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La memoria lucha contra la amnesia también en Canadá: el exterminio de la población autóctona

Mujer sinixt, una tribu ‘extinguida’ en 1956
Durante dos años Canadá ha llevado a cabo una investigación sobre los asesinatos y desapariciones de la población indígena, en especial mujeres. Se trata de un genocidio sistemático y planificado.

El 1 de noviembre de 2017 presentaron un informe provisional, cuya conclusión no puede ser más sorprendente: las instituciones y la sociedad canadienses son incapaces de proteger los derechos más elementales de los aborígenes, como el derecho a la vida, a la salud y a la seguridad.

La comisión que llevó a cabo la investigación accedió a 174 registros policiales y se reunió con expertos en temas relacionados con la violencia colonial, racista y sexual.

El año pasado la comisión realizó un cambio significativo en su método de trabajo y solicitó una prórroga de su mandato, que se renovó por un período adicional de seis meses.

La aplicación efectiva de las recomendaciones para abordar el colonialismo, el racismo y la violencia sexual, los principales determinantes del genocidio contra los pueblos originarios de Canadá, y que afecta particularmente a las mujeres, sigue siendo la cuestión central planteada en la historia del país norteamericano.

La investigación canadiese concluye que, en sentido estricto, el problema no concierne a eso que ahora llaman “género” (mujeres y hombres), ni tampoco a las etnias (indios y blancos), sino que tiene una naturaleza colonial y, por consiguiente, está vinculado a la expansión del capitalismo en América.

Como tantas otras, la sociedad canadiense vive de espaldas a su historia porque la clase dominante, la burguesía, no puede destapar las raíces de sus dominación, del mismo modo que la española tampoco puede hacer lo propio con sus propias raíces: la guerra, el franquismo y el terror posterior.

La memoria lucha contra la amnesia porque unos quieren olvidar y los otros que no se olvide. Ocurre en casi todos los países del mundo, pero especialmente en los que han padecido los estragos coloniales del “hombre blanco”, donde las clases sociales se esconden bajo el color de la piel.

La mala conciencia que persigue a la humanidad (la que tiene conciencia) no se acabó en 1945; sólo barrieron la porquería debajo de la alfombra en Canadá, en Estados Unidos en Australia, en Suecia… En fin, en los países capitalistas más poderosos, esos mismos que alardean siempre de los derechos humanos precisamente porque son ellos los que han practicado el genocidio como política de Estado.

La tribu sinixt, que habita en la frontera entre Estados Unidos y Canadá, fue reconocida al sur como comunidad originaria, mientras que Canadá la declaró “extinta” en 1956 como si hubiera ocurrido un fenómeno “natural”, o sea, como si lo natural fuera extermina a una población originaria y como si la naturaleza entendiera de fronteras políticas. ¿Como es posible que un pueblo oficialmente exterminado por completo mantenga vida propia un poco más abajo de la raya fronteriza?

“Muerto el perro se cabó la rabia”. Un problema menos del que debemos ocuparnos, debieron pensar los canadienses. Hasta que en 2010 un indio, Rick Desautel, cruzó aquella frontera y se puso a cazar alces al más puro estilo indígena y le detuvieron. Además de cazar ilegalmente, el indio era “extranjero”.

Los sinixt llevaban 5.000 años en medio de algo que luego alguien partió por la mitad. Los extranjeros son los demás, esa gentuza maleducada que viene a tu casa, te la quita, te roba y luego te quiere matar, hasta que finalmente te da por muerto y sepultado.

Los indios sinixt vieron llegar a aquellos primeros bandidos de piel blanca en 1811 y en 1846 dividieron sus tierras en dos mitades diciendo que la parte de abajo se llamaba Estados Unidos y la de arriba Canadá.

La cara más negra del desembarco de Normandía: 3.600 mujeres violadas por las tropas estadounidenses

El desembarco de Normandía tuvo una cara muy negra: entre junio de 1944 y el mismo mes del año siguiente, los soldados estadounidenses que llegaron a las costas violaron a 3.600 mujeres.

Desde entonces ha sido inconcebible mencionar los crímenes que afectaron a la población normanda porque hubiera roto la épica de un acontecimiento inflado por la propaganda de Hollywood y también porque hubiera ensuciado la dualidad entre los buenos (Estados Unidos) frente a los malos (III Reich).

No obstante, algunos historiadores están cada vez más interesados en el destino de la población civil durante ese período y los crímenes que cometieron las tropas de Estados Unidos, que no fueron sólo sexuales sino también agresiones, saqueos y asesinatos, documentados en los archivos de las localidades de La Mancha.

La historiadora estadounidense Mary Louise Roberts se interesó por el
rastro criminal que dejaron detrás los soldados estadounidenses en
Europa en su libro “What soldiers do: Sex and the American GI in World
War II”, publicado en junio de 2013 (*).

Según Roberts los soldados estadounidenses cometieron más de 3.600 violaciones en Francia entre junio de 1944 y junio de 1945.

El ejército estadounidense propició las violaciones al dar una imagen
distorsionada de las mujeres francesas. A los reclutas no les
presentaron una batalla contra el fascismo sino más bien “una aventura
erótica en un país poblado de mujeres insaciables”
.
Las investigaciones no han sido fáciles. Las víctimas de violación no siempre se atrevieron a denunciar para evitar el estigma en sus localidades, pero algunos políticos normandos se quejaron de los crímenes, por lo que quedó un rastro documental.

En la mayoría de los casos, el alcohol fue la causa de los crímenes. El ejército estadounidense reaccionó llevando a algunos de los soldados ante los consejos de guerra. Una parte de ellos fueron condenados a muerte y ejecutados, negros en su mayor parte, lo que plantea dudas sobre la parcialidad del ejército estadounidense en este tipo de crímenes de guerra.

Tras el desembarco, el alcalde del Havre no supo qué hacer con los soldados que deambulaban borrachos por la calle, provocando accidentes con sus vehículos y agrediendo a las mujeres. También se registraron muchos delitos en Reims, Cherburgo, Brest y Caen.

Los libros de historia han ignorado los crímenes de guerra para crear la leyenda actual.

(*) http://www.lalibre.be/culture/livres/what-soldiers-do-quand-les-gi-s-etaient-des-bandits-en-uniforme-51ed32d13570ebbf8dfc71b3

https://france3-regions.francetvinfo.fr/normandie/2013/09/15/1944-viols-et-crimes-le-dossier-noirs-des-soldats-americains-en-normandie-318763.html

Guinea aprueba la monogamia como canon matrimonial (salvo que la primera esposa llegue a un acuerdo explícito con su marido)

El Parlamento de Guinea Conakry ha modificado el Código Civil para convertir a la monogamia en el régimen general del matrimonio, excepto en caso de “acuerdo explícito” con la primera esposa, contradiciendo un texto aprobado a finales de 2018 que legalizaba la poligamia y que fue rechazado por el Presidente Alpha Condé.

Votado el 9 de mayo en el Pleno, el nuevo texto fue criticado por los medios de comunicación guineanos, ya que la poligamia es muy común, incluso entre la clase dominante, en este país de África occidental, abrumadoramente musulmán.

Muchos hombres tienen varias esposas, pero las segundas, terceras o cuartas esposas, con las que se unen en matrimonios religiosos o tradicionales, no gozan de los mismos derechos que las mujeres que se casan primero en matrimonios civiles, en particular en lo que respecta a la patria potestad o la herencia.

En diciembre, los diputados adoptaron por gran mayoría un nuevo Código Civil, en cuyo artículo 281 se establecía que “el matrimonio puede celebrarse bajo el régimen de monogamia o el poligamia limitado a cuatro mujeres”.

El texto también afirmaba que si el hombre no suscribía una de las dos opciones, se presumía que el matrimonio quedaba bajo el régimen de  poligamia, dejando así la última palabra al marido.

Pero el Presidente Alpha Condé no apoyó la ley y devolvió el texto al Parlamento.

En segunda lectura, 71 de los 73 diputados presentes votaron a favor de una nueva versión del artículo 281, que ahora establece que “el matrimonio está sujeto al régimen de monogamia para todos los ciudadanos guineanos”.

Sin embargo, “el futuro marido puede, en el momento de la celebración del matrimonio, en presencia de su futura esposa y con su consentimiento explícito, declarar que elige la poligamia limitada a un máximo de dos, tres o cuatro mujeres”, según un texto que refleja la situación en el vecino Senegal. De lo contrario, “el matrimonio queda irrevocablemente bajo el régimen de monogamia”.

“La discriminación contra las mujeres ha sido corregida. El principio de la monogamia está consagrado como en el pasado y la poligamia se ha convertido en una excepción”, dijo la diputada Traoré Zalikatou Diallo, añadiendo que estaba “realmente conmovida”.

“Las leyes que se están aprobando hoy son para complacer a los occidentales, independientemente de nuestras costumbres y tradiciones”, dijo Aboubacar Soumah, uno de los dos diputados que votaron en contra.

Un antiguo ministro de Comunicaciones, Alhoussein Makanéra Kaké, argumentó que “hay más mujeres que hombres” y aseguró que preferiría ver a su hija  como “segunda o tercera esposa antes que verla envejecer sin un hombre”.

“Si por la gracia de Dios, un hombre decide casarse con una chica y alguien viene a decirle que no puede porque está casado con otra mujer, ya ves lo que se siente”, comentó el gran imán de la mezquita de Kipé, un distrito de Conakry, explicando que el Corán permite hasta cuatro esposas “con la condición de que sean justas con ellas”.

Un sacerdote copto ortodoxo critica la ‘indecencia’ de las mujeres en las iglesias egipcias

Un sacerdote copto ortodoxo ha denunciado la “indecencia” de las mujeres en las iglesias, lo que ha provocado una acalorada controversia en Egipto entre la minoría cristiana más numerosa de Oriente Medio, conocida por su carácter reaccionario.

“Por mucho que nos regocijemos en Pascua, nos entristecen las mujeres y las niñas que vienen a la iglesia vestidas con ropas indecentes”, dijo a los fieles el padre Daoud Lamei, un famoso sacerdote de un barrio rico de El Cairo.

El sermón invitando a las mujeres cristianas a cubrirse la cabeza y el cuerpo se retransmitió por las redes sociales.

Hablando con ocasión de la Pascua Ortodoxa de finales de abril, añadió que cualquier hombre, padre o madre que permita a su esposa o hija ir a la iglesia de esta manera, “será considerado responsable ante Dios”.

Los coptos representan alrededor del 10 por ciento de los aproximadamente 100 millones de egipcios, en su mayoría musulmanes, aunque no se dispone de cifras oficiales.

Sandra Awad, una estudiante de 22 años de la Universidad de El Cairo, que ha asistido a la iglesia del Padre Lamei en el pasado, dice que está angustiada por los comentarios del sacerdote. “Condena a estas mujeres en lugar de explicar el código de vestimenta y la actitud apropiada que deben adoptar en la iglesia en general, para todos”, dijo.

Otros seguidores de esta comunidad reaccionaria han apoyado las palabras del clérigo. “El Padre Daoud habló con el mayor respeto por la ropa de las personas para que despierten y adoraren a la iglesia en la que están entrando”, comentó un usuario en Facebook.

En Egipto circulan por internet llamamientos animando a las mujeres cristianas a vestirse más modestamente con el eslogan “Cubrirse para poder orar”.

Una campaña similar insta a las mujeres musulmanas a que se cubran más durante el mes de ayuno en el Ramadán, que ha comenzado esta semana.

El padre Lamei negó en Facebook y Twitter que aprobara estas campañas. La iglesia donde él oficia ha publicado un enlace en Youtube en su página oficial de Facebook donde quedó grabado el discurso íntegramente.

“Los miembros del clero son modelos a seguir para la comunidad, que los considera como los guardianes de sus tradiciones y fe. Esto es especialmente cierto cuando una comunidad se siente amenazada”, dijo Elizabeth Monier, una experta copta de la Universidad de Cambridge.

Según Monier, las palabras del padre Lamei “reflejan la cultura dominante de la iglesia y de la sociedad” egipcias, que son muy reaccionarias.

La Iglesia Ortodoxa Copta se ha hecho más prominente recientemente en la arena política, con el actual Papa Tawadros II, un decidido partidario del régimen del general Sissi.

Las aguerridas mujeres de Matamoros en rebelión contra las transnacionales en México

El 25 de enero de 2019 pasará como el día en que estalló una de las mayores huelgas de trabajadores de maquiladoras de las que se tiene registro en México. Es un conflicto con un gran significado: los trabajadores organizados se levantaron contra las grandes empresas trasnacionales.

Este movimiento fue bautizado como 20/32, que resume dos de sus principales reclamaciones. Los trabajadores exigen un 20 por ciento de aumento salarial y un bono de 32.000 pesos (unos 1.700 dólares) para cada trabajador, cifra esta última que compense los aumentos no recibidos en los últimos 15 años.

El colectivo recibió una muestra de solidaridad en la Ciudad de México convocada por el Partido Comunista mexicano y el Partido Socialista de los Trabajadores que congregó cientos de personas en el Ángel de la Independencia, un sitio icónico de la capital.

“El apoyo de las organizaciones en otras partes del país es la fuerza, sobre todo para los trabajadores de cinco empresas que no han querido ceder, entre ellas Coca-Cola. Lo que no quieren es sentar el precedente de dar el pago a los trabajadores del 20/32 y llegaron al absurdo de la terminación del contrato colectivo”, dijo la abogada, Susana Prieto Terrazas.

El inicio fue hace casi dos meses en Matamoros, en la frontera norte, una de las zonas maquiladoras más grandes del país. Allí funcionan fábricas deslocalizadas de Estados Unidos o Canadá, que procesan materias primas provenientes de esos países, adonde se vuelven a exportar los productos terminados, procesados por trabajadores mexicanos.

Estas industrias han proliferado en México a partir de 1965 y particularmente a partir de la entrada en vigor del TLCAN en 1994. Además de beneficiarse del arancel cero previsto en los acuerdos comerciales, las maquiladoras reducen costos, pues del lado mexicano los sueldos son comparativamente más bajos que los de un trabajador en el resto de Norteamérica.

Los trabajadores no están dispuestos a dar el brazo a torcer y quieren mejorar su situación de precariedad. Pero desde el estallido del movimiento, sus integrantes han sufrido despidos masivos, represión y también cosechó acuerdos en 25 fábricas. Las empresas que siguen en paro son Fluxmetals de México, Coca-Cola, Grupo Mecalux Mexico, Avances Científicos de México y Agroquímicos y Equipos Industriales.

Hasta ahora, dichas empresas se han negado a negociar con el movimiento, según explicó su asesora jurídica.

Uno de los primeros anuncios del presidente Andrés Manuel López Obrador al asumir el cargo fue sobre la duplicación del salario en 43 municipios de la frontera norte, o que se aumentara la base mínima a 176 pesos mexicanos (9 dólares) por día.

“Los contratos de estos obreros están indexados al aumento del salario mínimo. Con el decreto del presidente López Obrador debió aumentarse a toda la franja de contratos colectivos en Matamoros, Tamaulipas”, explicó Prieto Terrazas.

