La web más censurada en internet

Etiqueta: Video (página 2 de 4)

Una de las películas que hizo grande al cine soviético: ‘La Huelga’ de Serguei Eisenstein

Dos oscuras chimeneas de la fábrica, que se alzan hacia un cielo partido por un cable eléctrico, vomitan su humo negro. Sin avisar aparece un enorme burgués, reconocible por su estado de forma, que observa a sus empleados caminar como hormigas. Un título nos dice que todo está en calma en este mundo de hierro donde hasta el cielo está atravesado por vigas metálicas que encierran a los trabajadores como en un aviario.

Luego viene un gigantesco “HO” (“pero”, en ruso). Sin previo aviso, la O, círculo, símbolo de unidad e igualdad, ataca la H, cuadrada y rectilínea, haciéndola caer.

Bajo una rueda que gira -símbolo de la imperturbable y opresiva máquina- las sombras se juntan y susurran algo. Tiene lugar otro encuentro en el reflejo de un charco y, además, en la dirección opuesta. El decoro capitalista por un lado. A partir de ahí, la voluntad de derrocar el orden establecido se desarrolla gradualmente.

Eisenstein tiene 25 años cuando rueda esta película. Antiguo estudiante de ingeniería y veterano de la Guerra Civil, ha estado trabajando en todos los campos de las artes durante el último año. Es un firme partidario del socialismo y su proyecto es un ciclo de 7 películas que retratan los pasos hacia la Revolución de Octubre. Sólo “La Huelga” verá la luz del día.

Es una película de propaganda sin matices, totalmente comprometida con la causa del Partido Bolchevique y forma parte del objetivo de Eisenstein de educar al proletariado y hacerlo consciente de su fuerza. El poder de los capitalistas es fruto sólo del trabajo de los proletarios; bastaría con organizarlos para que ese poder se derrumbe, como lo demuestra el que los trabajadores paren la rueda con un simple cruce de brazos.

Como es habitual en las películas soviéticas de la época, el tono está lleno de contrastres: los obreros son valientes y virtuosos, los burgueses y sus secuaces, engañosos y grotescos, comparados con animales tan amigables como el mono, el zorro o el bulldog. Las imágenes de animales sacrificados en un matadero se intercalan con la masacre de los huelguistas.

Pero es un error reducir “La Huelga” a su aspecto propagandístico porque -ante todo- es un manifiesto que presenta a Eisenstein como un verdadero cineasta del movimiento y el equilibrio. En “La Huelga” no hay un personaje héroe porque la individualización de los protagonistas se consideraba entonces como un elemento del espectáculo burgués. El héroe son las masas proletarias, a veces encarnadas por ese joven trabajador anónimo con cuerpo de atleta.

La masa se rueda como una corriente continua e interminable diseñada para sumergirlo todo. Regularmente avanza frente a la cámara, como para cruzar la pantalla e invertir la realidad. Frente a esta fuerza vital del proletariado, la fuerza mortal de la burguesía y sus aliados, el ejército y la mafia, es todo lo contrario. Aparecen varias veces emergiendo de la tierra como un ejército demoníaco.

La mayor parte de la película es un gran duelo en forma de ballet entre las diferentes líneas de fuerza. Después de haber pasado por el teatro, Eisenstein sabe que quien domina el espacio está en una posición dominante. Por lo tanto, la masa proletaria trata de invertir ese espacio y los capitalistas se empeñan por impedirlo. Varias veces los soldados están en primer plano como para separar a los huelguistas de la cámara (y por lo tanto del público, es decir, de la realidad). Luego los huelguistas retroceden, pero por un instante, un trabajador se interpone entre ellos y la pantalla, esta vez para detener el desastre y reanudar el duelo. En cuanto al final, el ejército finalmente supera el levantamiento y vemos a los trabajadores atrapados y acorralados en pequeños rincones del campo.

El martirio de los trabajadores es el tema principal de la película y Eisenstein hace todo lo posible para que la masacre final sea chocante para alimentar el fuego de la revuelta. Con este propósito perfila su famoso montaje de atracción, que había teorizado un año antes. Se trata de editar imágenes impactantes con las escenas de la película para resaltar el horror de la última. Así, la matanza de los trabajadores se compara con la del gran jefe con una forma alta de prensar su limón (el limón atacando el cuero del zapato) o incluso más convincente, con la matanza de una vaca desafortunada en un matadero.

Animales hay muchos en La Huelga. La vaca mártir, por supuesto, los animales con los que se relacionan los soplones, pero también hay osos, cabras, cuervos, caballos y gatitos. Estos últimos, presentes en casi toda la segunda parte, parecen estar intrínsecamente ligados al mundo del trabajo y encarnan la franqueza de la huelga. Cuando el movimiento se ve amenazado, son los gatos los que culpan de los golpes: la mujer de un obrero amenaza con dejarlo si no vuelve a trabajar, un gatito se lleva un zapato en la pelea; los gatos muertos y colgados adornan el marcador de los bandidos que ayudarán a aplastar la revuelta, y cuando el ejército mata a los obreros, vemos a un niño tirar un gatito desde el tercer piso, poco antes de que un niño sea arrojado en el vacío por un soldado.

Es sin duda uno de los principales temas que Eisenstein explora: la amenaza de inocencia, la corrupción de la franqueza. Al mundo armonioso, poblado por los hijos de los proletarios se opone el mundo de la fábrica metálica y asesina (el suicidio de un obrero mostrado como si fueran las propias máquinas las que lo mataran).

Los trabajadores son filmados en un grupo indistinto, alegremente caótico y aéreo, los capitalistas están aislados, solos en sus aviones o rígidamente dispuestos en cuadrados, vitrificados, similares a las máquinas de las que se creen dueños. En Eisenstein el capitalismo divide y encierra a la gente; impide el nacimiento de este mundo idílico cercano al ideal de la naturaleza que es el comunismo al que aspira el director.

La Huelga es una película que irradia tanta fuerza que su tema trasciende todas las épocas. Casi se puede decir que en su primer largometraje Eisenstein inventa el cine. O por lo menos se debe reconocer que crea una nueva forma de cine, imitada pero nunca superada.

Señor Klein: a todo cerdo le llega su San Martín

Estamos en 1942, en plena ocupación de Francia por los nazis. Robert Klein es un marchante de arte que compra obras maestras a precios de ganga a los judíos que intentan huir de la deportación.

En medio de la guerra, del terror y de la persecución, Klein vive muy confortablemente y sólo tiene que preocuparse por sí mismo, por vivir cada dia mejor.

Hasta que una mañana aparece en la puerta de su casa un periódico destinado a los judíos marcados con la estrella amarilla y Klein descubre un homónimo que perturba su buena vida porque, además de judío, el otro señor Klein es miembro de la resistencia antifascista.

Klein hace lo que haría cualquier buen ciudadano: lo denuncia a la policía, e incluso va más allá; asume las funciones de policía y se pone a buscar al “otro señor Klein” para sacudirse el problema de encima y mostrarle a la policía que es un colaboracionista de corazón.

Sin embargo, el denunciante acaba siendo el denunciado. La Gestapo y la policía empiezan a seguirle los pasos. ¿Quién se esconde bajo ese tal señor Klein que denuncia a otro señor Klein?

Así comienza la película que Joseph Losey dirigió en 1976. Hay una mujer desnuda que tapa sus tetas ante un médico que debe diagnosticar su “grado de judaísmo”. En realidad no es un médico sino más bien un veterinario, uno de esos “científicos” de mirada fría y aséptica que tiene que justificar la deportación y, finalmente, la muerte. Sin motivos personales, ni morales, ni políticos, ni ideológicos… Pura y exclusivamente científico-médicos.

Es una película sobre la indiferencia humana ante el sufrimiento ajeno… que finalmente no resulta ser tan ajeno. Podía ser el tan repetido poema de Brecht, pero tras la cámara está Losey, director de otra película inquietante, “El sirviente”, donde los papeles se invierten al más puro estilo hegeliano: el esclavo acaba haciéndose el amo (y a la inversa).

En lugar de “Señor Klein”, en España la película la hubieran titulado “A todo cerdo le llega su San Martín”, pero en otros lares son más elegantes. Los cerdos se caracterizan precisamente por revolcarse en medio de la porquería, que es la nota diferencial de las sociedades capitalistas en donde, como el “Señor Klein” todos creen que la cosa no va con ellos. Primero fueron los terroristas, luego los catalanes, ahora los raperos…

La película es también una reflexión sobre la identidad, sobre lo que somos y lo que creemos ser. A cada paso debemos preguntarnos si somos judíos, terroristas o raperos. Es un debate a medio camino entre la sociedad y la biología, un tema bastante antiguo ya sobre el que se ha escrito una numerosa basura seudocientífica por parte de unos (sociólogos) y otros (biólogos).

El marchante integrado, estandarte del burgués, acaba marginado y desintegrado, algo coherente con una sociedad, como la francesa de 1942 que, lo mismo que la actual, está dominada por la sospecha, la delación, la intriga… En fin, una cloaca en la que sólo pueden vivir los cerdos.

Son sociedades en las que impera la policía, que es la que detiene a Klein en París cuando se estaba buscando a sí mismo. Le sorprenden en compañía de los mismos judíos de los que se había aprovechado antes y todos ellos acaban en los trenes que conducen a Auschwitz.

Los guionistas de la película, entre los que estaba el griego Costa Gavras, tomaron el nombre de Klein de un personaje real, entrevistado por Marcel Ophüls, para su excelente y polémico documental de 1969 “Le Chagrin et La Pitié” acerca de un tabú francés: la colaboración de la población con los ocupantes nazis, el mismo argumento que la película “Lacombe Lucien” de Louis Malle reprodujo en 1974.

Aquel personaje se llamaba Marius Klein. Era un comerciante alsaciano que, para evitar ser confundido con un judío a causa de su apellido, publicó anuncios en la prensa, dejando muy claro que era francés de pura cepa, aceptando así, sin cuestionar en absoluto, la ocupción nazi.

Todo tiene un por qué; hasta las películas se cuecen en las peores pesadillas y conducen a otras pesadillas aún peores. Losey fue un cineasta estadounidense que se refugió en Europa a causa de la Caza de Brujas en Hollywood. Huyó de una pocilga para retratar otra.

El destino de todos los Klein es Auschwitz. “Quién soy yo para vivir bien”, es la pregunta con la que acaba la película.

Marlene Dietrich: la musa de los comunistas de todo el mundo

La actriz alemana Marlene Dietrich es una de las grandes musas del siglo XX, un mito que la burguesía ha utilizado para esconder su enorme personalidad como mujer de arraigadas convicciones comunistas y antifascistas. De hecho, el nombre de “Marlene” es un acrónimo formado para homenajear a Marx y Lenin y huir el suyo propio: Magdalena o “Lena” para sus familiares más cercanos.

A diferencia de otras actrices de Hollywodd, Marlene era una mujer con una extraordinaria formación artística. Estudió música y al trasladarse a vivir a Weimar descubrió la filosofía y la literatura, de la que fue siempre una apasionada.

Una inflamación en la mano la obligó a abandonar el apredizaje del violón y la condujo al teatro. Se matriculó en la prestigiosa escuela dramática de Max Reinhardt e inmediatamente intervino en su primera película como actriz: “Tragedia de amor” de Joe May.

Alterna el cine con el teatro y el music-hall, donde la conoció el gran director de cine Joseph von Sternberg, iniciando ambos una fructífera carrera en el “séptimo arte”, con películas inolvidables y canciones que marcaron una época, como “Ich bin von Kopf bis Fuß auf Liebe eingestellt” (Estoy hecha para el amor de la cabeza a los pies), que se conoce en el mundo entero por su título en inglés: “Falling in love again”.

Otra canción que le abrirá las puertas del mundo entero fue la conocida “Lili Marlene”, a la que le presta su propio nombre para inmortalizar a los fundadores del socialismo científico. La primera vez que la cantó fue delante de los soldados que combatían al fascismo en los campos de batalla.

El mito que Marlene ha dejado al mundo comienza en 1930 cuando interviene en la película de Von Sternberg “El ángel azul”, que muestra todo su enorme magnetismo.

El éxito la lleva a las filas de la Paramount, la multinacional de la gran pantalla.

Tras la proclamación del III Reich en 1933, Marlene huye con Von Sternberg hacia Francia, donde el embajador hitleriano le propone regresar para convertirla en el emblema del nuevo régimen, algo que rechazó. Incluso rechazó también a su propia hermana, Liesel, porque se había casado con un nazi, George Will, que dirigía la producción cinematográfica de la Wehrmacht, el ejército alemán.

La actriz viajó a Hollywood en compañía de Von Sternberg y asumió la nacionalidad estadounidense en 1938.

Como tantos otros comunistas estadounidenses, partició activamente en la Segunda Guerra Mundial en las filas del ejército, visitando los campos de batalla para animar a los soldados que combatían a sus “conciudadanos” alemanes, porque ella era así: internacionalista. Siempre puso por delante las diferencias políticas e ideológicas, no las nacionales.

Ya hizo lo propio en la Primera Guerra Mundial, cuando tenía 14 años: el 14 de julio de 1915, aniversario de la Revolución Francesa, cortó rosas blancas para entregárselas a los soldados franceses que estaban presos en los campos de concentración.

En Estados Unidos “El ángel azul” no tuvo tanto éxito como “Morocco”, otra colaboración del dúo que formaba con Von Sternberg. “Él me ha creado”, dijo la actriz del director en sus memorias. Pero también trabajó con directores como Henry Hathaway, Ernst Lubitsch, Billy Wilder, Alfred Hitchcock, Fritz Lang, Orson Welles o Richard Quine, en una larga carrera artística que no acabó hasta 1978, cuando acabó el rodaje de “Just a gigolo” de David Hemmings.

El ejército de Estados Unidos la condecoró con la Medalla de la Libertad. El francés también la condecoró en 1949 y la nombró comandante honoraria por los servicios prestados en la lucha contra el fascismo. Mitterrand, Presidente entonces de la República francesa, quiso organizar un acto oficial en el Elíseo, que ella rechazó.

Marlene murió en 1992 en París, donde vivió los últimos años de su vida. Era un 6 de mayo, justo el día en el que el Festival de cine de Cannes le rendía homenaje.

Está enterrada en el cementerio de Schöneberg, en Berlín. Su tumba, donde yace con su madre, sólo está identificada por un nombre de guerra legendario, “Marlene” y un epitafio: “Yazco aquí en conmemoración de mis días”.

Se estrena película sobre el exilio y la emigración españoles en Suiza

Miguel Soto Reverté
En la película “rEvolución permanente-Miguel Soto Reverté”, Javier Gutiérrez ahonda en las vicisitudes de la diáspora española que se exilió en Zurich tras la Guerra Civil y luego con la emigración española de los años 60. Se proyectará próximamente en los cines helvéticos.

Es un valioso documento histórico, político y moderno que lleva al espectador a través de la solidaridad y la esperanza de una migración que plasmó una huella indeleble en Suiza.

A través de la figura emblemática de Miguel Soto Reverté, desvela las controversias sociales de su época, pasando por el mítico año del 68, junto a conflictos y formas de ver la diáspora española a Suiza, durante el franquismo, que marcó la vida de los emigrantes.

Miguel Soto descubre el exilio, la solidaridad entre los sindicalistas, la esperanza de una nueva democracia, los cambios vividos en el siglo XX, además del papel importante que tuvieron los suizos en este destierro.

Suiza es uno de los países con mayor proporción de población de origen español en su población. En 1970 los españoles representaban el 11 por ciento de la población extranjera, lo que la colocaba como segunda colonia extranjera en Suiza, aunque muy por debajo de la italiana. Entre 2011 y 2015 la emigración española constituía el 4 por ciento de la población total del país que los había acogido.

En 1968 abrió sus puertas el Ateneo Popular Español de Zuriche bajo el lema “prohibido prohibir”. Actualmente cuenta con una biblioteca de 6.000 volúmenes, formado desde sus inicios gracias a donaciones, para uso de sus propios miembros.

Durante años el Ateneo ha organizado encuentros literarios, viajes, conferencias, tardes de información, actividades como yoga, y una clase para aquellos a los que les gusta escribir, llamada nada menos que los “escribidores”.

Tampoco podía faltar la revolución de las mujeres, que como Mercedes Soto y, más tarde el grupo Marea Granate, luchan por las causas que las orillaron a salir de España. Todas ellas se han dado a la tarea de hacer presencia activa entre los grupos de trabajadores emigrados en Suiza.

Mercedes Soto fundó el “Movimiento Autónomo de Mujeres”, el MAM, que acogió a jóvenes españolas y latinoamericanas, que valientemente decidieron “quitarse el delantal de amas de casa a codazos”, dejar su aislamiento, y reunirse para dar su visión de lo que representaba para ellas y sus familias entrar en la sociedad que las había acogido.

Las mujeres necesitaban, apunta igualmente Javier Gutiérrez, “salir de su casa, de estar ocupadas siempre con los hijos, mientras el marido en la política o en el bar…, y deciden luchar y organizarse para romper con aquel machismo feroz y con todos los prejuicios de una sociedad bastante retrógrada”.

El documental ‘Pasaiako Badia’ se proyecta en Catalunya

Desde hoy y hasta el 16 de marzo el documental “Pasaiako Badia” se proyectará en 10 salas de Catalunya. En todas ellas, habrá la oportunidad de conversar con los directores del documental.

La película relata la emboscada acontecida el 22 de marzo de 1984 en la localidad gipuzcoana de Pasaia, donde cuatro miembros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas fueron asesinados por disparos de la policía.

Después de detener a Rosa Jimeno y torturarla, la policía la obligó a poner una cita con sus compañeros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas que estaban en el País Vasco Francés. En las rocas de la bahía de Pasaia, la tienen atada de los pies. Cuando hace la señal se acerca la lancha y se oyen cientos de disparos.

Pedro Mari Isart y Jose Mari Izura murieron en las primeras ráfagas. Rafa Delas y Dioni Aizpuru fueron detenidos después. Un superviviente, Joseba Merino, vio que la policía les acribilló a tiros. El médico forense Paco Etxeberria contabiliza 113 orificios de bala en los cuatro cuerpos.

La versión oficial habló de un enfrentamiento.

En el documental participan, entre otros, los familiares de los asesinados, los abogados de la defensa, los testigos directos Joseba Merino y Rosa Jimeno, el ex-lehendakari Carlos Garaikoetxea, el médico forense Paco Etxeberria, el ex-perdiodista de “El País” Fernando Orgambides o el músico Enrique Villareal “El Drogas”.

El documental ha sido patrocinado por el diario Berria, EiTB y Gogora, el instituto de la memoria del Govierno Vasco. Desde que se estrenase el 24 de octubre en las salas Golem de Iruña, se han realizado decenas de proyecciones. El 12 de diciembre se emitió en ETB, donde duplicó las audiencias habituales de la cadena pública vasca.

Se han realizado más de 40 proyecciones en éstos últimos cuatro meses en las salas de Euskadi y una pequeña gira por Andalucía.

Los familiares de los asesinados siguen luchando para que la emboscada no quede en la impunidad ni en el olvido. Después de agotar las vías judiciales en España, han acudido al Tribunal de Estrasburgo porque aquí los jueces han hecho lo de siempre: darle el carpetazo al crimen.

6 de marzo, 19h, Amics de les Arts (Terrassa)
7 de marzo, 19h, Ateneu la Baula (Lleida)
9 de marzo, 19h, Casal Despertaferro (Reus)
10 de marzo, 12:30h, Ateneu Llibertari del Berguedà (Berga)
10 de marzo, 19:00h, A. Popular de l’alt Urgell (Seu d’urgell)
11 de marzo, 19:30h, la Cinètica (Barcelona)
14 de marzo, Sopela (València)
15 de marzo, 19:00h, Granollers (Anònims)
16 de marzo, 19:00h, La Base (Barcelona-Poble Sec)
17 de marzo, 18:00h, Rocaus (Sallent)

Las gentes de Corea del norte según el cine de Corea del sur

Un país demonizado es aquel del que se puede decir cualquier bobada porque nadie va a levantar para protestar por una idiotez. Por ejemplo, Corea del norte, un muñeco de feria, un país del que se puede colar cualquier desinformación porque, entre otras cosas, queda muy lejos. No sabemos nada, pero tampoco nos interesa saber.

De esa manera se ha creado un patrón de país, de sociedad y, naturalmente, de personas. Cabría esperar que en Corea del sur conocieran un poco más a sus vecinos del norte, que viven tan cerca y hablan el mismo idioma. Muchos de ellos son familiares entre sí. ¿Qué opinan de ellos?

Naturalmente las agencias de prensa tienen que mostrar otro estereotipo. Para eso les pagan. Pero, ¿cuál es la imagen que muestra el cine? El crítico Antoine Coppola ha dedicado a ello un interesante artículo (*), del que cabe deducir que esa imagen ha cambiado con el tiempo, ha seguido una evolución, condicionada por la situación política internacional.

Ahora podríamos ponernos pedantes y constatar que el cine es ideología, una superestructura que refleja la correlación de fuerzas, etc. No es así. Hasta hace bien poco, el cine surcoreano ha sido subvencionado para crear un artificio falso entre sus espectadores, muy aficionados al séptimo arte, un entusiasmo que comparten con los del norte: 200 millones de espectadores anuales.

El cine surcoreano no ha sido otra cosa que otro aparato de desinformación adicional, de manera que, una vez liberado de esas ataduras, la presentación del vecino ha cambiado. Ya no lo pintan tan negro. Los espectadores se han enterado de que en el norte hay personas buenas, incluso muy buenas.

En los noventa, dice Coppola, el cine del sur mostró una imagen politizada, tópica, de los norcoreanos que, entre otras cosas, sirvió para esconder las propias vergüenzas de un sur sometido hasta 1988 por una de las más repugnantes dictaduras fascistas de la posguerra, asociada a Estados Unidos.

En ese cine, el norcoreano era un comunista y el mejor comunista es el comunista muerto. Pero esa tesis es contraproducente porque supone que todos los habitantes del norte están de acuerdo con su Estado, y no es eso lo que se pretende demostrar, sino todo lo contrario: el norte es malo porque hay norcoreanos que no son comunistas y carece de libertad; no les permiten elegir en el supermercado de los partidos políticos.

A partir de los noventa, el cine del sur cambia el centro de gravedad: los norcoreanos son personas como nosotros mismos, hay de todo, no se puede generalizar… Es una imagen más cercana que siempre encaja bien con el vecino de arriba, con el que hay que esforzarse por llevarse bien, por convivir.

Es la “Revolución de las Candelas” de finales de 2016, el acercamiento de las dos Coreas que no está gustando nada en Washington: conversaciones mutuas, sin Estados Unidos como intermediario, y participación conjunta en los Juegos Olímpicos de Pyeongchang. Incluso los coreanos descubren su historia común y su enemigo común, Japón, al que achacan con una única voz la esclavización sexual de las mujeres coreanas durante la Segunda Guerra Mundial.

Es la reconciliación nacional a la coreana. La película “Joint Security Area” de Park Chan-wook relata la amistad de dos coreanos, uno del sur y otro del norte, mantenida en secreto que, por encima de diferencias ideológicas, como debe ser, pone la nacionalidad común. Otras películas imputan la división entre las dos Coreas a los países extranjeros (Estados Unidos, China, URSS, Japón), que han sembrado la discordia en la península, donde no hay diferencias sustanciales entre la población.

En el nuevo cine coreano la política ya queda muy lejos. A uno u otro lado del paralelo los coreanos son una gran familia a la que los avatares de la vida han desperdigado por distintos rincones del mundo y que debe reunirse para celebrar el cumpleaños de una abuela anciana. En el argumento de “Taegucki” aparece un soldado del sur para quien sólo cuenta la familia, lo que no le impide pasar con sus armas al norte. En “Welcome To Dongmakeol” el escenario es una pequeña aldea en la que unos y otros se reencuentran con sus raíces comunes, algo que sólo es posible porque los del norte no son tan malos como habíamos creído hasta ahora.

Pero en Corea del sur los guiones de cine cambian con los cambios de gobierno. Cuando llegan los hijos de MacArthur, “la derechona”, se acaba el diálogo entre unos y otros, vuelve el cine de la Guerra Fría, el anticomunismo primario, la guerra contra la invasión comunista, las torturas, el norcoreano hambriento, fanatizado y sanguinario…

En la película “Berlin File” el guión no escapa a otro tópico que no podía quedar ausente: tanto si viven en el sur como en el norte, los de abajo son personas sencillas manipuladas por los de arriba, cuyas acciones están dirigidas por móviles abyectos. El protagonista es un espía nordista traicionado por sus jefes. La infantería y la tropa de línea no son malos. Corea no tendría ningún problema si los del norte y el sur acabaran con sus respectos Estados Mayores.

Cuando el cine coreano es independiente, como “Jiseul”, una película presentada en el Festival de Sundance, el guión cambia radicalmente. Si el espectador no está atento a los títulos de crédito puede creer que se trata de la repugnante propaganda nordista. La historia es insólita: la matanza de comunistas perpetrada por la ONU y el ejército del sur en la isla de Jeju.

¿Sólo habían oído hablar Ustedes de las masacres cometidas por los feroces comunistas del norte? La película, basada en hechos reales, les mostrará otro rostro de la historia… al estilo coreano de su propia reconciliación nacional. Para que ello sea posible, el argumento necesita despolitizarse porque las verdaderas víctimas sólo son tales si no toman partido. Los inocentes son apolíticos; al resto (que son muy pocos) se los puede matar.

(*) https://asialyst.com/fr/2018/02/12/nouvelle-image-nord-coreens-cinema-seoul/

Los Papeles del Pentágono: lo que va de la realidad a la gran pantalla

La última película de Steven Spielberg sobre los Papeles del Pentágono (“The Post”) es una excusa para que los espectadores, sobre todo los más jóvenes, descubran un período de la historia del siglo XX, la Guerra de Vietnam, que influyó mucho en los más veteranos.

El guión relata la filtración a la prensa (New York Times y Washington Post) en 1971 de una masa gigantesca de material documental sobre la Guerra de Vietnam. Es lo más viejo del mundo: la historia oficial, todo lo que sobre Vietnam habían contado en Estados Unidos desde los tiempos de Truman, era mentira, pero algunos tragan con carros y carretas, hasta que llega la maravillosa prensa “made in USA” y les saca de su estupor.

¿Qué había contado esa prensa antes de la filtración de 1971? Las mismas mentiras que los portavoces de la Casa Blanca, los políticos y los parlamentarios.

Luego llega Hollywood para que saquemos la siguiente conclusión y nos la metamos en nuestra cabeza: una prensa libre como la que disfrutan en Estados Unidos (y no en otros países como la URSS) es imprescindible porque sirve de contrapeso al poder político y bla, bla, bla, bla, bla… Los verdaderos héroes de la democracia no son los políticos sino los periodistas y bla, bla, bla, bla….

Vean una de las primeras mentiras: los Papeles del Pentágono son 4.000 volúmenes de documentos que ningún periódico ha publicado nunca, entre otras razones porque es materialmente imposible.

La segunda mentira: el filtrador, un espía con mala conciencia llamado Daniel Ellsberg, tampoco filtró todos los papeles sino sólo algunos. Por ejemplo, no informó de que el presidente Johnson estaba negociando la retirada con los malvados (el Vietcong).

La tercera: la publicación de los Papeles no supuso ningún riesgo para la prensa porque lo autorizó expresamente el Tribunal Supremo. El levantamiento del secreto para que se pudieran difundir íntegramente no se levantó hasta… 2011. Sólo pasaron 40 años más.

La cuarta es muy importante: el Tribunal Supremo autorizó la publicación parcial de algunos de los documentos porque en Estados Unidos las movilizaciones contra la guerra eran un clamor popular, una insurrección cotidiana. De lo contrario hubieran dado el acostumbrado carpetazo.

Moraleja: sin una lucha tenaz en la calle, no hay leyes, ni derechos, ni tribunales, ni libertades, ni democracia, ni nada de nada.

Robert MacNamara
Aquí ya hemos desnudado en más de una ocasión al Washington Post, entre otros estafadores, sobre los que podemos seguir contando batallitas sin parar, como su silencio en el caso Irán-Contra: el presidente Reagan vendiendo armas clandestinamente al eterno enemigo iraní en 1981 para financiar así a los terroristas que luchaban contra el gobierno sandinista en Nicaragua (también clandestinamente).

El Washington Post conoció desde el primer momento que su país estaba financiando a los teroristas nicaragüenses (¿les suena esto?) y no lo publicó. ¿Dónde quedó su heroísmo?, ¿dónde estaba la prensa independiente?, ¿dónde los contrapesos del poder político?

Pero la cosa es aún más fuerte: la afamada editora del periódico, Katherine Graham (Meryl Streep en la pantalla), había pasado un fin de semana en compañía del no menos famoso Henri Kissinger hablando de los papeles antes de su publicación. Nadie se los filtró; ya los conocía.

En la película la larga velada se resuelve con un cara a cara entre Graham y Robert MacNamara, secretario de Defensa de 1961 a 1968 bajo las presidencias de Kennedy y Johnson. La editora demuestra mucha familiaridad con el jefe del Pentágono y le reprocha haber ordenado la compilación de toda la gran masa documental y, a pesar de ello, continuar con la guerra de agresión que los imperialistas no podían ganar.

Al aspecto fundamental de todos los Pepeles del Pentágono, las movilizaciones populares, hay que sumarle, pues, el otro punto capital: que en las altas esferas todos sabían, al menos desde 1971, incluida la prensa, incluido MacNamara, que habían perdido la guerra. Pero, ¿qué hubiera ocurrido si creyeran que la podían ganar?

La deducción es: la publicación de los Papeles del Pentágono no se hizo con propósitos pacifistas, sino para presionar a la Casa Blanca a fin de que buscara una salida honrosa, negociada, que disimulara una derrota en toda regla. No se trataba de la paz sino de guardar las apariencias.

No podemos dejar de mencionar al presidente Nixon, porque la publicación de los papeles se produce dos años antes del Golpe de Estado periodístico de Watergate. Nixon es el presidente más amortizado del siglo XX y en Washigton sus alias circulaban de boca en boca: “Dick” el mentiroso, el tramposo, el estafador…

Nixon abandonó la paridad del dólar con el oro, bombardeó Camboya salvajemente (más de medio millón de toneladas) sin autorización del Congreso, negociaba con la URSS y con China, orquestó el Golpe de Estado contra Allende en Chile en 1973… La película deja claro que en 1971 los demócratas ya preparaban la caída de su presidente, como ahora preparan la de Trump.

¿Qué deben esperar de la película? Una extraordinaria puesta en escena, como todas las de Steven Spielberg, un sionista de primera línea, que en 2006 financió al criminal Estado de Israel con un millón de dólares por la criminal agresión contra Gaza. Spielberg está en la línea de todos los demócratas “made in USA”. Forma parte de eso mismo que denuncia.

4 años de la tragedia del Tarajal: 14 emigrantes muertos y ningún guardia civil responsable

España no olvida la mayor tragedia sufrida por los migrantes que intentan llegar a las costas de la frontera sur en toda su historia. Ocurrió el 6 de febrero de 2014. Bordeando a nado el malecón de Tarajal, un espigón construido en Ceuta para separar Marruecos de España, casi 200 subsaharianos tantearon alcanzar la playa aquella oscura noche. El desenlace fue desolador. Sus brazadas frenéticas chocaron con un amplio contingente de guardias civiles equipados con material antidisturbios dispuestos a repeler su llegada.

Las imágenes y testimonios de aquel suceso dejó lugar a pocas dudas y, desde entonces, la polémica no se ha disipado. Los gritos de pavor a pocos metros del arenal se entremezclaban con el fragor de las armas en una secuencia de 10 minutos que se hacen interminables. Se habla de 14 muertos aunque nunca se sabrá el número exacto de fallecidos. Varios de ellos se hundieron en las aguas del Mediterráneo tras recibir el impacto de proyectiles disparados desde tierra. Todas las organizaciones humanitarias que trabajan en la febril frontera hispanomarroquí calificaron aquel suceso como “crimen” y pidieron responsabilidades. Sin embargo, hace pocos días, la jueza que lleva el caso cerró el sumario argumentando, entre otras cosas, que no había pruebas testificales suficientes. Lejos de lograrlo, el Comité Español de Ayuda al Refugiado (CEAR) acaba de presentar un recurso para reabrir el proceso.

Las aportaciones al sumario han sido innumerables pero ayer se difundió una desconocida, la de un joven camerunés que logró sobrevivir a la violenta carga. Su nombre es Hervé y su declaración testifical de seis minutos pone los pelos de punta. Narra que aquel 6 de febrero de 2014 se lanzó al mar sin saber nadar, pero pensó que merecía la pena arriesgarlo todo para llegar Europa. “Cuando estábamos nadando, en territorio marroquí, comenzaron a tirarnos  gas lacrimógeno que producía espuma en contacto con el agua”, relata en un video que ha sobrecogido al país. Después llegarían los disparos de balas de goma “a metro y medio” y los golpes con palos desde la lancha neumática de la Guardia Civil.

El impacto de su testimonio ha sido mayúsculo. Radios, televisiones y prensa escrita, que siempre han censurado el extremo celo con el que en ocasiones se emplean las fuerzas de seguridad españolas en la frontera más concurrida de Europa, mostraron ayer una prueba que pone en cuestión la versión de que “los agentes no dispararon indiscriminadamente sino que trataron de auxiliar a las víctimas” sostenida hasta ahora por el gobierno español. Un video de los hechos publicado hace menos de un año echaba por tierra esta declaración oficial.

La frontera del Tarajal, en Ceuta, está sometida a fuertes tensiones desde hace décadas. Los datos oficiales indican que cerca de 4.000 personas cruzan cada día por este paso para comerciar en la ciudad española de Ceuta, un enclave costero español en suelo marroquí. Los controles son cuantiosos y metódicos a ambos lados de la valla metálica que separa ambos países pero, en ocasiones, como ocurrió hace dos semanas, se producen avalanchas humanas que provocan fallecidos, la mayoría mujeres que trabajan como mulas para organizaciones ilegales de mercancías.

Este fue el motivo principal que ha empujado a 125 entidades sociales de toda Europa a solicitar ayer, coincidiendo con el aniversario de la tragedia del Tarajal, que las instituciones de la UE reconozcan oficialmente el 6 de febrero como “Día Europeo de las Víctimas de las Fronteras”. Lo formalizaron a primera hora de ayer, bajo un frío helador, en la oficina que el Parlamento Europeo tiene en Madrid. Ahora, dicen, deberán esperar al menos un mes para su propuesta pueda ser sometida a votación por el plenario de la cámara de Estrasburgo.

https://www.eltelegrafo.com.ec/noticias/mundo/8/tragedia-del-tarajal-aniversario-de-la-muerte-de-14-migrantes-a-manos-de-la-guardia-civil

 

Una crónica de la agresión imperialista contra Yugoeslavia: ‘El peso de las cadenas’

El documental canadiense sobre la Guerra de Yugoeslavia, “El peso de las cadenas”, realizado en 2010 por el director Boris Malagurski (*), narra la destrucción de Yugoslavia, el papel central que jugaron los imperialistas, la Unión Europea y la OTAN, así como el secuestro de la verdad por los medios de intoxicación.

A diferencia de su primer documental, “Kosovo: Can You Imagine?” (Kosovo, ¿Puedes imaginar?), se centra en todo el espacio de la antigua Yugoslavia y no sólo en la guerra serbio-kosovar.

La historia oficial, relatada por los medios, describe la Guerra de Yugoslavia de mediados de los noventa como el resultado de conflictos étnicos, religiosos e independentistas de larga data.

Por el contrario, Malagurski demuestra que la guerra fue alentada por las potencias imperialistas para imponer un capitalismo a la medida de sus propios intereses en la región. Con testimonios de testigos, especialistas y un gran material de archivo, Malagurski revela que el Banco Mundial ya tenía un informe de las posibles consecuencias que una injerencia militar generaría, mucho antes de desatarse la guerra. Entre esas consecuencias, el capital financiero había diseñado las coordenadas económicas que iban a intentar llevar adelante en función de colonizar el territorio.

“¿Quién querría ser realmente una colonia?”, es el disparador con el que abre el documental. De inmediato, vuelve al interrogante: “¿Era tan terrible la vieja Yugoslavia comunista?”. “Un mes de vacaciones, escuela, vivienda y salud garantizadas”, se responde a sí mismo. Malagurski pinta a la ya desaparecida Yugoslavia como un sistema con una relación especial entre Estado, empresas privadas y cooperativas de trabajadores. Luego hace un largo recorrido histórico que muestra las idas y vueltas de un país unido, desunido y vuelto a juntar una vez más. Entre esas desavenencias y atravesando la Primera y Segunda Guerra Mundiales, se repite un patrón común: la intención de las grandes potencias de apoderarse de una porción del pastel.

En 1943, con Yugoslavia unida, emerge la figura del mariscal Tito. Bajo su égida, la de un dirigente no alineado que trata de edificar un “tercera vía” entre “el este y el oeste”, el capitalismo y el socialismo.

A su muerte en 1984, Estados Unidos comienza a operar sobre Yugoslavia. Caído el bloque socialista, era el momento de alinear a Yugoeslavia dentro de la férula de OTAN e instalar un capitalismo a la medida.

Los documentos desclasificados de la CIA que demuestran que Estados Unidos estaba esperando su oportunidad de hacer el abordaje. Unos pocos se quedaron a la fuerza o mediante trampas, con el esfuerzo de muchos. Así es como financiaron a los opositores y compraron a los periodistas.

El operativo colonizador estaba en marcha. El objetivo: disciplinar a todos los países emergentes. El Banco Mundial y el FMI imponen sus decisiones en el nuevo gobierno: retirar la protección social o destruir la industria local para luego comprarla a precios de ganga.

De este modo, la fábrica de cigarrillos serbia Niz, es comprada por Philip Morris a precio de ganga, o la fábrica de autos Yugo, bombardeada por resultar peligrosa su entrada en el mercado americano.

Como resultado de estas políticas, sube el desempleo y bajan los salarios. Al mismo tiempo, estos protagonistas promueven las internas religiosas o étnicas. Se va cocinando la guerra, primero entre Serbia y Croacia, luego el resto de los países. Al tiempo y como efecto dominó, todos reclaman la independencia. La guerra de Yugoslavia estaba oficialmente declarada y, con ella, la “limpieza étnica”. La OTAN es el instrumento utilizado por Estados Unidos y Alemania para la invasión militar. Crear el caos y luego “intervenir para salvarlos”. De eso se trata, como siempre.

Una vez llevada adelante la destrucción y entre imágenes de violencia lacerante, el documental nos sumerge en el conmovedor momento de ver a familias, amigos y vecinos separarse a la fuerza, luego de pasar toda una vida juntos. “Queremos volver a la vieja Yugoslavia”, proclaman. Ayuda a comprender este penoso e incomprensible desarraigo, echarle un vistazo a otro documental, “Hermanos y enemigos”, donde dos ex jugadores, compañeros y amigos de una gran selección de básquet yugoslava, enfrentan la insólita situación de tener que finalizar su vínculo afectivo por decisión de otros. Otros, desconocidos.

A Malagurski se le puede reprochar la ausencia de un análisis más profundo y riguroso sobre el funcionamiento de lo que él considera como “socialismo” en Yugoeslavia. Pero logra desenmascarar las tretas del imperialismo para imponer sus intereses a la fuerza y utilizando todos los instrumentos que tienen a mano para esconder y tergiversar sus verdaderas intenciones. El respeto por la libertad y la soberanía de los pueblos, nunca estuvo en el diccionario de las grandes potencias.

Los piratas nunca pasan de moda.


‘La huelga’ de Eisenstein musicalizada para celebrar los 100 años de la Revolución de Octubre

El director soviético de cine Serguei Eisenstein
Este año la Revolución Rusa conmemora su centenario y, para celebrarlo, la Cinemateca de Toulouse en Francia, encargó al músico Pierre Jodlowski para darle vida a una de las piezas principales del universo fílmico revolucionario: “La huelga”, de Serguei Eisenstein que se proyectó en la URSS en 1924 como una película de cine mudo.

La película fue iniciativa del movimiento Cultura Proletaria (Proletkult) que encabezaba Valeri Pletniev, quien encargó a Eisenstein una serie de películas que llevarían por título “Hacia la dictadura (del proletariado)”. Las películas debían contar la historia de la Revolución Rusa desde 1880 hasta 1917 y se centrarían en diversos aspectos de las luchas obreras.

Se iban a rodar siete títulos, pero finalmente sólo se realizó “La Huelga”, que debía ser la quinta entrega del proyecto. En gran parte se rodó en exteriores de Moscú y alrededores, en 1924, año de la muerte de Lenin y de la fundación de la URSS.

Esta película inauguró la edad de oro del cine soviético. Se abre con una cita que Lenin toma de Engels: “La fuerza de la clase obrera es la organización. Sin organización de masas, el proletario es nada. Organizado lo es todo. Estar organizado significa unidad de acción, unidad de actividades prácticas”.

En medio de un hermético silencio, relata una protesta obrera real ocurrida en 1903 protagonizada por los trabajadores de una fábrica de Rostov del Don, a la que luego se sumaron más de 500 fábricas.

Fue el primer largometraje de Eisenstein, que un año después dirigiría la famosa película “El acorazado Potemkin”, obra cumbre de la historia del cine de todos los tiempos.

Eisenstein dota a cada escena de una fuerte carga poética, pasando de las pieles curtidas por el trabajo, a los campos apacibles; la promesa de un cambio ante el poder opresor del ejército y las sanguinarias consecuencias de la sublevación.

La escena más famosa de la película es una secuencia final trágica donde, haciendo uso Eisenstein de sus innovadoras teorías de montaje, se alterna la masacre hacia los huelguistas e imágenes de bovinos sacrificados.

Otro tema de la película, que es una de las mayores características del cine de Eisenstein, es que el protagonista absoluto del film no es un sujeto, sino un acontecimiento, la huelga, lo que pone al colectivo contra el individuo, que es el protagonista exclusivo del cine burgués.

El filme del legendario cineasta ruso, su ópera prima, representa no solamente un testimonio del ideal revolucionario, sino que representa una de las primeras muestras de un cine preocupado por la secuencia de imagen y el montaje, más que por los actores; deja ver los esbozos de lo que Eisenstein desarrollará posteriormente en su “teoría de las atracciones”.

La propuesta de Jodlowski, uno de los músicos franceses más relevantes, está marcada por asediar las fronteras entre el sonido acústico y eléctrico y se caracteriza por su anclaje dramático y político.

De hecho, al músico francés apunta que “La huelga” es un lienzo que de pronto vuelve a la vida y en la que el blanco y negro se convierten en colores.

Para celebrar el Centenario de Octubre, hoy la XLV edición del Festival Internacional Cervantino lleva a León, México, la película musicalizada en vivo. Será a las 18:00 horas, en el teatro María Grever.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies