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Un documental desvela las torturas a menores en los internados del franquismo

Es una crítica devastadora del imperialismo, una mirada de Sudán desde un avión de dos asientos hecho a mano, en la que se ve a los capitalistas estadounidenses, los petroleros chinos, los funcionarios de la ONU y los misionarios cristianos luchar para dar forma a Sudán según sus propios intereses y, al mismo tiempo, aplaudir la supuesta “independencia” de un Estado recién salido del horno.
La historia de Sudán se remonta al antiquísimo reino de Nubia, hace 2.500 años. Con Egipto formó un único país, pero hay ahora ya hay tres surgidos en las orillas de Nilo, todos ellos sacudidos por el imperialismo, sus apéndices yihadistas y sus guerras. Los imperialistas están convencidos de que los mini-Estados, como Sudán del sur, siempre resultarán mucho más manejables.
La independencia del sur la impuso Estados Unidos en 2011, dentro de la Primavera Árabe. Fue el fin del Estado más extenso de África, que vive una guerra en la que han fallecido 50.000 personas y en la que, como todas las que promueve el imperialismo, el final no aparece por ninguna parte.
Pocos días después de la declaración de independencia, la empresa nacionalizada de petróleo de Sudán del sur Nilepet, se “asoció” con Glencore International Plc, una multinacional de los Rothschild, para poder sacar su petróleo al mercado. La nueva sociedad se llama PetroNile y un 51 por ciento está controlado por Nilepet y el 49 por ciento restante por Glencore.
Sudán se asienta sobre un océano de petróleo y el gobierno central de cometió un tremendo error: tener a China como el principal cliente de su petróleo. Tras ser expulsado de Libia por la OTAN y de Centroáfrica y Mali por Francia, fue el cuarto golpe que recibió el gigante asiático en África. Ahora la mitad del petróleo se la llevarán los Rothschild, en lugar de los chinos.
Para despedazar a Sudán hizo falta una larga campaña de demonizar a sus dirigentes, vincularlos con Al Qaeda, y bombardear sus infraestructuras, como el laboratorio farmacéutico Shafa (1998). Que su presidente Al-Bashir esté perseguido, como lo fue Milosevic, Saddam y Gadafi, revela la agresión en serie contra los países estratégicos.

También hubo un “Dr. Mengele” español que experimentaba con ellos. El documental es duro y me costó llegar hasta el final. Lo más escalofriante es que estas situaciones duraron hasta mediados de los 80, ya entrada la democracia. La Televisión de Cataluña, ofrece el documental en castellano que está disponible en internet (*).
“Me quemaban el culo con velas y me restregaban ortigas por mis partes por orinarme en la cama”; “lo que le hice a este señor sé que se llama felación, pero yo entonces no tenía ni idea”; “pensé en suicidarme. Que un niño con 12 años piense en eso es muy duro”. Son algunos testimonios de los centenares de miles de niños y niñas que pasaron gran parte de su infancia, cuando no toda, encerrados en internados y centros de beneficencia durante el franquismo y los primeros años de la democracia. Allí fueron víctimas de palizas, violaciones, trabajo esclavo y vejaciones, en unos centros que el régimen utilizaba para su propaganda. Unas dramáticas experiencias vitales que quedaron sepultadas por el silencio y que recoge el documental Los internados del miedo, realizado por dos de los periodistas que más han documentado la barbarie de la dictadura en España, Montse Armengou y Ricard Belis.
Los testimonios que han podido recabar destacan por su crueldad y evidencian la impunidad con la que órdenes eclesiásticas que cobraban por cada niño que acogían, e incluso funcionarios del Estado, actuaban contra unos menores que no tenían manera de defenderse ni denunciar. “Me llevaron a Sant Boi. A veces yo le contestaba a la monja y me castigaban con electrochoques, pero no porque estuviera loca, sino como castigo”, relata en la cinta Julia Ferrer, sobre su experiencia en la Casa de la Caridad de Barcelona. “Venía el sacerdote con la mano bajo la sotana, tocándote y tocándose él, teniendo un orgasmo. Y a este mismo señor al día siguiente lo veías dando misa a las 8 de la mañana. Mi creencia en Dios quedó trastocada”, explica Joan Sisa, que pasó varios años en las instalaciones Llars Mundet de la capital catalana, un internado inaugurado por Franco para acoger a niños procedentes de familias desestructuradas.
Algunos de los afectados dan fe de la explotación laboral a la que fueron sometidos. “Yo fui vendido. Me sacaron del colegio y me llevaron a León a cuidar ganado a los montes completamente solo, con 13 años”, cuenta José Sobrino, uno de los afectados. “Nos hacían lavar de la mañana a la noche con sosa. Me quedaron las manos llenas de agujeros, con sangre y pus. En el colegio éramos esclavas”, afirma Isabel Perales sobre sus años en el centro religioso Ángeles Custodios de Bilbao.
Otros testimonios relatan palizas cotidianas y vejaciones delante de los demás niños. “Un aspecto en el que hemos incidido bastante es en que no se trataba de castigos que se estilaban en la época, como podía ser pegar con una regla en la mano en la escuela, sino que rayan la tortura: los apaleaban de forma cruel, los humillaban en público, de manera que les han quedado secuelas terroríficas o les daban una comida infecta y si vomitaban les obligaban a comérselo, con el discurso aquél de ‘con el dinero que nos costáis y lo que hacemos por vosotros’”, expone Armengou.
“Estamos hablando de mucha maldad, de mucho desprecio. Y un impacto muy fuerte para nosotros ha sido comprobar que este tipo de abusos tuvieron su auge en los 60 y 70, pero también se produjeron a principios de los 80. Con la amnistía del 77 mucha gente salió a la calle, pero en cambio estos niños continuaron encerrados en una especie de cárceles”, apunta.
La extensión del fenómeno
“El régimen franquista se encargaba de la beneficencia y la asistencia social, pero en la mayoría de casos era una beneficencia falsa, con ánimo de adoctrinamiento y formación ideológica. Además, había sido el régimen el que había creado esa situación: niños desvalidos porque los padres estaban en las cárceles, o porque se habían separado y la madre perdía la custodia, incluso abandonados porque la madre no podía soportar el estigma de ser madre soltera”, detalla Armengou. “Existía un organismo terrorífico, el Patronato de Protección de la Mujer, que se creó, textualmente, para ‘proteger a la mujer caída o en riesgo de caer’; pero ese centro que iba encaminado a la prevención de la prostitución acabó siendo un contenedor donde fueron a caer niñas en exclusión social, adolescentes con inquietudes políticas, o menores que habían sido violadas por algún familiar y se habían quedado embarazadas. A quienes encerraban era a las víctimas”, subraya la documentalista.
A pesar de no ser un fenómeno que sucediera en todos los internados, colegios religiosos, orfanatos, preventorios antituberculosos o centros de Auxilio Social, los casos de abusos físicos, psíquicos, sexuales, de explotación laboral y prácticas médicas dudosas ocurrieron en multitud de ellos. Tanto que después de elaborar documentales como Los niños perdidos del franquismo, Las fosas del silencio o el retrato del Valle de los Caídos Abuelo, te sacaré de aquí, es el trabajo con el que sus autores se han encontrado más casos entre conocidos y allegados. “Mucha gente nos ha dicho que su padre, su hermano, un amigo… ha pasado alguna experiencia no demasiado agradable en uno de esos internados. Es el documental en el que nos ha pasado más”, asegura Armengou.
Los autores del documental contactaron con algunos de los presuntos responsables de esos abusos para corroborar las historias y contrastar información, pero estos no aparecen en la cinta, que se centra en dar voz a las víctimas. Algunas de ellas se encuentran adheridas a la querella argentina por los crímenes del franquismo, pues afirman no creer en la justicia española. Hubo quien recientemente acudió a la justicia eclesiástica que, “aunque parezca extraño, es mucho más dura que la civil para casos de abusos, con plazos de prescripción mucho más amplios”, señala Armengou, aunque los casos se cerraron al haber fallecido los presuntos culpables.
Al contrario de lo que sucedió en Irlanda, donde tanto el Estado como la Iglesia han condenado los casos de abusos a menores, en España el Estado ni siquiera ha escuchado a las víctimas. Es mediante trabajos como éste que, por primera vez, sienten que alguien se interesa por ellos y se atreven a desvelar sus traumas. Armengou destaca el cariño que reciben por ese trabajo: “Una vez más nos hemos encontrado unas muestras de agradecimiento brutales por parte de la gente. Con todas las dificultades continuamos haciendo una apuesta por estos temas, pero es increíble que tengamos que seguir haciendo de bomberos, de UVI y de primeros auxilios sobre la verdad y la reparación en este país. A nivel profesional es muy enriquecedor. Pero como ciudadana es una vergüenza”.
El grupo que representa a Hungría en el festival de Eurovisión pretendía competir con la canción “Wars for nothing” pero no lo podrá hacer porque Israel ha impuesto su veto. La canción evoca a los niños víctimas de la brutal agresión de Israel a Gaza el año pasado.
Con dicha canción el grupo, que encabeza la cantante Csemer Boglarka “Boggie”, pretendía representar a Hungría en la edición de este año, que se celebrará el próximo mes de mayo.
La letra denuncia los numerosos muertos causados por el cruel ataque del ejército israelí sobre una población indefensa, de la que dos terceras partes eran civiles, entre ellos 500 niños.
La noticia de las presiones israelíes ha sido divulgada por el sitio Ynet, que también es israelí. El gobierno de Tel Aviv manifestó su oposición al embajador húngaro Ilan Mor y pidió al gobierno húngaro que censurara la canción, ya que se trataba de un mensaje “inapropiado”.
El propio embajador húngaro ha perdido reunirse con el grupo musical para explicarles las razones de la censura, que ponen de manifiesto que el largo brazo de Israel no deja títere con cabeza en ninguna parte del mundo, así como el servilismo de los gobiernos hacia un Estado tan criminal como ilegítimo.

A raíz del contacto con Snowden, la directora reconstruyó la manera en la que se había elaborado la noticia de la filtración del espía al corresponsal del diario “The Guardian” en Brasil, Glenn Greenwald. También reveló cómo la maquinaria gubernamental estadounidense respondió a la filtración. De esta manera el periodista pasa sin quererlo a ser objeto de noticia tras ser espiado, e inclusive llegan a detener sin motivo a sus seres queridos.
«Ciudadano 4» trata sobre el espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional. Cuenta los tensos días de Snowden en un hotel de Hong Kong y sus encuentros con periodistas a medida que se publicaban detalles de que el espionaje recababa datos de las actividades de internet y telefónicas de millones de estadounidenses y decenas de dirigentes mundiales.
El documental ha recibido el premio a la mejor película para la Asociación Internacional del Documental. Se suma al de mejor documental en los premios del Círculo de Críticos de Cine de Nueva York esta semana. También es candidato a un premio independiente Spirit y está entre los 15 filmes en la carrera para el Oscar al mejor documental.
La cineasta Poitras compartió el premio Pulitzer este año por su papel en la publicación de los documentos de Snowden. Recibió un premio de la asociación de documentales el pasado año por su «valentía para conseguir la verdad».
Cuando se doble al castellano, «Ciudadano 4» se debería titular «Ciudadano de Cuarta», uno de esos millones de personas, casi todo el mundo, que han perdido todos y cada uno de sus derechos, casi sin darse cuenta, esos a los que cada vez les cuesta más averiguar la verdad. ¿Por qué es cada vez más difícil diferenciar la verdad de la mentira?, ¿por qué hay que ser valiente, casi un héroe, para defender la verdad?, ¿por qué hay que esforzarse tanto por algo tan sencillo?
Hasta hace muy pocos años nadie preguntaba por la fuente de la que había obtenido determinada información. Ahora lo que pedimos no es que nos informen sino que nos demuestren. Tenemos mucha información pero sospechamos que la mayor parte de ella es mentira. ¿Quién es el autor de toda esa sarta de mentiras que circulan por el mundo?

Las imputaciones contra el diario español se llevaron a cabo en vísperas de la primera visita oficial de John Kerry, secretario de Estado de Estados Unidos a Marruecos, un importante aliado del imperialismo en el norte de África. La historia que vamos a contar demuestra, pues, que las presiones contra la libertad de expresión siguen esta línea:
Marruecos ya anunció su intención de denunciar a El País el 17 de septiembre de 2013, el mismo día que Alí Anouzla, director de la edición en árabe del portal digital de noticias Lakome, fue detenido en relación con el mismo caso. Un artículo de Lakome que trataba sobre el terrorismo y la corrupción en Marruecos hacía mención al vídeo y contenía un enlace a la entrada de Cembrero en su blog, titulado Orilla Sur. El blog, a su vez, contenía un enlace al vídeo, subido a YouTube con el título «Marruecos: reino de la corrupción y el despotismo».
El vídeo, de 41 minutos de duración, fue objeto de múltiples menciones en los medios marroquíes. Muestra a un dirigente de Al-Qaeda en el Magreb, Abdelamalek Drukdal, aconsejando a unos jóvenes marroquíes que se unieran a su grupo en lugar de «emigrar a España en patera». El gobierno de Marruecos lo considera como el primer vídeo de Al-Qaeda dirigido a la sociedad marroquí.
Llegó la cascada de censuras. El mismo día de la denuncia, El País retiró el enlace de su sitio web el 17 de septiembre. Posteriormente, el vídeo también fue retirado de YouTube, a petición de Marruecos. YouTube declaró que había retirado el enlace porque incumplía su normativa sobre la violencia.
A pesar de la censura, el gobierno de Marruecos no se queda a gusto y denuncia tanto a los periodistas como a las publicaciones donde trabajan. Tras la denuncia de Marruecos la Fiscalía se puso en conctacto con El País para solicitar información sobre dicho enlace. Pedro Zuazua, director de comunicación de El País, dijo que «es obvio que El País no ha ayudado a Al Qaeda y que no teníamos ningún tipo de fines propagandísticos. Nos hemos limitado a transmitir información veraz con y de interés público».
Como toda agresión a la libertad de expresión, además de su carácter represivo, es discriminatoria, es decir, arbitraria, dice el corresponsal: «El vídeo atribuido a Al-Qaeda en el Magreb Islámico permaneció enlazado en varios sitios web, entre ellos muchos portales en inglés especializados en terrorismo, y Marruecos no ha iniciado ningún proceso judicial contra ellos».
En efecto, la edición en francés de Lakome publicó un artículo el mismo día que la edición en árabe e incluyó un enlace directo al vídeo de YouTube. El sitio web en francés es dirigido por Aboubakr Jamai, periodista residente en Alemania que recibió un Premio Internacional a la Libertad de Prensa en 2003. Jamai no ha sido objeto de ninguna denuncia penal ni de hostigamiento en relación con su artículo.
Jamai calificó la decisión de la Fiscalía de la Audiencia Nacional como «problemática ya que se trata de una decisión ad hoc, pues en España se han publicado innumerables vídeos de Al-Qaeda sin que el gobierno español jamás haya abierto un proceso penal». Los ataques a la libertad de expresión siempre son así: se dirigen contra unos y no contra otros, es decir, siempre van contra los mismos. Otros disfrutan de patente de corso.
A la voracidad persecutoria de la Fiscalía de la Audiencia Nacional le sigue los pasos el propio periódico, que en lugar de asumir la defensa de la información y del informador, se convierte a su vez en censor: el 5 de febrero El País destituye a su corresponsal, que deja de trabajar en la cobertura informativa del Magreb y lo reubica en el suplemento dominical: «No lo puedo demostrar, pero no tengo ninguna duda de que la decisión del periódico de reubicarme está vinculada directamente a la denuncia de Marruecos», manifestó el periodista represaliado.
Marruecos puso en libertad bajo fianza al periodista Anouzla el 25 de octubre del año pasado, a raíz de un llamamiento en favor de su excarcelación por parte de organizaciones de defensa de la libertad de prensa. Pero siguió procesado por el delito de «defender acciones que equivalen a delitos de terrorismo» y «proporcionar asistencia a responsables o cómplices de actos de terrorismo», según la Fiscalía marroquí.
Lo mismo que en los países más caciquiles del mundo, en España el terrorismo tapa todos los agujeros; sirve para cualquier cosa, incluida la censura de la prensa. Lo peor es que, además, la censura empieza por arriba (gobierno) y acaba en cualquier periodicucho de mala muerte, como es El País, pasando por toda clase de siniestras oficinas jurídicas, togas y picapleitos.
Por fin, no perdamos de vista la manera rastrera en que España se somete dócilmente a la cadena de mando del imperialismo, incluso aunque las instrucciones procedan de un país tan subalterno como Marruecos. Tan increíble como cierto.
Termómetro de la libertad de expresión:
https://mpr21.info/p/blog-page_3.html