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Día: 20 de abril de 2021 (página 1 de 1)

Los bulos de la CIA se estiran nueve meses

Al comienzo de la Guerra Fría la CIA puso en marcha la Operación Ruiseñor (Mockingbird) para influir en las publicaciones de los medios de comunicación. El plan era secreto porque nadie debía enterarse de que los medios no informaban sino que intoxicaban.

Hoy las cosas han cambiado mucho. Los medios de comunicación no esconden que su fuente de información es la CIA, es decir, que sus reportajes los elaboran en Langley. No es ningún secreto: la CIA y los medios son lo mismo.

Por ejemplo, en junio del año pasado el New York Times publicó que los rusos pagaban dinero a los talibanes por cada soldado estadounidense que mataran en Afganistán.

El periódico ponía como fuente a “funcionarios anónimos de inteligencia”, o sea, a la CIA. El artículo lo había escrito la CIA; el periódico se limitaba a llevarlo a la imprenta, o a la web.

La intoxicación fue reproducida por (casi) todos los medios del comunicación del mundo.

El jueves de la semana pasada el gobierno de Biden reconoció oficialmente lo que cualquier gacetillero mediocre sabía: los servicios de inteligencia de Estados Unidos tenían una confianza “de baja a moderada” en dicha “información”.

Hace unos días el propio periódico reconoció que su fuente era la CIA.

Los mismos “servicios de inteligencia” que difundieron la “noticia” en junio, la desmienten nueve meses después.

Es el momento de saber lo que pretendían lograr las mentiras de la CIA, que no era sólo desacreditar a Rusia por enésima vez, sino impedir que Trump llevara a cabo su proyecto de retirar las tropas de Afganistán.

Lo que la CIA quería transmitir al mundo a través del New York Times era: en Afganistán nuestras tropas no se enfrentan sólo a los talibanes sino también a los rusos. Si nos vamos de Asia central, los rusos llegarán otra vez a Kabul de la mano de los talibanes.

Trump seguía siendo el ‘candidato manchú’: una marioneta de Putin.

Ahora Biden demuestra que no tiene un plan diferentes del de Trump y vuelve sobre la misma promesa: retirará las tropas de Afganistán antes de setiembre de este año.

Lo que debería aclarar son dos cosas: si dentro de esas “tropas” incluye a los comandos de operaciones especiales y si incluye también a la CIA.

A Biden le ha faltado tiempo para desestabilizar a Rusia en sus fronteras occidentales

La afirmación de Biden de que su homólogo ruso Putin es un “asesino” cayó en Moscú como una bomba, aunque las reacciones oficiales no pudieron ser más tibias.

Cuando sólo era un joven parlamentario, en 1979 Biden viajó a Moscú para firmar los acuerdos SALT II de limitación de armas nucleares. En la imagen de portada aparece en compañía del ministro soviético de Asuntos Exteriores, Andrei Gromiko.

Eran otros tiempos. Nada más llegar a la Casa Blanca Biden ha ordenado a dos buques de guerra entrar en el Mar Negro, con el pretexto de respaldar a Ucrania ante Rusia, pero la situación es tan tensa que tuvo rectificar, ordenando dar marcha atrás después de hablar por teléfono con Putin.

Durante la conversación Putin advirtió expresamente a Biden de que ambos buques corrían el riesgo de ser destruidos y que deberían “mantenerse alejados por su propio bien”.

También le amenazó a Biden claramente con que “tuviera cuidado” porque el FSB sabía exactamente lo que la CIA estaba tramando.

Biden no ha debido entener bien el mensaje, porque ahora mismo los buques británicos de la Royal Navy nevegan hacia la zona con la pretensión de entrar en el Mar Negro.

Rusia ha hecho un alarde poniendo 150.000 soldados en la frontera con Ucrania, pero las provocaciones no han remitido.

Además, la República checa ha expulsado a 20 diplomáticos de la embajada rusa y, por su paarte, Moscú ha hecho lo propio, lo que en Europa ha servido de cortina de humo para tapar el Golpe de Estado en Bielorrusia.

El cónsul ucraniano en San Petersburgo, Alexander Sosonyuk, también ha sido expulsado de Rusia después de que el contraespionaje le sorprendiera tratando de sobornar a un funcionario de seguridad del FSB ruso.

Como represalia, el gobierno ucraniano ha expulsado a un diplomático de la embajada rusa en Kiev.

Paralelamente se descubren los planes de Golpe de Estado contra Bielorrusia, en los que los rusos han tenido un papel muy destacado. El FSB está haciendo redadas contra miembros de la CIA en varias ciudades rusas y reconoce que trabaja en colaboración con el KGB bielorruso.

El Golpe de Estado en ciernes presenta todos los rasgos de las “revoluciones de colores” conocidas de los últimos años y entre sus paricipantes están los neonazis ucranianos.

Los golpistas estaban utilizando a Rusia como retaguardia y la actuación del FSB deja muy claro que el Kremlin no va a consentirlo en lo sucesivo.

El embajador de Estados Unidos en Rusia, John Sullivan, regresará a Estados Unidos esta semana para preparar una cumbre entre Biden y Putin.

Turquía controla el estrecho del Bósforo, que es la principal vía de acceso al Mar Negro. Erdogan viaja a Ucrania para entrevistarse con su homólogo Zelensky y mostrar su habilidad para moverse en el alambre. No reconoce la anexión de Crimea por Rusia, no acepta a los “separatistas” del Donbás y se propone reclutar a los yihadistas que tiene en Siria parea llevarlos a Ucrania, aunque sin la intención de “ir en contra de terceros países”.

Al mismo tiempo, Erdogan apoya la incorporación de Ucrania a la OTAN.

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