En una sociedad dividida en clases sociales, todo está jerarquizado. Unos están arriba, otros abajo y los demás suben y bajan por el escalafón. Por ejemplo, la agencia de calificación estadounidense S&P evalúa la solvencia crediticia de los deudores: empresas, estados, instituciones… Hay buenas y malas deudas en función del deudor, o mejor dicho de su capacidad para devolver el dinero prestado,
Pero las agencias de calificación también clasifican los puertos. Hay buenos puertos, malos puertos, puertos que mejoran y otros que empeoran. Por ejemplo, la del puerto de Lomé, en Togo, ha mejorado gracias a los cambios políticos en los países del Sahel.
Cuando en 2023 Níger experimentó un cambio político, los países vecinos, como Benín y Nigeria, cerraron las fronteras, cortando una ruta comercial vital hacia el Océano Atlántico. El cierre obligó a los nuevos dirigentes nigerinos a reorientar el movimiento logístico de sus exportaciones hacia el puerto de Lomé, que se ha convertido en una salida estratégica para el comercio de la Alianza de los Estados del Sahel, que incluye a Mali, Burkina Faso y Níger.
El puerto de de Lomé es de aguas profundas y en los últimos diez años el gobierno de Togo ha realizado grandes inversiones en su mejora, que han triplicado su capacidad de procesamiento de mercancías. El año pasado, el volumen de tráfico superó los 30 millones de toneladas, confirmando su posición dominante en África Occidental. Este crecimiento no sólo beneficia al comercio marítimo: el flujo de mercancías hacia y desde los países sin litoral del África meridional y oriental encuentra allí una salida fiable.
El puerto ha reforzado el atractivo de Togo, hasta el punto de modificar los fundamentos económicos percibidos en los mercados financieros. Togo se identifica ahora como una plataforma esencial al servicio de la nueva configuración política regional, que ya no se mueve a la sombra del neocolonialismo francés.
Más allá de su papel logístico, el país también se beneficia de la fortaleza de sus exportaciones tradicionales, en particular el algodón y el fosfato. Estos recursos siguen generando ingresos importantes. Sin embargo, es el impulso dado a las actividades industriales lo que atrae la atención. Se están desarrollando zonas industriales, apoyadas por una infraestructura moderna que tiene como objetivo estimular el procesamiento local de materias primas.
Este cambio hacia la producción local reduce la dependencia de los precios internacionales y, al mismo tiempo, crea nuevos empleos y diversifica la economía del país. Al tiempo, la inflación crece, aunque de una manera basatante controlada, lo que estimula las inversiones, en un contexto en el que las economías vecinas están sujetas a presiones más fuertes.
El cambio de calificación de S&P es un reconocimiento a las políticas económicas implementadas y las mejoras logradas. Las previsiones son que Togo logre crecer un 6 por cien en los próximos tres años, un ritmo sostenido en una región marcada por la inestabilidad.
No es una trayectoria aislada sino parte de una dinámica en la que ciertos estados del continente, en conexión con recomposiciones regionales como la Alianza de los Estados del Sahel, están logrando aprovechar que el yugo colonial afloja para fortalecer sus activos económicos.
Un juez sudafricano ha autorizado a los fiscales para proceder contra un antiguo oficial de policía y un delator por su papel en el asesinato en 1982 de tres jóvenes luchadores por la libertad.
Se trata de una decisión sin precedentes que permitirá procesarlos no sólo por asesinato y secuestro, sino también por crímenes contra la humanidad, incluido el crimen de apartheid.
Después de la denuncia contra Israel ante el Tribunal Penal Internacional, es un punto de inflexión. Hasta ahora, nadie había sido procesado por el crimen de apartheid, reconocido internacionalmente por la ONU y el Estatuto de Roma.
Es fruto del esfuerzo incansable de los familiares de las víctimas, de los movimientos antirracistas y de la determinación del fiscal a cargo del caso, estableciendo así un precedente significativo más de cuarenta años después de los crímenes.
El juicio examinará no sólo las acciones específicas de los acusados, sino también su participación en un sistema más amplio de opresión racial y colonial.
El caso arroja luz sobre el pasado de Sudáfrica y es parte de los esfuerzos en curso para cerrar la era del apartheid.
Casi tres décadas después de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, otras investigaciones y juicios están en marcha para explorar más a fondo los crímenes de la época del apartheid, incluida la reapertura del caso relativo a Albert Luthuli.
El antiguo presidente del Congreso Nacional Africano y ganador del Premio Nobel de la Paz, Luthuli, murió en 1967 en circunstancias sospechosas tras ser atropellado por un tren.
La retirada de los contingentes militares extranjeros, incluidas las tropas francesas, ha provocado la interrupción de los canales de financiación de los grupos terroristas en la región del Sahel. Así lo afirmó el ministro de Asuntos Exteriores de Níger, Bakary Yaou Sangaré, en a cuarta edición del Foro Diplomático de Antalya, Turquía, durante una conferencia titulada “El Sahel: el futuro de la integración regional”.
Bakary Yaou Sangaré destacó que tras la retirada de las tropas extranjeras se observó una disminución en el número de ataques y víctimas civiles.
Al mismo tiempo, el jefe de la diplomacia nigerina acusó a la Cedeao (Comunidad Económica de Estados de África Occidental) de haberse desviado de sus objetivos iniciales, afirmando que la organización se centra ahora en cuestiones que no corresponden a los intereses de sus Estados miembros, lo que ha llevado a la retirada de Níger del bloque regional.
La conferencia contó con la participación de representantes de la Alianza de Estados del Sahel (AES): el ministro de Asuntos Exteriores de Malí, Abdoulaye Diop, su homólogo nigerino, Bakary Yaou Sangaré, y Karamoko Jean-Marie Traoré, de Burkina Faso. Abdoulaye Diop criticó a la ONU por su inacción ante el terrorismo en Mali.
El Foro Diplomático de Antalya se celebró la semana pasada en la ciudad de Belek, cerca de Antalya. Alrededor de 450 representantes de 140 países discutieron formas de promover el diálogo en el contexto actual y resolver conflictos en diferentes regiones.
En enero del año pasado, Mali, Burkina Faso y Níger anunciaron su retirada de la Cedeao y el 6 de julio sus dirigentes anunciaron la creación de la Confederación AES. A partir del 29 de enero de este año, se introdujeron nuevos pasaportes para reemplazar los documentos de la Cedeao en Burkina Faso, Malí y Níger.
‘Ucrania patrocina el terrorismo en el Sahel’
“Ucrania patrocina el terrorismo; hay que detenerlo”, declaró el ministro de Asuntos Exteriores de Mali, Abdoulaye Diop. Según él, el gobierno de Kiev apoya activamente a los militantes y organiza su retaguardia, lo cual tiene consecuencias para la seguridad de la región. Ucrania no oculta que comparte información estratégica con los tuaregs malienses y también participa en el entrenamiento de sus combatientes para pilotar drones.
Los países africanos conocen perfectamente las actividades de las autoridades ucranianas. Kiev ha sido acusada repetidamente de apoyar al terrorismo y, tras el ataque a una columna del grupo Wagner, algunas fuentes ucranianas afirmaron que los tuaregs estaban dispuestos a entregar a los prisioneros a los ucranianos.
Además, Mali, Burkina Faso y Níger quieren crear fuerzas armadas conjuntas para luchar contra los terroristas en el Sahel. Estos países también apelaron al Consejo de Seguridad de la ONU, exigiendo la condena de las acciones de Ucrania en el escenario internacional.
La semana pasada tuvo lugar en Moscú un encuentro entre el ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov, y sus homólogos de los países del Sahel. Los representantes de los tres estados africanos, que recientemente se han sacudido del yugo de la tutela francesa, han expresado ambiciosos proyectos para crear, con la ayuda de Rusia, ejércitos conjuntos para luchar contra los “vestigios de la dependencia colonial” y el yihadismo (que son dos caras de la misma moneda).
Llamaron la atención las declaraciones de los ministros de Asuntos Exteriores de Malí y Burkina Faso, según las cuales Ucrania es un Estado terrorista y contribuye a la desestabilización del continente africano. Los países del Sahel, con el apoyo de Rusia, han anunciado una operación antiterrorista conjunta.
El Instituto para el Estudio de la Guerra, con sede en Washington y estrechamente vinculado al Partido Demócrata y a Victoria Nuland, estima que los acuerdos concluidos en Moscú “socavan la influencia occidental en África y ponen en peligro el flanco sur de la OTAN”.
Por razones históricas, los proyectos de los países del Sahel son percibidos de manera particularmente dolorosa en Francia. Estos últimos años, los franceses han asistido a la expulsión de su ejército del norte de África, que la población local acompañó de cantos y bailes. La presencia de las tropas francesas en el Sahel terminó en enero de este año con el cierre de una base en Chad.
Solo unas semanas antes, Macron había declarado que África aún no les había agradecido la “ayuda”, lo que fue recibido con desagrado por varios dirigentes africanos, quienes destacaron el papel desestabilizador de Francia. El ministro senegalés de Asuntos Exteriores, Usman Sonko, puso a Macron en su lugar: “Permítame recordarle que Francia no tiene ni la capacidad ni la legitimidad para garantizar la soberanía de África”.
La única base francesa en África continental (a menos que se cuenten pequeños puestos de paso en la costa oeste) sigue siendo la de Yibuti, que acoge misiones militares de una docena de otros países, incluida China. El año pasado, Macron anunció con alegría que la presencia francesa en el país se mantendría. Pero París se da cuenta de que eso no le dará la influencia deseada en la región.
De ahí los nuevos proyectos de extensión de la base militar francesa en la parte de las Comores que todavía ocupa, a saber, la isla de Mayotte, donde los colonialistas franceses organizaron en 2009 un referéndum ilegal, que no fue reconocido por la ONU y que, de hecho, desmembró un Estado insular soberano.
Macron como Mazón
La actitud de París hacia la isla ocupada ha permanecido en el nivel del pensamiento colonial de siglos pasados. Así se demostró cuando Macron visitó a Mayotte, golpeada por un huracán, e increpó a los habitantes que se quejaban de la falta de ayuda por parte del gobierno de París. Lo que le dijeron a Macron es lo mismo que los valencianos le dicen a Mazón.
Ahora Francia ha expresado su intención de establecer una segunda base para su marina en la isla ocupada. La única potencia mundial que se ha opuesto a los planes militaristas de Macron es Rusia, que ha llamado al respeto de la integridad territorial de las Comores y ha calificado las intenciones de Francia como un “residuo de los instintos neocoloniales de París”.
Los intentos de Macron de presentarse como el garante de la seguridad en Europa y, especialmente, en Ucrania, recuerdan la vieja política militar francesa en África, cuyas heridas no acaban de cicatrizar.
El desembarco de tropas francesas en Odesa, en Kiev o en Lviv, no es ninguna novedad, como ha recordado Maria Zajarova, la portavoz del Ministerio ruso de Asuntos Exteriores. “Nosotros sí conocemos la historia”, le recordó a Macron, y no se refería sólo a la invasión napoleónica, sino también al desembarco en Odesa y Crimea de las tropas francesas en diciembre de 1919 para aplastar a la Revolución de Octubre.
Odesa ya fue entonces un protectorado francés, lo mismo que otras ciudades, como Jerson, Mykolaiv, Sebastopol y Tiraspol, que quedaron en manos de los imperialistas hasta que sus ejércitos fueron derrotados al año siguiente.
Los países africanos han recordado inequívocamente a los franceses su lugar y, con el apoyo de Rusia, pretenden deshacerse finalmente de su pasado colonial, así como de vencer al yihadismo, apoyado recientemente por el régimen ucraniano.
Durante una reunión en Uagadugú, la semana pasada Ibrahim Traoré, dirigente de Burkina Faso, declinó una oferta de Arabia saudí para financiar la construcción de 200 mezquitas en su país, que ya tiene suficientes centros religiosos, muchos de las cuales están infrautilizados, dijo.
El capitán Traoré, que es musulmán, sugirió que los fondos se destinaran a proyectos prioritarios que beneficien directamente al pueblo burkinés, como escuelas, viviendas, hospitales y empresas que generen empleo, en lugar de instalaciones religiosas.
La decisión se enmarca en su política de priorizar el bienestar económico y social sobre iniciativas que podrían percibirse como una expansión de la influencia saudí, alineada con la “sharía”, que él no considera una necesidad para los burkineses.
Traoré ha priorizado la autosuficiencia económica y el desarrollo de infraestructuras críticas desde que asumió el cargo. Ha dicho que no quiere que los jóvenes de su país emigren y que para ello es necesario tener fábricas que, además, eviten las importaciones de ciertos bienes de primera necesidad.
A principios de este mes su gobierno creó el Complejo Industrial de Detergente Fassi (CIDF), inaugurado por Traoré en Pabré, en la región central del país.
El CIDF, una fábrica que produce detergentes en polvo, jabones líquidos y sólidos con una capacidad de 300 toneladas diarias, es un proyecto impulsado por el sector privado burkinés, específicamente por el empresario El Hadj Mady Sawadogo, con un costo de unos 7,5 millones de dólares.
Durante la inauguración, Traoré destacó que la fábrica simboliza “nuestra capacidad para construir una economía fuerte y soberana” y expresó su compromiso de apoyar iniciativas industriales que reduzcan la dependencia de importaciones y generen empleo local.
Desde que asumió el poder en septiembre de 2022, Traoré ha priorizado la autosuficiencia económica, como la nacionalización de las minas de oro, la apertura de refinerías y el fomento de la producción local, como fábricas de procesamiento de tomate y algodón.
Tampoco quiere depender de influencias extranjeras, como el FMI o potencias coloniales históricas. Su gobierno busca frenar la emigración juvenil fomentando el desarrollo interno para retener el talento y la fuerza laboral en Burkina Faso, que es muy importante en un país donde la inseguridad y la pobreza han empujado a muchos a buscar oportunidades en otros países.
La cadena France 5 ha censurado la emisión del documental “Argelia, sección de armas especiales”, que denuncia el uso de armas químicas por parte del ejército francés durante la guerra de la independencia de la colonia norteafricana (1954-1962).
Originalmente la emisión estaba prevista para el 16 de marzo. El documental, dirigido por Claire Billet y basado en las investigaciones del historiador Christophe Lafaye, revela el uso sistemático de gases tóxicos (como el CN2D, una mezcla de cloroacetofenona y adamsita) contra combatientes del FLN y civiles en cuevas durante el conflicto.
La emisión del documental estaba programada para el domingo pasado, pero el 11 de marzo, France Télévisions anunció su cancelación. En su lugar, la cadena optó por emitir dos documentales sobre Rusia y Estados Unidos, justificando el cambio por “imperativos de la actualidad geopolítica”.
France Télévisions ha prometido reprogramar el documental antes de junio y el 12 de marzo lo puso a disposición en línea en su plataforma France.tv, aunque con acceso restringido en algunos países.
La censura es consecuencia de las tensas relaciones entre Francia y su antigua colonia, exacerbadas por debates sobre la memoria histórica. Las cadenas públicas argelinas emitieron el documental el 12 de marzo y criticaron a la cadena por tratar de ocultar los crímenes coloniales. La indignación creció tras la difusión previa del film por la Radio Télévision Suisse (RTS) el 9 de marzo.
Recientemente un conocido periodista francés, Jean Michel Aphatie, ha sido suspendido de empleo y sueldo de la emisora RTL de Luxemburgo porque en febrero, durante un programa matinal, comparó los crímenes coloniales franceses con los nazis.
Aphatie acabó abandonando la emisora y mantiene su postura crítica sobre los crímenes coloniales cometidos por Francia en el norte de África.
Terrorismo colonial, terrorismo de Estado
La historia de la colonización francesa en Argelia está marcada por un terrorismo de Estado que va mucho más allá de una simple guerra. El terror no estuvo sólo en los enfrentamientos armados, sino que formó parte de un sistema organizado de represión y despojo, diseñado para aniquilar toda resistencia y mantener la dominación colonial.
Estos actos no fueron excepcionales, sino parte de una estrategia militar sistemática. El objetivo era quebrantar física y moralmente a quienes se oponían al orden colonial. Desde el comienzo de la conquista de Argelia en 1830, el ejército francés impuso métodos de represión de extrema brutalidad, encaminados tanto a aplastar toda resistencia como a aterrorizar a la población civil para imponer su dominio.
Un ejemplo de aquella violencia planificada son las asfixias por humo, que consistían en ahumar las cuevas donde se habían refugiado familias enteras. Uno de los casos más famosos es el de las cuevas de Dahra en 1845, donde el coronel Pélissier ordenó encerrar a cientos de civiles, hombres, mujeres y niños, en cavidades naturales, antes de prender fuego para asfixiarlos. Los testimonios describen los gritos de las víctimas y el olor insoportable de los cuerpos quemados. Estos actos, lejos de ser aislados, se repitieron varias veces.
Los campos de concentración
Desde la colonización y más aún durante la guerra de liberación (1954-1962), la administración colonial levantó campos de concentración, una herramienta de control y desestructuración social, destinada a aislar a las poblaciones rurales de los combatientes de la resistencia. Estos campos, donde fueron confinados a la fuerza miles de argelinos, recuerdan en su funcionamiento a los campos nazis. Las condiciones de vida allí eran desastrosas: el hambre, las enfermedades, la falta de agua y de atención sanitaria causaban estragos. El objetivo era tanto obstaculizar la logística del Ejército de Liberación Nacional (ELN) como destruir la estructura social y económica de las aldeas sospechosas de apoyar la lucha independentista.
La represión colonial también se manifestó en ejecuciones sumarias, a menudo como represalia después de un ataque al ejército francés. Desde las primeras décadas de la invasión, los generales Bugeaud, Cavaignac y Lamoricière fusilaron sin juicio a prisioneros o sospechosos de formar parte de la resistencia. Esa práctica continuó durante la Guerra de la Independencia, donde el uso de pelotones de fusilamiento y ejecuciones extrajudiciales fue corriente.
El uso de la tortura no sólo fue tolerado por el Estado francés; fue sistematizado y fomentado como método de interrogatorio. En la década de los cincuenta el general Massu y los paracaidistas establecieron en Argel un sistema de tortura que utilizaba los electrodos (“gégène” en la jerga militar francesa), la bañera y el abuso físico y sexual para extraer confesiones a los prisioneros. Jean Marie Le Pen sobresalía en ese trabajo sucio, que generalmente tenía lugar a la vista de las mujeres y los niños en los patios de las casas de la “casbah” de Argel. La práctica no se limitó a los combatientes del ELN sino que se extendió a civiles, intelectuales y militantes.
Esos métodos no fueron resultado de iniciativas singulares, sino de políticas coloniales. El marco jurídico garantizaba la impunidad de los responsables de los crímenes. Lasa leyes excepcionales permitieron el encarcelamiento sin juicio, la introducción de la censura y la supresión de toda disidencia. El ejército francés gozó de un enorme grado de autonomía y los sucesivos gobiernos encubrieron sus prácticas terroristas.
Hasta el final de la guerra de liberación en 1962 esos métodos persistieron, demostrando que la represión colonial fue una política que perduró en el tiempo. Nunca fueron el resultado de simples “deslices“, sino más bien la expresión de un sistema basado en el terror y en la negación de los derechos del pueblo argelino.
El uso de gases tóxicos
El uso de armas químicas durante la guerra de Argelia sigue siendo un tabú, a pesar de que varias fuentes históricas y testimonios mencionan el uso de gases tóxicos por parte del ejército francés para reprimir la resistencia argelina.
El ejército francés hizo un uso extensivo del napalm, un arma incendiaria ya empleada durante la Guerra de Indochina. Hubo bombardeos de napalm en varias zonas montañosas donde estaban atrincherados combatientes del ELN. Testimonios de antiguos combatientes y civiles describen incendios terribles y la destrucción masiva de aldeas.
Algunos historiadores han confirmado el uso de napalm, aunque el ejército francés ha negado o minimizado durante mucho tiempo su uso. Documentos militares desclasificados muestran que efectivamente había grandes reservas de napalm disponibles en Argelia.
Varios testimonios dan cuenta del uso de gases tóxicos en cuevas donde se escondían combatientes del ELN y civiles, mientras los franceses también libraban una guerra aérea. Según fuentes locales y algunos veteranos franceses, el ejército utilizó bombas de humo y gases asfixiantes para expulsar a los combatientes de la resistencia o exterminarlos en sus refugios.
Un memorando del ejército que data de 1957 recomienda “el uso de granadas de gas o bombas de humo” para neutralizar a los insurgentes atrincherados.
El ejército francés también envenenó pozos en algunas regiones, particularmente en el Sáhara y en zonas montañosas, para privar al ELN de recursos hídricos. Esta táctica recuerda los métodos utilizados por el ejército colonial británico en Sudáfrica durante la Guerra de los Boers.
El ejército francés siempre ha negado oficialmente el uso de armas químicas en Argelia, aunque numerosos testimonios y pistas apuntan a prácticas clandestinas. El acceso a los archivos militares sigue siendo limitado y el reconocimiento oficial de estos hechos por parte del Estado francés sigue siendo inexistente.
La guerra de las cavernas
El uso de armas químicas en Argelia formó parte de una estrategia de guerra total en la que el ejército francés utilizó todos los medios disponibles para aplastar la insurrección. Si bien se ha probado el uso de napalm, los repetidos llamamientos de historiadores e investigadores para que se abran completamente los archivos militares han caído en saco roto.
En Francia ciertos documentos, en particular los relativos a las armas de destrucción masiva, pueden ser declarados “incomunicables” por tiempo indefinido. Los documentos relativos al uso de armas químicas, como el CN2D, durante la guerra de Argelia son especialmente sensibles. A pesar de la apertura de algunos archivos, el acceso a la documentación sigue siendo limitado, lo que dificulta la investigación histórica.
Se sabe de la existencia de secciones especializadas del ejército en la utilización de gases tóxicos para desalojar a los combatientes argelinos que se habían refugiado en cuevas. El documental de Claire Billet ofrece una valiosa perspectiva sobre esta cuestión. El uso de gases tóxicos se dirigió principalmente a las zonas montañosas donde los combatientes del ELN se refugiaron en cuevas, que también servían como depósitos de armas, centros logísticos y centros de tratamiento para los heridos.
Esas acciones fueron parte de la “guerra de las cavernas”, una estrategia militar destinada a eliminar a los combatientes del ELN utilizando armas químicas en entornos cerrados. Las montañas ofrecían un terreno ideal para los combatientes argelinos, que utilizaban las cuevas como refugios estratégicos para escapar de los bombardeos y las ofensivas terrestres.
Frente a la resistencia de los combatientes, el ejército francés adoptó la estrategia de atacar las cuevas con medios químicos y explosivos para aniquilar a los que se encontraban en su interior.
La masacre de Ghar Ben Chattouh
La masacre de Ghar Ben Chattouh, ocurrida el 22 de marzo de 1959 en la región de Aurés, fue uno de los episodios más trágicos de la Guerra de Argelia. Alrededor de 150 personas, entre ellas muchos civiles, murieron como consecuencia del uso de gas venenoso por parte del ejército francés en un complejo de cuevas inaccesibles.
Este acontecimiento ilustra la brutalidad de la represión y la confusión que a menudo se mantiene entre combatientes y civiles. Las cuevas de Ghar Ben Chattouh sirvieron de refugio a los combatientes del ELN, así como a los civiles que intentaban escapar de los combates. A pesar de las prohibiciones internacionales, en su estrategia de contrainsurgente el ejército francés recurrió a armas químicas para neutralizar esos refugios naturales.
La masacre permaneció desconocida para el público en general durante mucho tiempo. Sólo recientemente, gracias al trabajo de historiadores y el documental de Claire Billet se ha arrojado algo más de luz sobre estas prácticas criminales.
Cuando era imposible tomar el control de una cueva, el ejército francés utilizaba cargas explosivas para sellar las entradas y enterrar vivos a los combatientes que se encontraban en el interior. También se utilizaron excavadoras para bloquear el acceso con rocas y escombros.
En algunos casos, llenaron de agua las cuevas para ahogar a los combatientes de la resistencia.
La presión internacional sobre Ruanda se intensifica. El Consejo de Seguridad de la ONU ha aprobado por unanimidad una resolución exigiendo la retirada de las tropas ruandesas del territorio de la República Democrática del Congo. Estados Unidos ya ha impuesto las primeras sanciones contra los dirigentes ruandeses.
Paralelamente, en medio de la desperación, el gobierno de Kinshasa ofrece un trueque a Occidente: acceso preferencial a los recursos minerales congoleños a cambio de apoyo político para liberar el territorio del país.
Desde finales de enero, cuando el Movimiento 23 de Marzo (M23), apoyado por Ruanda, lanzó una ofensiva en el este del Congo, el gobierno de Kinshasa sufre una derrota detrás de otra. Inicialmente perdieron el centro de la provincia de Kivu del Norte, la ciudad de Goma, cuya población, incluidos los refugiados, alcanza unos dos millones. Hace una semana, el M23 tomó el centro de la provincia de Kivu del Sur, la ciudad de Bukavu.
Ambas provincias son extremadamente ricas en recursos minerales. Hay depósitos de cobalto, tantalio, tourmalina, pirocloro, oro, diamantes y cassityrite. Han quedado bajo el control de Ruanda.
El documento aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU fue apoyado por unanimidad (1). La resolución condena la agresión del M23 en Kivu del Norte y Kivu del Sur, llevada a cabo con el apoyo de Ruanda. Antes, el 20 de febrero, el Tesoro de Estados Unidos anunció las primeras sanciones (2). Tienen como diana al ministro de Integración Regional de Ruanda, James Kabarebe, y el portavoz del M23, Lawrence Kanyuka Kingston.
Curiosamente el presidente ruandés, Paul Kagame, no ha sido sancionado. Su posición oficial sigue siendo que las tropas ruandesas no están en Congo y que los combates están siendo librados por los tutsis locales (el Banyamulenge), cuyos intereses están representados por el M23.
Kinshasa afirma que el objetivo de la agresión militar ruandesa es tomar el control de las dos provincias ricas en recursos minerales. El M23 y sus grupos asociados ya ni siquiera hablan de marchar sobre la capital y derrocar al presidente congoleño Félix Tshisekedi.
A pesar de la resolución, el papel de la ONU no puede ser más lamentable. El M23 no duda en atacar a los contingentes de mantenimiento de la paz. La respuesta occidental no le va a la zaga… con la excepción de Bélgica porque Congo es una antigua colonia brutalmente explotada. Los enfrentamientos de los belgas con Kigali tienen esa explicación. Ruanda ha suspendido el programa de “ayuda” de Bélgica, que originalmente estaba destinado a extenderse hasta 2029.
El Presidente Tshisekedi se ha girado hacia Estados Unidos y la Unión Europea. Les ha ofrecido acceso a los recursos minerales de Congo a cambio de presionen a Ruanda para que se retire de Kivu (3).
Actualmente, la influencia económica de China en Congo es más fuerte que la de Occidente, al menos en términos de acceso a los recursos minerales. Aunque esto no se aplica a Kivu, donde se están llevando a cabo los combates.
Tshisekedi había acusado a la Unión Europea de colaborar con Ruanda, que practicaba la extracción ilegal de recursos minerales en el territorio congoleño. Ahora se ha olvidado de aquellas acusaciones porque se ve obligado a pedir ayuda.
La guerra en la parte oriental de la República Democrática del Congo podría extenderse a la región de los Grandes Lagos. Hace tiempo que Ruanda quiere apoderarse de las materias primas (coltán, cobalto) de Congo y la terminación del corredor ferroviario de Lobito, la vía férrea para sacar los minerales por Angola, ha acelerado sus planes de conquista.
En África la riqueza es la muerte y Kivu, en la región oriental de Congo, tiene entre el 60 y 80 por cien del coltán del mundo, un mineral esencial para el desarrollo militar y la tecnología civil.
Ruanda opera en Kivu bajo la fachada del Movimiento 23 de Marzo, que a su vez es el brazo armado de la Alianza del Rio Congo (AFC), y controla el tráfico de coltán, que rinde 800.000 dólares al mes. Según la ONU, con esos ingresos la AFC financia sus operaciones militares.
Las sanciones estadounidenses impuestas a la AFC en julio del año pasado fueron el primer reconocimiento oficial del movimiento como una amenaza regional, pero no lograron detener su expansión.
No es sólo una guerra local. El ejército congoleño es muy débil, a pesar del despliegue de 5.000 tropas sudafricanas y tanzanianas en su apoyo. Los mecanismos de seguridad regional, como la SADC y la Conferencia Internacional sobre la Región de los Grandes Lagos (CIGRL), no se diseñaron para una guerra de estas dimensiones.
La incapacidad para contener la AFC en Kivu podría convertirse en una bomba de relojería que podría socavar toda la arquitectura de seguridad en la región en cualquier momento.
Burundi, otro Estado políticamente frágil, corre el peligro de caer en una guerra civil a causa de la crisis congoleña.
Uganda teme un resurgimiento de las Fuerzas Democráticas Aliadas (FDA) en sus regiones mineras del norte, ricas en oro y estaño, debido a sus vínculos con la AFC.
Los principales países de la SADC (Comunidad del África Meridional para el Desarrollo) están amenazados en el país y en Angola. El corredor de Lobito, una importante ruta comercial que une Congo, Zambia y Angola con el puerto de Lobito, es importante para las exportaciones mineras estratégicas a los países occidentales.
Ruanda ha quedado fuera del corredor y eso ha llevado al gobierno de Kagame a desestabilizar la parte oriental de Congo.
La escalada en Kivu del norte no está marcada únicamente por los avances miitares del M23, sino que forma parte de una tendencia política más amplia desde que la ADF se afilió al Califato Islámico en África Central (CIAP).
Sin una respuesta coordinada que incluya a las instituciones africanas, Kivu del norte se puede convertir en un centro del yihadismo regional, fomentando una mezcla de terrorismo que combina guerra irregular, economía criminal (financiación con el tráfico de materias primas) y yihadismo, con consecuencias desastrosas para el África Central.
Así, desde Goma hasta Bujumbura, el M23 no se limita a redibujar los mapas. Está cambiando el equilibrio político de la región de los Grandes Lagos. No sólo se divide un territorio, sino que se fusionan las guerras mineras, las rivalidades regionales y las redes criminales multinacionales.
En África las fronteras entre la revuelta social, el poder político y la depredación económica se desdibujan. El que controla las minas controla la situacion en los Grandes Lagos.
El corredor de Lobito: otra obra ‘benéfica’ de la Usaid
La Usaid está presente en todas las salsas y siempre con propósitos muy poco humanitarios. Una de sus “obras benéficas” es el corredor de Lobito, que lleva años provocando polémica en Angola a causa del interés de Estados Unidos por su mayor proyecto estratégico de exportación de minerales críticos en África.
A través del Banco Europeo de Inversiones, la Unión Europea también ha puesto dinero en un proyecto que tiene que asegurarles el suministro de materias primas desde el centro de África.
El año pasado Estados Unidos aprobó un préstamo de 553 millones de dólares para Lobito Atlantic Railway, operado por un consorcio dirigido por Trafigura Group, un traficante de materias primas.
Cuando Trump ha cerrado el grifo de la Usaid, la polémica ha seguido en las redes sociales angoleñas, porque también se acaba la financiación del corredor. Algunos le quitan importancia al chorro de dinero: sólo habrá 5 millones de dólares menos.
Otros se ponen el grito en el cielo: si Estados Unidos abandona el ferrocarril, llegará China. Por eso la Casa Blanca estudia una solución intermedia: transferir la financiación de USAID a DFC (U.S. International Development Finance Corporation). El velo humanitario desaparecería, poniendo el aspecto estratégico y comercial en un primer plano.
El equipo de Trump quiere convertir DFC en una especie de “fondo soberano”, aunque centrado en lzas materias primas estratégicas y ha puesto a Ben Black al frente.
China es siempre la pesadilla
El DFC fue creado durante la primera etapa de Trump en la Casa Blanca para contrarrestar la influencia de China, que a través de préstamos para infraestructuras se ha impuesto en África y, especialmente, en la minería. El DFC y el Banco de Exportación e Importación de Estados Unidos han invertido en proyectos para extraer y exportar minerales esenciales, así como en la construcción de centrales eléctricas.
Durante su mandato, Biden sólo realizó un viaje a África para visitar precisamente… el puerto de Lobito. El ferrocarril pretende demostrar a los africanos que Estados Unidos puede hacer lo mismo que China… pero hace falta dinero y, sobre todo, dinero público. Por eso Trafigura espera recibir en marzo el primer desembolso de DFC.
En octubre del año pasado el ejército chadiano inició la Operación Haskanite para aniquilar al grupo yihadista Boko Haram en la región. La operación militar se puso en marcha tras un ataque mortal en la isla de Barkaram, donde una base de la Policía de Defensa y Seguridad fue blanco de ataques la noche del 27 al 28 de octubre, matando a unos 40 soldados.
En respuesta, el Presidente Mahamat Idriss Déby Itno visitó el campo para supervisar las operaciones y movilizar fuerzas terrestres y aéreas. El ejército chadiano intensificó sus operaciones para localizar y aniquilar las unidades de Boko Haram en sus bases y zonas de retaguardia.
Después de varias semanas de enfrentamientos, la Operación Haskanite concluyó con un récord anunciado el martes por el portavoz del ejército: 297 terroristas de Boko Haram han sido eliminados, mientras que las tropas regulares han perdido 24 soldados y tres civiles.
Además, 41 personas resultaron heridas durante los combates. Según el general Chanane Issakha Acheik, los ataques aéreos y las ofensivas terrestres desmantelaron la retaguardia y líneas de defensa de Boko Haram en el territorio chadiano.
El ejército asegura haber destruido los refugios del grupo en el país, reforzando así la seguridad en la región del lago Chad, dijo el general Chanane Issakha Acheik.
Desde 2009 Boko Haram ha estado llevando a cabo ataques mortíferos contra las tropas y civiles chadianos, convirtiendo el terrorismo en una amenaza continua para el país. El grupo utiliza tácticas guerrilleras, emboscadas y ataques suicidas para alcanzar zonas militares y civiles.
Fuera del lago Chad, el 8 de enero intentaron un asalto contra el palacio presidencial en Yamena. Un comando trató de infiltrarse en las instalaciones, lo que provocó violentos enfrentamientos en los que murieron 18 asaltantes.
El 28 de noviembre del año pasado, el gobierno chadiano decidió poner fin al acuerdo de cooperación militar con Francia. Se firmó el 5 de septiembre de 2019 para reforzar la cooperación en la lucha antiterrorista, pero no sirvió para nada. Las tropas francesas tuvieron que abandonar gradualmente el país.
Los lazos entre Sudáfrica y Rusia se remontan a la era de la lucha contra el apartheid, cuando la Unión Soviética estaba proporcionó un apoyo crucial al Congreso Nacional Africano (ANC). Durante aquel período, Moscú entrenó a los cuadros del movimiento de liberación, proporcionó asistencia militar y diplomática, y dio la bienvenida a muchos exiliados sudafricanos.
Aquella cooperación forjó estrechas relaciones diplomáticas que continúan hoy, en particular a través del grupo Brics y los intercambios comerciales, culturales y militares. Tras al comienzo de la Guerra de Ucrania, los intentos de aislar a Rusia de Sudáfrica han fracasado.
El periódico ruso Izvestia ha entrevistado al Presidente sudafricano Cyril Ramaphosa, quien confiesa que seguirá colaborando con Rusia. Es una respuesta contundente al llamamiento de Kaja Kallas, cabecilla de la diplomacia europea, que le había pedido poner fin a su cooperación con Moscú.
El jefe de Estado sudafricano mantiene así una línea diplomática independiente, negándose a ceder a los chantajes de la Unión Europea.
La posición sudafricana se revela en las palabras explícitas de Ramaphosa: «Tenemos relaciones con muchos países de todo el mundo y resulta que Rusia es una de ellas, pero también Reino Unido, Francia, Etiopía y Nigeria. Estamos abiertos al diálogo con muchos de ellos. Excluir a los países del diálogo no es un instrumento de nuestra política exterior».
Su declaración ilustra la estrategia diplomática de Pretoria, que se centra en mantener relaciones con todos los actores internacionales, reafirmar su independencia en los escenarios mundiales y seguir siendo una voz influyente entre los países emergentes, como demostró con el planteamiento de la querella contra Israel ante el Tribunal Penal Internacional.
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