

La web más censurada en internet


«A las 11:21 de la mañana del 2 de febrero de 2015, una escuadrilla formada por dos helicópteros americanos de tipo Chinok despegaron del aeropuerto internacional de Bagdad en dirección a la región del norte dentro de una misión calificada como alto secreto. Pero los desplazamientos de los dos aparatos fueron detectados por las formaciones del Mando de Operaciones de Dajlat, en las proximidades de la ciudad de Al-Khammarat, del lago Hamrin y las granjas de Karrah-Tabet», ha informado la cadena de televisión.
La noticia continuaba: «Hacia las 19:57, los dos aparatos han desaparecido de las pantallas del radar en la región de Khan Bani Saad y no ha sido posible conocer si han aterrizado o si han continuado su vuelo a baja altitud».
Siempre según Al-Etejah TV, «las fuerzas gubernamentales irakíes captaron a los dos aparatos en la región de Diyala antes de que llegaran hacias las 21:45 al aeropuerto de Erbil, donde descendió el Wali de Kirkuk, a quien el Califato Islámico llama por el apodo de Abu Kutaiba Al-Janabi.
Un vehículo blindado de color negro de tipo Land Cruz con matrícula 55701 le esperaba. Le condujo hasta la calle Al-Mouhafaza de Erbil, donde permaneció un dia entero.
Al día siguiente le llevaron a Kirkuk en el mismo vehículo».
La televisión irakí asegura que después del regreso de Abo Kutaba, el Califato Islámico lanzó el ataque contra Kirkuk, logrando apoderarse de algunas regiones , en las que quemó sus instalaciones petrolíferas.
Estoy casi completamente convencido de que la mayor parte de los lectores, así como la mayor parte de esta sociedad, entiende que los políticos son «todos» unos impostores, cualquiera que sea el partido al que pertenezcan, y al referirse a «todos» piensan -sobre todo- en aquellos que están o quieren estar en las instituciones oficiales.
Sin embargo, en la Facultad de Ciencias Políticas de Somosaguas, en Madrid, no hay una asignatura llamada «Impostura», no hay cursillos, tesis doctorales, ni manuales sobre impostura que se podrían titular algo así como «Teoría y Práctica de la Impostura Política».
Por lo tanto, con este tratado pretendo que se abra una nueva cátedra en dicha Facultad y que me inviten a pronunciar una conferencia a fin de que a mi ya dilatado currículum pueda añadir la condición de «profesor asociado» de la Universidad Complutense, ya que este manual es histórico: estoy a punto de inventar una nueva ciencia.
Naturalmente que toda ciencia tiene precedentes, que la gente modesta, como yo, tiene que poner de manifiesto porque, además, de esta manera mostramos nuestra erudición, que siempre queda muy bien. Debo consagrar, pues, este primer tomo de la nueva ciencia a esos genios que se anticiparon a mi descubrimiento. Se trata de Molière, que en 1664 estrenó su conocida comedia titulada Tartufo, cuyo subtítulo lo explica todo: Tartufo o el impostor.
La palabra «tartufo» es hija de las peores familias semánticas. Tiene sinónimos como falaz, falso, fariseo, felón (traidor), artificioso, judas, mentiroso, camaleón, desleal, truhán, capcioso, comediante, hipócrita, insidioso o jesuita. En francés hay otros muchos sinónimos de tartufo que no sabría traducir, como “escobar” o “patelin” que designan a quienes exhiben una amabilidad fingida con la que seducen a los demás para ocultar su verdaderas intenciones, que nunca son buenas.
Marx diría que la impostura es un caso de fetichismo, un desdoblamiento en el que hay dos personajes en la misma persona, el que aparece y el que hay que descubrir. En francés «tartuffe» es el nombre de la trufa, ese champiñón que hay que buscar escondido bajo la tierra. En castellano decimos que algo está “trufado” cuando resulta de la mezcla de ingredientes diversos. Se opone a la “pureza”, que nos gusta porque no tiene aditivos, colorantes, ni conservantes. Lo auténtico es lo simple.
No debe extrañar que la representación de la comedia de Molière fuera prohibida en su momento, considerándola como un ataque brutal a la religión. El arzobispo de París llegó a amenazar con la excomunión a cualquiera que la representara o escuchara. Los beatos, los devotos y los meapilas han sido siempre el prototipo del impostor.
Sin embargo, Molière no sólo se refería a la religión sino también a la política. Entonces, como ahora, muchos asimilaban los sinónimos de tartufo al de político e impostor. Pero el argumento de la comedia no es exactamente el personaje de Tartufo sino los que le rodean. ¿Cómo es posible que no se den cuenta de que es un impostor?, ¿por qué logran engañar a la gente?, ¿por qué suman tantos votos?
El Tartufo es lo que antes en los colegios católicos llamaban el «director espiritual». Es un guía, un dirigente o un «líder» como dicen hoy los anglosajones. El genial Molière le describe a la perfección. Las masas no siguen a un tartufo porque sea listo, o porque sea más listo que el común de las personas, a las que siempre tomamos por idiotas. No es listo, diría Molière: es un listillo, que es bastante diferente.
Como él mismo reconoció, Molière es deudor del teatro de Lope de Vega y en el Tartufo francés revive la picaresca española. El listillo es un engañabobos; se aprovecha del buen corazón de la gente corriente, de las necesidades que tienen las personas humildes y sencillas que no han entrenado su malicia.El Tartufo es, además, un payaso. Para interpretar el personaje, Molière vestía de bufón ridículo y eso no hay que perderlo de vista: lo mismo que los curas, los dirigentes políticos no son más que unos payasos de traje y corbata. No cabe duda de que hacen reir a los espectadores, pero el objetivo de Molière era claramente político e iba mucho más allá: ¿ayudaría la burla a encontrar la trufa escondida bajo la tierra?, ¿cómo lograr que el espectador se aperciba del engaño de que es objeto por parte del impostor?
En el siglo XVII el truco era dios, el paraíso, el pecado original, la virgen María y los arcángeles. En el siglo XXI el truco es Felipe VI, el estado de derecho, las elecciones, el parlamento y la constitución.
En este tratado no perderé ni un minuto en contarle al lector lo que sabe de sobra: detrás de su falsa devoción religiosa (o política), la intención oculta de Tartufo es quedarse con la herencia. Siempre el dinero. Ya lo dijo el ministro Zaplana, otro impostor de libro: él había llegado a la política para forrarse. Sólo le faltó añadir: los votantes me importan una mierda, y los que no votan ni te cuento.
Si a un bufón le quitas el maquillaje no encuentras otra cosa más que esa. En el caso de Pujol es la herencia de su padre, en el otro es una declaración complementaria a Hacienda que olvidó incluir en su momento, a veces son recalificaciones de terrenos, o tarjetas opacas, o contratos blindados, o cuentas en Ginebra, o rescates bancarios, o cursillos de formación, o la prima de riesgo, los bonos subprime, o las cláusulas suelo, o…
Como todo manual, el de la impostura (política) acaba en la economía (también política). Pero esa es una materia que corresponde a otra facultad universitaria, por lo que debo terminar mi nueva ciencia aquí mismo.
El apoyo de la CIA y la OTAN a los nazis en el este de Europa no es nada nuevo. Ya en tiempos de la guerra fría, el embajador estadounidense Lev Dobriansky tuvo como misión ayudar a los nazis ucranianos para que sabotearan la infraestructura soviética. Esta vez fue su hija, Paula Dobriansky, subsecretaria de Estado a cargo de la «democratización» de 2001 a 2009, quien preparó el golpe de Estado de Kiev, desde su posición de vicepresidenta de la National Endowment for Democracy.
Durante la primavera, Estados Unidos comenzará a entrenar y armar la Guardia Nacional ucraniana. El EuCom acaba de confirmarlo oficialmente y precisa que se trata de un programa que forma parte de los pasos del Departamento de Estado para ayudar Kiev a garantizar la «defensa interna» de Ucrania.
El financiamiento, ya aprobado por el Congreso de Estados Unidos, proviene de un fondo especial creado en conjunto por el Pentágono y el Departamento de Estado para «garantizar entrenamiento y equipamiento a fuerzas de seguridad extranjeras» con el fin de que «los países asociados pueden enfrentar desafíos importantes para la seguridad nacional de Estados Unidos».
La misión de entrenamiento en Ucrania sirve para «demostrar el compromiso estadounidense a favor de la seguridad del Mar Negro y el valor de las fuerzas estadounidenses desplegadas en posiciones avanzadas».
En el campamento militar de Yovoriv, a unos 50 kilómetros de la frontera polaca, instructores estadounidenses entrenarán en el campamento las unidades de la Guardia Nacional ucraniana, cuyos efectivos se estiman entre 45 y 50.000 voluntarios.
Creada por el régimen de Kiev en marzo de 2004 gracias a un primer financiamiento estadounidense ascendente a 19 millones de dólares, la Guardia Nacional ucraniana incorporó de inmediato las formaciones neonazis, ya entrenadas anteriormente por instructores de la OTAN con vistas al putsch de Kiev, como lo demuestra la documentación fotográfica sobre los militantes neonazis entrenados en 2006 en Estonia.
Los batallones Donbass, Azov, Aidar, Dniepr-1, Dniepr-2 y otros, que constituyen la fuerza de choque de la Guardia Nacional, se componen de neonazis no sólo ucranianos sino también provenientes de otros países europeos. Las atrocidades que ya han cometido en Ucrania contra los civiles de nacionalidad rusa están ampliamente documentadas en videos y testimonios –basta con buscar en Google «atrocidades de los neonazis en Ucrania». Pero, a pesar de que Amnistía Internacional acusó al régimen ucraniano de ser responsable de los crímenes cometidos por esos batallones, Estados Unidos sigue apoyándolos y entregándoles incluso blindados. Y ahora van a fortalecerlos con el programa de entrenamiento y armamento.
Este programa es parte de la «Operación Firmeza Atlántica» iniciado el EuCom para «tranquilizar a nuestros aliados ante la intervención rusa en Ucrania y como medio de disuasión para impedir que Rusia obtenga la hegemonía regional». En el marco del creciente despliegue de fuerzas estadounidenses en el este de Europa, el Pentágono ha enviado «expertos militares para incrementar la capacidad defensiva de Ucrania» y asignó 46 millones de dólares más para entregar a Kiev «material militar, incluyendo vehículos y dispositivos de visión nocturna».
De esa manera, Washington ya está armando a las fuerzas de Kiev puesto que de no recibir armamento pesado de Estados Unidos podrán adquirirlo con los millones de dólares puestos a su disposición.
Alemania, Francia e Italia se dicen favorables a una solución diplomática. Pero al mismo tiempo, en la cumbre de Bruselas, esos mismos países se comprometen, junto a Gran Bretaña, España y Polonia, a encargarse de las misiones más importantes en la formación de la «Fuerza Avanzada» de la OTAN, en el marco de la «Fuerza de Respuesta», que pasa de 13.000 a 30.000 efectivos y cuenta con 6 centros de mando y control en Estonia, Letonia, Polonia, Rumania y Bulgaria.
Mientras tanto, Estados Unidos, preparando la cumbre de Minsk –en la que sin embargo se abstiene de participar–, afirma por boca del secretario de Estado John Kerry que entre los miembros de la alianza atlántica «no existen divisiones, todos estamos de acuerdo en que no puede haber solución militar».
Pero al mismo tiempo, al entrenar y armar a los neonazis ucranianos, Estados Unidos alimenta la llama de la guerra en pleno corazón de Europa.
Manlio Dinucci, Red Voltaire, 12 de febrero, http://www.voltairenet.org/article186719.html




(1) Karl von Clausewitz: De la guerra. Estrategia y táctica, Barcelona, 2006, pg.253
(2) Lenin, Respuesta a las preguntas de un periodista norteamericano, Pravda, 25 de julio de 1919.
(3) Hoxha: Reflexiones sobre China, Tirana, 1979, pg.57.
(4) George F. Kennan: Memorias de un diplomático, Barcelona, 1971, pgs.246 y 254.


