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Día: 9 de enero de 2018 (página 1 de 1)

La Guardia Civil va puerta por puerta intimidando a los que suben vídeos a internet

El coronel Manuel Sánchez Corbí
Catalunya, aparta de mí este cáliz (7)
“Estamos yendo puerta por puerta”. La frase es del coronel de la Guardia Civil Manuel Sánchez Corbí, y va dirigida a los votantes del 1 de octubre, especialmente a aquellos que grabaron vídeos enfrentándose con los agentes que actuaron represivamente para detener la votación.

Corbí ha hecho estas declaraciones a la revista Interviú, donde se refiere a la situación en Catalunya, y asegura que el 1-O los catalanes se pensaron “que todo valía, y no todo vale”. En este sentido, asegura que el cuerpo de seguridad español está yendo “puerta por puerta” a buscar “todos aquellos que colgaron vídeos muy ufanos”.

En este sentido, les amenaza reproduciendo una posible conversación entre los agentes y el propietario el vídeo. Esta es la transcripción de la entrevista: “Buenos días, usted es el del vídeo en el que tira piedras al guardia civil?”. “Hombre, es que yo…” “No, no, usted es el del vídeo que tira piedras al guardia, (da una golpe en la mesa), venga para acá”.

Después de esta advertencia concluye: “la gente se lo pensará”.

Además, preguntado por si hay riesgo de violencia en Catalunya, Corbí asegura que los independentistas todavía “no están en el punto de dar el paso”, aunque dice que “ahora estamos en la parte casi de los escraches; si se avanza, el siguiente punto son los cócteles molotov; el siguiente punto serían los explosivos”. Sin embargo, defiende que ahora todos los que “en Cataluña escracharon, tiraron piedras, tiraron sillas… están siendo llamados por la justicia”.

Corbí fue jefe de operaciones secretas contra ETA, aunque actualmente lidera el operativo que encontró el cuerpo de Diana Quer, la joven asesinada en Galicia de quien recientemente se ha encontrado el cuerpo.

Su figura como guardia civil, sin embargo, se ve manchada por una condena por torturas. Fue el año 1997, cuando fue condenado a cuatro años de prisión y a una inhabilitación de hasta seis, después de ser acusado de torturas a un detenido. Sin embargo, un año después, el Tribunal Supremo le rebajó la pena a un año, y después fue indultado con el primer gobierno de José María Aznar.

https://www.elnacional.cat/es/politica/amenaza-coronel-1-octubre_227451_102.html

¿Está atacando Estados Unidos las bases militares rusas en Siria?

El senador ruso Franz Klintsevitch
El 31 de diciembre la base aérea rusa de Hmeimim, en Siria, fue atacada con drones y dos soldados fallecieron. Inicialmente algunas fuentes indicaron que el ataque se había producido con morteros y el diario ruso Kommersant (1) añadió que siete cazas habían resultado inutilizados, aunque el Ministerio de Defensa ruso desmintió este último dato.

Las informacion son bastante confusas. Algunos informes indican que un helicóptero Mi-24 ruso se había estrellado a causa de un fallo técnico a unos 15 kilómetros del aeródromo de Hama, provocando la muerte de sus dos pilotos (2).

Todas las referencias conducían a los grupos yihadistas como autores de los ataques, aunque esta mañana el Ministerio de Defensa ruso ha publicado otro comunicado en el que afirma que se produjo un ataque en la noche del 5 al 6 de enero, que procedió de 13 drones, que 10 de ellos se dirigieron a Hmeimim y los otros tres a la base naval de Tartus y que ninguno causó víctimas ni daños materiales.

No obstante, el comunicado añade que, por primera vez, los drones, que recorrieron 50 kilómetros, utilizaron un sistema sofisticado de guiado por GPS.

Con las nuevas informaciones en la mano, el senador Franz Klintsevitch, vicepresidente de la Comisión de Defensa del Consejo de la Federación, la Cámara Alta rusa, ha dado otro giro a la información al poner el punto de mira en el Pentágono como autor del ataque.

