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Día: 20 de septiembre de 2024 (página 1 de 1)

Los ataques a Rusia con misiles de largo alcance sólo tendrán un impacto sicológico

Biden y el primer ministro británico Keir Starmer negociaron en Washington el levantamiento de las restricciones a los ataques del ejército ucraniano con armas de largo alcance en el interior de Rusia.

No es ninguna novedad. Lo mismo que los tanques hace unos meses o los cazas F-16, los misiles no van a cambiar en absoluto el curso de la guerra, que está resuelto hace mucho tiempo. Cualquiera que sea su alcance.

Los medios de comunicación mundiales discuten el levantamiento de las restricciones al uso de armas occidentales de largo alcance por parte de los ucranianos con objetivos puramente sicológicos, dirigidos a la sociedad rusa tanto como a la occidental.

Quieren poner nerviosos a los rusos para provocar tensiones sociales, que podrían derivar en protestas. Los medios de intoxicación también necesitan imágenes de destrucción en el interior de Rusia para que los “expertos” lancen las campanas al vuelo y se feliciten ante las cámaras de la televisión.

Por ejemplo, el Times babea. Publica un mapa que muestra localizaciones en territorio ruso que podrían ser alcanzadas por misiles occidentales de largo alcance lanzados por el ejército ucraniano. En la zona que los misiles Storm Shadow pueden alcanzar -teóricamente- hay 14 bases aéreas militares rusas, una refinería de petróleo y el cuartel general del Distrito Militar del Sur en Rostov del Don.

Ucrania ha pedido repetidamente a Estados Unidos permiso para utilizar armas de largo alcance para atacar objetivos militares en territorio ruso. Sin embargo, Washington aún no lo ha autorizado. El jefe del Pentágono, Lloyd Austin, admite que no cree que el levantamiento de las restricciones afecte el curso de la guerra.

Sin embargo, tampoco descarta la posibilidad de que Ucrania reciba la autorización. El 10 de septiembre dijo que su gobierno aún estaba meditando la cuestión.

El Times señala que la guerra electrónica rusa bloquea el GPS necesario para apuntar los misiles Storm Shadow. Por lo tanto, para utilizarlos con éxito, tendrían que utilizar “otro conjunto de datos de propiedad estadounidense”, lo que requeriría un segundo permiso.

Lo que el periodico británico quiere decir es que antes de disparar, el ejército ucraniano tiene que recurrir a los satélites que Estados Unidos tiene en el espacio, lo cual es un compromiso por partida doble que se podría volver contra los satélites. En suma, sería el comienzo de una guerra de las galaxias de verdad.

Pero los descerebrados proliferan cada vez más en las altas esferas occidentales. La semana pasada un mequetrefe como el antiguo primer ministro británico Boris Johnson y cinco ex ministros de defensa pidieron al actual gobierno laborista que encabeza Starmer, que no espere la decisión estadounidense y permita que Ucrania utilice Storm Shadow para atacar a Rusia.

Superproducción agraria: Francia presenta a Bruselas un plan para arrancar las vides

La superproducción es una de las lacras más importantes del capitalismo y conduce al despilfarro y la destrucción de las fuerzas productivas. En el campo, supone el despoblamiento y la destrucción de cultivos y grandes áreas rurales.

Durante décadas la Unión Europea trató de paliar el problema con la Política Agraria Común, es decir, imponiendo aranceles y subvencionando la producción agrícola y ganadera. Esa política se ha agotado y los agricultores se movilizan por toda Europa, desde Polonia hasta España.

La superproducción destruye los agricultores y los cultivos. No es un fenómeno espontáneo sino dirigido y financiado desde Bruselas para frenar la caída de la cuota de ganancia. El miércoles el gobierno francés presentó para su aprobación una campaña de arranque de vides con un presupuesto previsto de 120 millones de euros. El bloqueo a China ha reducido el consumo y el sector vitivinícola ha entrado en una profunda crisis.

“Francia ha notificado hoy a la Comisión un plan para reducir definitivamente el potencial vitícola”, escribió el Ministerio en un comunicado de prensa. El plan es la “primera parte de la respuesta a las dificultades estructurales que enfrenta el sector”, afectado por la superproducción de vino.

“El sistema notificado propone financiar el arranque de vides para perpetuar la actividad de las explotaciones vitivinícolas, con un importe de hasta 4.000 euros por hectárea, para un presupuesto previsto de 120 millones de euros”, confiesa el Ministerio.

La subvención permitiría compensar el arranque de al menos 30.000 hectáreas, de las casi 800.000 hectáreas de viñedo exstentes en Francia.

A finales de enero, el ministro de Agricultura, Marc Fesneau, reservó 150 millones de euros para dos años, que podría abarcar “hasta 100.000 hectáreas”. Al mismo tiempo, el gobierno aumentó el “fondo de emergencia” a 80 millones de euros para los viticultores de las regiones en crisis.

El nuevo plan de destrucción debe ahora ser validado por la Comisión Europea antes de que Francia entregue el dinero. “La ayuda se concedería a los agricultores que abandonen, en las superficies así arrancadas, la producción de autorizaciones de replantación, y que renuncien también a movilizarse o solicitar, durante las seis campañas vitícolas de 2024 a 2029 inclusive, nuevas autorizaciones de plantación”, según el comunicado de prensa.

Francia, actualmente primer productor mundial de vino (48 millones de hectolitros en 2023), no puede exportar ni vender toda su producción. Para Burdeos, el primer viñedo con denominación de origen controlada de Francia con 103.000 hectáreas, la Comisión Europea ya validó en noviembre del año pasado un plan de destrucción de 8.000 hectáreas, que podría incluir 1.500 hectáreas adicionales hasta el próximo invierno.

Es un decrecimiento involuntario. Pero, como decimos, no sólo se destruyen los cultivos, sino también a los cultivadores y con su desaparición llega el despoblamiento de amplias zonas rurales que antes eran muy prósperas.

Los blancos de Sudáfrica quieren recuperar el paraíso perdido

Treinta años después del fin del apartheid, algunos blancos de Sudáfrica quieren recuperar el paraíso perdido y han creado Kommandokorps, un grupo paramilitar fascista y racista, aunque en el mundo occidental lo blaquearían como una “ultraderecha” común y corriente.

El Kommandokorps está formado por antiguos soldados que sirvieron bajo el régimen del apartheid. Con el pretexto de “proteger” a la minoría afrikaner, los nostálgicos de la dominación blanca organizan campos de entrenamiento para adoctrinar a los niños desde una edad muy temprana. Esos “campamentos de verano” se parecen más a los campamentos militares, donde monitores uniformados y armados inculcan el racismo a los niños.

El adoctrinamiento comienza al amanecer, con despertares bruscos y ejercicios físicos agotadores. Pero es sobre todo a través de un discurso abiertamente racista como los “adiestradores” moldean los intelectos de los jóvenes. Para ellos la población negra, que es el 80 por cien del país, amenaza su existencia. A los niños se les enseña que cualquier mezcla racial es una degeneración, comparando grotescamente las uniones interraciales con el mestizaje antinatural entre especies animales.

Esta retórica nauseabunda pretende inculcar en las cabezas de los jóvenes blancos un sentimiento de miedo y superioridad racial. Al presentar a la población negra como incapaz de discernir entre el bien y el mal, los instructores del Kommandokorps perpetúan los prejuicios más abyectos de la era del apartheid. Justifican su acción afirmando que quieren “alertar” a la comunidad blanca de un supuesto peligro, alimentando así la desconfianza.

La movilización de la mayoría negra

Sudáfrica se encuentra hoy en una encrucijada. Ante el resurgimiento del racismo blanco, la mayoría negra sudafricana no permanece pasiva. Está decidida a no revivir las horas oscuras del apartheid y se organiza para defender su futuro.

En este contexto, Julius Malema emerge como una figura emblemática de esta nueva generación de dirigentes negros sudafricanos. Al frente de los Luchadores por la Libertad Económica (EFF), Malema encarna un feroz deseo de una transformación radical de la sociedad sudafricana. Su discurso, a menudo descrito como provocativo, resuena en la juventud negra frustrada porque el apartheid ha terminado pero las desigualdades sociales siguen.

Malema y la EFF están haciendo campaña por una redistribución más justa de la tierra y los recursos económicos. Para ellos, se trata de una lucha existencial encaminada a garantizar un futuro digno para la población negra de Sudáfrica e impedir cualquier retorno a la opresión racial.

La existencia misma de grupos como el Kommandokorps y el surgimiento de movimientos radicales dentro de la comunidad negra atestiguan el fracaso de la reconciliación nacional de Mandela, su “arco iris”. Las heridas del pasado no han sanado y las persistentes desigualdades económicas y sociales generan resentimiento.

La reconciliación nacional puso fin al sistema legal de segregación pero no borró décadas de crímenes, represión y dominación racial. La mayoría negra, privada durante mucho tiempo de sus derechos más básicos, todavía sufre las cicatrices de aquel período oscuro, mientras una franja de la minoría blanca teme perder sus privilegios y se llena de paranoias.

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