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Autor: Redacción (página 1159 de 1372)

Estados Unidos construyó una base militar secreta bajo el hielo de Groenlandia

En 1959 el cuerpo de ingenieros de Estados Unidos construyó una base militar subterránea en Groenlandia. La obra se encubrió con el pretexto de investigar la viabilidad de trabajar bajo hielo. En realidad, Estados Unidos estuvo trabajando de 1960 a 1966 en el Proyecto Iceworm para construir una red de misiles nucleares móviles bajo hielo, que le permitiera atacar a la URSS.

La base que Estados Unidos construyó bajo hielo se conoce hoy en día como Camp Century. Tiene 8 metros de profundidad y recorre 1,6 kilómetros. En ella vivieron cerca de 200 soldados. En ella Estados Unidos almacenó toda clase de elementos biológicos, químicos y radioactivos. Al interrumpir el proyecto, dejaron abandonados los residuos tóxicos.

En la Guerra Fría, Groenlandia se convirtió en un punto estratégico para Estados Unidos, pues era el camino más corto para que los bombarderos y los misiles alcanzaran la URSS.

El Proyecto Iceworm pretendía almacenar 600 misiles balísticos intercontinentales, que eran transportados por un sistema de rieles y túneles bajo la capa de hielo.

Para ocultarlo, el Pentágono engañó a todo el mundo hablando del proyecto Camp Century, que planeaba la construcción de una supuesta ciudad bajo el hielo en la que científicos, ingenieros y militares trabajarían juntos. Ni siquiera al gobierno de Dinamarca, bajo cuya soberanía está Groenlandia, le informaron de los verdaderos planes del Pentágono.

Excavaron 21 túneles de tres kilómetros de largo bajo la capa de hielo. Allí se construyeron laboratorios, una biblioteca, una iglesia, un café, salas de descanso, lavanderías y cuarteles. Gracias al reactor nuclear móvil Alco PM-2A, el primero en su tipo, el campamento contaba con energía, sistemas de filtrado de agua y calefacción para las 200 personas que allí vivían.

El Pentágono convirtió a Camp Century en parte de su propaganda acerca de la superioridad tecnológica de Estados Unidos. Pero fue un fracaso rotundo, tanto científico como militar, sobre todo teniendo en cuenta los millones de dólares invertidos. Los soldados debían retirar más de 120 toneladas de nieve y hielo para evitar que las paredes y el techo de la construcción se vinieran abajo.

En 1962 la estación de energía atómica se vio amenazada por la caída del techo y en 1964 por la deformación de los túneles, por lo que ese año fue desmontada. La estación trabajó un año más con generadores diésel, pero en 1965 fue totalmente evacuada.

Atentado con coche bomba del PKK contra una comisaría de policía

El exdirigente del PKK Semdin Sakik
Dos policías y un civil murieron y otras 25 personas, entre ellas ocho policías, resultaron heridas ayer cuando el PKK hizo detonar un coche cargado con explosivos cerca de una comisaría de la policía de tráfico en Sukurlu, un barrio de Diyarbakir, la capital de Kurdistán.

Más de 500 miembros de las fuerzas de seguridad turcas, miles de miembros del PKK, así como civiles, han muerto en enfrentamientos dentro de Turquía y en el norte de Irak desde el pasado mes de julio.

Desde 1984 en los enfrentamientos han perdido la vida más de 40.000 personas. La guerra se intensificó a partir de 1990, cuando estalló la Primera Guerra del Golfo.

En aquel momento el presidente turco Turgut Özal quien, por cierto, era kurdo, rompió la política kemalista en Kurdistán, iniciando negociaciones con el PKK para amnistiar a los presos políticos, permitir su actuación electoral y otorgar la autonomía.

Poco después, en 1993, el máximo dirigente del PKK, Abdullah Öçalan, anunció un alto el fuego, que fracasó cuando un alto dirigente del PKK, Semdin Sakik, que se oponía a la tregua, organizó una emboscada en la que murieron 30 soldados turcos que estaban desarmados.

En 1998 Sakik abandonó el PKK y se afilió al Partido Democrático de Kurdistán. La policía le detuvo y hoy es muy conocido en Turquía porque en 2012 declaró como testigo en el caso Ergenekon, una de las depuraciones emprendidas por Erdogan del aparato del Estado por la vía judicial.

Durante el juicio Sakik declaró que con motivo de la tregua se organizó un complot dentro del ejército turco llamado “Dogu Çalisma Grubu” (Grupo de Estudios Orientales). Al menos una parte de los altos oficiales del ejército conocían los planes del PKK y deliberadamente desarmaron a los soldados para que pudieran ser masacrados en la emboscada. De esa manera sabotearon la tregua, se lanzaron a la represión sobre Kurdistán y, para que no quedaran interlocutores, asesinaron al presidente Turgut Özal.

Los hechos demuestran, pues, que la situación en Kurdistán depende extraordinariamente tanto del imperialismo en Oriente Medio como de la correlación de fuerzas en Ankara y que las organizaciones kurdas siguen siendo instrumentalizadas, tanto por unos (los imperialistas) como por otros (ejército turco).

