La web más censurada en internet

Día: 11 de diciembre de 2020 (página 1 de 1)

Cuanto más internet, más control social

En los viejos tiempos, cuando escribías una carta, Correos no inspeccionaba el contenido. Era un mecanismo neutral de comunicación.

Lo mismo ocurría cuando llamabas por teléfono: el operador no se ponía a escuchar la conversación para valorar lo que decía alguno de los interlocutores.

Al llegar internet, los usuarios pensaron que todo seguiría igual y las plataformas digitales fomentaron esa ilusión. Twitter se declaró como el ala más radical del partido de la libertad de expresión (“the free speech wing of the free speech party”), según las palabras de su responsable en Gran Bretaña.

En un foro o una red social cabían todo tipo de contenidos. En 1996 Estados Unidos aprobó una ley curiosa, llamada “de Decencia de las Comunicaciones”, cuyo artículo 230 exoneraba de responsabilidad a las empresas digitales. Los responsables de los contenidos eran quienes los introducían. Las plataformas son neutrales. No crean contenidos, ni los editan, ni los censuran, ni los comentan.

La llamaron “sociedad de la información”. El universo virtual creció gracias a esa ficción de neutralidad, lo que favoreció la creación de grandes empresas monopolistas y buscadores, que hoy son una de las fuerzas más influyentes en el mundo, hasta el punto de que encumbran tantos gobiernos como derriban.

Su poder es tanto que se ha convertido en su punto más débil: los gobiernos necesitan controlar internet. La pandemia ha vuelto a demostrar que quien vigila internet, vigila la sociedad. Cuanto más internet, más control social. De ahí que la pandemia quiera transformar en virtual la vida social.

El fenómeno se ha convertido en su contrario: hay que controlar internet y para ello hay que controlar a las empresas que dirigen el tráfico de contenidos. En una red social la información ha pasado a ser tan selectiva casi como en cualquier otra cadena de comunicación.

En casos así hay que ponerse a analizar los tabués, ese tipo de contenidos que jamás prospera en un buscador o en una red social. No son diferentes que los de cualquier otro medio de comunicación convencional.

La pandemia actual, por ejemplo, está siendo uno de los mejores laboratorios de censura y lo mismo ocurre con las presiones sobre las cadenas rusas y con quienes difunden contenidos alternativos en esa misma línea, lo cual ha conducido a encargar a las centrales de espionaje el control de internet.

Pero hay también casos menos conocidos en los que la propia censura hace las delicias de los conspiranoicos, como es el caso de los fraudes cometidos por Biden, el nuevo Presidente de Estados Unidos, en Ucrania, algo que ya contamos aquí el año pasado. En una campaña electoral lo normal es que el fraude hubiera sido aireado a los cuatro vientos. No ha sido así.

No obstante, hasta la Wikipedia tiene una entrada sobre el chanchullo, donde se puede leer que, siendo vicepresidente con Obama, Biden “desempeñó un papel importante en la política de Estados Unidos hacia Ucrania” (1). El caso no puede ser más goloso: al mismo tiempo que en 2014 los fascistas daban un Golpe de Estado en Kiev, al hijo de Biden le nombraban miembro de la dirección de Burisma, el mayor productor de gas natural de Ucrania.

Mientras los neonazis del Batallón Azov masacraban a 46 manifestantes en Odesa, sus amigos “progres” del partido demócrata se llenaban los bolsillos. El hijo de Biden salió exculpado de cualquier acusación de fraude y los neonazis igual. Los fascistas y los socialfascistas siempre han ido de la mano.

Son los medios de comunicación ecuánimes, objetivos e imparciales los que tienen que lavar la cara a personajes como Biden y su hijo. “Durante semanas, Hunter Biden fue acusado por la candidatura de Trump de haber realizado negocios oscuros tanto en Ucrania como en China”, dice El Confidencial (2).

Quienes denuncian las corrupción de los Biden son, pues, sospechosos de apoyar a Trump y, por lo tanto, a las corrientes más reaccionarias del imperialismo estadounidese, o quizá se trata de mantener la equidistancia entre unos (republicanos) y otros (demócratas) que, una vez más, son esencialmente iguales.

De esa manera se genera el silencio, que es la peor forma de censura y que no es característica sólo de las grandes cadenas de comunicación. Quienes no siguen la corriente dominante aparecen como marginales que, además de conspiranoicos, le hacen el juego a lo peor de la reacción imperialista.

Pero la historia sigue su curso y, lamentablemente, cuando las elecciones han pasado y ya nadie se acuerda, siguen saliendo trapos sucios: la fiscalía de Delaware abre una causa contra el hijo de Biden por fraude fiscal, es decir, un paraíso fiscal persigue al hijo del Presidente de Estados Unidos por delito fiscal (3).

Así funciona Estados Unidos, tanto en el caso de los Biden como en el de Al Capone. No importa que los peores crímenes queden impunes, pero es intolerable dejar de pagar impuestos. “La fiscalía federal estudia si Hunter y sus socios violaron leyes sobre impuestos y lavado de dinero durante sus negocios en el extranjero”, dice Antena3.

La investigación fiscal contra el hijo de Biden empezó en 2018, pero nos acabamos de enterar ahora, cuando la campaña electoral ya ha pasado. La fuente es el propio Hunter Biden, que ha publicado un comunicado a través del equipo de transición de su padre.

Dentro de poco vamos a ver si las grandes cadenas dispensan a Baiden el mismo tratamiento informativo que han estado dispensando a Trump durante cuatro años o dejarán las noticias en manos de los conspiranoicos, de la censura y de los cazadores de bulos.

(1) https://es.wikipedia.org/wiki/Hunter_Biden
(2) https://www.elconfidencial.com/mundo/2020-12-10/hunter-biden-hijo-joe-biden-investigacion-fiscal_2866152/
(3) https://www.antena3.com/noticias/mundo/el-hijo-de-biden-investigado-por-temas-fiscales-en-delaware-eeuu_202012105fd1e1c4d4aa1e0001262f90.html

En Alemania siguen sin aparecer las cifras propias de una pandemia que dura ya nueve meses

Datos oficiales del Instituto Robert Koch a fecha 9 de diciembre sobre la pandemia en Alemania:

De los 83 millones de ciudadanos alemanes, 1.218.524 resultaron positivos en las pruebas de coronavirus realizadas: el 1,4 por ciento de la población

Han llevado a cabo 30 millones de pruebas: el 4 por ciento de las pruebas realizadas han dado positivo

Del total de resultados positivos, 902.100 son asintomáticos, es decir, están sanos: suponen el 74 por ciento de los positivos

Del resto (296.500 enfermos) sólo 40.634 han tenido que ser hospitalizados: el 0,05 por ciento de la población

De ellos han muerto 8.705 por causas imputadas al coronavirus: el 0,01 por ciento de la población total

De los hospitalizados, sólo siguen en tratramiento 4.278 pacientes: el 0,005 por ciento de la población. El resto los tienen por curados o han recibido el alta.

Resumen: la pandemia en Alemania ha matado a 8.705 y hay otras 4.278 en tratamiento, lo que supone el 0,0105 por ciento de la población (uno de cada 10.000 habitantes).

En Alemania las cifras indican que no ha habido ninguna pandemia, como ya expusimos en otra entrada publicada en el mes de mayo.

El estado de guerra impuesto a la población no se justifica -de ninguna manera- por motivos científicos, sino por los titulares de los medios de intoxicación.

Las informaciones de los medios contradicen las estadísticas oficiales, pero el gobierno de Berlín (y los demás gobierno del mundo) deberían aprobar sus draconianas medidas en función de los datos oficiales que ellos mismos difunden, no de los titulares alarmistas de los medios.

El gobierno alemán (y los demás gobierno del mundo) se aprovechan de que las personas leen las noticias periodísticas, pero no las estadísticas oficiales. Lo que genera el amplio consenso social en torno a la pandemia no es la ciencia sino la intoxicación mediática.

https://www.rki.de/DE/Content/InfAZ/N/Neuartiges_Coronavirus/Testzahl.html

Más información:
– Tampoco en Alemania aparecen las cifras de ninguna pandemia (hasta ahora hay menos muertes este año que los anteriores)
– Las tasas de mortalidad imputables al coronavirus también se han inflado en Alemania
– Las autopsias sobre 140 muertes atribuidas al coronavirus en Alemania confirman que los pacientes murieron por otras causas
– Alemania quiere imponer la censura con el pretexto del coronavirus
– Alemania es ‘un estado de higiene histérico y fascista’
– Alemania prohibe las manifestaciones hasta el año que viene (el coronavirus es el pretexto perfecto para la represión política)

El Partido Comunista de Rusia se pronuncia contra la pandemia y las vacunas

En Rusia, como en otros países, también existe un movimiento de resistencia que se opone a la vacuna contra el coronavirus. Procede de las filas del Partido Comunista ruso, cuyos miembros han distribuido folletos en Moscú que alertan contra la vacunación. Su tesis es que la pandemia de coronavirus no existe.

Actualizado 11/1/2021: Si bien la fuente original es un diario conservador ruso, hemos encontrado pronunciamientos contradictorios por parte del PCFR en relación a la pandemia, la vacunación masiva y el confinamiento. Los panfletos difundidos en Moscú, si bien pueden tener su origen en las bases del Partido ruso, no son un pronunciamiento oficial.

Los comunistas rusos critican la campaña mundial de vacunación como un “renacimiento del fascismo” y se equipara la inyección con las “armas de destrucción masiva”. Las vacunas que se están comenzando a distribuir por todo el mundo serían “productos nanotecnológicos que emiten campos electromagnéticos”, que se inoculan e ingresan en el interior del cuerpo.

En abril, durante la etapa más dura de las restricciones, el Partido Comunista desafió el confinamiento y salió a la calle para celebrar el 150 aniversario del nacimiento de Lenin en plena Plaza Roja de Moscú y luego depositaron claveles rojos ante la tumba de Stalin.

Con la pandemia la aceptación del Presidente Putin ha caído en los sondeos al 59 por ciento, su nivel más bajo desde que llegó al poder hace veinte años. Según la última encuesta del Centro Levada, el político más valorado en Rusia es el dirigente del Partido Comunista, Guenadi Ziuganov, que lleva en activo desde 1993.

Los comunistas rusos siempre han defendido que la vacuna forma parte de un complot “mundialista” del multimillonario estadounidense Bill Gates para implantar microchips entre la gente. “Los mundialistas están listos para usar las tecnologías más sofisticadas de esclavitud digital: entre ellas, una implantación masiva encubierta de chips con el pretexto de una vacunación obligatoria contra el coronavirus”, escribió Ziuganov el pasado mes de mayo.

El Partido Comunista de Rusia es la segunda fuerza parlamentaria del país y la principal formación política que se opone a Putin.

Ziuganov se hacía eco de una teoría difundida previamente por un director de cine ruso, en la que apuntaba a Gates como el instigador de este supuesto complot para controlar a la población mundial en el contexto de la pandemia. Ante la ola de desconfianza que surgió en los primeros meses de la pandemia, las autoridades rusas aprobaron una ley que castiga a quienes difunden información “intencionadamente falsa” sobre el coronavirus con hasta cinco años de prisión. Varios usuarios de las redes sociales rusas han sido multados y varios manifestantes han sido acusados conforme a la ley.

Rusia ha comenzado la campaña para de inmunización gratuita y voluntaria contra la coronavirus con la distribución de la vacuna local Sputnik V, que ofrece una eficacia superior al 90 por ciento según el Gobierno ruso pero que no se ha ganado la confianza de la población rusa, que se opone mayoritariamente a ponerse la vacuna.

El mes pasado el Washington Post calificó como “conejillos de Indias” a los 1.500 rusos que participaron voluntariamente en los ensayos clínicos de la vacuna. El reportaje expresaba el amplio rechazo popular en Rusia contra la vacuna, especialmente contra la suya, a pesar de que no ha sido fabricada por una empresa comercial con ánimo de lucro.

 

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