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Día: 12 de octubre de 2021 (página 1 de 1)

Recortes y privatización: en Francia cada vez hay menos hospitales y menos camas hospitalarias

En 2020 el número de camas hospitalarias siguió disminuyendo en Francia, a pesar de la pademia, según un estudio estadístico del Ministerio de Sanidad publicado el 29 de septiembre. El número de camas disminuyó un 1,5 por ciento en el año, lo que supone unas 5.700 camas de hospital menos.

El año anterior Francia ya había perdido 3.400 camas de hospitalización completa y 4.000 en 2018. Desde 2013 se han cerrado 27.000 camas de hospitalización completa, reconoce el Ministerio.

“Este descenso continúa una tendencia observada desde hace varios años, que refleja la voluntad de reorganizar la oferta en un contexto de desplazamiento hacia la atención ambulatoria, pero también de limitaciones de personal que no permiten mantener las camas”, añade el estudio.

El turno ambulatorio es el argumento para fomentar la atención extrahospitalaria. El Ministerio se congratula de que en 2020 la capacidad de hospitalización a domicilio haya aumentado un 10 por ciento.

La reducción de la duración de la estancia en el hospital es algo positivo para muchos pacientes, pero hay muchas dudas sobre la atención que se prestada en el propio domicilio. En realidad la atención ambulatoria favorece al sector privado frente al hospital público. ¿Realmente tienen gente que los atienda?, ¿Está la vivienda adaptada a los ancianos o dependientes?, se pregunta Fanny Vincent, profesora de la Universidad de Saint-Étienne.

El número de camas de cuidados críticos (reanimación, cuidados intensivos y monitorización continua) aumentó el año pasado. Pero aunque se instalaron 786 camas de reanimación adicionales, la tendencia general no cambia: sigue habiendo menos plazas hospitalarias en el país.

Además, cada vez hay menos hospitales: “Bajo el efecto de la reorganización y la reestructuración, el número de entidades geográficas de carácter público o privado ha seguido disminuyendo (25 establecimientos menos el ao pasado)”, dice el estudio. “El descenso es más acusado en los hospitales públicos”, añade.

Francia ha visto cerrar 78 hospitales públicos desde 2013, principalmente pequeños hospitales locales.

(*) https://drees.solidarites-sante.gouv.fr/publications/etudes-et-resultats/entre-fin-2019-et-fin-2020-la-capacite-daccueil-hospitaliere

El aumento del precio del gas en Europa es consecuencia de su política antirrusa

El capitalismo está sumido en la peor crisis de su historia. Se trata de una crisis general que no tiene absolutamente ninguna salida dentro del propio capitalismo.

Como toda crisis general, tiene muchas causas y muchas manifestaciones distintas que no se pueden reducir a una de ellas.

No obstante, ahora mismo destaca la subida de los precios de los combustibles y, en especial, del gas, que alcanza a casi todos los países del mundo.

Los precios de las materias primas se han disparado en un mercado mundial que ya estaba desestabilizado a causa del cierre de fronteras, lo que ha bloqueado las rutas de abastecimiento, una situacion que no se ha superado y, posiblemente, nunca se superará, porque para eso declararon la pandemia.

Como venimos repitiendo desde hace un año y medio, la declaración de pandemia ha servido para encubrir una profunda crisis económica que, a su vez, ha intensificado la presión de las grandes potencias contra países, como Rusia, que es uno de los mayores suministradores de combustibles en el mercado mundial.

La mayor parte de las materias primas, como el petróleo y el gas, se contratan “a futuros” mediante acuerdos a largo plazo a precios reducidos y con posbilidades de pago aplazado. Sin embargo, como consecuencia de las presiones de Estados Unidos, los países europeos no han firmado ese tipo de contratos con la gasista rusa Gazprom, sino que han optado por compras inmediatas y pagos al contado.

Las compras inmediatas y al contado son típicas de los países asiáticos y conducen a que el gas se subaste al mejor postor, lo que hace subir los precios y provoca la especulación, gracias a la volatilidad. Como los asiáticos están pagando un precio del gas por encima del mercado, Rusia prefiere venderles el gas a ellos antes que a los países europeos, que pagan menos.

Por lo tanto, los precios del gas son tan elevados en Europa porque Bruselas no quiere comprometerse con Rusia por razones que están mucho más allá del mercado y mucho más allá de Bruselas.

Los países que no han seguido la política energética de la Union Europea, como Hungría, no conocen el alza de los precios del gas porque han firmado un contrato con Gazprom para 15 años a precios muy bajos. Lo mismo cabe decir de otros, como Croacia, que también se aprovechan de gasoducto ruso que llega hasta Turquía.

Hay otro gasoducto ruso que llega a Europa desde Alemania, y bastaría con firmar un contrato a largo plazo con Gazprom para que el gas tuviera precios por debajo del mercado mundial.

La especulación de los fondos buitre en los mercados de materias primas eleva artificialmente el precio, como en cualquier época de acaparamiento. “Almacenar cuando el precio está bajo y vender cuando está alto”. El año pasado, el cierre de fronteras suscitó un aumento de las operaciones especulativas. Los fondos buitre aprovecharon la caída de precios para comprar grandes cantidades de materias primas, entre ellas el gas.

En consecuencia, no hay ningún problema de oferta, ni de suministro de gas, sino una sumisión política de Europa a las imposiciones de Estados Unidos.

Se puede decir que el gas no tiene un precio de mercado, sino una cotización en bolsa, como si se trata de acciones o bonos. En la medida en que dicha cotización siga en ascenso, puede lograr que la fracturación hidráulica de las empresas estadounidenses sea rentable, al menos durante un cierto tiempo.

Licencia para matar: por qué es saludable tener a la policía lo más lejos posible

Kenneth Chamberlain era un anciano de 68 años, antiguo marine negro y veterano de guerra. Padecía del corazón y de trastorno bipolar. Vivía sólo en una localidad cercana a Nueva York y le habían colgado del cuello un botón para avisar al servicio médico de emergencias.

En la madrugada del 19 de noviembre de 2011 activó por accidente el dispositivo y a los pocos minutos se presentó la policía a la puerta de su casa para verificar la emergencia.

La primera pregunta retórica es, pues, evidente: ¿por qué acudió la policía y no los sanitarios? Es un síntoma del mundo en el que vivimos, en el que todo debe estar bajo el control de la policía, y muy especialmente los problemas de salud.

El anciano tuvo miedo de que le mataran. Dijo a la policía que no necesitaba ayuda y no les abrió la puerta por otro de los síntomas de nuestro tiempo: en Estados Unidos los negros tienen pavor a la policía por motivos más que obvios.

La policía derribó la puerta de la vivienda y, según dijeron, Chamberlain se abalanzó contra ellos con un cuchillo. ¿Qué otra cosa podían decir para justificarse? Le aplicaron una pistola eléctrica y luego le dispararon fuego real para que no hubiera una versión diferente a la suya.

Al año siguiente le dieron el carpetazo al crimen. No acusaron de nada a los policías que participaron en el asesinato. “La policía actuó de manera apropiada”, dijo la fiscal. Tampoco hubo acciones de tipo disciplinario. Los policias siguen en sus puestos y tienen un expediente intachable, a pesar de que uno de ellos lanzó insultos racistas contra el anciano.

En 2019 el asesinato inspiró al cineasta David Midell a escribir un guion y dirigir la película “The Killing of Kenneth Chamberlain” que narra de manera detallada los últimos minutos en la vida del anciano.

La película se estrenó el 17 de septiembre en plataformas digitales y en varias salas cinematográficas, con un éxito rotundo. Hasta la fecha ha ganado 10 premios, entre ellos los del jurado y de la audiencia, en los festivales de cine independiente donde se ha presentado, como el de Austin, Omaha y Oxford.

La película mantiene en suspense al espectador de principio a fin a lo largo de la escalada de violencia. Los diálogos y las interacciones entre el anciano y la policía reflejan claramente una manera de proceder, también típica de quien ha hecho de la muerte una profesión, aunada a los prejuicios clasistas y racistas.

Mención aparte merece la extraordinaria interpretación de Frankie Faison en el papel de Kenneth Chamberlain, sin duda la mejor de su carrera, que debería hacerle acreedor a un Óscar.

Por su trabajo en esta película, Midell ha sido nominado al Premio “Someone to Watch” de Independent Spirit Awards.

Sidenor frena la producción en su fábrica de aceros especiales a causa de la subida de los precios de la energía

Los efectos de la subida del precio de la energía ya se notan en la industria, uno de los grandes consumidores eléctricos. Sidenor es el primer grupo del metal en anunciar una parada para no operar en pérdidas. En su caso, dejará de producir aceros especiales durante 20 días por el desorbitado precio de la tarifa.

La siderúrgica ha criticado que esa inflación ha elevado su coste eléctrico hasta los 260 euros por MW/hora. Lo que supone un incremento del 300 por cien sobre el del año pasado, cuando abonaba 60 euros.

Ese aumento para el grupo vasco supone pagar 200 euros más por tonelada producida, lo que dispara más de un 25 por ciento sus costes totales. Una situación que genera pérdidas e imposibilita mantener el ritmo actual de producción. Un caso similar se vivió este mes en los parques eólicos y fotovoltaicos, que también cesaron en su actividad por ese motivo.

La fábrica, que tiene una plantilla de 1.500 trabajadores, altera por tanto su hoja de trabajo de aquí a final de año. Esos 20 días de menos recortan un 30 por cien el calendario de actividad hasta el próximo 31 de diciembre, y advierte que es una primera medida para limitar el tremendo impacto que los desorbitados y descontrolados costes eléctricos están causando a Sidenor.

La parada no soluciona el problema de fondo y otras medidas serán necesarias de persistir el actual panorama de descontrol en los precios eléctricos, una alusión a los Expedientes de Regulación de Empleo u otras medidas de ajuste.

La empresa está encabezada por José Antonio Jainaga, que también es el presidente de turno de la Asociación de Grandes Consumidores de Energía (Aege), desde la que advierten reiteradamente que la subida de los precios de la luz puede causar cierres en la industria.

Sidenor concentra la mayor parte de sus ventas en el sector de automoción, que vive otro importante problema coyuntural. En su caso, la falta de semiconductores que obliga a parar a las plantas de ensamblaje de vehículos y a sus proveedores.

—https://cincodias.elpais.com/cincodias/2021/10/11/companias/1633947378_745739.html

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