La web más censurada en internet

Día: 28 de octubre de 2023 (página 1 de 1)

El visado de entrada a Estados Unidos depende de lo que escribas en las redes sociales

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas utiliza una herramienta de inteligencia artificial para rastrear las plataformas sociales e identificar cualquier publicación de los solicitantes de visado que sea despectiva hacia Estados Unidos.

Se llama Giant Oak Search Technology (GOST) y clasifica las puntuaciones de una persona en las redes sociales del uno al 100. La base de datos se puede buscar utilizando identificadores como el nombre, la dirección, la dirección de correo electrónico y el país de origen de una persona.

Después de pulsar en un individuo específico, el servicio de inmigración revisa las imágenes recopiladas de las cuentas de redes sociales del sujeto y de otros lugares, y darles una calificación de aprobación o desaprobación. También puede observar los perfiles de redes sociales de la persona y su “gráfica social” para ver sus conexiones con otras personas.

GOST ha sido utilizado por el servicio de inmigración y múltiples instituciones públicas desde 2014. El precio pagado a Giant Oak es de más de 10 millones de dólares desde 2017.

Fue parte de un programa piloto de 2016 llamado Programa Piloto de Redes Sociales Patriot de HSI (Investigaciones de Seguridad Nacional) que se centró en posibles infractores de estancia excesiva en “países de interés”.

La Oficina de Aduanas y Protección de Fronteras, la policía antidrogas (DEA), el Departamento de Estado, la Fuerza Aérea y la Oficina del Servicio Fiscal, que forma parte del Tesoro de Estados Unidos, también han pagado por Giant Oak durante los últimos diez años.

Los registros indican que el contrato entre el DHS y Giant Oak finalizó en agosto de 2022.

El sitio web de GOST afirma que aprovecha la información de la web abierta y profunda y aplica parámetros de búsqueda centrados en patrones de comportamiento en lugar de etiquetas de identidad.

En 2019 el gobierno de Trump impuso a los solicitantes de visado la entrega de las cuentas en redes sociales que hayan utilizado en los últimos cinco años. El Departamento de Estado y el Departamento de Seguridad Nacional pueden conservar esta información indefinidamente, compartirla con otras instituciones públicas y revelarla a gobiernos extranjeros.

En 2019 a un estudiante de Harvard le negaron la entrada en Estados Unidos a causa de la actividad de sus amigos en las redes sociales.

El coche eléctrico da marcha atrás

Los monopolios del automóvil están frenando la producción de sus modelos eléctricos. Es la tendencia que predomina en Estados Unidos, y en todo el mundo. Las empresas están cada vez más preocupadas por el rechazo de los clientes y los precios desorbitados de repuestos como las baterías.

Toyota se felicita por haber acertado al mantenerse alejado de los vehículos eléctricos, mientras Honda pone fin a su proyecto de coches eléctricos baratos con General Motors, que ha hecho lo propio. La crisis económica ha provocado una caída de la demanda. Los coches eléctricos cuestan miles de euros más que los modelos térmicos.

La electrificación de la red de estaciones de carga llega tarde y sigue apoyándose en generadores convencionales de fácil instalación en la red de autopistas. El Parlamento Europeo aprobó una ley para instalar una estación de carga cada 60 kilómetros de aquí a 2026. Pero tres años es una eternidad y los conductores no pueden esperar tanto.

Un viaje en coche eléctrico es una experiencia delicada en la que el placer de conducir se desvanece al cabo de un cuarto de hora para encontrar las ubicaciones de las estaciones de carga. Un viaje en un coche eléctrico también se alarga por el tiempo de recarga, que es más dilatado en comparación con el que se tarda en llenar un depósito de gasolina. El coche eléctrico sólo tenía un futuro urbano consistente en trayectos cortos y menor necesidad de recarga.

Las tarifas de los seguros de automóviles se van a disparar un 27 por cien. Las aseguradoras tienen que cubrir los incendios provocados por baterías eléctricas cuando el coche está en el garaje, lo que -en el caso de las viviendas unifamiliares- ha provocado un aumento del seguro del hogar del 5 por cien.

General Motors, Ford y muchos otros fabricantes de automóviles tradicionales han invertido miles de millones en el desarrollo de vehículos eléctricos y empresas conjuntas de fábricas de baterías en los últimos años para tratar de alcanzar a Tesla, mientras Toyota se ha tomado su tiempo. Hasta ahora se ha centrado en los vehículos híbridos y sus nuevos modelos no llegarán hasta después de 2025, cuando la multinacional este preparada para producirlos en masa sobre una nueva plataforma, con un sistema de suministro de energía que supera a Tesla en términos de velocidad y coste de producción.

General Motors ya no fabricará los 400.000 vehículos eléctricos que tenia planeados para mediados de 2024 y ha puesto fin a una asociación de 5.000 millones de dólares con Honda para desarrollar un automóvil de bajo costo. A partir de ahora ambas multinacionales trabajarán por su cuenta.

Israel quiere masacrar a los palestinos en el más absoluto silencio

Israel estaba perdiendo la guerra de la información y ayer cortó el acceso de loa palestinos a internet. Su ejército quiere matar en la oscuridad, sin que el horror trascienda a los medios independientes y las redes sociales.

En días anteriores los ataques aéreos israelíes habían matado al menos a veinte periodistas palestinos y Estados Unidos presiona para amordazar al resto. Las grandes empresas tecnológicas se están coordinando con los sionistas para amordazar a los medios que no es capaz de controlar.

El 25 de octubre, la aviación israelí mató a tres periodistas palestinos een uno de los días más mortíferos desde que comenzó la campaña de bombardeos casi tres semanas antes. A medida que pasaban las horas, las imágenes mostraron el momento en que el periodista Mohammed Farra, radicado en Ramallah, se enteró de que su esposa e hijos habían muerto en un ataque aéreo israelí en el barrio de Jan Yunes, en Gaza.

Durante el día se vieron escenas desgarradoras. En otra parte del asediado enclave costero, un ataque aéreo israelí mató a la esposa, el hijo, la hija y el nieto del director de la oficina árabe de Al Jazera en Gaza, Wael Dahdouh.

Los ataques de Israel contra los periodistas palestinos se produjeron horas después de que el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, asegurara que había instado al gobierno de Qatar a moderar la retórica de Al Jazira sobre la guerra de Gaza» durante su reciente viaje a Doha.

Las sospechas de que las fuerzas israelíes habían atacado deliberadamente a la familia de Dahdouh se vieron rápidamente reforzadas por los comentarios del periodista Zvi Yehezkeli. “Conocemos el objetivo”, dijo Yehezkeli a la audiencia horas después del ataque. “Hoy había un objetivo: la familia de un periodista de Al Jazira”.

No es la primera vez que Dahdouh se encontraba en el punto de mira israelí. En 2021 el ejército israelí arrasó la torre de Gaza que albergaba a Associated Press y Al Jazira. Al año siguiente, las fuerzas israelíes asesinaron a la periodista palestino-estadounidense Shirin Abu-Akleh, una veterana corresponsal de Al Jazira en Jerusalén, en un tiroteo que provocó la condena internacional.

El Departamento de Estado ha cambiado su retórica. Ya no pide una investigación independiente ni cargos penales para los que asesinan a los periodistas palestinos. censuran sus voces, los grandes monopolios tecnológicos se han puesto al servicio de la guerra de propaganda sionista. Desde el 7 de octubre varias plataformas han suspendido o desactivado los perfiles de muchos periodistas, defensores de los derechos humanos y militantes palestinos.

El 25 de octubre las cuentas de Eye On Palestina desaparecieron de Instagram, Facebook y Twitter, dejando a más de 6 millones de seguidores sin poder acceder a uno de los recursos más socorridos que ofrece imágenes de primera mano de la destrucción de la población de Gaza.

Tras de la aprobación en 2016 del llamado “proyecto de ley de Facebook” destinado a combatir la “instigación digital”, la antigua ministra de Justicia israelí, la fanática Ayelet Shaked, se jactó de que Facebook, Twitter y Google habían cumplido con el 70 por cien de sus peticiones de censura.

En septiembre el periodista palestino Tamer Al Mishal denunció en Al Jazira que Meta se había coordinado con la inteligencia israelí para suprimir los contenidos propalestinos. Después, cuando intentó acceder a su perfil en la red social, el periodista descubrió que su cuenta de Facebook había dejado de existir.

No era el único. La semana anterior, Meta suspendió la cuenta de Instagram del fotoperiodista palestino Motaz Azaiza después de que compartiera imágenes de los restos de su edificio de apartamentos, donde 15 miembros de su familia habían muerto en ataques aéreos israelíes.

“Los periodistas palestinos en Gaza no sólo se enfrentan a la ocupación israelí”, explicó Abdelrahman, un periodista local con años de experiencia cubriendo los acontecimientos en Gaza sobre el terreno. “También tienen que superar mucha censura de Facebook y YouTube”, dijo, añadiendo que “en las redes sociales hay que tener mucho cuidado porque cierran las cuentas”.

“Trabajar como periodista en Gaza no es un trabajo fácil”, dice, no sólo porque estás censurado por las redes sociales, [sino] también porque te causa problemas con las autoridades israelíes, especialmente si deseas salir por cualquier vía israelí”. Si eres franco en tu cobertura, dice Abdelrahman, las autoridades israelíes “te considerarán un enemigo”.

Durante la Gran Marcha del Retorno de 2021, “los periodistas que cubrieron las marchas semanales fueron atacados deliberadamente por Israel”. “A algunos les dispararon en las rodillas, a otros en las piernas. Algunos fueron asesinados”, recuerda Abdelrahman.

En Instagram los usuarios notaron un “fallo” que tradujo temporalmente la palabra árabe para “palestino” a “terrorista palestino”.

Durante una incursión el 26 de octubre en Jenín el ejército israelí destruyó el monumento a Shirin Abu Akleh, la corresponsal de Al Jazira a quien habían asesinado un año antes.

—https://thegrayzone.com/2023/10/27/israeli-assassinates-journalists-big-tech-biden-palestinians/

Las mujeres no somos propaganda de guerra (Manifiesto feminista antimperialista)

El mundo está cambiando. La unipolaridad ejercida por el Occidente capitalista desde la caída del muro de Berlín, mediante la subyugación política, el saqueo económico y la guerra imperialista, se está derrumbando. Varios países de Asia, África y América Latina se están empezando a levantar contra el dominio de EEUU, la Unión Europea y otras potencias del Occidente colectivo. Ante estas transformaciones, el feminismo occidental enfrenta un reto histórico.

Con la desaparición de una izquierda y movimientos sociales sujetos a la racionalidad más básica, las feministas nos hemos enfrentado, en total soledad y sufriendo la censura, al delirio posmoderno transgenerista según el cual ser hombre o mujer no es una realidad biológica, sino una identidad innata cuya expresión se materializa en las mesas de quirófano de las clínicas del género. Esta soledad ha supuesto un repliegue ideológico del feminismo que lo hace vulnerable ante la propaganda de la guerra imperialista, y completamente desprevenido ante las enormes transformaciones que está viviendo el mundo.

De este modo, sin comprender dichas transformaciones, el feminismo occidental corre el riesgo de convertirse él mismo en parte de la maquinaria propagandística de la guerra imperialista, en arma contra todos aquellos países que socavan el dominio occidental.

En los últimos tiempos, se han vertido en los medios de comunicación una gran cantidad de bulos que se han probado falsos, o de informaciones oportunamente difundidas, con el único objetivo de generar animadversión contra países como China, Rusia, Irán o Siria. Este objetivo responde a la necesidad de dirigir la opinión pública y crear un ambiente propicio para que las sociedades occidentales aceptemos o apoyemos, por acción u omisión, las guerras imperialistas llevadas a cabo por nuestros gobiernos.

Sean reales o inventadas, la falta de derechos y la situación de las mujeres y niñas en los países del sur global son empleadas de forma espuria para crear una imagen del mundo donde el jardín occidental emerge como el adalid de la civilización, los Derechos Humanos y la democracia. Y el resto de países, la mayor parte de la Humanidad, como una jungla de violencia, atrocidades, integrismo religioso y ataques a los derechos de las mujeres. Una jungla que debe ser civilizada, a golpe de bombazos si hace falta, porque ese salvajismo es su naturaleza.

Así, viejos discursos coloniales sobre los “blancos civilizados” son reeditados en la nueva contienda entre Occidente y el resto de regiones del mundo, las mismas regiones a las que durante más de cinco siglos hemos colonizado, esquilmado y sumido en la pobreza, financiando golpes de estado y grupos terroristas para asegurarnos de que esa jungla jamás levante cabeza. Sólo con el empobrecimiento del mundo se ha podido producir el enriquecimiento desmesurado de Occidente. Siendo las potencias ricas del mundo, hemos podido permitirnos el nivel de vida necesario para poder luchar por los derechos sociales, de las mujeres o de las personas homosexuales. Y en un colosal ejercicio de cinismo, ahora acusamos al resto del planeta de ser unos salvajes, convirtiendo esas mejoras en parte del discurso supremacista occidental y legitimador del imperialismo.

Las mujeres y nuestros derechos no podemos convertirnos en arma de guerra imperialista. El feminismo no puede colaborar con ese cínico ejercicio de justificación del dominio de los países occidentales que mantiene sometido al resto del planeta, que finalmente ha dicho basta y se está uniendo contra el norte global. Si la superioridad moral, abstraída de todos los condicionantes socio-históricos que nos han traído hasta aquí, es lo único que las feministas occidentales tenemos que ofrecer al mundo, perderemos toda clase de legitimidad para unirnos a la lucha de nuestras compañeras feministas del resto del mundo.

El salvaje ataque de Israel contra Palestina a principios de octubre, uno entre tantos otros con o sin pretextos inmediatamente anteriores, ha puesto de manifiesto la desorientación del feminismo en relación con todas estas cuestiones. Si bien en todas partes se sucedían las manifestaciones de solidaridad internacionalista con Palestina y contra el genocidio que Israel lleva a cabo desde hace siete décadas, la práctica totalidad el feminismo occidental guardó un llamativo silencio, salvo honrosas excepciones. Cuando no ha sido así, se ha dado veracidad a informaciones falsas contra la resistencia armada, legalmente reconocida, del pueblo palestino. Se ha esgrimido que las guerras son “cosas de hombres”, algo contradictorio con la idea de que no existen cosas intrínsecamente de hombres ni de mujeres, para situarse en la equidistancia ante un genocidio evidente y televisado. En casos todavía peores, se ha aprovechado que Palestina era noticia por estar siendo exterminada para señalar que es una sociedad muy machista.

A medida que el conflicto ha ido escalando y mantener ese silencio era cada vez más insostenible, han ido apareciendo nuevas posturas matizadas que, si bien señalan con mayor o menor medida la agresión brutal contra Palestina por parte de Israel, vuelven a situarse en la equidistancia esgrimiendo que la violencia ejercida por cualquiera de las partes debe ser condenada, o que el dolor de las mujeres palestinas e israelíes es el mismo. Se utiliza así a las mujeres para equiparar veladamente al agredido con el agresor en un conflicto entre un pueblo masacrado y su verdugo, una potencia militar imperialista del Occidente colectivo. Todas esas posturas bienintencionadas que condenan toda violencia por igual, sin tener en cuenta el contexto histórico y que han aparecido justamente cuando un pueblo se revuelve contra su agresor, sirven en última instancia a Israel, Estado que profesa la ideología inequívocamente fascista del sionismo, y al imperialismo occidental.

Como feministas, sabemos la importancia de la paz en el mundo para las mujeres. Como antiimperialistas, sabemos que son nuestros países occidentales los primeros en fomentar guerras y genocidios para mantener su ya maltrecha hegemonía unipolar. Como un animal herido, Occidente tratará de morir matando, y debemos señalarlo sin ambages, y sin discursos de cínica superioridad moral o equidistancia interesada hacia el resto de la humanidad, que necesita poner fin al dominio occidental para poder desarrollarse en sus propios términos y en función de cada contexto sociohistórico. También en cuanto a la lucha de las mujeres.

Es por esto que hacemos un llamamiento a construir un feminismo antiimperialista que no se deje manipular por la propaganda de guerra imperialista ni se convierta en colaboracionista de la misma en ninguna de sus múltiples formas. Se lo debemos a todas las mujeres y pueblos del mundo de cuya desgracia hemos vivido hasta ahora.

Marina Pibernat Vila, Násara Iahdih Said, Elena de la Vara, Gemma Bravo Encabo, Lucía Gutiérrez Pérez, Blanca González Marcó, María Augusta Rodrigues Ribeiro, Gacela Pérez Adame, Marife García Elena, Cynthia Duque Ordoñez, Mariángeles Payas Serra, Isabel López Blázquez

Si tú también quieres suscribir nuestro manifiesto, puedes hacerlo en: https://feministasantiimperialistas.blogspot.com/

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