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Día: 25 de noviembre de 2020 (página 1 de 1)

Suecia: del dinero fiduciario a la moneda digital y regreso al punto de partida

A comienzos de este año Suecia, pionera en la erradicación del dinero fiduciario, dio marcha atrás. El gobierno promulgó una nueva norma que entró en vigor el 1 de enero para obligar a los bancos a entregar billetes y monedas.

Los suecos pueden volver a retirar dinero en efectivo en un radio de 25 kilómetros de su casa. La ley se aplica al 99,7 por ciento de la población y el banco central vigila para que los bancos recalcitrantes cumplan con la norma.

En un país en el que todo se puede pagar con tarjeta, sin compra mínima, desde la más pequeña hasta la más grande, cada vez más suecos no llevan monedas o billetes. El sistema de pago digital “swish” es instantáneo por teléfono y vincula cada número a una cuenta bancaria. Suecia fue uno de los primeros en adoptar la nueva tecnología, que muchos celebraron como la divisa de una sociedad modélica… en todo menos en la pandemia.

En Suecia sólo circulan 56.000 millones de coronas, lo que representa sólo el 1,2 por ciento del PIB, y el dinero en efectivo se utiliza ahora en sólo en el 6 por ciento de las transacciones. Es el nivel más bajo del mundo, dado que el promedio de la zona euro es de más del 10 por ciento. Hasta este año las tiendas rechazaban el dinero en efectivo.

La motivación principal del cambio es social. El dinero digital tiene un coste que muchos no pueden pagar. Exige tener un móvil, número de registro universal, una cuenta bancaria y una dirección fija que no tienen los inmigrantes, los turistas o las personas en situación precaria.

Requiere el dominio de las aplicaciones digitales y la capacidad de consultar la cuenta bancaria en una terminal: un móvil, un ordenador o una tableta, que no todos tienen y no todos pueden comprar.

También requiere una conexión permanente a la red telefónica y a internet, lo que no siempre es posible en las zonas rurales. Por lo tanto, impide a todos aquellos que no cumplen estas condiciones comprar bienes y servicios.

A los ciudadanos también les preocupa el riesgo de ataques informáticos o la caída de la conexión a internet. Se quedarían sin medios de pago.

Ucrania recorta las pensiones y envía a los ancianos a mendigar por las calles

Hace seis años, para dar el Golpe de Estado fascista, el imperialismo y sus sicarios distribuyeron en Kiev fotos de jubilados alemanes felices. Desde entonces tres devaluaciones de la moneda han reducido las pensiones a una tercera parte.

Además, en Ucrania las pensiones tienen los mismos problemas que otros países capitalistas, pero multiplicados. A partir del próximo año, decenas de miles de ancianos se quedarán sin medios de subsistencia. Como resultado, muchos abuelos mendigos aparecerán en las calles y otros simplemente tendrán que morirán en sus casas, si es que las tienen.

Este sombrío escenario se estableció en Ucrania ya en 2017 como parte de la reforma de las pensiones, que preveía el aumento de la edad de jubilación y la duración de la vida laboral necesaria para un merecido descanso.

Hasta hace poco los ancianos cobraban una pensión social cuando no habían cotizado un número suficiente de años. La pensión era irrisoria en comparación con los precios de los alimentos, las medicinas y los servicios públicos. Actualmente son 1.720 jrivnias (unos 51 euros), pero incluso para obtener esas migajas deben cumplir ciertas condiciones, como habitar en una casa de menos de 21 metros cuadrados por persona.

El gobierno estableció que esa regla era una medida temporal, válida hasta el 1 de enero de 2021. Como consecuencia, más de 75.000 ucranianos que reciben la pensión social, la perderán, a pesar de que muchos de ellos han trabajado en el pasado, pero sin estar de alta a causa del desplome de la URSS, la desindustrialización y el cierre de empresas.

El número de jubilados en esa situación aumentará cada año. Hoy en día hay jubilados porque la generación soviética tenía cotizaciones anteriores a 1990. La siguiente generación no tendrá ningún ingreso.

Hoy sólo cotizan 11 de los 22 millones de trabajadores. El resto carecen de alta o son emigrantes. Tendrán que vivir bajo los puentes y mendigar en los vertederos de basura, si no hay parientes que se hagan cargo de ellos.

Quiebra del fondo público de pensiones

En la actualidad, el déficit del fondo público de pensiones asciende a más de 200.000 millones de jrivnias, un agujero que se rellena con el presupuesto del Estado.

El Primer Ministro Denis Chmygal ya ha confesado que en un futuro próximo dejarán de pagar las pensiones pero, como en otros países, echan la culpa a la demografía.

El Vicepresidente de la Federación de Sindicatos, Aleksandr Shubin, considera que dentro de cinco años Ucrania ya no podrá pagar las pensiones.

La exención de visado y el cierre masivo de empresas ha convertido a millones de ucranianos en emigrantes. Alrededor de 8 millones de trabajadores ucranianos trabajan fuera de su país y sus empresarios no cotizan al fondo de pensiones ucraniano, sino al polaco o al italiano.

Los fondos privados de pensiones son víctimas del saqueo

Como alternativa está la privatización de los fondos de pensiones. Si quieres una pensión, la contratas por tu cuenta. En Ucrania funcionan 64 fondos privados de pensiones que, además de fracasar, se han ganado la desconfianza de los trabajadores.

En realidad, los fondos privados de pensiones son bancos que ofrecen depósitos a largo plazo con pago en 20-30 años, pero nadie se fía de ellos. En Ucrania un banquero puede vaciar todos los depósitos de sus clientes en uno o dos años. Periódicamente en las calles de Kiev aparecen piquetes de ahorradores engañados.

En 2007 el Banco Nacional de Ucrania (BNU) creó un fondo de pensiones para sus trabajadores al que transfirieron el 3 por ciento de sus salarios para recibir una pensión complementaria en el futuro. El BNU invirtió esos fondos en acciones de empresas cuyo valor se esfumó completamente un año después del Golpe de Estado de 2014. El agujero es de unos 1.000 millones de jrivnias y 13.000 trabajadores no cobrarán el complemento de su pensión.

Fue un atraco en toda regla.

https://ukraina.ru/exclusive/20201120/1029686992.html

La ciencia concluye que el confinamiento no ha reducido la mortalidad durante la pandemia

Un reciente estudio científico publicado por la revista “Frontiers in Public Health” concluye que el confinamiento no logra lo que se supone que debería: salvar vidas.

Los investigadores han analizado datos de 160 países durante los primeros 8 meses de la pandemia, probando varios factores —incluyendo la demografía, la salud pública, la economía, la política y el medio ambiente— para determinar cómo se correlacionan con la mortalidad atribuida al coronavirus.

“El rigor de las medidas establecidas para luchar contra la pandemia, incluido el confinamiento, no parece estar relacionado con la tasa de mortalidad”, aseguran los científicos (1).

El criterio asociado de una manera más estrecha con una alta tasa de mortalidad es la esperanza de vida, aunque también se observaron mayores tasas de mortalidad por coronavirus en ciertas regiones geográficas del mundo.

“Factores inherentes han predeterminado la mortalidad por covid: comprenderlos podría mejorar las estrategias de prevención al aumentar la resistencia de la población mediante una mejor aptitud física e inmunidad”, dicen los autores del estudio.

La conclusión no es en absoluto sorprendente porque ya había pruebas empíricas más que suficientes para comprobar la eficacia del confinamiento general durante una epidemia. “Hay poca correlación entre la severidad de las restricciones de una nación y si logró frenar el exceso de muertes, una medida que mira el número total de muertes en comparación con las tendencias normales”, señaló en mayo la agencia Bloomberg (2).

A lo largo de este año, los índices de mortalidad de Suecia, que en marzo no confinó, han caído constantemente. Su tasa de 577 muertes por cada millón de habitantes es mucho mejor que la de muchos países europeos que impusieron confinamientos estrictos, como Bélgica, Reino Unido, España e Italia. En setiembre ocupaba el puesto 11 del mundo por tasa de mortalidad y ahora se situa en el 23.

El país escandinavo es objeto de todo tipo de ataques porque ha ridiculizado a los gobiernos que han forzado el confinamiento.

Una vez comprobado el fracaso del experimento, en octubre algunos jefes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) cambiaron de criterio y comenzaron a aconsejar la apertura. “El confinamiento sólo tiene una consecuencia que nunca debes menospreciar, y es hacer que la gente pobre sea mucho más pobre”, observó el doctor David Nabarro, enviado especial de la OMS para el coronavirus.

El director del Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS, Michael Ryan, dijo algo similar: “Lo que queremos tratar de evitar […] son esos confinamientos masivos que tanto castigan a las colectividades, a la sociedad y a todo lo demás”, dijo en una rueda de prensa en Ginebra.

(1) https://doi.org/10.3389/fpubh.2020.604339 https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpubh.2020.604339/full
(2) https://www.bloomberg.com/graphics/2020-opinion-coronavirus-europe-lockdown-excess-deaths-recession/

Más información:
– Ahora la Organización Mundial de la Salud se pronuncia contra el confinamiento
– La Organización Mundial de la Salud dice ahora que nunca ha aconsejado el confinamiento para frenar la pandemia
– La OMS ya no recomienda el confinamiento por sus efectos negativos sanitarios, sociales y económicos
– La OMS pone a Suecia como ejemplo de tratamiento modélico de la pandemia por no imponer el toque de queda

 

Autopsia de los países socialistas

“Porque en general, los que están realmente convencidos de que por medio de las historias monográficas tienen una cuidadosa visión del conjunto creo que se los pasa una cosa pareciendo a quienes una vez han visto esparcidos los miembros de un cuerpo antes lleno de vida y belleza, juzgan al fin y al cabo que han sido testigos oculares suficientes de su vigor, vida y belleza. Pero si alguien volviera a componer de repente el cuerpo vivo y pudiera volverle su integridad, con la forma y el bienestar de su espíritu y, una vez hecha esto, mostrara de nuevo el cuerpo a aquellos mismos que lo vieron hecho a trozos, estoy seguro que todos confesarían que se habían quedado muy lejos de la verdad, tanto como los que ven visiones mientras sueñan.
Es cierto que las partes pueden ofrecer cierta idea del todo, pero es imposible que de ellas se llegue a obtener un conocimiento completo y un juicio exacto”

Polibio (Historia General, Historias III)

“¿Tenemos el plano, los materiales, todos los elementos de este precioso edificio que es el socialismo? Los sectarios dirán que sí. Los revolucionarios dirán que no, porque conocen mejor el futuro y las dificultades que esperan al socialismo”

Louis Auguste Blanqui (Crítica Social, part II)

En el año 1988, la población que vivía en países que se autoproclamaban socialistas, o repúblicas democráticas populares, o repúblicas que tenían en sus principios constitucionales la definición de sociedad socialista, era de 2.130 millones de personas, el 41% del total de una población mundial de 5.100 millones.

Hoy, después de 32 años, la población que vive en países que todavía mantienen formalmente el concepto socialista en sus constituciones es de 1.540 millones de personas, un 20% del total de una población mundial de 7.700 millones.

De las 34 repúblicas existentes en 1988, Afganistán, Albania, Angola, Armenia, Azerbayán, Benín, Bielorrusia, Bulgaria, Camboya, Checoslovaquia, China, Congo, Corea del Norte, Cuba, Estonia, Etiopía, Georgia, Hungría, Kazajastán, Kirguistán, Laos, Letonia, Lituania, Moldavia, Mongolia, Mozambique, Polonia, R. D. Alemana, Rumanía, Rusia, Somalia, Tayikistán, Turkmenistán, Ucrania, Uzbekistán, Vietnam, Yemen, Yugoslavia. Solamente 5 mantienen hoy en sus consideraciones constitucionales el calificativo de socialismo (China, Corea del Norte, Cuba, Laos y Vietnam).

De estos países habría que determinar si sus principios constitucionales, el aspecto “legal”, tiene concordancia con el funcionamiento “real”, es decir, si los postulados coinciden en la práctica con los principios del socialismo, del papel decreciente de la ley del valor, del internacionalismo proletario, de la aceptación de la lucha de clases a nivel internacional y de la participación de la clase obrera en la toma de decisiones en materia política, económica, científica, técnica, social y cultural de los citados países. Los cambios constitucionales realizados en estos cinco países desde 1990 hasta hoy han incorporado conceptos, premisas, similares a los que se realizaron en la Constitución soviética de 1975.

Las constituciones no son sólo un referente jurídico-formal, son por sobre de todo, un techo político-ideológico y un fenómeno social objetivo. Las constituciones son una categoría clasista y expresan, por consiguiente, los intereses de la clase dominante, afianzando la supremacía de una clase sobre otra; y como son una categoría clasista expresan la correlación real de fuerzas en la lucha de clases y constituyen, en el escenario de la creación jurídica una expresión de esta lucha en un momento histórico determinado y es por ello que generalmente responden a las relaciones sociales existentes y como tales vertebran y consagran los sistemas. Por todo ello, los cambios constitucionales que se han ido produciendo paulatinamente en los países que todavía mantienen el apelativo socialista debemos analizarlos si entran o no en contradicción con los presupuestos a largo plazo de la construcción de una sociedad comunista, o por el contrario, se trata de involuciones y/o regresos al sistema de libre mercado con ciertas garantías sociales y algunos elementos de redistribución de la renta. No muy lejos de las propuestas de la socialdemocracia de izquierdas.

Tanto si los procesos son progresistas o reaccionarios, tienen sus defensores y detractores más allá de los límites geográficos en que se producen y se establece un cordón umbilical que abarca una parte importante del planeta y crea unos lazos de interdependencia que generalmente basculan a favor de los grupos que en cualquier lugar determinado ostentan cierta dosis de poder.

La interrelación o interdependencia que se establece crea automáticamente un mecanismo que hace prevalecer lo subjetivo sobre lo objetivo, minimiza la crítica o la anula totalmente, y más allá ensalza o justifica acciones u omisiones injustificables e incluso combatidas en otras zonas o sistemas.

El proceso de formación de conceptos nuevos incorporados en los textos constitucionales, son al mismo tiempo, un proceso de transformación de conceptos. Siempre queda algo de lo anterior en la producción de un concepto nuevo, por ello muchas innovaciones teóricas se forman con la incorporación o reconstrucción de antiguos conceptos. El motivo más común para producir conceptos nuevos es la insatisfacción con la capacidad de los ya existentes para resolver problemas empíricos. De este modo cuando los casos empíricos no encajan bien con el mapa conceptual existente en la sociedad todo hace pensar que se necesitan conceptos nuevos y una vez reconocida -objetiva o subjetivamente- la necesidad de cambios, es cuando se trata de actuar de formas diversas para modificar lo detectado.

Pongamos unos ejemplos de los Estados que mantienen actualmente el concepto socialista en sus Cartas Magnas.

China elaboró su primera Constitución en 1954, la segunda en 1975, la tercera en 1978, la cuarta en 1982 y a partir de ésta última se han realizado cinco enmiendas. La primera en abril de 1988 en la cual se incorporaba la transferencia de la titularidad del uso de la tierra y la propiedad privada. La segunda en marzo de 1993 en la que se definía el socialismo con características chinas, la eliminación de las comunas y la definición de economía socialista de mercado. La tercera en marzo de 1999 incorpora la Teoría Deng Xiaoping, la economía privada deja de ser un “complemento” para convertirse en “un gran componente”, y la eliminación del término “contrarrevolucionario en la definición de los enemigos del país. La cuarta en marzo de 2004 establece que el Estado deja de representar a una sola clase social, se establece la protección de las ganancias y regula el sector no público de la economía. La quinta en marzo de 2018 establece las prioridades del Estado en materias para el desarrollo técnico-científico para la modernización.

Vietnam elaboró su primera Constitución en 1946 después de derrotar a los colonialistas franceses, una segunda en 1959, una tercera en 1980, una cuarta en 1992 en la que se incorporó el concepto Dôi Mói (renovación, a semejanza de la perestroika soviética). En 2001 se aprobó una enmienda incorporando el término “economía de mercado socialista” y en 2013 una quinta Constitución en la cual su artículo 52 establece que “El Estado debe desarrollar y mejorar las instituciones económicas y regular la economía sobre la base del respeto a las reglas del mercado”.

Laos elaboró su primera Constitución socialista en 1986 en la cual establecía “nuevos mecanismos económicos” y en 1988 una enmienda denominada “Código de Inversiones” para facilitar la inversión extranjera. Una segunda fue aprobada en 1991 en la que se consagra la propiedad privada y la economía de libre mercado. La tercera fue aprobada en el 2003 siguiendo las pautas de las enmiendas anteriores.

Cuba aprobó su primera Constitución socialista en 1976, una revisión de la misma en 1992 de tal extensión y conceptos que se podría denominar una segunda aunque no fue así determinado por el gobierno cubano, modificación en la cual se incorporan los elementos necesarios para la autonomía de las empresas y se elimina el concepto internacionalismo proletario entre otras muchas modificaciones (un total de 73 artículos, incorporación de 3 capítulos y realización de 140 cambios de contenido). Una segunda aprobada en 2019 en la que desarrolla más detenidamente la iniciativa privada en el desarrollo económico cubano.

República Popular Democrática de Corea aprobó su primera Constitución en 1948 a semejanza de la soviética de 1936. Su primera reforma tuvo lugar en 1972, cuando formalmente la doctrina Juche de autosuficiencia reemplazó al marxismo-leninismo como la ideología oficial. Posteriormente fue reformada en 1992 y luego en 1998. En una de sus últimas enmiendas, la cual tuvo lugar en 2009, se eliminó toda referencia escrita al comunismo, mientras que en su reforma de 2012 el país fue definido como «nuclearmente armado». Actualmente mantiene la definición del Estado como una dictadura del proletariado. Es el único de los cinco países analizados que mantiene este concepto.

Una de las características de los cambios constitucionales enumerados, ha sido la incorporación del concepto de “crédito” como uno de los pilares para el desarrollo económico sobre el cual Marx consideró muy peligrosas las ideas de Pierre-Joseph Proudhon sobre el “crédito gratuito” como vía para desarrollar un socialismo pequeño burgués. No solo respondió Marx a estas ideas de Proudhon en “Miseria de la Filosofía”, sino que en el Capital dedica especial atención a criticar su sistema teórico:

“Finalmente, no cabe la menor duda que el sistema de crédito actuará como un poderoso resorte en la época de transición del régimen capitalista de producción al régimen de producción del trabajo asociado, pero solo como un elemento en relación con otras grandes conmociones orgánicas del mismo régimen de producción. En cambio, las ilusiones que algunos se hacen sobre el poder milagroso del sistema de crédito y del sistema bancario como un sentido socialista, nacen de la ignorancia total de lo que es el régimen capitalista de producción y del régimen de crédito como una de sus formas. Tan pronto como los medios de producción dejen de convertirse en capital (lo que implica también la abolición de la propiedad privada sobre el suelo), el crédito como tal no tendrá ningún sentido, cosa que, por otro lado, han visto incluso los sansimonianos. Y, por el contrario, mientras perdure el régimen capitalista de producción, perdurará como una de sus formas el capital a interés y seguirá formando, de hecho, la base de su sistema de crédito”.

Sería inexacto afirmar que los actuales textos constitucionales de estos países no recogen elementos de justicia social y de participación superiores a las constituciones vigentes en la mayoría de países del mundo, pero el objetivo no es comparar dichas Constituciones con las de los países que claramente definen la propiedad privada como eje central y pilar fundamental de la sociedad, sino de comparar dichos textos con las bases teóricas del marxismo.

Para situar un ejemplo: si se mantiene que el socialismo, como forma de producción transitoria hacia el comunismo es la única forma posible de sociedad post capitalista, entonces la dicotomía capitalismo-socialismo debe considerarse el marco conceptual adecuado.

Pero desde este marco, las sociedades que hasta ahora habían sido denominadas socialistas, deberían ser vistas necesariamente como una variedad de socialismo o una variedad de capitalismo, en función de las diferencias y contradicciones existentes en ellas.

De ser una variedad de capitalismo significa que lo producido en el transcurso del tiempo es tan sólo una evolución diferenciada y coyuntural de la sociedad clasista así clasificada. De ser una variedad de socialismo podemos llegar a la conclusión que el cambio cualitativo por sí mismo haría imposible una regresión a un modo de producción anterior.

Pero si se introduce una línea de demarcación nueva, distinta entre el modo de producción capitalista y socialista, que podríamos denominar «economía socialista de mercado», lo que obligatoriamente era considerado como capitalismo o socialismo debería tratarse conceptualmente como un modo de producción diferente.

