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Mes: abril 2022 (página 9 de 10)

Los oficiales de la OTAN que dirigen la guerra contra Rusia están cercados en Mariupol

Ayer otros dos helicópteros ucranianos fueron derribados cuando intentaban romper el bloqueo militar impuesto por las tropas rusas sobre Mariupol y evacuar a los cabecillas que dirigen la guerra.

El 31 de marzo otros dos helicópteros fueron derribados, uno sobre el mar y el otro cerca del pueblo de Rybatskoye.

El 28 de marzo fue derribado otro avión sobre el mar, a 5 kilómetros de la costa.

Teniendo en cuenta que sólo quedan entre 50 y 60 helicópteros para todo el ejército ucraniano, se trata de pérdidas muy importantes de material de guerra. Sin embargo, la OTAN y sus caniches ucranianos insisten en evacuar a los cabecillas que tienen atrapados en la ciudad. La pregunta es a quiénes tratan de rescatar.

Es comprensible que quieran salvar a los matarifes del Batallón Azov, pero la carne de cañón, como los criminales nazis, no pueden suponer un quebradero de cabeza tan importante como para asumir los riesgos que están corriendo.

Por lo tanto, es el momento de especular. Las sospechas van en dirección de la fábrica de acero Azov, una de las mayores de Europa, de la que se ha venido diciendo que es el cuartel general del Batallón Azov. Sin embrgo, da la impresión de que más bien es el cuartel general de la OTAN en Ucrania.

Los oficiales de la OTAN de Francia, Alemania, Gran Bretaña y Suecia parecen haber sido copados en la acería Azovstal de Mariupol. “Ahora están contactando con las tropas rusas para pedir que les ayuden a salir, que organicen un corredor para salir”, según el periodista German Vladimirov (1).

La información es muy verosímil. En septiembre del año pasado, durante unas maniobras militares, el ejército ucraniano instaló un puesto de mando de las tropas de asalto aéreo en un campo de entrenamiento cerca de Urzuf (en la costa del Mar de Azov, en la frontera de las regiones de Donetsk y Zaporizhzhia), donde había oficiales británicos, canadienses y suecos. En Mariupol las unidades operativas son británicas y suecas, junto con los ucranianos de la 36 Brigada de Marines.

Por eso Macron insiste llamando a Putin todos los días. Tiene elecciones este fin de semana y una ventaja de sólo un 3 por cien sobre Le Pen. Si ahora salta la noticia de que han muerto tropas francesas, la reelección de Macron resultaría imposible.

Hay otra información para coger con alfileres: el ejército ruso ha capturado en Mariupol al teniente general del ejército estadounidense Roger L. Cloutier. El Pentágono no confirma ni desmiente esta información. La información llega desde Kiev a través de un estadounidense que trabaja allí y la noticia se publicó en el portal del programa de radio Hal Turner Radio Show.

Un portavoz de la OTAN lo ha negado y una de esas webs de mequetrefes que se dedican a “verificar hechos” indica que Cloutier está en Turquía (2), aunque para ello no hacen más que remitirse a… su perfil en Linkedin, donde consta en un mensaje fechado ayer.

Pero sigamos con la especulación. Si el general estaba en Mariupol, sería el enlace con el sistema de transmisión de datos AWACS, actuaba como asesor y trabajaba con la información recibida de los satélites estadounidenses.

El general tiene raíces francesas, y hay pruebas fehacientes de que los mercenarios de la Legión Francesa operaban en Marioupol, han sido aniquilados y lo que queda de ellos se ha traladado a la zona portuaria de la ciudad, posiblemente para ser evacuados por mar.

Se han encontrado más pruebas de que dos instructores extranjeros fueron encontrados en un helicóptero ucraniano que no fue evacuado de la zona portuaria de Mariupol hace dos días. Los medios digitales franceses han empezado a difundir la información de Gallia Daily sobre la muerte de al menos dos oficiales de alto rango del ejército francés cerca de Mariopol.

Los portavoces franceses lo niegan todo, pero los periodistas chinos visitaron el lugar del accidente y confirmaron la presencia de documentos franceses en los cuerpos. Muestran que al menos uno de los fallecidos trabajaba para la DGSE, como hemos expuesto en la entrada anterior.

(1) https://politikus.ru/events/142520-proval-evakuacii-komandovaniya-azova-sbity-vertolety-pod-mariupolem.html
(2) https://misbar.com/en/factcheck/2022/04/06/ltg-roger-cloutier-was-not-captured-in-mariupol

Momento de la captura del general del ejército estadounidense Roger L. Cloutier

Los mercenarios franceses que combatían en Mariupol han sido aniquilados

Los mercenarios franceses de la Legión Extranjera que llegaron a territorio de Ucrania para enfrentarse a las tropas rusas y a las milicias de las Repúblicas Populares del Donbas han sido aniquilados en las afueras de Mariupol.

Así lo indican las pertenencias halladas junto a los cadáveres, donde aparecen documentos y objetos personales, e incluso un boina verde, que muestran su aplastante derrota (*).

Los mercenarios franceses no pudieron romper el cerco y fueron empujados hacia la zona portuaria de Mariupol, que aún no ha sido tomada.

El jefe de la inteligencia militar francesa ha sido destituido por el gobierno, oficialmente por no haber previsto el ataque ruso contra Ucrania del 24 de febrero y Macron ha ordenado la evacuación de todos los franceses que están combatiendo en Ucrania.

Después de que los neonazis del Batallón Azov fueran expulsados del aeropuerto de Mariupol, cerca del cual los mercenarios abandonaron todas sus bases y equipos, lo más probable es que se retiraran con ellos al puerto de la ciudad.

Hace unos días fue derribado un helicóptero a 20 kilómetros de la costa de Mariupol con dos oficiales de la DGSE, el departamento de seguridad exterior del Ministerio francés de Defensa, que, presumiblemente, debía asegurar la evacuación de los mercenarios franceses del puerto de Mariupol.

Poco después también fracasó un intento parecido, cuando otro helicóptero fue derribado antes de llegar a Mariupol y cayó al mar cerca de la costa.

El número de mercenarios de la Legión Extranjera francesa que ha sido aniquilado en Mariupol sigue siendo desconocido.

La Legión Extranjera sirve de pantalla para el despliegue de comandos de operaciones especiales de los países de la OTAN, especialmente, estadounidenses y británicos.Si en Siria las fuerzas especiales de los países de la OTAN dirigían a los yihadistas, en Ucrania hacen lo mismo con el Batallón Azov, que no es otra cosa que un apéndice de la Alianza Atlántica.

El ataque a los depósitos de combustible de Belgorod, en el interior de Rusia, no fue realizado por el ejército ucraniano, sino por un grupo de saboteadores de los servicios especiales estadounidenses y británicos, aunque hasta el momento esa información no se ha podido confirmar. No obstante, una fuente anónima de la inteligencia alemana afirma que fueron los servicios especiales británicos los que llevaron a cabo el ataque.

Aparentemente fue una respuesta a la fallida operación de evacuación de los dirigentes del Batallón Azov de Mariupol, otra operación que estuvo a cargo de los comandos de operaciones especiales de los países de la OTAN.

Uno de los helicópteros Mi-8 que participaron en la evacuación fallida fue derribado por un misil tierra-aire “Stinger” de fabricación estadounidense capturado por las fuerzas rusas. El helicóptero trasladaba 17 nazis a bordo, 15 de las cuales murieron. Los dos supervivientes fueron capturados por las tropas rusas. En el interrogatorio uno de ellos habló de la presencia de decenas de elementos de los servicios especiales occidentales disfrazados de voluntarios internacionales en Mariupol y otros lugares de Ucrania.

(*) https://avia-pro.fr/news/francuzskiy-inostrannyy-legion-polnostyu-razbit-v-mariupole

El paraíso de los criminales de guerra: Estados Unidos

La impunidad por los crímenes de guerra es muy peculiar en un país, como Estados Unidos, que tiene la más alta tasa de encarcelamiento del planeta. Casi la cuarta parte de los presos del mundo están en las cárceles de Estados Unidos. Pero parece que no hay leyes suficientemente fuertes para encerrar a los criminales de guerra, que disfrutan de patente de corso.

Estados Unidos ha creado una zona de libre criminalidad. Ningún acto que cometan, no importa lo extrajudicial o ilegal que pueda ser, los llevará a responder ante un tribunal de justicia. Fundamentalmente, tienen total impunidad. Poco importa que hablemos de una gran operación extrajudicial de la CIA para secuestrar a “sospechosos de terrorismo” (que con bastante frecuencia han resultado ser civiles inocentes) y trasladarlos a las cámaras de tortura de algún brutal país aliado o al sistema de “sedes clandestinas” fuera del ámbito de una justicia normal.

Nadie ha sido castigado por acciones como ésas. Cuando es necesario, los funcionarios de la seguridad nacional recorren los pasadizos secretos del poder para movilizar a abogados que reinterpretan los textos legales para que encajen con sus gustos.

Nada más impresionante que el procedimiento obviamente ilegal de la tortura, eufemísticamente llamada “técnica de interrogatorio mejorada”, que ha sido utilizada contra prisioneros indefensos en el sistema global de prisiones secretas. ¿Desea usted crímenes de guerra? Después del 11-S, Washington podría haber exhibido el logo “Nosotros somos los crímenes de guerra”.

Desde la campaña presidencial [de 2016], los crímenes de guerra vuelven a estar en la agenda de Estados Unidos. En los últimos tiempos los funcionarios estadounidenses se han salido con la suya, y en el caso de la guerra con drones hoy continúan saliéndose con la suya. Aun así, no hay nada como la embriagadora combinación de la carrera por la presidencia de un “populista” republicano y la histeria nacional producida por el terrorismo para hacer que los estadounidenses quieran más de esas “técnicas mejoradas de interrogatorio”. Esto es lo que normalmente sucede, como vienen sosteniendo desde hace mucho tiempo los críticos, si los crímenes de guerra no se llevan a los tribunales.

Cuando en agosto de 2014 Obama admitió al fin que “hemos torturado a alguna gente”, agregó una advertencia. “Es necesario que se entienda y acepte”, dijo, la historia reciente de la tortura en Estados Unidos. “Como país, tenemos que hacernos responsables de ello para tener la esperanza de que en el futuro no volveremos a hacerlo”. Centrando la responsabilidad de la tortura en todos nosotros, “como país”, Obama evitaba que los torturadores tuvieran que responder por sus actos.

Desgraciadamente, la “esperanza” –así, sin más– no pone freno a una guerra criminal; ni el propio Presidente tuvo en cuenta su advertencia. Durante siete años su gobierno no hizo otra cosa que ayudar a que Estados Unidos se hiciera “responsable” de la tortura y de otros crímenes de guerra. El país miró hacia otro lado cuando debió pedir cuentas a quienes habían puesto en marcha y realizaban operaciones de tortura a gran escala en las “sedes clandestinas” distribuidas por todo el mundo. Nunca presentó cargos contra quienes ordenaron torturar en Guantánamo. No enjuició a nadie, mucho menos a altos funcionarios del gobierno Bush.

Ahora, en el interminable periodo anterior a las elecciones presidenciales de 2016, nos han ofrecido algunas extrañas humoradas épicas y nos prometen más de lo mismo. En ese espectáculo tan estadounidense, los candidatos republicanos se lanzan unos contra otros en un frenético esfuerzo por ser vistos como el aspirante con más posibilidades a la hora de ignorar la lánguida esperanza del Presidente y en lugar de ello “volver a hacerlo en el futuro”. Como resultado de la puja, están prometiendo cometer todo tipo de crímenes, desde la tortura hasta el asesinato de civiles, unas promesas por las cuales el dirigente de cualquier otra nación sería llevado a un tribunal internacional acusado de ser un criminal de guerra. Pero el de “criminal de guerra” es una acusación reservada exclusivamente para la gente de detestamos, no para nosotros. Parafraseando al ex presidente Richar Nixon: si lo hace Estados Unidos, no es un crimen.

En la estela de los brutales atentados de París y San Bernardino, las promesas abiertamente expresadas de cometer futuros crímenes no han hecho más que hacer crecer la franqueza. Ted Cruz garantiza que “destruiremos totalmente al Califato Islámico”. ¿Cómo lo haremos? “Lo someteremos a bombardeo de saturación hasta que no quede nada”, es decir, “saturaremos” de bombas una zona de modo que cualquier cosa o ser viviente sea totalmente destruido. De esa campaña de bombardeo contra el Califato Islámico habló Cruz a una multitud entusiasmada en la Rising Tide Summit: “No sé si la arena puede resplandecer en la oscuridad, pero encontraremos la manera de hacerlo” (es muy difícil no tomar estas palabras como una referencia al uso de armas nucleares, pese a que en la atmósfera de bravuconadas de la actual campaña republicana indudablemente ninguna de las propuestas presentadas sea fruto de un pensamiento minucioso).

Es evidente que el bondadoso neurocirujano pediátrico Ben Carson piensa de la misma manera. Cuando en el último debate de los candidatos republicanos, Hugh Hewitt, moderador de la CNN, insistió sobre si acaso él era lo suficientemente “duro” para “dar el visto bueno a la muerte de miles de niños y civiles”, Carson respondió “Entendió bien, entendió bien”. Incluso expuso una futura campaña contra el Califato Islámico en la que podrían morir “miles” de niños como ejemplo del severo amor que algunas veces debe mostrar un cirujano cuando está frente a un caso difícil. Es como decirle a un niño, le aseguró a Hewitt, “vamos a abrirte la cabeza para sacar el tumor”. Ningún niño se siente feliz en este momento. Tampoco les caigo bien cuando digo eso. Pero después me aman”. Presumiblemente, lo mismo les pasará a “los inocentes niños muertos en Siria”, una vez que superen el shock de haber muerto.

El enfoque de Jeb Bush trajo a colación lo que, en los círculos republicanos, pasa por un matiz en la discusión de la futura política de los crímenes de guerra. Lo que Washington necesita, argumentó él, es “una estrategia”, y lo que caracteriza al gobierno de Obama es una excesiva preocupación por las sutilezas de la ley internacional. Tal como lo dijo él, “Necesitamos quitar los abogados de la espalda de los guerreros. Ahora mismo, con el presidente Obama, hemos creado… un estándar tan exigente que es imposible tener éxito en la lucha contra el Califato Islámico”. Mientras tanto, Jeb se ha rodeado de una camarilla de conocidos neocons que ofician de “asesores” –personas como Paul Wolfowitz, ex subsecretario de Defensa en tiempos de George W. Bush, o Stephen Hadley, ex asesor en Seguridad Nacional de Wolfowitz, quienes planificaron y defendieron la guerra ilegal de Estados Unidos contra Irak que desembocó en una guerra regional con devastadoras consecuencias humanitarias.

En su primera actuación como su comandante en jefe, Trump declaró sin pestañear que él volvería a utilizar la tortura. “¿Aprobaría la bañera?”, preguntó a una multitud entregada en un mitin en Columbus, Ohio, el pasado noviembre. “Podéis apostar el culo que lo haría. En cuanto sea presidente”. Tratándose de Trump, esto no es más que el comienzo. Aseguró a sus seguidores, sin precisar pero enfáticamente, que él “aprobaría más que eso”, dejando librado a su imaginación si acaso pensaba otros atroces procedimientos, como exposición ininterrumpida a sonidos a todo volumen, privación de sueño, sencillamente la muerte de prisioneros, o lo que la CIA acostumbra llamar delicadamente “rehidratación rectal”. Mientras, cada vez que surge la cuestión de la tortura, él machaca: “No os engañéis. Funciona, ¿vale? Funciona. Solo un estúpido diría que no funciona”.

Solo un estúpido –como, quizás, uno de los integrantes de la Comisión de Inteligencia del Senado de Estados Unidos que durante años estudió cuidadosamente los nefastos documentos sobre la tortura de la CIA, a pesar de la falta de disposición, la oposición y la directa interferencia (incluyendo la intrusión en los ordenadores) de la Agencia– diría eso. Pero, ¿por qué fastidia tanto discutir sobre la eficacia de la tortura? La cuestión, ha dicho Trump, es que la mera existencia del Califato Islámico indica que alguien necesita ser torturado. “Si no funciona”, le dijo a la multitud de Ohio, “de cualquier modo se lo merecen”.

Pocos días después, un triunfalista Trump avanzó aún más lejos en el territorio de la guerra criminal. Se declaró preparado para golpear de verdad al Califato Islámico donde más le duele. “Otra cosa que pasa con los terroristas”, le dijo a Fox News, “es que hay que eliminar a sus familiares; cuando coges a un terrorista, hay que eliminar a su familia. Ellos se preocupan por la vida de su familia, no nos engañemos. Cuando dicen que no se preocupan por sus familiares, tú debes matarlos”. Porque es un hecho muy conocido –al menos en Trumplandia– que no hay nada que haga que las personas sean menos violentas que matar a sus padres y a sus hijos. Y eso, ciertamente, no importa; cuando Trump defiende esa política, ese asesinato es un crimen.

El problema con la impunidad

Nada que no se sepa en este país, pero el denominador común de las amenazas presentes en todas esas propuestas de respuesta al Califato Islámico no es solo la típica línea dura del Partido Republicano. Cada una de ellas representa una grave violación de las leyes estadounidenses, de la ley internacional en caso de guerra y de las convenciones que Estados Unidos ha firmado y ratificado tanto durante gobiernos republicanos como demócratas. La mayor parte de los planes debatidos en la campaña electoral –tanto los republicanos como los demócratas– para derrotar al Califato Islámico se han enfocado solo en las cuestiones instrumentales: ¿Qué es lo que funcionará: el bombardeo de saturación, la tortura o hacer que resplandezca la arena en la oscuridad?

Candidatos y periodistas por igual han ignorado lo más importante: si, dada la situación, no estamos acaso viviendo en un país que se ha concedido a sí mismo un permiso respecto de la cuestión de los crímenes de guerra. El bombardeo de saturación en ciudades, la tortura de prisioneros y la tierra arrasada están contra la ley. De hecho, se trata de crímenes graves. El hecho de que ni siquiera los críticos de estos procedimientos sean incapaces de percibir estas acciones como crímenes de guerra sin duda puede atribuirse, al menos en parte, a que nadie –excepto algún personal militar de poca importancia o denunciante de la CIA que haya hablado públicamente sobre la agenda de torturas de la Agencia– ha sido procesado en Estados Unidos por la sorprendente serie de delitos cometidos en la llamada Guerra Contra el Terror.

El presidente Obama dispuso el escenario para este fracaso en enero de 2009, muy poco después de su primera investidura. Le dijo a George Stephanopoulos, de ABC News, cuando se trata del posible procesamiento de funcionarios de la CIA por la política estadounidense de torturas, “Necesitamos mirar hacia delante y no tanto hacia atrás”. Le aseguró a Stephanopoulos que él no quería las “personas extraordinariamente talentosas” de la Agencia “que están trabajando muy arduamente para mantener la seguridad de los estadounidenses… sientan de pronto que se deben pasar todo el tiempo mirando por encima del hombro y buscarse un abogado”. Tal como sucedió, lo de contratar un abogado nunca fue un problema. Al final, el ministro de Justicia Eric Holder rechazó presentar cargos contra cualquier funcionario de la CIA y cerró los dos únicos procesos abiertos por el departamento de Justicia. Tampoco necesitaron desperdiciar ni un centavo en abogados ninguno de los altos funcionarios responsables del programa de “interrogatorios mejorados”, entre ellos el presidente George W. Bush, el vicepresidente Dick Cheney, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld y el director de la CIA George Tenet; cada uno de ellos está ahora publicando alegremente su autobiografía. O, en el caso de Jay Bybee y John Yoo, autores de los más infames “memorándums sobre tortura” del departamento de Justicia, están prestando servicio como juez federal u ocupando un bien remunerado puesto en la Facultad de Derecho de Universidad de California, Berkeley, respectivamente.

Posiblemente movido por la frustración por el último fracaso del gobierno de Obama a la hora de actuar, Human Rights Watch (HRW) publicó el 1 de diciembre de 2015 un informe de 153 páginas titulado “No más excusas”. En él, la organización hace una detallada relación de los delitos específicos del programa de tortura de la CIA por los cuales una docena de funcionarios del gobierno de Bush deberían haber sido llevados a juicio y procesados. HRW señalaba que, de hecho, esos enjuiciamientos no eran una cuestión discrecional. Debían responder ante la ley internacional (aunque los supuestos criminales hayan gobernado la última superpotencia del planeta). Por ejemplo, la Convención Contra la Tortura de Naciones Unidas, un tratado clave firmado por Estados Unidos en 1988 (durante la presidencia de Ronald Reagan) y ratificado finalmente en 1994 (durante la presidencia de Bill Clinton), conmina especialmente a nuestro país a tomar “medidas legislativas, administrativas, judiciales u otras igualmente efectivas para prevenir el ejercicio de la tortura en cualquier territorio bajo su jurisdicción”.

No importa si se está librando una guerra o si hay descontento interno. La Convención es explícita: “No podrá invocarse ninguna circunstancia excepcional para justificar el empleo de la tortura, sea un estado de guerra, una amenaza bélica, una inestabilidad política interna o cualquier otra emergencia pública”.

Siempre que se utilice la tortura habrá una violación de ese tratado; eso la convierte en un crimen. Cuando es ejercida contra prisioneros de guerra, también se violan las Convenciones de Ginebra de 1949, por lo tanto se comete un crimen de guerra. No hay excepciones.

Sin embargo, cuando Obama reconoció que “torturábamos a algunas personas”, reclamaba una excepción para la tortura estadounidense. Nos advirtió contra la posibilidad de reaccionar exageradamente. “Es importante que no seamos mojigatos respecto del duro trabajo que esos muchachos han hecho en el pasado”, dijo refiriéndose a los equipos de torturadores de la CIA. Obama invocó el miedo de Estados Unidos –del mismo tipo del que estamos viendo una vez más después de lo de San Bernardino– como una circunstancia atenuante y nos recordó lo asustados que estábamos todos –incluso los agentes de la CIA– en los días posteriores al 11-S.

Da la casualidad, más allá de lo que puedan creer el ex profesor constitucionalista de la Casa Blanca o el constructor de hoteles Donald Trump, que la tortura continúa estando fuera de la ley. El hecho de que la población esté asustada por los posibles terroristas no cambia las cosas. Después de todo, es debido en parte a que la gente hace cosas terribles cuando está asustada que aprobamos leyes, de modo que –cuando el miedo nos nubla la mente– podamos recordar lo que decidimos que era lo correcto cuando los tiempos eran menos aterradores. Es por eso que la Convención Contra la Tortura dice “No podrá invocarse ninguna circunstancia excepcional” para excusar semejantes actos.

Pero la Convención de Naciones Unidas es solo un tratado, ¿no es cierto? No es realmente una ley. De hecho, cuando Estados Unidos ratifica un tratado pasa a integrar el cuerpo legal estadounidense, según dispone el Artículo VI de nuestra Constitución, que declara que la Constitución en sí misma y “todos los tratados celebrados o que se celebren bajo la autoridad de Estados Unidos, serán la suprema ley del país; los jueces de cada Estado estarán obligados a observarlos, a pesar de cualquier cosa en contrario que se exprese en la propia Constitución o las leyes de cualquier Estado”.

Por lo tanto, aunque de verdad funcione la tortura, continuará siendo ilegal.

Los crímenes de guerra para los años venideros

¿Qué hay de las otras propuestas que hemos escuchado de boca de los candidatos republicanos? Algunas de ellas son ciertamente crímenes de guerra. “Bombardeo de saturación” es una metáfora que describe una auténtica pesadilla producida por el poder aéreo (como muchos vietnamitas, laosianos y camboyanos la vivieron en nuestras guerras en Indochina), implica la saturación de toda una zona con la cantidad suficiente de bombas como para que no quede nada en pie, sin tener en cuenta la vida de quienes puedan estar allí. Es ilegal en el contexto de las leyes de la guerra porque no distingue entre civiles y combatientes.

Dado que el bombardeo aéreo no había sido inventado cuando en 1907 se firmaron las Convenciones de La Haya, el bombardeo de saturación no se menciona específicamente en la lista de “medios de hacer daño al enemigo, asedios y bombardeos” prohibidos. No obstante, en el meollo de las Convenciones de La Haya, como también en las leyes y costumbres de la guerra, está presente la crucial distinción entre combatientes y civiles. La destrucción total de una zona poblada con el fin de eliminar a un puñado de militares viola el antiguo e internacionalmente reconocido principio de proporcionalidad.

En otra vergonzosa excepción, Estados Unidos nunca ha ratificado el párrafo agregado, en 1977, a las Convenciones de Ginebra que pone específicamente fuera de la ley el bombardeo de saturación. El Protocolo Adicional 1 se refiere concretamente a la protección de los civiles durante las acciones bélicas. Excepto los aliados de Estados Unidos como Turquía e Israel, 174 países han ratificado el Protocolo 1, que convierte explícitamente el bombardeo de saturación en un crimen de guerra.

Si Estados Unidos no ha ratificado el Protocolo 1, ¿significa eso que tiene la libertad de violar sus disposiciones? No necesariamente. Cuando la gran mayoría de los países asumen este acuerdo lo convierten en una “ley internacional de usos”, es decir, un conjunto de principios que tienen fuerza de ley, aunque no estén escritos ni ratificados. La Comisión Internacional de la Cruz Roja lleva una lista de esas reglas de uso. Una parte de ellas establece explícitamente que los “ataques indiscriminados”, entre ellos el “bombardeo de zona”, son ciertamente ilegales en el contexto del derecho consuetudinario.

La promesa del senador Cruz de averiguar si la arena resplandece en la oscuridad, presumiblemente mediante el empleo de armas nucleares, violaría las prohibiciones de la Convención de La Haya de 1907 sobre la utilización de “armas venenosas o con venenos” y sobre el uso de “armas, proyectiles diseñados para que produzcan sufrimiento innecesario”. Importa tanto que Estados Unidos no haya ratificado esta convención de hace más de un siglo como que la Constitución tiene más de 200 años de edad. Ante la sugerencia de Jeb Bush de que quitaremos los abogados “encaramados en la espalda de los guerreros”, ambas siguen siendo la ley de la tierra.

El que parezca no tener fuerza de ley en Estados Unidos que la descripción de un posible futuro de crímenes de guerra pueda enardecer a multitudes frenéticas en esta temporada política representa un notable fracaso de la voluntad política, particularmente de la disposición del gobierno de Obama de llamar como tal al crimen y actuar en consecuencia. En el ámbito mundial, es más un fracaso del poder que de la ley. Obviamente, procesar por crímenes de guerra a un ex autócrata africano o a un dirigente serbio es muy diferente y de una proporción inmensamente menor que llevar a los tribunales a altos funcionarios de la única superpotencia del planeta. Esto se ha hecho mucho más difícil porque, durante el gobierno de George W. Bush, Estados Unidos informó al mundo de que nunca ratificaría los acuerdos para crear el Tribunal Penal Internacional.

A la luz de San Bernardino

Human Rights Watch publicó su informe el pasado 1 de diciembre [de 2015]. Al día siguiente, el matrimonio formado por Syed Rizwan Farook y Tashfeen Malik atacó una fiesta en el Departamento de Salud Pública de San Bernardino (California) donde Farook trabajaba. Él y ella asesinaron a 14 personas antes de ser abatidos por la policía. Fue un crimen horrible; aparentemente –al menos en parte–, ambos habían sido motivados por el Califato Islámico, presente en las redes sociales (aunque de ninguna manera recibieran órdenes del Califato Islámico). Como es lógico, el informe de HRW desapareció de la vista del público como una piedra caída en un estanque. El informe incluye recomendaciones clave: que se designe un fiscal especial para investigar y llevar a juicio a los responsables de las prácticas de tortura en la CIA y que las víctimas de las torturas estadounidenses tengan garantías de resarcimiento judicial en tribunales de Estados Unidos, algo que en ambos casos fue rechazado ferozmente tanto por el gobierno Bush como por la de Obama, pese a que se trata de una exigencia clave de la Convención Contra la Tortura de la ONU.

Finalmente el año terminó y la maquinaria del miedo empezó a funcionar otra vez. Y, por parte de quienes aspiran a guiarnos, los estadounidenses recibieron el recordatorio de que ningún precio es demasiado alto cuando se trata de pagar nuestra seguridad… en la medida que sean otros quienes paguen. Para 2016 se espera más de lo mismo.

Sin embargo, es precisamente ahora, cuando estamos más asustados, el momento en que nuestros dirigentes –de hoy y del futuro– no deberían alimentar nuestros miedos. En lugar de eso, deberían recordarnos que hay algo más valioso –y más fácil de conseguir– que la seguridad perfecta. Deberían alentarnos a no tratar de logra una cobarde exención de las leyes de la guerra, sino a ser valientes y atenernos a ellas. Por lo tanto, éste es el reto: ¿seremos esta vez capaces de tener el valor de resistir a la maquinaria del miedo? ¿Tendremos la voluntad de llevar a juicio los crímenes de guerra del pasado y prevenir aquellos que nuestros candidatos proponen a viva voz? ¿O permitiremos que nuestro país siga siendo eso en lo que se ha convertido: una terrible y aterradora excepción en el cumplimiento de la ley internacional?

Rebecca Gordon http://www.tomdispatch.com/blog/176087/tomgram%3A_rebecca_gordon%2C_american_war_crimes%2C_yesterday%2C_today%2C_and_tomorrow

Bucha: crónica de una farsa publicitaria para consumo de la intoxicación mediática

La matanza en Bucha se ha convertido en la portada de los medios de comunicación de todo el mundo. Los políticos europeos y estadounidenses no hablan de otra cosa. Eso significa que la provocación ha logrado su objetivo publicitario.

Las tropas rusas abandonaron Bucha el 30 de marzo. Al día siguiente, el alcalde de la localidad, Anatoly Fedoruk, dijo con una sonrisa de alegría en la boca: “El 31 de marzo pasará a la historia de nuestra localidad y de toda la comunidad territorial como el día de la liberación de los orcos rusos, los ocupantes rusos de nuestras localidades por parte de nuestras fuerzas armadas de Ucrania”.

¿Se alegraría si decenas de sus compatriotas estuvieran en ese momento en la calle, muertos a tiros? ¿Por qué no dijo nada en su declaración sobre las atrocidades cometidas por los rusos? ¿Por qué calló sobre las torturas, violaciones y asesinatos?

La primera unidad de las fuerzas armadas ucranianas que entró en Bucha fueron las fuerzas especiales de la Guardia Nacional de Ucrania. El canal oficial de telegramas de la Guardia Nacional publicó un vídeo, filmado por las propias tropas del destacamento. El vídeo muestra a los soldados ucranianos caminando tranquilamente por las calles de la ciudad, y no se ve ningún cadáver en las calles.

Después, los soldados ucranianos se comunican con los habitantes, y no hay ni una sola queja de la población sobre los ocupantes rusos. La población señala simplemente los edificios de la localidad que habían sido utilizados por las tropas rusas como bases de alojamiento.

Esto demuestra que en el momento de la transición de Bucha al control de las fuerzas armadas ucranianas, todavía no había crímenes en la localidad. No había cadáveres en las calles, ni fosas comunes, ni civiles atados y fusilados.

Los primeros vídeos con cadáveres no aparecieron en Twitter hasta la tarde del 1 de abril y la información al respecto no empezó a difundirse hasta el 3 de abril. En las imágenes no aparecen manchas de sangre en el suelo, lo que sugiere que los cadáveres fueron trasladados hasta ese lugar desde algún otro emplazamiento.

¿De dónde vienen los cadáveres de las calles de Bucha? ¿Y quiénes son esas personas? La respuesta está en el vídeo de la defensa territorial de Ucrania, que plantea claramente la pregunta: “¿Puedo dispararles si no tienen brazaletes azules?”, a la que sigue una respuesta positiva. El vídeo fue publicado originalmente por el jefe de la defensa territorial Sergey “Botsman” Korotkij.

En los vídeos publicados por la parte ucraniana, casi todos los cadáveres tienen vendas blancas. Este es un signo distintivo del Ministerio de Defensa de Rusia y de la población civil.

Katerina Ukraintseva, miembro del Consejo Municipal de Bucha y voluntaria de la defensa, admitió en una entrevista con Meduza que las tropas rusas no dispararon en su presencia. En la entrevista confirma que los militares ucranianos son los culpables de la principal destrucción: “Si las fuerzas armadas rusas hubieran respondido al ejército ucraniano con toda su potencia de fuego, la ciudad habría quedado completamente destruida”, dijo.

Rusia corta el suministro de gas y pone a Europa en una situación alarmante

El sábado los países europeos importaron la mayor cantidad de gas de origen ruso en meses, apresurándose a abastecerse al cumplirse el plazo fijado por Putin para pagar el gas en rublos o quedarse sin suministros.

Ahora Gazprom ha interrumpido las entregas a Europa a través del gasoducto Yamal-Europa, una arteria crítica para el suministro energético.

En lugar de fluir hacia Alemania y la UE, el gas empezó a fluir en dirección contraria, según Gascade, el operador del sistema.

En los últimos meses, la UE ya ha incrementado sus importaciones de gas licuado procedente de Estados Unidos. Pero a pesar de la promesa de Biden de impulsar las exportaciones a la Unión Europea, aunque ha aclarado que no toda esas entregas adicionales provendrán de Estados Unidos por una razón evidente: las exportaciones de gas licuado de Estados Unidos también están al límite de su capacidad.

El otro problema de Europa ya lo hemos expuesto en entradas anteriores: en el continente no existente actualmente las infraestructuras necesarias para aumentar las importaciones de gas licuado, que debe ser cuidadosamente procesado y regasificado antes de poder ser distribuido a las empresas que distribuyen energía.

La situción en Europa es alarmante. La empresa británica de energía Shell se ha quedado sin suministros rusos en respuesta a las sanciones económicas impuestas por el Reino Unido a Rusia. “Londres quiere ser el cabecilla de los antirrusos. Incluso quiere adelantarse a Washington. Ese es el precio a pagar”, ha declarado Dmitry Peskov, portavoz de Putin.

Hasta ahora, Reino Unido es el único país que ha impuesto sanciones al banco ruso Gazprombank, a través del cual se realizan los pagos del gas natural ruso. Eso priva a Gran Bretaña de la capacidad de pagar por la mercancía y ha obligado a Gazprom a retirarse de la rama de ventas y comercio.

De acuerdo con el decreto de Putin de que el gas ruso debe pagarse en rublos, Gazprom ha abierto cuentas en moneda extranjera para sus clientes, donde sus divisas pueden convertirse en rublos en la bolsa de Moscú.

Europa tiene que tomar una decisión crítica. Tiene que demostrar al mundo que sus esfuerzos para liberarse de la dependencia de la energía rusa han sido en vano. La otra opción es enfrentarse a una crisis económica catastrófica con precios de la energía disparados, que provoque racionamiento, cortes de electricidad y otras medidas que harán que la crisis del petróleo de los años setenta en Estados Unidos parezca un juego de niños.

Argelia subirá el precio del gas a España por la traición del gobierno a los saharauis

¿Será dura la renegociación del contrato de gas argelino-español? Sin juegos de palabras ni metáforas, ésa es la cuestión que se plantea tras la declaración del número 1 de Sonatrach, Tewfik Hakkar, de no “excluir” un nuevo cálculo del precio de venta del gas argelino al cliente español. Si una revisión al alza de la factura es ahora un hecho, como resultado directo del enfrentamiento político y diplomático entre Argel y Madrid sobre la cuestión del Sáhara Occidental, es difícil por el momento conocer la cuantía o las consecuencias en un contexto geoeconómico y geopolítico trastocado.

“A partir de ahora, pasarán al mercado al contado”, tronó un ex alto cargo del gobierno [argelino] el 19 de marzo tras la decisión del presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, de considerar, un día antes, sin consultar a sus socios de la coalición gobernante ni a Argelia, que la mejor solución al conflicto del Sáhara Occidental es la que pasa por la autonomía del territorio bajo soberanía de Marruecos. “Para el gas argelino en España [el precio de venta] será día a día”, se hizo eco este ex funcionario en una conversación sobre la elección del jefe del gobierno socialista por “su decisión radical de negar la lucha de los saharauis, de pisotear todas las resoluciones de la ONU y de provocar un peligroso desequilibrio comercial entre Madrid y el Magreb”.

A la pregunta de si la probabilidad de que Sonatrach practique con su cliente español las reglas del mercado spot era una “información a tomar en serio”, la respuesta de este ex funcionario fue: “No, es sólo un deseo, pero estoy convencido de que habrá una reacción por parte de nuestras autoridades en cuanto se produzca un incumplimiento y una violación del derecho internacional y de una relación de confianza que se creía más fuerte desde los considerables esfuerzos argelinos por asegurar el suministro de productos energéticos a España y evitar que su Gobierno tenga que afrontar las consecuencias de la ruptura de relaciones con Marruecos en agosto de 2021 y el cierre del gasoducto Magreb-Europa a principios de noviembre de 2021”.

El 25 de marzo de 2022, una fuente oficial argelina declaró de forma anónima que la respuesta de Argelia a la decisión del presidente del gobierno español de abandonar su posición tradicional sobre el Sáhara Occidental y alinearse con las tesis marroquíes sobre este territorio, que es “susceptible de descolonización” según las Naciones Unidas, será general y multiforme. “Ante la negación por parte de España de su posición de neutralidad en la cuestión del Sáhara Occidental y su apoyo explícito a la perpetuación del hecho colonial en este territorio ocupado que escapa a la soberanía marroquí, la respuesta de Argelia será general y se declinará soberanamente y de forma multifacética en muchos aspectos”, dijo esta fuente, alimentando desde entonces las discusiones y previsiones sobre el futuro de la relación bilateral argelino-española.

El jueves 1 de abril, el director general de Sonatrach, Tewfik Hakkar, planteó el escenario de una réplica en lo que ahora puede llamarse el frente energético. “Argelia ha decidido mantener unos precios contractuales relativamente correctos para todos sus clientes. Sin embargo, no se descarta proceder a un recálculo de precios con nuestro cliente español”, advirtió en una entrevista con la agencia de prensa APS. Su afirmación es, evidentemente, menos contundente que la de nuestro antiguo alto funcionario del Estado y la de la fuente oficial argelina sobre la obligación de luchar con el gobierno de Sánchez en Madrid, pero sigue siendo en el sentido claro de que España dejará de beneficiarse de las ventajas que le concedía Argelia antes del 18 de marzo, una elección que considera perjudicial para una relación de confianza que ha construido con este país desde los años 70, si nos referimos a los primeros contratos de compra de gas argelino por parte de empresas españolas.

Así que se acabaron los beneficios y volvemos a la realidad y a la lógica del mercado. ¿Pero cuándo y cómo? La pregunta está permitida, en este caso, por la imprecisión que el jefe de Sonatrach tuvo que aportar sobre la acción que su grupo pretende emprender para revisar los contratos de antes y poner fin a un acuerdo que ha dejado de ser win-win, por razones que no son sólo económicas. También lo autoriza el hecho de que Hakkar parece mencionar una probabilidad de reacción, cuya forma no está del todo especificada por las autoridades argelinas, que no excluyen una rectificación y una renegociación de la relación energética con Madrid, pero que parecen estar todavía en la fase de evaluación de los beneficios y las consecuencias con un socio europeo que, al fin y al cabo, es de primer orden.

En este escenario de prudencia hay que tener en cuenta que la diplomacia argelina, cuya sede en Argel puso fin al mandato de su antiguo embajador Toufik Milat tras sólo dos años de representación en Madrid, que nombró en su lugar a Said Moussi que no tuvo tiempo tras dos meses en el cargo de sondear la intención de cambio de posición de Pedro Sánchez sobre el Sáhara Occidental ni de verla venir, tiene más que nunca la necesidad de afinar su análisis del escenario político español y de las evoluciones que está experimentando. Más ampliamente, está más que nunca en condiciones de observar la situación internacional y las posiciones que hay que vigilar en función de nuestros intereses. La reevaluación de la política de abastecimiento y del precio del petróleo y del gas en España pasa inevitablemente por este análisis y por las conclusiones que tendrá que aportar a las más altas autoridades, que tuvieron que descifrar bien lo que dijo Pedro Sánchez ante los parlamentarios españoles.

El miércoles 30 de marzo, en la sesión plenaria del Congreso, el presidente del gobierno español señaló que la posición de España sobre la cuestión del Sáhara Occidental está en consonancia con la de sus socios europeos y muchos otros países, indicando que la Comisión Europea y la Alta Representante de la UE para Asuntos Exteriores han apoyado la decisión de Madrid. El Presidente del Gobierno español recordó que Francia ha apoyado la propuesta de Marruecos desde hace años, que Alemania ha dado recientemente su apoyo al plan y que Estados Unidos ha expresado constantemente su apoyo al enfoque adoptado por el Reino  [de Marruecos]. Oficialmente, todos estos países, encabezados por Estados Unidos, declaran, no sin hipocresía de política exterior común, que apoyan a las Naciones Unidas. En realidad, todos ellos no ven con buenos ojos la aparición de un Estado soberano en la frontera sur de Marruecos y siguen siendo favorables, si no permisivos, con las tesis marroquíes sobre el Sáhara.

El argumento de “recálculo” que puede esgrimir Sonatrach, como principal suministrador de España, es el de pasar a contratos a corto plazo para recordar al cliente español que siempre ha rechazado los contratos a largo plazo en el pasado y beneficiarse de la actual subida de los precios de los hidrocarburos. Pero una operación de este tipo, aunque no parezca tener connotaciones políticas como sostiene un analista como Tewfik Hasni, no se hace de un plumazo. Requiere un estudio serio en relación con un mercado de petróleo y gas volátil por naturaleza y en relación con la duración o el resultado de la guerra en Ucrania, que se ha convertido en un poderoso combustible para los precios de los hidrocarburos, pero sobre el que sería delicado hacer pronósticos precipitados.

Halim Midouni https://www.reporters.dz/gaz-algerien-pour-lespagne-clash-politique-fin-dun-deal-energetique/

Estados Unidos intenta dar un Golpe de Estado contra el gobierno de Pakistán

Tras la humillante derrota en Afganistán y la pérdida de credibilidad en Ucrania, la era de la unipolaridad estadounidense parece entrar en su fase final, marcada por feroces ofensivas en todas las direcciones. La más reciente de estas ofensivas tuvo lugar la semana pasada, cuando el gobierno pakistaní afirmó que Washington estaba tratando de fraguar un cambio de régimen en Islamabad.

Esta vez a Estados Unidos le sorprendieron con las manos en la masa. La afirmación no fue hecha por un filtrador o un observador marginal, sino por el propio Primer Ministro de Pakistán, Imran Khan. Aunque el Departamento de Estado estadounidense ha negado cualquier implicación, el drama político no ha hecho más que empezar.

Tras una reunión crucial de los vecinos de Afganistán, el principal diplomático de China atacó públicamente el comportamiento de Washington. El ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, afirmó que China no permitirá que Estados Unidos arrastre a las naciones pequeñas a un conflicto y criticó duramente la “mentalidad de guerra fría de Estados Unidos”. Pekín está decidido a no permitir que Estados Unidos saque a Pakistán de su círculo de socios asiáticos clave, que ahora incluye a Rusia, Irán y Afganistán, entre otros.

El miércoles, cuando un socio de coalición del [partido] gobernante de Pakistan Tehreek-e-Insaf (PTI) anunció que sus siete miembros se pasarían a la oposición, Khan perdió esencialmente su mayoría en la Asamblea Nacional de 342 miembros. Más de una docena de miembros de su partido también han amenazado con cruzar el pasillo político.

La oposición pakistaní había creído erróneamente que en cuanto consiguiera la mayoría numérica necesaria en el Parlamento, el Primer Ministro dimitiría o renunciaría. Pero eso no es lo que parece estar ocurriendo.

Por el contrario, en las próximas 24 horas se iniciará la votación en el parlamento para contabilizar los números reales. Muchos analistas consideran que se trata del fin del gobierno de Khan en Pakistán; otros creen que el Primer Ministro se consolidará en el poder y que la oposición y sus socios extranjeros sufrirán un golpe.

Si los tribunales acceden a la petición del gobierno de examinar los casos de injerencia extranjera y corrupción, Khan podría tener más tiempo para elaborar una respuesta judicial completa. En pocos días, Khan ya ha hecho una modesta demostración de su poder en la calle. El estado de ánimo y el sentimiento en todo el espectro de las redes sociales en este momento es en gran medida a favor del primer ministro. Una gran parte de la población se ha unido a él como portavoz de sus aspiraciones, mientras que los líderes de los partidos de la oposición son tachados de corruptos que quieren derrocar a un gobierno elegido.

Los principales partidos de la oposición del país son la Liga Musulmana de Pakistán-N (PML-N) y el Partido Popular de Pakistán (PPP), dos grupos dinásticos que gobernaron durante décadas hasta la promesa de la campaña de Khan de acabar con la corrupción y el amiguismo rampantes que han plagado la política pakistaní durante años.

Una carta amenazante

Millones de pakistaníes acudieron al discurso del Primer Ministro Khan el 27 de marzo, cuando afirmó que “las potencias extranjeras están planeando un cambio de régimen en Pakistán”. Sacando una carta del bolsillo de su abrigo, Khan amenazó con revelar amenazas directas y escritas contra Pakistán y contra él mismo.

Los miembros del gabinete [ministro de Planificación, Desarrollo, Reformas e Iniciativas Especiales] Asad Umar y [el ministro de Información] Fawad Chaudhry celebraron una rueda de prensa conjunta en la que revelaron más detalles de la polémica carta. A continuación, Khan invitó a varios miembros de su gabinete, a los medios de comunicación y a la comunidad de seguridad pakistaní a ver el documento de primera mano.

Los opositores al gobierno rechazaron de plano las acusaciones de Khan, mientras que una gran dosis de arrogancia y fanfarronería no tardó en llegar. El dirigente de la oposición pakistaní, Shahbaz Sharif (aspirante a Primer Ministro), proclamó que abandonaría el barco y se uniría a Imran Khan si la carta era cierta y el Primer Ministro decía la verdad. Asimismo, Saleem Safi, un famoso presentador de televisión contrario al establishment, dijo que si la carta era cierta, renunciaría a su puesto y dejaría los medios de comunicación por completo.

Pero a las pocas horas se presentó una misteriosa petición ante el Tribunal Superior de Islamabad (IHC) y el presidente del Tribunal Supremo, Athar Minallah, emitió un dictamen jurídico según el cual Imran Khan no podía hacer pública la carta debido a su juramento de confidencialidad. Una decisión tan rápida no podía venir de la máxima autoridad judicial de Pakistán sobre una carta falsa, ¿verdad?

Al día siguiente, se reunió el Comité de Seguridad Nacional (CSN) del país. Estuvieron presentes el Primer Ministro pakistaní, el jefe del ejército, el jefe del Estado Mayor Conjunto, los jefes de la fuerza aérea y de la marina pakistaní, el asesor de seguridad nacional (NSA) y varios otros funcionarios importantes.

Los miembros de la oposición boicotearon la reunión, pero los participantes acordaron unánimemente reprender a Estados Unidos por sus acciones y asegurarse de que Pakistán no deje escapar a las autoridades estadounidenses tan fácilmente. Posteriormente, el Ministerio de Asuntos Exteriores llamó al embajador de Estados Unidos en funciones y le reprendió, algo que no pudo hacerse con el pretexto de una carta falsa.

Estados Unidos advierte de la moción de censura

Según las declaraciones de Khan en la reunión del NSC, altos funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos (incluido un subsecretario de Estado, al parecer) enviaron la carta el 7 de marzo a través de Asad Majeed Khan, embajador de Pakistán en Washington.

En el documento se dice que pronto se presentará una moción de censura contra el Primer Ministro, que Khan debe saber que es inminente y que no debe resistirse a la moción sino someterse a ella. Si intenta resistirse, continúa la carta, Khan y Pakistán se enfrentarán a horribles consecuencias.

La carta menciona el NCM unas ocho veces. Al día siguiente, 8 de marzo, se anunció efectivamente una moción de censura. Según Khan, tiene información de la agencia de seguridad sobre cómo se produjo la compraventa ilegal de votos entre los parlamentarios paquistaníes en aquella época. Luego, el 9 de marzo, la cúpula militar del país se declaró “neutral” entre los partidos de la oposición y el Primer Ministro.

Khan criticó a los militares por adoptar una postura neutral, afirmando que una institución vital del Estado no debería mostrar “neutralidad” hacia quienes son utilizados abierta y deliberadamente como instrumentos de cambio de régimen, orquestados por los adversarios de Pakistán. Pero tras el regreso del ministro de Asuntos Exteriores, Shah Qureshi, de Pekín, los militares parecen ahora favorecer la posición de Khan. Parece que una llamada telefónica o un mensaje vino directamente de Pekín.

Consecuencias de la desestabilización de Estados Unidos

Si el caso de injerencia extranjera es un a priori de la moción de censura, es posible que Khan reciba un alivio legal y que los acusados de colaborar, ayudar e instigar una conspiración de cambio de régimen externo sean acusados. Entre ellos estarían los miembros de los partidos políticos de la oposición y personalidades de los medios de comunicación paquistaníes que supuestamente entraron y salieron de la embajada de Estados Unidos en los días, semanas y meses previos a la moción, que ahora se someterá a una votación decisiva el domingo. Si esto se demuestra en los tribunales, muchos dirigentes de la oposición podrían acabar entre rejas.

Según la principal oficina de seguridad nacional de Pakistán y a juzgar por el dictamen del IHC, parece claro que la carta era legítima y que Estados Unidos es culpable de interferir en los asuntos internos de Pakistán. Pero no estamos en 2001, cuando el ex presidente pakistaní, el general Pervez Musharraf, capituló ante los estadounidenses tras recibir una simple llamada telefónica. El Pakistán de hoy tiene una identidad propia más fuerte después de dos décadas de sacrificios agotadores y no reconocidos por la fallida guerra contra el terrorismo de Washington. Del mismo modo, ahora entienden que Estados Unidos es una potencia en declive.

A la mayoría de los pakistaníes ya no les importan las sanciones de Estados Unidos, sobre todo al ver que otros países las eluden con nuevos aliados. El estado de ánimo y el sentimiento de la opinión pública es el de rechazar las amenazas de sanciones, reconociendo que habrá consecuencias por parte de Pakistán que podrían llevar a la expulsión de los diktats estadounidenses de la región Af-Pak-Irán.

En su entrevista del 1 de abril en la televisión nacional (PTV), Imran Khan instó a la nación pakistaní a rechazar la alianza de los partidos corruptos y los medios de comunicación respaldados por Occidente. Dijo que el siguiente paso de Occidente sería quitarle la vida. El ministro de Información de Pakistán había dicho lo mismo un día antes.

Si Khan no tuviera la capacidad de aglutinar a la calle, podrían habérselo ahorrado, pero su actual popularidad y su obstinada resistencia a las tácticas de intimidación de Estados Unidos lo convierten en un objetivo principal para el asesinato. La mayoría de los pakistaníes han considerado durante mucho tiempo que el asesinato de dirigentes como Liaquat Ali Khan, Z.A. Bhutto, Zia al Haq y Benazir Bhutto fue obra de la inteligencia estadounidense. Para estos ciudadanos, cualquier amenaza percibida contra la vida del Primer Ministro Imran Khan es un peligro real e inminente. Rápidamente, la seguridad que le rodeaba se reorganizó y se tomaron nuevas medidas para proporcionarle protección adicional.

La retórica de Khan sobre la injerencia de Estados Unidos ha cobrado mucha fuerza en la última semana. El escenario es el de dos bandos que se enfrentan en un momento crítico de la historia del país: por un lado, una alianza indo-estadounidense, los corruptos partidos de la oposición pakistaní, los medios de comunicación corporativos del país y un puñado de liberales de estilo occidental. En el otro lado, un Primer Ministro popular y aguerrido elegido legalmente, respaldado por la alianza ruso-china y por una abrumadora mayoría de pakistaníes.

Con estas probabilidades, puede ser política y legalmente imposible que el ejército pakistaní mantenga su ostensible posición de neutralidad, por mucha presión que ejerza Estados Unidos. El tiempo puede estar del lado de Khan.

Ejaz Akram https://thecradle.co/Article/analysis/8673

Rusia califica de ‘montaje’ las horripilantes escenas grabadas en los alrededores de Kiev

Las televisiones del mundo entero presentan imágenes horripilantes con una supuesta “masacre” cometida por el ejército ruso en Bucha, un barrio de los alrededores de Kiev. El gobierno ucraniano asegura que recuperó Bucha ayer y que las tropas rusas habían matado a numerosos civiles, cuyos cadáveres aparecen abandonados en las calles.

Los ucranianos también denuncian las existencia de fosas comunes con civiles asesinados por los rusos. El alcalde de la localidad asegura que han encontrado 280 cadáveres enterrados en las fosas.

Rusia describe las imágenes y fotografías de cadáveres como el último montaje escenográfico de Kiev. “Todas las fotos y vídeos publicados por el régimen de Kiev, que supuestamente atestiguan los ‘crímenes’ de los militares rusos en la ciudad de Bucha, en la región de Kiev, son otra provocación”, dijo el Ministerio de Defensa de Rusia en un comunicado.

Calificó las imágenes como “otro montaje del régimen de Kiev para los medios de comunicación occidentales”. Los medios han vuelto a presentar un decorado digno de Hollywood: en una ciudad donde no hubo ninguna batalla, las calles no pueden presentar el aspecto de las imágenes difundidas.

Las imágenes de civiles muertos esparcidos por la ciudad llevaron a los países sicarios de la OTAN a pedir que se castigue a los responsables de los crímenes de guerra cometidos en Ucrania.

El Ministerio de Defensa ruso dijo que todas las unidades militares rusas habían abandonado Bucha el 30 de marzo, y que los civiles habían sido libres de moverse por la ciudad o evacuarla mientras estuvo bajo su control.

“Durante el tiempo que las fuerzas armadas rusas estuvieron en control de este asentamiento, ni un solo residente local sufrió ninguna acción violenta”, dijo.

Moscú ha negado anteriormente las acusaciones de que haya atacado a civiles, así como la comisión de crímenes de guerra.

https://uacd.tv/video/rusia-niega-que-haya-asesinado-los-civiles-que-salen-en-la-tv-quien-dice-la-verdad/

Los nazis de la marca Chanel no venden sus baratijas a los rusos

Las tiendas oficiales de Chanel se niegan a vender sus baratijas a los ciudadanos rusos. Los demás clientes deben firmar un formulario en el que declaran que no llevarán los artículos vendidos por la marca a Rusia.

“No vivo en Rusia y no lo llevaré en el territorio de Rusia”, prometen los compradores de Chanel.

80 años después, Chanel vuelve por sus fueros, que son nazis.

Durante la ocupación francesa por los nazis, Gabrielle “Coco” Chanel fue colaboracionista y espía del III Reich. Tenía vínculos muy estrechos con los alemanes: era la soplona F-7124, según los archivos de la Abwehr, la inteligencia militar alemana.

Su nombre en clave era “Westminster”. El espionaje alemán le llamaba así porque había sido la amante de Hugh Richard Arthur Grosvenor, el Duque de Westminster.

En 1933, tras su llegada al poder, Goebbels nombró al barón Hans Gunther von Dincklage agregado de la embajada alemana en París. Era una tapadera. En realidad Dincklage era la antena de la Abwehr en la capital francesa, donde conoció a Coco Chanel. Ambos fueron amantes.

Durante la ocupación francesa, mientras los demás franceses resistían y luchaban para salir adelante, Coco Chanel vivía en el Hôtel Ritz, que era el cuartel general del ejército alemán Según el periodista de investigación Hal Vaughan, “los nazis estaban en el poder y Chanel gravitó hacia el poder”.

En 1941 el espionaje nazi la envió a Madrid durante unos meses para reclutar espías. Viajó  con otro francés que trabajaba para espionaje alemán, el baron Louis de Vaufreland, con la excusa de hacer negocios. Según Vaughn, existe un registro de su cena con el diplomático británico Brian Wallace.

La diseñadora de moda se aprovechó de los nazis para lograr sus objetivos empresariales. En 1924 la familia judía Wertheimer había apoyado el lanzamiento de su línea de perfumes a cambio de la mayor parte de los beneficios. Pero cuando los nazis expropiaron los negocios a los judíos, Chanel vio la oportunidad de aprovecharse del momento y apoderarse del negocio de quienes le habían ayudado.

Tras la derrota de Stalingrado, el general Walter Schellenberg, de las SS, le encargó otra misión, la “Operación Modellhut”, para negociar una paz por separado con Churchill. Chanel organizó la liberación de Vera Lombardi, una amiga común de Churchill y ella, de una prisión italiana. Viajaron a Madrid con Dincklage, donde Lombardi recibió instrucciones de entregar la carta de Chanel a Churchill en la embajada británica.

Sin embargo, este plan fracasó cuando Lombardi denunció a Chanel y a sus socios como espías alemanes. Lombardi fue detenida de nuevo y Chanel consiguió volver a París sana y salva.

Tras la liberación de Francia, le pidieron cuentas. En setiembre de 1944 fue detenida e interrogada por el Comité de Depuraciones de la Francia Libre. La liberaron posteriormente como un favor personal a Churchill por el intento de negociaciones durante la guerra.

Francia la desterró y durante 10 años tuvo que residir en Suiza con el nazi Dincklage. Toda su vida, Coco Chanel fue una nazi repugnante que aborrecía a todos lo que significara progreso, sindicalismo o revolución. Hoy sería la reina del pijerío.

Su marca comercial nunca ha criticado las deportaciones, ni los campos de concentración, ni las masacres, ni los crímenes de guerra perpetrados por las divisiones de la SS y la Gestapo.

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