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Día: 5 de noviembre de 2021 (página 1 de 1)

El Nuevo Eldorado bursátil: las empresas de biotecnología

La pandemia ha desatado una fiebre por la industria de la tecnología sanitaria. Cada vez son más las empresas biotecnológicas que cotizan en bolsa, tras el éxito (económico) de BioNTech y Moderna. Han surgido los primeros multimillonarios cien por cien biotecnológicos. Los fondos buitre miran con lupa los libros de contabilidad de las empresas biomédicas y los laboratorios.

El ARN mensajero (ARNm) es la nueva vedette del espectáculo. Los investigadores lo han dejado todo por ella. Hay prisas. Son ya más de 150 los proyectos que se han puesto en marcha, entre ellos vacunas, tratamientos para el cáncer, enfermedades genéticas y trastornos autoinmunes. Las grandes farmacéuticas están comprando a precio de oro las patentes especializadas. Incluso las acciones de los laboratorios de plásmidos, la materia prima para fabricar ARNm, suben como la espuma.

No hay que olvidar que los laboratorios son ciencia, sin duda, pero sobre todo son empresas que se compran y se venden al mejor postor. El modelo es el acuerdo entre Pfizer y BioNTech para dar el pelotazo sobre la vacuna contra el coronavirus. A la carrera se preparan otras alianzas entre farmacéuticas y biotecnológicas, como la de GSK y la biotecnológica alemana CureVac.

El 28 de septiembre la multinacional Sanofi abandonó la carrera para fabricar su propia vacuna de ARN mensajero contra el coronavirus, pero va a poner mucho dinero encima de la mesa para que no se le vuelva a escapar la gallina de los huevos de oro. En primavera absorbió Tidal Therapeutics, una empresa de biotecnología especializada en ARNm. Luego compró todas las acciones de la empresa estadounidense Translate Bio por 2.700 millones de euros.

Para los especuladores en bolsa, las estrellas más codiciadas son los laboratorios de ARNm. La capitalización bursátil de las cinco empresas cotizadas centradas en las plataformas de ARNm se ha multiplicado por 20 en dieciocho meses, pasando de 15.000 millones de dólares a finales de 2019 a 300.000 millones el pasado agosto. La de BioNTech ha ascendido a 50.000 millones de dólares y la de Moderna a 126.000 millones.

Los primeros resultados de los ensayos realizados a finales de la década de los noventa fueron alentadores y el mercado sanitario quedó cautivado por el potencial de la nueva terapia génica. Los laboratorios se convencieron de que el genoma humano es como la ITV. Cuando el coche falla, hay que llevarlo al taller y cambiar los genes estropeados por otros en buen estado de funcionamiento.

Ya hemos relatado en otra entrada los estragos que ello supuso y su posterior prohibición. Pero eso no podía impedir un buen pelotazo bursátil. Moderna ya ha lanzado una vacuna de ARNm contra el VIH en ensayos clínicos de fase 1, mientras que Sanofi está desarrollando su próxima vacuna contra la gripe con la misma técnica.

Los laboratorios también están desarrollando vacunas terapéuticas que abordan diferentes mutaciones en tumores. Estos productos llegarán al mercado en 2035, y la revista Nature estima que el mercado se situará entre 7.000 y 10.000 millones de dólares en ese primer año.

La tuberculosis reaparece por el incremento de la miseria en todo el mundo

Decían que era un enfermedad en trance de desaparición, pero en 2002 un albergue de inmigrantes de París se convirtió en el epicentro de una epidemia de tuberculosis. La crisis económica está trayendo otra vez la antigua tisis a los parias de las grandes metrópolis capitalistas.

Por este motivo en mayo de 2011 se celebró en París una cumbre de alcaldes de las ciudades más grandes del mundo desarrollado, en la que estaba representada Barcelona. Se trata de poner en marcha instrumentos de alerta temprana ante el posible rebrote de nuevos casos de tuberculosis en cualquiera de las grandes capitales del mundo.

El doctor Bertrand Dautzenberg fue muy claro en su intervención. Dijo que el mantenimiento de los inmigrantes en situación ilegal puede provocar una catástrofe sanitaria en Francia porque la tuberculosis se ceba en los sectores marginados de la sociedad. La crisis económica conduce a la desnutrición y la desnutrición provoca la tuberculosis.

Si al mismo tiempo los recortes presupuestarios afectan a la sanidad, la catástrofe está servida, pero nadie podrá decir que se trata de una catástrofe de la naturaleza, sino del capital.

Desde 1882 los galenos dicen que esta enfermedad es algo que les compete y atribuyen su origen a una micobacteria: el bacilo de Koch. Ante el peligro de la tuberculosis un concejal francés proponía la vacunación obligatoria de la poblaciones de los barrios marginales. Se imaginan que sin bacteria no habrá tampoco enfermedad.

Pero una tercera parte de los habitantes del planeta la tiene y, sin embargo, sólo uno de cada diez de ellos padece la enfermedad. Por lo tanto, no es sólo un problema médico; la miseria no se combate con fármacos. Los remedios de esta epidemia no están en la medicina sino en acabar con una sociedad que conduce a la miseria y el hambre.

La tuberculosis es la plaga de la explotación, una enfermedad endémica de las grandes urbes capitalistas cuyas víctimas están en los barrios marginales, la población hambrienta, los que se hacinan en chabolas, los contaminados, sin agua potable y sin servicios de ninguna clase. No hablo del Tercer Mundo.

En París la situación es tan preocupante que en 1994 se promulgó una ley para dispensar gratuitamente atención antituberculosa a las personas que viven en la calle. En setiembre de 2011 la revista “Le Nouvel Observateur” informaba de algo que parece propio de Calcuta: los padres de alumnos de un barrio del norte de París se dirigían a la ONU solicitando ayuda humanitaria para que el barrio dispusiera de la debida atención médica.

Alguna organización de solidaridad instaló equipos sanitarios de emergencia sobre el asfalto, que la policía trató de desalojar. El asunto acabó en los tribunales, los cuales reconocieron la necesidad de la iniciativa solidaria a causa de una situación de “urgencia humanitaria”.

En todo el mundo capitalista la situación se va a reproducir porque esta crisis económica no tiene fondo. Los desahucios no van a parar y miles de personas acabarán viviendo en la calle.

Los inmigrantes ya viven hacinados por decenas en viviendas muy reducidas, que son otros tantos focos infecciosos. Algunos supermercados ya están alimentando a los pensionistas con latas de comida para gatos. El copago sacará del sistema sanitario a miles de parados que no puedan pagarse la atención farmacéutica.

La única solución del capitalismo a las cifras del paro es que los parados se mueran en masa. Cuando los muertos empiecen a contarse por miles, los titulares de la prensa dirán lo mismo que en mayo en Alemania con los muertos causados por la otra bacteria, la E.coli: no es algo nuestro sino que viene de fuera. Si la epidemia de gripe de 2009 tenía pasaporte mexicano, la E.coli de 2011 emigró desde España.

Tendremos una campaña xenófoba justificada porque los senegaleses nos están trayendo bacterias que luego nos contagian a nosotros. Nos van a vacilar con el bacilo. Para los medios de intoxicación propagandística no será nunca un problema del capitalismo sino un desastre médico, nunca un desastre causado por la ausencia de medicina, es decir, por la falta de atención, la privatización de la sanidad o el precio de los fármacos.

Afortunadamente, como creen que la tuberculosis es contagiosa, puede que el miedo de los explotadores les obligue -a pesar de los recortes- a adoptar algún tipo de medida, no sólo sanitaria sino también social: salarios, alimentación, vivienda y barrios salubres para los obreros. Pero también es posible que por mucho miedo que tengan a contagiarse, la crisis económica les haya vaciado los bolsillos hace tiempo.

Nota: este artículo se publicó en 2011, hace más de diez años

China construirá 150 reactores nucleares en los próximos 15 años

La cotización de las acciones de las empresas nucleares está a punto de alcanzar un máximo histórico. El motivo es la crisis mudial de la energía y las políticas verdes, que están impulsando a la industria nuclear. Nadie lo hubiera dicho hace 10 años, después del desastre de Fukushima. Afortunadamente para las empresas nucleares, el mundo tiene una memoria de muy corto recorrido, sobre todo si los medios guardan silencio.

