La web más censurada en internet

Etiqueta: Represión (página 56 de 123)

Contra el encarcelamiento de Pablo Hasel, ¡organicemos la solidaridad!

Como ya sabréis, la fiscalía está presionando al Tribunal Supremo para que ratifique la condena contra Pablo Hasel y sea, definitivamente, encarcelado. Eso quiere decir que en cuestión de poco tiempo, si la solidaridad no lo evita, nuestro compañero ingresará en prisión casi cuatro años y medio por denunciar en sus canciones y tuits la cruda realidad del fascismo del Estado español, camuflada bajo el nombre de democracia. Además, sumando otras causas abiertas que tiene por su militancia, podría pasar hasta 15 años entre rejas.

Nos encontramos ante una situación difícil, es cierto. Pero somos conscientes de que un potente movimiento solidario y bien organizado en torno a unos principios mínimos como la amnistía total, podría impedir este nuevo a atropello. Y sabemos, pues la historia lo demuestra, que la solidaridad puede lograr victorias, como ha sido el caso de Jorge, que ha evitado la cárcel por intentar parar un desahucio gracias a la presión popular. Eso sí, somos conscientes de que la rabia ante esta injusticia debe reflejarse en las calles y no sólo en las redes sociales ya que al Estado no le supone un problema que la gente se desahogue en Twitter o Facebook, etc.

Por eso, llamamos a todas aquellas personas verdaderamente demócratas y antifascistas para que se movilicen contra el posible encarcelamiento de Pablo y animamos a utilizar todos aquellos medios y herramientas disponibles para denunciar el caso, difundirlo entre nuestra gente y tratar de impedir esta nueva condena. De nosotros y nosotras depende evitar esta agresión, que no sólo es contra él, sino contra todo el movimiento obrero y popular. Van a por él para asustarnos a todos.

¡Sólo a solidaridad llevada a los hechos es efectiva!
¡Libertad Pablo Hasel!
¡Amnistía total!

Moviment Pro Amnistia, 16 de mayo de 2020

La fiebre nunca más volverá a salir a la calle (ni siquiera los fines de semana)

Las empresas ya han comenzado a instalar cámaras térmicas para controlar el desplazamiento de las personas, tanto trabajadores como público, según su temperatura corporal. Además, dichas cámaras son capaces de identificar a las personas por su rostro.

Dentro de muy poco una discriminación absoluta llegará a todos los aspectos de la vida cotidiana aunque, afortunadamente, a fecha de hoy los dispositivos son fácilmente pirateables.

Va a ser una carrera contra el reloj. Las empresas se esforzarán para que nadie burle sus controles “sanitarios” y los trabajadores deberán superar unos dispositivos cada vez más sofisticados para sobrevivir en una sociedad de pesadilla.

No podremos salir a la calle con una décimas de fiebre, por más que traguemos con mascarillas de carnaval y guantes de fregar. La película de Travolta “Fiebre del sábado noche” será ilegal. Debemos aprender a bajar nuestra temperatura corporal antes de abandonar el confinamiento. Si las máquinas nos detectan, los vecinos nos echarán del autobús y se apartarán de nosotros.

No servirá de nada mostrarles nuestros certificados de que nos hemos vacunado de la triple vírica, el Zika, el Ébola, el SARS, el MERS, la gripe aviar y el kuru. Se encenderá una luz roja y nos señalarán con el dedo para que nos larguemos del lugar. ¡Maldita sea!, ¡Se me olvidó la vacuna de recuerdo del H3N7 que antes me inyectaba una vez al año y ahora todas las semanas!

De momento los apestados tenemos algunos remedios para pasar desapercibidos, tales como la barba, las gafas, la gorra, el maquillaje, una cinta de pelo, unos cascos de audio, un jersey de cuello alto… Cualquier cosa que oculte nuestra piel a las máquinas.

Debemos estar al tanto de los descerebrados, que son gente peligrosa y los centros de investigación los financian para que todas nuestras precauciones sean inútiles. Los diputados les apoyarán con leyes sanitarias que nos dirán cómo debemos vestir para que, al menos, una parte de nuestra piel quede al descubierto y los drones puedan medir nuestro calor corporal.

Así lo recomiendan los mejores médicos, expertos, virólogos, veterinarios y epidemiólogos, que son los que han sustituido a los tertulianos de la televisión. Apelan a nuestro sentido de la responsabilidad cívica para que no contaminemos a nadie. Nos obligarán a que nosotros mismos nos pongamos la soga alrededor del cuello.

Naturalmente que siempre habrá gente irresponsable, canallas y sinvergüenzas que lleven una botella de plástico llena de agua fresca para echársela por encima en cuanto tengan que entrar en un comercio que en grandes titulares anuncie en la puerta: “Se prohíbe la entrada a los que tengan fiebre”.

En España hay varias empresas que distribuyen aparatos para que la histeria no se acabe nunca. Una es Sensia y la otra es una multinacional china llamada Dahua, la misma que cedió los sensores térmicos al hospital de campaña que se instaló en el recinto ferial de Ifema, en Madrid.

Afortunadamente, con todas las técnicas ocurre lo mismo: no funcionan casi nunca, o dejan de funcionar, o se estropean, o las estropean.

Los apestados vamos a tener un poco de suerte y es posible que el capitalismo y los recortes jueguen a nuestro favor. Las cámaras térmicas son como el aeropuerto de Castellón. El negocio es instalarlas, no repararlas. Tras la instalación todo son gastos. Luego nadie sabe llevar el mantenimiento, nadie lee los manuales de instrucciones y nadie sabe cómo funcionan. Algunas de ellas serán olvidadas, el monitor se apagará o simplemente se acabarán los fondos para poner a un guarda jurado delante de la pantalla con un contrato precario, o en sustitución del titular, que ha cogido la baja porque padece coronavirus.

Empezarán los falsos positivos. Los sanos se enfadarán porque los han confundido con apestados en medio de un espectáculo público, lo cual es una vergüenza. Ellos creían que los contaminados eran los demás y se ven cazados en su propia trampa.

Nuestros mejores aliados serán las cremitas contra las arrugas, las sesiones de bronceado, las quemaduras solares, los reflejos de luz o calor procedentes de espejos, o de climatizadores o calefactores… Quizá lo mejor sea llevar un cigarro encendido en la boca de manera permanente.

Los falsos negativos se colarán como si fueran sanos, contribuyendo a propagar la peste. Los expertos de la London School of Hygiene and Tropical Medicine calculan que un 46 por ciento de los apestados podrán pasar el filtro, lo cual es un atentado intolerable a la salud pública.

El Congreso de los Diputados deberá promulgar nuevas leyes sobre los diferentes tipos de fiebres y los policías deberán seguir cursillos especializados para diferenciarlas. Tendrán que ponerles colorines, de manera que la fiebre amarilla, por ejemplo, quede fuera. ¿O quizá no?

Las cámaras térmicas no pueden sustituir a las de videovigilancia que ya están en funcionamiento y habrá que complementarlas con otras, capaces de leer el iris o el genoma para que, además de los apestados, guardemos la distancia social de los gitanos, los sudacas y los catalanes.

Los científicos y expertos de los laboratorios ya han conseguido financiación de las fundaciones benéficas para profundizar en un terreno que hasta ahora ha estado muy descuidado por las ciencias auténticas.

El FBI no necesita autorización judicial para rastrear el historial de navegación de los internautas

El FBI ya no necesita obtener una autorización judicial para consultar el historial de navegación de los usuarios de internet.

El Senado ha rechazado por un voto una enmienda a la Ley Patriótica y la Ley FISA (Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera) para que la policía se pueda entrometer en la intimidad de millones de estadounidenses.

La enmienda pretendía exigir que ciertas fuerzas policiales, como el FBI, obtuvieran una orden para consultar el historial de navegación de los usuarios de internet.

La votación formaba parte de un intento de reforma de la Ley Patrótica y la Ley FISA, algunas de cuyas habilitaciones expiraron el 15 de marzo.

La enmienda sobre el historial de navegación fue presentada por el senador demócrata Ron Wyden y el republicano Steve Daines. Este último dio como ejemplo el reciente caso Trump-Zelensky para poner de relieve los abusos que han hecho posible la Ley Partiótica y la Ley FISA.

“Hemos visto lo que un puñado de burócratas del gobierno despectivos han hecho al Presidente Trump cuando abusan de la FISA para servir a sus propios planes políticos. Lo que le pasó al Presidente Trump le puede pasar a cualquiera”, dijo Steve Daines.

La enmienda fue finalmente derrotada por un voto, aunque varios senadores no estuvieron presentes durante la votación. La ausencia del senador de Vermont Bernie Sanders, que había declarado su apoyo a la enmienda, fue particularmente notable.

Además del rechazo de la enmienda, la ley todavía tiene que ser votada por los diputados en los próximos días. El texto tendrá que ser firmado por Trump.

La idea de permitir el acceso sin orden judicial al historial de navegación no es nueva. En 2016 Obama apoyó al antiguo director del FBI, James Comey, en una enmienda de la Ley sobre la Confidencialidad de las Comunicaciones Electrónicas para permitirlo.

7 muertos en Guinea Conakry a causa de las protestas contra el confinamiento

Siete personas murieron ayer en Conakry y en el noroeste de Guinea en enfrentamientos con la policía causados por protestas populares contra el confinamiento.

El gobierno ha querido preservar a la capital de la llegada de población procedente de barrios y localidades cercanas. Para imponer el confinamiento la policía ha establecido controles en las carreteras que impiden la circulación de vehículos.

“Ha habido cinco muertes en Coyah y una en Dubreka”, dos prefecturas cercanas a Conakry, donde los manifestantes protestaban contra los controles de la policía que bloquean la circulación en las carreteras para aislar a la capital, dijo el portavoz de la policía, el mayor Mory Kaba.

Una de las víctimas es una mujer embarazada. Todas las víctimas han sido asesinadas por disparos de armas de fuego realizadas a quemarropa.

En Coyah, los manifestantes saquearon las comisarías de policía y de la gendarmería, según Kaba.

En Kamsar, cerca de la ciudad minera noroccidental de Boké, una persona murió cuando los manifestantes protestaban “contra los cortes de luz”, según la misma fuente. La víctima fue “asesinada a tiros”, dijo una fuente médica.

Es falso que los vecinos protestaran contra los cortes de electricidad. Para paliar el descontento por el toque de queda, el gobierno ha concedido tres meses de electricidad gratis y el consumo ha causado cortes de suministro, incluso en la capital.

En Coyah y Dubreka la policía y la gendarmería han impuesto controles de carretera para evitar que los vecinos de los barrios y localidades cercanas viaje por la carretera que lleva a Conakry, que es el lugar de trabajo de muchos habitantes de ambas prefecturas.

En definitiva, el confinamiento se ha impuesto con el único propósito de aislar a las clases dominantes de la capital, de los trabajadores que viven en los suburbios.

Anoche un camión militar se dirigió hacia Coyah para que los soldados reforzaran a la policía local.

A fecha de hoy en Guinea se atribuyen 11 muertes al coronavirus. Si los disturbios se reproducen, pronto el remedio será peor que la enfermedad.

Manifestación contra el confinamiento en Friguiadi

El panóptico medicalizado se puede utilizar para cazar a los homosexuales en su propio ambiente

Lo venimos denunciando desde el primer minuto: la pandemia es un pretexto para ejecutar planes que nada tienen que ver con la sanidad sino con el refuerzo de la dominación por medio del control y la vigilancia. Ni las cámaras de videovigilancia, ni el ejército, ni los drones, ni el pasaporte sanitario, responden en absoluto a un problema de salud pública.

Así se ha confirmado en Seúl este fin de semana. Un hombre de 29 años de Yongin, un barrio del sur de Seúl, se fue “de marcha” a los clubes del barrio de Itaewon y al día siguiente amaneció con fiebre alta y diarrea.

El ayuntamiento de Seúl y el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Corea (KCDC) empezaron a rastrear cada uno de sus pasos y reconstruyeron su biografía.

El hombre trabaja para una empresa de informática en Seongnam, al sur de Seúl, y el jueves estuvo recorriendo junto con otros tres amigos varias zonas de la capital coreana.

Entraron en un club de baile, en el que los sabuesos sanitarios han comprobado que cerró cuando un hombre de 20 años dio positivo al coronavirus el día anterior. Unas 500 personas estaban allí en aquel momento.

Al día siguiente estuvo deambulando por los clubes de Itaewon con otro amigo, que luego dio positivo y fue uno de los tres con los que había viajado el día anterior. Los dos pasaron tiempo en cinco clubes en Itaewon hasta la madrugada del sábado.

El hombre tomó un taxi alrededor de las 4:40 a.m. del sábado para llegar a su casa en Yongin. A las 4 p.m., salió a cenar y volvió a casa en el coche de su amigo. El domingo, visitó un hospital y una farmacia, y el lunes se quedó en casa todo el día. El miércoles por la mañana, dio positivo al coronavirus y fue admitido en un hospital en Suwon, al sur de Seúl.

El King Club, un local gay, confirmó en las redes sociales la visita de estas dos personas, que quedaron estigmatizadas públicamente por sus prácticas sexuales. El club se justifica diciendo que lleva un registro de entrada de sus clientes, que verifica su temperatura en cumplimiento del toque de queda, que sólo permite la entrada de quienes porten mascarilla y que ofrece desinfectante para las manos.

A partir del apestado, el ayuntamiento la burocracia sanitaria del KCDC extienden la investigación a los demás apestados con el pretexto conocido: detener la propagación del virus. Llegaron a identificar a 43 contactos cercanos a la víctima de la vigilancia, sometiendo a pruebas de detección del virus a todos ellos.

Las pruebas “demuestran” que los cinco apestados más cercanos a la víctima no estaban apestados, como creían, que el virus no se ha propagado como también creían y el único positivo, la víctima inicial, es asintomático, es decir, está sano.

Todo para nada; ninguna de las previsiones “científicas” se cumplen, pero eso es lo de menos porque los tiros apuntan en otra dirección.

Aparece en los medios coreanos uno de esos tarados de la salud, que no da su nombre, expresando una preocupación: los asiduos de un club gay podrían ser reacios a revelar sus identidades y presentarse para hacerse la prueba, permitiendo que el virus se propague “silenciosamente”.

Como ven, es algo que ya se conoció en los ochenta durante la paranoia de Sida que, además, de cambiar el comportamiento sexual de millones de personas (“póntelo, pónselo”) condujo a los homosexuales a campos de concentración en algunos países.

https://en.yna.co.kr/view/AEN20200507010500315

Brutal agresión a un detenido por la policía de Los Ángeles

De nuevo la policía de Los Ángeles ha vuelto a agredir salvajemente a un detenido, lo que ha sido grabado por un testigo y difundido en las redes sociales.

Ocurrió el 27 de abril, frente a la iglesia God of Prophecy. Aparentemente la víctima es un mendigo que cumple con la orden de poner las manos atrás para ser esposado.

A pesar de ello el policía le golpea la cabeza, haciendo que el detenido se incline para adelante con la intención de protegerse. Al mismo tiempo los golpes e insultos se suceden, mientras la víctima ni siquiera ha ce ademán de defenderse. Nunca levanta los brazos. Nunca resiste.

De fondo se escuchan los ladridos de los perros como denunciando la infamia de la agresión, mientras otra otra policía se mantiene cercana, en posición de alerta, y no hace nada para detener la agresión que se está perpetrando. Luego llegan otros policías y el vídeo termina.

La filtración de un informe interno de la policía dejó al descubierto que en la policía de Los Ángeles practica detenciones falsas, manipula pruebas, ha un uso arbitrario e indiscriminado de la fuerza y se lucra con el narcotráfico.

También quedó claro que en la policía anidan las peores lacras: el racismo, la homofobia, el antisemitismo, el sexismo y todo tipo de actuaciones discriminatorias.

Las agresiones se reproducen gracias a la impunidad de que disfrutan. Los jueces dan carta blanca a este tipo de abusos, que se han convertido en algo cotidiano. Sólo un policía es condenado por cada 1.000 personas que asesinan.

En 1991 la policía asesinó a Rodney King, uno de los primeros crímenes policiales grabados y ampliamente difundidos. Las protestas terminaron en un estallido que ocasionó más de 2.000 heridos, 63 muertos y destrozos por valor de 1.000 millones de dólares.

El 6 de julio de 2016 la policía mató a tiros a Alton Sterling en Baton Rouge, levantado manifestaciones, protestas y enfrentamientos encabezados por los negros.

Lo mismo ocurrió en 2014 tras los asesinatos de Michael Brown y Eric Garner.

La policía de Dubai dispone de cascos capaces de tomar la temperatura de los transeúntes

El mes pasado la policía de Dubai, la capital de Emiratos Árabes Unidos, fue equipada con unos casos futuristas con el pretexto de siempre: tomar la temperatura de los transeúntes para detectar si tienen fiebre y, en cosecuencia, están apestados, posiblemente contaminados, o quizá contagiados.

Sin embargo, el casco es multiusos, ya que también es capaz de reconocer la cara o el número de matrícula de un vehículo.

Ha sido fabricado por una empresa china de alta tecnología, que ya ha vendido 1.000 unidades a los servicios de seguridad de la metrópoli de los Emiratos.

El detector está oculto en el visor y muestra una pantalla que transmite los datos de las personas cercanas, incluida la temperatura.

En Emiratos Árabes Unidos no ha habido ninguna clase de pandemia. A finales de marzo, el gobierno anunció la muerte de dos personas cuyo fallecimiento imputaron al coronavirus por arte de magia y como posteriormente no ha habido más noticias, ya sólo hablan de los “contagiados” que, sumados los de todos los países del Golfo Périco hay suman 8.000m según dicen.

También allí hay más ruido que nueces porque la histeria trae réditos de todo tipo. Dicen que quieren detener la propagación del coronavirus poniendo cascos de último modelo a la policía.

No está claro lo que ocurrirá cuando un policía detecte circulando por la calle a alguien con fiebre. No se sabe si le pondrá una multa, lo llevará a un hospital o a las mazmorras.

Por si acaso, lo mejor en Dubai, donde hace mucho calor, es salir a la calle con unos paños frescos en la frente.

Por la derogación de todas las leyes represivas

Movimiento Antirrepresivo de Madrid

“Primero iremos a por los terroristas, después iremos a por los simpatizantes de los terroristas, después a por los familiares y amigos de los terroristas y, por último, a por los indiferentes”
Estas palabras fueron pronunciadas por el criminal Jorge Videla durante la dictadura argentina y corresponden a la lógica del fascismo: “o conmigo o contra mí”. Si esta misma lógica la exportamos al Estado español actualmente, y más concretamente a su legislación represiva, encontramos aspectos muy similares. Veamos.

La legislación represiva actual no se entiende si no realizamos un análisis, no de una ley u otra, sino en su conjunto y con cierta perspectiva histórica. Para ello no es necesario que nos remontemos a finales del siglo XIX, momento en el que apareció la primera ley antiterrorista. El precedente directo más inmediato lo encontramos en la Ley Antiterrorista de noviembre de 1971, aquella que modificó la “Ley de Orden Público” franquista de 1959. Esta “nueva” ley daba plena capacidad a la policía para dictar algo parecido a un Estado de Excepción permanente, ya que podía restringir o suspender los derechos y libertades por orden policial.

En 1973 el Código Penal condenaba a penas de prisión menor “al que integrado en una banda armada […] realizase cualquier hecho delictivo […] utilizando armas de fuego, bombas, granadas, sustancias o aparatos explosivos o medios incendiarios de cualquier clase, cualquiera que sea el resultado producido; y a los promotores y organizadores, y quienes hubieran dirigido su ejecución”. En agosto de 1975, ante el empuje de las masas y el incremento de la lucha armada, se endureció la Ley Antiterrorista con el objetivo de poder cerrar diversos periódicos y hacer extensiva la pena de muerte. Con ello llegamos al “Proceso de Burgos” en el que resultaron condenados a muerte los cinco antifascistas (tres miembros de ETA y dos del FRAP) que serían fusilados el 27 de septiembre de 1975.

En diciembre de 1979, y tras la aprobación de la fraudulenta Constitución, se prorrogó la Ley Antiterrorista. Esta se diferenciaba muy poco a las anteriores, ya que contemplaba: los registros domiciliarios sin previa orden judicial, la duración del periodo de incomunicación en comisaria de hasta diez días, la intervención de todas las comunicaciones del preso y el cierre e incautación de determinados medios de comunicación, entre otras.

Esto significaba que mientras se legalizaban progresivamente los partidos políticos que pasaban por el aro constitucional, hoy conocido como “Régimen del 78”, a los partidos que se negaron a legitimar dicha farsa y se disponían a combatirlo se les aplicaría la versión más brutal de la Ley Antiterrorista.

Corrían los años de plomo y del terrorismo de Estado, aquellos en los que el régimen actuaba de forma semiencubierta, asesinando bajo el paraguas de organizaciones como el Batallón Vasco Español y posteriormente los GAL, y de forma legal, aplicando la ley antiterrorista vigente. A pesar de que socialistas, comunistas y los partidos nacionalistas catalanes y vascos pidieron su derogación, estas medidas no serían “modificadas” por el Tribunal Constitucional (TC) hasta 1987. El PSOE, al llegar al gobierno, pasó de pedir la derogación de la Ley Antiterrorista, a ser el abanderado y el más firme defensor de dicha ley, aplicándola sin ningún tipo de escrúpulo contra militantes revolucionarios.

En 1996 llega al poder el PP, y con ello, el momento de darle una nueva vuelta de tuerca a la represión, esta vez extendiéndola a otros sectores. En junio de 2002 se aprueba la Ley de Partidos con los votos a favor de PP, PSOE, CIU, CC, el Partido Andalucista, y el voto de Gaspar Llamazares, según él por error. Esta ley reemplazaba a otra similar de 1978 que calificaba de asociación ilícita a las organizaciones políticas que no se integraron en el régimen. Hasta este momento, los condenados por este delito cumplían de tres a seis años de prisión, con la recién estrenada Ley de Partidos pasarán a cumplir de ocho a quince. Con esta ley el régimen pretende garantizar el orden constitucional y el funcionamiento democrático “impidiendo que un partido político pueda, de forma reiterada y grave, atentar contra ese régimen democrático de libertades, justificar el racismo y la xenofobia o apoyar políticamente la violencia y las actividades de las bandas terroristas”. Lógicamente, en esta definición queda excluida la violencia institucional y la de los partidos y organizaciones de ideología nazifascista que nunca han sido ilegalizados por sus incontables crímenes. Esta ley sirvió para que los partidos que tenían cierta presencia institucional fueran ilegalizados y sus miembros expulsados de los ayuntamientos y encarcelados.

Pero no solo eso, también permitió que se extendiera la persecución e ilegalización de otras organizaciones como las dedicadas al apoyo y la solidaridad con los presos políticos, a las que se paso a calificar como “los entornos de las organizaciones armadas”. A partir de ahora correrían la misma suerte las organizaciones que, de un modo u otro, legitimaran, apoyaran o, simplemente, no condenaran de forma explícita la violencia –revolucionaria, por supuesto- , y no colaboraran con la “justicia”.

Es útil recordar aquí que a los partidos como la antigua Convergencia, hoy JXCat, una buena parte de los llamados partidos “constitucionalistas” pidieron su ilegalización por dirigir el referéndum del 1 de octubre de 2017 y por declarar unilateralmente la independencia (DUI) de forma simbólica. Recientemente se ha presentado en el Congreso una ley para ilegalizar a ERC, JXCat, Bildu y la CUP por “atentar contra la unidad de España”. Que estén pidiendo que se les aplique la misma Ley de Partidos que con sus votos hicieron posible nos recuerda dos cosas: que “Roma no paga traidores” y que si apoyas o dejas en pie una ley represiva es probable que algún día te la puedan aplicar a ti o a tu partido.

Siguiendo la lógica del gerifalte argentino: después de los “terroristas”, de los simpatizantes de los “terroristas” y de los solidarios; llegó el momento de ir a por el resto de luchadores. Y así fue. El 1 de julio de 2015 el régimen necesitó extender aún más la represión. Tras un periodo de numerosas y masivas protestas en las calles de las principales ciudades entra en vigor la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana, también conocida como Ley Mordaza. Esta ley tampoco es nueva, es una reforma de la anterior, conocida también como Ley Corcuera o de Ley de “patada en la puerta”. Supone otra vuelta de tuerca más a la represión, esta vez dirigida contra numerosos sectores populares que desde diversos frentes vienen ejerciendo sus derechos y libertades; ya sea de manifestación, de expresión, de información, etc. Esta ley castiga severamente y de forma económica desde una opinión crítica en redes sociales hasta la protesta más inofensiva. El objetivo fundamental es disuadir las movilizaciones y amedrentar y amordazar a los activistas más críticos. Era el turno de ir a por los twiteros, a por los raperos, a por los artistas satíricos, a por los actores críticos y comprometidos, etc.

En definitiva, quienes muestren su indignación contra el régimen, denuncien a la monarquía, los abusos policiales o se atrevan a solidarizarse con los “terroristas” y a denunciar su situación en prisión, serán objeto de detención e incluso condenados a penas de cárcel. Era el turno de todo aquel que se mueva.

Ahora, cinco años después de su entrada en vigor, el nuevo gobierno habla de “derogar los aspectos más lesivos de la ley mordaza” y sustituirlos por “una nueva norma que garantice el ejercicio del derecho a la libertad de expresión y reunión pacífica”. Esto nos recuerda a la modificación de la Ley Antiterrorista del año 87; cuando el TC rebajó, de diez a siete, los días de tormentos que pasarían los detenidos en manos de la policía y de la Guardia Civil. Es decir, una vez que han logrado meter el miedo en el cuerpo a miles de luchadores y luchadoras toca retocar la legislación dejando intacto el grueso de la misma. Estas formas son muy propias del Estado español, consiste en cambiar algo para que todo siga igual.

A nosotros esto nos parece un insulto. Con esta “nueva” medida nos están diciendo: “no te aplicaremos la ley mientras no te resistas”. Pero entonces ¿Qué ha cambiado? ¿Qué va a pasar cuando vuelvan a enviar a la policía, armada hasta los dientes, a desahuciar a las familias y se encuentren con un muro de activistas dispuesto a evitarlo? ¿Se retirarán sin más a sus comisarias o apalearán a los activistas que se resistan? Si sucede esto último, ¿cómo debemos actuar nosotros? ¿Aguantamos estoicamente los palos o nos defendemos? Si nos defendemos, ¿seremos condenados a prisión? ¿Van a enviarla igualmente a cargar contra los piquetes de una huelga? En fin, se nos plantean muchas dudas que la nueva “coalición progresista” no nos ha aclarado. Lo único cierto es que en los dos últimos años cerca de 70 personas han sido condenadas por los diferentes delitos de “enaltecimiento del terrorismo”, “amenazas terroristas” o por el de “humillación de las víctimas del terrorismo y de sus familiares”. Se ha condenado y enviado a prisión a raperos y a twiteros, han aplicado la ley antiterrorista a titiriteros por realizar una función satírica, el actor Willy Toledo fue detenido “por cagarse en Dios”… y no le permitieron hablar con su abogado hasta que declaró ante un juez. Es decir, a día de hoy están aplicando la Ley Antiterrorista por el simple hecho de ejercer la libertad de expresión y para reprimir la protesta social.

Esto sucede por un motivo muy sencillo. Hoy, a cualquiera de nosotros nos pueden aplicar la misma Ley Antiterrorista, más o menos atenuada, porque para este régimen todos somos potencialmente “terroristas”.

Por este motivo, todo trabajador, todo antifascista y todo verdadero demócrata debe oponerse a todas las leyes represivas y actuar en consecuencia, no solo porque mañana podríamos ser cualquiera de nosotros quienes las suframos, sino porque no deberíamos permitir que multen, apaleen o encarcelen, a ningún miembro de nuestra clase por luchar contra el terrorismo de Estado y por nuestros derechos y libertades; del mismo modo que no deberíamos haber permitido que se suspendieran los derechos fundamentales de ningún detenido quedando completamente a merced de sus torturadores.

Cuando normalizamos la represión, en cualquiera de sus formas, damos un paso atrás en nuestros derechos conquistados y permitimos que el régimen conquiste nuevas y mejores posiciones de fuerza para seguir machacándonos.

Como hemos visto, el Estado limita o elimina determinados derechos empleando su legislación represiva, en particular su Código Penal, que endurece en función del nivel de resistencia que opongamos las clases populares. Persigue el derecho a la resistencia con la Ley Antiterrorista, elimina el derecho de organización con la Ley de Partidos y penaliza duramente las libertades de expresión, reunión, manifestación, etc. con la Ley Mordaza. Como dicen tanto políticos como supuestos asesores en derecho laboral “todo derecho fundamental no es absoluto o ilimitado, y admite y precisa una regulación legal”. En este sentido el derecho a la libertad de huelga también es vulnerado sistemáticamente, sobre todo en sectores estratégicos. Resulta paradójico que para limitar el derecho de huelga de estos sectores se utilice como arma el artículo 28.2 de la propia Constitución. De esta forma, a lo largo de las últimas décadas, se ha llegado a la militarización de aeropuertos y otros medios de transporte, así como a los trabajadores del aeropuerto del Prat se les acusó del delito de sedición por ejercer su derecho a la huelga.

Pero no solo los sectores estratégicos se ven afectados por la Ley de Huelga, y más concretamente por el Código Penal, la lucha de los trabajadores de otros sectores también es represaliada, especialmente las huelgas generales pero también numerosos conflictos “ordinarios” que terminan enconándose por la intransigencia de la Patronal. ¿De qué manera se limita la libertad de huelga? Para no hacer más engorroso este apartado resumiremos diciendo que, en el artículo 315 del C.P. se vuelve a dar la paradoja que antes señalábamos. Mientras que en el primer párrafo (315.1) se defienden los derechos sindicales de los trabajadores diciendo: “Serán castigados con penas de prisión de seis meses a tres años y multa de seis a doce meses los que […] impidieren o limitaren el ejercicio de la libertad sindical o el derecho de huelga”; y en el segundo párrafo (315.2) se añade: “si las anteriores conductas se llevaren acabo con la fuerza, violencia o intimidación, se impondrán penas superiores”; en el tercer párrafo (315.3) del mismo artículo se dice lo siguiente: “Las mismas penas del apartado segundo se impondrán a los que, actuando en grupo o individualmente […] coaccionen a otras personas a iniciar o continuar una huelga”. Igualmente paradójico resulta que para limitar el derecho de huelga de unos trabajadores se utilice “el derecho al trabajo de los trabajadores”. Este es precisamente el argumento de Tribunales y Fiscalía para justificar la Ley revientahuelgas, tratar de conciliar el legítimo derecho a la huelga de quienes hacen huelga para exigir un aumento salarial o la readmisión de trabajadores despedidos, haciendo prevalecer el derecho al trabajo de los esquiroles. Así es como enfrentan a unos trabajadores contra otros y, en definitiva, consiguen romper su unidad y debilitan los efectos de la huelga.

No olvidemos que ha sido este apartado el empleado en la represión de trabajadores que integraban piquetes de huelga y por el que algunos huelguistas han dado con sus huesos en prisión.

Por último, otra de las leyes represivas es la Ley de Extranjería. Esta persigue y reprime a un elemento concreto de la sociedad, al inmigrante pobre, al que llega en patera y no en yate, al que huye del hambre, de la guerra en su país o, simplemente, en busca de una vida mejor y es deportado sin importar lo que pueda sucederle a su regreso. Lógicamente, este es un problema muy complejo que requiere de medidas igualmente complejas. Soluciones que empiezan por el respeto de la soberanía de sus países, el cese del expolio de sus riquezas y, en definitiva, medidas por parte de los Estados desarrollados destinadas a mejorar las condiciones de trabajo y de vida para que millones de trabajadores no se vean obligados a abandonar sus hogares, sus familias, incluso a riesgo de perder la vida. Nativa o extrajera, somos la misma clase obrera.

Por todo lo expuesto, exigimos la derogación completa de toda la legislación represiva: de la Ley Antiterrorista, de la Ley de Partidos, de la Ley Mordaza, de la Ley de Huelga, de la Ley de Extranjería y una reforma profunda del Código Penal. ¿En qué sentido? En el que las únicas leyes que existan sean las que garanticen el trabajo, la vivienda, la educación y la sanidad pública, en definitiva, leyes que garanticen una vida digna para el pueblo trabajador y no leyes que nos machaquen, tanto física como económicamente, para que no luchemos por ella. Exigimos un Código Penal que, en lugar de enviarnos a la cárcel por luchar por nuestros derechos, persiga y encarcele a estafadores, explotadores, torturadores y corruptos, sean del color político que sean.

Articulo extraído de la revista “Amnistía”, del Movimiento Antirrepresivo de Madrid

Ante la más dura imposición disciplinaria sobre las masas que ha conocido la historia

La pandemia no es más que un pretexto para introducir o reforzar toda una serie de medidas que no tendrían justificación en ningún otro contexto al margen de la histeria. Como en cualquier empresa de ingeniería social, dichas medidas son de todos los tipos imaginables. Van de la política económica a la imposición de conductas humanas y formas sociales de incomunicación.

Estas últimas están presididas por el miedo. Su objetivo es facilitar una disciplina de masas y, en definitiva, lograr que el convicto se ponga él mismo la soga al cuello. Por su propio bien. Es algo que facilita enormemente la dominación de clase. No hay oposición porque nadie se opone a algo que le conviene.

Es algo que se había esbozado antes en ciertos países pero que jamás se había ensayado en todo el mundo. Simultáneamente.

Por ejemplo, en Chile el gobierno de Piñera ha aprovechado el confinamiento para instalar cámaras de videovigilancia en las calles (1), lo cual no tiene relación con la pandemia sino con las movilizaciones del año pasado, que se han acabado de un plumazo gracias a la pandemia.

La histeria está cambiando los hábitos sociales hasta en lo más íntimo y personal, incluso en la higiene y en todas y cada una de las actividades humanas. Si con la “escalada” ya fue bastante evidente, con la “desescalada” es mucho más patente. Nuestro comportamiento no lo decidimos nosotros sino unos “expertos” de mierda que nos dicen cuándo, cómo y con quién debemos salir a la calle. Hemos llegado a aceptar que nos digan cómo debemos vivir nuestra vida y a culpabilizar e insultar a quienes dicen que esto es una patraña cada vez más descarada. A medida que no está habiendo una respuesta política y social, la insolencia de los “expertos” de mierda es cada vez mayor.

La burguesía justificó su poder con la “mano invisible”, el “laissez faire” y el individualismo (que cada cual haga de su capa un sayo), y en la época actual está culminando con el intervencionismo más brutal en la esfera íntima de las personas.

El panóptico ha llegado para quedarse. No se trata de que vigilen cada uno de los comportamientos de las personas; no se trata de graben en vídeo la vida de cada cual y la digitalicen, la procesen, la almacenen y, virtualmente, la comercialicen. Se trata de algo mucho peor: de que sepamos que cada uno de nuestros pasos está siendo vigilado y, como es bien sabido, los niños no se comportan de la misma manera cuando les vigilan que cuando no.

La vigilancia, pues, es una forma de condicionar el comportamiento humano y la pandemia está suponiendo un salto cualitativo en los mecanismos y en la intensidad de vigilancia. No basta con que haya cámaras de vídeo en las paradas de los autobuses o en el centro de comercial; cada uno de nosotros debe tener presente e interiorizar que está siendo vigilado.

Es una arquitectura de la opresión donde quien te vigila no es sólo la cámara sino el vecino. No sólo el que se asoma por la ventana sino también el que coincide en la cola del supermercado y el móvil le advierte de tu presencia y de que -quizá- no estás tan sano como pareces porque eres “portador silencioso” de un virus.

El truco de tirar el móvil a la basura no nos va a servir porque nos van a poner un brazalete, como si estuviéramos con una condena condicional, como si fuéramos unos delincuentes a los que les han dado unos días de permiso para salir a la calle.

Van a resucitar el viejo somatén, las brigadas de vecinos celosos de la salud. El Gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, ha anunciado que, junto con el multimillonario ex alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, van a crear un “ejército de rastreo de contactos” compuesto por 17.000 vigilantes encargados de supervisar a los apestados, los contaminados, los contagiosos (2).

El mes pasado el ex presidente Bill Clinton se reunió con los gobernadores de varios Estados para crear la red de somatenes, serenos, guardas y vigilantes encargados de la salud pública. Los veremos en las estaciones de tren y acompañando a los revisores. Nos pedirán la cartilla y nos dirán: “Usted no puede sentarse en esta plaza. Tiene que ir en la unidad de apestosos”.

Nos habíamos acostumbrado a las cámaras de videovigilancia en las calles y creimos que eran como las farolas. Necesitan hacernos sentir su omnipotencia, como el padre que vigila al niño mientras juega en el parque. Ahora vendrán los drones a tomarnos la temperatura y preguntarnos por los altavoces si tosemos. El policía que está al otro lado de la pantalla nos preguntará si hemos ido al médico últimamente. “¿Se ha hecho Usted la revisión?”, nos preguntará. “¿Ha pasado la ITV?, ¿tiene su cartilla sanitaria actualizada?”.

La Guardia Civil de Tráfico nos parará en un control y, además de pedirnos los papeles del coche y hacernos el test de alcoholemia, nos hará también el de coronavirus, el del Sida, el Ébola, el Zika, la gonorrea, el kuru, la tos ferina, la gripe porcina, la aviar, el H1N5…

Los sindicatos serán un anexo del Ministerio de Interior. No se podrá trabajar sin la cartilla sanitaria para evitar el contagio de los compañeros. Los apestados no podrán ocupar determinados puestos de trabajo, como la educación. Tampoco podrán tener contacto con el público. Periódicamente la empresa exigirá la cartilla para comprobar si está actualizada. En caso contrario, el trabajador podrá ser despedido. A la entrada de la fábrica, los vigilantes sindicales tomarán la temperatura a los trabajadores.

En el próximo reajuste del gobierno nombrarán a Fernando Simón para el nuevo Ministerio de Pandemias, Curvas, Desescaladas y Zoonosis, una cartera apolítica, puramente técnica. Además de cárceles, CIE y reformatorios de menores, abrirán campos de concentración para contagiados, aunque los llamarán balnearios, centros de reposo o clínicas de cuarentena y observación médica… Algo que deje claro su naturaleza médica y puramente técnica. Aunque los pacientes estén atendidos por expertos de bata blanca, deberán estar custodiados por el ejército, o por la legión o por la unidad militar de emergencias, para que no se escapen.

No nos da tiempo a terminar este artículo porque son las ocho de la tarde y tenemos que salir al balcón a aplaudir…

(1) https://m.elmostrador.cl/destacado/2020/05/06/pandemia-a-la-chilena-la-contradictoria-decision-de-pagar-millones-de-dolares-para-televigilancia-en-crisis-sanitaria/amp/
(2)  https://www.cbsnews.com/news/contact-tracing-new-york-cuomo-plan/
(3)  https://www.youtube.com/watch?v=-Ug9XHT9JQQ

Operación Cóndor o Plan Cóndor, un plan de exterminio del Departamento de Estado

Darío Herchhoren

Lo que se conoce como Plan Cóndor u Operación Cóndor, fue una operación planificada desde el Departamento de Estado norteamericano dirigido en esos tiempos por Henry Kissinger, Secretario de Estado de los EEUU. Se cree fundadamente que este es el autor de dicho plan, y que lo escribió hasta en sus más pequeños detalles como qué hacer con los cadáveres de los muertos y sus pertenencias.

Los métodos utilizados fueron copiados de la operación Noche y Niebla, que los nazis lanzaron contra los judíos, pero que en realidad fue contra todos los que se oponían al partido nacionalsocialista alemán.

No hay que desdeñar la sospecha de que Henry Kissinger, un alemán nacionalizado norteamericano, haya aprendido estas prácticas en su país de origen. y que luego ya controlando una importante porción del poder imperial decidiera aplicarlas también en Sudamérica.

La operación cóndor tuvo sus inicios en la década de 1970, a raíz de que entre el año 1964, en que se instaura la dictadura militar brasileña con el general Castelo Branco a la cabeza, se sucedieron golpes militares en todo el cono sur de América, facilitando mucho las cosas a las dictaduras militares para que coordinaran sus esfuerzos.

Los primeros pasos fueron dados en Santiago de Chile cuando el general Manuel Contreras Jefe de la DINA (Policía Política creada por Pinochet) se reúne con el general argentino Santiago Omar Riveros jefe de institutos militares, y con el Teniente Coronel Honorio Vidal jefe del batallón de inteligencia argentino 601, donde deciden aunar esfuerzos para liquidar toda actividad subversiva.

Pero en realidad la operación cóndor tuvo sus inicios en la Escuela de las Américas, donde militares del imperio enseñaban nuevas técnicas de interrogatorio (torturas, LSD) con la colaboración de médicos y psicoanalistas que asesoraban sobre la resistencia del cuerpo humano a estas prácticas. Un destacado asesor para estas actividades era el psiquiatra argentino Roberto Fontana, que era un experto en el manejo del ácido lisérgico.

Pero la Operación Cóndor hay que verla dentro del marco mayor de la guerra fría entre los EEUU y la URSS. En tal sentido los EEUU siempre habían considerado que toda América era su territorio, y que bajo ningún concepto podían permitir una nueva Cuba, y para eso no había limites morales ni éticos y se podía actuar sin ningún escrúpulo. La Operación Cóndor estaba orientada a terminar con líderes políticos, estudiantiles, obreros, intelectuales y cuanto se les pusiera delante. Dentro de esa operación se encuadra el asesinato de Orlando Letelier y del general Prats. Todo estaba guardado bajo siete llaves, hasta que en 1992 un juez paraguayo en una inspección que hace a una comisaría en Asunción, descubre en un sótano un grueso tomo donde aparece lo que la operación cóndor hizo en toda América. Es así como la diosa fortuna a veces se pone del lado de los justos, y toda esa información se hizo pública. El juez paraguayo se llamaba José Fernández, y es así como se descubren los archivos del terror.

De esa información surge que la Operación Cóndor es responsable de 50.000 muertes, 30.000 desaparecidos y 400.000 encarcelados.

Se supo también que Stefano Della Chiae operó también en Europa. La internacional del terror no tiene ni tuvo límites. Sospecho firmemente que la red Gladio sigue existiendo, y que los países integrantes de la OTAN apoyan a esta criminal organización.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies