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Día: 5 de enero de 2021 (página 1 de 1)

¿Quién vigila a los médicos?

Médicos y científicos piden responsabilidad a la población. La sociedad asume acrítica todo el mensaje. Pero, ¿quién pide responsabilidad a los médicos? ¿quién vigila a los médicos?

Hace un par de milenios, el poeta romano Juvenal lanzaba la pregunta: «¿Quién vigila a los vigilantes?». Su pregunta ya se la había hecho Platón (427- 347) casi 600 años antes. Esta pregunta ha venido repitiéndose a lo largo de la Historia en los peores sistemas: desde Torquemada a la Gestapo.

La sociedad se encuentra en un punto en que asume acríticamente toda información que recibe. Sin contraste, sin generarse ninguna duda. Ni siquiera se hace la pregunta: ¿Y si….? Una sociedad con miedo es mucho más fácil de manejar.

Bajo un criterio médico se está llevando a cabo un proceso de deshumanización de la sociedad. Se rompen los esquemas sociales tal y como los conocíamos. Se rompe la cercanía y el contacto social. Las relaciones sociales pasan a hacerse a través de una pantalla. Hablas con tus amigos por una webcam. Cuando les ves, les saludas con el codo. Compras en Amazon a través de un móvil.

Eso sí, trabajar lo haces pegadito a tu compañero en el trabajo, vas en el metro a las 7 de la mañana por Avenida de América bien apretadito con otros miles como tú. Pero, ¿las distancias hay que mantenerlas? Sólo en tu vida social. Todos los médicos saben que en los puestos de trabajo y medios de transporte no se producen contagios: sólo ocurre en fiestas y actos de ocio.

Los espacios cerrados son más propensos para la expansión del virus y por éso mismo, los Mercadonas son espacios seguros para comprar pero los mercados al aire libre de horticultores y campesinos han estado y siguen cerrados.

Bajo un criterio médico se lanzan advertencias todos los días en TV, prensa, radio y todo tipo de canales. Se siembra el miedo y el terror a cualquier contacto social. Paga con el ContactLess de la tarjeta que el virus puede estar en el billete. ¡Hazlo! Elimina el metálico de tu cartera. Cumple la panacea de los bancos: que no haya dinero físico, que sea todo fiduciario, ficticio.

Bajo un criterio médico se desarrolla la vacuna por empresas privadas. Empresas que todos saben cuáles son sus experimentos y resultados en África con poblaciones a las que nadie escucha y a las que nadie importa.

Bajo el mismo criterio se eliminan los derechos de reunión, asociación, manifestación. Hacer cola con miles de personas más para ver los espectáculos de luces de Navidad es Free Covid 1. Pero manifestarte con 1000 personas puede ser un posible brote.  Y lo de divertirte con amigos, hazlo con sigilo y en tu casa.

En una carta que envia la presa política Victoria Gómez desde la cárcel de Topas 2 lo indica perfectamente: es el criterio represivo, que no médico. Los virus se paran con medicina. Hasta el día de hoy, no se ha visto un virus combatido con toques de queda, policias dando palizas impunes y el Ejército desfilando por las calles rememorando los peores episodios de este país.

¿Por qué el criterio es represivo y no médico? ¿Ha escuchado algún médico pronunciarse contra los despidos en fabricas, ERTEs y EREs? ¿Ha escuchado a los médicos pedir un decreto anti-desahucios? Hasta el día de hoy no ha ocurrido.

Los hemos visto pidiendo más medios para combatir al virus y más restricciones. Ningún médico se pronuncia por los más de 700.000 parados 3. Parece de cajón que una persona con un salario digno, que se alimente en condiciones y que no tenga preocupaciones sobre si mañana dormirá en su casa o en un cajero: será menos propensa a estar enferma. Hay médicos y médicos.

¿Quién vigila a los médicos?

De momento, sólo vemos médicos  y científicos lanzando mensajes de miedo y terror que, directa e indirectamente, benefician al capital. Sea como fuere, el capital está ganando a manos llenas y las diferencias entre ricos y pobres no paran de crecer. Y contra la pobreza, no vemos médicos lanzándose a la calle ni les veremos en platós de televisión pedir que cierren los Mercadonas y que abran los mercados de horticultores.

No les veremos defender a los pobres. Aún estando el «gobierno más progresista de la Historia». Es más, hemos visto a esos médicos pedir más mano dura (más policías pegando palizas impunes, más antidisturbios hasta las trancas de adrenalina y lo que todos sabemos) para reprimir las protestas de jóvenes en paro, autónomos que no sabrán que será de ellos, inmigrantes, etc.

El hecho de ser un «criterio médico» o «científico» puede justificar las peores barbaridades. No olvidar que Josef Mengele se basaba en criterios médicos y los que desarrollaron el Zyclon B en las cámaras de gas se basaban en un criterio científico.

Justificarán lo injustificable.

1 https://www.abc.es/sociedad/abci-aglomeraciones-para-luces-navidad-persisten-pese-recomendaciones-sanitarias-202011291152_noticia.html

2 http://www.presos.org.es/index.php/2021/01/02/la-presa-politica-victoria-gomez-mendez-desde-la-prision-de-topas-sobre-la-gestion-de-la-pandemia-y-la-nueva-normalidad-carcelaria/

3 https://www.lne.es/economia/2021/01/05/paro-subio-724-532-personas-27054302.html

Singapur permite que la policía acceda al rastreo de contactos iniciado con el pretexto de la pandemia

En marzo del año pasado el gobierno de Singapur introdujo una aplicación de rastreo de contactos, llamada TraceTogether, con el pretexto de la pandemia, para controlar a quienes pudieran haber estado en contacto con un apestado.

En la misma línea, inventaron un brazalete, al estilo del que llevan los presos en libertad vigilada.

Era sólo el principio. Unos meses más tarde, el gobierno amplía las posibilidades de acceso a los datos obtenidos con el pretexto del “contagio”: la policía podrá acceder a ellos dentro de una investigación criminal.

Lo mismo que otras, la aplicación de rastreo de contactos de Singapur utiliza el “bluetooth” del teléfono para identificar a los usuarios que han estado a menos de dos metros durante más de 30 minutos.

Si un apestado ha estado cerca, envía una notificación. Por lo tanto, no registra la ubicación del GPS necesariamente. Los datos se almacenan de forma descentralizada (compartidos en los diferentes teléfonos), y se transmiten a las autoridades sólo cuando un usuario está cerca de un apestado.

A partir de ahora, pueden ser transmitidos a la policía, si ésta lo solicita.

El sistema de rastreo de contactos introducido con el pretexto de la pandemia es otro de los grandes chollos aparecidos el año pasado. Es tan funcional que pronto será obligatorio en Singapur para acceder a los lugares públicos. La policía tendrá otra importante fuente de información… pasando por encima de los derechos fundamentales de los usuarios.

Como cabía sospechar, los pretextos sanitarios del gobierno de Singapur eran mentira. Al principio subrayó repetidamente que nunca se accedería a los datos “a menos que el usuario diera un resultado positivo” en un test y que el equipo de rastreo de contactos se pusiera en contacto con él. Los datos personales, como el número de identificación único y el número de móvil, también serían sustituidos por una identificación permanente aleatoria y se almacenarían en un servidor seguro.

La ministra encargada de la Iniciativa “Smart Nation” y la Ministra de Relaciones Exteriores, Vivian Balakrishnan, insistió en que TraceTogether no era un dispositivo de rastreo, ya que no contenía un geolocalizador y no podía conectarse a internet.

Señaló además que todos los datos de TraceTogether se cifrarían y almacenarían durante un máximo de 25 días, tras los cuales se eliminarían automáticamente. Se llenó la boca de promesas. La información la guardaría el Ministerio de Salud sólo cuando un individuo diera positivo en un test y que esto sólo se podría llevar a cabo entregando físicamente el dispositivo portátil al Ministerio.

Por lo demás, “sólo un equipo muy limitado y restringido de rastreadores de contacto” tendría acceso a los datos, dijo la ministra, señalando que eso era necesario para reconstruir el mapa de actividad del apestado. Todas las normas de protección de datos del sector público se aplicarían a los datos en poder del Ministerio de Salud…

Ahora dicen todo lo contrario. La policía toma el relevo de los sanitarios y podrá acceder a los datos para las investigaciones penales. No hablamos de un dato u otro, sino de todos los datos, que no los custodia el Ministerio de Sanidad sino el gobierno… Todo era un camelo.

El ministro de Asuntos Internos, Desmond Tan, dijo que el custodio de los datos de rastreo de contactos es el gobierno de Singapur y que se habían establecido medidas “estrictas” para salvaguardar los datos personales… Pero no hay nada que salvaguardar; la vida privada está a disposición de cualquiera.

Sólo los hipócritas se pueden sentir engañados. Desde febrero es la policía y no los sanitarios la que desempeña el papel fundamental en el rastreo de contactos. Es la policía la que identifica y localiza a las personas que han estado en contacto con los apestados. La policía realiza investigaciones sobre el terreno y examina las grabaciones de las cámaras de vigilancia para establecer la ubicación y el movimiento de las personas y sus contactos.

Ayer se actualizó la declaración de privacidad de TraceTogether para que a nadie le quepan dudas: “Los datos de TraceTogether pueden ser utilizados en circunstancias en las que la seguridad de los ciudadanos se vea o haya sido afectada. Los oficiales de policía autorizados pueden invocar los poderes del Código de Procedimiento Criminal (CPC) para pedir a los usuarios que suban sus datos de TraceTogether para investigaciones criminales. La Fuerza de Policía de Singapur está facultada, en virtud del CPC, para obtener cualquier dato, incluidos los datos de TraceTogether, para las investigaciones penales”.

Tampoco debe extrañar que el gobierno esté planeando hacer obligatorio el uso de la aplicación a todos los ciudadanos. En el Parlamento, el ministro de Educación, Lawrence Wong, animó a los residentes a descargar la aplicación, que se actualizó en junio pasado para incluir el registro de los números de pasaporte de los extranjeros…

https://www.zdnet.com/article/singapore-police-can-access-covid-19-contact-tracing-data-for-criminal-investigations/

La mitad de los trabajadores de la sanidad de Estados Unidos no quiere vacunarse

Miles de trabajadores de la sanidad de Estados Unidos se niegan a vacunarse contra el coronavirus. Casi la mitad de los sanitarios del condado de California y un hospital en Texas dicen que no se vacunarán, según los sondeos.

El jueves el gobernador de Ohio, Mike DeWine, informó de que el 60 por ciento de los trabajadores de los asilos se niegan a vacunarse. Hasta el 40 por ciento de los trabajadores de la salud en Los Ángeles y el 50 por ciento en el condado de Riverside se niegan a recibir la vacuna, según Los Angeles Times.

En los mensajes en las redes sociales los trabajadores dicen que se les está utilizando como conejillos de indias y expresan su temor a los efectos secundarios.

En gran parte de Estados Unidos se dispone de millones de dosis de vacunas contra el coronavirus, pero no se utilizan.

A los trabajadores de la salud les han ofrecido la primera oportunidad de vacunarse contra el coronavirus en todos los estados, siguiendo las recomendaciones de los CDC de darles prioridad, al estar más expuestos.

Los “expertos” esperaban que la vacunación de los trabajadores de la salud en primer lugar no sólo los protegiera contra la infección, sino que también evitara que los hospitales se quedaran sin personal.

Pero la suposición de que los trabajadores de la salud querrían las vacunas no se materializó y han recurrido a Twitter para expresar su preocupación por la falta de datos sobre la seguridad de las vacunas.

Una trabajadora de la salud en Nueva Jersey asegura que ella y sus colegas se vacunaron primero para servir como conejillos de indias para las vacunas antes de que fueran administradas al público en general.

“Tengo que eligir entre el riesgo de contraer covid o el riesgo de una vacuna desconocida”, dijo April Lu, una enfermera de 31 años en Los Ángeles, California. “Creo que elijo el riesgo del covid. Puedo controlarlo y prevenirlo un poco usando máscarillas, pero no estoy segura al 100 por cien”.

Una encuesta de la Fundación de Salud de la Familia Kaiser publicada el 15 de diciembre, justo cuando Estados Unidos empezaba a distribuir las primeras vacunas, reveló que el 29 por ciento de las personas que trabajaban en instituciones de atención de la salud no querían ser vacunadas.

El problema no es exclusivo de Estados Unidos. Los trabajadores sanitarios holandeses también se han quejado por haberles utilizado como conejillos de indias.

https://www.dailymail.co.uk/health/article-9104845/Up-60-health-workers-refusing-COVID-19-vaccines.html

Tras los virus orgánicos llegan los virus informáticos, donde las mascarillas no sirven de nada

Hasta ahora el mundo sabía muy poco de los virus, e incluso tampoco quería saber más. Pero a la fuerza ahorcan…

Tampoco sabía mucho de informática; lo justo para teclear en el móvil. Pero con el tiempo no le quedará más remedio que aprender algo.

El año pasado conocimos la mayor pandemia desde hace un siglo por culpa de un virus y hace un mes hemos conocido el mayor ataque informático de la historia por culpa de otro virus, esta vez algorítmico.

Los que esperan una guerra mundial diferente de la que tienen delante de sus narices, se equivocan.

Los que creen que los ataques de unos virus (informáticos) u otros (orgánicos) no tienen ninguna relación, también se equivocan.

La distancia social, que ha llegado para quedarse, conduce a la dependencia de las personas respecto a sus terminales informáticas y, por lo tanto, les deja a expensas de intrusiones de todo tipo, y las mascarillas no les van a librar de ellas.

Lo mismo le ocurre a las instituciones y organismos políticos y sociales, que van a quedar convertidos en terminales automáticas y, por consiguiente, expuestos a todo tipo de ataques.

La nueva normalidad es la guerra y el estado de guerra. Se trata de una guerra económica y tecnológica, dirigida contra terceros países y contra la propia población.

Si hacemos caso de los “expertos informáticos”, que son iguales que los otros, el ataque informático del 13 de diciembre, el mayor de la historia, sería obra del gobierno chino, como dijo Trump. Según otros “expertos”, los responsables serían los rusos, como dijo Pompeo (1).

La empresa de seguridad informática FireEye le ha puesto el nombre de “Sunburst” al ataque, del que ella misma fue víctima, mientras que Microsoft lo llama “Solarigate”.

El ataque permitió a los piratas penetrar en muchas instituciones del gobierno de Estados Unidos y va a sacudir las relaciones diplomáticas entre las grandes potencias, sin ningún género de dudas. Según Microsoft, además de Estados Unidos, los piratas han atacado a Bélgica, España y Gran Bretaña.

Sunburst se infiltró en la red Orion, de la empresa estadounidense SolarWinds, utilizada por más de 33.000 organizaciones, incluyendo muchas instituciones públicas y los más grandes monopolios estadounidenses. Más de la mitad de dichas organizaciones han sido afectadas por el virus, aunque todos los días se van conociendo nuevas víctimas.

Entre ellas sólo hay dos empresas privadas, FireEye y Microsoft (2). El resto son organismos del gobierno estadounidense: el Tesoro, el Departamento de Comercio, el Departamento de Seguridad Nacional, el Departamento de Energía, el Departamento de Asuntos Exteriores… Biden ya ha anunciado que hará de la seguridad informática una prioridad de su mandato.

Estos métodos de ataque que no persiguen fines lucrativos, ya tienen un nombre: APT (“amenaza persistente avanzada”). Por ejemplo, el Washington Post califica a Sunburst como APT29. Son típicos del espionaje y, normalmente, los “expertos” se los adjudican al Eje del Mal, Rusia, China, Corea del Norte o Irán, aunque la mayor parte de las veces no saben si son unos u otros. Otras veces lo saben, pero no lo dicen.

Es lo que ocurre con Sunburst, que es como “el virus de Wuhan”. El Washington Post se lo adjudica a Cozy Bear, que en tiempos de Obama ya atacó a las instituciones públicas estadounidenses. Atribuírselo a Cozy Bear es tanto como poner a Rusia en el punto de mira, que es lo que hace también Microsoft.

En estos casos, da lo mismo apuntárselo a uno u otro porque nos comeremos lo que nos den. Nadie sabe de informática y nadie sabe de pandemias. Si interesa apretar las clavijas a Rusia, se lo atribuirán a Rusia y si interesa hacerlo con Irán, dirán que fue la Guardia Revolucionaria de la República Islámica. Nadie va a decir lo contrario. Si todos están callados con una pandemia, no tienen motivos para protestar por un ataque informático (salvo que les saquen el dinero de la cuenta corriente).

(1) https://www.nbcnews.com/news/us-news/secretary-state-pompeo-says-hack-was-pretty-clearly-russian-n1251798
(2) https://www.reuters.com/article/us-global-cyber-microsoft/exclusive-microsoft-breached-in-suspected-russian-hack-using-solarwinds-sources-idUSKBN28R3BY

Más información:
– Las operaciones de bandera falsa contra Rusia involucran ataques informáticos igualmente falsos

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