La web más censurada en internet

Etiqueta: MLNV (página 13 de 13)

‘Tinta Roja’ resbala hacia la infamia fascista

 Juan Manuel Olarieta

Con la invocada pretensión de abrir un debate sobre el uso de la violencia en la lucha popular, Domenec Merino publica un artículo en la revista «Tinta Roja» (*), que es verdaderamente bochornoso, porque en este país no hay ni puede haber tal cosa. Los que califican a eso como un debate o sueñan que tal debate es posible aquí y ahora, engañan a sus lectores, por una sencilla razón: porque sólo se pueden expresar los mismos de siempre, los fascistas, los pacifistas y los oportunistas. El debate se reduce a ellos; ellos se lo guisan y se lo comen.

Por el contrario, esos a los que Domenec califica como encapuchados (blanquistas, anarquistas) no pueden exponer abiertamente sus propuestas. El debate está, pues, trucado desde el principio. Domenec sabe que tiene carta blanca, que no le van a acusar de «apología del terrorismo», mientras que los otros tienen un problema mucho más serio: tienen que callarse la boca, lo que los oportunistas como Domenec aprovechan a la perfección para explayarse en exclusiva.

Bajo la ridícula pretensión de una «observación empírica de la sociedad» el artículo hace apología del fascismo y de la represión; critica un tipo de violencia, la de las masas, y oculta la violencia de los antidisturbios, que deja en un segundo plano.

Según el cabecilla de CJC, en Gamonal la lucha ha revestido un carácter violento, lo cual es sólo una parte de la realidad. Esa ocultación va luego seguida de una segunda, aún más importante: ¿por parte de quién ha sido violenta?, ¿quién es el violento?, ¿a quién llama violento Domenec?, y ¿quién hizo que lo que hasta un determinado momento era pacífico cambie de signo? ¿Acaso la lucha en Gamonal empieza con las barricadas o más bien acaba en ellas?

Para lavar la cara a los antidisturbios los apologistas del Estado burgués dicen que la policía acude a una manifestación para reprimir la violencia de los manifestantes y, por lo tanto, son los manifestantes los que tienen la culpa de ella, de la intervención de la policía y de la violencia que desencadena. Pero no explican los motivos por los cuales la policía acude a una manifestación. ¿Qué pinta la policía en una manifestación? Es más: ¿qué pinta la policía en una manifestación antes de que suceda ningún episodio de violencia?, ¿no tratan de intimidar a la gente para que no acuda?, ¿no es eso violencia y amenaza de la violencia?, ¿no es la policía la causa de la violencia en las manifestaciones? Eso es lo que merece una explicación para entender lo que Domenec y demás oportunistas llaman «la violencia».

En un ejercicio de maniqueísmo infantil, Domenec establece una dicotomía absurda según la cual hay dos tipos de personas. En primer lugar, el obrero de Gamonal que decide emplear la violencia para resistir a las cargas de los antidisturbios y, en el otro, el anarquista que quema un contenedor en una manifestación. Pero, ¿acaso los anarquistas no son obreros, ni son de Gamonal?, ¿son extraterrestres llegados de Euskadi, como dicen los fascistas, con el manual de la kale borroka en la mano?, ¿quemar un contenedor no es una forma de resistir a las cargas de los antidisturbios o tiene Domenec su propio manual de kale borroka sobre el mejor modo de resistir a las porras y los pelotazos?

Ese maniqueísmo corre paralelo con el invento de otras dos concepciones que Domenec considera «profundamente arraigadas» en la sociedad. Por una parte, los no violentos y, por la otra, los herederos de Blanqui, los de la «cara tapada». Pero ese planteamiento es falso. En realidad Domenec sólo quiere hablar en contra de estos últimos para apoyar a los anteriores, a los no violentos, de una manera camuflada, sin que se le vea el plumero demasiado.

Para despacharse a gusto contra los «herederos de Blanqui», Domenec se tiene que inventar las dos cosas, es decir, tanto a Blanqui como a sus herederos. Entre los oportunistas como Domenec el recurso al comodín de Blanqui y el blanquismo es una constante. Lenin fue acusado de blanquismo por los mencheviques y Rosa Luxemburgo ya avisó de las manipulaciones que los revisionistas hacían hace cien años de la etiqueta de Blanqui, aunque lo más corriente es que no tengan ni la más remota idea de quién fue Blanqui y qué fue el blanquismo.

