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La asociación estratégica entre Rusia y la UE pasa a la historia

La cumbre Rusia-Unión Europea celebrada en enero de este año llegó a ser la última. Las relaciones actuales entre Moscú y Bruselas no prometen que esas reuniones vuelvan a celebrarse, escribe el presidente del Consejo de política exterior y defensa, Fiodor Lukianov.

Semejante previsión no se debe a una antipatía personal entre Putin, y sus homólogos europeos. Es que el modelo de la cooperación estratégica entre Rusia y la Unión Europea ya ha pasado a la historia. Ese modelo estaba basado en la premisa de que tras la desaparición de la Unión Soviética Rusia no tiene alternativa a una aproximación político-económica e incluso institucional a Occidente y en primer lugar a la Union Europea.

El presidente ruso, Vladímir Putin, ha hecho varios intentos de adaptar la identidad nacional rusa al formato que permite hacerse parte de la sociedad occidental. Si Occidente hubiera demostrado más flexibilidad y creatividad en su diálogo con Rusia es muy probable que Moscú ya se habría convertido en miembro de una asociación con la Union Europea.

Durante muchos años la idea de que Rusia tiene futuro solo como miembro de una «gran Europa política» ha sido un axioma. Hoy en día predomina una percepción diametralmente contraria. Sería inadecuado decir que la nueva identidad política rusa se está creando a través de una contraposición a Europa. Pero es totalmente evidente ya no es prioritario para el Kremlin construir relaciones duraderas con la Union Europea.

Fuente: Rossiyskaya Gazeta, 24 de diciembre, http://mundo.sputniknews.com/prensa/20141224/1032764409.html

Los submarinos de Putin dentro de la Unión Europea

La web del Partido Comunista de Ucrania advierte en su portada de que Estados Unidos prepara un nuevo “Maidan” en Praga contra el Presidente checo Milos Zeman. Según los comunistas ucranianos, Estados Unidos trata de impedir por todos los medios que Moscú mantenga abiertos los puentes con los países del centro de Europa (1).

Empiezan a calentar motores. Las manifestaciones contra Zeman por las calles de Praga se han convertido en algo cotidiano. Utilizando un símil futbolístico, le sacan “tarjeta roja” por sus estrechos vínculos con Putin y su reciente visita a China. Durante los recientes actos oficiales de celebración de la fiesta nacional, cuando empezaba su discurso, le silbaron y le lanzaron huevos.

Los discursos de Zeman suenan muy distorsionados respecto a lo que al imperialismo le gustaría escuchar de los labios de un presidente de gobierno europeo. En relación a la situación en Ucrania, exculpa a Rusia de cualquier responsabilidad y afirma que se trata de una “guerra civil”.

La gota que ha colmado el vaso ha sido una entrevista concedida a una radio en la que, entre otras cosas, criticó al grupo musical Pussy Riot. Es alguien a quien hay que taparle la boca.

En Praga los organizadores de las manifestaciones y protestas hablan inglés y están muy organizados: reparten tarjetas rojas, no dejan que nadie les fotografíe y no quieren decir a qué movimiento pertenecen. Llevan banderas tibetanas, pero sobre todo ucranianas, no sólo la del país sino también la del nazi Stepan Bandera.

“No os tengo miedo a vosotros”, les dijo Zeman a los manifestantes el otro día a través de la megafonía. “Tampoco lo tuve hace 25 años”, añadió en referencia a la caída del Telón de Acero en Checoslovaquia.

Como es costumbre, la intoxicación propagandística le da la vuelta a la tortilla. “Quien siembra vientos recoge tempestades”, le dice la revista Respekt en tono de amenaza. Otros medios parecidos, como el diario Lidové Noviny, le califican de “provocador”.

Para entender lo que está ocurriendo en Europa central hay que recurrir, además, a comprobar lo que al respecto dicen los propagandistas del imperialismo, como la revista española “Estudios de Política Exterior” que titula un artículo  con esta chulería: “Hungría, un submarino ruso en la Unión Europea” (2).

En este caso le toca el turno al primer ministro húngaro Viktor Orban que, como bien dice la revista, ha ganado este año por amplia mayoría las elecciones legislativas, las europeas y las municipales al frente de un partido reaccionario. Orban es un aliado tan estrecho de Putin que éste le ha concedido 10.000 millones de euros para modernizar la planta nuclear de Paks.

Además, desafiando las sanciones impuestas por la Unión Europea a Moscú, Hungría acaba de aprobar la llegada del gasoducto South Stream del monopolio público ruso Gazprom que le asegura el suministro para el futuro a un precio muy ventajoso.

No es de extrañar que el imperialismo destile rabia hasta por los poros. La antigua comisaria europea de Justicia, Viviane Reding, y el dirigente del Partido Liberal Europeo, Guy Verhofstadt, han pedido que se le imponga a Hungría la mayor sanción posible a un Estado miembro de la Unión Europea: el artículo 7 del Tratado de Lisboa que suspende al país en el ejercicio de sus derechos como miembro.

En fin, Orban pretende incorporar a su país a la nueva unión euroasiática impulsada por Moscú. Los países de Europa central no han tardado en darse cuenta de que la crisis económica ha agotado a la Unión Europea, una plataforma que exige mucho y no da nada a cambio.

Se trata de dos noticias que proceden de fuentes que no pueden ser más distintas, pero indican la misma dirección de los acontecimientos. Lo que sorprende de ellas no debería sorprender tanto. El eje de los desequilibrios mundiales se mueve hacia oriente, dejando a Rusia en una posición muy favorable.

El alineamiento de algunos países de Europa central con Rusia -y antes con la URSS- no es lo que los imperialistas pretenden hacer creer. No lo fue antes ni lo es tampoco ahora. Ni siquiera parece depender de la naturaleza de dichos países, ni tampoco de Putin, ni de una decisión caprichosa. No sabemos si es lo que deberían hacer o lo que les gustaría hacer. Lo que sabemos es que es eso lo que están haciendo y que es algo diferente de lo que intentaron hace 25 años cuando cayó el Muro de Berlín.

Todo parece volver a su sitio “natural” porque las fuerzas dominantes en el mundo, las potencias imperialistas , las conducen hasta ese punto. No les queda otro remedio, ni a Rusia, ni a los países de Europa central, que han sido invitados al banquete cuando todas las sillas ya estaban ocupadas. Es lo que parece estar ocurriendo; esos países se van al restaurante de enfrente.

(1) http://www.kpu.ua/ru/79350/ssha_gotovjat_cheshskyj_majdan_po_sverzhenyju_neugodnogo_prezydenta_zemana
(2) http://www.politicaexterior.com/articulos/informe-semanal/ispe-914-17-noviembre-2014/

El fantasma de Putin recorre Europa

Juan Manuel Olarieta

La prensa europea viene publicando una serie de curiosos artículos sobre Rusia, que sólo en parte se resumen en el llamamiento de Adam Michnik, el viejo perro de presa del imperialismo, a «crear un frente común contra el nuevo imperialismo ruso«. Putin ha abierto la caja de Pandora, dice. Es el único culpable de lo que pasa en Europa central. «En Ucrania se juega el porvenir de toda Europa», amenaza el periodista polaco.

Como no podía ser de otra forma, los artículos están personalizados en Putin con una extraña mezcla de admiración y animadversión. No hay esa unanimidad que Michnik pretende. Putin también tiene buenos amigos, titula un artículo de otro semanario polaco, Newsweek Polska (1). Es más, a diferencia de la parte occidental, en Europa central algunos países vueven por donde solían, es decir, a los tiempos de la fraternidad con Rusia. Como si el muro de Berlín no hubiera caído.

Pero Newsweek Polska no es una revista polaca y aunque la publica la editorial alemana Springer, forma parte del despliegue ideológico que Estados Unidos tiene repartido por el mundo. Es lógico que Rusia les traiga de cabeza, especialmente a uno de sus puntales en el este, Polonia, que parece volver a los tiempos de la guerra contra Rusia de 1920.

Aquí el materialismo histórico no sirve para nada. Lo de Putin no tiene explicación política, ni económica, ni estratégica, ni cultural. Hay que acudir a la sicología: «Es un embaucador experto», dice la revista polaca, una afirmación propia de esos cretinos que dejan a los demás como si fueran incapaces de tener un criterio propio. A lo máximo su diagnóstico acaba por llevar a Putin a las filas del populismo.

En Europa central amenazan con que, a su vez, el populismo puede conducir al socialismo porque, como dice el medio rumano HotNews, esos países «no están en disposición de satisfacer las expectativas de ciudadanos que aspiran a una vida mejor». Entonces HotNews lanza una curiosa pregunta: «¿Existe el peligro de que países como Rumanía o Bulgaria vayan a verse afectados por una restauración [socialista]?» La respuesta es aún más curiosa: «No asistiremos a una restauración [socialista]. Tanto en cuanto Alemania y otros países permanezcan estables políticamente, la Unión Europea podrá luchar contra este tipo de dirigentes populistas»(2). Como ya sabíamos, el destino de esos pueblos no está en sus propias manos sino en las de Alemania o la Unión Europea.

Ni Estados Unidos ni la Unión Europea lo tienen tan fácil como creían en centroeuropa. La seducción posterior a la caída del muro de Berlín en 1990 ha dejado paso a sensaciones menos placenteras. Al menos la unanimidad empieza a resquebrajarse. Por un lado están los incondicionales: Polonia, Estados bálticos y Rumanía. Por el otro, Chequia, Eslovaquía y Hungría, cuyo primer ministro Orban ha puesto a Putin como modelo a seguir.

En los Balcanes, dice Newsweek Polska, la situación es aún peor. Gran parte de la población se identifica con los rusos. No solo por motivos históricos. Los búlgaros consideran que la posición de su país se ha deteriorado en los últimos 25 años. Por supuesto, Serbia se identifica plenamente con Rusia. Pero la cosa va mucho más lejos: a los viejos países ligados históricamente a Alemania, como Eslovenia y Croacia, tampoco les agradan las sanciones contra Rusia, pero eso no es nada extraño: la mayor parte de los alemanes también se opone a las sanciones. Por lo tanto, Alemania no puede presionar para tratar de que otros países apoyen las sanciones. Es muy posible que ni siquiera lo quiera.

El presidente checo Milos Zeman también ha lanzado un llamamiento para levantar de inmediato las sanciones. Cuando estalló la guerra en Ucrania ya declaró que el Gobierno de Kiev era el único responsable de la misma. A Newsweek Polska, o sea, al imperialismo estadounidense le preocupa que Zeman se haya rodeado de capitalistas cuyos negocios no están en Nueva York sino en Moscú.

Lo mismo ocurre en Eslovaquia, donde el primer ministro Robert Fico, al igual que Zeman, siempre ha expresado su oposición a las sanciones contra Rusia. Fico no admite una mayor presencia de la OTAN en Europa central, pues lo considera un peligro. A mediados de septiembre, tras la cumbre de la OTAN en Newport, destacó que no aceptaría jamás que se construyeran bases de la Alianza en Eslovaquia.

(1) http://swiat.newsweek.pl/europa-srodkowo-wschodnia-wplywy-rosji-wladimir-putin-newsweek-pl,artykuly,349217,1.html

(2) Pericolul ascensiunii regimurilor populiste in estul Europei, 21 de setiembre de 2014, http://www.hotnews.ro/stiri-esential-18150762-pericolul-ascensiunii-regimurilor-populiste-estul-europei-ivan-krastev-dupa-castigarea-alegerilor-incearca-consolideze-puterea-pana-ajung-imposibil-inlocuit-prin-mijloace-democratice.htm

Un neonazi en la Comisión de Libertades del Parlamento europeo

Juan Manuel Olarieta

El eurodiputado Udo Voigt, de 62 años, antiguo presidente de la organización neonazi alemana Partido Nacional Democrático (NPD), ha sido elegido hace unos días para formar parte de la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento de Bruselas. Eurociudadanos, habéis leído bien: vuestra libertad depende de un nazi como Voigt.

El 20 de noviembre de 2010 Voigt fue invitado por los fascistas hispanos a celebrar los actos de conmemoración de la muerte de Franco, e incluso llegó a pronunciar un discurso en la Plaza de Oriente de Madrid.


Voigt es un militar de profesión que alcanzó el grado de capitán tras 12 años de servicio en la Luftwaffe, las fuerzas aéreas alemanas, de donde le expulsaron en 1984 por negarse a abandonar el NPD. Su padre también era nazi y luchó en las SS durante la Segunda Guerra Mundial, lo que le costó cuatro años de cárcel en la Unión Soviética. En 1968, cuando sólo contaba con 16 años, el hijo se afilió al NPD, que presidió entre 1996 y 2011. Una de sus campañas políticas más conocidas es la petición de que le concedieran el Premio Nobel de la Paz a Rudolf Hess, entonces preso en la cárcel de Spandau por crímenes de guerra.

El europarlamentario ha sido encausado en 15 procesos judiciales acusado de “incitación al odio racial y a la violencia”, “negación del Holocausto” y “ostentación de propaganda y símbolos nazis”. En 1998 los tribunales alemanes le condenaron a cuatro meses de prisión por pedir a sus votantes durante un mitin que se involucraran en un “combate armado”.

Voigt cuestiona el número de muertos del Holocausto. En un cartel electoral de 2011 se le veía subido a una moto con el lema “Gas geben!”, que se puede traducir como “¡A todo gas!”, una referencia directa a los campos de exterminio nazis. En 2010 tuvo que pagar una multa de 1.000 euros por hacer apología de las SS en un discurso durante la celebración del 65 aniversario del final del III Reich. El año pasado publicó un libro que presentó en un conocido bar de Berlín famoso por ser el centro de reunión de los nazis de la capital germana.

En Alemania Voigt es muy conocido por sus declaraciones imperialistas, chovinistas y racistas. En unas declaraciones a «El Mundo» (1) exigió la anexión de los territorios polacos fronterizos que Alemania perdió tras la Segunda Guerra Mundial. Para él “Europa es el continente de los blancos” y Hitler «un gran hombre de Estado” que “consiguió algo fantástico, eliminó el paro en muy pocos años”.

El NPD se fundó en 1964 para reagrupar a los naonazis alemanes, que hasta entonces estaban muy divididos. Entre ellos estaba el Partido Socialista del Reich de Otto Ernst Remer, heredero del NSDAP que presidió Hitler. El nuevo dirigente del NPD, Udo Pastörs, ha calificado a Alemania como “república de judíos”. Voigt, Pastörs y el NPD representan fielmente al típico movimiento nazi, esclareciendo la verdadera naturaleza del fascismo, que es inseparable del Estado burgués al que sirve y del que se sirve, por lo que merece la pena prestar un poco de atención a asuntos de este tipo.

Hace 10 años 16 Estados Federados alemanes -nada menos- presentaron un demanda colectiva ante el Tribunal Constitucional alemán exigiendo la ilegalización del NPD. La sentencia falló a favor de los nazis al asegurar que los servicios secretos alemanes (BND) estaban tan ligados a ellos que era imposible diferenciar las actividades realizadas por los espías de las propias del partido.

Actualmente hay un segundo intento de ilegalizar al NPD a través del Tribunal Constitucional que está pendiente de sentencia. En Munich un tribunal alemán juzga a la NSU (Clandestinidad Nacionalsocialista), un grupo de matones del que formaba parte Ralf Wohlleben, un antiguo dirigente del NPD en Turingia. Entre 2000 y 2007 la NSU asesinó a 10 personas, entre ellas 8 de origen turco.

Pero lo realmente importante es tomar nota de lo siguiente: además de la complicidad de los aparatos represivos del Estado, se ha vuelto a demostrar que la NSU estaba asociada al espionaje del gobierno de Turingia. Los fascistas no son nada sin el Estado que está detrás suyo. Para cometer sus crímenes los nazis tenían documentación falsa, tarjetas, pisos francos, dinero, vehículos, armas e información proporcionados por el Estado. Como han reconocido algunos parlamentarios alemanes, el movimiento neonazi está a sueldo del Estado (2).

La imagen de fuerza electoral de los neonazis que están transmitiendo los medios burgueses es errónea. Su apoyo electoral es insignificante: el uno por ciento de los votos. Para que Voigt llegara al Parlamento de Estrasburgo ha necesitado que el Tribunal Constitucional alemán rebaje el suelo mínimo necesario (tres por ciento de los votos) para obtener representación parlamentaria. Lo mismo que Hitler en su época, que trepó gracias a los centristas católicos, los nazis trepan gracias al apoyo que le dan otras fuerzas políticas.

Los nazis izan las velas pero son otros los que soplan. ¿Quién ha votado en Bruselas a favor de que Voigt forme parte de la Comisión de Libertades del Parlamento? Cuando contestemos a esta pregunta sabremos quiénes están impulsando al fascismo en Europa y se lavan las manos como Pilatos.

‘Podemos’ hasta en la sopa

Juan Manuel Olarieta

Lo malo de desayunar con las noticias es que ahora en los medios no hay otra noticia que «Podemos», y la tostada se me ha indigestado en el paladar. Desde antes de las elecciones europeas ya venía yo un poco saturado de tanto tostón…

La ley número uno de la «información», es decir, de la intoxicación propagandística burguesa, es el principio dialéctico de saturación: cuando hay un exceso de noticias sobre un asunto es porque no hay tal asunto, o sea, porque hay un vacío. Es lo mismo que correr en una bicicleta estática: sudas mucho para no ir a ninguna parte.

El principio número dos de la intoxicación dice así: si estás sudando a chorros y no avanzas nada es porque la bicicleta estática no es para desplazarse sino para ejercitar las piernas. La intoxicación sobre un asunto que no existe tapa el asunto que sí existe de verdad. Por lo tanto, «Podemos» es un señuelo; se están dejando utilizar. Son la salsa rosa de los telediarios, los Paquirrín de la politiquería. Les entusiasma haberse convertido en «vedettes» de algo que se había hundido estrepitosamente, porque antes no se hablaba de otra cosa que del desprestigio institucional, porque antes todo eran escraches, acoso e insultos generalizados, hasta el punto de que muchos actos electorales se habían tenido que suspender.

«Podemos» ha dignificado otra vez la politiquería. La democracia ha vuelto a este país porque se demuestra que nostros «podemos», es decir, que el sueño (el señuelo) es posible: las cosas se pueden cambiar desde dentro y además no es tan difícil ni doloroso, que tenemos «alternancia», o sea, alternativas. Cuando la gente pregunta si es posible una «segunda transición» aquí tiene la respuesta, que ya está en marcha. Por consiguiente, más bien lo que debería preguntar es si la segunda va a ser igual que la primera, es decir, si va a ser otra «traición».

La respuesta es que para que haya traición tiene que haber confianza: si alguien cree que «Podemos» va a hacer algo, quiere hacer o puede hacer algo, se sentirá traicionado lo mismo que hace 35 años. Si quiere ahorrarse una decepción tendrá que empezar desde ahora mismo a pensar en otra cosa. Tendrá que empezar a pensar en podemos en lugar de pensar en «Podemos».

Poniendo a «Podemos» en la primera plana los medios de intoxicación están lavándole la cara a estas podridas instituciones públicas. Se trata del enésimo montaje propagandístico para sacar a este Estado del descrédito, para ocultar que el verdadero y único protagonista de las elecciones europeas ha vuelto a ser el boicot masivo y activo, es decir, que la mayoría no sólo no acepta a unos o a otros sino que no acepta a nadie, que lo que no acepta es esta situación de explotación, miseria y saqueo.

En lo que me concierne, para huir de las noticias de estos días venía dedicándome a leer prensa científica, pero no he podido: también ahí me he topado con «Podemos» en forma de una entrevista al eurodiputado Pablo Echenique-Robba (*), que es doctor en física y miembro del Consejo Superior de Investigaciones Centíficas. Me ha recordado al franquismo, cuando los rectores de las universidades, decanos y académicos eran «procuradores» de las Cortes. Así llamaban entonces a los diputados. Lo mismo pasa con los de «Podemos», que están tan laureados, por lo menos, como los políticos franquistas.

Como la mayor parte de los universitarios y políticos, las declaraciones de Echenique-Robba no van más allá de cuatro vulgaridades espantosas, tales como «las cosas no son buenas ni malas, depende de cómo las utilices». Por ejemplo, «como científico» él no está en contra de los transgénicos. Pero hay «gente desinformada» que no tenemos ni idea del asunto porque no somos científicos como él. «Ya me encargaré yo», dice, primero de informarnos y luego de convencernos.

Veamos: aunque Echenique-Robba no ha preguntado la opinión de sus camaradas, ni la mía, supone que estamos equivocados, y lo que es peor, que no estamos ni siquiera informados al respecto. No nos hemos preocupado de informarnos, luego necesariamente estamos equivocados. De ahí viene el título de la entrevista: “En la izquierda a veces la gente se vuelve anticientífica”. Uno no puede ser anticientífico y la ciencia es lo que los científicos dicen que es, lo mismo que la economía es lo que los economistas dicen que es. Los lectores que no tengan título lo que deben hacer es lo que digan los que sí lo tienen. No pueden opinar de otra manera diferente.

Pues bien: según Echenique-Robba «todos» los científicos están a favor de los transgéncos porque son gente «más instruida». Da gusto y tranquiliza dejar nuestros asuntos en manos de gente tan ilustrada como el eurodiputado Echenique-Robba.

¿Cuál es el verdadero problema de los transgénicos? Que están en manos de multinacionales, las cuales «imponen sus condiciones» a los pequeños campesinos. Mi conclusión es la siguiente: si el problema no son los transgénicos sino las multinacionales (o sea, los monopolios) el asunto pasa de la biotecnología a la economía y entonces el ilustrado Echenique-Robba deja de ser tan ilustre y el expediente lo debemos dejar en manos de los economistas. ¿Qué opinan ellos de los transgénicos? ¿Son rentables? ¿Crean puestos de trabajo? ¿Aumentan las exportaciones?

De la economía pasamos a la política porque la rentabilidad deriva de que los grandes «imponen sus condiciones» a los pequeños y entonces cambiamos de facultad y tenemos que irnos a Somosaguas, a preguntar a politólogos como Pablo Iglesias. Pero atención: no a los políticos, ya que «cualquiera» es político. Me refiero a los polítólogos, que son aquellos que tienen el certificado correspondiente expedido por el Ministerio de Educación.

Antes de ponernos a pensar por nuestra cuenta, los que no tenemos lustre debemos ser ilustrados por profesores y profesionales como Pablo Iglesias. Doctores tiene la Santa Madre Iglesia… y todos ellos están en «Podemos».

(*) “En la izquierda a veces la gente se vuelve anticientífica”, http://esmateria.com/2014/05/30/yo-inclino-por-usar-ratoncitos-en-investigacion-para-acercar-una-medicina-humanos/

El ‘efecto Podemos’

Nicolás Bianchi

Si nos guiamos por los parámetros electorales de las convencionales democracias burguesas -suponiendo que la española lo sea, que es mucho suponer-, es indudable que los resultados obtenidos por la candidatura a las elecciones europeas «Podemos» (we can, en inglés, yes, we can), encabezada por el profesor Pablo Iglesias, ha constituido una sorpresa -incluidos ellos mismos que tal pareciera o diera la impresión, desde el exterior avisado, al menos para quien esto escribe, que se tomaran las elecciones europeas, después de una farra, como un juego lúdico, un divertimento deportivo, un jijijajá y a ver qué pasa, y ello sin llamar a la abstención activa, no, esto no- y, decíamos, un «éxito» electoral. Desde luego, de lo que estamos seguros, es de que a Izquierda Unida no le ha hecho mucha gracia este «éxito», pero, con el tiempo, ya se entenderán… Para la caverna mediática son de «extrema izquierda». Saben que no es así, pero toca etiquetarlos de esa guisa cara a su parroquia.

De lo que tampoco puede caber duda es que dicho orgasmo electoral no hubiera sido tal -al menos de esa magnitud y en esa medida- de no haber contado con la apoyatura y estiba mediática de los canales (privados) de televisión. Especialmente, más que la sigla, su starring, su protagonista: Pablo Iglesias. Estos partidos (?) que surgen de la nada, como quien dice, y se forman en dos días, como quien dice también, van ligados a una persona, algo que también pasa con los partidos llamados «mayoritarios» lo que le tenía mártir al bueno de Julio Anguita y su «programa, programa, programa». Son Iglesias, en este caso; el tísico y congestionado Javier Nart por Ciutadans; el misoneísta Vidal-Quadras, de familia esclavista en la Cuba finisecular por Vox o el semoviente juez Elpidio Siva, etc. Ya pasó antes, en 1989, creo, en otras elecciones europeas con el extravagante Ruiz-Mateos en que sacó dos eurodiputados.

No son precisamente líderes naturales que se mueven entre la clase obrera y surgen de ella. Esto, nos dicen, es obsoleto. Está pasado de moda y, además, puedes acabar en el trullo, quita, quita. Al revés: lo que mola son los líderes artificialmente creados, construidos, fabricados y catapultados por los medios de (in)comunicación, en concreto la televisión. Y es que ya no existen las «masas» a las que apelaban los grandes revolucionarios desde Espartaco hasta Lenin. No, no, esto no en tiempos posmodernos, o posposmodernos, o transmodernos. AHORA LO QUE HAY ES… «PÚBLICO» (y no gente, masas, pueblo). Un «público» que consume (no ve, no mira: consume como catatónico) televisión y oye (medio adormilado) la radio. Aquí entran los tertulianos, los «tertulistos», una plaga bíblica que asola y azota la especie humana aquí y en Pekín no sabemos, pero aquí cosa mala. Y aquí, también, pues no estamos hablando de un extraterrestre, entra, también, Pablo Iglesias, contertulio de varias cadenas, incluida la desaparecida -en abierto- Intereconomía (la cadena del «Tea Party» español), además del programa -que conduce y presenta él- «Fort Apache» (antes «La Tuerka») que hace en Vallecas. Aquí, en las tertulias, se hizo popular Iglesias. Y ello con un innegable discurso ágil -es académico, o sea, es respetuoso y no grita- y de izquierdas. La caverna, el búnker que se decía hace años, lo tilda de «demagógico». Y los bienintencionados de «utópico». Pero ni una cosa ni otra: lo que dice es razonable, sensato y lo firmaría cualquiera que no sea un hijoputa. Ocurre que hay truco. En boxeo diríamos que hay tongo. Pablo Iglesias, se encuentra como pez en el agua siempre que le pongan como contertulios a trogloditas o fascistas como, se me ocurren, hay más, el histérico y dipsómano Herman Tersch, el amoral y cínico Alfonso Rojo (este iba de anarquista de joven), el impoluto dandy Eduardo Inda, el payaso compulsivo Marhuenda o ande yo caliente y ríase la gente, el histriónico discípulo de Giménez Caballero, Fernando Sánchez Dragó y demás fauna televisiva. En la radio estarían, entre otros, el lamebotas e inculto cum laude Ernesto Sáenz de Buruaga en la COPE, el machista insufrible y facha Carlos Herrera o el sinuoso y sibilino Federico Jiménez Losantos, que este, al menos, de inculto, nada.

Con estos «rivales», tan casposos y cutres, se tiene que «enfrentar» y «debatir» Pablo Iglesias. Lo tiene fácil, se lo ponen a güevo. No hace falta más que decir lo que pasa y la gente ve para salir airoso y ovacionado. Pero -siempre hay un pero- ocurre que el problema sería que se las tuviera que ver con voces, que haberlas haylas, realmente de izquierdas, «sin disfraz ni vacuna», que decía Unamuno, con revolucionarios, con antifascistas, con marxistas-leninistas o con libertarios. Aquí, tal vez, se sentiría incómodo. Estos van de verdad, estos se creen lo que dicen, pensaría. «Están piraos», le dirían sus asesores. Y decimos «tal vez» porque nunca veremos un debate de esas características. Y, si lo hubiera, no iría él. Lo eludiría voluntariamente.

Así que nada, oiga, veremos la Revolución televisada desde el sofá, como quien ve la final de la Champion’s. ¡A ver, qué pasa con esos calamares, cojones, que empieza la Revolución, ostias!

En Europa el fascismo está de moda

Juan Manuel Olarieta

Las cumbres europeas son como las bodas; todos visten sus mejores galas para la ocasión, para salir en los telediarios. Lo que ocurre de puertas adentro ya es otra cosa, como la luna de miel en la habitación del hostal. Nadie lo cuenta, pero nos lo imaginamos.

En época de crisis un personaje estelar de esas cumbres es el ministro alemán de finanzas Wolfgang Schäuble, el tipo mal encarado de la silla de ruedas. Schäuble es a Merkel lo que Montoro a Rajoy, pero con algunas diferencias importantes. Antes de las finanzas Schäuble fue ministro de Interior en dos tramos, el primero entre 1989 y 1991. Nueve días después de la unificación alemana, el 12 de octubre de 1990 fue víctima de un atentado. Desde entonces se desplaza en silla de ruedas.

Como entonces el «terrorismo individual» ya había desaparecido en Alemania, dijeron que el atentado lo había cometido un trastornado mental. Es la explicación idealista de siempre. Sólo cambian las atribuciones. Los perturbados de ahora son los terroristas de antes, o ambas cosas a la vez: los terroristas son unos perturbados y los perturbados son unos terroristas.

Tras la formación de la gran coalición entre democristianos y socialdemócratas, en 2005 Schäuble fue nombrado nuevamente ministro federal del Interior en el gobierno de Angela Merkel, hasta que en 2009 pasó al ministerio de Hacienda. Es un hombre de firmes convicciones cristianas (evangélicas). Si llevara turbante en la cabeza la prensa que le adula diría que es un talibán. Si además supieran que ha estado envuelto en tramas turbias de tráfico de armas, los insultos subirían de tono.

Schäuble defiende lo indefendible. Por ejemplo, ha defendido el uso de la información obtenida por espías extranjeros mediante la tortura de los detenidos y siempre se ha mostrado partidario de la liquidación de terroristas… pero de manera selectiva, es decir, eligiendo muy bien a quién eliminan. Estamos tan habituados a este descaro que ya ni siquiera nos escandaliza, de tal modo que cuando los asesinatos selectivos se conviertan en masivos no nos daremos ni cuenta.

En 2006 el ministro de Defensa Franz Josef Jung se mostró partidario de redefinir el estado de guerra a fin de incluir el terrorismo como un supuesto de hecho que permitiría declarar la ley marcial, es decir, que el ejército se hiciera con las riendas del Estado, que los consejos de guerra sustituyeran a los tribunales civiles, y así sucesivamente.

Un poco antes el gobierno alemán intentó aprobar una ley de seguridad aérea por la cual el ejército podía derribar un avión comercial si sospechaba que pudiera ser utilizado contra la seguridad de las personas en tierra. No hay nada que engendre más inseguridad (en las personas) que la paranoia de la seguridad (en los gobiernos) y por eso en España aprueban leyes tan seguras como las de seguridad ciudadana o de seguridad privada. Gracias a esa seguridad, lo que sólo es posible se transforma en absolutamente cierto; el riesgo de muerte causa muertes seguras.

Las excusas de la burguesía son así de tramposas. Unas veces dicen que lo importante son los derechos de las personas, los individuales, frente al totalitarismo de lo colectivo, de los derechos sociales. Pero otras lo vuelven del revés: lo importante son los derechos colectivos, la sociedad, frente a lo individual, a las personas.

Un Estado criminal como Alemania siempre encuentra un argumento, y el de Schäuble fue el siguiente: en casos de extrema urgencia la protección de la vida de las personas está limitada. Siempre queda en el aire de qué tipo de urgencia se trata, ya que a nosotros nos ponen en el lugar de quien está en el suelo, no del pasajero del avión al que asesinan con un misil junto a otros cientos que se sientan a su lado… pero no hay que preocuparse: eso sólo es posible en casos de urgencia.

Aunque Schäuble puso el argumento, la ley de seguridad aérea no procedía de la derecha sino de la socialdemocracia y Los Verdes, que saben muy bien de lo que están hablando. El antecesor de Schäuble en el Ministerio del Interior fue el verde Otto Schily, quien había sido abogado de la Fracción del Ejército Rojo en el proceso de Stammheim. Más en concreto: Schily fue el defensor de Gudrun Ensslin, una de las dirigentes de la organización armada que en 1977, dos años después del juicio, fue asesinada dentro de la cárcel «selectivamente», junto con otros dirigentes de la misma organización, un crimen colectivo cometido -no hay que olvidarlo- por la socialdemocracia, lo mismo que el de Rosa Luxemburgo 60 años antes.

El Libro Blanco sobre política de seguridad que aprobó el gobierno alemán en el otoño de 2006 dice que es necesario «ampliar el marco constitucional» para poder recurrir al empleo de medios militares con fines domésticos, es decir, en una guerra contra el enemigo interior. Schäuble lo llamó cuasi-defensa, o lo que es lo mismo, cuasi-guerra, y el portavoz del ministro socialdemócrata del Interior, Dieter Wiefelspütz, coincidió con él, exigiendo una nueva interpretación del concepto de «defensa» ya que no importa el origen (exterior o interior) del peligro sino el peligro en sí mismo. La defensa es la protección del territorio nacional cuando la actividad de la policía es insuficiente.

Hasta aquí lo expuesto no es más que un resumen muy apretado de los proyectos represivos en Alemania, que se deben complementar con otros en la misma línea, como el de reabrir los campos de concentración para internar a los sospechosos al estilo de Guantánamo, es decir, sin necesidad de ninguna clase de juicio. A diferencia de los asesinatos, Schäuble ya ni siquiera se tomó la molestia de precisar que se trataba de encarcelamientos «selectivos», por lo que es bastante evidente que se están planeando redadas masivas e indiscriminadas.

Estas medidas aparecen envueltas en una retórica presidida por términos tales como amenaza, peligro o riesgo, es decir, por el vacío. Se trata de medidas que no se pueden justificar con ningún hecho que haya ocurrido realmente sino por puras sospechas carentes de fundamento.

Esa es la Europa a la que llaman «democrática». A partir de aquí hay que imaginar lo que puede ocurrir cuando los fascistas que vienen por detrás se quiten la careta. ¿Qué otra cosa se les puede ocurrir a ellos que no hayan puesto en marcha los «demócratas»? Como en los tiempos del III Reich el papel de los «demócratas» (y socialdemócratas, y progres, y reformistas) es siempre el mismo: dejarlo todo bien preparado para que cuando lleguen los fascistas descarados no tengan ningún contratiempo, no haya nadie que levante la voz, ni escraches, ni pancartas, ni altavoces, ni nada de nada.

Se me ocurre que -como hicieron hace 100 años con Rosa Luxemburgo- los «demócratas» van a empezar asesinando a los revolucionarios para que nadie pueda oponer ninguna resistencia. No perderían votos porque ningún reformista va a levantar la voz. Pero eso no significa que no se esfuercen por hacer pasar a una cosa por su contraria, o que tiren balones fuera, como hacía Schäuble el mes pasado al comparar a Hitler con… Putin. En Europa el fascismo está de moda. En un país o en otro ya nadie deja de hablar de Hitler y de fascismo, es decir, de eso que algunos creían enterrado para siempre.

Es cierto que hay quien aún no sabe poner la trinchera, pero la burguesía sí lo sabe. En 2007 lo dejó bien claro el redactor jefe del diario Die Zeit, Theo Sommer: «Incluso en nuestra parte del mundo nadie puede asegurar de ninguna manera que en el futuro no vaya a haber una revolución». En efecto, en toda Europa no hay más que dos campos: la revolución y la contrarrevolución, los fascistas y los antifascistas. Pero hay algo aún más importante que eso: de aquí en adelante ningún antifascista puede esperar ni la más mínima concesión por parte del reformismo, del legalismo y del pacifismo, que están absolutamente agotados y desacreditados. Cualquier forma de oposición al fascismo está fuera de la legalidad y en contra de la legalidad, por algo que me parece evidente: porque la legislación ya es plenamente fascista.

Cohn-Bendit, uno de tantos degenerados del parlamento europeo

Como política y personalmente Cohn-Bendit no es más un degenerado al que nunca logré encontrar ningún punto atractivo, mi duda versa sobre lo que más repulsa me causa. Eludiré su adscripción política a Los Verdes, pero no puedo olvidar que siempre se prestó a presentarse como lo que nunca fue: uno de los fantoches del famoso Mayo del 68 en París, aquel fasto celebrado por la burguesía hasta el hartazgo… después de tergiversarlo y manipularlo para aupar a sujetos como éste, con la aureola de «anarquista» y el sobrenombre de «Dany el Rojo» con el que ha sobrevivido hasta hoy.

Pero no sólo la burguesía. Así le llama también otro degenerado a su altura, Pepe Gutiérrez-Álvarez, cuyo estúpido artículo (*) sigue siempre el canon burgués establecido: estamos en contra del culto a la personalidad de Stalin pero a favor del culto a degenerados de baja estofa como «Dany el Rojo»

Ahora a cualquier mequetrefe le califican de rojo. «Dany» es tan «rojo» que siempre se ha pronunciado a favor de todas y cada una de las masacres del imperialismo estadounidense. Primero en Afganistán, luego en los Balcanes y finalmente en las dos Guerras del Golfo. Los bombardeos indiscriminados y las masacres siempre le supieron a poco. Era uno de esos pacifistas peligrosos a los que les va la sangre. Sus recientes declaraciones contra Maduro producen un verdadero asco renovado.

En 1975 Cohn-Bendit publicó su libro de memorias, titulado «El gran bazar». Es otra estupidez que no tiene una explicación fácil porque entonces «Dani El Rojo» tenía sólo 30 años y las memorias se suelen escribir cuando queda poco para ir al agujero… Por lo menos antiguamente.

En él cuenta que antes de ser eurodiputado trabajó en Frankfurt en una guardería, reconociendo su pedofilia: “Algunos niños me abrieron la bragueta varias veces. Reaccioné de diferentes maneras, según las circunstancias, pero el deseo de aquellos niños me planteaba un problema. Yo les preguntaba: ¿por qué no jugáis juntos, por qué me elegís a mí y no a otros niños? Pero si insistían de todos modos, los acariciaba”. El eurodiputado acababa añadiendo: “Podía sentir perfectamente cómo las niñas de cinco años habían aprendido a excitarme”.

En aquellos tiempos no había vídeos pedófilos, pero sí literatura de la misma índole, en la que «Dani El Rojo» confesó abiertamente sus inclinaciones sexuales hacia los niños. Cuando era director de la revista «Pflasterstrand» (Arena de playa bajo los adoquines) publicó varios artículos de contenido pedófilo, como el que vio la luz en 1978 bajo el título Recuerdos de un dinosaurio: “El último año me sedujo una niña de seis años. Fue una de las experiencia más hermosas que haya tenido y con esto no quiero escribir un tratado ni a favor ni en contra de la pedofilia”.

En 1982 participó en un programa de la televisión francesa en el que reconoció: “La sexualidad de un niño es algo fantástico”, admitió. “Es divino ver como se desnuda una niña de cinco años, porque es un juego. Un gran juego erótico”.

«Dani el Rojo» tenía 13 años cuando sus padres le internaron en una escuela que, según reconoció, al quedarse huérfano fue el único hogar que conoció. En el internado se destapó en 2010 un escándalo de violaciones de niños cuyos detalles Cohn Bendit negó haber conocido, a pesar de que permaneció en él hasta 1965, aunque reconoció que en su interior reinaba «una atmósfera sexualmente promiscua». El periódico Frankfurter Allgemeine Zeitung afirmó que en el internado más de 100 alumnos habían sido víctimas de los pederastas.

Los periódicos británicos The Observer y The Independent, el italiano La Repubblica y el alemán Bild denunciaron sus reconocidas violaciones de niños, pero a nadie pareció importarle, y a Los Verdes menos que a nadie. Por eso la censura ha eliminado de internet un vídeo que reproducía esas confesiones que a todos les gustaría poder olvidar:

Cohn-Bendit y el lobby pedófilo verde:
http://www.dailymotion.com/video/x1a4vjy_cohn-bendit-et-le-lobby-pedophile-vert-humilie-par-la-tele-russe_news

Pero el círculo de impunidad se fue cerrando. El 20 de abril del año pasado «Dany el Rojo» recibió en la ciudad de Stuttgart el premio Theodor-Heuss. El principal orador en el acto debía ser Andreas Vosskuhle, presidente del Tribunal Constitucional alemán, que días antes de la ceremonia informó de que no asistiría para evitar que el buen nombre del Tribunal quedara asociado al de un pedófilo.

Naturalmente que no es sólo un problema de Los Verdes sino del conjunto del Parlamento Europeo, podrido hasta el tuétano. Así que en las próximas elecciones vota a ese sonriente diputado que con el primer sueldo que le paguen viajará a Camboya para que un niño le meta la mano en la bragueta. Y luego vendrán Pepe Gutiérrez-Álvarez, Revolta Global y otros parecidos para que riamos sus aventuras.

(*) Daniel Cohn-Bendit o la revolución que enterramos tan pronto, Revolta Global, 1 de julio de 2010, http://revoltaglobal.cat/spip.php?article2965

La degeneración política del eco-pacifismo

Tanto la apertura como la clausura de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi, en Rusia, se celebraron sin que asistiera ni un solo Jefe de Estado o dirigente político occidental. Casi ni nos hemos enterado de las competiciones porque las televisiones las han boicoteado. Por eso el artículo de la vicepresidenta del Parlamento alemán Claudia Roth, dirigente de Los Verdes, en el diario Saarbrücker Zeitung no tiene que sorprender.

Roth critica duramente a su compatriota Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional, por brindar con Putin en la inauguración de los Juegos Paralímpicos. Lo califica como «un acto inaceptable». El motivo es Ucrania. La dirigente verde considera que Bach y Putin «se burlaron de las víctimas de Maidan y de toda la gente en el mundo que está preocupada por la situación en Ucrania». Los Juegos Paralímpicos no se hubieran debido llevar a cabo «a 500 kilómetros de la frontera con Ucrania».

La eco-pacifista alemana recuerda, además, que ya en la clausura de los Juegos Olímpicos, Bach había homenajeado «desproporcionadamente» a Putin, mientras todos los demás le rechazaban. Lo que ocurre es que cuando Roth escribe «todos» se refiere sólo a los Jefes de Estado y personalidades occidentales, no a otros, como el Presidente chino y a las dos terceras partes del mundo que no está a este lado del hemisferio y que también pertenecen a este mundo.

En las condiciones del imperialismo es cada vez más difícil ser sólo un oportunista. Hay muy poco margen entre el eco-pacifismo y el militarismo más descarado. Los Verdes se consideraron a sí mismos como los auténticos herederos de mayo del 68 y durante muchos años explotaron aquella leyenda. Nacieron en Alemania en los ochenta de una izquierda pequeño burguesa rabiosilla, alternativa y anti-OTAN, aunque recientemente hasta el diario Le Temps de Ginebra criticaba sus posturas reaccionarias en el Estado de Baden-Würtemberg, donde desde hace dos años son el partido más votado y su programa no es otro que la reacción pura y dura.

A finales del pasado año se hablaba de una alianza de los eco-pacifistas con Merkel y la coalición conservadora CDU-CSU «para formar una mayoría alternativa». Aún no se ha firmado, pero no hay que desesperar. Los que siempre alardearon de constituir un movimiento social (apolítico) son capaces de cualquier cosa por un voto más en las urnas, un escaño más o un poco más de lo que sea.

En Frankfurt Los Verdes ya dirigen el ayuntamiento en coalición con «los negros» de Merkel. Pero hubiera bastado con la propuesta de alianza para que Los Verdes rompieran otro tabú. También en Alemania se están produciendo «revoluciones» de colorines. A los eco-pacifistas ya les llaman los kaki-verdes (por lo del uniforme nazi). ¿Qué ha acabado con la virginidad seudoecologista? Que Merkel ha ordenado el cierre de las centrales nucleares.

Algún día alguien tendrá que explicar lo que los seudoecologistas nunca van a explicar, el cierre de las centrales nucleares y sus verdaderos motivos, porque no han sido ellos los que lo ordenaron cuando estaban en el gobierno, sino precisamente «los negros».

En los países imperialistas más avanzados organizaciones como Los Verdes representan a esa costra social de intelectuales, profesionales, docentes y demás capataces de la burguesía que se encuentran siempre a mitad de camino de cualquier sitio, o sea, eso que estúpidamente llaman «la clase media». Dentro de poco volverán a celebrar los 50 años de mayo del 68 y nos recordarán a quienes presentan como sus «dirigentes», momias como Cohn-Bendit que han pasado del pacifismo a un atlantismo feroz, a la justificación de las guerras y las peores agresiones de la OTAN.

Es difícil acabar con el fetichismo político. A pesar de todas las traiciones siempre habrá ingenuos que crean que un partido político es lo que él mismo dice de sí, o lo que dice su programa, o sus emblemas. En su novela «Por quién doblan las campanas» Hemingway incluye el siguiente diálogo:


– ¿Hay muchos fascistas en tu país?
– Hay muchos que lo son y no lo saben. Pero se darán cuenta en cuanto llegue el momento

El hábito no hace al monje, ni siquiera cuando es de color verde. Hay que tener cuidado con los modernos y pos-modernos, los ambiguos, los flexibles y todos esos que dicen exactamente lo que su auditorio quiere escuchar. Digan lo que digan son kakis; por eso hay que ponerles verdes.

Enemigo a las puertas

A Rusia le ocurre como a la izquierda abertzale. De la misma manera que ETA no acabará nunca, la URSS tampoco. Los fascistas y los imperialistas nunca cambian su monólogo y resucitan al Cid Campeador cada vez que necesitan que libre sus últimas batallas después de muerto. Siempre seguirán echando en cara a unos que son el brazo político de una entelequia ya desaparecida, y a los otros que son los albaceas de Stalin.

En enero Hillary Clinton dijo que la nueva URSS podría renacer con nuevos nombres, como por ejemplo Unión Aduanera o Unión Euroasiática y el incombustible Zbigniew Brzezinski, antiguo consejero de seguridad nacional de la Casa Blanca, expresaba esta idea de forma más concreta: “Sin Ucrania, Rusia dejará de ser un imperio, con Ucrania se convertirá automáticamente en un imperio”.

Ucrania es «la última batalla de la Guerra Fría», escribe por su parte Andrei Iliashenko (*) como si nada hubiera cambiado, aunque también dice que el golpe de Estado marca el comienzo de una «nueva etapa» en las relaciones de Occidente y Rusia. Entonces cabe preguntar por qué precisamente ahora se ha abierto esa «nueva etapa», ya que todo parece indicar que la «novedad» no es tal sino más de lo mismo, o sea, la guerra (no sabemos si fría, caliente o templada).

Iliashenko cree «poco probable» que el golpe de Estado en Ucrania desemboque en una guerra mundial, ya que considera que el problema se reduce a determinar por dónde van a pasar las «nuevas fronteras», es decir, como tantos otros cree que es posible redibujar los mapas de Europa pacíficamente.

Como en 1914, todos miran hacia otro lado y quieren que los demás hagamos lo mismo. Para ellos Ucrania aparece atenazada entre Rusia y la Unión Europea, como si sus intereses fueran dispares. Todo parece indicar lo contrario. El gobierno de Schröder avaló un préstamo gigantesco de la banca alemana (pública y privada) a Gazprom poco antes de ceder los bártulos a Merkel en 2006. «Putin da trabajo a Schröder», titulaba el diario El País.

En efecto, Rusia y Alemania (o sea, la Unión Europea) no es que tengan intereses comunes sino que tienen los mismos intereses. Pero eso no explica la «nueva etapa» a la que se refiere Iliashenko sino todo lo contrario. Parece una continuación de la misma. ¿En que ha cambiado la situación desde 2006? En que entonces aún no se había construido el gaseoducto del Mar Báltico, Nord Stream, una obra faraónica que es propiedad de capitales rusos y alemanes casi a partes iguales.

Los mapas y las fronteras los dibujan los oleoductos y los gaseoductos. Gazprom suministra la cuarta parte del gas que Europa necesita y una tercera parte del que necesita Alemania. Cuando antes de 2021 Merkel desenchufe todas las centrales nucleares, la dependencia de Alemania del gas ruso aumentará aún más.

Para transportar el gas a Europa Rusia ya no necesita ningún intermediario, como Polonia o Ucrania. Cuando hace diez años en Ucrania estalló la «revolución naranja» la postura de Rusia fue endeble porque entonces el gas pasaba por su territorio. Ahora ya no dependen de ella. En eso consiste la «nueva etapa»; eso es lo que ha cambiado en estos últimos 10 años.

Los imperialistas son quienes verdaderamente tienen memoria histórica, y la tienen bien presente. Quienes se opusieron a la construcción del gasoducto fueron Polonia y Ucrania y cuando se inauguró en 2011 el ministro polaco de Asuntos Exteriores, Radoslav Sikorski, lo comparó con el Pacto Molotov-Von Ribbentrop de 1939. A buen entendedor…

Cuando se estaba construyendo el gaseoducto en la prensa se podían leer cosas como que uno de los mayores perdedores sería Ucrania porque «ya no podría seguir presionando a Rusia» con los cortes de suministro a los que estaban tan acostumbrados y de los cuales la intoxicación informativa europea culpaba a Rusia. ¡Cómo no!

De todas maneras es una idiotez suponer que era Ucrania quien estaba presionando a Rusia. Quien lo hacía era Estados Unidos, que es quien realmente ha orquestado el golpe de Estado en Kiev con el propósito de introducir una cuña -otra más- entre Rusia y la Unión Europea. Desde 2009, al mismo tiempo que Albania, Ucrania está a las puertas de la OTAN y en su suelo tienen previsto instalar el escudo antimisiles que, como recuerda Iliashenko, anula la principal ventaja militar de Rusia: los misiles con base en tierra.

Hay otro aspecto en el que Iliashenko también tiene razón: el golpe de Estado en Ucrania no va a desencadenar la nueva guerra mundial en ciernes. Sólo es un aperitivo.

(*) Andréi Iliashenko, Ucrania: la última batalla de la Guerra Fría, RBTH, 10 de marzo de 2014, http://es.rbth.com/opinion/2014/03/10/ucrania_la_ultima_batalla_de_la_guerra_fria_38145.html

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