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Día: 24 de noviembre de 2022 (página 1 de 1)

El caza F-35, de última generación, es una chapuza del Pentágono

El 28 de agosto de 2020 los cazabombarderos F-35 de la Fuerza Aérea Holandesa iban a participar en el ejercicio “Allied Sky” de la OTAN, escoltando a seis bombarderos estratégicos estadounidenses B-52H Stratofortress.

La previsión meteorológica anunció una tormenta en Países Bajos y los F-35 tuvieron que permanecer en el aeródromo debido a que las restricciones de vuelo les impiden acercarse a menos de 40 kilómetros de una tormenta debido a que son vulnerables a los rayos.

Para cualquier aeronave, los rayos no son peligrosos, siempre que dispongan de un Obiggs, que elimina el riesgo de incendio o explosión en caso de que sus depósitos sean alcanzados.

El Obiggs almacena y bombea gas inerte a los tanques de combustible del avión para mantener un nivel de oxígeno lo más bajo posible para que, en caso de que el depósito sufra un desperfecto tras ser alcanzado por un rayo, no explote o acabe ardiendo.

Durante el mantenimiento de los cazas en la base aérea de Hill, en Utah, la Fuerza Aérea detectó que el Obiggs del F-35 no funcionaba y el Pentágono volvió a imponer restricciones de vuelo.

No era la primera vez que el F-35 experimentaba un problema con su sistema Obiggs. A principios de la década de 2010 se descubrió que no enviaba suficiente nitrógeno a los tanques para hacerlos completamente inertes. Así que su fabricante, Lockheed-Martin, desarrolló una solución que eliminaba las restricciones de vuelo en caso de tormenta.

El Pentágono se puso a solucionar la chapuza. En noviembre indicó que estaba considerando un cambio del equipo, sustituyendo una sección de tubos y accesorios del dispositivo por un diseño más robusto, capaz de soportar las vibraciones que se producen durante el vuelo.

En agosto de este año empezó a instalar en el caza una actualización del programa informático que advierte al piloto de los fallos en el Obiggs, que no funciona en la versión A, ni en la B (despegue corto y aterrizaje vertical) ni en la C (aerotransportada).

A pesar de las restricciones de vuelo, algunos F-35 fueron alcanzados por los rayos. El percance le ocurrió a un avión del 6 Escuadrón de Armas de la Base Aérea de Nellis, en Nevada, en agosto del año pasado. Unos días antes, dos F-35B del Cuerpo de Marines sufrieron el mismo destino.

En total, hasta enero de este año, los F-35 han sido alcanzados por un rayo en 15 ocasiones, teniendo que ser enviados al taller de reparaciones, aunque el F-35 nunca va a ser fiable. Como ya hemos expuesto en otras entradas, cuando no falla un sistema, falla otro.

—https://breakingdefense.com/2022/11/pentagon-wont-lift-f-35a-lightning-restrictions-after-hardware-and-software-fix/

El aparato de propaganda de las farmacéuticas es el mismo que el de la sanidad pública

Una de las características del moderno capital monopolista es la (con)fusión del Estado, lo público, con las empresas privadas, un fenómeno que a veces se ha llamado “puertas giratorias”. “Los monopolios de Estado y los privados se entretejen formando un todo”, escribió Lenin (1), porque el Estado no es nada diferente de un consejo que administración de los intereses generales de los grandes capitalistas y financieros.

Esa (con)fusión es evidente en el caso de la industria farmacéutica y ha sido llevada al extremo durante la pandemia, lo que ya nadie trata de ocultar. Ahora en Estados Unidos los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), una institución pública, ha absorbido en su seno al equipo de propaganda de la multinacional Pfizer.

El precio es de 52,5 millones de dólares, una parte de los cuales proceden de los fondos contra el “covid”. La empresa de relaciones públicas se llama Weber Shandwick y se ha incorporado a la Unidad de Inmunización y Respiratoria del instituto de salud pública. La empresa ha trabajado para Pfizer desde 2006 y el año pasado firmó otro contrato publicitario con Moderna.

Las empresas de relaciones públicas no suelen trabajar para un único cliente y también prestan servicios publicitarios a las instituciones públicas. Pero es evidente que hay un conflicto de intereses: quienes elaboran las campañas de publicidad para la salud pública y las farmacéuticas no pueden ser los mismos y, según PR Week, la vacuna contra la gripe ha sido uno de los primeros conflictos entre ambas partes (2).

En septiembre de 2020 la empresa Weber Shandwick firmó un contrato con el Departamento de Salud y Servicios Humanos y el Centro Nacional de Inmunización y Enfermedades Respiratorias (NCIRD) de los CDC, que es el responsable de apoyar al Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP) que, a su vez, es quien emite recomendaciones a los CDC sobre las vacunas, incluidas las vacunas contra el “covid”.

En consecuencia, no es posible saber si las recomendaciones sanitarias elaboradas por los CDC durante la campaña de vacunación tenían un objetivo sanitario o sólo era publicidad comercial procedente de quienes las vendían. Ni siquiera es posible saber si la aprobación de las vacunas contra el “covid” fue consecuencia de esa mezcla entre lo sanitario y lo comercial.

El caso es que el 12 de diciembre de 2020 el ACIP recomendó la vacuna contra el “covid” de Pizer en personas mayores de 16 años. Tres meses después recomendó la vacuna de Moderna para mayores de 18 años y, desde entonces, ha seguido recomendado ambas para la mayoría de la población, incluidos los niños de tan solo seis meses.

Los CDC siguieron adelante a pesar de la carencia de ensayos clínicos, argumentando que la emergencia sanitaria era muy acuciante y que había que actuar a ciegas.

La empresa Weber Shandwick realizó un trabajo específico para el NCIRD que incluía la promoción de las vacunas y la comunicación de los riesgos y las acciones recomendadas para las epidemias. El aparato de propaganda también proporcionó al NCIRD a 17 especialistas en publicidad sanitaria, dos en investigación sanitaria y otro más en medios de comunicación.

La publicidad de Weber incluye la generación de ideas de historias, la distribución de artículos y la realización de actividades de divulgación para las noticias, los medios de comunicación y las organizaciones de entretenimiento. Los propagandistas también llevarán a cabo investigaciones sobre el público objetivo y planes de imagen dirigidos a responsables de la atención sanitaria.

“Las empresas están empezando a movilizarse en torno a lo que es, posiblemente, la misión de salud pública más urgente y crítica de nuestra vida, y el entorno de las comunicaciones nunca ha sido más complejo”, ha declarado Pam Jenkins, una dirigente del aparato de proganda (3). No obstante, no se trata sólo de un lavado de cerebro masivo sino, sobre todo, de cambiar el comportamiento de millones de personas en todo el mundo.

(1) El imperialismo, fase superior del capitalismo, Pekín, 1972, pg.91
(2) https://www.prweek.com/article/1698118/weber-shandwick-wins-potential-50m-cdc-flu-vaccine-comms-account
(3) https://www.webershandwick.com/vaccines/

Estados Unidos y la Unión Europea van a comenzar una guerra comercial

En agosto Estados Unidos aprobó la Ley de Reducción de la Inflación para bajar el déficit bajando los precios de los medicamentos con receta e invirtiendo en la producción de “energía limpia”, al tiempo que se crea empleo.

Gastarán 369.000 millones de dólares de subvenciones y exenciones fiscales para apoyar a las “empresas verdes”, lo que ha desatado la indignación de la Unión Europea que podría conducir a una guerra comercial transatlántica (*).

La fragmentación del mercado mundial sigue, pues, su curso implacable, esta vez por motivos seudoecologistas. Europa va a dar una “respuesta seria” a Estados Unidos. A la decepción porque Washington no persigue la paz en Ucrania, se suma la competencia desleal.

La ley entrará en vigor el 1 de enero y podría animar a empresas, como Basf, a trasladar las inversiones a Estados Unidos y animar a comprar vehículos eléctricos fuera de Europa. Los principales fabricantes de automóviles de Francia y Alemania ya han alzado la voz.

La medida proteccionista de Estados Unidos es especialmente mala para países, como Alemania, cuyas empresas han dejado de ser competitivas desde que no pueden comprar gas ruso.

Lo último que necesita Berlín son más incentivos para que las empresas abandonen Europa, y la UE quiere que Estados Unidos llegue a un acuerdo en el que sus empresas puedan aprovechar los beneficios de Estados Unidos. Las represalias de Europa no sólo serán arancelarias. Europa está acorralada y debe contraatacar.

La batalla puede llegar al interior de la OTAN porque es cada vez más evidente que la Guerra de Ucrania también va dirigida contra la Unión Europea.

(*) https://www.heise.de/tp/features/Nur-noch-fast-beste-Freunde-USA-und-Europa-steuern-auf-Handelskrieg-zu-7323642.html

Guerra en Ucrania: vuelve la artillería

Entre las variadas cosas que se le atribuyen a Stalin está la frase de que la artillería es la “diosa de la guerra”. Desde luego que en su orden del día 225 de 19 de noviembre de 1944 habló de ella como “la principal fuerza de choque del Ejército Rojo”.

En 1946 el general Prochko también destacó que “nuestra doctrina militar ha luchado contra las teorías que pretenden minimizar el papel de la artillería en la guerra moderna […] ha sido y sigue siendo el arma más poderosa”.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Ejército Rojo se concentró alrededor de Berlín, el mariscal Zhukov destacó una pieza de artillería cada 10 metros, es decir, más de 40.000 cañones de todos los calibres rodeando la capital alemana. A los lanzacohetes más poderosos los soviéticos los llamaban “katiushas” u “órganos de Stalin”.

Los manuales definen la artillería como “fuego indirecto” porque el tirador dispara sin mirar al objetivo. 75 años después el disparo “a ciegas” vuelve a ser una función central en la Guerra de Ucrania para ambos ejércitos, el ruso y el ucraniano, herederos de la misma escuela de guerra, tanto estratégica, como táctica y operativamente.

Más de setenta y cinco años después del final de la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Ucrania vuelve a demostrar la importancia de la artillería, que no solamente ataca el campo de batalla adversario, sino su retaguardia más profunda y, desde luego, la aviación y los drones que sobrevuelan. Lo que se denomina “la geometría del campo de batalla”, es decir, sus dimensiones físicas se ha ampliado notablemente y, además de una función táctica, la artillería ha ganado un componente estratégico con los misiles de largo alcance.

Durante casi siete meses, el ejército ruso y ucraniano se han estado disparando sus cañones mutuamente y la desproporción de fuerzas no es tan grande como se ha dicho. En febrero los ucranianos contaban con unas 1.500 piezas de artillería, desde morteros hasta cañones de 152 milímetros e incluso 203 milímetros, así como 350 lanzacohetes múltiples (LMR). La gran mayoría de ellos eran de origen soviético o ruso, o fabricados en Ucrania con licencia rusa.

Mientras, el ejército ruso contaba con tres veces más piezas: unos 4.600 cañones y más de 800 lanzacohetes múltiples.

En 2014 el alcance de los disparos de la artillería ya formó parte de los Acuerdos de Minsk, cuando las piezas más pesadas tuvieron que alejarse de la línea de contacto, lo que el gobierno de Kiev jamás cumplió, bombardeando brutalmente a la población civil del Donbas durante ocho años.

El alejamiento del adversario de un determinado territorio, denominado A2AD en la jerga militar, ha tomado carta de naturaleza en la guerra moderna y, desde luego es un elemento fundamental en las negociaciones entre Estados Unidos y Rusia para poner fin a las hostilidades en Ucrania.

Por su parte, el ejército ucraniano exige piezas de artillería de largo alcance. Las últimas pueden alcanzar los 300 kilómetros, lo que complicará cualquier tipo de negociación, como ya explicó Lavrov en julio:

“Este proceso continúa, de forma consistente y persistente. Continuará mientras Occidente, en su rabia impotente, desesperado por agravar la situación al máximo, siga inundando Ucrania con más y más armas de largo alcance. Por ejemplo, los Himars. El ministro de Defensa, Alexey Reznikov, se jacta de haber recibido ya munición de 300 kilómetros. Esto significa que nuestros objetivos geográficos se alejarán aún más de la línea actual. No podemos permitir que la parte de Ucrania que controlará Vladimir Zelensky, o quien le sustituya, tenga armas que supongan una amenaza directa para nuestro territorio o para las repúblicas que han declarado su independencia y quieren determinar su propio futuro”.

Si Estados Unidos o los países de la OTAN entregan ese tipo de piezas no sólo obstaculizarán las negociaciones de paz sino que serán el detonante para que el ejército ruso haga retroceder el frente hasta donde sea necesario para garantizar su seguridad. Es una ingenuidad suponer que los rusos no van a tener en cuenta la experiencia de los Acuerdos de Minsk.

La crisis de los misiles de 1962 demostró que en la guerra moderna no sólo está en juego el alcance de los misiles, sino el tiempo de reacción de las baterías antiaéreas del adversario para detectarlos y derribarlos. Lo mismo que entonces, Rusia no puede admitir que ningún país instale piezas de artillería justo al borde de sus fronteras.

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