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Día: 24 de agosto de 2020 (página 1 de 1)

Las multinacionales farmacéuticas hacen su agosto con la ola de histeria

En marzo, cuando comenzaba la ola de histeria, Gerald Posner publicó un libro sobre las multinacionales farmacéuticas, en el que concluía: “Para la industria farmacéutica, el Covid-19 es una oportunidad de negocio excepcional”. No obstante, aún hay quien en la histeria sólo ve médicos y no un sector económico sometido a las leyes del capital.

“Todos [los capitales] están en la carrera”, dice Posner, quien describe los beneficios para el ganador como gigantescos. La pandemia “será potencialmente un éxito de taquilla para la industria en términos de ventas y beneficios”, añade. “Cuanto más grave sea la pandemia, mayores serán sus beneficios”.

Los beneficios de los grandes monopolios farmacéuticos ya son muy elevados en Estados Unidos, donde no hay control alguno sobre los precios de los medicamentos, como en otros países. Esto da a las empresas farmacéuticas más libertad para fijar los precios de sus mercancías que en cualquier otro lugar del mundo.

Durante la pandemia actual, las empresas farmacéuticas pueden tener incluso más margen de maniobra de lo habitual debido a la retórica de los cabilderos de la industria que impulsaron un plan de gastos de 8.300 millones de dólares para el coronavirus, un plan elaborado a principios de este mes de agosto para maximizar sus beneficios.

El dinero público destinado a la salud acaba en los bolsillos de las farmacéuticas. Según Posner, desde la década de los treinta, los Institutos Nacionales de Salud (NIH) han invertido unos 900.000 millones de dólares en investigaciones que la industria farmacéutica ha utilizado para patentar sus propios medicamentos.

Todos los medicamentos aprobados por la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) entre 2010 y 2016 procedían de investigaciones científicas financiadas por los NIH, es decir, por los presupuestos públicos. Más de 100.000 millones de dólares del Estado han ido a parar a esas investigaciones.

Entre los medicamentos financiados con fondos públicos que siguen generando enormes ingresos para las empresas privadas se encuentran el medicamento contra el VIH AZT y el tratamiento del cáncer Kymriah, que Novartis vende ahora por 475.000 dólares.

Posner pone ejemplos de los exorbitantes beneficios de las farmacéuticas con medicamentos que sólo los fondos públicos han hecho posible. El sofosbuvir, un medicamento antiviral para la hepatitis C, es el resultado de una investigación financiada por los NIH. Hoy el medicamento es propiedad de Gilead y cada tableta cuesta 1.000 dólares. Muchos enfermos con hepatitis C no pueden pagarla. Gracias a esta droga, y en los tres años desde su lanzamiento, Gilead ha ganado 44.000 millones de dólares.

Mylan Pharmaceuticals ha aumentado el precio del medicamento EpiPen (epinefrina), que se administra para las alergias. Cobra 300 dólares por un producto cuya fabricación cuesta menos de 10 dólares.

No es la primera vez que Mylan monopoliza un medicamento para subir el precio de una mercancía y maximizar los beneficios. En 2000 llegó a acuerdos con los proveedores de Lorazepam, un ansiolítico muy difundido en todo el mundo, así como el Clorazepato. El objetivo es impedir que sus competidores tuvieran acceso a los fármacos para fabricar genéricos.

Gracias a sus acuerdos monopolistas, Mylan infló sus precios en un 2.000 y 3.000 por ciento respectivamente, hasta que fue demandado por los fiscales de 32 estados y por la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos. En el acuerdo se exigía esencialmente a Mylan que renunciara a todas los beneficios en lo que era entonces el mayor acuerdo con un fabricante de medicamentos, que ascendía a más de 100 millones de dólares.

Entre 2015 y 2016 Valeant Pharmaceuticals hizo lo mismo. Aumentó los precios de Isuprel y Nitropress en un 528 y 212 por ciento respectivamente. De 2013 a 2016 subió el precio de Cuprimine en un 5.787 por ciento y el Benzaclin y Retina-A Micro en un 1.800 por ciento cada uno; y de 2011 a 2016 Carac y Targretin en un 1.700 por ciento cada uno. La Syprine ha aumentado su precio en un 3.200 por ciento desde 2011.

Al aumentar los precios, generan enormes beneficios, al tiempo que evitan el pago de impuestos, por ejemplo, trasladando la sede fiscal, creando filiales o adquiriendo parte del negocio de otras empresas.

(*) Pharma: Greed, Lies and the Poisoning of America, Simon & Schuster, 2020.

Antes que la bancarrota: concentraciones de los capitales financieros españoles

La banca española ya sabe cuál es la hoja de ruta que ha diseñado el Banco Central Europeo (BCE) para los próximos meses. El supervisor europeo se lo ha hecho saber en los últimos meses: una de las vías para frenar la crisis económica son las fusiones para recortar costes, sobre todo los grupos que lleguen más justos.

Quien no encuentre un aliado de manera voluntaria este año podrá ser forzado a fusionarse el que viene.

Los bancos que más se repiten en las quinielas son Sabadell, Bankia, Liberbank y Unicaja, aunque la magnitud de la crisis que está por llegar puede meter en la ecuación jugadores sorpresa.

Ha habido intentos por parte del BCE y del Banco de España de que se aceleraran las negociaciones en agosto, aprovechando la calma del mercado. Pero las entidades no se fían las unas de las otras y quieren ver cómo impacta la crisis en la morosidad antes de embarcarse en concentraciones de capital. Lo que no impide que en el sector financiero se dé por hecho que se verá alguna operación defensiva antes de final de año.

Frente a estas reticencias iniciales, el BCE tiene varios ases bajo su manga con los que forzar uniones. El primero fue el test de estrés interno que realizó antes de verano, cuyos resultados se dieron a conocer de forma agregada pero no entidad por entidad, ni siquiera por países. Lo poco que se conoció dejaba claro que va a haber entidades con tensiones de capital a consecuencia de la crisis económica.

El año que viene los test de estrés serán públicos y se darán a conocer en el momento en que ya estará aflorando la morosidad, hasta ahora contenida por las moratorias y las líneas de avales del Instituto de Crédito Oficial (ICO).

Es posible que en los próximos test de estrés se llegue al extremo de tener que intervenir algún banco. Se pondría sobre la mesa la posibilidad de recurrir a una recapitalización preventiva, sin necesidad de pasar los temidos procesos de resolución, como ocurrió con Banco Popular.

https://www.elconfidencial.com/empresas/2020-08-24/bce-marca-camino-fusiones-voluntarias-ahora-fuerza-2021_2718016/

Mascarillas ‘inteligentes’: el coronavirus está remodelando la sociedad para convertirla en un rebaño de robots

La nueva subnormalidad consiste en imponer la mascarilla a los niños, casi desde que nacen. La apertura del curso escolar -si es que alguna vez se abre- va a ser un buen campo de pruebas del nivel de pánico que han logrado sembrar.

Los profesores ya han anunciado una huelga por falta de “medidas de seguridad” y en los padres la alarma es aún mayor. Muchos jamás volverán a llevar a sus hijos al colegio, salvo que el milagro de la vacuna llegue rápido (excepto si la vacuna es rosa o china, porque en tal caso no son seguras).

Las mascarillas han llegado para quedarse, lo mismo que el resto de la parafernalia desatada por los “expertos de plató”. Las empresas de todo tipo ya trabajan en ello. Su objetivo es normalizar la imbecilidad.

La tecnología ayuda a convertir a los seres humanos en robots desde su nacimiento. Habrá mascarillas inteligentes para los más idiotas porque los “avances científicos” deben suplir lo que la naturaleza no otorga.

Una empresa con sede en Tokio, Donut Robotics, ha desarrollado la primera “mascarilla inteligente” del mercado, hecha de plástico blanco y capaz de conectarse vía bluetooth a un móvil o a una tablet.

Es una manera de contribuir a que nadie se quite la mascarilla jamás. Si nos duchamos con el móvil en la mano, ¿por qué no con mascarilla?

La mascarilla se acopla sobre otra “no inteligente” situada debajo, se conecta a la red y puede transcribir y traducir las palabras en mensajes de texto, hacer llamadas o amplificar la voz del portador de la mascarilla.

“Hemos trabajado duro durante años para desarrollar un robot y hemos utilizado esta tecnología para crear un producto que aborde la manera en que el coronavirus ha remodelado la sociedad”, ha dicho Taisuke Ono, cabecilla de Donut Robotics.

El precio es de 40 dólares. Las primeras 5.000 mascarillas “c” ya se están enviando a los compradores japoneses, de donde pasarán a Estados Unidos, China y luego Europa.

Donut Robotics acababa de ganar un contrato para proporcionar guías robóticas y traductores en el aeropuerto de Haneda de Tokio, un producto cuyo futuro es incierto tras el colapso de las aerolíneas. Cuando no hay aeropuertos ni transporte aéreo, lo rentable es fabricar mascarillas.

La multinacional Ono recaudó 260.000 dólares vendiendo acciones de Donut Robotics. “Levantamos nuestra meta inicial de 7 millones de yenes en tres minutos y nos detuvimos después de 37 minutos cuando habíamos alcanzado los 28 millones de yenes”. Un chollazo.

Los negacionistas ya no podrán equiparar la mascarilla a un bozal para perros porque los animales no se conectan a internet, ni se hacen autofotos, ni necesitan geolocalizador, ni traductor del japonés al euskera.

El ejército ruso se prepara para una operación militar a gran escala en Siria

El Mediterráneo oriental es un polvorín. A los enfrentamientos militares entre Grecia y Turquía se suma el despliegue de la Marina de Guerra rusa frente a las costas de Siria.

En las últimas horas, la actividad de los convoyes rusos ha aumentado significativamente. Actualmente hay por lo menos 9 buques de guerra frente a la costa siria, 4 de los cuales son buques de combate, y tres submarinos.

Se observa una actividad similar en la base aérea de Hmeimim y en la provincia de Idlib, lo que podría indicar muy probablemente el comienzo de una operación militar en gran escala.

Esta mañana una comisión del Ministerio ruso de Defensa se ha trasladado a Siria, posiblemente para entregar de armas adicionales, ya que el ejército regular sirio también ha movilizado las fuerzas de la 4 División y de la seguridad militar para un asalto en la parte occidental de la provincia de Deraa y en Idlib.

Intervención militar de Rusia en la Guerra de Siria comenzó en setiembre de 2015. Desde el final de la Guerra Fría, era la primera vez que el ejército ruso participa en una guerra fuera del territorio de la antigua Unión Soviética.

Rusia ha aprovechado la guerra para mostrar su nueva dentadura a Estados Unidos. Ha enviado a Siria armas y tecnología de última generación, como los Krashukha (en la imagen), equipados para la guerra electrónica.

Los misiles Iskander-M han realizado ataques de alta precisión contra objetivos clave de los yihadistas, junto con los misiles de crucero Kalibr y los Kh-55.

Los misiles Kalibr han volado más de 1.500 kilómetros antes de alcanzar 11 objetivos yihadistas. Desde entonces, la Flota rusa ha estado usando misiles de crucero regularmente, incluso desde submarinos.

Lukashenko cogió su fusil

Lo mismo que ocurrió en Siria en 2011, en Bielorrusia la desestabilización interna es un complemento de la externa, en la que Polonia y Lituania juegan un papel fundamental, bien entendido que quien dice Polonia y Lituana quiere decir OTAN.

Obsesionado por destruir a Rusia, el gobierno polaco no ha aprendido las más básicas lecciones de su historia propia historia. La Segunda Guerra Mundial empezó en su suelo, cuando el grueso de sus tropas miraban a la URSS y no al III Reich.

Hoy siguen mirando hacia el mismo lado y eso no puede acabar bien para ellos. Si en 1939 Gran Bretaña y Francia les vendieron por un plato de lentejas, lo mismo ocurrirá ahora con la OTAN.

Lo más probable es que en caso de guerra con Bielorrusia, si las cosas siguen como hasta ahora, la OTAN no se atrevería a intervenir. Polonia sólo podría ser apoyada por los países bálticos.

Por su parte, Lukashenko contaría con el apoyo militar de legiones de voluntarios rusos y de otras antiguas repúblicas soviéticas, como ya ha ocurrido en el Donbas. A diferencia de Varsovia, en Moscú conocen la historia.

Además, Lukashenko lee los periódicos. Sabe lo que ha ocurrido en Siria y ha conocido de primera mano el Golpe de Estado de 2014 en Kiev. No puede estar sorprendido por nada. Si Guaidó se ha hundido estrepitosamente en Venezuela, los sicarios de imperialismo tiene muy difícil instalarse junto a las fronteras de Rusia.

Es muy probable también que el Presidente bielorruso se conozca al dedillo el manual de las “revoluciones de colores” y tenga preparados las correspondiente antídotos. Las imágenes de los antidisturbios aporreando a los manifestantes sin contemplaciones así lo pone de manifiesto. La de Lukashenko con su fusil AK-47 tampoco dejar lugar a dudas sobre sus intenciones.

En el manual de la CIA no falta de nada. Por eso en los tejados de Minsk se han visto francotiradores, exactamente igual que en Kiev en 2014.

Si quieren triunfar en Bielorrusia, los imperialismo debería cambar en algo sus planes, que están ya muy vistos.

 

Francotiradores apostados en los tejados de Minsk durante las manifestaciones contra Lukashenko

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