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Día: 1 de noviembre de 2025 (página 1 de 1)

Rusia prueba un dron submarino con carga nuclear

Rusia enseña los dientes. “Ayer realizamos otra prueba de otro sistema prometedor: el dron submarino Poseidón”, declaró Putin el miércoles, pocos días después de anunciar la exitosa prueba final del misil nuclear Burevestnik.

“Es imposible de interceptar”, afirmó el presidente ruso. Según Moscú, el arma es de propulsión nuclear y también puede transportar ojivas nucleares.

El dron, cuyo nombre en clave de la OTAN es Kanyon, es una de las seis nuevas armas nucleares rusas anunciadas por Putin en 2018. Está diseñado para la disuasión nuclear de segunda respuesta. Puede ser lanzado desde submarinos modificados como el K-329 Belgorod o el B-90 Sarov y es capaz de evadir misiles balísticos y defensas costeras.

El alcance del dron es ilimitado. Es capaz de recorrer los océanos de todo el planeta a una profundidad operativa superior a los mil metros, lo que lo hace difícil de rastrear por sistemas antisubmarinos convencionales.

Alcanza una velocidad de hasta 200 kilómetros por hora en modo de ataque final. En modo furtivo su velocidad para evitar ser detectado es de unos 55 kilómetros por hora.

La mayoría de estimaciones calculan su longitud en unos 20 metros. El diámetro es de 1,5 a 2 metros aproximadamente y pesa alrededor de 100 toneladas. Su forma es la de un torpedo gigante y puede operar de forma independiente durante semanas o meses en modo “hibernación”, hasta recibir una orden de activación.

Va propulsado por un reactor nuclear compacto, cien veces más pequeño que el de un submarino convencional, que le proporciona una energía ilimitada y permite un arranque rápido. No depende de combustible convencional, lo que le da autonomía indefinida.

Está equipado con una cabeza nuclear de dos megatones o más (superior al misil Sarmat), que puede detonar a distancia de la costa, generando un tsunami radiactivo que contamina y hace inhabitables regiones costeras enteras (puertos, ciudades y bases navales).

En Reino Unido se han dado por aludidos: el Posiedon puede navega hacia sus costas como un tsunami implacable.

El equilibrio de poder ha cambiado

Junto con el misil Burevestnik, el Poseidon revierte el equilibrio de poder, comenta la Red Voltaire, ya que Rusia ahora tiene ventaja sobre sus competidores. No se encuentra en igualdad de condiciones militares con Estados Unidos: lo ha superado.

Durante la Guerra de Siria, las nuevas armas convencionales rusas demostraron ser superiores a las de la OTAN. Durante la de Ucrania, Rusia logró producirlas en masa. En la actualidad, se ha convertido en la principal potencia mundial, tanto en en armamento convencional como nuclear.

El 26 de octubre Putin anunció este cambio, en medio de la controversia sobre el posible uso de misiles Tomahawk por parte de Ucrania para atacar el Kremlin y la cumbre Trump-Xi, durante la cual se esperaba que Estados Unidos intentara romper la alianza ruso-china.

La prueba del Poseidon se llevó a cabo mientras el ejército ruso tomaba la delantera en la batalla de Pokrovsk, que está a punto de ganar. Supone la derrota del “Führer Blanco”, Andriy Biletsky, quien dirigió el Batallón Azov en la batalla de Mariupol, en la de Bajmut y en la de Pokrovsk.

Esta batalla podría haber sido la última de la guerra, concluye la Red Voltaire.

Bruselas reconoce el fracaso militar de la OTAN en Ucrania

La Unión Europea intenta recuperar la iniciativa y prepara un documento titulado “Elementos para la paz en Ucrania”. El texto circula por las capitales europeas y lo divulgó Radio Free Europe el 28 de octubre. Redactado por una coalición occidental de más de veinte países, aún no ha sido aprobado oficialmente, pero marca un cambio claro: Occidente reconoce el fracaso de su estrategia de guerra con Rusia.

El plan tiene 12 puntos y admite la necesidad de negociar con Rusia, para lo cual propone un alto el fuego, la congelación de las posiciones, el levantamiento de las sanciones y negociaciones sobre los territorios liberados por los rusos.

El documento describe dos fases. La primera comienza con un alto el fuego inmediato, que se activaría 24 horas después de que ambas partes acepten el plan. La línea del frente actual se congelaría y permanecería “en la posición en la que se encontraba al inicio del alto el fuego”. En otras palabras, los territorios liberados (Crimea, Donbás, Jersón y Zaporiyia) permanecerían bajo control ruso.

El texto prohíbe a Ucrania cualquier intento de retomar militarmente esas regiones. Se firmaría un pacto de no agresión, comprometiendo a Kiev a abstenerse del uso de la fuerza. Occidente insta a Moscú a cesar los ataques aéreos, pero sobre todo, a Ucrania a reconocer la situación sobre el terreno.

Estados Unidos supervisaría el alto el fuego utilizando sus recursos tecnológicos (satélites, drones). Esta fase iría acompañada de medidas de fomento de la confianza, con un levantamiento parcial de las sanciones contra Rusia tan pronto como se restablezca la calma.

En cuanto a la central nuclear de Zaporiya, controlada por Rusia desde 2022, el texto propone su transferencia temporal a un tercero neutral, sin ninguna garantía de su devolución a Ucrania.

La segunda fase del plan prevé negociaciones políticas bajo supervisión occidental. Se establecerían zonas desmilitarizadas alrededor de la línea de contacto y se desplegaría una misión civil internacional para supervisar la situación.

Las negociaciones se centrarían en la administración permanente de los territorios liberados, lo que confirma un punto clave: Occidente acepta que Crimea, Donbas, Zaporiyia y Jerson ya no están bajo la autoridad ucraniana. Este punto, impensable para la Unión Europea hace apenas un año, ahora está encima de la mesa.

Haciéndose eco de las demandas rusas, el documento enfatiza el respeto por las lenguas, las culturas y las religiones. Desde el Golpe de Estado de 2014 los rusos han denunciado la discriminación contra los rusoparlantes en Ucrania. Este aspecto, por lo tanto, valida la necesidad de diálogo para garantizar los derechos de la población rusófona.

El texto también prevé la creación de un fondo de reconstrucción, que utilizaría una parte de los activos rusos congelados por Bruselas (más de 200.000 millones de euros). Los fondos se devolverían a Rusia tras un acuerdo con Ucrania sobre la compensación.

La implementación del plan estaría supervisada por un “Consejo de Paz” presidido por Trump. El organismo se encargaría de vigilar el alto el fuego y el progreso de las negociaciones. El papel confiado al presidente estadounidense confirma que Washington sigue siendo el actor principal en el bloque occidental para la resolución de la guerra, mientras Europa intenta salvar las apariencias.

Las conversaciones también buscan reintegrar a Rusia en ciertas instituciones internacionales, particularmente en el ámbito deportivo y diplomático, lo que constituye un reconocimiento implícito del fracaso del aislamiento que Bruselas y Washington pretendieron lograr en 2022.

El plan demuestra que Occidente ya no cree en una victoria militar ucraniana. Reconoce la nueva situación impuesta por Rusia, tanto sobre el terreno como en el equilibrio de fuerzas. Para Moscú, esto representa una victoria estratégica: el enemigo de ayer ahora propone un diálogo basado en la congelación de las posiciones, el respeto a la situación creada y el levantamiento gradual de las sanciones.

Estados Unidos va a reducir su presencia militar en Europa

Para Estados Unidos la venta de armas es un negocio, mientras que el mantenimiento de las tropas es un dispendio, tanto mayor cuanto más alejadas se encuentren de sus bases permanentes. Por eso, al tiempo que impulsa el negocio, reduce gastos, algo imprescindible en medio de un cierre de las oficinas públicas por falta de presupuesto.

Washington ha informado a Rumania y sus aliados de que reducirá parte de sus tropas desplegadas en el flanco oriental de Europa. “Estados Unidos ha decidido suspender la rotación europea de una brigada que contaba con efectivos en varios países de la OTAN”, anunció el Ministerio de Defensa de Rumania, señalando que unos mil soldados estadounidenses permanecerán desplegados en Rumania tras el repliegue.

“El Ministerio de Defensa Nacional de Rumania ha sido informado del redespliegue de parte de las tropas estadounidenses desplegadas en el flanco oriental de la OTAN, como parte del proceso de reevaluación del despliegue general de las fuerzas militares estadounidenses”, declaró el Ministerio.

“Entre los efectivos de la brigada que cesarán sus rotaciones europeas se encuentran también fuerzas asignadas a Rumania, estacionadas en Mjail Kogalniceanu”.

“Esta decisión era esperada, dado el contacto constante que Rumanía mantiene con su socio estratégico estadounidense”, anunció el Ministerio. “El redespliegue de las fuerzas estadounidenses se deriva de las nuevas prioridades del gobierno presidencial, anunciadas en febrero. Esta decisión también considera el aumento de la presencia y actividad de la OTAN en el flanco oriental, lo que permite a Estados Unidos adaptar su postura militar en la región”.

Actualmente, unos 1.700 soldados estadounidenses están desplegados en Rumanía, en Deveselu y Mihail Kogălniceanu. La gran mayoría se encuentra estacionada de forma rotatoria en la 57 Base Aérea Mijil Kogalniceanu. Los estadounidenses están presentes en Kogalniceanu desde 1999 y han incrementado gradualmente su número, alcanzando su punto máximo tras el inicio de la Guerra de Ucrania. Están equipados con vehículos blindados de transporte de personal Stryker, vehículos de combate Bradley, tanques Abrams y helicópteros Black Hawk Apache.

En la reunión de la OTAN en Bruselas, el secretario de Defensa de Estados Unidos reafirmó ante sus socios europeos que, ahora que los europeos han consolidado su posición en el flanco oriental y en Europa en general, y se han comprometido a reforzar su armamento, prestarán mayor atención a su propia defensa. Estados Unidos centrará su atención en la región del Indo-Pacífico, declaró Ionut Mosteanu, el nuevo ministro rumano de Defensa.

Mosteanu aclaró que entre 900 y 1.000 soldados estadounidenses permanecerán [en Rumania], una cifra ligeramente superior a la que había antes del inicio de la guerra en Ucrania.

En una importante muestra de apoyo a uno de los lacayos europeos más serviles de Estados Unidos, Trump se reunió recientemente con el nuevo presidente polaco, Karol Nawrocki, y le aseguró que las tropas estadounidenses en Polonia no se reducirían.

Durante su reunión, Trump declaró que Estados Unidos ni siquiera se había planteado retirar sus tropas del país, y enfatizó: “Apoyamos plenamente a Polonia”. Esta promesa llevó cierto alivio a Varsovia, donde la histeria en las oficinas púbicas es una verdadera plaga.

La reducción de la presencia militar estadounidense en Europa es un “ajuste”, según ha declarado un cabecilla de la OTAN. “Incluso con este ajuste, la presencia de fuerzas estadounidenses en Europa sigue siendo mayor que en muchos años, con un número significativamente mayor de tropas estadounidenses en el continente que antes de 2022”, reconoció.

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