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Autor: Redacción (página 1159 de 1358)

Estados Unidos pierde la hegemonía en la fabricación de alta tecnología

El Pentágono ha contratado la fabricación de los microprocesadores electrónicos que llevan los satélites espías, los misiles y los aviones de combate a una empresa pública radicada en Abu Dhabi.

En 2004 el Departamento de Defensa firmó un contrato de 10 años con IBM para fabricar los componentes electrónicos para las fuerzas armadas y la Agencia de Seguridad Nacional.

Las fábricas que elaboraban los semiconductores especializados se calificaban “Trusted Foundries” porque los militares los podían utilizar con plena confianza en todos los equipos militares y de seguridad.

Pero en julio del año pasado IBM vendió su división de semiconductores a Global Foundries, una empresa del emirato de Abu Dhabi.

El nuevo contrato de 7 años firmado con Global Foundries, que vence en 2023, pone fin a meses de incertidumbre sobre el suministro de microprocesadores al ejército de Estados Unidos, concluyendo así una primera etapa dedicada a proteger los sistemas de defensa, que se han mostrado muy sensibles a ciberataques y otras manipulaciones informáticas.

Durante este tiempo el Pentágono ha buscado nuevos suministradores y va a extender las precauciones necesarias para impedir que los componentes electrónicos sean trucados o caigan en manos poco fiables.

Global Foundries forma parte de cuatro empresas identificadas en el mundo como fabricantes de semiconductores avanzados para el Pentágono. A ella se suman TSMC de Taiwan, Samsung de Corea del sur e Intel, que no fabrica microprocesadores específicos para la seguridad y la defensa.

El organismo de supervisión del Congreso ha expresado su inquietud por la dependencia del Pentágono de una única fuente de suministro de semiconductores, una industria que se desplaza progresivamente hacia las fábricas asiáticas, que producen centenares de millones de componentes para los aparatos electrodomésticos de gran consumo en todo el mundo.

China ha anunciado una inversión gigantesca de 200.000 millones de dólares en tecnología de semiconductores, una plan para convertirse en autosuficiente en un sector que es estratégico para la guerra comercial.

En lugar de desarrollar su propia industria de semiconductores, muy dependiente de las importaciones de otros países, China ha decidido crear su propia industria empezando por comprar empresas microelectrónicas por todo el mundo, incluido Estados Unidos, para llevar la técnica a su propio país.

El Pentágono ha perdido influencia en una industria puntera que lleva financiando desde 1960. Las fuerzas armadas dependen de microprocesadores especializados que, a diferencia de los de consumo doméstico, se fabrican en muy pequeñas cantidades.

La nueva generación de aviones de combate F-35 tiene centenares de microprocesadores, cuyo número exacto se desconoce, que nada tienen que ver con los centenares de millones que integran los ordenadores, las lavadoras o los móviles.

Las multinacionales que los fabrican están volcando su interés por la producción civil en masa, un mercado en el que la competencia obliga a una renovación casi mensual, mientras que los componentes militares tienen un plazo de actualización mucho mayor y se fabrican en cantidades micho menores.

Esta situación ha conducido a que el Pentágono no pueda contar sólo con una única empresa estadounidense que trabaje en componentes militares, sino que extienda sus proveedores al terreno por todo el mundo.

El director de Darpa, la sección tecnológica del Pentágono, William Chappell hace de la necesidad virtud y asegura que al abrirse a las empresas civiles, las fuerzas armadas modernizarán su tecnología.

Pero no pueden estar seguros de que los nuevos componentes sean fiables. No es la primera vez que el Pentágono descubre “puertas traseras” en los microprocesadores que compra a terceros países, como China.

A pasos agigantados, Estados Unidos se está convirtiendo en un país dependiente en materia de tecnología y Darpa trabaja en un sistema de “marcado” de los procesadores que compra para comprobar su fiabilidad y seguridad.

Las técnicas de “marcaje” de Darpa han suscitado el interés de empresas civiles, como las financieras, para impedir el espionaje de la competencia y los ciberataques, dentro de una escalada de la paranoia de seguridad que es típica de Estados Unidos.

Pero para los estadounidenses lo único seguro es lo que fabrican ellos mismos, por lo que en el paraíso del neoliberalismo los fabricantes de microprocesadores se han agrupado para exigir al gobierno ayudas públicas que les permitan continuar con la producción  de alta tecnología en condiciones competitivas con otros países.

En todo el mundo la seguridad es un mercado cada vez más grande, el típico negocio de vendedores de humo del que se han apoderado los militares.

Las conexiones de los periodistas con la policía para orquestar montajes políticos

En su declaración ante el Juzgado de Instrucción 2 de Madrid, el comisario José Manuel Villarejo Pérez, del que ya hemos hablado aquí en varias ocasiones, reconoció su estrecha relación con los periodistas Eduardo Inda y Esteban Urreiztieta para orquestar una campaña intoxicadora, entre otros, contra los independentistas catalanes a finales de 2014.

El juzgado investiga la revelación de secretos por parte de la cúpula policial en sus peleas barriobajeras contra otros aparatos del Estado. En ellas el comisario colaboraba con Francisco Nicolás Gómez Iglesias, alias El Pequeño Nicolás, un conocido estafador y agente del CNI que trabajaba para el PP.

La causa ha vuelto a poner de manifiesto, como ya explicamos aquí, la existencia de una unidad secreta de inteligencia de la que es miembro el comisario Villarejo y que organizaba directamente el recién jubilado jefe de la Dirección Adjunta Operativa de la Policía, Eugenio Pino. Junto a ellos, siempre se alude a los mismos nombres, entre ellos el inspector jefe José Ángel Fuentes Gago, organizador de las reuniones entre el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, y el director de la Oficina Antifraude catalana, Danial de Alfonso.

Villarejo reconoció ante el juez que Inda y Urrieztieta le “han sido de ayuda en algunos trabajos”. Entre octubre de 2014 y enero de 2015, estos periodistas publicaron varias informaciones falsas contra medios independentistas catalanes e inventaron la supuesta cuenta del entonces alcalde de Barcelona, Xavier Trias. También fabricaron un montaje policiaco-periodístico contra Podemos que se denominó PISA (Pablo Iglesias Sociedad Anónima).

Entre los policías involucrados en la unidad secreta de inteligencia dedicada a fabricar informes falsos contra rivales políticos del PP, se cruzaron más de 200 llamadas telefónicas con Inda y Urreiztieta, precisamente a partir de cuatro días después de la última de las conversaciones entre el ministro del Interior y el jefe de la Oficina Antifraude catalana.

La relación entre Villarejo y estos periodistas, a los que ha llegado a proponer como testigos en otros procedimientos, data de 1994, cuando las informaciones sobre la operación Malaya le unieron a Inda y después a Urreiztieta, por ser compañero de aquel.

En España las estrechas conexiones políticas de los periodistas con la policía proceden del franquismo, con figuras como Manuel Marlasca y Alfredo Semprún, entre otros que han fabricado siniestras campañas de intoxicación.

Uno de los agresores sexuales de los sanfermines es guardia civil

Uno de los cinco detenidos por la agresión sexual sufrida por una joven de 19 años en Pamplona durante los sanfermines es guardia civil, según ha informado EiTB, la cadena autonómica de televisión. Los detenidos tienen entre 23 y 26 años.

El tatuaje que luce en el pecho uno de ellos y las imágenes captadas por una cámara situada en la calle Mercaderes han sido claves para la identificación de los agresores.

También ha resultado favorable que la investigación del delito la hayan llevado a cabo fuerzas de la policía foral, así como la policía municipal de Pamplona.

Una agente de policía municipal observó a varios jóvenes que sospechó podrían ser los agresores porque sus rasgos físicos correspondían a los facilitados por la víctima. Se les hizo un seguimiento y posteriormente fueron localizados en la plaza de toros.

Entre las pruebas de cargo hay una filmación de los hechos ocurridos el jueves hacia las 04:30 horas en un céntrico edifico de la calle Paulino Caballero de la capital navarra.

Los agresores metieron en el portal a la víctima, una joven madrileña de 19 años, y allí abusaron sexualmente de ella.

Este caso de brutal agresión sexual en el primer día de los sanfermines ha provocado la condena unánime de instituciones, peñas y ciudadanos, que han vuelto a rechazar en la calle cualquier tipo de violencia o actitud sexista.

Los cinco detenidos continúan en comisaría y pasarán mañana a disposición judicial. Los acusados niegan los hechos y aseguran que las relaciones fueron consentidas.

Para proteger el buen nombre de la Benemérita, no se ha proporcionado información sobre la identidad de los agresores, ni se han publicado fotos, algo que es habitual cuando es la Guardia Civil quien detiene.

Revolución y contrarrevolución en Tíbet

Tíbet es uno de los lugares más remotos del planeta. Es una meseta en el corazón de Asia, separado del sur del continente por las más altas montañas del mundo, el Himalaya. Seis cordilleras dividen la región en valles aislados. El Tíbet había pertenecido a China desde hacía 700 años, pero la falta de comunicaciones le había aislado de China y del mundo.

El budismo penetró en Tíbet en el siglo VII de nuestra era. El príncipe Strong-tsan-gampo, artífice de la unidad del Tíbet, empleó la religión para unificar el país. Durante mucho el tiempo el budismo fue la religión de la cúpula feudal, mientras el pueblo practicaba los ritos chamanistas y de clan (religión bon o bon-po).

A partir del siglo IX el budismo se extendió en el pueblo bajo la forma mahayana. A comienzos del siglo X el partido antibudista apoyado en la vieja aristocracia feudal lanzó persecuciones contra los budistas, pero éstos asesinaron al rey Lang-darma. En el siglo XI el budismo venció definitivamente bajo la forma de una nueva corriente llamada tantrismo. Durante los siglos XI y XII se construyeron en Tíbet numerosos monasterios budistas con multitud de monjes llamados lamas. En 1271 Kublai Khan, fundador de la dinastía mongol de los Yuan (1270-1370), nombró al jefe de la secta budista más importante ministro de asuntos civiles y religiosos de Tíbet. La dinastía china de los Ming, que reinó de 1368 a 1644, protegió también la religión budista pero aplicó una política de fragmentación del país que la debilitaba. Surgió una corriente reformadora que impuso una severa disciplina monacal y la obligación de llevar ropa y gorros amarillos. Todo el poder se concentró en manos de dos jerarcas supremos: el Panchem-rimpoche y el Dalai-rimpoche (futuro Dalai Lama). Ambos fueron declarados encarnaciones de las deidades budistas mas veneradas.

Nominalmente la máxima autoridad eran los emperadores chinos que cobraban impuestos y nombraban funcionarios encargados de cobrarlos pero los jerarcas budistas ejercían mucha influencia. En 1639-1640 el khan mongol Gushi asesinó al príncipe local y transfirió todo el poder secular al Dalai Lama. Al comienzo de la dinastía manchú China restableció su soberanía sobre el Tíbet pero el poder real permaneció en manos del Dalai Lama y, sobre todo, de los lamas supremos que le rodeaban. En Tíbet se estableció una forma peculiar de régimen feudal en que los grandes señores (monjes y seglares) dominaban una masa de campesinos privados de derechos y el poder político era acaparado por los jerarcas budistas. En lo más alto de la jerarquía estaba el Panchem-Lama considerado padre espiritual del Dalai Lama que era quien tenía el poder temporal. Una autora china escribió que sólo 626 personas poseían el 93 por ciento de la tierra y la riqueza nacional y el 70 por ciento de los yakes en Tíbet. Entre ellos estaban los 333 cabezas de monasterios y autoridades religiosas y las 287 autoridades seculares (contando la nobleza y el ejército) y seis ministros del gabinete. La clase alta la formaban cerca del 2 por ciento de la población y el 3 por ciento eran sus agentes: capataces, administradores de sus fincas y comandantes de sus ejércitos privados. El 80 por ciento eran siervos, el 5 por ciento esclavos y 10 por ciento eran monjes pobres que trabajaban como peones para los abades y rezaban. A pesar de la supuesta regla lamaísta de no violencia, estos monjes eran azotados continuamente.

Hoy el actual Dalai Lama se presenta ante el mundo como un hombre sagrado a quien no le interesan las cosas materiales. La realidad es que fue el principal dueño de siervos del Tíbet. Según la ley era dueño de todo el país y de sus habitantes. En la práctica su familia disponía de 27 fincas, 36 prados, 6170 siervos y 102 esclavos domésticos.

Condiciones de vidas de las masas populares

La vida de los siervos tibetanos antes de 1949 era breve y durísima. Tanto los hombres como las mujeres trabajaban en las faenas más duras y en trabajos forzados, llamados “ulag” durante 16 ó 18 horas al día. Debían entregar a los dueños que no trabajaban el 70 por ciento de la cosecha. No podían usar los mismos asientos, palabras ni utensilios que los dueños. Los castigaban con latigazos si tocaban alguna cosa del propietario. No podían casarse ni salir de una finca sin permiso del amo. Los siervos y las mujeres eran considerados animales parlantes que no tenían derecho a mirar a la cara a los amos. El experto en Tíbet A. Tom Grunfeld relata que una hija de los dueños hacía que sus siervos la alzaran para subir y bajar las escaleras (4). A los esclavos los golpeaban, no les daban comida y los mataban a trabajar. En la capital Lasha se compraban y vendían niños.

La palabra mujer, “kimen”, significaba nacido inferior. Las mujeres tenían que rezar Que abandone este cuerpo femenino y renazca como varón. El budismo les impedía levantar los ojos más allá de la rodilla de un hombre. Era común quemar a las mujeres por ser brujas, a menudo porque practicaban los rituales de la religión “bon”. Dar a luz gemelos era prueba de que una mujer había copulado con un espíritu maligno y en las zonas rurales era frecuente que quemasen a la madre y a los gemelos recién nacidos. Un hombre adinerado podía tener muchas esposas y un noble con poca tierra tenía que compartir una mujer con sus hermanos.

El pueblo sufría constantemente de frío y hambre. Antes de la liberación no había en Tíbet ni electricidad, ni carreteras, ni hospitales ni casi escuelas. Muchos siervos enfermaban a causa de la desnutrición mientras algunos monasterios atesoraban riquezas y quemaban grandes cantidades de alimentos como ofrendas. La mayoría de los recién nacidos morían antes de cumplir un año. La mortalidad infantil era en 1950 del 43 por ciento. La viruela afectaba a una tercera parte de la población y en 1925 exterminó a 7.000 habitantes de Lasha. La lepra, la tuberculosis, el bocio, el tétanos, la ceguera, las enfermedades venéreas y las úlceras causaban gran mortalidad. La esperanza de vida en 1950 era de 35 años.

Las supersticiones extendidas por los monjes les hacían oponerse a los antibióticos. Les decían a los siervos que las enfermedades y la muerte se debían a los pecados y que la única manera de prevenir las enfermedades era rezar y pagar dinero a los monjes.

Los feudales mantenían al pueblo en la incultura más completa para mejor someterlo y lavarle el cerebro. En 1951 el 95 por ciento de la población era analfabeta. El lenguaje escrito solo servía para el culto religioso.

El sistema feudal impedía el desarrollo de las fuerzas productivas. No permitía el uso de arados de hierro, extraer carbón, pescar, cazar, ni hacer innovaciones sanitarias de ningún tipo. No había ni comunicaciones ni comercio ni ninguna industria por elemental que fuera. Mil años atrás, cuando se introdujo el budismo, se calcula que en Tíbet vivían diez millones de personas pero en 1950 sólo quedaban dos o tres millones.

¿Cómo llegó el socialismo a Tibet?

El Partido Comunista de China se planteó un problema en relación al Tíbet: el tremendo atraso y la dominación feudal hacía imposible el surgimiento de una rebelión de los siervos sin ayuda exterior. Pero era necesario intervenir en Tíbet antes de que se convirtiese en una plaza fuerte de la contrarrevolución desde la que las clases dominantes derrocadas de China, los feudales locales y el imperialismo pusiesen en peligro la joven República Popular. Los feudales lamaístas se habían mostrado complacientes con los colonialistas británicos que entraron en Lasha en 1904 desde la India y con el intento norteamericano de reconocer un Tíbet independiente en 1949 con un asiento en la ONU. La práctica confirmaría que al igual que en otros lugares, la clase dominante local se aliaría con las fuerzas imperialistas para combatir al enemigo común, la revolución socialista triunfante.

Los comunistas sabían que la revolución no se puede exportar a otro país con las bayonetas de un ejército ocupante y por eso actuaron con tacto y prudencia hasta crear las condiciones de un movimiento revolucionario bien arraigado en el seno de las masas populares tibetanas. El Ejército Popular de Liberación, ejército de obreros y campesinos revolucionarios forjado en 20 años de combates y dirigido por el Partido Comunista de China, avanzó hacia las llanuras tibetanas en octubre de 1950. En Chambo derrotó fácilmente al ejército enviado por los feudales tibetanos pero allí paró y les mandó un mensaje con una propuesta: si Tíbet se integraba en la República Popular de China, el gobierno de propietarios de siervos (llamado “kashag”) podría seguir gobernando durante un tiempo bajo la dirección del gobierno central popular. Los comunistas no abolirían las prácticas feudales ni tomarían medidas contra la religión hasta que el pueblo no apoyase los cambios revolucionarios. El Ejército Popular de Liberación protegería las fronteras para evitar una intervención imperialista. El gobierno feudal aceptó la propuesta y firmó el Acuerdo de 17 puntos que reconocía la soberanía china y se aplicaba en las zonas sometidas al “kashag” y no en otras zonas tibetanas donde vivía la mitad de la población. El 26 de octubre de 1951 el Ejército Popular de Liberación entró pacíficamente en Lasha bajo el mando del general Zhang Guojua.

La conspiración de la nobleza lamaísta

Lógicamente los feudales no acogieron con los brazos abiertos a los comunistas sino que empezaron a conspirar para intentar perpetuar su sistema de dominación. Hicieron lo posible por enemistar a sus siervos con el Ejército Popular de Liberación: difundieron rumores de que usaban sangre de niños tibetanos como combustible para sus camiones, les acusaban de matar perros por eliminar los perros rabiosos que aterrorizaban a la gente,… Ciertos monasterios se convirtieron en centros de la actividad secreta contrarrevolucionaria y en almacenes de armas que la CIA norteamericana enviaba desde la India. La CIA estableció un centro de entrenamiento de agentes tibetanos en el campo Hale de Montanas Rocosas en Colorado, por su gran altitud. También fueron entrenados mercenarios tibetanos en las bases estadounidenses de Guam y Okinawa. En total Estados Unidos entrenaron militarmente a 1.700 tibetanos en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado.

El Ejército Popular de Liberación tenía ordenes estrictas de respetar a la población, su cultura y sus creencias, incluso sus temores supersticiosos que no podían ser erradicados rápidamente. Los siervos se sorprendieron cuando fueron contratados por un sueldo para construir un camino que conectase Tíbet con las provincias centrales de China. Varios siervos jóvenes fueron animados para educarse en los Institutos para las Minorías Nacionales en las ciudades del este de China y aprender lectura, escritura y contabilidad. Empezaron a llegar mercancías que mejoraron la vida de la población como té y fósforos, se instalaron los primeros teléfonos, telégrafos, emisoras e imprentas y las primeras escuelas. En 1957 6.000 alumnos acudían a 79 escuelas primarias. Los equipos médicos empezaron a tratar y curar a la población, incluidos los nobles; la mentalidad empezó a cambiar.

Los terratenientes feudales vieron en peligro su poder y organizaron las primeras rebeliones armadas en 1956. En las zonas en las que no regía el acuerdo de 17 puntos, los comunistas animaban a los siervos a dejar de pagar alquiler a los monasterios y a los nobles, lo que exasperaba a éstos. En marzo de 1959 se produjo una rebelión en gran escala apoyada por la CIA, que envió sus agentes entrenados y lanzó cargamentos de municiones y subametralladoras desde aviones C-130 de la fuerza aérea norteamericana. Los monjes y sus agentes armados atacaron la guarnición del Ejército Popular de Liberación en Lasha. Los comunistas respondieron no sólo militarmente sino sobre todo políticamente: 1.000 estudiantes tibetanos volvieron rápidamente de los Institutos para las Minorías Nacionales para participar en una gran campaña de cambios revolucionarios.
La derrota del feudalismo en Tíbet

El gobierno del “kashag”, que había apoyado la rebelión, fue disuelto. En todas las regiones se crearon órganos de poder llamados Oficinas para reprimir la revuelta. El nuevo gobierno se llamo comité preparatorio para la región autónoma de Tíbet. Se abolió el “ulag”, el trabajo forzoso y la servidumbre. Los esclavos de los nobles fueron liberados. Los principales conspiradores fueron detenidos. La mujer fue liberada de la poligamia. Los siervos dejaron de pagar alquiler a los monasterios y la mitad de los mismos tuvieron que cerrar. Los nómadas de un aislado campamento llamado Pala se levantaron en armas con los partidarios del Dalai Lama. La periodista británica Sara Flounders escribe que millones de campesinos pobres se movilizaron a para expulsar a los antiguos terratenientes. Los antiguos siervos recibieron 20.000 escrituras de tierras y ganado, decoradas con banderas rojas y el retrato del presidente Mao.

Tras la derrota de la rebelión, el Dalai Lama número 14, llamado Tenzin Gyatso, huyó al exilio acompañado por 13.000 personas integrantes de la nobleza y el alto clero lamaísta, con muchos de sus esclavos, guardias armados y caravanas de mulas cargadas de riquezas. La CIA lo convirtió en un símbolo de la guerra contra la revolución socialista y el Partido Comunista. El Dalai Lama instaló en la ciudad india de Dharamsala un gobierno en el exilio. A partir de 1964 figura en la lista de los asalariados de la CIA, que le asignó una cantidad anual de 180.000 dólares en el cuadro de un programa para derribar los regímenes comunistas. Su gobierno recibió anualmente 1,7 millones de dólares. En los años noventa seguía recibiendo dinero de la CIA.

Desde entonces este reaccionario sigue teniendo un gran apoyo del lobby antichino norteamericano, de la industria de Hollywood, que produce películas de propaganda a su favor, de la Fundación Nacional para la Democracia (pantalla de la CIA), que financia el Fondo Tíbet, la radio Voz del Tíbet y la campaña internacional por el Tíbet. En 1987 fue recibido en la comisión de derechos humanos del Senado norteamericano. En agosto de 1999 el Departamento de Estado norteamericano organizó su visita a Nueva York.

Los sectores anticomunistas occidentales, como el juez español Garzón, denuncian públicamente a China por el supuesto genocidio cometido en Tíbet desde 1959. Este genocidio aparece en la propaganda antichina pero nadie ha ofrecido la menor prueba. Tales sectores son los que contribuyen a que le sea concedido en 1989 el premio Nóbel de la paz, que ya poseen conocidos criminales de guerra como Henry Kissinger, Menahem Beguin y Simon Peres.

Aunque el budismo prohíbe matar y toda forma de violencia, el actual Dalai Lama ha apoyado con entusiasmo la guerra de la OTAN contra Yugoslavia de 1999. En ese año se declaró en Santiago de Chile a favor de no perseguir al criminal Augusto Pinochet.

Está perfectamente ubicado en un campo: el de los explotadores y enemigos del pueblo. Aunque goza de una aureola de santidad y es considerado un dios, no es más que un instrumento eficaz de la contrarrevolución y el imperialismo. Para ser aceptado por sus aliados ha reformado algunas de las tradiciones más horribles y ha adoptado el discurso cínico de los derechos humanos, las autoridades títeres irakíes y otros lacayos de los norteamericanos. Pero el sistema político que representa es una dictadura religiosa en la que no existen derechos políticos para las mujeres ni para nadie que cuestione su autoridad. Por ejemplo, la secta tíbetana de los “shugden” formada por cien mil personas exiliadas en la India que no reconocen dicha autoridad, son sistemáticamente marginadas y perseguidas. Muchos occidentales angustiados y desestabilizados por la sociedad burguesa se sienten ilusamente atraídos por el misticismo lamaísta, lo que redunda en beneficio de los buenos negocios de los tibetanos.

Las autoridades chinas le ofrecen abrir el diálogo a cambio de que él reconozca la pertenencia de Tíbet a la República Popular de China.

Tíbet hoy

En 1980 el secretario general del Partido Comunista de China Hu Yaobang visitó Lasha. En septiembre de 1987 se produjo una insurrección de monjes nacionalistas en la capital tibetana, que asaltaron una comisaría de policía. En 1988 hubo otros estallidos. En la primavera de 1989, en el contexto de un movimiento contrarrevolucionario en toda China apoyado por los imperialistas, se produjo una nueva rebelión en Lasha que condujo a detenciones y a la proclamación de la ley marcial. En 1996 y 1997 estallaron bombas en Lasha. La tragedia que han conocido los pueblos de la antigua URSS, a los que la contrarrevolución capitalista arrebató todas sus conquistas y que han sufrido devastadoras guerras civiles (recordemos las guerras de Chechenia, Moldavia, Georgia, Nagorno-Karabaj…), se pudo evitar en China.

La acusación de que la República Popular de China obliga a la población a restringir su crecimiento demográfico es negada por los dos antropólogos norteamericanos que hemos citado y que realizaron investigaciones en Tíbet en 1985 y 1988 bajo los auspicios de National Geographic. Las mujeres tibetanas no están limitadas a tener un único hijo, como es el caso para la mayoría del pueblo chino.

Tíbet es hoy una Región autónoma del Oeste de la República Popular de China que, como toda la parte occidental del país, tiene un menor desarrollo económico y social en comparación con las provincias de la costa este. El 15 por ciento de la población es pobre pero sólo tres comarcas de la región pertenecen a las 63 más pobres de la República Popular de China. Un Fondo para el Alivio de la Pobreza en Tíbet desarrolla programas anti-pobreza. El gobierno está impulsando el desarrollo capitalista también en dicha región. En 1967 funcionaban en todo Tíbet 67 fábricas y en 1975 250 empresas que producían bienes de consumo básicos: ollas a presión, herramientas, pequeñas plantas eléctricas… En 1993 había 41.830 pequeños negocios. En Lasha funcionan hoy varias fabricas (de cerámica, cemento y cerveza) y numerosos talleres (textiles, muebles, alfombras…). Ahora mismo se construye la vía férrea más alta del mundo que permitirá terminar con el tradicional aislamiento. Hasta el 2020 se prevé incrementar la producción eléctrica tres veces y la industrial 14 veces. Internet permite conectar con el mundo a los habitantes de los valles más apartados, ubicados a 4.500 metros de altura. Los militantes tibetanos del Partido Comunista son promocionados. El 80 por ciento de los cuadros dirigentes son tibetanos y la lengua y cultura tibetana disfruta de protección especial. También se ha impulsado el turismo como fuente de ingresos. Los campesinos tibetanos, liberados de la servidumbre feudal, desarrollan en régimen de contrato familiar, las parcelas de terreno donde explotan agricultura y ganadería.

El Partido Comunista considera, con razón evidente, que el poder religioso debe someterse al poder político y no ser un ariete de la contrarrevolución y la guerra civil, como ha ocurrido en los antiguos países socialistas de los Balcanes, Polonia, el Cáucaso, Afganistán y el centro de Asia. Es por eso que la religión lamaísta es autorizada y respetada, siempre que no se convierta en un foco organizado de lucha contra el sistema político.

En 1999 había 2.632 médicos, 95 hospitales municipales y 770 clínicas. La mortalidad infantil era en 1998 del tres por ciento. La esperanza de vida es de 65 años. Hay un trabajador sanitario por cada 200 habitantes. En 1997 se inauguró un hospital moderno en Lasha. La escolarización de los niños llega al 82 por ciento, y se hace en chino y tibetano. Ciudadanos chinos de la nacionalidad mayoritaria se han instalado en las ciudades de Tíbet y tibetanos emigran a las zonas más desarrolladas en búsqueda de un mayor bienestar económico. Pero el Tíbet no está invadido por dos millones de colonos “han”, como dice la propaganda. Según un censo de octubre de 1995, Tíbet tenía 2.389.000 habitantes de los que sólo el 3,3 por ciento era de origen “han”, menos que en 1990, que era el 3,7 por ciento. En 1949 había un 1 por ciento de “han”. Según un informe del servicio de investigación del Congreso norteamericano la población “han” en Tíbet era en 1989 del 5 por ciento.

¿Son los españoles ‘ratas de laboratorio’?

Attac es un buen ejemplo de la manera en que el imperialismo crea sus propios anticuerpos, se recicla a sí mismo… antes de que otros, los de verdad, le den la patada definitiva.

La presidenta de honor de Attac (Acción para la Tasa Tobin de Ayuda a los Ciudadanos) es Susan George, que también es presidenta del Instituto Transnacional, otro de los satélites que orbitan alrededor del imperialismo y de especuladores como George Soros.

Entre los que financian Attac también está el periódico “Le Monde Diplomatique” que, a su vez, forma parte del conocido monopolio intoxicador Prisa-El País (15 por ciento), así como de Lagardere (17 por ciento).

En 2003 el propio gobierno francés puso dinero para financiar Attac, a pesar de que es de esos que alardean de ser “no gubernamentales”.

Cuando en los noventa lograron ponerlos de moda, Attac estuvo entre los impulsores de aquellos Foros Mundiales que lograron distraer la atención de la pequeña burguesía radicalizada hacia la globalización, la troika, el neoliberalismo, la tasa Tobin y demás señuelos propios del utopismo de los que ya nadie se acuerda.

Junto a Attac, entre quienes ponían el dinero para aquellas farsas mundiales estaba la Fundación Ford, a su vez ligada a la CIA y antes al III Reich.

La tasa Tobin es un buen ejemplo de las batallas en las que le gusta embarcarse a la pequeña burguesía. No se trataba de erradicar la especulación financiera mundial, sino de que los especuladores, como el propio Soros, pagaran un impuesto por los movimientos internacionales de capital, es decir, legalizar y consolidar la rapiña.

El propio Soros ha defendido la imposición de una tasa a las transacciones financieras internacionales internacionales, lo mismo que otros conocidos tiburones del imperialismo, como Jacques Delors, Butros Ghali o Alan Greenspan.

Susan George, cabecilla de Attac

Susan George, cabecilla de Attac

Para comprender la naturaleza de tinglados como Attac basta recordar lo que dijeron sobre acontecimientos, como la Primavera Árabe, a la que calificaron como una “revolución” para ocultar que detrás estaba la largo mano de los imperialistas.

Al propio Grupo Islámico Combatiente de Libia (LIFG) que participó en el derrocamiento de Gadafi lo calificaron como una “fuerza revolucionaria”. Ellos dicen que en 2011 Libia vivió una “transición hacia democracia” y que Libia está mejor sin Gadafi.

Cuando se reunió en Túnez poco después de la “Revolución de los Jazmines”, el Foro Social no tuvo ni una palabra crítica hacia los criminales bombardeos de la OTAN sobre la población libia. “El que calla otorga”.

Este tipo de canallas se creen a sí mismos por encima de la media, del vulgo aborregado. Son esos que desprecian e insultan a las personas porque no hacen lo que ellos dicen, cuando dicen que hay que hacerlo. Son los que profieren expresiones contra los trabajadores porque -según ellos- votan a “la derecha” cuando en realidad su verdadero voto debería ser a la “izquierda”.

Susan George es de ese tipo de gentuza. En 2012 se permitió lujo de decir que “los griegos y los españoles son ratas de laboratorio: a ver cuánto castigo toleran sin rebelarse”. No se da cuenta de que cuando las ratas se rebelen echarán a la basura a la gente de su calaña.

‘¿Qué supone el Brexit para los judíos’

Carlo Strenger, un comentarista del diario israelí Haaretz, se pregunta en su columna por las repercusiones del Brexit sobre Israel: ¿qué supone para los judíos?, ¿es bueno para Israel? Sólo le faltó preguntar: ¿qué hay de lo mío?

Lo debería saber. La respuesta la dejó clara el primer ministro Cameron poco antes del referéndum, cuando dio un mitin en la sede de la organización caritativa judía “Jewish Care” en el que concluyó que si el Reino Unido permanecía en la Unión Europea sería bueno para Israel.

¿Por qué? Lo siguió explicando el propio Cameron: el Reino Unido es “el mejor amigo de Israel”, la salvaguarda de los intereses israelíes en la Unión Europea, el seguro que bloquea cualquier polémica hostil hacia el Estado hebreo, que se opone al boicot a las exportaciones israelíes, a las desinversiones y a las sanciones. “¿Queréis que salgamos de la habitación, que no podamos influir sobre el debate que haya”, preguntó Cameron a los judíos británicos.

En su mitin el primer ministro también puso a Irán encima de la mesa y prometió que si el Reino Unido permanecía dentro de la Unión Europea, estaría en mejores condiciones para impedir que Irán fabricara armas nucleares.

No se puede explicar mejor la política que durante decenios han implementado los británicos en Oriente Medio, impidiendo cualquier clase de ataque hacia Israel, ni siquiera en un debate, es decir, ni una sola información negativa en los medios de comunicación.

La mejor muestra fue la defensa cerrada que en 2014 hizo el propio Cameron de Israel durante la salvaje agresión contra la población de Gaza, en la que fueron asesinados 2.200 palestinos.

No es nada nuevo dentro del partido conservador, cuyas posiciones contrastan con las de Corbyn y los laboristas, que han calificado a Hamas y Hezbollah como “nuestros amigos”.

Las posiciones de Corbyn eran conocidas antes de que en setiembre se pusiera a la cabeza de los laboristas. Desde entonces se inició la típica campaña intoxicadora de las prensa británica en su contra: los laboristas son antisemitas. Es la típica “polémica” orquestada artificialmente para concluir que los laboristas son como los nazis.

Es lo mismo que ha venido haciendo la caverna mediática en España con Podemos, acusándoles de chavistas y pro-iraníes, obligando a Iglesias y sus compinches a ponerse siempre a la defensiva, a justificarse, a dar explicaciones innecesarias y, en definitiva, a obligarles a hacer lo que más les gusta: bajarse los pantalones a la mínima.

Desde setiembre en el Reino Unido ha ocurrido lo mismo con los laboristas, lo que ocurre es que un periodista de investigación, Asa Winstanley ha descubierto lo que ya sabíamos de antemano: que la campaña estaba orquestada por un grupo de presión sionista, que había emprendido una “caza de brujas” cuyo destino era siempre el mismo: toda lucha contra el sionismo es una lucha contra los judíos (no sólo los de Israel sino todos los judíos del mundo).

Aunque nadie se ha preocupado por ponerlo de manifiesto, el referéndum sobre el Brexit se ha desenvuelto en este contexto turbio de agresividad e intoxicación por parte de la prensa británica, un verdadero clima de terror en el que el fascismo, el racismo, el patrioterismo y la xenofobia tienen su mejor caldo de cultivo.

Como todos los reformistas, los laboristas han sucumbido a esta presión, demostrando la manera que tiene la burguesía monopolista de domesticar las veleidades de los que hablan de cambiar algo, hacer algún gesto, aunque sea mínimo.

Los laboristas llamaron a permanecer en la Unión Europea y también han sido derrotados. Bruselas es el principal socio comercial de Israel, a pesar de las fuertes críticas que Netanyahu ha lanzado en su contra, acusándola también de… antisemitismo y llamando a los judíos europeos a emigrar a Israel, que debe ser el único país del mundo que acepta encantado a los emigrantes… o por lo menos a cierto tipo de emigrantes.

Las críticas israelíes hacia la Unión Europea conciernen, primero, al acuerdo nuclear con Irán. Pero también al boicot europeo a los productos fabricados en las colonias judías construidas ilegalmente en tierras palestinas. Según los nuevos reglamentos de Bruselas, los productos fabricados en dichas colonias deben ser etiquetados de manera que se pueda conocer su origen, lo que impulsó en toda Europa la campaña de boicot total a Israel.

Ambas decisiones han conducido a que Israel no considere a la Unión Europea como un aliado fiable y a que Cameron tratara de asumir en Bruelas un papel más propio de un grupo presión israelí que de un país socio.

Pero la salida de la Unión Europea ha servido también para poner en marcha uno de los argumentos favoritos de cualquier tipo de burguesía: el chantaje y la guerra sucia. Una ONG sionista, llamada Regavim, que defiende los intereses de los colonos judíos en Jerusalén este y la Cisjordania ocupada, divulgó un vídeo falsificado en el que un combatiente palestino enmascarado que decía pertenecer a “la banda de Gaza dirigida por Hamas”, llamaba a los británicos a permanecer en la Unión Europea porque ésta “defiende a los palestinos”.

Los referendums y las elecciones burguesas son como la burguesía misma. Vale todo: la mentira, el engaño, el fraude, el chantaje, la burla… “El fin justifica los medios”.

Regavim es uno de esos submarinos de última generación que el imperialismo ha puesto en funcionamiento desde la caída del Telón de Acero en 1990, a medio camino entre la típica ONG y el típico grupo de presión, o sea, de chantaje, que encuentra en los medios de comunicación repugnantes, como los británicos, su caldo de cultivo ideal.

A medida que la Unión Europea adoptaba medidas inconvenientes para los sionistas, estos se han puesto en marcha con los instrumentos en cuyo manejo son maestros. No perdonan ni una, ni siquiera aunque se trate de un aliado tan fiel durante decenios, como Bruselas.

Ahora, sin dejar del todo de castigar a la Unión Europea, Israel tiene que buscar alternativas, empezando por el Reino Unido. Pero los sionistas no ponen todos sus huevos en la misma cesta. mantienen un papel destacado en el Consejo de Asuntos Exteriores de la Unión Europea.

Por su parte, la llamada “autoridad palestina” no es que no tenga dónde poner sus huevos; es que no tiene huevos.

Cómo darle la vuelta a la tortilla sin que se caiga de la sartén

Es muy posible que los lectores ni siquiera se hayan enterado de que un atentado del Califato Islámico en Bagdad ha costado la vida a 250 personas. ¿Cómo es posible?, ¿no han visto las imágenes en televisión?, ¿no han hablado de ello los tertulianos?, ¿no se han convocado minutos de silencio a las puertas de los ayuntamientos?, ¿no hay comunicados de condena de los partidos democráticos?, ¿no han muerto seres humanos?, ¿hay violencias que no son condenables?, ¿no valen lo mismo todas las vidas humanas?

Los medios de comunicación que ejercen de portavoces del imperialismo han guardado silencio, en comparación con otros atentados, como el de Orlando. Pero además del de Bagdad, se han producido otros atentados, como los de Bangla Desh, Camerún y Somalia, de los que nadie dice nada nunca… salvo que muera un inglés, o un francés, o alguien con el pasaporte de un país cristiano y civilizado.

Comentando el atentado de Orlando, el editorial de un medio calificaba de “energúmeno” al matarife que lo cometió, añadiendo que “odiaba los valores de civilización de occidente”. Es la manera de llevar una batalla política a una nebulosa de tópicos y, además, sin tener ni idea de la persona que lo cometió. Es hablar por hablar.

Si se hubieran preocupado por conocer los detalles del crimen concluirían que, más bien, el atentado de Orlando, como todos los demás, es consecuencia directa e inmediata de esos “valores” que a “occidente” le gusta sacar a pasear continuamente. “Occidente” no es la víctima sino el culpable.

La falsificación sistemática del periodismo es como la de la misma historia, capaz de convertir a los terroristas en víctimas del terrorismo, y al revés, para lo cual no se necesitan pruebas de ningún tipo; basta con repetir el mismo discurso una y otra vez, de forma metódica, por la televisión, por la radio, por el cine, por internet, por la prensa…

Como escribe Said Boucetta en un periódico argelino (*), en Estados Unidos y Europa se cometen unos dos atentados mayores al cabo de un año, mientras que en África y Oriente Medio se cometen 20 en el mismo periodo de tiempo y el número de víctimas es mucho mayor. La proporción basta para indicar quiénes son y dónde vivían las auténticas víctimas del terrorismo en el mundo.

A partir de ahí, todo lo demás es hipocresía, dice Boucetta, un rasgo consustancial a la prensa y a la política “occidental”, para quienes cien musulmanes no valen lo que un cristiano. Vienen dando muestran de que, en realidad, cien musulmanes no valen absolutamente nada. Ni siquiera una columna, ni un obituario.

“Estamos en continentes diferentes”, comenta Buscetta. Evidente. También estamos en dos lados distintos de la barricada, hasta tal punto de que, además, en algunos países tienen la osadía de condenar a los que alzan la voz, acusándoles de “apología del terrorismo y humillación a las víctimas”.

A eso se le llama “darle la vuelta a la tortilla” cuyas dos caras son la intoxicación de unos y el silencio de todos los demás, esos que se lavan las manos como Pilatos, como que la cosa no va con ellos.

Todo les va a ir estupendamente hasta que en una de esas vueltas la tortilla se caiga de la sartén.

(*) http://www.lexpressiondz.com/article/0/0-0-0/244915.html

La alianza de la CIA con el Dalai Lama contra China

Sara Flounders

El 14 de agosto de 1999, el Dalai Lama, un figurón religioso del budismo tibetano, se presentó en el Parque Central de Nueva York. Mientras estuvo en esa ciudad, hizo tres presentaciones en el Teatro Beacon y otros eventos en los cuales la gente rica llegó a pagar hasta mil dolares para oírlo hablar. Recibió apoyo oficial, incluyendo importantes artículos de prensa en cada uno de los tres principales diarios y afiches en el Metro con indicaciones para asistir al parque, cortesía de la Jefatura de Tráfico de la Ciudad de Nueva York.

Según el New York Times, cada movimiento del Dalai Lama fue planeado por el Departamento de Estado de Estados Unidos. La policía local bloqueó varias calles. Equipos de televisión de todo el mundo lo siguieron. Y en cada artículo o nota de televisión se planteó el asunto de la independencia de Tíbet de China Popular.

Puerto Rico tiene casi la misma población de Tíbet, y ha sido una colonia gringa desde hace más de cien años. Ha contado con muchos líderes importantes y dinámicos. ¿Por qué no hay películas, afiches y conciertos similares que financien a los líderes independentistas, sólo para dar un ejemplo?

Bandas de rock, estrellas de cine y políticos honran al Dalai Lama y alzan su voz por un Tíbet libre. Esta campaña del Departamento de Estado ha confundido a mucha gente que está profundamente interesada en la libertad para los prisioneros políticos o en asuntos ambientales. Pero bajo una cubierta brillante, esta campaña esconde un tenaz ataque contra la República Popular China y los logros de la revolución china.

El Dalai Lama, con ayuda considerable de los principales medios de comunicación multinacionales, se ha convertido en una figura de culto. Basta preguntarle a cualquier persona informada. Incluso sin saber casi nada de política, dirá que el Dalai Lama es una persona buena, un santo, una fuerza espiritual. Su libro “El Arte de la Felicidad”, escrito junto a Howard C. Cutler, fue promovido hasta llegar a la lista de más vendidos durante 29 semanas.

¿Pero el Dalai Lama es realmente apolítico? Si es así, ¿por qué este santo, que supuestamente no mataría ni a un insecto, apoyó el bombardeo de la OTAN a Yugoeslavia?

La gente interesada por los asuntos sociales debe saber que, al igual que el Papa Wojtyla (alias Juan Pablo II) y otros líderes religiosos conservadores, el Dalai Lama se opone al aborto, a toda forma de control de la natalidad y a la homosexualidad.

El imperialismo gringo tiene mucha experiencia en el uso del sentimiento religioso de millones de personas. La CIA se alió con el Papa, a quien obedecen cientos de millones de católicos romanos, para derrocar el socialismo en Polonia. No debería sorprendernos que el Dalai Lama también sea utilizado por la CIA.

Por otro lado, las figuras religiosas que se oponen a la política de Estados Unidos son satanizadas o se convierten en blanco de asesinatos, desde el Obispo Romero de El Salvador hasta los musulmanes en Líbano y Palestina.

En 1998, Hollywood hizo dos películas importantes sobre el Tíbet. Los estudios de Hollywood aman al Dalai Lama, de quien se nos dice, personifica el espíritu y las aspiraciones del pueblo tibetano. Los ricos conglomerados que ahora controlan Hollywood (Disney y TriStar) apoyan a la organización Tíbet Libre.

Hollywood glorifica a la minúscula clase dominante tibetana y su presunto pasado idílico de la misma forma en que la película Lo que el viento se llevó glorificaba la esclavitud y la clase dominante racista en el antiguo sur de Estados Unidos.

Una de esas películas, Siete Años en el Tíbet, estaba basada en un libro escrito por un nazi austríaco, Heinrich Harrer, quien estuvo involucrado en algunos de los crímenes más brutales de los fascistas en Austria. Harrer llegó al Tíbet durante la Segunda Guerra Mundial en una misión secreta para el imperialismo alemán, que trataba de competir con el imperialismo británico en Asia. Fue aceptado en el círculo de la corte entre la nobleza tibetana.

El imperialismo contra las culturas indígenas

Las sociedades indígenas de Norteamérica, Latinoamérica, África y Australia han sido diezmadas. La rica variedad de sus culturas, música y creencias religiosas ha sido rota, pisoteada y ridiculizada. Los pueblos nativos han sido aplastados por las mismas fuerzas que hoy parecen ser tan respetuosas y reverentes frente a la cultura tibetana.

Tíbet y el budismo tibetano serían de poco interés para el imperialismo gringo o británico si no hubiera sido por la gran revolución china, que barrió con la vieja y corrupta sociedad feudal.

Fue una revolución que incluyó movimientos de masas de millones de campesinos pobres organizados para distribuir la tierra y expulsar a los antiguos terratenientes. Este gran levantamiento social desencadenó la energía creativa y la participación de una cuarta parte de la humanidad. Pero los medios de comunicación occidentales glorifican en cambio al viejo Tíbet.


Para vencer a Chinaa hay que dividirla

Durante más de cien años, las potencias imperialistas de Europa Occidental y Japón se repartieron China en esferas de influencia, así como Europa dividió África en colonias. Washington se opuso a esas áreas especiales de concesión sólo porque quería el acceso a toda China sin restricciones para el comercio gringo.

En el siglo XIX, Gran Bretaña, la potencia dominante, luchó en dos guerras contra la Dinastía Manchú por el derecho a imponer la venta del opio en China. En 1904, Gran Bretaña hizo una invasión militar de gran escala en Tíbet. En el tratado de Lhasa, China fue obligada a garantizarle dos áreas de comercio a Gran Bretaña y a pagar grandes reparaciones militares para cubrir el costo de la guerra británica.

En 1949 el Ejército Rojo estaba acercándose a la derrota final del ejército del Kuomintang, apoyado por Estados Unidos y dirigido por el general Chiang Kai-shek. Entonces Washington maquinó para que Tíbet se uniera a las nuevas Naciones Unidas como país independiente. El esfuerzo fracasó porque el Tíbet había sido considerado como una provincia china por más de 700 años, e incluso el Kuomintang reconoció que China siempre había incluido al Tíbet y la isla de Taiwán.

Hoy día, mientras el imperialismo gringo se vuelve aún más agresivo, se mueve en varios frentes para presionar por la separación del Tíbet, Taiwán y la provincia occidental de Xinjiang de China.

Así como en los Balcanes y en las repúblicas de la antigua Unión Soviética, las fuerzas de las corporaciones gringas apoyan y animan a los movimientos separatistas para dividir y controlar grandes áreas del mundo que antes se habían liberado de la dominación imperialista.

La vida en el viejo Tibet

El Tíbet prerrevolucionario era una región completamente subdesarrollada. No tenía ningún sistema de carreteras. Las únicas ruedas eran las de la oración. Era una teocracia feudal agrícola basada en la servidumbre y la esclavitud.

Más del 90 por ciento de la población eran siervos sin tierra. Estaban atados a la tierra pero no poseían nada. Sus hijos eran registrados en los libros de propiedad del terrateniente.

No había escuelas, aparte de los monasterios feudales donde un puñado de jóvenes estudiaban cantos. La matrícula total en las escuelas privadas antiguas era de 600 estudiantes. No se oyó nunca hablar de educación para las mujeres. No había servicio de salud. No había ni un solo hospital en todo el Tíbet.

Cien familias nobles y los superiores de 100 monasterios grandes, también de las familias gobernantes, eran dueños de todo. El Dalai Lama vivía en el Palacio Potala, de mil habitaciones y 14 pisos. Tradicionalmente era escogido en su juventud de fuera de los círculos gobernantes. Seguía siendo un peón bajo el control de los consejeros de la nobleza.

Para el campesino común, la vida era corta y miserable. Tíbet tenía una de las más altas tasas de tuberculosis y mortalidad infantil en el mundo.

Hoy Tíbet tiene 2.380 escuelas primarias, junto a varias escuelas profesionales, donde la educación se dicta en lenguaje tibetano. Tíbet tiene ahora 2.623 médicos, 95 hospitales municipales y 770 clínicas.

Lucha de clases en el Tíbet

En 1949 la revolución china estableció por primera vez al Tíbet como una región autónoma con muchos más derechos que los que tuvo bajo cualquier gobierno chino anterior. La política del Partido Comunista Chino era esperar a que las condiciones de las clases oprimidas de la población tibetana se desarrollaran para levantarse y derrocar la servidumbre.

La servidumbre sólo fue prohibida en 1959, diez años después de la revolución china. Esto pasó tras un movimiento de masas que aisló a todo el entorno del Dalai Lama.

Es verdad, sin embargo, que los comunistas chinos se opusieron a las costumbres ancestrales del Tíbet.

En primer lugar, el gobierno chino le pagaba sueldos a los tibetanos que trabajaban en un gran programa nacional de construcción de carreteras. Esto desbarató completamente la costumbre de la servidumbre. Antes de eso, un siervo sólo podía sobrevivir trabajando para un terrateniente, no por un sueldo sino por comida.

Incluso aún más revolucionaria fue la política del PCCh de pagar sueldos a los hijos de los siervos y de los antiguos esclavos para que asistieran a la escuela y entregarles libros, comida y vivienda. En las familias desesperadamente pobres, aún los niños pequeños habían tenido que trabajar para la supervivencia de sus familias. Esta política revolucionaria dio ventajas económicas por primera vez a las capas oprimidas de esta sociedad de clases en decadencia.

La CIA moviliza la resistencia de la clase dominante

A comienzos de 1955 la CIA empezó a construir un ejército contrarrevolucionario en el Tíbet, muy parecido a los contras en Nicaragua y, más recientemente, la financiación y entrenamiento del UÇK en Kosovo.

Un artículo de la revista Newsweek del 16 de agosto de 1999, titulado La guerra secreta en el techo del mundo. Fantasmas, monjes y el juego secreto de la CIA en el Tíbet describe detalles de la operación de la CIA entre 1957 y 1965.

De forma parecida, un artículo importante del Chicago Tribune el 25 de enero de 1997 describía el entrenamiento especial de los mercenarios tibetanos en el Campo Hale en las Montañas Rocosas en Colorado en los años 50.

Estos mercenarios eran entonces enviados en paracaídas al Tíbet. Según los famosos Papeles del Pentágono, hubo al menos 700 de esos vuelos en los años 50. Aviones C-130 de la Fuerza Aerea eran usados para enviar municiones y subametralladoras, como ocurrió después en Vietnam. También hubo bases especiales en Guam y Okinawa para entrenar soldados tibetanos.

Gyalo Thundup, el hermano del Dalai Lama, dirigía la operación. Esto difícilmente era un secreto, pues así se hizo famoso.

El artículo del Chicago Tribune se titula “La guerra secreta de la CIA en el Tíbet”. Pero, como el artículo dice, poco acerca de las artimañas de la CIA en los Himalayas es realmente secreto, excepto quizás para los contribuyentes de Estados Unidos que la financiaron.

La CIA le dio una asignación especial al Dalai Lama en los años 60 de 180.000 dólares anuales, una pequeña fortuna en Nepal, donde había organizado un ejército y su gobierno virtual en el exilio. Washington también montó emisoras especiales dirigidas al Tíbet y presentando al Dalai Lama como un dios-rey.

Ralph McGehee, que ha escrito varios informes sobre las operaciones de la CIA y tiene un sitio web, describió con algún detalle como la compañía promovió al Dalai Lama. La Fundación Nacional para la Democracia, de la CIA, aportó dinero para el Fondo Tíbet, Voz del Tíbet y la Campaña Internacional por el Tíbet.

Un terrorista europeo de pura cepa

Grégory Moutaux
En cualquier polémica la mayor parte de los buenos argumentos siempre apelan a los hechos, que están por encima de la discusión misma: sobre ellos no se puede opinar. Las opiniones versan sobre la interpretación de los hechos, pero nunca sobre los hechos mismos.

Sin embargo, lo que llaman “hechos” son sólo algunos hechos y, la mayor parte de las veces, muy pocos y a veces un único hecho. A la realidad siempre lo faltan la inmensa mayoría de los hechos que forman parte de ella.

Los hechos son objeto de una cuidada selección. Hay hechos que conocemos pero no tenemos en cuenta porque nos parecen irrelevantes. Otros hechos ni siquiera los conocemos. Nos faltan datos, entre otros motivos porque nadie nos informa de ellos.

Una cuidada selección de los hechos es la mejor manera de manipular la información. Hay hechos que los medios convierten en noticia y otros que pasan desapercibidos. Si los hechos que se difunden son siempre los mismos, estamos en presencia de una intoxicación planificada.

A los lectores nadie les ha informado de que el domingo por la mañana dos adolescentes fueron violentamente atacados en Brooklin, Nueva York, cuando salían de una mezquita. El director de la misma, Mohamed Bahe, dice que los agresores les gritaron “sucios terroristas” mientras les golpeaban.

Una de las víctimas se encuentra en estado grave con conmoción cerebral. Gracias a que más personas salieron de la mezquita en ese momento, pudieron salvar su vida.

Ese es un hecho que nunca aparecerá como tal. No existe porque no se ha divulgado. Pero incluso cuando se divulgan, los hechos se relatan de una manera discriminatoria. Es el caso de la detención el 21 de mayo en Ucrania de un francés que llevaba un arsenal de guerra en su furgoneta.

Pocos se acordarán de aquel hecho y nadie del nombre de aquel francés que pretendía atentar durante la Eurocopa. ¿Cómo se llamaba?, ¿alguien vio su foto en los medios?

El detenido fue objeto de una especial protección por parte de la policía y los medios, absolutamente inusual en ese tipo de noticias sobre las cuales se suele orquestar la consabida alarma, con grandes fotos del sospechoso ocupando las primeras planas.

El detenido pretendía atentar contra mezquitas y sinagogas, pero nada se dijo de las iglesias cristianas como posibles objetivos.

Tampoco se divulgó que cuando la policía francesa registró su vivienda en Francia apareció una camiseta con inscripciones fascistas. Ningún medio aludió a su militancia política, ni a su confesión religiosa, ni a su origen nacional… Nada.

A pesar de que casi todos los autores de los atentados que se cometen en Europa son ingleses, franceses o belgas, las noticias siempre recuerdan que, en realidad, no eran tales porque eran originarios de Pakistán, Marruecos, Túnez o Argelia, que eran especies híbridas franco-argelinas o algo parecido.

Desde luego que si se trata de alguien como Zinedine Zidane, entrenador del Real Madrid, nadie se preocupa de recordar que es de origen argelino, ni le califica como franco-argelino.

Pues bien, el fascista detenido en Ucrania no es anónimo. Se llama Grégory Moutaux y es francés de origen francés, por lo que nunca volveremos oír hablar de él. Tampoco volveremos a ver en ningún medio una de las pocas fotos suyas que se han publicado sin pixelar. Como ven, es pelirrojo, un europeo de pura cepa. Eso también es un hecho.

El yihadista del sombrero también es confidente del espionaje británico

Mohammed Abrini
El pasado 26 de junio el periódico londinense Times informó (*) de que uno de los principales organizadores de los atentados de París en noviembre del pasado año, Mohammed Abrini, es un confidente (“supergrass”) de los servicios de inteligencia británicos.

Tras los atentados, la inteligencia británica le habría acogido, proporcionándole una nueva identidad.

Además de los atentados de París, el confidente participó en los atentados de Bruselas de 22 de marzo del pasado año.

El terrorista y confidente belga, miembro del Califato Islámico, participó en el atentado del aeropuerto de Bruselas el 22 de marzo con Najim Lachraoui e Ibrahim El Bakraoui, pero no detonó sus explosivos, siguiendo instrucciones de sus jefes del espionaje británico.

Su hermano murió en Siria luchando en las filas del Califato Islámico.

Abrini es conocido por el “hombre del sombrero” en las fotos tomadas en el aeropuerto poco antes de la explosión. Era amigo de la infancia de Salah Abdeslam y durante años formó parte de la delincuencia común de los barrios marginales de Bruselas.

El “confidente del sombrero” fue detenido el 8 de abril en el distrito bruselense de Anderlecht junto a otras dos personas, pero su situación judicial es confusa. Está en manos de Bélgica, que aún no le ha llevado a juicio. En su momento Francia solicitó su extradición, pero el fiscal la denegó, posiblemente a causa de las presiones británicas.

Según el Times, Abrini habría proporcionado a los espías británicos informaciones sobre las actividades de los terroristas y sus simpatizantes, por lo que es evidente que las matanzas se conocían con la suficiente antelación como para que se hubieran evitado.

(*) http://www.thetimes.co.uk/article/first-isis-supergrass-helps-uk-terror-police-pcqrtmbz8
Abrini en el aeropuerto de Bruselas ataviado con un sombrero

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