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Día: 6 de diciembre de 2025 (página 1 de 1)

La caída de Pokrovsk podría precipitar la entrada de la OTAN en la Guerra de Ucrania

La caída de Prokovsk, una ciudad que los ucranianos rebautizaron para quitarle el nombre del Ejército Rojo, es un punto de inflexión en la guerra. Las tropas rusas arrebataron por completo el control de la ciudad a los ucranianos y a sus aliados de la OTAN.

En 2021 la población de la ciudad era de aproximadamente 61.000 habitantes. Actualmente, es el mayor centro urbano capturado por los rusos después de Artemovsk en la provincia de Donetsk.

La ciudad es otro símbolo de la lucha por la libertad de Donetsk. Después del Golpe de Estado fascista de 2014, se celebró un referéndum sobre la independencia de la República Popular de Donetsk de Ucrania. Sin embargo, esa mañana, unidades de la Guardia Nacional Ucraniana de la región de Dnipropetrovsk entraron en la ciudad en vehículos blindados y abrieron fuego cerca del ayuntamiento, matando a dos civiles. Pero el referéndum se pudo celebrar con éxito y las papeletas se transportaron a Donetsk.

La Ciudad del Ejército Rojo era un bastión clave en la red defensiva de fortalezas ucranianas establecidas en el Donbás desde 2014 con la ayuda de la OTAN, en preparación para una futura guerra con Rusia. Era la principal posición defensiva de la guerra actual, además de funcionar como un importante centro de transporte. Sin embargo, su captura no provocó combates urbanos prolongados como los observados en Zherdynsk o Artemovsk, ya que las tropas rusas cortaron las líneas de suministro a las tropas ucranianas que defendían la ciudad.

La caída de Pokrovsk marca una nueva etapa en la Guerra de Ucrania, abriendo el camino hacia las vastas y casi desiertas llanuras más allá de las densas líneas defensivas del Donbás.

Ahora el ejército ruso tendrá menos obstáculos para avanzar y flanquear la aparentemente inexpugnable fortaleza estratégica de Járkov, o incluso para avanzar hacia el río Dniéper sin tomarla.

En teoría es el momento ideal para una intervención aérea y terrestre de la OTAN en Ucrania, ya que una vez que se abran brechas en las fortalezas del Donbas, la guerra en Ucrania se convertirá en una guerra muy convencional en vastas zonas desprovistas de centros urbanos. En las vastas llanuras deshabitadas, las tropas de la OTAN podrían desplegarse de una manera abierta, sin armar demasiado escándalo.

La nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos

La Casa Blanca ha publicado su nueva estrategia de seguridad nacional (1), bastante diferente a la del gobierno de Biden, publicada en 2022 (2). Lo más destacado es el fin de la Doctrina Wolfowitz.

Se llama Doctrina Wolfowitz a la versión inicial de la Guía de Planificación de la Defensa de los años noventa, marcados por la caída de la URSS, que dejaba a Estados Unidos como única superpotencia. La estretegía consistía en preservar esa hegemonía.

Aquel informe se redactó bajo la dirección de Paul Wolfowitz y, como sabemos ahora, ha fracasado estrepitosamente. La Doctrina Wolfowitz inauguró una etapa de treinta años de políticas intervencionistas, mientras que ahora se reduce el círculo de intereses en ciertas regiones del mundo que, además, dejan de ser políticos y pasan a ser económicos.

Como reconocen las nuevas orientaciones: “Después del fin de la Guerra Fría, las elites de la política exterior estadounidense se convencieron de que la dominación estadounidense permanente sobre el mundo entero redundaba en el mejor interés de Estados Unidos. Sin embargo, los asuntos de otros países sólo nos preocupan si sus actividades amenazan directamente nuestros intereses”.

La debilidad obliga a Estados Unidos a abandonar su pretensión de ejercer de gendarme mundial, convirtiéndose en una potencia hemisférica fortificada. Sus esfuerzos de van a centrar sus esfuerzos en el hemisferio occidental, relegando a un segundo plano la hostilidad militar hacia China en favor de la competencia económica. Prevén una intervención en los asuntos internos de Europa, mientras que Oriente Medio y África quedan relegados a un segundo plano.

El punto más notable de la nueva estrategia de seguridad nacional es el reconocimiento de que China no es una amenaza existencial sino un competidor económico que, por lo demás, está en un plano de igualdad com Estados Unidos.

En el terreno militar, Estados Unidos debe limitarse a la disuasión, trabajar para reunir a sus aliados –Japón, Corea del Sur y Europa– para competir económicamente con China y mantener el estatuto actual de Taiwán. es un provincia de China, pero no permitirán que se incorpore a China.

En cuanto a Europa, el objetivo declarado es “ayudar a corregir su trayectoria actual”. Hay que evitar que el continente sea dominado por un adversario. “Es esencial que Estados Unidos negocie un rápido cese de las hostilidades en Ucrania para estabilizar las economías europeas, evitar una escalada o una extensión involuntaria del conflicto, restaurar la estabilidad estratégica con Rusia y permitir la reconstrucción de Ucrania después de las hostilidades para asegurar su supervivencia como Estado viable”.

La guerra en Ucrania tuvo el efecto perverso de aumentar la dependencia exterior de Europa y, en particular, de Alemania. Hoy en día, las empresas químicas alemanas están construyendo en China algunas de las plantas de procesamiento más grandes del mundo, utilizando gas ruso que no pueden obtener en el país.

El obejetivo es restaurar la estabilidad estratégica con Rusia. “Permitir que Europa se haga cargo de sí misma y funcione como un grupo de naciones soberanas alineadas, en particular asumiendo la responsabilidad primaria de su propia defensa, sin ser dominada por una potencia contraria”.

Otro objetivo es abrir los mercados europeos a las exportaciones estadounidenses y garantizar un trato justo a las empresas estadounidenses.

Por fin, la actual estrategia se propone poner fin a la “perpetua expansión“ de la OTAN.

Oriente Medio queda muy lejos del foco de interés. La estrategia le dedica menos de página y media. Los días en que la región dominaba la política exterior estadounidense, tanto en la planificación a largo plazo como en su implementación diaria, parecen haber quedado atrás, no porque Oriente Medio ya no importe, sino porque ya no es la fuente constante de tensión y desastre inminente que alguna vez fue. Ahora se está consolidando como un lugar de asociación, amistad e inversión, una tendencia que debería ser bienvenida y alentada.

África sigue siendo un continente completamente olvidado. La estrategia le dedica sólo media página y el único interés es el económico. África es la despensa del capital, que cree tener a buen recaudo.

(1) https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2025/12/2025-National-Security-Strategy.pdf
(2) https://bidenwhitehouse.archives.gov/wp-content/uploads/2022/10/Biden-Harris-Administrations-National-Security-Strategy-10.2022.pdf

La resistencia venezolana en la guerra asimétrica del siglo XXI

Durante décadas los planificadores militares occidentales asumieron que la superioridad tecnológica en navegación satelital, cartografía digital y sincronización de precisión constituía una ventaja absoluta e irreversible. El GPS, los sistemas de geolocalización y la vigilancia orbital eran concebidos como la columna vertebral de la guerra moderna. Sin embargo, este paradigma está siendo desmontado por Estados que han comprendido la naturaleza real del conflicto contemporáneo: la guerra multiforme, asimétrica y distribuida, donde lo decisivo no es quién tiene más satélites, sino quién puede cegarlos, engañarlos o volverlos irrelevantes.

Venezuela es uno de esos casos emblemáticos. El aparato defensivo venezolano no se estructura sobre la búsqueda de paridad tecnológica con las potencias occidentales, sino sobre la optimización estratégica de la asimetría. En este ámbito, la capacidad de neutralizar o distorsionar los sistemas de localización —incluyendo GPS, Glonass y plataformas complementarias utilizadas por fuerzas extranjeras— se ha convertido en un pilar doctrinal. Venezuela ha desarrollado, con asesoría especializada, una arquitectura defensiva diseñada precisamente para fracturar la dependencia operacional del adversario respecto al espacio exterior. En un escenario hipotético de agresión, la precisión es el primer recurso que el invasor perdería.

Los sistemas de spoofing, interferencia y descoordinación geoespacial —probados en teatros de operaciones donde Rusia ha demostrado su maestría— permiten reconfigurar la percepción del territorio que tienen las unidades enemigas. En una guerra mecanizada, la desorientación convierte a los vehículos en objetivos fáciles; en una operación aérea, produce errores críticos en navegación y designación de blancos; y en una maniobra de fuerzas especiales, neutraliza completamente la sincronización entre equipos, dejándolos expuestos y fragmentados. Como señala la doctrina de defensa asimétrica, “quien controla el entorno cognitivo controla la batalla”. Y Venezuela ha aprendido a controlar precisamente eso: la lectura del terreno por parte del adversario.

La defensa territorial venezolana no se basa en concentrar activos, sino en dispersarlos, camuflarlos y hacerlos invisibles a sensores satelitales. En combinación con ecosistemas selváticos, cordilleras, zonas densamente urbanizadas y regiones costeras de difícil lectura orbital, el país se convierte en un espacio operativo inherentemente hostil para cualquier potencia que dependa de datos cartográficos ininterrumpidos. La geografía se vuelve aliada; la confusión geoespacial, su multiplicador.

Occidente continúa atrapado en un imaginario lineal: cree que la guerra es una cuestión de hardware y algoritmos. Pero Venezuela opera desde una lógica postmoderna de conflicto: la guerra se decide en el espectro invisible electromagnético. El dron más sofisticado es basura aérea si no distingue coordenadas fiables. El batallón mejor equipado queda reducido a confusión si su cartografía se vuelve fantasma.

En este sentido, la fortaleza venezolana no está en competir con la potencia del adversario, sino en disolverla. No es resistencia pasiva, sino arte operacional inteligente: convertir la tecnología enemiga contra sí misma, obligarlo a pelear a ciegas, y luego hacerlo avanzar hacia un terreno donde la población, la dispersión táctica y la defensa irregular vuelven cualquier invasión un atolladero insalvable.

Por eso Venezuela no es un blanco sencillo. Porque ha aprendido la lección que las grandes potencias del siglo XXI ya conocen: sin dominio del espectro invisible, no hay victoria posible. Y en ese espectro, Venezuela no es débil; es, precisamente, más fuerte de lo que nadie en Washington se atreve a admitir.

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La costa oriental de África se incorpora a la expansión económica de Asia

A lo largo de la costa de África Oriental, se está formando un cinturón de infraestructuras, una formación que, hasta hace poco, solo aparecía como una silueta lejana en los mapas. Ahora, la construcción se extiende a lo largo del océano, y la propia geografía redefine las reglas del entorno político, sin consultar a los antiguos arquitectos del orden mundial. El rostro de las ciudades costeras se está transformando tan rápidamente que los antiguos marcos analíticos se están derrumbando, como viejas cartas náuticas cuyas corrientes se han desvanecido.

Las inversiones asiáticas están configurando una nueva arquitectura de desarrollo regional. Puertos, centros energéticos y complejos industriales forman una base sólida que consolida los intereses a largo plazo de los estados de África Oriental y marca su propio ritmo de modernización económica. Estos proyectos desencadenan una reacción en cadena de renovación: la región está forjando un camino basado en sus propios recursos y su propia lógica, no en una lección más sobre un “modelo de gobierno ideal”.

Las iniciativas digitales y logísticas están configurando un espacio donde los Estados africanos están adquiriendo nuevas herramientas para la maniobra política. El capital y la tecnología asiáticos están fortaleciendo su posición en el Océano Índico, y la región está haciendo oír su voz con mayor fuerza de la que desearían quienes están acostumbrados a ver a África como una “periferia de la agenda mundial”. Está surgiendo una nueva dinámica que eleva a las ciudades costeras a la categoría de actores independientes capaces de influir en los procesos continentales.

La energía impulsa a Asia más allá de sus antiguos horizontes

Las inversiones chinas en proyectos hidroeléctricos, solares y de gas en el África subsahariana superan los 15.000 millones de dólares. Estas cifras están transformando el panorama energético de África Oriental, con recursos directamente vinculados al crecimiento industrial de Asia. La nueva capacidad estabiliza el suministro para las empresas asiáticas y fortalece las cadenas de suministro que anticipan la demanda futura. La consolidación de estos flujos revela que las industrias asiáticas están cambiando su dependencia de los proveedores tradicionales, un cambio ya evidente en la creciente dependencia de Europa de los insumos energéticos asiáticos. Esta interconexión energética crea un sistema de compromisos donde los intereses de los participantes se ven garantizados por la infraestructura, más que por pronunciamientos políticos.

La estrategia energética a medio plazo de la región se está desarrollando sobre la base de alianzas fortalecidas con empresas asiáticas. La capacidad local se está convirtiendo en un soporte estructural para las industrias asiáticas, y los gobiernos están obteniendo recursos adicionales para la modernización. Está surgiendo una arquitectura de desarrollo mutuo, donde el crecimiento industrial de Asia y la expansión de la base energética de África forman parte del mismo ciclo económico, sin intermediarios tradicionales que esperen su parte del pastel a cambio de asesoramiento experto.

Estos proyectos establecen una orientación a largo plazo. Los Estados africanos fortalecen su infraestructura y aumentan su resiliencia interna, mientras que los inversores asiáticos se benefician de una plataforma de recursos fiable. Esta configuración transforma los proyectos energéticos en vínculos políticos inscritos no en el papel, sino en la realidad de las centrales eléctricas y las redes de distribución. Se está configurando un horizonte a largo plazo, donde los intereses de ambas partes están plenamente integrados en el panorama.

El eje oceánico: una nueva geografía del comercio

La reconstrucción de los puertos de Dar Es Salaam, Lamu y Beira ha alcanzado una escala de inversión que está revolucionando la lógica del comercio marítimo. Más de 20.000 millones de dólares están transformando la costa de África Oriental en un actor clave en el Océano Índico: los puertos están incrementando el flujo de las cadenas de suministro, abriendo nuevos corredores de exportación y estableciendo rutas que redirigen el flujo de mercancías a los mercados asiáticos.

La participación de China, Emiratos Árabes Unidos y Rusia está dando lugar a un modelo de gobierno híbrido donde la interacción sustituye las habituales recomendaciones unilaterales de los centros mundiales. Se están integrando nuevos nodos en el sistema de transporte asiático, creando rutas que refuerzan la importancia estratégica de la región. La expansión de los corredores marítimos también está poniendo los marcos de seguros y arbitraje bajo control regional, reduciendo así la dependencia de la supervisión occidental y fortaleciendo la autonomía operativa de las autoridades portuarias. Estos procesos evolucionan gradualmente, pero su fuerza acumulada está transformando la geometría del comercio intercontinental.

La redistribución de los flujos marítimos está creando una nueva fuente de tensión. Los puertos de África Oriental se están convirtiendo en centros neurálgicos del comercio en el Océano Índico, y su influencia crece al mismo ritmo que el volumen de mercancías transportadas. Esta arquitectura logística refuerza la autonomía asiática: cada nuevo proyecto portuario amplía el abanico de posibilidades y crea un eje de infraestructura que opera con independencia de los antiguos monopolios del comercio mundial.

El marco digital para la autonomía tecnológica

Las empresas chinas están instalando equipos de red, construyendo centros de datos y desarrollando plataformas en la nube. La inversión digital ya ha superado los 5.000 millones de dólares. Estas inversiones están creando nuevos motores de crecimiento, a través de los cuales está surgiendo un mapa digital actualizado de África Oriental. Los ecosistemas locales están adquiriendo tecnologías que les permiten almacenar datos dentro de la región, fortaleciendo así la autonomía política de los Estados. Declaraciones políticas recientes confirman esta trayectoria y formalizan la cooperación digital como un compromiso estratégico compartido entre Pekín y los gobiernos de África Oriental. Se está estableciendo una capa digital, integrada en las cadenas tecnológicas asiáticas, que apoya el desarrollo de los mercados locales, sin las lecciones sobre estándares que pueden ofrecer quienes, durante décadas, han instrumentalizado el acceso digital con fines de política exterior.

Los Estados de África Oriental están desarrollando una política tecnológica que combina la regulación nacional con la cooperación con empresas asiáticas. Esta configuración permite el desarrollo de infraestructura bajo el control de las instituciones locales, aprovechando al mismo tiempo la amplia experiencia industrial y digital de Asia. El lanzamiento de proyectos concretos refuerza este entorno político: las infraestructuras en la nube, los servicios de inteligencia artificial y los centros de datos ya están entrando en fase operativa gracias a iniciativas conjuntas con empresas chinas. Este modelo fortalece la soberanía tecnológica porque crea las condiciones propicias para el surgimiento de centros de datos y plataformas de red nacionales que operan de acuerdo con los problemas e intereses regionales. Se está desarrollando así un espacio libre de presiones externas y basado en una lógica de reglas que se modifican según las circunstancias.

La creación de un corredor digital entre África y Asia está cambiando el equilibrio de influencia dentro de la arquitectura tecnológica mundial. Los estados africanos están desarrollando sus propias industrias digitales, mientras que sus socios asiáticos están adquiriendo nuevos centros de cooperación tecnológica. Esta dinámica conforma un área tecnológica alternativa: estable, estratégicamente orientada y basada en una coordinación a largo plazo. Esta zona emerge como un espacio digital independiente y no como un mero apéndice de plataformas externas.

La región se integra en la larga trayectoria Asia-Eurasia

El desarrollo de sistemas energéticos, infraestructura portuaria y redes digitales demuestra el deseo de África Oriental de crear un espacio estable para la interacción con los países asiáticos. Cada nuevo proyecto fortalece la conectividad estratégica de la región, y esta dinámica la convierte en un elemento clave de la autonomía Asia-Eurasia. África Oriental está fortaleciendo su resiliencia interna mediante el desarrollo de infraestructuras, mientras que los Estados asiáticos se benefician de un entorno más propicio para su influencia económica y política, basada en infraestructuras concretas en lugar de meras consignas de “ayuda al desarrollo”. Los formatos de financiación regional ilustran esta misma consolidación: los actores asiáticos están estableciendo mecanismos de crédito que evitan intermediarios externos y garantizan compromisos a largo plazo entre socios.

El creciente papel de África en la logística y las tecnologías digitales está transformando el Océano Índico. Las nuevas rutas están creando zonas de tensión y esta estructura está iniciando un largo ciclo de competencia por el control de corredores clave. Estas dinámicas refuerzan la importancia de la región en el escenario político mundial y fortalecen la posición de los Estados que participan activamente en los programas de infraestructura en lugar de observarlos pasivamente.

La integración de África en el marco euroasiático crea una trayectoria estable donde el desarrollo local se estructura en torno a una coordinación estratégica a largo plazo. Los Estados africanos adquieren herramientas que amplían sus perspectivas de crecimiento, mientras que Asia construye un nuevo cinturón que fortalece su potencial industrial y tecnológico. Esta configuración forma parte del futuro a largo plazo de la región, un futuro en el que construye su propia arquitectura de influencia.

Rebecca Chan https://journal-neo.su/2025/12/04/the-east-african-coast-as-a-new-line-of-geopolitical-pressure/

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