Cómo se inventó la mentira del genocidio de Pol Pot en Camboya (1)

André Vltchek

En cuanto entramos en la pequeña ciudad de Anlong Veng, en el límite de las montañas de Dangrek, en el noroeste de Camboya, comienza a llover. La lluvia es fuerte pero, después de todo, es una lluvia tropical y termina tan bruscamente como empezó.

Atravesamos un puente sobre un pantano y, de repente, frente a nosotros aparece un lago, hermoso e inquietante a la vez.

«Hace algunos años fue el último bastión de los Jmeres Rojos«, explica mi amigo Song Heang. «Entonces era imposible llegar hasta aquí en coche como hoy tan fácilmente. No había casas en los alrededores. Y el lago era como un pantano, imposible de atravesar».

Hemos recorrido todo el camino hasta aquí para visitar el campamento del último jefe militar de los Jmeres Rojos, Ta Mok, el jefe del ejército, conocido como el «Hermano Número Cinco» o el «Carnicero». Aquí es donde vivió y desde donde mandaba sus tropas.

Ta Mok, el brazo derecho de Pol Pot. Ta Mok, que dividió al movimiento poniendo a Pot bajo arresto domiciliario y a quien, muy probablemente, envenenó. Ta Mok, que dirigía un ejército de varios miles de partidarios de los Jmeres Rojos entre 1979, cuando las fuerzas vietnamitas derrocaron su movimiento del poder, y 1999, cuando fue capturado por las fuerzas gubernamentales. Ta Mok murió estando detenido en 2006 sin haber sido juzgado ni condenado.

San Reoung, el responsable de la seguridad personal de Ta Mok, el guardaespaldas que vivió con él durante años, nos espera.

Le falta la pierna izquierda, algo común entre los civiles y los combatientes camboyanos de su edad. Ta Mok también había perdido una pierna en combate.

Sólo hay una cosa que me gustaría saber de él: ¿hasta qué punto los Jmeres Rojos eran comunistas?, ¿fue esta ideología, la ideología marxista, la que atrajo a humildes campesinos a las filas del movimiento?

San Reoung piensa un momento y luego responde sopesando cada palabra: «Realmente no era un asunto de ideología, no sabíamos mucho. Yo, por ejemplo, estaba muy encolerizado con los americanos. Me convertí en soldado a la edad de 17 años. Y mis amigos también estaban muy encolerizados. Se unieron a los Jmeres Rojos para combatir a los americanos y, en particular, la corrupción de su títere, el dictador Lon Nol en Phnom Penh».

Antes de que los Jmeres Rojos tomaran el poder, ¿la gente del campo era consciente de lo que estaba sucediendo en la capital?


«Por supuesto que lo eran. Por el enorme apoyo y el dinero que Estados Unidos dio al corrompido régimen de Lon Nol. Todo el mundo sabía a dónde iba el dinero: un sinnúmero de fiestas suntuosas, prostitutas de fantasía… Los bombardeos americanos habían aplastado nuestros campos bajo las bombas. Cientos de miles de personas murieron. La gente se volvió loca, estaba indignada. Y fue eso lo que hizo que muchos de ellos se unieran a los Jmeres Rojos».

«¿No fue a causa de la ideología marxista?», pregunto de nuevo.

San Reoung responde de inmediato: «No, claro que no. La gran mayoría no tenía ni idea de lo que era el marxismo, nunca habían oído hablar de él».

Visito el campamento de Ta Mok. Entro en un viejo vagón, un centro móvil de comunicaciones utilizado por Pol Pot algunas décadas antes. Ahora está vacío y oxidado. Todo el campamento se convirtió en una especie de museo informal. Rechazo la invitación para ir a visitar los antiguos barrios en los que vivió Ta Mok. No tengo ningún interés en ello.

En cambio, observo el lago durante un buen rato.

Después de haber trabajado durante muchos años en esta parte del mundo, he llegado a comprender que todas las respuestas a las preguntas importantes acerca de Camboya y su pasado se encuentran en el campo. Durante décadas Occidente ha logrado corromper a Phnom Penh, comprando a casi todas las personas influyentes de allí para que repitieran y refinaran un relato falsificado y estereotipado.

Las ONG, los periodistas: todos hablan alto y claro del genocidio «comunista» en Camboya. Se ha convertido en un empleo bien remunerado, la fuente de un flujo interminable de financiación, una mentira compleja apoyada por la maquinaria de propaganda de las universidades occidentales y la prensa.

Los Jmeres Rojos fueron una fuerza bruta, por supuesto pero, sin duda, no un monstruo genocida «comunista». Y no cayeron del cielo.

Le pregunto a Song Heang si lo que hemos oído en Anlong Veng es exacto. Poco a poco vamos ganando velocidad en la carretera del templo de Preah Vihear, donde lucharon y corrió la sangre, en la frontera entre Camboya y Tailandia.

Song Heang trabaja para una modesta organización benéfica australiana que construye pequeñas bibliotecas rurales para niños. Detesta a los Jmeres Rojos. Pero reconoce de inmediato que nunca hubo «comunistas» en ellos.

Tiene un buen carácter, con un temperamento ecuánime: «De niño yo vivía en la ribera del río Mekong, en el pueblo de Prek Tamak, a 65 kilómetros de Phnom Penh. Cuando los americanos bombardearon, todo se detuvo y la gente se quedó petrificada… Utilizaron aviones muy rápidos, aviones de caza; y la población local les llamaba ‘amich’: los rápidos… Entonces mucha gente se unió a los Jmeres Rojos. No sabían lo que era el comunismo. Todo lo que sabían era el horror del gobierno pro-occidental en Phnom Penh».

Le pregunto: «¿Por qué la población de Phnom Penh no cesa de repetir que Pol Pot llevó a cabo un ‘genocidio comunista’?, ¿Por qué, como en el resto del sudeste de Asia, han demonizado a China?, ¿Y por qué Vietnam también está endemoniado?«

«Somos un país muy pobre», dice Song Heang. «Y si la gente de Phnom Penh toca el dinero, pues bien, les encanta ese dinero, eso es todo, y dicen exactamente lo que les pagan por decir. Y Estados unidos y la Unión europea ponen sobre la mesa mucho dinero cuando quieren obtener ciertas declaraciones».

Fuente: André Vltchek, Cambodia and Western Fabrication of History, CounterPunch, 1 de agosto de 2014. Nacido en Leningrado en 1963, Vltchek es novelista, cinesta y periodista. Durante años ha sido corresponsal en numerosas guerras en África y el sudeste asiático. Su último libro es «La lucha contra el imperialismo occidental».

comentarios

  1. hay que ser muy, pero ,muy ignorante e ingenuo para creer que los jemeres rojos no secuestraron un país entero y lo llevaron a la época de las cavernas.. mira las calaveras ¿son todas ellas de utileria? y los testimonios ¿ los inventaron los vietnamitas? ¿no son también ellos comunistas? el infierno se establecio en camboya y pol pot fue el demonio

    1. Aquí no se dice lo contrario. Lo que se explica claramente es que la brutalidad de los Jmeres Rojos fue un movimiento de campesinos pobres en venganza por lo sufrido durante la dictadura de Nol y los bombardeos de EEUU. Es decir, que se quiere aclarar frente a la propaganda occidental que no tenían nada que ver ni ideológicamente ni en la práctica con el marxismo o incluso con el maoismo que decía apoyar Pol Pot para ganarse apoyos en China.

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