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Día: 8 de agosto de 2020 (página 1 de 1)

Pandemia: un gran negocio también para los monopolios tecnológicos que ya han puesto en marcha el panóptico

Desde el comienzo de la pandemia, una legión de empresas, desde gigantes tecnológicos hasta otras de reciente creación relativamente desconocidas, se ha apresurado a aprovecharse de la ola de histeria. El gran choque de la industria de la salud que estaban esperaban ha llegado, por fin.

En marzo el Primer Ministro británico, Boris Johnson, convocó una reunión con las empresas de atención médica, los gigantes de la tecnología y los principales monopolios del negocio sanitario (1) para discutir la mejor manera de rentabilizar la histeria. El gobierno británico permitió a Amazon, Microsoft, Google y Palantir, acceder a millones de historiales médicos (2), cruzando bases de fuentes diversas, incluidos los datos de las pruebas de coronavirus.

Empresas como EverlyWell, Let’s Get Checked (3) y CircleDNA, que venden equipos de análisis genéticos y de sangre para uso doméstico, se han apresurado a lanzar nuevas pruebas para el coronavirus.

La pandemia ha sido una oportunidad única para que las empresas tecnológicas se apoderen de las bases de datos sobre la salud de millones de personas, hasta ahora confidenciales y sujetas a cierto control legal y judicial.

La pandemia ha roto todas las costuras de los derechos y libertades fundamentales. Los modelos sanitarios de inteligencia artificial requieren acceder a enormes bases de datos para ser operativas y, en consecuencia, rentables. Los gobiernos necesitaban un pretexto para ponerlas a disposición de las empresas tecnológicas y ese momento acaba de llegar.

Palantir, una empresa de minería de datos creada por la CIA, que firma regularmente contratos multimillonarios con las instituciones públicas, se ha puesto a almacenar las bases de datos sanitarias de Gran Bretaña por el módico precio de una libra esterlina. Es un chollo por el que la empresa hubiera estado dispuesta a pagar mucho dinero.

Otra forma es que las empresas formen sus propias bases de datos sobre salud, obtenidas directamente de los pacientes y familiares. Google era muy consciente de ello cuando a finales del año pasado compró FitBit por 2.100 millones de dólares (4), y el director general de FitBit también era consciente de ello cuando dijo que lo importante son los datos (5).

Así se explican los interminables rebrotes. En muchos países las empresas tecnológicas van casa por casa para convencer a los vecinos de que se hagan las pruebas de coronavirus e incluso genéticas. La empresa 23andme, que se dedica a rastrear la genealogía de las personas basándose en su ADN, ganó varios millones de dólares vendiendo la información sanitaria y genética que había acumulado (6) a los gigantes farmacéuticos, a las aseguradoras y las empresas de biotecnología.

Una vez que los datos sobre la salud salen al mercado se pueden comercializar de muchas maneras diferentes, a pesar de que el fundamento científico de las previsiones sea absurdo (7).

Las aseguradoras compran la información para otorgar descuentos y deducciones en las pólizas, una especie de “seguro de enfermedad a la carta”.

Los datos genéticos en poder de empresas privadas se ponen a disposición de la policía (8), naturalmente sin el consentimiento de las personas afectadas, sin su conocimiento y vulnerando las leyes de confidencialidad de los historiales médicos y de los datos personales.

A las empresas hay que sumar los rastreadores, los “gorrillas sanitarios” que siguen cada uno de nuestros movimientos con aplicaciones que han instalado en los móviles para “luchar” contra un virus cuya omnipresencia mediática es fundamental para justificar el entramado panóptico.

Cuando la izquierda domesticada y los defensores de los derechos humanos quieran reaccionar, será muy tarde. Su papel será el de siempre: echarse a llorar, lamentarse… “Yo no sabía”, “yo creía”, “tenía miedo al contagio”, “nadie me informó”…

(1) https://www.theguardian.com/business/2020/mar/13/johnson-urges-top-uk-tech-firms-to-join-coronavirus-fight
(2) https://www.washingtonpost.com/opinions/2020/05/21/why-are-we-trusting-company-with-ties-ice-intelligence-agencies-collect-our-health-information/
(3) https://www.letsgetchecked.com/articles/letsgetchecked-announces-new-two-parttest-for-coronavirus-to-help-frontlinehealthcare-workers-combat-covid-19/
(4) https://investor.fitbit.com/press/press-releases/press-release-details/2019/Fitbit-to-Be-Acquired-by-Google/default.aspx
(5) https://www.zdnet.com/article/fitbits-healthcare-unit-to-deliver-100-million-in-revenue-in-2019/
(6) https://www.forbes.com/sites/nicolemartin1/2018/12/05/how-dna-companies-like-ancestry-and-23andme-are-using-your-genetic-data/#715f18b96189
(7) https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5945588/
(8) https://www.nytimes.com/2018/04/27/health/dna-privacy-golden-state-killer-genealogy.html

Más información:
– Empresas informáticas creadas y subcontratadas por la CIA: el Caso Palantir
– Tecnología, clases sociales y lucha de clases
– Nos acechan, nos vigilan, nos controlan, nos espían y… nos venden al mejor postor
– La CIA se apodera de los historiales médicos de millones de enfermos británicos (gracias al coronavirus)

– El panóptico medicalizado se puede utilizar para cazar a los homosexuales en su propio ambiente

La deuda externa, otra manera de robar

Esta madrugada ha fallecido nuestro compañero Darío Herchhoren. Publicamos su último artículo como homenaje a quien fue un luchador infatigable contra el imperialismo y defensor de los pueblos del Tercer Mundo.


Darío Herchhoren

Desde hace varios meses la República Argentina viene negociando una reestructuración de su deuda externa que es totalmente impagable. El gobierno de Mauricio Macri, endeudó a Argentina en la suma de 350.000 millones de dólares, y a cambio emitió obligaciones algunas de las cuales llegan a cien años.

Pero la historia de la deuda externa en países dependientes como Argentina es muy vieja, y muestra a las claras que el endeudamiento de la Nación es una excusa para embolsarse el dinero, que luego deberá devolver el pueblo argentino, y ella se traduce en menos obra pública, menos servicios a la población, menos sanidad pública, educación, infraestructuras, etc.

La cuestión no es deuda si o deuda no. El meollo es para que se va a utilizar el dinero de la deuda. Hasta ahora, siempre ha servido para hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Si el dinero prestado al país se utiliza en obras que mejoren la vida de los argentinos, está bien empleado, y si solo sirve para llenar los bolsillos de los gobernantes ladrones, entonces estamos hablando de otra cosa.

En el año 1826, Bernardino Rivadavia, que era un presidente ilegítimo de Argentina, y que estaba ligado al comercio inglés, contrato un préstamo de un millón de libras esterlinas con el banco inglés Baring Brothers. Ese dinero físicamente nunca llegó a Argentina, y se limitó a un descuento de letras de tesorería, que se ha investigado hasta la saciedad, y nunca se supo que pasó con él, ni en que se invirtió. Rivadavia estaba casado con la hija del virrey español Del Pino, y ante las dificultades en explicar ese destino, dimite y se viene a España, donde muere en Cádiz en 1844. La calle más importante de la ciudad lleva su nombre, y en Cádiz otra calle lo recuerda por sus enormes méritos.

Los sucesivos gobiernos argentinos no devolvieron ese préstamo, y Juan Manuel de Rosas, gobernador de la provincia de Buenos Aires y encargado de las relaciones exteriores, en forma explícita se negó al pago de dicha deuda, argumentando que era en realidad un robo. El Gobierno de Héctor Cámpora en 1973, negoció el fin de la deuda. Había pasado más de un siglo y medio.

Pero la operación de robo que puso en marcha Mauricio Macri, no tiene parangón en toda la historia del país. El volumen de la misma la ha convertido en la mayor deuda de un país en el mundo. Volvemos entonces a lo anterior. La deuda externa que creó Macri era según él para el desarrollo del país, y dijo que iba a caer sobre Argentina una lluvia de inversiones. No hubo tal lluvia, y lo que cayó sobre Argentina fue en realidad una lluvia de desgracias.

El dinero que entró al país en forma de préstamos, sirvió para efectuar lo que se llama una fuga de capitales, es decir que lo que entraba hoy salía mañana para ocultar el robo.

El nuevo gobierno ha logrado mediante durísimas negociaciones, una quita tanto del capital como de los intereses, cercanos al 40% del total adeudado, y un plazo de tres años para  empezar a devolver el dinero, pero es necesario investigar judicialmente el destino de lo robado y sus responsables, y que paguen con fuertes penas de prisión el latrocinio, además de devolver lo mal habido.

La CIA se apodera de los historiales médicos de millones de enfermos británicos (gracias al coronavirus)

A través de Palantir, la CIA se ha apoderado de los historiales médicos de millones de enfermos británicos que, como en otros países, deberían ser confidenciales.

El NHS (Servicio Nacional de Salud) pagará a la empresa de la CIA un millón de libras para procesarlos y almacenarlos digitalmente.

El coronavirus ha vuelto a servir de pretexto, una vez más. Dicen que la digitalización ayudará a la burocracia sanitaria a entender la propagación del virus y a asignar los recursos adecuadamente.

El contrato inicial con Palantir se anunció el 28 de marzo, aunque no se sacó a concurso (1). Debía haber terminado el 11 de junio, pero esta semana el NHS ha confirmado una prórroga de cuatro meses por el precio de un millón de libras (2).

Como ya explicamos hace dos años, Palantir es una empresa creada con dinero del fondo de inversiones In-Q-Tel, dirigido por la CIA. En abril de 2018 Estados Unidos aprobó la Ley Nube (Clarifying Lawful Overseas Use of Data Act) que obliga a las empresas estadounidenses a informar al gobierno, incluso aunque hayan obtenido la información fuera del país.

El NHS ha declarado que Palantir integrará y depurará datos de fuentes dispares para disponer de “una fuente única de verdad” que apoye la toma de decisiones.

Microsoft, Amazon, Google y Faculty también participaron en la implementación del almacenamiento de datos sobre el coronavirus, un proceso en el que Google no ha participado, según The Telegraph (3).

La ampliación del contrato exige a Palantir la agrupación de las bases de datos para que el servicio se pueda adjudicar a empresas privadas de manera abierta. Es posible que Palantir continúe después del período de prórroga.

La empresa acaba de firmar un contrato relacionado con el coronavirus con el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos por 17,3 millones de dólares.

Pero ni a la CIA ni a Palantir le interesan el dinero, sino el control de la información, como se ha puesto de manifiesto después de una batalla legal para conocer los detalles del contrato originario firmado por el NHS, en donde constaba que el precio era de… una libra (4).

La CIA y Palantir estaban dispuestos a pagar dinero por el acceso a los valiosos datos de los historiales médicos de los pacientes, con o sin coronavirus.

Los historiales médicos del NHS a los que la CIA tiene acceso comprenden, entre otros datos, el nombre, la edad, la dirección, el estado de salud, los tratamientos y medicamentos, las alergias, las pruebas médicas, los escáneres, resultados de rayos X, si el paciente fuma o bebe, e información de admisiones y altas en los hospital a lo largo de toda la vida de una persona.

Palantir ha desarrollado una tecnología que las centrales de inteligencia y los gobiernos utilizan para el control masivo sobre la población. Además de la CIA, sus bases de datos están en poder de la NSA, el FBI y el Pentágono.

Recientemente la empresa ha comenzado a vender su tecnología de almacenamiento de datos a monopolios privadas.

(1) https://healthtech.blog.gov.uk/2020/03/28/the-power-of-data-in-a-pandemic/
(2) https://tech.newstatesman.com/coronavirus/palantir-nhs-datastore-contract-extension
(3) https://www.telegraph.co.uk/technology/2020/07/15/google-dropped-nhs-covid-19-data-store/
(4) https://www.cnbc.com/2020/06/08/palantir-nhs-covid-19-data.html

Más información:
– Empresas informáticas creadas y subcontratadas por la CIA: el Caso Palantir
– Tecnología, clases sociales y lucha de clases
– Nos acechan, nos vigilan, nos controlan, nos espían y… nos venden al mejor postor
– El panóptico medicalizado se puede utilizar para cazar a los homosexuales en su propio ambiente

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