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Día: 20 de marzo de 2025 (página 1 de 1)

La máquina de fabricar billetes vuelve a ponerse en marcha

Estados Unidos obliga a Europa a financiar su propio rearme y el endeudamiento está a la orden de día, incluso en los países que hasta ahora presumían de ser los más rigurosos con las cuentas públicas, como Alemania, que acaba de eliminar la barrera del 3 por cien del PIB, a la que convirtieron en un principio constitucional, es decir, en un tabú.

Por presiones europeas, en 2011 España tuvo que reformar el artículo 135 de la Constitución para consagrar el mismo tabú, que luego se ratificó por ley para que no hubiera dudas de ningún tipo. Entonces los “expertos” hablaban de principios sagrados como la “estabilidad presupuestaria”. En Europa el endeudamiento no podía superar el límite del 3 por cien.

Pero eso no era suficiente. Además, Bruselas impuso que el pago de la deuda pública era prioritario sobre otros gastos, porque el dinero tiene que acabar siempre en el bolsillo de los bancos, que quieren ser los primeros en cobrar lo que se les debe.

15 años después, el rearme ha cambiado la política económica por completo. Los que antes presionaban a España, ya no se presionan a sí mismos. A Francia las deudas le salen por las orejas y si Alemania elimina el tope, pronto llegará a la misma situación de quiebra.

Cuando hay muchas deudas, hay que preguntar por los tipos de interés, que comienzan a subir, lo cual es la señal más alarmante de que la deuda puede dispararse de manera incontrolable y de que va a ocurrir lo mismo con la inflación.

Pero hay una tabla de salvación: Bruselas podría pedir ayuda al Banco Central Europeo para seguir adelante con el rearme europeo.

Las crisis económicas modernas, típicas de la fase imperialista del capitalismo, como la pandemia, han servido de campo de pruebas para las políticas monetarias denominadas “no convencionales”, como la compra de la deuda soberana italiana y española, o sea, de activos totalmente tóxicos.

En 2016 las compras totales de deuda italiana por el Banco Central Europeo superaban los 150.000 millones de euros. En la pandemia, la cifra se disparó casi hasta los 200.000 millones de euros con un programa especial de Compras de Emergencia Pandémica (PEPP).

Sin los derroches de dinero del Banco Central Europeo no hubiera habido confinamientos.

Pero entonces aparece un nuevo obstáculo legal que tienen que apañar en Bruselas con su habilidad característica: el Banco Central Europeo (y los demás bancos centrales europeos) son independientes, de manera que -teóricamente- podrían negarse a sostener el despilfarro desenfrenado de la Comisión Europea y los Estados miembros (*).

Pues bien, dentro de poco los bancos centrales van a demostrar que, en cuanto los respectivos gobiernos les exijan financiar el rearme y la deuda, no tienen nada de independientes. Desde 1914, con la Primera Guerra Mundial, la experiencia demuestra que en cuanto se afloje el corsé, los agujeros van a crecer exponencialmente porque, sobre todo los países del sur, saben que van a ser rescatados por el Banco Central Europeo, cualesquiera que sean las circunstancias existentes.

Si durante la pandemia el Banco Central Europeo financió los confinamientos con tipos de interés negativos, puede financiar cualquier otro tipo de histeria vírica, como la “amenaza rusa”.

(*) https://core.ac.uk/download/pdf/199197954.pdf

Estados Unidos quiere desarmar a Hezbollah

El congresista Greg Steube ha presentado un proyecto de ley para condicionar la ayuda de Washington al ejército libanés a la revocación total por parte del gobierno de Líbano de la legitimidad política de Hezbollah, un movimiento de resistencia que Estados Unidos cataloga como “terrorista”.

La propuesta, conocida como el “ley pager”, responde a los ataques masivos con buscapersonas («pagers») en septiembre de 2024 en Líbano, atribuido a Israel, que mató a decenas y dejó miles de heridos, muchos de ellos miembros de Hezbollah, que mantiene una condición dual como partido político y movimiento armado, paralelo al ejército regular.

El incidente, donde los dispositivos de comunicación explotaron simultáneamente, expuso las vulnerabilidades del movimiento y Estados Unidos lo ha utilizado como pretexto endurecer su postura. La ley pretende presionar a Líbano para que desmantele la influencia política y militar de Hezbollah, a cambio de mantener el apoyo militar estadounidense.

Steube quiere que Líbano elimine la condición política de Hezbollah para recibir la asistencia militar. Esto se alinea con la política estadounidense de larga data de clasificar a Hezbollah como organización “terrorista” y restringir su financiación y operaciones, pero eleva las exigencias al condicionar directamente la asistencia al ejército libanés, que históricamente ha recibido millones de dólares anuales de Estados Unidos.

Desde 2006 hasta 2023 Estados Unidos ha proporcionado la gigantesca cifra de 3.000 millones de dólares en asistencia militar al ejército libanés, que cumple tres objetivos. El primero es sobornar y corromper a los altos oficiales. El segundo, es que el ejército regular ejerza de contrapeso a Hezbollah. El tercero es presionar al gobierno de Beirut, para lo cual en Washington acuerdan ayudas, que luego retienen hasta que los libaneses cumplen lo que se les ordena desde la embajada de Beirut.

Hezbollah participa en las elecciones libanesas a través de la coalición Bloque Leal a la Resistencia, y en alianza con otros partidos, como el movimiento Amal y, en algunos casos, el Movimiento Patriótico Libre (FPM) u otros grupos afines, formando coaliciones como la Alianza del 8 de Marzo.

Con 71 escaños, en 2018 Hezbollah y sus aliados políticos llegaron a conquistar la mayoría parlamentaria, que perdieron en las elecciones del 15 de mayo de 2022. La pérdida de votos no fue de Hezbollah, sino de sus aliados de coalición.

Como anunciamos hace dos meses, Estados Unidos logró colocar a un lacayo como el general Joseph Aoun en la Presidencia de Líbano y ahora quiere completar la tarea, apoyándose en una coalición anti-Hezbollah, para seguir presionando a la resistencia libanesa. El primer paso es el desarme de Hezbollah y el segundo será su ilegalización.

Este mes el ejército de Líbano ha recibido un sobre de 95 millones para mantener a Aoun en el cargo y sostener la tregua con Israel. Sin embargo, el equipo de Trump ha condicionado esta y futuras ayudas a que los libaneses se centren en neutralizar a Hezbollah y controlar la frontera siria, no en defender al país de las periódicas invasiones militares israelíes.

Estados Unidos también empieza a abandonar a un viejo peón como Corea del sur

Desde la Guerra de Corea (1950), el imperialismo estadounidense estableció relaciones sólidas con el régimen de Seúl para aislar a China y Corea del norte. La intervención militar de Estados Unidos se consagró en un tratado de “defensa mutua” para asegurarse su presencia permanente en la península coreana. Actualmente hay casi 30.000 tropas estadounidenses estacionadas al sur de la península.

A lo largo de las décadas los lazos se reforzaron para que Corea del sur pudiera levantar una muralla frente a China y Corea del norte. El auge económico de Seúl fue una creación de Estados Unidos, lo mismo que el de Japón y Taiwán, pero Seúl nunca dejó de ser un perrito faldero.

El apoyo del imperialismo fue constante en los ámbitos de la seguridad y la tecnología, con intercambios regulares que fomentaron la coordinación estratégica entre los dos ejércitos. Las maniobras conjuntas organizadas por Washington y Seúl siempre han jugado un papel central en la mejora de la interoperabilidad de sus tropas.

Esos ejercicios, que se llevan a cabo anualmente o a intervalos regulares, permiten probar y afinar las capacidades de reacción y coordinación en caso de crisis. Operaciones como Ulchi-Freedom Guardian o Key Resolve ilustran la sumisión estratégica del gobierno de Seúl hacia el Pentágono.

Sin embargo, el 15 de marzo el Ministerio de Energía de Estados Unidos ha cambiado el estatus de Corea del sur en relación con la transferencia de tecnología, porque ha pasado a ser calificado como un “socio sensible” (“sensitive country”).

La clasificación es obra de la unidad de contrainteligencia e incluye a países que el Ministerio de Energía considera que podrían representar un riesgo para la seguridad nacional, la no proliferación nuclear o el terrorismo, aunque la pertenencia no implica necesariamente una relación adversa con Estados Unidos. Otros países en la lista incluyen a China, Rusia, Irán, Corea del norte e Israel.

Los golpistas querían armas nucleares

El intento de Golpe de Estado del presidente Yoon Suk Yeol en diciembre ha generado incertidumbre sobre la estabilidad del régimen surcoreano, que está sumido en una profunda crisis política. En Washington dudan de la fiabilidad de Seúl como socio en temas sensibles, especialmente en áreas tecnológicas y nucleares.

Aunque Corea del sur es un aliado clave de Estados Unidos en la región y no posee armas nucleares, ha habido un creciente debate interno sobre la posibilidad de desarrollarlas, como amenaza a los vecinos del norte.

Los golpistas (el presidente Yoon Suk Yeol y el anterior ministro de Defensa Kim Yong Hyun) mencionaron la necesidad de recurrir al armamento nuclear porque no consideraban suficientes la garantías de Estados Unidos. Las intenciones de los golpistas han llevado a Washington a ver al régimen de Corea del sur como un riesgo potencial de proliferación, temiendo que pudiera buscar enriquecer uranio o reprocesar combustible nuclear.

Estados Unidos deja de la mano a Corea del sur porque la criatura ya camina por su propio pie. Los sicarios se han convertido en competidores. Seúl es un actor importante en la exportación de tecnología nuclear civil, como lo demuestra su contrato de 20.000 millones de dólares con Emiratos Árabes Unidos en 2009 y su selección como proveedor preferido por la República Checa el  año pasado, superando a la estadounidense Westinghouse.

En Washington están preocupados por la creciente independencia de Corea del sur en este sector y su disposición a negociar con países como Arabia saudí, que busca enriquecer uranio, algo que choca con las políticas de no proliferación de Washington.

El Ministerio de Energía ha tratado de suavizar el cambio de estatuto de su “socio”, con el que seguirá colaborando en energía, ciencia y antiterrorismo. La etiqueta no prohíbe la cooperación científica o tecnológica con Corea del sur, sino que impone revisiones internas más estrictas para visitas o proyectos conjuntos sensibles. Sin embargo, en Seúl temen que pueda limitar la colaboración en áreas como reactores modulares pequeños, inteligencia artificial y computación cuántica, afectando la relación bilateral.

La nueva etiqueta afecta a varios programas que dependen de elementos de origen estadounidense y plantea interrogantes sobre la continuidad de la colaboración tecnológica y de seguridad. Los acuerdos actuales, indispensables para la modernización y preparación militar de Seúl, podrían ser reevaluados. Los dirigentes surcoreanos van a tener que considerar nuevos parámetros para preservar la efectividad de su cooperación con Washington, al tiempo que aseguran la sostenibilidad de su defensa.

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