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Día: 13 de julio de 2023 (página 1 de 1)

Siguen las negociaciones secretas entre Estados Unidos y Rusia sobre Ucrania

Las recientes conversaciones entre Serguei Naryshkin, director del Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) de Rusia, y el director de la CIA, William Burns, han sido confirmadas por el propio Naryshkin a la agencia Tass, aunque la CIA se ha negado a comentar la entrevista.

Las conversaciones tuvieron lugar a raíz de la asonada de Wagner del mes pasado. Sin embargo, según Naryshkin, la crisis fue más un pretexto para este intercambio que el motivo principal de la entrevista, sugiriendo que Moscú y Washington pueden estar llevando a cabo conversaciones de paz secretas.

El director del SVR asegura que la discusión principal se centró en Ucrania. “Estábamos pensando, discutiendo qué hacer con Ucrania”, dijo Naryshkin, enfatizando la importancia de la Guerra de Ucrania en sus discusiones.

Naryshkin, que aparece en la foto de portada, también mencionó la posibilidad de una reunión cara a cara con Burns nuevamente. Ya se reunieron el pasado noviembre en Turquía para mantener conversaciones que Washington se negó a calificar de “negociaciones de cualquier tipo” sobre la Guerra de Ucrania.

Un portavoz anónimo del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca recordó que el jefe de la CIA advirtió a su homólogo ruso en 2022 de las consecuencias de la escalada nuclear de Moscú. Esto indica que a pesar de sus desacuerdos, las dos partes permanecen en comunicación y están buscando formas de negociar.

El Golpe de Estado en Ucrania en 2014 culminó el deterioro progresivo de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, aumentando las tensiones existentes y marcando el comienzo de una era de desconfianza y confrontaciones diplomáticas.

Desde entonces, las relaciones entre ambas potencias han estado marcadas por una serie de polémicas y acusaciones mutuas. Rusia ha sido acusada por Estados Unidos de interferir en las elecciones presidenciales de 2016, acusación que fue rechazada por el Kremlin. A cambio, Rusia ha criticado a menudo a la OTAN y la expansión de su influencia en el borde de sus fronteras.

La semana pasada la cadena NBC informó (*) de que en abril un grupo de antiguos miembros de la seguridad nacional de Estados Unidos había mantenido conversaciones secretas con Lavrov y otros dirigentes rusos con el objetivo de sentar las bases para las negociaciones destinadas a poner fin a la guerra en Ucrania.

La reunión se celebró en Nueva York y se prolongó durante varias horas. En la agenda estaban algunos de los temas más espinosos de la Guerra de Ucrania, como el destino de los territorios que Ucrania nunca va a poder recuperar.

En reunión participaron Richard Haass, antiguo diplomático y presidente saliente del Consejo de Relaciones Exteriores, junto con Charles Kupchan y Thomas Graham, ambos antiguos funcionarios de la Casa Blanca y del Departamento de Estado, así como miembros del Consejo de Relaciones Exteriores.

(*) https://www.nbcnews.com/now/video/former-u-s-officials-held-secret-talks-with-russia-about-ending-war-in-ukraine-186985029621

La medicina es la industria más rentable para el capital

Las empresas farmacéuticas no tienen nada que ver con lo que eran hace veinte años. Cada vez más grandes y cada vez más financiarizados, se han convertido en máquinas de desviar miles de millones de dólares para redistribuirlos entre los accionistas, en particular entre los fondos buitre de Wall Street.

En menos de medio siglo la industria farmacéutica ha cambiado profundamente. Los fabricantes de medicamentos se encuentran ahora entre las multinacionales más grandes del mundo, junto con las empresas petroleras y automotrices. También son las más lucrativos para las bolsas de valores.

Los medicamentos se ponen en el mercado a precios cada vez más caros. En 2015 Sovaldi, un tratamiento contra la hepatitis C del laboratorio Gilead, se vendió por 41.000 dólares por tres meses de tratamiento. Es el primer fármaco reservado por la burocracia sanitaria solo a una parte de los pacientes potenciales por su precio. Ahora los precios de ciertos medicamentos presentados como innovadores alcanzan el medio millón de dólares. Al mismo tiempo, los recortes de plantilla se suceden. Desde 2009 Sanofi ha tenido cuatro.

Es difícil seguir la evolución de las grandes empresas industriales a largo plazo. Alineadas con el ritmo de los mercados financieros, las multinacionales solo miran hacia atrás uno o dos años. Las sucesiones de fusiones, reventas de filiales o cambios de nombre hacen que las huellas se borren rápidamente cuando se pretende retroceder más en el tiempo. Los propios capitostes borran la memoria de empresas destinadas a reestructurarse permanentemente para cumplir con las reglas de la competitividad.

Muchos beneficios, pocos impuestos

Entre 1999 y 2017 la facturación de las once mayores empresas farmacéuticas (Sanofi, Novartis, AstraZeneca, GlaxoSmithKline, Merck, Eli Lilly, Roche, Abbott, Pfizer, Bristol Myers Squibb y Johnson & Johnson) se duplicó, alcanzando una suma récord de 395.000 millones de dólares. Al mismo tiempo, el valor de sus activos se multiplicó por 3,3 hasta alcanzar los 873.000 millones de dólares. Sin embargo, el récord lo alcanzaron en 2016: 988.000 millones. Los dividendos y las recompras de acciones, la parte de los beneficios que se devuelven directamente a los accionistas, se multiplicaron por 3,6 hasta los 71.500 millones de dólares en 2017, mientras que los beneficios netos aumentaron un 44 por cien durante el mismo período.

Desde 1990 la facturación acumulada de las farmcéuticas se ha multiplicado por más de seis, sus beneficios por cinco, sus dividendos por más de doce. Para los siete laboratorios que se pueden rastrear desde 1990, los aumentos son aún más espectaculares. Su volumen de negocios acumulado se ha multiplicado por más de seis, sus beneficios por cinco, sus activos por más de doce, así como sus dividendos y recompras de acciones.

Entre 1999 y 2017 las 11 grandes empresas farmacéuticas obtuvieron más de un billón de dólares de beneficios, de los cuales distribuyeron directamente 925.000 millones a sus accionistas en dividendos y recompra de acciones. Detrás de esta cifra principal hay un crecimiento de los dividendos a lo largo de los años. En 1999 los 11 laboratorios redistribuyeron el 57,4 por cien de sus beneficios entre los accionistas. En 2017 la tasa de redistribución fue del 142 por cien. Un récord histórico.

En cambio, el impuesto de sociedades pagado por esos laboratorios se ha mantenido estable, en general, desde 1999, salvo un pico repentino en 2017 debido a Johnson & Johnson, que trasladó parte de sus fondos de paraísos fiscales a Estados Unidos, después de que Trump reformara los impuestos. En 2016 estaba casi exactamente al mismo nivel que en 1999, con algo más de 13.000 millones de dólares. La tasa impositiva promedio de los once laboratorios estaba entre el 26 y el 28 por cien a principios de la década de 2000, cayendo al 19 por cien en 2015 y 2016 (y al 18 por cien en 2017, si excluimos a Johnson & Johnson).

Los sueldos estratosféricos de los directivos

Junto a los accionistas, los otros grandes ganadores del negocios son los directivos de las empresas, precisamente porque su remuneración está en gran medida alineada con las sumas devueltas a los mercados financieros. En 2014 la sucesión entre Christopher Viehbacher y Olivier Brandicourt al frente de Sanofi estuvo marcada por una polémica sobre el importe de las indemnizaciones concedidas al primero, un paracaídas dorado de 4,4 millones de dólares, y el bono de bienvenida de 4 millones concedido al segundo. Brandicourt sigue siendo hoy el directivo mejor pagado de la bolsa de París, con casi 10 millones de dólares de remuneración entre 2016 y 2017. El sueldo es significativamente inferior a sus contrapartes estadounidenses en Pfizer (26,2 millones de dólares), Johnson & Johnson (22,8 millones) o Bristol Myers Squibb (18,7 millones).

En el sector farmacéutico los directivos reciben los salarios más altos en Estados Unidos, por delante de todas las demás industrias. Las sumas pagadas a los cabecillas de los grandes laboratorios a menudo palidecen en comparación con las que pueden recibir los jefes de empresas biotecnológicas más pequeñas como Vertex, Incyte, BioMarin o United Therapeutics. Estas empresas se centran en una pequeña cantidad de moléculas de alto valor agregado destinadas a venderse a precio completo. Leonard S. Schleifer, director de Regeneron, socio histórico de Sanofi con apenas unos miles de empleados, recibió 26,5 millones de dólares en 2017 y más de 28 millones en 2016.

La industria farmacéutica es un monstruo financiero

Si hay una industria que ilustra la creciente influencia de los mercados financieros es, por tanto, la de la medicina. Su accionariado también está dominado en gran medida por los grandes gestores de fondos de Wall Street, con algunas excepciones como la participación de L’Oréal, y por tanto de la familia Bettencourt, en el capital de Sanofi. Estos inversores institucionales sin rostro imponen a las empresas la ley de hierro de los precios bursátiles. BlackRock posee así el 5,7 por cien del capital de Sanofi, el 8 por cien del de AstraZeneca, el 7 por cien del de GlaxoSmithKline, el 7,6 por cien de Pfizer, el 6,2 por cien de Johnson & Johnson, el 6,8 por cien de Merck/MSD, el 6,3 por cien de Abbott, el 6,4 por cien de Bristol Meyers Squibb y 5,8 por cien de Eli Lilly. Esto corresponde a 3.660 millones de dólares en dividendos en 2017. Otros fondos de inversión como Vanguard tienen una fuerte presencia en el capital de los gigantes farmacéuticos y también obtienen miles de millones de dólares de ellos cada año.

A pesar de su inagotable sed de dividendos, estos grandes inversores parecen sin embargo moderados si los comparamos con otros especuladores de Wall Street, también muy activos en el sector farmacéutico, los “hedge funds” (fondos de capital riesgo), que invierten en biotecnología para asegurar el control de patentes estratégicas e, inevitablemente, suben los precios. Son ellos los que están detrás de los escándalos más sonados de los últimos años, como el precio estratosférico de los tratamientos contra la hepatitis C comercializados por Gilead.

En 2015 Martin Shkreli, un joven especulador, provocó un escándalo al multiplicar de la noche a la mañana por 55 el precio de venta de Daraprim, de 13,50 a 750 dólares. Acababa de comprar los derechos exclusivos de este medicamento clasificado como esencial por la Organización Mundial de la Salud, utilizado para tratar la malaria o el sida. Acabó en prisión unos meses después, pero no por un delito contra la salud pública, sino por haber engañado a los especuladores.

De los 25 medicamentos cuyo precio más subió en Estados Unidos entre 2013 y 2015, 20 fueron comercializados por empresas con fondos de capital de riesgo entre sus accionistas. Con el énfasis actual en tratamientos “innovadores” y “dirigidos” para el cáncer, ahora son estos actores los que dan la pauta a toda la industria farmacéutica.

Ya no nay laboratorios sino multinacionales

Los laboratorios farmacéuticos se han convertido en multinacionales y ya no juegan con las mismas reglas. Sus decisiones comerciales están dictadas por los mercados financieros mucho más que por cualquier consideración de salud pública. Las patentes se han convertido en un apoyo para la especulación y un instrumento de chantaje frente a los gobiernos.

Hace diez años la crisis financiera mundial mostró que los bancos se aprovechan de una garantía pública implícita de los gobiernos. Seguros de que los Estados nunca permitirán que se hundan por completo y que si es necesario serán rescatados, como en 2008, por miles de millones de dinero público, no han dudado en dedicarse a actividades cada vez más especulativas, muy rentables, sabiendo que al final el riesgo real seguirá siendo limitado.

El sector farmacéutico también tiene su propia forma de garantía pública: sistemas de seguro de salud y apoyo gubernamental a la investigación. Gracias a esta garantía pública se han convertido en lo que son hoy: monstruos financiarizados que se ponen al servicio de los especuladores en lugar de los enfermos.

Europa pagará los platos rotos de la incorporación de Suecia a la OTAN

Turquía ha impuesto varias condiciones a cambio de que Suecia se incorpore a la OTAN, que han cambiado con el tiempo. En particular, el gobierno de Estocolmo debía dejar de apoyar a las organizaciones declaradas terroristas por Ankara, en particular el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán).

Erdogan y el primer ministro sueco Ulf Kristersson llegaron a un acuerdo de siete puntos. Pero había otras condiciones. La primera es que Turquía quería que Estados Unidos le suministrara cazas F-16 antes de firmar. Ya lo ha conseguido, según la CNN. El parlamento turco planea ratificar la decisión de Suecia de unirse a la OTAN antes del 21 de julio.

Grecia, que también es miembro de la OTAN, se opone a ello, pero ahora mismo no tiene la misma capacidad de negociación y está destinada a capitular a lo que diga Washington. Como Grecia pertenece a la Unión Europea, es la primera vía de agua que ha introducido Erdogan.

No es la única. Turquía quiere cambiar la política migratoria de Bruselas, una unión aduanera y la exención de visados para los ciudadanos turcos. Una parte de eso ya lo ha logrado unilateralmente con Suecia, pero falta que Estados Unidos presione para que las ventajas se extiendan a toda Europa. Por lo tanto, Estados Unidos no pone nada, vende los F-16 y es Bruselas quien corre con los gastos, como ocurre con tanta frecuencia.

La incorporación de Suecia a la OTAN es, no obstante, puramente formal ya que siempre ha colaborado con la Alianza militar, especialmente en el Mar Báltico. No hay más que recordar la voladura del gasoducto Nord Stream. Ahora bien, Suecia puede aportar algo interesante: una ruta hacia el Ártico, donde Rusia lleva una gran ventaja estratégica desde hace mucho tiempo.

Además de Turquía a la OTAN le queda una segunda firma, la de Hungría.

El embajador de Estados Unidos en Moscú anunció la guerra en 2008

Hoy William S. Burns es conocido por ser el director de la CIA. Pero hasta hace poco fue embajador de Estados Unidos en Moscú y el 1 de febrero de 2008 envió un detallado informe a sus jefes del Departamento de Estado, que fue publicado por Wikileaks.

El informe es interesante por múltiples razones. Primero, en 2008 Burns decía cosas que no dice ahora. Segundo, como en todo informe confidencial, Burns se expresa con claridad porque no sospecha que su contenido pueda trascender. Tercero, Burns acierta en cada uno de sus pronósticos.

Cuando redacta su informe, Estados Unidos está preparando la cumbre de la OTAN de Bucarest, celebrada en el mes de abril, que debía resolver el ingreso de Ucrania y Georgia en la Alianza militar.

También se redacta unos meses antes de la guerra entre Rusia y Georgia, que comenzó el 7 de agosto por un ataque de Georgia contra las posiciones de las fuerzas rusas de mantenimiento de la paz en la región de Abjasia y Osetia del Sur.

Saakashvili fue el Zelensky de aquella guerra, un peón apenas disimulado.

Informe del embajador William J. Burns, Moscú, 1 de febrero de 2008

Después de una reacción inicial mixta a la intención de Ucrania de buscar un Plan de Acción para la Incorporación a la OTAN en la cumbre de Bucarest, el ministro de Asuntos Exteriores, Lavrov, y otros altos funcionarios reiteraron su fuerte oposición, enfatizando que Rusia vería cualquier expansión adicional hacia el este como una potencial amenaza militar. La ampliación de la OTAN, incluida Ucrania, sigue siendo un tema “emocional y muy sensible” para Rusia, pero las consideraciones políticas y estratégicas también subyacen a la fuerte oposición a la incorporación de la OTAN por parte de Ucrania y Georgia. Para Ucrania, esto incluye el temor de que este problema pueda dividir el país en dos, lo que provocaría violencia o incluso, según algunos, una guerra civil, lo que obligaría a Rusia a decidir si interviene o no. Además, el GOR [Gobierno de Rusia] y los expertos continúan afirmando que la incorporación de Ucrania en la OTAN tendría un gran impacto en la industria de defensa rusa, los lazos familiares ruso-ucranianos y las relaciones bilaterales en general. En Georgia, el GOR [Gobierno de Rusia] teme que continúe la inestabilidad y los “actos de provocación” en las regiones separatistas.

Lavrov enfatizó que Rusia debe ver la expansión continua de la OTAN hacia el este, especialmente hacia Ucrania y Georgia, como una amenaza militar potencial. Si bien Rusia puede creer las declaraciones de Occidente de que la OTAN no está dirigida contra Rusia, las actividades militares recientes en los países de la OTAN (establecimiento de operaciones de avanzada, etc.) deben evaluarse no según las intenciones declaradas sino según su potencial. Lavrov enfatizó que mantener la “esfera de influencia” de Rusia en el vecindario es anacrónico. Estados Unidos y Europa tienen «intereses legítimos» en la región. Pero, según él, si bien los países son libres de tomar sus propias decisiones sobre su seguridad y estructuras político-militares, deben tener en cuenta el impacto en sus vecinos.

Lavrov subrayó que Rusia estaba convencida de que la ampliación no se basó en razones de seguridad sino que fue un legado de la Guerra Fría. Cuestionó los argumentos de que la OTAN era un mecanismo apropiado para ayudar a fortalecer los gobiernos democráticos. Dijo que Rusia entiende que la OTAN está buscando una nueva misión, pero existe una tendencia creciente de que los nuevos miembros hagan y digan lo que quieran simplemente porque están bajo el paraguas de la OTAN (por ejemplo, los intentos de algunos países miembros nuevos de “reescribir la historia y glorificar a los fascistas”).

Durante una conferencia de prensa el 22 de enero, en respuesta a una pregunta sobre la solicitud MAP [de ingreso en la OTAN] de Ucrania, el MFA [Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia] dijo que “una mayor expansión radical de la OTAN podría provocar un cambio político-militar serio que inevitablemente afectará los intereses de seguridad de Rusia”. El portavoz continuó insistiendo en que Rusia estaba vinculada a Ucrania por obligaciones bilaterales establecidas en el Tratado de Amistad, Cooperación y Asociación de 1997, en el que ambas partes se comprometen a “abstenerse de participar o apoyar cualquier acción que pueda afectar la seguridad de la otra parte”. El portavoz señaló que “la probable integración de Ucrania en la OTAN complicaría seriamente las relaciones ruso-ucranianas en sus múltiples aspectos” y que Rusia «debería tomar las medidas adecuadas”. El portavoz agregó que “existe la impresión de que el actual gobierno ucraniano ve el acercamiento a la OTAN en gran medida como una alternativa a los lazos de buena vecindad con la Federación Rusa”.

Las aspiraciones de Ucrania y Georgia en la OTAN no solo tocan un nervio sensible en Rusia, sino que plantean serias preocupaciones sobre las consecuencias para la estabilidad en la región. Rusia no solo percibe cerco y esfuerzos para socavar la influencia de Rusia en la región, sino que también teme consecuencias impredecibles y descontroladas que podrían afectar seriamente los intereses de seguridad de Rusia. Los expertos nos dicen que Rusia está particularmente preocupada por las fuertes divisiones en Ucrania sobre la incorporación de la OTAN, con gran parte de la comunidad étnica rusa que se opone a la incorporación a la OTAN. Esto podría conducir a una gran escisión, acompañada de violencia o, en el peor de los casos, de una guerra civil. En ese caso, Rusia tendría que decidir si interviene o no, un movimiento al que no quiere enfrentarse.

Dimitri Trenin, subdirector del Centro Carnegie de Moscú, expresó su preocupación de que Ucrania sea, a largo plazo, el factor potencialmente más desestabilizador en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, dado el nivel de emoción y nerviosismo que despierta la solicitud de ingreso en la OTAN. La carta que pedía la revisión del MAP [ingreso en la OTAN de Ucrania] fue una “sorpresa desagradable” para los funcionarios rusos, quienes sintieron que las aspiraciones de Ucrania en la OTAN habían pasado a un segundo plano en el panorama político. Con esta carta pública, el tema se “reactivó” abruptamente. Dado que la pertenencia a la OTAN sigue siendo un tema divisivo en la política interna de Ucrania, ha abierto la puerta a la especulación rusa. A Trenin le preocupa que se aliente a elementos del poder ruso a entrometerse en lo que no debería preocuparles, lo que incitaría a Estados Unidos a alentar abiertamente a las fuerzas políticas opuestas y colocaría a Estados Unidos y Rusia en una posición de confrontación clásica. La ironía, según Trenin, es que si bien la incorporación de Ucrania debería aliviar las tensiones dentro de la OTAN, ni la opinión pública ni las élites rusas están dispuestas a aceptar este argumento. El deslizamiento gradual de Ucrania hacia el oeste es una cosa, su estatus preventivo como aliado militar de jure de Estados Unidos es otra. Trenin advirtió enérgicamente contra dejar que una lucha interna por el poder en Ucrania, donde el MAP [ingreso en la OTAN de Ucrania] es solo una palanca de la política interna, complique aún más las actuales relaciones entre Estados Unidos y Rusia.

Otro tema que motiva la oposición de Rusia a la incorporación de Ucrania es la amplia cooperación en la industria de defensa que comparten los dos países, incluida una serie de fábricas donde se fabrican armas rusas. Si bien se están realizando esfuerzos para cerrar o reubicar la mayoría de estas fábricas en Rusia y trasladar la Flota del Mar Negro de Sebastopol a Novorossiysk antes de la fecha límite de 2017, el GOR [Gobierno de Rusia] ha dejado claro que unirse a Ucrania en la OTAN obligaría a Rusia a hacer [costosos] cambios en su cooperación industrial de defensa.

De manera similar, el GOR [Gobierno de Rusia] y los expertos señalan que la incorporación de Ucrania en la OTAN también tendría un impacto significativo en las relaciones económicas y laborales entre Rusia y Ucrania, incluido el efecto sobre miles de ucranianos que viven y trabajan en Rusia y viceversa, debido a la necesidad de imponer un nuevo régimen de visados. Alexandr Konovalov, director del Instituto de Evaluación Estratégica, argumenta que esto se convertiría en un hervidero de ira y resentimiento entre la población local.

Con respecto a Georgia, la mayoría de los expertos dijeron que, aunque no es tan estratégica para Rusia como Ucrania, el GOR [Gobierno de Rusia] la ​​considera demasiado inestable para resistir la división que podría provocar la incorporación en la OTAN. Alexey Arbatov, subdirector del Centro Carnegie de Moscú, afirmó que las aspiraciones de la OTAN de Georgia eran solo una forma de resolver sus problemas en Abjasia y Osetia del Sur, y advirtió que Rusia estaría en una situación difícil si eso sucediera.

El GOR [Gobierno de Rusia] ha dejado claro que tendría que “revisar seriamente” todas sus relaciones con Ucrania y Georgia si la OTAN les invita a unirse. Esto podría tener importantes repercusiones en la energía, la economía y el compromiso político-militar, con posibles repercusiones en toda la región y en Europa Central y Occidental. Es probable que Rusia también reconsidere sus propias relaciones con la Alianza y sus actividades en el Consejo OTAN-Rusia. Consideraría más acciones en el área de control de armamento, incluida la posibilidad de una retirada completa de los tratados CFE [sobre armas convencionales en Europa] e INF [sobre misiles de alcance intermedio] y amenazas más directas a los planes de defensa antimisiles de Estados Unidos.

Isabelle François, directora de la Oficina de Información de la OTAN en Moscú, dijo que creía que Rusia había aceptado la idea de que Ucrania y Georgia eventualmente se unirían a la OTAN y que estaba involucrada en una planificación a largo plazo para reconfigurar su relación con esos dos países y con la Alianza. Sin embargo, Rusia aún no está preparada para afrontar las consecuencias de una nueva y rápida ampliación de la OTAN en su flanco sur. Agregó que Rusia aprecia la cooperación con la OTAN. Agregó que si bien Rusia valoraba la cooperación con la OTAN en el Consejo OTAN-Rusia, Rusia consideraría necesario insistir en revisar las relaciones OTAN-Rusia, e incluso retirarse por completo del NRC [Consejo de Regulación Nuclear] si Ucrania y Georgia se unieran a la OTAN.

La oposición de Rusia a la incorporación de Ucrania y Georgia a la OTAN y la incorporación de Georgia es emocional y se basa en consideraciones estratégicas sobre el impacto en los intereses rusos en la región. También es políticamente atractivo retratar a Estados Unidos y la OTAN como adversarios de Rusia y utilizar la apertura de la OTAN hacia Ucrania y Georgia como una forma de obtener el apoyo de los nacionalistas rusos. Si bien la oposición rusa a la primera ola de ampliación de la OTAN a mediados de la década de 1990 fue fuerte, ahora Rusia se siente capaz de responder con más fuerza a lo que percibe como acciones contrarias a sus intereses nacionales.

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