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Estados Unidos quiere rehabilitar el nazismo y reescribir la II Guerra Mundial

Wayne Madsen

Desde el derrumbe de la Unión Soviética, Estados Unidos viene poniendo en el poder a sus viejos colaboradores nazis en el este de Europa. Al cuestionar el papel de la URSS en la 2ª Guerra Mundial, Washington está tratando de despojar a la actual Federación Rusa de su mito nacional. Estados Unidos pretende así alcanzar 2 objetivos: destruir la zona de influencia de Rusia y acabar a la vez con la identidad rusa. Para lograrlo tendrá que reescribir la Historia y rehabilitar el nazismo.
Después del derrumbe de la Unión Soviética, el ex presidente de Estados Unidos y antiguo combatiente de la guerra fría Richard Nixon dedicó sus últimos años de vida a velar porque Rusia ocupara su lugar en la comunidad internacional. Nixon aconsejó al entonces presidente Bill Clinton sobre la manera correcta de tratar con la Federación Rusa, reconocida internacionalmente como el Estado sucesor de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
Algo que Nixon nunca habría tolerado es la tendencia conservadora a negar el importante papel que Rusia desempeñó en la Segunda Guerra Mundial –lo que los rusos llaman «La Gran Guerra Patria»– y en la victoria de los Aliados contra la Alemania nazi. Los actuales dirigentes de Estados Unidos y sus compinches en Gran Bretaña, en el este de Europa y en otros países incluso serían llamados a capítulo por Nixon por haberse negado a participar en la ceremonia anual del 9 de mayo, o «Día de la Victoria», en Moscú.
Nixon, quien criticó a la administración de George H. W. Bush por la ayuda patéticamente inadecuada que se destinó a Rusia después del derrumbe de la Unión Soviética, tendría poco tiempo que perder con los círculos políticos estadounidenses que hoy pretenden desgastar a Rusia y ponerla de rodillas.
Entre quienes ejercen presión a favor de un endurecimiento de las sanciones contra Rusia e ignoran su significativo papel en la victoria de la Segunda Guerra Mundial se hallan los hijos e hijas de los emigrados fascistas y nazis provenientes del este de Europa que llegaron a Estados Unidos en los años posteriores a la guerra, en su mayoría gracias a la «Operación Paperclip» de la CIA [1], huyendo de los juicios a los que pendían sobre sus cabezas por haber apoyado la causa nazi en sus países de origen.
Aquellos emigrados participaron en la formación de diversos grupos de extrema derecha que giraban alrededor de las «Naciones Cautivas», organización estimulada por la administración Eisenhower y las posteriores administraciones estadounidenses. De aquella constelación de organizaciones fascistas surgieron el sionista ucranio-estadounidense Lev Dobriansky y su hija Paula Dobriansky, ex responsable en el Departamento de Estado durante la administración de George Bush hijo, así como el ex colaborador de la Gestapo en Hungría, Gyorgy Schwartz, quien más tarde se cambió el nombre y pasó a llamarse George Soros [2]. Los descendientes de aquellos inmigrados figuran actualmente en los gobiernos de todo el centro y el este de Europa.
Los grupos que gravitan alrededor de aquellos emigrados a Estados Unidos, como la Fundación Heritage [3], el American Enterprise Institute (AEI) [4] y la Brookings Institution [5], así como Human Rights Watch, fundada por George Soros, trabajan a favor de que se reescriba la historia de la Segunda Guerra Mundial. Al parecer, muchos de esos grupos neoconservadores e históricamente revisionistas preferirían que, en vez de reconocer la victoria de la Unión Soviética sobre el fascismo, se conmemorasen con tristeza las derrotas de los regímenes títeres de los nazis en los países bálticos, así como en Ucrania, Bielorrusia y Moldavia.
Así que las marionetas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en diversos países del centro y del este de Europa están inmersas en una guerra propagandística contra Rusia para reducir al mínimo la participación internacional en la celebración del 9 de mayo en Moscú.
En el marco de esta guerra propagandística, el jefe de la inteligencia militar checa, general Andor Sandor, retirado desde 2002, afirmó recientemente que los rusos practican el espionaje a gran escala en Praga. El objetivo de esta historia es presionar al presidente checo Milos Zeman, quien había expresado públicamente su intención de ignorar un supuesto consenso de la OTAN para boicotear las celebraciones rusas del 9 de mayo. Mientras tanto, la oposición checa anunció que tratará de lograr que el parlamento retire el financiamiento al viaje del presidente a Moscú. Praga constituye un punto sensible en las
relaciones de Rusia con Occidente. La República Checa sigue negándose a autorizar la apertura de bases de la OTAN en su territorio, aunque Praga sigue albergando actividades anti-rusas como las transmisiones de Radio Free Europe/Radio Liberty y el trabajo de diversas ONGs financiadas por George Soros. Los interlocutores de Soros en el Parlamento Europeo también están presionando al presidente serbio Tomislav Nikolic para que anule sus planes de ir a Moscú y el medio de presión que han encontrado es poner en la balanza el pedido de adhesión de Serbia a la Unión Europea.
Tres ex embajadores estadounidenses en Ucrania –Steven Pifer, John Herbst y William Taylor– han exhortado abiertamente a dirigentes europeos, como el primer ministro británico David Cameron, el presidente francés Francois Hollande y la canciller alemana Angela Merkel –esta última debía salir el 10 de mayo para Moscú para depositar allí una ofrenda floral en el marco de una ceremonia oficial– a asistir a una celebración del «Día de la Victoria» en Kiev. Y estos últimos dirigentes europeos han decidido boicotear la ceremonia del 9 de mayo y el desfile militar en Moscú. Los 3 embajadores lacayos incluso escribieron en el diario estadounidense Los Angeles Times que «aunque los presidentes Clinton y George W. Bush fueron a Moscú en 1995 y en 2005, el presidente Barack Obama no celebrará el acontecimiento en Moscú sino en Kiev» [6]. Los embajadores se niegan a reconocer que si los dirigentes occidentales hacen esa celebración en Kiev, lo harán junto a todo tipo de neonazis y paleonazis, incluyendo a verdaderos partidarios de Adolf Hitler y del jefe nazi y miembro de la Waffen SS Stepan Bandera.
Los 3 embajadores estadounidenses Pifer, Herbst y Taylor están lejos de ser los únicos en lanzar llamados a conmemorar el sacrificio de 27 millones de soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial en una ciudad donde los neonazis y mercenarios skinheads de toda Europa tienen en sus manos el poder político y militar. Pifer trabaja para la Brookings Institution, un importante centro de la agitación y propaganda anti-rusa, mientras que Herbst era un intermediario militante a favor del respaldo de la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID, siglas en inglés), de la CIA y de los grandes medios de comunicación a favor de la revolución naranja de Kiev. Taylor, como coordinador-jefe de la ayuda gubernamental estadounidense a la ex Unión Soviética y al este de Europa, trabajó estrechamente con la organización de Soros y con la National Endowment for Democracy (NED) [7] recogiendo fondos para grupos proestadounidenses de extrema derecha en la región.
Mientras que Obama y sus amigos no estarán en Moscú, el primer ministro griego Alexis Tsipras, quien ha exigido de Alemania el pago de compensaciones de guerra para su país, hará caso omiso del boicot de la OTAN y se unirá a Zeman para asistir a la ceremonia conmemorativa organizada en la Plaza Roja. Es posible que los dirigentes de Islandia, Noruega, de los Países Bajos, Eslovaquia y Hungría también decidan romper filas y separarse de los demás miembros de la OTAN volando a Moscú para participar en la ceremonia del 9 de mayo.
En lo que puede ser considerado como una bofetada diplomática para el régimen de Kiev y sus padrinos occidentales, los dirigentes de las Repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, en el este de Ucrania, estarán presentes en la Plaza Roja, junto a los dirigentes de otros 30 países, como China, la India, Serbia, Macedonia, Bosnia Herzegovina, Montenegro, Egipto y Sudáfrica, en una situación que confiere a su estatus un reconocimiento de facto. Además, también estarán presentes los dirigentes de las Repúblicas de Osetia del Sur y de Abjasia, lo cual constituye una derrota diplomática para las autoridades
de Georgia, que ven esas dos repúblicas como parte del Estado georgiano.
Al mismo tiempo, mientras ellos llaman a boicotear la celebración del Día de la Victoria en Moscú, los dirigentes de los países bálticos acogerán en sus capitales diversas conmemoraciones nazis.
La presidenta de Lituania, Dalia Grybauskaitė, graduada de la Foreign Service School de la Universidad de Georgetown en Washington, uno de los terrenos de reclutamiento preferidos de la CIA, no tiene ninguna intención de impedir las ceremonias anuales ante la tumba del títere nazi lituaniano y constructor de campos de concentración Juozas Ambrazevicius Brazaitis, cuyos restos fueron repatriados hace algunos años a Lituania desde Connecticut (Estados Unidos), antes de ser inhumado nuevamente en Kaunas, con honores militares.
El presidente de Estonia, Toomas Hendrik Ilves, ex jefe del buró local de Radio Free Europe, financiada por la CIA, respaldó en 2007 la decisión del gobierno de Estonia de desplazar una estatua erigida en homenaje a la victoria soviética desde Tallin hacia una base militar en la periferia de la ciudad, donde ahora se encuentra muy cerca del centro de ciberguerra de la OTAN.
Mientras los dirigentes de Letonia se unían a sus colegas bálticos en la competencia por el boicot contra la ceremonia de Moscú, veteranos y partidarios de la Legión Letona, división de la Waffen SS durante la Segunda Guerra Mundial, desfilaban orgullosamente por las calles de Riga durante una ceremonia que organizan cada año, desde 1991 [8]. El presidente letón Andris Berzins no ha hecho nada en respuesta a la ceremonia nazi en Letonia, pero sí dice que le parece abominable que un dirigente occidental reconozca el papel de Rusia celebrando el día de la victoria contra Hitler. El propio Berzins fue durante mucho tiempo socio del Stockholms Enskilda Bank, propiedad de la familia sueca Wallenberg, acusada de colaboración con la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial, lo cual le valió figurar en la lista de embargos del gobierno estadounidense.
El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el presidente de Polonia, Bronislaw Komorowski, se unieron a sus socios bálticos en el esfuerzo por revisar el papel de Rusia en la historia de la Segunda Guerra Mundial. El ministro polaco de Relaciones Exteriores Grzegorz Schetyna incluso quiso reescribir la historia afirmando que Ucrania liberó el campo de concentración de Auschwitz. El ministro ruso de Relaciones Exteriores respondió señalando que «todo el mundo sabe que Auschwitz fue liberado por el Ejército Rojo, en el que todas las nacionalidades sirvieron heroicamente» y agregó que Polonia
«distorsiona» la historia.
Tratar de imponer una parodia de la Historia. Eso es lo que hacen los dirigentes de la OTAN cuando presionan a los dirigentes de otros países –desde Corea del Sur y Japón hasta Bulgaria y Austria– para que no envíen representantes oficiales a la celebración de Moscú.
Esta maniobra recuerda el boicot contra los Juegos Olímpicos organizados en Moscú, en 1980, una acción encabezada por Estados Unidos y totalmente infantil en materia de diplomacia que a la larga hizo más daño al movimiento olímpico internacional que a la URSS.

Notas:


[1] Operación Paperclip: de los V2 a la Luna, Red Voltaire, 7 de enero de 2005
[2] George Soros, especulador y filántropo, Red Voltaire, 3 de febrero de 2004
[3] La Fundación Heritage: pensamiento ‘listo para servir’, Red Voltaire, 27 de febrero de 2005
[4] El Instituto Norteamericano de la Empresa, Red Voltaire, 13 de marzo de 2005
[5] La Brookings Institution, think tank de buenos sentimientos, Red Voltaire, 2 de febrero de 2005
[6] Kiev, not Moscow, should be the choice for marking V-E Day, Steven Pifer, John Herbst & William Taylor, Los Angeles Times, 16 de marzo de 2015
[7] La NED, vitrina legal de la CIA, Thierry Meyssan, Оdnako (Rusia), Red Voltaire, 11 de octubre de 2010
[8] La presidenta de la Letonia rehabilita el nazismo, Thierry Meyssan, Red Voltaire, 20 de marzo de 2005

Fuente: http://www.voltairenet.org/article187164.html

Stalin en el nuevo orden mundial impuesto por el dólar

El 16 de marzo la revista rusa Zavtra publicó un largo artículo del profesor Valentin Katasonov, del Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú (МГИМО), sobre la conferencia celebrada en 1952 en la capital soviética para contrarrestar los planes económicos que el imperialismo puso en marcha en la posguerra, fundamentalmente los acuerdos de Breton Woods y el Plan Marshall.
La exposición que de aquella conferencia hace Katasonov tiene un sorprendente parecido con la actualidad. También en 1952 muchos países volvieron sus miradas hacia Moscú frente a las imposiciones financieras del imperialismo. Más en concreto, varios países, especialmente del Tercer Mundo, llamaron a las puertas de Consejo de Ayuda Mutua Económica, que fuera del bloque socialista se conoció con la siglas COMECON o CAME. Se trataba de crear una unión aduanera de varios países encabezada por la URSS.
En el otoño de 1951 los países miembros del COMECON y China declararon que era inevitable la colaboración los países que no quisieran caer en las redes financieras del imperialismo, para lo cual convocaron la conferencia de Moscú a través de los delegados soviéticos en la ONU. Además de los países socialistas y otros en vías de desarrollo, también participaron delegados de Suecia, Austria, Irlanda e Islandia por medio de sus ministros de asuntos exteriores o de comercio internacional.
La conferencia se celebró en Moscú del 3 al 12 de abril de 1952 con el propósito de contrarrestar la expansión política y económica de Estados Unidos y crear un mercado común de mercancías, servicios e inversiones. En los debates participaron 680 delegados en representación de 49 países, además de hombres de negocios y expertos. India envió 28 delegados y Argentina e Indonesia 15 cada uno.
Tras las discusiones y hasta finales del mes de abril, se firmaron en Moscú más de 60 acuerdos comerciales, de inversiones y científico-técnicos con una duración de tres a cinco años. De ellos 19 fueron firmados por la URSS. Otros comprometían a otros países socialistas, a países socialistas con países en desarrollo, a países capitalistas, a bancos internacionales y a grandes empresas.
Los principios que guiaron la firmna de aquellos acuerdos fueron las facilidades aduaneras y precios favorables para las mercancías de los países en desarrollo, condiciones mutuas más favorables en materia comercial, crediticia, de inversiones de capitales, al cooperación científica y técnica, los acuerdos políticos en pie de igualdad en las organiozaciones económicas internaacionales, así como en el plano mundial, la posibilidad de trueque para saldar deudas, los acuerdos mutuos sobre precios y la exclusión del dólar de todo tipo de transacciones.
En resumen, en 1952 nació en Moscú un mercado mundial al margen del dólar que reunía a países socialistas, países en desarrollo y otros plenamente capitalistas. Las propuestas de Stalin en la conferencia llegaron hasta Inglaterra, donde un comunicado informó: “En Londres se acaba de crear una sociedad llamada ‘Sociedad Internacional por Acciones’ de hombres de negocios que ponen en marcha los acuerdos comerciales firmados por los delegados ingleses que asisitieron a la conferencia internacional que se celebró en Moscú en abril de 1952”.
El primer presidente de esta empresa fue Sir Boyd Orr, que dirigió la delegación inglesa en la conferencia. La Sociedad declaró que su objetivo era “estimular y facilitar la entrada en vigor de los acuerdos comerciales firmados tras la conferencia económica celebrada en Moscú en 1952 y de todos los acuerdos del mismo tipo que se firmarán en el futuro. Todas las rentas y bienes de la empresa se consagrarán exclusivamente a alcanzar este objetivo”.
Según los archivos, en el otoño de 1952 Stalin estuvo reclamando continuamente información relativa a los planes y proyectos comerciales de los países, empresas y bancos extranjeros relacionados con la URSS, el COMECON y la República Popular de China, así como publicaciones, libros, comentarios de radio de los países capitalistas sobre este asunto. También se interesó por el ritmo y la gama de exportaaciones industriales de Occidente hacia los países en desarrollo y las solicitudes de éstos en materia de préstamos, inversiones y productos acabados.
Con el apoyo de todos los países socialistas, excepto Yugoeslavia, la conferencia fue un primer paso de la URSS para crear un nuevo orden económico a escala regional, junto con los países en vías de desarrollo y algunos países capitalistas, como Finlandia. La última participación de Stalin fue en la Conferencia de la Comisión Económica de la ONU para los países de Asia y Extremo Oriente que se reunió del 23 de febrero al 4 de marzo de 1953 en Manila, la capital de Filipinas.
Esta conferencia también se celebró a iniciativa de la URSS, con el apoyo de China, Mongolia, India, Irán, Indonesia, Birmania y Vietnam del norte. Las propuestas soviéticas recibieron el apoyo de la mayoría de los particpantes, que representaban a 20 países. Según las cláusulas finales de la conferencia, se trataba de crear un régimen de libre comercio en Asia y en la cuenca del Océano Pacífico al margen del dólar. Para ello, en sus intercambios los países introducirían una unidad de cuenta nacional.
Tras la conferencia de Manila, más de 10 Estados firmaron contratos comerciales y de inversiones con la URSS. El 2 de marzo, Stalin personalmente informó a la delegación soviética de algunos detalles exitosos de la conferencia, entre ellos que a lo largo de aquel año 1953, a iniciativa de la URSS se celebrarían fórums regionales intergubernamentales análogos de los de Manila en una serie de regiones del mundo y más concretamente en Teherán para Oriente Medio, en Addis-Abeba para África, en Buenos Aires para América Latina y en Helsinki para Europa.
La propuesta no se llegó a concretar por la muerte de Stalin pocos días después. Nadie en el Kremlin se volvió a acordar de aquellos proyectos y, lo que es peor, tanto los dirigentes soviéticos como los de los países del COMECON olvidaron aquellos principios establecidos por Stalin en materia de comercio internacional. En particular, la URSS y los países socialistas optaron, de manera casi exclusiva, por los acuerdos bilaterales con los países en vías de desarrollo, basados en la afinidad ideológica y política.
Es más, a partir de los años sesenta la URSS comenzó a suministrar energía y materias primas  a Occidente a buen precio. El COMECON siguió funcionando hasta mediados de los años setenta, es decir, hasta el momento en el que la URSS se convirtió en un suministrador de materias primas únicamente y, en particular, petróleo y gas. En tiempos de Stalin, los países del COMECON se habían especializado en determinados sectores productivos en función de su experiencia histórica, su situación geográfica, sus condiciones naturales y las exigencias en materia de seguridad. Dentro del COMECON la URSS se reservó un lugar particular, considerando que debía disponer de una gama completa de sectores económicos y no especialilzarse exclusivamente en la producción de petróleo, gas natural o materias primas con destino a otros países del COMECON.
Cuando se creó el COMECON en 1949 en Moscú, Stalin insistió a los países miembros en que la demanda de petróleo, gas y otras materias primas industriales y energéticas, iba a crecer en sus respectivos países y que la URSS se comprometía a suministrarlas en condiciones vetajosas. Sin embargo, añadió Stalin, cada país dispone de tales recursos, mencionando especialmente a Rumanía y Albania. Aunque su importancia sea menor que en la URSS, los países socialistas debían aprovechar al máximo sus propias materias primas y sus propios recursos energéticos. Debían llevar a cabo nuevas prospecciones porque la construcción de largos oleoductos desde la URSS hasta Europa oriental sería cara y dilatada. Eso les haría dependientes de los suministros soviéticos y, además, descuidarían sus propios sectores de prospección y transformación. Si la URSS tuviera problemas temporales de producción o transporte, o si las necesidades de los demás explotaban, podrían acusar a la URSS de haber interrumpido los suministros y pedirían aún más cantidad.
Stalin les recomendó que diversificaran los medios de transporte de materias primas en sus propios países, que no tuvieran en cuenta sólo uno de ellos, como los oleoductos. Los depósitos de carburantes no pueden aumentar como los champiñones tras la lluvia, sino que debían adecuarse a las necesidades del momento. De esa manera, concluía Stalin, cada cual dependerá de su sistema de gestión de la energía, del sistema de prospección geológica y utilizará sus propios recursos.

Voladura controlada

Nicolás Bianchi

La llamada y ungida Transición española de la dictadura a la democracia es un jeroglífico. O una esfinge que propone acertijos. Es un periodo que no está desclasificado. Vivimos enlodados por causa de aquellos barros. Todavía tenemos que oír que fue el Rey Juan Carlos el motor de la Transición. O Suárez. Para el militar M. Fernández Monzón, capitán a la sazón en Contrainteligencia y luego en el SECED (luego CESID y ahora CNI vistiendo a la mona de seda, mona se queda), todo estuvo diseñado por la Secretaría de Estado y la CIA, y ejecutado, en gran parte, por el SECED con el conocimiento de Franco, Carrero Blanco y pocos más. Así lo declara -y no en plan unabomber- el veterano periodista de investigación Alfredo Grimaldos, autor del libro publicado hace ya unos años titulado «La CIA en España». Si las nuevas embestidas irracionales del creacionismo contra el evolucionismo darwiniano hablan de «diseño inteligente» para explicar el origen del Universo, en el caso de la Transición española estamos ante un diseño -o chapuza- inteligente perfectamente racional y/o calculado. Para el autor la Transición se pergeñó en la sede central de la CIA. Se comienza a fraguar en 1971, tras la visita del general Vernon Walters y culminará con la restauración (la II) monárquica. Había que dejarlo todo atado y bien atado a la muerte del Generalísimo. Para eso el Estado Mayor del Ejército podría siempre acogerse al artículo 37 de la Ley Orgánica del Estado que le otorga el papel de garante de la integridad territorial. Eso era lo «legal» entonces. Como ahora lo es el artículo octavo de la Constitución de 1978, que se inspira, casi literalmente, en el anteriormente citado. Ha habido constitucionalistas, nada sospechosos de «rojerío» compulsivo, que tildaron la Constitución vigente como la «Octava Ley Fundamental del Movimiento», pues la «nueva» legalidad asume la «vieja» y no la deroga. De una «legalidad» fascista se salta -como saltimbanquis- a una «legalidad» democrática como por ensalmo o áteme usted esa mosca por el rabo.
Obviamente, sería una simplificación pueril, ni la CIA por sí sola ni el Ejército por sí mismo ni la colusión de los servicios de inteligencia de ambas bandas armadísimas podrían lograr una Transición (lo ponemos con mayúscula por respeto a la ortografía) «pacífica y modélica» sin la colaboración necesaria de una oposición domesticada y unos partidos políticos entreguistas. El SECED (creado por Carrero) expide en 1974 los pasaportes que permiten a Felipe González y su banda del «clan de la tortilla» -aunque el bien informado periodista Gregorio Morán aduce no constarle este dato- ir a Suresnes (al sur de Paris) donde, cuenta Fernández Monzón, «había más policías y miembros de los servicios secretos que socialistas». Pero no precisamente por controlar las actividades de «peligrosísimos socialistas». Hoy no hace falta: les sacan en las televisiones parloteando.
¿La Transición? Si acaso una voladura controlada del franquismo. Como las Torres Gemelas, otra demolición controlada (demolition controlled): Voilà c’est fait.

A la burguesía catalana la tratan como si fueran terroristas

Los medios siguen presentando el Caso Pujol de una manera muy interesada, como un caso de corrupción propio y singular del que fuera President de la Generalitat, quien se habría aprovechado de un cargo público para enriquecerse.
No es cierto. Ni es un caso personal, ni tiene que ver con la Generalitat. Pujol ya se había enriquecido mucho antes y sin necesidad de imponer mordidas por las contrataciones públicas.
El Caso Pujol concierne a dos elementos fundamentales, el capital financiero y el independentismo catalán, estrechamente relacionados en la figura de Pujol como elemento característico de una clase social.
Es una vieja historia cuidadosamente ocultada que empieza en 1959 bajo el franquismo con la fundación de Banca Catalana, es decir, con el intento de la burguesía catalana de disponer de un instrumento fundamental en el capital monopolista actual del que carecía hasta la fecha.
La historia de Banca Catalana comienza cuando el padre de Pujol, Florenci, junto con su hijo Jordi y otros financieros compran la Banca Dorca de Olot. El banco financió actividades catalanistas de todo tipo, incluso en 1974 el fichaje de Johann Cruyff por el Barcelona, que como es bien sabido, es mucho más que un club.
Los Pujol siempre formaron parte del Consejo de Administración del banco que, como todos los demás bancos, tenía una Caja B, un sistema de doble contabilidad con la que ocultaban determinadas operaciones, entre ellas su propio enriquecimiento personal.
Como complemento a dicha Caja B, el Consejo de Administración creó 27 sociedades instrumentales sin apenas capital social y cuyos gestores eran hombres de paja. La fuga de capitales fue continua, normalmente en forma de créditos ficticios a favor de diversas personas. Durante años, por esta vía los caciques del banco, entre ellos los Pujol, se llevararon a sus bolsillos miles millones de las antiguas pesetas.
Pero el lucro personal de los jefes del banco, por más dinero que se llevaran a sus bolsillos, no fue la causa de la crisis que estalló en el banco en 1982. Aquella crisis fue consecuencia de la crisis del capitalismo, en aquel momento una crisis de superproducción del capital financiero español.
No fue diferente de otras crisis de aquel momento, de la que Rumasa fue el caso más conocido. Pero Pujol no era Ruiz-Mateos sino el representante de una clase social a la que la transición había consentido un pedazo del pastel. Cuando quebró era el décimo grupo bancario español y el primero en Catalunya, pero ese no era el trozo que la burguesía catala pretendía.
En aquel mismo momento el PSOE llega al gobierno y se produce un hecho característico: el trozo del poder político y económico que tenía Banca Catalana era suficiente para impedir llevarles a la cárcel pero insuficiente para mantener a flote el banco, el buque insignia de la burguesía catalana.
En Madrid la prensa cavernaria presenta el asunto de una manera singular. Dice que en 1982 el Estado central salió generosamente en ayuda del banco regional, lo cual es cierto: 85.000 millones de pesetas costó la broma a las arcas públicas. Pero les falta contar el resto de la historia: los despojos de aquel negocio se los devoraron los buitres financieros, especialmente el Banco de Vizcaya, hoy BBVA. Fueron ellos los que se quedaron -una vez más- con el dinero público.
En aquella época Pujol estaba en la cúspide de su poder como President de la Generalitat. Además, la burguesía catalana sostenía en Madrid al gobierno del PSOE y eso le salvó de ir a la cárcel en aquel momento. Como es su costumbre, los jueces y fiscales hicieron el paripé:
a) los fiscales se querellaron en 1984 contra Pujol y otros 17 buitres más
b) nada menos que 33 jueces de la Audiencia firmaron en 1986 que Pujol no había cometido delito alguno
c) en 1990 los jueces liberan de cualquier clase de culpa a todos los demás consejeros
d) siguiendo órdenes de Madrid, los fiscales no recurrieron las decisiones judiciales
Lo llaman «independencia judicial». Asi se tapó todo el asunto que, en realidad, era sólo una parte del asunto.
El abogado, el juez y la cloaca
Otra parte del mismo asunto. El abogado de Pujol en aquel asunto fue Juan Piqué Vidal, que junto al juez Pacual Estevill manejaba los asuntos judiciales en Barcelona. Por un módico precio, el juez y el abogado garantizaban que los pecados de la burguesía morirían en alguno de los muchos laberintos judiciales.
El matón que ayudaba a Piqué Vidal era el capitán de la Guardia Civil Sebastián Martínez Ferraté, a quien el abogado encargaba vigilar, seguir y amenazar a los periodistas que le relacionaban con la trama corrupta del juez Estevill.
A principios de los años ochenta Piqué Vidal defendió al padre de Javier de la Rosa por la venta de terrenos inexistentes de la Zona Franca de Barcelona. El abogado sacó en el maletero de su coche a Javier de la Rosa Vázquez, cruzó la frontera a Francia y desde allá huyó a Brasil, ante la inminente condena que se le venía encima.
Durante décadas el abogado dirigió en Barcelona una red de blanqueo de capitales que servía tanto a la burguesía catalana como a un grupo de narcotraficantes maxicanos.
El abogado también garantizaba que Barcelona fuera un paraíso fiscal lo más parecido posible a Andorra. Los inspectores de Hacienda hacían la vista gorda, otro caso turbio en el que, además de Pujol, aparecieron Josep Lluís Núñez, presidente del Barcelona Club de Fútbol, Javier de la Rosa… Los mismos de siempre.
Caso Caric
En los años ochenta el brazo derecho de Pujol en la Generalitat era Macià Alavedra, a su vez estrechamente relacionado con Javier de la Rosa y Pacual Estevill.
Su principal obra como consejero de Economía de la Generalitat fue la construcción de Port Aventura, que financió gracias a Javier de la Rosa y a un aval de 1.000 millones de pesetas de la Generalitat a través de la Comisión de ayuda para la reconversión industrial de Catalunya (Caric), un organismo creado con fondos públicos para apoyar a empresas en crisis que se desvió para crear parques de atracciones como aquel.
En 1990 la fiscalía abrió una investigación por aquellos manejos de la Comisión cuyos avales cayeron en los bolsillos de empresas vinculadas a altos cargos de la Generalitat y de sus familiares.
Esta vez el paripé judicial consistió en lo siguiente: la Generalitat salvó la cara reclamando la devolución de los avales ante los tribunales cuando ya habían prescrito.
Operación Pretoria
Al tiempo que era Consejero de Economía, Macià Alavedra ostentó cargos ejecutivos en varias empresas privadas, por lo que la fiscalía formuló una querella contra él y contra otros cargos de la Generalitat que hacían lo mismo.
Por órdenes del PSOE, el Fiscal General del Estado apoyó nuevamente a CiU y prohibió a la fiscalía el ejercicio de acciones penales por entender que los delitos estaban prescritos.
Desde Madrid la Fiscalía General del Estado torpedeó otra vez una querella dirigida contra la burguesía catalana.
Sin embargo, en 2009 la Audiencia Nacional encarceló Macià Alavedra y Lluís Prenafeta, entre otros implicados en la Operación Pretoria a los que acusaron de «asociación ilícita» y otros muchos delitos que les reportaron 45 millones de euros procedentes de pelotazos urbanísticos.
Lo mismo que Pujol, Alavedra también tiene cuentas en Liechtenstein, Suiza, Andorra, las Islas Caimán, Madeira o el Estado norteamericano de Delaware. El testaferro que gestionaba sus fondos en el extranjero era Phillip McMahan Bollich, un norteamericano residente en Suiza, directivo de Banca Catalana, que actualmente reside en Andorra.
El 31 de octubre de 2009 el diario catalán La Vanguardia se quejó por la detención de Alavedra, Prenafeta y los demás chorizos de la burguesía catalana. En la Audiencia Nacional «los tratan como si fueran terroristas», escribieron. ¡Ah! Pero, ¿acaso no eran terroristas?

Entrecomillando

Nicolás Bianchi

Me pasa, a veces, que a las grandes palabras les tengo que poner comillas y parihuelas porque, a diferencia de quienes se llenan la bocota con, por ejemplo, el concepto «democracia» sin que sufran empacho, yo me quedo famélico. Si escribo democracia, la tengo que entrecomillar, vean: «democracia». Y ello, por supuesto, porque no creo que en el Reino de España -porque esto es un Reino- exista una democracia a no ser que seamos nominalistas y creamos en la magia de las palabras, es decir, que con solo nombrarlas o enumerar una serie de libertades formales ya cobran vida y adquieren consistencia. Una suerte de fiat lux y la luz se hizo, milagreramente, milagrosamente.
Decía el cronopio Julio Cortázar que las palabras pueden llegar a cansarse y a enfermarse, «como los hombres y los caballos». Hay palabras que, a fuerza de ser repetidas y muchas veces mal empleadas, terminan por agotarse. Palabras-cumbre
como libertad, dignidad, derechos humanos, pueblo (o, ahora, «gente», y antes, con Negri, «multitud», no dicen «chusma» de puto milagro), justicia o democracia se ven atacadas por este virus que a mí, NB, me obliga, según quién las pronuncie, a entrecomillarlas para protegerlas. Digo democracia, digo libertad y, de pronto, si no les pongo comillas siento que las pronuncio maquinalmente, como un robot, y, lo que es peor, quienes me escuchan corren el riesgo involuntario de asimilarlas como un estereotipo, como un cliché vacío de contenido. No es ya que padezcan desgaste o erosión, sino que, en efecto, los cuatreros de plusvalía y sus lacayos nos hurtan hasta las bizarras palabras y su significado. Y ello con glotonería. Ni las ningunean ni son anoréxicos con las nobles palabras (aunque no sabemos de palabras «innobles»); al revés, las expectoran a cada rato así no más les pidas la hora te contestan como demócrata que soy son las nueve menos diez, señor ciudadano. Al monopolio de la violencia le agregan el monopolio del verbo y hasta del logos.
Mostraré ahora una impostura. Me valdré de Antonio García Trevijano, político ya provecto pero que hila fino, que ha conseguido hacer calar el término «partitocracia» para calificar «esta» democracia rememorando el «turnismo» de la Restauración decimonónica entre Cánovas y Sagasta, pero no ofreciendo como alternativa una salida revolucionaria precisamente, no, esto nunca, que somos gente de «orden», quien sostiene -GT- que la deslealtad ha sido el motor y paradigma de la llamada Transición española. Empezando -dice- por el Rey, que fue desleal primero a su padre, don Juan, que se dice, y luego a los principios del Movimiento (Nacional) que juró. Lo fue Adolfo Suárez a la Falange. Fraga a su credo franquista. Felipe González -sujeto por el que quien esto firma siente un asco kantiano insuperable- a los postulados socialistas, qué risa, felisa. Y Carrillo, otro que tal baila (ba), al ideario comunista. A los intelectuales y artistas no les toquemos, que están inspirándose. Como puede verse, todo un rosario de traiciones. A cambio del medro y la posición, por descontado. Como decían los milicos argentinos, nosotros somos «derechos» y «humanos». Con este personal nos jugamos los cuartos. O nos jugábamos, que ahora viene la nueva hornada del quítate tú para ponerme yo antes de que la purria se ponga tonta y nos mande a todos a tomar por el orto.
Quienes todavía se mantienen en pie y no de rodillas son los proscritos que aún creen en las grandes palabras y les restituyen su auténtico y prístino significado. Algo más que un metarrelato.

Murió por gritar

El 3 de abril de 1973 el obrero Manuel Fernández Márquez murió asesinado en Barcelona durante una manifestación por disparos de la policía. Muchos años después su nieta recordó su muerte:
Hace 35 años, el día 3 de abril de 1973, a las ocho y media de la mañana, una bala de la policía fue a parar al cuerpo de un trabajador y lo mató. Era mi abuelo, Manuel Fernández y vivía aquí en Santa Coloma.

Él trabajaba en la central térmica de Sant Adrià del Besós y los obreros de esta central, más de 2.000, habían hecho una parada en el trabajo para protestar por la subida de precios. Pedían un aumento de salario de 4.000 pesetas al mes (que son unos 24 euros de ahora), 40 horas de trabajo semanal en lugar de las 56 que hacían, cobrar el salario íntegro en caso de enfermedad, y tener derecho a reunirse en la empresa. Es por esto que estaban concentrados y la policía los vigilaba.

Mi abuela me ha explicado que ella no entendió nunca que le pasara eso a mi abuelo porque él no era violento ni se enfrentaba nunca con nadie. Según ella, aquel día debió llegar al puesto de trabajo preguntando a los compañeros como iban las negociaciones y qué habían decidido hacer, y en aquél preciso instante la policía comenzó a disparar y un tiro impactó en el corazón de mi abuelo y lo mató. Tenía 27 años y su mujer, que es mi abuela Carmen, tenía 24 y un hijo de 2 años, mi padre.

Mi abuelo era de Extremadura y solo llevaba tres meses en Santa Coloma. Años después le dedicaron una calle en Sant Adrià del Besós, la calle Manuel Fernández Márquez, una calle normal y corriente que tiene nombre de persona normal y corriente porque está dedicada a la memoria de un trabajador, como muchos otros, que la policía del régimen de Franco mató sin que nadie entendiera por qué.

A su entierro asistieron más de 2.000 personas y a la salida del cementerio de Pomar de Badalona, cuando un obrero de la central térmica de Sant Adrià, compañero suyo de trabajo, intentó leer un poema que él mismo había escrito para despedirlo, la policía lo impidió y cargó contra los asistentes.

El poema se titulaba «Murió por gritar»:

Martes 3 de abril de 1973
Ese día murió Manuel,
Manuel Fernández Márquez,
obrero.
Pero no murió de cansancio,
como morimos muchos.
Pero no de accidente de
trabajo,
como seguimos muriendo.
Pero no de hambre y de miedo,
como quisieran que muriésemos.
Murió por gritar
que no quería morir por nada de eso.
Murió por gritar
Yo soy yo y mis compañeros.
Murió
porque el único argumento de sus opresores
se le incrustó en el cuerpo
ese martes, ese 3 de abril
teñido en sangre
asesinaron a Manuel, MANUEL FERNÁNDEZ MÁRQUEZ
compañero nuestro.

La mejor agitadora de nuestra época

Mary Harris (1837-1930) fue una destacada dirigente y organizadora del proletariado de Estados Unidos. Los obreros la llamaban «Mother Jones».
Nació en un hogar campesino de militantes independentistas irlandeses y muy joven conoció el exilio, cuando su familia tuvo que huir a Toronto, Canadá, ya que los ingleses ahorcaron a su abuelo por participar en la lucha nacionalista irlandesa.
En Canadá obtuvo su título de maestra. Ya en Estados Unidos, después de trabajar unos pocos meses, renuncia al estricto convento donde dictaba clases, porque “prefería zurcir que mangonear a niños pequeños” y se mudó a Chicago, donde trabajó como costurera.
En 1861 se casó con George Jones, un obrero fundidor, con quien tuvo cuatro hijos. Junto a su compañero dará sus primeros pasos en la lucha proletaria. Pero seis años después, su marido y sus cuatro hijos mueren en una epidemia de fiebre amarilla y, en 1871, un incendio destruye su casa y la fábrica donde trabajaba. Esta tragedia moldeó su personalidad: Mother Jones, organizadora sindical, una gran oradora. La socialista Elizabeth Gurley Flynn, la definió como “la mejor agitadora de nuestra época”.
Mother Jones se incorpora a la organización semiclandestina Caballeros del Trabajo, que reunía a los sectores más explotados del movimiento obrero -entre ellos mujeres, negros e inmigrantes-. A partir de 1890, se suma a los esfuerzos de los mineros para fundar su propio sindicato. 
El desarrollo del capitalismo en Estados Unidos alentó la lucha obrera. Los capitalistas se llevaban millones de dólares a costa de la explotación más descarnada de hombres, mujeres y niños. Las condiciones laborales imponían mutilaciones, enfermedades crónicas y muerte. La voz de Mother Jones repicaba en las minas y las fábricas, se amplificaba en las luchas por la jornada de ocho horas. Cuando le preguntaban dónde vivía, decía “en cualquier parte, allí donde haya una lucha”. Solía compartir las precarias viviendas con los trabajadores, las carpas cerca de las minas, sin contar sus estancias en comisarías, juzgados y cárceles.
En 1902 el fiscal de Virginia occidental, Reese Blizzard, ordenó su detención diciendo que era “la mujer más peligrosa de Estados Unidos”. No había obedecido su orden prohibiendo organizar reuniones públicas con los mineros en huelga.
Al año siguiente organizó una marcha de los niños que trabajaban en las fábricas y minas de Kensington, en Pennsylvania. Se fueron desfilando hasta Oyster Bay, cerca de Nueva York, donde vívía el presidente Theodore Roosvelt. Portaban pancartas en las que se podía leer: «¡Queremos tiempo para jugar!» y «¡Queremos ir a la escuela!». El presidente no quiso recibir a una delegación de los niños, pero su campaña levantó una ola formidable de apoyo en Estados Unidos, poniendo en cuestión el trabajo infantil.
En su autobiografía describe las penosas condiciones de trabajo de los niños y niñas en las fábricas: «Con los pies desnudos, las niñas y los niños iban y venían entre las interminables filas de máquinas tejedoras, acercando sus pequeñas manos desnudas para enhebrar los hilos rotos. Se metían bajo las máquinas para engrasarlas. Noche y día, noche y día cambiaban los pernos. Eran niños pequeños de seis años con rostros envejecidos de sesenta años que cumplían con sus ocho horas de trabajo diarias por diez céntimos. Cuando se dormían les arrojaban agua fría a la cara y la voz del director tronaba por encima del ruido infernal de las máquinas».
En 1905 ingresó en el Partido Socialista y al año siguiente fue la única mujer entre los 27 firmantes del manifiesto fundador de la Industrial Workers of the World, que llamaba a organizar a todos los obreros y obreras industriales.
En 1912, en medio de una violenta huelga minera, organizó un gran movimiento de solidaridad, que incluía movilizaciones de las mujeres, hijos e hijas de los huelguistas, para rodear y presionar a los patronos.
Durante una huelga, en 1913 la detuvieron junto a otros luchadores por denunciar las duras condiciones de trabajo en las minas. La acusaron de intento de asesinato y después de una farsa judicial la condenaron a 20 años de cárcel. Pero su firmeza ante los jueces hizo que el Senado del Estado de Virginia occidental investigara las condiciones de las minas. Finalmente, fue liberada y absuelta ante la ofensiva de protestas obreras que se desencadenó.
Meses después la volvieron a detener a causa de una huelga de los mineros del carbón en Colorado. La llevaron a juicio varias veces, acusándola de sedición, ya que en aquella época aún no se había inventado el delito de terrorismo.
Siendo una anciana, en 1925 dos matones penetraron en el domicilio en el que vivía. Logró matar a uno de ellos, pero los tribunales conviertieron a la víctima en victimario. La volvieron a acusar de asesinato y la detuvieron. Más tarde se demostró que los dos delincuentes actuaban por cuenta de un capitalista de los alrededores.
Sin aquellas penalidades la clase obrera no hubiera logrado victorias. Por ejemplo, tras la masacre de Ludlow Mother Jones se entrevistó con John D. Rockefeller, de quien obtuvo una importante mejora en las condiciones de trabajo de los obreros.
Mother Jones murió a los 93 años. Poco antes publicó su autobiografía, que desde entonces no ha vuelto a ser reeditada. Su última voluntad fue que su cuerpo fuera enterrado en el cementerio de Mount Olive, en Illinois, cerca de los mineros que habían sido asesinados tras el levantamiento de Virden en 1898.
Su memoria no se ha borrado de la clase obrera. En 1976 una revista estadounidense tomó su nombre «Mother Jones» para su cabecera.

La era de la salud pública nació en la URSS

El concepto y, sobre todo, la práctica de la salud pública no han existido siempre sino que son una conquista de la Revolución de Octubre. Algo tan sencillo como esa práctica cotidiana y actual que consiste en acudir a un centro médico para cuidar nuestras enfermedades gratuitamente se la debemos al esfuerzo de los bolcheviques. La atención médica ha existido siempre… para unos pocos privilegiados; la atención a los obreros, los campesinos y la población, en general, sólo existen desde 1917 y sólo existirá en el futuro si somos capaces de defenderla al menos con tanta energía como pusieron otros en conseguirla.

La primera red sanitaria general de la historia fue obra de Nikolai A. Semashko, fundador del partido bolchevique y primer comisario (ministro) de Sanidad desde 1918 hasta 1930. En su libro sobre la “Protección de la salud en la URSS”, publicado en 1934, Semashko estableció tres principios básicos que debía reunir el servicio soviético de salud: unidad en la organización, participación de la población en la totalidad del trabajo de protección de salud y medidas profilácticas, es decir, la prevención.

La sanidad soviética, por tanto, no era un servicio especialmente destinado a los obreros y campesinos sino una tarea en cuya planificación participaban activamente los sindicatos obreros, las cooperativas agrarias, los soviets y la población en general, es decir, millones de personas que atendían y eran atendidos por la red sanitaria más grande que nunca se había puesto en funcionamiento, alcanzado a cada uno de los rincones de la extensa URSS, incluidos los más alejados y remotos.

La implantación del modelo de medicina soviética en el mundo capitalista fue obra del suizo Henry E. Sigerist que, entre otros, impartió cursos en el Instituto de Historia de la Medicina de la Universidad John Hopkins de Estados Unidos. Sigerist viajó varias veces a la URSS y estudió meticulosamente su sistema sanitario, del que se convirtió en su divulgador más entusiasta: “Los estudios que he hecho durante tres veranos en la URSS -escribió- fueron quizás los más inspiradores de toda mi carrera. Admito francamente que estoy impresionado por todo lo que vi, por el esfuerzo honesto de una nación entera para darle atención médica a todo el pueblo”. El médico suizo siempre reconoció honestamente las aportaciones pioneras de la revolución socialista a la medicina mundial, que describió en su libro “Socialized Medicine in the Soviet Union” publicado en Nueva York en 1937.

Durante la I Guerra Mundial Sigerist fue movilizado como médico del ejército francés, lo que le permitió comprender el carácter imperialista de aquella terrible masacre y, a la vez, valorar la trascendencia histórica de la revolución de 1917: “Un nuevo orden político, económico y social ha nacido de allí y ha modificado muy profundamente las formas de la atención médica […] Puesto que la salud es un bien al que todos tienen derecho el servicio médico es gratuito […] La medicina preventiva tiene prioridad decisiva […] El servicio médico se lleva a la población cada vez más por centros médicos, dispensarios, policlínicos […] La cultura física se ha hecho popular […] Lo que está sucediendo allá es el inicio de un nuevo período de la historia de la medicina”.

Médico e historiador de la medicina, Sigerist se convirtió en un socialista convencido. Sin llegar a ser nunca un marxista militante, gracias al estudio de la medicina se apercibió de que el socialismo era una forma superior de vida para la humanidad. Para el médico suizo el sistema sanitario soviético no sólo era un modelo válido de atención sanitaria que había que llevar al mundo entero; era algo mucho más importante que eso: la sanidad soviética culminaba una larga evolución histórica de los servicios de salud.

En 1938 escribió el artículo “Medicina socializada” para la “Yale Review” donde decía que “el pueblo tiene derecho a la atención médica y la sociedad tiene la responsabilidad de cuidar a sus miembros […] Cada ciudadano debe tener una asistencia médica gratuita, los médicos, como los demás trabajadores de la salud, deben recibir un salario”. La salud no es sólo un problema técnico de asistencia al enfermo sino que se promueve activamente proporcionando condiciones de vida decentes, buenas condiciones de trabajo, educación, cultura física y formas de esparcimiento y descanso.

En 1943 en su libro “Civilization and desease” (Civilización y enfermedad) escribió que el mundo se disponía a dar el paso “de la sociedad de competencia a la sociedad de cooperación; irá hacia el socialismo”. La obra incorpora importantes tesis del materialismo histórico sobre la enfermedad en dos capítulos en los que analiza los determinantes materiales y económicos de la enfermedad. El libro le convirtió en un referente para los estudiantes y jóvenes médicos progresistas de todo el mundo. El 30 de enero de 1939 la revista “Time” ya había publicado su retrato en portada, calificándole como el historiador de la medicina más importante del mundo.

A través de Sigerist la influencia de la medicina soviética alcanzó a Estados Unidos. Con la ayuda de conocidos investigadores, el médico suizo creó la “American Soviet Medical Society”, que presidió Walter B. Cannon, amigo de Pavlov y profesor emérito de Fisiología de la Universidad de Harvard. La asociación editó la revista “The American Review of Soviet Medicine”. La promoción de la comprensión entre los pueblos era su modo de ayudar al intercambio cultural y científico.

Sin embargo, durante la caza de brujas de la posguerra fue ferozmente atacado por la Asociación Médica Norteamericana y el círculo más reaccionario de estudiantes de medicina de la Universidad Johns Hopkins. Fue purgado por la Comisión del Servicio Civil Gubernamental, lo que le impidió ocupar cargos públicos en lo sucesivo. Entonces decidió regresar a Suiza, donde comenzó a redactar su obra cumbre “Historia de la Medicina”, de la cual llegó a publicar el primer volumen.

Por influencia de la Revolución de Octubre y de Sigerist, en Inglaterra también apareció un movimiento en favor de la nueva medicina social y en 1930 Major Greenwood fundó la Asociación Médica Socialista que influyó decisivamente en el programa sanitario del partido laborista. Posteriormente con la ampliación del campo socialista en 1945 y la llegada del partido laborista al gobierno, los obreros británicos pudieron disfrutar de una red pública de atención sanitaria como la que ya disfrutaba la URSS desde hacía décadas.

Desde Suiza, Sigerist hizo varios viajes a Londres que culminaron en las Conferencias de Health-Clark en 1952, pronunciadas en la Escuela Londinense de Higiene y Medicina Tropical. Hasta su muerte en 1957 la ingente obra de Sigerist, que llena las bibliotecas de las facultades de medicina, inspiró la creación del nuevo sistema público de salud británico y otros parecidos en el mundo entero.

El remate de este proceso que se inició en la URSS también acabó en la URSS, en 1978, en Alma-Ata, durante la asamblea de la Organización Mundial de la Salud, cuando el bloque de países socialistas logró aprobar una resolución en la que, por primera vez, se definía a la medicina como un servicio público, con un único voto en contra: el de Estados Unidos. En medicina este principio se conoce como la Declaración de Alma-Ata y dice lo siguiente: “El pueblo tiene el derecho y el deber de participar individual y colectivamente en la planificación y aplicación de su atención en salud”.

Hoy en cada dispensario médico, hospital o clínica pública del mundo siguen latiendo -inmortales- los principios de la Revolución de Octubre y su éxito al llevar a toda la humanidad algo tan preciado como es la salud.

(artículo publicado por vez primera en 2010)

50 años sin Malcom X

Hoy el centro Shabazz de Nueva York está recordando al dirigente afroamericano Malcolm X, al cumplirse 50 años del asesinato de una de las figuras más importantes de la lucha por los derechos de los negros en Estados Unidos. Malcolm X fue una de las caras más visibles de la lucha por los derechos civiles.

El centro Shabazz, que promueve el legado de Malcolm X y su esposa, la también militante Betty Shabazz, homenajea a la figura del dirigente afroamericano en el mismo lugar en el que fue asesinado medio siglo atrás, un acto para el que se han agotado las entradas. No se han facilitado detalles sobre el homenaje que se ofrecerá a la memoria del dirigente afroamericano.

Malcolm X abrazó las ideas de la Nación del Islam, una organización que congregaba a la comunidad negra y denunciaba las políticas segregacionistas de Estados Unidos. Durante 12 años, Malcolm X fue una de las principales cabezas visibles de la Nación del Islam, atrayendo a los ciudadanos afroamericanos y a personalidades como el boxeador Mohamed Alí, con discursos duros y de enfrentamiento contra el imperialismo.

En 1960, se reuniría en el Hotel Theresa, de la ciudad de Harlem, con el dirigente revolucionario cubano Fidel Castro, mientras éste participaba en Nueva York en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Según recogen las crónicas del momento, Malcolm X le aseguró a Fidel que “mientras el Tío Sam esté contra ti, sabes que eres un hombre bueno”.

Ernesto Che Guevara, en 1964, mientras participaba en un debate de la ONU en Nueva York, envió un mensaje a Malcolm X donde enviaba “los cálidos saludos del pueblo cubano y, en especial, los de Fidel, que recuerda con entusiasmo su visita a Harlem hace unos pocos años. Unidos venceremos”.

En su último discurso público en 1965, Malcolm X sentenció que “vivimos en una época de revolución, y la sublevación del negro norteamericano es parte de la rebelión contra la opresión y el colonialismo que ha caracterizado esta época”.

En febrero de 1965, mientras pronunciaba un discurso en el auditorio del Audubon Ballroom de la ciudad de Manhattan, Malcolm X fue asesinado con más de 15 disparos.

Su prédica e internacionalismo, la claridad de su idea de liberación en Estados Unidos, y la humildad de sus actos, serían los ejemplos que luego tomarían organizaciones como las Panteras Negras y el movimiento antibelicista norteamericano.

La crisis del régimen del 78

Juan Manuel Olarieta

Dos periodistas muy envejecidos, Miguel Ángel Aguilar en la televisión y Juan Ramón Lucas en internet, han saltado a degüello, como si fueran talibanes, contra la tesis de Podemos acerca de la crisis del régimen del 78, una expresión bastante feliz, por lo demás, mucho más expresiva que lo de la «casta». Sólo cabe esperar y desesperar con que sean consecuentes con lo que dicen.
Lo que molesta a Aguilar y a Lucas no es tanto el reconocimiento de la crisis, que es evidente, como la expresión «régimen» que -según ellos- minusvalora la transición, es casi despectivo. Sin embargo, nunca protestan cuando en España los medios convierten a Cuba en «el régimen castrista», a la República Popular y Democrática de Corea en «el régimen norcoreano», a Venezuela en «el régimen chavista» y a la URSS en el «régimen bolchevique». Por lo tanto, no está mal pagar a los intoxicadores con un poco de su propia medicina.
El empleo de la expresión «régimen» tiene, además, una connotación de temporalidad, algo efímero que puede (e incluso debe) ser sustituido por otro, por otro «régimen» y por eso hay quienes hablan de una «segunda transición», lo cual supone reconocer que ha habido una primera y que esta segunda va a ser igual (de fraudulenta) que la anterior.
El franquismo también fue un régimen y en 1978 no fue sustituido sino reforzado por otro. No hay más que leer las propias normas oficiales con las que se llevó a cabo ese refuerzo, como la Ley para la Reforma Política de diciembre de 1976, por poner sólo un ejemplo. Las propias declaraciones oficiales dejaron claro que se trataba de «mejorar» el franquismo para evitar su desmoronamiento. Durante décadas casi todos colaboraron en aquella maniobra, pero especialmente lo que se llamó «la oposición». Los únicos que no se engañaron fueron ellos mismos que, si alguna vez fueron realmente oposición, se pasaron a la colaboración, se incorporaron a aquello contra lo que habían luchado formando un maridaje de intereses turbios que, finalmente, se ha venido abajo porque era extraordinsariamente endeble: no se basaba en otra cosa que el dinero, el manejo del dinero y los cargos desde los que se le puede meter la mano en el dinero. De esa manera el régimen de 1978 se convirtió en un gran soborno que sólo podía durar mientras hubiera dinero.
Reconoce Lucas en su artículo que «algo falló desde el origen». ¿Algo? Lo que falló fue el origen, o sea, todo. «Lo que mal empieza, mal acaba» y este regimen se arrastra por el suelo como los limacos, dejando tras de sí un asqueroso rastro de babas. Lucas dice que Monedero insulta «la memoria de los que aquí pelearon por la democracia». Pues yo no me siento insultado por Monedero sino por Lucas y por todos los que como él llaman democracia a cualquier cosa, como este régimen de 1978, porque es lo que disfraza su traición. Los demás luchamos entonces por la democracia (y por otras reivindicaciones) y seguimos ahora luchando por lo mismo, es decir, no hemos parado de luchar.
La manipulación de Lucas es doble. En la época de la transición -reconoce- no sólo se creyó lo de la «democracia» sino, además, que era «perfecta». ¡Hace falta ser torpe! Pero ahora se ha dado cuenta de que no lo es, asegura.

Sin embargo, el problema no es que sea «imperfecta» sino que no es tal democracia, ni lo ha sido nunca. No he escuchado a nadie gritando por la calle indignado que esta democracia no es perfecta, sino algo muy distinto: «Lo llaman democracia y no lo es». Lo llaman democracia y no lo ha sido nunca.

No obstante, desde 1978 ha cambiado algo importante: antes teníamos enfrente a los fascistas; ahora tenemos enfrente, además, a los socialfascistas. Antes la caja registradora la manejaban los falangistas, mientras que ahora vemos enfangados a los «sindicalistas» de UGT con los ERE, a los de CC.OO. con sobresueldos, a los de… No hay ninguna organización institucional que se haya librado de la corrupción, lo cual no es de ahora sino de siempre. Ese fue el precio que cobraron por participar en la farsa de la transición. Por eso precisamente algunos la llaman «traición» y otros no se conforman con haber padecido una sino que quieren otra.

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