo al mínimo. En su desesperación prometió a Trump invertir 550.000 millones de dólares en Estados Unidos durante los próximos tres años.

Estados Unidos no solo podría elegir los proyectos sino que se llevaría la mayor parte de los beneficios. Si Japón se atrevía a rechazar alguno de los proyectos, Ishiba le autorizaba a imponer aranceles aún más altos.

Los vasallos son así de rastreros. La capitulación se plasmó en un memorando de entendimiento que no requería aprobación parlamentaria. Sin embargo, pasaron por alto un detalle: la enorme suma de dinero que prometió invertir en Estados Unidos sí la requería. La inversión desequilibraba el presupuesto del gobierno nipón y aumentaba el déficit comercial entre ambos países.

Fue el agua que colmó el vaso. Ishiba fue destituido de su cargo y la nueva primera ministra firmó dos acuerdos con Trump, uno de ellos demagógico (una “nueva era dorada de la alianza entre Estados Unidos y Japón”) y otro para eludir a China lograr una cadena común de suministro de tierras raras.

De los 550.000 millones de dólares prometidos no se ha vuelto a saber nada. Incluso el gobierno de Estados Unidos ha indicado que quiere que Japón pague más por albergar a las tropas estadounidenses, para lo cual también hay que inventar “amenazas” en el Pacífico, donde China juega el papel de malvado de película.

Trump necesita dinero y lo necesita ya. Pero Japón no puede pagar los platos rotos, al menos en las gigantescas cantidades que firmó Ishiba y el problema se puede complicar porque la nueva primera ministra parece que le va a dar la vuelta al problema, utilizando a China como instrumento de presión contra Estados Unidos.

En su primer discurso, Takaichi afirmó que no apoya la guerra comercial de Estados Unidos contra China y que no se convertiría en un instrumento de presión económica estadounidense. Criticó abiertamente la política comercial de Trump, calificándola como “el error más peligroso del siglo XXI”.

En Washington se quedaron estupefactos. Desde que asumió el cargo, la nueva Primera Ministra ha mantenido reuniones con los mayores monopolios de Japón, quienes transmitieron un mensaje unificado y urgente: la economía japonesa no puede sobrevivir a otra guerra comercial.

Peor todavía: una semana después de asumir el cargo, Takaichi expresó abiertamente su apoyo a China, protagonizando el mayor giro en política exterior desde la Segunda Guerra Mundial. China ya no es “el enemigo”.

Lo dicho: Japón tiene un buen plan, que consiste en desmarcarse de Estados Unidos, que tiene todo el aspecto de un país apestado del que todo el mundo quiere alejarse.

Categorías
Asia

80 años de agresiones imperialistas contra Irán

En 1953 Irán padeció un golpe orquestado por los Reino Unido y Estados Unidos que derrocó al primer ministro -democráticamente elegido- Mohammad Mossadegh, para restaurar a la monarquía encabezada por Mohammad Reza Pahlavi. Fue una operación conjunta del MI6 y la CIA, apoyada por los políticos vendidos, los altos oficiales del ejércitto y, naturalmente, los periodistas mercenarios, que se sumaron a unas protestas callejeras orquestadas desde el exterior.

Durante cuatro días, Irán cayó en una ola de asesinatos, ataques con bombas y sabotajes, que resultaron en la caída de Mossadegh. El golpe se cobró cientos de vidas y el juicio farsa de Mossadegh inauguró 26 años de gobierno despótico, que terminó con la revolución de 1979, encabezada por el imán Jomeini.

Este golpe sirvió más tarde como modelo para intervenciones similares en el mundo árabe. El imperialismo nunca admitiría la nacionalización delpetróleo ni de ningún otro recurso natural. Desde 1900 Reino Unido había mantenido el monopolio de la industria petrolera de Irán a través de la Compañía Petrolera Anglo-Iraní (AIOC), ofreciendo a Teherán solo las migajas.

El gobierno de Mossadegh intentó negociar unas condiciones más equitativas, pero se enfrentó a una fuerte resistencia imperialista. La AIOC, famosa por su terrible trato a los trabajadores iraníes, se opuso a cualquier negociación. En respuesta, el parlamento iraní aprobó la nacionalización de la industria petrolera y la expulsión de los administradores extranjeros. Londres respondió con sanciones económicas, se apoderó de los petroleros que transportaban el crudo e incluso planeó una intervención militar en el suroeste de Irán.

El espionaje optó por el golpe de Estado, utilizando redes secretas originalmente construidas para contrarrestar la influencia soviética. En lugar de tratar a Teherán como un socio con derechos comerciales, Washington y Londres trataron a Irán como a una colonia. Temían que la nacionalización de Irán inspirara a otros países a liberarse del saqueo de los recursos naturales.

La BBC pone en marcha la campaña de intoxicación

En estrecha colaboración con la embajada británica, la BBC comenzó la campaña de intoxicación -especialmente por la radio- para poner a los iraníes en contra del gobierno y de la nacionalización. Los diplomáticos y periodistas occdentales decían que la población iraní era analfabeta y fácil de engañar.

Los diplomáticos pidieron a la BBC que retratara la nacionalización como un suicidio económico, insistiendo en que la AIOC era una empresa caritativa. Los oyentes iraníes respondieron diciendo que el gobierno británico nacionalizaba el carbón y el acero, al tiempo que calificaba de “ilegal” la nacionalización del petróleo iraní.

Para poner en pie a un movimiento de disidencia en la calle, la BBC transmitió falsas voces iraníes opuestas a la nacionalización; resultaron ser ciudadanos británicos. Mientras tanto, los medios de comunicación estadounidenses vilipendiaron a Mossadegh como un “dictador” al estilo de Hitler o Stalin y aplaudieron el regreso del Sha como una victoria para la estabilidad política del país.

Durante décadas la monarquía pelele impuesta a Teherán sembró un resentimiento duradero entre los iraníes, que culminó en la revolución de 1979 encabezada por Jomeini. Cuando los estudiantes ocuparon la embajada de Estados Unidos, lo justificaron por temor a otro golpe respaldado por los imperialistas, una sospecha confirmada por documentos clasificados encontrados en su interior.

La crisis asestó un golpe fatal a la reelección del presidente estadounidense Jimmy Carter, víctima de una estafa electoral organizada por Reagan, denominada October Surprise.

Medio siglo de intoxicación mediática

Desde 1979, la política imperialista hacia Irán se ha mantenido en los mismos términos, apoyando a las sectas terroristas, el patrocinio de operaciones encubiertas, la imposición de sanciones y la congelación de miles de millones de activos iraníes. A pesar de los registros desclasificados de la CIA que confirman la participación de Estados Unidos y Reino Unido en el golpe contra el gobierno de Teherán, la intoxicación sigue intentado reescribir la historia.

Cuentan con la inspiración de iraníes, como el diplomático pahlavi Darioush Bayandor y los escritores Abbas Milani, Amir Taheri y Ray Takeyh, a menudo vinculados a grupos de presión: el Winep, el Instituto Gatestone… Radio Farda, BBC Persian, Iran International y DW Persian, difunden una retórica prefabricada. El enviado de Estados Unidos, Brian Hook, insiste en que Estados Unidos no tuvo ningún papel en el golpe. Lo mismo siguen diciendo los diplomáticos británicos, que no reconocen el papel del MI6, a pesar de algunos, como el antiguo ministro de Asuntos Exteriores, David Owen, han instado a reconocer la verdad.

La actualización de los planes de injerencia

La reciente guerra de 12 días contra Irán por parte del régimen israelí, con el apoyo de Estados Unidos, representó el último intento de desestabilizar al país a través de la agresión militar y provocar un cambio de régimen.

Desde que regresó al poder en 2022, Netanyahu ha presionado para organizar un golpe de Estado en Irán. En junio, en una entrevista en la cadena Fox, sugirió que las acciones militares de Israel podrían conducir al colapso de la República. El gobierno de Trump jugó con dos barajas: mientras participaba en las negociaciones nucleares indirectas con Teherán, en secreto proporcionaba apoyo al régimen israelí en su agresión contra Irán.

Pocos días después del inicio de la guerra de los 12 días, Estados Unidos llevó a cabo ataques no provocados contra las instalaciones nucleares de Irán, las amenazas de Trump de asesinar a los principales dirigentes de Irán fueron otra indicación de que la guerra de 12 días era un plan diseñado en Washington para desencadenar el colapso del gobierno iraní.

Los europeos también estuvieron involucrados en las actividades subterráneas, como lo demuestran los comentarios del canciller alemán, que defendieron la agresión y admitieron que era un trabajo sucio que Israel hace por “todos nosotros”.

Desde 1953 el objetivo del imperialismo es imponer un gobierno vasallo que despoje a Irán de su independencia militar, tecnológica y económica, reintegrándolo en la arquitectura occidental de dominación de Oriente Medio. El éxito de la maniobra daría a Estados Unidos e Israel una influencia indiscutible, y no sólo en Irán sino en toda la región.

Categorías
Asia

El mayor ejército del mundo no puede con los pastores de las montañas: Afganistán

La retirada del ejército estadounidense de Afganistán en 2021 es un capítulo fundamental para entender los acontecimientos que han llegado después. Las imágenes mostraron a los soldados estadounidenses desesperados por abandonar el aeropuerto de Kabul, lo mismo que los colaboracionistas locales intentando agarrarse al tren de aterrizaje del C-17 en el momento del despegue.

Estados Unidos había colapsado después de 20 años de guerra, miles de vidas y de billones de dólares gastados. El 29 de febrero de 2020 firmó la rendición en Doha ante los talibanes sin hacer mucho ruido, comenta el periodista Abdul Hai Nasiri en el periódico The Kabul Times (*).

Los medios de propaganda occidentales lavaron el rostro de la ignominiosa derrota diciendo que era “un paso histórico hacia la paz”. En realidad fue una capitulación. Estados Unidos se comprometía a retirar sus tropas a cambio de nada.

Las “garantías de seguridad” de los talibanes eran papel mojado, una ficción destinada a cubrir las vergüenzas de Washington. Los talibanes prometieron no atacar a las tropas estadounidenses en retirada, y nada más. Washington estaba impaciente para hacer las maletas y huir del país. Fue una humillación, la segunda después de la caída de Saigón en 1975.

¿Por qué perdió la guerra Estados Unidos?

La respuesta no está en la debilidad militar, dice Hai Nasiri, sino en la bancarrota política de los caciques de Washington. Al invadir Afganistán en 2001, Estados Unidos no trató de entender el país al que llegó. Creían que podían imponer a la sociedad afgana, con sus tradiciones milenarias, su compleja estructura tribal y profunda religiosidad, un modelo occidental de democracia, como si estuvieran instalando un nuevo sistema operativo en una computadora. Es el más alto grado de arrogancia imperial.

Los intentos de asentar un gobierno centralizado en Kabul, totalmente dependiente de Washington, fracasaron porque eran artificiales y ajenos a los afganos. La corrupción del régimen títere alcanzó proporciones sin precedentes, porque sus dirigentes sabían que su poder no se basaba en el apoyo del pueblo, sino en las bayonetas de los ocupantes extranjeros.

Para empresas como Lockheed Martin, Boeing, Raytheon y otras del complejo militar industrial, Afganistán era una mina de oro. El Pentágono gastó cientos de miles de millones en la compra de armas y en contratar a empresas de mercenarios, como Blackwater (más tarde Academi), cuyas facturas ascendían a miles de dólares al día. Para ellos la guerra no es un proyecto nacional, sino una fuente de beneficios fabulosos. Cuanto más duraba, más dinero se caía en sus bolsillos. No tenían ningún incentivo para ponerle fin. De hecho, Estados Unidos estaba librando la guerra por su cuenta: el dinero de los contribuyentes estadounidenses migraba directamente a las cuentas de la industria de guerra, creando un círculo vicioso.

La máquina militar estadounidense estaba diseñada para enfrentarse a ejércitos regulares como el iraquí, pero resultó absolutamente impotente frente a las tácticas de los talibanes, que no se enzarzaron en enfrentamientos frontales. Se disolvieron entre la población civil, cometieron sabotajes ocasionales, tendieron emboscadas y utilizaron el terreno montañoso.

Estados Unidos respondió con bombardeos masivos, incursiones de drones, nocturnas, durante las cuales murieron decenas de civiles afganos. Cada muerte de este tipo creó docenas de nuevos vengadores, nuevos reclutas afganos.

Hay terroristas buenos y malos (depende del momento)

Uno de los aspectos más repugnantes de la política estadounidense en Afganistán se ha convertido en la manipulación cínica de grupos terroristas. Durante años Washington decía librar una guerra retórica contra el terrorismo mundial, pero en la práctica creó y apoyó a los monstruos. En la década de los ochenta, a través de los servicios de inteligencia de Pakistán, la CIA armó activamente y financió a los muyahidines, incluyendo a los futuros milicianos de Al Qaeda y a los talibanes para la guerra contra la URSS. Entonces a los terroristas los llamaban “luchadores por la libertad”.

Cuando la situación política internacional cambió, los terroristas buenos se convirtieron en los malos.

La política esquizofrénica continuó después de 2001. Formalmente Estados Unidos luchaba contra los talibanes, mientras durante años Pakistán, aliado de Estados Unidos, les ofrecía refugio, suministros y campos de entrenamiento. Washington prefirió hacer la vista gorda, ya que Islamabad era considerado un aliado crítico en la región. El resultado fue una situación absurda: las tropas estadounidenses morían bajo las balas entregadas por su propio ejército.

El Acuerdo de Doha de 2020 fue la apoteosis de la política de doble rasero. Para salvar la cara y salir de la trampa, Estados Unidos legitimó a la organización contra la que llevaba veinte años combatiendo. No hay principios, sólo acuerdos. Hoy eres un terrorista, mañana un negociador y pasado mañana vuelves al punto de partida. Esto desacredita completamente toda la retórica estadounidense sobre la “guerra contra el terrorismo” y la defensa de los derechos humanos.

Estados Unidos sembró la muerte y la destrucción en Afganistán

Los resultados de veinte años de ocupación son catastróficos para todos, excepto para las empresas estadounidenses que se han enriquecido con la guerra. Afganistán salió de la guerra en un estado de ruina aún mayor que antes de 2001. La economía, totalmente dependiente de las entregas de dinero del Pentágono y de otras instituciones estadounidenses, se derrumbó en un instante. Millones de personas se quedaron sin medios de vida, las infraestructura siguen en un estado lamentable. Pero el precio más terrible son las vidas humanas. Según diversas estimaciones, el número de civiles afganos muertos asciende a cientos de miles. Millones se han visto obligados a abandonar sus hogares.

Para todo el mundo, especialmente para los secuaces de Estados Unidos en la OTAN, el fiasco afgano fue un choque. Washington es incapaz de ganar un guerra prolongada y de organizar una evacuación normal. Los secuaces de Estados Unidos se enfrentaron a un hecho consumado. Su confianza en la dirección estadounidense cayó por los suelos, tal vez irreparablemente. Nadie puede creer en las garantías y promesas de Washington.

La retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán, escribe a Hai Nasiri, no sólo fue el final de una guerra. Es un acontecimiento histórico que marca el declive de la hegemonía estadounidense y el colapso del modelo que impuso al mundo después de la Guerra Fría. Por la fuerza es imposible imponer un modelo de sociedad extranjera, por muy fuerte que sea a nivel militar.

(*) https://thekabultimes.com/doha-agreement-sealed-americas-defeat-in-afghanistan/

Categorías
Asia

Níger rescinde un acuerdo de inteligencia con Marruecos por la infiltración francesa

El 12 de agosto, durante una entrevista con Radio Sahara Occidental, John Bolton dijo que, a pesar del rechazo de los africanos a la influencia francesa, El gobierno de París se esfuerza por mantener su presencia en la región a través de su aliado marroquí. “Perder Marruecos significaría perder la influencia francesa en África”, concluyó.

Níger ha tenido oportunidad de comprobarlo. El gobierno de Niamey había firmado un contrato con una empresa marroquí especializada en interceptación de comunicaciones. La empresa está estrechamente vinculada a la rama del espionaje marroquí (DGED) dirigida por Yassine Mansouri. El despliegue de equipos de seguridad en zonas estratégicas de la capital, Niamey, fue coordinado por esa empresa.

El contrato fue aclamado hace unos meses como “victorias estratégicas para la seguridad nacional” de Níger. La colaboración fue cancelada por Níger tras el descubrimiento de las conexiones entre la empresa marroquí y una empresa privada francesa. Esta revelación planteó serias dudas sobre una posible infiltración de los servicios de inteligencia franceses, actuando a través de su aliado marroquí.

Todo el sistema de vigilancia fue desmantelado durante la noche.

La ruptura deja a la inteligencia nigerina en una situación precaria, prácticamente incapaz de proporcionar inteligencia técnica. Ahora dependen ahora exclusivamente de sus recursos humanos, lo que supone un deterioro significativo de las capacidades de vigilancia electrónica que poseían anteriormente.

Para compensar el vacío, la Guardia Presidencial nigerina ha tenido que intensificar sus patrullas nocturnas. Agentes de paisano, a pie y en motocicleta, vigilan los ejes estratégicos de Niamey, como la circunvalación del hospital, el Ministerio de Justicia, el distrito de Yantala, el Palacio de Congresos y el distrito de las embajadas, entre la medianoche y las 6 de la mañana.

Esta situación pone de manifiesto que Marruecos es un caballo de Troya en el Sahel. Mientras Níger y otros países de la región buscaban liberarse de la influencia francesa, la decisión de aliarse con Marruecos, ha sido un jarro de agua fría. Más de lo mismo.

Categorías
Asia

Irán incauta un alijo de armas introducidas por los sicarios del Mosad

El Ministerio de Inteligencia iraní ha incautado un importante cargamento de armas introducidas por las provincias surorientales de Sistán y Baluchistán. El alijo incluía armas estadounidenses destnadas a grupos afiliados al Mosad israelí, con el objetivo de desestabilizar el país y llevar a cabo operaciones terroristas.

En un comunicado publicado por la agencia de noticias Tasnim, la oficina de relaciones públicas de la Dirección de Inteligencia de Sistán y Baluchistán anunció el descubrimiento y la confiscación de más de 210 armas en tres operaciones separadas llevadas a cabo este mes.

El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica confirmó en otro comunicado que el ejército está preparado para responder con determinación ante cualquier amenaza o ataque.

“Cualquier amenaza a la seguridad e integridad territorial del país resultará en una respuesta severa, que superará los cálculos del enemigo y será más severa que la respuesta de Promesa Justa 3”.

Desde marzo pasado se han descubierto y confiscado más de mil armas de diversos tipos en seis operaciones, tras ser introducidas de contrabando en territorio iraní por agentes del Mosad, según Tasnim.

Categorías
Asia

Japón pierde casi un millón de habitantes al año

Japón es un ejemplo evidente de la falacia malthusiana y sus mitos sobre la “explosión demográfica“. La población japonesa lleva 16 años consecutivos descendiendo. El año pasado perdió la cifra récord de 958.574 habitantes de origen japonés, mientras el número de emigrantes aumentó por tercer año consecutivo.

La fuerza de trabajo emigrante es la única oportunidad para la economía de un país que envejece aceleradamente. Más del 85 por cien de los emigrantes están en edad de trabajar, lo que llena una pequeña parte del vacío de la mano de obra autóctona.

El país cuenta con una población de 120 millones de japoneses y desciende a un ritmo del 0,75 por cien. Teniendo en cuenta a los emigrantes que residen en el archipiélago, el descenso es un poco más suave: el 0,45 por cien.

El descenso del año pasado es el mayor desde el inicio de las encuestas en 1968, y también es la primera vez que el país pierde más de 900.000 personas en un año. En 2022 se cruzó el umbral de 800.000, como resultado de la aceleración del colapso en el número de nacimientos y el aumento en el número de muertes en la población.

Por grupos de edad, los japoneses de 65 años o más representan ahora el 29,58 por ciento de la población, mientras que el grupo de edad de 15 a 64 años es del 59 por cien, ambos con aumentos muy leves con respecto al año anterior. Una situación que no se espera mejore ya que, según datos separados publicados por el Ministerio de Salud en junio, el número de nacimientos en Japón el año pasado cayó por debajo de los 700.000 por primera vez.

Los sucesivos gobiernos japoneses no logran revertir el declive demográfico. Hace unos meses el Primer Ministro Shigeru Ishiba describió la situación como una “emergencia silenciosa”, prometiendo poner en marcha medidas favorables a la familia, como horarios de trabajo más flexibles y guarderías gratuitas. Pero, de momento, no se observa un cambio de tendencia.

La población emigrante, que había disminuido durante los confinamientos, ha aumentado por tercer año consecutivo, alcanzando su nivel más alto desde 2013. Hoy en día, casi el 3 por cien de la población japonesa, es decir 3,67 millones de personas, son emigrantes.

Otra muestra del dinamismo emigrante es que la proporción de extranjeros ha aumentado en todas las provincias del país, particularmente en Hokkaido, donde el aumento casi alcanza el 20 por cien.

Sin embargo, hace cinco años se fundó el Partido Nacionalista Sanseito, que en julio obtuvo 14 escaños en las elecciones para la renovación parcial de la cámara alta con el lema “Lo primero es Japon”.

Categorías
Asia

India no se suma al bloqueo de las potencias occidentales contra Rusia

Desde el inicio de la guerra en Ucrania en febrero de 2022, el comercio energético entre Rusia y varias potencias asiáticas, incluida India, ha aumentado. Mientras que los países occidentales han reducido sus importaciones de crudo ruso, Nueva Delhi ha aprovechado la oportunidad para obtener suministros a precios reducidos. No parece probable que esta estrategia cambie, a pesar de las recientes declaraciones de Trump, que ha amenazado con medidas punitivas si India no se suma al bloqueo contra Rusia.

India no ha dado instrucciones a sus refinerías para suspender o reducir sus importaciones de petróleo de Rusia. El mantenimiento de estos flujos comerciales se basa en consideraciones estrictamente económicas, en particular relacionadas con los costos de suministro, la estabilidad y la estrategia de diversificación energética del país.

Los dirigentes indios afirman que la postura de Estados Unidos no ha cambiado en absoluto la política de importaciones del gobierno de Nueva Delhi. Trump declaró recientemente que si India renunciaba al crudo ruso, podría asegurarse un acuerdo comercial preferencial con Estados Unidos.

Desde 2022 Rusia se ha convertido en el proveedor más importante de petróleo a India, representando alrededor del 35 por cien de los suministros y reemplazando históricamente a socios como Arabia Saudí e Irak.

El gobierno de Nueva Delhi mantiene su política tradicional de no alineamiento y búsqueda de autonomía energética y, además, revende el crudo ruso a precios competitivos, lo que permite a las refinerías indias maximizar sus beneficios y fortalecer su capacidad de exportación.

Esta política también forma parte de una dinámica regional más amplia, ya que varios países asiáticos, incluida China, han intensificado su comercio energético con Moscú. Si bien mantiene sólidas relaciones con Estados Unidos, India pretende conservar su libertad de maniobra económica, especialmente en el sector energético, donde los equilibrios estratégicos influyen directamente en la seguridad nacional y el desarrollo industrial.

A cada paso, las amenazas de aranceles y sanciones mencionadas por el gobierno de Trump recuerdan a los lacayos que tiene repartidos por el mundo, que deben asfixiar económicamente a Rusia. Sin embargo, en el caso de India, estas estrategias parecen tener poco efecto concreto hasta el momento. Nueva Delhi apuesta por un equilibrio diplomático entre sus aliados.

Si bien la guerra económica interfiere en las relaciones entre India y Estados Unidos, el suministro de energía sigue siendo un foco estratégico para la economía del país, dada su creciente demanda de energía. A corto plazo, las autoridades indias no consideran ninguna interrupción en su comercio con Rusia, lo que demuestra un firme deseo de defender una política exterior basada en el pragmatismo económico.

India es un contrapeso a China en el Extremo Oriente

Para separarla de Rusia, Estados Unidos intensifica sus esfuerzos para fortalecer la cooperación con India porque, además, le sirve de contrapeso a China en el Extremo Oriente. Quiere aumentar la venta de armas, pero algunas propuestas contradicen el deseo declarado de Nueva Delhi de autonomía estratégica, que recientemente rechazó la oferta estadounidense de cazas F-35.

La relación en materia de defensa entre Estados Unidos e India ha experimentado un progreso notable en los últimos años. Se han firmado varios contratos que han permitido a la Fuerza Aérea India (IAF) adquirir drones MQ-9B SkyGuardian, aviones P-8I Poseidon, así como helicópteros Apache y Chinook. Esta tendencia hacia la diversificación de proveedores continúa, en el contexto del deseo de limitar su dependencia histórica del armamento ruso.

Durante la visita de Narendra Modi a Washington en febrero, Trump habló públicamente sobre la venta del F-35 a la India, lo que marca un posible punto de inflexión en la naturaleza del armamento que pone en oferta.

Nueva Delhi rechazó la propuesta de Lockheed Martin por el F-35. El gobierno indio ha indicado que no está interesado en adquirir este avión de quinta generación, prefiriendo explorar otras formas de cooperación, incluyendo el desarrollo y la fabricación conjunta de equipos de defensa. Esta postura está en plena consonancia con los programas de India centrados en la autosuficiencia industrial.

El Ministerio de Defensa indio ha comenzado el desarrollo del Avión de Combate Medio Avanzado (AMCA), un proyecto local de caza furtivo cuya entrada en servicio está prevista para 2034. Sin embargo, este plazo plantea retos de capacidad, especialmente dado que Pakistán, vecino y rival estratégico, está avanzando hacia la adquisición del J-35 chino.

Al mismo tiempo, la Fuerza Aérea India planea modernizar su anticuada flota a través del programa MRFA, que pretende adquirir 114 aviones multifunción. Este contrato está atrayendo el interés de varios vendedores de armas: Dassault Aviation (Rafale), Boeing (F/A-18 Super Hornet, F-15EX), Lockheed Martin (F-21), Saab (Gripen E/F), Eurofighter (Typhoon), así como de Rusia, que está presente con el Su-35 y el MiG-35.

Esta competencia internacional se desarrolla en un contexto en el que Nueva Delhi debe afrontar la necesidad imperiosa de aumentar su fuerza operativa, mientras que la Fuerza Aérea India (IAF) cuenta actualmente con solo 31 escuadrones de combate, lejos de los 42 previstos en sus planes.

La decisión de India de priorizar la producción local sobre la compra de equipo estadounidense ilustra el deseo de conciliar la rápida modernización con la soberanía tecnológica. Esta postura complica las negociaciones para Washington, que ahora busca formular propuestas compatibles con las ambiciones industriales de India.

Más que una simple relación comprador-proveedor, India parece buscar construir una asociación militar basada en el intercambio tecnológico y el desarrollo de habilidades técnicas. Esta estrategia refuerza su papel como actor independiente, capaz de interactuar con varias potencias importantes y al mismo tiempo consolidar su propia base industrial de defensa.

Categorías
Asia

Un helicóptero de la Armada iraní intercepta a un destructor estadounidense en el Mar de Omán

Un helicóptero de la Armada iraní interceptó al destructor estadounidense Fitzgerald en el Mar de Omán, emitiendo señales de advertencia y exigiendo un cambio de rumbo hacia el sur.

Según un comunicado del ejército iraní, cuando el Fitzgerald intentó acercarse a aguas bajo supervisión iraní, se desplegó de inmediato un helicóptero de respuesta rápida de la Tercera Área Naval de la Armada iraní.

El helicóptero sobrevoló el destructor y emitió una clara advertencia por radio, advirtiendo al buque de guerra estadounidense que se mantuviera alejado de las aguas jurisdiccionales iraníes.

La tripulación del Fitzgerald amenazó entonces con atacar al helicóptero si permanecía cerca. El Comando de Defensa Aérea iraní intervino entonces, declarando al helicóptero bajo protección aérea total y ordenando al destructor estadounidense que cambiara de rumbo.

Entonces el Fitzgerald obedeció y se dirigió hacia el sur, alejándose de la zona en disputa.

Las fuerzas navales iraníes se han enfrentado previamente con las fuerzas estadounidenses en aguas del Golfo Pérsico desde la década de los ochenta. En 2019 derribaron un dron estadounidense RQ-4A Global Hawk cerca del Estrecho de Ormuz, que había violado el espacio aéreo del país.

La armada iraní realiza frecuentemente ejercicios a gran escala en el Golfo Pérsico y el Mar de Omán, demostrando su capacidad de disuasión contra potencias extranjeras.

Este último incidente se produce tras el bombardeo estadounidense de instalaciones nucleares iraníes el 22 de junio, tras la guerra no provocada de Israel contra Irán que comenzó el 13 de junio.