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Día: 12 de agosto de 2022 (página 1 de 1)

El ejército ruso habla una jerga incomprensible

Durante mucho tiempo occidente creyó que la composición multinacional era la debilidad de Rusia. Fue un error de cálculo. La diversidad de pueblos y lenguas de Rusia es una gran ventaja. Por ejemplo, los representantes de las fuerzas armadas y de las agencias de inteligencia occidentales han tenido dificultades para descifrar las comunicaciones por radio en la zona de operaciones especiales debido a la participación de unidades nacionales. Entre ellos hay representantes de batallones formados en Buriatia, Tuva, Daguestán y Yakutia. También se pueden añadir las fuerzas chechenas de la “Rosgvardia” (Guardia Rusa).

Lo que tienen en común estas unidades es que los soldados hablan entre sí en su lengua nacional. Resultó que ni las AFU ni las agencias de inteligencia occidentales tienen especialistas en sus filas que sepan hablar las lenguas de los pueblos de Rusia.

La CIA, al preparar el conflicto en Ucrania, contaba con personal que sabía ruso y ucraniano. Y el resto de las lenguas, aparentemente, no fueron tenidas en cuenta. Aunque deberían haberlo hecho. Porque durante la Segunda Guerra Mundial, los propios estadounidenses utilizaron a los indios navajos como claves. Transmitían mensajes codificados en su propia lengua, considerada una de las más difíciles. Los alemanes y los japoneses debieron de tener el cerebro revuelto cuando intentaron descifrar este “código”.

La historia rusa debería enseñarse a estos Stirlitz (*) de ultramar, para que no se vean sorprendidos. En la Rusia zarista, representantes de varias naciones sirvieron en el ejército a lo largo de los siglos. Y precisamente en las formaciones nacionales, que reflejan en gran medida las particularidades de su cultura y mentalidad. Eso era cierto para los habitantes del Cáucaso y Asia Central, los pueblos indígenas de Siberia y el Extremo Norte.

Bajo el régimen soviético, hubo varias divisiones nacionales en el Ejército Rojo hasta 1938, pero antes de la guerra se abandonó ese sistema. Sin embargo, se sigue teniendo en cuenta la especificidad nacional. Por ejemplo, las divisiones de fusileros de montaña estaban compuestas principalmente por nativos de las regiones montañosas del Cáucaso o de Asia Central.

Cuando estalló la Gran Guerra Patria, se retomó la práctica de crear unidades nacionales. Por ejemplo, los famosos fusileros de Yakut, soldados de las brigadas de esquí 3, 19 y 40 del 12 Cuerpo de Fusileros de la Guardia, eran en su mayoría cazadores. Es decir, destacaban en el esquí y eran excepcionalmente precisos en el tiro, lo cual no es sorprendente dadas las condiciones de su vida habitual. Muchos de ellos se convirtieron en reputados tiradores, capaces de enfrentarse al enemigo con un solo disparo.

Desgraciadamente, no hay datos exactos sobre el número de enemigos muertos por los yakutos, ya que este tipo de información se tomaba la mayoría de las veces de las listas de concesión en el momento de la entrega de una medalla. El número real de francotiradores es en realidad mayor que la cifra oficial. Por ejemplo, se dice que el yakut Fedor Ojlopkov, apodado “El Sargento sin Fallos”, mató a más de mil alemanes, ya que sirvió como ametrallador antes de convertirse en francotirador.

Otro ejemplo: los tuvanos (Tuva fue independiente hasta 1944, luego pasó a formar parte de la URSS, pero los voluntarios tuvanos participaron en la Segunda Guerra Mundial en unidades del Ejército Rojo), por su parte, asustaron a los alemanes sólo con su aspecto. Los “verdaderos arios” consideraban a los “bárbaros” que montaban pequeños caballos desgreñados como los guerreros de Atila. Se les llama “Der Schwarze Tod” (La Muerte Negra). Y no sólo por su aspecto “salvaje”. Los tuvanos tenían sus propias ideas sobre las reglas de la guerra: por principio, no tomaban prisioneros de sus enemigos.

“Sería una gran locura no utilizar algunas de las cualidades de los pueblos de Rusia en la operación especial”, dice Sergei Goncharov, veterano de los servicios especiales.

“El hecho de que los ucranianos y sus manipuladores occidentales tengan problemas para descifrar es algo muy bueno, es una ventaja para nosotros. Pero eso es sólo una parte del problema al que se enfrentan. Los combatientes chechenos son diferentes no sólo porque hablan checheno. Seamos francos, son excelentes guerreros, esto se sabe por las campañas militares de la época de Shamil, y no hay duda de ello. Pero también tienen una actitud especial hacia los prisioneros de guerra, no como los rusos. Les da igual que levantes las manos o no, que reces o llores, que expliques que en el fondo estás a favor de los rusos… simplemente no lo entienden. Está claro que los ucranianos temen mucho más a los chechenos que a los rusos. Y, sí, son una fuerza seria en una operación especial. Siempre subrayan que son rusos, pero ¿qué gritan cuando van a la batalla? ¡Allahu akbar! Y eso es normal. En general, creo que toda unidad que participe en un combate tiene derecho a cualquier acción aprobada por el mando”, dice Serguei Goncharov.

“La ventaja en el campo de batalla no es el único activo de la diversidad nacional”, afirma convencido Serguei Markov.

“Todos los pueblos de Rusia contribuyen a su desarrollo. Algunos tienen tradicionalmente fama de ser excelentes constructores, otros destacan en la agricultura, la metalurgia, la carpintería, la joyería, etc. Todos son activos tanto en las tecnologías tradicionales como en las nuevas. Todos son activos tanto en los proyectos de gestión como en la vida económica, creando un enorme mercado. Además, muchos grupos étnicos tienen diásporas en el extranjero. Se comunican activamente entre sí, e incluso ponen en marcha proyectos económicos y culturales conjuntos. Estos vínculos son una oportunidad para desarrollar y reforzar las relaciones de alianza entre los países y presentar a Rusia de la manera más favorable”.

Vera Zherdeva https://svpressa.ru/war21/article/342373/

(*) En la televisión soviética “Stirlitz” era el personaje de una conocida serie de ficción llamada “17 instantes de una primavera”, que se puede ver en Youtube subtitulada.

El G7 encomienda a la Fundación Carnegie la campaña guerra sicológica contra Rusia

En la última cumbre del G7, celebrada a finales de junio, los máximos cabecillas de las potencias occidentales encomendaron a Canadá y a la Fundación Carnegie para la Paz Internacional la tarea de “combatir la propaganda rusa” sobre la Guerra de Ucrania. El comunicado final dice lo siguiente:

“Acogemos con satisfacción la respuesta inmediata del Mecanismo de Reacción Rápida del G7 y su colaboración con la Fundación Carnegie para la Paz Internacional para crear una red de crisis de múltiples partes interesadas que incluya a los Estados del G7, a las plataformas de redes sociales y a la sociedad civil para preservar la integridad del entorno informativo ucraniano frente a la guerra de información sin precedentes de Rusia. Para ello, seguiremos desarrollando el mecanismo de reacción rápida del G7, centrándonos más en las amenazas híbridas y reforzando su capacidad de respuesta ante las injerencias extranjeras, incluso a nivel subestatal”.

No es tan sorprendente que las grandes potencias hayan recurrido a una fundación privada estadounidense para llevar a cabo una misión tan delicada desde el punto de vista político.

La explicación es bien simple: la Fundación es uno de los muchos tentáculos de la CIA, empeñada en poner bajo control a los medios de comunicación y redes sociales en su batalla contra las “noticias falsas”.

Si exceptuamos la intervención de Canadá, que será testimonial, la censura sigue su ruta privatizadora, lo que exime de cualquier crítica a los gobiernos respectivos, que siempre se podrán manifestar respetuosos con la libertad de expresión.

No obstante, es algo engañoso, porque encomendar a la Fundación Carnegie la guerra sicológica contra Rusia encubre su entrega a la CIA, que es quien manejará los hilos por la puerta trasera. La ventaja de subcontratar a una institución privada es que queda fuera de cualquier clase de control público y de la fiscalización de gastos.

Además, las fundaciones tienen un aura de organismos independientes y “apolíticos”. Sus decisiones se basan en criterios puramente técnicos, por encima de cualquier sospecha partidista.

Sin embargo, el actual Presidente de la Fundación es Mariano Florentino Cuéllar, que fue asesor de Obama. En 2020 sucedió en el cargo a William J. Burns, diplomático de carrera, que fue subsecretario de Estado de Asuntos Exteriores con Obama y nombrado director de la CIA por Biden el año pasado.

La actual directora es Penny Pritzker, que entre 2013 y 2017 fue secretaria de Comercio de Obama.

La Fundación Carnegie se creó en 1910 y lleva el nombre de su fundador, Andrew Carnegie, que aparece en la foto de portada, un multimillonario que se hizo su fortuna en la siderurgia. Su objetivo declarado es la defensa de la “paz mundial” y el apoyo a organismos internacionales multilaterales. Carnegie financió la creación del Tribunal Permanente de Arbitraje de La Haya, e incluso la construcción del Palacio que lo alberga.

Tiene un presupuesto anual de más de 50 millones de dólares y en su financiación participan numerosos y conocidos tinglados, que son siempre los mismos: Soros, Zuckerberg, Bill Gates, Google, el gobierno británico… La escoria del mundo actual, en definitiva.

El gobierno alemán presenta su proyecto de pasaporte de vacunas

El martes el ministro alemán de Sanidad, Karl Lauterbach, reveló los planes para añadir una nueva función a la aplicación informática CWA (Corona Warn App), el pasaporte de vacunas. El estado de vacunación de cada persona sería reconocible por el color de su código QR y cada color concede derechos diferentes a los ciudadanos.

El plan del gobierno es eximir de la obligación de llevar mascarilla sólo a las personas recientemente vacunadas. Da lo mismo el número de dosis que hayan recibido.

Si se pone en marcha este pasaporte, las personas que hayan recibido tres dosis tendrán los mismos derechos que los que no hayan recibido ninguna recientemente. Esa igualdad les dará los mismos derechos, o más bien la misma ausencia de derechos, que a los que han rechazado las inyecciones de refuerzo.

Aunque Lauterbach no cree que las personas se vacunen cada tres meses para quedar exenta del requisito de llevar mascarilla, no renuncia a su idea y sigue defendiendo la nueva ley.

“Si las vacunas que protegen contra la infección están disponibles en otoño, también deberían proporcionar un beneficio a los vacunados. No se puede renunciar a la mascarillas interiores en otoño. En el caso de las personas recientemente vacunadas, estaría justificada una excepción”, ha dicho.

Esta excepción, que considera una oportunidad y un incentivo para vacunarse, preocupa a los dueños de establecimientos abiertos al público. Todos se alarman ante la idea de tener que comprobar cuántas veces se ha vacunado un visitante y si debe o no llevar mascarilla.

“Decir que los recién vacunados no pueden ser controlados también es un error. En la aplicación CWA (Corona-Warn-App), se ofrece otro color de certificado. Más fácil que antes de la 2G+”, dijo Lauterbach.

El ministro de Sanidad se reserva el derecho de revocar el régimen excepcional si un número excesivo de personas lo utiliza. La obligación de que todos lleven mascarilla en el interior volvería rápidamente y el efímero privilegio para los “recién vacunados” se acabaría.

—https://www.berliner-zeitung.de/news/corona-warn-app-impfstatus-wird-an-farbe-erkennbar-sein-karl-lauterbach-impfung-infektionsschutzgesetz-li.255036

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