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Día: 4 de noviembre de 2025 (página 1 de 1)

Los yemeníes también combaten en los túneles subterráneos

En Yemen la guerra de túneles, una táctica militar asociada a Corea, Vietnam o Gaza, ha cobrado protagonismo tras la agresión internacional protagonizada por Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, a la que luego se han unido Estados Unidos e Israel.

Los túneles permiten a los huthíes compensar la superioridad aérea y tecnológica de sus adversarios. En la actual guerra de guerrillas, el objetivo no es enfrentarse de forma convencional, sino resistir, desgastar y sorprender al enemigo.

Los túneles, excavados en las montañas y zonas rocosas del norte del país, permiten a los yemeníes movilizar tropas, almacenar armas —incluyendo misiles balísticos y drones— y lanzar ataques sorpresa sin ser detectados por los satélites o aviones de reconocimiento.

La guerra subterránea no solo sirve para la defensa. Los huthíes utilizan los pasadizos para infiltrarse en territorios controlados por sus adversarios y llevar a cabo emboscadas con ataques relámpago. Esta táctica ha sido empleada en provincias como Marib o Hajjah, donde han logrado tomar posiciones clave tras emerger de túneles excavados cerca de las líneas enemigas.

Esta táctica ha complicado significativamente los esfuerzos de los atacantes para recuperar zonas clave, como la ciudad portuaria de Hodeida o las provincias fronterizas con Arabia Saudí.

Los saudíes y sus aliados tuvieron que realizar operaciones de desminado y destrucción de túneles, con apoyo de los servicios de inteligencia occidentales. Han recurrido a realizar operaciones especiales para descubrir y destruir los escondites, utilizando tecnología de detección subterránea y drones de reconocimiento. Sin embargo, la topografía montañosa del norte de Yemen y la experiencia de los huthíes las han frustrado.

En varias ocasiones el ejército de Estados Unidos ha bombardeado los arsenales subterráneos que los huthíes utilizan para almacenar componentes de misiles y drones sin demasiado éxito.

Los huthíes controlan gran parte del norte de Yemen, incluyendo la capital, Saná. Con más de 370.000 muertos y millones desplazados, el país se ha convertido en un campo de pruebas para tácticas militares y una guerra de las potencias regionales. En este contexto, los túneles representan tanto una herramienta de supervivencia como un símbolo de la resistencia huthí, mientras que para sus enemigos, constituyen un obstáculo persistente.

Los huthíes negocian con Omán el tendido de cables submarinos en el Mar Rojo

Hay negociaciones secretas en curso entre Omán y los huthíes para reanudar el tendido de cables submarinos en el Mar Rojo. El objetivo de Omán, que representa a los monopolios de telecomunicaciones, que ejerce de mediador, es que los huthíes permitan la reparación y expansión de los cables que cruzan aguas yemeníes, lo cual es clave para la conectividad entre Europa, Asia y Oriente Medio.

Aunque los huthíes han negado públicamente ser los autores de los cortes de cables ocurridos en 2024 y 2025, su control sobre la costa yemení del Mar Rojo les da un poder de facto sobre los cables. Les convierte en actores clave en cualquier intento de reparación o nuevas instalaciones. Sin su aquiescencia, ninguna empresa de telecomunicaciones puede operar con seguridad en la zona.

Los huthíes no negocian los cortes como táctica de presión internacional. El objetivo de Omán es que no obstaculicen los trabajos de reparación y expansión. No obstante, Ansarollah no ha dado su visto bueno a las propuestas de Omán y sus mentores.

Los rebeldes yemeníes no reconocen la legitimidad de los monopolios internacionales que gestionan los cables y exigen garantías de que no se usarán estos proyectos para fines de inteligencia o militarización del Mar Rojo.

Además, quieren obtener contrapartidas políticas, como el levantamiento del bloqueo o el reconocimiento internacional de su gobierno.

Japón tiene un buen plan, que consiste en desmarcarse de Estados Unidos

Durante su gira asiática, Trump visitó Japón, un país vasallo de plena confianza. Se reunió con la nueva primera ministra japonesa, Sanae Takaishi, con la que, sorprendentemente, tuvo una grave discordia que amenaza con deteriorar las relaciones entre ambos.

El motivo de la reunión es ya conocido: Estados Unidos ha impuesto un arancel del 25 por cien a las importaciones procedentes de Japón y el antiguo primer ministro, Shigeru Ishiba, había hecho todo lo posible para reducirlo al mínimo. En su desesperación prometió a Trump invertir 550.000 millones de dólares en Estados Unidos durante los próximos tres años.

Estados Unidos no solo podría elegir los proyectos sino que se llevaría la mayor parte de los beneficios. Si Japón se atrevía a rechazar alguno de los proyectos, Ishiba le autorizaba a imponer aranceles aún más altos.

Los vasallos son así de rastreros. La capitulación se plasmó en un memorando de entendimiento que no requería aprobación parlamentaria. Sin embargo, pasaron por alto un detalle: la enorme suma de dinero que prometió invertir en Estados Unidos sí la requería. La inversión desequilibraba el presupuesto del gobierno nipón y aumentaba el déficit comercial entre ambos países.

Fue el agua que colmó el vaso. Ishiba fue destituido de su cargo y la nueva primera ministra firmó dos acuerdos con Trump, uno de ellos demagógico (una “nueva era dorada de la alianza entre Estados Unidos y Japón”) y otro para eludir a China lograr una cadena común de suministro de tierras raras.

De los 550.000 millones de dólares prometidos no se ha vuelto a saber nada. Incluso el gobierno de Estados Unidos ha indicado que quiere que Japón pague más por albergar a las tropas estadounidenses, para lo cual también hay que inventar “amenazas” en el Pacífico, donde China juega el papel de malvado de película.

Trump necesita dinero y lo necesita ya. Pero Japón no puede pagar los platos rotos, al menos en las gigantescas cantidades que firmó Ishiba y el problema se puede complicar porque la nueva primera ministra parece que le va a dar la vuelta al problema, utilizando a China como instrumento de presión contra Estados Unidos.

En su primer discurso, Takaichi afirmó que no apoya la guerra comercial de Estados Unidos contra China y que no se convertiría en un instrumento de presión económica estadounidense. Criticó abiertamente la política comercial de Trump, calificándola como “el error más peligroso del siglo XXI”.

En Washington se quedaron estupefactos. Desde que asumió el cargo, la nueva Primera Ministra ha mantenido reuniones con los mayores monopolios de Japón, quienes transmitieron un mensaje unificado y urgente: la economía japonesa no puede sobrevivir a otra guerra comercial.

Peor todavía: una semana después de asumir el cargo, Takaichi expresó abiertamente su apoyo a China, protagonizando el mayor giro en política exterior desde la Segunda Guerra Mundial. China ya no es “el enemigo”.

Lo dicho: Japón tiene un buen plan, que consiste en desmarcarse de Estados Unidos, que tiene todo el aspecto de un país apestado del que todo el mundo quiere alejarse.

El presidente libanés ordena al ejército que responda a los ataques israelíes

Harto de las numerosas violaciones del alto el fuego, el presidente libanés, Joseph Aoun, ordenado el jueves al ejército que responda a los ataques israelíes. La orden se produce tras un ataque israelí contra un edificio municipal en el sur del Líbano, durante el cual murió un funcionario.

Aoun ha ordenado responder a cualquier incursión israelí en las zonas liberadas del sur del Líbano. Es la primera acción de este tipo desde que el alto el fuego entró en vigor a finales del año pasado.

La Agencia Nacional de Noticias (NNA) asegura que el presidente libanés condenó el ataque israelí, calificándolo como “parte de un patrón continuo de agresión israelí”.

Durante una reunión con el comandante del ejército, el general Rudolph Haykal, en el Palacio de Baabda en Beirut, Aoun declaró que el ataque se produjo al día siguiente de una reunión del comité de seguimiento del alto el fuego, “el cual no debe limitarse a registrar incidentes, sino que debe actuar para ponerles fin presionando a Israel para que respete el acuerdo de alto el fuego de noviembre y cese sus violaciones de la soberanía libanesa”.

El ejército israelí afirmó que el edificio municipal de Blida había sido utilizado recientemente para actividades de Hezbolah bajo la apariencia de infraestructura civil.

Hezbolah, por su parte, condenó el ataque israelí y celebró la decisión de Aoun, comprometiéndose a apoyar al ejército en el fortalecimiento de su fuerza de defensa. Exhortó al gobierno a “adoptar medidas diferentes a las tomadas durante los últimos 11 meses y a asumir sus responsabilidades aprobando un plan político y diplomático para poner fin a los ataques y proteger a los ciudadanos libaneses y sus intereses”.

En agosto el gobierno libanés aprobó un plan para poner todas las armas bajo control del Estado. Hezbolah rechazó el plan e hizo hincapié en que mantendría sus armas hasta que Israel se retirara de los cinco puestos fronterizos que ocupaba en el sur del país.

El ejército israelí ha matado a más de 4.000 personas y herido a casi 17.000 en sus ataques contra Líbano, que comenzaron en octubre de 2023 y se intensificaron hasta convertirse en una ofensiva a gran escala en septiembre del año pasado.

En noviembre de 2024 se alcanzó un alto el fuego entre Hezbolah e Israel. El ejército israelí debía retirarse del sur de Líbano en enero del año pasado, pero solo llevó a cabo una retirada parcial y aún mantiene presencia militar en cinco puestos fronterizos.

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