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Historia del contencioso entre China y Vietnam por el control de las islas Paracelso

Al este del centro de Vietnam y al sur de la isla china de Hainan, un grupo de pequeñas islas está sembrando la discordia en el Mar de China Meridional. La clave para entender el contencioso va mucho más allá de los titulares de los medios de comunicación actuales.

Vietnam es uno de los países que lleva mucho tiempo reclamando la soberanía de las Paracelso, pero éstas están bajo control chino. La razón se encuentra en un dramático enfrentamiento franco-chino en 1947 y en una guerra que se evitó por poco.

La dinastía vietnamita Nguyen reclamó por primera vez las Paracelso en 1816. Sin embargo, Francia, que había colonizado Vietnam, mostró poco interés en ellas y China desarrolló una reclamación rival en 1909. Por temor al expansionismo japonés, Francia reafirmó la reivindicación anamita (vietnamita) en 1931.

Cuando Francia envió una fuerza franco-vietnamita para ocupar las islas en 1938 y construir un faro, se encontró con que las fuerzas japonesas que ocupaban la isla de Taiwán ya se habían instalado antes que ella. Durante la Segunda Guerra Mundial, las Paracelso fueron ocupadas por fuerzas japonesas y franco-vietnamitas que convivían. Tras la rendición japonesa en agosto de 1945, las islas fueron abandonadas y dejadas en manos de los pescadores, que permanecieron allí por temporadas.

Un avión de reconocimiento confirmó en noviembre de 1946 lo que un barco francés había visto en mayo de ese año: las islas estaban ahora desocupadas.

En octubre de 1946, el gobierno francés dio instrucciones a su alto comisionado en Saigón para que estableciera una presencia en la mayor de las islas Paracel, la isla Woody, y levantara una estación meteorológica. Sin embargo, el Alto Comisionado Georges Thierry d’Argenlieu estaba ocupado preparando la guerra contra la República Democrática de Vietnam de Ho Chi Minh.

La primera guerra de Indochina estalló en Hanoi el 19 de diciembre de 1946. Mientras las fuerzas francesas y del Viet Minh luchaban casa por casa en la densamente poblada Hanoi, el Alto Comisionado decidió enviar un buque de guerra a las Paracelso desocupadas en respuesta a la instrucción del gobierno francés.

Sin embargo, esta vez China había llegado primero. Un avión de reconocimiento francés observó el 10 de enero a un grupo de hombres en la isla de Woody ondeando banderas chinas. Cuando el buque de la marina francesa, Le Tonkinois, llegó siete días después, el barco fue recibido por un destacamento chino de tres oficiales y 60 hombres.

Los franceses informaron a los chinos de que las Paracelso eran territorio vietnamita, bajo protección francesa, y les exigieron que se marcharan rápidamente. Se negaron. Se hicieron amenazas y se ofrecieron sobornos, pero todo fue en vano.

Las alarmas sonaron en París y en Nanjing, la capital del gobierno nacionalista chino. Francia no podía permitirse una guerra con China en un momento en que luchaba contra las fuerzas del Vietminh de Ho Chi Minh. Esto podría desencadenar una intervención china en apoyo del Viet Minh.

Por su parte, el dirigente chino Chiang Kai-shek estaba presionado por su partido Kuomintang para que defendiera con firmeza las reivindicaciones de soberanía de su país en el Mar de China Meridional. Aunque necesitaba concentrarse en su guerra contra el Ejército Rojo de Mao Zedong, Chiang no podía hacer concesiones a una potencia colonial sin arriesgarse a perder la cara.

El Ministerio de Asuntos Exteriores francés discutió brevemente un posible acuerdo en el que China obtendría las Paracelso si Francia recibía oficialmente las Spratly. En cambio, París propuso en Nanjing que la cuestión de la soberanía en las Paracelso fuera arbitrada por el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya.

Chiang Kai-shek se negó. Independientemente del régimen, China es reacia a dejar las decisiones fronterizas en manos de terceros, insistiendo en cambio en negociaciones fronterizas bilaterales con cada uno de sus vecinos. En 2014, China también se negó a participar en un arbitraje iniciado por Filipinas para resolver ciertas cuestiones jurídicas relativas a las Spratly. Esto llevó a que en 2016 un tribunal arbitral constituido en el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar dictaminara que China no tenía ningún derecho histórico sobre las zonas marítimas situadas dentro de su línea de 9 rayas y que ninguna de las islas Spratly podía formar parte de su zona económica ni de su propia plataforma continental. Esta fue una sentencia que ningún gobierno chino podía aceptar.

El enfrentamiento de enero de 1947 en la isla Woody terminó con la salida de Le Tonkinois. En lugar de enfrentarse a las fuerzas chinas, el barco puso rumbo a la isla Pattle, en las Paracelso del suroeste, y dejó allí una guarnición franco-vietnamita. Las Paracelso se dividieron entonces entre los chinos y los vietnamitas.

En mayo de 1947, el parlamento de la República de China instó a Chiang a recuperar el resto de las Paracelso, incluida la isla Pattle, ahora en manos de Francia. Esto debía hacerse utilizando la fuerza si era necesario. Sin embargo, Chiang estaba demasiado ocupado luchando contra Mao. Cuando Chiang huyó a Taiwán en 1950 y Mao tomó el control total de la China continental, la guarnición de Chiang en la isla de Woody se retiró.

La isla de Woody permaneció desocupada durante los cinco años siguientes, mientras que el estado de Vietnam, controlado por los franceses, siguió ocupando la isla de Pattle. China restableció su presencia en la isla Woody en 1955.

La división de las Paracelso duró hasta 1974. Cuando Vietnam del Sur ya no podía contar con el apoyo estadounidense, Mao hizo lo que se le había pedido a Chiang en 1947. Mao utilizó la fuerza para apoderarse de la totalidad de las Paracelso, donde ahora hay una importante base militar china.

Sin embargo, la República Socialista de Vietnam mantiene firmemente la reclamación histórica de soberanía de Vietnam.

Stein Tønnesson https://southeastasiaglobe.com/paracels-source-south-china-sea-dispute-conflict-history/

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Estados Unidos fomenta la guerra en el Mar de China Meridional

Han surgido serias divisiones sobre las diferencias en la Mar de China Meridional durante la reunión de los ministros de Asuntos Exteriores de la Asociación de Naciones de Asia del Sudoeste (ASEAN) que se celebra en Laos, lo que aumenta las ya vivas tensiones en estas aguas estratégicas. La cumbre tiene lugar tras la decisión del 12 de julio del Tribunal Permanente de Arbitraje (CPA) de La Haya, apoyado por la ONU, que ha rechazado las pretensiones marítimas chinas en el Mar de China Meridional. Apoyados por Estados Unidos, Filipinas y Vietnam presionan para que el comunicado final incluya una referencia a la decisión del Tribunal, y a la necesidad de respetar el derecho internacional.

Estados Unidos, que no ha ratificado la Convención de Naciones Unidas sobre Derecho Marítimo (UNCLOS), han apoyado y ayudado a Filipinas a presentar su dossier ante el Tribunal de La Haya. China ha rechazado tomar parte en el proceso, insistiendo en decir que el Tribunal no tiene competencia, y ha declarado con insistencia que no prestará atención a la decisión. Aportando su apoyo a China, Camboya ha bloqueado toda atención a la decisión de la CPA en un comunicado de la ASEAN, y ha declarado su preferencia por que los litigios territoriales sean arreglados sobre bases bilaterales, postura adoptada por Pekín. Cuatro de los diuez miembros de la ASEAN, Malasia, Brunei, Filipinas y Vietnam, tienen desacuerdos antiguos sobre cuestiones marítimas con China.

En el transcurso de los últimos cinco años, el gobierno Obama ha intervenido directamente en estos conflictos, declarando que Estados Unidos tiene un “interés nacional” en el Mar de China Meridional, insistiendo en “conversaciones en foros multilaterales” tales como la ASEAN. En 2012, la ASEAN se dividió en torno a la cuestión, entre Filipinas y Vietnam por un lado, y Camboya por el otro.

Por primera vez en los 45 años de historia de la Asociación, la cumbre de aquel año finalizó sin el anuncio de un comunicado final.

Washington ha estado intensificando las tensiones en el curso de los últimos 18 meses, denunciando la creación de zonas de diques por parte de China y supuestas militarizaciones de arrecifes bajo su control en el Mar de China Meridional. Incluso antes de cualquier decisión del Tribunal de La Haya, la Marina norteamericana ha iniciado tres provocadoras operaciones de “libertad de navegación” (FONOPS), enviando destructores al límite territorial de 12 millas marinas que rodean los islotes administrados por China.

El refuerzo de las capacidades militares de los Estados Unidos en el Mar de China Meridional y de los lazos militares con los países vecinos, como Filipinas y Vietnam, forman parte de una cabeza de puente hacia Asia más grande para aislar diplomáticamente a China, cercándola militarmente y preparándose para la guerra.

Tras obtener la decisión del Tribunal de La Haya, Washington tiene la intención de extender su ventaja. El ministro Estadounidenses de Exteriores, John Kerry, es esperado en la capital laosiana de Vientiane, en donde participará en las negociaciones ampliadas de la ASEAN, y tal vez se reúna con su colega chino Wang Yi, para discutir cuestiones marítimas.

Un alto responsable anónimo norteamericano ha declarado a los periodistas que Kerry animaría a los países involucrados a “orientarse de manera constructiva hacia un esfuerzo para encontrar medios diplomáticos para interactuar pacíficamente en el Mar de la China Meridional”. De hecho, Estados Unidos está haciendo todo lo posible para meter una cuña entre China y sus vecinos. Este responsable ha declarado que era importante que los miembros de ASEAN “se pronuncien” y encuentren un terrreno de acuerdo en estas cuestiones.

Mientras que Kerry ha buscado reforzar un frente anti China en la reunión de la ASEAN, el vicepresidente Joe Biden estuvo en Australia y Nueva Zelanda para consolidar las alianzas militares. Australia, en especial, juega un papel central en la expansión militar norteamericana en Asia, abriendo sus bases a las fuerzas americanas, e integrando al ejército australiano con sus homólogos norteamericanos.

Tras la decisión del Tribunal de La Haya, el Pentágono ha reiterado su decisión de que el ejército norteamericano “navegue, vuele y opere” en todo el Mar de China Meridional. Sin duda, Biden ha presionado al gobierno australiano para dar luz verde a sus propias FONOPS navales en las aguas chinas reivindicadas, para dar así un aspecto de legitimidad a las acciones provocadoras de Washington.

La consejera de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Susan Rice, está actualmente en Pekín para realizar entrevistas sobre el Mar de China Meridional, supuestamente para hacer avanzar la cooperación en un período de tensiones incrementadas. Antes de las discusiones, otros funcionarios anónimos han declarado que “no buscamos hacer cosas que agraven la situación. Y al mismo tiempo, procuramos que ellos [los chinos] no hagan cosas inoportunas que puedan degenerar”.

En el período que precedió a la decisión de La Haya, el ejército estadounidense efectuó cierto número de acciones muy provocadoras, como ejercicios navales con dos portaaviones y sus grupos de ataque aeronaval en el mar de Filipinas, cerca de las aguas disputadas. El portaaviones USS Ronald Reagan y su grupo de ataque de destructores y cruceros patrullaban el Mar de China Meridional. La US Navy y los Marines comenzaron los ejercicios anuales de guerra marítima con las Fuerzas Armadas de Singapur, con 700 efectivos y navíos, submarinos y aeronaves de ambos países.

La demanda de Rice de que China se abstenga de medidas “agravantes” es en realidad un aviso amenazante de que toda acción china en el Mar de China Meridional será condenada y aprovechada para justificar la continuación de la expansión militar de Estados Unidos en esta región estratégicamente sensible. Mientras que Estados Unidos pretende proteger las rutas comerciales, su refuerzo militar es una amenaza implícita a la vez contra las bases chinas adyacentes al Mar de China Meridional y contra las rutas marítimas, de las que China depende para importar materias primas vitales y energéticas de Oriente Medio y de África.

La ofensiva diplomática de Washington sobre el Mar de China Meridional amenaza con romper el grupo de países de la ASEAN. Aunque es posible que se encuentre una fórmula para esconder la miseria de las profundas diferencias en el comunicado final, el “Wall Street Journal” ha informado que en Vientiane los diplomáticos discutían cambios fundamentales sobre la manera en que se toman las decisiones.

“La frustración [por el veto de Camboya] lleva a la discusión de ideas hasta ahora tabúes, sobre modificaciones en las reglas de la ASEAN que permitan una ruptura del consenso necesario y permitir la creación de pequeñas coaliciones que permitirían a la mayoría de la ASEAN avanazar en las «cuestiones en litigio”, explica el periódico.

Esa trayectoria podría llevar a una ruptura de la organización, ya sea en favor del campo proamericano o del campo prochino.

La lucha por el reparto del Mar de China Meridional

En 1990 China se benefició del vacío estratégico creado en el Mar de China Meridional por el abandono por parte de Rusia de sus bases militares en Vietnam, así como como por el cierre de las bases estadounidenses en Filipinas, que mostraba el desplazamiento momentáneo de sus preocupaciones a Irak y Afganistán. El Mar de China Meridional forma parte del Océano Pacífico, abarcando un área de alrededor de 3,5 millones de kilómetros cuadrados que va del Estrecho de Malaca y Singapur al Estrecho de Taiwan. Tiene más de 250 pequeñas islas, atolones, cayos, arrecifes y bancos de arena, la mayoría de los cuales están deshabitados, incluso se inundan durante la marea alta o están sumergidos permanentemente.

La ley china de 1992 sobre el Mar Territorial aprovechó la Convención aprobada diez años antes por la ONU sobre el Derecho del Mar para concretar las regiones que China reclama como propias, que suponen el 80 por ciento de la superficie total del Mar de China Meridional. Son las nuevas fronteras de la Gran China, el viejo Imperio Central.

Para deslindar sus ambiciones los chinos han procedido como los gatos, marcando en su Mare Nostrum una la “línea de nueve puntos” que parte del norte de Filipinas, bordea la antigua colonia española, desciende hasta la isla de Borneo y vuelve a subir por la costa vietnamita.

Además de unos pedazos de tierra firme, la Convención sobre el Derecho del Mar otorga 200 millas marinas (370,4 kilómetros) a partir de la costa del país que resulte titular del territorio. Por ejemplo, las Islas Spratly, que están a unos 230 kilómetros de Filipinas y a más de 1.200 kilómetros de China, forman un centenar de islotes y arrecifes que apenas suman 5 kilómetros cuadrados pero reconocen derechos soberanos sobre una plataforma marina con una extensión superior a los 400.000 kilómetros cuadrados.

Por la zona transcurre un tercio del tráfico mundial marítimo, tres veces superior al del Canal de Suez y cinco veces al de Panamá. El Ministerio de Recursos Geológicos y Minería de China estima, además, que puede contener 17.700 millones de toneladas de petróleo (superiores a los 13.000 millones de toneladas de Kuwait). Sin embargo, científicos estadounidenses han estimado que la cantidad de crudo en 28.000 millones de barriles. Según la Agencia Internacional de Energía la verdadera riqueza de la zona podrían ser reservas de gas natural. Las estimaciones dicen que el área poseería alrededor de 25.000 billones de metros cúbicos de esta fuente de energía, la misma cantidad que las reservas probadas de Qatar.

Varios países de la región, además de China, reclaman las islas y archipiélagos de la región, lo que ha conducido a negar su histórica condición de Mare Nostrum de China que su nombre indica. Mientras Vietnam lo ha rebautizado como el “Mar Oriental”, Filipinas lo llama el “Mar de Filipinas Occidental”.

La escalada de tensión ha llegado a tal punto que la ASEAN aprobó en 1992 una declaración sobre la solución pacífica de las disputas en el Mar Meridional de China y en 2002 a un código de buena conducta.

China evita desplegar abiertamente sus buques de guerra para realizar incursiones en las aguas en disputa. Utiliza buques de sus líneas marítimas civiles, mostrando de ese modo la persistencia de su reclamación y poniendo a prueba la respuesta de los países afectados, lo que le concede un amplio grado de maniobra para escalar o desactivar la tensión sin mayores consecuencias a corto plazo. Pero en ocasiones también ha utilizado buques de guerra, junto al sobrevuelo de sus aviones en las zonas conflictivas.

Filipinas ha entrado en un callejón sin salida con China en el Arrecife Scarborough, que este país llama Isla Huangyan. Está situado a un poco más de 160 kilometros de Filipinas y a unos 500 kilómetros de China. Violando la soberanía de sus aguas, China ha estacionado varios buques no militares. También Filipinas en 2011 envió un buque de guerra al atolón, tras un enfrentamiento con navíos chinos.

La creciente tensión entre China y Filipinas por las reclamaciones territoriales se puso de manifiesto en 2012. La pugna alcanzó cotas preocupantes cuando China amenazó con represalias económicas, e incluso con menciones a la guerra. Suspendió el turismo hacia Filipinas, recomendando a sus ciudadanos no visitar el país vecino y reforzó la inspección de la fruta procedente de su territorio. China es el mayor comprador individual de plátanos de Filipinas.

Por su parte, en el Pacífico Washington se define a sí misma como una “potencia residente“, un término acuñado en 2008 por el entonces Secretario de Defensa, Robert Gates, en una reunión sobre seguridad celebrada en Singapur. Tres años después, en un foro sobre seguridad celebrado en Hanoi, Hillary Clinton, la secretaria de Estado, declaró que para Estados Unidos los asuntos del mar en cuestión son de “interés nacional”.

En la región la superioridad militar de Estados Unidos se remonta a 1945 y sigue siendo indiscutible hoy: 6 de los portaaviones que dispone se encuentran ya en el Pacífico. Pero además de sus propias fuerzas, la estrategia de Estados Unidos se apoya sobre sus fieles aliados, que empiezan por Corea del sur, siguen con Japón, Taiwan y Filipinas, para acabar en Australia.

El carácter del Mar y del Pacífico, en general, es estratégico para Estados Unidos, por lo que sigue trasladando el grueso de sus fuerza militar, para disponer sobre el terreno del 60 por ciento de su fuerza naval desplegada permanentemente hacia 2020. La VII Flota ha relevado al portaviones Kitty Hawk por el más avanzado George Washington y el grupo de destructores ya está dotado con el sistema Aegis. Con la misma idea de golpear más allá del alcance de sus sistemas aeronavales, planea la entrada en servicio de 260 cazas F-35C (invisibles al radar), la ampliación del radio de acción de los F-18 (con depósitos adicionales) y dotarse de más aviones de guerra electrónica EA-18G, todo ello tras haber probado con éxito el aterrizaje autónomo en un portaviones del dron X-47B.

De esta manera Estados Unidos reconoce la creciente importancia del Extremo Oriente, no solo desde el punto de vista comercial. En la misma medida otras regiones (como Europa) pierden relevancia estratégica.

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