Entre otras cosas, en el juicio Sakik manifestó que el general de la gendarmería (policía militarizada) turca Veli Küçük había entrenado a los militantes del PKK. Al mismo tiempo, el general Küçük es la cabeza de la organización paralela Ergenekon, a la que se puede describir como el Gladio turco. Le detuvieron en 2008 y tiene dos cadenas perpetuas.

Las declaraciones de Sakik resultaron chocantes porque Ergenekon había actuado como una policía paralela asesinando a los simpatizantes del PKK en acciones de guerra sucia.

La OTAN lanzó dos misiles contra Siria desde España

En el verano de 2013 la OTAN lanzó desde España dos misiles contra Siria que fueron interceptados por los radares rusos y no llegaron a su destino. Formaban parte del arsenal de 624 con los que la alianza imperialista quiso arrasar Siria, según una entrevista en directo de la cadena de televisión Rusia 24 con Serguei Shoigu, el ministro ruso de Defensa, emitida este lunes.

Esta parte de la información la publicó en su momento el diario libanés As Safir procedente de una fuente diplomática, dejando tras de sí una información confusa, ya que Israel negó haberlos lanzado mientras que Rusia confirmó el lanzamiento.

Poco después, Israel afirmó que fueron disparados en el curso de unas maniobras conjuntas con Estados Unidos y que habían caído en el mar, añadiendo que los lanzamientos no estaban relacionados con la guerra de Siria.

En aquel momento, como publicamos en la entrada anterior, la OTAN estaba amenazando de manera secreta al gobierno de Damasco con un lanzamiento masivo de misiles con la excusa de los arsenales de armas químicas en su poder.

El diario As Safir señaló que fueron “las fuerzas estadounidenses las que dispararon los dos misiles desde una base de la OTAN en España”, que fueron instantáneamente detectados por los radares rusos y confrontados por sus sistemas de defensa antimisiles, de tal modo que uno explotó en el aire y el otro cayó desviado hacia el mar.

El diplomático que relató el incidente añadió que “la guerra de Estados Unidos contra Siria comenzó y terminó en el momento en que dos misiles balísticos fueron disparados”.

En su entrevista del lunes, Shoigu no desveló la localización desde la que fueron lanzados los dos misiles, ni tampoco su derribo y la agencia Al-Manar se pregunta por los motivos del silencio del ministro ruso. ¿Por qué?

La explicación de la agencia libanesa es la siguiente: en el momento en el que los misiles fueron lanzados, el jefe del servicio ruso de inteligencia contactó con sus homólogos estadounidenses y les marcaron los límites muy claramente: “Atacar Damasco significa atacar Moscú”.

Rusia censuró la información de que había derribado los dos misiles para preservar sus relaciones bilaterales y evitar una escalada, pero advirtió muy claramente a Estados Unidos que debía reconsiderar su política hacia Siria, “y pueden estar seguros que no pueden eliminar nuestra presencia en el Mediterráneo”, añadieron los rusos.

Este choque frontal aclaró al Pentágono que los rusos estaban dispuestos a ir hasta el final en su apoyo a Siria y que ellos no tenían otra salida que recurrir a Moscú para buscar una salida que les permitiera salvar la cara en el asunto del armamento químico.

La fuente diplomática dijo a As Safir que “con el fin de evitar una mayor confusión estadounidense y después de que Israel negara saber nada sobre el disparo de los misiles en su primera declaración, lo cual era verdad, Washington pidió a Tel Aviv que asumiera el disparo de los misiles con el fin de salvar su cara ante la comunidad internacional, especialmente dado que estos dos misiles eran el inicio de la operación militar contra Siria, después de lo cual se suponía que Obama iba a acudir a la Cumbre del G-20 en Rusia para negociar el destino del presidente sirio, Bashar al Assad. Sin embargo, él fue allí a buscar una salida del punto muerto en el que se encontraba”.

El diplomático indicó además que “después del choque entre Estados Unidos y Rusia a causa de los misiles, Moscú buscó incrementar su presencia naval en el Mediterráneo. También se fijó un plazo para anunciar su iniciativa para impedir la agresión contra Siria a continuación de la Cumbre del G-20, tras los encuentros que tuvieron lugar al margen de la misma y que fueron seguidos por dos visitas sucesivas del viceministro de Exteriores iraní, Hussein Amir Abdul Lahyan, y del ministro sirio de Exteriores, Walid al Muallim, que fueron coordinadas con el lado ruso. En el transcurso de la visita de Muallim se llevó a cabo un anuncio sirio sobre la aprobación de la iniciativa rusa, que puso destrucción de las armas químicas de Siria bajo supervisión internacional”.

Finalmente, la fuente señaló que “uno de los primeros resultados del choque militar ruso-estadounidense fue que la Cámara de los Comunes británica rechazó participar en la guerra contra Siria. Esto fue seguido por la toma de posición de otros gobiernos europeos, como el de Angela Merkel en Alemania, en contra de un conflicto en el país árabe”.

