La web más censurada en internet

Día: 30 de diciembre de 2025 (página 1 de 1)

Cómo sacar buen provecho de un Golpe de Estado: el caso de Venezuela

En el capitalismo las puertas giratorias están por todas partes porque se trata de sacar buen provecho personal a la función pública. Así el embajador estadounidense en Caracas de 2018 a 2023, James B. Story, se dedica a buscar clientes para empresas consultoras dirigidas por espías de la CIA.

Durante el ejercicio de su cargo Story fue el director de la oposición golpista venezolana y una de las “voces autorizadas” que hablaba ante los medios de comunicación sobre el “régimen de Maduro”. El jueves el New York Times le abrió las puertas para disertar que “Washington debería acercarse al desmantelamiento del régimen de Maduro como lo haríamos con cualquier empresa criminal” (1).

La primera de las empresas es Dinámica Américas, donde Story es asesor ayudando a empresas, organizaciones caritativas, sin fines de lucro y organizaciones multilaterales a moverse por el continente américano. Entre sus colegas se encuentra Juan Cruz, antiguo director de la CIA para América Latina en el período previo a la fallida invasión mercenaria de Venezuela de 20220 (Operación Gedeón).

Otro negocio es Frontier Advisors, una empresa de gestión de riesgos en la que Story trabaja junto a David Kol, director de Zodiac Gold, una empresa que explota la riqueza mineral de Liberia, sufre un contrabando desenfrenado debido al dominio extranjero de sus zonas mineras de oro.

Uno de los socios de Story en Frontier es el general Dave Bellón, que también dirige una empresa de capital privado, Global Frontier Capital, que “crea créditos de carbono para venderlos a inversores y contaminadores que necesitan compensaciones” en el sur de Asia y Latinoamérica. Es el tipo de personajes que quieren darse un festín con el cadáver del Estado venezolano en un escenario posterior al derrocamiento de Maduro.

También figura como socio en Tower Strategy, un grupo de presión fundada por el jefe de la antena de la CIA en Venezuela, Enrique “Rick” de la Torre, que anteriormente trabajó en un grupo de presión fundado por uno de los lacayos del Secretario de Estado Marco Rubio, el principal arquitecto de la estrategia golpista de Trump en Venezuela.

De la Torre llegó procedente de otra empresa, Continental Strategy, con sede en Washington. Fue fundada en 2021 por Carlos Trujillo, antiguo embajador estadounidense ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y con vínculos también estrechos con Marco Rubio y De la Torre (2).

Como tantos otros espías, hasta el año pasado De la Torre era empresario por la mañana y golpista en Venezuela por la noche y no escondia sus objetivos golpistas porque tiene una página web propia para publicar su basura (3).

De la Torre está a medio camino entre el multiusos y el chico de los recados. Pasó por varias empresas, como el fabricante de armas General Dynamics, y también ejerció de espía para el Departamento de Inteligencia de la República Dominicana y para el Ministerio de Relaciones Exteriores de Guyana, cuya región occidental de Esequibo ha sido durante mucho tiempo una fuente de tensión con Venezuela.

Con una desfachatez característica, el antiguo director de la CIA, Mike Pompeo, ha apoyado las incautaciones de los petroleros, añadiendo que, con el derrocamiento de Maduro, “las empresas estadounidenses pueden entrar y vender sus productos —Schlumberger, Halliburton, Chevron— todas nuestras grandes empresas energéticas pueden bajar a Venezuela y construir un modelo económico capitalista” (4).

(1) https://www.nytimes.com/2025/12/26/opinion/venezuela-america-maduro-security-strategy.html
(2) https://www.newyorker.com/news/persons-of-interest/the-political-journey-of-a-top-latino-strategist-for-trump
(3) https://www.rickdelatorre.com/post/the-case-for-ending-maduro-s-rule
(4) https://wyattreed.substack.com/p/pompeo-invites-halliburton-to-support

Purga interna en un regimiento de paracaidistas del ejército alemán

Ningún país occidental se libra hoy de mantener un ejército decrépito y un armamento inservible que difícilmente sería capaz de sostener una guerra contra una potencia a la altura. No merece la pena gastar dinero ni en los uniformes de campaña.

Las noticias al respecto son repetitivas hasta el aburrimiento y ya no escandalizan. Por ejemplo, en Alemania los soldados de un regimiento de paracaidistas están siendo investigados por faltas graves, incluyendo apología del nazismo, violencia, comportamiento sexista y consumo de drogas.

El ejército ha reconocido acciones consideradas “incompatibles con sus normas y valores”. Como resultado, miembros de la unidad estacionada en Zweibrücken, en el suroeste de Alemania, cerca de la frontera con Francia, están siendo investigados y podrían ser despedidos en los próximos días.

En junio pasado empezaron a circular unos informes internos alarmantes que acabaron en manos de la policía y a los tribunales militares. Posteriormente, se supo que esos casos no eran aislados. Varias docenas de soldados están involucrados, aunque el grado de participación varía. Los medios de comunicación estiman que 55 soldados están actualmente bajo investigación.

De ellos 19 ya han acabado en expulsión del ejército y otros 16 casos han sido remitidos a la fiscalía civil para continuar las investigaciones. Además, se han impuesto sanciones disciplinarias internas dentro del ejército a algunos de los implicados.

Los hechos demuestran que las tropas alemanas son una joya: nazis, antisemitas y violentos. Algunos soldados también denuncian violaciones de su intimidad e integridad física.

El comandante de la unidad ha sido sustituido para evitar que este tipo de prácticas salgan a la vista pública.

La Unión Europea se desprende de sus señas de identidad verdes

A mediados de diciembre la Comisión Europea anunció la eliminación de la prohibición de venta de coches con motor térmico, una de las medidas estelares del Pacto Verde, que sólo ha durado cinco años. A los verdes su desaparición les apena.

Era una de las señas de identidad de la Unión Europea y de Ursula von der Layen en particular, que había convertido a la Agenda 2030 en el emblema de su cargo. Pero los más afectados son los de la “izquierda domesticada”, que se lamentan: si lo que nos diferenciaba de la “extrema derecho” eran nuestras posiciones ambientales, ¿qué nos queda?

Lo realmente dramático no es el fin de unas políticas absolutamente descabelladas, que nunca se hubieran podido llevar a cabo, sino el fin de las subvenciones. Los diferentes movimientos verdes se van a quedar sin fondos y no tardarán en quedar marginados, lamiéndose sus heridas.

El Pacto Verde nunca fue otra cosa que una palanca de acumulacion de capital y un mecanismo para la competencia industrial en los mercados mundiales de cierto tipo de industrias y nuevas tecnologías, particularmente en energías renovables y vehículos eléctricos. Su objetivo central siempre fue estimular el beneficio privado.

Si aún se mantienen en vigor ciertos capítulos del Pacto Verde no es por motivos ambientales sino para hacer la competencia a China, que se ha apoderado de las tecnologías de transición energética.

Hoy lo que absorbe las energías de Europa es la carrera armamentista. Los países miembros de la Unión Europea y la OTAN se han comprometido a gastar el 5 por cien de su PIB en la guerra para 2035. Son 500.000 millones de euros más cada año para la guerra.

La mayoría de los países europeos recorta ahora masivamente el gasto público para redirigir recursos al complejo militar industrial. El caso de España demuestra que las cartas están encima de la mesa. El rearme no depende de los gobiernos nacionales, ni de los partidos de “derecha” o de “izquierda”, de votaciones, ni de parlamentos de ningún tipo.

Ni siquiera depende de los movimientos “verdes”, que han pasado del “ecopacifismo” al militarismo más desquiciado. El partido verde se fundó en Alemania en 1980 con un manifiesto en el que pedían la “disolución inmediata de los bloques militares, en particular la OTAN y el Pacto de Varsovia”. En plena Guerra Fría una de sus reivindicaciones era “el desmantelamiento de la industria armamentista alemana y su conversión a una producción pacífica”.

Desde la Guerra de Yugoslavia los Verdes son el partido de la guerra. Es lo que les llevó al gobierno de Berlín en 1998. En marzo apoyaron una enmienda constitucional para eliminar todas las restricciones presupuestarias al ejército y los servicios de inteligencia.

Sus planes ambientalistas fracasaron y no les va a dar tiempo para comprobar si sus planes militaristas triunfan, porque empiezan a ser un partido residual desde el punto de vista electoral. En Europa se han acabado las políticas verdes tanto como los políticos verdes.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies