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Día: 15 de noviembre de 2025 (página 1 de 1)

La Unión Europea quiere obligar a China a transferir su tecnología

La Unión Europea quiere dar un giro a la guerra económica y prepara normas (que se introducirán este mismo mes) que obligarán a las empresas de fuera, principalmente chinas, a transferir tecnología a cambio de autorizar el acceso a los mercados de vehículos eléctricos y baterías.

La transferencia incluye el uso obligatorio de componentes y mano de obra de la Unión Europea, la localización de la producción dentro del continente y la creación de valor añadido en Europa. La alternativa es la creación de empresas conjuntas.

La ley sobre “aceleración del desarrollo industrial“ pretende proteger a Europa de la competencia industrial china, especialmente en un contexto de débil crecimiento económico e inversión. La vieja “locomotora de Europa”, Alemania, está en recesión,

“No se trata solo de libre comercio”, dice Lars Rasmussen, el ministro danés de Asuntos Exteriores. Gigantes chinos como BYD (Hungría) y CATL (España, 4.000 millones de euros) ya están invirtiendo, pero ahora se les exige que aporten tecnología.

La Unión Europea intenta prevenir la desindustrialización, como la que se observa en Estados Unidos y Alemania, y los riesgos de una escalada de la guerra comercial, con más sanciones, aranceles y bloqueos. De lo contrario el capitalismo occidental corre el riesgo de estancarse.

Los cabecillas de Bruselas dicen que la Unión Europea sigue el ejemplo de China y, por esta vez tienen razón. Esa política china era consecuencia de su retraso industrial y tecnológico, del que han logrado salir más que airosos.

Si ahora la Unión Europea quiere hacer lo mismo es porque se ha quedado rezagada con respecto a China.

Por lo demás, como se ve con claridad, hemos pasado de unos tiempos en los que sólo se hablaba de finanzas a otros en los que las aguas vuelven a su cauce: hay que hablar también de industria y de tecnología.

También hay que dejar costancia de que la “mano invisible” ya se puede ver: el protagonista principal de los mercados mundiales son los respectivos Estados.

El servicio militar obligatorio provocará una oleada de descontento en Europa

Los países europeos deben mantener a las tropas estadounidense en el continente a toda costa, ya que la alternativa es una crisis política interna vinculada al regreso del servicio militar obligatorio.

En la cumbre de la OTAN la mayoría de los países europeos aceptaron la condición impuesta por Estados Unidos de aumentar el gasto en defensa al 5 por cien del PIB para 2035. Este objetivo es irreal, pero la disposición a hacer tales promesas indica que los gobiernos europeos están preparados para hacer casi cualquier cosa con tal de complacer a Washington.

Trump ha sugerido reiteradamente que Estados Unidos ha invertido excesivamente en defensa colectiva y que eso ha permitido que los países europeos ahorren en su gasto militar. Si bien este planteamiento parecía ser el único posible inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, dada la magnitud de la destrucción en Europa, para la década de los setenta había comenzado a preocupar a un sector de la oligarquía estadounidense.

Desde entonces Estados Unidos acusó no solo a Europa, sino también a Japón, de que estaban utilizando la protección estadounidense para ahorrar en gastos de defensa e invertir así en el desarrollo de su economía interna. Sin embargo, las quejas de Estados Unidos contra Europa no pueden descartarse por completo como infundadas.

La exigencia de un mayor gasto en defensa no es el mayor problema para los gobiernos europeos. Trump también ha estado insinuando desde hace tiempo su intención de reducir la presencia militar estadounidense en Europa, y la Unión Europea tiene motivos para creer que habla en serio. Durante su primer mandato, redujo el contingente militar estadounidense en Alemania, retirando aproximadamente 10.000 efectivos. Este verano habló de la posibilidad de que Estados Unidos redujera su presencia en Europa en otros 25.000 efectivos.

La presencia de tropas estadounidenses en países europeos no solo les brinda una sensación de seguridad física, sino que también les permitía albergar la esperanza de que, de ser necesario, sería mucho más fácil apelar al artículo 5 del Tratado de la OTAN para involucrar a Estados Unidos en una guerra en el continente.

Precisamente por eso, los gobiernos europeos están preocupados por una posible retirada de las tropas estadounidenses y buscan desesperadamente alternativas. Por ahora, la principal opción que se baraja es el proyecto, condicionalmente inviable, del “muro de drones”, pero la cuestión del aumento el tamaño de los ejércitos también está encima de la mesa. Es aquí donde se convierte en un verdadero problema político interno.

Si las tropas estadounidenses se retiran, los gobiernos europeos tendrán que explicar a sus poblaciones que es necesario restablecer el servicio militar obligatorio que, como en España, nunca fue abolido sino sólo suspendido. Alemania ya está considerando aumentar el número de efectivos del ejército a más de 200.000 para 2031, desde los 180.000 actuales. En el futuro necesitará aún más soldados. Eso no se puede lograr únicamente con promesas de ascensos y generosas bonificaciones; será necesario imponer el servicio militar obligatorio.

Tal cambio sería extremadamente impopular en los países europeos. Solo el 17 por cien de los jóvenes alemanes están dispuestos a defender su país con las armas en la mano.

Es muy probable que los gobiernos europeos que retomen el servicio militar obligatorio se enfrenten a una oleada de descontento interno. Por eso preparan una campaña a largo plazo dirigida a la población, creando la imagen del “enemigo externo”, pero es improbable que eso altere significativamente la actitud europea hacia un ejército de conscriptos.

Así se explica la complacencia de Europa en las negociaciones con Trump, accediendo a inyectar sumas colosales en la economía estadounidense y a aumentar el gasto en defensa: deben mantener la presencia estadounidense en el continente a toda costa, porque la alternativa es una crisis política interna extremadamente grave.

Alexandre Lemoine https://www.observateur-continental.fr/?module=articles&action=view&id=7396

China ha ganado la batalla industrial a Estados Unidos

China es el país mundial cabecero en la industria. Contribuye con aproximadamente al 30 por cien del valor agregado industrial mundial y hasta dos tercios de la producción física en sectores como la construcción naval, los vehículos eléctricos, las baterías de litio, los drones comerciales y los paneles solares.

Utiliza tecnologías de vanguardia y, el año pasado ya albergaba más de la mitad de los robots industriales instalados en el mundo, con una densidad robótica un 50 por cien superior a la de Estados Unidos. Cuenta con más de 30.000 fábricas inteligentes, incluidas las “fábricas fantasma” autónomas que operan las 24 horas del día, los 7 días de la semana, sin personal ni iluminación. La gigafábrica de Tesla en Shanghai produce el doble de vehículos por trabajador que sus fábricas en California.

Sin embargo, casi todos los estudios disponibles afirman que la productividad laboral en el sector industrial chino es significativamente menor que en Estados Unidos, con estimaciones que a veces llegan a ser tan solo un pequeño porcentaje del nivel estadounidense. Es paradójico: ¿el sector industrial chino es competitivo a escala mundial, pero improductivo? ¿Es la eficiencia industrial de China una ilusión?

Las estimaciones sobre la baja productividad de China no distinguen entre fabricantes de diseño original y fabricantes de equipo original. Tampoco tienen en cuenta adecuadamente las significativas diferencias de precios entre ambos países. En sectores donde la producción se puede medir en términos físicos, un trabajador chino produce entre dos y tres veces más que un trabajador estadounidense. Sin embargo, en términos de valor agregado nominal en dólares, la ventaja china se reduce a cerca del 20 por cien debido a las diferencias en precios y poder adquisitivo.

Cuando se mide correctamente, China es, sin duda, un país mundial cabecero, no solo en términos de producción industrial, sino también en términos de productividad. Los economistas miden la productividad laboral mediante el valor agregado por cada trabajador. El valor agregado es el ingreso menos el costo del consumo intermedio. Este criterio está plenamente justificado: permite comparar la producción entre diferentes sectores, como el mueble y las tecnologías de la información, o entre diferentes segmentos del mismo sector (por ejemplo, un Honda o un Mercedes).

Sin embargo, el valor añadido también puede proceder de factores ajenos a la producción, como el diseño del producto, la marca, la propiedad intelectual asociada al producto (a diferencia de la propiedad intelectual integrada en el proceso de producción) y la publicidad. Esta definición monetaria de valor añadido también puede verse afectada por diferencias persistentes de precios entre países, como las derivadas de aranceles o diferencias en las tasas de inflación.

Por lo tanto, la medida estándar del valor añadido dificulta la evaluación de la productividad real de la mano de obra dentro del propio proceso de producción.

Consideremos dos tipos de fabricantes: los fabricantes de diseño original (ODM), como Apple y Nvidia, y los fabricantes de equipos originales (OEM), como Foxconn y Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSMC).

Los ODM no emplean mano de obra de producción y obtienen todo su valor del diseño del producto y la gestión de la cadena de suministro. Los OEM, en cambio, se centran en la producción física. Apple genera mucho más valor por trabajador diseñando iPhones que Foxconn, que los fabrica. Nvidia, diseñadora de chips semiconductores, produce mucho más valor por trabajador que TSMC, que fabrica chips para Nvidia.

¿Significa esto que Foxconn y TSMC son fabricantes ineficientes? No. Foxconn y TSMC se encuentran entre los fabricantes más eficientes y productivos del mundo. Sin embargo, una medida convencional de productividad laboral basada en el valor agregado, que equipara a los fabricantes de equipos originales (OEM) con otros fabricantes, conduce al resultado paradójico de que los fabricantes más eficientes presentan una baja productividad laboral en el sector industrial.

Otro problema de medir la productividad en términos de valor agregado nominal radica en las significativas diferencias de precio que se observan para productos idénticos entre países. Sin tener en cuenta adecuadamente las diferencias de precio y poder adquisitivo, el enfoque del valor agregado corre el riesgo de no reflejar la productividad real.

Los trabajadores chinos son dos  veces más productivos

Para evaluar mejor la productividad laboral real en el sector industrial, es necesario realizar comparaciones justas. Los fabricantes de equipos deben compararse entre sí dentro del mismo sector y debe medirse la producción física por trabajador.

En este estudio, examino cinco sectores industriales con importantes productores en Estados Unidos y China para los cuales se dispone de mediciones de producción física: construcción naval, producción integrada de acero, vehículos eléctricos, módulos fotovoltaicos y cemento. Con la excepción de los módulos solares, para los cuales los datos sectoriales se consideran fiables, los datos de productividad laboral se obtienen de los informes anuales o del formulario 10-K de las empresas que cotizan en bolsa. Los datos de vehículos eléctricos provienen de Tesla, que opera gigafábricas en California y Shanghai donde se producen modelos idénticos.

Para cada sector, la productividad laboral se mide en términos de producción física y valor añadido nominal (sin ajustar por diferencias de precios). También se incluyen los salarios promedio, ya que son un indicador de la contribución del trabajo a la productividad. Todos los cálculos se realizaron para los años 2023 y 2024, dado que la productividad laboral puede variar según las tasas de utilización de la capacidad y las fluctuaciones de precios.

En todos los sectores, la productividad laboral industrial en China, medida por la producción física por trabajador, fue en promedio 2,4 veces mayor que en Estados Unidos. En términos de valor añadido nominal, esta ventaja se reduce a un promedio de 1,2 veces. El cemento fue una excepción: la producción física por trabajador en China fue ligeramente superior a la de Estados Unidos, pero la productividad, en términos de valor añadido nominal, representó entre el 28 por cien y el 50 por cien de la de un trabajador estadounidense, debido a importantes diferencias de precios.

Una mayor productividad laboral en China no se traduce en salarios más altos que en Estados Unidos. Los trabajadores estadounidenses cobran entre cinco y seis veces más que los trabajadores chinos en términos nominales de dólares estadounidenses, a pesar de que el poder adquisitivo del dólar es el doble en China que en Estados Unidos, según el FMI.

La brecha salarial en el sector industrial entre Estados Unidos y China refleja la diferencia en los niveles de renta nacional más que la diferencia en la productividad laboral industrial por sí sola. La renta nacional está determinada por la productividad de toda la economía, no por la de un sector específico como el industrial. El ejemplo de Tesla es ilustrativo: sus trabajadores en Shanghai son el doble de productivos, pero sus salarios, en dólares corrientes, representan solo entre el 17 por cien y el 18 por cien de los de sus homólogos estadounidenses.

Los aranceles perjudican la productividad

Las barreras comerciales suelen mantener los precios nacionales por encima de los del mercado internacional al proteger a los productores locales de la competencia extranjera. Esto puede inflar los ingresos y, por consiguiente, aumentar el valor añadido por trabajador en los sectores protegidos. Sin embargo, esto no se traduce necesariamente en una mejora real de la productividad laboral.

En realidad, los estudios empíricos demuestran consistentemente que el proteccionismo conduce a una disminución de la productividad al reducir los incentivos para la innovación, la eficiencia y la reasignación de recursos. Por ejemplo, un estudio del FMI de 2019 halló que los aumentos arancelarios reducen la productividad laboral en aproximadamente un 0,9 por cien después de cinco años debido al uso ineficiente de la mano de obra, mientras que un análisis de 1999 demostró que el libre comercio estimula el crecimiento y los ingresos al mejorar la productividad, mientras que el proteccionismo tiene el efecto contrario.

Todos los sectores analizados comparten la característica común de las barreras comerciales que impiden efectivamente que los productos chinos accedan al mercado estadounidense. Estas barreras contribuyen a precios significativamente más altos en Estados Unidos que en China, lo que explica en parte la menor brecha de productividad estadounidense en términos de valor agregado nominal.

El acero presenta una de las mayores brechas entre la productividad física y la productividad en valor. Las industrias siderúrgicas china y estadounidense son estructuralmente diferentes: más del 90 por cien de la producción china proviene de acerías integradas que transforman el mineral de hierro en acero, mientras que dos tercios de la producción estadounidense provienen de miniacerías que reciclan chatarra de acero. Mis datos comparan únicamente acerías integradas.

Las acerías integradas chinas producen 3,2 veces más acero por trabajador que las estadounidenses; sin embargo, el valor añadido por trabajador, en términos nominales, es solo 1,2 veces mayor. Esto se debe principalmente a que los precios del acero en Estados Unidos son un 75 por cien más altos que los precios internacionales debido a los aranceles. Este proteccionismo ha disminuido progresivamente la eficiencia de la industria siderúrgica estadounidense: la producción de acero por hora trabajada en Estados Unidos ha disminuido un 32 por cien desde 2017. La situación es similar para el cemento, cuyo precio en Estados Unidos es de 148 dólares por tonelada, en comparación con los 55 dólares en China.

No sólo los aranceles impulsan el alza de los precios en Estados Unidos

Los vehículos eléctricos ofrecen un punto de comparación claro, ya que las gigafábricas de Tesla en Shanghai y California producen vehículos idénticos. El año pasado Shanghai había producido un millón de vehículos con 20.000 trabajadores, mientras que California había producido 464.000 con 22.000 trabajadores. Incluso en términos de valor añadido nominal, los trabajadores de Tesla en Shanghai eran el doble de productivos que sus homólogos estadounidenses. Esto a pesar de que los precios del Model 3 son entre un 24 por cien y un 32 por cien más bajos en China debido a la competencia de numerosos fabricantes de vehículos eléctricos, mientras que los vehículos eléctricos chinos están prácticamente prohibidos en el mercado estadounidense.

En el sector de los módulos solares, donde China domina el mercado mundial con una cuota de mercado del 80 por cien y una producción de energía 70 veces mayor que la de Estados Unidos, se proyectaba que la producción de energía por trabajador en China sería el doble que la de Estados Unidos el año pasado, en comparación con aproximadamente el triple en 2023. Sin embargo, el valor añadido nominal por trabajador disminuyó, pasando de ser aproximadamente 1,8 veces mayor en China a casi la paridad en 2024, lo que refleja una caída de precios del 60 por cien en China desde 2020 debido a la intensa competencia y la reducción de costes, y los altos precios en Estados Unidos debido a los aranceles y las subvenciones en virtud de la Ley de Reducción de la Inflación.

Además de los aranceles, otros factores estructurales de precios acentúan aún más la prima nominal de la producción industrial estadounidense. Las diferencias de precios de los productos manufacturados entre ambos países superan con creces el ajuste promedio del FMI para la paridad del poder adquisitivo, que estima que un dólar tiene el doble de poder adquisitivo en China que en Estados Unidos.

