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Autor: Josep Cónsola (página 6 de 10)

Producción literaria y lucha de clases

“Estamos en efecto ante el hecho que el aparato burgués de producción y publicación tiene la capacidad de asimilar e incluso propagar cantidades sorprendentes de temas revolucionarios, sin poner por eso seriamente en cuestión ni su propia existencia ni la existencia de la clase que lo posee… Afirmo además que una parte considerable de la literatura llamada de izquierda no ha tenido otra función social que la de extraer de la situación política cada vez nuevos efectos; para el entretenimiento del público”
(Walter Benjamin. Ponencia presentada en El Instituto para el estudio del fascismo. París, 27 de abril de 1934)

Dando un vistazo a las subvenciones concedidas por el Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya en 2020, hay una cantidad de literatura aparentemente de izquierdas o “radical” que está financiada por esta Consellería. La pregunta que surge es: ¿cómo se puede entender que un gobierno extremadamente neoliberal (el más neoliberal de toda España) subvencione ediciones aparentemente de izquierdas?

Seguramente la reflexión que hacía Walter Benjamin en 1934 la podemos dar por actualizada como si los años no hubieran pasado. Y a continuación, repasando los catálogos editoriales “radicales” podemos preguntarnos si su contribución es para espolear la necesidad organizativa del proletariado o es para entretenimiento de un público que se autocalifica de “progre”.

Indigenismos, tercermundismos, LGTBI, movimientismos, feminismos posmodernos, refugiadismos, neomarxismos interclasistas, trotskismos, antistalinismos… e incluso comunismos que afirman que tal concepto no es un “proyecto” sino una “práctica” (como dice Isabelle Garo) alejando la perspectiva acuñada por Marx de “subvertir todas las relaciones sociales en las cuales el ser humano es un ser envilecido, humillado, abandonado, despreciable”.

Si se quisiera decir que la diferencia es relativa o de interpretación semántica se estaría faltando a la verdad, atendiendo al que se desprende de la interpretación del contexto y la intención de la afirmación que hace la autora.

Si nos situamos en la intención de un proyecto, entendido como una cuestión en la conducta humana, es el establecimiento de un plan propuesto para realizar aquello que se piensa llevar a desempeño, y evidentemente el plan tiene un objetivo, que en el caso del comunismo es la supresión de las clases en la sociedad, las desigualdades que configuren su existencia y un nuevo modelo civilizatorio.

Por el contrario práctica, es la aplicación de ciertos preceptos, ciertas reglas, etc., aplicación de aquello que se ha aprendido, donde se funden, cuando no confunden, los hábitos y obviamente las tradiciones, simplemente una cotidianidad de comportarse de una manera determinada, que simplemente puede ser la forma más adecuada de comportamiento en función de unos parámetros que se pueden haber logrado personalmente o por influencia del entorno social, donde no es exigible ningún proyecto o plan como una gran estrategia colectiva y con una finalidad transformadora.

Ahora bien, si la intención es la de la llevar a la práctica un proyecto, entendido como lo que ahora es muy habitual denominar trabajos docentes o estudios técnicos, para darles mayor “entidad”, lo que acaba siendo una práctica es el ejercicio de una profesión, lejos de lo que tiene que ser la pretensión de querer impulsar y especialmente instaurar el proyecto del comunismo.

Hay una coincidencia en la literatura “radical” para obviar dos cuestiones básicas: la necesidad de la organización con militantes que piensen con su propia cabeza como condición indispensable para serlo; y que el comunismo plantea una alternativa civilizatoria que va más allá de la economía y la política, que hunde sus raíces en la ciencia, en todo el entramado que se denomina cultura y también evidentemente tiene que aspirar a configurar como referente una ética proletaria.

La necesidad partidaria tiene que servir para organizar la resistencia, y para subvertir constantemente el orden establecido; el proyecto de nueva civilización como hito a tener en cuenta y la organización subordinada a este hito.

Como ya en su momento advirtió Evgeni Pasukanis que lo importante no es solo lo que el Estado hace, sino también la forma en que lo lleva a cabo. En ambos casos, la neutralidad no tiene cabida, puesto que cada aspecto de la organización y accionar estatal expresa y refuerza su naturaleza de clase. Y aquí podemos incluir la práctica del “subvencionismo” hacia centenares de asociaciones de los más variados colores, muchas de ellas se nombran radicales e incluso antisistema.

Podemos considerar que el Estado, como representante de una clase, objetivo de la cual es la reproducción de las relaciones sociales existentes en una escala siempre creciente, no hace “gastos” cuando reparte subvenciones, sino que realiza siempre “inversiones”. Inversiones de las cuales piensa sacar un rendimiento que está caracterizado no tanto por su estatus monetario, sino para asegurarse el consenso, o el disenso “dentro de un orden”.

Asociaciones con el modernísimo nombre de organizaciones no gubernamentales, las cuales el Banco Mundial las define como “organizaciones privadas que persiguen actividades para aliviar el sufrimiento, promover los intereses de los pobres, proteger el medio ambiente, brindar servicios sociales básicos o realizar actividades para el desarrollo de la comunidad”. Así la producción literaria, a imagen y semblanza de lo que dicta el Banco Mundial, reafirma el sistema de dominación con una vestimenta progresista e incluso radical.
Las tesis justificativas de los receptores se amparan en que “si existe un dinero que en realidad lo aportan los ciudadanos. Si este dinero puede utilizarse en proyectos emancipadores, ¿no es mejor que lo utilicen organizaciones progresistas?

Pero tal vez hay que plantear otra pregunta: ¿desde la perspectiva de un cambio radical, es lícita la colaboración con los respectivos gobiernos aceptando sus subvenciones?
Y ante la reclamación que la producción literaria tiene una función educativa, podemos recoger las palabras de Francisco Ferrer Guardia, en el Boletín nº 5 del año cuatro de la Escuela Moderna, donde escribió “A propósito de las subvencionas” lo siguiente:

“Tristeza e indignación nos causó leer la lista de subvencionas que el Ayuntamiento de Barcelona votó para ciertas sociedades populares que fomentan la enseñanza. Vimos cantidades destinadas a fraternidades republicanas y otros centros similares, y no solamente estas corporaciones no han rechazado la subvención, sino que han votado mensajes de agradecimiento al concejal del distrito o al Ayuntamiento en pleno.

“Que suceda esto entre gente católica y ultraconservadora se comprende, ya que el predominio de la Iglesia y de la sociedad capitalista sólo puede mantenerse gracias al sistema de caridad y protección bien entendidas con que dichas entidades saben contener al pueblo desheredado, siempre conformado y siempre confiado en la bondad de sus amos. Pero que los republicanos se transforman de revolucionarios que deben ser en pedigüeños, cual cristianos humildísimos, eso sí que no podemos verlo sin dar la voz de alerta a los que de buena fe militan en el campo republicano.

“Que tiendan de ese modo la mano pedigüeña los hombres que en son de protesta revolucionaría se unen para cambiar de régimen; que admitan y agradezcan dádivas humillantes y no sepan confiar en la energía que tiene que dar la convicción de su razón y de su fuerza, lo repetimos, entristece e indigna”.

Quién lo escribió, pagó su osadía de enfrentarse a la estructura educacional al ser fusilado el 13 de octubre de 1909 en el cementerio de Santa Eulàlia. La burguesía catalana ya podía respirar tranquila, disponía del monopolio educativo, y los radicales subvencionados ya no tendrían de esconder sus vergüenzas.

Que existan producciones editoriales con voluntad de colaborar a la construcción de organizaciones comunistas y ser portavoces de un cambio civilizatorio, es loable. Pero al mismo tiempo hace falta que estas producciones sean financiadas por los revolucionarios y no por la clase antagónica. Que los contenidos no sirvan para pintar de varios colores el rojo encendido de la bandera proletaria, que no sirvan para despreciar ni envilecer los intentos fracasados de construcción de nuevas sociedades, sino de críticas constructivas para tenerlas en cuenta en el presente y futuro.

Y, que sirvan para denunciar los intentos de diluir el comunismo dentro de una simulación de defensa del comunismo.

En defensa del comunismo

En el campo del pensamiento y acción revolucionaria, socialismo, comunismo, anarquismo… cuando se ha tenido la intención de hurgar el pasado reciente, para extraer lecciones que puedan ser utilizadas en el presente, con una perspectiva de futuro, aparecen tres problemáticas que han sido una constante a lo largo del siglo XX.

Por un lado, toda una tradición de mirada superficial, de consigna vacía, de aceptación de cualquier postulado aunque este entrara en contradicción con las bases teóricas que se decía defender. El motivo de este comportamiento tendríamos que buscarlo tanto en cuanto al poco afán militante para pensar con cabeza propia (el ejercicio de pensar, que decía Fernando Martínez Heredia) y la tranquilidad que comporta el hecho de tener total confianza con las directrices emanadas de los correspondientes órganos “superiores” que, en momentos determinados habían acertado en sus orientaciones. Confianza ciega en los dirigentes, más que en la raíz ideológica de la cual se decían portadores y, cuando ha quebrado algún proyecto, la respuesta más fácil -que no la más cuidadosa- ha sido la culpabilización de estos dirigentes con varios despectivos nombres, (traidores, vendidos, etc.) pero que al fin no se ha buscado los motivos de fondos, entre ellos el análisis de una trayectoria.

En un momento el Che decía:

“El Estado se equivoca a veces. Cuando una de esas equivocaciones se produce, se nota una disminución del entusiasmo colectivo por efectos de una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a magnitudes insignificantes; es el instante de rectificar.

Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se llega allí tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta. Entretanto, la base económica adaptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia” (1).

En la edición de los “Apuntes filosóficos”, hay una carta que Ernesto Guevara escribió al revolucionario cubano Armando Hart desde Tanzania en 1965, en la que lamenta el sistema de edición de textos marxistas en la isla y propone un plan de lecturas filosóficas para publicar: “En Cuba no hay nada publicado, si excluimos los ladrillos soviéticos que tienen el inconveniente de no dejarte pensar; ya el partido lo hizo por ti y tú debes digerir. Como método es de lo más antimarxista”.

Por otra lado, ha sido una tradición constante los que se han encarnizado a una crítica destructiva “per se”, tal vez enfadados por no poder ocupar el lugar social que se pensaban merecer, tal vez deslumbrados por el discurso de la democracia del capital, tal vez por lecturas mal digeridas, tal vez por las promesas de una vida regalada, vete a saber. Pero el que si se ha podido constatar es que junto a una crítica brutal ha habido la negación de la totalidad del proyecto transformador. Así hemos podido ver como aparentes revolucionarios de ayer, se han convertido en portavoces del capital. Ejemplos sobran en nuestra casa, que empezando por los “revolucionarios” maoístas de Bandera Roja, encarnizados anticomunistas como Solé Tura, Antoni Castells, Jordi Borja, Salvador Milá, Manuel Campo Vidal, Ferrán Mascarell, Enric Canals, Carmen Alborch, Celia Villalobos, Emilio Pérez Touriño, Joan Tardá, Javier Puyol, Federico Jiménez Losantos… entre muchos otros, los hemos visto y los vemos, los que todavía están vivos, comiendo de la mano del PSOE, del PP, de Vox, de Convergència, de ERC… y siguiendo por los “críticos” del PCE Y PSUC que trás los pasos de Jorge Semprún y Solé Tura, en su totalidad abrazaron la socialdemocracia del PSOE, donde por fin encontraron su lugar y unas buenas retribuciones. Los residuos catalanes reunidos en el PCC no han tenido mejor suerte hasta el punto que su máximo dirigente está viviendo con el sueldo de parlamentario de ERC y otros anclados en el sindicato de Comisiones Obreras, haciendo de almohada de la patronal catalana.

Lo mismo podemos decir de los dirigentes “revolucionarios” de la IV internacional, la enseña de los cuales era tan solo el antisovietisme. El ejemplo más significativo es el de Fernández Teixidó que pasó de la alta dirección de la LCR a ser uno de los fundadores del Instituto Mises de Barcelona y es uno de los abanderados del liberalismo catalán. Podríamos seguir con el PTE y otros. No hace falta.

Pero también han habido comunistas, militantes revolucionarios, que han intentado con su crítica, dejar patente, no una vuelta atrás, sino un intento de reflexión que fuera algo más allá de la superficialidad, sobre la posibilidad que el camino seguido no fuera lo mejor para avanzar hacia la transformación social. Pero las arteriosclerosis partidarias, al no disponer de argumentos para contradecir los fuertes razonamientos puestos sobre la mesa, han utilizado el recurso de calificar a dichos militantes de herejes, con lo cual se ha bloqueado la posibilidad de un proceso de rectificación de errores. El resultado de todos estos elementos ya los tenemos a la vista: la casi desaparición de la ética revolucionaria, de las formaciones comunistas y el repliegue de sus residuos alrededor tan solo de inmediatas reivindicaciones que en nada pueden diferenciarse de cualquier otro colectivo agredido por la ofensiva permanente del capital.

Unas consideraciones previas

Uno de los problemas que ha tenido que afrontar cualquier intento emancipador, ha sido la dificultad para romper años, siglos, de estructuración cultural, ideológica, moral y económica presidida por el espíritu del capitalismo, que decía Max Weber.

No ha sido, ni es tarea fácil, en un breve lapso temporal, hacer un cambio en las conciencias, una frase atribuida al Che sobre el concepto de comunismo es que se debe crear riqueza con la conciencia, no conciencia mediante el dinero.

Los intentos revolucionarios que se han realizado, han partido de situaciones de extrema necesidad, de sangrientas luchas de liberación colonial, de miseria,… tal vez la única excepción haya estado Cuba, en la cual los principios éticos de los revolucionarios pesaron más que la lucha por reivindicaciones meramente económicas.

Para intentar poner en pie un edificio vacilante, para salvar del acoso y derribo perpetrado por el capitalismo mundial, se han tenido que realizar auténticas proezas y ejercicios malabares para proteger lo conquistado y evitar un retroceso a situaciones anteriores. Tal vez para lo cual, se han puesto en funcionamiento métodos, estructuras, prácticas, que estaban más en sintonía con la sociedad que se pretendía sobrepasar que no coherentes con la sociedad que se quería construir. Se trataba de pura necesidad.

Nada a cuestionar sobre estas actuaciones cuando está en juego la supervivencia. El problema real aparece cuando, para dar cobertura a estas, se intenta teorizar su legitimidad a tenor, no de la necesidad, sino para presentarla coherente con el discurso político e ideológico emanado del proyecto emancipador. Cuando elementos intrínsecamente nocivos se dibujan como los elementos positivos de la sociedad anterior que deben ser mantenidos e incluso ampliados, es la idea que subyace, en mi opinión de manera errónea, que un sistema basado en la explotación de la mayoría por parte de una minoría, y el horizonte de la cual ha sido la acumulación y reproducción del capital, pueda haber elaborado técnicas, métodos, formas, maneras, tanto por lo que respecta al sistema productivo como educativo, ético o político aprovechables para la construcción de una nueva sociedad.

La teorización, errada en mi opinión, que el proletariado es el continuador de los avances más aparentemente progresistas de la sociedad burguesa, ha comportado a no poner el tela de juicio los grandes paradigmas de la Ilustración incluso en sociedades culturalmente antagónicas al espacio centroeuropeo, señalándolo incluso, como modelo de futuras transformaciones y siguiendo este hilo conductor, la ética, la moral, las relaciones interpersonales igualmente se pueden aceptar con el prisma del capital, pero bajo el dominio socialista con el calificativo de científicamente neutros. Pero pienso que acertadament señala Edgardo Lander que: “La ciencia pura es la ciencia de-purada de conciencia… Las formas de constitución y legitimación del conocimiento científico, su vínculo inseparable con la racionalidad instrumental, o los problemas relacionados con la naturaleza de la verdad científica y su relación con el ejercicio del poder en la sociedad contemporánea, quedan fuera del foco de la mirada crítica. Esto no es un problema de segundo orden, sino una limitación medular, de la crítica marxista a la sociedad capitalista. Esta naturalización del desarrollo científico como potencia autónoma no tan solo desarma teórica y políticamente el pensamiento crítico en torno a dimensiones constitutivas del “ser” de la sociedad capitalista, sino que además, contribuye activamente a su legitimación… El pensamiento tecnocrático cientifista es cada vez más central en las ideologías legitimadoras de las sociedades capitalistas. Un pensamiento crítico que sea incapaz de desenmascarar la relación existente entre las formas de organización social dominantes y el desarrollo científico y tecnológico de estas, tiene muy poco que aportar en la dirección de la transformación de la sociedad” (2).

No se trata de situar frases o escritos específicos de Marx y Engels mirados cómo si fueran piezas únicas de un museo o de afirmar que esta o aquella cita condensa la totalidad de un pensamiento, tan solo es a manera de reflexión que, como otras tantas podemos atribuir a cualquier pensador, unas acertadas, otras erróneas, puesto que Marx era humano, no un Dios, y por tanto falible, en caso contrario los que afirman su infalibilidad pretenden situarlo a la altura de los Papas católicos y mediante este ejercicio convierten sus tesis en dogmas y la organización revolucionaria en una Iglesia.

Solo una rápida lectura en ciertos escritos de Marx, como el escrito en 1853: “India no podía escapar a su destino de ser conquistada, y toda su historia pasada, en el supuesto de que haya habido tal historia, es la sucesión de las conquistas sufridas por ella. La sociedad hindú carecía por completo de historia, o al menos de historia conocida. Lo que denominamos historia de India no es más que la historia de los sucesivos invasores que fundaron sus imperios sobre la base pasiva de esta sociedad inmutable que no les ofrecía ninguna resistencia. No se trata, por lo tanto, de si Inglaterra tenía o no tenía derecho a conquistar India, sino de si preferimos una India conquistada por los turcos, los persas o los rusos o una India conquistada por los británicos” (3).

Cuando Marx pose en entredicho si la India había tenido “historia”, no hace otra cosa que aceptar la historia falseada escrita por los historiadores al servicio del imperio colonial, cuando era ya ampliamente conocido el quehacer “científico” hindú, entre otros la notación del símbolo matemático 0, alrededor del año 450, mientras los europeos todavía no habían definido un alfabeto común. La sucesión infinita de números naturales desarrollada por el hindú Pingala alrededor del año 200, pero descrita, como si fuera suya, en el siglo XIII por Leonardo de Pisa con el nombre de Fibonacci. El sistema binario, la solución a las ecuaciones de 2.º grado desarrollada por Brahmagupta en el siglo VII. El año 400 a.n.e., Sushruta el cirujano de Varanasi, alumno de Dhanwantari «el padre de la medicina India», escribió en sánscrito 184 capítulos sobre como hacer tratamientos oculares y describió las primeras cirugías de catarata mediante reclinación del cristalino. Sin pretensión de alargar este tema, tan solo para poner en entredicho algunas de las “lagunas” de Marx, que estaba deslumbrado por los descubrimientos del capitalismo a partir de la Ilustración, y seguramente por cuya causa el carácter eurocéntrico de algunas de sus consideraciones.

Del mismo modo que las investigaciones para escribir la biografía de Simón Bolívar (4) Marx utiliza como referencia obras de europeos en la guerra de independencia latinoamericana, primero aliados de Bolívar y posteriormente enemigos acérrimos de él como Ducoudray Holstein, que después de abandonar su lugar en el ejército de Simón Bolívar, en 1821 se incorporó a un grupo mercenario financiado por los Estados Unidos para un golpe militar en Puerto Rico, y que posteriormente, establecido en Boston escribió el libelo contra Bolívar (“Memoirs of Simón Bolívar”. 1831). Del Coronel británico Gustavus Mathias Hippisley que abandonó así mismo a Bolívar al no ser ascendido a general (“Journey tono the Orinoco”. 1819). Y las “Memorias” del general William Miller siempre al servicio de la corona británica, publicadas en Londres en 1828.

El 23 de enero de 1848, Engels, escribe en el Periódico Alemán de Brusselas: “En América hemos presenciado la conquista de México, lo que nos ha complacido. Constituye un progreso, también, que un país ocupado hasta el presente exclusivamente de sí mismo, desgarrado por perpetuas guerras civiles e impedido de todo desarrollo, un país que en el mejor de los casos estaba a punto de caer en el vasallaje industrial de Inglaterra, que un país parecido sea lanzado por la violencia al movimiento histórico. Es en interés de su propio desarrollo que México estará en el futuro bajo la tutela de los Estados Unidos. Es en interés del desarrollo de toda América que los Estados Unidos, mediante la ocupación de California, obtienen el predominio sobre el Océano Pacífico” (5).

El año 1849 vuelve a escribir polemizando con Bakunin: “¿Cómo ha ocurrido, entonces, que entre estas dos repúblicas, que según la teoría moral tendrían que estar “hermanadas” y “federadas”, haya estallado una guerra a causa de Texas; como la “voluntad soberana” del pueblo norteamericano, apoyada en la valentía de los voluntarios norteamericanos, ha desplazado, basándose en “necesidades estratégicas, comerciales y geográficas”, unos cuántos centenares de millas más en el sur los límites trazados por la naturaleza? ¿Y les reprochará Bakunin a los norteamericanos el realizar una “guerra de conquista”, que por cierto propina un rudo golpe a su teoría basada en “la justicia y la humanidad”, pero que fue llevada a cabo única y exclusivamente en beneficio de la civilización? ¿O quizás es una desgracia que la magnífica California haya sido arrancada a los perezosos mexicanos, que no sabían qué hacer con ella?; ¿Lo es que los enérgicos yanquis, mediante la rápida explotación de las minas de oro que existen allí, aumenten los medios de circulación, concentren en la costa más apropiada de este apacible océano, en pocos años, una densa población y un activo comercio, creen grandes ciudades, establezcan líneas de barcos de vapor, tiendan un ferrocarril desde Nueva York a San Francisco, abran en realidad por primera vez el Océano Pacífico a la civilización y, por tercera vez en la historia, impriman una nueva orientación al comercio mundial?. La “independencia” de algunos españoles en California y Texas sufrirá con esto, tal vez; la “justicia” y otros principios morales quizás son vulnerados aquí y allá, pero, ¿Que importa esto frente a los hechos históricos universales?” (6).

En un artículo de 1850 escribe Marx: “Hace dieciocho meses que han descubierto las minas californianas y los yanquis ya se han abocado a la construcción de un ferrocarril, de una gran carretera, de un canal desde el golfo de México; los vapores navegan en viajes regulares de Nueva York hasta Chicago… el comercio del Océano Pacifico se concentra ya en Panamá… arrastra a los reacios pueblos bárbaros al comercio mundial, a la civilización… gracias a la infatigable energía de los yanquis, pronto las costas del Pacifico estarán tan pobladas tan abiertas al comercio, tan industrializadas como lo está hoy la costa de Boston” (7).

Hay que recordar que estos textos están escritos a tan solo dos años de la publicación del Manifiesto Comunista. De todo esto, si fuéramos dogmáticos, tendríamos que aplaudir el colonialismo, el imperialismo, el neocolonialismo y como consecuencia agradecer a Estados Unidos y a la Unión Europea la sangría que están realizando actualmente en todo el mundo para llevar la “civilización productivista” enmarcada en la agenda 2030 y el gran cambio de patrón tecnológico que se está implementando. En cambio si somos consecuentemente comunistas tendremos que contradecir tanto el eurocentrismo de Marx y Engels como su visión de las guerras de rapinya, en nombre del “progreso”. Y esto no impide contemplar y asumir la mayor parte del legado de ambos revolucionarios.

Va como el anillo al dedo la composición del cantautor comunista venezolano Alí Primera “Perdóneme tío Juan” cuando irónicamente, en unos versos dice: “No te dejes engañar / cuando te hablen de progreso / porque tú te quedas flaco / y ellos aumentan de peso”

Forma y fondo

Según Evgeni Pasukanis (8), en el capitalismo, la intervención estatal es opresiva por su forma misma, al margen del contenido específico de la acción del Estado. A raíz de su existencia como una instancia diferenciada respecto al proceso inmediato de producción (esto es, a su abstracción real de las relaciones sociales capitalistas), siempre tiende a fragmentar la clase trabajadora en un conjunto de átomos, desvinculados los unos de los otros. La constitución del ciudadano alienado y vaciado de toda reminiscencia material es imprescindible para la existencia del Estado. De aquí viene que lo importante no sea solo lo que el Estado hace, sino también la forma en que lo lleva a cabo. En ambos casos, la neutralidad no tiene cabida, puesto que cada aspecto de la organización y accionar estatal expresa y refuerza su naturaleza de clase.

Pienso que ha sido precisamente un desacierto asimilar la construcción de una nueva sociedad socialista y comunista a partir solo del enunciado de acabar con la propiedad privada de los principales medios de producción, manteniendo la totalidad de las formas de organización de la misma. Erik Olin Wrigt, en su ensayo sobre las clases sociales, apunta que: “El socialismo, tal y como lo hemos definido, es una sociedad en la que el control sobre los bienes de capital y de organización ya no tiene que suponer una fuente significativa de explotación. Para que sea así, la propiedad privada de los bienes de capital y el control jerárquico y autoritario sobre los bienes de organización tienen que desaparecer… Sin una redistribución de los bienes de organización por medio de una democratización del proceso de control y coordinación de las producciones, la explotación de bienes de organización seguirá, y sobre esta explotación se construirá una nueva estructura de relaciones de clase” (9).

Göran Therborn, en su ensayo “Como domina la clase dominante: Aparatos del Estado en el feudalismo, capitalismo y socialismo” expone: “La dominación y la ejecución (la organización) están vinculadas entre sí por una relación análoga a la que existe entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Una determinada forma de dominación presupone ciertos medios de organización y ejecución, e inversamente , la forma de dominación determina la manera en que se ejecutan las funciones organizativas… Por ejemplo las monarquías feudales confiaron cada vez más en secretarios, arrendatarios y administradores que no pertenecían a la nobleza (y fueron el germen del posterior dominio burgués)… La administración de los Estados socialistas ha necesitado, en mayor o menor medida, recurrir a la utilización de expertos burgueses… Las necesidades económicas forzaron a los bolcheviques rusos a reproducir el capitalismo y la producción mercantil simple en la década de 1920” (10).

Ahora bien, según Lenin, existe un aparato estatal que se encuentra exento de esta lógica. De acuerdo con sus propias palabras: “Además del aparato de opresión por excelencia, que forman el ejército permanente, la policía y los funcionarios, el Estado moderno posee un aparato enlazado muy íntimamente con los bancos y los consorcios, un aparato que efectúa, si vale expresarlo así, un vasto trabajo de cálculo y registro. Este aparato no puede ni tiene que ser destruido. Lo que hay que hacer es arrancarlo de la supeditación a los capitalistas, cortar, romper, desmontar todos los hilos por medio de los cuales los capitalistas influyen en él, subordinándolo a los Sóviet proletarios y darle un carácter más vasto, más universal y más popular… Hace falta no confundir la cuestión del control y del registro con la cuestión del personal científico… estos señores trabajan hoy subordinados a los capitalistas y trabajarán todavía mejor mañana, subordinados a los obreros armados… Esto se puede hacer, cogiendo las conquistas ya realizadas por el gran capitalismo” (11).

De este modo, Lenin establece una diferencia sustancial entre las funciones de los burócratas y las de los “expertos técnicos”. Estos últimos pueden ejercer idénticas tareas tanto en la sociedad capitalista como en la transición al socialismo: “El mecanismo de la administración ya está preparado aquí. No hay más que derrocar a los capitalistas y tendremos ante nosotros un mecanismo de alta perfección técnica, libre de ‘parásitos’ y perfectamente susceptible de ser puesto en marcha por los mismos obreros unidos, contratando técnicos, inspectores y contables” (12).

Lenin no concibe que el conocimiento técnico especializado contenga en sí mismo una cuota de poder burocrático que amenace seriamente las bases del proceso de democratización creciente implícito en su idea de la transición al socialismo.

Durante el octavo Congreso de los Sóviets, realizado a finales de 1920, Lenin pronosticó: “El inicio de este tiempo tan feliz en que la política pasará a segundo plano, en que la política se discutirá con menos frecuencia y en menor extensión, y los ingenieros y agrónomos serán quienes hablen más… De ahora en adelante, la menor política será la mejor política”.

Lenin retoma aquí los principios de Karl Kautsky sobre la necesidad que el proletariado tome el poder y utilice el aparato estatal técnico en lugar de destruirlo. En sus propias palabras: “Para que podamos construir el comunismo, es necesario que hagamos más accesibles a las masas los medios que proporcionan la ciencia y la tecnología burguesas. De otro modo, no será posible construir la sociedad comunista. Y para poder construirla así, tenemos que arrancar el aparato de manos de la burguesía, tenemos que incorporar al trabajo a todos estos especialistas” (13).

Resulta claro que la intención de Lenin es simplemente desmontar los vínculos que ligan a estos técnicos a los capitalistas, para después avanzar hacia el socialismo. Ahora bien, es lícito preguntarse si el propio aparato estatal que se intenta desatar no se encuentra estructuralmente organizado para estos fines.

Esta errónea caracterización permite explicar por qué Lenin llegó a expresar que “el socialismo no es más que el monopolio capitalista del Estado puesto al servicio de todo el pueblo” (14). Lo que según él tenían de malo los métodos burgueses de producción y administración era simplemente que se encontraban al servicio de los capitalistas, por lo cual su mera utilización, por parte del Estado obrero, posibilitaría inscribirlos en una lógica inversa a la hasta este momento vigente.

Lenin había escrito en 1913, al analizar el sistema Taylor:

“De lo que más se habla actualmente en Europa, y en parte de Rusia, es del ‘sistema’ del ingeniero Federico Taylor. Hace poco, en Petersburgo, en el salón de actos del Instituto de Ingenieros de Vías de Comunicación, el señor Semiónov pronunció un informe sobre este sistema. Taylor mismo lo ha descrito denominándolo sistema “científico”, y su libro se traduce y se propaga celosamente a Europa.

¿En que consiste este ‘sistema científico’? A estrujarle al obrero tres veces más trabajo en el transcurso de la misma jornada laboral. Se hace trabajar al obrero más fuerte y hábil; se registra valiéndose de un reloj especial -en segundos y décimas de segundo- el tiempo que se invierte en cada operación, en cada movimiento; se elaboran los procedimientos de trabajo más económicos y productivos; se reproduce el trabajo del mejor obrero en una cinta cinematográfica, etc..

El resultado es que en las mismas 9 ó 10 horas de la jornada laboral se le estruja al obrero tres veces más trabajo, se dilapidan despiadadamente todas sus energías, se absorbe con triplicada rapidez cada gota de energía nerviosa y muscular del esclavo asalariado. Quién se morirá antes? Hay muchos esperando a las puertas de la fábrica!

El progreso de la técnica y de la ciencia es en la sociedad capitalista el progreso en el arte de estrujar sudor… Se estruja el sudor según todos los cánones de la ciencia” (15).

En 1914 vuelve a escribir sobre lo mismo: “El capitalismo no puede permanecer parado ni un solo instante. Tiene que avanzar y avanzar. La competencia, que se agudiza sobre todo en época de crisis, como la que estamos sufriendo, lo obliga a inventar nuevos y nuevos medios de abaratar la producción. Pero la dominación del capital convierte todos estos medios en instrumentos de opresión, cada vez mayor, del obrero. El taylorismo es uno de estos medios. Hace poco, los partidarios de este sistema recurrieron en Norteamérica al siguiente procedimiento: En el brazo del obrero se sujeta una bombilla eléctrica. Se fotografían los movimientos del obrero y se estudian los de la bombilla. Se ve que algunos son “superfluos” y se obliga el obrero a evitarlos, es decir, a trabajar más intensamente, sin perder ni un segundo a descansar. Se confeccionan proyectos de nuevas naves fabriles para que no se pierda ni un solo minuto al llevar a ellas los materiales, al pasarlos de un taller a otro y al sacar los productos acabados de la empresa. El cinematógrafo se emplea sistemáticamente para estudiar el trabajo de los mejores operarios y para aumentar su intensidad, es decir, para “espolear” todavía más al obrero.

Por ejemplo, se estuvo filmando todo un día el trabajo de un mecánico. Después de estudiar sus movimientos, se le proporcionó un banco especial, bastante alto porque no tuviera que perder tiempo a inclinarse. Pusieron además de ayudante suyo a un chico, que tenía que pasarle cada pieza de la máquina de manera determinada, de la manera más conveniente. ¡Al cabo de unos días, el mecánico gastaba en el montaje de la máquina la cuarta parte del tiempo que invertía antes! ¡A los obreros recientemente admitidos los llevan al cinematógrafo de la fábrica, que les muestra la producción “ejemplar” del trabajo. Obligan al obrero a “llegar a la altura” de este ejemplo. Cada semana le muestran en el cinematógrafo su propio trabajo y lo comparan con el “ejemplar”. Todos estos enormes perfeccionamientos se hacen contra el obrero. En orden a aplastarlo y oprimirlo más todavía y a limitar la distribución racional, sensata, del trabajo dentro de la fábrica. El taylorismo, sin que lo quieran sus autores y contra la voluntad de estos, aproxima el tiempo en que el proletariado tomará en sus manos toda la producción social y designará sus propias comisiones, comisiones obreras, para distribuir y ordenar acertadamente todo el trabajo social” (16).

En 1918 vuelve a escribir sobre el taylorismo pero con un giro de ciento ochenta grados:

“Se tiene que poner al orden del día la aplicación práctica y el ensayo de la remuneración por unidad de trabajo realizado, el aprovechamiento de lo mucho que hay de científico y progresista en el sistema Taylor, la observancia de las proporciones entre el salario y los resultados generales de la producción de artículos o de la explotación del transporte ferroviario, marítimo, fluvial, etc., etc.

El ruso es un mal trabajador comparado con los de las naciones avanzadas. Y no podía ser de otro modo en el régimen zarista, dada la vitalidad de los restos del régimen de servidumbre. La tarea que el Poder soviético tiene que plantear con toda amplitud al pueblo que debe aprender a trabajar. La última palabra del capitalismo en este terreno -el sistema Taylor-, igual que todos los progresos del capitalismo, reúne toda la refinada ferocidad de la explotación burguesa y varias conquistas científicas de sumo valor concernientes en el estudio de los movimientos mecánicos durante el trabajo, la supresión de movimientos superfluos y torpes, la adopción de los métodos de trabajo más racionales, la implantación de los sistemas óptimos de contabilidad y control, etc. La República Soviética tiene que adquirir cueste lo que cueste las conquistas más valiosas de la ciencia y de la técnica en este dominio. La posibilidad de realizar el socialismo quedará precisamente determinada por el grado en que conseguimos combinar el Poder soviético y la forma soviética de administración con los últimos progresos del capitalismo.

Hay que organizar en Rusia el estudio y la enseñanza del sistema Taylor, su experimentación y adaptación sistemáticas. Al mismo tiempo, y con el propósito de elevar la productividad del trabajo, hay que tener presentes las peculiaridades del periodo de transición del capitalismo al socialismo que reclaman, por un lado, el establecimiento de las bases de la organización socialista de la emulación y, por otro, la aplicación de medidas coercitivas para que la consigna de la dictadura del proletariado no quede empañada por un poder proletario blando en la práctica” (17).

Como podemos ver hay un cambio fundamental respecto al concepto de “ciencia burguesa” de 1913 a 1918, seguramente evaluado por la angustiosa situación económica que atravesaba Rusia después de la firma de la paz de Brest-Litovsk que comportó la pérdida de un 21,5% de la industria pesada; un 84,4% de la lana; un 57,8% del cuero; un 54% del papel; un 50% del iute; un 32,5% de la madera; un 28,6% de la industria química; un 26,2% del textil y un 22,7% de la metalurgia.

Si bien es cierto que se consiguieron aumentos de productividad de un 30 a un 40% comparados con resultados de 1913, estos fueron conseguidos, a expensas de suprimir las iniciativas de los trabajadores y sin ninguna consideración por su seguridad, de tal manera que aumentó un 50% el número de accidentes de trabajo al mismo tiempo que imperó el trabajo a destajo que fue creciente de los años 1923 a 1925.

La apología del sistema taylorista

El taylorismo, igual que el fordismo, ha expresado históricamente la ofensiva del capital contra el trabajo para conseguir su disciplina. Como vía tecnológica de la represión, ha intentado e intentaba descalificar a los obreros profesionales a través de la expropiación intelectual, destruyendo así la base de sostén de su poder en el seno del proceso productivo. Lenin impulsará el estudio y la posterior utilización masiva de este recurso. Como expresara él mismo: “lo más necesario para nosotros, ahora, consiste a aprender de Europa y de los Estados Unidos”.

A pesar de que, con posterioridad y en el último tercio del siglo XX, el propio capital se dio cuenta que era más rentable mantener y alentar las capacidades intelectuales de los obreros y así extraer todavía más plusvalía, dando al que denominó sistema toyotista de trabajo en equipo que con varias modificaciones está vigente hoy en día. Es lo que se denomina “capital humano”.

El aumento de la productividad industrial llevó Lenin a apologetizar el sistema Taylor que años más tarde sería rechazado y el concepto de productividad reformulada en función de las particularidades de la sociedad rusa por el stajanovismo el cual, tenía una diferencia sustancial con el taylorismo, que era el intento de sacar de las manos de los directores y otros burócratas, los incrementos de producción, y que estos aumentos surgieran de la conciencia y voluntariedad de los segmentos comunistas del proletariado. Sin embargo, en cuanto que base productiva gestada en condiciones alienantes, es decir la no participación del proletariado en la toma de decisiones y el mantenimiento mayoritario de unas relaciones de producción muy piramidales, llevaba impresa las relaciones sociales capitalistas en su seno. Seguramente, uno de los errores de Lenin y de buena parte de los dirigentes soviéticos fue creer que el objetivo principal del desarrollo tecnológico capitalista consiste en la máxima producción de bienes, cuando el objetivo es la reproducción del capital por medio de la producción de estos bienes, que al capital le da lo mismo que sean de uso, de cambio o de inutilidad total.

El planteo de Lenin de que: “el comunismo empieza, cuando los obreros sienten una preocupación -abnegada y más fuerte que el duro trabajo… para aumentar la productividad del trabajo” (18), lleva implícito que la emancipación humana es conquistada a través del culto a la tecnología a pesar de que exacerba al máximo la alienación. Y que la derrota definitiva del capitalismo será conseguida por el hecho que “el socialismo consigue una nueva productividad del trabajo mucho más alta” (Lenin. Una gran iniciativa). El único elemento es la productividad del trabajo dejando de lado el concepto de productividad social que puede llegar a ser antagónica con el “trabajo”. Es lo que en catalán y castellano dispone de dos definiciones: en catalán “treballar” o “fer feina”, que el castellano tiene también dos concepciones diferenciadas: “trabajo”, relacionado con una carga pesada derivada del tripalium latino, y “faenar”, derivado del catalán relacionado con aquello que se tiene que hacer, es decir la participación en el mantenimiento de la sociedad y las personas.

La defensa explícita por parte de Lenin de la concepción burguesa del progreso técnico resulta sorprendente. Su equivocada creencia en que se estaba nadando, al decir de Walter Benjamin, a favor de la corriente dinámica del desarrollo tecnológico, lo llevó a expresar que “la forma de organización del trabajo no la inventamos, sino que la tomamos ya hecha del capitalismo, por lo cual no tenemos más que adoptar el mejor de la experiencia de los países avanzados”.

El rechazo de Lenin y más todavía de Trotsky, a la extensión masiva del control obrero y su inclinación por “la dirección de un solo hombre”, es totalmente comprensible en el marco del despotismo fabril que suponía la aplicación férrea del sistema Taylor.

Pero existia paralelamente un movimiento anti-taylorista encabezado por el profesor Ermansky, el cual plasmó su crítica al taylorismo mediante el libro “Teoría y práctica de la racionalización” (19). Desde su perspectiva, el taylorismo reducía la calidad del trabajo y bestialitzaba al obrero, no haciendo un uso óptimo del trabajo, sino solo un uso máximo.

En 1946 el psicólogo del trabajo húngaro Béla Székely publica un libro (20) en el que analiza los métodos de Taylor y Bedeaux de explotación máxima de los obreros y como contrapartida las circunstancias y objetivos del sistema Stajanov. Realiza una explicación de la diferencia entre el movimiento de las brigadas de choque: los Udarniki, las cuales estaban concebidas para situaciones de emergencia y el método Stajanov como organización racional del trabajo. Lo define de la siguiente forma: “La base del movimiento de Stajanov es la actividad voluntaria. Cada uno de estos obreros entiende no solo su máquina, sino todo el régimen del taller, o mejor dicho, todo su oficio. En los talleres donde está implantado su método, cada obrero tiene que ser capaz de realizar hoy cualquier trabajo secundario y dirigir mañana todo un taller”.

En este libro, Székely hace alusión al libro que escribió Stajanov en 1935 “Mi método”, y realiza unas breves transcripciones ilustratives del mismo “Mi método es una combinación del trabajo manual con el intelectual. Permite a los trabajadores que se adhieren a él desplegar sus facultades, dar curso a sus ideas creadoras, significa la victoria del hombre sobre la máquina. Un trabajo que no exige un sobreesfuerzo físico, sino que requiere una abierta disposición voluntaria hacia el trabajo que un mismo realiza y un profundo estudio de la máquina y su técnica. Es el toque inicial de la elevación de cada obrero al nivel cultural y técnico de un ingeniero”.

El libro está dedicado a los militantes comunistas húngaros Fürst Sandor y a Imre Sallai, guillotinados el 29 de Julio de 1932, falsamente acusados de hacer descarrilar un tren en el puente de Biatorbágv, a pesar de que el autor de los hechos (Szilveszter Matuska) había sido detenido y condenado en Viena por este hecho el 7 de octubre de 1931. Según investigaciones posteriores, el atentado fue organizado por el ministro de Defensa Gyula Gömbös con la aprobación del gobernador Miklós Horthy dentro de una campaña de exterminio de comunistas. Fueron los Sacco y Vanzetti húngaros, pero de los cuales, a diferencia de los anarquistas nordamericans, solo han estado presentes en la memoria revolucionaria húngara hasta 1989 y desde entonces sus nombres borrados de la historia.

Este hecho fue imitado por el gobierno de Hitler un año después con el incendio del Reichtag el 27 de febrero de 1933 realizado por el propio partido nacionalsocialista, del que culparon falsamente al militante comunista Marinus van der Lubbe, que fue ejecutado el 10 de enero de 1934. Hasta después de 75 años (2008) el Tribunal Supremo alemán no lo declaró inocente.

La neutralidad de la ciencia

En Rusia, a 1920, se dio un intenso debate sobre el papel de la ciencia, el arte y la literatura alrededor de dos concepciones: una la encabezada por Anatoli Lunacharski y Aleksandr Aleksándrovich (Bogdánov), y el otro encabezada por Lenin, con los cuales había polemizado en 1909 por medio de la obra “Materialismo y empirocriticismo”. El nudo central del debate fue sobre el carácter “neutro” de la ciencia o el sustrato ideológico de la misma.

Que el dominio de clase se presente bajo la mistificación de un aparato administrativo neutro, o bien asuma en el ámbito productivo la forma pervertida de saberes técnicos especializados -tendentes, los dos, a “ser autónomos” y cobrar vida propia- es parte del proceso de fetichización propio de la sociedad capitalista.

Las tesis de Bogdanov tienen una serie de implicaciones epistemológicas, especialmente en relación al sentido y significado de la verdad para la ciencia. De este modo, Bogdanov afirmó que la noción de “verdad objetiva” era un fetiche metafísico, y que la ciencia solo producía “verdades epocales”. La ciencia tenía que restablecer su unión con el trabajo, puesto que “la ciencia es la experiencia colectiva del trabajo organizado”, y la verdad es una “forma organizativa de la experiencia” en la cual los hechos son relativos a la experiencia. Desde este punto de vista, la ideología es considerada la organización de ideas que expresan, en cada momento de la historia, las formas de organización del trabajo.

Bogdanov rechazaba, entonces, el concepto de verdad objetiva y la noción correspondiente de un mundo objetivo independiente del sujeto cognoscitivo. Para él, el mundo, es decir, el “mundo conocido por nosotros”, en oposición a la “cosa-en-sí-misma” metafísica, es producto de la praxis colectiva humana. La noción de leyes objetivas e irrevocables de desarrollo social no era para él una explicación científica del mundo humano, sino que era una cosa que tenía que ser explicado en términos históricos y sociológicos.

Bogdanov centraba su crítica de la práctica científica contemporánea en la separación entre ciencia y trabajo. Esta unión original entre ciencia y trabajo había sido rota en las sociedades capitalistas. De este modo, la ciencia olvidó sus orígenes por completo y todos sus problemas contemporáneos derivan de este hecho. Una de las consecuencias de este olvido, es que la ciencia perdió de vista la idea de la unidad de los métodos y se desintegró en un grupo desorganizado de disciplinas especializadas, donde cada una de ellas se desarrollaba en forma completamente independiente de las otras y perdían la posibilidad de beneficiarse mutuamente.

En China, en 1964 se produjo un debate similar de la mano de Lu-Ting Yi: “Cómo todo el mundo sabe, las ciencias naturales, incluida la medicina, no tienen carácter de clase. Tienen sus propias leyes de desarrollo. La única forma en que se relacionan con las instituciones sociales es que bajo un mal sistema social progresan con bastante lentitud, y bajo uno de mejor progresan con bastante rapidez. La parte teórica de esta cuestión quedó resuelta hace tiempo. Por lo tanto, es un error etiquetar una teoría particular en medicina, biología o cualquier otra rama de la ciencia natural como feudal, capitalista, socialista, proletaria o burguesa” (21).

Poco después, en 1966, durante la Revolución Cultural, fue acusado de ser un promotor de la línea reaccionaria en la cultura y ciencia puesto que no aceptaba la idea que la cultura y la ciencia tenían que servir ampliamente a la política proletaria. Posteriormente fue rehabilitado por la nueva dirección encabezada por Deng Xiaoping (22).

Este resumido esbozo del planteamiento sobre el concepto ciencia sirva para recordar que en 1950, un grupo de científicos y filósofos franceses, entre los cuales se encontraban Raymond Guyot y Jean Desanti, publicaron un manifiesto titulado “Ciencia burguesa y ciencia proletaria”. En él se establece que la ciencia tiene un componente de clase, que no solo afecta las condiciones sociales y materiales de investigación, sino que también determina los conceptos y teorías a las cuales dan origen. Este manifiesto surgió a consecuencia de un fuerte debate que apareció en torno al científico Trofim Lysenko.

En 1948, el PCUS revitalizó algunas de las propuestas que en los años 20 habían surgido del debate realizado alrededor de la construcción de una nueva sociedad, entre ellas el tema educativo y el papel de la ciencia. Los enemigos internos y externos en la URSS hicieron estragos, y la instrumentalización maniqueista organizada por las fuentes “científicas” capitalistas arrastraron un puñado de discípulos marxistas de todo el mundo. Proceso que tuvo un punto culminante con el triunfo de las posiciones revisionistas en el XX Congreso del PCUS en 1956.

En una de las muchas respuestas y contribuciones a un artículo sobre la teoría de las dos ciencias publicado el 2012 por el profesor Agustín Ostachuk de la argentina Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), uno de los contribuyentes al debate planteaba: “Si estuviera vivo, Bogdanov habría reemplazado el término ‘capitalista’ o ‘burgués’ por los nuevos amos del mundo: conjuntos de transnacionales financieras, industriales, de la banca internacional (FMI, BID, OCDE, Bancos Centrales, etc.) y el Vaticano, el poder económico de los cuales en el flujo financiero ha sobrepasado infinitamente al de todos los Estados y se ejerce sobre una dimensión planetaria, a diferencias del poder de los gobiernos de países que están limitados a una dimensión nacional específica. Sin embargo, esta crítica tiene un Gran Ausente: el Sistema de Enseñanza que actualmente y en la mayoría de países, la ‘Educación de calidad’ en continua expansión, recoge la herencia de esta cultura falaz, comercial y discriminatoria, fomentadora del más atroz darwinismo social (supervivencia exclusiva de los alumnos con mejores ritmos de aprendizajes y exclusión como basura de los otros niños), que aprovecha los ‘valores’ del mercado para su propio enriquecimiento”.

Se acaba el debate

Marx en 1852 escribió sus reflexiones críticas sobre la revolución de 1848 en Francia: “La revolución social del siglo XIX no puede sacar su poesía del pasado, sino solo del porvenir. No puede empezar su propia tarea antes de desnudarse de toda veneración supersticiosa por el pasado. Las anteriores revoluciones necesitaban remontarse a los recuerdos de la historia universal para aturdirse sobre su propio contenido. La revolución del siglo XIX tiene que dejar que los muertos entierren en sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido. Allí, la frase desbordaba el contenido; aquí, el contenido desborda la frase… La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando estos se disponen precisamente a revolucionarse y revolucionar las cosas, a crear una cosa nunca vista, en estas épocas de crisis revolucionaria, es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio a los espíritus del pasado, toman prestado sus nombres, sus consignas de guerra, su vestidura, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal. Así, Lutero se disfrazó de apóstol Pablo, la revolución de 1789-1814 se vistió alternativamente con la vestidura de la República Romana y del Imperio Romano, y la revolución de 1848 no supo hacer nada mejor que parodiar aquí al 1789” (23).

Diez años después, arreciando este punto de vista, escribia a Lassalle: “Se podría decir que toda adquisición de un periodo anterior, apropiada por un periodo ulterior, es la antigüedad mal comprendida” (24).

Esta advertencia de Marx respecto a lo que tiene que marcar la diferencia entre las anteriores revoluciones y la revolución socialista, parece que no fue acogido por la mayoría de comunistas rusos. En la primera mitad de octubre de 1920 en Moscú se celebró el I Congreso de Proletkult de toda Rusia. En el discurso pronunciado ante el Congreso, Anatoli Lunacharski, en contra de las indicaciones de Lenin, abogó por la autonomía completa de Proletkult en el sistema del Comisariado del Pueblo de Instrucción. Con este motivo, Lenin escribió una propuesta de resolución que se discutió en la reunión del Buró Político del CC del PC(b) de Rusia, celebrada el 9 de octubre de 1920, y aprobada unánimemente posteriormente por el Congreso con el cual se concluyó el debate.

Este es el punto 4 de la citada resolución: “El marxismo ha conquistado su significación histórica universal como ideología del proletariado revolucionario porque no ha rechazado de ninguna forma las más valiosas conquistas de la época burguesa, sino, por el contrario, ha asimilado y re-elaborado todo el que tuvo que valioso en más de dos mil años de desarrollo del pensamiento y la cultura humanos. Solo puede ser considerado desarrollo de la cultura verdaderamente proletaria el trabajo ulterior sobre esta base y en esta misma dirección, inspirado por la experiencia práctica de la dictadura del proletariado como lucha final de este contra toda explotación” (25).

En aquellos momentos eran totalmente desconocidas las obras de Marx como los Manuscritos de 1844 o la Crítica a la filosofía del derecho de Hegel que en 1920 tan solo había sido publicada la introducción sobre el papel de la religión. En esta obra Marx planteaba un imperativo ético – político que prefiguraba su posición crítica frente a la civilización del Capital: “Subvertir todas las relaciones sociales en las cuales el ser humano es un ser envilecido, humillado, abandonado, despreciable” (26).

En cambio sí era suficientemente conocida la polémica de Engels con los bakuninistes, fruto de la cual fue su escrito sobre la autoridad de 1873:

“Suponemos que una revolución social hubiera derrocado a los capitalistas, la autoridad de los cuales dirige hoy la producción y la circulación de la riqueza. Suponemos, para colocarnos completamente en el punto de vista de los antiautoritarios, que la tierra y los instrumentos de trabajo se hubieran convertido en propiedad colectiva de los obreros que los emplean. ¿Habría desaparecido la autoridad, o no habría hecho más que cambiar de forma?

Además, para mantener las máquinas en movimiento, se necesita un ingeniero que vigile la máquina de vapor, mecánicos para las reparaciones diarias y, además, muchos peones destinados a transportar los productos, etc. Todos estos obreros, hombres, mujeres y niños están obligados a empezar y acabar su trabajo en la hora señalada por la autoridad del vapor, que se burla de la autonomía individual.

El mecanismo automático de una gran fábrica es mucho más tiránico que lo han estado nunca los pequeños capitalistas que emplean obreros. En la puerta de las fábricas, podría escribirse: “¡Lasciate ogni autonomía, voi che entrate!” (¡Quién entre aquí, renuncie a toda autonomía!). Si el hombre, con la ciencia y el genio inventivo, somete a las fuerzas de la naturaleza, estas se vengan de él sometiéndolo, mientras las emplea, a un verdadero despotismo, independientemente de toda organización social” (27).

Había, pues, varias interpretaciones del legado de Marx y Engels, del mismo modo que los socialdemócratas alemanes se decían ser sus continuadores y herederos, puesto que cada grupo u organización hacía suyo un fragmento u otro de su enorme obra. Lenin hacía años había advertido sobre la lectura escolástica de Marx de la siguiente forma: “No consideramos, en absoluto, la teoría de Marx como algo acabado e intangible: estamos convencidos, por el contrario, que esta teoría no ha hecho sino colocar las piedras angulares de la ciencia que los socialistas tienen que impulsar en todas las direcciones, si es que no quieren quedar rezagados de la vida. Creemos que para los socialistas rusos es particularmente necesario impulsar independientemente la teoría de Marx, porque esta teoría da solo los principios directivos generales, que se aplican en particular en Inglaterra, de una manera diferente que en Francia; en Francia, de una manera diferente que en Alemania; en Alemania, de una manera diferente que en Rusia. Por lo mismo, con mucho gusto daremos cabida en nuestro periódico (Iskra) los artículos que traten de cuestiones teóricas e invitamos a todos los camaradas a tratar abiertamente los puntos en discusión” (28).

Hoy podríamos añadir unas nuevas consideraciones. Marx dedicó su vida a elaborar una crítica del capital, y también deslumbrado por los “adelantos científicos” del mismo que, hurgando en la historia anterior a la expansión capitalista, concluyó que la ciencia era apropiada por el capital. Esto tiene una raíz basada en el paso del feudalismo a la dominación burguesa, pero, hoy, estamos en una etapa histórica que ni Hobsbawm ni Lenin cuando escribieron sobre el imperialismo, podían imaginar. Pero ya a partir del último tercio del siglo XIX el desarrollo científico queda totalmente subordinado a los intereses de la reproducción del capital en todas sus ramas, pues en una sociedad dirigida por las grandes corporaciones, la financiación de los grandes laboratorios de investigación son una inversión del capital del cual solo esperan sacar un rendimiento; no es una financiación “desinteresada” de cualquier tipo de investigación.

Pensar la ciencia en abstracto y alejada de la estructura de poder del capitalismo, a partir de la concepción de la apropiación de esta, como si fuera ajena al sistema político imperante, por el capital, deja a la actividad científica fuera de la reflexión crítica. Mientras la mirada esté puesta solo en el tema de la propiedad privada o apropiación del conocimiento científico, o en la “forma” en que este se utilizado, se deja de lado la necesaria reflexión sobre la constitución y legitimación del conocimiento científico, los problemas respecto a la “verdad” científica y sus relaciones con las estructuras de poder.

Pienso que debe utilizarse el análisis basado en los principios de la dialéctica y ver de este modo las implicaciones de la actual financiación, investigación, conocimiento y aplicación científica con el modelo imperante del capitalismo corporativo internacional. Lo que en otras ocasiones he denominado Imperialismo S.A.

Conversión de la necesidad en virtud

En 1920, Alekséi Kapitonovich Gástev fue fundador y Director del Instituto Central del Trabajo (I.C.T.) en Moscú. El Instituto desarrolló métodos “científicos” de entrenamiento para trabajadores en operaciones mecánicas de la forma más eficiente, de acuerdo con los principios de Taylor y la psicología del alemán Hugo Münsterberg sobre la eficiencia industrial que estaba directamente relacionada con las propuestas del taylorismo pues su psicología intenta suprimir la voluntad y reducir con esto la conciencia a sensación, siendo uno de los motores de la transformación de la Psicología en una «ciencia general de la conducta”. A su lado también había la influencia de Charles Bedaux, Frank Gilbreth y Lillian Moller, ingenieros norteamericanos, estos dos últimos instalados en Rusia, técnicos en campos del estudio de movimientos y factores humanos y medición del trabajo.

Paralelamente fueron acogidas las propuestas del pedagogo norteamericano John Dewey, que sintetizó las Influencias de Hegel, James Y Darwin. Hegel influencia a Dewey sobre todo en la parte de los caracteres filosóficamente más importantes de su planteamiento de racionalidad absoluta, necesidad y certitud. James influenció a Dewey en el aspecto de analizar el significado de una idea en términos de consecuencias practicas y tomó de Darwin el modelo biológico de supervivencia del más apto. Sus ideas pedagógicas están íntimamente ligadas al pragmatismo y el instrumentalismo, pues según él “las ideas solo tienen un valor instrumental para la acción en la medida en qué ellas estén al servicio de la experiencia activa; de donde el valor de una idea radica en su éxito”.

Posteriormente, en 1956, Ivan Alexandrovich Kairov publicaba una obra que llevaba por título “Pedagogika” (29). Unos pocos fragmentos de su obra nos dan cierta dimensión de su pensamiento. En el primer capítulo de Pedagogika, Kairov afirma que «la educación es un fenómeno puro de la humanidad». Afirmación que hizo suya Lu-Tig-Yi en defensa del sistema educativo burgués en China: “La definición de educación es muy clara: transmitir conocimientos y asimilar conocimientos”.

Sigue Kairov en Pedagogika que: “Todo irá be si los alumnos pueden asimilar lo ya conocido, los conocimientos ‘existentes’ acumulados por los hombres a lo largo de los siglos, porque constituyen un tesoro científico sólido y seguro, una verdad absoluta e inmutable… Cada palabra, cada directriz del director se reviste del carácter de ley. Lo que es discutible o que incluso no está confirmado en el campo de la ciencia tiene que ser excluido de los cursos… La obtención de buenas calificaciones es el motor de la vida de los estudiantes y el estímulo para sus estudios”.

Para él la meta de la educación soviética era edificar una sociedad científica basada, decía, en el materialismo dialéctico. El mundo tenía que comprenderse según las leyes de la materia, y la interpretación del mismo corría a cargo del partido comunista. La filosofía de Kairov supone un estímulo a la precisión y el dominio de materias concretas (sistema Taylor). Todas las escuelas de la URSS tendrían que recalcar las materias fundamentales, además no se permitiría ninguna independencia local y se desalentaría cualquier tipo de experimentación pedagógica con métodos independientes. Presidente del Academia de Ciencias Pedagógiques de la URSS recalcaba que el maestro es la autoridad absoluta las ideas de la cual tienen que ser aceptadas por los discípulos.

Tan solo el brillante pensamiento de Vasili Alexandrovich Sujomlinski, después de la segunda guerra mundial, puso en práctica en la Escuela Secundaria de Pavlish una experiencia de pedagogía comunista próxima a la que había propuesto Krupskaia en su momento y que era una reivindicación del Komsomol. Algunos extractos de su “Pensamiento Pedagógico” nos pueden dar un acercamiento a la perspectiva comunista diferenciada de Kairov: “La crítica de la escuela parece haber conseguido su punto culminante en toda la redondez de la tierra. Injuriar contra la escuela es casi moda; «reorganizarla», casi hobby nacional de muchos países. Se vaticina con relativa seguridad la invasión de las máquinas enseñantes. Ahora bien, la escuela no es una fábrica; no son las instalacions ni la tecnología, sino las ideas los factores que la configuran” (30).

“La educación no tiene que consistir en la orden desde arriba y la subordinación agobiada desde bajo… tienes que decir lo que pienses de una persona, un hecho, un fenómeno, un suceso. Nunca trates de acertar lo que le gustaría a otro sentirte dir. Esto puede hacer de ti un hipócrita, un adulador, en fin de cuentas un tipo despreciable… Si se habla y se vuelve a hablar en la escuela sobre las buenas acciones y estas no se ven por ninguna parte, las fuerzas del personal pedagógico se consumirán a combatir las contravenciones” (31).

“Estoy profundamente convencido que el objetivo de la educación comunista es el hombre, mientras la colectivitat no es sino el medio para conseguir este fin” (32).

“Vuelvo a decir con dolor que la irreflexiva obstinación a aplicar literalmente todas las opiniones de Antón Makarenko, la obstinación a demostrar que es cierto todo el que dijo y que el que disienta es un hereje, causa un mal inmenso ante todo al propio sistema de Makarenko, por cuanto mengua el papel de cuánto en él hay de ciertamente valioso y permanente” (33).

“Embutiendo en el ninguno de los niños verdades que se dan por demostradas generalizaciones y conclusiones, a veces el maestro no los deja acercarse al manantial del pensamiento y la palabra viva. De un ser activo y vivaz, el niño a menudo se convierte en una memoria mecánica… Para no hacer del niño un embalse de conocimientos, un depósito de verdades, normas y fórmulas hay que enseñarle a pensar” (34).

“Muchos males y muchas dificultades de la vida escolar tienen sus raíces en la indigencia pedagógica del maestro, la cual se manifiesta en que este maestro proporciona los conocimientos, los transfiere de su cabeza a la cabeza del alumno sin saber el que sucede en esta” (35).

“La teoría vive, es decir se enriquece, se perfecciona, porque la vida pule en ella nuevas facetas y suprime lo viejo, lo caduco. Mientras la teoría vive en la experiencia refractándose en el trabajo creativo individual de miles y miles de pedagogos, esta teoría se desarrolla. Si los preceptos teóricos se conciben como una cosa eterna, inmutable, apta para todos los casos, se produce la esclerosis de la teoría. La teoría se transforma en dogma” (36).

Experiencia que acabó cuando murió, todo y dejando tres mil setecientas páginas escritas y siendo galardonado como héroe del trabajo socialista y miembro de la Academia de Ciencias Pedagógicas de la URSS, su legado no tuvo continuidad.

Podemos entrever que el concepto taylorista y el pragmatismo impregnaron todos y cada uno de los ámbitos sociales, educativos, económicos, culturales y políticos.

Por la misma época, Gramsci también reflexionó sobre el sistema Taylor y lo expresaba así: “Taylor expresa con cinismo brutal la finalidad de la sociedad norteamericana: desarrollar en el trabajador, en un grado máximo, las actitudes maquinales y automáticas, destruir el viejo nexo psicofísico del trabajo profesional cualificado que exigía cierta participación activa de la inteligencia, de la fantasía, de la iniciativa del trabajador, y reducir las operaciones productivas al mero aspecto físico, maquinal. Pero, en realidad, no se trata de novedades originales, sino solo de la fase más reciente de un largo proceso que ha empezado con el nacimiento del industrialismo mismo, fase que es, simplemente, más intensa que las anteriores, y que se manifiesta con formas más brutales, pero que será superada ella misma con la creación de un nuevo nexo psicofísico de tipo diferente del de los anteriores y, sin duda, superior a ellos” (37).

Al mismo tiempo que reflexionaba sobre el papel de la ciencia: “¿Es ‘objetivamente’  verdadero todo lo que afirma la ciencia? ¿De manera definitiva? Si las verdades científicas fueran definitivas, la ciencia dejaría de existir como tal, como investigación, como experimento nuevo, y la actividad científica se reduciría a una divulgación de lo ya descubierto. Lo cual, por suerte, no es verdad en la ciencia. Pero si tampoco las verdades científicas son definitivas y perentorias, entonces la ciencia misma es una categoría histórica, un movimiento en desarrollo continuo.

Poner la ciencia en la base de la vida, hacer de la ciencia la concepción del mundo por excelencia, la que disipa las nieblas de todas las ilusions ideológicas, la que pone al hombre ante la realidad tal como esta es, significa recaer en la idea que la filosofía de la práctica necesita bases filosóficas fuera de sí misma. Pero, en realidad, también la ciencia es una superestructura, una ideología. ¿Puede afirmarse, sin embargo, que en el estudio de las superestructuras la ciencia ocupa una posición privilegiada, por el hecho que su reacción sobre la estructura tiene un carácter particular, de mayor extensión y continuidad de desarrollo, especialmente a partir del siglo XVIII, desde que la ciencia ha conseguido una posición separada en la estimación general? Que la ciencia es una superestructura se prueba por el hecho (entre otros) que ha tenido periodos de eclipse, para quedar oscurecida por otra ideología dominante, la religión, que afirmaba haber absorbido la ciencia; por eso la ciencia y la técnica de los árabes parecia a los cristianos brujería pura. Además: la ciencia misma, a pesar de todos los esfuerzos de los científicos, no se presenta nunca como una desnuda noción objetiva; aparece siempre revestida por una ideología, y es concretamente ciencia la unión del hecho objetivo con una hipótesis o un sistema de hipótesis que superan el mero hecho objetivo.

La superstición científica lleva consigo ilusiones tan ridículas y concepciones tan infantiles que la misma superstición religiosa queda ennoblecida. El progreso científico ha dado nacimiento a la creencia en y a la espera de un nuevo Mesías que realizará en esta tierra el País de Jauja; las fuerzas de la naturaleza, sin ninguna intervención de la fatiga humana, sino por obra de mecanismos cada vez más perfeccionados, darán abundantemente a la sociedad todo el necesario para satisfacer sus necesidades y vivir cómodamente. Contra esta vanidad los peligros de la cual son evidentes (la supersticiosa fe abstracta en la capacidad taumatúrgica del hombre lleva paradójicamente a esterilizar las bases mismas de esta fuerza y a destruir todo amor al trabajo concreto y necesario, para dedicarse a fantasear, como si se hubiera fumado una nueva especie de opio), hay que poner en obra varios medios, el más importante de los cuales tendría que ser un conocimiento mejor de las nociones científicas esenciales, divulgando la ciencia por obra de científicos y estudiosos serios, y no por medio de periodistas omniscientes y presuntuosos. En realidad, como se espera demasiado de la ciencia, se la concibe como una especie de brujería superior, y por eso no se consigue valorar con realismo el que la ciencia ofrece concretamente” (38).

¿Es revolucionaria la concepción neutra de la ciencia?

“Si comparamos la ciencia soviética con la ciencia occidental, no en términos de discurso filosófico o de intencionalidad política, sino en términos de la práctica… podemos llegar a la conclusión que ha estado mucho más lo que han tenido en común que lo que los ha separado…. En los debates soviéticos de las últimas décadas han ido desapareciendo todas las referencias a las diferencias entre la ciencia de la sociedad capitalista y la ciencia de la sociedad socialista. Los debates soviéticos se limitan al terreno de la interpretación filosófica de los resultados de la ciencia. Hay varias concepciones filosóficas, pero una sola ciencia: la “ciencia moderna”, la “ciencia contemporánea”, una ciencia universal compatible con los modelos capitalistas y socialistas debido a que el paradigma general de las ciencias, sus objetivos definidos en términos globales, corresponden con los valores y mitos, con las finalidades sociales que comparten ambos sistemas y porque son igualmente similares la forma en la cual l ciencia y la tecnología “organizan” la vida y fundamentan el ejercicio del poder… No hay un replanteo sobre la naturaleza cultural e histórica particular del conocimiento científico, sobre los valores y objetivos que encuentran su realización por la vía del conocimiento científico y la posibilidad de que otras finalidades o valores humanos puedan encontrarse amenazados por el desarrollo científico. No hay dudas ni diferencias, respecto a los objetivos de la ciencia ni en relación al hecho que esta se considerada como máxima expresión del desarrollo de la especie humana, como única vía por medio de la cual es posible el acceso a la verdad” (39).

Llama la atención la similitud existente entre los textos del conductista Burrhus Frederic Skinner sobre la ingeniería social aplicada de forma rigurosamente científica, para modificar la conducta en la sociedad capitalista, y los textos editados por la Academia de Ciencias de la URSS que, por boca de I.Andréiev afirmaba que “la gestión científica es antes de que todo y más que nada, el poner la actividad subjetiva de los hombres en correspondencia con las exigencias de las leyes objetivas”. En los dos casos no se pretende aumentar la capacidad de razonamiento y autonomía de pensamiento de los miembros de la sociedad, sino aumentar su status alienado.

La pregunta de si es revolucionaria la concepción neutra de la ciencia viene a cuento de la actitud tomada por la mayoría de formaciones comunistas actuales que han abrazado sin ningún tipo de duda la “ciencia” capitalista ligada a la impuesta pandemia que ha trastocado la sociedad mundial, y que como he escrito en otras ocasiones ha dejado patente la subordinación ideológica del proletariado a los intereses del capital.

Paz Francés, José Loayssa y Ariel Petruccelli han escrito un interesante libro, “La respuesta autoritaria y la estrategia del miedo”, con una extensa cantidad de datos profundamente estudiados y contrastadas en el entorno de la pandemia. Libro que estaba previsto hacer una presentación del mismo a la Feria Literal, en teoría una feria de libros autodenominada “radical”, “transgresora”, “revolucionaria”, etc., pues prohibieron su presentación y coloquio previsto. De este libro vale recoger algunas de las consideraciones que realiza: “La pandemia transparentó procesos y situaciones preexistentes. En primer lugar que solo algunos sectores del gran capital poseen proyectos sociales a gran escala espacial y temporal, y recursos para llevarlos a cabo. El capitalismo digital está reorganizando la vida, la cultura y la economía. Sus agentes saben lo que quieren, conocen donde van y tienen capacidad para marcar la ruta y, ante situaciones imprevistas, adecuar la forma de actuación para conseguir sus hitos. Mal que nos pese, la izquierda política no dispone de la misma claridad de objetivos… de manera desigual y llena de contradicciones y excepciones, a largo plazo el teletrabajo y la cultura digital tienden a producir subjetividades individualistas y aisladas; pautas culturales fundamentalmente consumistas; tribus digitales cerradas en sí mismas; poderosos mecanismos por el control del trabajo y de la vida por parte de las corporaciones capitalistas.

Desde el momento en que las fuerzas de izquierda no supieron oponerse frontalmente a la estrategia sanitaria dominante, y asumieron el discurso de que estamos ante una epidemia equivalente a un cataclismo frente al cual se tienen que adoptar medidas extraordinarias a cualquier precio, la defensa de las libertades fundamentales ciudadanas cayó en picado. Peor todavía, se dejó esta defensa a manos de la derecha más reaccionaria… las fuerzas antisistema quedaron en una especie de limbo… El hecho de que la izquierda radical haya sido presa del pánico, asumiendo la hipótesis de la eficacia y viabilidad de las medidas de excepción, es un indicio de la carencia de autonomía e independencia de criterios.

En las grandes crisis, las vías más seguras suelen ser contraintuitivas. O mejor dicho, las grandes crisis ofrecen oportunidades de transformación social radical, a condición de que las fuerzas revolucionarias adopten políticas independientes y en general “arriesgadas” según dicen los que quieren conservar el estado de cosas preexistentes. Al cabo de más de un año no se ha conseguido instalar en el debate público de la inmensa mayoría de países (ni siquiera en aquellos gobernados supuestamente por fuerzas progresistas)” (40).

A lo largo de estas reflexiones, podemos intuir que la raíz del problema recae en la negación de realizar un análisis materialista y sacar unas conclusiones a la luz de lo que ha sido la evolución de las sociedades que en un momento dieron un paso importante con intención de modificar y trastocar la sociedad capitalista, pero también hemos podido comprobar como poco a poco, no avanzaron, sino retrocedieron en la historia hasta coincidir nuevamente con los postulados del liberalismo tanto en su base económica, como cultural.

Hace falta pues, profundizar la raíz del legado de Marx, Engels y otros revolucionarios desde una visión de totalidad, pues de lo contrario nos encontraremos en un callejón sin salida para analizar la realidad actual, tanto a nivel concreto de nuestro entorno, como más allá en los análisis internacionales. Pienso que más que nunca son ilustrativas las palabras de Polibio que fue uno de los primeros historiadores, entre el 203 y 120 a.n.e., que excluyó la acción divina entre las causas materiales y sus consecuencias: “Porque en general, los que están realmente convencidos de que por medio de las historias monográficas tienen una cuidadosa visión del conjunto creo que se les pasa una cosa parecida a quienes una vez han visto esparcidos los miembros de un cuerpo antes lleno de vida y belleza, juzgan al fin y al cabo que han estado testigos oculares suficientes de su vigor, vida y belleza. Pero si alguien volviera a componer de repente el cuerpo vivo y pudiera devolverle su integridad, con la forma y el bienestar de su espíritu y, una vez hecho esto, mostrara de nuevo el cuerpo a aquellos mismos que lo vieron hecho a pedazos, estoy seguro que todos confesarían que se habían quedado muy lejos de la verdad, tanto como los que ven visiones mientras sueñan. Es cierto que las partes pueden ofrecer cierta idea del todo, pero es imposible que de ellas se llegue a obtener un conocimiento completo y un juicio exacto” (41).

O, como afirmaba el filósofo humanista y vicepresidente de Cuba entre 1913 y 1917 y avalador de la Federación Estudiantil Universitaria fundada por Julio Antonio Mella: “Saber dudar… Nada más contrario al ejercicio normal de nuestras actividades mentales; nos entusiasma lo categórico y nada nos enamora tanto como un dogma” (42).

No se trata de renegar del pasado como han hecho y hacen los oportunistas, ni de quedar anclado en el siglo XIX o XX como hacen la mayoría de organizaciones que se autodenominan comunistas, se trata de recuperar la memoria de lo que fue, de lo que podía haber sido y de lp que no fue, para poder hacer nuestros los aciertos, rechazar los errores y avanzar en teoría y praxis, hacia el comunismo.

Para esta tarea, hace falta en primer lugar disponer de un proyecto, un proyecto que tiene que velar para que se lo hagan suyo las personas decididas a ser militantes comunistas que piensen con cabeza propia, que sean capaces de establecer una organización de acuerdo con el proyecto y no subordinar el proyecto a la organización.

Proyecto que, al hacer un serio análisis de nuestra historia reciente, tenemos que sacar conclusiones para establecer prioridades en la lucha cotidiana; proyecto que tiene que cuestionar hasta el tuétano la red política, educativa, cultural, económica y científica del capital y de sus lugartenientes. Para hacer patente este cuestionamiento , hace falta, como escribe Lenin en Materialismo y Empiriocriticisme, haciendo mención a la novela de Turguénev, Tierras Vírgenes, “Wer den “Feind will verstehen, mus im Feindes Lande gehen” (Quien quiera conocer su enemigo, que vaya al campo enemigo). Hace falta, pues, conocer, estudiar, analizar contenidos y formas del capitalismo corporativo de los siglo XXI, -el Imperialismo S.A.-, entre ellas el modelo llamado científico, e intentar dar respuestas desde una perspectiva de clase a todo el entramado.

Esta tendría que constituir una tarea urgente ante la imposición “manu militari” de la declaración de pandemia mundial y los intereses escondidos detrás, entre ellos el gran cambio de patrón tecnológico que intenta revertir la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.

Hurgar en sus mentiras y romper los miles de hilos invisibles, llamados “neutros” que subordinan el proletariado a los intereses del capital.

No es tarea fácil enfrentar por un lado los intereses del capital y por otra intentar una tarea pedagógica hacia los diversos colores de los que se denominan anticapitalistas pero que han quedado atrapados en las diversas trampas de la diversidad, donde se diluye, cuando no desintegra la concepción de unidad de clase e internacionalista.

El proletariado existe, el comunismo tiene que ser el futuro. Recuperar el nudo teórico y la praxis en unas condiciones que no habían podido imaginar ni los revolucionarios del siglo XIX ni los del siglo XX. Esta es la apuesta, este es el reto.

(1) Carta a Carlos Quijano. 1965
(2) E. Lander. Verdad, ciencia y tecnología. 1990.
(3) K. Marx. Futuros resultados de la dominación británica en la India. 1853
(4) K. Marx. Bolívar y Ponte, Simón. 1858
(5) F. Engels. “Die Bewegungen von 1847”, publicado el 23 de enero de 1848 en la Deutsche Brüsseler Zeitung.
(6) F. Engels. La magnífica California. De la primera parte del artículo Der demokratische Pávslawismus, publicada el 15 de Febrero de 1849 en la Neue Rheinische Zeitung
(7) K.Marx. El oro californiano. 1850
(8) Teoría general del derecho y del marxismo. 1924
(9) E. Olin Wrigt. Clases. pg. 316. Siglo XXI. 1994
(10) G. Therborn. Como domina la clase dominante: Aparatos del Estado en el feudalismo, capitalismo y socialismo. Pàg. 209. Siglo XXI. 1979
(11) El Estado y la revolución. 1917
(12) El Estado y la revolución. 1917
(13) Por ejemplo, en el famoso párrafo del ¿Qué Hacer?, en el cual escribe la tesis de la incorporación de la consciencia desde fuera a los trabajadores.
(14) Lenin. La catástrofe que nos amenaza y como combatirla.
(15) Lenin. Sistema “científico” de estrujar el sudor. Publicado en “Pravda”, núm. 60, 13 de Marzo de 1913
(16) Lenin. El taylorismo es la esclavización del hombre por la máquina. Publicado en “Put Pravdi”, núm. 35, el 13 de Marzo de 1914.
(17) Lenin. Las tareas inmediatas del poder soviético. Publicado el 28 de Abril de 1918 en el núm. 83 de “Pravda”
(18) Lenin. Una gran iniciativa
(19) Ermanski, J. Theorie und Praxi der Rationalisierung. Publicat per Wien – Berlin, Verlag für Literatur und Politik. 1928
(20) De Taylor a Stajanov, “La máquina devora al hombre. El hombre domina la máquina. Ed. Calomino. 1946)
(21) Let A Hundred Flowers Blossom. A undred schools of thought contend. LuDingyi-1964, pág. 15)
(22) https://marxists.architexturez.net/portugues/dicionario/verbetes/l/lu-ting-yi.htm
(23) K. Marx. El 18 brumario de Luis Bonaparte. Pág. 8. Escuela de Filosofía Universidad ARCIS).
(24) K. Marx: Carta a Lassalle del 22 de Julio de 1861
(25) Lenin. La cultura proletaria. Escrito el 8 de Octubre de 1920. Publicado por primera vez en 1926 en el núm. 3 de la revista Krásnaya
(26) Marx, 1843, “Crítica a la filosofía del derecho de Hegel”
(27) Federico Engels, “La autoridad”, diciembre de 1873 en Almanacco Repubblicano per l’anno 1874.
(28) V. I. Lenin, ”Marx, Engels, Marxismo”, escrito en la primera mitad de 1900. pg. 129
(29) https://www.anticariat-unu.ro/pedagogia-sub-redactia-lui-ia-kairov-l-v-zankov-1958-p191336
(30) S. Solovéichik. La paradoja de Sujomlinski. Prefacio. 1973
(31) V. A. Sujomlinski. El nacimiento del ciudadano. Molodaia gvardia. 1971
(32) V. A. Sujomlinski . El pedagogo, la colectividad, el individuo. Literatúrnaia Gazeta. 1970
(33) V. A. Sujomlinski . El pedagogo, la colectividad, el individuo. Literatúrnaia Gazeta. 1970
(34) V. A. Sujomlinski . Mi corazón es para los niños. Radiánskaia shkola. 1969
(35) V. A. Sujomlinski . Ensayos sobre la educación comunista. Naródnoe obrazovanie. 1967
(36) V. A. Sujomlinski . El pedagogo, la colectividad, el individuo. Literatúrnaia Gazeta. 1970
(37) Gramsci. Cuadernos de la cárcel. Racionalización de la producción y del trabajo
(38) Gramsci. Cuadernos de la cárcel. La ciencia y las ideologías “científicas”
(39) Edgardo Lander. Contribución a la crítica del marxismo realmente existente. Pág. 187. Universidad Central de Venezuela. 1990
(40) (Paz Francés, José R.Loayssa, Ariel Petruccelli. Civid-19: la respuesta autoritaria y la estrategia del miedo. Pág. 406-411. Ed. Salmón. 2021
(41) Polybe. Histoire générale, http://remacle.org/bloodwolf/historiens/polybe/index.htm
(42) Enrique José Varona . Seis conferencIas. 1888

Las pandemias modernas siguen el mismo patrón: primero el sida y ahora el covid

Las consideraciones que haré a continuación, están enmarcadas dentro del conjunto de artículos que escribí durante el año 2020 a raíz de la declaración de pandemia mundial por parte de la Organización Mundial de la Salud. Fecha a recordar: 11 de marzo de 2020, como un punto de inflexión en la política mundial. Inflexión que ha trastocado todo tipo de relaciones sociales, económicas, políticas y culturales en todo el mundo.

Si el 7 de Noviembre de 1917 representó un punto de inflexión histórico que hizo tambalear el mundo (“Los diez días que estremecieron el mundo”, escribió John Reed), el 11 de marzo de 2020, en un giro de 180 grados, significó un momento culminante del terror capitalista, el cual ya había realizado una prueba similar en 1980 con el que entonces nombró Síndrome de inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) atribuida a un supuesto virus: el Virus de inmunodeficiencia Humana (VIH), el culpable del cual decían que era el “mono verde” de África. Del mismo modo que ahora el culpable es otro animalillo: el “murciélago” chino.

Desde el año 1969 (1 de octubre) se aceptó la comercialización de un potente antibiótico de nueva generación; el compuesto por Sulfametoxazol y Trimetoprima, de la multinacional Glaxo (1).

Los efectos adversos de este compuesto químico son: hiperpotasemia (nivel elevado de potasio). También candidiasis, dolor de cabeza, náuseas, diarrea y erupciones cutáneas. Pero además se han asociado un conjunto enorme de efectos secundarios de afectación de la medula ósea y las células que aquí se producen como leucopenia, trombocitopenia, agranulocitosis, anemia de varios tipos (megaloblástica, aplásica o hemolítica), metahemoglobinemia (incapacidad de la hemoglobina para transportar el oxígeno), púrpura (manchas rojizas en la piel)… También se ha asociado a la llamada enfermedad del suero que es una reacción de hipersensibilidad parecida a una alergia y con anafilaxis en personas predispuestas. Miocarditis, angioedema, vasculitis alérgica, periarteritis nodosa o lupus eritematoso sistémico, hipoglucemia, hiponatremia, falta de apetito, así como depresión, alucinaciones, meningitis aséptica, convulsiones, neuritis periférica, ataxia, vértigo, acúfenos, mareos, tos, dificultad para respirar, infiltrados pulmonares, glositis y estomatitis, colitis pseudomembranosa o pancreatitis. Trastornos hepatobiliares y produce fotosensibilidad con dermatitis exfoliativa, erupción fija medicamentosa que puede llegar a un eritema multiforme.

Por los datos disponibles, parece que el primer foco de este síndrome surgió en la ciudad de San Francisco en Estados Unidos, entre el colectivo de homosexuales, muy numeroso en esta ciudad. Por los datos recogidos, este colectivo era muy propenso al consumo de drogas al mismo tiempo que la ingesta continuada desde hacía años de Septrin como “profilaxis” ante enfermedades de transmisión sexual.

Las primeras fotografías de supuestos enfermos por el SIDA, que llenaron los medios de comunicación, eran de personas drogadictas y homosexuales con el Sarcoma de Kaposi, una enfermedad cancerosa de la piel que llena de llagas el tejido cutáneo. He aquí uno de los primeros interrogantes sobre la relación de los efectos secundarios del sulfametoxazol y trimetoprima mencionados antes sobre el tejido cutáneo y otras afecciones con el nombrado “síndrome”, es decir un conjunto de síntomas.

La operación posterior fue “inventar” en 1985 un test denominado Elisa para determinar si una persona estaba “infectada” por un anónimo virus que nadie había aislado. Millones, miles de millones de test y autotest inundaron el mundo entero, y el pánico se convirtió en una “normalidad”. Pero la operación no estaba cerrada. A continuación una gran operación creada por los lobbies farmacéuticos consiguió que “científicos” al servicio de los mismos hicieran de caja de resonancia de un producto que decían “salvaría la humanidad”: se trataba de un antirretroviral, el AZT (Azidothymidine) que era comercializado años atrás por el laboratorio Sigma y que a un lado de la caja y con el dibujo de una calavera, indicaba “Tóxico por inhalación, en contacto con la piel o tragándolo. Órganos objetivo: sangre, médula ósea. Si se siente mal, busque consejo médico (muestre el hashtag donde sea posible). Use ropa protectora adecuada”. Y debajo: “Solo para uso en laboratorio. No como medicamento u otros usos” (2).

Y así, en 1987 junto a otro test, el Western Blot, la FDA y los CDC norteamericanos y a su lado los organismos de control de los medicamentos de todo el mundo aprobaron la prescripción de AZT, con el nombre de Retrovir, para aquellas personas que habían resultado “positivas” en los test. Y al cabo de poco tiempo se dio la paradoja que aumentaba la mortalidad. Mortalidad debida a 36 patologías, pero con las órdenes de los “expertos” que si cualquier persona moría habiendo sido etiquetada como “positiva” en los test, a nivel estadístico era catalogada de “muerta a causa del virus VIH”. Desde aquel momento se van contabilizando millones de “casos” en todo el mundo, se van generando miles de millones de beneficios, y todavía es una incógnita el aislamiento del famoso virus, después de cuarenta años. Y las cifras que mueven las corporaciones que se hacen millonarias con este tema, hablan de 35 a 40 millones de infectados y más de cuatro millones de muertes.

El microbiólogo francés Luc Montaigner, joven en aquel momento, y deslumbrado por los elogios de la “comunidad científica” francesa y europea dijo haber “descubierto” el VIH , lo que le valió el premio Nobel. Después de muchos años, en la actualidad, El mismo Luc Montaigner se desdice y afirma que nunca pudo aislar el virus y denuncia todo el entramado alrededor del SIDA. Y la misma “comunidad científica” que lo elevó a los altares en los años 80, ahora dice que está loco, pues afirma la existencia de un paralelismo crítico entre la campaña del SIDA con la actual campaña del COVID.

En un artículo de 1989 en la revista Spin (3), la periodista de investigación Celia Farber entrevistó científicos que afirmaban que el AZT, el primer medicamento antirretroviral aprobado para el tratamiento del VIH, había sido impulsado precipitadamente a través del proceso de aprobación de la Administración de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos a causa de presiones políticas. En su artículo defendía la necesidad de «dar voz» a la pequeña minoría de científicos que en aquel momento que afirmaban que el AZT era peligroso. Farber publicó otro artículo sobre este tema en el 2006 que criticaba la ética de la industria de los medicamentos antirretrovirales (4).

Unos extractos de las entrevistas de 1989: “El 17 de agosto de 1989, los periódicos de toda (Norte) América publicaban en titulares sensacionalistas que el AZT había demostrado ser eficaz en portadores de anticuerpos del VIH, en pacientes asintomáticos y de ARCO (Complejo de síntoma relacionado con el SIDA) en los primeros estadios. A pesar de que uno de los principales intereses del consejo FDA era que se utilizara exclusivamente en casos de personas críticamente enfermas de SIDA, a causa de la extrema toxicidad del fármaco. El Doctor Anthony Fauci, director de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), estaba ahora presionando para extender el radio de las prescripciones.

El mismo día, 17 de agosto de 1989 el gobierno anuncia que 1,4 millones de norteamericanos seropositivos sanos podrán “beneficiarse” del AZT, incluso los que no muestren síntomas de la enfermedad. Nuevos estudios habían “probado” que el AZT era eficaz en la hora de frenar la progresión del SIDA en casos asintomáticos. El Doctor Fauci, líder de la NAIAD, anunció orgullosamente un experimento que se realizaba desde hacía “dos años” el cual había “mostrado claramente” que la temprana intervención mantenía el SIDA a raya.

“El gobierno está dando a conocer hechos científicos antes de que estos estado examinados! Es lo nunca visto”. Esto es increíble, dice el Doctor Joseph Sonnabend (5), uno de los pioneros en la atención a enfermos de SIDA, con una voz teñida de desesperación. Ya no sé qué hacer. Cada día tengo que enfrentarme con una consulta llena de gente pidiéndome AZT. Estoy aterrorizado. Como médico responsable no sé qué hacer. El primer estudio fue ridículo. Es obvio que Margaret Fischl, (profesora de medicina de la Universidad de Miami) la persona que ha realizado los dos estudios, no tiene ni la más vaga idea sobre experimentos clínicos. No me fío de ella. Ni de los otros. Sencillamente, no son bastante competentes. Hemos sido tomados como rehenes por científicos de segunda clase. “Tomar la decisión de decirle a la gente -Si eres seropositivo y tienes menos de 500 células T-4, empieza a tomar AZT- es algo de mucha trascendencia. “Me siento avergonzado de mis colegas”, se lamenta Sonnabend. “Estoy sofocado. Esta es una ciencia de pacotilla. Parece mentida que nadie proteste. Malditos cobardes. El juego se llama ‘protege tu subvención, no abras la boca’. Se trata de dinero… el pretexto para seguir la línea y no ser críticos, cuando es obvio que hay fuerzas políticas y económicas dirigiendo todo esto”.

Cuando Peter Duesberg escuchó las noticias, se sorprendió especialmente de la reacción del presidente del Gay Men’s Health Crisis, Richard Dunne, quién dijo que ahora la GMHC urgía a “todo el mundo a hacerse pruebas” y, por supuesto, todos aquellos que dieran positivo “tenían que empezar el tratamiento con AZT”. “Esta gente se está precipitando en las cámaras de gas”, dice Duesberg. “Qué feliz se habría sentido Himmler si los judíos hubieran cooperado así”.

En aquella operación de ingeniería social, encontramos a un funesto personaje: Anthony Fauci, el corrupto i vil servidor de las multinacionales químico-farmacéuticas, el mismo que actualmente es el paladín de la extensión del terror pandémico y abanderado de las inoculaciones vacunales experimentales. Si en los años 80 fue un emisario de la muerte para miles de personas ¿Qué no será ahora con los mismos discursos e intereses? De todos modos deberemos esperar al próximo mes de Noviembre en que saldrá a la venta un libro de Robert Kennedy Jr. que lleva por título “The Real Anthony Fauci”, en el cual, según el autor “este libro puede desempeñar un papel transformador al exponer al Dr. Fauci como charlatán al mostrar al mundo que el Dr. Fauci, lejos de ser un sanador, es uno de los asesinos en masa más notables de la historia de la humanidad” (6).

Bajo el manto y colaboración científica–sanitaria de los años 80, fue paralelo un gran cambio de patrón tecnológico con la incorporación masiva de los microprocesadores en toda la estructura industrial y de servicios. Para llevarlo a cabo, ante una resistencia social a un empeoramiento de las condiciones de trabajo y millones de despidos en todo el mundo, como medida profiláctica de prevención de posibles disturbios, se instrumentó, con anterioridad, una campaña de terror (en algunos casos físico y en otros mediático) que agrupó aspectos sanitarios, culturales, políticos y económicos que dieron su fruto a 1979 en las elecciones británicas con la elección del programa neoliberal del Partido Conservador Británico y llevado a cabo por su representante Margaret Tatcher.

Una prueba piloto, en la periferia del sistema había tenido lugar en Chile desde 1973, donde por medio de un golpe de estado militar, en un país “occidentalizado” de América Latina se impusieron las recetas económicas que tenían de ser paralelas al cambio de patrón tecnológico, pero que en “Occidente” no podían imponerse de la misma forma pues había que mantener una aparente democracia.

En 1981 este programa neoliberal fue asumido por la sociedad de Estados Unidos dando el triunfo electoral al programa del Partido Republicano llevando a la presidencia del país al mediocre actor de cine Ronald Reagan, mientras al frente de la ONU, como Secretario General había un ex-nazi: Kurt Waldheim, que había sido miembro de la Abwehr, la contrainteligencia militar alemana y corresponsable de crímenes de guerra durante la ocupación de Yugoslavia (7).

Pero este proceso no se dio solo en el área capitalista, sino que impregnó el llamado “bloque socialista” que tuvo su punto de inflexión cinco años después, el 25 de febrero de 1986 en el XXVII Congreso del PCUS, en el cual se apuñaló de muerte el experimento socialista iniciado a 1917 y muy debilitado desde 1956.

La relación entre la “ciencia”, los “expertos”, los “consejos de administración” de las grandes corporaciones, el deleite de “control social” por parte de los gobiernos, acompañado por el entramado militar, forman un todo único en un contexto mundial en el que se concentran en pocas manos la administración global del capital: Fondos de inversión, industria química, farmacéutica, militar, conglomerados de medios de comunicación… contexto en el cual los gobiernos, desnudos de cualquier poder de decisión, tan solo les queda el recurso de la represión hacia aquellos que ponen en tela de juicio todo este entramado y se oponen al estado de las cosas.

Después de un ciclo de cuarenta años, una vez desaparecida la URSS y renunciado a la perspectiva socialista treinta tres naciones con un total de setecientos treinta millones de habitantes (Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Estonia, Georgia, Kazajistán, Kirguistán, Letonia, Lituania, Moldavia, Rusia, Tayikistán, Turkmenistán, Ucrania, Uzbekistán, Yugoslavia, Polonia, Bulgaria, Albania, Rumanía, Hungría, República Democrática Alemania, Checoslovaquia, Mongolia, Kampuchea, Afganistán, Yemen, República Democrática del Congo, Angola, Mozambique, Somalia, Etiopía, Benín). Y manteniendo, formalmente la denominación de “socialismo” en estos momentos en China, República Popular Democrática de Corea, Vietnam, Laos y Cuba. A pesar de que los cambios constitucionales realizados en estos cinco países desde 1990 hasta hoy han incorporado conceptos, premisas, similares a los que se realizaron en 1975 en la extinta URSS y ponen un interrogante sobre la consistencia del socialismo, puesto que una parte cada vez mayor de su economía está en manos privadas y las políticas culturales cada vez más alineadas a las modas del capitalismo occidental.

Las constituciones no son solo un referente jurídico-formal, son por encima de todo, un techo político-ideológico y un fenómeno social objetivo. Las constituciones son una categoría clasista y expresan, por consiguiente, los intereses de la clase dominante, afianzando la supremacía de una clase sobre otra; y como son una categoría clasista expresan la correlación real de fuerzas en la lucha de clases y constituyen, en el escenario de la creación jurídica una expresión de esta lucha en un momento histórico determinado y es por eso que generalmente responden a las relaciones sociales existentes y como tal vertebran y consagran los sistemas. Por todo esto, los cambios constitucionales que se han ido produciendo gradualmente en los países que todavía mantienen el apelativo socialista tenemos que analizarlos si entran o no en contradicción con los presupuestos a largo plazo de la construcción de una sociedad comunista, o por el contrario, se trata de involuciones y/o retornos al sistema de libre mercado con ciertas garantías sociales y algunos elementos de redistribución de la renta. No muy lejos de las propuestas de la socialdemocracia de izquierdas.

Unas preguntas difíciles de contestar son: ¿Que ha pasado? ¿Qué ha fallado? ¿Por qué? Pues todos estos cambios, renuncias,… se han realizado utilizando el legado de Marx, Engels, Lenin, Mao, y tomando prestado un vocabulario lleno de conceptos como “materialismo histórico” “materialismo dialéctico” socialismo científico”…, pero que ha aceptado acríticamente los paradigmas de la “modernidad”, madre ideológica del capitalismo. Entre ellos el concepto de “ciencia” y en consonancia con este, la aceptación de definiciones acordes con los intereses del capital mundial.

A medida que la utilización de las redes de comunicación digitales se han extendido por todas partes, y mayormente controladas por los administradores del capital, quedan pequeños resquicios en los cuales se expresan las voces discordantes, lo cual es considerado un grave peligro para dichos administradores y por ello una preocupación y una locura los embarga: el control y cómo hacerlo efectivo a nivel mundial para evitar cualquier impedimento en el nuevo cambio de patrón tecnológico insertado en la Agenda 2030 aprobada por las Naciones Unidas, organismo representativo no de todos los países del mundo, sino de las grandes corporaciones mundiales, sean estas norteamericanas, europeas o chinas.

Hace años que la orientación política – cultural expresada por los guiones cinematográficos de las grandes superproducciones (“Gattaca” o “Minority Report”) y las series noveladas para adolescentes (ejemplo puede ser “Los juegos de la hambre” o “Battle Royal”) han ido dibujando en el inconsciente de centenares de millones de espectadores y lectores un mundo futuro distópico en el cual cada gesto, cada actividad, cada palabra de las personas podía ser controlada por medio de sistemas digitales a gran distancia, los cuales podían reconocer la cara de cualquiera y en cualquier lugar donde se encontraran. Y como fondo la sublimación y normalización individualista de la supervivencia del más apto. ¡Cualquiera puede convertirse en nuestro mortal enemigo!

¿Cómo empieza este entrenamiento? En primer lugar maximizando el hedonismo y darwinismo, para velar por la “seguridad personal”, dicen. Y así sin prisa pero sin pausa, se incorpora a la vida cotidiana el concepto control. Sistemas de alarma domésticos con videovigilancia para evitar robos, dicen; cámaras en las calles, para hacerlas más seguras, dicen; cámaras a los bares, tiendas, restaurantes, trenes, autobuses, centros de trabajo, centros de estudio, centros de salud, centros de ocio… Todo para velar por nuestra seguridad.

Ser constantemente vigilado, se va convirtiendo en una nueva normalidad, pues se produce un cambio en el cual se trastoca el papel de los policías o voluntarios policiales, que tienen como función espiar las personas pero dentro de una limitación humana: no era posible poner un espía para cada persona, ni un interventor a cada teléfono, o a cada mensaje de texto. Este problema queda resuelto con la utilización de robots programados con algoritmos concretos y capacidad de almacenamiento de datos que escapa al cerebro más fantasioso.

Hasta no hace mucho, el problema era la utilización de estos datos puesto que el gran volumen de las mismas hacía necesario la parcelación por su utilización. Ahora, este año, hemos podido comprobar la existencia de una unidad de actuación a todos niveles: el mismo discurso, las mismas actuaciones, la censura de la disidencia, las mismas fotografías, la misma represión.

Tres ejes de un discurso para sembrar el terror: Un más que discutible cambio climático. Un enemigo mortal llamado virus. Y que cualquier persona puede representar un peligro para las demás. Por lo tanto, para podernos salvar individualmente hay que aceptar un cambio en el patrón tecnológico (la industria 4.0) que lleve incorporada la previsión de control digital de la población mundial, que nos defienda de un supuesto virus y que nos aleje de cualquier proyecto colectivo de transformación social.

Todo esto entra en la lógica del capital y sus sirvientes, pero lo que da escalofríos es el hecho de ver a organizaciones que se jactan de comunistas, defender sumisamente las consignas, propuestas y agresiones del que tendría que ser el enemigo a batir.

Insólito fue el espectáculo de ver los militares, no solo en España, sino en Francia, Alemania, Italia, Gran Bretaña, en todo Europa, aparecer en los medios de comunicación para realizar proclamas de estado de excepción, toques de queda y controles en las calles al estilo de la proclama firmada por el general Milans del Bosch el 23 de Febrero de 1981 en la ciudad de Valencia con los tanques en la calle. Decía así: “Artículo 5.º- Quedan prohibidas todas las actividades públicas y privadas de todos los partidos políticos, prohibiéndose igualmente las reuniones superioras a cuatro personas. Artículo 6.º- Se establece lo Toco de Queda desde las veintiuna a las siete horas, pudiendo circular únicamente dos personas como máximo durante lo citado plazo de tiempo poro la vía pública y pernoctando todos los grupos familiares en sus respectivos domicilios. Artículo 7.º- Sólo podrán circular los vehículos y transportas públicos, así como los particulares debidamente autorizados. Permanecerán abiertas únicamente las Estacionas de Servicio y Suministro de Carburantes que diariamente se señalen. Artículo 8.º- Quedan suspendidas la totalidad de las actividades públicas y privadas de todos los partidos políticos. Por último se espera la colaboración activa de todas las personas patriotas amantes del orden y de la paz, respeto a las instrucciones anteriormente expuestas” (8).

Por pueril que sea el paralelismo podemos afirmar que el objetivo en el año 2020 no era velar por el “bienestar” de la población, sino un golpe de estado “escondido” con todos los ingredientes para crear una psicosis colectiva de pánico, al cual ni se le hizo frente, ni se creó una línea de resistencia. Al contrario, se aceptó el “bando” militar efectuado por el General Villarroya a través de los medios de comunicación el 19 de Abril de 2020: “Sí, hoy se viernes en el calendario, pero en estos tiempos de guerra o crisis, todos los días son lunes. El esfuerzo no cesa por el día del calendario” “Ayer hablé de disciplina en esta rueda de prensa; tengo que felicitar a todos los españoles por la disciplina que están mostrando, todos los ciudadanos comportándose como soldados en este difícil momento… demostremos que somos soldados cada uno en el puesto que nos ha tocado vivir” (9).

Por primera vez hemos podido contemplar, en multitud de países, un despliegue inusitado de militares por las calles en “tiempos de paz” con la excusa de luchar contra un virus. Ni es casualidad, ni los virus se “matan”. Se trata de una puesta en escena de una futura “normalidad” en la cual militares y paramilitares se convertirán en los garantes de la salud pública, entendida esta, a tenor de este despliegue, como la disposición de la población al acatamiento de cualquier medida por irracional que sea. Junto al ejército, la policía nacional (65.000), guardia civil (78.000), policías locales (81.000), autonómicas (27.000), guardia forestal con funciones de policía judicial (6.000), a su lado 1.400 empresas privadas de seguridad con unos 89.500 vigilantes, de los cuales 35.000 con permiso de armas de fuego y, miles de “policías de balcón”, hombres y mujeres que teléfono en mano, estaban a punto de telefonear a la policía si algún vecino o vecina salía de casa a horas prohibidas.

Y, las organizaciones de nombre comunistas o similares, no dieron un paso hacia la clandestinidad para hacer frente a estos atentados contra la sociedad, sino que hicieron público su consentimiento, y en algunos casos incluso reclamando todavía más rigor por lo que respecta a los arrestos domiciliarios.

Tal vez el problema radique en que las organizaciones comunistas posmodernas han aceptado, sin decirlo, el fin de las ideologías y la subordinación de la política a las más bestiales teorías de los “expertos” dejando fuera del debate público y democrático cualquier referencia o disonancia a la opinión de ciertos “científicos”, todo y sabiendo que están a sueldo y órdenes de las grandes corporaciones. Pero, ¿Qué connotación tiene poner toda la vida en manos “de expertos” desde el nacimiento hasta la muerte? Es la renuncia a la autonomía humana y la vía libre al autoritarismo. Nada más alejado del pensamiento de Marx.

La ciencia, no tiene ningún cimiento ontológico en la naturaleza humana. No es la forma “superior” de conocimiento humano. Es la forma de conocimiento que desarrolla históricamente la sociedad occidental en base a priorizar radicalmente los valores de la producción, del trabajo y del control social. Y si la “ciencia” ha aparecido como fuente única de la VERDAD, es consecuencia del hecho que los valores y mitos que incorpora implícitamente, son los valores y mitos DOMINANTES dentro de la sociedad en la cual la ciencia se ha desarrollado.

Cada día, más aspectos y dimensiones de nuestras vidas están controlados, manejados, administrados a partir de un saber científico – técnico desde el cual se determina, sin dejar margen a cualquier otra opción, qué tenemos que hacer y cómo lo tenemos que hacer.

Langdon Winner menciona el concepto de “adaptación inversa” (10), es decir, la adaptación de los fines humanos a los medios disponibles. “La gente llega a aceptar las normas de los procesos técnicos como parte esencial de sus vidas. Se produce una alteración sutil, pero global, en la forma y contenido de su pensamiento y de su motivación”.

El paleontólogo marxista Stephen Jay Gould habla de la “ciencia” en estos términos: “El destino de millones de hombres y mujeres ha sido determinado a partir de sucesivas demostraciones científicas… Estas demostraciones han tenido a lo largo de los últimos siglos diferentes grados de sofisticación, desde las medidas de capacidad craneana (hoy desprestigiada como práctica), hasta la más compleja y sofisticada práctica de la medición de la inteligencia, con la cual se sigue midiendo, clasificando y jerarquizando a la población en el capitalismo avanzado” (11).

Y hoy, desde también pretendidas “demostraciones científicas” se quiere determinar el destino de miles de millones de personas en un capitalismo todavía más avanzado que el descrito por Gould, también midiendo, clasificando y jerarquizando la población en función de si se someten o no a irracionales test, inyecciones experimentales o arrestos domiciliarios.

Es por este conjunto de consideraciones que de cuando en cuando hay que volver la vista atrás, e intentar averiguar cuáles son las interpretaciones teóricas que tienen como consecuencia este extraño comportamiento de los integrantes de las organizaciones que se llaman comunistas que, como si fuera un escarnio a la historia, han pasado de luchar para modificar el estado de las cosas, a una defensa y una subordinación total al mismo.

(1) https://cima.aemps.es/cima/pdfs/es/ft/48671/48671_ft.pdf
(2) http://cleanhandss.blogspot.com/2011/03/influencias-los-intereses-economicos-en.html)
(3) Celia Farber. El nacimiento escandaloso del AZT. Spin, Nueva York. 1989
(4) Celia Farber. Fuera de control: SIDA y la corrupción de la ciencia médica
(5) https://www.globalresearch.ca/real-anthony-fauci/5753963
(6) Joseph Sonnabend en 2006 expresó su opinión que altas dosis de AZT habían “matado a miles” durante finales de la década de 1980 y principios de la de 1990. Hasta finales de la década de 1990, Sonnabend continuó afirmando que el tema de las causas del SIDA “permanecía abierto” y que muchos factores podrían estar involucrados. Esto llevó a algunos investigadores y activistas a asociarlo con “negacionistas del SIDA”
(7) https://adst.org/2015/06/the-long-arm-of-history-kurt-waldheim-banned-for-his-nazi-past/
(8) https://cadenaser.com/emisora/2016/02/23/radio_valencia/1456224371_385518.html
(9) https://www.lainformacion.com/asuntos-sociales/coronavirus-frases-miguel-villarroya-ejercito-jemad-soldados-espanoles-moncloa/6553414/
(10) Langdon Winner. Tecnologia autónoma. La técnica incontrolada como objeto del pensamiento político. 1979
(11) Jay Gould. The Mismeasure of Man, 1981.

Productividad, violencia y maltrato hacia los improductivos

La carrera contrarreloj, en el proceso productivo, en las relaciones personales, en la difusión de cualquiera noticia, verdadera o falseada, en el deleite del consumo, en las calificaciones escolares… se considerada productiva, con independencia de su contenido. Un aumento de la productividad, dicen, nos hará más felices, más competitivos y tendremos más para elegir.

Esta carrera lleva aparejada una serie de comportamientos violentos, a veces una violencia escondida, otras a la luz del día, una carrera en la cual el premio al ganador consta de un reconocimiento social de marcado carácter darwinista: la supervivencia del más apto.

Cuando una persona no quiere correr, o no puede correr, queda estigmatizada como no productiva. En este segmento hay las personas llamadas “excluidas”: criaturas, ancianos y dependientes de servicios sociales. Todos ellos, claro, pertenecen en la clase obrera.

Una exclusión que no es solo del proceso productivo generador de plusvalía, sino del conjunto de asuntos sociales en los cuales no sirven de ejemplo para la reproducción de la carrera contrarreloj. Tan solo unos pocos elegidos, que ocupan las portadas de los medios de comunicación, son puestos como ejemplo de su salida de la lacra de la exclusión, emiten un mensaje que dice: “el sistema capitalista da oportunidades para todo el mundo, si no las aprovechas, eres un incapacitado”.

Esto lo podemos ver reflejado cuando nos muestran alguna persona autóctona de un núcleo familiar adicto a las drogas o delictivo, o inmigrada, originariamente sin papeles, que ha conseguido una titulación universitaria, un galardón cualquiera, que ha escrito un libro, que ha ganado una carrera, etc., es la excepción que confirma la regla, es un ejemplo de persona “productiva”. Nombramiento que no puede obtener la persona que se dedica a sacar la mierda de las casas, a cavar la tierra sin seguro, a recoger frutos en invernaderos o a trabajar bajo el sol o las heladas en la construcción de las obras públicas.

El poder, acompañado muchas veces por los que se dicen sus oponentes, ha sabido estructurar espacios diferentes para cada uno de estos colectivos: guarderías o aparcamientos de criaturas para los más pequeños, bancos de alimentos, albergues nocturnos y subsidios para los pobres de solemnidad, y geriátricos o aparcamientos de viejos para morir en soledad. Con solo que damos un vistazo a los llamamientos reivindicativos de la llamada izquierda veremos cómo hay una coincidencia entre estas reivindicaciones y la apuesta del capital.

¿Cómo es esto? Nada más y nada menos que la constatación de una afirmación que ya hizo Marx en su momento: que la ideología de la sociedad es la ideología de la clase dominante.

Cuando una persona, al cabo de los años, ya no dispone de la fuerza necesaria para ser productivo, es decir, cuando dicen que “es vieja”, se convierte en un peso que es antagónico al concepto moderno de productivismo. Entonces, con independencia de la tendencia política, tanto reaccionaria como progresista, se reclama la existencia de unos espacios donde poder aparcar esta gente “improductiva”. La única diferencia entre los que se consideran conservadores y los que se llaman progresistas radica en que unos plantean aparcamientos privados y los otros aparcamientos públicos. El hilo conductor común es que nadie quiere hacerse cargo personalmente de padres, madres, abuelos y abuelas, y quienes no tienen más remedio que hacerlo, lo hace a regañadientes.

“En nuestro ámbito sociocultural, los valores referidos al envejecimiento han sufrido una profunda transformación en pocos años. Tradicionalmente, en nuestra cultura mediterránea el anciano era una figura con un importante papel dentro de la dinámica familiar y social; representaba la memoria histórica y sus posibles limitaciones físicas eran suplidas por la experiencia y la sabiduría, que en una sociedad eminentemente agrícola eran elementos muy considerados para la supervivencia de los pueblos y el mantenimiento de la identidad cultural… La era de la industrialización y de la tecnología ha aportado unos vertiginosos cambios socioeconómicos que han contribuido a un cambio también de valores, entre ellos lo de la vejez. El papel actual del anciano o anciana está poco definido y con mínima relevancia. La revolución de los medios de comunicación que promueven el consumo como valor básico para el mantenimiento del sistema productivo actual, la exaltación de la juventud y la caducidad cultural desacreditan todo el que anteriormente representaban los ancianos, con una pérdida importante de significado social… La situación es de tal magnitud que el maltrato y el autoabandono están asociados directamente con el aumento de la mortalidad… Diferentes estudios sugieren que el abuso tiende a ser cometido por un miembro familiar próximo de la víctima. Quién abusa tiende a ser mujer, de mediana edad, con otra persona dependiente a su cargo, con un nivel bajo de autoestima y que se siente atrapada”… Aunque hace falta no olvidar que el mayor y quizás más impactante maltrato no es el físico sino el psicológico y el social. El desprecio por la vejez, el aislamiento, la soledad, la falta de estímulos, ya no solo afectivos sino también sensoriales, pueden ser igual o más nocivos que el maltrato físico evidente. La indiferencia puede ser el peor de los maltratos” (*).

Así como otras violencias llenan las páginas de los diarios, esta queda silenciada. Pero si algo ha hecho visible la llamada pandemia ha sido la constatación de la violencia hacia las personas ancianas, y no ha sido casual la gran mortalidad en los llamados geriátricos o entre personas mayores que vivían en soledad. Como no se ha podido esconder el exterminio de ancianos, se ha intentado esconder la existencia de esta violencia con excusas de todo tipo, entre ellas que si la carencia de personal en los geriátricos, que si estas instituciones están organizadas con ánimo de lucro, que si las gerencias han estado incompetentes, que si ha faltado asistencia sanitaria, etc.

Pero no ha sido estas las razones de fondos de la gran mortalidad, sin duda ha sido la violencia derivada de la concepción económico – productivista de la sociedad, concepción que impregna, consciente o inconscientemente, el conjunto del tejido social.

Las criaturas, desde su nacimiento, son consideradas como improductivas hasta que pueden incorporarse al sistema educativo obligatorio donde ya se considera que empiezan a ser productivas, es decir que se inician en el largo camino que tiene que conducir a la generación de plusvalía. El reclamo de plazas de aparcamiento para criaturas no es muy diferente del reclamo de geriátricos, se trata de lugares donde dejar estas pequeñas personas a despecho de sus necesidades vitales como pueden ser el vínculo materno tan necesario en los primeros años de vida. Y dejando claro que el vínculo materno no significa hacer de ama de casa y ocuparse de las tareas de mantenimiento del núcleo parental, esto puede hacerlo cualquier otra persona. Los mamíferos, y los humanos somos mamíferos, precisan de este vínculo en los primeros años de vida, a despecho de los portavoces de la teoría-trampa de la diversidad que con algunas de sus teorías legitiman la violencia hacia las criaturas.

Los grandes defensores de estos centros, tanto si los reclaman públicos como privados, no se han parado a escuchar los llantos de las criaturas cuando, a partir de los seis meses de vida las dejan en manos de personas extrañas. Y aquí empieza una violencia que durante la vida adulta se esconde detrás de un contrato de trabajo y en la vejez se agudiza.

Los millones, centenares de millones gastados para vestir estos aparcamientos de humanos no productivos, más valdría abonarlos a las personas próximas, consanguineas o no, que aseguraran un bienestar y atención tanto en los primeros años de vida como en los últimos, rodeados del necesario vínculo materno para los bebés; y un espaldarazo tanto físico como emocional rodeado de recuerdos para los abuelos y abuelas.

Esto no excluye la posible existencia de asilos u hospicios públicos para aquellas personas que no tienen ninguna vinculación parental o de amistad comprometida, pero tendría que ser la excepción. Pues nacer, crecer, vivir, envejecer y morir junto a personas próximas tendría que ser la normalidad deseada. Y para ello no hacen falta más aparcamientos para humanos “improductivos”, sino cambiar la inmoralidad derivada del concepto social y moral impuesto por el capital.

No habrá adelanto en el camino hacia otro tipo de sociedad, mientras las consignas reivindicativas sean un eco de los intereses de la clase dominante.

(*) A. Bover Bover, M.L. Moreno Sancho, S. Mota Magañay J.M. Taltavull Aparicio. El maltrato a los ancianos https://core.ac.uk/download/pdf/82175229.pdf

Sobre la ley (del más fuerte)

Los individuos se encuentran sometidos a las arbitrariedades del aparato represivo del Estado, y la separación de los poderes ejecutivo y judicial sigue constituyendo todavía un problema no resuelto en la práctica de los procesos y, en particular, de los procesos políticos” (1).

¡Han indultado a unos presos políticos independentistas! Esta ha sido la noticia que ha llenado las páginas de los periódicos y los noticieros televisivos y radiofónicos durante unas semanas. Algunos han aludido al “derecho”, a la “ley”, esta toma de decisiones. Otros aludiendo a lo mismo han rechazado el indulto. Otros han aludido a una decisión política oportunista. Otros han reclamando una amnistía para los presos independentistas, que no para el resto de presos políticos. En fin para todos los gustos.

Sentencias, alegatos, apelaciones, más sentencias, recursos a distintos tribunales autóctonos o extranjeros, y un sinfín de argumentaciones que si es delito haber convocado un referéndum, que si es sedición, que si es un derecho amparado internacionalmente… cuando la cosa no fue a mayores y, pienso que a estas alturas se puede afirmar que nunca pasó por la cabeza de los convocantes ir más allá de un amago, arrastrando tras de sí una parte de la población de Catalunya que creyó a pies juntillas los discursos emanados, cuyo objetivo real no era otro que el tira y afloja para el reparto del pastel presupuestario.

Pero el peligro real consistía en la activación de una inmensa masa de población que se organizó con el deseo de ser sujeto de la política, que hubiera podido ser un ejemplo para futuros propósitos emancipatorios, los cuales podían apuntar más allá de los discursos meramente territoriales de los convocantes y sobrepasarlos. Esta “disfunción” entre la élite política y un considerable movimiento de masas activado, provocó el temor suficiente para dejar las cosas como en un ensayo pero sin llegar a la finalización de la obra.

En dicho ensayo, la élite política catalana no tuvo en cuenta que había otros políticos que también deseaban un pedazo mayor de tarta. Y tampoco tuvieron en cuenta que desde hace muchísimos años no existe la denominada división de poderes. El poder es único y engloba la economía, la política, la justicia y las fuerzas armadas, de lo contrario no existiría el poder. Y para existir, además, hay que ejercerlo, y en este ejercicio es equivalente la pena y el perdón, la cárcel y el indulto.

El Derecho es un sistema de relaciones sociales en total sintonía con los intereses de la clase dominante y puesto en práctica por el poder de dicha clase para asegurar su hegemonía, pero al mismo tiempo es también utilizado para dirimir conflictos entre fracciones de la propia clase dominante, como ha sido todo el entramado legal relativo al “conflicto catalán”.

“Quisiera, en particular, que, al igual que en todos los campos del conocimiento y de la consciencia, en el campo del Derecho, que no nos limitáramos a “cambiar el nombre de las calles” o a “poner los letreros del revés” sino que trabajáramos con afán en una demolición y en una reorganización radicales… Todavía está muy de moda limitarse a cambiar el nombre de las calles en vez de rehacer el empedrado, o pintar de rojo las viejas paredes que se derrumban en vez de rehacerlas radicalmente” (2).

(1) Juan Antonio Delval. Introducción al libro “De los delitos y las penas” de Cesare Beccaria. Alianza Editorial. 1982
(2) Pëtr Ivanovic Stucka. La función revolucionaria del derecho y del estado. 1921

De la jubilación a la tumba

El día 27 de enero de 2021, la Comisión Europea editó un panfleto que lleva por título “Libro verde sobre el envejecimiento” (*). Un amasijo de declaraciones, recomendaciones, verdades, mentiras, todo ello con un lenguaje aparentemente humanista y benévolo utilizado para encubrir el trasfondo real del mensaje, el cual hay que buscarlo en unos breves párrafos. Mensaje que de forma clara dicta el presente y futuro de las pensiones, con el objetivo de aumentar el trasvase de rentas de la clase obrera hacia la burguesía.

Ya al inicio del panfleto, en la página 2 afirma: “Los Estados miembros abordan estas repercusiones del envejecimiento mejorando los sistemas educativos y de capacitación, fomentando una vida laboral más prolongada y plena e impulsando reformas en los sistemas de protección social y de pensiones”.

Tres elementos que se mantienen en todo el texto: trabajar más años, reforma del sistema de pensiones cuya traducción a lenguaje común es igual a recortes, y extensión de los fondos de pensiones complementarios.

En la página 13 vuelve a la carga con el siguiente texto: “Para garantizar que estas (las pensiones) siguen siendo adecuadas teniendo en cuenta el aumento de la esperanza de vida, la gente, tendrá que trabajar durante más tiempo en el futuro” .

La responsabilidad no recae en las partidas presupuestarias dedicadas a multimillonarias subvenciones al capital privado, ni las políticas fiscales que permiten no pagar apenas impuestos a la clase dominante, ni el océano de corrupción con el cual viven los partidos políticos y centrales sindicales mayoritarias, ni de las fortunas gastadas en armamento y despliegue militar neocolonial por todo el mundo.

No, la responsabilidad recae en el aumento de la esperanza de vida de hombres y mujeres de la clase obrera. Suya es la responsabilidad de vivir demasiados años, suya es la responsabilidad del desequilibrio presupuestario, suya es la responsabilidad de no saber morir antes. Aunque, siendo malpensados, tal vez la extensión pandémica que se ha cebado casi exclusivamente en personas jubiladas, haya sido una estrategia no escrita ni publicada para “solucionar” en parte el problema de la esperanza de vida. Del capital podemos esperar lo más inverosímil.

A los actualmente jubilados, difícilmente les van a quitar la pensión actual, aunque no puede desecharse la idea de que ésta sufra recortes como ya sucedió en Grecia como exigencia de la Comisión Europea, la misma que hipócritamente habla de envejecer con salud en el libro verde sobre el envejecimiento.

Continúa el panfleto aludido en su página 15: “Se ha puesto de relieve en diversas ocasiones el desafío de mantener unas pensiones adecuadas, justas y sostenibles en una sociedad que envejece y la necesidad de las personas de acumular ahorros adicionales. No obstante, a falta de otras reformas, es probable que el mayor número de pensionistas y la menor cantidad de personas en edad laboral lleven a unos porcentajes de cotización más elevados y a unas tasas de sustitución de las pensiones inferiores con el fin de garantizar la sostenibilidad de las finanzas públicas”.

”Acumular ahorros adicionales” pagando un fondo de pensiones, “aumentar las cotizaciones obreras”, es decir rebajar el salario real, a la par que se propone disminuir las cotizaciones patronales. Y el juego de palabras de las “tasas de sustitución” que no es otra cosa que el porcentaje cobrado por jubilación respecto al último salario, que según el informe “Pensions at a Glance” editado por la OCDE en 2019, en España la pensión representa un 72,3 % del salario medio, cuando en Francia es de un 60%, Alemania un 38,7% y en Gran Bretaña un 21,7%.

Casi podemos afirmar que la pretensión de la Comisión Europea, como portavoz del capital europeo, no es otra que homogeneizar las tasas de sustitución de todos los países para llevarlas a los porcentajes de Alemania. La banca, las entidades financieras, los fondos de inversión, los fondos de pensiones se están frotando las manos ante el “humanitarismo” reflejado en el citado libro verde.

Todo y que un parte importante del proletariado europeo, sobre todo el ubicado en las grandes empresas y funcionariado público paga ya una cuota complementaria a diversos fondos de pensiones, la voracidad del capital no tiene límites y la pretensión es que la casi totalidad de trabajadores europeos se desprenda de otra parte del salario para engrosar las arcas de las entidades financieras.

Aún queda por robar a una parte importante del proletariado, por ello, en la página 16 del citado libro verde señala que: “Se debe concienciar a los ciudadanos acerca de la situación de sus derechos de jubilación. Unas pensiones complementarias de calidad, seguras y rentables, incluido el producto paneuropeo de pensiones individuales, que complementen los regímenes de pensiones pueden ofrecer ahorros de jubilación adicionales”.

A los que actualmente están ya jubilados, tal vez les repercuta en algo sus ingresos, pero a los que todavía no han alcanzado la edad de jubilación, el descalabro puede ser brutal. Aunque parece ser que no importe mucho, puesto que las grandes protestas contra los atentados al sistema de pensiones, han ido de la mano de las personas jubiladas, con escasa o nula participación de los obreros en activo, con lo cual en ningún momento han hecho peligrar la producción ni los beneficios y como consecuencia han dejado vía libre a cualquier atentado sobre las pensiones avalado, sin ningún tipo de escrúpulo, por las centrales sindicales subvencionadas.

La perspectiva no es nada halagüeña, ya que el pretendido milagro europeo de la transición digital y la industria 4.0, con sus perspectivas de grandes incrementos de la productividad y beneficios empresariales, pretende emular los milagros orientales de Corea. Japón, China, Indonesia o India, países en los cuales el porcentaje de personas que continúan trabajando a partir de los 65 años hasta los 69, es del 35 al 50% según los datos facilitados por Statista y que se pueden visualizar en el gráfico adjunto.

Aviso para navegantes: si el joven proletariado europeo no enfrenta decididamente estas constantes agresiones, deberá exprimir a sus padres y abuelos para llegar a fin de mes, mientras éstos estén vivos y cuenten todavía con una pensión decente. ¿O, tal vez, este joven proletariado piensa vivir de los ahorros acumulados con el sudor de sus progenitores?

(*) https://ec.europa.eu/info/sites/default/files/com_2021_50_f1_green_paper_es.pdf

La (de)generación del pensamiento y acción revolucionaria

En la primera mitad del siglo XX la generación de pensamiento relacionado con otro tipo de sociedad, estaba vinculado a las organizaciones comunistas. A medida que se fue debilitando, por motivos diversos, entre ellos la paralización burocrática y la sumisión a las teorías del “mercado guiado” socialista y el espejo de la producción capitalista, en una supuesta “emulación” con el productivismo del capital y no tanto en un enfrentamiento con él, esta generación de pensamiento quedó por un corto espacio de tiempo a manos de pequeños núcleos de la socialdemocracia de izquierdas, que fue aniquilada en unas ocasiones o integrada plenamente en el sistema en otros, y como eje común la carencia de acción revolucionaria escondida bajo el manto de un discurso aparentemente radical totalmente distanciado de la práctica política, social, cultural, económica y militar, sin hacer caso de unas acertadas palabras de un revolucionario del siglo XIX: “Las armas y la organización, he aquí el elemento decisivo del progreso del proletariado, el medio serio de acabar con la miseria! Quién tiene el hierro, tiene el pan” (1).

Desde aquel momento, esta generación de pensamiento en los países del centro imperialista, quedó reducida a personas de diferentes lugares, muchos de ellos sin vinculación orgánica con ningún tipo de organización comunista o de la izquierda socialdemócrata. Pensamiento acertado algunas veces, errado otros, pues ha faltado el marco de debate organizativo colectivo necesario para que las propuestas generadoras de pensamiento socialista y comunista pudieran tener un espacio de confrontación de ideas y en función de ellas estructurar una síntesis de acuerdo con los grandes cambios sociales, culturales, económicos y políticos que se han ido produciendo a lo largo de los años.

No puede decirse que no existan formaciones políticas que se reclamen comunistas o de la izquierda socialdemócrata en los países del centro del sistema imperialista. Existen, pero por motivo de su poca o nula incidencia en el seno del nuevo proletariado, la carencia de comprensión o la aceptación de la compleja y diversa estructuración del proletariado en la actualidad, y a menudo por augurar la quiebra inminente del capitalismo, ha hecho derivar su discurso solamente a corto plazo, victimista y reivindicativo en lo material, con el pensamiento puesto a finales del siglo XIX o principios del siglo XX. Algunas formaciones que han querido romper con la memoria revolucionaria llamada ortodoxa, en un aparente revolucionarismo posmoderno, han caído en el engaño de las mil y una trampas de la diversidad, ideadas por el sistema capitalista para fragmentar la clase obrera y sus aliados en un conjunto de pequeños reductos a los cuales incluso el mismo capital magnifica, subvenciona y multiplica publicitariamente.

Tan solo han quedado, en los países de los centros imperialistas, pequeñas organizaciones que han intentado, y lo están intentando todavía, mantener firme la esperanza en un futuro comunista. Muchos miembros de dichas organizaciones, hace años que están encarcelados ante la indiferencia de los comunismos domesticados y otras organizaciones similares.

En los pocos países donde formalmente se reclaman continuadores de las luchas revolucionarias por el socialismo del siglo XX, la generación de pensamiento no anda precisamente en dirección de romper con el maldito legado ideológico, cultural, económico y social del capitalismo, sino en la dirección de hacer malabarismos para incorporar las tesis fundamentales de este legado por medio de un ejercicio posibilista al estilo del que en los años sesenta utilizó Deng Xiaoping: «No importa que el gato sea blanco o negro; mientras pueda cazar ratones, es un buen gato” (2).

Y, siguiendo este hilo, el pragmatismo fue supliendo el análisis basado en las aspiraciones del legado revolucionario, llevando como consecuencia la aceptación que la única manera de juzgar la “verdad” social, económica, científica o política consiste en considerar solo sus efectos prácticos a corto plazo, olvidando que el camino hacia el comunismo puede estar lleno de trabas. Camino que es una apuesta a medio o largo plazo que tiene que trastocar todo tipo de relaciones humanas, pero que día a día, lucha a lucha se deben modificar estas relaciones para llegar a la raíz de los problemas.

A pesar de que públicamente los comunistas han denunciado las teorías de Eduard Berstein, que repudiaba el socialismo como objetivo final del proletariado, y teorizaba que la tarea del movimiento obrero era la lucha por las reformas, la práctica política en los países de los centros imperialistas, el objetivo no ha sido otro que mejorar la situación económica de los trabajadores dentro del marco del capitalismo, utilizando la máxima bersteiniana: “El movimiento es lo todo; el objetivo final no es nada”. Lenin decía que nada mejor que esta máxima para expresar la naturaleza del revisionismo: “determinar el comportamiento de un caso u otro, adaptarse a los acontecimientos del día a día, olvidando los intereses vitales del proletariado, sacrificando estos por efímeras ventajas, reales o supuestas, no es otra cosa que la influencia burguesa dentro del movimiento obrero encarnada por la aristocracia obrera” (3).

Las formas de manifestar el enfrentamiento con el capital se han transformado en unos “happenigs democráticos” en la calle, unos llenos de canciones, silbidos, colorines y algunos originando ciertos disturbios. “Pero para los proletarios que se dejan divertir por paseos ridículos en las calles, por plantaciones de árboles de libertad, por frases sonoras de abogados, habrá agua bendita primero, injurias a continuación, finalmente la metralla, y, siempre la miseria” (4).

Dentro de los muchos olvidos históricos, uno vale la pena evocar, el Primer 1º de Mayo en Catalunya de 1890 en el cual se reivindicaba la jornada de ocho horas y el debate surgido entre las organizaciones obreras reformistas, dirigidas en su mayoría por miembros de las Tres Clases del Vapor y Círculo Socialista y los sectores revolucionarios. El periódico “La Publicidad” del día 28 de abril informaba de los acuerdos mayoritarios: “Somos partidarios de la manifestación, no de la huelga”. El día 30 de abril el periódico “El Productor” insertaba en su editorial otro punto de vista reivindicando la huelga indefinida hasta la consecución de las reivindicaciones: “La libertad no se ruega, se toma. Las mejoras no se obtienen implorando humildemente, se obtienen exigiéndolas. Por esto creemos que actúan mal los compañeros que para conseguir una importante mejora: la jornada de ocho horas, se limitan a convocar una manifestación y acudir a las autoridades para que sea atendida su petición. ¿Qué obtendrán nuestros compañeros con esta actitud? De lo que desean, nada, pero en cambio rebajarán su dignidad. Ya lo hemos dicho: la jornada de ocho horas no la conseguiremos con pacíficas manifestaciones y con inútiles y serviles peticiones, la obtendremos imponiéndola, y la imposición está en la huelga. Queremos la huelga, no la manifestación” (5).

“A partir del VI Congreso de la UGT de septiembre de 1899, se comenzó una reforma de los Estatutos en el sentido de delimitar los requisitos para considerar una huelga como reglamentaria”. Esto perfilaba una doctrina general de moderación sindical, reforzada por la necesaria prudencia que debía impregnar las peticiones a los patronos” Las huelgas debían ser por tanto sensatas y juiciosas” La huelga, en resumen, para los dirigentes de la UGT era un medio para lograr el fin limitado de la mejora económica, pero nunca la emancipación social y mucho menos la política a través de ella” (6).

El 5 de febrero de 1919, al cabo de veintinueve años del primer 1 de mayo, se inició en Barcelona la huelga contra la eléctrica Riegos y Fuerzas del Ebro, propiedad del banco Canadian Bank of Commerce of Toronto (La Canadiense). El 23 de febrero se unieron a la huelga los trabajadores de la compañía Energía Eléctrica de Cataluña, consiguiendo detener por completo la actividad de las compañías eléctricas y paralizar el 70% de la industria catalana. Esta huelga indefinida se prolongó durante 44 días. El Gobierno en el Decreto de 3 de abril de 1919 fijó la jornada máxima de ocho horas diarias, siendo España el segundo país del mundo, después de la Unión Soviética, en establecer por ley la jornada laboral de ocho horas.

Quedaba patente la aseveración realizada en el editorial de “El Productor” de 1890 aludido anteriormente.

Al cabo de más de cien años ni siquiera se ha utilizado dicho mecanismo con toda su intensidad: La huelga indefinida hasta la consecución de los objetivos. Con la excepción de unos pocos centros de trabajo o a nivel comarcal.

Esta, se ha utilizado simbólicamente con un día de duración y utilizada más para justificar la existencia subvencionada de las grandes centrales sindicales, o como protesta puntual ante algún acontecimiento, que no como una amenaza al sistema en su totalidad. Una huelga general de larga duración contra el sistema tiene que ser fruto de una preparación y organización que pueda prever las necesidades de los huelguistas en materia económica, alimentaria, de transporte… de resistencia, en definitiva. No se trata de un día de fiesta, se trata de un enfrentamiento que llevará confrontación con los mecanismos y aparatos represivos del Estado y la represión laboral de los patrones.

Tan solo en la periferia del sistema, los enfrentamientos tienen otro cariz, aunque no tengan como objetivo fundamental y estratégico la transformación social, sino la mejora de las condiciones de supervivencia, el acceso a la tierra o al agua y la resistencia a las multinacionales ya sean agrarias o extractivas.

Los enfrentamientos

En algunos casos las organizaciones apoyadas por estructuras militares, tienen como objetivo, al menos teóricamente, el socialismo, en otros una indefinición basada en la mejora de las condiciones de existencia o la propia supervivencia (ELN y Farc segunda Marquetalia en Colombia; PCP sendero luminoso en Perú; Ejército del pueblo de Paraguay; Partido comunista marxista leninista de Turquía; Nuevo ejército del pueblo en Filipinas, Partido comunista de la India M).

La mayoría de movimientos político-militares existentes tienen como objetivo la liberación nacional o la independencia (EPB Macheteros en Puerto Rico; Frente de liberación nacional en Córcega; Ejército republicano irlandés auténtico en Irlanda del norte; Partido de los trabajadores del Kurdistán; el Movimiento Papúa libre en Indonesia, Jaish-e-mohammed en Cachemira, Frente nacional de la revolución Pattani en Tailandia; Frentes de liberación Tigray, Ogaden y Oromo en Etiopía).

A su lado algunas organizaciones político – militares de cariz marcadamente anticomunista o pro imperialista en Asia y América latina.

Ahora, muy entrado el siglo XXI, hay carencia de un pensamiento de alcance universal, en la perspectiva de un nuevo tipo de sociedad similar a la que intentaron elaborar los teóricos al servicio de la clase obrera en el siglo XIX, pero que hay que actualizar con la mirada puesta más allá de Europa, en la nueva concepción del proletariado de servicios del mundo imperialista (la fábrica difusa) y en el proletariado industrial y agrario de la periferia del sistema.

No es una tarea fácil, dadas las grandes diferencias existentes entre estos dos mundos. Es muy difícil elaborar propuestas cuando el estómago está vacío, y cuando está lleno, no solo el estómago sino el bolsillo, aunque esté hipotecada por créditos, también se hace difícil elaborar cualquier teoría que tenga la mirada puesta más allá del círculo de afortunados. O en el mejor de los casos optar por actividades filantrópicas en forma de ong,s hacia grupos minoritarios en competencia laica con las instituciones eclesiásticas o fundaciones multinacionales.

¿Cómo hacer coincidir organizativamente el nuevo proletariado europeo de las fábricas sin humo con el proletariado industrial y agrario de la periferia? No es nada fácil, dadas las cosmovisiones muy diferentes e incluso antagónicas, donde tenemos una muestra de contradicción en aquello tanto sencillo como es disponer de un pasaporte que permite al proletariado europeo pasearse por el mundo entero, cuando si el pasaporte, en caso de que se pueda disponer, está en manos de cualquier proletario de la periferia, tiene muy difícil ir legalmente a ninguna parte. Haciendo evidente que dentro del proletariado, a nivel internacional, existen unas grandes diferencias en las condiciones de su base socioeconómica, y que los factores superestructurales no sólo deben relacionarse dialécticamente, sino que juegan un papel muy importante, poniendo en evidencia que el proyecto revolucionario actual debe saber estructurar un proyecto ideológico y político que aborde la propuesta integral de este conjunto de factores, y donde la perspectiva de la sociedad sin clases vuelva a estar en el horizonte.

Amnesia o pérdida de memoria colectiva

A diferencia del siglo XIX, hoy, muchas personas con titulación universitaria, ya no son solamente los cachorros de la burguesía, sino hijos de obreros de la industria, construcción o servicios. Por este motivo parecería más sencillo que dedicaran sus conocimientos al servicio de la mayoría social obrera y campesina, vallando el paso a los historiadores, filósofos, médicos, sociólogos, psicólogos, periodistas, economistas, y toda la tropa que hasta hoy ha escrito la historia, ha diseñado la moral imperante, ha manipulado la sociedad y ha estado al servicio de la acumulación de capital.

Este caudal humano provisto de capacidades y conocimientos se está desaprovechando debido a varios factores, uno de ellos, como señala Eric Hobsbawn: “La destrucción del pasado, o de los mecanismos sociales que vinculan la experiencia contemporánea a la de las generaciones anteriores, es uno de los fenómenos más característicos y etéreos de finales del siglo XX. La mayoría de los hombres y mujeres jóvenes al final del siglo crecen en una especie de presente permanente sin ninguna relación orgánica con el pasado público” (7).

No es por casualidad, que varios factores hayan coincidido: uno de ellos la autodisolución de los partidos comunistas mayoritarios, los cuales en una forma más para justificarse ha sido condenar al olvido todo un pasado de lucha, resistencia y generación de pensamiento a cambio de unas migajas o sillas en estamentos públicos. La renuncia o la aceptación de una “mea culpa” de la propia historia de las luchas anteriores ha tergiversado todo aquello que no ha estado posible olvidar.

Otro factor ha sido la repartición de dinero público. En España 23 millones de euros de la llamada “memoria histórica” se han utilizado para mantener unas plantillas de funcionarios, “historiadores/as a la carta”, la tarea de los cuales ha estado fabricar un conjunto de anécdotas sin sustancia, eliminando todo aquello que pudiera ayudar a seguir el hilo conductor de la generación de pensamiento revolucionario de una época pasada, con una musicalidad anclada en un permanente lamento de las vivencias, convirtiendo una necesaria memoria política, ideológica, social y económica en un “collage” del cual no se puede extraer ninguna lección que sirva para constatar aciertos y errores a utilizar en el presente y en una perspectiva de futuro. Se ha minusvalorado u obviado la afirmación de que la lucha y la resistencia eran un valor en sí mismo y una lección para las generaciones futuras que tendrían que emular o persistir.

No es tan solo que esta amnesia sea privativa de las sociedades del centro imperialista, sino que atraviesa geográficamente las varias sociedades que en su momento intentaron un cambio radical. Una reflexión cubana sobre este tema nos indica la problemática actual: “Estos cambios, han tenido un impacto sustancial en una nueva generación en la cual los vínculos con la lucha revolucionaria, producto de la distancia temporal y la experiencia, se vuelven más difusos y como consecuencia, manipulables… A la desconexión histórica inevitable de una nueva generación que no integra en su memoria reciente el significado y el contexto de la consigna “Patria o muerte”, se le apilonan nuevos significados para antagonizar el peso de la herencia espiritual… Ruptura histórica y caos en la memoria” (8).

Lo que sucedió con los pobres desplazados por la construcción masiva de vías del tren en el siglo XIX en el corazón de grandes ciudades puede y tiene que ilustrar las posibles consecuencias de construcciones masivas de autopistas en el siglo XX, y las variadas experiencias del “poder estudiantil” en las universidades medievales tienen relevancia en los intentos para cambiar la estructura de las universidades modernas.

Los socialistas del siglo XIX y XX sin duda usaron el “comunismo primitivo” como una aproximación meramente teórica, pero el hecho que la usaran indica la ventaja de ser capaz de tener un precedente concreto incluso para lo que no tiene precedentes (9).

Conocemos el papel que ha tenido, y tiene, el sistema educativo en las sociedades dominadas por el capitalismo, como instrumento ideológico del Estado, en el cual se desdibuja la realidad social y su estructura clasista, escondiendo o negando la necesidad de la lucha de clases y situando “la educación” en una nube tecnocrática, o de simple hiperacumulación de registros de conocimientos, pero desvinculados de la relación con el contexto social actual y en especial de su utilidad social desmercantilizada. Siguiendo la falsa proclama que con cierta titulación será posible ascender en la escala social, aunque sea por medio de una competencia feroz. Tan solo es el aprendizaje para formar parte de una sociedad en la que cualquiera tiene que ser el lobo de sus semejantes.

Debemos hacer una pregunta: ¿Que ha pasado en otros tipos de sociedad que en su momento intentaron cambiar el sistema imperante? ¿Cuál ha sido el contenido real de los sistemas educativos? ¿Cuál ha sido el espejo en el que han mirado las nuevas generaciones?

En las sociedades capitalistas hay una coherencia entre los contenidos curriculares de lo que se enseña y la práctica social darwinista necesaria por la reproducción del sistema. Pero en las sociedades que en el siglo XX intentaron construir su propia historia tal vez ha faltado esta coherencia: Tal vez ha existido un precipicio entre el que se decía y el que se hacía, olvidando la vieja y reiterada parábola de que “O vives como piensas o acabarás pensando cómo vives”.

Tal vez la deriva hacia un tecnicismo desaforado, situándolo como única base para construir una sociedad socialista, ha ido dejando de lado o ha debilitado los aspectos éticos, culturales, sociales y políticos que deberían imprescindiblemente corresponder a la continuación de un proceso revolucionario hasta llegar a su meta.

La aceptación de la tesis que la ciencia es neutra ha sido una de las puertas de entrada de la ideología capitalista. Y esta ideología ha comportado la existencia de un abismo entre “los expertos” o “científicos” y el resto de la sociedad, tratada de ignorante cómo hemos podido comprobar en este último año de represión mundial con la excusa de una enfermedad. Y esto se ha dado también en las sociedades socialistas, tal vez con características diferentes, pero la planificación desde arriba, sin participación de la base social, ha comportado unas decisiones sobre qué debe hacer y qué debe ser cada miembro de la sociedad.

Esta estratificación social, no derivada de la posesión de capital ni de la extracción de plusvalía, sino derivada del control organizativo, tiene unos efectos culturales similares a los que operan en las sociedades estructuradas en clases sociales, o incluso en castas más estáticas. Y hemos podido comprobar cómo, con el paso del tiempo, técnicos, científicos, administradores, políticos”, han ido ocupando espacios de clase dominante y para mantener su estatus han abrazado el legado de la sociedad capitalista.

Derechos y deberes

A cualquier manifestación de acción política reivindicativa encontramos la palabra “derechos”. Derecho al trabajo, derecho a la vivienda, derecho a unos ingresos, derecho a la sanidad, derecho en la educación, derecho a… pero cualquier propuesta que mire algo más allá del corto plazo y pretenda ir más allá del sistema imperante, tiene que incorporar otra palabra: “deberes”.

Una versión en castellano de la Internacional incorpora un par de versos muy significativos. “No más deberes sin derechos / ningún derecho sin deber”. Expresión aclaratoria del papel que le corresponde al proletariado en la perspectiva de una nueva sociedad, el deber de su construcción, el deber de luchar para conseguirla, el deber de la ayuda mutua, el deber de la fidelidad a su clase social, en definitiva una ética de la clase obrera que aspire a emanciparse.

En recuerdo del cumpleaños del nacimiento del Che, ahora hace 93 años es oportuno resaltar algunos aspectos de su persona y pensamiento que no han tenido el merecido reconocimiento, pues su imagen comercializada es la correspondiente a la vertiente militar, como si el socialismo tuviera tan solo este aspecto.

El Che concebía la lucha por el socialismo como una dialéctica revolucionaria consistente en la creación de una sociedad basada en vínculos solidarios, que generase la cobertura de las necesidades básicas y los deseos de satisfacción individual y colectiva. Para conseguirlo proponía que había que combatir, por medio de la acción consciente y organizada, el predominio de los vínculos mercantiles, del individualismo, el egoísmo y la carencia de capacidades suficientes para la mayoría, que así con estos predominios y conductas quedaba subordinada a unas minorías que mantenían su dominio. Para él el socialismo tenía de romper estas lacras herencia del capitalismo.

Podemos pensar en todo el año pasado y lo que llevamos de este en relación con la impuesta pandemia, donde las voces “progresistas” no han parado de clamar “derechos”, “derechos”, “derechos” a la salud, a la vivienda, a los ingresos, a las vacunas, a… olvidando unos “deberes” fundamentales como pueden ser el “deber” del conocimiento de nuestro propio cuerpo, el “deber” de poner en cuestión la razón de las órdenes derivadas del estado de excepción, el “deber” de enfrentarse al criterio de los científicos mercenarios a sueldo de las multinacionales, el “deber” de contrastar la manipulación mediática, el “deber” de saber en qué consiste la salud, el “deber” de abrazarnos y reunirnos… en definitiva “el deber” de mantener un pensamiento y acción crítico ante las decisiones de un poder establecido que se presenta como el paladín al servicio del sistema capitalista.

Las propuestas del Che tenían muy presente las complejas relaciones internas entre la política, la economía, la educación, la salud, la ética, el conocimiento, la justicia y la conducta humana, entendidos como un conjunto a integrar y no abordarlo disgregadamente. El hombre nuevo que proponía el Che no era el símbolo de una persona, sino la expresión de masas de ciudadanos con un nivel cada vez más elevado de conciencia, luchando unidos por la construcción de una nueva sociedad. Este “Hombre nuevo” tenía que desarrollar un alto nivel ideológico, que dejara atrás los sentimientos de egoísmo, que fuera cada vez, más solidario, humanista y, al mismo tiempo internacionalista (10).

Sería incomprensible para el Che exigir un derecho sin correspondencia con un deber, del mismo modo junto al derecho a unos ingresos tiene que haber el deber de contribuir a la sociedad, pues no podemos olvidar que los ingresos onerosos que puede recibir cada cual se han extraído de los impuestos pagados por el resto de la clase obrera, y no deben entenderse como una exigencia legal de democracia fiscal, sino como un factor de solidaridad entre la clase, pues la burguesía tiene mil y una maneras de evadir como pagar los impuestos, porque para ellos el Estado es un instrumento recaudador respecto a la clase obrera, para financiar sus objetivos de reproducción del capital.

Y, tiene que ser “un deber” contribuir a la organización de la clase obrera para la consecución de otro tipo de sociedad.

(1) Auguste Blanqui. Crítique Sociale II. XXXIV Les sectes et la révolution.
(2) The great pragmatist: Deng Xiaoping. 18 de Diciembre de 2008.
(3) https://www.filosofia.org/enc/ros/bernste.htm
(4) Auguste Blanqui. Avis au peuple, toast du 25 février 1851
(5) Joaquim Ferrer. El Primer 1er. de Maig a Catalunya. 1972
(6) Francisco Sánchez Pérez. Protesta colectiva y cambio social en los umbrales del siglo XX. Tesis doctoral. Universidad complutense de Madrid. 2002
(7) Age of Extremes. The Short Twentieth Century 1914-1991. Ed. Abacus.1995, pág.3
(8) https://lapupilainsomne.wordpress.com/2021/06/07/golpe-blando-y-geopolitica-radiografia-del-movimiento-san-isidro-en-cuba-por-instituto-samuel-robinson/
(9) https://sociedadfutura.com.ar/2018/04/19/eric-hobsbawm-texto-inedito-en-castellano-la-funcion-social-del-pasado/
(10) https://correodelalba.org/2021/06/14/el-che-y-el-hombre-nuevo-en-homenaje-a-su-93-aniversario-de-natalicio/

Turismo y lucha de clases

El primer semestre de 2019, el turismo internacional creció un 4 por ciento a nivel mundial por décimo año consecutivo, según un reporte anual de la Organización Mundial del Turismo (OMT). En total, el número de turistas internacionales creció hasta los 671 millones, 30 millones más que en el mismo periodo de 2018
(Informe OMT, septiembre de 2019)

La mayoría de los turistas pertenecen a las zonas económicamente más ricas del planeta, y una buena parte de ellos van a países los cuales los emigrantes abandonan por razones económicas o políticas.
Estos dos amplios movimientos, el turismo y la emigración, de característica explícitamente provisional el primero y aspirando el segundo a una larga duración o a la permanencia, definen la ambivalencia de un mundo en el cual no deja de aumentar la distancia entre los más ricos de los ricos y los más pobres de los pobres
(Marc Augé. El tiempo en ruinas)

Entre 1950 y 1998 el número de turistas internacionales había aumentado veinticinco veces, de 25 a 650 millones. Se estima que en 1997 se realizaron unos cuatro mil millones de viajes turísticos en el mundo.

François Vellas hace notar que todo el aumento del turismo en el mundo durante la segunda mitad del siglo XX, se encuentra en cinco países: Estados Unidos, Italia, España, Francia y el Reino Unido, que recibieron un 42 por ciento de las visitas de turismo en total.

La diferenciación entre viajeros de alto poder adquisitivo y otros de menor nivel, apareció con las primeras críticas en el siglo XX de Thorstein Veblen sobre el ocio de clase (La clase ociosa).

De acuerdo con Daniel Boorstin, el viajero que persigue experiencias tiene que trabajar, mientras el turista va en busca del placer y espera que las experiencias le ocurran a él.

En los países que forman parte del entramado de dominación del mundo, no es tan solo el abaratamiento del coste de los pasajes aéreos que permite a una parte importante de la clase obrera de los mismos y a sus jóvenes que viven de las transferencias intergeneracionales hacer turismo, ya sea convencional o con los calificativos de moda: turismo colaborativo, turismo cultural, turismo solidario, etc. Es además la facultad de disponer de un pasaporte que está estrechamente ligado al grado de dominio mundial del país que lo edita y con el cual, como si fuera una llave mágica, abre las puertas de cualquier rincón del mundo fuera de los círculos de dominación.

La relación directa consumo-turismo debe entenderse como una prolongación de la superproducción mundial que solamente está al alcance de quienes disponen de una “demanda solvente”.

No es igual viajar que hacer turismo, según Augé, el que viaja va a un lugar a conocer o a reconocer, mientras que el sujeto turístico va a verificar aquello que anteriormente ha visto por cualquiera de los medios audiovisuales o impresos en millones de videos, folletos o catálogos. Va a consumir de la misma manera que consume modas, el objeto de las cuales no es cubrir unas necesidades sino la subordinación a las exigencias de la producción.

Los conceptos valor de uso y valor de cambio se han trastornado desde que Marx los analizara a medianos del siglo XIX. Los llamados valores de uso ya no son para cubrir necesidades de la gente (aunque vale la pena aclarar que el concepto necesidad no es estático, sino dinámico), sino por necesidades de la producción.

El turismo puede incluirse en este valor de uso ya que debe responder a una “necesidad” impuesta por el capitalismo en el espacio que podemos denominar la reproducción de las relaciones sociales en una escala siempre creciente, y este crecimiento determina el “status” social con independencia del lugar que se ocupa dentro del proceso productivo en los países de los centros imperialistas.

Viajar, es ir a un lugar determinado a encontrarnos con alguien o algo, con independencia del lugar geográfico o de la imagen comercializada del entorno, pues cuando se viaja no se va a verificar lo que anteriormente ya se ha visto virtualmente sino a realizar una actividad predeterminada de la cual no se sabe de antemano el resultado.

El que viaja va a “lugares” a diferencia del turista que va a “no lugares” (los “non lieux” según Marc Augé) es decir a espacios en los cuales nadie se conoce, ni se entiende, ni se interesa, tan solo va a establecer una verificación para su propio consumo.

El turista va a consumir, y esto sirve tanto para los 15 millones que desembarcan anualmente en Catalunya como para los más de 3 millones de catalanes que desembarcan en cualquier lugar del planeta. Tan solo van a consumir, ya sea con la mirada o con la cámara fotográfica unas visiones anteriores como aquel que antes de entrar en una pastelería visualiza desde el escaparate exterior las formas y colores de los dulces y posteriormente entra a verificar, consumiendo, si el sabor se corresponde con la visión que ha tenido del mismo. Y como más consume, más hambre tiene.

El turista, es la copia triste de Erisictón, pues para saciar su hambre de consumir cosas y paisajes, no destruye solamente los entornos naturales y trastoca la convivencia de otras gentes, sino que acaba por destruirse a sí mismo, lleno de imágenes que no puede digerir, pero constantemente con hambre de consumir más y cada vez más lejanas y exóticas.

Se ha llegado al extremo de las aberraciones turísticas de las personas de los países ricos que cada vez realizan más giras turísticas hacia los focos de la pobreza, para consumir con la mirada desde las favelas de Río de Janeiro hasta los barracones de hojalata de los suburbios de Ciudad del Cabo, eso sí, con la tranquilidad que dispondrán de unas medidas de seguridad que los mantendrán alejados de las tentaciones de apropiación por parte de los pobres que habitan dichos lugares: de los pobres entre los pobres, así cualquier pobre no tan pobre o un rico no tan rico no solamente sacia su hambre sino que verifica la suerte de pertenecer a una sociedad incrustada en el círculo de los países dominantes. Verifica, aún sin ser consciente de ello, la actualidad de la lucha de clases a nivel internacional y se siente orgulloso de pertenecer a la clase dominante.

Según Hosteltur, «el éxito turístico de los sitios “oscuros” se vincula a la capacidad de las infraestructuras turísticas de crear entornos emocionales y sensoriales que ofrezcan al turista una experiencia holística de los territorios vinculada con itinerarios gastronómicos y de wellness».

Lo consideran la fetichización de desgracia, sin embargo, distintos grupos que promueven el turismo negro dicen hacerlo para mostrar la cruda realidad de un sector muchas veces sólo visto a través de reportajes y noticias.

El turismo negro ha logrado infiltrarse y crear tours en los que las personas cargan con aparatos para medir la radioactividad y que a veces los lleva a sitios en los que ni siquiera los trajes son suficiente para protegerlos, arriesgando sus vidas sólo por un tour.

Entre la curiosidad, la explotación, el clasismo y la conciencia se mueve el turismo negro. Buscar aventuras en sitios donde miles han sufrido parece inhumano, pero hay quienes dicen hacerlo para ser más “empáticos” (?). Triste espectáculo al observar como miles de turistas teléfono en ristre se hacen una “selfi” sonriendo delante de los hornos crematorios de Mathausen o Gusen.

El turismo de aventura

Asimismo, dentro del llamado «turismo de aventura» hemos podido ver este verano como cientos de personas hacían cola para llegar a la cumbre del Everest. Gentes adineradas, puesto que dicha ascensión tiene un coste mínimo de 35.000 euros y puede llegar hasta los 150.000 euros según la cantidad de sherpas y material que transporte. De momento las cifras de muertos en dicha ascensión para este verano está en 18 muertos y las fotos aparecidas en las redes de faccebook y similares nos regalan el macabro espectáculo de ver como los adinerados turistas van ascendiendo, pasando sin inmutarse al lado de los cadáveres que quedan por el camino.

Según la web traveler.es, Nirmal Purja es el autor detrás de la foto del pasado 22 de mayo. El alpinista nepalí había coronado la cima y en pleno descenso vio la marabunta a sus espaldas y logró tomar una fotografía que ya es parte de lo peor que la especie humana es capaz de lograr cuando dispone de los recursos suficientes. Su objetivo fue inmortalizar lo que sería una trampa mortal a ojos de cualquier escalador prudente y experimentado. “Quería hacer la foto como prueba de lo que pasaba. Claro que estaba preocupado cuando vi esa gigantesca cola. El viento era de unos 35 km/h. Si hubiera sido 5 kilómetros más, habría habido más muertos ese día”, asegura el autor de la foto ante los medios internacionales.

El turismo ‘cultural’

Los encuentros “culturales” u otras denominaciones que pretenden marcar distancia con el llamado turismo convencional, son tan solo reminiscencias de las teorías kantianas del cosmopolitismo justificaciones que pretenden esconder nuestra privilegiada situación económica y política, contradictoria con ciertos discursos victimistas respecto a nuestra realidad social por lo que se refiere a una parte importante de nuestra sociedad que puede permitirse el ejercicio del turismo tiznándolo reivindicativamente de libertad de movimiento.

John Urry define al turismo como una práctica moderna de ocio racionalizado y transitorio, opuesta al mundo del trabajo regulado y organizado, que consiste en mirar lugares examinados y escogidos con anticipación. La “mirada turística” (tourist gaze) y nuestras experiencias -nos dice- son estructuradas por la preexistencia de imágenes culturales generadas por el cine, la televisión, la literatura, la prensa, la música, los videos, etc. Ésta es organizada por una industria de profesionales que producen nuevas mercancías culturales para ser incorporadas a los deseos de los turistas, en función de los cambios sociales relacionados con las estructuras de clases, los géneros, las edades, las identidades étnicas y/o nacionales, los gustos, etcétera.

Así, la elección de los lugares visitados no es algo imprevisto, azaroso, ni completamente individual, sino más bien una acción diseñada, dirigida e incluso, en cierto sentido, impuesta como una oferta mercantil. las posibilidades y destinos de los turistas se encuentran determinadas por los vínculos del transporte que controla la industria del turismo, así que los grandes flujos de turistas están asociados a los lugares que establecen las agencias de viaje y las líneas aéreas, donde se ha construido infraestructura ad hoc.

Si hace apenas treinta años los turistas pagaban por disfrutar del sol, la playa y el sexo, en una burbuja controlada por los muros y los guardias de hoteles con miles de cuartos exactamente iguales, posteriormente lo común ha sido que los turistas paguen por disfrutar paisajes silvestres, edificaciones históricas y el contacto con otros grupos culturales. Pero también, más recientemente, pagan por contemplar o experimentar la pobreza, la soledad, la extravagancia, la ingravidez, el peligro, el riesgo, etcétera, en infinidad de condiciones diseñadas y controladas por profesionales del turismo.

El turismo constituye no sólo una de las fuerzas hegemónicas de la economía política capaz de dirigir eficazmente la acción productiva, articulando diversos niveles y órdenes de poder, sino que, además, en su carácter de producción cultural, se despliega como un proceso hegemónico cultural que a través de su expansión global, genera y alimenta una demanda de consumo de representaciones de lo «otro» y los «otros», a partir de la imposición de valores y representaciones del mundo propias de las clases medias de Occidente (1).

Así se configura el llamado turismo cultural o la pretendida admiración de complejos arquitectónicos que, según el filósofo Víctor Gómez Pin eran «en un momento reflejo de comunidades que los habitaban efectivamente y que hoy, privados de esta población, son reducidos a objetos de mirada exterior, a insustancial alimento para ojos de personas que, a menudo condenadas durante once meses del año a un trabajo sin sentido, han de consagrar las llamadas vacaciones a agotadores recorridos por lugares donde el encuentro fértil con gentes del lugar que visitan, es imposible… Y, así, en su deambular de monumento a museo y de establecimiento típico en callejuela pintoresca, el viajero cultural sólo encontrará la imagen multiplicada de sí mismo, personas homologadas por la exigencia compulsiva de llenar un tiempo de ocio, aliñada con el cumplimiento de ese deber de consumir cultura… De darse efectivamente tal inclinación, la industria del turismo cultural la satisface con creces, y así se pueblan las ciudades de mercados de artesanías en los que los compradores potenciales nunca tendrán la posibilidad de usar aquello que adquieren. Y mientras, se resucitan festejos «populares», aun desaparecida la memoria de los ciclos del calendario que se hallarían en su origen y expresiones folklóricas que nadie sabe a que responden (Víctor Gómez Pin. Reducción y combate del animal humano).

La cultura, globalmente considerada, “se ha convertido en un sector importante de la economía, en factor de “crecimiento económico” y en pretexto para la especulación y el negocio. Por eso tiende a perder cada vez más su aura de gratuidad y su especificidad como operador de identidad social, de comunicación y de percepción del mundo, para convertirse en mercancía sometida en gran parte a la ley de maximización de beneficios”). La razón estriba en que el código del valor de cambio tiene la extraña capacidad de fagocitar todos los demás códigos, incluidos los culturales. Nosotros diríamos que no se trata sólo de interpenetración, sino de una verdadera reducción de todas las expresiones culturales a la lógica del mercado, es decir, del valor de cambio. Ya no se puede hablar entonces de ritos o fiestas rituales, sino de estampas folklóricas (Catherine Marie Heau Lambert. Instituto Nacional de Antropología e Historia. México)

El turismo ‘solidario o alternativo’

“Cada vez son más las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) e incluso agencias de viajes que organizan este tipo de viajes y utilizan esta vía como su principal fuente de recaudación de fondos. Sus programas incluyen una aventura solidaria en Guatemala, un voluntariado en Tailandia y en Nepal, entre otras. La duración mínima del proyecto es de dos semanas y las tareas a realizar pasan por la construcción de edificios en las comunidades y actividades educativas con los niños y niñas. Todo el grupo se aloja en casas de familias locales. El coste de este programa es de 650 euros, precio en el que no está incluido el billete de avión.

Entre sus destinos encontramos India, Nepal, Senegal, Marruecos, Ghana, México y Colombia. La duración de los viajes es de dos semanas y para Senegal, por ejemplo, el importe asciende a 1095euros, sin incluir el precio del vuelo. Este viaje, por ejemplo, mezcla turismo con la visita de algunas aldeas donde la ONG Construye Mundo lleva a cabo proyectos de desarrollo rural.

Para Gustau Nerín, antropólogo y escritor del libro “Blanco bueno busca negro pobre”, la cooperación y las ONG han frenado el desarrollo en África. Según palabras del propio autor, “hay gente que se va a África ‘a ayudar’ y se pasan tres días pintando una escuela y luego ocho días en una playa paradisíaca. Y esa gente vuelve con una gran satisfacción pensando que ha solucionado los problemas del continente. Pero ha de saber que allí hay gente que hubiera pintado esa escuela mejor y con menos coste” (El Diario.es 9 de enero de 2017).

Considerando las expectativas del “turista politizado” éste podría ubicarse en la categoría del turista de aventura, pero en este caso es atraído por otro tipo de adrenalina: la de la guerra. Con diferente fascinación por el peligro generado por la inestabilidad social y política, es posible incluir en la categoría del turista politizado a activistas, periodistas, celebridades políticas nacionales e internacionales, académicos, productores de cine, fotógrafos, agentes de desarrollo (extranjeros), miembros de organizaciones no gubernamentales, e incluso los miembros y representantes de diferentes partidos políticos. Entre ellos también es relevante mencionar a los clientes de los “Zapatours”, organizados por el Frente Zapatista de Liberación Nacional desde la ciudad de México con el fin de acceder a las comunidades zapatistas. Los nuevos visitantes, “turistas politizados”, están interesados en los recursos étnicos de la región, pero con una ideología diferente. En lugar de buscar la “autenticidad” de la cultura indígena como pesquisa inherentemente turística, los turistas politizados esperan encontrar a los “auténticos” rebeldes indígenas. Ello representa una nueva demanda a la cual los agentes del turismo tratan de responder (Insurgencia y turismo: Reflexiones sobre el impacto del turista politizado en Chiapas Gabriela Coronado).

Organizaciones como Yes We Help que en su página web propone “Vas a vivir la mejor experiencia de tu vida” y otras organizaciones similares son el paradigma de la supremacía blanca frente al llamado Tercer Mundo.

Turismo y violencia

Mientras millones de turistas se tuestan al sol en las playas de Colombia, a pocos kilómetros de su placentera estancia se están asesinando a dirigentes campesinos, a sindicalistas, a miembros de formaciones de izquierda, se está expulsando de sus tierras a cientos de miles de pequeños agricultores, y se están hacinando en improvisados campamentos multitud de desplazados internos. No existe una relación entre violencia y descenso del turismo pues los datos colombianos para 2018 dan una cifra de 4,4 millones de turistas extranjeros con un incremento sobre el año anterior de un 10,4 por ciento.

“Israel recibió más de 4,1 millones de turistas en 2018, un 12 por ciento más que el año anterior. De estos visitantes, 77.700 fueron españoles, lo que supone un incremento del 25 por ciento, según los datos de la Oficina Central de Estadística de dicho país” (Hosteltur, 19 de enero de 2019).

El salvaje comportamiento tanto de parte de la población civil como de las fuerzas armadas israelíes contra los palestinos, con su estela de destrucción y muerte de hombres, mujeres, niños y ancianos, un país el cual ha hecho bandera de la violencia y la segregación. Pues bien, al parecer esto es un atractivo más para el mundo turístico.

Turismo y ecología

La aspiración de una sociedad socialista no puede entenderse con una sociedad que concibe la explotación de los recursos disponibles de forma ilimitada.

Considerando el contexto histórico y económico de la segunda mitad del siglo XIX en que no existía una plena concepción de la enorme capacidad productiva de la humanidad y su afectación y consecuencias sobre el medio ambiente, C. Marx ya situaba en El Capital algunas consideraciones-advertencias sobre la necesidad de preservar la tierra:

“Y, todo progreso de la agricultura capitalista no es tan sólo un progreso en el arte de exprimir el obrero, sino también en el arte de exprimir la tierra, y cada paso que se da en el incremento de su fertilidad en un período de tiempo determinado, supone al mismo tiempo un avance en la ruina de las fuentes permanentes de esta fertilidad (…) La producción capitalista sólo desarrolla, por lo tanto, la técnica y la combinación del proceso social de producción al tiempo que debilita las fuentes originarias de toda riqueza: la tierra y el trabajador” (El Capital, tomo II, página 251).

“El tratamiento conscientemente racional de la tierra como propiedad comunal eterna, y como condición inalienable de la existencia y de la reproducción de la cadena de generaciones humanas sucesivas” (El Capital, tomo III, página 784).

En el tema que aquí se intenta analizar, también se debe realizar desde la perspectiva de cómo afecta e influyen los comportamientos humanos en su forma de ocio, en este caso el turismo, sobre el medio ambiente y todo lo que está suponiendo de gradual devastación del planeta como medio de vida armónica de la humanidad.

En los países ricos está progresando relativamente una mayor sensación social de que el modelo de consumo está afectando gravemente al medio ambiente, expresándose con indicadores y efectos que se han dado en llamar “cambio climático”, pero no se puede segregar está pretendida sensación de orientarse hacia un consumo “más sostenible”, aunque no deje de ser un eufemismo de capitalismo de métodos más suaves en su aplicación, pero en definitiva capitalismo y por tanto inherente a la idea final de “maximizar el beneficio” que va aparejada a la idea central del “crecimiento económico permanente”, como se decía, no puede segregarse de la forma de comportamiento de la sociedad a la ahora de consumir y más cuando se trata de necesidades que podríamos entender como “no vitales para la subsistencia”, donde entraría el ocio en forma de turismo.

Pues bien, mientras aparentemente crece dicha sensación social de preocupación respecto al “cambio climático”, también crecen los consumos por turismo y dentro de ellos y atendiendo a las consideraciones que se están primando cada vez más, una cada vez mayor utilización de medios de transporte aéreos.

Se considera que la “huella ecológica de carbono” que provoca el transporte en avión, es de 285 gr. por persona y kilómetro de distancia recorrida (cabe señalar que la del tren es solamente de 14 gramos). Si atendemos a un viaje, entre ida y vuelta, de 3.000 km., un turista que lo utilice provocará por dicho viaje 0’86 Toneladas de CO2.

Cifra que en términos comparativos de necesidades de CO2 respecto a producciones agrícolas, supondría el equivalente de emisiones para la obtención de algo más de una tonelada de naranjas (235 gr. CO2 por Kg.).

Es un contrasentido empezar a preocuparse por los efectos del modelo productivo que ha implementado el capitalismo sin límites y seguir comportándose indiferentes en determinados consumos que provocan una huella singular muy significativa, como si dicha cuestión no tenga repercusión sobre los efectos medio-ambientales que están afectando a nuestro entorno.

Comportamiento que expresa mayor contradicción, cuando de lo que se trata es de consumos de ocio-turismo que además parte no sólo de la no necesidad para la subsistencia, sino que presenta las características que se han descrito anteriormente.

Sand, sun, sea and sex

Según el Instituto Nacional de Estadística, la prostitución representa el 0,35 por ciento del total del PIB español. Es tan rentable que el Ministerio del Interior asegura que genera unos cinco millones de euros al día.

“Tiene todo el sentido que España sea uno de los mayores destinos del mundo de turismo sexual. Y no me extrañaría que fuera el número uno en turismo de burdeles. Tenemos los dos principales ingredientes: somos un país con una gran oferta de mujeres en situación de prostitución y locales de pago por sexo y uno de los países del mundo que más turistas recibe. Tenemos las dos cosas necesarias: muchísimos potenciales clientes y una oferta variada de prostitución”, sostiene María José Barahona, profesora de Trabajo Social en la Universidad Complutense y autora de varios estudios sobre prostitución.

Según la web Hosteltur, España está viviendo un boom del turismo de burdel a pesar de la crisis económica, según denuncia The New York Times en un amplio reportaje publicado. Unas leyes laxas que, según el rotativo, permiten que la prostitución sea “básicamente legal” debido a un vacío legislativo, junto con su menor coste comparado con el del país vecino, atraen a estos turistas jóvenes que se aprovechan así de la proximidad, la libertad de circulación y el bajo coste de viajar por Europa.

Como reconoce en el citado artículo la concejala de la Mujer y de los Derechos Civiles de Barcelona, Francina Vila i Valls, “los jóvenes solían ir a discotecas. Ahora acuden a burdeles. Es simplemente otra forma de divertirse para ellos”. De hecho los expertos aseguran que la prostitución se encuentra en expansión en España, ejerciéndose a la vista de todos en pueblos y ciudades.

Y es que a esta creciente demanda juvenil se suma la local. No en vano, un informe de Naciones Unidas de 2009 señalaba que cuatro de cada diez españoles admitían haber recurrido a los servicios de una prostituta al menos una vez. En el reportaje se afirma incluso que está ampliamente aceptado que las reuniones de negocios terminen con una cena y una visita a un burdel. De 200.000 a 400.000 prostitutas en España ofrecen sus carnes a nativos y turistas”.

España se encuentra entre los países del Mundo que más turismo sexual practica con menores, especialmente en Latinoamérica, denuncia Save The Children en un informe presentado ayer jueves durante unas jornadas centradas en el abuso sexual a menores y organizadas por esta ONG en Madrid. En relación a los españoles, el informe asegura que en el año 2001 entre 30.000 y 35.000 españoles viajaron a Latinoamérica expresamente para tener relaciones sexuales con niños.

En cuanto al abuso sexual en España, casi la mitad de los menores que son víctimas tienen menos de 12 años y el 90 por ciento de los agresores son varones. En cuanto a la desaparición de menores, esta organización asegura que en el año 2002 hubo 8.401 denuncias sobre desaparición de niños y niñas en España. La explotación sexual infantil es un tipo de abuso sexual en la que el abusador busca un beneficio económico y que engloba formas como el tráfico de menores, la prostitución, el turismo sexual o la pornografía infantiles. “Más de 5.000 niños y niñas españoles están atrapados en redes de prostitución”, afirma Save The Children.

La ONG ofreció datos de Interior sobre denuncias en 2002 por temas de explotación sexual infantil, 323, de ellas 274 ante la Guardia Civil y 49 ante la policía nacional. Aunque la prostitución infantil se esconde mucho más que la de adultos, sigue siendo posible acceder a ella para quienes la buscan y el miedo, las drogas o las carencias económicas suelen ser algunos elementos que la acompañan. En su informe, la citada ONG recuerda también que el turismo sexual es otra de las formas de explotación sexual infantil en crecimiento y que 600 millones de personas, generalmente de países desarrollados, realizan viajes internacionales. De ellos, el 3 por ciento (3.552.000) reconoce tendencias pedófilas. Los principales países de procedencia de los turistas sexuales son Francia, España, Italia, Alemania y Bélgica.

La avalancha de estos datos y cifras alarmantes y su escasa repercusión en los tribunales (en el año 2000, según los Cuerpos de Seguridad del Estado, sólo se produjeron 28 denuncias por coacción a la prostitución, 103 por corrupción de menores o discapacitados y 56 por pornografía infantil) demuestran que se necesita un cambio». Por eso, desde Save The Children se apuesta por establecer un Centro de Evaluación y Tratamiento para víctimas y agresores en cada Comunidad Autónoma, por formar a los profesionales del ámbito judicial, dar prioridad a los juicios con niños y tomar declaración al menor como prueba preconstituida. El informe de Save The Children concluye señalando que aunque las estadísticas revelan datos alarmantes, es muy difícil cuantificar un mundo que trabaja en la sombra y del que se desconoce el grueso total de vidas que mueve, entre otras cosas porque un capítulo aparte merecen los niños desaparecidos, muchos bajo el poder de estas redes de explotación sexual. Así, y según indica la ONG, las estadísticas facilitadas por el Ministerio del Interior revelan que en el 2001 se produjeron 8.951 denuncias por desaparición de menores. Algo más de la mitad (4.852) eran varones (Hosteltur, 10 de junio de 2019)

Las condiciones en las que viven los menores inmigrantes no acompañados (menas) cuando son interceptados en territorio español están envueltas de graves alteraciones y “vulneraciones de sus derechos”, en buena medida por la flagrante “falta de recursos” disponibles, una realidad que desemboca en situaciones como salidas de niños de los centros donde están internados “de la mano de mafias de traficantes” y de chicas que han sido “víctimas de trata de blancas” sin siquiera haber sido identificadas. Esas son algunas de las contundentes conclusiones del informe Los derechos de los migrantes no acompañados en la frontera sur española que ayer público Unicef (Víctor Vargas Llamas. Informe del Fondo de la ONU para la Infancia. Mafias y prostitución acechan a los “menas” en centros oficiales (28 de febrero de 2019)

Una reflexión sobre el fenómeno de los llamados “menas”, sobre quienes son los encargados de tal tráfico y para qué. Se pueden apuntar hipótesis sobre las preferencias de los turistas, cada vez más exigentes por lo que respecta a la satisfacción de sus sueños eróticos relacionados con menores. A los europeos les sale más barato poder satisfacer sus exigencias en Barcelona que no en Bangkok y tal vez al filo de esta hipótesis podríamos entrever el tráfico humano de menores para dicho mercado, en lugar de atribuirlo a otros factores. Asimismo los menores de edad son piezas claves para el transporte y distribución de droga dado que no pueden estar sometidos a la jurisdicción penal de los adultos.

A este respecto debemos referenciar la ESCI (Explotación Sexual Comercial Infantil) y de la investigación relacionada con la tesis doctoral de Laura Alicia Aguilar González podemos extraer algunas de las hipótesis planteadas.

El turismo sexual es básicamente un asunto de hombres (las mujeres representan un 5 por ciento del mismo) que buscan mujeres jóvenes y en menor medida niños.

Estos pueden ser nacionales, extranjeros residentes o turistas, es decir, los explotadores sexuales se caracterizan por su heterogeneidad, en términos de edad, , procedencia, nacionalidad, clase social y orientación sexual… Como resultado, las principales víctimas son personas menores de ambos sexos.

Como plantean varias autoras, lo anterior es parte del contrato sexual patriarcal que establece derechos de los hombres sobre las mujeres, así como el acceso de éstos a los cuerpos feminizados, como es el cuerpo de los niños (tesis doctoral de Laura Alicia Aguilar González).

Turistas heterosexuales, homosexuales, transexuales o bisexuales no se diferencian en cuanto a sus apetencias de cuerpos cada vez más jóvenes, pero curiosamente la gran atención prestada por los medios de comunicación y ciertos progresismos solamente contemplan la llamada prostitución femenina adulta y alrededor de ella enfatizan su triste y distorsionador discurso.

En la relación hombre turista-mujer receptora se encuentran dos rasgos importantes: Primero, los sujetos involucrados en esta dinámica prefieren seguir sus roles en una presunta relación que se determina desde discursos previamente fabricados por las empresas dedicadas al turismo. Segundo, estas relaciones se enmarcan en usos asimétricos del poder, reproduciendo los roles de sus países, en las cuales los turistas son los dominadores.

En cuanto a la relación mujer turista-hombre receptor. No deja de llamar la atención que este fenómeno no haya sido aún estudiado a fondo.

En relación hombre turista-hombre receptor, cuyo exponente internacionalmente conocido es el llamado PRIDE precisa de una gran cantidad de prostitutos capaz de colmar los apetitos de esta vorágine internacional, sobre los cuales las investigaciones apuntan a que la gran mayoría de los hombres prostitutos insertos en este proceso buscan satisfacer necesidades creadas por la industria del consumo que en nada cambian su posición económica actual. Aún más importante es que muchos de los hombres receptores en esta relación de turismo sexual no se autodefinan como homosexuales, sino como heterosexuales que lo toman como un trabajo.

En el sistema político que estamos insertos, el mercado ofrece lo que se demanda y al mismo tiempo el capitalismo sabe como promover, aumentar y diversificar la demanda, para ello cuenta con el monopolio de los medios de comunicación.

Ciertas opiniones del progresismo postmodernista apuestan por la sindicación de los y las prostitutas, aceptando con ello el mantenimiento de tal situación, tan sólo mejorando sus “condiciones de trabajo” en lugar de eliminar estas condiciones de trabajo. Dichas opiniones son totalmente contradictorias con el discurso de “no queremos turistas” puesto que la gran oferta de prostitución, de todas las edades y para todos los bolsillos es uno de los atractivos turísticos.

Como señala Lidia Falcón en su artículo aparecido en Canarias Semanal de 13 de mayo de 2019: “… Nunca como hoy, Barcelona exhibe impunemente y con desafío a las mujeres medio desnudas en las esquinas, en las calles, en los parques. Nunca como ahora hay tal cantidad de puticlubs, casas de masaje y pisos a los que se incita a visitar a los turistas por unos chulos que operan como ganchos en plenas Ramblas. Nunca como hoy, y las que hemos invertido la vida en la lucha por la democracia y el feminismo lo sabemos, hubiéramos podido imaginar que se filmaran escenas de porno duro en las calles de la ciudad, para divertimento de mirones y turistas y negocio de esa otra infame actividad que induce a nuestros jóvenes a violar mujeres.”

“Si España sigue el ejemplo de Alemania, de Holanda, de Australia, veremos a las mujeres colgadas de cristaleras en las plazas más emblemáticas de nuestras ciudades, ofrecidas como reses de matadero a los prostituidores, para diversión de los turistas y ejemplo de nuestros jóvenes. Nuestras hijas podrán ser prostitutas, exhibidas en las ofertas de empleo, y nuestros hijos clientes de burdeles. ¿Ese es el país que queremos?”

Turismo e nmigración

España revalida su liderazgo como país más competitivo del mundo en turismo. España se mantiene por tercera vez consecutiva como el país más competitivo del mundo en términos turísticos, según concluye el “Informe sobre Competitividad en Viajes y Turismo 2019” que cada dos años publica el Foro Económico Mundial (World Economic Forum). Este país «ha desarrollado una economía focalizada en el turismo, en la que más de la mitad de los ingresos del sector proceden de visitantes internacionales”, señalan desde dicha organización (Hosteltur, 8 de septiembre 2019).

Una “competitividad” aparejada a unas determinadas condiciones de precariedad contractual, bajos salarios y jornadas interminables en el sector turístico. Podemos contemplar en el llamado mundo de la hostelería, detrás de cada barra de bar, dentro de cada cocina de un restaurante, trasegando bandejas entre las mesas de las infinitas terrazas, limpiando habitaciones de hoteles… a una inmensa mayoría de personas inmigrantes.

El 40 por ciento de los trabajadores de la hostelería en España son inmigrantes, porcentaje que en el caso de Madrid y Catalunya se eleva durante la temporada de verano por encima del 60 por ciento, según un informe de la consultora Randstad.

Del puesto de camarera de piso se precisa que el 100 por ciento es de origen extranjero -con un aumento de personal de los países del Este durante 2007- debido a que es el trabajo al que se opta como primera opción al llegar a España (Hosteltur).

La hostelería es uno de los sectores más importante de la economía del Estado español. No en vano representa alrededor del 8 por ciento del PIB, con cerca de 300 mil establecimientos repartidos a lo largo y ancho de la geografía española y ocupando a alrededor de 1,7 millones de trabajadores.

Dentro de la creciente importancia que el sector servicios ha ido conquistando desde mediados de los 80, producto de la política de desindustralización que comenzó el gobierno de Felipe González y que los siguientes ejecutivos no han hecho más que profundizar. De esta manera, se construyó una economía basada principalmente en el ladrillo, el turismo y el sector terciario.

Siendo uno de los sectores de mayor precariedad, la hostelería es donde se concentran muchos de los principales males del actual modelo laboral. La temporalidad, endémica en el sector, es uno de ellos, con alrededor de la mitad de los contratos de una duración menor a siete días. Estos empleos, a su vez, son en su mayoría (el 61,7 por ciento) de jornadas parciales. Por lo cual es uno de los sectores con salarios más bajos.

Muchos de los trabajadores realizan turnos de más de 40 horas a la semana, sin planificación horaria alguna “poniendo enteramente tu tiempo a disposición de la empresa con la amenaza de despido si no cumples”.

Los grandes aparatos sindicales, sobre todo CCOO y UGT, tienen una responsabilidad central en este proceso. Las burocracias de los “mayoritarios” han sido culpables de dejar pasar sin apenas resistencia todas y cada una de las contrarreformas laborales que impulsaron los gobiernos del PP y el PSOE en los últimos años y que fueron la base del proceso de precarización y reestructuración que sufrió la clase obrera (2).

Hoy aquí

Sin lugar a dudas podemos situar Catalunya dentro de las zonas económicamente ricas del planeta, tanto por su producto interior bruto como por los niveles medios de salarios, a pesar de que alrededor de un 20 por ciento de la población está dentro de lo que las estadísticas de la Unión Europea denomina índice de pobreza. Una Catalunya de ricos y pobres y de ricos entre los ricos y pobres entre los pobres, pero los ricos y los pobres, es decir el segmento de entre el 30 por ciento y el 80 por ciento de la población disponen de segunda residencia, más o menos valorizada pero que arroja unas cifras durante el año 2018 de desplazamiento de 4.325.000 personas solo cuantificando durante los fines de semana hacia lugares con residencia propia.

El total de personas que se desplazaron con fines de ocio, tiempo libre y vacaciones durante 2018 fue de 21.030.000, y de ellos 3.457.000 fueron al extranjero durante los cuales el gasto declarado fue de 3.958 millones de euros.

Aunque no está especificado en las estadísticas de la Generalitat los desplazamientos turísticos por países, si que a través de diversas informaciones de organizaciones turísticas se aprecia el desplazamiento turístico de los catalanes hacia países en los cuales son muy elevadas las cifras de emigración (África) o a países con situaciones de gran violencia como Colombia (que además es el país con más desplazados internos por causa de la expulsión de la tierra: 9 millones). Un incremento de los viajes turísticos a lugares exóticos como Tailandia o el incremento de del turismo hacia Laponia durante fin de año. Mención aparte el gran incremento del turismo de cruceros.

Si estuviéramos interesados realmente por el deseo de conocer a los demás, podríamos hacerlo fácilmente sin salir de nuestras fronteras, de nuestras ciudades, de nuestros pueblos o de nuestros barrios.

La producción industrial y manufactura, la agricultura (parte de ella altamente intensiva y contaminante) que precisa importante cantidad de mano de obra se ha trasladado a países de la periferia, hacia África, Asia o América Latina; dejando semidesérticas inmensas áreas que a mitad del siglo XX formaban parte del tejido industrial de Catalunya. Dichas áreas, se agarran como a una tabla salvavidas a la industria turística intentando exhibir sus “cualidades” gastronómicas o panorámicas básicamente para el turismo interno proveniente del área metropolitana de Barcelona.

Interminables colas de vehículos cada fin de semana colapsando los diferentes ejes radiales en una desaforada carrera a la búsqueda de un restaurante “de pagés”, de un prado verde o de una “feria medieval” donde consumir cualquier cosa elaborada “artesanalmente”. Poca diferencia entre lo que la Unión Europea ha decidido para España, que sea su lugar de esparcimiento, y lo que el capitalismo catalán enclavado en el área metropolitana de Barcelona ha decidido para las tierras más allá de la frontera o muro invisible del Eix Transversal, lleno de segundas residencias de más o menos lujo, pero que según Idescat los desplazamientos de catalanes hacia viviendas propias (2ª residencia) representó en 2018, 6,34 millones de viajes con un gasto total de 719 millones de euros.

Se establece una competencia entre municipios para ver quien decora el escaparate más atractivo en un mercado que es la consecuencia de la autodestrucción de los saberes y haberes, cuyo resultado es la dependencia total sobre artículos necesarios para la vida diaria cuya elaboración se realiza a miles de kilómetros de distancia: En la región de Guandong, en China o en cualquiera de los latifundios de las multinacionales alimentarias en América Latina o África.

Una de las consecuencias de este afán turístico es la desestructuración social colectiva cuyo momento de relación es precisamente durante los días que no se está atado por el engranaje del mercado de trabajo.

Cuando realizamos el ejercicio político de denunciar críticamente las consecuencias de la masificación turística desde nuestro país -rico-, deberíamos tener una actitud crítica hacia nuestros tres millones y medio de ciudadanos que anualmente se desplazan hacia otros países no por motivos de trabajo, estudio o negocio sino por ocio. Y también una actitud crítica hacia los modernísimos apelativos neo-progresistas que blanquean la colonización por parte de nuestra cultura prominente con nombres tan rimbombantes como “turismo solidario”, “turismo alternativo”, “turismo ecológico” o cualquiera otra denominación por el estilo puesto que las compañías aéreas o tour-operadores les importa un pimiento el calificativo, para ellos tan solo son clientes necesarios para mantener la rueda del consumo.

En Barcelona, millones de turistas vienen a verificar si la realidad se asemeja a la visión virtual de la Sagrada Familia, del mercado de la Boqueria, del barri Gótic, de la tolerancia por lo que respecta al consumo de alcohol, drogas de todo tipo y de la simbiosis entre el museo Picasso o el CCCB y la parte baja de las Ramblas con su oferta de prostitución, incluyendo la infantil.

Las reiteradas denuncias sobre el impacto inmobiliario con la consiguiente expulsión de personas que habitan en las zonas de mayor densidad turística comporta un desplazamiento interno hacia la periferia de la ciudad y unos incrementos desorbitados en el precio de los alquileres.

Según Marc Augé, “el turismo se ha convertido en una segunda colonización, siendo una de las formas más espectaculares de la ideología del “presente” en la cual el mercado y el consumo son la base de un decrépito crecimiento en los países ricos del planeta, convirtiendo las ‘cosas’ en espectáculo para el consumo masivo”.

Y Europa sigue siendo la región de turismo emisor más importante del mundo, fuente de casi la mitad de las llegadas internacionales a nivel mundial (Informe de la OMT 2018).

Hoteles y apartamentos para todos los gustos y solvencias, pisos turísticos para los de menos solvencia económica pero al mismo tiempo causantes de la ola de desplazamientos de los habitantes históricos de pocos recursos de ciertos barrios o ciudades hacia barrios periféricos o poblaciones alejadas de los centros turísticos.

Más de 19 millones de turistas durante 2018 de los cuales cerca de 15 millones provenientes de Europa que dejaron más de 20.000 millones de euros, equivalente a un 9 por ciento del PIB en Catalunya y globalmente en España una afluencia de 83 millones con unos ingresos totales de 178.000 millones, un 14 por ciento del PIB, (en 2016, un 11,1 por ciento. Ver gráfico) siendo el país de la OCDE con mayor porcentaje del PIB debido al turismo.

Podríamos decir que el turismo es la locomotora de la riqueza en España y Catalunya, pero la pregunta es. ¿Este debe ser nuestro futuro?

Ante las reiteradas críticas a la masificación turística y la reivindicación de limitar la misma, debemos tener en cuenta una serie de factores, el primero de ellos es que un descenso del 50 por ciento del turismo acarrea un descenso del 6 por ciento del PIB. El turismo ha sido la respuesta encontrada por parte del capitalismo español y catalán ante el desmantelamiento de los sectores productivos industriales o agrarios, el descenso del PIB en estos sectores ha sido compensado por el sector servicios, y dentro de éste, el turismo. Aunque la apuesta viene de más lejos, de los años 70 del siglo XX cuando regresaron cientos de miles de emigrantes que a partir del Plan de Estabilización de 1959 fueron básicamente a Alemania, Bélgica y Francia. El descenso de la entrada de divisas procedente de las remesas de los emigrantes fue compensada por una apuesta por el turismo.

Para iniciar un proceso de reversión de la demanda turística cada vez más degradada es preciso un incremento de las tasas turísticas, la prohibición de los pisos turísticos a pesar de los dictámenes de la Unión Europea sobre la cínica “economía colaborativa”, inversiones en alojamientos turísticos de titularidad pública, control exhaustivo de los tour operadores y de sus campañas publicitarias cuando éstas sean favorecedoras de la degradación social, y junto a todo ello una campaña pedagógica pública sobre comportamiento social, en la cual las asociaciones vecinales deben tener un papel protagonista en cuanto al control de los desmanes turísticos y dotarlas de autoridad suficiente para reclamar la intervención de las fuerzas represivas si son demandadas para ello.

En el siguiente gráfico podemos apreciar las diferencias entre los precios medios en la Unión Europea y España relativos a diferentes segmentos de consumo. Las mayores diferencias se dan en el sector de vestimenta y el del alcohol y tabaco y ninguna en relación a lo que denominan ocio y cultura lo cual es engañoso puesto que los precios de lo que algunos llaman eufemísticamente “ocio” es decir los puticlubs y espacios similares son más baratos y con más tolerancia que en el resto de la UE. A modo de ejemplo Catalunya tiene el “honor” de poseer el Paradise, en la Junquera, el puticlub más grande de Europa.

Durante 2020, la apuesta pandémica ha supuesto un handicap para el negocio turístico, lo que ha llevado a la absorción o liquidación de ciertas empresas dedicadas a este menester, una concentración en pocas manos de los tour operadores, una precariedad todavía mayor de las personas que trabajan en este sector, pero la apuesta del capitalismo autóctono sobre el turismo permanece inmutable. Incluso no es de extrañar que se organicen visitas a los pueblos, cementerios o geriátricos donde han habido más fallecidos, pués la voracidad del capital no tiene límites.

Que quiera venir gente a visitarnos, bien, pero que nuestra economía no esté basada en estos parámetros, (sol, «cultureta», drogas y prostitución) por lo cual es preciso un proceso de reindustrialización paralelo a la limitación turística aunque es algo difícil mientras España se mantenga dentro de la Unión Europea ya que toda la legislación tanto en materia normativa como económica está subordinada a las directrices de Bruselas, y la burguesía catalana, por más independentista que se autoproclame, también apuesta por este modelo.

Mientras en Catalunya no se articule una fuerza política con una perspectiva claramente socialista, que mantenga como eje central de su actividad la lucha de clases, que huya del discurso “moderno” de conceptos sin sentido y apueste decididamente por la reconstrucción nacional en materia económica y cultural como clave de una futura soberanía no habrá solución a los desmanes turísticos.

Y, paralelamente, una apuesta decidida para la abolición de la prostitución masculina y femenina, el cierre de prostíbulos, la ilegalización de las Asociaciones de Locales de Alterne, el endurecimiento penal del proxenitismo y la represión contra los demandantes de servicios sexuales, al mismo tiempo que el establecimiento de redes de reinserción de prostitutos y prostitutas controlados por los poderes públicos y alejados de las manos de asociaciones o fundaciones que se lucran con tales servicios. Que los millones de euros que actualmente salen de las arcas públicas para engrosar el nepotismo dominante de las supuestas organizaciones sociales, se utilicen para financiar espacios productivos (agrícolas o industriales) que sirvan de base para la reinserción y al mismo tiempo para establecer, aunque sea modestamente, circuitos de producción propia que limiten según que importaciones.

El turismo como consumo, es una exigencia del sistema productivo del capitalismo, totalmente alejado de una concepción proletaria en la cual, el ocio y con él el turismo, fundamentalmente interno, debería ser un elemento de reposo colectivo, de tranquilidad y de relación entre las personas. Para ello habría que disponer de una red de establecimientos de carácter público, tanto en el mar como en la montaña, en los cuales poderse dar cita las familias obreras.

(1) Turismo, capitalismo y producción de lo exótico: una perspectiva crítica para el estudio de la mercantilización del espacio y la cultura. Ángeles A. López Santillán y Gustavo Marín Guardado
(2) Izquierda Diario, diciembre 2017

Referencias:

Marc Augè. El tiempo en ruinas
Marc Augè. Los no lugares
Laura Alicia Aguilar. La explotación sexual comercial infantil. Tesis Doctoral. Universidad de Oviedo.
Luc Boltanski & Eve Chiapello. El nuevo espíritu del capitalismo
Gordon Bertram. El turismo de masas: concepto problemático en la historia del siglo XX
Eric Cohen. Principales tendencias en el turismo contemporáneo
Gabriela Coronado. Insurgencia y turismo: reflexiones sobre el impacto del turista politizado en Chiapas
Jordi Gascón. El turismo en la cooperación internacional
Víctor Gómez Pin. Reducción y combate del animal humano
Catherine Héau Lambert. Cuando la arqueología llega al rescate del turismo
Ángeles López Santillán & Gustavo Marín Guardado. Turismo, capitalismo y producción de lo exótico
Dean MacCanell. El turista, una nueva teoría de la clase ociosa
Gustau Nerín. Blanco bueno busca negro pobre
Pierre Nora. Los lugares de la memoria
José Maria Prat Forga. Las motivaciones de los turistas LGBT en la elección de Barcelona
José Maria Prat Forga. El turismo industrial como elemento de revalorización del territorio
John Urri. La globalización en la mirada del turista
Thorstein Veblen. Teoría de la clase ociosa
Familitur. Encuesta de movimientos turísticos de los españoles
Crónica. La “agencia de viajes” de los menores errantes
Sputnik. España: nueva meta del turismo sexual europeo
Organización Mundial del Turismo. Informe 2018
Unicef. Informe infancia 2018
Hsteltur
Idescat
http://www.les7duquebec.com/7-au-front/du-tourisme-exotique-au-tourisme-lubrique/

Artículo escrito originalmente en catalán en 2019. Traducido ahora al castellano y actualizado por el autor.

Suicidio programado: el ‘ave fénix’ de la nueva normalidad

En el periódico ABC de 1 de febrero de 1967, una pequeña nota en el capítulo de sucesos de la página 58 con el subtítulo de “suicidio de un joven” comentaba que Rafael Guijarro Moreno había muerto al lanzarse por una ventana de su casa cuando la policía había irrumpido en ella para un registro al ser sospechoso de actividades “marxistas” (1).

Un año después, Luis Serrahima, compuso un poema relacionado con esta noticia:

De matinada han trucat,
són al replà de l’escala;
a mare quan surt a obrir
porta la bata posada.

Què volen aquesta gent
que truquen de matinada?
“El seu fill, que no és aquí?”
“N’és adormit a la cambra.
Què li volen al meu fill?”

El fill mig es desvetllava.
La mare ben poc en sap,
de totes les esperances
del seu fill estudiant,
que ben compromès n’estava.

Dies fa que parla poc
i cada nit s’agitava.
Li venia un tremolor
tement un truc a trenc d’alba.

Encara no ben despert
ja sent viva la trucada,
i es llença pel finestral,
a l’asfalt d’una volada.
Els que truquen resten muts,
menys un d’ells, potser el que mana,
que s’inclina pel finestral.

Darrere xiscla la mare.
De matinada han trucat,
la llei una hora assenyala.
Ara l’estudiant és mort,
n’és mort d’un truc a trenc d’alba.

Poema al cual María del Mar Bonet puso música y se convirtió en una de las muchas canciones de la resistencia antifranquista. Elisa Serna realizó una traducción al castellano, con el nombre de “¿Esta gente que querrá?” que por cierto, no es muy fiel al original.

El 20 de enero de 1969, Enrique Ruano, en las mismas condiciones de registro domiciliario, acusado de pertenecer al Frente de Liberación Popular, moría también al suicidarse lanzándose por una ventana a la calle.

En ambos casos, la duda siempre está presente de si realmente se suicidaron o los suicidaron. Los policías implicados fueron procesados, y como es natural, absueltos. En 1994 el Tribunal Supremo reabrió el caso y, también como es normal en estos casos, confirmó en 1997 la absolución de los policías implicados.

Antes de la entrada en vigor de la Ley de la eutanasia (Ley Orgánica 3/2021, de regulación de la eutanasia, que entrará en vigor el 25 de junio de 2021) ya se había puesto en vigor con muchos años de antelación, aunque las víctimas durante el franquismo eran los miembros de las organizaciones revolucionarias considerados como peligrosos. El cambio de la dictadura a la democracia ha llevado aparejado también un cambio “democrático” respecto a las personas suicidadas, ahora, con la casi desaparición de dichas organizaciones, los peligrosos son los pobres de solemnidad, sin importar su pertenencia política.

Hace ya años (desde la famosa “crisis” de 2008) que el número de suicidios por causa de desahucio ha ido creciendo. “Cada cinco horas se produce un suicidio en España a causa de la crisis económica que asola a cientos de miles de familias”, afirma la Plataforma de Afectados por la Hipoteca en un informe basado en datos oficiales de la policía.

Según el informe de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) se producen unos 34 suicidios cada semana en el país. La PAH imputa al denominado terrorismo financiero más de 13.300 suicidios desde 2008 hasta 2015 (2).

Un equipo dirigido por James López Bernal analizó las medias mensuales de suicidios comprendidos entre 2005 y 2010 y estableció que la tasa de suicidios había aumentado un 8% como consecuencia del impacto en España del crash financiero global de 2008 (3). 15Mpedia recoge 31 suicidios relacionados con desahucios aparecidos en la prensa (4).

La Ley de Arrendamientos Urbanos de 2013 permitió que los propietarios pudiesen iniciar el proceso de desalojo con tan solo un mes de impago y que actualizasen libremente las rentas. Por otra parte, la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Civil no obliga al tribunal a tener en cuenta la situación de los habitantes, ni a valorar la desigualdad material entre el arrendador y el inquilino (5).

¿Se trata de promover una eutanasia selectiva de los que padecen la enfermedad de la pobreza? ¿Quién es el responsable o causante o colaborador necesario de los suicidios clasistas?

¿Son los bien pagados diputados y senadores que aprueban las leyes? ¿Es la persona o corporación que inicia el procedimiento de desahucio? ¿Es el magistrado que permite el mismo? ¿Es la comisión judicial? ¿Es la policía que los acompaña? ¿Son los que elaboran los informes de Servicios Sociales? Bueno, al parecer nadie quiere ser responsable cuando se produce un suicidio por causa de desahucio, o mejor dicho suicidio “inducido” a causa del desahucio. Todos se amparan bajo el manto de una palabra mágica: “La Ley”.

El delito de la inducción y auxilio al suicidio se tipifica en el artículo 143 del Código Penal, en vigor hasta el día 26 de junio de 2021:

“1. El que induzca al suicidio de otro será castigado con la pena de prisión de cuatro a ocho años.
“2. Se impondrá la pena de prisión de dos a cinco años al que coopere con actos necesarios al suicidio de una persona.
“3. Será castigado con la pena de prisión de seis a diez años si la cooperación llegara hasta el punto de ejecutar la muerte.
“4. El que causare o cooperare activamente con actos necesarios y directos a la muerte de otro, por la petición expresa, seria e inequívoca de éste, en el caso de que la víctima sufriera una enfermedad grave que conduciría necesariamente a su muerte, o que produjera graves padecimientos permanentes y difíciles de soportar, será castigado con la pena inferior en uno o dos grados a las señaladas en los números 2 y 3 de este artículo”
.

La pregunta, ante los desahusuicidios, es encontrar la respuesta sobre quien son los “cooperantes con actos necesarios al suicidio”. En el último suicidio conocido, en el barrio de Sants de Barcelona este mes de junio, al parecer el informe de vulnerabilidad de los Servicios Sociales no fue considerado por el Magistrado que ordenó el desahucio.

El artículo 446 del Código penal dice: “El juez o magistrado que, a sabiendas, dictare sentencia o resolución injusta será castigado: 3.º Con la pena de multa de doce a veinticuatro meses e inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de diez a veinte años, cuando dictara cualquier otra sentencia o resolución injustas”.

El artículo 447: “El Juez o Magistrado que por imprudencia grave o ignorancia inexcusable dictara sentencia o resolución manifiestamente injusta incurrirá en la pena de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de dos a seis años.

¿Será este suicidio ocasionado por vulneración de los citados artículos? ¿Se abrirá una investigación al respecto? Estas preguntas son infantiles, puesto que en estos casos los mismos que vulneras las leyes son los que las investigan, pero a pesar de todo es posible que ni tan solo se produzca un lavado de cara ante la ignominia.

Las leyes favorecerán a los inductores o cooperadores necesarios de los desahusuicidios, ya sean éstos entidades bancarias, fondos de inversión, pisotenientes, magistrados, policías o mercenarios de empresas desahuciadoras. Algunos políticos se rasgarán las vestiduras durante un día o dos, incluso en un acto de fariseísmo tal vez algún Ayuntamiento ponga una bandera a media asta. Pero mientras no exista una potente organización clasista que ponga en jaque a esta tropa de delincuentes habituales, la eutanasia selectiva será el Ave Fénix de la nueva normalidad.

(1) https://www.abc.es/archivo/periodicos/abc-madrid-19670201-58.html
(2) https://www.aquimicasa.net/blog/vivienda/compraventa-de-viviendas/las-cifras-ocultas-de-los-suicidios-por-desahucio/
(3) https://www.elsaltodiario.com/vivienda/relacion-suicidios-desahucios
(4) https://15mpedia.org/wiki/Lista_de_suicidios_relacionados_con_desahucios_en_Espa%C3%B1a
(5) https://news.upday.com/es/los-suicidios-por-desahucios-una-realidad-invisible/

La violencia en el seno del proletariado

La violencia en el seno del proletariado, con su secuela de muertes, violaciones y agresiones las cuales ocupan grandes titulares de prensa, olvida tratar la violencia de clase para enfrentarse al capitalismo, y nos sitúa en el análisis de ángulo estrecho respecto de la “violencia”, como concepto unidimensional e intrínsecamente maligno.

La desigual guerra de la lucha de clases, en la que el proletariado está perdiendo batalla tras batalla, comporta una enfermedad social que se agrava día a día. Esta enfermedad social lleva aparejada unos sentimientos de impotencia y una esquizofrenia galopante. Por un lado se está inmerso en una sociedad de la abundancia, pero ésta es solamente para los que disponen de una demanda solvente y por otro lado la falta de recursos comporta una desvalorización de los roles tradicionales.

Al mismo tiempo los benjamines de las clases medias y acomodadas con sus necesidades económicas resueltas a través de las transferencias de sus progenitores y un futuro que si bien no es halagüeño, si que les da un cierto margen de seguridad los ahorros familiares y así se envalentonan y se otorgan el derecho de pernada ejercido contra mujeres, y en este aspecto no se salvan los que se otorgan el calificativo de “progresistas”, “izquierdistas”, “anti-sistemas” o cualquier otra denominación aparentemente transformadora de la sociedad.

La propiedad de bienes materiales queda para un segmento poblacional del proletariado situado en lo que llamaríamos las nuevas clases medias (funcionariado, trabajadores sindicados fijos de grandes empresas, profesionales, hijos, hijas de la pequeña burguesía que viven de transferencias inter-generacionales, etc.). Para el resto la imposibilidad de acceder a algún tipo de propiedad ya sea vivienda, medios de transporte, ocupación fija y salario digno, etc. Todo ello hace que esta parte del proletariado se agarre desesperadamente a los últimos recursos “privados” a los cuales poder ejercer su poder-propiedad: los miembros de la familia nuclear patriarcal.

Este ejercicio de poder lo sufren en primer lugar las criaturas como símbolos primarios de propiedad, a su lado las mujeres que, transmiten el maltrato recibido hacia los más débiles: sus hijos e hijas pequeños. Y colateralmente, los hijos e hijas ya adultos que se hallan en dicha situación de impotencia descargan sus desafueros hacia los padres y madres ancianos.

En la medida que los núcleos familiares son reducidos a dos personas, introvertidas socialmente, alejadas de los amortiguadores emocionales, sociales y económicos que podría representar una estructura inter-generacional, el estallido de violencia se hace inevitable cuando en el horizonte no cabe otra visión que la de la sociedad capitalista en la cual la valorización de las personas se realiza no por lo que son sino por lo que tienen. Y de este modo una parte del proletariado depauperado se agarra como clavo ardiente a lo que considera “su propiedad” y que mediante el ejercicio de autoridad-poder sobre ella intenta contrarrestar su “no poder” en el seno de la sociedad.

Este es el germen de la llamada violencia machista que, a tenor de las informaciones sobre las diferentes agresiones, se establece mayormente en el seno del proletariado.

Las agresiones por la lacra de los “celos” que atañen a diversos estratos sociales, no son otra cosa que las derivadas del sentido de “pertenencia” de las personas a las cuales se agrede. Es el sentido de la propiedad privada sobre cosas y personas.

Este germen fundamental, interactúa dialécticamente con el modo cultural que implementa el capitalismo, tanto en el fomento y reiteración de tradiciones, que se podría decir que regeneran no solo los modelos capitalistas sino incluso los pre-capitalistas, como el contenido de fondo de buena parte del modelo educativo entendido en su conjunto de etapa pedagógica de las personas, martilleando dicho conjunto de “valores” a través del ocio cinematográfico, los video-juegos, la publicidad tradicional, las apuestas y ludopatías que afectan al proletariado y cuyos efectos —las deudas— se trasladan al espacio doméstico. Sin olvidar las religiones, que persisten por los siglos de los siglos, en el patriarcado como un factor esencial de su “derecho natural”.

En ausencia de lucha de clases protagonizada por el proletariado, que no por el capital, se deriva el sentimiento de impotencia y aislamiento que se traslada en forma violenta hacia los más débiles.

Cuando analizamos los casos de violencia hacia las personas, ya sean mujeres, hombres, criaturas o ancianos, vemos que mayormente se producen en los hogares donde las condiciones están por debajo de lo que podríamos denominar ingresos medios. El proletario, hombre, “macho” inmerso actualmente en un contexto de sumisión al patrono, incapaz de enfrentarse a las injusticias de la explotación capitalista, lejos incluso de exigir las mínimas condiciones de la venta de su fuerza de trabajo, acobardado para denunciar abusos de todo tipo, impotente, descarga su ira acumulada hacia los demás miembros de su núcleo parental, básicamente mujer y criaturas. Y no será a través de un discurso genérico sobre la violencia que se atenuarán y desaparecerán las violencias, será a través de la reorganización del proletariado sindical y políticamente que la ira y la violencia se dirigirá hacia los verdaderos responsables del deterioro ético y material de la sociedad: los y las explotadores que viven del sudor de la mayoría. Cualquier discurso que enturbie la lucha de clases y la intente desviar hacia una lucha de sexos hace un flaco favor a la resolución del problema de la violencia hacia mujeres, criaturas y ancianos.

Dentro de la burguesía, se reproducen igualmente las violencias, pero quedan escondidas, tanto por los medios de comunicación como por parte de las víctimas, de las cuales se “compra” su silencio y solamente se hace público cuando el precio de la compra de dicho silencio no satisface las expectativas de las personas agredidas. Ejemplos suficientes han aparecido en la prensa sensacionalista sobre denuncias de violaciones a mujeres y menores de ambos sexos por parte de renombradas figuras del deporte, la política, la nobleza, las finanzas… Denuncias que han llegado a los tribunales debido a que han fracasado las negociaciones sobre indemnizaciones millonarias solicitadas por las víctimas, las cuales, algunas de ellas se lucran mediante las generosas retribuciones que perciben de las cadenas televisivas para que expresen con el máximo de morbo las vejaciones sufridas. Podemos afirmar sin lugar a dudas que la inmensa mayoría de agresiones sexuales se realizan por parte de la burguesía tanto en lo referente a las violaciones de mujeres como las de menores, tanto varones como hembras, y que la mayoría de las veces quedan en perpetuo silencio al igual que las realizadas por los miembros de las diferentes órdenes religiosas, que cuando se hacen públicos solamente representan la parte superficial del iceberg, quedando en el silencio la mayoría. Poderoso caballero es don dinero.

Muchos jóvenes, alejados de cualquier experiencia inter-generacional, subordinados primero a los sistemas de enseñanza competitivos, después a los medios de comunicación audiovisuales en los cuales impera asimismo la competencia y la violencia desde los llamados “deportivos” hasta los juegos por internet incluyendo además de los aspectos violentos de carácter guerrero los correspondientes al denominado porno en el cual el papel de la mujer es reducido a objeto. Posteriormente la adicción al alcohol y las drogas como medios de evasión.

Todo ello, una mezcolanza de perspectivas frustradas, de falta de educación sentimental, de agresividad personal, de impotencia… muchos hombres se convierten en “manada”, cual animales, para agredir individual o colectivamente a mujeres consideradas por ellos como objetos de deseo y disfrute.

Causa amargura leer eslóganes “progres” como el tuit publicado por Irene Montero en la cuenta oficial del Ministerio de Igualdad que difundió un grito aparentemente feminista «Sola y borracha, quiero llegar a casa”, repetido por mujeres en algunas manifestaciones. Dichos llamamientos no son de extrañar, son la expresión de unos residuos de la pequeña burguesía ilustrada en la cual su subconsciente no alberga otra cosa que el individualismo y la alienación característicos de una semi-clase híbrida que teme al proletariado y es rechazada por la burguesía. Eslóganes parecidos son la antítesis de lo que debería ser un comportamiento social no alienado ni alienante que no tuviera necesidad de emborracharse para poder disfrutar los momentos de asueto. “Soledad y borrachera” indican la concepción reaccionaria individualista del nuevo espíritu del capitalismo como afirma Éve Chiapello (*). Ensalzar lo individual por encima de lo colectivo, alabar la alienación por el alcohol por encima de una mente clara no es un grito de libertad, es un llamamiento a la sumisión, a la dependencia y a la violencia sin sentido, pues es de imaginar la “llegada a casa” de una persona borracha, sea hombre o mujer, y las repercusiones que ello tiene hacia el resto de las personas que cohabitan con los/las beodos: madres, padres, hermanas, hermanos, amigas, amigos… El proletariado debe caminar serena y colectivamente para ejercer la violencia, serena también, contra la clase dominante.

Toda una pléyade de psicólogos, psicoanalistas, educadores sociales, policías especializados, abogados especializados, mediadores, políticos de varios colores y un largo etcétera dicen disponer de las soluciones para evitar tales desmanes y todos ellos disponen de suculentas subvenciones y de grandes titulares en los distintos medios de comunicación siempre y cuando olviden totalmente el carácter de clase de la violencia y escondan las graves contradicciones en el seno de la sociedad. Solamente quedan “autorizadas” aquellas voces que se centran en la dicotomía hombre-mujer. Cierta repugnancia debería sentirse al escuchar voces femeninas que apelando una teórica defensa del “género” al mismo tiempo ejercitan una extrema violencia de clase hacia hombres y mujeres pertenecientes tanto del proletariado autóctono como del conjunto de las sociedades periféricas.

La propuesta de un Pacto Inter-generacional Proletario, no resolvería “per se” estos problemas, pero sí que puede ser el marco idóneo en el cual poder disolver este sentimiento de apropiación, si paralelamente a la familia amplia —natural o asimilada—, se adquiere conciencia de la necesidad de la incorporación a la lucha de clases y con ella la derivación de muchas violencias hacia el verdadero responsable: el capitalismo.

(*) Luc Boltanski y Ève Chiapello, El nuevo espíritu del capitalismo, 1999

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