El cabecilla de CJC dice que Blanqui pasó media vida detrás de los barrotes por su lucha revolucionaria, añadiendo que la misma fue «absolutamente ignorada por la clase obrera». ¿También eso lo ha observado empíricamente este manipulador? Domenec necesita tergiversar las cosas para que queden a su gusto, de manera que pueda introducir por la rendija la «vocación de masas» de su grupo, su afán por ser conocidos, de convertirse en referente y actuar a cara descubierta. Pues si CJC quieren ir por ese camino lo que deberían hacer es tomar ejemplo de Femen, que son más conocidos aún y actúan completamente al descubierto.

Los blanquistas tuvieron una relación con las masas que CJC no es capaz de imaginar siquiera. Ellos fueron, junto a los proudhonistas, el partido obrero dominante en Francia en el siglo XIX, participaron de una manera decisiva en la Revolución de 1848 y en la Comuna de París de 1870, tras la cual algunos se exiliaron a Londres, donde Marx los acogió solidariamente e incorporó a la Primera Internacional. ¿No fue eso «vocación de masas»?

Engels dijo que Blanqui había sido un «precursor». Los oportunistas deberían lavarse bien su sucia boca antes de hablar de alguien que pasó 35 años de su vida encerrado en las cárceles por participar activamente en los acontecimientos europeos más importantes del siglo XIX al lado de la clase obrera. La liberación de Blanqui de la cárcel fue una exigencia constante del movimiento obrero francés, que logró sus objetivos en varias ocasiones mediante la lucha popular, es decir, que no fue el personaje aislado y solitario que Domenec quiere dibujar, que no fue de esos que «renuncian a tener contacto con las masas» porque los blanquistas fueron los únicos que tuvieron diez delegados en el Consejo de la Comuna de París, convocaron manifestaciones de decenas de miles de obreros, obtuvieron escaños en el Parlamento con otros tantos miles de votos procedentes del proletariado y reunieron a otros 100.000 en el funeral de Blanqui.

¿Pero acaso hay alguien que renuncie tener contacto con las masas o más bien a lo que renuncian es al contacto oportunista, legalista y pacifista con ellas, que es lo que este capitoste de CJC aplaude?

El oportunismo de Domenec se torna en puro idealismo infantil cuando dice que prefiere «una manifestación pacífica con miles de obreros a un altercado violento protagonizado exclusivamente por gente politizada». El problema es que no se trata de elegir entre una cosa u otra, porque lo corriente es que ocurran ambas cosas, es decir, que una manifestación pacífica acabe en un altercado violento. Otro problema es que quien elige no es él, ni nadie diferente de la policía porque ella es la única responsable de la violencia y sólo a un infame sicario suyo se le ocurre asegurar que la violencia la protagoniza «exclusivamente» la gente politizada.

La infamia va alcanzando tonos realmente vergonzosos cuando Domenec propone dar la espalda a los encapuchados porque «bien podrían ser policías». Para cualquier antifascista con la policía no cabe otra: darle la espalda. Pero Domenec es un cínico sin escrúpulos que trata de justificarse en la infiltración policial para «dar la espalda» al manifestante, lleve capucha o no, y su cinismo le sirve para disimular que, en realidad, él a quien defiende es a los antidisturbios.

Domenec va alcanzando el éxtasis cuando dice que la revolución de 1917 «se logró prácticamente sin muertos». Como los demás reformistas, para sostener ese infundio utiliza el truco de reducir la revolución al asalto al Palacio de Invierno, y poco más. Pero la revolución nace dentro (y es inseparable) de una brutal guerra imperialista y fue seguida de una no menos brutal guerra civil, de la que también es inseparable. Para que la revolución triunfara los bolcheviques prepararon un meticuloso dispositivo militar, de manera que las fotos del momento no muestran a los obreros y campesinos con las manos vacías sino bien armados de fusiles, de los que conocían su manejo.

Lenin escribió muchas cosas, pero no recuerdo que dijera, como pretende Domenec, que «una revolución no tiene por qué ser violenta» y que «la violencia depende de la resistencia que ofrezca la burguesía». Pero lo dijera o no, eso es rigurosamente cierto y para entenderlo cabalmente Domenec debería haber añadido que la burguesía no sólo va a resistir sino que lo va a hacer de la manera feroz y brutal que acostumbra. Lo que ocurre es que, al alinearse Domenec con los fascistas, tiene su mismo punto de vista, lo que le lleva a dar la vuelta al asunto una vez más.

La violencia es responsabilidad del aparato del Estado fascista y de la contrarrevolución; ahora mismo no tiene sentido decir que la burguesía resiste; quien resiste es el proletariado.

(*) Domenec Merino: Un acercamiento al debate sobre el uso de la violencia y la no-violencia en la lucha popular, Tinta Roja, 30 de enreo de 2014, http://www.tintaroja.es/opinion/260-un-acercamiento-al-debate-sobre-el-uso-de-la-violencia-y-la-no-violencia-en-la-lucha-popular

En Euskadi el movimiento independentista necesita una aclaración

La situación en Euskadi pivota sobre tres ejes fundamentales, sin los cuales es imposible entender los acontecimientos más recientes. El primero es la persistencia del fascismo, de España como Estado fascista y a eso, y no a otra cosa, es a lo que se enfrenta el movimiento de liberación en Euskadi. El segundo es la degeneración revisionista del PCE, que en Euskadi tuvo su prólogo en los tiempos de la guerra civil con Astigarrabía, es decir, ya antes de 1956, y cuyas consecuencias fundamentales fueron la confusión y el seguidismo respecto del movimiento nacionalista. El tercero es el cambio social ocurrido a partir de los años sesenta, que incorporó al proletariado urbano sectores campesinos rurales, que aportaron sus propias concepciones ideológicas, las cuales acabaron por imponerse porque el revisionismo les abonó el terreno.

Se puede decir, pues, que el movimiento nacional en Euskadi es ambiguo por partida doble y se alimenta a sí mismo con la riada de chovinismo y centralismo que llueve cada día. Por su propia naturaleza de clase todo movimiento nacionalista es ambiguo hasta cierto punto, por lo que el vasco no se diferencia de otros, sino que es una ambigüedad mucho más acusada, cuantitativa y cualitativamente. Dado que la confusión viene de lejos, la mezcolanza está profundamente arraigada, y dado que el movimiento se ha enfrentado de una manera consecuente al Estado, ha tenido una repercusión mucho mayor que otros.

Aunque un movimiento nacional es siempre socialmente amplio, quien lo define es su fuerza dirigente, que es quien impone las formas de organización, las líneas, los programas, e incluso una terminología propia y característica. No obstante su composición social, la masa que lo conforma, en el movimiento abertzale esa fuerza dirigente ha sido la pequeña burguesía, a la que el revisionismo le ha permitido arrastrar tras de sí a una parte importante del proletariado. A eso es a lo que llaman “pueblo trabajador vasco”.

Si hay un lugar en el que la claridad es más necesaria que en otros, ese es Euskadi, y no caben eufemismos; todos los intentos por escurrir el bulto son contraproducentes. No será necesario decir que tal clarificación sólo puede redundar en un reforzamiento y un avance del propio movimiento de liberación nacional. Si hay alguien a quien hay que hablarle claro es a aquel con el que hay confianza, al amigo, al aliado, mientras que con el enemigo no se discute nada. Tampoco creo necesario recordar que con los amigos no valen medias tintas. Yo no puedo ser amigo de nadie que no me hable claro, que piense una cosa y me diga otra, que no sea franco conmigo. Finalmente, tampoco creo necesario puntualizar que no se puede confundir la amistad con el amiguismo. El aliado, el amigo no es el amiguete, ni el colega, es decir, ese tipo de relaciones, más personales que políticas, que tanto abundan en determinados círculos.

Aparentemente ha sido la liquidación de lo que durante estos años ha sido la izquierda abertzale lo que ha creado la confusión, pero no es así. El movimiento de liberación nacional ya ha empezado a liberarse, por fin. Esa liquidación, lo mismo que la liquidación de la URSS en 1991, es lo que va a favorecer una aclaración que era necesaria desde hace mucho tiempo. La izquierda abertzale necesita imperiosamente un ajuste de cuentas consigo misma y veremos la manera en que lo aborda porque si se escuda en el “tono” o en las “formas” de la crítica, o si se las toma como una agresión, sigue por el mal camino, lo mismo que siempre.

En lo que el proletariado respecta, una amplia experiencia histórica demuestra, una y otra vez, que no puede abandonar la dirección ni de la lucha antifascista ni del movimiento de liberación nacional, y para dirigir necesita un partido comunista, que no se parece, ni de lejos, a ninguna otra forma de organización de ninguna otra clase social, que tiene un programa propio, su línea política, su propia ideología y sus propios principios. Ese es el punto de partida, de manera que si en Euskadi no hay un partido comunista, lo primero que hay que hacer es crearlo, y si ya existe hay que unirse a él. No se puede empezar nada por ningún otro sitio, y menos por el final. El partido comunista es el eje de coordenadas; todo lo demás empieza a contar a partir de ahí.

Pero la experiencia del “frente norte” en la guerra civil demuestra que ni siquiera eso es suficiente. A pesar de la demagogia que durante décadas ha alimentado el PNV, en dicho “frente norte” no hubo realmente guerra porque bajo Astigarrabía el PCE entregó la dirección a la burguesía, una tarea que ésta no puede llevar a cabo. En la medida en que la liberación nacional de Euskadi hoy es más de lo mismo, hay que acabar con el seguidismo de los comunistas en Euskadi respecto a la burguesía y al movimiento nacional, o lo que es lo mismo, poner ese movimiento en manos del proletariado y su partido comunista.

Pero no es eso lo que han llevado a cabo en Euskadi la mayor parte de los grupos que se llaman comunistas que, como en los tiempos de Astigarrabía, siguen siendo un apéndice de la burguesía, que se mueven cómodamente dentro de la confusión, de los “frentes” y las “alianzas”, como pez en el charco. Nunca han pretendido ser otra cosa que una parte residual de ese movimiento nacional y en la medida en que dicho movimiento está en trance de liquidación, forman parte integrante de su naufragio.

Las tendencias liquidacionistas siempre han estado presentes dentro del movimiento abertzale, cuya historia es un continuo tejer y destejer de escisiones, corrientes y siglas cuyo hilo conductor es casi imposible seguir a lo largo del tiempo, hasta que, finalmente, se metió en el embudo de sus propias ambigüedades, de las que incluso tanta ostentación ha hecho gala. No se trata de que no haya identificado quiénes son sus enemigos, sino que nunca ha sabido quiénes eran sus amigos, lo cual conduce siempre a tener a los enemigos por amigos y a ver enemigos (“españolistas”) donde no los hay.

Lo nuevo no es que ahora haya liquidadores sino que se han impuesto precisamente en un momento en el que, dada la crisis económica, las condiciones son más favorables que nunca para el movimiento independentista. El momento que han elegido para proclamar su rendición a los cuatro vientos no es ninguna casualidad, coincide con la crisis capitalista de 2007, que ha puesto las cosas en el sitio justo en el que la izquierda abertzale nunca las quiso tener. Ahora el protagonismo corresponde a la clase obrera y eso es justamente lo que la liquidación trata de impedir, vincular las reivindicaciones nacionales a la revolución socialista, que es el núcleo de la olvidada (y nunca aclarada) consigna de “independentzia eta sozialismoa”.

La crisis económica, pues, vuelve a poner al partido comunista en el eje de coordenadas, cuya línea debe ser distinta, cuyo programa debe ser distinto y cuyas formas de organización también deben ser distintas de las del movimiento nacional.

[Audio] Entrevista a Manuel Pérez Martínez (2000)

Conversaciones con el camarada Arenas

Noviembre 2000



Esta conversación-entrevista con Arenas, Secretario
General del PCE(r), se realizó pocos días antes de que fuese detenido junto a
algunos miembros de la Dirección del Partido en París, donde estaban
refugiados. Dicho documento se distribuyó en cassette y por escrito.
En el transcurso de este documento, Arenas denuncia el
carácter fascista y terrorista de la ofensiva represiva emprendida por el régimen, al mismo tiempo que señala que, no sólo va dirigida contra el pueblo
vasco y sus organizaciones de vanguardia, sino también contra el conjunto del
Movimiento de Resistencia Antifascista de todo el Estado y sus organizaciones
revolucionarias. De forma concreta advierte de que el mismo Partido puede ser
atacado en cualquier momento, tal como ha ocurrido.

No obstante, también nos hace ver como esta ofensiva
fascista del Gobierno del PP no es sinónimo de fortaleza sino una prueba de su
debilidad y nos muestra que haciéndoles frente, utilizando todos los medios de
lucha y enfrentándoles con decisión y firmeza se les va a volver a hacer
recular en sus planes como ha ocurrido en otras ocasiones. De este modo podemos
convertir su ofensiva en un fracaso para ellos y en una victoria del movimiento
de resistencia.

Arenas habla también de forma minuciosa y concreta de las
tareas inmediatas de los militantes y simpatizantes del PCE(r) en la
perspectiva de consolidar la organización y llevarla a los barrios, a las
fábricas; de cómo buscar y conectar con los obreros avanzados, con los jóvenes,
etc. para establecer y estrechar sus vínculos con el Partido y con el
Movimiento de Resistencia Antifascista.

Finalmente, aborda el tema de la situación internacional,
las contradicciones interimperialistas y la guerra mundial hacia la que nos están
conduciendo los imperialistas, los explotadores; señala la necesidad que
tenemos de ser conscientes de ello y de prepararnos para hacerle frente. A la
vez que destaca la importancia de trabajar para crear una nueva organización
internacional revolucionaria de los trabajadores.

Para escuchar online

Primera parte: 

Segunda parte: 

Para descargar

Primera parte:

Segunda parte:

Para leer la transcripción:

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies