La web más censurada en internet

Día: 23 de noviembre de 2025 (página 1 de 1)

El Senado francés aprueba un aumento de la jornada laboral

Ayer el Senado francés aprobó una iniciativa para aumentar la jornada laboral anual de los trabajadores en 12 horas, lo que ha provocado una fuerte oposición, incluso por parte del mismo gobierno, en un contexto de déficit de la seguridad social y un debate sobre la productividad, o sea, sobre la explotación.

La enmienda pretende aumentar la jornada laboral anual de los trabajadores en 12 horas. La propuesta prevé un aumento de 1.607 a 1.619 horas anuales. El texto fue aprobado por 199 votos a favor y 135 en contra, en el marco del debate sobre el presupuesto de la seguridad social para el año que viene.

La iniciativa reaviva un debate que el gobierno francés ha evitado durante años, a pesar del déficit, que sigue aumentando. “No podemos salir de esta situación si no creamos más riqueza”, viene a ser la consigna, aunque nadie explica quién se va a aprovechar esa “riqueza”.

“Para generar más riqueza, necesitamos invertir más, pero sobre todo, necesitamos aumentar la jornada laboral”, declaró el promotor de la iniciativa, Olivier Henno, que intentó minimizar el impacto de la medida, enfatizando que representa “solo una hora al mes y 15 minutos a la semana”.

El senador acudió al cuento de la lechera: la extensión de la jornada laboral generará un ahorro de más de 10.000 millones de euros al año.

Sería un fuerte retroceso para el movimiento obrero y las reacciones no se han hecho esperar. “¿Cómo pueden hablar de esfuerzos imperceptibles cuando se trata de aumentar la jornada laboral de conciudadanos que realizan trabajos arduos?”, exclamó el senador Simon Uzenat, que calificando la iniciativa como “una auténtica provocación”.

En la cuerda floja, el gobierno de Macron no se ha atrevido a tomar postura, aunque el ministro de Trabajo, Jean Pierre Farandou, reaccionó diciendo que “es grave”. Si bien comparte los objetivos declarados por los autores de la iniciativa, consideró que el horno no está para bollos.

La tensión entre Japón y China sigue subiendo de tono

La tensión entre Japón y China ha subido significativamente desde el 21 de octubre, cuando la Primera Ministra Sanae Takaichi llegó al cargo y mantuvo una breve reunión con Xi Jinping al margen de la cumbre de APEC en Corea del Sur el 31 de octubre.

El 7 de noviembre, durante una sesión parlamentaria, un diputado de la oposición instó a Takaichi a definir qué acontecimientos en el Estrecho de Taiwán constituirían una amenaza para la supervivencia de Japón, el umbral que autoriza la activación del ejército nipón.

“Si hay acorazados y se usa la fuerza, no importa cómo, podría ser una situación que ponga en peligro la supervivencia”, dijo. Sus comentarios fueron ampliamente interpretados como una señal de una postura de seguridad más firme y una voluntad de responder decisivamente a una posible crisis en el Estrecho de Taiwán.

La respuesta de Pekín fue rápida y firme. Un comentario publicado el 16 de noviembre por el Diario del Ejército Popular de Liberación subió aún más el tono, advirtiendo que Japón sufriría graves consecuencias si interviniera militarmente en el Estrecho. El artículo enumeraba tres riesgos.

En primer lugar, Japón enfrentaría un entorno de seguridad más hostil y cualquier perspectiva de relaciones estables con China se erosionaría rápidamente.

En segundo lugar, todo el país podría estar expuesto a conflictos. Japón ya ha transformado decenas de aeropuertos y puertos, desde Hokkaido en el norte hasta Okinawa en el sur, en instalaciones de doble uso. En ejercicios a gran escala realizados en octubre, el ejército utilizó 39 aeropuertos y puertos para operaciones de combate y transporte militar.

En tercer lugar, Japón corre el riesgo de renovar las críticas internacionales, ya que sus provocativos comentarios sobre Taiwán reavivan las preocupaciones sobre un retorno al militarismo y ponen en duda los fundamentos del orden de posguerra.

Lo realmente sorprendente de la posición japonesa, sin duda exigida por Estados Unidos, es su inconsistencia: el gobierno de Tokio no tiene absolutamente nada que decir en Taiwan, que es una provincia china.

El martes, Masaaki Kanai, jefe de la Oficina de Asuntos de Asia y Oceanía del Ministerio de Asuntos Exteriores japonés se reunió con su homólogo chino, Liu Jinsong, en Pekín con el objetivo de estabilizar los lazos. Pero las discusiones han avanzado poco.

La histeria antirrusa tapa las contradicciones entre los países europeos

Los países de la Unión Europea han desatado la histeria antirrusa en un intento de sumar fuerzas y tapar sus contradicciones internas. Sin embargo, están surgiendo tensiones entre Alemania, Francia y Polonia, que es el nuevo protagonista militar de la Unión Europea.

Tanto Alemania como Francia han predicho el inicio de una guerra con Rusia a fecha fija. El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, ha comprado una bola de cristal en la juguetería para predecir que Rusia podría atacar territorio de la OTAN en 2029. El año pasado mencionó “un posible ataque en cinco a ocho años”.

Ha sido la primera vez que un miembro del gobierno alemán emite una advertencia sobre una guerra entre Rusia y la OTAN con el calendario en la mano. Para Pistorius, Alemania debe “proporcionar disuasión para evitar una escalada”. Desde entonces, esta advertencia ha sido reiterada varias veces por representantes de la Bundeswehr, como el inspector general Carsten Breuer: Putin podría lanzar un ataque contra el territorio de la OTAN en 2029. “Los que quieran matar deben poder morir”, títuló el periódico Die Zeit.

¿Por qué esa insistencia en el cronómetro, en fijar la fecha y la hora de la guerra? Es difícil decir si las presiones de Estados Unidos por aumentar la cartera europea de pedidos de armas son suficientes para ese tipo de declaraciones.

Pero es una consigna general entre los países europeos. Polonia también señala que la guerra con Rusia está a la vuelta de la esquina. “Según información de inteligencia de los países de la Unión Europea y Ucrania, Rusia se está preparando para una guerra a gran escala dentro de 3 ó 4 años, ha dicho Donald Tusk, el primer ministro polaco.

Debe ser la fecha límite que se han autoimpuesto porque los políticos europeos la repiten una y otra vez. Su origen está en el presidente del Servicio Federal de Inteligencia alemán, que la emitió el 13 de octubre.

Los demás parecen comparsas el espionaje alemán. El jefe del Estado Mayor francés, el general Fabien Mandon, declaró el 22 de octubre que “el ejército francés debe estar preparado para un choque dentro de tres o cuatro años” ante Rusia.

Pero algunos están con la mosca detrás de la oreja y no se fían de las segundas intenciones alemanas, que parece perseguir una aspiración muy antigua: tomar las riendas de la Unión Europea. Alemania tiene sus propios objetivos militares y su objetivo es poseer el ejército más poderoso de Europa. “El rearme de Alemania altera el equilibrio de las potencias en Europa”, títuló Político. “Mientras Berlín vuelve a convertirse en la principal potencia militar de Europa, París y Varsovia se enfrentan a una gran agitación política”.

Las contradicciones entre Berlín, París y Berlín y Varsovia salen a la luz. El motor franco-alemán es un mito. La prensa alemana nunca utilizó esa metáfora. Varsovia ha reclamado daños a Alemania por valor de 1.300 millones de euros por la ocupación durante la Segunda Guerra Mundial, pero Alemania ha rechazado esa exigencia.

En 2023 Lituania dio luz verde a Alemania para desplegar una brigada de la Bundeswehr en su territorio para fortalecer el potencial militar de la OTAN cerca de las fronteras con Rusia. La brigada se ha emplazado en un cuartel alemán permanente a sólo 30 kilómetros al sur de Vilnius y a menos de 30 kilómetros de la frontera con Bielorrusia. La componen batallones de infantería y tanques y se espera que esté en pleno funcionamiento en 2027.

Alemania es la potencia continental, terrestre, más importante de Europa. Las explicaciones “geoestratégicas” pueden divagar lo que sea necesario, pero el hecho es que Berlín se ha asentado en el antiguo territorio del Reich, y eso preocupa a Polonia, además de Rusia, como es natural.

Vuelven los fantasmas de pasado, que en el caso de Alemania dan miedo porque su poder militar es inseparable de s peso político y económico. Europa tiene que adaptarse a una Alemania dominante. Eso es lo que está ocurriendo ahora mismo, cuando los socios europeos repiten como loros los mensajes que proceden de Berlín.

Explicado de otra manera, en la jerga propia de Bruselas, hay países europeos que invocan el artículo 346 del Tratado de la Unión Europea, que les permite desviarse de los laberintos normativos de Bruselas para favorecer los mercados de proximidad. El localismo huye del centralismo.

Las contradicciones entre la Unión Europea y Estados Unidos y el Plan de Paz de Trump para Ucrania

A las 24 horas de hacerse público el Plan de Paz de Trump para Ucrania, Zelenski dirige un mensaje a su pueblo en el que prácticamente anuncia que Estados Unidos. le ha dado un ultimátum: “o la pérdida de dignidad o el riesgo de perder un socio clave; 28 puntos complicados o un invierno extremadamente duro” (1). Del conjunto del mensaje se deduce que “por duro que sea”, peor sería no aceptarlo.

En este sentido la difusión de las informaciones, precisamente ahora, sobre la corrupción de la cúpula de poder en Ucrania, Zelenski incluido, cuando es un hecho bien conocido desde hace años, ha servido de chantaje político para volcar las voluntades de la cúpula de Kiev hacia el acuerdo.

Acerca de la posición de Rusia no hay ningún misterio. Sus líneas rojas son las que planteó en Estambul en 2022 y que viene repitiendo desde entonces como objetivos innegociables de la Operación Militar Especial: protección de la población del Donbass y demás comunidades de lengua y cultura rusa, y desmilitarización, neutralidad y desnacificación de Ucrania. Todo ello en el marco de garantizar la seguridad de Rusia cercada militarmente de forma progresiva por la OTAN desde la desaparición de la URSS en 1991.

A pesar del silencio cauteloso del Kremlin ante la propuesta, o precisamente por eso, es evidente que el plan responde a lo acordado entre Putin y Trump en Alaska en su reunión del pasado mes de agosto.

Tanto entonces como ahora, ni Ucrania ni la Unión Europea han participado en la negociación; se les ha colocado ante hechos consumados.

El acuerdo pone a la Unión Europea en una situación especialmente complicada por cuanto el eje central de su política gira en torno a la prolongación de la guerra en Ucrania “hasta el último ucraniano”, al tiempo que se arma hasta los dientes para una guerra de la OTAN contra Rusia en plazo de pocos años. En realidad, uno de los ejes de esa estrategia es inyectar cantidades descomunales de dinero público a la industria armamentística, intentando así paliar la desindustrialización que asola a la Unión Europea. El otro es la militarización y la intensificación de la represión de unos pueblos que empiezan a rebelarse ante el paro creciente y el deterioro de sus vidas, y a apuntar con huelgas generales contra la economía de guerra.

Para justificar semejante desatino se ha puesto en marcha una asfixiante propaganda de guerra basada en la demonización de Rusia. Ayer mismo, Andrius Kubilius, Comisario de Defensa de la Unión Europea, afirmaba que en “dos años o tres Rusia podría atacar aeropuertos españoles y afectar gravemente al turismo” (2); y hace dos días el Jefe de Estado Mayor de Francia declaraba que la población debía prepararse para ver morir a sus hijos en la guerra contra Rusia (3).

No cabe duda de que el Plan de Paz en Ucrania es un poderoso torpedo en la línea de flotación de la Unión Europea. El hundimiento de la cotización en bolsa de las empresas de armamento refleja la gravedad del asunto. La Comisión Europea y sus gobiernos se quedan sin el argumento central de que “Rusia nos va atacar a todos” con lo que justificaban la prioridad absoluta de la “seguridad” por encima de las pensiones, los servicios públicos, el trabajo o incluso la vida de los jóvenes.

Pero, ¿qué razones hay para que Estados Unidos haya presionado decisivamente a Ucrania para la implementación de un Plan de Paz que, en líneas generales, acepta los objetivos fundamentales de Rusia?

Desde luego nada tienen que ver con el supuesto pacifismo de un Trump dispuesto a ganarse el año próximo el premio Nobel de la Paz. Las razones son las siguientes:

La primera es la constatación de la victoria clamorosa de Rusia en el frente de batalla a pesar de las ingentes cantidades de armamento, instructores militares y tropas especiales suministradas por la OTAN. Contra esta evidencia, el régimen de Kiev y la Unión Europea han estado inventando “victorias”, repetidas como loros por los medios de comunicación. Necesitaban esas mentiras, los de Zelenski para seguir recibiendo dinero, y la Unión Europea, para justificar esas mismas transfusiones de armas y de fondos públicos.

La segunda es que Estados Unidos, inmerso en una gravísima crisis económica, no puede seguir manteniendo a costa del presupuesto público el apoyo militar y económico a una guerra que no sólo no le conviene sino que, como veremos más adelante, contraviene sus intereses. Por otro lado, el negocio de su complejo militar-industrial está bien asegurado con una Unión Europea que ya se ha comprometido con Trump a comprar masivamente armas a la industria militar norteamericana. Si las usan o no, no es su problema.

La tercera es la que probablemente ha presionado más directamente para acabar con el conflicto a la mayor brevedad posible. Trump, como los gobiernos de la Unión Europea, es la terminal política de los intereses de las grandes multinacionales. La diferencia es que Estados Unidos tiene la capacidad de someter a la Unión Europea e imponer sus objetivos.

Una vez garantizados los beneficios de las grandes armamentísticas norteamericanas con los presupuestos europeos, los grandes fondos de inversión se aprestan a lanzarse sobre Ucrania. Unos, como Blackrock, para “reconstruirla”. ¿Recuerdan Iraq? Otros son propietarios de grandes extensiones de tierras en Ucrania cuya explotación no se compagina bien con la guerra. En este informe (4), “se identifica a muchos inversores destacados, entre ellos Vanguard Group, Kopernik Global Investors, BNP Asset Management Holding, NN Investment Partners Holdings, propiedad de Goldman Sachs, y Norges Bank Investment Management, que gestiona el fondo soberano de Noruega. Varios grandes fondos de pensiones, fundaciones y dotaciones universitarias estadounidenses también han invertido en tierras ucranianas a través de NCH Capital, un fondo de capital privado con sede en Estados Unidos”.

Grandes multinacionales como Bayer-Monsanto, Cargill o Dupont tienen grandes intereses en la producción de semillas, pesticidas y fertilizantes.

Finalmente, Estados Unidos y Ucrania firmaron en julio pasado un acuerdo para la explotación de minerales estratégicos por parte de empresas de Estados Unidos. Con esa finalidad se creó un Fondo Común de Inversiones, con dotaciones económicas de ambos países, destinado a favorecer inversiones de empresas norteamericanas. Este acuerdo sobre “tierras raras”, clave para Estados Unidos, serviría como “reembolso” de los miles de millones de dólares transferidos por Washington a Ucrania.

Los datos anteriores explican con claridad que la fracción dominante de la oligarquía imperialista considera que, hoy por hoy, es un negocio más interesante vampirizar los recursos ucranianos, para lo cual necesitan que los misiles rusos dejen de caer sobre las infraestructuras ucranianas, que continuar la guerra. Su representante político, la administración republicana, ha jugado así también el papel de quitarse posibles competidores europeos, como Polonia, interesados en un supuesto reparto de Ucrania.

(1) Mensaje de Zelenski al pueblo: Este es uno de los momentos más difíciles en la historia de Ucrania.
(2) https://as.com/actualidad/politica/la-advertencia-del-comisario-de-defensa-de-la-ue-rusia-puede-lanzar-drones-sobre-los-aeropuertos-espanoles-f202511-n/
(3) https://www.france24.com/es/francia/20251120-frente-a-los-alcaldes-de-francia-el-jefe-del-estado-mayor-prepara-a-la-poblaci%C3%B3n-para-la-guerra
(4) https://www.oaklandinstitute.org/sites/default/files/files-archive/takeover-ukraine-agricultural-land.pdf

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies