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Airbus no se libera del titanio ruso

El titanio, indispensable para la aeronáutica moderna, no está afectado por las sanciones contra Rusia. “Nos sancionaríamos a nosotros mismos”, dijo el director de Airbus, Guillaume Faury. Si los rusos dejan de suministrar a la industria aeroespacial mundial, “sería el fin de la historia”, sentenció Faury.

Sin embargo, Airbus quiere desembarazarse de las importaciones rusas. Quiere pero no puede, al menos para la producción de aviones comerciales. El fabricante europeo de aviones recibe la mitad de su suministro de titanio de Rusia.

El director de la rama militar de Airbus, Michael Schoellhorn, asegura que el proceso de desvinculación del titanio ruso es cuestión de meses, “no de años”. No lo tienen fácil. El número de países que producen titanio de calidad aeroespacial y productos semiacabados para aviones y motores es muy limitado.

Rusia produce aproximadamente una quinta parte de los suministros mundiales. Muchos países tienen minerales de titanio, ilmenita y rutilo, pero la capacidad de convertirlos en su forma pura, que después se mezcla en aleaciones para fines industriales, es mucho más limitada.

La empresa rusa Vsmpo es el mayor productor mundial de titanio, una materia prima esencial para la construcción de aviones porque es fuerte, resistente a la corrosión y mucho más ligero que el acero. Casi la mitad del titanio mundial se utiliza en el sector aeronáutico.

De las 240.000 toneladas de titanio producidas al año, Japón representa la mitad, Rusia entre el 30 y el 40 por cien, y Kazajistán completa el lote. Detrás hay un desierto: Estados Unidos abandonó la producción en 2020, mientras que China es un gran productor de titanio, pero muy poco de calidad aeroespacial.

Un tercio de los suministros de titanio para Boeing y la industria aeroespacial estadounidense también dependen de Rusia. En agosto el director de Raytheon, Greg Hayes, dijo que varios fabricantes de aviones de negocios que son clientes de su división Pratt & Whitney Canada se van a quedar sin motores este año.

En julio Rusia impidió que un exportador ruso de titanio vendiera a una importante empresa aeroespacial occidental. Putin podría cerrar todas las exportaciones de titanio en cualquier momento, redirigiéndolas a China, como ha hecho con el petróleo.

Europa prepara su respuesta frente a la guerra comercial de Estados Unidos

Ninguno de los dirigentes europeos se atreve a hablar demasiado alto todavía por miedo a romper la débil alianza que se ha formado entre Estados Unidos y Europa contra Rusia. En su estrategia Rusia se ha apoyado en la división entre Europa y Estados Unidos. Pero cuanto más tiempo pasa, más se impacientan los países europeos con el gobierno estadounidense.

Las divisiones se centran en la Ley de Reducción de la Inflación (IRA). Aprobada el 15 de agosto, este programa de 369.000 millones de dólares está destinado a promover la reconversión energética ayudando al desarrollo de nuevas tecnologías con bajas emisiones de carbono. Pero sobre todo es una formidable máquina de succionar industrias y conocimientos europeos, y de animarles a instalarse en Estados Unidos con subvenciones y ayudas de todo tipo.

“En medio de la guerra en Ucrania, el gobierno de Biden está mostrando una agresividad sin precedentes contra Europa”, denunció un alto funcionario europeo. Las subvenciones masivas puedan provocar una guerra comercial entre ambos lados del Atlántico.

El tema ha estado en el centro de las discusiones entre Macron y Biden estos días, cuando se han reunido en Washington. El ministro de Economía checo, Jozef Síkela, que actualmente dirige las conversaciones económicas y comerciales europeas en el marco de la presidencia rotatoria, declaró el 25 de noviembre que “es importante que Estados Unidos escuche nuestras preocupaciones y que un grupo de trabajo busque una solución aceptable para ambas partes”.

Mientras que toda Europa está pagando muy cara la Guerra de Ucrania, Washington está haciendo una fortuna a costa de los europeos. El país que más se beneficia de la guerra es Estados Unidos, porque vende más gas a precios muy altos y porque vende más armas.

La sustitución del gas ruso por el gas de esquisto estadounidense beneficia masivamente a Estados Unidos: por primera vez en décadas, Washington tiene un superávit comercial gracias a sus ventas de gas y petróleo a precios elevados a Europa.

Hay un doble rasero en el mercado del gas. Los precios del gas comprado en Estados Unidos por Europa, señaló, eran de tres a cuatro veces superiores a los del mercado local.

Dumping de Estados Unidos

Pero el tono se ha elevado con la promulgación de la Ley de Reducción de la Inflación. Al principio, los funcionarios europeos no le tomaron la medida a este programa. Bruselas no podía imaginar que Estados Unidos relanzara una política de subvenciones masivas para reindustrializarse. Le costó aún más admitir que, en medio del conflicto con Rusia, el gobierno de Biden seguía en cierto modo los pasos de Trump.