La respuesta de las empresas, explicó la abogada, fue quitarles los bonos de puntualidad, limpieza, excelencia y asistencia a los trabajadores, para intentar no aumentar el monto pagado.

“Todos los bonos se los eliminaron para anexarlos al salario y cuando fueron a protestar les dijeron que eso derivaba de su ignorancia”, explicó.

El malestar creció hasta que cuajó en la movilización de unos 40.000 trabajadores del sector, que en su momento álgido llegó a involucrar a 45 empresas.

El reclamo del bono surgió ante la deuda histórica que las empresas tienen con sus trabajadores y que, según Prieto, fue fomentada por acuerdos ilegítimos entre sindicatos “charros” —amarillos, esquiroles— que no han velado por los intereses de los trabajadores.

“El bono único surge del aumento que debían darle a cada trabajador y que [las empresas] generaron como una prestación adicional única desde hace 15 años, sin aumentarles el salario”, explicó la fuente.

El mecanismo que usaban las empresas era sacar la diferencia del aumento salarial que debían pagarle por día a cada trabajador, multiplicarlo por 365 y ofrecerles ese pago por única vez, en un bono anual.

Como los aumentos siempre eran bajos, de menos de 10 pesos, nunca había sido un problema para las empresas. Pero como el aumento ahora es de 88 pesos mexicanos, el bono anual para cada trabajador asciende a 32.000 pesos mexicanos (1.700 dólares).

Hay más mujeres que hombres en la industria maquiladora, pero cada vez se les restringe más el trabajo, si fueron operadas o son mujeres de edad no las quieren, menos si están embarazadas o son madres solteras”, dijo la abogada Susana Pazos durante la movilización en la Ciudad de México.

El problema aumenta si consideramos que hasta ahora el salario de la maquila está condicionado a bonos extra por puntualidad y asistencia, lo que dificulta su cumplimiento cabal para las mujeres jefas de hogar.

Si una trabajadora falta un día laboral es suficiente para que en cualquiera de los 43 municipios de la zona fronteriza les descuenten la mayor parte del salario, porque las bonificaciones están sujetas al complimiento de una condición, explicó la abogada.

Sucede para todos, hombres y mujeres, con los bonos de productividad que acercan el formato laboral a condiciones de “esclavitud moderna”, como han denunciado desde el movimiento.

“Los bonos de complimiento se hicieron para deshacer a los obreros”, sostuvo la abogada. Para graficar lo vivido explicó que en Matamoros, se otorgan según el trabajo de toda la línea de producción.

“Si son 12 personas y uno falta, toda la línea pierde el bono. Si uno llega tarde, toda la línea lo pierde y de castigo te descansan 3 días. Los tienen sujetos a una enemistad y división todo el tiempo”, explicó.

La marcha en solidaridad con la mayor huelga obrera contra la industria nacional que se ha vivido en México concluyó en el Zócalo capitalino, con las palabras de una de las trabajadoras que hizo estallar a la multitud en aplausos:

“Las mujeres somos aguerridas y con buenos dotes para a resistencia, por eso somos la mayoría en la industria maquiladora”, exclamó la trabajadora.

Eliana Gilet https://mundo.sputniknews.com/economia/201903221086230803-maquilas-mexico-matamoros-transnacionales-huelga/

Las hermanas Úriz: dos comunistas navarras en la guerra contra el fascismo

El periodista Manuel Martorell es especialista en buscar historias lejanas, ya sea en otras latitudes (es experto en Oriente Medio), o en otras cronologías, como en el siglo XX español. Buceando en la biografía de Jesús Monzón, miembro clave del PCE y de la historia de los maquis, se topó con los nombres de Josefa y Elisa Úriz, que aparecían como “contacto para coordinar las acciones con el núcleo de la resistencia en París”. De la “corazonada” que tuvo al ver el apellido nació luego una investigación que primero tomó forma de exposición y ahora de un libro titulado “Pioneras. Historia y compromiso de las hermanas Úriz Pi” (Txalaparta, 2018).

En sus páginas, rescata, junto con la ayuda de los expertos en Historia de la Educación María del Carmen Agulló Díaz y Salomó Marquès, la travesía vital de estas dos comunistas navarras que fueron precursoras en todo: en su compromiso político con el antifascismo, en la lucha por los derechos de las mujeres y en la difusión de métodos pedagógicos que aún hoy son minoritarios en las escuelas españolas.

A Josefa (Badostáin, 1883 – Berlín, 1958) y a Elisa (Tafalla, 1893 – Berlín, 1979) el siglo XX les pasó por encima. Lucharon contra el fascismo allí donde se encontraron: ya fuera en España, Francia o Alemania. Formaron parte activa de la resistencia francesa después de exiliarse cuando la Guerra Civil se encaminaba ya hacia la victoria del dictador Francisco Franco. Ambas nacieron en Navarra y murieron en Berlín oriental y, aunque no fueron deliberadamente olvidadas, sus nombres pasaron a ocupar un espacio secundario en los documentos  historiográficos o en el callejero de Lleida, donde Pepita Úriz tiene una calle.

En el exilio, ambas hermanas ya no pudieron reconstruir su vida familiar. Elisa había perdido a su marido, Antonio Sesé, secretario general de UGT Catalunya, cuando lo asesinaron en 1937 los anarquistas, aunque su autoría exacta no quedó clara. Nunca volvieron a España, a pesar de que Elisa lo intentó en los años 60 aprovechando una medida de gracia del gobierno franquista que, sin embargo, no le aseguraba no ser detenida.

Cuando la democracia llegó a España, Josefa llevaba muerta 20 años y Elisa ya tenía 85, demasiado mayor para volver a su tierra. “Cuando ella murió lo hizo pensando que había cumplido con su deber, con su vocación y con su forma de pensar. No se arrepintió nunca de lo que había hecho”, explica Martorell, que para su investigación contactó con la mujer que cuidó a Elisa durante sus últimos días, la doctora Olga García Domínguez, su vecina en Berlín.

Las Úriz eran motor de cambio allí donde iban. Hijas de un capitán de Infantería que las educó en un ambiente liberal, las dos estudiaron magisterio y participaron en misiones pedagógicas durante la II República española, en el caso de Pepita dirigiendo las que se llevaron a cabo en el pirineo leridano entre 1932 y 1934: “Hablaban de una educación igualitaria y rompieron todos los moldes de la época. Pepita no utilizaba libros de texto y aplicaba los métodos de Freinet o de Montessori, que hoy siguen siendo minoritarios en España”, explica Martorell.

Además de extender pedagogías que se oponían al memorismo y favorecían el trabajo en equipo, su función siempre iba más allá de las cuatro paredes del aula. Pepita apoyó el grupo Batec, surgido de las tertulias pedagógicas en el Café Express de Lleida y ambas impulsaron la FETE-UGT en Cataluña, de la que Josefa fue presidenta.

Ambas fueron piezas clave en la lucha contra el autoritarismo y la República Democrática de Alemania así se lo reconoció a Elisa Úriz, a quien concedió la Medalla de la lucha contra el fascismo.

En plena guerra civil trabajaron en la Ayuda Infantil de Retaguardia, que llegaron a dar hasta a 100.000 menús infantiles al día. Tras salir de España, formaron parte de los primeros grupos de la Resistencia Francesa y gestionaron la evacuación de cientos de familias hacia América Latina hasta “cuatro días antes de que las tropas alemanas iniciaran su ofensiva sobre Bélgica y Francia”, recuerda Martorell.

Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial y parecía que podrían ejercer sus actividades en París con libertad y tranquilidad, las hermanas se toparon con una de las operaciones que Martorell describe como “uno de los puntos más oscuros de la historia de Francia”: la operación a Bolero-Paprika. La Guerra Fría había comenzado y los comunistas, antiguos aliados contra el nazismo, se volvían a convertir en sospechosos. En abril de 1951, las hermanas recibieron su orden de expulsión y recayeron en Alemania oriental.

Pero los métodos importados del resto de Europa de estas “maestras de maestras” no fueron el único campo donde fueron pioneras. Ambas hermanas impulsaron la asociación Mujeres Antifascistas Españolas (MAE) en 1934 y después formaron parte de la Unión de Mujeres Españolas (UME), fundada en 1946 en París.

Elisa jugó un papel destacado en la dirección ejecutiva de la Federación Democrática Internacional de Mujeres (FDIM), de la que salió también la Declaración Universal de los Derechos de la Infancia y la creación del Día Internacional del Niño, que después instauró la ONU en 1954.

En 2019, inmersos en la cuarta ola feminista, el libro también es una buena ocasión para mirar hacia atrás y ver lo que hicieron las mujeres españolas que precedieron a la actual generación. Se replanteaban todo: “Los grupos feministas podían ser más radicales que en la actualidad porque tenían más barreras que romper. Ponían en cuestión la unidad familiar, y no solo de la familia heterosexual”, explica Martorell, describiendo un clima en el que también se discutía sobre “amor libre” o prácticas más abiertas a la incuestionable monogamia actual.

La exposición que precedió al libro (“De Badostáin a Berlín Oriental. Historia y compromiso de las hermanas Úriz”) comenzó con una colaboración entre el Ayuntamiento navarro del Valle de Egüés y el Concejo de Badostáin, la localidad donde nacieron. Ahora ya se muestra en cuatro versiones (castellano, castellano-euskera, catalán y alemán-castellano) y ha visitado decenas de localidades en País Vasco, Navarra y Catalunya, además de seis ciudades de Alemania.

Desde el día 11 de marzo se puede ver también en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, pero habrá que esperar hasta el día 22 para poder charlar con el autor en ese mismo espacio, en el que presentará el libro a las 12.30 del mediodía. Para los que se queden con las ganas, a las 19.30 estará también en el Ateneo Republicano de Vallecas.

https://www.cuartopoder.es/espana/2019/03/18/las-hermanas-uriz-las-comunistas-navarras-que-desafiaron-a-franco-y-a-hitler/

Lucy Parsons: una revolucionaria en el corazón de los trabajadores

Lucy Parsons fue una luchadora que testimonió que nunca la mujer en el movimiento obrero vivió la relación con el hombre como una lucha, sino ambos en lucha contra el poder del capitalismo, que era quien sometía a la mujer, y a los niños a condiciones de infrapersona. También a los varones, pero en mayor grado sometía a los que consideraba más débiles de entre los débiles, mujeres y niños. Esa era la lucha de mujeres y hombres, juntos contra la estrategia de opresión en la historia de la humanidad: la explotación de los débiles.

Lucy Parsons nació en 1853, en la ciudad de Waco, estado de Texas (EE.UU.). Nació esclava, hija de una mexicana negra llamada Marie del Gather y de padre mestizo John Waller. Quedó huérfana a los 3 años y fue testigo del racismo más crudo. Vio con sus propios ojos los linchamientos del Ku Kux Klan y debió huir a Chicago. Allí, en 1870, se unió a un hombre blanco, quien luego fue su compañero, Albert Parsons, que había sido amenazado de linchamiento por defender el registro de votantes negros. Tuvieron que casarse ilegalmente, por las leyes contra la mezcla racial.

Al llegar a Chicago, Albert Parsons consiguió un empleo como auxiliar en una empresa tipográfica, mientras que Lucy abrió un taller de costura donde hacía vestidos por encargo. Al mismo tiempo los Parsons se involucraron en el movimiento obrero de finales del siglo XIX. Ambos contribuyeron con una serie de artículos y reseñas en los periódicos. Lucy escribió para el periódico The Socialist en 1878 y The Alarm, el diario de la Asociación Internacional de los Trabajadores que habían fundado, junto con otros colaboradores, en 1883.

Inspirada por la gran acción de los obreros ferroviarios de 1877 -que desembocó en una histórica huelga general-, redoblaría su compromiso militante. Cuando Albert fue despedido por su actividad política, Lucy, único sustento del hogar y madre de dos hijos, se involucró en el Partido Socialista Laborista y se hizo miembro de los Caballeros del Trabajo, una de las primeras organizaciones que admitieron a negros y mujeres. Cuando no trabajaba como costurera, escribía regularmente artículos y pronto se convirtió en una destacada organizadora del Sindicato de Mujeres Trabajadoras del Partido Socialista Laborista. En 1883 rompería con este partido junto a Albert, enfrentándose a una corriente que adoptó una estrategia reformista, estaba convencida de que solo una revolución podría acabar con este sistema.

El año 1886 marcó un quiebre en la historia estadounidense. El 1 de Mayo fue declarada la huelga general. En Chicago, las fábricas y las calles se convirtieron en un hervidero de reivindicaciones obreras. Frente a la represión, que no se hizo esperar, miles de personas se reunieron en la Plaza Haymarket. Allí, la policía arremetió contra trabajadores y militantes socialistas y anarquistas. Ocho fueron falsamente acusados de poner una bomba. Entre ellos estaba Albert Parsons.

Lucy Parsons sufriría un duro golpe. Sin ninguna evidencia presentada a la corte que vinculase a Albert Parsons a las bombas de los episodios de Haymarket, Albert fue preso y condenado a muerte junto con August Spies, Adolf Fischer, Louis Lingg y George Engel por el estado de Illinois, todos ellos comprometidos con el movimiento obrero en la lucha a favor de la jornada laboral diaria de ocho horas.

Durante el año y medio que Albert estuvo detenido esperando la ejecución, Lucy viajó por todo el país, vendiendo panfletos y realizando multitudinarios discursos. El 21 de octubre de 1886 el diario argentino La Nación publicó una carta del escritor cubano José Martí en la que describía los sucesos que fue testigo el 2 de septiembre en la ciudad de Nueva York cuando fueron sentenciados los ocho obreros de Chicago.

En ella pueden leerse los siguientes fragmentos: “Allí la mulata de Parsons, implacable e inteligente como él, que no pestañea en los mayores aprietos, que habla con feroz energía en las juntas públicas, que no se desmaya como las demás, que no mueve un músculo del rostro cuando oye la sentencia fiera. Los noticieros de los diarios se le acercan, más para tener qué decir que para consolarla. Ella aprieta el rostro contra su puño cerrado. No mira; no responde; se le nota en el puño un temblor creciente; se pone en pie de súbito, aparta con un ademán a los que la rodean, y va a hablar de la apelación con su cuñado”.

De los ocho condenados, cinco fueron ejecutados en la horca el 11 de noviembre de 1887, pasando a ser conocidos en la historia de las luchas obreras como “Los Mártires de Chicago”, y Lucy Parsons –“la mulata que no llora”, como la describió Martí- se convirtió en “la viuda mexicana”.

La ejecución de Albert Parsons ocurrió el día 11 de noviembre de 1887 y, junto con la ejecución de los otros cuatro compañeros se tornó un referente para todo el movimiento obrero mundial, que pasaron gradualmente a adoptar el aniversario del 1º de mayo, como día de memoria y manifestación de la clase trabajadora.

Ese día, Lucy fue apresada y no pudo verlo antes de que fuera ejecutado. Esto no la desmoralizó. Posteriormente escribiría: “Nuestros camaradas no fueron asesinados por el estado porque tuvieran una conexión con la bomba sino porque estaban organizando a los esclavos del salario. La clase capitalista (…) creyó tontamente que matando a los espíritus activos del movimiento obrero del momento, iban a asustar a toda la clase obrera, manteniéndola esclava”.  Esta indómita mujer dedicó su vida a demostrar lo contrario.

Lucy consideraba que sólo la lucha por la libertad de la clase obrera en su conjunto podía llevar a una emancipación total de las mujeres. Por ello, llegó a acusar a la feminista Emma Goldman de perseguir una libertad individual (libertad sexual…) “dirigida a audiencias de clase media”.

La autora Carolyn Ashbaugh publicó en su libro: Lucy Parsons: American Revolutionary, Chicago: “El feminismo de Lucy Parsons consideraba que la opresión sufrida por las mujeres era resultado directo del capitalismo, se basaba en los valores de la clase obrera. Mientras que el feminismo de Emma Goldman tenía un origen diferente que el de la clase obrera”. Lucy cree que el matrimonio y la familia existe de forma natural en la condición humana y criticó a periódicos anarquistas por la realización de artículos de ataque a estas instituciones.

En 1905 se fundó la combativa organización Trabajadores Industriales del Mundo (IWW). Sólo hubo dos mujeres presentes. Una fue la valiente Mother Jones; la otra fue Lucy Parsons. En esa ocasión tomó la palabra: “Nosotras somos las esclavas de los esclavos. Somos explotadas más crudamente que los hombres. Cuando los sueldos deben ser rebajados, la clase capitalista usa a las mujeres para reducirlos (…) si cada hombre y cada mujer que trabaja (…) decide que debe tener lo que le pertenece por derecho (…) entonces no hay ejército lo suficientemente grande para vencerlos”. Comenzaron a editar el periódico Liberator, que servía de vehículo de comunicación para la IWW en la ciudad de Chicago. El enfoque de Lucy siempre tenía como base la lucha de clases, contra la pobreza y el desempleo. En enero de 1915 Parson organizó personalmente manifestaciones de hambrientos por las calles de Chicago, llevando tras de sí a la AFL y al Partido Socialista a tomar parte en una gigantesca manifestación el 12 de febrero.

Algunos años más tarde, en 1920 sería etiquetada por el Departamento de Policía de Chicago como “más peligrosa que mil insurrectos”. Parsons precedió a las huelgas sit-down (sentadas) en los Estados Unidos y, más tarde, las ocupaciones de fábricas en la Argentina. Habría dicho, “Mi concepto de la huelga en el futuro no es una paralización que a su fin la gente se vaya a su casa volviendo a sus hogares hambrientos, sino una huelga en que todos se mantendrán de paro y tomarán los medios de producción necesarios para sí”.

En 1927 comenzó a trabajar en el Comité Nacional de Defensa del Trabajo, una organización que tenía como objetivo defender la libertad de organización de las actividades políticas de los trabajadores y la defensa de los afroamericanos que habían sido injustamente acusados por crímenes que claramente no habían cometido.

En 1941 Lucy realizaría su última aparición pública, durante una huelga. Ni la temperatura helada, ni la ceguera, ni sus 88 años, amainaron su discurso. Curiosamente, se dirigía a obreros que se enfrentaban a la fábrica Internation al Harvester, heredera de la planta McCormick, en la cual el asesinato de seis trabajadores había encendido la chispa para la revuelta de la plaza Haymarket en 1886.

Cuando Lucy Parsons murió en 1942, la policía allanó su departamento y confiscó sus cuantiosos libros y artículos, más de 1.500, que fueron entregados al FBI. Aunque la pérdida fue grande, las huellas de Lucy se mantienen vivas. Elizabeth Gurley Flynn escribió en su obituario: “Ella no vivió en el pasado. Ella vivió para el futuro. Ella vivirá en el futuro, en el corazón de los trabajadores”.

https://solidaridad.net/lucy-parsons-luchadora-del-movimiento-obrero/

La burguesía no ha creado una corriente ‘feminista’ en torno a las mujeres sino a las subvenciones

El feminismo burgués parece tener un tamaño mayor del que en realidad tiene porque está dopado con subvenciones públicas y privadas, que a lo largo de los años han ido tejiendo una amplia red clientelar que alcanza a institutos, fundaciones, observatorios, ONG, que van del ámbito más general, el europeo, al más local y restringido.

En tiempos de recortes, este año el Instituto de la Mujer ha incrementado su presupuesto en un 25 por ciento, a pesar de que es un organismo absolutamente parasitario y vacío de contenido, que se limita a subcontratar y repartir prebendas entre las principales correas de transmisión de los partidos políticos institucionales y, en especial, del PSOE.

La burguesía no ha creado un movimiento “feminista” en torno a la mujer sino en torno a subvenciones. “Estamos ante los presupuestos más feministas de la historia”, dijo la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, cuando el 14 de enero compareció en el Congreso de los Diputados a presentar las cuentas públicas (1).

La ministra aseguró a los medios que se había puesto “las gafas moradas” a la hora de echar cuentas. Es un signo de la modernidad: en todo tiene que aparecer un impacto ecológico y otro “de género”. Una parte del gasto público tiene que revertir en inflar las subvenciones del entramado feminista burgués.

Además, en los presupuestos había un factor coyuntural que no podía dejar de aparecer, la famosa “ultraderecha”, verdadera navaja suiza multiusos. Los presupuestos “feministas” eran “el mejor antídoto contra Vox o contra los populismos que quieren retroceder en materia de género en esta país”, dijo la ministra.

Ambos se necesitan porque se justifican con su espejo: el feminismo burgués define a los “ultras” con relación a sí mismo, y a la inversa. El eje fascista – antifascista se acabará confundiendo con el feminista – machista.

Por supuesto, no es necesario recordar que las subvenciones no son asistenciales, ni sus destinatarios son las mujeres afectadas, maltratadas o emigrantes sino las propias organizaciones “feministas”. El capitalismo todo lo convierte en mercancía y la mujer -los distintos tipos de mujeres- no podían ser una excepción. La burguesía no podía hacer otra cosa más coherente con su clase social que esa: convertir a las mujeres en mercancías.

El pastel es tan grande que para apoderarse de un trozo los partidos institucionales han creado sus propias correas de transmisión “feministas”, aunque no todo se rige sólo por las leyes del mercado. No olvidemos que el problema principal es político, que se trata de abducir la lucha de la mujer trabajadora, sacarla de la lucha de clases.

Para ello hay que presentar el negocio como una “lucha”, especialmente como una lucha por la igualdad. Al mismo tiempo, para que el mercado no se agote, la igualdad es algo que no se puede ni se debe alcanzar nunca. La lucha por la igualdad es como la lucha por justicia, o por la paz, o por la verdad: entelequias inagotables.

Eso mismo le imprime a este movimiento un carácter reivindicativo, que es el terreno fértil del reformismo y el progrerío. Por eso el feminismo burgués lo dirige básicamente el PSOE, que si no tuviera ese asidero tendría muy poco sitio. “El PSOE impulsará una Escuela de Feminismo para formar en igualdad y contra la violencia de género”, titulaba un medio en julio del año pasado (2).

Otro de los proyectos es crear facultades especializadas en estudios “de género” porque la mujer es una fuente temática inagotable. En matemáticas están los grandes ordenadores, en astronomía los grandes telescopios, en física los aceleradores de partículas y en las ciencias humanas las mujeres acaparan buen parte de los fondos de investigación más sustanciosos.

En el entramado “feminista” del PSOE hay algunos organismos clave: la Fundacion Mujeres, la Federación de Mujeres Progresistas, la Asociación de Juristas Themis, la Unión de Asociaciones Familiares (UNAF), la Asociación Española de Mujeres Profesionales de los Medios de Comunicación (AMECO), la Coordinadora Española del Lobby Europeo de Mujeres (CELEM), la Federación Nacional de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas y su Centro de Atención Reinserción y Rehabilitación de Mujeres Maltratadas (CARRMM).

Estos organismos son auténticos “holdings” monopolistas. No sólo obtienen subvenciones, tanto europeas como autóctonas, para sí mismas sino que, a su vez, reparten bocados o migajas a miles de colectivos de mujeres de muy diferente tipo, todas ellas “sin ánimo de lucro”.

A partir de ahí, las asociaciones crean su red clientelar de puestos de trabajo, estudios de campo, casas de acogida, puntos de encuentro, gabinetes psicológicos, despachos de abogados y trabajadores sociales.

Los sueldos tienen muy poca relación con una trabajadora cualquiera. Pero la burguesía no se refiere a eso cuando habla de “brecha salarial”. De media, los institutos de la mujer que están en funcionamiento pagan 50.000 euros anuales de sueldo a sus cargos. Si quieren ver lo que ganan en el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, echen un vistazo a este enlace (3).

La consecuencia es que el PSOE recauda más votos femeninos que masculinos, que es de lo que se trata. Ahora bien, cuando la votante se define como “feminista”, su elección va un poco más allá, hacia Podemos e Izquierda Unida.

El reformismo se quedaría vacío de contenido sin el “feminismo” burgués que llena sus alforjas.

(1) https://www.lavanguardia.com/economia/20190115/454145749312/presupuestos-2019-feminismo-vox-politicas-genero-montero-sanchez.html
(2) https://www.20minutos.es/noticia/3394686/0/psoe-impulsara-escuela-feminismo-para-formar-igualdad-contra-violencia-genero/
(3) http://transparencia.gob.es/servicios-buscador/contenido/retribuciones.htm?id=RET_anyo_2016_E04921901&lang=es&fcAct=2017-02-17T07%3A28%3A46.943Z

Alejandra Kolontai: la mujer alcanzó la mayoría de edad en la Revolución de 1917

Alejandra Kolontai era la hija única de la familia Domontovitch, su apellido de soltera, perteneciente a la nobleza terrateniente. Su padre era un general del ejército imperial de origen ucraniano y su madre, casada en segundas nupcias, era de origen finlandés y campesino.

Su infancia y juventud transcurrieron entre Petrogrado y Finlandia, entonces una región perteneciente al imperio zarista. Sus padres no la enviaron a la escuela para evitarle las malas compañías, por lo que estudió con clases particulares, especialmente bajo la dirección de Víctor Ostrogorski, historiador de la literatura rusa, quien le animó a escribir en la prensa.

Para emanciparse de su familia, se casó muy joven con un primo suyo, el ingeniero Kolontai, de quien tomó el apellido, tuvo un hijo y se separó a los tres años.

Hacia 1890 comenzó a colaborar con asociaciones de difusión cultural que servían de instrumento para actividades clandestinas, para instruir y organizar a los trabajadores. Imparte clases en escuelas nocturnas para obreros y también toma parte en los debates intelectuales que tienen lugar ene la oposición liberal. En una de ellas, concretamente en la de la familia de Elena Stassova, conoce la existencia de una corriente que pretende revisar el marxismo y que en Rusia tiene como traductores a los llamados marxistas legales, una variedad temprana del revisionismo cuyo objetivo era la modernización de Rusia como paso previo al socialismo. Pero los cantos de sirena del reformismo no la seducen.

La convivencia con las 12.000 obreras tejedoras de la fábrica Kremgolskaia, en Nerva, le impresionó profundamente. La huelga de 36.000 obreros textiles de Petrogrado en 1896 consolidó definitivamente sus ideas políticas revolucionarias. Junto con Elena Stassova y muchas otras militantes que entonces trabajaban al margen del Partido, organizó colectas para sostener económicamente a los huelguistas.

Entonces aún no conocía el marxismo y sus simpatías estaban próximas al populismo y la lucha armada. Tras la experiencia en la fábrica Kremgolskaia comenzó a estudiar el marxismo para consolidar su formación ideológica.

En un primer momento intentó abrirse vías como escritora. Escribió una novela que envió a Vladimir Korolenko, el escritor populista que ayudaba a los jóvenes escritores. Korolenko le contestó que era una mala novela pero que debía de continuar en su empeño. Cambió la ficción por el ensayo. En 1898 escribió su primer estudio sobre sicología de la educación, titulado “Bases de la educación según Dobroliubov” que publicó la revista Obrazovanie que entonces tenía una carácter pedagógico antes de transformarse, bajo la dirección de A.Yu.Ostrogorski, en uno de los órganos legales de los marxistas rusos.

En busca de una formación ideológica más sólida, ese mismo año salió para Zurich a fin de estudiar ciencias económicas y sociales bajo la dirección de Herkner, un teórico socialdemócrata. En Alemania conoció a Clara Zetkin cuyo pensamiento feminista le influyó poderosamente.

Aquel mismo año se produjo en la socialdemocracia alemana la aparición del revisionismo de Bernstein, al cual se adhirió Herkner. Pero no fue éste el camino adoptado por Kolontai, que se alineó con las posiciones, entonces revolucionarias, de Kautski y Luxemburgo, según contó ella misma en sus memorias: “Me entusiasmé con Kautsky”, dirá, devorando la revista Die Neue Zeit, editada por él, y con los artículos de Rosa Luxemburgo. “Me interesó particularmente el librito de ésta ‘Reforma o revolución’, donde refutaba la idea integracionista de Bernstein”.

En 1899 Herkner la envía a Inglaterra para estudiar el movimiento obrero inglés y le pone en contacto con Sydney y Beatrice Webb a fin de disuadirle de sus posiciones revolucionarias y que se adhiriera al revisionismo. Pero Kolontai había entrado en contacto con las organizaciones marxistas revolucionarias. Regresa a Rusia y escribe artículos contra el revisionismo en la revista Nautchnoie Obozrenie y se incorpora a la lucha clandestina contra el zarismo. Organiza círculos obreros en Finlandia, redacta octavillas, distribuye la prensa ilegal y escribe también sobre la lucha de liberación nacional de aquel pueblo en revistas económicas alemanas. También redacta una de sus obras más importantes, la Vida de los obreros finlandeses.

En 1901 sale de nuevo al extranjero y colabora estrechamente con Kautski y Luxemburgo en Alemania, con Plejanov en Ginebra y con Paul Lafargue en Francia. En 1903 publicó su libro Las condiciones de vida de los obreros finlandeses. Cuando aquel mismo año la socialdemocracia rusa se escinde entre mencheviques y bolcheviques, Kolontai simpatiza con los bolcheviques pero su estrecha relación personal con Plejanov le impide romper definitivamente con los mencheviques, por lo que se ofrece a ambos como agitadora.

El inicio de la Revolución de 1905 le sorprende en la calle y es testigo de la impresionante masacre de los obreros a manos de la policía zarista:

“Me dirigía con los manifestantes hacia el Palacio de Invierno -recuerda- y la imagen de la masacre cruel de los obreros desarmados se grabó para siempre en mi memoria, un día de enero extraordinariamente soleado, los rostros confiados en la espera, la señal fatídica de las tropas desplegadas en torno al Palacio… mares de sangre sobre la blancura de la nieve, los látigos de cuero, los gritos, los gendarmes, los muertos, los heridos… los niños tiroteados. El comité del partido desconfiaba de esta manifestación de 9 de enero. Un buen número de camaradas en las reuniones obreras convocadas a este efecto trataron de disuadir a los obreros de participar en esta manifestación que les parecía no ser más que una provocación y una trampa. En cuanto a mí, yo pensaba que había que acudir. Esta manifestación demostraba la determinación de la clase obrera, era una escuela de actividad revolucionaria. Yo entonces era una apasionada de las decisiones del Congreso de Amsterdam sobre las acciones de masas”.

Tras la jornadas de enero la actividad revolucionaria adquirió más fuerza y energía. Los bolcheviques de Petrogrado comenzaron a editar su diario clandestino en el que Kolontai colaboraba no sólo en calidad de periodista sino también en la técnica de edición. Se esfuerza en promover la unidad de acción de los socialdemócratas rusos y finlandeses.

Fue una de las primeras mujeres en promover la organización de las mujeres obreras dentro del Partido, organizando reuniones específicas para ellas. A partir de 1906 defendió la idea de que una organización de las obreras no debía ser independiente pero que debía crearse una comisión en la dirección del partido para defender y representar los intereses de la mujer trabajadora.

En aquel año se separó de los bolcheviques porque se declaró contraria a la participación en las elecciones a la Duma y desde entonces hasta 1915 se incorporó a los mencheviques.

En 1908 publicó otro libro, “Finlandia y el socialismo” que da buena prueba de la capacidad de análisis y de investigación de Kolontai. Pero ese mismo año tiene que huir otra vez de Rusia porque le abren dos procesos, uno por organizar a las obreras del textil y otro por realizar un llamamiento a la insurrección. Permanecerá en el exilio hasta la revolución de febrero de 1917. Se instala en Alemania, afiliándose al partido socialdemócrata alemán y luego al partido belga. Trabaja como agitadora, escritora y propagandista en Francia, Inglaterra, Suiza, Bélgica, Italia, Dinamarca, Noruega y Estados Unidos, en donde permanece en los años 1915 y 1916.

En 1914, al comenzar la guerra imperialista, adoptó una posición revolucionaria internacionalista. Escribió un folleto titulado ¿A quien sirve la guerra? que tuvo una gran acogida y en el que denunciaba los intereses imperialistas y el patriotismo burgués como principales responsables de la feroz contienda. Participa en la II Conferencia Internacional de las Mujeres Socialistas y en la famosa Conferencia de Zimmervald. Fue detenida en Alemania, expulsada a Suecia y detenida de nuevo por propaganda antimilitarista. Su postura internacionalista le lleva a romper hacia 1915 con los mencheviques, volviendo a incorporarse al Partido bolchevique donde, por encargo de Lenin, colabora en agrupar a las corrientes antimperialistas de la socialdemocracia internacional en los países escandinavos y en Estados Unidos.

La Revolución de febrero de 1917 le permite regresar de nuevo a Rusia, donde es la primera mujer elegida para el comité ejecutivo del soviet de Petrogrado y desarrolla su labor revolucionaria entre los marinos de la Flota del Báltico y los soldados de la guarnición de la capital.

En las jornadas de julio de aquel año fue detenida y encarcelada junto con otros dirigentes bolcheviques por el gobierno provisional burgués de Kerenski. Estando encarcelada, el VI Congreso del Partido bolchevique, celebrado en 1917, le elegió miembro del Comité Central. Fue liberada poco antes de la Revolución de Octubre por exigencia del soviet de Petrogrado.

En el momento de preparar la Revolución de Octubre se pronunció a favor de la toma del poder. En las elecciones a la Asamblea Constituyente, ocupó el tercer puesto dentro de la candidatura bolchevique.

Tras la Revolución fue comisaria del pueblo o ministra de Previsión Social, encargada de la asistencia pública y la Seguridad Social en el primer gobierno revolucionario. Era la primera vez en la historia que una mujer era nombrada ministra en un gobierno. Se hizo mundialmente conocida a causa de ello pero los viejos funcionarios zaristas, hostiles a la revolución y ser dirigidos por una mujer, la recibieron con una huelga.

Desde su cargo promovió más medidas avanzadas de los que ningún gobierno capitalista ha sido nunca capaz de alcanzar: firmó la supresión de los cultos, el reparto de las tierras de los monasterios a los campesinos, redactó los primeros decretos de asistencia maternal y protección a la infancia, habilitó infinidad de comedores públicos y creó las primeras guarderías públicas. También era la primera vez en la historia que un gobierno se preocupaba de ese tipo de problemas de los trabajadores. En muy pocos días la revolución adoptó numerosas medidas sociales que poco antes parecían imposibles. Se facilitó el derecho al aborto y desapareció el concepto de hijo ilegítimo. El matrimonio y el divorcio se redujeron a un trámite sin complicaciones. En el terreno económico se abolieron las trabas que impedían el acceso de la mujer al trabajo y a la administración.

Con la Revolución de 1917 la mujer rusa alcanzó su mayoría de edad. Podía participar en todos los sectores de la vida pública en igualdad de condiciones con los hombres y estas enormes posibilidades iban acompañadas por el ejemplo que constituían mujeres que, como Kolontai y otras bolcheviques, adelantaban las características de un tipo de mujer del futuro. La situación de igualdad recién adquirida por las mujeres rusas las situaba en una posición ventajosa respecto a las mujeres del resto de Europa. Efectivamente, los países de la Europa burguesa apenas empezarían a reconocer el derecho de voto a las mujeres entre los años 20 y 30. La propia Alejandra hizo en 1921 el siguiente balance de los primeros tiempos del poder soviético: Durante los tres años de revolución, en los que se derribaron los pilares fundamentales de la sociedad burguesa y se intentaba tenazmente erigir con la mayor rapidez posible las bases para la sociedad comunista, reinaba una atmósfera en la que las tradiciones rebasadas se extinguían con rapidez increíble. En su lugar brotaban ante nuestros ojos formas totalmente nuevas de sociedad humana. La familia burguesa ya no era indispensable. La mujer por razón del trabajo general obligatorio para la comunidad, y en ésta, se encontraba con formas de vida totalmente originales. Se hallaba obligada a estar presente en el trabajo no sólo exclusivamente para su propia familia, sino también para la colectividad; surgían nuevas condiciones de vida y también nuevos tipos de matrimonio.

En 1919 se trasladó al comisariado del pueblo de Propaganda y Agitación de la República de Crimea.

A partir de 1920 fue responsable de la organización de mujeres del Partido bolchevique, encargada del trabajo político entre las obreras.

En los años 1920 y 1921, durante la discusión acerca de los sindicatos, Kolontai participó activamente en la fracción antipartido denominada oposición obrera, que comenzó a actuar por primera vez con este nombre en setiembre de 1920 en la IX Conferencia del Partido bolchevique. Sus tesis eran de tipo anarcosindicalista y preconizaban que la dirección de la economía pasara a los sindicatos, a los que reputaban como una forma superior de organización de la clase obrera, contraponiéndolos al Estado y al Partido. El X Congreso criticó estas posturas y la mayor parte de sus miembros de la fracción, entre ellos Kolontai, la abandonaron.

Por eso precisamente, la obra más divulgada de Kolontai en los países capitalistas es precisamente “La oposición obrera”, en los que exponía sus erróneos puntos de vista sobre la cuestión sindical.

De 1921 a 1922 fue responsable del Secretariado Femenino Internacional adjunto a la Internacional Comunista.

Desde 1923 ocupó cargos de responsabilidad en el cuerpo diplomático. Fue la primera mujer embajadora de la historia. Primero fue representante comercial plenipotenciaria de la URSS en Noruega, después agregada al cuerpo diplomático en calidad de encargada de negocios en mayo de 1924 y, finalmente, ministra plenipotenciaria y enviada extraordinaria de la URSS en Noruega en agosto de 1924. De 1926 a 1927 dirigió la embajada de la URSS en México pero, a causa de problemas cardiacos, volvió a su puesto en la embajada de Noruega hasta 1930, donde logró que el renegado Trotski fuera expulsado de aquel país. Entre este año y 1945 fue embajadora en Suecia y desempeñó un papel activo en la preparación del Tratado de Paz con Finlandia por lo que fue candidata para el Nobel de la Paz en 1943.

En 1945 regresó a Moscú, donde vivió retirada y falleció el 9 de marzo de 1952.
 

Más información: 

– Recuperemos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora de las manos de la burguesía
– 8 de Marzo, el día que las mujeres proletarias le prendieron fuego al mundo 

Clara Zetkin: el feminismo, la clase obrera y la revolución socialista

Clara Zetkin nació el 5 de julio de 1857 en Wiedenau (Sajonia). Era hija de un maestro rural. De los 17 a los 21 años estudió magisterio en Leipzig, en donde entró en contacto con un grupo de estudiantes rusos exiliados, entre los que se hallaba el revolucionario Ossip Zetkin, afiliado a la socialdemocracia alemana, con quien se casó en 1882.

En 1880 se trasladó a Austria y luego se trasladó a Zurich, donde al año siguiente se afilió al Partido Socialdemócrata alemán.

En 1882 se instaló en París, donde también desarrolló una intensa actividad política. En 1889 trabajó activamente en la preparación del Congreso de fundación de la II Internacional con numerosos artículos en la prensa socialista alemana. Acudió al mismo como corresponsal del órgano de prensa del Partido y en calidad de delegada de las mujeres socialistas de Berlín, destacando ya por su gran preocupación por la organización del movimiento femenino proletario.

Volvió a Alemania en 1890, como organizadora de la sección femenina del Partido y redactora del órgano de prensa femenina de la socialdemocracia alemana. Desde entonces hasta el estallido de la I Guerra Mundial en 1914, participó en todos los Congresos de la II Internacional. En 1893 conoció a Engels en el III Congreso, con quien le unió siempre una estrecha amistad.

Durante toda su vida fue una activa promotora de la incorporación de la mujer a la lucha proletaria, realizando importantes investigaciones históricas sobre el papel de la mujer trabajadora en la sociedad capitalista. Siempre fue una valiente propulsora de los derechos de la mujer dentro y fuera del movimiento obrero. Esta gran revolucionaria se había planteado una gran tarea: organizar el movimiento feminino socialdemócrata. Las condiciones para alcanzar este objetivo eran realmente difíciles: no se reconocía el derecho de voto a la mujer y se la prohibía su adhesión y participación en organizaciones y asambleas políticas. En 1896, en el Congreso de Gotha, desarrolla su primer informe importante sobre la cuestión femenina, sentando las bases del trabajo entre este sector. En este Congreso plantea así las cosas:

“La lucha de emancipación de la mujer proletaria no puede ser una lucha similar a la que desarrolla la mujer burguesa contra el hombre de su clase; por el contrario, la suya es una lucha que va unida a la del hombre de su clase contra la clase de los capitalistas […] El objetivo final de su lucha no es la libre concurrencia con el hombre, sino la conquista del poder político por parte del proletariado. La mujer proletaria combate codo a codo con el hombre de su clase contra la sociedad capitalista […] ¿Cuáles son las conclusiones prácticas para llevar nuestra agitación entre las mujeres? […] El principio-guía debe ser el siguiente: ninguna agitación específicamente feminista, sino agitación socialista entre las mujeres. No debemos poner en primer plano los intereses más mezquinos del mundo de la mujer: nuestra tarea es la conquista de la mujer proletaria para la lucha de clases. Nuestra agitación entre las mujeres no incluye tareas especiales. Las reformas que se deben conseguir para las mujeres en el seno del sistema social existente ya están incluidas en el programa mínimo de nuestro partido”.

En la conclusión de su informe al Congreso señaló:

“La inclusión de las grandes masas de mujeres proletarias en la lucha de liberación del proletariado es una de las premisas necesarias para la victoria de las ideas socialistas, para la construcción de la sociedad socialista.

“Sólo la sociedad socialista podrá resolver el conflicto provocado en nuestros días por la actividad profesional de la mujer. Si la familia en tanto que unidad económica desaparece y en su lugar se forma la familia como unidad moral, la mujer será capaz de promover su propia individualidad en calidad de compañera al lado del hombre, con iguales derechos jurídicos, profesionales y reivindicativos y, con el tiempo, podrá asumir plenamente su misión de esposa y de madre”.

En 1907 impulsa la primera conferencia internacional de mujeres, y en 1910, durante la conferencia de mujeres socialistas celebrada en Copenhague, propone la resolución que convirtió al 8 de marzo en el Día Internacional de la Mujer, homenajeando así a las 129 trabajadoras de la fábrica Sirtwood Cotton de Nueva York, que, tras encerrarse en su lugar de trabajo para reivindicar un salario digno y la reducción de la jornada de trabajo a 10 horas, murieron carbonizadas en el interior del recinto tras un incendio que provocó su patrono en respuesta a esta pacífica huelga.

Pero, como gran revolucionaria, Zetkin participa también activamente en la vida política del Partido Socialdemócrata alemán, destacando como una de las principales protagonistas de la lucha contra el creciente reformismo en su seno. Abandonó el periódico femenino en 1917 por no seguir la línea política del Partido, entonces manejado por los revisionistas seguidores de Bernstein, representante del ala oportunista de la socialdemocracia alemana.

El reformismo había ido anidando en el Partido Socialdemócrata alemán en los años anteriores a la I Guerra Mundial y en los escritos de Zetkin notables testimonios de la lucha contra esta corriente, primero intentando hacer comprender sus errores al ala reformista del Partido y, posteriormente, combatiéndolos a muerte.

Desarrolló una importante actividad contra la guerra imperialista, trabajando incansablemente durante este periodo en una campaña antimilitarista y antimperialista. En 1912, ante la inminente amenaza de la guerra, en el Congreso de la II Internacional celebrado en Basilea, pronuncia un apasionado discurso sobre la amenaza de guerra y por la movilización del proletariado en contra de la misma. En 1915 organiza en Suiza una conferencia internacional de mujeres socialistas contra la guerra imperialista.

A partir de 1917 rompe con la camarilla revisionista y trabaja junto a Rosa Luxemburgo en la lucha antimperialista, se une a los espartaquistas y es encarcelada en numerosas ocasiones. En 1918 es miembro del primer Comité Central del Partido Comunista y, al año siguiente, interviene en la fundación de la Internacional Comunista. Desde entonces su actividad se funde con la del Partido Comunista alemán y la de la Internacional. A partir de 1921 formó parte del Comité Ejecutivo y del Presidium de la Internacional Comunista y mantuvo estrechos contactos con Lenin, con quien contrasta sus ideas respecto a la cuestión femenina y al movimiento obrero internacional.

Representó como diputada al Partido Comunista alemán en el Reichstag desde 1920 hasta 1932, aprovechando su última intervención parlamentaria para hacer un llamamiento a la unidad antifascista para frenar a los nazis.

En 1920 fue elegida presidenta del Movimiento Internacional de Mujeres Socialistas.

En 1924, junto con Elena Stasova y Tina Modotti, fundó y dirigió el Socorro Rojo Internacional, organización solidaria de asistencia a las víctimas de la reacción y el fascismo.

Por su veteranía, en 1932 fue nombrada Presidenta del parlamento alemán, el último antes de la llegada de los nazis al poder al año siguiente. Cuando sucedió esto, se exilió a la Unión Soviética y falleció en un hospital cerca de Moscú el 20 de junio de 1933, a la edad de 76 años, enferma y prácticamente ciega. En una solemne ceremonia en la que tomaron parte cientos de miles de moscovitas y numerosos delegados del movimiento obrero internacional, la urna con los restos de esta gran comunista quedó depositada en la muralla del Kremlin.

Intervención de Zetkin en un mitin

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