La web más censurada en internet

Día: 18 de mayo de 2022 (página 1 de 1)

El plan de Bruselas para deshacerse del gas ruso cuesta de 300.000 millones de euros

La Unión Europea se pone en marcha para deshacerse del gas ruso. Esta mañana la Comisión Europea ha presentado un plan denominado REPowerEU que se basa en cuatro pilares (ahorrar, diversificar, acelerar e invertir) y costará de 300.000 millones de euros. Todo para desprenderse de los combustibles rusos lo antes posible, en particular de su gas.

La Unión Europea importó el año pasado en torno a 155.000 millones de metros cúbicos de gas ruso, lo que representa alrededor del 40 por cien de las importaciones totales de gas del Viejo Continente. En una rueda de prensa Ursula von der Leyen ha señalado que en abril el gas ruso había caído hasta el 26 por cien de las importaciones europeas de gas. “Pero tenemos que movernos más rápido”, dijo, ya que la dependencia energética de la Unión Europea se ha hecho aún más evidente.

El plan tiene varios plazos. En primer lugar, debería permitir a la Unión Europea desprenderse de dos tercios de las importaciones de gas ruso para finales de año, es decir, unos 110.000 millones de metros cúbicos. En segundo lugar, debe conducir a una reforma estructural del sistema energético europeo de aquí a 2027-2030 para garantizar su independencia, acelerando al mismo tiempo la transición energética. Es el cuento de la lechera.

“La emergencia de seguridad y la emergencia climática van de la mano”, dijo Von der Leyen. El plan de acción supone, por tanto, el refuerzo de la “descarbonización” de la economía europea, fijados el pasado verano en el paquete “Fit For 55”, que debe permitir a Europa reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 55 por cien de aquí a 2030.

REPowerEU se basa en cuatro pilares. El primero es reducir el consumo de energía, sobre todo con medidas de eficiencia energética. Esto se subestimó en “Fit For 55”. Bruselas considera ahora que hay que alcanzar un 13 por cien de eficiencia energética de aquí a 2030, frente al 9 por cien previsto inicialmente en “Fit For 55”. Este ahorro energético debe basarse en gran medida en la mejora de la eficiencia energética de los edificios, 35 millones de los cuales deben ser renovados en Europa de aquí a 2030.

A ponerse el abrigo en casa

Pero Bruselas también cuenta con el comportamiento de los ciudadanos individuales, invitándoles a la sobriedad energética. La Comisión toma como ejemplo la campaña de la Agencia Internacional de la Energía, que anima a los consumidores a bajar un grado sus termostatos, a reducir la velocidad en la autopista o a teletrabajar. Bruselas estima que “los cambios de comportamiento podrían reducir la demanda de gas y petróleo en un 5 por cien a corto plazo”.

El segundo eje consiste en diversificar el suministro de gas. Para ello, la Unión Europea pretende recurrir al gas canalizado desde Azerbaiyán, Argelia y Noruega. Pero también para importar masivamente gas natural licuado por vía marítima (60.000 millones de metros cúbicos de aquí a 2022) desde Estados Unidos, África Occidental, Egipto y Australia. Sin embargo, eso requiere inversiones en nuevas infraestructuras capaces de manejar estos volúmenes, especialmente en el norte de Alemania y en Europa central y oriental. Se inyectarán 10.000 millones de euros en los enlaces que faltan.

La arriesgada apuesta por el gas licuado

Las estrategias basadas en el gas licuado son doblemente peligrosas. En primer lugar, la construcción de las terminales no estará terminada hasta dentro de cuatro o seis años, lo que nos traslada a 2026. En segundo lugar, no se basan en un análisis de los costes para los consumidores. Sin embargo, debido a la tensión en el mercado internacional, los precios del gas licuado serán inevitablemente más altos que los del gas ruso.

Además, la vida de estas infraestructuras, que no son compatibles con la neutralidad del carbono, se prolonga durante varias décadas. Por lo tanto, estas terminales podrían convertirse en chatarra o, por el contrario, encerrar a la Unión Europea en el uso de combustibles fósiles.

Estamos hablando de una cantidad limitada de infraestructuras para satisfacer las necesidades futuras sin que se produzca un bloqueo en los combustibles fósiles. Estas infraestructuras tendrán que ser compatibles para el uso futuro del hidrógeno, si es que llega.

Paneles solares en todos los tejados

El tercer pilar consiste en acelerar el despliegue de las energías renovables. Bruselas propone aumentar el porcentaje de energías renovables en el mix energético del 40 por cien al 45 por cien para 2030. En concreto, esto supondría 1.236 gigavatios de capacidad renovable para esa fecha, frente a los 511 gigavatios actuales. La atención se centra en la fotovoltaica, “la energía renovable que más rápido se despliega”, donde Bruselas se propone alcanzar los 600 gigavatios de capacidad para 2030. Esto se logrará mediante un despliegue masivo de plantas de energía solar en los tejados. Para 2025, los edificios públicos y comerciales de más de 250 metros cuadrados deberán estar equipados con paneles solares. Esta obligación se ampliará a los nuevos edificios de viviendas a partir de 2029.

Para que los Estados miembros puedan seguir este elevado ritmo, la Comisión pretende generalizar las buenas prácticas para reducir los plazos de obtención de los permisos, que por término medio son de 9 años en la energía eólica y de 4,5 años en la solar. La idea es fomentar los enfoques participativos para simplificar los procedimientos de autorización. Paralelamente Bruselas quiere revisar la directiva europea para introducir el principio de que las energías renovables constituyen un interés público superior. El objetivo es garantizar que los procedimientos de autorización no excedan de un año.

Bruselas también quiere crear un acelerador de hidrógeno verde para producir 10 millones de toneladas de hidrógeno renovable a escala local e importar otros 10 millones de toneladas de aquí a 2030. El objetivo es sustituir el gas, el petróleo y el carbón en la industria y la movilidad pesada. Sin embargo, no hay suficiente electricidad baja en carbono para producir este hidrógeno. Esto podría llevarnos a utilizar gas y carbón para producir hidrógeno por electrólisis del agua y, por tanto, a emitir más CO2.

Es más caro el collar que el galgo

El último pilar se refiere a las inversiones, que deberán ser “masivas”. Bruselas los ha cifrado en 300.000 millones, incluidos 210.000 millones de inversiones adicionales previstas de aquí a 2027. Una gran parte será en forma de préstamos, el resto a través de subvenciones.

De estos 300.000 millones, 12.000 millones se destinarán a nuevas infraestructuras de gas y petróleo. “Todo el resto de la financiación se utilizará para acelerar la transición a la energía limpia”, dijo Von der Layen.

El plan REPowerEU se esbozó por primera vez el 8 de marzo y ahora debe ser debatido y aprobado por los jefes de los Estados miembros en el próximo Consejo Europeo, que se celebrará los días 30 y 31 de mayo.

 

¿Por qué Turquía se opone a la entrada de Suecia y Finlandia en la OTAN?

Hay quien afirma que por culpa de Rusia la OTAN, una organización que languidecía, se ha fortalecido. El Kremlin se ha embarcado en una guerra para evitar que Ucrania entre en la Alianza militar y ahora otros dos países se suman a ella: Suecia y Finlandia. Da la impresión de que cuantos más países se incorporen, mejor para ella.

No hay nada que induzca a pensar así. Más bien la OTAN ya era una jaula de grillos antes y en el futuro será peor. Hay países, como Macedonia, que tiene un ejército a la altura de la policía local de Porriño, que no puede aportar nada más que problemas y no puede esperar recibir el apoyo militar de los demás “socios” para que les solucionen sus contenciosos con Serbia o con Grecia, por poner dos ejemplos.

A Suecia y Finlandia la OTAN tampoco les aporta nada y se pueden complicar la vida si se prestan a transformarse en una plataforma para que Estados Unidos prosiga sus provocaciónes contra Rusia.

Su ingreso ya es una fuente de conflictos internos. Tanto Croacia como Turquía se han opuesto a ella, lo cual es un chantaje, evidentemente. Quieren algo a cambio.

Turquía tiene un pretexto muy bien elaborado: ambos países apoyan a los “terroristas kurdos”. El gobierno de Erdogan es un consumado maestro en este tipo de extorsiones. Exige que los gobiernos de Suecia y Finlandia condenen expresamente el “terrorismo kurdo” y cierren cualquier clase de instalaciones de organizaciones, como el PKK, en ambos países.

Durante la Guerra de Siria, Turquía presionó a la Unión Europea dejando pasar a los emigrantes en masa. Fue una venganza contra Bruselas por no admitir su ingreso en la Unión Europea y, además, un suculento negocio: cada año obtiene más de 5.000 millones de dólares por cerrar la puerta a los emigrantes que proceden de Oriente Medio y Asia central.

Ahora Erdogan vuelve a la carga porque tiene más expedientes abiertos, esta vez contra Estados Unidos, lo que ha provocado una reacción inmediata de la CNN, que ha insinuado la expulsión de Turquía de la OTAN. Es un farol contra otro farol, pero en la Alianza el juego interno es lo más parecido a una reunión de gangsters.

Erdogan está enfrentado con Estados Unidos porque ha vendido cazas F-35 a Grecia, pero se niega a vendérselos a ellos, ni a autorizar la capacidad de fabricarlos dentro Turquía.

También está enfrentado por la compra de sistemas de los defensa aérea rusos SS-400, que la OTAN no admite. Turquía quiere quedar exenta del régimen de sanciones a Rusia.

También exige el levantamiento inmediato del embargo de armas impuesto por Suecia.

Naturalmente, Turquía quiere dinero para votar a favor del ingreso de Suecia y Finlandia.

Naturalmente, entre bastidores, han comenzado las negociaciones, las presiones y las amenazas. Ni a la OTAN ni a sus países miembros les gustan este tipo de extorsiones, pero saben que deberán pagar algún precio, lo mismo que Suecia y Finlandia.

Francia, Alemania e Italia abren un discreto puente con Rusia para el fin de la guerra en Ucrania

En las últimas semanas, los líderes de los tres países más grandes de la UE por población (Francia, Alemania e Italia) se han manifestado a favor de las negociaciones entre Kiev y Moscú como una forma de poner fin a los combates en Ucrania.

A diferencia del presidente Biden, el presidente francés Emmanuel Macron, el canciller alemán Olaf Scholz y el primer ministro italiano Mario Draghi han hablado con el presidente ruso Vladimir Putin por primera vez desde que Rusia comenzara la «operación especial» en Ucrania el 24 de febrero. En contra de lo sostenido por los principales medios de comunicación, las fisuras en el mal llamado «bloque» comunitario son más que evidentes.

Los tres líderes europeos han firmado el envío de armas a los ucranianos, pero también han pedido un alto el fuego. Después de hablar con Putin por teléfono el viernes, Scholz escribió en Twitter: «Debe haber un alto el fuego en Ucrania lo más rápido posible».

En un discurso ante el Parlamento Europeo la semana pasada, Macron dijo: «No estamos en guerra con Rusia». Dijo que el «deber de Europa es apoyar a Ucrania para lograr un alto el fuego y luego construir la paz».

Draghi se reunió con Biden la semana pasada y, después de la reunión, el líder italiano, que previamente desalentó las conversaciones con Rusia, dijo que era hora de comenzar a pensar en un acuerdo de paz. “Acordamos que debemos seguir apoyando a Ucrania y presionar a Moscú, pero también comenzar a preguntarnos cómo construir la paz”, dijo Draghi.

«La gente… quiere pensar en la posibilidad de lograr un alto el fuego y comenzar de nuevo algunas negociaciones creíbles. Esa es la situación en este momento. Creo que tenemos que pensar profundamente en cómo abordar esto«, agregó Draghi.

Después de la reunión de Biden-Draghi, la Casa Blanca todavía parecía desinteresada en las negociaciones . «Creemos que el papel más constructivo es continuar apoyando a los ucranianos en la mesa de negociaciones y apoyarlos militarmente«, dijo la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki.

El secretario de Defensa, Lloyd Austin, habló recientemente con su homólogo ruso por primera vez desde que Rusia invadió, pero el secretario de Estado, Antony Blinken, el principal diplomático de Estados Unidos, aún no ha hablado con el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov. Los dos diplomáticos hablaron por última vez el 15 de febrero.

El primer ministro británico, Boris Johnson, comparte la opinión de Washington sobre las negociaciones. Johnson le dijo recientemente a Macron en una llamada que «instó» a Ucrania a no mantener conversaciones con Rusia y, según se informa, le dijo al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky el 9 de abril que incluso si Kiev estaba lista para firmar un acuerdo con Moscú, Occidente no lo estaba.

Otros países de línea dura de la OTAN se han manifestado en contra de las conversaciones con Moscú. A principios de abril, el primer ministro polaco Mateusz Morawiecki criticó duramente a Macron por hablar con Putin, comparándolo con “negociar con Hitler”.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies