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Día: 13 de enero de 2021 (página 1 de 1)

Irlanda se disculpa por la muerte de 9.000 niños a manos de religiosos católicos

El Primer Ministro de Irlanda, Micheal Martin, ha pedido disculpas en nombre del Estado por la muerte de 9.000 niños entre 1922 y 1998 en los albergues católicos para madres solteras.

En un informe publicado ayer (*), la Comisión Irlandesa de Investigación sobre Hogares Materno-Infantiles determinó que 9.000 niños murieron desde 1922 en los centros dirigidos por monjas católicas.

La cifra de 9.000 muertes representa el 15 por ciento de los 57.000 niños que pasaron por esos albergues católicos durante el período de 76 años examinado por la comisión de investigación.

Los albergues acogían a adolescentes y jóvenes que habían sido rechazadas por sus familias. Los niños que nacían allí a menudo eran separados de sus madres y dados en adopción rompiendo todos los lazos con sus familias biológicas.

La comisión se creó en 2015 para arrojar luz sobre las miles de muertes infantiles registrados en ellos, desveladas por el trabajo de la historiadora Catherine Corless.

El informe constata que casi 800 niños nacidos en una de estas instituciones, el Hogar St Mary de las Hermanas del Buen Socorro en Tuam, en el oeste del país, fueron enterrados en una fosa común entre 1925 y 1961.

El Primer Ministro irlandés no habla de asesinatos, ni tampoco de muertes, sino de “daños”. “Pido disculpas por el profundo daño causado a las madres irlandesas y a sus hijos” en los establecimientos dirigidos por monjas católicas en colaboración con el Estado, dijo en el Parlamento.

Ya sólo falta que pida disculpas la Iglesía católica.

(*) https://www.nytimes.com/2021/01/12/world/europe/ireland-mother-baby-home-report.html

Más información:
— Los católicos igual que los nazis
— Queman cinco iglesias católicas tras aparecer las fosas de más de mil niños indígenas asesinados por los curas en Canadá

Los farmacéuticos madrileños achacan la caída de los catarros a la mascarilla, pero no saben de donde salen los positivos del coronavirus

El portal Libremercado ha publicado una descacharrante entrevista a quienes, supuestamente, tienen los conocimientos necesarios para hacer un diagnóstico «riguroso» de la pandemia de COVID-19. Es el Colegio de Farmacéuticos de Madrid, cuya portavoz achaca que las gripes y catarros han caído por el uso de mascarilla, pero no saben de dónde salen tantos positivos por COVID. No es broma. Leer más

Qanon es una operación de guerra sicológica del FBI

Si, vamos de payasada en payasada y aún tenemos que explicar que estamos ante un espectáculo circense, orquestado para sostener el espantajo de la ultraderecha, para que el reformismo se mantenga en pie y, en definitiva, para sustituir los problemas reales del mundo por otros virtuales.

El fenómeno Qanon surgió a finales de octubre de 2017 como surgen hoy este tipo de fantasmas: en internet. Fue precedido por otros similares, como FBIanon, CIAanon y Casa Blanca insider anon (1). Se trataba de cuentas en las redes sociales que se abrían y cerraban para crear cortinas de humo. Forman parte de la guerra sicológica.

Como explica la Wikipedia, en Estados Unidos la letra Q denota a una persona con la más alta autorización de seguridad del Departamento de Energía de Estados Unidos, requerida para administrar información de alto secreto sobre armas nucleares (2).

Mientras, “anon” es una abreviatura de “anónimo” o “anonymous”, tan de moda. En consecuencia, Qanon denota a alguien que oculta su identidad detrás de un seudónimo y filtra información confidencial o pretende aparentarlo. Hay que tener en cuenta que en el mundo fantasmagórico del espionaje, se llama “información confidencial” a aquella de la que no se puede decir la fuente. La mayor parte de las veces es información simplemente falsa.

Qanon es, pues, un personaje anónimo que difunde información anónima. En 2018 Wikileaks expuso que era un troll surgido del foro 4chan. Según la cadena NBC, se trata de tres personas, una de las cuales tiene una cuenta de Youtube y los otros dos son moderadores de 4chan (1).

Wikileaks sostuvo que Qanon participa en una versión de Live Action Role Play (LARP), un juego de rol del Delphic Oracle, una página web que recuerda el lugar al que acudían los griegos para que las pitonisas les contaran sus previsiones de futuro. Está inactiva desde 2018.

En cualquier caso, añadía Wikileaks, “está claro que muchos son conscientes de su potencial de manipulación y lo usurparán si no lo han hecho ya” (3).

En noviembre del año pasado, Reuters informó de que las primeras cuentas de las redes sociales que promovieron Qanon estaban dirigidas desde Moscú (4). Aunque aparentaban ser americanas, “mostraban un interés inusual en los asuntos rusos”. He ahí la huella del delito: sólo a los rusos les pueden interesar los asuntos rusos. Qanon es, pues, otro caso de injerencia rusa que aprovecha las redes sociales para sus manejos, con la diferencia de que se disfrazan de “patriotas americanos”, es decir, de la reacción pura y dura de Estados Unidos.

Desde 2018 la portada de Delphic Oracle, con una foto congelada de una banda de música del ejército ruso, no deja lugar a dudas. La ultraderecha la promocionan los rusos y, por lo tanto, los que apoyan a los rusos le hacen el juego a la ultraderecha.

Ya hemos explicado en otras entradas que todas esas operaciones de supuesta “injerencia rusa” tienen su origen muy lejos de Rusia. Son operaciones de bandera falsa dirigidas por el FBI a través empresas contratistas de seguridad informática, como CrowdStrike, de las que también hemos hablado.

Hay numerosos ejemplos. En 2018 a la empresa estadounidense New Knowledge, fundada por funcionarios de la Agencia de Seguridad Nacional NSA y el Pentágono, el Comité de Inteligencia del Senado le encargó investigar la famosa “piratería rusa” para influir en las elecciones presidenciales de 2016 que ganó Trump.

Pues bien, el año anterior dicha empresa había sido sorprendida manipulando una red rusa de bots para influir en las elecciones al Senado de Alabama (5). En Estados Unidos ponen a los zorros al cuidado de las gallinas.

El laberinto de cuentas en las redes sociales, bots, trolls, personajes como Guccifer o Qanon, no son reales. Pueden tener más o menos influencia. Pueden confundir y paralizar, pero desde luego que si tienen alguna repercusión no es porque detrás esté el Kremlin, sino porque quien maneja los hilos es el FBI.

Las cuentas rusas en las redes sociales han sido eliminadas y censuradas, lo mismo que las de sus partidarios. Por el contrario, alguien está promocionando las de Qanon: es el FBI.

(1) https://www.nbcnews.com/tech/tech-news/how-three-conspiracy-theorists-took-q-sparked-qanon-n900531
(2) https://en.wikipedia.org/wiki/Q_clearance
(3) https://twitter.com/wikileaks/status/1001139404805738498
(4) https://www.reuters.com/article/us-usa-election-qanon-cyber-idUSKBN27I18I
(5) https://thegrayzone.com/2018/12/25/senate-report-on-russian-interference-was-written-by-disinformation-warriors-behind-alabama-false-flag-operation/

Más información:
– Las operaciones de bandera falsa contra Rusia involucran ataques informáticos igualmente falsos

En Nueva Zelanda se ha reducido la mortalidad sustancialmente en medio de una ‘pandemia’

En Nueva Zelanda la mortalidad por todas las causas ha caído por debajo de los niveles históricos, según la revista médica The Lancet (1). No es que se haya reducido sólo “un poco” sino que ha sido una caída “sustancial”, dicen los autores del artículo: “A lo largo de las semanas 13-42 (es decir, durante y después del confinamiento), la tasa media de mortalidad semanal fue un 11 por ciento más baja que en 2015-19”, añaden.

La mortalidad semanal por todas las causas en 2020 fue similar a la mortalidad en 2015-19 hasta la semana 17, es decir, hasta la quinta semana de vugencia de las medidas aprobadas, cuando la mortalidad cayó por debajo de las tasas históricas, una tendencia que todavía es evidente en la semana 42. Hubo una total de 25 muertes por coronavirus desde el inicio de la pandemia en Nueva Zelanda hasta la semana 42.

En pocas palabras: en Nueva Zelanda tampoco ha habido pandemia. En consecuencia, las cinco semanas de confinamiento y las drásticas medidas adoptadas por el gobierno, que están entre las más severas del mundo, carecen de fundamento sanitario. Su motivación real habrá que buscarla en otro lugar.

“La reducción de la mortalidad en Nueva Zelanda contrasta con la experiencia internacional de exceso de mortalidad durante la pandemia”, reconoce el periódico The Economist (2). Lo que quieren decir es que Nueva Zelanda es una excepción dentro de una pandemia que, por definición, debe ser internacional. Pero eso es algo que la propia OMS ha reconocido que no es cierto. Sólo ha habido pandemia en un puñado de países o, por decirlo de otra manera, en el mejor de los casos, la pandemia es un fenómeno excepcional.

Sin embargo, lo que los “expertos” presentan como normal en todo el mundo es la pandemia y las excepciones, como Nueva Zelanda hay que explicarlas sacando argumentos de la chistera. El primero es que la gripe desapareció misteriosamente durante el invierno austral, “un período que suele caracterizarse por un aumento de la mortalidad por todas las causas”.

El segundo es que no ha habido exceso de mortalidad gracias precisamente a las medidas aprobadas. Se llama “prevención”. La ágil política sanitaria es lo que ha evitado las muertes, tanto por gripe como por coronavirus. La política del gobierno logró matar dos pájaros de un único disparo. Lo único criticable es que si todos los años años han muerto muchos enfermos por gripe estacional, debieron imponer el confinamiento todos y cada uno de los inviernos australes para que la magia obrara sus milagros. ¿Cómo no se les había ocurrido hasta ahora?

El tercero es que hay factores alternativos, “como el menor número de muertes por accidentes de tráfico, causas laborales, contaminación del aire y complicaciones posquirúrgicas”. En efecto, el confinamiento es mágico: si encerramos a la gente en sus casas, no hay accidentes de circulación ni de trabajo, se reduce la contaminación y no se opera a nadie en los hospitales. La vida resultaría mucho más sencilla para todos y, desde luego, quedaría libre de riesgos.

Eso no es ciencia; son cábalas. En los países en los que hay un exceso de mortalidad, los “expertos” no saben las causas y donde hay un descenso, como en Nueva Zelanda, trampoco. Los autores del artículo que comentamos reconocen que “la interpretación de estas tendencias temporales se ve limitada por la ausencia de datos sobre causas específicas de muerte”.

Por lo tanto, no se trata sólo de que hayan muerto más o menos personas, sino de que no saben la causa de dichas muertes, cualquiera que sea su número.

(1) https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)32647-7/fulltext
(2) https://www.economist.com/graphic-detail/2020/07/15/tracking-covid-19-excess-deaths-across-countries

Más información:
– Nueva Zelanda internará a la fuerza en ‘albergues de cuarentena’ a los apestados y a sus familiares

Una manta para soportar el frío en las aulas

La imagen de portada muestra una de las numerosas taras de esta pandemia: en plena ola de frío polar, las ventanas del aula permanecen abiertas por miedo al coronavirus y la alumna acude provista de una manta, preparada para combatir el frío durante horas.

Es evidente que el miedo al virus lo supera todo, incluido el miedo a lo que en la posguerra los médicos llamaban “pulmonía”, luego “neumonía” y, finalmente, con la pandemia, han rebautizado como “covid”, porque lo pretenden atribuir al “nuevo virus”. Un virus nuevo tiene que causar enfermedades igualmente “nuevas” para dar la impresión de algo distinto que emerge ahora por vez primera.

Si los jóvenes estudiantes comienzan a llenar las UCI con pulmonías, los médicos lo diagnosticarán como covid, lo cual ayudará a demostrar que ya estamos en la tercera ola de la pandemia, por culpa de las celebraciones colectivas de Fin de Año.

Por fin tendrán la demostración que necesitan de que el coronavirus no sólo afecta a los ancianos y que la edad de los “afectados” por la pandemia se sigue reduciendo. De esa manera se resuelve una de las incógnitas: ¿cómo es posible que el virus sólo “ataque” a unos pero no a otros?, ¿se fija en los certificados de nacimiento?

En la posguerra la pulmonía fue una de las causas más frecuentes de muerte, aunque en aquella época los franquistas no se preocupaban por disimular las condiciones de vida recurriendo a los virus.

La población pasó unas hambrunas cuya memoria se ha transmitido a lo largo de generaciones, mientras los franquistas acaparaban los alimentos de primera necesidad.

Los trabajadores y campesinos carecían de ropa y calzado para soportar las heladas o los temporales de lluvia. Las gabardinas eran un artículo de lujo que debían conservarse toda la vida y las botas también. Era más barato comprar un paraguas, que permitía mantener seca la parte superior del tronco, mientras la otra quedaba empapada de agua.

Antes de enviar a sus hijos a la escuela, los padres les anudaban una bufanda de lana al cuello. Querían llevarles a la escuela no sólo para que aprendieran, sino porque en la escuela había un brasero que mantenía caliente el aula.

En las escuelas rurales, los vecinos se encargaban de llevar leña para mantener el calor; en las urbanas, los colegios incluían los gastos de calefacción en la factura que enviaban a los padres todos los meses, algo que fue característico de los colegios religiosos.

A lo largo de la historia, muchas enfermedades y, desde luego, las epidemias, han sido consecuencia de las condiciones de vida y trabajo de la población, del hambre, la miseria y las penurias de millones de personas pobres. Lo que ha cambiado, lo moderno, es el intento de ocultarlo culpabilizando a los virus.

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