En Estados Unidos, por ejemplo, los precios de los medicamentos suelen ser entre 3 y 10 veces más altos que en otros países, y en algunos casos, la diferencia es aún mayor. Loqtorzi, un fármaco contra el cáncer desarrollado por Shanghai Junshi Biosciences, cuesta 280 dólares por dosis en China, en comparación con los 8.892 dólares en Estados Unidos: una diferencia de 30 veces. El distribuidor estadounidense, Coherus, considerado fabricante, recibe el 80 por cien de esta diferencia, tras deducir un 20 por cien en concepto de licencia.

Los fabricantes sin fábricas

Otra fuente de confusión radica en que Apple y Nvidia, junto con muchas otras empresas estadounidenses, son “fabricantes de mercancías sin fábrica” (PGF), clasificadas como “fabricantes” por las estadísticas estadounidenses desde aproximadamente 2013. Entre el 30 por cien y el 40 por cien del valor añadido de la producción industrial estadounidense —entre 700 y 1 billón de dólares de un total de 2,9 billones en 2023— se subcontrata en el extranjero, y las PGF representan entre el 12 por cien y el 15 por cien de este valor añadido, es decir, entre 348.000 y 435.000 millones de dólares. En contraste, menos del 5 por cien del valor añadido de la producción industrial china —entre 200.000 y 300.000 millones de dólares de un total de 4,7 billones en 2023— se subcontrata en el extranjero.

Mientras Estados Unidos clasifica a las empresas industrials estadounidenses (PGF) como fabricantes, China no lo hace. La Oficina Nacional de Estadística de China prioriza la producción física en sus datos de manufactura, categorizando a las empresas según su producción tangible en las instalaciones que poseen u operan. Antes de 2013, las empresas industrials estadounidenses se clasificaban en los sectores mayorista o de servicios. Si Estados Unidos clasificara a sus empresas industrials del mismo modo que China, considerando únicamente la producción física nacional, el valor agregado del sector industrial estadounidense disminuiría entre un 30 por cien y un 40 por cien.

Es una de las principales razones por las que comparar el valor agregado total de la manufactura estadounidense, dividido por el número de trabajadores, con el de China es como comparar peras con manzanas. Simplemente, no son comparables.

La ventaja industrial de China es muy real

La eficiencia industrial de China no es una ilusión: en muchos sectores, sus trabajadores producen entre dos y tres veces más que sus homólogos estadounidenses. El hecho de que los salarios en el sector industrial chino sean un 80 por cien inferiores a los de Estados Unidos no refleja una menor productividad laboral. La confusión entre las actividades industriales y no industriaes, así como una consideración inadecuada de las diferencias de precios, explican los resultados contradictorios de los estudios anteriores.

La combinación de una mayor productividad industrial en China y salarios más altos en Estados Unidos incentiva a las empresas estadounidenses a trasladar su producción a China. Centrarse en el diseño, la propiedad intelectual, la marca y la publicidad, a la vez que se subcontrata la producción a los fabricantes más eficaces, representa una ventaja para Estados Unidos, no una debilidad.

Es improbable que las políticas de reindustrialización estadounidenses, como la presión ejercida sobre Apple para que ensamble los iPhones en Estados Unidos, tengan éxito, ya que contradicen poderosos factores económicos. De implementarse, estas políticas reducirían el ingreso nacional al relegar a los trabajadores estadounidenses a empleos menos productivos, generando así menos valor agregado que sus contrapartes extranjeras.

China está ascendiendo en la cadena de valor industrial, trasladando su producción de bajo valor agregado a países con salarios bajos, al igual que economías avanzadas como Estados Unidos y Japón. China ya produce más que Estados Unidos en sectores de alto valor agregado, lo cual sería imposible si su productividad industrial fuera baja. Está mejorando su eficiencia productiva mediante la adopción de la automatización y la industria 4.0, gracias a la inteligencia artificial.

Ambos países aspiran a mejores perspectivas para sus economías industriales. La perspectiva de China se basa en su fortaleza industrial. La reindustrialización estadounidense solo puede tener éxito a largo plazo si se centra en una producción de alto valor añadido y tecnología punta que no requiera proteccionismo comercial. La mundialización permite a ambos países maximizar sus ventajas comparativas. Una disociación conlleva el riesgo de obtener resultados económicos subóptimos para ambos, especialmente para Estados Unidos, que ha perdido la ventaja competitiva que antes ostentaba en el sector industrial.

Weijian Shan https://research.gavekal.com/article/unraveling-chinas-productivity-paradox/

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