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Corea del Sur rastreará a los apestados con técnicas de ‘inteligencia artificial’

El mes que viene Corea del Sur pondrá en marcha un proyecto piloto para utilizar la “inteligencia artificial”, el reconocimiento facial y miles de cámaras de vídeovigilancia para rastrear a los apestados, es decir, a aquellos que han dado positivo en una prueba coronavirus y a sus contactos.

El proyecto está financiado con fondos públicos y se pondrá en marcha en Bucheon, una de las ciudades más densas del país a las afueras de Seúl.

El sistema utiliza algoritmos de “inteligencia artificial” y técnicas de reconocimiento facial para analizar las imágenes recogidas por más de 10.820 cámaras de vídeovigilancia y rastrear los movimientos de un apestado, cualquier persona con la que haya estado en contacto cercano con ella y si lleva mascarilla.

Corea del Sur ya cuenta con un sistema de rastreo de alta tecnología que obtiene datos de tarjetas de crédito, datos de localización de teléfonos móviles e imágenes de circuito cerrado de televisión, entre otras informaciones personales.

Con menos recursos se impone un control más estrecho. En su solicitud de financiación pública para el proyecto piloto de finales de 2020, el alcalde de Bucheon, Jang Deog-cheon, argumentó que este sistema facilita la vigilancia, el seguimiento y el control social.

La normativa establece que los pacientes deben dar su consentimiento para que se utilice el rastreo por reconocimiento facial, pero incluso si no dan su consentimiento, el sistema puede rastrearlos utilizando la forma de su cuerpo y su ropa, dijo el funcionario.

Las técnicas policiales llegan a los hospitales. En Tailandia, el hospital Siriraj Piyamaharajkarun ha instalado un sistema de reconocimiento facial sin contacto de la empresa NEC Thailand para su proceso de registro. El sistema cubre los mostradores de llegada de pacientes al hospital y otros puntos de contacto para facilitar un registro más rápido y preciso.

Gracias a la pandemia, la vigilancia masiva mediante el reconocimiento facial se está extendiendo. El gobierno de Seúl ha firmado nuevos contratos para ampliar la vigilancia a otros terrenos, más allá de la sanidad, como las guarderías.

Como ya hemos informado en otras entradas, Singapur está probando robots que patrullan las calles y reprenden a los residentes que infringen las medidas sanitarias y tienen un “comportamiento social indeseable”.

Esta herramienta se suma a otras técnicas de vigilancia. Las grandes capitales cuentan con un gran número de cámaras de vigilancia, papeleras y farolas equipadas con equipos de reconocimiento facial.

En Francia, la ley sobre «responsabilidad penal y seguridad interior» prevé autorizar los drones policiales. Las imágenes captadas por esos artefactos serán analizadas por un programa informático de reconocimiento facial.

—https://www.reuters.com/world/asia-pacific/skorea-test-ai-powered-facial-recognition-track-covid-19-cases-2021-12-13/

Fracasa el intento del gobierno ruso de imponer los pasaportes de vacunas

El Ministerio de Transportes ruso ha decidido retirar de la primera lectura su proyecto de ley sobre pasaportes sanitarios en el transporte y seguir trabajando en él. Como bien señala el presidente de la Duma, Viacheslav V. Volodin, es consecuencia del amplio rechazo popular.

El otro proyecto de ley, relativo al acceso a los comercios y espacios sociales (restaurantes, bares, cines, teatros, etc.) sigue en el orden del día. La lucha continúa, pero la balanza ya ha cambiado.

La introducción por parte del gobierno de dos proyectos de ley de pasaportes sanitarios, uno relativo al acceso al transporte y otro a los espacios colectivos, ha provocado una reacción popular de una magnitud que el gobierno no esperaba. El presidente de la Duma forzó el debate público, tanto enviando los proyectos de ley a las regiones, como pidiendo a la población que se expresara, lo que hicieron criticando ambos proyectos de ley muy claramente.

Putin rompió el silencio para, sin cuestionar el principio de la utilización de los pasaportes sanitarios en la calle, pedir que se elaboren mejor ambos textos, con el fin de encontrar un equilibrio entre la seguridad y los derechos de las personas.

El Ministerio de Transportes ha atendido este pequeño retroceso presidencial, al menos en parte, comprometiéndose a seguir trabajando para mejorar el proyecto de ley:

“Sin esperar a que finalice el procedimiento oficial de preparación para el examen del proyecto en primera lectura, el Ministerio de Transportes mantuvo conversaciones con los diputados del comité competente de la Duma, con expertos, con empresas de transporte y con organizaciones sociales. Al final, se decidió seguir trabajando en el proyecto de ley”.

El Gobierno, se seguirá trabajando en el proyecto de ley sobre los pasaportes sanitarios en el transporte, pero el relativo al acceso al espacio social será examinado por los diputados, según lo previsto, a mediados de diciembre.

Más bien parece una tregua que una victoria, pero algo es algo.

Volodin ha anunciado hoy que los diputados votarán la retirada del proyecto de ley sobre del orden del día y ha recordado que es el resultado de la opinión expresada por los ciudadanos y sus preocupaciones.

Como el rechazo popular va mucho más allá de los pasaportes sanitarios en el transporte, ya que se refiere, en general, al principio de condicionar el acceso a los lugares públicos a la presentación de un pasaporte, sería bueno que el segundo proyecto de ley se retirara también, no sólo del orden del día, sino que se devolviera al gobierno.

De momento eso no se ha logrado.

—https://tass.ru/obschestvo/13181175

Los pasaportes de vacunas son un mecanismo de presión para que la población se vacune a la fuerza

El Instituto Gamaleya es uno de los mayores centros de investigación científica del mundo. Fue creado en tiempos del zarismo y desde 1949 lleva el nombre de un reputado virólogo soviético que empezó trabajando con Pasteur en París.

La URSS lo nacionalizó en 1919, aunque hoy, como las demás instituciones científicas, tiene una doble naturaleza: es un departamento de los Ministerios rusos de Sanidad y Defensa, y está financiado por un fondo de inversiones, público y privado a la vez, civil y militar a la vez…

Actualmente está dirigido por Alexander Gintsburg y fue la primera institución que patentó una vacuna contra el coronavirus que los medios occidentales se han dedicado a denostar porque no había mostrado los pertinentes ensayos clínicos, algo que es común a todas las demás.

Además de un “experto” al uso, Gintsburg es un personaje especialmente turbio, que ha realizado declaraciones absurdas sin morderse la lengua. “Sigo insistiendo en que es necesario no sólo introducir los códigos QR lo antes posible, sino con su ayuda delimitar estrictamente las posibilidades de interacción entre los vacunados y los no vacunados”, dijo ayer.

Siendo judío, debería haber recordado lo que supone la segregación de las poblaciones por el color de la piel, la confesión religiosa o los tratamientos médicos recibidos.

Gintsburg también reiteró la necesidad de observar las medidas de seguridad, en particular el uso de mascarillas. “La mascarilla protege principalmente contra las personas no vacunadas, que no tienen anticuerpos protectores. Y el uso de mascarillas por parte de los vacunados evita la transmisión del patógeno de la persona vacunada, que no sabe que es portadora, a la no vacunada”, dijo.

En octubre del año pasado Rossiyskaya Gazeta le entrevistó: “¿Por qué no lleva Usted mascarilla?”, le preguntó. La respuesta fue: porque “estoy vacunado. Tengo un título alto de anticuerpos. Estoy completamente protegido y no soy peligroso en absoluto. Todos nuestros niños y niñas, todos los empleados están vacunados. Y lo han sido durante mucho tiempo” (*).

Como se ve, es una contradicción típica de esta pandemia. Una vez dicen una cosa y luego dicen la contraria. La ciencia cambia de la noche a la mañana y se aprovechan de que ya nadie se acuerda de lo que decían los “expertos” al principio de la pandemia sobre las mascarillas, sobre aplanar la curva, sobre la inmunidad de rebaño, etc.

Las mascarillas se contradicen con la segregación de las personas. Si aíslas a una parte de la población (vacunada) de la otra (no vacunada), las mascarillas dejan de ser necesarias. Pero este tipo de contradicciones, que en realidad son estupideces, resultan carcterísticas de la doctrinas seudocientíficas corrientes: los vacunados transmiten virus a pesar de las inoculaciones y a pesar de las mascarillas, y lo transmiten exactamente igual que quienes no se han vacunado y no llevan tampoco mascarilla.

Si las vacunas funcionan, no se necesitan pasaportes sanitarios y si no funcionan tampoco.

Si las mascarillas funcionan, no se necesitan pasaportes sanitarios y si no funcionan tampoco.

La diferencia es que en Rusia suelen ser tan directos que es un placer. El alcalde de Moscú, Serguei Sobianin, ha dicho: “Hay que entender que los códigos QR se introducen para que la gente se acostumbre poco a poco a que se tiene que vacunar”.

En efecto, los pasaportes de vacunas son un mecanismo de presión para que la población se vacune. Esa es su única utilidad: que las personas hagan dejación de sus derechos y pasen por el aro.

Para cualquier Estado del mundo que trata de imponer la vacunación, es intolerable y hasta subversivo que haya quien desatienda los consejos y recomendaciones. Es lógico que no hagan caso de un político, porque nadie lo hace, ni de un periodista porque miente. Lo inaceptable es que no hagan caso tampoco de un “experto”.

Por lo tanto, no se puede dejar que una persona no vacunada circule por las calles, porque ridiculiza al Estado y, sobre todo, deja en evidencia a los mansos que han claudicado a las presiones.

Todo el mundo tiene que vacunarse, porque sin ello, ¿cómo van a conseguir un pasaporte de vacunas? Y si no tienen un pasaporte de vacunas, ¿cómo se acostumbrarán a que se tienen que vacunar?

(*) https://rg.ru/2020/10/01/aleksandr-gincburg-vozbuditel-koronavirusa-ochen-kovaren.html

Sólo por la fuerza podrán imponer los pasaportes de vacunas en Rusia

La fuerza y profundidad de la oposición popular a la introducción de los pasaportes de vacunas en Rusia es cada vez mayor. No se trata sólo de reacciones en las redes sociales, sino, lo que es mucho más importante, en la vida real y cotidiana.

Las muestras de rechazo a los pasaportes de vacunas no remiten. Se habla mucho de la reacción política de los diputados comunistas, pero sólo refleja la posición de la población. Dos ejemplos para ilustrar un fenómeno de rechazo, cada vez más extendido.

En Barnaul, el centro administrativo de la región de Altai, los centros comerciales han decidido por su cuenta, enfrentarse abiertamente al decreto del gobernador local, no comprobar los pasaportes de vacunas, no sólo en la entrada, sino tampoco en las tiendas de los centros en cualquier comercio. No sólo lo hacen de facto, sino que además lo exhiben y así lo afirman con carteles anunciadores.

En Moscú, el rector de la Universidad de Ciencias Técnicas de Baumanka, una de las más renombradas de Rusia, ha introducido los pasaportes de vacunas para los estudiantes como si fuera un signo de progresismo. El Ministerio de Investigación no quiso asumir la responsabilidad de una medida tan impopular y el 2 de noviembre aprobó un decreto en el que ordenaba a los directores de los centros de enseñanza superior que utilizaran las recomendaciones de Rospotrebnadzor, que no son actos normativos, para decidir por sí mismos cómo “luchar contra el coronavirus”.

Los estudiantes de Baumanka consideraron que los pasaportes de vacunas atentaban contra su dignidad y se rebelaron contra ellos. La revuelta incluyó tanto a los estudiantes vacunados como a los no vacunados.

La semana pasada, tras una reunión con padres y alumnos, el rector prometió anular la segregación de los estudiantes en función de los pasaportes de vacunas y permitir el acceso de todos a la enseñanza superior.

El conservatorio de música, que también tuvo esa tentación, la anuló aún más rápidamente. Pero lo destacable es que la reacción de profesores y alumnos fue decisiva.

En Rusia la introducción de los pasaportes de vacunas sólo la podrá hacer el gobierno por la fuerza. Entonces hay que mirar arriba porque se trata de un medida puramente política.

Putin actúa según su costumbre. Su discurso se ha vuelto muy cauto. Se ha reunido con los miembros del Consejo de Derechos Humanos, que se preocupan por los detalles técnicos de la medida, sin cuestionarla en absoluto. La posición de Putin es parecida:

“Debemos ser muy cuidadosos a la hora de adoptar estas decisiones. Antes de adoptar restricciones en el uso de los medios de transporte, tenemos que entender a qué conducirá esto. Y comprobar si el sistema de transporte está preparado, para no limitar los derechos de la gente, pero al mismo tiempo garantizar la seguridad y proteger la salud de estas personas, que tanto nos preocupan”, ha dicho Putin para no decir nada.

Restringir el acceso a los transportes sin vulnerar los derechos de las personas es imposible, imponer pasaportes de vacunas para acceder a los espacios públicos es -en sí misma- una segregación y, por lo tanto, una vulneración de los derechos de las personas, que absolutamente nada puede justificar.

Putin en estado puro. Su cautela es un síntoma de que en el Kremlin no las tienen todas consigo, sobre todo por la rotunda oposición popular.

Los vagabundos se deberán vacunar este invierno si quieren dormir en el metro de Berlín

Los vagabundos de Berlín deberán cumplir las restricciones sanitarias vigentes en el transporte público para poder dormir en el metro de la capital.

En caso de no poder acreditar un estatus 3G (por las siglas de geimpft, genesen, getestet, que significa en alemán vacunados, sanados o con test negativo), los revisores de la empresa de transportes BVG podrán expulsarles de los andenes.

El miércoles se ampliaron las restricciones sanitarias que impiden el uso del transporte público a quienes no estén inmunizados o cuenten con un test positivo del día. Las prohibiciones se aplican también a los andenes del metro y el tren de cercanías de la capital alemana.

Con temperaturas alrededor de cero durante el día, el metro es uno de los pocos refugios a los que los vagabundos y mendigos pueden acceder hasta la noche.

La novedad desató una oleada de críticas contra el gobierno de Berlín, compuesto por socialdemócratas, verdes y reformistas.

Pese a los sucesivos llamamientos a vacunarse del anterior gobierno de Merkel, como del actual de Scholz, el porcentaje de personas con la pauta completa sigue estando por debajo del 70 por cien, inferior al de otros países europeos.

Tanto el bloque conservador de la antigua canciller como los partidos de la coalición de Scholz habían defendido que la vacuna siempre sería voluntaria en Alemania. Pero “siempre” es mucho tiempo.

Ayer la cámara baja del Parlamento alemán (Bundestag) aprobó la vacunación obligatoria para los trabajadores de la sanidad y los asilos, que tendrán hasta marzo del año que viene
para presentar el correspondiente pasaporte.

571 diputados votaron a favor del proyecto de ley impulsado por los partidos de la coalición de gobierno de Olaf Scholz -socialdemócratas, verdes y liberales-, mientras que 80 votaron en contra y 38 se abstuvieron.

El personal que trabaje en centros con “personas vulnerables”, como clínicas, consultorios médicos y residencias de ancianos, dispondrá hasta el 15 de marzo del año próximo para demostrar que están vacunados o que se han curado de una “infección”.

La supervisión de la medida queda en manos del empresario, que en caso de no contar con el correspondiente certificado para la fecha prevista deberá informar a la Oficina de Salud local y prohibir al trabajador en cuestión el acceso al puesto de trabajo.

Por el momento se entiende que la pauta completa de vacunación corresponde a dos dosis, aunque es posible que en el futuro sea necesario haber recibido también la de refuerzo.

El proyecto de ley aprobado hoy por el Bundestag también permitirá que, para acelerar la campaña de vacunación, las dosis puedan ser suministradas en farmacias y también por parte de dentistas y veterinarios que cumplan con determinados requisitos, durante un periodo de tiempo limitado.

Junto a este proyecto, el nuevo gobierno trabaja ya en un marco legal para la introducción de la vacuna obligatoria de modo generalizado, con el objetivo de tenerlo listo para entrar en el trámite parlamentario hacia febrero.

—https://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2021/12/10/techo-berlin-deberan-presentar-pasaporte-covid-dormir-metro/00031639141186803340522.htm

Amenazas y abusos contra los trabajadores australianos a causa de la vacunación obligatoria

El gobierno del Estado de Victoria, en Australia, estudia la posibilidad de suprimir la vacunación debido a las amenazas y los abusos sufridos por los trabajadores del comercio minorista, entre los que se encuentra un trabajador que fue empujado por una escalera mecánica tras pedirle a un hombre desenmascarado su certificado de vacunación.

El controvertido requisito de vacunación contra el coronavirus en Victoria podría ser eliminado en el nuevo año, en medio de la preocupación por el abuso sobre los trabajadores del comercio minorista que son responsables de hacer cumplir las normas a los consumidores.

Según el Herald Sun, el gobierno estatal está estudiando la posibilidad de suprimir la directiva a partir de enero.

En octubre, el Primer Ministro Daniel Andrews sugirió que el mandato podría estar en vigor hasta abril o incluso más tiempo.

Los funcionarios del gobierno dijeron que una serie de incidentes en los que los trabajadores fueron maltratados por hacer cumplir el mandato de vacunación les llevó a reconsiderar su enfoque.

“El alto índice de vacunación, la aprobación de proyectos de ley sobre la pandemia que dejan de lado a los funcionarios de salud y los incidentes de violencia de alto perfil han llevado a un cambio de pensamiento”, dijo una fuente.

En un caso, una librería de Melbourne se vio obligada a contratar guardias de seguridad privados, con un coste de 4.000 dólares a la semana, tras las agresiones a los miembros del personal.

La policía de Victoria está investigando un incidente en el que un trabajador de Dymocks fue empujado por una escalera mecánica después de pedir a un cliente que demostrara su estado de vacunación y se registrara en la tienda.

Las imágenes de las cámaras de seguridad muestran al trabajador tratando de impedir que el hombre, que llevaba una sudadera con capucha de color arco iris, bajando por las escaleras mecánicas de la librería antes de ser empujado, golpeándose la cabeza contra un escalón.

—https://www.skynews.com.au/australia-news/coronavirus/victorian-government-considering-removing-vaccination-mandate-three-months-earlier-due-to-incidents/news-story/a07e37c1866f11269adf4218cb00fde5

La nueva normalidad era esto

No teníamos claro a qué se referían con ese raro aforismo cuando empezó todo, pero yo creo que la criatura ya va tomando forma. Desde la decisión de Alemania de vacunar a la fuerza a todo el país y de confinar a los no vacunados, yo diría que a la nueva normalidad ya se le ven los dientes. Y ya no son de leche. Se les adivina afilados y con inquietante determinación.

Últimamente, parece que los acontecimientos, en vez de suceder, golpean y se pierden de camino a la corteza prefrontal, la que rige la aceptación de normas sociales. Estábamos asimilando la vacunación cuasi forzosa en Francia y en Italia, cuando aparece Austria con el primer decreto de segregación y, sin respiro, se extiende la ansiedad restrictiva por toda Europa. En Alemania ni siquiera será válido un test negativo para muchas actividades, encuentros de más de dos personas, y movimientos, para ejercer esa cosa insolidaria que se llamaba libre albedrío (los vacunados también contagian, lo digo bajito para no asustar). Pero, si se sigue esa línea, seamos coherentes. Esas medidas no serán suficientes. Esos tipos van a seguir cogiendo transportes públicos para ir a trabajar, al médico o al supermercado o vete tú a saber dónde si les dejan. Aunque duela habría que empezar a ubicarles en un barrio concreto, que teletrabajen allí y cuando salgan que lleven algún tipo de identificación visible, no basta el QR en la cartera. Un distintivo cosido en la solapa, por ejemplo. El resto de personas sensatas no tenemos porqué soportar ese riesgo.

¿Esta es la coherencia que se pretende? ¿Primero fueron a por lo no vacunados y yo no dije nada porque no era uno de ellos?

Mientras, se cierra el círculo sobre los niños, próximo colectivo en el que la aguja ha puesto sus ojos. A mediados de diciembre llegan los viales infantiles. Ya hay citas concertadas. Parece que este es el ritmo que le va a la nueva normalidad. A toda velocidad, sin complejos con la ley, sin alternativas a su modelo y sin un solo debate médico (perdón, uno) para contrastar puntos de vista alternativos, (por si acaso hay miles de científicos por el mundo, varios premios Nóbel (Levitt, Montagnier) o incluso el inventor de la tecnología del Arn-M,  que estén diciendo cosas distintas). No hay fisuras. Todo lo que no dice la OMS es negacionismo.

Pensar es difícil por eso la mayoría prefiere juzgar, decía Jung. Ahora ya, epidemiólogos, actores, periodistas y cualquiera con un teclado, directamente, señalan, se burlan, insultan y acosan sin tapujos a esa minoría que no se quiere vacunar. No me había dado cuenta pero parece que ya se ha terminado el debate sobre quiénes son los responsables de esta sexta ola. Da igual que la OMS la atribuya, no a esa minoría, sino a los vacunados (que se creen que no contagian). Si lo que preocupa es el contagio de esa minoría, también se le puede hacer test periódicos (gratuitos y de saliva) e incluso test de células B y T -otro tipo de respuesta de nuestro sistema inmunitario-, que se calcula que ya ha inmunizado de manera silenciosa al 40% de nosotros y que permitiría cribar aún más la capacidad de transmisión de esa minoría. Parece que no hace falta. Ya se les ha juzgado y condenado y ahora acaba de empezar su busca y captura.

Si te paseas por las redes sociales ya puedes olerlo, se respira ambiente de caza.

El pasado 28 de noviembre se rozó lo grotesco contra esa minoría en el programa de Nuria Roca cuando Jose Sacristán, después de insultarles, volvía a acusarles de matar gente por su actitud y pedía que se pagaran su hospital en caso de enfermar de covid. La presentadora sonreía y acogía con complicidad algo que está bastante cerca de un delito de incitación al odio. Dicho entre risas, con total normalidad, hiela un poco la sangre.

Otra grave invitación al acoso contra esa minoría apareció en estas mismas páginas, titulada nada menos que Ha llegado la hora de actuar contra los antivacunas que van por ahí matando gente.

¿En qué momento nos hemos vuelto así?

¿La nueva normalidad era esto?

No se sabe qué es peor si la norma injusta en sí, o la jauría humana que espolea la norma injusta.

No sé en qué momento se ha instalado este estado de arbitrariedad, que ni siquiera el gran Sacristán puede deducir que si obliga a pagar su tratamiento a los no vacunados, por qué no hacerlo con los alcohólicos, los fumadores, con los obesos que se atiborran a donuts, etc. ¿Quién paga los gastos de los vacunados que son mayoría en los hospitales, entonces? ¿Las farmacéuticas? Ah, no espera, que están eximidas de cualquier responsabilidad. Qué mundo, de repente.

Mientras se calientan las calles de medio continente por el rechazo a la supresión de derechos fundamentales, no me termino de creer que esté escribiendo sobre las distintas formas de imposición de un medicamento en fase aún experimental, autorizado solo como emergencia, con el 90% ya vacunado; y en la persecución y segregación iniciada contra los que prefieren -ustedes disculpen- no ponérselo. ¿Estamos ya hablando de un próximo apartheid social? Espero equivocarme. Ya digo que los acontecimientos van demasiado rápido.

Si no he entendido mal, la vacunación está dando entre moderados y buenos resultados en cuanto a ingresos y decesos, al menos en España. Los registros hospitalarios eso dicen. No consigue inmunizar, pero sí atenuar los casos más graves. A falta de conocer los efectos a medio y largo plazo, se puede decir que es un éxito notable. No vamos a alcanzar la inmunidad de grupo (lo de rebaño nos lo ahorramos) porque, aunque nos vacunáramos todos, seguiríamos infectando e infectándonos. No está claro si la inyección reduce el contagio. Hay estudios que afirman una cosa y otros la contraria. En Inglaterra, por ejemplo, reportan que no existen casi diferencias en la transmisión del virus entre los vacunados y los no vacunados. Pongamos incluso que los vacunados infectan menos, pero si tenemos en cuenta que representan el 90% del país, no queda nada claro qué grupo está infectando más. Por tanto, cargar las culpas y todo el acoso subsiguiente a los no vacunados raya en lo surrealista. Jalear para que los encierren en sus casas y paguen los gastos hospitalarios si enferman, en el delirio.

Soumya Swaminathan, jefa de científicos de la OMS, ha confirmado que las vacunas están protegiendo en una tasa de en torno al 80% frente a formas graves de la enfermedad, incluso con la variante delta. Eso suena fantástico. De modo que podemos esperar un 80% menos de enfermos covid graves y, de ahí, se puede deducir que no estamos ni estaremos en riesgo de colapso hospitalario y, por ende, no ha lugar, no hay base lógica para recortar derechos fundamentales.

Si por el contrario, la Sra. Swaminathan no está en lo cierto y no se espera que las vacunas puedan prevenir el atasco de las UCIs, ni puedan reducir la expectativa de casos graves, cuál es la necesidad de forzar la vacunación a todo el mundo! sobre todo, si ya tenemos vacunado a un 90% de la población mayor de 12 años (y solo el 2% de la población mayor de edad asegura que no se va a vacunar). Si se sabe que los vacunados infectan también, ¿por qué vamos a restringir derechos solo a ese 10% (o 2%) que, por otro lado, jamás seria causa de colapso hospitalario?  En Alemania, por ejemplo, hay ahora allí casi diez veces más contagios y las mismas muertes que en la primera ola, a pesar de tener al 73% de la población vacunada.

La ciudadanía tiene derecho a dudar de que ese medicamento tenga más perjuicios que beneficios, como mínimo, en la franja de las personas menores de 30 años (suspendido para los jóvenes de Finlandia, Suecia y Dinamarca), en las embarazadas (desaconsejado hasta hace dos meses), o en los que han pasado la enfermedad (cuya inmunidad es tan robusta o más que la vacuna). Desde el momento en que se fuerza su inyección, nos arrebatan ese derecho.

Esto está pasando hoy.

Cuando no me dejan dudar, tiendo a pensar que quizás es porque el relato es falso y dudo más.

En una democracia nadie puede obligarte de esta manera descarada, a saltarte, entre otros derechos, el Principio de Autonomía de la bioética, disciplina universalmente reconocida, que obliga a respetar la libertad de decisión de cualquier ser humano, sobre cualquier intervención médica sobre su cuerpo, a través del llamado consentimiento informado. A día de hoy se está vulnerando algo elemental en cualquier relación humana: te doy el derecho o no de actuar sobre mi cuerpo. ¿Qué parte de ese contrato prehistórico no se ha entendido? El derecho al consentimiento libre e informado, significa, además, que no se puede coaccionar con pérdida de derechos básicos esa íntima decisión.

Si no fuera porque la velocidad de acontecimientos es inasumible y el estado oficial de las cosas es de tal desproporción, que todo vale porque nos estamos enfrentando a, poco menos, que un armagedón, el grado de coacción sería insoportable para cualquiera, vacunado o no. Sobre todo porque hay muchas otras soluciones antes -mucho antes- de someternos, a todos, a tal retroceso político.

El problema no es solo el atropello democrático para imponer este medicamento, es el precedente que vamos firmando en la hoja del calendario del día de mañana.

Este manifiesto ciudadano, salida razonable covid, explica con mucha claridad varias de esas demandas y soluciones alternativas, empezando por el discriminatorio “pasaporte covid” que, incluso los técnicos de la administración, consideran ineficaz.

De la pausa que tenga la ciudadanía para rebajar los niveles de cortisol y bilis con que se está reaccionando, va a depender que se pueda instalar un campamento base para un pensamiento sensato y a raíz de ahí, no continuar, por favor, esta caza de brujas. Parece que, en vez de pliegues cerebrales, tenemos ristras de intestinos. El trauma vivido por la falta de camas y la muerte de 30.000 ancianos en residencias, epicentro del shock colectivo, no se va a solucionar con velocidad, discriminación, deuda, restricciones y miedo, sino con respeto a ley, pausa, debate abierto y, sobre todo, inversión en sanidad (pública).

—Federico Ruiz de Lobera https://diario16.com/la-nueva-normalidad-era-esto/

Rusia sucumbe al pasaporte de vacunas

A finales de noviembre el gobierno ruso presentó dos proyectos de ley relativos a la generalización de los códigos QR, sobre todo en los transportes. Estos códigos ya existen de facto, sin ninguna base legal, en todos los territorios federados.

Como en otros países, la sanidad en Rusia es competencia de los órganos regionales y locales, que han fracasado en su intento por vacunar a la población voluntariamente. Hasta la fecha las declaraciones del gobierno federal se oponían a la vacunación obligatoria, como hemos expuesto en entradas anteriores.

El truco ha consistido en utilizar los transportes, que son competencia del gobierno central, exigiendo el pasaporte de vacunas para poder viajar.

Los proyectos de ley presentados al Parlamento no son otra cosa que la vacunación obligatoria, además de la vigilancia generalizada de la población. No cuentan con el apoyo de los médicos ni de la población.

Cuando el presidente de la Duma abrió un debate al respecto en su cuenta de Telegram y pidió opiniones, hubo casi 720.000 comentarios, casi todos negativos. El gobierno no esperaban un rechazo tan general.

La reacción fue tan agresiva que algunos llegaron a pedir que la policía controlara a los críticos por “extremismo” y por “difundir noticias falsas”.

El debate provocó un enfrentamiento y una nueva ola de descontento popular.

Los pasaportes de vacunas cuentan con el apoyo de menos del 20 por ciento de la población, según las encuestas. Los médicos también acaban de ser encuestados por la agencia de información económica RBK y el resultado es el mismo: sólo una cuarta parte apoya los pasaportes sanitarios y su posición sobre la vacunación obligatoria es parecida.

El director del Instituto Gamaleya, Alexander Gintsburg, que fabrica la vacuna Sputnik, no se cansa de propugnar la aprobación de las dos leyes. Es lógico porque, a pesar de su nombre, en el accionariado de Gamaleya han entrado varios fondos buitre occidentales y empresas de capital riesgo.

El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, ha anunciado que sólo hay que resolver algunos detalles técnicos para que se aprueben las leyes y que la votación se está alargando debido a algunas dificultades técnicas, sociales y digitales.

La primera lectura parlamentaria estaba prevista para el 16 de diciembre y el bloque seudoprogre es, como en otros países, su máximo defensor. Quieren que todo se resuelva antes de fin de año, para que puedan entrar en vigor el 1 de febrero, como estaba previsto.

¿Cómo es la vida de los reclusos en un campo de concentración sanitario?

Una australiana de 26 años de edad, Hayley Hodgson, que aparece en la foto de portada, ha relatado su encierro durante 14 días en el campo de internamiento de Howard Springs, donde el gobierno recluye a las personas que regresan del extranjero, así como a las que han contraído el “covid”, o son contactos, o simplemente sospechosos.

Hodgson dio negativo en las pruebas de coronavirus, pero eso es lo de menos; la recluyeron igual “por si acaso”.

En un vídeo que hizo público mientras estaba aislada en el campo, los guardias, disfrazados con trajes de astronautas, como si fueran sanitarios, le reprenden por salir al aire libre.

El vídeo muestra a los dos guardias gritándole. Acusan a la apestada de no llevar su mascarilla cuando fue a lavar su ropa, pero sobre todo de querer conversar con otra persona a unos pasos de su habitación, al aire libre.

“No tiene que tener sentido”, le dice uno de los guardias cuando la reclusa le explica que las normas son absurdas. También le indica que el resultado d su prueba de coronavirus era negativa. “El riesgo sigue siendo muy alto”, le responden los guardias.

En la posmodernidad a las personas se les puede encerrar con una acusación de “riesgo” sin que ninguna ONG defensora de los derechos humanos haya alzado la voz.

El vídeo muestra que los guardias vierten continuas amenazas. Le dicen a la reclusa que no puede transpasar una línes trazadas en el suelo y que si insiste puede ser multada con 5.000 dólares.

Al salir del campo de concentración Hodgson ha concedido varias entrevistas para narrar su pesadilla (*). “Te sientes como si estuvieras en la cárcel. Sientes que has hecho algo malo, es inhumano lo que están haciendo”, declaró.

Los guardias “llevan trajes de protección y todo. No quieren acercarse a ti porque creen que eres contagioso. Y te dejan literalmente en tu habitación. Y te dejan. No vienen a decir nada, no comprueban, no hacen nada”.

El centro de Howard Springs, en el Territorio del Norte de Australia, es uno de los campamentos dedicados a los repatriados. También se ha utilizado durante algún tiempo para aislar a las personas infectadas o simplemente a los contactos, incluso si dan negativo, como en el caso de Hodgson.

El 1 de diciembre la cadena de televisión pública australiana ABC informó de unas declaraciones del Ministro Principal del Territorio del Norte, Michael Gunner, diciendo que Howard Springs “no es una prisión, pero tampoco un patio de recreo”.

Los internados “están allí porque son positivos al covid o porque tienen un alto riesgo de ser positivos al covid“, añadió el ministro.

(*) https://www.news.com.au/lifestyle/health/health-problems/nt-hits-back-at-womans-viral-interview-about-howard-springs-internment-camp/news-story/43a56e8b349fef236d9fd79c3ee8a15c

El ejército patrulla las calles de Holanda para imponer el estado de guerra

Este fin de semana en varias ciudades europeas se han celebrado manifestaciones contra la ley marcial, los confinamientos y el pasaporte de vacunas, sobre todo en Holanda y Austria, pero también en Barcelona, Belgrado, Belfast, Francia, Chipre, Rumanía y Eslovenia.

En Holanda tropas del ejército recorren las calles en auxilio de la policía para imponer el toque de queda y exigir el pasaporte de vacunas. Se han producido algunos enfrentamientos, tanto con la policía como con los soldados.

El gobierno dice que sólo era “un ejercicio militar”, es decir, que se entrenan para imponer el estado de guerra.

El viernes, Bélgica anunció el cierre de las escuelas infantiles y primarias durante las vacaciones de Navidad una semana antes de lo previsto. También ha impuesto las mascarillas en las aulas para los niños a partir de seis años.

Ayer los manifestantes se enfrentaron a la policía en la capital belga durante una manifestación contra el pasaporte de vacunas que contó con la asistencia de más de 25.000 personas.

La policía trató de disolver la manifestación lanzando gases lacrimógenos y chorros de agua. Los manifestantes respondieron con latas, petardos y fuegos artificiales, al grito de “libertad, libertad”. También quemaron papeleras y destruyeron varios vehículos policiales.

Cuatro manifestantes y dos policías resultaron heridos y fueron trasladados al hospital, y 20 personas fueron detenidas, dijo la policía.

Unidades de policía antidisturbios con escudos y cascos se desplegaron en los alrededores del barrio europeo, que alberga las instituciones de la Unión Europea. Varias carreteras estaban bloqueadas con barreras y alambre de espinos.

Además de los cañones de agua apostados en la ciudad, un helicóptero y drones sobrevolaban la zona.

Los manifestantes denunciaron las restricciones impuestas a la población desde el inicio de la pandemia, como la tarjeta sanitaria obligatoria para acceder a determinados lugares. También criticaron la cobertura de la crisis que han realizado los medios de comunicación.

Hace quince días, la policía se vio sorprendida por la magnitud de la movilización contra el pasaporte de vacunas, que reunió a 35.000 personas en la capital belga y provocó escenas de disturbios.

Vídeo de la batalla campal en Bruselas entre los antidisturbios y los manifestantes:

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