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Autor: Juan Manuel Olarieta (página 16 de 60)

China es el mayor vendedor mundial de vacunas contra el coronavirus

El viernes la OMS (Organización Mundial de la Salud) aprobó la vacuna china Sinopharm con carácter de urgencia, es decir, con el mismo carácter experimental que las demás.

A la OMS no le ha quedado otro remedio que claudicar para reactivar la iniciativa Covax para vacunar a los países del Tercer Mundo y, en consecuencia, a la mayor parte de la humanidad.

Sinopharm es la sexta vacuna autorizada por la OMS, junto con las de Pfizer, Johnson & Johnson, Moderna y las dos de AstraZeneca, fabricadas en India y Corea del Sur. Otra vacuna china, Sinovac, también está siendo examinada por la OMS para cumplir con el trámite de homologación.

Afortunadamente nunca podrán lograr vacunar a la población mundial, que es de 6.000 millones de personas porque si cada ser humano necesita dos dosis de Sinopharm, como recomienda la OMS, necesitarían 12.000 millones de dosis, 12.000 millones de jeringuillas y mucho personal sanitario que ni tiene medios de almacenamiento, ni de transporte, ni está dispuesto a desplazarse a las zonas rurales para inocular.

En el mundo no hay laboratorios suficientes ni capacidad de producción para distribuir tan gigantesco número de vacunas. El plan Covax sólo aspira a suministrar 2.000 millones de dosis, seis veces menos de las que son necesarias. Hasta ahora Covax sólo ha llegado 54 millones de personas de 121 países diferentes y en el futuro no va a ir mucho más lejos. Jamás se logrará implementar en su totalidad porque es otro de los muchos fraudes de esta pandemia.

El único país del mundo que puede acercarse a las cifras necesarias de vacunas es China.

Volvemos así a la casilla de salida: al comienzo de la pandemia ningún país tenía mascarillas ni equipo médico para abordar la pandemia, ni capacidad para fabricarlo. Países como España, tuvieron que viajar a China a comprarlo y pelearse por acaparar los alijos sanitarios como verdaderos matones.

De esta manera, el año de pandemia es la crónica de un fracaso: lo que se diseñó para aislar a China del mercado mundial, ha servido para todo lo contrario. Si en el mundo hubiera una verdadera y atroz pandemia, y si la vacuna fuera el remedio, China quedaría como la tabla de salvación de la humanidad, un blasón que podría ostentar con legítimo orgullo.

Pero no se trata de eso; estamos hablando de economía política y tanto la OMS como los países del mundo, incluidas las grandes potencias, necesitan de China. No hay más que comprobar los problemas de abastecimiento de vacunas de la vieja y achacosa Europa, que obligará a Bruselas a tomar una medida a regañadientes: aprobar las vacunas rusa y china.

Un mundo se agota mientras otro emerge, de manera que organismos internacionales como la OMS y otros parecidos jamás podrán llevar a cabo ningún proyecto de alcance mundial sin China. Por ejemplo, el plan Covax lo tendrá que llevar a cabo la OMS con productos chinos, fabricados en China.

Estados Unidos intentó que ese papel lo desempeñara India, pero ese plan también ha fracasado, como ha admitido Jake Sullivan, el consejero de seguridad nacional de la Casa Blanca: “Debemos preguntarnos por qué tanta gente piensa que el método para resolver la pandemia de covid 19 es mucho más eficaz en China que las recomendaciones liberales de Estados Unidos”.

Como vemos, los reformistas se vuelven a equivocar. No se trata de patentes sino de algo mucho más simple. China puede regalar las patentes de sus vacunas, e incluso las propias vacunas ya elaboradas, y en su inmensa mayoría el mundo seguirá sin poderse vacunar. Afortunadamente, porque no lo necesita.

Los imperialistas comienzan a promover el terrorismo en Myanmar

Un grupo étnico birmano alzado en armas afirma haber derribado un helicóptero del ejército. El incidente se produce en medio de las continuas protestas en las ciudades contra el reciente Golpe de Estado militar.

El Ejército de la Independencia de Kachin (KIA) dijo que el helicóptero fue derribado el lunes en el extremo norte del país mientras el ejército realizaba ataques aéreos contra los rebeldes. Las imágenes que circulan por internet muestran el helicóptero -probablemente un aparato de transporte y asalto Mi-17- aparentemente alcanzado por un lanzador de misiles antiaéreos portátil Manpad, idéntico al que utilizan los yihadistas en Siria.

A mediados de abril, el primer ataque armado contra los militares fue llevado a cabo por la Unión Nacional Karen, el grupo rebelde más antiguo de Myanmar, creado originariamente por los colonialistas británicos para servir como fuerza de choque.

En la época colonial, las minorías étnicas siempre fueron aliadas de los británicos. Los kachin, en el noreste, y los karen, en el sureste, llevan mucho tiempo luchando contra la mayoría birmana y por su autonomía dentro de Myanmar. Tras el Golpe de Estado de febrero, el MI6 británico ha reactivado viejos lazos y ha reunido a los principales grupos guerrilleros étnicos, aprovechando el levantamiento popular para abrir un segundo frente.

El imperialismo está acercando a los manifestantes birmanos de las ciudades, con los grupos étnicos minoritarios no birmanos. Para lograrlo, el MI6 ha creado un “gobierno de unidad nacional” al estilo Guaidó en Venezuela, que a su vez se apoyará en un “ejército de unidad federal”, una fuerza paramilitar formada por desertores del ejército y la policía birmanos, grupos étnicos rebeldes y voluntarios. Además, también hay grupos étnicos a ambos lados de la frontera india que serán utilizados para librar una guerra de guerrillas contra el ejército de Myanmar.

Sería un punto de inflexión para transformar la agitación popular en un enfrentamiento armado contra la Junta Militar golpista al estilo del “ejército nacional sirio”, una tropa de mercenarios y señores de la guerra. También hay que esperar que aparezca una organización humanitaria de propaganda al estilo de los “Cascos Blancos”.

El misil utilizado por los Kachin contra el helicóptero del Ejército de Myanmar procede del MI6 o de la CIA a través de India, miembro de la alianza regional Quad, dirigida contra China.

El objetivo es iniciar una guerra civil que impida la ejecución del Corredor Económico China-Myanmar, que comenzó en 2018 y se extiende desde la región china de Yunnan hasta el estado de Arakan en Myanmar, pasando por la principal ciudad económica del país, Rangún.

Este corredor económico incluye más de 30 proyectos y 9 megaproyectos. La más importante es la Zona Económica Especial de Kyaukphyu, en la región de Arakan. Abierto al golfo de Bengala y al océano Índico, incluye un puerto de aguas profundas, un oleoducto y un gasoducto. Además, esta zona requiere la construcción de un ferrocarril y de carreteras para su operatividad.

Además, China ha comenzado recientemente las obras de un vasto proyecto en Shwe Kokko, un diminuto pueblo de pescadores, a menos de 15 kilómetros al norte de Myawaddy, en la frontera con Tailandia. Es una obra faraónica, la construcción de una ciudad completamente nueva, de tamaño similar a la de Hong Kong, de forma privada y financiada por China.

El espionaje británico dirige la campaña de intoxicación contra Rusia a través de la BBC y Reuters

La BBC y Reuters participan en un programa secreto del Foreign Office, el Ministerio de Asuntos Exteriores británico, según documentos filtrados en febrero. El objetivo es “debilitar la influencia del Estado ruso”.

El programa está apoyado por el servicio de inteligencia británico MI6 y por Bellingcat, un equipo de propagandistas de la OTAN.

Los documentos han sido publicados por The Grayzone y analizados detalladamente por Max Blumenthal (*), a quien el New York Times calificó de “tonto útil de Putin” por sus ataques a los nazis ucranianos durante la Guerra del Donbás.

La campaña de intoxicación tiene como diana a medios de comunicación rusos, como Sputnik y RT. Sus argumentos, además de evidentes, no son nada nuevos: Sputnik y RT son medios de comunicación públicos financiados por el gobierno ruso, lo mismo que la ETB, por poner un ejemplo.

La diferencia es que Sputnik y RT vienen socavando sistemáticamente la credibilidad de la propaganda imperialista, lo que ha hecho crecer su audiencia. En la medida en que se debilitan sus altavoces, se debilita el imperialismo y, por lo mismo, crece el prestigio de Rusia y de sus propios medios de información.

En otras palabras, Sputnik y RT no son más dependientes del gobierno ruso que la BBC y Reuters de los imperialistas. La diferencia es que una cosa es sabida y la otra sigue escondida, y quien oculta algo no merece ninguna credibilidad.

Al respecto, el artículo de The Grayzone es exhaustivo. Incluye documentos procedentes de empresas, administraciones y oficinas públicas británicas y, como no se explica su origen, sospecho que han sido obtenidos por los medios típicos del espionaje ruso y luego filtrados a Blumenthal.

Los documentos confirman algo que ya hemos expuesto aquí: la campaña de intoxicación contra Rusia la dirige el MI6, que ha creado un departamento secreto dentro del Foreign Office en el que los periodistas trabajan conjuntamente con espías y subcontratistas de inteligencia.

Oficialmente el departamento se llama CDMD (Desarrollo de Medios de Comunicación y Contra-Desinformación), aunque es más conocido como “Consorcio”.

El departamento tiene un programa “de formación” para periodistas rusos supervisado por Reuters, uno de cuyos objetivos es crear un “impacto positivo” en su “percepción del Reino Unido”. El otro es crear una red de agentes de influencia en el segmento de habla rusa de las redes sociales.

Hay varios ejemplos de ello, entre los que siempre hemos destacado el Caso Skripal, como modelo de intoxicación. El tan llorado Navalny también es un buen ejemplo. Al jefe de la organización anticorrupción de Navalny, Vladimir Ashurkov, le pilló el espionaje ruso en 2012 reuniéndose con un espía del MI6, James William Thomas Ford, que operaba desde la embajada británica en Moscú. Durante la reunión se le oye a Ashurkov pedir entre 10 y 20 millones de dólares para generar “una imagen diferente” de Rusia: corrupta, oligárquica, represora…

(*) https://thegrayzone.com/2021/02/20/reuters-bbc-uk-foreign-office-russian-media/

Más información:
— El gobierno británico dirige a los medios en la campaña de intoxicación contra Rusia
— El espionaje británico supervisa la contratación de los periodistas de la BBC
— Culebrón Skripal: últimas y apasionantes revelaciones sobre un temible coronel del no menos temible GRU
— La Nueva Guerra Fría de la CIA contra Rusia

La varita mágica: por una ley que resuelva los problemas más acuciantes

El movimiento por la vivienda lleva tiempo con una campaña para que el Congreso apruebe una ley que garantice el derecho a la vivienda. Lo había prometido el gobierno del PSOE y Podemos, pero la parte PSOE se niega a ello y la otra insiste para demostrar que el incumplimiento no es por su culpa.

Los programas electorales no bastan para lograr los derechos. Ni siquiera bastan los derechos para disfrutar de ellos porque el derecho a la vivienda ya está en la Constitución desde que se aprobó en 1978.

La Federación de Colectivos Trans quiere una ley integral para las personas de dicha condición y la ministra Montero, de la parte Podemos del gobierno de coalición, ya tiene una en cartera, aunque también se ha encontrado con resistencias que, a su vez, han intensificado la campaña del movimiento. En Uruguay ya hay una ley de ese tipo desde 2018 que garantiza los derechos de la población trans.

El movimiento por la memoria histórica quiere una ley de memoria histórica, otra más, porque la anterior de 2007 no era buena y, además, no se ha cumplido.

Es difícil explicar al mundo por qué un país democrático necesita una ley para reivindicar a quienes han luchado por la democracia. Si España fuera un Estado democrático no hay explicación posible de los motivos por los cuales la ley de memoria histórica no se ha cumplido, los demócratas siguen enterrados en fosas comunes y las calles repletas de nombres franquistas. Lo lógico es pensar que un Estado democrático hubiera debido erradicar cualquier vestigio fascista al día siguiente de su surgimiento, sin necesidad de ninguna ley.

Otros son partidarios de que el Congreso apruebe una ley que saque las drogas de la clandestinidad, o quizá que saque sólo algunas de ellas y siga prohibiendo otras, pero a nadie parece importarle entender por qué las que se legalicen estuvieron prohibidas antes.

Afortunadamente el artículo 6 de la Constitución de Cádiz decretó que los españoles debían ser justos y benéficos y desde 1818 el carácter de los españoles cambió y ha perdurado durante más de dos siglos, a pesar de que aquella Constitución fue derogada. Desde entonces, los turistas y emigrantes llegan a raudales, atraídos por esa idiosincrasia, típicamente española.

Las Constituciones y las leyes son así: cambian las cosas de la noche a la mañana. El paro desaparecería aprobando una ley de pleno empleo. Por eso es tan importante votar en las elecciones. Una mayoría adecuada en un Parlamento convierte en blanco lo que es negro, y al revés.

Los que no votamos estamos equivocados; los que no escriben la carta a los Reyes Magos nunca tendrán regalos. Si quieres acabar con la tortura, escribe una carta a los Reyes pidiendo que no se vuelvan a producir torturas en las comisarías, y si quieres que no haya hambre, escribe otra pidiendo un plato de comida en cada mesa. Además, si eres un poco educado, pídelo por favor, sin gritar por las calles, sin estridencias y, sobre todo, sin violencia.

El gobierno francés aprovecha la pandemia para presentar una nueva ley antiterrorista

La pandemia está siendo el gran chollo para reforzar la represión política hasta el paroxismo. Primero el gobierno francés aprobó una “ley de seguridad general” que fue vivamente contestada en la calle y ahora ha presentado un nuevo proyecto de ley antiterrorista.

Una de las principales novedades es la legalización de las “cajas negras”, un mecanismo que permitirá a la policía rastrear el historial de navegación de los internautas para crear bases de datos con perfiles políticos de la población.

La policía quiere recurrir a los algoritmos informáticos para “detectar comportamientos sospechosos” en la enorme cantidad de datos que los internautas generan al navegar por la red. Los metadatos de navegación serían recogidos por “cajas negras” y, gracias a las tecnologías de análisis de datos, podrán vigilar más estrechamente a determinados colectivos y movimientos sociales de todo tipo.

Los algoritmos leerán las direcciones de los sitios visitados por los internautas para detectar conexiones recurrentes con páginas sospechosas.

La medida acaba de una forma abierta con la confidencialidad de internet, sobre todo cuando los algoritmos se utilicen también para detectar la consulta de otro tipo de sitios sensibles, como los médicos, los culturales o los religiosos.

Las “cajas negras” se probaron de forma experimental en 2017 con una cláusula de revisión fijada para finales de 2018. En medio de las protestas, la vía de entrada se abrió con el pretexto de que se trataba de una medida provisional.

Sin embargo, después el “experimento” se renovó dos veces, con una cláusula de revisión que ahora se pospone hasta finales de 2021. Se supone que se debe presentar una evaluación al Parlamento a más tardar el 30 de junio de este año.

Era mentira. El gobierno ha contratado a 1.900 policías adicionales para los servicios de inteligencia y duplicado el presupuesto de la DGSI (Dirección General de Seguridad Interior).

En público el gobierno vende la moto asegurando que el control informático de la población ha permitido frustrar 36 atentados, aunque cualquiera sabe que también eso es falso, además de opuesto a los derechos y libertades fundamentales, de los que a Francia le gusta tanto alardear.

Hoy el menú del día se compone de una amplia variedad de insectos comestibles

Como tantas otras ficciones, la seudoecología moderna se impulsó desde Estados Unidos y hoy sigue estando dirigida por la Casa Blanca, que aprueba los planes y convoca las cumbres al más alto nivel, invitando a unos y cerrando la puerta a otros.

Recientemente Biden convocó otra de esas cumbres, aunque esta vez puramente virtual, en la que fue el único que apareció ante la pantalla con la mascarilla en la cara. Entre los invitados estaban Putin y Xi Jinping.

Antiguamente, los seudoecologistas vinculaban el “cambio climático” a la industria y, sobre todo, al consumo de combustibles calificados como “fósiles”. La “lucha” contra el “cambio climático” era un llamamiento a una reconversión industrial promovida por los consumidores de dicho tipo de combustibles en perjuicio de los productores.

Ahora el tono ha cambiado; va mucho más allá. Se trata de reconvertir también la agricultura y, en consecuencia, la alimentación del mundo entero y, muy especialmente, la de los países del Tercer Mundo. El plan consiste en incrementar su dependencia de las grandes metrópolis imperialistas.

El seudoecologismo moderno se puede resumir, pues, de la siguiente manera: las grandes potencias imperialistas quieren reducir su dependencia de los países productores de crudo, al tiempo que aumentan la dependencia alimentaria de los demás.

Lo que está bajo el ojo acusador es —sobre todo— la ganadería. Las cabañas y rebaños que alimentan a los países más pobres perjudican al clima. Las grandes potencias pretenden controlar la alimentación mundial y para ello deben cambiar la manera en que la población se alimenta, acabar con la producción de carne natural y acostumbrar a la humanidad a consumir otras cosas, como insectos, por ejemplo.

Un típico altavoz del imperialismo, como la BBC, lo ha resumido muy claramente: “La agricultura es el principal impulsor de la pérdida de biodiversidad mundial y uno de los principales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero. Los insectos cultivados podrían ayudar a resolver dos de los mayores problemas del mundo a la vez: la inseguridad alimentaria y la crisis climática”.

Como suele ocurrir en todas estas marejadas que proceden de Estados Unidos, la cuestión climática se reconvierte en un asunto de guerra o, en palabras más modernas, de “seguridad nacional”, porque no se trata de cuidar el clima sólo en Estados Unidos sino en el mundo entero, o dicho de otra manera, Estados Unidos ha asumido la tarea de “frenar el calentamiento del planeta”. A partir de ahora, la CIA cuidará de lo que el mundo puede hacer o no en materia climática.

La directora de la inteligencia de Estados Unidos, Avril Haines, reconoce que el calentamiento es “fundamental para la seguridad nacional y la política exterior de un país”. En consecuencia, “debe integrarse plenamente en todos los aspectos de nuestro análisis para permitirnos no sólo vigilar la amenaza, sino también, y de manera crucial, garantizar que los responsables políticos comprendan la importancia del cambio climático en cuestiones aparentemente no relacionadas”.

Afortunadamente en Rusia no se dejan embaucar por los planes “verdes” de Estados Unidos. “El último comentario de Estados Unidos sobre la agenda verde no es más que un chantaje y un intento de crear una cortina de humo medioambiental y climática, y de utilizar palancas económicas extranjeras para obligar a sus socios y clientes a pagar por la modernización de su complejo energético”, ha escrito un analista ruso.

Putin conoce de sobra el verdadero significado de los planes seudoecologistas de Estados Unidos, aunque el mensaje ha calado de tal manera en el mundo moderno que no se manifiesta en contra de una manera abierta. Hasta Biden ha elogiado su contribución al Green New Deal porque crea esa sensación de unanimidad que es necesaria para comprometer a organismos como la ONU, que siempre parecen estar por encima del bien y el mal.

Putin se muestra, pues, de acuerdo y se limita a minimizar los peligros, especialmente, en materia de hidrocarburos, de los que es el principal exportador mundial.

En el mercado mundial de hidrocarburos, Rusia compite ventajosamente con el gas natural licuado de Estados Unidos. Si a China la obligan a cambiar el carbón por el gas natural, algo que está por ver, Rusia venderá gas a Pekín a un precio inferior al de Estados Unidos. Las centrales nucleares rusas también tienen la tecnología más avanzada y Moscú las construye y vende “llave en mano”.

En la cumbre virtual Putin dijo que Rusia ha reducido casi a la mitad sus emisiones de CO2 con respecto a los niveles de 1990. Lo que no mencionó que ese “éxito” es consecuencia de la destrucción de la URSS, la desindustrialización y un dramático descenso del nivel de vida de la población. Los rusos todavía se estremecen cuando recuerdan los años noventa y la miseria que padecieron.

Eso es lo que le espera al mundo si los planes seudoecologistas de Estados Unidos salen adelante: pobreza, hambre, paro, precariedad e insectos para desayunar.

El exceso de mortalidad en Reino Unido o cómo es posible demostrar cualquier hipótesis

El problema de las estadísticas es que se suelen falsear y, además, se manipulan haciendo unas comparaciones y dejando de hacer otras. Con una selección cuidadosa de los números, es posible “demostrar” cualquier cosa. No hay más que oír a los “expertos” en la televisión hablando de “incidencia acumulada”, que es el abracadabra de la “cuarta ola” de la pandemia.

Las cifras demográficas de Reino Unido son otro ejemplo de que el dato más fiable al que se puede recurrir para analizar una pandemia es el exceso de mortalidad, que el año pasado fue de 70.000 fallecidos más que el anterior, con un total de unos 600.000.

Por lo tanto, hubo menos exceso de mortalidad que en España y la cifra se reduce aún más si tenemos en cuenta que la población británica es casi un 50 por ciento mayor que la española.

Pero podemos hacer otro tipo de comparaciones. Por ejemplo, el año pasado el porcentaje de muertos en proporción a la población fue de 1.016 por cada cien mil habitantes, también superior al del año anterior, cuando sólo llegó a 893.

Pero a lo largo de toda la década de los noventa y hasta 2004, las tasas de mortalidad británicas fueron superiores a las del año pasado.

A ojo de buen cubero, que son siempre las mejores estadísticas, se pude concluir que, en tres décadas, en Reino Unido la mitad del tiempo la tasa de mortalidad estuvo por encima de la del año pasado y en la otra mitad por debajo.

¿Está la botella medio llena o medio vacía? El lector puede elegir el tramo histórico que más le guste para porfiar con sus contertulios.

En cualquier caso, nadie se preocupó nunca de las razones por las que entre 1990 y 2004 murieron todas esas personas, año tras año, y desde luego nadie habló de pandemia ni de epidemia.

En aquel periodo el gobierno de Londres tampoco impuso ningún tipo de medida restrictiva apelando a razones sanitarias: ni toque de queda, ni mascarillas, ni distancia social, ni hidrogel, ni vacunas…

En los noventa este tipo de informaciones no eran noticia. Salvo los afectados, nadie se preocupó nunca de los muertos, ni de los ancianos, ni de los enfermos, ni de las camas UCI…

Ahora la pandemia lo invade todo y cualquier información se reconduce a ella, como los creyentes ponen a dios en el centro del universo.

El Golpe de Estado sanitario

El equipo de 70 expertos que asesora al gobierno suizo desde el origen de la pandemia lleva un título militar, “task force”, como si fuera una unidad de choque. Lo mismo que en otros países, su campo de acción no es sólo la enfermedad, ni la ciencia, sino los hábitos de comportamiento de las personas, es decir, que han puesto en práctica un experimento de ingeniería social.

El reglamento interno del equipo establece que sus miembros no deben comunicarse directamente con los medios de comunicación. Sólo su presidente está facultado para ello, y si la comunicación se refiere a nuevas medidas, debe hacerlo después de que se hayan hecho públicas por el gobierno.

Los miembros del equipo se han saltado a la torera estas disposiciones, participando regularmente en los medios de comunicación, que los han elevado a los altares: sólo lo que ellos afirman es ciencia. La televisión, la radio y los periódicos han convertido a unos desconocidos en auténticas estrellas de la sociedad del espectáculo (*).

Hace un año nadie conocía a Fernando Simón en España y lo mismo ocurría con Martin Ackerman, su homólogo en Suiza, que aparece en la foto de portada. Hoy no hay nadie que no los conozca en sus respectivos países. En un año, los periódicos han dedicado miles de portadas y primeras planas a estas nuevas figuras del famoseo, un fenómeno que jamás había ocurrido antes, ni siquiera con el deporte, la música o cualquier otro espectáculo de masas. Antes los periodistas eran altavoces de los políticos y ahora de los científicos.

Naturalmente, el equipo científico no se limita a aconsejar. Está creando un nuevo tipo de sociedad, de relaciones personales, de comportamientos públicos y privados.

Las armas de estos expertos son muy simples. Se componen de amenazas, miedo y falsedades. Si el gobierno (y la sociedad) no hacen lo que ellos dicen, llegará la hecatombe. Cuando el gobierno decide no seguir sus recomendaciones, los expertos se salen con la suya acudiendo a los medios, porque los periodistas, como la sociedad, siempre cree más a un científico que a un político. El científico sabe; el político sólo opina.

Así ocurrió en Suiza con el uso obligatorio de mascarillas en el transporte público, o el cierre de restaurantes, bares y discotecas.

El equipo científico es ahora uno de los organismos más influyentes de Suiza y a nadie parece importarle que no los haya elegido nadie, que no representen a nadie y no sean responsables ante nadie. Sus miembros son cooptados. Se han elegido a sí mismos. No existe ningún reglamento que establezca los criterios de elección o de destitución. En marzo del año pasado invitaron a incorporarse a Pietro Vernazza, médico jefe del Departamento de Enfermedades Infecciosas de un Hospital Cantonal y a continuación le despidieron sin ninguna explicación. ¿Por qué? No se sabe…

Además de la falta de legitimidad democrática, el funcionamiento de los equipos es totalmente opaco.

¿Al servicio de quién están los expertos? Ni siquiera en Suiza hay transparencia sobre los conflictos de interés de los asesores científicos del gobierno. Hasta junio del año pasado los expertos suizos no hicieron declaraciones de interés. Sin embargo, sigue pendiente la comprobación de su exactitud.

¿Cómo toman sus decisiones?, ¿por mayoría?, ¿por unanimidad?, ¿se lo juegan al mus? Nadie lo sabe.

¿Llevan actas? En caso afirmativo, ¿se darán a conocer algún día o serán secretas?

¿Cuánto tiempo estarán en su cargo, tomando decisiones que comprometen la vida y los derechos de las personas?, ¿hasta que ellos mismos decidan? Tampoco se sabe.

En Suiza dicen que los expertos no están cobrando por su asesoramiento, lo cual no hay quien se lo crea. En España parece que son de pago, pero ¿cuánto han cobrado en lo que llevamos de pandemia?, ¿han cobrado las horas extra o no?

En Suiza saben quiénes son los expertos, pero en España no. Los expertos son fantasmas (en el más amplio sentido de la palabra). ¿Qué papel están jugando los sicarios de IS Global en el equipo que asesora al gobierno español?, ¿a quién deben su lealtad?, ¿al gobierno o a La Caixa que los financia?

Por cierto, el Vicepresidente de IS Global no es otro que Javier Solana, antiguo secretario general de la OTAN.

(*) https://www.foeg.uzh.ch/dam/jcr:13f6efc8-f9c4-45dd-816c-b6a8356edfe6/2020_Gesamtausgabe.pdf

El exceso de mortalidad supera los 100.000 fallecimientos durante la pandemia en Francia

Esta semana Francia ha superado oficialmente la marca de las 100.000 víctimas del “covid” lo que, en términos relativos, supone un incremento del 16 por ciento respecto al año anterior, un porcentaje inferior al de España.

Como cualquier dato que procede de fuentes públicas, la cifra es falsa sin ningún género de dudas, aunque son aún más falsas las predicciones que se emitieron al inicio de la pandemia para justificar el confinamiento. Macron habló de 400.000 muertos.

No hay alarma sin exageración. Como los datos no cuadran, los medios que a lo largo de la pandemia han ido fabricando histeria, como Le Monde, aseguran que la cifra oficial es inferior a la real.

La realidad es que la cifra es falsa porque los números se han inflado y así lo han admitido algunas instituciones públicas. Se han imputado al fantasma “covid” muertos que no tenían ni la más remota relación con ningún virus. Así lo han asegurado varias familias, cuyos allegados sufrían patologías previas muy graves.

Lo mismo que en España, la contabilidad se apoya sobre los certificados extendidos por los médicos, cuya fiabilidad es cero. Incluso ha bastado la más insignificante alusión al “covid” para ponerla en primer plano, por encima de cualquier otra patología.

La edad media de los fallecidos “por covid” en Francia es de 85 años y las comorbilidades sólo se mencionan en el 65 por ciento de los informes, según datos del 6 de abril de este año, lo cual es una auténtica vergüenza (y no sólo para los médicos franceses).

En Italia las cifras oficiales son aún más contundentes: no ha existido ningún exceso de mortalidad en la población por debajo de los 50 años, sino todo lo contrario; la mortalidad es inferior a la de años anteriores (1).

Según las cifras del Insee, el instituto francés de estadística, el año pasado el exceso de mortalidad con respecto al anterior es de 55.000, aunque la reserva es idéntica: aún suponiendo que dicha cifra sea real, de ninguna manera se puede aseverar que las muertes se puedan atribuir al “covid”.

Si se analiza el exceso de mortalidad por tramos de edad, la conclusión para Francia es la misma que en Italia: no se ha producido ningún exceso de mortalidad entre la población con menos de 65 años.

“La epidemia que afectó a Francia en 2020, muestra un exceso de mortalidad nulo para los menores de 65 años (es decir, el 80 por ciento de la población) y un exceso muy bajo para los mayores de 65 años (máximo del 3,34 por ciento para este grupo de edad). Este resultado está muy lejos de la hecatombe anunciada y para la que se han aplicado medidas sanitarias desproporcionadas”, según un estudio científico dirigido por Laurent Toubiana (2).

Por lo tanto, cuando aparece un exceso de mortalidad sólo entre los ancianos, las causas no hay que buscarlas en el “covid” sino en otros lugares, como las restricciones sanitarias, el aplazamiento de operaciones urgentes, el aislamiento de los ancianos, el aumento del número de suicidios o el mayor consumo de antidepresivos, como el rivotril.

Me gustaría llamar la atención sobre este último punto, que también es parecido al caso español. El 28 de marzo del año pasado un decreto del gobierno francés autorizó el uso de ese fármaco en caso de “infección por coronavirus” (3).

El rivotril es la marca comercial del clonazepam, un ansiolítico de la familia de las benzodiacepinas que comercializa la multinacional Roche. Los médicos prescriben su uso en casos de epilepsia, depresión y otros. Además, se suele recetar en los asilos para que los ancianos tengan una “muerte dulce”. La prensa francesa asegura que durante la pandemia los médicos han recetado rivotril a los ancianos como una forma de eutanasia (4).

No les falta razón; basta leer las contraindicaciones en letra pequeña: no se puede recetar rivotril a quienes padecen una insuficiencia respiratoria severa (5), que es el síntoma más característico de eso que llaman “covid”. Por lo tanto, ¿cómo es posible que el gobierno francés haya autorizado un medicamento contraindicado en casos de dificultad respiratoria?

Blanco y en botella: lo mismo que en España, el exceso de mortalidad sólo aparece en Francia entre la población de edad avanzada, la cual no ha fallecido por ningún “covid” fantasmal, sino por abandono e ingesta de tranquilizantes. No han muerto; los han matado.

(1) https://www.istat.it/it/files//2021/03/Report_ISS_Istat_2020_5_marzo.pdf
(2) https://recherche.irsan.fr/fr/documentation/index/voir/154-
(3) https://www.legifrance.gouv.fr/affichTexte.do?cidTexte=JORFTEXT000041763328&categorieLien=id
(4) https://www.theprairie.fr/rivotril-la-france-facilite-t-elle-leuthanasie-dans-les-ehpad/
(5) https://base-donnees-publique.medicaments.gouv.fr/affichageDoc.php?specid=68429141&typedoc=N

Más información:
— La pandemia en España: ¿cuántos han muerto y a cuántos han dejado morir
— El exceso de mortalidad en España durante la pandemia
— El exceso de mortalidad en España tampoco ha sido consecuencia de la pandemia exclusivamente

Imperialismo y vacunas

Lo mismo que la declaración de pandemia, las vacunas expresan las contradicciones entre las grandes potencias y cada país sigue la política que le imponen dichas potencias, sin que tengan margen para añadir o quitar.

Al mismo tiempo, las opiniones que se difunden son consecuencia de lo mismo y, en el caso de España, siguen a la Unión Europea, que también carece de margen de maniobra porque ni siquiera ha sido capaz de fabricar una vacuna propia.

Un pequeño grupo de potencias marca la pauta: “El principal asesor de la Casa Blanca para el Hemisferio Occidental en materia de seguridad, Juan González, alertó en Buenos Aires sobre la estrategia que mantienen Rusia y China respecto de la venta y distribución de vacunas al mundo y advirtió que sólo Estados Unidos cuenta con un plan global de recuperación pospandemia” (1).

La traducción al román paladino es la siguiente: las vacunas no son un instrumento de salud pública sino de hegemonía. Sólo las multinacionales ligadas al imperialismo pueden distribuirlas, y si alguien no obedece, no tendrá dinero para salir de la pandemia, o sea, de la bancarrota económica.

El seguidismo es la otra cara de la hegemonía. La mayoría de los países se limitan a seguir la corriente de las grandes potencias y no tienen que plantearse grandes interrogantes, que les llegan resueltos de fábrica. No obstante, al salir del rebufo, las cosas se ven de una manera muy distinta y, desde luego, mucho más diversa y, por lo tanto, compleja.

La perspectiva empieza a desconcertar desde el momento en el que se empiezan a conocer determinadas claves, como que la vacuna rusa Sputnik fue la primera que se elaboró en el mundo y que los primeros ensayos de vacunas comenzaron en agosto del año pasado, solo cinco meses después de que se declarase la pandemia a escala mundial (2).

Ahora bien, como los asuntos sanitarios no son políticos por sí mismos, alguien los “politiza” y, ese naturalmente, sólo puede ser el Kremlin: “Moscú reclamó victoria en la carrera por la vacuna, como hizo décadas atrás en la carrera espacial al lanzar el satélite Sputnik […] Su despliegue politizado solo sirvió para profundizar el escepticismo en torno a ella”, sentenció el New York Times (3). El 3 de febrero The Lancet había santificado a la vacuna rusa, pero una revista médica no puede cambiar un dogma ideológico que —como todo lo demás— también viene de fábrica.

Sputnik es la segunda vacuna más utilizada en el mundo. Hay 60 países con una población total de más de 3.000 millones de personas que se están vacunando con ella.

Algunos países la combinan con alguna de las vacunas chinas, que se utilizan en 45 países con una población de otros 3.000 millones de personas.

La vacuna rusa está siendo utilizada en los grandes países asiáticos (India, Pakistán, Irán, Filipinas) y en el norte de África (Argelia, Túnez, Marruecos, Libia, Egipto). Es un interesante indicador de su confianza en Rusia.

La penetración de las vacunas rusas también es muy elevada en los países más grandes y poblados de América Latina, como Brasil y Argentina. En México la naturaleza política de las vacuna conduce a titulares periodísticos de tipo “México fue una potencia en vacunas”, pero ahora espera la del coronavirus “mirando al exterior” (4).

Como tantas otras mercancías, las vacunas son un vector de influencia mundial, es decir, que una potencia puede medir su radio de acción en función de los países que distribuyen su vacuna. Por lo tanto, no puede extrañar que Estados Unidos ponga reparos a la aprobación de la vacuna rusa por razones que —obviamente— no son sanitarias.

Para muchos países las vacunas son “la solución” a la pandemia sólo si no son rusas, ni chinas, ni cubanas, de manera que antes dejarían morir a su población que vacunarla con ellas y, en consecuencia, reconocer que han tenido que recurrir a esos países para que les solucionen sus problemas sanitarios, tanto si son reales como si son ficticios.

En varios países los movimientos contra las vacunas no proliferan por sus secuelas adversas sobre la salud sino por motivos claramente políticos, que tienen su origen en la procedencia de la vacuna de países, como China, por ejemplo.

Hay periódicos que sólo hablan de los efectos adversos de las vacunas en países donde la vacuna procede de Rusia o China. Entonces menudean titulares como “Argentina reporta 317 casos adversos tras suministrar la vacuna rusa”, a pesar de que sólo llevaban dos días poniendo inyecciones (5).

Los organismos reguladores, como la FDA en Estados Unidos o la EMA en Europa, no pueden aprobar ese tipo de vacunas porque en la medida en que las vacunas rusas (o chinas, o cubanas) se difunden, el mercado se estrecha para las grandes multinacionales farmacéuticas. Por ejemplo, si la EMA aprobara la Sputnik, Rusia quedaría como el baluarte más importante de la sanidad mundial, lo cual no puede ocurrir bajo ninguna circunstancia. De ahí que la EMA haga lo que le dicten las multinacionales farmacéuticas (por motivos económicos) y los Estados europeos más fuertes (por motivos estratégicos).

Lo estamos comprobando dentro de la Unión Europea, donde tres países miembros, como Hungría, han prescindido de la Unión Europea y están distribuyendo vacunas rusas, chinas e incluso la india (6). También Eslovaquia comenzó a distribuir la vacuna rusa, sin tener en cuenta los criterios de la Unión Europea.

(1) http://www.surysur.net/estados-unidos-advierte-a-la-argentina-sobre-sus-relaciones-con-rusia-y-china/
(2) https://www.abc.es/sociedad/abci-vacuna-sputnik-v-que-paises-la-tienen-nsv-202104151047_noticia.html
(3) https://www.nytimes.com/es/2021/02/03/espanol/vacuna-sputnik.html
(4) https://elpais.com/sociedad/2020-06-10/mexico-fue-una-potencia-en-vacunas-ahora-espera-la-de-la-covid-19-mirando-al-exterior.html
(5) https://www.vozpopuli.com/internacional/argentina-vacuna-rusa-sputnik-efectos-adversos_0_1424857743.html
(6) https://www.elperiodico.com/es/internacional/20210322/hungria-aprueba-nuevas-vacunas-combatir-11599175

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