En apoyo a sus acusaciones Klintsevitch asegura que los autores habrían necesitado la ayuda de la inteligencia militar, de fondos, equipamiento y apoyo técnico para llevarlo a cabo, lo cual no es posible encontrar en Siria, por lo que imputa la agresión directamente a las tropas especiales del Pentágono.

El senador levantó la voz para protestar de que la inteligencia estadounidense les alertara de un atentado en San Petersburgo, mientras atacaba sus intalaciones militares en Siria.

(1) https://www.kommersant.ru/doc/3514249
(2) http://www.hispantv.com/noticias/siria/364488/rusia-helicoptero-estrella-pilotos-hama-conflicto

El proyecto antimperialista de Perón y sus relaciones con la URSS

 Darío Herchhoren
Corre el año 1945 en Argentina. En el mes de octubre, y concretamente el día 17, una enorme manifestación en las calles de Buenos Aires, sorprende al gobierno militar surgido del golpe del 4 de junio de 1943. Dicha manifestación tenía unas características distintas a las que se había sucedido antes en el país. En efecto, las gentes que marchaban por las calles en esa fecha, tenían un aspecto distinto. Muchos de ellos iban descalzos, y muchos otros vestían ropas propias del trabajo rural. Algunos venían a caballo, y se expresaban en su lenguaje con términos inusuales en la jerga porteña.

¿Qué estaba pasando? Simplemente, que la nueva clase obrera surgida de un proletariado de origen rural, y recién incorporado al desarrollo industrial estaba empezando a ocupar un lugar de enorme importancia en el devenir histórico argentino, donde todo ocurría en Buenos Aires y para la oligarquía argentina.

El gobierno militar que era presidido en ese tiempo por el General Edelmiro Farrell, muy presionado por la vieja oligarquía criolla, y por el embajador norteamericano Spruille Braden, había destituido y encarcelado al Secretario de Trabajo y Previsión Coronel Juan Domingo Perón, y para aislarlo más todavía lo había internado en una prisión militar en la isla de Martín García, en el Río de la Plata, en aguas argentinas, y muy cerca de la costa uruguaya de ese río.

Ante la popularidad que estaba adquiriendo Perón en sus contactos con los bisoños sindicatos de trabajadores, y con la nueva central obrera CGT (Confederación General del Trabajo), su persona estaba siendo peligrosa para el imperio USA, que acababa de salir victorioso de la guerra mundial, y gozaba de las mieles de su gran poder militar.

Hay que tener en cuenta que Estados Unidos no habían sufrido la guerra en su territorio, a diferencia de los actores europeos, que sufrieron importantes y muy graves daños en sus infraestructuras, y una importante mortandad sobre todo de hombres jóvenes. La URSS tuvo en esa guerra 27 millones de muertos, además de la ruina de ciudades como Stalingrado, Leningrado, Moscú, Minsk, Kiev, además de la destrucción de sus industrias y fábricas de máquina herramienta.

La enorme movilización popular del día 17 de octubre de 1945, hizo recular al gobierno del General Farrell que tuvo que liberar a Perón, reponerlo en la Secretaría de Trabajo y Previsión, y permitirle hablar a las masas desde el balcón de la Casa Rosada (Casa de Gobierno).

Esto significaba una grave derrota para el imperio y para su embajador Spruille Braden, ya que todos los embajadores USA, se ingieren en los asuntos internos de los países a donde son enviados.

A partir de ese momento, el paso siguiente de Perón es proponerse como candidato a la presidencia de la República. Pero Perón no tiene un partido político que lo proponga, y para eso un dirigente sindical de entonces, Cipriano Reyes, le ofrece un partido que había registrado como tal, pero que era totalmente desconocido. Se trataba del Partido Laborista, que inmediatamente se lanza a una campaña de recogida de apoyos y gana por goleada las elecciones que se celebran el 24 de febrero de 1946. Contra toda la prensa escrita y radiofónica (no había todavía televisión) y contra el importante apoyo financiero de la embajada USA, y contra también las encuestas, la candidatura de Perón y Quijano (vicepresidente), gana las elecciones. Entre otras cosas, la campaña electoral peronista, se basa en una apuesta, que la débil propaganda electoral peronista divulga, y que era «Braden o Perón». Y gana Perón.

