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Día: 4 de julio de 2025 (página 1 de 1)

Alemania quiere participar en el arsenal nuclear de la OTAN

Friedrich Merz pasó de dirigir el fondo buitre BlackRock a dirigir la cancillería alemana, sin otro programa que el rearme, la militarización y el atlantismo que, en los tiempos que corren, no es más que el taparrabos de las provocaciones contra Rusia.

Se acabó la Ostpolitik y los intentos de mejorar las relaciones con Moscú. Ahora el símbolo de los nuevos tiempos es la voladura del Nord Stream. Pero hubo un tiempo en el que Berlín creyó de que la estabilidad política y la paz en Europa podían lograrse mediante el fortalecimiento de los lazos económicos y la negociación con Moscú. Con Merz y otros como él, el Nord Stream nunca será reparado.

Estados Unidos, que convirtió la Ostpolitik en un escándalo internacional, se ha salido con la suya. Alemania sigue claudicando. En 2022, tras el inicio de la Guerra de Ucrania, Olaf Scholz habló de la “Zeitenwende”: el comienzo de una nueva era que, sin embargo, se parece mucho a las anteriores.

Merz ha hecho del rearme y la militarización la piedra angular de su mandato, el plan más ambicioso desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Scholz prometió un gasto militar del 2 por cien, que nunca alcanzó, Merz llega con otra promesa el 3,5 por cien del PIB para 2029 y el 5 por cien para los años siguientes.

Las previsiones de gasto militar representan casi la mitad del presupuesto federal. Para lograrlo, Merz quiere cambiar la Constitución, que desde 2009, dos años antes que España, pone freno al endeudamiento. Eso sí que es una auténtica “Zeitenwende”. En 15 años los países europeos han pasado de preocuparse por la deuda a preocuparse por lo contrario. Si el problema es la Constitución, se cambia por otra y pasamos a otro asunto del orden del día.

Pero Scholz no cambió nada y a Merz le ocurrirá lo mismo. Como en cualquier otro país, los políticos alemanes ocupan su cargo por las promesas que hacen, no por las que cumplen.

El 19 de mayo el general Carsten Breuer publicó un plan integral para el Bundeswehr, donde Rusia aparece como un “riesgo existencial” y habla de unos supuestos preparativos del Kremlin para una guerra a gran escala con la OTAN “para finales de la década”. Por lo tanto, el objetivo del Bundeswehr es alcanzar la plena disponibilidad operativa para 2029. Si los rusos quien acabar con Alemania, no deberían esperar; deberían atacar ahora, cuando el Bundeswehr no tiene ni uniformes para vestir a sus tropas.

Las prioridades incluyen equipar y digitalizar todas las unidades, reintroducir el servicio militar obligatorio, desarrollar defensas antidrones y antimisiles, fortalecer las capacidades ofensivas de guerra cibernética y electrónica, e incluso desarrollar sistemas de defensa espaciales.

El plan también exige fortalecer la participación de Alemania en el arsenal nuclear de la OTAN, lo que debería alertar a una OIEA, algo imposible en un organismo que es incapaz de mirar más allá de Irán.

Otro aspecto es ampliar la capacidad de ataque de largo alcance. Alemania invertirá 5.000 millones de euros para la coproducción de misiles de largo alcance en territorio ucraniano, utilizando tecnología alemana. De forma provocativa, Merz ha declarado que las armas suministradas por Occidente a Ucrania ya no están sujetas a restricciones de alcance. “Ucrania ahora puede defenderse atacando objetivos militares en Rusia”, declaró, dando así luz verde a los ataques en territorio ruso con armas occidentales.

La movilización debe ser total

Durante gran parte de la posguerra, Alemania se caracterizó por el “Zivilmacht” (poder civil). No era solo una política, sino un compromiso moral forjado a partir de las cenizas del III Reich. La Bundeswehr era un “ejército parlamentario” anclado en instituciones multilaterales, como la OTAN, diseñadas para limitar el patrioterismo.

Aquí es donde se ha producido otra “Zeitenwende”. El rearme va a ir acompañado de una movilización total. No solo el ejército debe estar preparado para la guerra con Rusia, sino también a toda la economía y la infraestructura civil. Los medios de comunicación, la educación, la política industrial y la defensa civil se deben alinear gradualmente con los planes bélicos. La disidencia (política, periodística, académica) se estigmatizará cada vez más como una amenaza a la seguridad nacional.

Esta es la parte imposible del plan. La OTAN ha pedido a Berlín que cree siete nuevas brigadas, lo que requeriría 60.000 soldados adicionales, un objetivo que incluso el ministro de Defensa, Boris Pistorius, considera utópico. Como hemos expuesto en entradas anteriores, el Bundeswehr no encuentra suficientes reclutas para desatar una guerra contra Rusia. Le faltan 30.000 hombres, y uno de cada cuatro reclutas abandona el ejército en seis meses.

Por el momento, el reclutamiento forzoso está descartado, no por falta de voluntad, sino por su imposibilidad logística. “Carecemos de las instalaciones necesarias, ni en cuarteles ni en entrenamiento”, declaró ante el Parlamento. Sin embargo, sugirió que esta sería solo una fase de transición, siempre que el ejército encuentre suficientes voluntarios.

Pero el verdadero obstáculo no es logístico. Una encuesta reveló que el 63 por cien de los alemanes de entre 18 y 29 años se opone al reclutamiento; solo el 19 por cien lucharía si Alemania fuera atacada. El apoyo es mucho mayor entre los mayores de 60 años, lejos de la edad de reclutamiento. Esta brecha generacional refleja realidades muy diferentes.

No se trata de patriotismo sino de que el Estado alemán ya ha recortado tanto sus prestaciones sociales, que tiene muy poco que ofrecer. Por su parte, los reclutas no tienen nada y no ven nada que merezca la pena defender hasta el punto de sacrificar la vida.

Es posible que, gracias al rearme, el ejército alemán esté muy bien equipado pero no tenga nadie para apretar el gatillo.

La OTAN tiene que presentar la rendición como una negociación

Ahora la moda periodística es hablar del 5 por cien, que es una manera de encubrir que las previsiones de los “expertos militares” sobre la Guerra de Ucrania eran equivocados. Pero lo mejor es no rectificar nunca.

Sin embargo, en los guiones que la OTAN envía a sus propagandistas, lo importante no es el 5 por cien, sino que no existe ninguna otra opción política. Es una necesidad, el único camino posible, aunque ocultan el motivo: su derrota en Ucrania.

Si la OTAN hubiera triunfado, no habría necesidad de gastar un 5 por cien al alimón. Como sus expectativas no se han cumplido, necesitan la revancha, especialmente Alemania, el país revanchista por naturaleza: ha perdido dos guerra mundiales y necesita otra más para reivindicarse a sí misma.

Aquí es donde los monaguillos como Merz juegan su papel, acompañados de la prensa alemana típicamente atlantista, es decir, Bild y Político, cuyo papel es publicar en Europa lo que no se puede publicar en Estados Unidos, y mucho menos cuando la consigna del momento es hacer grande a (norte)américa otra vez.

Trump detiene el envío de armas a Ucrania, incluso las que estaban pagadas, porque es plenamente consciente de que ha perdido la guerra y no puede seguir perdiendo más. Además, su derrota es por partida doble porque, aunque quisieran seguir con los envíos, los arsenales se han agotado, como ya hemos explicado varias veces. No envían armas porque no tienen.

Para que Ucrania no pase a la historia como una estrepitosa derrota frente a Rusia, tienen que presentar la rendición como una negociación. Ese es el papel de los propagandistas. La OTAN se creó para aplastar a la URSS/Rusia. Al caer la URSS en 1990 alardearon de que habían triunfado y ahora ven que no es el fin de la historia como creían; ni mucho menos.

Aparte de debilidad, la OTAN da muestras de falta de fiabilidad. Los países que desde hace 35 años han entrado en la Alianza creyeron contratar un seguro y ahora resulta que la empresa no paga las indemnizaciones que le corresponde.

Los países que forman parte de la OTAN lo que tienen delante de sus narices es que, lo mismo que Ucrania, durante años han gastado muchísimo dinero en comprar unas armas a Estados Unidos, pero es posible que las municiones no lleguen nunca.

Tienen sistemas Himars pero no tienen misiles GMLRS. Tienen sistemas Patriot pero no tienen misiles PAC-3. Tienen cazas F-16 pero no tienen misiles AIM-7… Es como si hubieran tirado el dinero a la basura.

Los miembros de la OTAN no es que dependan de las compras de armamento a Estados Unidos sino que, como si fuera una panadería, todos los días hay que bajar a comprar y pedir -por favor- que nos entreguen los bollos que nos habían prometido.

Una victoria política seguida de una explosión de la deuda

En la madrugada de ayer, tras horas de negociaciones a puerta cerrada, Trump logró una victoria política al aprobar la Cámara de Representantes el proyecto de ley que contiene la piedra angular de su programa económico.

Estados Unidos cumple hoy 250 años de edad. Ayer era la víspera del Día de la Independencia de Estados Unidos y Trump lanzó las campanas al vuelo, como acostumbra, aunque para ello tuvo que hablar personalmente con algunos congresistas reticentes.

Tras la estrecha aprobación del Senado el martes, el proyecto de ley de 869 páginas, “uno de los más importantes de todos los tiempos”, salió adelante.

Pero la sicología colectiva es curiosa: cuando alguien va al mercado no sólo palpa el género sino que mira el precio de reojo porque gasta su propio dinero. No ocurre lo mismo cuando se trata del dinero público; nadie mira el precio, las leyes parecen gratis, sobre todo cuando no pagas en efectivo y firmas un crédito.

Sólo los “halcones fiscales” preguntaron por el aumento de la deuda pública que conlleva la nueva ley, un pilar fundamental del programa económico del segundo mandato de Trump. En Estados Unidos la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) se encarga de evaluar el impacto precio de las nuevas leyes.

Pues bien, el martes publicó un informe alarmante: el proyecto aumentará la deuda pública de Estados Unidos en más de 3,4 billones de dólares durante la próxima década.

Por lo demás, el proyecto asigna miles de millones de dólares adicionales a defensa y control migratorio, dos de las prioridades del programa político del segundo mandato, naturalmente a costa de los trabajadores. Nada nuevo. El programa de seguro médico público para estadounidenses de bajos ingresos, Medicaid, está especialmente en el punto de mira, amenazando la cobertura sanitaria de millones de trabajadores y parados.

El Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP) también sufriría recortes drásticos. El resto se lo pueden imaginar porque Estados Unidos no es una excepción. En todos los países capitalistas hay muchos planes y ningun dinero para ponerlos en marcha… salvo los recortes a los derechos de los trabajadores.

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