En la medida que los medios de producción son de carácter estatal, y es el estado quién organiza el sistema de producción, reproducción y distribución, nos encontramos que la organización, es decir, las condiciones de cooperación coordinadas entre los trabajadores dentro de una división compleja del trabajo, constituye un recurso productivo por derecho propio.

También en el capitalismo la organización constituye un recurso productivo, pero en un sistema centralizado no es simplemente el cometido de directivos y empresarios sino que se extiende a los órganos centrales de planificación dentro del estado y en función del grado de autonomía o independencia de que puedan disponer los administradores de los centros productivos.

De este modo si dijéramos que en un tipo de sociedad en la que se ha eliminado la propiedad privada de los medios de producción, la apropiación se basa en el poder burocrático, significaría que es el control sobre los bienes de organización lo que define la base material para las relaciones de clase y consecuentemente para la apropiación (o explotación).

Afirmar que el control efectivo sobre los bienes de organización constituye una base para la explotación equivale a decir que: A los no directivos les iría mejor, y a los directivos y burócratas peor si el control sobre la organización se democratizara mediante la participación de las masas, puesto que al controlar de manera efectiva los bienes de organización, los directivos y burócratas controlan una parte o el todo del excedente social producido.

Problema ya detectado hace muchos años, podríamos poner como ejemplo un fragmento del informe central del XIX congreso del PCUS de octubre de 1952 presentado por Giorgi Malenkov: “Hay un buen número de directivos que olvidan que las empresas confiadas a su cargo son empresas del estado y tratan de convertirlas en sus dominios privados… Es preciso verificar los resultados de nuestro trabajo desde la base, tanto por las masas del partido como las masas sin partido”.

Y seguramente Fidel Castro acertó cuando en el informe al tercer Congreso del Partido Comunista de Cuba, el 4 de febrero de 1986, en la propuesta del Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas, decía: “¿Cómo íbamos a resolver nosotros los problemas de la producción material y del desarrollo del país? Aparentemente, nos imaginábamos que disfrazando a un individuo de capitalista íbamos a lograr una producción eficiente en la fábrica, y empezamos a jugar al capitalismo, en cierta forma. Porque en el socialismo únicamente se podría disfrazar a un administrador de capitalista; si usted lo quiere hacer capitalista, tendría que hacerlo propietario de la fábrica y más nada, volver al sistema capitalista”.

Seguramente el diagrama elaborado por Erik Olin Wright puede ayudarnos a dibujar un pequeño bosquejo de la actualidad del socialismo en el segundo decenio del siglo XXI teniendo en cuenta los cambios producidos en el último decenio del siglo XX.

El elemento central: la lucha de clases. Podemos visualizar como esta lucha puede transformar la estructura del Estado y la estructura económica pero al mismo tiempo la estructura del Estado selecciona la lucha de clases y la estructura económica la limita, al mismo tiempo que la estructura económica condiciona la estructura del Estado y ésta puede reproducir o modificar una determinada estructura económica. Y tanto la estructura económica como la estructura del Estado vienen definidas en las correspondientes Constituciones, tanto si se trata de las que defienden a ultranza la propiedad privada, como las que intentan buscar un equilibrio entre propiedad pública y privada, que tal es el caso de cuatro, entre las cinco que hemos analizado.

Dentro de esta lucha de clases en los países que analizamos, debemos ver qué tipo de relaciones se establecen en tres aspectos fundamentales: relaciones de producción; relaciones sociales; y relación teoría-práctica. Respecto a esta última relación, si el discurso político contradice la percepción que se tiene de la realidad cotidiana, se rompe la firmeza de la teoría y ésta empieza a flaquear, aunque sea imperceptible al principio, es un proceso que corroe los sentimientos de solidaridad, ayuda mutua, esperanza en el futuro…

Para según que lecturas reduccionistas del legado de Marx, la superestructura (pensamiento, política, leyes, organización del Estado,… está condicionada o determinada en última instancia por la infraestructura económica y este tema ha sido motivo de fuertes debates y divisiones entre la comunidad socialista, aunque Engels, aclaraba en 1890, en una carta dirigida a José Bloch, lo siguiente:

“El hecho que los discípulos a veces recalquen más de lo debido en el aspecto económico, es una cuestión de la cual, en parte, tenemos la culpa Marx y yo mismo. Frente a los adversarios, debíamos subrayar este principio cardinal que ellos negaban, y no siempre disponíamos de tiempo, espacio y ocasión para dar la debida importancia a los otros factores que intervienen en el juego de las acciones y reacciones.

Tal vez alguno de los errores conceptuales derivados de estas consideraciones que realizaba Engels las podemos encontrar en la siguiente afirmación que fue generalizada en la antigua URSS: “Las leyes de la economía política, tanto si se trata del período del capitalismo como del período del socialismo, lo mismo que en las ciencias naturales, , las leyes del desarrollo económico son leyes objetivas que reflejan los procesos del desarrollo económico, procesos que operan independientemente de la voluntad de los hombres. Los hombres pueden descubrir estas leyes, llegar a conocerlas y aprovecharlas en beneficio de la sociedad, canalizar hacia otra dirección la acción destructiva de algunas leyes, limitar la esfera de su acción, dar vía libre a otras leyes que vayan abriendo camino; pero no pueden destruir unas leyes económicas y crear otras de nuevas”.

¿Por qué las nuevas relaciones sociales que se afirma existen, se manifiestan bajo la forma de sus contrarias? ¿Por qué desarrollar unos mecanismos pertenecientes a la esencia de una sociedad que se intenta sobrepasar?

El equilibrio económico, entendido como la rentabilidad global de la gestión social productiva, es un factor inherente a cualquier sociedad. Ninguna tribu podría haber sobrevivido en caso de consumir más de lo que era capaz de producir.

Pero, este principio fundamental, esta racionalidad económica, no es la Ley del Valor, ya que en caso de serlo habría que plantearse que dicha Ley es universal, que ha regido y regirá siempre, de forma inexorable. La Ley del Valor es, simplemente, la teoría que explica la forma mediante la cual este equilibrio se establece, de forma espontánea, en la sociedad burguesa. El Plan, o la Planificación socialista, por su lado, es la forma en que se obtiene este equilibrio, de forma consciente, en la sociedad socialista y comunista.

Pero, ciertas cuestiones conceptuales, ya desde medios del siglo XX, impuestas desde los aparatos ideológicos del socialismo iban en otra dirección: “El mal del capitalismo no radica en el esfuerzo para obtener ganancias sino en su distribución” (V.I. Belkin “La independencia de las empresas y el estímulo económico” Izvestia, 4 de diciembre de 1964). De este modo, aceptando que la ganancia socialista no difiere en esencia de la ganancia capitalista, los economistas revisionistas soviéticos argumentaban que no hay nada de malo con la ganancia en los países capitalistas; lo que “distingue” la ganancia socialista, es su distribución, rompiendo cualquier similitud con los postulados de Marx y Engels y centran el tema no en las relaciones de producción, es decir en las relaciones de explotación, sino en un reparto más o menos proporcional del resultado de la misma. Sencillamente esto no es otra cosa que la formación capitalista del llamado Estado del Bienestar, en el cual no se cuestionan las relaciones de explotación ni el trabajo alienado, a cambio de ciertas recompensas materiales.

Che Guevara, en la carta a José Medero Mestre del 26 de febrero de 1964 reflexionaba sobre este tema con las siguientes palabras: “… Vencer el capitalismo con sus propios fetiches, a los que se les ha quitado su calidad más eficaz, el lucro, me parece una cosa muy difícil… La palanca del interés material en el socialismo es como la lotería de La Pastorita: no estimula a los más ambiciosos ni moviliza la indiferencia del resto… Desgraciadamente, a los ojos de la mayoría de nuestro pueblo, y a los míos propios, nos llega más la apología de un sistema que no el análisis científico del mismo”.

Debemos preguntarnos como se ha ido formando la mentalidad de las nuevas generaciones en los países que mantenían el concepto socialismo y en los que todavía lo mantienen, ya que por lo que hemos ido constatando, el economicismo, el beneficio, el crédito, la mercancía, la Ley del Valor… están presentes en los principios fundamentales de sus Cartas Magnas. Y, por consiguiente, se han trasladado al sistema educativo con más o menos variables pero siguiendo las pautas de la filosofía pedagógica de Iván Alexandrovich Kairov, según el cual se deben priorizar lo que consideraba materias fundamentales, especialmente las matemáticas y las ciencias físicas. Y está sobradamente comprobada la superioridad en dichas materias con tan solo vislumbrar el amplio desarrollo en estos campos particularmente en China, Rusia y Corea como lo demuestra la supremacía en el mundo de la cibernética y la construcción de sofisticado armamento.

El dogmatismo y el esquematismo, como reflexiona Carlos Tablada en “El marxismo del Che” desterraron el humanismo, desarrollando un materialismo, también basado en el marxismo, en el cual todo venía determinado por las leyes económicas. El hombre solo podía interpretar estas leyes y aplicarlas. “… En opinión de Che Guevara la ruptura de Marx y Engels con el humanismo ético de Feuerbach, no implica que el marxismo no tenga que dedicar una parte muy importante de su teoría al desarrollo de la ética y la moral, tanto en el proceso de la toma del poder, como en el periodo de transición socialista”.

Pero, como acertadamente señalaba Bogdan Suchodolski en su Pedagogía de la Esencia y Pedagogía de la existencia: “Hay que poner en entredicho que progreso y desarrollo se tengan que medir con índices tecnológicos y económicos que estén alejados del contexto humano y social. Los índices que se utilizan solamente sirven para evaluar progreso y desarrollo para un modelo de vida euroamericana, grande, industrial y consumista. Enseñar la necesidad de una revisión fundamental de estas concepciones sobre progreso, tendría que ser el papel de los profesores”.

O, como plantea Peter McLaren en Enseñanza contra el capitalismo y el nuevo imperialismo: “La pedagogía revolucionaria tiene que enseñar que la propiedad privada, la acumulación capitalista, la apropiación del excedente laboral y la búsqueda ganancial no son fenómenos naturales de la vida, sino prácticas socialmente condicionadas que dificultan el progreso en el conocimiento y autogestión del sistema productivo como praxis y que bloquean el libre desarrollo de los individuos”.

Che Guevara nos legó importantes reflexiones sobre la construcción del socialismo, entre ellas el papel de la educación, como lo reflejó en sus notas al Manual de Economía política: “Frente a la concepción del Plan como una decisión económica de las masas, conscientes, se le da un sucedáneo, donde las palancas económicas deciden su éxito. Es mecanicista, antimarxista. Las masas tienen que tener la posibilidad de decidir su destino, resolver cuánto va para la acumulación y en cuanto al consumo, la técnica económica tiene que operar con estas cifras y la conciencia de las masas asegurar su cumplimiento. Es el deber social del individuo el que obliga a actuar en la producción, no su panza. A esto tiene que tender la educación”.

A modo de resumen

El capital no es una cosa, sino una relación social. La acumulación de capital tiene que ser entendida como la reproducción de las relaciones sociales capitalistas en una escala siempre creciente. Y seguramente ampliando las reflexiones aquí realizadas sobre los socialismos en el siglo XXI, sobre un análisis basado en el materialismo histórico, podremos determinar si el discurso sobre la acumulación, los beneficios, los créditos, la competencia por los mercados, las especulaciones bursátiles, las inversiones extranjeras, las repatriaciones de beneficios… la apología de un mundo globalizado, tecno-científico y deshumanizado, hace avanzar o retroceder la perspectiva del comunismo.

Defender que el capitalismo está en permanente crisis y anunciar de forma constante que está a dos pasos del hundimiento, que la revolución está al otro lado de la puerta, que la organización tiene que estar de guardia permanente para asumir los combates decisivos, tal es el credo del catastrofismo. Desgraciadamente, generaciones enteras de militantes se han consumido en él, y un buen número de ellos han renunciado al marxismo, o renegado de él. Tal es la triste realidad del catastrofismo. Esta teoría que constantemente la vemos reflejada en los panfletos de las organizaciones comunistas, no funda la perspectiva de comunismo, la actividad revolucionaria y la convicción militante sobre un análisis materialista, histórico y dialéctico de las contradicciones de clase en el momento actual, sino sobre un inmediatismo anecdótico mecanicista incapaz de analizar con una visión de totalidad la situación de la lucha de clases tanto a nivel nacional como internacional en el segundo decenio del siglo XXI.

El mundo entero está viviendo o mal viviendo las consecuencias de una simbiosis especulativa y oportunista entre los legados teóricos de los revolucionarios del siglo XIX nacidos de una tenaz lucha de clases, y los postulados de Adam Smith, Malthus y la Escuela Austríaca de Economía. Podemos plantear la hipótesis de que la aspiración a un supuesto Estado del Bienestar Socialista actualmente es una quimera a tenor de los planteamientos que hemos analizado y que por desgracia se están materializando con el consenso global en torno a la supuesta pandemia y a una desesperada carrera para verter en el mercado una también supuesta vacuna para algo que se desconoce su propio origen, pero que está siendo utilizado a mayor gloria de las corporaciones multinacionales ya sean europeas, norteamericanas, rusas o chinas.

La carrera por la búsqueda de la hegemonía de un Estado en el entramado internacional, no tiene nada que ver con la búsqueda de una hegemonía proletaria necesaria para destruir el capitalismo. ¿Por qué no se pararon a tiempo las copias de las relaciones de producción capitalistas y las formas culturales derivadas de las mismas?

Epílogos

“Nos quieren convencer, nos predican permanentemente, desde la escuela hasta los medios de comunicación, que la vida es una competencia permanente de todos contra todos. Pero, ¿cuál es el origen de esta sórdida visión de la realidad? y, sobre todo, ¿a quien beneficia? El darwinismo no es solo una supuesta teoría científica, es toda una concepción de la realidad que comparte sus raíces históricas y culturales con la doctrina del ‘libre mercado’ y por eso se ha convertido en una pieza central en el adoctrinamiento social sobre la concepción del mundo” (Máximo Sandín)

Entrevista a Ernesto Che Guevara en el periódico El-Taliah de El Cairo, abril de 1965

Pregunta: Y según su punto de vista, ¿cuál fue el punto de partida equivocado?

Respuesta: “Se han realizado intentos para construir el socialismo con motivaciones capitalistas, sin dar a estas motivaciones su fuerza total en términos de realizar los objetivos involucrados bajo el sistema capitalista.

El incentivo material en un sistema socialista conlleva mayores salarios para los más trabajadores, pero un régimen capitalista conduce a la persecución de ganancias y a la explotación de otros. Así tiene un efecto más fuerte y total bajo el capitalismo, pero bajo el socialismo estas motivaciones no son suficientes y son incompletas en su operatividad.

¿Y, cuales son por ejemplo, los medios empleados en los sistemas tradicionales socialistas y que han sido tomados del régimen capitalista? Está la Ley del Valor, el interés bancario, el dinero y el incentivo material directo.

Estos son algunos ejemplos; la más importante de estas leyes es la Ley del Valor que gobierna el capitalismo y que se transforma, bajo el capitalismo desarrollado, en la ley de la ganancia máxima.

La ley básica en la cual creo y de la cual se derivan todas las otras leyes en el sistema socialista, es una ley sociológica, y no una ley económica. Esta ley básica no se ha descubierto todavía”

Pequeña historia del ‘conflicto’ árabe-israelí (hasta 1982)

Prescindiendo de la historia antigua de las tribus hebreas y judías y del pueblo palestino, aclaremos, antes que nada, algo obvio como es que no todo judío es sionista al igual que un musulmán puede no ser árabe caso de, por ejemplo, los pakistaníes o los turcos o los iraníes. Ser antisionista no equivale a ser antisemita justamente porque los dos pueblos -el judío y el árabe-son semitas.

En el siglo XIX la diáspora judía es planetaria. Aparecen dos tendencias: una, integradora y universal sin renunciar a la fe judaica en el país que los acoge siendo la Revolución francesa el máximo exponente de integración judía en Occidente y otra, la situación de ghetto, sobre todo en las condiciones de opresión en los países de Europa oriental que propicia el que pudiera llamarse «nacionalismo judío» que mira a Palestina como patria irredenta.

Se considera a Theodoro Herzl (1860-1904) como el fundador del sionismo. Periodista húngaro trasladado a Viena donde se doctoró en leyes, fue vivamente impresionado por el «caso Dreyfuss» estallado en París en 1894, militar judío acusado de colaborar con el enemigo (alemán) aunque cargando las tintas más en el hecho de ser judío que militar. En 1896 Herzl escribió «Der Juden-staat» (El Estado judío). El primer Congreso Sionista se celebró en Basilea en 1897 (curiosamente el lugar de reunión debía ser Munich, pero la comunidad judía bávara se opuso afirmando que eran alemanes y querían seguir siéndolo). En el segundo Congreso de 1898 se acordó la creación de una banca que financiase la organización aunque Rothschild o el barón de Hirsch, por ejemplo, retiraron su apoyo a la vista de la presencia de nuevos judíos comunistas, anarquistas y socialitas -de procedencia rusa y polaca- en los Congresos.

Oleada de judíos de Rusia

Entre 1905 y 1906 se suceden pogroms en Rusia que originarán una oleada de judíos hacia Palestina. Entre ellos iba un joven llamado David Ben Gurion. En 1905 tuvo lugar el VII Congreso Sionista en el que hubo una escisión: los «territorialistas» que lo mismo les daba como patria cualquier lugar del mundo (Argentina, Angola o Kenia, como pensó Herzl) liderados por el escritor inglés I. Zangrvill y, frente a estos, los «sionistas de Sión» entre los que destacaría el eminente químico Chaim Weizmann.

Estallada la I Guerra Mundial, y en paralelo a ella, se alza el renacimiento del mundo árabe y cobra impulso creciente el movimiento sionista a la par de los afanes independentistas palestinos. Un hecho objetivo les unía a todos: la ocupación turca. Es la época de Lawrence de Arabia tan mitificado en Occidente a través del celuloide. En diciembre de 1917 el general inglés Allenby entra en Jerusalén acabando con cuatro siglos de dominación turca. Un año antes la City inglesa ya pensó en crear un Estado-tapón judío en Palestina. Los magnates sionistas ofrecen todo su peso financiero e influencia política en pos de la creación de un Mandato británico en
Palestina que defendiera el «Hogar Nacional» judío allí (Weizmann, por ejemplo, era jefe de los laboratorios militares británicos y la banca judía apoyó el esfuerzo bélico aliado).

Esto se produjo en la célebre «Declaración Balfour» (Nov. de 1917), ministro británico de Asuntos Exteriores, dirigida a Lord Rothschild y que, puede decirse, abrió la espita de todo el conflicto árabe-israelí que llega hasta nuestros días. Entre tanto, las oleadas («aliyas») de judíos a Palestina no cesan y los árabes comienzan a tomarse en serio el asunto Balfour. Ya en abril de 1921 estallan las primeras manifestaciones y sangrientos enfrentamientos con los judíos. En julio de 1922, la Sociedad de Naciones (antecesora de la ONU) otorga oficialmente a Gran Bretaña el Mandato de Palestina, en cuyo preámbulo se incluía la Declaración Balfour. El imperio británico se debatía en sus contradicciones de contentar a las dos comunidades, judía y árabe: el petróleo comenzaba a surgir en todos los desiertos árabes y los ingleses trataban de no enemistarse con ellos. Comienzan las cortapisas británicas a los judíos y nacen los «Libros Blancos» como el de W. Churchill de 1922 que limitaba la emigración judía.

El Congreso Sionista de 1929 fue particularmente explosivo. Un ala exigía, bajo la la dirección de Jabotinsky, una mayoría judía en Palestina y convertirse en Estado. Otra corriente encabezada por Weizmann y el grupo laborista sostenía que de nada servía apresurarse. En realidad, ambos estaban de acuerdo en el fondo sólo que Weizmann, más hábil, no veía ventaja en gritarlo a los cuatro vientos. La estrategia común era fortalecer las colonias y granjas judías. Entre 1930-35 la inmigación va creciendo y la comunidad judía tendrá 400. 000 miembros en 1939 frente a 950. 000 árabes. A esto ayudó la subida de Hitler al poder en Alemania.

La partición

Los británicos siguen -como siempre- con sus dudas. Sometidos a obligaciones dobles para con judíos y palestinos, el asunto les quema las manos. La única salida que proponen es la partición de Palestina. El Congreso Mundial de los países árabes se opuso: si hay partición, se volverán con el petróleo y el Canal de Suez junto a las potencias del Eje, con la Alemania nazi.

En 1939 aparece el tercer «Libro Blanco», pero llega tarde. Los judíos, a pesar de las persecuciones nazis, contaban ya con sus propias fuerzas político-financieras. Los sionistas moderados como Weizmann, partidarios de un crecimiento armonioso, son relegados. Cobra fuerza la creación inmediata de un Estado que permita la inmigración masiva. Entre estos partidarios está Ben Gurion. La guerra mundial y los pogroms contra los judíos dieron oportunidad al sionismo oficial y ortodoxo para promocionar su Estado. Ben Gurion, ya alto cargo, viaja a Estados Unidos con un plan para recabar apoyo: oposición a la política del «Libro Blanco», fomación de un ejército judío y conversión de Palestina en una comuniad judía después de acabar la guerra. Todo lo conseguiría. El líder sionista del «Mapai» (brazo político de la Histadruth -central sindical obrera judía- que daría origen a los laboristas israelíes de Shimon Peres) se separa de Weizmann tomando partido por la solución «estatista» con el apoyo decidido de los EE.UU. La inmigración clandestina, no obstante las restricciones británicas, continuó.

Con el final de la II Guerra Mundial los países árabes accedían a su total independencia. El sionismo también quiere ser independiente. Comienza la actividad armada judía tanto contra árabes como británicos. A principios de 1944 surgen la organización paramilitar «Irgun» (ultraderechista sionista donde militaba el polaco Menahem Begin), «Stern» (de filiación izquierdista con Isaac Shamir), «Palmach» y la famosa «Haganah» tan popularizada por Leon Uris en su novela «Éxodo» llevada al cine protagonizada por un rubio de ojos azules – Paul Newman- (uno no se imagina a un semita así) y donde militaban Ariel Sharon y Haim Herzog, que fuera con el tiempo presidente del Estado de Israel. Coincidiendo también con el final de la conflagración mundial, se crea en 1945 la Liga de Estados Árabes. Por esta época aparece un documento político -el Protocolo de Alejandría- redactado por los países árabes donde se puede leer: «No puede haber mayor injusticia que resolver el problema de los judíos, tan injustamente tratados en Europa, mediante otra injusticia causada a los árabes de Palestina». Los Estados árabes parecen dispuestos a negociar el futuro de Palestina sobre las bases del «Libro Blanco» de 1939. Pero las decisiones ya no están sólo en manos de Inglaterra.

El sionismo se ha hecho fuerte en EE. UU. que también quiere hacer oír su voz en Oriente Medio. Tras algunas vacilaciones, el gobierno británico decide no ceder ante las presiones sionistas. Comienza la actividad terrorista de las organizaciones ya citadas entre 1945-47. Relevante es la voladura del hotel «Rey David» por el «Irgun» en julio de 1946 que causó 91 muertos entre árabes, británicos y mismos judíos. El 9 de abril de 1948 el «Irgun» ataca la aldea de Deir Yassin matando a 254 hombres, mujeres y niños. El terrorismo todavía no era de Estado.

El gobierno inglés decide poner el asunto -cuando está totalmente podrido- en manos de las Naciones Unidas. Antes de que la ONU se pronunciara, la Agencia judía dio a conocer un plan de división de Palestina con el que Truman estaba de acuerdo. La votación de la ONU tuvo lugar en septiembre de 1947. La solución de división se adoptó por 33 votos a favor y 13 en contra más 10 abstenciones (entre ellas Gran Bretaña). La Liga Árabe se manifestó contraria a la partición; la comunidad judía lógicamente a favor y Gran Bretaña anuncia su propósito de que el 15 de mayo de 1948 terminaría su Mandato. La Haganah se prepara militarmente llegando a sumar a 25.000 hombres. Tienen lugar otros «Deir Yassin». Por cada acción árabe los judíos responden al ciento por uno. La lucha estaba centrada sobre todo en el contol de Jerusalén, que quedó en la Resolución 181 de la ONU con un estatuto internacional.

Guerra árabe-israelí

El 15 de mayo de 1948 finalizó el Mandato británico. Ese día, a las cuatro de la tarde, en el Museo Tel Aviv, se realizó la Declaración de Independencia por los allí reunidos: miembros del Consejo Nacional Judío, representantes de la Organización Sionista Mundial, líderes políticos, rabinos, militares, economistas, artistas, literatos y periodistas. En total 200 personas que proclamaban unilateralmente algo cuyo nombre no había sido mencionado hasta entonces: el Estado de Israel. En la Resolución 181 se hablaba de «Estado judío», no de «Israel», y, además, con unos territorios definidos, «fronteras» que Ben Gurion no quiso insertar en la «Declaración de Independencia». Lo que para los «israelíes» era independencia, suponía guerra de liberación para los árabes. Ahora sí comenzó el terrorismo de Estado (israelí). También ese día -el 15 de mayo- empezó la primera guerra árabe-israelí. Fue en el transcurso de esa pequeña guerra -pero de grandes consecuencias- que nació, por decirlo así, una tercera «nación»: la de los refugiados palestinos. La opinión pública internacional, por entonces, simpatiza con los israelíes a quienes ven como un nuevo David luchando contra Goliath.

Los árabes eran superiores en hombres y armamento. Israel no tenía ni un solo avión, barco o tanque. Egipcios y jordanos llevaron el peso de la guerra pero de manera muy descoordinada. Aún así, cuando parecían imponerse las tropas árabes, llega «oportunamente» la primera tregua impuesta por la ONU el 11 de junio. Termina la lucha sin vencedores ni vencidos. No duró mucho (la tregua) puesto que un mes después se reanudan las hostilidades (Israel aprovechó la primera tregua para rearmarse) ocupando los israelíes el oeste de Galilea.

El 18 de julio llega el segundo alto el fuego seguido de un mediador de la ONU: el conde Bernadotte. Folke Bernadotte es asesinado por miembros del grupo «Stern» siendo Israel responsable de su seguridad. Israel viola la tregua sin querer saber nada de negociaciones. Ataca Egipto penetrando en el Sinaí y extendiendo en casi 3. 000 kilómetros cuadrados su territorio respecto al que la ONU le había concedido. El 18 de enero de 1949 se acepta el alto el fuego solicitado por Egipto y el 24 de febrero se firman armisticios entre los Estados árabes (excepto Irak) e Israel. La victoria militar fue para Israel aunque el balance final fue penoso para ambos
contendientes.

La nación arabe

Tras la guerra y los armisticios Israel se consolidó rápidamente como Estado. Sin duda, en la guerra de 1948 fue Egipto la más perjudicada. Los militares más jóvenes tenían en 1952 todo dispuesto para derrocar la monarquía del rey Faruk. Faltaba un militar de prestigio y lo encontraron en el general Naguib. El 26 de julio Faruk abandona Egipto. En marzo de 1954 emege la figura de Nasser que terminó con el conservadurismo de Naguib. Con él recobró fuerza el concepto de Nación Árabe. El 26 de julio de 1956 Nasser nacionaliza la Compañía Universal del Canal marítimo de Suez.

La conmoción en País y Londres fue enorme. Se pedía la intervención militar. Israel no podía pasar por el Canal. Esto lo decidió a iniciar la segunda guerra árabe-israelí, pero en este caso de carácter expansionista y no defensivo (como en la primera). La política franco-británica, decididamente intervencionista, concentraba efectivos militares en Chipre conn vistas al desembarco pero necesitaban el consenso norteamericano. El presidente Eisenhower dijo claramente que no apoyaría. Francia parecía la más resuelta a intervenir con el primer ministro «socialista» Guy Mollet a la cabeza. Israel imploraba armamento a EE.UU. para contrarrestar el que Egipto recibía de la URSS y Checoslovaquia. Estados Unidos y Gran Bretaña armaron a Israel pero no más que Francia. Fue Ben Gurion quien invocando la «solidaridad socialista» logró que Mollet equipara al Tzahal (Ejército judío) hasta convetirlo en uno de los mejores de Oriente Medio.

La campaña del Sinaí-Suez acabó con los judíos ocupando Gaza. Habían llegado demasiado lejos. La URSS tronaba en la ONU pero le replicaban con su intervención en Hungría. Sin embargo, el secretario general de la ONU, el sueco Dag Hammarskjöld, propuso la creación de una fuerza pacificadora conocida más tarde como los «cascos azules». El siguiente paso sería la retirada de las tropas israelíes, británicas y francesas del Sinaí y del Canal para ser relevadas por las de la ONU. Golda Meir, primera ministra judía, dijo que nunca abandonarían la zona si la ONU no garantizaba la libertad de paso de los barcos israelíes por el estrecho de Tirán. Se les
permitió el paso. Egipto, pese a la derrota, consolidaba su situación en el Canal y Nasser se convetiría en el «Rais» (Caudillo).

Aparece el Baas

Hacemos aquí una digresión para decir que en julio de 1958 la monarquía iraquí es derribada por el general Karin Kassen (Sadam Hussein arribaría al poder diez años después, en 1968). Surgió un nuevo socialismo árabe arraigado en Siria, Irak y Líbano. Aparece el BAAS (Partido Socialista del Resurgimiento Árabe). El BAAS nació en la Sorbona parisina fundado por un grupo de estudiantes sirios e irakíes. Su lema: «Libertad, Unidad y Socialismo». En líneas generales, coincide con el panarabismo nasserista. Para ellos sólo existe una patria árabe pues no hay verdaderos países, ya que éstos fueron creados por el imperialismo anglo-francés.

Los años que siguieron a la segunda guerra árabe-israelí fueron tiempos de concienciación y politización de los refugiados palestinos. Unos se integran (en Irak, Egipto, Argelia -ya independiente de Francia-, Arabia y Kuwait) y otros son apátridas que esperan el retorno. Después de la guerra del Sinaí-Suez, surge la identidad palestina. En esta posguerra nacen las primeras organizaciones. El primer partido palestino con identidad propia y gran fuerza es Al-Fatah (La Victoria), cuyo fundador, Yasir Arafat, se inspiraba en el nasserismo siendo su propósito el retorno a Palestina. Surgieron muchas otras organizaciones sin apenas relevancia hasta que se vio la necesidad de una dirección conjunta. Así, en abril de 1964, se reunía el I Congreso Nacional de los árabes en la ciudad vieja de Jerusalén. Allí nació y se fundó la Organización de Liberación de Palestina (OLP), financiada por la Liga Árabe. También surgirían los primeros grupos armados organizados.

El 15 de mayo de 1967, Israel celebraba el XIX aniversario de su autoproclamada independencia. . Los judíos realizaron el mayor desfile militar de su historia (¿?) y las soflamas poílticas fueron interpretadas por los árabes como un desafío. El 5 de junio de ese año, a las siete de la mañana, Israel daba comienzo a la que posteriormente sería conocida como «guerra de los seis días» (en realidad duró tres días, incluso tres horas). Fue una guerra expansionista que ganó Israel ocupando la península del Sinaí, los altos del Golán y Cisjordania. Meses después de la guerra, la ONU adoptó la Resolución 242 por la que el Consejo de Seguridad pedía la retirada de Israel de los territorios ocupados. La Resolución ni siquiera mencionaba al pueblo palestino.

Líbano Jordania

La imposibilidad de operar desde el interior de Israel -del Estado de Israel- hizo que los fedayines palestinos actuasen desde el Líbano y Jordania motivando represalias e incursiones israelíes en esos Estados con inusitada violencia. Esto provocó que los gobiernos jordano y sirio controlasen a los palestinos dentro de sus fronteras llegando al tristemente famoso «Septiembre Negro» de 1970 con choques armados entre ellos. A partir de aquí, los palestinos atacarían embajadas, consulados y oficinas comerciales judías en cualquier punto del globo.

Este «terrorismo» es el que no le perdonaron a Arafat, o sea, la internacionalización del conflicto. Hasta después de la «guerra de los seis días» no puede decirse que existiera una resistencia palestina. Los que operaban lo hacían bajo el mandato de los países árabes donde habitaban. Tras la derrota militar árabe, los palestinos quedaron como los únicos resistentes armados. Aparece también un vocablo que unificará y disgregará por igual: revolución. El término suscitaba recelos en algunos países árabes y ocasionará discusiones ideológicas en el seno palestino que harían que surjan desde 1967 hasta los años 80 casi treinta partidos políticos. En 1969, Arafat, representante de la línea nacionalista, fue elegido presidente de la OLP.

El crudo como arma

El Estado de Israel, después de lo conseguido en 1967, no quería más guerras y estimaba que los árabes no podían emprenderlas aunque quisieran. Pero el 6 de octubre de 1973 explotó la cuarta. Conocida como «guerra del Yom Kippur»(Fiesta del Perdón), no tiene apenas que ver con las anteriores. Era la primera vez que los Estados árabes tomaban la iniciativa con excelente dirección técnica y militar. La guerra se desarrolló en los frentes del Sinaí y en los altos del Golán.

La solidaridad árabe se volcó con Egipto y Siria militar y políticamente empleando el «arma política» de los crudos, es decir, subiendo su precio y amenazando a Occidente con un boicot a la venta si apoyaban a Israel. La guerra de 1973 tenía un objetivo muy concreto y de alcance limitado: dar aplicación a la Resolución 242 de la ONU (nov. de 1967) donde se pedía la retirada judía de los territorios ocupados. La guerra árabe era una guerra para la paz, no expansionista.

Fue una guerra justa. Pero perdieron (ahí andaban Moshe Dayan y «Arik» Sharon). Aunque, por primera vez, la CEE (la Unión Europea de entonces) presionaba a los israelíes para que se retiraran de los territorios ocupados urgidos, sin duda, por la guerra del petróleo. Era la época del «crecimiento cero». No tardó Arabia Saudí en ser el «esquirol» que bajara los precios del crudo dentro de la OPEP. Sadat, «rais» de Egipto, reconocerá el Estado de Israel en Camp David en el verano de 1975. El mundo árabe se divide dejando solos a los palestinos.

La diferencia es que, sobre todo después de las matanzas de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila en Líbano en 1982, la opinión pública internacional se muestra favorable a la causa del pueblo palestino condenando el terrorismo del Estado de Israel. Hasta aquí la pequeña historia de la lucha entre una nación milenaria -Palestina- y un Estado artificial: Israel.

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