Los inicios del nuevo gobierno encuentran a la República Argentina con un nuevo estilo de gobernar. La vieja oligarquía ligada a los intereses británicos y norteamericanos asiste impotente a la pérdida de muchos de sus privilegios, que estaban ligados al negocio de la venta de carnes y granos. Se crea la Junta Nacional de Carnes y la Junta Nacional de Granos, nuevos organismos estatales que fijan los precios de carnes y granos, siendo los únicos vendedores y monopolizando el comercio exterior de esos bienes. Se crea la empresa Yacimientos Carboneros Fiscales, que monopoliza para el estado la producción de carbón mineral y su venta, se nacionalizan los ferrocarriles y se crea la Flota Mercante del Estado; se crea la empresa Aerolíneas Argentinas.

En la provincia de Córdoba se crea la primera fábrica de aviones militares, y se fabrica el primer avión caza argentino a reacción con el nombre de Pulqui, que curiosamente es casi igual al Mikoyan (Mig 15 soviético). En ese mismo año 1946, se pone en marcha el Primer Plan Quinquenal, que relanza la economía nacional con el objetivo de logar la independencia económica. El nuevo gobierno se propone tres objetivos fundamentales a saber: Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social. Pero para todo ello necesitaba apoyo exterior que le ayude a romper el asedio imperial y con esa necesidad comienzan a explorarse las posibilidades de lograr la ayuda de la URSS.

Las primeras exploraciones se llevan a cabo entre el Ministro de Economía argentino Miguel Miranda que viaja a Moscú, y el entonces ministro de Asuntos Exteriores de la URSS Viacheslav Molotov.

Es así, que en el mes de febrero de 1948 una delegación argentina viaja a Moscú, invitada por el gobierno soviético para comenzar a intercambiar productos alimenticios por material ferroviario, máquina herramienta, material de exploración petrolífera, camiones y automóviles, rieles, artículos de piel, muebles, etc.

La delegación estaba integrada por el ministro de AAEE que era Atilio Bramuglia, un hombre brillante, el ministro de comercio que era el Doctor Ramón Cereijo, el ministro de economía que era Miguel Miranda y el ministro de asuntos agrarios de la Provincia de Buenos Aires que era mi padre, el ingeniero agrónomo Gregorio Herchhoren.

A raíz de ese viaje, en el año 1949 se celebró en Buenos Aires, y concretamente en el puerto, una exposición de la industria soviética enorme que ocupó casi 20 kilómetros cuadrados, y que estaba programada para durar un mes, y que gracias a la enorme afluencia de interesados duró dos meses más.

Sin ninguna duda, el gobierno de Perón significó una auténtica revolución, y la importancia de la misma quedó de resalto, cuando la delegación argentina que viajó a la URSS, fue recibida en el Kremlin en el salón Catalina por el mismo Stalin. Mi padre que era hijo de un capitán de fragata que tuvo que emigrar a Argentina en 1910 por haber sido uno de los dos oficiales que se plegaron a los marineros en la famosa sublevación del acorazado Potemkin, concitó la atención de Stalin, que le hizo depositario de un abrigo de piel para que se lo entregara a Evita.

Pero, ¿qué clase de revolución era esa? Era una revolución burguesa que había desplazado a la vieja y parasitaria oligarquía rural vinculada a los frigoríficos ingleses y al negocio de la carne.

Esos frigoríficos manejaban el principal renglón de la economía nacional, y fueron nacionalizados, y en la provincia de Buenos Aires, se crearon los frigoríficos regionales, que pertenecían al estado provincial, y que estaban gestionados por el ministerio de asuntos agrarios como medida de protección a los pequeños ganaderos.

Pero, ¿dónde estaba la «izquierda» argentina durante los gobiernos de Perón? Estaba enfrentada al gobierno peronista en un ejercicio de torpeza y ceguera absoluta. La clase obrera estaba masivamente apoyando a Perón y su gobierno y el Partido Comunista Argentino acusaba a Perón de fascista, aplicando categorías impropias de un país dependiente como era Argentina en esos tiempos. Mientras tanto, por la red ferroviaria nacional circulaban trenes arrastrados por las locomotoras soviéticas que llevaban en su frente una estrella roja, que era un emblema de la URSS. Ese era el gobierno fascista de Perón.

En 1955, el día 16 de septiembre, se produce un golpe contra el gobierno legítimo de Perón, este si de matriz fascista, que desata una represión contra la clase obrera e inaugura la cadena de muertes y desapariciones. Ese gobierno contó con un apoyo pasivo del PCA, con la única excepción de una fracción liderada por el escritor Rodolfo Puiggrós, que renuncia a la afiliación al PCA, y apoya firmemente al gobierno depuesto de Perón.

La clase obrera pagaría muy caro ese apoyo, y perdería todos los beneficios que había logrado en toda la historia de la Argentina reciente.

Al día de hoy, la clase obrera sigue siendo peronista; pero al día de hoy hay que decir sin ambages que la burguesía argentina ya no apoyaría un proyecto político como el de 1946, y que la clase obrera de estos tiempos usando la figura de Perón ya no se plantea asociarse con la burguesía cipaya de 1955, sino que el peronismo ha evolucionado y su objetivo es ahora el socialismo. La izquierda desde hace ya muchos años, está en la clase obrera peronista y no peronista, y sabe que su liberación pasa por una argentina revolucionaria, que yugule definitivamente a la vieja oligarquía que ahora ya no es terrateniente solamente, sino que es financiera y que está ligada a los bancos extranjeros, y a los organismos internacionales de crédito como el FMI y el Banco Mundial.

No se puede resolver en los juzgados lo que no se ha resuelto en las calles

Juan Manuel Olarieta
Por primera vez en la historia, una jueza de Bergara, en Gipuzkoa, abrió una causa para investigar los crímenes cometidos por los franquistas tras la guerra. Ahora ha llegado otro juez y le ha dado el carpetazo, sin más ni más, no vaya a ser que nos enteremos de algo que no debamos saber. Hay crímenes que tienen que quedar impunes porque los comete el propio Estado que los debe juzgar.

No es la primera vez, ni será la última, que alguien pretende resolver en los juzgados lo que no ha resuelto en las calles. Le ocurrió a la hija de Julián Grimau, dirigente del PCE asesinado en 1963 tras un consejo de guerra nulo porque infringía las propias normas franquistas.

Es necesario recordar que no hicieron una parodia de juicio contra Grimau por ser un dirigente del PCE en la posguerra sino por su papel durante la guerra civil; como a tantos otros. A diferencia de sus enemigos, los franquistas sí tienen memoria histórica y juzgan a los demás por dos motivos: el primero es que ganaron la guerra y el segundo es que la siguen ganando, es decir, porque no ha existido ninguna clase de transición sino la continuidad del mismo régimen impuesto por la fuerza de las armas en 1939.

Por lo tanto, es mentira que en la transición acabara algo y que la lucha contra el fascismo perdiera su significado histórico. Si así fuera, hubiera habido un cambio, una amnistía, una rehabilitación de los antifascistas y una condena -siquiera simbólica- de los criminales que desataron una guerra civil y siguieron matando aún más después de ella.

La guerra civil sigue y seguirá martirizando la conciencia de todos y cada uno de los que tienen un mínimo de ella porque ni se ha resuelto ni se va a resolver jamás por las vías que algunos pretenden: sacando los cadáveres de las cunetas y dándoles una “cristiana sepultura” en otro lugar.

Tampoco se va a resolver en ningún juzgado porque para eso habría que cambiar los juzgados, cambiar los jueces, cambiar los fiscales, cambiar las leyes, cambiar la constitución y cambiar la jurisprudencia o, en otras palabras: derrotar al fascismo, hacer una revolución.

Es la podredumbre de la conciencia actual -de quienes aún tienen algo de eso- lo que hace que aquí impere un estilo tabernario de hablar con grandes palabras de las que muy pocos se esfuerzan por saber el significado, de manera que a cualquier género podrido le llaman amnistía, o genocidio, o independencia judicial, o constitución, o democracia, o libertad, o separación de poderes.

No nos esforcemos en exigir a este Estado que investigue nada porque al final de esa investigación lo primero que va a aparecer ya lo sabemos: el delincuente es el propio Estado, y nadie se pone al soga al cuello a sí mismo y menos todo un Estado fundado sobre el crimen, el saqueo, la represión y el silencio.

Lo segundo que va a aparecer es propio de los amantes de lo jurídico (“doctrina de la fruta del árbol envenenado” lo llaman en Estados Unidos) y también es harto sabido: todas las normas e instituciones derivadas de un acto nulo, como el del 18 de julio de 1936, son nulas, no tienen ningún valor. Ni antes ni ahora. Cabe añadir que por los actos nulos no transcurre el tiempo; no prescriben. Seguirán siendo nulos siempre.

Por eso los republicanos siempre hablaron del franquismo como un régimen “de facto”. También en esto tenían razón.

Los internacionalistas uruguayos en la Guerra Civil española

El impacto de la denominada Guerra de España en países del contexto latinoamericano fue tal que, como bien señalan los autores del libro “Los voluntarios uruguayos en la Guerra Civil española” (Ediciones Banda Oriental, 2017) en su introducción, no sería hasta la Revolución Cubana, a finales de la década de los 50 del pasado siglo, y la aparición de figuras como Ernesto Che Guevara, que gente como Buenaventura Durruti iría desapareciendo, poco a poco, del imaginario político continental.

Si bien las Brigadas Internaciones y el papel que éstas desarrollaron en la contienda española son hoy día conocidas y reconocidas en países como la propia España, Estados Unidos o Francia –aunque esto no fue siempre así y, por ejemplo, en Norteamérica muchos de los integrantes del Batallón Abraham Lincoln fueron posteriormente represaliados por el macartismo–, la participación en ésta y otras unidades militares de la República Española de contingentes latinoamericanos ha gozado de menos difusión entre el público en general.

Por otro lado, conjuntamente al escaso conocimiento de la intervención de cientos de voluntarios del otro lado del Atlántico en la que podemos considerar como la primera guerra contra el fascismo a nivel global, tampoco ha sido frecuente contar con acceso a información abundante y veraz sobre las motivaciones, las organizaciones políticas originarias, los líderes e ideólogos –muchas veces de origen español– o las publicaciones elaboradas por aquellos y aquellas que atravesaron el océano para unirse a la disputa, o bien ya se encontraban en España al no haber tenido el éxito esperado haciendo las Indias.

El objetivo de la obra pasaría, así, por constituir como objeto de estudio –desarrollado como episodio y éxodo de la gran tragedia española– el legado de los voluntarios internacionales uruguayos, miembros de las clases populares, obreras y estudiantiles del país, en nuestra Guerra Civil desde una posición histórica y política clara: aquella que podríamos denominar como de antimemoria, esto es, la relacionada con las víctimas y los vencidos, tal y como señalara el geógrafo Jacobo García.

Y para ello los autores nos embarcan, no en la vida de grandes personajes, de próceres o líderes de grandes movimientos y partidos de masas, sino en la mucho más humilde trayectoria vital de gente como José B. Gomensoro Cabezudo, Virgilio Bottero Mortara y Pedro Trufó Rúa, estudiantes de medicina y derecho, respectivamente; de Roberto Cotelo, autodidacta obrero e hijo de obreros, de padre vasco y madre gallega o de Luce Fabbri, educadora de origen italiano.

Estos, junto a tantos otros en el periodo de entreguerras y en el ambiente cada vez más hostil del Uruguay de la dictadura de Gabriel Terra, impulsan y organizan organizaciones como la Federación Obrera Regional del Uruguay (FORU), primera central sindical uruguaya de carácter nacional, la Asociación Juvenil Libertaria (AJL) o la Unión Sindical Uruguaya (USU), todas de tendencia anarquista. Además, ponen en marcha publicaciones como Caminos o Esfuerzo en un intento no solo de llevar a cabo labores de proselitismo político, sino también de dotar al movimiento libertario de una base teórica y reflexiva apropiada y abundante.

Sin embargo, los protagonistas del libro no son solo miembros de organizaciones y colectivos anarquistas, sino también socialistas y comunistas que viven en sus propias carnes la rearticulación política que supone la desaparición de la II Internacional y el nacimiento de la III, o Internacional Comunista; el surgimiento, desde el Partido Socialista de Uruguay (PSU), del Partido Comunista del Uruguay (PCU), en línea con lo sucedido en otros países, como la propia España, y el diferente apoyo y orientación que van tomando estas organizaciones en relación con las directrices provenientes desde la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

Mientras esto sucede en Uruguay, en España los generales golpistas Sanjurjo, Mola, Franco y Goded llevan a cabo una sublevación militar que desemboca, poco después, en una cruenta guerra que duraría casi tres años. Gabriel Terra, el dictador uruguayo, inicialmente dubitativo, acaba apoyando los contemporáneos regímenes fascistas italiano, nacionalsocialista alemán y, cómo no, el dictatorial autodenominado Bando Nacional encabezado por Franco en España.

Este hecho supone, entre otras cuestiones, un intento de rebelión contra Terra en la propia Uruguay pero, sobre todo, que decenas de militantes comunistas miren irremediablemente hacía la Madre Patria a la hora de iniciar cualquier lucha contra el incipiente fascismo mundial.

Surgen, de este modo, personajes como Juan José López Silveira, conocido como “El Tape”, condecorado militar y escritor de un conocido manual sobre la táctica de guerrillas, o su hermano mayor Román López Silveira, pero también Abraham Setty, Angel Tzareff, José Facal y tantos otros.

La labor de los autores de “Papeles de Plomo” cobra aquí aun más valor si cabe. Además de la tarea de enmarcar la trayectoria de cada uno de los personajes citados no solo en el desarrollo de la contienda española, sino también posteriormente en los pavorosos campos franceses para refugiados españoles, en el infierno de aquellos de concentración alemanes –como la propia Mauthausen–, en su vuelta a Uruguay, en la organización de Comités de Ayuda diversos e, incluso, en latitudes y momentos tan exóticos como el África de la II Guerra Mundial, en una encomiable investigación archivística llegan a localizar hasta 18 nombres de uruguayos, o nacionalizados uruguayos, participantes en las Brigadas Internacionales, así como en otras unidades del Ejercito de la República.

A la complejidad de cualquier investigación –complejidad de los materiales, falta de medios, de acceso a la información, ausencia de testigos vivos, etcétera– hay que sumarle aquí el hecho de que muchos de los uruguayos y uruguayas que lucharon en la Guerra Civil ya estaban en España al comienzo de la sublevación fascista, tenían pasaporte español, con lo que no se integraron como extranjeros en las citadas Brigadas o, una vez disueltas éstas por Negrín en 1938, permanecieron en España luchando en unidades regulares de lo que iba quedando de resistencia republicana.

Por este y otros motivos, un libro como “Papeles de Plomo” es necesario, ya que viene a cubrir un hueco en la historia y en la memoria de la lucha antifascista y nos permite, además, alejarnos de los caminos más trillados y tópicos recorridos a la hora de acercarnos a la realidad latinoamericana histórica y actual.

En definitiva, “Papeles de Plomo” supone una propuesta fresca y coherente con el renacer del interés por el estudio de la memoria; de su búsqueda en virtud de la necesidad de las sociedades modernas de dotarse, una vez desaparecidas la redes de seguridad que ofrecían las pequeñas comunidades tradicionales y las familias, así como de las grandes certezas de la modernidad, de una identidad colectiva, de una narrativa propia y un lugar en el mundo. Quizás lo último real.

https://elsaltodiario.com/memoria-historica/memoria-voluntarios-uruguay-guerra-civil

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