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El Estado no tiene padres (reconocidos)

Nicolás Bianchi

Y por ello ni es huérfano ni está por encima de las clases sociales. Los recientes autos de la Audiencia Nazional han desestimado las indemnizaciones solicitadas por las víctimas de familiares de ETA ocasionadas por los grupos paramilitares, especialmente los GAL, es decir, lo que se conoce en cualquier manual de Derecho Político como «terrorismo de Estado». La tesis es que «la única violencia ejercida es la de ETA». Y a tomar por saco, que diría un castizo.

Hace ya bastantes años, por 1991, la Audiencia Nazional sentenció que los GAL no constituyeron un grupo paralelo de poder inserto en los aparatos del Estado. El fallo indicaba que no fue posible determinar la estructura interna, ni la escala jerárquica de los GAL, ni sus fuentes de financiación, con lo lo que quedaba en la oscuridad la famosa X del por entonces juez-estrella Garzón. Se condenaba a los policías Amedo y Domínguez por asociación ilícita y no por pertenencia a banda armada. La absolución del Estado como responsable civil presuponía que los condenados actuaron como particulares e impidió que se investigase por la financiación pública -a través de los fondos reservados del Estado- de los atentados de los GAL. Como dijo un portavoz del PNV de entonces, «por la sentencia pareciera que Amedo y Domínguez fueran empleados de una empresa de seguridad y no funcionarios de la Seguridad del Estado». O sea, que actuaban a título individual contratando a amigos matones para ejecutar sus acciones criminales. Y no como «chivos expiatorios» con el fin de evitar sentar en el banquillo al, a la sazón, Gobierno del PSOE y a altos responsables de los aparatos del Estado. Julio Anguita, por ejemplo, entonces coordinador general de Izquierda Unida, manifestó estar en «profundo desacuerdo», o algo así, con la sentencia, pero dijo «acatarla». Un primor el Califa…

Años más tarde, un instructor del Tribunal Supremo notificó un auto de procesamiento contra José Barrionuevo, primer ministro del Interior del presidente Felipe González, y Rafael Vera, exsecretario de Estado para la Seguridad, estableciendo que consintieron la organización de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) y se integraron en esta banda armada en «funciones directivas». La resolución decreta -decretaba- el procesamiento de Barrionuevo por detención ilegal (secuestro de Segundo Marey el 4 de diciembre de 1983), malversación y relación con banda armada, delito este que se atribuye, también, a Vera, que era quien manejaba los fondos reservados, uno para ti, dos para mí, y patada a seguir. Aquí tenemos que el juez ya identifica a Barrionuevo y Vera con las personas «presuntamente integradas o relacionadas con bandas armadas que planeen, organicen, ejecuten, cooperen o inciten» de modo directo a la realización, entre otros delitos, de detenciones ilegales bajo cualquier condición.

Sea lo que fuere o dijeran distintos tribunales, el quid de la cuestión está en que el Estado (fascista) no reconocerá asociación ilícita y no digamos «pertenencia a banda armada» a nadie -aunque sea funcionario como Amedo o el paripé de Barrionuevo y Vera a las puertas de la prisión de Guadalajara con el caluroso abrazo del prestidigitador González, «el cuervo», como le llamara el recién desaparecido Javier Krahe- que se le relacione con los aparatos del Estado y, en consecuencia, con el «terrorismo de Estado» (si acaso el «monopolio de la violencia» de Max Weber). Y siendo esto así, y es así porque me sale de los willies, ¿cómo indemnizar a quienes se reclaman víctimas de este supuesto terrorismo si no lo hay? Sería tanto como reconocer que, efectivamente, lo hubo y, por lo tanto, es legítimo y están en su derecho estas víctimas de los GAL en pedir justicia. Sería admitir que los GAL son tan banda armada como la banda armada ETA. Y no, va a ser que no, a pesar de la instantánea que se pudo ver de Barrionuevo y Vera entrando en la prisión de Guadalajara. Sólo existe una «banda armada» y terrorista: ETA. Las indemnizaciones a sus víctimas (que buen negocio hacen con este chollo que les ha caído del cielo, nomás y como quien dice). Los GAL pasaban por ahí y mataban gente por deporte no constituyendo «banda armada», sino vulgares malhechores, así que el Estado no se siente en la obligación de nada, y menos de familiares de «terroristas», que estos sí constituyen «banda armada» y seguro que comulgan con sus ideas disolventes y subversivas.

No se entiende bien la actitud de estos familiares, que no van por dinero, a diferencia de las otras «víctimas» con sus excepciones, claro es, sino porque se les reconozca como víctimas… ¿de quién? ¿Del Estado español fascista? Si es esto, ¿cómo esperar algo? Y si no lo es, si resulta que es un Estado de Derecho, como les gusta fardar, y sucede que tampoco reconocen más víctimas que las del «terrorismo de ETA», entonces, ¿qué es? ¿Qué es esto? ¿Un acertijo? ¿Todavía andamos así?

El pueblo sabe perfectamente quienes son los terroristas y no hace falta ir a ningún recurso y menos a tribunales dependientes de la mayor banda armada y organizada: el Estado español fascista.

Los capos del PSOE-GAL se despiden a las puertas de la cárcel de Guadalajara

Más de la mitad de los jóvenes son partidarios del boicot electoral

A solo unos meses de las elecciones generales los partidos se han embarcado en una carrera en la que los nuevos votantes son la joya más buscada. Los redactores de discursos, los expertos en márketing, los diseñadores de logos dirigen sus redes a los que menos tiempo llevan participando en política. Sin embargo, el voto joven no está por la labor y la mitad de los votantes de entre 18 y 30 años manifiesta su intención de abstenerse en las próximas elecciones generales.

Los datos de las encuestas son demoledores: la abstención entre los jóvenes será superior al 50 por ciento en las próximas elecciones. Según los datos del INE, en la próxima convocatoria electoral habrá cerca de un millón de nuevos votantes, lo que explica el interés de los partidos en seducir a los más jóvenes.

Hace dos años sucedió algo más claro todavía: el 51,6 por ciento del llamado voto joven, de 18 a 30 años, optó por la abstención.

El capitalismo no ofrece ningún futuro a la juventud. El paro juvenil es monstruoso, los que trabajan lo hacen en unas condiciones laborales horribles y el precio de las viviendas es imposible para ellos, sea de propiedad o en alquiler.

No es un fenómeno exclusivo de España. En todos los países occidentales la abstención electoral prima entre la juventud, un fenómeno que ha generado perplejidad y preocupación.

Los niveles tan bajos de participación electoral y en las actividades institucionales contrastan con la participación de la juventud en otro tipo de actividades no sólo fuera del sistema sino en contra suya, como en los barrios y en los centros okupados.

La conclusión es que la participación que el Estados ofrece a la juventud no le interesa lo más mínimo, por lo que buscan otras formas, que son oposición, más que de participación.

Rehenes políticos

Nicolás Bianchi

La lucha armada de ETA -antes de su final- y, por extensión, la del segmento más concienciado políticamente del pueblo vasco, no ha sido tanto -a mi juicio- la pelea por la liberación nacional, que también, puesto que Euskal Herria nunca ha sido una colonia de la «metrópolis» española, como la permanente denuncia, empleando vías armadas o pacíficas, de una nación sin Estado que grita su derecho a la autodeterminación y, en su caso, la independencia y, por ende, a formar un Estado. El carácter que adopte este futuro Estado ya es otro cantar que sólo la lucha de clases, en primer término, aparte otros factores, decantará (más que una «sociedad» indiscernible o un «pueblo» vagaroso y vagoroso).

En Euskadi no se han enfrentado, militarmente hablando, dos ejércitos. Si así fuera, los militantes de ETA habrían ido uniformados (como las FARC, por ejemplo, o el IRA) para enfrentarse a un enemigo que sí va uniformado, como las FSE. He aquí una diferencia. Otra es que un voluntario de una organización armada que aspira a la independencia de su pueblo -ahora sí cabe hablar de liberación nacional o MLNV, expresión que hasta Aznar empleó trastabillándose, eso sí, la falta de costumbre- o la revolución política (que implica la social), está dispuesto a matar y morir por su causa, que no es cualquier causa, sino la más democrática de todas, a saber, el derecho a decidir de la población de un territorio geográfico y un marco político concreto y no otro, mientras el ocupante, el invasor, el que oprime nacionalmente a un pueblo determinado, quien va uniformado, quien representa una autoridad «políticamente» ilegítima por antidemocrática y fascista, está dispuesto a matar, pero no a morir, ah, esto no, que no va en el guión, y me habían contado otra película. Y ello porque no tiene ninguna causa que defender, salvo la de una soldada, esto es, un interés particular frente a una causa desinteresada exceptuando unos objetivos políticos por los que se juega la vida. Otra diferencia, como ya dijimos.

En conclusión: el carácter político del enfrentamiento armado lo da el enemigo que disimula tal carácter llamando «terrorista» a quienes se resisten a la opresión. Esto ha pasado toda la puta vida y no decimos nada nuevo. Para ello, como es sabido, cuentan con la maquinaria propagandística (ya no hay medios de comunicación, sino de propaganda) para cloroformar y lobotomizar, somatizar y sodomizar, a eso que llaman la «opinión pública».

Conviene recordar estas cosas pinten bastos o la ocasión la pinten calva, salvo que estemos hablando de otra cosa. Como también conviene no olvidar -otra diferencia- que ETA (o los GRAPO en su momento) no es un ejército uniformado, no hace prisioneros uniformados del enemigo ergo: no tortura, ni tiene cárceles ni territorios «liberados», no es, no era, una guerra convencional (hoy ninguna lo es).

Pues bien, si es verdad, como se viene diciendo, que vivimos nuevos tiempos dylanianos de cambio de ciclo, es preciso poner en primer lugar y no posponer la lucha por la excarcelación de todos los presos políticos vascos y no vascos. Especialmente los más chantajeados, o sea, los que están gravemente enfermos o han cumplido sobradamente su condena. Ellos son la verdadera memoria histórica de los pueblos. Y las auténticas víctimas directas de la opresión terrorista del Estado fascista.

Supongo que este «discurso» le aburre a un posmoderno como «El Coletas» -dicho «sin acritud», como decía su alter ego Felipe González- escrito por un «cenizo» con «cultura de derrota» (esta es nueva, siempre se aprende algo de estos chicos). Hala, a triunfar, que son dos días: carpe diem. Y, cuando vengan mal dadas, a dar conferencias y escribir una «Memorias» para Planeta.

La pitada

Nicolás Bianchi

Esta vez no han podido «invisibilizar» la, como ellos mismos titulan, «monumental pitada» (xiulada, en catalán; txistu egin, en euskera) al himno español en la final de Copa disputada en el Nou Camp de FC Barcelona (con Franco había que decir «CF» igual que «Atlético» y no Athletic de Bilbao) y es que, en los últimos siete años ha habido tres finales de Copa entre bilbaínos y barceloneses, un mal trago, sin duda, para los españolazos que, nomás abren el pico, generan más independentistas («separatistas», en su jerga) a mogollón. Hasta los telediarios de TVE abren con esta noticia para, a continuación, decir que la Comisión Antiviolencia (¿qué será eso?) va a estudiar «la cosa» y poner sanciones económicas… ¿a quién? ¿al club? ¿a las aficiones vasca y catalana? Como dice Artur Mas, nacionalista burgués a quien el nacionalismo español más burro, lerdo y montaraz,  le convierte casi en un burgués revolucionario de la época de la Revolución francesa, «ridículo», algo que sólo consigue el efecto bumerán (boomerang), es decir, escupir al aire para que te caiga encima el esputo, el lapo.

Y es que no espabilan, no aprenden, son como niños malcriados en las ubres del franquismo, como Esperanza Aguirre, que decía Manuela Carmena sin mucho entusiasmo, la verdad, esta menchevique conciliadora, pero apuntó bien, vaya, que no se diga de nosotros que tenemos cartolas y orejeras. Toda la prensa generalista y deportiva, emisoras de radio, «progres» o fachas o mediopensionistas, han coincidido en decir que la pitada, el pitadón monumental, ha sido «una falta de respeto», una falta de educación al himno español, a la «Marcha Real» propia de los Borbones, que no del pueblo español, que esto bien que se lo callan, como también callan, igual ni lo saben, otra pitada que hubo ¡en 1925!, en plena Dictadura de Primo de Rivera contra ese himno en Las Corts, como se llamaba entonces el estadio del Barcelona (situado en otro sitio que el actual).

Como no pueden meter en el trullo a todos los «pitantes», que es lo que les gustaría, han decidido ponerse estupendos y decidir que los que pitan son gente maleducada que no sabe respetar un himno «de todos los españoles», o sea, una cuestión de pedagogía y didascalia (si no meto un palabro raro, reviento), de gente con mal carácter y nada fina cuando no de mal vino, y no como ellos, gente con talante, sportsman, de estirpe, buena y alta cuna y… demócratas. Gente de clase, vaya. Y no la chusma de las gradas del estadio culé. Pedir que se pregunten por qué se pita, ¡¡tres veces en siete años!!, repito, el himno antiespañol, que sería lo más apropiado decir, sería, dirían estos delincuentes del periodismo, mezclar «deporte y política». No es que sean incapaces de analizar las cosas -bueno, algún Roncero desbocado y bocazas sí habrá- o no ver el por qué de lo que pasa y el por qué de las pitadas, simplemente ocultan la raíz del problema, lo silencian, o, si resulta ya problemático, manipulan y deciden que es una cuestión de educación, o sea, de parvulitos, de que la plebe no saca buenas notas, o sea, para septiembre. Son, ya lo dije, delincuentes porque mienten a sabiendas. Y fatxas porque ya están pensando en sanciones, que es lo único que saben hacer como solicita el exdirigente de Fuerza Nueva Tebas que dirige la Liga de Fútbol Profesional. Pitadas elocuentes que dicen más que todo el discurso dominante de estas gentecillas que sólo saben robar y darse la gran vida hasta el día menos pensado…

IV Jornadas por la Amnistía

Los militantes de Resistencia Popular Canarias queremos mandar un caluroso saludo a las IV Jornadas por la Amnistía de los Presxs Políticxs que se celebrarán en el E.S.L.A “El Eko” (Madrid).


Desde la creación de nuestro colectivo, la amnistía y el acercamiento de todos los presos antifascistas ha sido una de las señas sobre las que nos hemos asentado y no queremos que las condiciones geográficas sean un impedimento para que, aunque sea de esta forma, quede reflejado todo nuestro apoyo con los organizadores, grupos musicales y asistentes a estas jornadas tan importantes para profundizar las luchas por los que han sido encerrados por la represión del estado.

Sin más dilación, esperamos que las Jornadas tengan un gran éxito y que sepan que desde aquí siempre estaremos dispuestos a apoyar toda acción por la Amnistía.

Un saludo, 

Resistencia Popular Canarias, 12 de febrero de 2015

La masacre de los obreros de Vitoria en 1976

Los  sucesos del 3 de marzo de 1976 siguen muy vivos en la memoria de Vitoria. Aquel día, la Policía desalojó por la fuerza a los trabajadores que celebraban una asamblea en la Iglesia de San Francisco. El desalojo se saldó con cinco muertos por heridas de bala disparadas por los agentes y cientos de heridos. Ese episodio sangriento de la historia vitoriana quedó plasmado en el documental Vitoria: marzo 1976. Un documental grabado, montado y distribuido en la España post-franquista por el Colectivo de Cine de Madrid (CCM), que en aquellas fechas se desplazó a la capital alavesa para filmar de manera clandestina.
Adolfo Garijo, uno de los cinestas integrantes de CCM, ha rememorado casi 40 años después de aquella tragedia cómo fue la grabación. Invitado por la Asociación Víctimas 3 de Marzo, Garijo reflexionó sobre la importancia del cine y la fotografia en la activación social. «Una mezcla de pasión, inconsciencia y militancia nos llevó a filmar el 3 de Marzo», asegura el cineasta, acostumbrado hasta ese momento a grabar protestas y huelgas obreras en Madrid.
El documental de Garijo ha permitido mantener vivo durante todos estos años la denuncia de lo que pasó en Vitoria. Con apenas 22 años, se acercó a la capital alavesa desde Madrid con otros dos compañeros. Era el día después del 3 de marzo. «En un día agotador, caída ya la tarde tras la impresionante manifestación que fue el entierro, la gente de Comisiones nos llevó al escenario donde habían ocurrido los hechos. En las paredes se veían los impactos de bala y aún quedaba sangre en el suelo donde alguien había sido abatido».
«Borrachos de multitud como nunca lo habíamos estado en esa contradictoria y reprimida España pos-franquista, habíamos rodado por primera vez sin interferencias policiales porque la policía, la uniformada, no estaba en la calle. Se había ordenado que permanecieran en los cuarteles para no provocar una nueva masacre», recuerda Garijo en algunos pasajes del libro que escribió sobre sus experiencias fílmicas. Pero acabado el entierro, también terminó la tregua. «Los grises hicieron de nuevo su aparición en la calle».
A pesar del riesgo, Garijo y su equipo insistieron en realizar una última entrevista a familiares de las víctimas. Esa entrevista jamás se le olvidará. «De un golpe, se nos pasó la alegría de ver a una ciudad entera en la calle manifestándose contra la dictadura». El enlace de Comisiones les acercó hasta un piso de protección oficial donde les esperaban un hombre de 50 años, su mujer y una hija. «La policía había matado a su hijo. La euforia de vernos entre una multitud que gritaba contra la dictadura había dado paso al tremendo drama humano de una familia ante la muerte».
«El padre», prosigue Garijo, «que quería ser entrevistado y hablar de la injusticia de la muerte de su hijo sufrió una rotura en sus entrañas y comenzó a llorar. Solo se oían sollozos o lágrimas silenciosas. Nadie hablaba. La cámara rodaba y rodaba y el pobre hombre lloraba y lloraba, con unas lágrimas como cataratas de agua o trozos desgajados de sufrimiento que salían a borbotones de sus órbitas». Quería hablar, pero el llanto se lo impedía. «Regresamos a Madrid en un silencio espeso que nos había amargado el baño multitudinario antifranquismo».
Uno de los socios de Garijo vendió posteriormente los derechos de la mayor parte del documental a TVE, que lo ha encerrado en un cajón y del que nadie ha sabido nada. «He pleiteado por esos derechos, pero el juez no me ha dado la razón. El documental completo es patrimonio de todos los ciudadanos que aparecen en esas imágenes, de la ciudad de Vitoria», clama Garijo.
Koldo Larrañaga también es autor de muchas de las fotografías que han acompañado la denuncia de lo ocurrido el 3 de Marzo. Este sacerdote, fotógrafo y cineasta amateur grabó las imágenes de la montaña de casquillos y balas disparadas por la policía y recogidas en la Iglesia de San Francisco. «Unas imágenes que ‘misteriosamente’ han desaparecido«, se lamenta Larrañaga.

Documental sobre la masacre de 1976 en Vitoria
http://www.eldiario.es/norte/euskadi/Adolfo-Garijo_0_340516610.html

Rosón: el azote fascista de Galicia

Solidaridad Obrera

Los herederos de la familia de ese fascista que fue Juan José Rosón, militante falangista de pro, Gobernador Civil de Madrid de 1976 a 1980 y Ministro del Interior de 1980 a 1982, se han especializado en perseguir a todos aquellos que aireen su pasado de criminales fascistas.

En esta situación se encuentra ahora el compañero Alfredo Grimaldos por su libro «La sombra de Franco en la Transición», que desde este sindicato hemos recomendado a nuestros afiliados y a todos los trabajadores.

En 1978, la revista Interviú publicó el reportaje titulado, “Los Rosón, azote de Galicia”, en el que se relataban las hazañas de Antonio Rosón Pérez, durante los meses inmediatamente posteriores al golpe de Estado fascista del 18 de julio de 1936. Como alférez de complemento, actuó de jefe militar de los sublevados en la zona de Becerreá, en Lugo, a lo largo de ese periodo crítico.

Antonio Rosón se convirtió, muy poco después, en el primer presidente de la Xunta de Galicia y su hermano Juan José Rosón era gobernador civil de Madrid en el momento que Interviú publicó el reportaje.

Los Rosón utilizaron entonces todos sus recursos políticos para conseguir que se secuestrara la revista en dos ocasiones.

Pues bien, treinta años después, los Rosón atacan de nuevo, en esta ocasión los herederos de Antonio y Juan José Rosón Pérez, fallecidos ambos en 1986. Han presentado una demanda de protección al derecho al honor por las alusiones que se hace a este clan caciquil lucense en un capítulo del libro de Alfredo Grimaldos.

Están empeñados en que no se conozca la historia de su familia.

Entonces, en 1978, el pleito judicial se resolvió, en primera instancia, con una sentencia favorable a Interviú dictada por la Audiencia Provincial de Barcelona, pero luego, en casación, un Tribunal Supremo cuajado de jueces franquistas y del que formaba parte incluso un cuñado de los Rosón, revocó la sentencia dándoles la razón a ellos.

Ahora quieren callar a Alfredo Grimaldos. La base de la investigación sobre Antonio Rosón incluida en su libro son artículos laudatorios hacia él publicados en el diario El Progreso, de Lugo, entre julio y septiembre de 1936.

Es lo que decían los propios fascistas de la actividad represiva del mayor de los Rosón. En Lugo no hubo guerra civil, se produjeron escasos focos de resistencia a favor de la legalidad republicana, aplastados por las tropas franquistas, que avanzaron con facilidad y, en pocos días, controlaron toda la región. Los asesinatos en las cunetas y las condenas a muerte dictadas por los tribunales militares tuvieron como víctimas a republicanos que defendían la constitución vigente y que, en su mayoría, no habían tenido siquiera la posibilidad de participar en ningún hecho de armas.

Antonio Rosón encabezó la “limpieza” de la zona de Becerreá, durante los primeros meses posteriores al alzamiento militar, según publica El Progreso en varias notas. Por ejemplo, en el ejemplar del 23 de agosto de 1936, se puede leer: “Es de señalar la labor altamente patriótica que están desarrollando los señores D. Antonio Rosón, jefe militar en esta villa; don Fermín Pérez Rosón, médico de Los Nogales y jefe de Falange; D. Luis Rosón y D. Manuel Pérez Rosón, jefes locales en Becerreá y Cervantes, respectivamente, quienes, con su alma de gigantes, están haciendo una labor magnífica en defensa de la Patria. Con su gran olfato policiaco, van directamente a las madrigueras en donde se esconden los huidos, causando verdadero terror entre estos”.

En el libro no se afirma que Antonio Rosón participara personalmente en ningún asesinato, no hay pruebas de eso, pero sí en la persecución y el encarcelamiento de antifascistas, como parece obvio. Algo que él mismo reconoce, quitándole hierro, por supuesto, en unas declaraciones a la revista Cambio 16 publicadas el 7 de mayo de 1978:

“Al llegar a Lugo se me comisionó para que fuera con la Guardia Civil a mi pueblo, y con otros grupos de gente armada que había en los cuarteles de San Fernando, con objeto de que desaparecieran las barricadas y los registros domiciliarios.
Volvimos produciendo un poco de ruido, para que la gente se marchara, ¿comprende?”

Sólo un poco de ruido, en días de fusilamientos indiscriminados y criminales ajustes de cuentas.

Está claro que él era quien mandaba en la zona, como vuelve a señalar El Progreso del 19 de septiembre de 1936: “Debido a la actividad del jefe militar en esta villa, el alférez de complemento D. Antonio Rosón, son muchas las armas recogidas en este partido judicial, calculándose en más de cien las armas largas y aproximadamente las cortas en unas cincuenta, muchas de ellas tan antiguas que ni las marcas se les conoce”.

Mientras tanto, empiezan a publicarse a diario, en el mismo periódico, los nombres de los que son “pasados por las armas” después de consejos de guerra sumarísimos sin las más mínimas garantías jurídicas.

Aún no se sabe donde están enterrados los cadáveres de la mayoría de esos antifascistas asesinados por los hombres que estaban bajo el mando de Antonio Rosón.

A partir de octubre de 1936, el hermano mayor de este clan caciquil participa en las farsas judiciales franquistas en su calidad de abogado y militar. A los detenidos se les acusa de un delito de “rebelión”, por haberse mantenido fieles a la legalidad. El día 7 de octubre, El Progreso se encarga de despedirle y de recordar sus méritos: “Fue destinado a Lugo el distinguido abogado, alférez de complemento, D. Antonio Rosón. Hasta la fecha prestó los servicios militares en esta villa, en donde actuó como comandante militar desde el principio del Movimiento, desempeñando su cometido con gran acierto. Sentimos la marcha de tan buen amigo”.

Juan José Rosón, por su parte, después de desarrollar una larga carrera política durante el franquismo, vistiendo la camisa azul con el yugo y las flechas, fue el responsable de numerosos asesinatos de militantes antifranquistas en la calle a manos de las fuerzas policiales que él mandaba. Y llegó al Ministerio del Interior en 1980, el año más sangriento de la Transición, en el que la extrema derecha y los grupos parapoliciales provocaron dos docenas de asesinatos.

Casi setenta años después del parte oficial de guerra del 1 de abril de 1939, todavía sigue siendo muy difícil indagar en la represión franquista de la guerra y la posguerra. Esa es una consecuencia de la pervivencia del Estado franquista a lo largo de la Transición, un periodo que también estuvo marcado por una fuerte actividad represiva del poder contra los movimientos populares. Los enjuagues de la Transición están en el origen de los problemas que seguimos teniendo ahora para recuperar nuestra memoria histórica.

No sólo se miente sobre lo que sucedió entre 1936 y 1939 y, después, durante toda la dictadura franquista. También sobre hechos mucho más recientes. La imagen oficial de la Transición se ha construido sobre el silencio, la ocultación, el olvido y la falsificación del pasado. No se ha purgado el franquismo en esta sociedad. Los asesinos que aún viven, y sus herederos, están crecidos. Se revuelven como fieras ante cualquier indagación sobre el pasado.

Las dificultades que tenemos todavía son consecuencias de la Transición, en la que se pactó la amnesia colectiva. Una sumisión al franquismo que supuso un nuevo crimen contra las víctimas de ese régimen de terror.

Hay que recordar que más de 100 antifascistas perdieron la vida en las calles, entre 1976 y 1980, a manos de las fuerzas policiales mandadas por Martín Villa y Rosón. Y en atentados de la extrema derecha instrumentalizada desde el poder. La mayoría de ellos tenía alrededor de 20 años. La historia oficial se ha olvidado deliberadamente de todos ellos. Hay que reivindicar permanentemente su memoria.

La Transición supuso una Ley de Punto Final del Franquismo, nos dejó al Borbón en el trono, muchos muertos sin rehabilitar y a los asesinos sin condenar. Los tribunales de justicia aún se siguen oponiendo a la revisión de los consejos de guerra franquistas, auténticas aberraciones jurídicas.

Aquí no ha habido ninguna reconciliación: han querido imponernos la rendición de la memoria. Pero a pesar de las demandas de protección del derecho al honor de los verdugos, no vamos a renunciar a nuestra propia historia. Es fundamental seguir trabajando para romper la barrera tejida por la intoxicación, la mentira y el olvido.

La saga de los Rosón, sus herederos y las reclamaciones judiciales
El Solidario, Solidaridad Obrera, pgs.48 y 49
www.solidaridadobrera.org/downloads/solidario/el_solidario13.pdf

El calvario del periodista Alfredo Grimaldos comenzó en 2004 con la publicación del libro «La sombra de Franco en la Transición» y en 2012, ocho años después, continuó con la condena por parte del Tribunal Supremo por atentar contra el honor del clan Rosón.

Pues bien, señores del Tribunal Supremo: ese mismo año en el que Ustedes dictan su sentencia inquisitorial, el clan familiar cuyo honor defienden seguía haciendo de las suyas y la policía detuvo a Javier Eduardo Rosón Boix, involucrado en la Operación Emperador que desarticuló la mafia china de Gao Ping.

Rosón Boix trabajaba en una sucursal de Madrid del Banco Sabadell como abogado especialista en el lavado de dinero negro y la evasión fiscal. Había organizado su propia red con la ayuda de Frederic François Mentha, un gestor de la banca suiza. La policía registró dos domicilios ligados a él e intervino su vehículo, un Mercedes SL500. Le relacionan con una española de origen israelí, Malka Mamman Levy, alias La Sobrina, auténtica cerebro de la banda criminal de blanqueo de dinero.

Es el hijo pequeño de Juan José Rosón, antiguo cacique gallego, antiguo gobernador civil de Madrid, antiguo ministro del Interior en los tiempos de UCD…

Este es el «honor de la familia Rosón» que defienden los jueces españoles.

Para descargar el libro ‘La sombra de Franco en la Transición’ de Alfredo Grimaldos:

La ideologia antiterrorista

Nicolás Bianchi

El llamado “terrorismo” es una “lacra” hasta que o bien triunfa, o bien es derrotado. Es entonces que se le explica, se le comprende, se le entiende y, sobre todo, se le historiza. Hay numerosos ejemplos acerca de los que ayer eran “terroristas” y hoy son héroes y hasta Jefes de Estado. Es lo que tiene la lucha de clases y la guerra de clases en sus fases agudas o atenuadas, agrias o mitigadas. En el Estado español –concepto este, ya lo dije, acuñado por el franquismo que aspiraba a crear un “Estado Nuevo” fascista more mussoliniano-, al no haber ruptura democrática, se considera que ETA siempre fue “terrorista”, antes y después del advenimiento místico de la “democracia”. El monopolio de la violencia weberiana –como nos recuerda siempre el atormentado y ríspido gauleiter Joseba Arregui- es del Estado y no hay más que hablar. Quien se oponga a él, con las armas en la mano, sobre todo si son armas obreras, es un terrorista, un forajido (fora exitus, un marginado). Si bien el torturador y colaborador de la Gestapo nazi Melitón Manzanas no ha sido considerado –o igual sí y no me he enterado- un demócrata, el hecho de que fuera ejecutado por ETA lo convirtió, automáticamente, en un “mártir” y una “víctima del terrorismo”. O Carrero Blanco. La lucha armada de no importa qué sigla –siempre que sea revolucionaria- tiene la extraña virtud de convertir en demócratas a sus víctimas aún a pesar de ellas mismas. Una rara metamorfosis. Hasta Jesucristo redijo al pescador Pedro que no blandiera la espada en Getsemaní cuando fue prendido por los romanos, o sea, que iban armados, al menos según San Marcos.

Hace ya algunos años el prestigioso y nada sospechoso de complicidad con organizaciones armadas, el antropólogo santurtziarra Juan Aranzadi, acuñó el vocablo “Ideología Antiterrorista” para desenmascarar la mixtificación que suponía presentar la compleja problemática política contemporánea como una lucha maniquea entre la Democracia y el Terrorismo, entre el Bien y el Mal. Es decir, un combate escatológico entre Buenos y Malos. Otrosí, la historia entendida y contada como un tebeo. La “intelligentsia” dominante no da más de sí. De la secularización de la teología en conceptos políticos modernos –del iusnaturalismo al iuspositivismo, del derecho divino agustiniano a Kelsen- , como decía Carl Schmitt, se vuelve otra vez a la teología política: buenos y malos, amigo-enemigo, el Eje del Mal y Occidente (cristiano), choque de civilizaciones, fundamentalistas y civilizados, terroristas y demócratas… Una interpretación hollywoodiense de la historia, un neoinfantilismo de la misma propio de una película de Spielberg.

Dos años y medio de cárcel por una pintada a favor de los GRAPO

La Fiscalía solicita una pena de dos años y medio de prisión para los dos jóvenes de Calpe (Alicante) que fueron detenidos como autores de las pintadas a favor de los GRAPO que aparecieron en la nueva sede del Partido Popular de la localidad, organización a la que también calificaban de nazi.
Los dos jóvenes en proceso de ser criminalizados por las pintadas en la sede del PP son Dani y Laura, ambos de 25 años de edad.

El 12 de mayo los dos detenidos prestaron declaración en el Juzgado de Instrucción 2 de Denia. Serán juzgados el día 22 en el Juzgado de lo Penal número 3 de Benidorm, y podrían enfrentarse a una condena de hasta hasta a dos años y medio de prisión, según la petición formulada por la Fiscalía tras su declaración, que acusa a ambos de la comisión de dos delitos. Por un lado, uno de daños, por el que pueden ser condenados a la multa de 20 meses; y, por otro, un delito de amenazas según lo que tipifica el artículo 170 del Código Penal, que alude a los casos en los que las amenazas van dirigidas “a atemorizar a los habitantes de una población, grupo étnico, cultural o religioso, o colectivo social o profesional, o a cualquier otro grupo de personas, y tuvieran la gravedad necesaria para conseguirlo”.

La declaración de los dos detenidos respondía a la denuncia que contra ellos han interpuesto, como representantes del Partido Popular de Calpe, el alcalde, César Sánchez, y el primer teniente de alcalde, Paco Cabrera. Ambos han acudieron al Palacio de Justicia de Dénia a ratificar su denuncia. El PP cifra en 489 euros los desperfectos ocasionados a su sede, lo que hace que se acuse a los detenidos de un delito de daños, y no de una falta, al superar el importe los 400 euros.

Inicialmente, la Fiscalía chantajeó a los detenidos: si se declaraban culpables se les impondría -al margen de la multa- una pena de dos años por el delito de amenazas, por lo que al no tener antecedentes penales no tendrían que ingresar en prisión. Si no lo hacían, solicitaría para ellos tres años de cárcel. Finalmente, la fiscal dejó en dos años y medio, más la multa, su petición de pena.

Los hechos por los que se acusa a estos dos jóvenes acontecieron cuando de madrugada fueron sorprendidos por la Policía Local cuando realizaban fotografías a las pintadas que emborronaban la nueva sede del PP. Él llevaba un martillo en un bolsillo, con el que la acusación considera que pudo ocasionar los daños que, junto a las pintadas, se produjeron en los ventanales de la sede. También portaba una braga militar, según su versión; un pasamontañas, según la acusación. La versión de la Policía de Calpe añade que la chica llevaba además en el bolso varios botes de spray.

Era la segunda vez en tres días que la sede del PP sufría un ataque de este tipo. Y la novena ocasión en los últimos meses que se producen actos de este tipo en diferentes inmuebles de la población, tanto públicos como privados.

La sede del PP de Calpe queda apenas a 20 metros de la vivienda de los jóvenes. Ellos reconocen que acostumbran a tomar imágenes de las pintadas que aparecen en diferentes puntos del municipio y que las han difundido a través de redes sociales y blogs críticos con el gobierno local del PP.

Las cuatro metamorfosis del Estado franquista

La muerte de Adolfo Suárez ha devuelto al primer plano a la transición por enésima vez, como los naufragios arrojan a la playa los restos de un viejo barco que se ha ido a pique. Ha sido otra lección de idealismo histórico, un desfile de los famosos personajes que la hicieron posible, es decir, de los que hicieron lo imposible porque todo siguiera igual. Para ello lo cambiaron todo. Ha ocurrido como en esos programas de la tele en los que te reforman tu casa de arriba abajo. Cuando vuelves a entrar en ella ya no parece tu casa, pero en realidad sí es tu casa, sigue siendo tu casa, es la misma casa. Pues alguno sigue sin enterarse.

Con Suárez ha pasado como con Franco. Exactamente igual. Los reportajes no han tratado sobre su muerte -que sólo interesa a su familia- sino sobre su vida, bien entendido que se trata sólo de su vida política, de Suárez como “personalidad”, aunque no tuviera ninguna personalidad, ya que se trataba de una marioneta cuyos hilos movían los militares fascistas.

La muerte de Franco resultó oportuna porque el régimen que se inició en 1939 fue “su régimen”, el franquismo, y los reformistas domesticados de aquella época -como los de hoy- se pasaron años especulando acerca de lo que podría ocurrir cuando Franco muriera porque -como bien sabe el idealismo histórico- los asuntos políticos son consecuencia de la naturaleza humana, de la vida y de la muerte y, por lo tanto, el franquismo dependía de la vida de Franco, de su estado salud. Por eso en 1974 su postrera enfermedad les puso a todos en vilo. El futuro de España dependía de una flebitis.

La transición empieza al año siguiente con la muerte de Franco, igual que el tiempo y la historia se empiezan a contar con Jesucristo. Hay una época antes de él que viene explicada en el Antiguo Testamento, y hay otra después, el Nuevo Testamento. Todo acaba y empieza con la vida y la muerte de alguien. Nada de modos de producción ni cosas parecidas. Lo que separa a una época histórica de otra son grandes personajes históricos, como Jesucristo o Franco. El franquismo era imposible e impensable con Franco muerto porque se trataba de una dictadura personalista, lo mismo que el cristianismo es una religión que ronda en torno a la vida y milagros de Cristo.

¿Es esto una estupidez? En efecto, lo es. Luego también es otra auténtica estupidez creer que la transición empezó en 1975 porque Franco se murió por culpa de una flebitis. ¿Cómo acabar con la estupidez histórica? Podemos empezar por enunciar dos preguntas. La primera es por qué empezó la transición y la segunda es cuándo empezó.

La lucha de clases es el motor de la historia y, por lo tanto, también de los cambios que se producen en los Estados, cualesquiera que sean. Los Estados cambian porque cambian las clases y las luchas de clases, interna e internacionalmente, se puede decir que casi continuamente. Son el antígeno y el anticuerpo del sistema inmunitario: uno es el espejo del otro. Lo que no es tan conocido es que los cambios de un Estado no llegan después de la lucha de clases sino que se preparan para ella, es decir, que son anteriores a los choques entre ellas.

El Estado franquista no fue una excepción, sino que también fue cambiando en vida de Franco, hasta el punto de que adelantó sus propios funerales, todo con el único fin de subsistir, de mantenerse y de sucederse a sí mismo. Los cambios más importantes fueron cuatro, que voy a enumerar sucintamente. Todos ellos tienen en común que fueron acometidos por el Ministerio de la Presidencia (hoy desaparecido) que dirigía el almirante Carrero Blanco.

El primer cambio fue una profunda reforma burocrática que acometió el régimen en los años cincuenta, durante los cuales cambió radicalmente el funcionamiento de todas y cada uno de las instituciones públicas, que daban síntomas evidentes de obsolescencia desde hacía mucho tiempo. Sin este cambio el régimen no hubiera podido emprender ningún otro.

El segundo fue el Plan de Estabilización de 1959 que acabó con la autarquía económica, incorporó a España plenamente a los mercados internacionales e inició los planes de desarrollo de los años sesenta que transformaron España de arriba abajo en un país de capitalismo monopolista de Estado.

El tercero fue el típico cambio que anticipaba los acontecimientos antes de que se produjeran: en 1969 Franco nombró a Juan Carlos como su sucesor a título de rey saltándose la línea dinástica. El príncipe heredero no sucedía a su padre sino a Franco. Esta monarquía empieza con Franco y se convierte en una pieza tan importante del franquismo como el propio Franco, hasta el punto de que el rey también sucede a Franco al frente del Ejército fascista, verdadero pilar del régimen. El rey aseguraba la continuidad del franquismo para cuando Franco muriera. La monarquía es el franquismo sin Franco.

El cuarto fue la reforma política, como se la llamó entonces, o sea, la transición en sentido estricto. Se acometió como consecuencia de un crecimiento de la lucha de clases, que aisló y puso al régimen contra las cuerdas. El operativo consistió en cambiar el decorado, lo cual aún tiene a más de uno despistado: primero les hicieron creer que el régimen franquista era de partido único y luego bastó añadir algún partido más para que pareciera otra cosa.

Puro ilusionismo, magia política. La candidez de algunos era tan pasmante que bastó cambiar de gobierno para hacerles creer que en realidad lo que había cambiado era el Estado.

La verdadera transición política consistió en lo siguiente: en que el Estado no dejó de ser franquista pero la oposición sí dejó de ser antifranquista. Y lo que es peor: seguimos exactamente igual que entonces. Los que dicen ser la oposición no son antifascistas -dicen- porque eso ha dejado de ser necesario. Ya estamos en una democracia burguesa.

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