Encierran de por vida al líder del programa nuclear brasileño y a su hija

Eliminar la «B» de BRICS y a todo aquel que tenga en mente la independencia de Brasil de los centros financieros mundiales; ese parece ser el trasfondo de la supuesta «investigación» conocida como Lava Jato que ha logrado echar abajo al gobierno de Dilma Rousseff.
El juez brasileño Marcelo da Costa Bretas emitió el jueves 4 de julio una absurda sentencia de 43 años de prisión para el vicealmirante Othon Luiz Pinheiro da Silva, el científico militar de 76 años de edad que inició y supervisó el desarrollo los vanguardistas programas nucleares científicos y tecnológicos de Brasil desde fines de la década de 1970.
El vicealmirante Pinheiro fungía como director ejecutivo de la compañía estatal nuclear, Eletronuclear, cuando lo arrestaron por primera vez en julio de 2015, acusado por cargos salidos de la 16ava fase de la operación británica y de Obama y los banqueros internacionales denominada Lava Jato como un ataque contra la nación, en la llamada Operación Radioactividad, porque estaba dirigida contra la industria nuclear. Mientras que otros acusados se rindieron ante los chantajes y presiones judiciales de la cacería de brujas, el vicealmirante negó todos los cargos y se rehusó a aceptar una negociación de culpabilidad.
En dos años, Lava Jato ha sacado de su puesto a la Presidente legítima del Brasil, ha paralizado y casi llevó a la bancarrota a la compañía petrolera estatal, Petrobras, y a todas las compañías privadas significativas de construcción y de ingeniería del país, y ha puesto en la cárcel a varios de sus directores principales, civiles y militares por igual, con el pretexto de dizque «combatir la corrupción». Pero la sentencia contra el vicealmirante Othon es mucho mayor, en décadas, que cualquiera otra que se haya impuesto a las víctimas de Lava Jato. Y a su hija, que trabajaba con él en la industria nuclear, le dieron 14 años y 10 meses de cárcel por los mismos cargos supuestos de corrupción.
El vicealmirante Pinheiro es considerado uno de los líderes más creativos y audaces de Brasil en las últimas cuatro décadas. En 1974, a la edad de 35 años como capitán de navío, le solicitó a sus superiores que lo enviaran al MIT a estudiar ingeniería nuclear, un campo en el cual no tenía ningún base previa.
Brasil comenzó a construir su primera planta nuclear en 1972, pero fue sujeto a ataques angloamericanos y a la obstrucción de su industria nuclear desde un principio.
Cuando Pinheiro regresó de sus estudios en 1979, se le llegó a conocer como «el loco» por su empeño en la necesidad de que Brasil dominara el ciclo completo del combustible nuclear, y que desarrollara su propia industria y tecnología para el enriquecimiento del uranio para asegurar su industria nuclear. Convenció a sus superiores del proyecto y comenzó a crear el programa brasileño de enriquecimiento de uranio de la nada. Tuvo la idea de desarrollar una capacidad de propulsión nuclear autóctona, es decir, un submarino nuclear. Convenció al gobierno brasileño para que le diera luz verde y dirigió la ejecución del proyecto.
El programa nuclear de la Armada que él creó ha sido la espina dorsal de la industria nuclear civil de Brasil hasta la fecha.
La sentencia de muerte en prisión en contra del vicealmirante fue por cargos que van desde el lavado de dinero, obstrucción de la justicia, y participación en una «asociación delictiva» por presuntamente tomar $1.2 millones de dólares en sobornos para la construcción de la tercera planta nuclear de Brasil. El aparato de Lava Jato acusó al vicealmirante de que su delito era particularmente odioso porque el había mantenido contacto con el liderato de Eletronuclear.
Pero ya empezó a manifestarse una reacción. El prominente periodista nacionalista Mauro Santayana escribió el mismo día un artículo publicado en el diario Jornal do Brasil, donde destaca que en cualquier país sensato, el vicealmirante Othon Pinheiro, «uno de los mejores científicos brasileños» —que ha sido condecorado con la Gran Cruz del Mérito Científico Nacional en 1994, entre otras condecoraciones— sería considerado con todos los honores.
Santayana hace referencia a otros incidentes anteriores, cuando se descubrió que la CIA había plantado espías enseguida del apartamento del vicealmirante, y dice que la misma «potencia extranjera» que hizo eso, está detrás de los jueces de Lava Jato. No obstante, Santayana advierte que el juicio de la historia tendrá su día, y señala que «como a la mayoría de los patriotas, nacionalistas, académicos judiciales y constitucionalistas, las fuerzas armadas brasileñas han tolerado con un digno silencio… las amenazas que, como buitres, rondan sobre los numerosos proyectos de defensa que empezaron en la última década, y contra las compañías responsables por ellos… en el nombre de una hipócrita pseudo campaña contra la corrupción».

https://es.larouchepac.com/es/20160806/lider-del-programa-nuclear-de-brasil-condenado-43-anos-de-prision

Rusia impidió que la OTAN arrasara Siria con un ataque masivo de misiles

Serguei Shoigu, ministro ruso de Defensa
Ayer el ministro ruso de Defensa, Serguei Choigu, anunció que en 2013 Rusia impidió un ataque de la OTAN contra Siria de 624 misiles crucero, según declaró en directo en una emisión de la cadena de televisión Rusia 24.

La OTAN estaba dispuesta a arrasar Siria por completo, aseguró Shoigu, lo que Putin pudo impedir intercediendo con el gobierno de Damasco para que destruyera su arsenal químico.

El ministro dijo que tras un bombardeo de esas dimensiones reconstruir la estructura del Estado hubiera sido extraordinariamente difícil.

Por lo demás, Shoigu se mostró confiado en que Rusia y Estados Unidos encontrarán un acuerdo para iniciar la lucha conjunta contra el Califato Islámico en Alepo.

También expresó su esperanza de que un acuerdo así pudiera contribuir a restablecer la paz en la región, devastada por los combates, y que la gente pueda regresar a sus hogares.

El 14 de septiembre de 2013 Rusia y Estados Unidos firmaron un acuerdo para que el gobierno de Damasco destruyera todo su arsenal de armas químicas.

Dicho acuerdo se logró pocas semanas después de un ataque químico el 21 de agosto, en el que 1.400 personas murieron intoxicadas. Los medios que ejercen como portavoces del imperialismo imputaron el ataque al gobierno de Bashar Al-Assad.

Posteriormente se comprobó que dicho ataque fue obra de los “rebeldes moderados” apoyados por Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Turquía y los países del Golfo, que fueron quienes les suministraron dichas armas y les instruyeron en su manejo.

El príncipe Bandar bin Sultan que envió las armas, quería usar los ataques con gas como pretexto para provocar una intervención imperialista contra Siria. Los expertos señalaron más tarde que el gas sarin usado en el ataque no era del tipo que tenía el ejército regular en sus arsenales.

El setiembre del año pasado, la BBC informó de que en la guerra de Siria se había utilizado armamento químico, normalmente gas cloro, en 60 ocasiones, aunque imputaba la responsabilidad del crimen al Califato Islámico.

Recientemente, esos mismos “moderados” volvieron a utilizar armas químicas en la batalla de Alepo. Sin embargo, Estados Unidos nunca les ha bombardeado con misiles crucero. En Washington siempre tienen dos varas de medir.

Los que han provocado el terrorismo en Oriente Medio no pueden acabar con él

Seumas Milne

(artículo publicado en ‘The Guardian’ en junio del pasado año)

La guerra contra el terror, esa eterna campaña lanzada hace catorce años por George Bush se retuerce con contorsiones más grotescas. El juicio en Londres de un sueco, Bherlin Gildo, acusado de terrorismo en Siria, colapsó tras aclararse que la inteligencia británica había estado armando a los mismos grupos rebeldes de cuyo apoyo se acusaba al procesado. La acusación abandonó el caso, aparentemente para evitar complicar a los servicios de inteligencia. La defensa argumentó que seguir adelante con el juicio hubiera sido una “afrenta a la justicia” cuando había buenas pruebas de que el propio Estado británico había proporcionado “amplio apoyo” a la oposición armada siria.

Esto no sólo incluía la “asistencia no letal” cacareada por el gobierno (incluyendo blindaje personal y vehículos militares), sino entrenamiento, apoyo logístico y la entrega en secreto de “armas de forma masiva”. Algunas informaciones citan que el MI6 ha estado cooperando con la CIA en una “línea de escape” de armas, desde los almacenes en Libia hacia los rebeldes sirios en 2012, tras la caída del régimen de Gadafi.

Claramente, el absurdo de enviar a alguien a la cárcel, por hacer lo mismo que los ministros y los oficiales de seguridad hacían, era demasiado. Pero éste es solamente el último en una serie de casos similares. Menos suerte tuvo el taxista londinense Anis Sardar, quien, por haber participado en 2007 en la resistencia contra la ocupación de Irak por fuerzas británicas y estadounidenses, fue condenado a cadena perpetua quince días antes. La oposición armada a una invasión u ocupación ilegal no constituye claramente terrorismo ni asesinato en la mayoría de las definiciones, incluyendo la Convención de Ginebra. Pero el terrorismo está ahora en el ojo del espectador. Y en ningún lugar es esto ahora más cierto que en Oriente Medio, en donde los terroristas de hoy son los luchadores de mañana contra la tiranía, y los aliados son enemigos, frecuentemente dependiente del desconcertante capricho de una conferencia de los políticos occidentales.

En 2014 Estados Unidos, el Reino Unido y otras fuerzas occidentales volvieron a Irak, supuestamente para destruir el ultrasectario grupo terrorista Califato Islámico (anteriormente conocido como Al-Qaeda en Irak). Esto sucedió tras la toma por parte del Califato Islámico de grandes trozos del territorio sirio e iraquí, y la proclamación de un peculiar califato islámico. La campaña no está marchando bien. El último mes, el Califato Islámico entró en la ciudad iraquí de Ramadi, mientras al otro lado de la ahora inexistente frontera sus fuerzas conquistaban la ciudad siria de Palmira. La franquicia oficial de Al-Qaeda, el Frente Al-Nosra, también ha estado haciendo avances en Siria.

Los irakíes se quejan de que Estados Unidos se sentó a mirar mientras todo eso sucedía. Los norteamericanos insisten en que están evitando causar daños a civiles, y alegan importantes éxitos. En privado, los funcionarios dicen que no quieren que se les vea como atacantes de las fuerzas sunníes en una guerra sectaria, y molestar a sus aliados sunníes del Golfo. Una luz reveladora de cómo hemos llegado aquí lo ha proporcionado un informe secreto de la inteligencia de Estados Unidos recientemente desclasificado, escrito en agosto de 2012, que predice de forma asombrosa, y en la práctica celebra, la perspectiva de un “pequeño Estado soberano salafista” en el este de Siria, y un Califato Islámico dirigido por Al Qaeda en Siria e Irak. En duro contraste con las afirmaciones occidentales de aquel tiempo, el documento de la Defense Intelligence Agency identifica a Al-Qaeda en Irak (que se convirtió en el Califato Islámico) y otros salafistas como “las principales fuerzas impulsoras de la insurgencia en Siria”, y afirma que los “países occidentales, los Estados del Golfo y Turquía” apoyaban los esfuerzos de la oposición para tomar el control en el este de Siria.

Planteando la “posibilidad de establecer un Estado salafista declarado o no”, continúa el informe del Pentágono, “esto es justamente lo que quieren las fuerzas opositoras, de cara al aislamiento del régimen sirio, que se considera la profundización de la estrategia de la expansión chiíta (Irak e Irán)”.

Y esto es justamente lo que sucedió dos años más tarde. El informe no es un documento político. Está redactado de forma básica y tiene ambigüedades en el lenguaje, pero las implicaciones quedan suficientemente claras. Tras un año de rebelión en Siria, Estados Unidos y sus aliados no solamente apoyaban y armaban a una oposición que sabían dominada por grupos ultra sectarios; estaban preparados para permitir la creación de algún tipo de “Califato Islámico” (pese al “grave peligro” para la unidad de Irak) a modo de colchón sunní para debilitar a Siria.

Esto no significa que Estados Unidos creara el Califato Islámico desde luego, pese a que algunos de sus aliados del Golfo jugaran un papel en ello, como el vicepresidente Joe Biden reconoció en 2014. Pero no había ningún Al-Qaeda en Irak hasta que Estados Unidos y el Reino Unido lo invadieron. Y los Estados Unidos ciertamente han aprovechado la existencia del Califato Islámico contra otras fuerzas en la zona como parte de una operación más amplia de mantener el control de los occidentales.

El cálculo cambió cuando el Califato Islámico comenzó a decapitar occidentales y a publicar atrocidades en línea; los Estados del Golfo respaldan ahora a otros grupos en la guerra de Siria tales como el Frente Al-Nosra. Pero esta costumbre de los países occidentales de jugar con los grupos yihadistas, que luego les muerden, se remonta por lo menos a la guerra de los años 80 contra la Unión Soviética en Afganistán, que promovió a la Al-Qaeda original, bajo la tutela de la CIA.

Se volvió a calibrar durante la ocupación de Irak, en donde las fuerzas norteamericanas dirigidas por el general Petraeus patrocinaron un estilo de guerra sucia, tipo El Salvador, empleando escuadrones de la muerte sectarios para debilitar la resistencia irakí. Y se retomó en 2011 durante la guerra de la OTAN contra Libia, en donde el Califato Islámico tomó el control de la ciudad natal de Gaddafi, Sirte.

El realidad, la política de Estados Unidos y Occidente en la conflagración en Oriente Medio pertenece al clásico modelo de divide y vencerás. Los norteamericanos bombardean a un grupo de rebeldes mientras apoyan a otros en Siria, y organizan operaciones militares conjuntas con Irán contra el Califato Islámico en Irak, mientras apoyan las campañas militares de Arabia saudí contra las fuerzas hutis respaldadas por Irán en Yemen. Pese a lo confusas que puedan ser las políticas de Estados Unidos, una Siria y un Irak débil y fragmentado cumplen ese enfoque a la perfección.

Está claro que el Califato Islámico y sus monstruosidades no serán derrotados por las mismas fuerzas que lo llevaron los primeros a Irak y a Siria, y cuya guerra abierta o cubierta lo ha promovido en estos años. Las eternas intervenciones militares occidentales en Medio Oriente solamente han traído división y destrucción. Solo los pueblos de la región pueden curar la enfermedad, y no aquellos que incubaron el virus.

Fuente: https://www.theguardian.com/commentisfree/2015/jun/03/us-isis-syria-iraq
 

Otro caso de complicidad de Amnistía Internacional con los yihadistas

El apoyo a los yihadistas vuelve a poner en la picota el papel de las ONG como correas de transmisión del imperialismo. Hasta 2012 Amnistía Internacional se destacó por sus campañas de defensa de Ussama Atar, un yihadista belga detenido en Irak. Una vez logrado su objetivo, Atar está hoy perseguido por la policía antiterrorista belga como dirigente del Califato Islámico.

Ahora la presión se ha vuelto contra la ONG, que ayer tuvo que difundir un comunicado para justificar su campaña favorable al yihadista. Dice que sólo criticó las condiciones de detención de Atar y su estado de salud, pero que nunca pidió su liberación. Las fotografías de la época, los carteles y las manifestaciones, convocadas junto con el Partido Socialista belga, el Ecologista y el CDH, dicen todo lo contrario.

Atar tiene 32 años y es primo de los hermanos Bakraui, autores de los atentados cometidos en marzo en Bruselas. Se trasladó a la región fronteriza entre Irak y Siria en 2002, cuando tenía 18 años y los irakíes le encarcelaron hasta 2012. Ahora es “el hombre más buscado de Bélgica”. La policía le acusa de ser el instigador de los crímenes cometidos por sus primos.

En el comunicado de ayer, Amnistía Internacional afirma que pidió al gobierno de Irak que tomara las medidas necesarias para atender en la cárcel a Atar, dado su estado de salud. Naturalmente el comunicado repite los tópicos rituales sobre la condena de toda clase de violencia, sobre todo si es “ciega” (casi tan “ciega” como la misma justicia).

No hay más “ciego” que el que no quiere ver. Amnistía Internacional, determinados partidos parlamentarios y el gobierno belga lograron que Irak liberara a Atar por razones de salud. Ahora quieren volver a meterle en la cárcel.

Cuando Amnistía Internacional inició la campaña ya era sabido que Atar era un dirigente del Califato Islámico y que había estado en prisión junto a su máximo dirigente Abu Bakr Al-Bagdadi.

Este tipo de acciones por parte de Amnistía Internacional no son ninguna casualidad. Ya ocurrió lo mismo con la campaña iniciada para obtener la liberación del checheno Ahmed Chataiev, a fin de luego pudiera cometer el mortífero atentado de Estambul el 29 de junio de este año. Ya lo denunciamos en este artículo, en el que también aparecía involucrada la misma ONG:

Terroristas que son demócratas contra demócratas que son terroristas
https://mpr21.info/2016/07/terroristas-que-son-democratas-contra.html

El apuro de los socialistas, ecologistas y demás partidos parlamentarios que participaron en la campaña no es menor que el de la ONG. Ya es extraño que ese tipo de ONG y partidos se preocupen de los presos y, sobre todo, de aquellos que cumplen su condena en Irak. ¿Sería Atar uno de esos presos “de conciencia” por los que se preocupa Amnistía Internacional?, ¿por qué no busca presos “de conciencia” también en cárceles un poco más cercanas, como las españolas?, ¿no hay presos enfermos en España?

No es muy habitual que digamos. Uno de los dirigentes ecologistas, el diputado Zoé Genot, se puso ayer a balbucear a los medios de su país: “Yo no sabía…” Es evidente que no tenía ni idea, ni de Atar ni de nada. Pero, ¿por qué no se quedarán en su casa? Los peores cómplices son siempre los más tontos.

Para el gobierno belga la cosa es más peliaguda: fueron ellos los que trasladaron a Atar desde una cárcel en Irak hasta la misma Bruselas, donde se cometieron los atentados de marzo. Se lo pusieron en bandeja. Naturalmente que el gobierno tampoco sabía nada de nada… ni quiere saber.

Los presos ‘de conciencia’ que defiende Amnistía Internacional
resultan ser… yihadistas

Un grupo fascista australiano asalta una iglesia cristiana disfrazados de musulmanes

El sábado un grupo fascista australiano ha asaltado una iglesia anglicana disfrazados de musulmanes y lanzando gritos contra el islam. Al parecer eligieron la parroquia porque era favorable a los emigrantes.

El asalto ocurrió en Gosford, en la coste este de Australia. Cuando el reverendo anglicano Rod Bower celebraba la liturgia, una decena de fascistas disfrazados de musulmanes interrumpieron el acto, imitando los rezos musulmanes.

Los fascistas pertenecían al Partido de la Libertad, que ha reivindicado el asalto en su página de Facebook publicando un vídeo del incidente, pero también de sus militantes disfrazados y contentos por su puesta en escena.

El Partido eligió la iglesia por su postura favorable al islam y su defensa de los inmigrantes. Uno de los carteles situados al exterior de la parroquia se titulaba “Bendice el burka”.

El día de asalto se podía leer en el mismo cartel “Suerte al equipo olímpico australiano y al equipo de refugiados” y “Apoyamos a la comunidad musulmana, tendemos puentes entre las diferentes religiones”.

Durante el asalto los fascistas se lo recordaron al sacerdote para mofarse de él: “Queremos compartir el islam con Usted, es nuestro porvenir, somos una riqueza”.

El párroco ha confesado que está escandalizado y profundamente afectado por este incidente: “Venir a un recinto sagrado celebrando el acto último de amor para proclamar mensajes de odio… es profundamente chocante”, ha manifestado.

Desde hace meses Australia se enfrenta a una multiplicación de incidentes ligados a la emigración y al islam. El 7 de agosto la policía detuvo a un militante fascista que preparaba un atentado. En junio en Perth, otra localidad de la costa del Pacífico, lanzaron una bomba incendiaria contra una mezquita tras la oración.

El 26 de julio fue degollado en Saint-Etienne-du-Rouvray, en la Normandía francesa, un sacerdote católico llamado Jacques Hamel, un anciano de 86 años que siempre se había caracterizado por su defensa de los emigrantes. Siguiendo el mantra, Hollande culpabilizó inmediatamente del asesinato al mismo de siempre, al Califato Islámico.

El tercer hombre de la foto no levantó el puño ni era negro tampoco

Durante diez años olvidamos una gesta de esas que jamás deberíamos olvidar. Lo recordó el año pasado el escritor italiano Riccardo Gazzaniga (*) y hoy, en plenos Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, es el momento de refrescar la memoria, no vaya a ser que despertemos del letargo y no sepamos ni quiénes somos.

Se trata de la famosa foto tomada durante el podio de los Juegos Olímpicos de México 1968 en las que aparecen los atletas estadounidenses Tommie Smith y John Carlos descalzos, con la cabeza agachada y el puño alzado envuelto en un guante negro. Era el símbolo de los Panteras Negras y, por extensión, de la opresión de la población negra de Estados Unidos, un gesto que jamás se ha vuelto a repetir.

La imagen es uno de los grandes iconos del siglo pasado y sus protagonistas fueron aquellos dos atletas negros que protestaban con los primeros acordes del himno de Estados Unidos, algo muy poco patriótico. Pero en el podio había un tercer personaje del que nadie habló nunca, una especie de convidado de piedra que acabó olvidado, incluso en su propio país. Es el atleta blanco que ni está descalzo ni levanta el puño: el australiano Peter Norman, fallecido hace diez años.

Como escribió Gazzaniga, ese tercer hombre parece un intruso que estropea un icono que, sin él, resultaría perfecto. Nunca nadie se interesó por su vida. Sin embargo, también merece salir del olvido, y no sólo por aquella medalla obtenida en la carrera de 200 metros lisos, que recorrió en 20:06 segundos, quedando en segundo lugar detrás de Tommie Smith, que batió el récord del mundo.

La velocidad es cosa de negros, como casi todo el atletismo. Simplemente son superiores a los blancos: más veloces, más fuertes y más potentes. En 1968 nadie apostó que alguien como Norman se entrometería en una carrera de negros y lograría la medalla de plata.

Tras la carrera, los dos negros que iban a subir al podio se acercaron a Norman. Sabían que su país era tan racista o más que Estados Unidos. En Australia no sólo existía la segregación racial contra los negros sino también contra las poblaciones aborígenes. ¿Sería Norman otro blanco racista? Le tantearon preguntándole si creía en la igualdad de derechos. Les contestó que sí. Entonces los estadounidenses le confesaron lo que tenían pensado llevar a cabo en el podio.

“Creía que iba a ver miedo en sus ojos, pero lo que vi fue amor”, dijo John Carlos años después. “Estaré con vosotros”, les respondió el australiano con decisión.

Smith y Carlos habían pensado subir descalzos al podio porque no sólo querían reivindicar una condición racial sino la condición de clase de los negros en Estados Unidos, la de quien no tiene nada: la del proletariado.

Falta un detalle que Norman les sugirió: el guante negro, ese que le dio una fuerza definitiva al legendario gesto de los atletas. No tenían más que un único par de guantes por lo que inmediatamente antes de subir a la gloria desistieron, y fue ora vez el australiano el que les dijo que se pusieran un guante cada uno. De ahí que Smith levante el brazo derecho y Carlos el izquierdo.

En aquella época se había formado un movimiento de protesta que se llamaba “Proyecto Olímpico” del que formaban parte numerosos atletas, que se identificaban por una insignia. Como muestra la imagen, los tres portaban aquella insignia.

También muestra que Norman tiene a los dos estadounidenses a su espaldas. No vio la escena y supo que habían ejecutado el plan cuando el estadio enmudeció ante aquel gesto reivindicativo y dejó de cantar el himno de las barras y estrellas.

Al día siguiente la foto fue la primera plana en todos los diarios del mundo. Los 200 metros lisos, los Juegos Olímpicos, las ceremonias… todo pasó a un segundo plano y se habló de racismo, de segregación, de apartheid y de discriminación. Por un momento, gracias a tres atletas, los oprimidos fueron los protagonistas.

A pesar de que, como todos sabemos, “el deporte no tiene nada que ver con la política”, el imperialismo no podía tolerar aquello y tomó represalias. Los dos velocistas negros fueron expulsados inmediatamente del equipo olímpico y tuvieron que abandonar las instalaciones. Al llegar a su país fueron amenazados de muerte en numerosas ocasiones.

También el australiano fue represaliado. Tuvo que abandonar una prometedora carrera como atleta. En los siguientes Juegos Olímpicos no le admitieron en la selección. Hubiera podido convertirse en una de esas viejas glorias del deporte que todos los países sacan a pasear para hinchar los pechos de patriotismo, pero desapareció para siempre de la memoria del atletismo. Se convirtió en un paria, un apestado, un traidor. Décadas después, cuando se celebraron los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, el gobierno australiano invitó a todos los medallistas olímpicos a los actos oficiales… excepto a uno: Peter Norman. Australia es un país tan racista que incluso su propia familia renegó de él. No encontró trabajo y cayó en el alcoholismo y una profunda depresión en la que vivió sus últimos años.

Smith y Carlos, en el funeral de Norman
Se equivocarán Ustedes de lleno si suponen que fue represaliado por aquel gesto épico, uno de esos actos que alguien comete en la vida sin pensarlo y luego se arrepiente toda su vida. En absoluto. Podía haber renegado de sí mismo y lamentar su gesto. Se lo preguntaron mil veces a lo largo de su vida, en público y en privado: ¿condenas el acto de Smith y Carlos?, ¿quieres disculparte? Le hubieran devuelto la gloria que merecía si el deporte sólo fuera deporte, pero su respuesta siempre fue la misma: lo volvería a hacer.

La frontera entre la gloria y el ostracismo más oscuro es así de frágil: depende sólo de un pequeño gesto, de un instante de debilidad, de una traición minúscula… Norman demostró algo que el capitalismo no entiende: la dignidad no está en venta y si alguien se prostituye es para siempre. No hay medias tintas. El australiano jamás traicionó a Smith y Carlos. El imperialismo nunca ha podido disfrutar de ese placer porque se tropezó con un australiano íntegro, el vivo espejo en el que todas las personas dignas deberían mirarse cada mañana.

Con el tiempo la historia ha devuelto a Smith y Carlos lo que les robaron durante tantos años. En California una estatua recuerda su aportación a la lucha contra la segregación racial, pero en el podio no está Norman. Nada ni nadie recuerda a Peter Norman, el tercer hombre de la foto, que ni levantó el puño ni era de raza negra. Aquel héroe murió hace 10 años en Melburne de una gangrena. Smith y Carlos se desplazaron para llevar a hombros el féretro del atleta suprimido de los anales del atletismo.

No seamos cómplices tampoco nosotros. No consintamos que la memoria de los héroes, como Peter Norman, se pierda en el olvido.

(*) http://riccardogazzaniga.com/luomo-bianco-in-quella-foto/

Los seguidores de Gbagbo se dirigen a Putin para lograr su libertad

El miércoles de la semana pasada se produjo un acontecimiento que ilustra el papel que empieza a desempeñar Rusia ante muchos pueblos del mundo: una fracción del Frente Popular Marfileño, el partido del antiguo presidente Laurent Gbagbo, se ha dirigido a Putin para que logre su liberación y la de el otro acusado ante el Tribunal de La Haya, Charles Blé Goudé.

A comienzos de este año se abrió en La Haya, Holanda, ante el Tribunal Penal Internacional el juicio contra Gbagbo por crímenes contra la humanidad cometidos en 2011, como consecuencia de las elecciones celebradas aquel año en el país africano. Fue uno de esos golpes de Estado que el imperialismo viene poniendo en marcha desde hace unos años con dirigentes políticos molestos repartidos por los cinco continentes.

Gbagbo está encarcelado desde entonces, mientras la farsa judicial sigue su rutina en medio del tedio y el sopor de los interrogatorios cruzados de los testigos.

Durante este tiempo el partido que dirigía Gbagbo se ha dividido. Aunque ambas facciones luchan por su liberación, sus métodos divergen. El presidente del mismo, antiguo Primer Ministro, Affi Nguessan, está empeñado en las gestiones diplomáticas, la otra facción, encabezada por Abu Drahaman Sangaré, está organizando protestas populares.

Ha sido esta facción la que ha apelado a Putin para que Gbagbo sea liberado de prisión y se cierre el proceso en su contra a fin de que triunfe “la justicia, la verdad, la independencia y la soberanía de los países africanos”, ha manifestado Sangaré en unas declaraciones a los medios de comunicación africanos.

El llamamiento a Putin forma parte de una amplia campaña que se está extendiendo por todo el Continente Negro para exigir la liberación del antiguo Presidente de Costa de Marfil. Rusia es el destinatario de las peticiones de ayuda un creciente descontento internacional que busca un nuevo Robin Hood que rompa sus cadenas.

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