A Ursula von der Leyen le pilló muy atolondrada. Al día siguiente de la aprobación del programa estadounidense, se congratuló de que sentara las bases de una economía verde en Estados Unidos. Esta vez no pudo maquillar su desafortunado mensaje. Hay otros que lo ven como una muestra más de su alineamiento ciego con Estados Unidos.

A principios de septiembre, muchos directores de grandes monopolios europeos empezaron a dar la voz de alarma a la Comisión Europea. Habián descubierto los efectos devastadores de la nueva Ley. Con el pretexto de descarbonizar la industria, Estados Unidos hace dumping con la industria y los conocimientos técnicos. No se trata sólo de sectores o tecnologías estratégicas como los semiconductores. La energía, la solar, el hidrógeno, la automoción, el acero, el zinc, las baterías… Todos los sectores recibirán enormes subvenciones si se instalan o se trasladan a Estados Unidos.

La amenaza de una desindustrialización masiva

El gobierno estadounidense pretende ofrecer un crédito fiscal de hasta 7.500 dólares para la compra de cualquier vehículo eléctrico fabricado en Estados Unidos. Se ha establecido un plan de 52.000 millones de dólares para que los fabricantes de semiconductores trasladen su producción y financien su investigación y desarrollo. A los productores de hidrógeno, considerado como una de las energías del futuro, se les ofrecen subvenciones del 60-70 por cien para construir nuevas plantas en Estados Unidos. Además, el gobierno estadounidense les garantiza un precio de la energía inferior a 30 dólares por MWh durante quince años. Pero estas garantías de precios de la energía también se aplican a los productores de acero, zinc y fertilizantes.

Ningún monopolio europeo puede resistirse a chupar de ese caramelo en un momento en que los costes de la energía se disparan en el Viejo Continente, donde los precios son diez veces más altos que en Estados Unidos. Casi el 60 por cien de las instalaciones metalúrgicas de Europa ya han cerrado en los últimos meses debido a la subida de los precios del gas y la electricidad. También se ha detenido la mitad de la producción de fertilizantes, así como la producción de vidrio y papel. Dado que el continente europeo no puede ofrecer ninguna garantía sobre los costes de la energía dentro de tres a cinco años, muchos dicen que ya no les interesa expandirse en Europa.

Basf fue uno de los primeros monopolios en romper el tabú. A principios de otoño, el grupo químico alemán anunció que estaba considerando mantener parte de su producción en Europa. “Se plantea la cuestión de si los productos básicos, en particular, pueden seguir produciéndose de forma competitiva en Europa y en Alemania a largo plazo”, confirmó en una entrevista con el diario económico Handelsblatt el 17 de noviembre.

Iberdrola: el irresistible atractivo de Estados Unidos

Desde entonces, la lista ha crecido. Los fabricantes de automóviles, con PSA a la cabeza, han anunciado que están estudiando la posibilidad de ubicar parte de la producción de sus vehículos eléctricos en Estados Unidos para beneficiarse de las subvenciones que no tienen en Europa. Iberdrola ha decidido vender parte de sus activos europeos para reducir su deuda, con el fin de financiar mejor un programa de desarrollo de 15.000 millones de dólares en Estados Unidos. El fabricante de equipos aeronáuticos Safran ha suspendido sus proyectos de inversión en Europa, a la espera de más aclaraciones. ArcelorMittal está cerrando altos hornos en Europa, por considerar que es mucho más rentable producir acero en Estados Unidos, aunque luego haya que importarlo a Europa.

Incluso los grandes proyectos “verdes” europeos que encarnan la reconversión energética se ven afectados. Tesla, propiedad del multimillonario Elon Musk, anunció a finales de octubre que abandonaba su proyecto de gigafactoría en Berlín en favor de Austin (Texas). Northvolt, el fabricante sueco de baterías, que iba a construir una fábrica en colaboración con Volkswagen, ha suspendido su proyecto por considerar que Estados Unidos es ahora mucho más atractivo. Los fabricantes de vehículos eléctricos japoneses y surcoreanos de Asia, mucho más avanzados que los europeos en cuanto a componentes electrónicos, son ahora reacios a proseguir sus planes de expansión en Europa junto a los fabricantes de automóviles europeos.

Lo que es cierto para las baterías lo es también para los semiconductores, las turbinas eólicas y los paneles solares. Todos los monopolios eurpeos meditan la situación y se preguntan si, en un contexto de incertidumbre total, merece la pena invertir en Europa.

Los gobiernos se alarman. Europa está amenazada por una desindustrialización masiva, que corre el riesgo de comprometer su futuro económico y social. Detrás de los grandes monopolios, son todos los ecosistemas industriales los que están en peligro. No sólo la cadena de subcontratistas y de servicios, sino también todas las cadenas de investigación y de valor añadido que trabajan en simbiosis con los grandes grupos y que están llamadas a formar la nueva matriz de la reindustrialización, tras el gran período de perturbación ligado a la mundialización y a la deslocalización.

Los países europeos responden de forma dispersa

Pero ante esta amenaza ya identificada, los europeos responden como siempre de forma dispersa. Los altos funcionarios de la Comisión Europea están elaborando una respuesta jurídica y formal. El Presidente de la Comisión ha amenazado con llevar el conflicto entre Europa y Estados Unidos a la Organización Mundial del Comercio, alegando que la Ley de Reducción de la Inflación elude las normas comerciales internacionales.

Esta respuesta es considerada totalmente inadecuada por sus críticos. La OMC es una estructura muerta con el fracaso de la Ronda de Doha en 2008. Su incapacidad para ir más allá de su insistencia en el mantra del cambio climático, demuestra su inutilidad. Sus opiniones ya no interesan a nadie. Aunque se ocupara de la cuestión, emitiría un dictamen en cinco años. Para entonces, los daños habrán sido irreversibles.

El Comisario Europeo de Comercio, Valdis Dombrovskis, considerado como el lacayo más atlantista de la Comisión, apuesta por la reunión bilateral del Consejo de Comercio y Tecnología prevista para el 5 de diciembre. Pero esta reunión será un lugar de bonitos discursos y vagas promesas para adormecer a los europeos. En el mejor de los casos, los estadounidenses van a ofrecer a los europeos los mismos esquemas de compensación que ofrecieron a México y Canadá en materia de ayudas a los vehículos eléctricos. Un sistema muy insuficiente para contrarrestar la amenaza de la desindustrialización en Europa y para compensar el enorme choque económico causado por la guerra en Ucrania.

Viraje histórico

En una reunión en Berlín con el Canciller alemán Olaf Scholz, el 25 de noviembre, la Primera Ministra francesa, Elisabeth Borne, se mostró partidaria de utilizar todas las herramientas europeas para promover la inversión en la reconversión energética. Junto con el italiano Paolo Gentiloni, Comisario Europeo de Economía, Thierry Breton, Comisario de Mercado Interior, defiende la idea de un mecanismo europeo que pueda ofrecer las mismas condiciones y garantía de deuda a todos los Estados miembros, para ayudar a cada uno a proteger su industria. También es una forma de luchar contra el plan de 200.000 millones de euros lanzado por el gobierno alemán para ayudar a las empresas y los hogares a hacer frente a la subida de los precios de la energía.

“La carrera por las subvenciones es muy cara e ineficaz”, ha respondido ya el lacayo Dombrovskis. “Nadie quiere entrar en la carrera de las subvenciones, pero lo que ha hecho Estados Unidos no se ajusta a los principios del libre comercio y la competencia leal”, respondió el viceprimer ministro irlandés y ministro de Empresa, Leo Varadkar.

Hungría aplaza el ingreso en la OTAN de Suecia y Finlandia

El Primer Ministro húngaro, Viktor Orban, ha anunciado el aplazamiento de la ratificación del ingreso en la OTAN de Suecia y Finlandia. No ratificará la adhesión de los dos países escandinavos a finales de este año, en contra de lo que había anunciado inicialmente.

Suecia y Finlandia tendrán que esperar al menos hasta febrero del año que viene para ingresar en la OTAN.

El jueves, al margen de una cumbre del Grupo de Visegrado en Kosice (Eslovaquia), el Primer Ministro húngaro, Viktor Orban, dijo que el Parlamento de su país votaría la incorporación durante la primera sesión del año que viene.

Es otro tira y afloja entre Bruselas y Budapest. Hungría denuncia un bloqueo legislativo debido al paquete de medidas anticorrupción que debe votar el Parlamento en respuesta a la preocupación por el bloqueo de la Comisión Europea de algunos fondos.

Al considerar insuficientes las reformas emprendidas hasta ahora por el gobierno de Budapest para luchar contra la corrupción, la Comisión Europea insinuó -el mismo jueves- que podría congelar 13.000 millones de euros de fondos de la Unión Europea destinados a Hungría.

Con el pretexto de la intervención de Rusia en Ucrania, Finlandia y Suecia presentaron en mayo una solicitud conjunta de adhesión a la OTAN, pasando página a décadas de no alineamiento. Sin embargo, las adhesiones deben ser aceptadas por unanimidad por los 30 Estados miembros de la OTAN. Hasta el momento, han sido ratificados por todos los países, excepto Turquía y Hungría.

“Los finlandeses y los suecos son nuestros aliados y, al igual que nosotros podemos contar con nuestros aliados, ellos también pueden contar con nosotros”, dijo Gergely Gulyas, jefe del gabinete de Orban, a principios de noviembre, añadiendo que no tenía ninguna objeción a las adhesiones.

La oposición ha pedido en repetidas ocasiones que el asunto se incluya en el orden del día del Parlamento, petición que ha sido sistemáticamente rechazada por la mayoría parlamentaria.

Como siempre, los peores son los reformistas y socialdemócratas, que han denunciado un retraso “incomprensible”, mientras que el partido liberal Momentum acusó al gobierno húngaro de “chantajear” a Bruselas.

Siempre se le olvidan los chantajes de Bruselas a los países miembros. Si no cumplen con las exigencias, no hay ni un céntimo.

La Unión Europea es lo más parecido a un mercadillo en el que todos regatean el precio, tanto los compradores como los vendedores.

El mayor monopolio químico se larga de Europa

El mayor monopolio químico alemán, Basf, planea deslocalizar las producciones intensivas en energía, ante el aumento de los costes. La empresa considera que la industria química europea no es competitiva en el contexto de la subida de los precios del gas.

El monopolio ha aprobado un proyecto para ahorrar 1.000 millones de euros en 2023 y 2024, sobre todo mediante despidos masivos de la plantilla. Pero sólo los cambios en la forma de producir pueden tener un impacto real en la cuenta de resultados, según Martin Brudermüller, su director.

Basf es la empresa química más grande del mundo. También es el mayor consumidor de gas en Alemania, con un consumo de 47 teravatios por hora al año.

Brudermüller ha advirtido que la mayor parte del ahorro que han logrado procede de parar la producción. Para el director de Basf, “a largo plazo los costes serán unas tres veces más altos en Europa que en Estados Unidos”, aunque sólo sea por los mayores costes del gas licuado.

Para seguir siendo competitivo en el mercado mundial, el monopolio alemán tendrá que ir a producir a países donde la energía sea más barata, es decir, a Estados Unidos.

La balanza comercial europea seguirá hundiéndose, el euro seguirá cayendo frente al dólar y el capital financiero se pondrá al borde del abismo.

La fábrica principal Basf está ubicada en la ciudad alemana de Ludwigshafen. Se trata del recinto industrial más extenso de Europa: tiene una superficie de 10 kilómetros cuadrados, un centro de producción con dos mil edificios, 115 kilómetros de calles, 211 kilómetros y un total de 40.000 trabajadores.

La mayoría de países europeos entrará en recesión a finales de este año

La Comisión Europea espera que la zona del euro y la mayoría de los Estados miembros entren en recesión en el último trimestre de este año. También ha elevado fuertemente sus expectativas de inflación, debido a la subida de los precios de la energía vinculada a las sanciones contra Rusia.

La zona euro debería entrar en recesión a finales de año debido a los elevados precios de la energía, relacionados con las sanciones a Rusia, que están erosionando el poder adquisitivo de los salarios, según acaba de anunciar la Comisión Europea en un comunicado oficial. “Se espera que la Unión Europea, la zona del euro y la mayoría de los países miembros entren en recesión en el último trimestre de este año”, dijo el ejecutivo de Bruselas.

En Europa todos los indicadores económicos van mal. La Comisión ha revisado a la baja su previsión de crecimiento para el año que viene hasta el 0,3 por cien para los países que comparten la moneda única, frente al 1,4 por cien previsto anteriormente.

También ha elevado fuertemente su previsión de inflación en la eurozona para el año que viene hasta el 6,1 por cien, desde el 4 por cien previsto anteriormente. “La Unión Europea se encuentra entre las economías avanzadas más afectadas, debido a su proximidad geográfica a la zona de guerra y a su fuerte dependencia de las importaciones de gas de Rusia”, dice el comunicado.

“La crisis energética está erosionando el poder adquisitivo de los hogares y pesando sobre la producción. Los indicadores de confianza han caído bruscamente”, añade. Como resultado, “las cifras previstas para 2023 son significativamente más bajas para el crecimiento y más altas para la inflación”.

Bruselas también espera que la inflación sea más alta de lo previsto, con un 8,5 por cien, frente al 7,6 por cien que se esperaba anteriormente, debido principalmente al aumento de los precios de la energía relacionado con las sanciones a Rusia.

10 años del ‘rescate’ de Grecia: una catástrofe social

Pocos se acuerdan ya de la crisis de la deuda griega, que comenzó en 2009. Desde entonces, se sucedieron los “planes de rescate”, que incluyeron “reformas” bajo la supervisión de la “troika”: FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea. Si los bancos se han salvado, las consecuencias sociales del “rescate” son catastróficas. Muy empobrecida, Grecia se ha convertido en un gigantesco club donde se han privatizado infraestructuras estratégicas y se han vendido servicios públicos. La población se resigna o abandona el país.

El 20 de agosto Grecia salió de la vigilancia económica de la Comisión Europea. Un día calificado de “histórico” por el Primer Ministro Kyriakos Mitsotakis, mientras que el Presidente de la Comisión Europea elogió la “resistencia” de Grecia y la instó a “mirar al futuro con confianza”. Sin embargo, los resultados de las “reformas” y del programa de “ayuda” son catastróficos.

El sistema europeo de control se creó a raíz de la crisis económica para garantizar que se aplicaran las “reformas necesarias”, es decir, el desmantelamiento del Estado griego para reducir la deuda pública. A cambio de las “reformas”, Grecia recibió ayuda financiera internacional, especialmente de la Unión Europea. El objetivo era reducir la deuda pública, que se consideraba muy elevada. Sin embargo, dada la caída del PIB, es decir, de la producción, la deuda es ahora mucho más elevada que al inicio del programa de supervisión: mientras que el PIB en 2009 era de 237.000 millones de euros, ha descendido a 182.000 millones en 2021. Como resultado, el nivel de deuda, en porcentaje del PIB, sigue siendo mucho más alto que en 2009. A finales del año pasado era del 193 por cien del PIB, mientras que a finales de 2009 era del 127 por cien.

Esa situación catastrófica también se observa en la tasa de desempleo, que pasó del 10 por cien a finales de 2009 a más del 13 por cien a finales de 2021. La lacra afecta especialmente a los jóvenes. La tasa de paro de los menores de 25 años superaba el 36 por cien en abril de este año, mientras que en diciembre de 2009 era del 29 por cien. Como consecuencia, gran parte de los jóvenes, especialmente los más formados, están emigrando: entre enero de 2008 y junio de 2016, el Banco de Grecia calcula que más de 427.000 griegos han abandonado su país, mientras que la población de Grecia es ligeramente inferior a los 11 millones de habitantes.

La tasa de suicidios también ha aumentado, pasando de 3,6 por cada 100.000 habitantes en 2009 a 5,1 en 2019. Los sucesivos recortes en el presupuesto de sanidad son sin duda responsables de ello: el presupuesto de sanidad rondaba el 4,3 por cien del PIB en 2009, mientras que en 2020 fue del 3,6 por cien del PIB. Teniendo en cuenta la caída del PIB entre estas dos fechas, ha habido un recorte del presupuesto sanitario de 4.000 millones de euros. Se trata de algo menos de la mitad de los 10.000 millones estimados que se necesitaban para salvar a Grecia a principios de 2010.

El remedio es peor que la enfermedad

Además de los severos recortes en las pensiones de los jubilados y de los recortes en la administración pública, otra de las “reformas” exigidas era la privatización de infraestructuras clave en el país. El puerto de Atenas, el Pireo, fue vendido al grupo naviero chino Cosco a cambio de una promesa de inversión que hasta ahora no se han cumplido, lo que ha enfurecido a los trabajadores locales. Esta adquisición por parte de un grupo chino también está teñida de una cruel ironía para la Unión Europea, que ha declarado repetidamente sus intenciones de oponerse a China.

El Pireo no es el único puerto que ha sido privatizado. Lo mismo ocurre con el segundo puerto griego, Salónica, mientras que otros puertos regionales, como los de Alexandroupolis e Igumenitsa, parecen destinados a seguir el mismo camino. A la lista de privatizaciones hay que añadir las de 14 aeropuertos regionales en beneficio del consorcio alemán Fraport-Slentel, y las que seguirán este año de la autopista Egnatia (la más larga del país, que une el oeste de Grecia con Turquía) y de las infraestructuras de la compañía de gas DEPA. Sólo se ha impedido hasta ahora la privatización de los yacimientos arqueológicos y museos griegos, que tocaría las raíces mismas de la identidad griega.

Al mismo tiempo, Grecia se ha desindustrializado en favor del sector de los servicios, ya que la proporción del empleo en el sector industrial, en porcentajes del empleo total, ha caído del 22 por cien en 2009 a alrededor del 15 por cien en 2019, mientras que la proporción del sector de los servicios ha aumentado del 67 por cien en 2009 al 73 por cien en 2019. En particular, el sector turístico está en auge, con un número de turistas anuales que ha pasado de 15 millones en 2009 a 34 millones en 2019, cifra que podría superarse este año.

El auge del turismo está poniendo a prueba las frágiles infraestructuras griegas (agua, electricidad), mientras que el coste de la vida, y no digamos de las vacaciones, se dispara para los locales. En consecuencia, una gran parte de ellos se ha visto privada de vacaciones en su propio país.

Todas esas “reformas” se llevaron a cabo con el objetivo de recibir “ayuda” internacional, es decir, de la eurozona y del FMI. En total, mientras que a principios de 2010 eran necesarios 10.000 millones de euros para salvar a Grecia, finalmente recibieron 273.000 millones en “ayudas”.

¿Por qué semejante despilfarro de dinero público y semejante masacre social? Los bancos alemanes y franceses estaban muy expuestos a la deuda griega. En lugar de anular una parte, es decir, hacer que el sector privado sufriera unos cuantos miles de millones de pérdidas, prefirieron verter dinero público. Eso permitió a los bancos alemanes y franceses desembarazarse de los títulos de deuda de riesgo. Fue otro caso de socialización de las pérdidas.

El inicio de la máquina infernal

La crisis de la deuda griega fue una consecuencia de la desregulación financiera iniciada en la década de 1980. Cuando estalló la crisis de las hipotecas de alto riesgo en 2008 con la quiebra de Lehman Brothers, todo el sector financiero mundial se puso en tensión y se bloquearon los flujos de capital. Los gobiernos decidieron inyectar cantidades masivas de dinero público en el rescate de los bancos. Ese fue el caso de Grecia.

Al mismo tiempo, los especuladores pasaron de los activos inseguros a la deuda soberana, que es segura porque los Estados no pueden desaparecer. El principal defecto de esos activos es que no rendían lo suficiente: sus tipos de interés eran demasiado bajos.

Era lo que necesitan los mercados financieros para poner en marcha la máquina infernal. Comienza un ataque especulativo, los tipos de interés de la deuda griega suben. La perspectiva de un impago de la deuda griega se hizo evidente para todos los actores. La “troika” intervino y concluyó un acuerdo en 2010 con Giorgios Papandreu, el primer ministro del Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok). Va a aplicar un programa de austeridad destinado a “controlar el gasto público” para reducir el déficit griego.

En 2011, ante un movimiento popular antiausteridad y mientras la “troika” sigue exigiendo la sangría del país, Papandreu plantea la posibilidad de un referéndum. Abandonó la idea al darse cuenta de que Bruselas no dudaría en expulsar a Grecia de la Unión Europea.

Una falsa esperanza: Syriza

Hasta principios de 2015 las “reformas” se sucedieron. Paralelamente, creció el movimiento popular contra la austeridad. Finalmente, los oportunistas de izquierda de Syriza, encabezados por Alexis Tsipras, ganaron las elecciones en enero de 2015. En su programa plantearon varias medidas para salir de la crisis: suspender el pago de la deuda, realizar una auditoría para evaluar la parte ilegítima, llamar a la participación ciudadana y decretar el fin de la austeridad.

En 2015 la campaña de Syriza nunca propuso romper con la Unión Europea. El objetivo siempre fue negociar con la “troika”, pero en ningún momento se planteó una salida del euro o de la Unión Europea. Las élites europeas, principalmente el Banco Central Europeo, explotaron esa laguna. Menos de 10 días después de la victoria de Syriza, el BCE cerró la principal vía de financiación de los bancos griegos.

La tensión fue creciendo durante el primer semestre de 2015, pero ni Tsipras ni Varufakis, su ministro de Economía, pondrán en duda la integración de Grecia en la Unión Europea.

La infernal máquina europea aplasta al pueblo griego

Lo que tenía que pasar, pasó. En la noche del 26 al 27 de junio de 2015, tras la negociación de otro paquete de “ayuda” a Grecia, Tsipras anunció su intención de someter el plan propuesto por la “troika” a un referéndum. Si gana el sí, Tsipras aceptará y la austeridad continuará. Si gana el no, Tsípras rechazará el plan. El gobierno promueve el referéndum como una herramienta para continuar las negociaciones y no para salir de la Unión Europea.

Desde el 29 de junio de 2015, 6 días antes del referéndum, los bancos griegos cerraron por un incumplimiento de liquidez provocado por el BCE. A pesar de ello, el voto “oxi” (que en griego significa “no”) ganó sin ambigüedades: más del 62 por cien de los votos emitidos fueron a favor. Entre el pueblo y la “troika”, Tsipras optó por ésta. El 9 de julio, tres días después de la victoria del “no”, envió un proyecto que incluía las principales recomendaciones de la “troika”: recortes en las pensiones, en la administración pública y aumento del IVA.

Otro camino era posible: el de romper con la Unión Europea, abandonándola. Las primeras medidas que deberían haberse tomado son de sobra conocidas: nacionalización de los bancos, salida del euro y adopción de una moneda nacional, control de capitales y devaluación de la nueva dracma, además de satisfacer las necesidades básicas de la población (alimentos, medicinas, combustible, etc.).

Grecia se ve ahora muy afectada por la crisis social y ningún partido parece capaz de encarnar la ira popular. La población está totalmente desilusionada por las renuncias de Syriza. La crisis energética y la dependencia energética de Grecia de Rusia, que ha disparado los tipos de interés de su deuda, han hecho resurgir el fantasma de la crisis financiera.

Alemania rinde pleitesía a China en medio de las discrepancias del gobierno de coalición

Angela Merkel visitó China en 12 ocasiones porque es allá donde los grandes capitales resuelven sus problemas, no en Bruselas. Olaf Scholz ha realizado el primero menos de un año después de su toma de posesión.

China es el mayor mercado del mundo y la crisis económica de Alemania sólo se puede paliar en el gigante asiático. Los monopolios alemanes como BASF, Siemens y Volkswagen esperan que el gobierno de Pekín les saque las castañas del fuego.

Nada más bajar del avión Scholz dijo que no era partidario de la fragmentación del mercado mundial. El patrón de Volkswagen en China, Ralf Brandstatter, añadió que “la fragmentación no puede ser una opción seria para ambos países.

China tiene un peso colosal en la balanza comercial alemana, especialmente en la industria química, de bienes de equipo y de automoción. Volkswagen, por ejemplo, vende el 40 por cien de sus vehículos en el mercado chino, mientras que Mercedes-Daimler y BMW realizan allí el 28 y el 25 por cien de sus ventas, respectivamente.

Los beneficios de los fabricantes alemanes en el mercado chino aumentarán en los próximos años y no es el único país que ve en China un chollo para sus multinacionales. Todas las grandes potencias quieren sellar contratos dorados.

La economía alemana depende del exterior: de Rusia para la energía y de China para las exportaciones y desde la pandemia las cadenas logísticas se han roto. Scholz y los suyos ya se han cerrado la puerta con Rusia y no pueden hacer lo mismo con China.

La semana pasada Scholz aprobó la venta de parte del puerto de Hamburgo al gigante chino Cosco, pero se encuentra aislado dentro de su propio gobierno. Los Verdes son una gangrena. Su ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, se ha desmarcado de la visita del canciller a Pekín.

En la reunión del G7 Baerbock celebró que los países miembro reconocieran públicamente que Pekín es un “competidor y rival”.

Cada vez más británicos comen gracias a los bancos de alimentos

Como millones de británicos, Michael Cox lucha para hacer frente a la exponencial subida del precio de los alimentos. Pese a ello, le hizo falta pasar dos días sin comer para decidirse a acudir a un banco de alimentos.

En el “Foodbank” de Hackney, barrio del este de Londres, decenas de personas hacen cola el lunes con un vale que les da derecho a una cesta con alimentos para tres días. La selección está adaptada a las necesidades de cada uno según su régimen alimentario y el número de miembros de la familia a mantener.

Los precios de la alimentación, pero también de la energía, han disparado la inflación en Reino Unido: en septiembre, esta superó el 10 por cien, la cifra más alta de los países del G7, complicando el presupuesto de los hogares británicos.

“Con la crisis del coste de vida, la gente no puede pagar sus facturas y comprar comida. Deben elegir”, afirma Johan Ekelund, supervisor de la distribución del día.

Sidoine Flore Feumba recibe el ingreso mínimo, un subsidio gubernamental que Reino Unido concede a las rentas más bajas, pero que está lejos de permitirle alimentar a sus tres hijos, calentarse y pagar su electricidad.

“Es como si estuvieras en el fondo del agujero y no pudieras sobrevivir sin la ayuda de la caridad”, explica esta enfermera recién diplomada y en búsqueda de empleo.

A Johan Ekelund le preocupa especialmente la llegada del frío y sus enormes facturas de calefacción. “Este invierno va a ser espantoso si no se hace nada” al respecto, asegura.

El pasado sábado, el centro de distribución de Hackney registró un récord de afluencia.

A los organizadores del banco de alimentos les cuesta hacer frente a la demanda actual, que se ha duplicado desde la época anterior al covid.

En diciembre abrirán más horas para permitir a quienes trabajan acudir después de su horario laboral, algo “completamente nuevo”, constata Tanya Whitfield, directora del centro.

La subida de los alimentos básicos agrava la situación: “todo el mundo cree que la pasta es una opción económica, pero ya no es así”, afirma.

El precio del aceite vegetal ha aumentado un 65 por cien en un año y la pasta, un 60 por cien, siendo de los productos que más han subido, según datos publicados por la Oficina Nacional de Estadística (ONS) referida a una selección de productos básicos.

Miles de británicos se han visto obligados a saltarse comidas, revela una encuesta reciente de la asociación de consumidores “Which?”.

La situación de los beneficiarios se hace más y más precaria: un número creciente asegura que no tiene “dinero para pagar el gas o la electricidad”, por lo que no pueden usar el microondas o el hervidor de agua, señala Whitfield. “Tenemos que encontrar comida que no necesite ser calentada […] Nunca antes tuvimos que hacer eso”, se alarma.

Otra consecuencia de la crisis: la caída de las donaciones, en torno a un 50 por cien menos que el año pasado, lamentan los voluntarios del banco.

Esta época del año, normalmente se afanan en recoger donaciones de colegios e iglesias, pero este año los centros escolares prefieren no hablar de colectas para no añadir presión a los padres en dificultades para llegar a fin de mes.

“Contamos con la generosidad de la gente en Navidad. Con un poco de suerte, veremos aumentar las donaciones”, confía Andrew Wildridge, empleado del banco de Hackney.

—https://www.lanacion.com.ar/agencias/los-bancos-de-alimentos-cuestion-de-supervivencia-para-cada-vez-mas-britanicos-nid01112022/

Europa ha llenado sus depósitos y ahora padece un exceso de gas

La crisis energética que estalló en Europa tras las sanciones contra Rusia corre el riesgo de dar un giro inesperado. Es posible que los europeos no sufran una escasez de gas sino un exceso. La decisión de los gobiernos de comprar grandes cantidades de gas licuado en todo el mundo a precios astronómicos no juega a favor.

En previsión de los duros tiempos que acompañarían a la caída del termómetro, los gobiernos europeos hicieron todo lo posible para no quedarse sin gas, y se les fue la mano. El frío aún no ha llegado y los almacenes están casi completamente saturados. Las reservas de gas son 30.000 millones de metros cúbicos más que el año pasado.

Sin embargo, los buques metaneros siguen llegando a Europa. Este mes se espera la entrada de 82 buques de gas licuado en el continente, un 19 por cien más que en septiembre. En la actualidad, muchos metaneros se utilizan como instalaciones flotantes de almacenamiento de gas.

Los europeos pueden descansar aliviados. Si todo va bien, no pasarán frío el próximo invierno. Cuando las temperaturas bajen, las empresas energéticas vaciarán las reservas acumuladas. Todo irá bien si no hay heladas y si el invierno no se prolonga excesivamente. En tal caso, los excedentes se agotarían muy rápidamente.

Como consecuencia de la acumulación, los precios de la gasolina han bajado mucho y ahora están a menos de un tercio de su pico de verano. Han logrado contener la inflación y los medios de comunicación convencionales lanzan las campanas al vuelo. Los demás somos unos agoreros. ¿Estamos equivocados?, ¿debemos rectificar?

El exceso de gas en Europa durará al menos hasta diciembre, ya que es poco probable que un enfriamiento prolongado afecte al continente el mes que viene. A medida que baje la temperatura, el consumo también aumentará. ¿Cuánto? Dependerá del invierno…

Este año la demanda de gas caerá entre un 7 y un 9 por cien. El 15 por cien anunciado por la Unión Europea está todavía muy lejos. En cualquier caso, dicha reducción no se ha alcanzado porque la población haya empezado a ahorrar de repente. La principal razón de la caída es el cierre de empresas industriales que consumen grandes volúmenes de gas.

Pero las empresas no se van a poder mantener cerradas inmediatamente y, cuando se acabe el invierno, los países europeos deberán volver a comprar gas, esta vez para todo el año.

La industria automovilística europea desaparecerá en 2035 a causa de la competencia de China

En una entrevista, Carlos Tavares, el patrón del holding Stellantis, sostiene que la industria automovilística europea desaparecerá en 2035 a causa de la competencia de China y la Agenda verde.

Stellantis es un monopolio automovilístico procedente de la fusión el año pasado de Fiat Chrysler y el grupo PSA, que a su vez agrupa a General Motors, Opel, Peugeot, Citroen y Vauxhall.

La responsabilidad de la desaparición, según Tavares, es de Bruselas por acelerar la producción de coches eléctricos. La Unión Europea ha abierto la puerta a la competencia, especialmente de China, que pretende inundar el mercado con sus modelos eléctricos baratos.

“Si Europa no quiere que su industria automovilística desaparezca de aquí a 2035, hay que protegerla”, concluye Tabares, que se declara partidario de imponer derechos de importación a los vehículos chinos.

Los fabricantes chinos llevan 10 años de ventaja a Europa. Los europeos han creado vehículos eléctricos en cinco años, pero Bruselas “ha hecho las cosas al revés”. Primero Europa debería haber trabajado en la producción de electricidad verde, luego en la red y después en los vehículos eléctricos.

Ahora que los coches eléctricos están aquí, “¿dónde están las energías renovables?, ¿dónde está la infraestructura de recarga eficiente?” En términos más generales, Tabares pregunta cómo quiere la Unión Europea hacer accesible la movilidad. “¿Queremos poner la libertad de movilidad en manos de fabricantes chinos que venden vehículos eléctricos a precios muy bajos? La pregunta vale la pena, pero la respuesta no es nada fácil de aplicar”, concluye.

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