Para alcanzar un éxito publicitario, las políticas verdes dependen de China, de la energía nuclear, o de ambos, como está ocurriendo. El gobierno de Pekín tiene “planes para generar una cantidad impresionante de energía nuclear, rápidamente y a un coste relativamente bajo”, dice la agencia Bloomberg (*).

China planea construir al menos 150 nuevos reactores nucleares en los próximos 15 años, más de los que el resto del mundo ha construido en los últimos 35 años. Vivimos en una sociedad en la que todo depende de la imagen pública que vomitan los medios de comunicación diariamente y el campeón de la “contaminación” quiere dejar de que le describan como el mayor emisor del mundo de los llamados “gases de efecto invernadero”. Se presentará como todo lo contrario: el campeón de la descarbonización.

El objetivo final es sustituir casi todos sus 2.990 generadores de carbón por energía limpia para 2060. Para que esto sea una realidad, la energía eólica y solar serán una parte importante del combinado energético del país. La energía nuclear, más cara pero también más fiable, ocupará el tercer lugar, según una evaluación realizada el año pasado por investigadores de la Universidad de Tsinghua.

Antes de la catástrofe de Fukushima, los objetivos nucleares de China eran mucho más ambiciosos, pero una semana después del desastre, el gobierno de Pekín impuso una moratoria a los nuevos proyectos e inició una profunda revisión de la seguridad de todo su programa. En 2014 decidió no construir más reactores que requieran medidas de seguridad activas, como el de Fukushima. Volvió a suspender las homologaciones durante varios años hasta que comprobó el rendimieto de su nueva tecnología.

A principios de este año el gobierno designó la energía atómica como la única fuente de energía con objetivos intermedios específicos en su plan oficial quinquenal. Poco después, el presidente de la empresa estatal China General Nuclear Power formuló el objetivo a más largo plazo: 200 gigavatios para 2035, suficientes para abastecer a más de una docena de ciudades del tamaño de Pekín.

A mediados de esta década China podría superar a Estados Unidos como mayor productor mundial de energía nuclear. El coste del plan asciende a 440.000 millones de dólares. Cerca del 70 por ciento del coste de los reactores será cubierto por préstamos de bancos públicos, a unos tipos de interés muy inferiores a los que pueden obtener otros países, según Francois Morin, director para China de la Asociación Nuclear Mundial.

Esto supone una gran diferencia, porque la mayor parte del coste de la energía atómica está en la construcción inicial. Con un tipo de interés del 1,4 por ciento, que es el mínimo para proyectos de infraestructura en países como China y Rusia, la energía nuclear cuesta unos 42 dólares por megavatio hora, lo que es mucho más barato que el carbón y el gas natural en muchos lugares. Con una tasa del 10 por ciento, que está en el extremo superior del espectro en las grandes potencias, el coste de la energía nuclear se eleva a 97 dólares, más caro que cualquier otra fuente.

“La gente dice que la energía nuclear es cara en Occidente, pero se olvida de decir que es cara por los tipos de interés”, dijo Morin. La Asociación Nuclear Mundial estima que Pekín puede construir plantas por unos 2.500 a 3.000 dólares por kilovatio, aproximadamente a un tercio del coste de los proyectos recientes en Estados Unidos y Francia.

El objetivo de 147 gigavatios adicionales para 2035 costaría entre 370.000 y 440.000 millones de dólares, una posible ganancia para los inversores de CGN Power Co, China National Nuclear Power Co y China Nuclear Engineering & Construction Corp. En la actualidad, las acciones de estas tres empresas públicas han subido entre un 19 por ciento y un 43 por ciento desde agosto, mientras que el índice Hang Seng de Hong Kong ha caído un 2,3 por ciento.

El plan del gobierno chino provocará, además, una demanda sin precedentes de las materias primas del uranio en los mercados mundiales.

(*) https://www.bloomberg.com/news/features/2021-11-02/china-climate-goals-hinge-on-440-billion-nuclear-power-plan-to-rival-u-s

Las empresas farmacéuticas han entregado millones de dólares a los dos partidos políticos australianos

La industria farmacéutica contrata a un gran número de grupos de presión y entrega millones de dólares a los dos partidos políticos australianos, creando un nivel de influencia que un antiguo secretario del departamento de salud ha relacionado con los altos precios de los medicamentos en el país.

Alrededor de 72 empresas farmacéuticas distintas contratan a grupos de presión pagados para influir en las decisiones y políticas del gobierno. Están representadas por 29 empresas de presión distintas, muchas de las cuales tienen como personal a antiguos asesores ministeriales o políticos.

Entre 1998-99 y 2016-17, las empresas que fabrican medicamentos, o que los distribuyen al por menor, como las empresas de farmacia y las farmacéuticas, donaron 4,7 millones de dólares a los partidos Liberal, Nacional y Laborista.

Veintidós de las 72 empresas que contratan a grupos de presión también han hecho donaciones políticas en los últimos 19 años. Las donaciones alcanzaron su punto máximo en el ejercicio 2013-14, que coincidió con las elecciones federales de 2013.

Las grandes farmacéuticas tienen un importante interés económico en la forma en que se comporta el gobierno, especialmente en las decisiones o políticas que afectan a los precios de los medicamentos o a los procesos de aprobación de nuevos fármacos.

Un antiguo secretario del departamento federal de Sanidad, Stephen Duckett, que ahora es uno de los principales investigadores en materia de salud del Instituto Grattan, dijo que la industria farmacéutica era extremadamente poderosa y ejercía una importante influencia en el gobierno.

El año pasado, Duckett publicó un informe en el que se constataba que los precios de los medicamentos en Australia eran significativamente más altos que en el extranjero, y que los australianos pagaban unos 500 millones de dólares de más por los genéricos.

Dijo que la influencia de la industria farmacéutica contribuía claramente a los altos precios de los medicamentos. “No puedo decir cómo lo hacen, pero emplean a mucha gente”, dijo. “Son muy, muy activos reuniéndose con gente en el propio Parlamento”.

“Lo único que veo es el resultado, que acabamos pagando más. Tenemos políticas diseñadas a su medida y no a la del consumidor o el contribuyente”.

Un informe anterior de Duckett descubrió que la industria farmacéutica tenía a menudo un acceso y una influencia extraordinarios sobre determinadas políticas. Los grupos de presión de la industria estaban presentes cuando el gobierno federal elaboró su política de precios terapéuticos, una política destinada a impedir que el gobierno malgastara dinero en medicamentos de precio excesivo.

“Está muy bien que se consulte a los grupos de la industria, a las partes interesadas», dijo. «Pero en este caso concreto, no sólo se les consultó, sino que básicamente tuvieron la pluma y diseñaron la política”.

La cuestión de la influencia farmacéutica no es nueva ni exclusiva de Australia. Barbara Mintzes, investigadora de la Universidad de Sidney y experta en política farmacéutica, dijo que se había producido una tendencia mundial a debilitar las normas de evidencia para los nuevos medicamentos. Los cambios han facilitado la entrada de nuevos medicamentos en el mercado.

“Hemos visto un cambio a nivel internacional hacia la reducción de los estándares, especialmente en lo que respecta a la eficacia, la evidencia y la introducción de vías para comercializar un nuevo medicamento, y estándares de evidencia muy limitados, especialmente para algunos de los nuevos medicamentos contra el cáncer y las enfermedades raras que están llegando”, dijo Mintzes.

Melissa Raven, analista de políticas de la Universidad de Adelaida y epidemióloga psiquiátrica, dijo que también hay pruebas de que las empresas farmacéuticas participan en grupos de presión “astroturf”, es decir, el uso enmascarado de grupos de consumidores supuestamente “de base” para presionar a favor de un medicamento en particular.

“Utilizan esas organizaciones de consumidores sobre todo para los temas realmente emotivos, como un medicamento para salvar la vida de los adolescentes con cáncer”, dijo Raven.

“La industria farmacéutica ha sido extraordinariamente inteligente y estratégica a la hora de hacer ese tipo de presión emotiva”.

—https://www.theguardian.com/business/2018/sep/25/pharmaceutical-industry-donates-millions-to-both-australian-political-parties

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