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Turquía ha sido expulsada de la ‘coalición internacional’ que interviene en la Guerra de Siria

Mañana se reúnen en París los ministros de Defensa de los países que forman parte de la llamada “coalición internacional”, el heteróclito grupo de fuerzas imperialistas reclutadas por todo el mundo para intervenir en la Guerra de Siria, sin que nadie les haya llamado para ello.

A pesar de su pertenencia, cada vez más formal, a la OTAN, el ministro turco Fikri Işık no ha sido invitado, otro de los síntomas de que Turquía se ha movido del sitio que venía ocupando desde el principio de la Guerra Fría en 1945. Aunque el motivo de la ausencia no está claro, parece que no se trata de que el gobierno de Erdogan no quisiera ir, sino de que no les han invitado, de que la OTAN ha perdido la confianza en sus viejos aliados de Ankara.

Sin embargo, la diplomacia turca sí participó en la reunión de la semana pasada que preparó la estabilización futura de Mosul, una intervención de menor cuantía que no altera el hecho de que, desde el punto de vista militar, Turquía está fuera de juego en la Guerra de Siria y que, aparentemente al menos, no coordina sus operaciones militares con nadie. Se podría decir que hace la guerra por su cuenta, que es lo peor que se puede decir de alguien que está metido en una guerra.

Eso parece dar la razón a los que afirman que, por primera vez en la historia militar, ha estallado una guerra en la que no hay dos bandos sino posiblemente tres o cuatro, pero nadie es capaz de decir cuáles son esos bandos y quién lucha contra quién. Es extraño, pero no cabe descartar nada de eso porque estamos hablando de Oriente Medio, que desde hace 100 años los imperialistas han convertido en el reino de taifas por excelencia.

Hay muchos síntomas de la confusión propia de una guerra de “todos contra todos”. El sábado el Estado Mayor del ejército turco informó de que, por segunda vez en dos días, sus fuerzas aéreas habían realizado ataques contra 70 posiciones sostenidas por el conglomerado kurdo de siglas PKK-PYD que, a su vez, forma parte de las denominadas Fuerzas Democráticas de Siria, junto a algunas pequeñas milicias árabes, que Estados Unidos dirige, apoya y protege en el norte de Siria.

Al mismo tiempo que se producían esos bombardeos, el jefe del Pentágono, Ashton Carter, estaba de visita en Ankara tratando de arreglar un viejo matrimonio entre dos países en el que las recientes rencillas están causando estragos.

Al menos de puertas afuera, Carter dice que Turquía debería colaborar en la batalla de Mosul, en Irak, para desalojar al Califato Islámico. No se ha debido enterar de que quien se opone a ello es el actual gobierno de Irak, no el turco. ¿Se le abren las puertas de Irak a Turquía al mismo tiempo que se le cierran las de Siria?

Gracias al apoyo aéreo de la llamada “coalición internacional”, las Fuerzas Democráticas de Siria desalojaron a los salafistas de la ciudad de Manbi, al tiempo que Turquía inició la ocupación del norte de Siria para impedir que el PKK-PYD se consolidara en Rojava y uniera las zonas de Afrin, Kobane y Yazira bajo el mando de un único gobierno autónomo kurdo tutelado por Estados Unidos.

Lo mismo que en Siria, el ejército turco está presente también en el norte de Irak, en Bachika, una localidad al noroeste de Mosul, donde ha formado su propia milicia local, denominada “Gran Nínive”, integrada por unos 2.000 combatientes dirigidos por  Atheel Nujaifi, el antiguo gobernador de Mosul, a quien el gobierno irakí acusa de haber facilitado que el Califato Islámico capturara la ciudad, hasta el punto de que ha ordenado su detención.

Las relaciones de Erdogan con el gobierno central de Irak no son buenas, lo que contrasta con su familiaridad con el gobierno autónomo de Barzani. Es otro indicio de lo que parece una guerra minifundista de “todos contra todos” en la que los kurdos de uno u otro bando, de uno u otro país, se mueven como pez fuera del agua.

En Siria los planes del imperialismo se han vuelto contra sus patrocinadores

Es todo un síntoma: la visita de Putin a Estambul esta semana ha contrastado con la anulación de una visita a París que hubiera debido realizarse inmediatamente después.

El acuerdo para la construcción de un gasoducto capaz de trasladar a Turquía 15.000 millones de metros cúbicos, es más que un síntoma. Se trata de una cantidad tan fabulosa que, según el diario ruso Kommersant, ha sido el punto más importante de la visita. Lo realmente significativo es que antes ese gas pasaba por Ucrania, que en 2018 se quedará fuera de juego… si todo sigue como hasta ahora, lo cual no es seguro.

El objetivo del gasoducto no es abastecer a Turquía de gas, sino que Turquía se convierta en un exportador del gas ruso. El Turk Stream son dos gasoductos y la construcción del segundo de ellos dependerá de las actuales negociaciones entre Rusia y la Unión Europea, lo que equivale a anular las actuales sanciones y que Bruselas presione sobre los fascistas de Kiev para tratar de hacerles entrar en razón (si es que eso es posible).

Por lo tanto, el gas ruso que se dirige a Turquía puede ayudar a resolver al menos dos problemas importantes, a pesar de la torpeza de que hace gala Hollande desde su llegada al Elíseo en París.

Más que una ocurrencia de Putin, el truco procede de Erogan y es el siguiente: como la excusa que ponen en Bruselas para la llegada del gas ruso por el sur crea una situación monopolística que beneficia a Rusia, Gazprom se asociará a una empresa conjunta con Turquía capaz de sortear el veto comunitario, o al menos servir de excusa para ello.

El negocio no sólo beneficiaría a Turquía en el sentido económico, sino que ayudaría, tanto a Rusia como a Turquía, en las negociaciones que mantienen con la Unión Europea.

Un tercer factor a tener en cuenta de la entrevista entre Putin y Erdogan es la presencia del jefe del Estado Mayor del ejército turco, el general Hulusi Akar, para poner de manifiesto que no sólo se habló de gas sino de Siria.

El plan de Putin es que Turquía no se limite a cerrar la frontera con Siria sino que desempeñe un papel mucho más activo en la derrota de los yihadistas. El director del centro Rusia-Oriente-Occidente, Vladimir Sotnikov, ha asegurado al diario Kommersant (*) que existe un acuerdo secreto entre ambas partes, Turquía y Rusia, aunque lo califica como puramente “circunstancial y forzado”.

Según Sotnikov, en lo que a Siria respecta, Erdogan no es un aliado ni fiel ni a largo plazo. Antes el gobierno de Erdogan actuaba forzado por su aislamiento internacional; ahora por su aislamiento respecto a las potencias occidentales.

Quien le ha ayudado a salir de esa situación ha sido Putin. Pero eso no significa, asegura Sotnikov, que Erdogan pretenda aprovechar las dificultades de Rusia en provecho propio.

Es muy probable que el pronóstico de Sotnikov sea equivocado. Tiene buen parte de razón cuando apunta los motivos puramente del giro de Turquía, que no puramente circunstanciales. Sin embargo, hoy los gasoductos, como las líneas ferroviarias del siglo XIX, son instrumentos de comunicación; crean lazos permanentes entre los países. El tendido del Turk Stream apunta directamente a una colaboración a largo plazo entre ambos países que seguirá reafirmándose en el futuro.

Lo más probable es que a través de Rusia, desde Turquía a Irán se establezca una estrecha colaboración que impida a Estados Unidos mantener las manos libres en una región, como ha las ha tenido durante más de medio siglo.

La Guerra de Siria ha creado un precedente irreversible en Oriente Medio. Los planes del imperialismo se han vuelto contra sus patrocinadores y es muy difícil que logren recuperar el terreno que han perdido en sólo un año de intervención militar rusa.

(*) http://www.kommersant.ru/doc/3113535

Los desafíos del eje euroasiático a la hegemonía de Estados Unidos

Fuller, antena de la CIA en Estambul
Graham E. Fuller

Tal vez recuerden el término “Eurasia” de las clases de geografía en Secundaria. El término ya no se emplea mucho en las discusiones políticas de Occidente, pero debiera usarse, porque ahí es en donde la más importante y más profunda acción política se va a desarrollar en el mundo en que entramos en el siglo XXI. Estados Unidos, que pone el acento tan intensamente sobre el “confinamiento” de Rusia, del Califato Islámico y de China, se arriesga a errar en la visión estratégica euroasiática, que es la más importante.

Eurasia es la mayor masa del mundo, y abarca Europa y toda Asia; es decir, los centros más antiguos y grandes de la civilización humana.

¿Qué es, pues, el euroasiatismo? Este término ha significado cosas diferentes en épocas diferentes. Hace un siglo, los Kissinger de la época habían inventado teorías sobre un enfrentamiento estratégico profundo e inevitable entre las potencias navales (Reino Unido/Estados Unidos) y las potencias continentales/terrestres (Alemania, Rusia). La “Eurasia” significaba principalmente Europa y Rusia al oeste. Efectivamente, ¿que necesidad había de hablar de la propia Asia? La mayor parte de lo conocido en Asia era algo subdesarrollado, y estaba bajo el control del Imperio británico (India, China) o de Francia (Indochina) y no tenía ninguna voluntad de independencia. El Japón era la única “potencia asiática” verdadera, y que irónicamente ha desarrollado sus propios destinos imperiales imitando a Occidente, y por consiguiente ha llegado a entrar en conflicto con la potencia imperial norteamericana en el Pacífico.

Está claro que hoy todo ello es diferente. Eurasia significa cada vez más una “Asia”, en la que lo “Euro” hablaría más modestamente. Además, China se ha convertido en el centro de Eurasia, al ser la mayor economía del mundo. Sin sorpresa, China (como el mundo musulmán) manifiesta una tendencia resueltamente “antimperialista” basándose en lo que considera su humillación a manos de Occidente (y de Japón) en el curso de los dos últimos siglos, un eclipse sucedido en el transcurso de una de sus dinastías más declinantes. Pero China está allí de nuevo, y está decidida a aplicar todo su peso y su influencia. India es también ahora una potencia que se desarrolla rápidamente con un alcance regional. Y Japón, adormecido, representa todavía una potencia económica formidable, que tal vez desarrolle una mayor relevancia militar regional.

El significado del término “euroasiático” ha cambiado mucho, pero aún sugiere una rivalidad estratégica. En una época en la que Estados Unidos declara formalmente su intención de dominar militarmente el mundo (“dominación total”, era la doctrina oficial del Pentágono en 2000) el concepto del “euroasiatismo” responde a ello con vigor. Y no solamente en China, sino en la nueva importancia de países como Rusia, Irán, incluso Turquía. Proporciona un sentido al eclipse de la potencia occidental dominante ante la nueva potencia asiática.

Este concepto no se limita a lo militar o a lo económico. Hay también una connotación cultural. La cultura rusa ha mantenido desde hace dos siglos un vivo debate sobre si Rusia formaba parte de Occidente o encarna una cultura diferente euroasiática separada. Los euroasiatistas representan una fuerza importante en el seno del pensamiento estratégico y militar ruso (aunque Putin, de forma curiosa, no adopta plenamente esta visión del mundo).

La idea es vaga, pero culturalmente importante; trata sobre la identidad rusa. Es una cultura eslava, pero con profundas raíces euroasiáticas e incluso un pasado turco y tártaro. Recordemos que por dos veces, históricamente, ha sido el moderno Occidente quien ha incendiado Rusia. De ello dan testimonio las invasiones de Napoleón y Hitler hasta las puertas de Moscú. Hoy la OTAN avanza cada vez más profundamente en torno a la periferia rusa. Los euroasiatistas desconfían, son incluso hostiles a Occidente, considerándolo como una amenaza permanente para la “Santa Madre Rusia”. El “euroasiatismo” aflorará siempre bajo la superficie de la visión estratégica rusa del mundo.

La nueva Unión Económica Euroasiática de Rusia tiene un fin económico, al menos de Bielorusia, de unión con los Estados de Asia central y otros, en un conjunto económico euroasiático. Rico en petróleo, Kazajistán fue de hecho el autor del concepto, buscando el mantenimiento de relaciones con Occidente. Pero basta con mirar su situación en un mapamundi para ver que las opciones reales a largo plazo se encuentran determinadas. Rusia no puede ahora ser la estrella económica a la que ligar su porvenir, pero es uno de los numerosos vehículos euroasiáticos, y no son excluyentes unos de otros, sino opciones que aportarán una mayor seguridad.

China se mueve en direcciones increíblemente ambiciosas con la creación de una nueva banca de inversiones, una infraestructura en Asia que han firmado 57 Estados incluyendo la mayoría de Estados europeos, Canadá y Australia, pero visiblemente sin Japón hasta ahora, ni Estados Unidos. Esto crea un nuevo eje euroasiático, que es el instrumento de la banca central china. China está igualmente proyectando nuevas redes de transportes masivos (el cinturón de la ruta de la seda terrestre y la Ruta de la Seda marítima, “One Belt – One Road”, a través de Eurasia, uniendo China con Europa, Medio Oriente, Asia central y del sur y Extremo oriente por vías ferroviarias, marítimas y carreteras. La “Estrategia Euroasiática” de China es una realidad en pleno auge. Si, existen sospechas y rivalidades entre Rusia y China, y con India y Japón. Pero el fuerte impulso económico y desarrollista de estas propuestas difiere netamente de aquel más orientado a la “seguridad” de las organizaciones americanas con sus implicaciones militares inquietantes.

Washington no solamente ha combatido estas iniciativas chinas y euroasiáticas sin éxito, sino que son las políticas estadounidenses, en especial las políticas que identifican Rusia y China como los presuntos enemigos, las que han acercado en numerosas cuestiones a estos dos países, ahora unidos por una desconfianza común respecto a las ambiciones militares mundiales de Estados Unidos.

Por otra parte, antes de la Segunda Guerra Mundial Japón tenía su propia doctrina sobre el “euroasiatismo”, un intento de agitar pueblos y territorios contra la dominación colonial de Asia. “Gran Asia Oriental, Esfera de prosperidad común”. Esta estrategia hubiera podido ser eficaz si no hubiera estado acompañada por las propias invasiones militares brutales de Japón en los países del Asia Oriental, destruyendo la credibilidad de los japoneses. Hoy, Japón no se ha movido de su posición; deberá hacer frente a la realidad de la potencia china en el Este. ¿Y qué dirigente japonés podría seriamente perseguir una política de largo alcance de hostilidad hacia China, apoyando una estrategia norteamericana del Pacífico, concebida para aislar a China? Y especialmente cuando China y Japón se han convertido en socios gigantescos de comercio y de inversiones.

Irán está muy interesado por lo que suponga equilibrio frente a las presiones geopolíticas de Estados Unidos y busca la adhesión a estas instituciones de desarrollo económico rusas y chinas. Irán es “euroasiático”, y una potencia natural de la “Ruta de la Seda”.

Turquía se ha introducido en el juego euroasiático, una vez más. Desde los inicios del partido, para el AKP (las políticas exteriores de Erdogan con la visión del ministro de Asuntos Exteriores de la época, Davotoglu), Turquía ya no se limita a ser una potencia occidental, sino que también ha proclamado sus intereses geopolíticos (casi cien años después de la caída del Imperio Otomano) en Oriente Medio y Eurasia. Al fin y al cabo, los turcos son originarios de Eurasia, y migraron al oeste del lago Baikal hace mil años. Esto significa que hay serios lazos con Rusia, combinados con lazos étnicos, culturales e históricos profundos con Asia central y con China. Turquía, como Irán y Pakistán busca formar parte de esas redes rusas y chinas. Entre ciertos políticos nacionalistas turcos y oficiales militares, contando con numerosos kemalistas laicos, el euroasiatismo es una tendencia capaz de extender las opciones geopolíticas de Turquía, para explorar los lazos estratégicos y culturales con Eurasia. Refleja igualmente una expresión de desconfianza ante los esfuerzos occidentales y norteamericanos para dominar la región.

Para Turquía no es cuestión de uno u otro. Puede buscar formar parte de Europa (y de la OTAN), pero no renunciará a las grandes opciones alternativas geoestratégicas hacia el Este, con crecimiento de la influencia económica, las carreteras y el ferrocarril para materializarlo.

En resumen el nuevo euroasiatismo no se presenta ya a la manera del siglo XIX y de las potencias navales. Es un reconocimiento de que la era de la dominación occidental mundial, y en especial de Estados Unidos está acabada. Washington ya no puede dirigir (o permitir) una oferta a más largo plazo para dominar Eurasia. En términos económicos, ningún Estado de la región, incluyendo a Turquía, estaría tan loco como para dar la espalda a este creciente potencial euroasiático, que ofrece igualmente equilibrio estratégico y opciones económicas.

Existen, desde luego, enormes fallas que recorren Eurasia; étnicas, económicas, estratégicas y un cierto grado de rivalidad. Pero cuanto más intente Washington contener o sabotear el euroasiatismo como una verdadera fuerza ascendente, mayor será la determinación de los Estados de formar parte de ese mundo euroasiático en desarrollo, aunque no se rechace a Occidente.

A todos los países les gusta disponer de soluciones de recambio. No les gusta estar endeudados con una sola potencia mundial que busca la guerra. El relato de unos Estados Unidos de los que depende todo el orden mundial ya no es aceptado por el mundo. Y además ya no es realista. Parece una falta de visión que Washington continúe poniendo el acento en la expansión de las alianzas militares mientras que la mayoría del mundo está a la busca de una mayor prosperidad y busca su propia influencia en la región. Cabe indicar que los gastos militares de China son alrededor de una cuarta parte de los gastos norteamericanos.

Fuente: http://grahamefuller.com

Turquía trata de salir de su aislamiento diplomático viajando a Damasco

Ayer el diario turco Aydinlik anunció que en 4 ó 5 días una delegación diplomática turca viajará hacia Damasco para negociar un acuerdo con el gobierno de Damasco. La información se basa en las declaraciones anónimas de un alto responsable del Ministerio turco de Asuntos Exteriores.

La fuente indica al periódico que la visita es consecuencia del viaje de Putin a Estambul el día 10 de este mes, donde se entrevistó con Erdogan.

Se trata, asegura el diario turco, de un cambio “importante” en la política exterior de Ankara. El restablecimiento de relaciones entre ambos países sera inevitable, tarde o temprano, a pesar de que el ejército turco ha invadido el norte de Siria.

Según las fuentes turcas, el gobierno de Damasco estaría dispuesto a cooperar con Turquía en la Operación Escudo del Éufrates que el ejército mantiene en la frontera común entre ambos países.

En el verano de 2011 el gobierno de Erdogan rompió relaciones con Siria y pasó a prestar toda clase de apoyo a las milicias yihadistas que desencadenaron la guerra.

El 22 de junio de 2012 un caza turco F-4 Phantom fue abatido por la defensa antiaérea siria cuando se introdujo en su espacio aéreo. Turquía convocó una reunión de la OTAN, que no apoyó al gobierno de Erdogan.

Tras la caída de Mosul, en Irak, Turquía se convirtió en uno de los mayores cómplices del Califato Islámico en el contrabando de petróleo, del que la familia de Erdogan obtuvo suculentos beneficios económicos.

En la última entrevista concedida por Bashar Al-Assad a la prensa rusa, afirmó que cuando los terroristas sean desalojados de Alepo, “irán por donde han venido”, en referencia a que los mismos que han protagonizados una guerra en Siria pueden establecerse en Turquía con los mismos propósitos desestabilizadores.

La situación de Turquía con sus vecinos sigue siendo extraordinariamente complicada. Además de Siria, su ejército está presente también en el norte de Irak, una zona que las milicias del dirigente chiíta Muqtada Al-Sadr le han conminado a abandonar.

Los turcos han justificado su presencia para intervenir en la liberación de Mosul, pero el gobierno irakí ha negado su intervención y también les ha ordenado que salgan de Irak.

Turquía desvincula de la OTAN su sistema de defensa aérea

Ayer Putin mantuvo un encuentro con Erdogan en Estambul que ha pasado completamente desapercibido para la prensa internacional. Además de avanzar en la coordinación de sus acciones militares en Siria y de la firma del acuerdo para la construcción de gasoducto Turk Stream, ambos países pretenden colaborar en la defensa aérea, lo que supone que en este punto Turquía renuncia a su colaboración con la OTAN.

El Kremlin ha anunciado oficialmente que Rusia está “dispuesta a cooperar con Turqiía en la industria de defensa” y que eso se traducirá en “proyectos concretos”, aunque no los ha enumerado.

Los planes turcos para la renovación de su defensa aérea se iniciaron en 2013, cuando optó por el sistema chino Hongqi-9/FD 2000, poniendo de manifiesto el distanciamiento que el gobierno de Erdogan tomaba respecto de la OTAN.

La adjudicación china triunfó frente a la oferta franco-italiana Eurosam (SAMP-T) y la estadounidense Raytheon/Lockheed-Martin (Patriot PAC-3). Previamente Turquía también había renunciado al sistema ruso S-300 PMU-2 de Almaz-Antey por ser excesivamente oneroso.

La decisión turca fue duramente criticada por la OTAN por su incompatibilidad con las redes de la Alianza y porque suponía entregar a los chinos información confidencial, como el código IFF.

En noviembre del año pasado el gobierno de Ankara anunció que desistía de la adjudicación china, por lo que en la OTAN creyeron que se decantaría por una de las dos opciones restantes, la europea o la estadounidense.

No fue así. El gobierno turco anunció el lanzamiento de un programa autóctono que confió a Aselsan, una empresa especialista en electrónica militar, y a Rokestan, que fabrica misiles, que trabajarían con un misterioso “sistema de armamento mundialmente reconocido”.

Ahora fuentes diplomáticas turcas han reconocido que se trata del sistema ruso de defensa aérea, lo que ha vuelto a desatar toda clase de comentarios sobre el progresivo alejamiento de Turquía de la OTAN.

Los síntomas son inequívocos. El 30 de setiembre Erdogan criticó el Tratado de Lausana de 1923 que fijó la frontera con Grecia en el Mar Egeo, lo que ha sido recibido por el gobierno de Tsipras con enorme desagrado. Ha calificado las declaraciones de Erdogan como “peligrosas” para las relaciones entre ambos países y toda la región.

El gobierno turco autoriza que los familiares visiten a Öçalan en la cárcel

Öçalan, dirigente del PKK
Después de dos años de estricta incomunicación, el 12 de setiembre los familiares del dirigente de la organización independentista kurda PKK, Abdullah Öçalan, pudieron comunicar con él en la cárcel de la isla de Imrali, en el Mar de Mármara.

El gesto se está interpretando de muchas maneras, la mayor parte de las cuales tienen que ver con la animadversión que suscita la personalidad de Erdogan. Para la prensa turca, naturalmente, se trata de poner de manifiesto la magnanimidad del gobierno turco. Hablan de la visita y no de los dos años de incomunicación con su familia.

También hablan de que dicho “gesto” es una especie de excepción, fruto de que es el día de la festividad de Aid al-Adha, la celebración del sacrificio islámico. Hay que dar a dios, pues, de que un preso pueda visitar a sus familiares más cercanos, o sea, a las leyes divinas, porque las humanas no lo permiten.

La televisión francesa, por el contrario, habla de un “gesto teatral” por parte del ogro Erdogan, en plena vorágine represiva en Kurdistán.

Las explicaciones hay que buscarlas por otra parte, en las clases y en la lucha de clases. Los presos políticos son rehenes del Estado burgués y su situación no depende de dios, ni de las cárceles, ni de los carceleros, ni de los reglamentos, ni de la magnanimidad de unos y otros.

La situación de los presos políticos es un chantaje permanente. Tanto cuando abren como cuando cierran la puertas, a través de la cárcel los Estados a quien presionan es a la calle, a las masas y a las organizaciones revolucionarias.

Así se explica que tras conversar con Öçalan su hermano ofreciera una rueda de prensa en Diyarbakir, la capital de Kurdistán, para hablar de la posibilidad de una negociación política con el gobierno turco que, según aseguró, se podría concretar en seis meses.

Como el problema kurdo que tiene Turquía se ha desplazado a Rojava, este viraje hay que entenderlo también en relación con la posición de las distintas piezas en el tablero de ajedrez de la guerra de Siria, por lo que Erdogan ha seguido en la cárcel de Imrali la misma política que viene poniendo en práctica en el norte de Siria y de la que los medios no refieren más que una parte.

Dicho en otros términos: tras el fracaso del golpe de Estado de 15 de julio Turquía ha aceptado la propuesta rusa de buscar una salida negociada con el PKK, por lo que ahora el balón está en el tejado kurdo que deberá meditar dos aspectos de la misma cuestión: a dónde le conduce su alianza con los imperialistas y su enfrentamiento con el gobierno de Damasco.

La respuesta la tendremos dentro de muy poco tiempo.

La aviación turca bombardea las bases del PKK en Irak

En la noche del lunes al martes la aviación turca bombardeó las bases militares que el PKK tiene en el monte Qandil, al norte de Irak, ha anunciado el Estado Mayor del ejército turco. Los bombardeos destruyeron un refugio y un arsenal, matando a los militantes que se encontraban en su interior.

Hace varios meses que la aviación turca persigue objetivos del movimiento independentista kurdo que desde el fracaso del golpe de Estado en Ankara ha intensificado sus ataques contra la policía y el ejército turcos.

El lunes murieron al menos 10 militares turcos en dos ataques del PKK en el Kurdistán turco. Desde julio del año pasado al menos 600 policías y militares turcos han caído en ataques de la guerrilla kurda.

En el mismo periodo de tiempo, han sido capturados o muertos 7.700 militantes de la organización kurda, tanto en Turquía como en el norte de Irak.

En 2012 ambas partes iniciaron conversaciones para firmar un alto el fuego, pero el 20 de julio del año pasado, dos años y medio después de la apertura de negociaciones, el atentado suicida de Suruç, en el que fallecieron 34 militantes kurdos, reanudó las hostilidades.

Todos los acercamientos del gobierno de Ankara al PKK han acabado de una forma parecida, con atentados de autoría sospechosa. Aunque la mayor parte de las fuentes, incluido el PKK, lo atribuyen al Califato Islámico, con alguna complicidad por parte del gobierno de Erdogan, lo más probable es que sea una maniobra de desestabilización dirigida en su contra.

Oficialmente fue el primer atentado del Califato Islámico dentro de Turquía. Como consecuencia del mismo, la aviación turca inició los bombardeos contra las posiciones de la organización yihadista en Siria.

Desbloqueada la construcción del gasoducto entre Rusia y Turquía

Ayer la multinacional rusa de la energía Gazprom anunció que había recibido autorización del gobierno turco para construir un gasoducto entre la región de Krasnodar, en el sur de Rusia, y la Tracia oriental, al oeste de Turquía, pasando por el Mar Negro.

El dirigente de Gazprom, Alexei Miller, saludó esta noticia que refleja el interés de Ankara por el proyecto Turk Stream.

El gosoducto será capaz de transportar 63.000 millones de metros cúbicos de gas al año y se terminará de construir a finales de 2018.

El máximo dirigente de Gazprom ha negociado la construcción directamente con el ministro turco de Energía y Recursos Naturales, Berat Albayrak y las obras comenzarán con carácter inmediato.

Su tendido estuvo congelado como consecuencia de las presiones de Estados Unidos, que provocaron una seria crisis en las relaciones entre Rusia y Turquía. El proyecto se desbloqueó tras el golpe de Estado del 15 de julio y la visita de Erdogan a San Petersburgo el 9 de agosto.

La mitad del gas que consume Turquía ya procede de Rusia. Pero durante la rueda de prensa posterior a su entrevista con Putin el 9 de agosto, Erdogan no sólo dijo que el gasoducto era una prioridad para Turquía sino que gracias a él tenían intención de suministrar gas a toda Europa occidental.

Es una de las grandes bazas que -sin duda- Turquía acabará utilizando en su batalla por ser admitida dentro de la Unión Europea.

El Califato Islámico ha perdido sus fronteras con la OTAN

No hay más que leer los titulares de los portavoces mediáticos del imperialismo para apercibirse del profundo choque que ha supuesto la entrada del ejército turco en el norte de Siria.

Por ejemplo, el Washington Times encabeza así una crónica: “Por primera vez desde 2013, el Califato Islámico no tiene fronteras con la OTAN” (1).

El titular del The Independent no le va a la zaga: “Los rebeldes expulsan a los islamistas de la frontera turca: el Califato Islámico se queda cortado del resto del mundo” (2).

Este tipo de frases no sólo resumen bastante bien la situación actual sino la esencia misma de estos cinco años de guerra y, naturalmente, de cinco años de mentiras de los medios de comunicación del mundo entero.

Además de sellar la frontera, el despliegue turco impide que Estados Unidos logre su plan originario de dividir a Siria creando un Estado kurdo junto a la frontera. La subsistencia de otro Kosovo “independiente” en Oriente Medio quedaría garantizada por una base militar permanente en su suelo, es decir, por la presencia de tropas de Estados Unidos en el norte de Siria.

Casi nadie discute ya la derrota del Califato Islámico; ahora se trata de ver quién ocupa el terreno que ellos empiezan a abandonar, siendo Estados Unidos los primeros candidatos a darle un buen mordisco a Siria para ofrecer al mundo la imagen de que la guerra ha acabado con la victoria de sus planes, la derrota y la desaparición de Siria, un Estado destinado a seguir la misma suerte que Yugoeslavia o Sudán.

En tercer lugar, Turquía ha impedido el lavado de cara que pretendía el Frente Al-Nosra al separarse formalmente de Al-Qaeda, cambiar el nombre (Jabhat Fateh Al-Sham) y crear en torno suyo una amplia coalición de fuerzas que le permita estar presente en las negociaciones de paz como parte integrante de la “oposición moderada”.

Inicialmente las distintas facciones yihadistas que estaban bajo el control del ejército turco aceptaron la propuesta de unificación del Frente Al-Nosra, pero el gobierno de Erdogan ha vuelto sobre sus pasos, ha sacado a sus tentáculos del frente de Alepo y ha prohibido la unificación, abandonando a Al-Nosra a su suerte.

Las consecuencias son evidentes. El principal grupo yihadista, que es Al-Nosra, también se ha quedado aislado y en el futuro no va a poder lograr refuerzos del exterior. Está destinado a que el grueso de sus fuerzas sean aniquiladas implacablemente.

Finalmente, Turquía ha admitido la continuidad de Bashar Al-Assad al frente del gobierno de Damasco y su protagonismo en el futuro de Siria, que es el objetivo último del plan ruso para Siria: el gobierno del país es un asunto exclusivamente interno y nadie puede entrometerse en ello, y mucho menos haciendo uso de la fuerza.

Durante la visita del 9 de agosto a San Petersburgo, Erdogan pidió autorización a Rusia para la entrada de sus tropas en Jarablus. Rusia informó de ello a Siria, cuyo gobierno aceptó el despliegue de Turquía, para lo cual puso varias condiciones, de las que Rusia es garante. Son las siguientes:

a) bajo ninguna circunstancia el ejército turco va a colisionar con el sirio
b) para ello se han trazado los límites territoriales que las fuerzas turcas no pueden franquear
c) Rusia ha advertido a Turquía que, en caso de infracción del acuerdo, su aviación atacará a las fuerzas turcas que estén en suelo sirio
d) la presencia de tropas turcas en suelo sirio es temporal y Turquía se encarga de garantizar la integridad territorial en el norte de Siria
e) el gobierno sirio se abstendrá de cualquier reclamación ante el Consejo de Seguridad de la ONU por la violación de su territorio

(1) http://www.washingtonpost.com/world/middle_east/for-the-first-time-since-2013-isis-has-no-border-with-nato/2016/09/04/
(2)
http://www.independent.co.uk/news/world/middle-east/isis-set-to-be-cut-off-from-rest-of-world-as-turkish-backed-rebels-make-gains-a7225276.html

Histórico acuerdo cuatripartito entre Siria, Irak, Irán y Turquía

Esta mañana ha comenzado en Damasco una reunión entre los ministros de Defensa de Siria, Irak, Irán y Turquía en la que participan también los responsables de los servicios de inteligencia.

Los encuentros entre las partes comenzaron ya antes del golpe de Estado en Turquía y fueron uno de los motivos de la actuación a la desesperada de Estados Unidos para impedirlo.

El jueves se celebró un primer encuentro en Bagdad en el que sólo participaron los ministros de tres países, Turquía Siria e Irak y estuvieron presididas por el jefe de la inteligencia turca Hakan Vidan.

Además de la reunión de hoy, las partes tienen el compromiso de continuar los contactos en Damasco, Moscú e incluso Estambul.

El diario libanés As Safir ha reiterado que los turcos avisaron al gobierno de Damasco de su intención de ocupar Jarablus una semana antes de que la operación se desencadenara.

Después de varias semanas de negociaciones ya existe un principio de acuerdo entre las dos partes principales de las conversaciones, Siria y Turquía, por el cual este último país se ha comprometido a cerrar todas las vías de acceso de los yihadistas hacia Alepo y a poner la frontera común bajo la supervisión de militares rusos.

El acuerdo alcanzado en Hasaka es un mal precedente

La otra parte del acuerdo concierne al PKK. Turquía no acepta el compromiso alcanzado en Hasaka como consecuencia de la mediación rusa porque supone una entrega material de la ciudad al PKK, dejando a salvo una presencia simbólica del gobierno de Damasco.

Esa situación se ha producido a pesar de que sólo una parte de la población de Hasaka es kurda, lo que Turquía considera un precedente muy peligroso que le ha llevado a intervenir en Jarablus.

La decisión de Turquía choca frontalmente con los propósitos de Estados Unidos de desmembrar Siria, en el que el PKK desempeña un papel estelar. La reacción de Washington ante los múltiples desafíos planteados por Erdogan está por aparecer, pero será tan brutal como de costumbre.

De momento Turquía ha entrado en el listado de países no fiables. Las bombas nucleares que había en Incirlik se han trasladado a una base aérea de Rumanía. La información ya no fluye como antes hacia su viejo aliado, por miedo de que acabe en Moscú. Los aviones de Estados Unidos no están participando en los ataques turcos contra el PKK en Manbi.

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