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El debate de La Haine sobre la amnistía es el beso de Judas

Juan Manuel Olarieta
El “debate” abierto por La Haine en torno a la amnistía está agotado antes de empezar. De la propia lectura de los textos publicados se desprende que no es realmente un “debate” y que no puede haber nada parecido a un “debate” porque no hay nada que debatir.

No se puede hablar de si una reivindicación, como la amnistía, es “idónea” o no. Ese “debate” de salón lo tendrán quienes, como los administradores de La Haine o los que participan en él, se encuentran en la calle, pero en ningún caso los que están represaliados políticos, sus familias, los solidarios, los antifascistas y los abertzales.

Es como preguntarle a un obrero si un aumento salarial es “idóneo” en el “actual contexto” y abrir un “debate” en torno a ello. Como si hubiera alguna duda.

No hay “debate” porque la idoneidad de la lucha por la amnistía empieza al minuto siguiente de que alguien resulte encarcelado por su lucha política y sólo acaba cuando el último de ellos sale a la calle, es decir, cuando deja de haber presos políticos.

Todo lo demás es charlatanería.

El único verdadero debate es el siguiente: una parte de la izquierda abertzale se ha traicionado a sí misma abandonando los postulados que habían constituido sus señas de identidad desde más de 40 años, entre ellas la lucha por la amnistía.

Para que haya un “debate” tiene que haber un interlocutor, y en este caso no lo hay. Con los traidores, los renegados y los vendidos no se debate: se combate.

El “debate” de La Haine no sólo no trata sobre esto sino que pretende ocultarlo, es decir, hacer el juego a los traidores, que no han abandonado la lucha armada, como ellos insinúan; han abandonado la lucha.

Cuando los renegados de la izquierda abertzale hablan de que se presenta un “nuevo escenario político” se les olvida aclarar que lo único que ha cambiado en Euskal Herria es que ellos se han bajado los pantalones hasta los tobillos. No ha cambiado nada más.

Cuando púdicamente La Haine habla del “actual contexto” se refiere a lo mismo, porque en lo que a las cárceles respecta el contexto de represión no es actual sino muy viejo y no ha cambiado. En absoluto.

En el “debate” de La Haine se trata de hablar sobre la amnistía “en Euskal Herria”, que es como hablar del movimiento obrero relatando sólo las movilizaciones de una única fábrica.

La lucha por la amnistía no es una lucha sólo “del pueblo vasco” sino de todos los represaliados políticos, sus familiares y los solidarios con ellos, que son cada vez más y cada vez más duramente, dentro y fuera de Euskal Herria.

¿Acaso los renegados creen que ellos han patentado alguna lucha?, ¿quieren hacernos creer que realmente ellos van a seguir luchando?

Una parte de un determinado movimiento político que ha decidido abrirse las venas, ni puede decidir por los demás, ni comprometer a los demás, sino al contrario. Es un estímulo para continuar lo que ellos han abandonado. Un estorbo menos. Nos aligeran el equipaje.

Es cierto lo que dice La Haine en su presentación de este falso “debate”, acudiendo a una expresión de Brouard: durante muchos años la izquierda abertzale ha sido una punta de lanza contra el régimen remozado durante la transición.

Sería bueno subrayar eso de “hace muchos años” porque ahora mismo lo que fue punta de lanza se ha convertido en el culo del mundo.

¿Por que no abrimos un debate sobre eso?

Fuente: http://amnistiapresos.blogspot.com.es/2016/01/el-debate-de-la-haine-sobre-la-amnistia.html

Otros cuatro cadáveres para la memoria histórica

El argumento que esgrimen los fascistas contra quienes reivindican la memoria histórica es siempre el mismo: es propio de revanchistas, son asuntos muy viejos, no interesan a nadie, mejor no remover el lodo…

Pero ellos tienen su propia memoria histórica y no se olvidan de nada, por eso abren y cierran los sumarios de la Audiencia Nacional según les conviene, aunque hayan pasado mil años.

Por ejemplo, han reabierto el sumario por el secuestro de Publio Cordón, a pesar de que han pasado 20 años.

Han reabierto el sumario por la muerte de Miguel Angel Blanco, a pesar de que han pasado 18 años para procesar a otro preso más que, por lo que parece, se les había olvidado durante todo este tiempo.

Han abierto un sumario contra la dirección de ETA, juzgada y condenada, para acusarles ahora de “crímenes contra la humanidad” cometidos a partir de 1995.

Han condenado a una persona por insertar un mensaje en las redes sociales jaleando la muerte de Carrero Blanco, algo que ocurrió hace más de 40 años, en pleno franquismo…

Se olvidan de lo que les conviene. Puestos a reabrir sumarios podían acordarse del asesinato de cuatro personas en Alonsotegi (Bizkaia) hace 35 años, cuando las bandas, entonces llamadas “parapoliciales”, pusieron una bomba en el bar Aldana.

Desde entonces, cada año se celebra en Alonsotegi el 20 de enero un sencillo homenaje a aquellos asesinados: Manuel Santacoloma, Liborio Arana y el matrimonio formado por Mari Paz Ariño y Pacífico Fica.

Las diez víctimas que sobrevivieron nunca volvieron a ser las mismas. Las secuelas fueron irreparables. Un espeso silencio ha cubierto los hechos durante 35 años.

Aquellas víctimas del terrorismo de Estado, ¿no se merecen que la fiscalía abra un sumario en la Audiencia Nacional?

Esperar algo de la fiscalía de la Audiencia Nacional es un delirio. Lo único que cabe esperar es que haya personas como Iban González, que ha realizado un documental sobre aquellos acontecimientos titulado “Aldana 1980. Explosión de silencio”.

El documental, que se verá hoy en ETB1 a las 10 de la noche, relata que los fantasmagóricos “Grupos Armados Españoles” colocaron seis kilos de Goma-2 en el interior del bar Aldana y mataron a cuatro personas e hirieron a otras diez.

Relata también que el cuádruple crimen quedó impune porque el policía encargado de echar tierra encima del asunto fue… Amedo. Pusieron al zorro a cuidar de las gallinas. Como se demostró posteriormente, Amedo estaba a cargo de la policía paralela que cometía aquel tipo de acciones.

El Pacto Ribbentrop Molotov

Molotov y Von Ribbentrop
Rodolfo Bueno

Como resultado de la Gran Crisis del capitalismo, que comenzó en 1929 y afectó al mundo de la postguerra como ningún otro fenómeno económico, se inició la lucha por el nuevo reparto colonial del mundo. Japón atacó a China, Alemania a Austria y Checosloaquia e Italia a Etiopía. A la sazón, se podía dividir al mundo en potencias imperialistas agresoras y potencias imperialistas agredidas, tal como lo analiza Stalin. Las primeras, que nada tenían y lo exigían todo, atacaban a las segundas, que lo poseían todo; para ello, Alemania, Italia y Japón abandonaron la Liga de Naciones, conformaron el bando beligerante del Eje y firmaron el Pacto Anticomintern.

Las potencias agredidas, pese a que eran económica y militarmente mucho más fuertes que las agresoras, cedían y cedían posiciones. La razón de esta conducta tan extraña era darle aire a la agresión hasta que se transformase en un conflicto mundial. Incitaban a las naciones del Eje a atacar a la URSS con la esperanza de que la guerra agotase mutuamente a ambos bandos. Entonces les ofrecerían sus soluciones y les dictarían sus condiciones. Los países beligerantes, cuyas fortalezas se encontrarían destruidas como consecuencia de un largo batallar entre ellos, no tendrían más opción que aceptarlas. Una forma fácil y barata de conseguir sus fines.

Los políticos burgueses de las potencias agredidas esperaban que Hitler cumpliese con su promesa de liquidar el comunismo, presionaban a los alemanes para que vayan cada vez más lejos en dirección al Este, le abrían a Hitler la posibilidad de atacar a la Unión Soviética a través de los países del Báltico, para, al mismo tiempo, quedar ellos al margen de un eventual conflicto germano-soviético, y le daban largas al asunto de emprender la creación de un sistema de seguridad colectiva ante la agresión nazi-fascista. Con este propósito comenzaron una campaña calumniosa de descrédito contra el Ejército Rojo, la Fuerza Aérea Soviética y, en general, contra la URSS.

Este juego peligroso terminaría muy mal para los que propugnaban el anticomunismo como política de Estado. Es que los gobiernos de Londres y París, ofuscados por el odio acérrimo al comunismo, no podían y no querían ver el peligro que el nazi-fascismo representaba para ellos mismos.

Inmediatamente después de que en Munich, Inglaterra y Francia entregaran Checoslovaquia a Alemania, Hitler le exigió a Polonia la devolución del Corredor Polaco, la entrega del puerto de Danzig, Gdansk en polaco, y que le cediera facultades extraterritoriales para construir autopistas y líneas férreas por territorio polaco. Después, Alemania anuló el pacto de no agresión firmado con Polonia, luego renunció al convenio naval anglo-alemán, posteriormente comenzó a reclamar las colonias que le fueron arrebatadas por Francia e Inglaterra luego de la Primera Guerra Mundial, finalmente, Italia se apoderó de Albania.

El 23 de julio de 1939, Molotov, Ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética, con el propósito de lograr un acuerdo que impidiera la agresión alemana a Polonia, propuso a Gran Bretaña y Francia el envío de una comisión militar a Moscú. Sin el mínimo apresuramiento, pese a que la guerra estaba al borde de estallar, el 11 de agosto, diecinueve días después, la misión arribó a Moscú. Estaba encabezada por personajes poco conocidos, que no tenían ni las atribuciones ni los poderes para discutir nada ni firmar ningún convenio militar concreto.

La delegación nunca contestó a la inquietud fundamental de Moscú: para poder enfrentarse con Alemania, las tropas soviéticas tenían que pasar por el territorio polaco o el rumano, sin esta condición se hacía imposible la participación de la Unión Soviética en una alianza militar con Inglaterra y Francia.

El 14 de agosto, el Almirante Drax, Jefe la Misión, debió reconocer: “Creo que nuestra misión ha terminado”; sin embargo, las conversaciones se prolongaron para ver si era posible obtener la aprobación polaca al paso de las tropas soviéticas. Por último, Drax informó no tener noticias de Londres y propuso una nueva reunión para después de tres o cuatro días. El 23 de agosto, Voroshilov, Ministro de Defensa de la URSS, advirtió a la comisión: “Nosotros no podemos espera a que Alemania derrote a Polonia para que después se lance contra nosotros. Mientras tanto ustedes estarían en sus fronteras reteniendo a lo mucho diez divisiones alemanas. Necesitamos un trampolín desde el cual atacar los alemanes, sin él no podemos ayudarlos a ustedes”.

Ante el comprometedor silencio de los delegados añadió: “No hemos hecho nada en once días. El año pasado, al encontrase Checoslovaquia al borde del abismo, no obtuvimos una sola señal de Francia. El Ejército Rojo estuvo listo para atacar, pero esa señal nunca llegó. Nuestro gobierno y todo nuestro pueblo estuvieron ansiosos de ayudar a los checos y por cumplir con nuestras obligaciones dimanantes de los tratados. Ahora los gobiernos de Francia e Inglaterra han prolongado inútilmente y durante demasiado tiempo estas conversaciones político militares. Por ello no se debe excluir otros acontecimientos de índole político. Fue necesario obtener una clara respuesta de Polonia y Rumania sobre el paso de nuestras tropas a través de sus territorios. Si los polacos hubiesen querido responder positivamente a esta pregunta, es lógico pensar que hubiesen participado en estas negociaciones”.

Poco después se iniciarían unas negociaciones -que son criticadas por quienes desconocen o pretenden desconocer el preámbulo anterior-, que condujeron a la firma del Pacto de no agresión entre la Unión Soviética y Alemania.

A partir del fracaso de las conversaciones con Inglaterra y Francia, el gobierno soviético aceptó la propuesta alemana de concluir un acuerdo de no agresión que, desde mayo de 1939, Alemania le había propuesto en reiteradas ocasiones. El 23 de agosto de 1939, la URSS firmó el Pacto de no Agresión con Alemania, aunque esto no estuvo previsto en los planes de la diplomacia soviética antes de que Inglaterra y Francia frustraran las negociaciones de Moscú. La URSS actuaba con mucha cautela para evitar verse arrastrada a un conflicto que no buscaba ni deseaba. La conducta de Francia e Inglaterra en las fracasadas negociaciones le daban a entender que estos países procuraban involucrarla en un enfrentamiento armado con Alemania. Conocía además que las potencias europeas sostenía simultáneamente conversaciones secretas con Alemania con la finalidad de concluir un acuerdo dirigido en contra de la Unión Soviética.

Al firmar el pacto de no agresión, el gobierno soviético no se hacía ilusiones. El Mariscal Zhukov sostiene que se partía del supuesto de que el mismo no libraba a la URSS de ser agredida y añade: “En ningún momento escuché a Stalin palabras tranquilizadoras en relación al Pacto de no Agresión”. Después del 23 de agosto, la URSS estaba dispuesta a seguir las negociaciones con Gran Bretaña y Francia, pero estos países se negaron a ello.

Las críticas al pacto Ribbentrop-Molotov tienen la finalidad de absolver a los verdaderos culpables del estallido de la guerra. Posteriormente, cuando EEUU, Inglaterra y la URSS conformaron la coalición antinazi, muchos políticos relevantes de Occidente valoraron de manera positiva la firma del mismo. Quien en 1944 fuera Subsecretario de Estado de EEUU, Sumner Welles, escribe: “Desde el punto de vista práctico, cabe la posibilidad de lograr ventajas que -dos años más tarde, al producirse la agresión alemana, desde hacía mucho tiempo esperada-, tuvieron mucha importancia para la Unión Soviética”.

La coalición antifascista se hizo sólo posible luego de que Alemania Nazi derrotara y ocupara Austria, Checoslovaquia, Polonia, Dinamarca, Noruega, Belgica, Holanda y Francia. Por fin, estás derrotas hicieron ver a EEUU e Inglaterra la amenaza que el nazi-fascismo representaba para ellos y se sentaron las premisas que posibilitaron la formación de esta coalición. Pero incluso durante toda la guerra, tanto en los planes que se forjaron durante la contienda como en los que se forjaron para la posguerra, se sintió una actitud ambigua hacía la URSS de parte de los países aliados.

En los medios gubernamentales de Gran Bretaña y EEUU, con más virulencia a partir del fallecimiento del Presidente Franklin D. Roosevelt, se buscó siempre debilitar a la Unión Soviética. Por eso dilataron la apertura del Segundo Frente en Europa, por eso demoraron los suministros de material de guerra a la URSS, por eso se negaron a mandar tropas al frente soviético-alemán, porque procuraban preservar y acumular fuerzas con el fin de imponer a Moscú, cuando terminara la guerra, las condiciones de paz y las reglas de comportamiento en la arena internacional. Dichos planes se vieron alentados por el desarrollo de los trabajos tendientes a la fabricación de la bomba atómica, que los círculos gobernantes de EEUU pensaban utilizar como instrumento de imposición y hegemonía para el resto del globo terráqueo.

Fuente: http://calpu.nuevaradio.org/?p=152

Los peones del servicio secreto franquista en Euskal Herria

Xabier Makazaga
Es obvio que el ex-subcomisario José Amedo guarda numerosos secretos sobre la guerra sucia ejecutada en Iparralde usando las siglas GAL, a partir de 1983. Y es muy probable que también sepa mucho sobre los atentados cometidos años antes usando otras siglas; sobre todo, la del Batallón Vasco-Español, BVE.

Poca duda cabe de que Amedo empezó a “trabajar” en Iparralde (1) en pleno franquismo, y sería conveniente indagar sobre su relación con personajes como Ramón Lillo (2), al cual define como “viejo conocido”. Lillo dirigió en 1976 un comando mercenario que atentó en Iparralde contra varios refugiados utilizando unas metralletas Marietta compradas por la Policía española en los EEUU, y no sería nada de extrañar que Amedo tuviera que ver con aquellos atentados.

Lillo y Amedo eran entonces inspectores de policía. El primero, agente del Servicio Secreto franquista, el SECED. El segundo, según Wikipedia, ejecutó en la década de los 70 “labores de espionaje relacionadas con el entorno de la organización terrorista ETA”. Y fue precisamente en 1976 cuando otros dos inspectores con los que Amedo compartía piso desaparecieron en Iparralde. Un año después, hallaron sus cadáveres, hecho que lo marcó profundamente.

Fue asimismo en 1976 cuando otro viejo conocido de Amedo empezó a trabajar para el SECED. Se trataba de Jesús Diego de Somonte que en 1983 era ya comandante y jefe de los Servicios Secretos en Euskal Herria. Ambos tenían por costumbre reunirse en la Jefatura Superior de Policía de Bilbo.

Cuando estaba promocionando su libro “Cal viva”, a Amedo se le escapó que también conocía al capitán Alberto Martín Barrios que los octavos de ETA pm (3) secuestraron, y dos semanas después mataron, en octubre de 1983. Según la versión oficial, fue la muerte del capitán la que desencadenó la guerra sucia de los GAL, pero tengo fundadas sospechas de que no fue dicho fatal desenlace el que precipitó los acontecimientos, sino el secuestro mismo.

Los secuestradores de Martín Barrios afirmaron en un comunicado que lo estaban sometiendo a un “concienzudo interrogatorio” sobre “la tarea real” que desempeñaba, porque habían detectado que el capitán realizaba “extraños movimientos” que ligaban a “una actividad reservada de tipo especial”.

Entonces, la Policía pretendió que, quizás, sus secuestradores lo habían confundido con el comandante Diego de Somonte, que acabo de mencionar. Un bulo que sospecho lanzaron para esconder la verdad: que el capitán Martín Barrios era también de los Servicios Secretos.

Me sobran los motivos para sospechar que ésa era su verdadera labor. Entre otros, el que lo sucedido tras su secuestro sea mucho más comprensible si su ocupación oficial, en la farmacia del Gobierno Militar de Bilbo, no era sino una tapadera para otras inconfesables actividades.

De ser la verdadera labor de Martín Barrios la que sospecho, se entiende a la perfección que su secuestro hiciera saltar todas las alarmas en el corazón del Estado. No era para menos. Si el capitán estaba al corriente de lo que Amedo y compañía estaban tramando en Iparralde, las autoridades españolas se tuvieron que poner muy, pero que muy nerviosas.

En esas circunstancias, no es nada de extrañar que dieran la orden de secuestrar, a toda costa y con suma urgencia, a Joxe Mari Larretxea, dirigente del grupo que se responsabilizó del secuestro del capitán. Y tampoco extraña tanto que mantuvieran la orden después de que la Policía francesa pillara a los compinches de Amedo intentando secuestrarlo. Lo volvieron a intentar y los volvieron a pillar in fraganti, con el subsiguiente escándalo.

En todo caso, habría que preguntarle a Amedo de qué conocía al capitán Martín Barrios, y también podría aclarar, de paso, algunas cuestiones relativas a su estrecha relación con el ya fallecido comandante Diego de Somonte. Por ejemplo, si es cierto, como afirma su viuda, que ambos viajaban a menudo juntos a Iparralde y que su marido también tenía previsto hacerlo el 23 de septiembre de 1983, en aquel viaje en el que, a la vuelta, Amedo tuvo un accidente de auto en la autopista.

Según el ex-subcomisario, la Ertzaintza le incautó entonces un maletín que contenía datos muy comprometedores sobre diversos mercenarios que pocas semanas después empezarían a cometer los atentados reivindicados usando las siglas GAL. Se trataría de números de teléfono de dichos mercenarios, y pisos de contacto que iban a usar. Unos datos que la Ertzaintza jamás puso a disposición de juez alguno.

Amedo también sabe muchísimo sobre no pocos agentes policiales franceses que participaron en la guerra sucia a cambio de fuertes sumas de dinero procedente de los fondos reservados. Entre ellos, “Jean-Louis”, uno de los protagonistas de su libro “Cal viva”, del que afirma conocer la identidad y cargo que ocupa en la actualidad en la Policía.

Conoce también la identidad de bastantes otros, pero tan sólo cita por su nombre a quienes quedaron al descubierto: Jacques Castets y Guy Metge. Y denuncia que ese último falleció en un accidente de tráfico que provocaron “los servicios galos de Información” a los que dirige un claro mensaje, al igual que a los hispanos. Les advierte de lo muchísimo que sabe, y guarda a buen recaudo, como guardó aquel famoso comunicado de los GAL manuscrito por Sancristóbal y Damborenea (4).

Según la viuda de Diego de Somonte, su marido le solía decir que cualquier día iban a hacer desaparecer a Amedo, y el propio Amedo también ha dejado bien claro su temor al respecto. Afirma que le ofrecieron fugarse de la cárcel, para que rehiciera su vida en Sudamérica con otra identidad, y que se negó en redondo por temor a que se deshicieran de él, como se deshicieron de Guy Metge.

Por eso guarda Amedo a buen recaudo sus comprometedores secretos, como seguro de vida, y por eso habla tan descaradamente de esos secretos en sus libros y entrevistas, con absoluto desprecio no sólo a las víctimas de la guerra sucia, sino también a la propia Justicia.

¿Y qué dice la Justicia española al respecto? Nada de nada. Y hacer, aún menos, por supuesto.

Fuente: http://www.resumenlatinoamericano.org/2015/04/24/acerca-del-terrorismo-de-estado-en-el-estado-espanol-los-secretos-de-amedo/

Aclaraciones al texto:

(1) Iparralde es la parte de Euskal Herria que está enclavada en Francia
(2) El policía Ramón Lillo, conocido actor de cine de películas infames, fue comisario jefe de la Audiencia Nacional.
(3) Los octavos de ETA pm fueron una escisión de ETA político-militar que se negó a abandonar la lucha armada.
(4) Julián Sancristóbal y Ricardo García Damborenea eran terroristas miembros a la vez del PSOE y de los GAL.

Wikipedia es un portavoz de la propaganda imperialista

La dirección de la enciclopedia digital Wikipedia ha censurado la entrada de un investigador ruso, Boris Borisov, que evaluaba las desapariciones ocurridas en Estados Unidos como consecuencia de la gran depresión que sucedió a la crisis de 1929.

El texto de Borisov ha desatado debates acalorados y los blogueros rusófonos han comenzado a difundir masivamente artículos contra la enciclopedia.

Borisov había titulado su entrada como el “Holodomor americano”, lo cual ya era toda una declaración de intenciones. En la jerga imperialista se llama “Holodomor” a los fallecidos en Ucrania durante la supuesta hambruna de aquella misma época, un tópico corriente en las críticas del imperialismo contra la URSS.

Hay aspectos de la historia que el imperialismo quiere dejar asociados exclusivamente a Stalin y a la URSS. La Wikipedia abunda en el Holdomor soviético, pero no en el americano, del mismo modo que admite el gulag soviético, pero no el americano, ni el francés, ni el británico. Por poner un ejemplo elemental: al finalizar la guerra civil española, Francia internó a los republicanos españoles en campos de concentración, pero a eso nadie le ha llamado gulag. ¿Por qué?

Lo mismo sucede con el Holodomor. Borisov es el primer historiador que ha comparado este fenómeno histórico en ambos países que aparece simultáneamente: Estados Unidos y la URSS. Según el investigador, el número de víctimas de la gran depresión en Estados Unidos es superior a los 7 millones de personas.

“Según la dinámica de crecimiento de la población, si las estadísticas estadounidenses son exactas, en diez años, de 1931 a 1940, Estados Unidos han perdido no menos de 8.553.000 habitantes; por otra parte, en el transcurso de 1930-1931 las estadísticas de población se han doblado en relación al año precedente y después han caído y se han mantenido en ese nivel durante exactamente diez años… No hay ninguna otra explicación en los centenares de páginas del enorme ‘Statistical Abstract of the United States’ del Departamento de Comercio”, dice Borisov.

“Pocos saben [que…] exactamente en la misma época, unos cinco millones de agricultores estadounidenses (cerca de un millón de familias) fueron desahuciados por los bancos a causa de sus deudas hipotecarias, pero el régimen no les ayudó con tierra o trabajo o ayuda social o jubilación, absolutamente nada”, afirma Borisov.

Ciertamente, se pueden presentar opiniones diferentes al respecto. Es poco probable que en Washington se acepten los argumentos de Borisov. Presentarán su propia versión del asunto, como siempre, confirmada por las “estadísticas oficiales”. Pero al margen de las instrucciones de la Casa Blanca, la versión oficial se podría debatir… Ni siquiera eso.

Con este tipo de censuras y con otras parecidas, o peores, la Wikipedia se destapa como un instrumento de propaganda imperialista férreamente controlado. Estados Unidos es un país que debe quedar asociado al poder, al lujo y a la opulencia. Los amigos se caracterizan por algo menos y los enemigos por todo lo contrario.

Hay que felicitarles. Los instrumentos de censura de la Wikipedia son, por lo menos, tan eficaces como la Inquisición y la “mano divina” se nota mucho menos.

—http://journal-neo.org/2016/01/05/holodomor-in-the-united-states/

Badajoz fue la segunda provincia más reprimida por el franquismo

La investigadora Candela Chaves (Montijo, 1982) ha recorrido media península en busca de la documentación de los procesados por el régimen franquista en la provincia Badajoz, una de las regiones del país que vivió una represión más intensa. Ávila, Guadalajara, Sevilla… en un recorrido de años, en el marco del Proyecto para la Recuperación de la Memoria Histórica en Extremadura, que incluyó también la visita a un buen número de ayuntamientos extremeños.

El resultado fue una tesis que saldrá próximamente a la venta en formato libro bajo el título Sentenciados (Premhex, 2016) y que analiza los procesos sumarísimos de cerca de 8.000 pacenses. Su trabajo deja a un lado la violencia desatada por la “columna de la muerte”, comandada por el general Yagüe, en los primeros meses de la contienda, y se centra en la actuación de la justicia franquista, de 1937 a 1950, utilizada de manera represiva con un objetivo ideológico, pero también de clase.

¿La represión en Extremadura fue especialmente dura?

Sí, es muy elevada en comparación con otras regiones. La de Badajoz fue la segunda provincia más afectada por la represión después de la de Sevilla. Las razones de estas cifras son tanto la actividad política que tenía la región, sobre todo la provincia pacense, el modelo represivo de la llamada “columna de la muerte” a su entrada y, por último, la propia idiosincrasia de la región. Los datos que tenemos nos permiten crear un perfil del represaliado, y es el de una persona con una cierta participación política en organizaciones y agrupaciones de izquierda. Pero no se reprimía sólo a aquellos que tenían una implicación activa, sino en todos los grados, desde alcaldes hasta simples afiliados, o gente que sólo había mostrado simpatías hacia las instituciones republicanas. Por ejemplo, hay penas de doce años de reclusión por haber acudido a manifestaciones antes del golpe. No obstante, en la provincia de Badajoz el perfil del represaliado indica que la violencia fue también social, porque era gente de una clase muy determinada, la mayoritaria aquí: campesinos, jornaleros, braceros y muchas profesiones artesanales, como zapateros, herreros o albañiles.

¿Destaca también en estos años la represión a la mujer?

Por el propio devenir de la represión, la mujer es la que se quedaba en el pueblo y es la que sufría esa violencia cotidiana, esas vejaciones, esa humillación, en un nuevo Estado donde a la mujer se le quitaron todos los derechos y fue ninguneada y casi invisibilizada. Fue una doble represión. Además a nivel procesal se la despreciaba. Según las sentencias, el hombre tenía una conciencia política, se identificaba con la izquierda y lo hacía mediante la razón. La mujer, si tenía una militancia de izquierda, estaba movida por un impulso, por unas bajas pasiones, era algo mucho más visceral. No se le daba la carga de raciocinio que podía tener el hombre. Uno de los casos más conocidos es el del alcalde de Castuera, Basilio Sánchez, que fue condenado a muerte y ejecutado por su cargo, acusado de ser líder y dirigente de la revolución marxista en el pueblo. A la mujer la ejecutaron también, por ser mujer del alcalde de Castuera y por lo tanto fomentar ese clima revolucionario. Hay muchos matrimonios que son represaliados.

¿Qué carácter tuvo la represión en esta zona?

En Badajoz no hubo guerra, hubo un frente pero no fue largo. La represión no fue porque un bando se enfrentase a otro, fue sistemática y muy intencionada, hacia una clase social muy concreta. No hubo un enfrentamiento de armas, se mató a la gente por una cuestión política y social. En la provincia de Badajoz se crea la bolsa de la Serena y hay una parte que queda bajo control franquista y otra bajo control republicano. Mucha gente de la parte franquista, se estima que unos 8.000, huyó hacia la zona controlada por la República. En Cáceres, los consejos de guerra empiezan a funcionar ya a partir del 36 porque la provincia se subleva desde el primer momento. En Badajoz no, se resiste de una forma muy dura. Cuando los africanistas llegan es cuando empiezan esas matanzas ejemplarizantes y esa quema del territorio. Aquí no hay guerra, aquí es matar. No había muchos efectivos. Las fuerzas del ejército franquista eran mucho mayores, con más material y experiencia. Había una gran desigualdad de fuerzas.

En su libro se centra sobre todo en la represión una vez acabada la guerra. ¿Quién queda por represaliar en los años 40 en Extremadura?

Queda la posible disidencia. La inversión en violencia que hace Franco desde el primer momento le va a permitir vivir de las rentas del miedo. Esa violencia no sólo elimina al que se ha significado, también corta, mediante el terro, la disidencia que pueda generarse. El régimen no se mantiene durante tantos años porque haya gente a favor y en contra, sino que hay una masa gris que es la que sostiene el régimen, gente a la que le da igual, gente que se adapta. Y la inversión que hace Franco en violencia durante los primeros años le permite apaciguar y controlar por el miedo a los territorios que ha ido dominando. A finales de los 40 queda aún mucho guerrillero y gente que está militando en partidos clandestinos. En 1947 hubo un juicio a miembros del PCE clandestino en Almendralejo. Intenté indagar en ese proceso pero por falta de tiempo aún no he podido. Lo tengo pendiente. En el 45 empieza ya a descender la actividad guerrillera en la zona, sobre todo porque la acción de la Guardia Civil es muy efectiva, porque es muy bruta. La dictadura también se nutrió de gente muy, muy violenta, que realizó torturas muy bestias, una presión continua en los pueblos. Era el brazo armado más potente que tenía el régimen. La agrupación guerrillera que había en esta región se movía por el norte, por la zona de Herrera, que ya linda con Toledo y es más montañosa.

El alcalde de Badajoz fue capturado en Elvas, Portugal, y fusilado. También ejecutaron al de Castuera. ¿Hubo muchos cargos republicanos de primera línea asesinados?

Lo del alcalde de Badajoz fue un asesinato extrajudicial, en los primeros momentos de la guerra y sin juicio. En la zona oeste, la mayor parte de los dirigentes, como alcaldes, concejales, presidentes de diputaciones, fueron asesinados en los primeros meses. Fue una limpieza brutal de esa cabeza política que se identificaban con la república. Había que eliminar a la república, física, cultural e ideológicamente. El castigo, como lo entiende el franquismo, es a través de la redención, es decir, si has actuado a favor de la república, has errado y por tanto te voy a castigar por ello. El castigo va a ser muy  uro y encima tienes que resarcir el daño que has hecho. Se hará mediante colonias penitenciarias, trabajos, reconversión ideológica en prisiones, campos de concentración y en el día a día. Se adoctrina a todo un pueblo eliminando cualquier vestigio de la república.

¿Qué papel tuvieron las organizaciones clandestinas en Extremadura?

Durante la república, en el norte de Cáceres había mayor impacto de organizaciones anarquistas. En la provincia de Badajoz tenía fuerza el Partido Socialista, las casas del pueblo en cada localidad, la UGT y sindicatos agrarios. Sí que es verdad que luego dentro de la clandestinidad el que tuvo mayor peso en Extremadura fue el PCE. Sobre todo es el que más cobertura tuvo entre el exilio. En todo caso, es un tema que aún está por estudiar.

¿La represión franquista en la zona responde a las ocupaciones masivas de tierras que hubo en Extremadura en los años anteriores al golpe?

Sí, en aquellas localidades durante hubo ocupaciones de tierras, sobre todo los dirigentes fueron represaliados. En los consejos de guerra no suelen aparecer estos motivos. Las ocupaciones fueron un motivo más aunque el principal fue la significación política. En Montijo, por ejemplo, no hubo ocupaciones y fueron represaliadas más de cien personas, que son muchas en un pueblo de sus dimensiones.

¿Qué papel tuvieron campos de concentración como el de Castuera?

En Extremadura hubo varios, tanto en Cáceres como en Badajoz. Se crean por el propio devenir bélico. Durante la guerra se valla un terreno o se habilitan edificios para recluir a prisioneros. Normalmente son plazas de toros, como en Badajoz, que fue el primero, en Plasencia, en Trujillo y en Cáceres. En Barcarrota también, al que se llamó “el fusiladero”. La zona este, la Siberia, es la última que cae, coincidiendo con el final de la guerra y la caída de Cataluña. A medida que van subiendo a la cornisa cantábrica y llegando a Cataluña, hay tantos prisioneros en la zona de vanguardia que los comienzan a llevar a la retaguardia, a los campos de esta zona. Tienen una función práctica, que es la clasificación de prisioneros, basándose en los informes que llegan de sus pueblos de origen. Si ven que su actividad no ha sido tan negativa contra el alzamiento, empiezan a integrarlos en batallones de trabajadores para reconstruir el país, bien durante la guerra, construyendo fortines y trincheras, o después con empresas públicas y privadas. A partir de los 40 se integran en colonias penitenciarias, como las que hubo en Montijo, que son las que levantan todo el Plan Badajoz. El canal de regadío lo construyen presos de esta colonia. El campo de concentración de Castuera tiene una duración de un año aproximadamente y se estima que pasaron por él más de 8.000 personas. Es un campo muy grande. Fundamentalmente había extremeños, pero había también gente de otras procedencias.

¿No había cárceles suficientes?

Exacto, la prisión provincial de Badajoz estaba masificada. Durante toda la guerra hubo un problema de abastecimiento de cárceles, por eso se hicieron campos de concentración. En Almendralejo, por ejemplo, había una cárcel que era un almacén de trigo. Imagina las condiciones, que ya de por sí eran insalubres en una prisión normal. De la provincia de Badajoz se mandaba gente sobre todo al norte o al sur. A muchas mujeres se las enviaba al norte, a cárceles femeninas como la de Amorebieta. El problema del llamado turismo carcelario es que también tiene una carga represiva, porque si estás aquí, en la cárcel de Badajoz, tu familia puede ir a llevarte comida, tienes una manutención externa y apoyo emocional. Pero si te mandan lejos y tu familia no tiene dinero, como era el caso la mayoría de las veces, era un problema.

De los represaliados fueron ejecutados una parte.

Claro, la represión no es sólo muerte. Hay muchísima gente en la cárcel, que lo pasa muy mal. Muchos mueren de enfermedades en ellas y en campos de concentración, otros muchos en los pueblos que se quedan sin nada porque le incautan bienes, reciben multas diarias, no tienen donde comer, no pueden encontrar trabajo. Hay mucha gente que tiene que exiliarse, muchos a los que destierran, otros que tienen que vivir callados durante mucho tiempo. Eso es importante que se conozca. No con una intención revanchista, porque yo ya estoy harta de justificarme doblemente. Creo que se ha demostrado que no se va por ahí. No hay ni el 40% de las fosas exhumadas en toda España y hay muchas que nunca se sabrá dónde están. El problema es que para encontrarlas se necesita un testimonio oral y la gente se muere. Si además tienes una clase política que te dice que la gente se acuerda de su padre cuando hay dinero… si no te gusta el tema, vale, pero tampoco hace falta llegar a este extremo.

¿Crees que deberían las instituciones implicarse más con este tema?

Esto lo debería cubrir el Estado. Nadie tiene por qué poner de su bolsillo para costear una exhumación y abrir una fosa. En Extremadura las fosas se han abierto con voluntarios, nadie ha cobrado nada más allá del arqueólogo. Pero claro que necesitan dinero las exhumaciones, hay que pagar el material, el transporte y la manutención de los voluntarios durante el tiempo que dure. En las fosas de esta zona hay mucha gente. El modelo represivo que se usaba eran las sacas, con un número de personas elevado. En Llerena, por ejemplo, se exhumaron dos fosas, cada una con entre 30 y 40 cuerpos. Eso no se hace en un día, sino en un mes y medio. Yo estuve ahí. Vale que soy voluntaria pero tendré que dormir en algún sitio. Pagar el alojamiento y la comida. Eso lleva un dinero.

Fuente: http://www.lamarea.com/2016/01/10/80387/

Una guerra antimperialista en el siglo XIX: la guerra del Paraguay

Darío Herchhoren

Lo que se conoce como «guerra del Paraguay», o «guerra de la triple alianza», o «guerra de la triple infamia», se desarrolló entre los años 1865 y 1870; pero en realidad comenzó muchos antes. Comenzó con las invasiones inglesas de 1806 y 1807, cuando la flota inglesa ataca Buenos Aires, y pretende hacerse con el control del Virreynato del Río de la Plata, que por entonces abarcaba la actual Argentina, Paraguay, Uruguay y lo que se llamaba entonces el Alto Perú, que es la actual Bolivia. Un territorio vastísimo, que encerraba enormes riquezas.

El imperio inglés trabajaba desde hacía mucho tiempo con el objeto de liquidar el imperio español, y fomentaba de todas las maneras posibles las sublevaciones nacionales de los pueblos oprimidos de América, con el objeto inconfesable de «heredar» el imperio español.

A tal efecto trataba de influir sobre oficiales del ejército español de origen criollo, con los cuales organizaba logias secretas donde se inculcaba a esos oficiales ideas de libertad al estilo de las que había difundido la Revolución Francesa de 1789; pero con el agregado subliminal de fomentar la «libertad de comercio», y contra el férreo monopolio que había establecido el estado español. Dicho monopolio era en realidad una valla contra la introducción de manufacturas que no fueran españolas y servía de freno a la expansión colonial del imperio inglés.

Pero las invasiones inglesas de 1806 y 1807 fracasan estrepitosamente, y se produce en mayo de 1810, lo que se conoce como «Revolución de Mayo de 1810», siguiendo el ejemplo de las sublevaciones de Tupac Amaru y de Cochabamba y Chuquisaca en el Alto Perú, en los años inmediatamente anteriores, a raíz de las invasiones napoleónicas de España y Portugal y las consiguientes abdicaciones de Carlos IV y Fernando VII. Pero ya estaba incubándose el huevo de la serpiente; que estaba representado por los intereses de los comerciantes del puerto de Buenos Aires, que conformaban ya entonces una clase social ligada a las importaciones de manufacturas europeas, que perjudicaban notablemente a las industrias artesanales criollas.

Este perjuicio lo sufrían sobremanera los artesanos del Paraguay, cuyo único contacto con Europa era el río Paraná. Dicho río nace en la selva brasileña, y es navegable en todo su curso, hasta desembocar en el Río de la Plata, y de allí a mar abierto, es decir al mundo entero.

Esa es la razón por la cual los comerciantes y artesanos paraguayos han sido y siguen siendo en la actualidad defensores de la soberanía de los estados ribereños del Río de la Plata, y del Paraná que es y era en su tiempo el único medio de comunicación por vía marítima entre Paraguay y el resto del mundo.

Debe tenerse presente que Paraguay es un país mediterráneo, es decir que no tiene salida al mar salvo mediante la navegación del Paraná, donde está el puerto de Asunción.

Ante los acontecimientos de Buenos Aires de 1810, las autoridades criollas de Paraguay, que formalmente seguían siendo parte de las «Provincias Unidas del Sur», se mantienen recelosas y no envían diputados ante las nuevas autoridades surgidas de la Revolución de Mayo, en una actitud que la Junta de Buenos Aires considera hostil, lo que lleva a que se organice una expedición militar para meter en cintura a la provincia rebelde.

Esa expedición a cuyo frente está el General Belgrano es derrotada militarmente en las batallas de Tacuarí y Curupaytí y la brecha entre el nuevo estado surgido de la Revolución de Mayo y la provincia rebelde de Paraguay se hace cada vez más honda.

Pero lo que en principio es que la mediterraneidad de Paraguay es un inconveniente para la recepción de manufacturas, termina siendo en realidad una defensa natural, que permite el surgimiento de una industria artesanal importante, ante la imposibilidad de recibir mercancías del exterior.

Es aquí justamente cuando comienza la cuenta regresiva que termina trágicamente con la destrucción del Paraguay por el imperialismo inglés por medio de sus vicarios, que eran los gobiernos de Argentina, Uruguay y sobre todo Brasil que actuaban como sicarios de Su Majestad Británica, y consuman uno de los mayores crímenes de lesa humanidad que se hayan conocido en el siglo XIX en América  Latina, y que acabó con la vida de dos tercios de la población paraguaya. El mantener una política de defensa del interés nacional a ultranza necesita sin duda la toma de medidas muchas veces durísimas, la formación de un ejército poderoso, armar al pueblo, formar oficiales con gran sentido patriótico, y sobre todo no ceder un ápice tanto ante el enemigo exterior como ante sus cómplices interiores. Hacía falta una dirección política esclarecida y fuerte, y que tuviera un importante arraigo entre la población. Estamos hablando de una revolución social, y de un líder que la conduzca con mano de hierro.

Ese líder revolucionario que conducirá al Paraguay a las más altas cotas de desarrollo a que jamás había llegado país alguno en Sudamérica fue José Gaspar Rodríguez de Francia, conocido también por el doctor Francia.

El doctor Francia había estudiado Teología y Derecho en la Universidad de Córdoba (Argentina), y se había doctorado en ambas carreras. Había nacido el 6 de enero de 1766, diez años antes de que por Real Cédula del Rey de España se creara el Virreynato del Río de la Plata, que se produjo en 1776.

Terminada su carrera vuelve a su ciudad natal Asunción, y gana una oposición a Secretario del cabildo de Asunción. A raíz de la Revolución de Mayo de 1810 en Buenos Aires, participa de los hechos que tienen lugar como su consecuencia, y se rodea de algunos jefes militares que lo siguen. Está imbuido de las ideas de la Revolución Francesa, es antimonárquico, y posee una vasta cultura histórica y política. Conoce la historia del imperio romano y sus instituciones. Con el apoyo de los militares, se crea como poder ejecutivo el Consulado, al estilo romano y luego napoleónico, y es designado cónsul con plenos poderes, siendo asesorado por el Cabildo, que está formado por los principales contribuyentes del país. Pero el Doctor Francia usó esos poderes a favor del Paraguay y su pueblo. Expropia a los grandes latifundistas, despoja de la propiedad de la tierra a los españoles europeos, cuyas tierras pasan a ser propiedad del estado; descabeza a la cúpula de las milicias, integrada por oficiales españoles europeos, obliga al clero a no reconocer mas autoridad que la de los obispos paraguayos sin reconocimiento alguno al papa de Roma, paga un sueldo a los sacerdotes que pasan a ser empleados del estado igual que los maestros, establece la enseñanza primaria obligatoria, gratuita y laica, crea nuevas milicias con campesinos y artesanos, y democratiza los cabildos quitando la obligatoriedad de ser contribuyente para integrarlos, con lo cual promueve el ingreso de obreros rurales, artesanos y campesinos en la administración pública.

El Doctor Francia es consciente de que estas medidas de gobierno traerán enemistades sobre todo por parte de las potencias afectadas por esa política, que eran en ese orden el Imperio Británico, el emperador del Brasil Pedro I, y la oligarquía argentina, y por eso manda construir fundiciones de hierro para construir cañones, con el hierro que se explota en la región del Guayrá, levanta fortalezas a la entrada de las principales ciudades y manda construir la famosa fortaleza de Humaitá para defender el puerto de Asunción.

Paralelo con esto arma milicias populares, que van armadas con los pocos fusiles que consigue, y con gruesos garrotes de madera, que se irán sustituyendo por las armas que irán fabricando los artesanos. Es así como se desarrolla una industria importante donde se fabrican con maderas del país las cureñas para los cañones, los fusiles, y los barcos que en principio son de madera y mas tarde serán de metal.

Sin duda Paraguay y el Doctor Francia son un peligro para la «democracia» de la época, y un muy mal ejemplo que hay que combatir.

Debemos tener siempre presente que Paraguay es un país mediterráneo, enclavado en la selva, y rodeado de enemigos, algunos de ellos muy poderosos como el imperio del Brasil, y que para mayor peligrosidad era un fiel servidor del imperio británico.

El Doctor Francia lleva un control estricto del comercio exterior, sobre todo de la exportación de yerba mate, de tabaco torcido (elaborado en cigarros y picadura) y fundamentalmente de maderas, que eran muy codiciadas en el mundo entero para elaborar muebles e instrumentos musicales.

Como corolario de todo esto, el gobierno de Paraguay establece un sistema de becas para que jóvenes paraguayos estudien en Europa y adquieran conocimientos que luego volcarán en su país. Es así como Paraguay tiene una gran cantidad de ingenieros, químicos, físicos e investigadores, que desarrollarán su país en los años siguientes.

Pero el Doctor Francia, que gobierna desde 1814 hasta 1840, muere en ese año, y es reemplazado por Carlos Antonio López, que era su secretario, y que sigue su misma política. Durante su gobierno Paraguay fabrica y exporta telescopios para explorar el cielo, cosa muy poco conocida y se tienden los primeros ferrocarriles de América, fabricándose en Paraguay locomotoras y vagones ferroviarios de carga y de pasajeros. Esto es un hito no solo de la historia de Paraguay sino de América Latina toda.

Carlos Antonio López muere en 1862, y es reemplazado por su hijo, el famoso Mariscal Francisco Solano López, que no solo sigue la misma política de los anteriores, sino que amplía la misma. En Paraguay se fabrica papel y se utiliza zumo de naranjas ácidas para blanquearlo, se fabrican laminados de hierro y buques artillados de metal, sus habitantes saben leer y escribir y los salarios que se pagan son los mejores de Hispanoamérica. Se crea el Banco de la Nación Paraguaya, y se establece que el peso paraguayo valga media esterlina. Todo esto era ya intolerable, y el imperio británico decide que ha llegado la hora de bajar el pulgar a Paraguay y acabar con esos atrevimientos. ¡Que se creen esos indios guaraníes!

El imperio brasileño comienza una serie de provocaciones en las fronteras con Paraguay, y este se defiende hundiendo varias cañoneras brasileñas. Es la guerra. El gobierno de Francisco Solano López pide permiso al gobierno argentino para atravesar con su ejército la provincia de Corrientes y atacar Río Grande del Sur, territorio brasileño donde la población era de origen guaraní y lograría su apoyo para la causa paraguaya, pero el ejecutivo argentino, ejercido por el cobarde servidor del imperio británico y fundador de la oligarquía argentina y del diario La Nación, el General Bartolomé Mitre se lo niega.

Ante eso, el Mariscal López comete un error, y atraviesa la provincia de Corrientes con el ejército paraguayo, y es aclamado por el pueblo correntino que lo recibe como a un libertador.

La oligarquía argentina no podía tolerar semejante situación, y declara la guerra a Paraguay, que se defiende con dientes y uñas, y hace retroceder al ejército argentino que sufre numerosas bajas. Hay un encuentro entre el Mariscal López y el General Mitre para lograr la paz, pero Mitre, fiel sirviente de Inglaterra pone tales condiciones que son inaceptables y la guerra continúa; pero en ella ya participan tropas uruguayas y brasileñas y a pesar de la heroica resistencia paraguaya, finalmente Paraguay pierde esa guerra. La guerra del Paraguay dura cinco años desde 1865 hasta 1870; y el ejército de la Triple infamia, acaba con la vida de las dos terceras partes de los habitantes del Paraguay. En su avance dicho ejército iba desmontando todas las industrias y talleres y eso es revelador del objetivo que tenía, que era el de aniquilar y destruir a un país y a un pueblo que había elegido ser libre y desatarse de las ataduras del imperialismo. El Mariscal Francisco Solano López muere heroicamente en Cerro Corá en 1970. Paraguay nunca logró recuperarse de esa derrota, y hoy se ha convertido en una colonia de los EEUU y de Israel.

Estimado lector ¿te suena esto? ¿No estamos ante hechos parecidos en el siglo XXI?

La refundación fascista del PSOE

A comienzos del los años setenta el PSOE no eran más que cuatro letras, apenas un recuerdo lejano de los viejos tiempos de la República. Desde luego que era absolutamente incapaz de intervenir en ninguna movilización de las muchas que los antifascistas tenían entabladas contra el Estado.

La insignificancia del PSOE, que inicialmente fue durante décadas una bendición para el franquismo, se convirtió entonces en un problema porque para el futuro dejaba claro que todo dependía de los comunistas y, en definitiva, que en España los comunistas eran la columna vertebral de la resistencia antifascista. Por lo tanto, el futuro también dependía de ellos. Por débil que fuera el movimiento comunista en España, ideológica y organizativamente, la debilidad del franquismo hacía que pareciera otra cosa.

La experiencia de la Revolución de los Claveles en Portugal, en abril de 1974, fue decisiva para el franquismo. Necesitaban una socialdemocracia fuerte. Si el PSOE no existía había que inventarlo y el SECED, el espionaje militar franquista, se hizo cargo de la tarea, a la que denominó con el nombre en clave de “Operación Primavera”.

Desde hacía un tiempo que el franquismo venía apoyando a grupos capaces de balancear la fuerza de los comunistas, agrupando a diversas camarillas tanto en el terreno sindical como político, para lo cual utilizaron los tentáculos de los que disponían, como los grupos católicos o los trotskistas.

La CIA tuvo que ir a buscar a los socialistas portugueses a su exilio dorado en Francia y con los españoles ocurrió lo mismo, aunque se encontraron con el problema de que su máximo dirigente Rodolfo Llopis, se negaba a trasladar la dirección al interior de España.

En el Congreso celebrado en agosto de 1972 en Toulouse, Francia, cuando Llopis se niega a convocar el siguiente Congreso, la camarilla del interior (Rubial, Redondo, Múgica, González, Castellanos y Guerra) prepara la escisión.

En setiembre del siguiente año aquella camarilla se reunió al margen de la dirección, consumándose la escisión. El PSOE “histórico” va por un lado y el PSOE “renovado” por otro. Los militares golpistas habían organizado un golpe de Estado, de manera que un golpe dentro de un partido les resultó mucho más sencillo.

La reunión se celebró en Gipuzkoa, en la misma frontera con Francia, porque entonces la policía no le entregaba un pasaporte a cualquiera, por lo que los militantes del interior no podían pasar al otro lado. Por el contrario, resultaba más fácil la entrada a los que residían en Francia.

En el verano de 1974 todo se acelera. Además de la Revolución portuguesa, Franco cae enfermo y se constituye la Junta Democrática, cuyo integrante principal es el PCE.

En agosto el PSOE “renovado” se reúne en el Parador de Jaizkibel, en Fuenterrabía, para elaborar un documento contra la Junta Democrática, que no era otra cosa que un apoyo al régimen fascista decrépito.

En este encuentro de Jaizkibel se decide de manera precipitada convocar otro Congreso, que se celebrará el 14 de octubre cerca de París, en Suresnes.

Este Congreso cambia la dirección. Se elimina la secretaría colegiada para imponer a un único Primer Secretario: Felipe González. A través suyo y del nuevo equipo dirigente, el espionaje fascista se aseguró la fidelidad de un partido destinado a vestir el continuismo franquista con aires remozados.

El viaje a Suresnes estuvo bien organizado, a la manera militar, es decir, meticulosamente. Pero el SECED no sólo facilitó el viaje a París de la nueva dirección sino que les entregó los pasaportes y les escoltó hasta las puertas del teatro de Suresnes donde se iba celebrar el Congreso.

El militar que acompañó a Felipe González en el viaje fue José Faura, que veinte años después, en 1994, fue ascendido a Jefe del Estado Mayor del Ejército por su antiguo protegido Felipe González, siendo éste presidente del gobierno.

El entonces capitán del SECED, Manuel Fernández Monzón, lo ha relatado de la forma siguiente:

“En un restaurante de la calle madrileña de Santa Engracia hablamos con González, en presencia de Enrique Múgica, para garantizarle su viaje a Suresnes. Otros compañeros se entrevistaron con Nicolás Redondo, y él entendió enseguida que debía ceder el puesto a un secretario general más joven y con otras características. Cuando Felipe González volvió de Francia, después de haber sido elegido, un comisario de Sevilla le detuvo, creyendo que había dado un pelotazo. Se llevó una bronca tremenda y tuvo que soltarle enseguida, claro”.

Los contactos de los militares franquistas con los militantes socialistas continuaron tras el Congreso. Una vez creada la nueva dirección, había que seguir promocionando a aquella banda de arribistas para hacer de la socialdemocracia una alternativa política creíble y capaz.

El SECED encarga a dos de sus agentes, Andrés Cassinello y José Faura, mantener las relaciones con Felipe González y Alfonso Guerra para que la propaganda entre España, algo que el PSOE nunca habían logrado por sí mismo hasta entonces.

El torturador Ballesteros lo contó así a la periodista Pilar Urbano: “Entre 1964 y 1975 estuve precisamente en la información del mundo universitario, muy estrechamente relacionado con la política entonces clandestina. Y lo que viví fue que, a partir de cierto momento, la dictadura propició el resurgir del PSOE, para ahogar al PCE. A los socialistas no se les detenía, a los comunistas, sí. Estando yo en la Brigada Social, esa era una indicación de los mandos. Más aún: la policía no sólo miraba para otro lado, haciendo la vista gorda, sino que a veces ayudaba a pasar la valija con la propaganda y los documentos internos del partido que los de Rodolfo Llopis [el PSOE del exterior] enviaban de allá para acá”.

Paralelamente el comandante Miguel Paredes, del SECED, y el inspector Emi Mateos, destinado en la Jefatura Superior de Policía de Bilbao, contactan con dirigentes del PSOE en Euskal Herria, especialmente Redondo y Múgica, para preparar determinados aspectos políticos de la transición. El comandante Paredes lo ha explicado así:

“En el SECED nos propusimos empezar a reunirnos con ellos para ver hasta dónde llegaba su izquierdismo, su ímpetu revolucionario, su afán izquierdista… y tratar de acercarlos hacia posiciones más templadas, menos radicales, más en la línea de la moderación pragmática que les recomendaba Willy Brandt.

“Los encuentros entre los agentes del SECED y los socialistas continúan, y a ellos se incorporan algunos militantes más.

“Después de cada encuentro redactábamos un informe para el Servicio. Nuestra impresión entonces era que el líder ideológico, el que pensaba más largo, más rápido y con más calado era Pablo Castellano. El mayor peso moral lo tenía Nicolás Redondo. Felipe González nos pareció un conversador ágil, brillante, con ‘charme’.

“Pero, de pronto, sacó un largo Cohiba, lo encendió con parsimonia y se lo fumó como un sibarita. A mí ese pequeño detalle me chocó, me extrañó. Era un trazo burgués que no encajaba con sus calzones vaqueros, ni con su camisa barata de cuadros, ni con su izquierdismo… En mi informe oficial no mencioné esa bobada del habano ni lo que me sugirió. Pero en mi agenda privada de notas sí que escribí: Felipe González, el sevillano, parece apasionado pero es frío. Hay en él algo falso, engañador. No me ha parecido un hombre de ideales, sino de ambiciones.

“El Ministerio de la Gobernación tenía entonces la facultad de conceder o denegar el pasaporte a un ciudadano. Ellos lo habían pedido muchas veces y siempre les habían dicho que no. Me dieron una lista en la que figuraban los nombres de Enrique Múgica, Eduardo López Albizu, Nicolás Redondo, Ramón Rubial, Alfonso Guerra, Pablo Castellano, Felipe González y otros dos militantes asturianos. El Gobierno lo dudó mucho, le dieron mil vueltas, que sí, que no… Al final se aceptó bajo la condición de que, al volver a España, devolvieran enseguida esos pasaportes. Y lo hicieron. Tardaron mucho pero los devolvieron. Aunque no todos: Felipe González se lo quedó. A Múgica, por el retraso, le hicimos pagar una ‘multa’ especial: invitarnos a comer a base de bien. Y lo hizo. En la Paniére Fleurie de Rentería”.

El ruido de sables nunca se ha apagado

Durante la transición se llamó “ruido de sables” a la amenaza permanente con la que cada día se intimidaba, a través de los medios de comunicación, a las masas para paralizar sus luchas. Si no querían la farsa de democracia, el régimen volvería hacia atrás, a 1939, al golpe de Estado, a los paredones de fusilamiento…

Un régimen militarista, como el español, nunca ha abandonado la intimidación en cuanto las masas se lanzan a la calle. El teniente general Pedro Pitarch advirtió en 2012 de que el ruido de sables “parece seguir latiendo y aflora a la menor ocasión”.

Ocurrió en aquellos años en que el pueblo vasco estaba en la calle luchando por sus derechos y ahora ocurre lo mismo con Catalunya.

La destitución del general Ángel Luis Pontijas tras criticar la política de Artur Mas en la revista “Ejército” avivó el golpismo dentro del ejército, escribió Pitarch.

En su segundo libro de memorias, José Bono, ministro de Defensa con Zapatero, revela que España estuvo en “una situación pregolpista” durante la tramitación del Estatut de Catalunya en 2006.

Durante la Pascua Militar el general Mena abogó por que los militares impusieran el artículo octavo de la Constitución y en una reunión interna del Consejo Superior del Ejército llegó a afirmar: “Si el rey no actúa en el Estatut, tendrá que tomar las maletas e irse de España, y los militares actuaremos en consecuencia”.

Mena fue el primer general arrestado desde la guerra civil, pero el gobierno se puso muy nervioso. Bono reconoce que entonces tanto él como Zapatero, llegaron a estar “realmente intranquilos” porque en España los que siempre han estado muy tranquilos han sido los militares golpistas.


Años después, con motivo de la Diada de 2012 la Asociación de Militares Españoles volvió a amenazar al independentismo catalán. El comunicado calificaba de “alta traición” al sistema electoral porque fomenta el independentismo, sugería que el ejército podría verse “obligado” a intervenir en defensa de la integridad territorial de España y concluía diciendo que los independentistas tendrían que responder “ante la jurisdicción castrense”.

El general Pitarch calificó entonces de “imponente” la manifestación popular, así como de “peligrosa”, ya que vaticinaba de ella un “horrible resultado” que, según escribió, ni se atrevía a imaginar.

Lo mejor que podemos hacer es lo que recomendaban los cagones de la oposición domesticada durante la transición: no luchéis, conformaos con las migajas que os ofrezcan porque de lo contrario vienen los golpistas.

Para que la memoria de Marcus Klinberg no se pierda nunca

El 30 de noviembre murió en París, absolutamente olvidado, Marcus Klinberg, un comunista del que no deberíamos olvidarnos porque su biografía nos ayuda a entender algunos de los más importantes acontecimientos del siglo pasado.

Al morir con 97 años, Klinberg es casi una metáfora del mismo siglo XX y su vida como espía soviético, más apasionante que cualquier película de acción. Además de comunista, fue también un conocido científico, otra de tantas facetas que convierten a su personalidad en algo fuera de lo común.

El año pasado, poco antes de morir, publicó su autobiografía, “El último espía”, redactada en hebreo, en la que sólo relata una parte de lo que le tocó vivir, más que suficiente para apercibirse de que Klinberg fue el espía más importante que tuvo la URSS en Israel. Su tarea y la de su mujer, Wanda, era la de descubrir los planes israelíes para fabricar armas bacteriológicas.

De origen judío, Klinberg fue detenido en 1983 en Israel acusado de espionaje. En su interrogatorio dijo que él no tenía patria, que no trabajaba para un país sino para una causa: la del comunismo. La hija de ambos, que tradujo la autobiografía al francés, resumió así la vida de su padre: “Era un comunista que actuó por convicción y por reconocimiento hacia el Ejército Rojo, por haberle permitido combatir a los nazis que masacraron a toda su familia en Polonia”.

Le condenaron a él y a su mujer, a 20 años de cárcel, de los que cumplió 15 en régimen cerrado en la cárcel de máxima seguridad de Ashkelon. En 1998, cuando ya no existía la URSS, le conmutaron la pena por la de confinamiento y en 2003 se trasladó a vivir con su hija y sus nietos a París. Era un tipo de judío tan especial que no le dejaban vivir en Israel.

En Israel Klinberg estaba considerado como un universitario, un reputado científico, un investigador de primera línea que participaba en los mejores foros mundiales de su especialidad, la epidemiología. Su nieto, un conocido político francés, Ian Brossat, ha escrito otro libro, “El espía y el niño”, sobre las visitas que hizo a sus abuelos a las cárceles israelíes. Brossat recuerda el trago amargo de la transformación del prestigioso hombre de ciencia en el preso encerrado y repudiado y, finalmente, al hombre que en 1990 observa el hundimiento de aquello por lo que había luchado, la decepción y la desmoralización vividas desde el fondo de una mazmorra.

El preso más enigmático de Israel

En las cárceles israelíes Klingberg siguió siendo tan misterioso como en su vida anterior. Le juzgaron a puerta cerrada y nadie ha podido leer las actas del proceso. Luego le registraron en prisión con un nombre falso, “Greenberg”. Un famoso científico israelí había desaparecido y nadie sabía nada. Todo eran rumores. Israel dijo que había “desertado” a la URSS.En 1988 un diario neoyorkino en hebreo mencionó su detención por primera vez y poco después Peter Pringle, un periodista inglés del diario “The Observer” emprendió una investigación que fue brutalmente interrumpida por el Mossad con los métodos que le caracterizan: le abrieron el coche y se llevaron sus pertenencias, su pasaporte y sus documentos.

En 1993 el diario Haaretz tuvo que ganar un pleito contra el Estado israelí para poder contar la historia de aquel enigmático científico encerrado en la cárcel en unas condiciones de aislamiento total. Es el lastre de la “libertad de expresión”: durante 10 años la prensa israelí no pudo narrar que Klinberg había sido encarcelado por espionaje a favor de la URSS y que el castigo se mantenía a pesar de que la URSS había desaparecido. Junto con la URSS también Klinsberg había desaparecido.

¿Hacia dónde se podía huir en 1939?

Klinberg había nacido en 1918 en Varsovia en aquel ghetto que la película “El pianista” ha hecho famoso y donde su abuelo era rabino. En 1936 se matriculó en la Facultad de Medicina de Varsovia. Entonces aún no era comunista, aunque se definía como agnóstico y de convicciones progresistas. Quienes le forjaron como comunista fueron los que se habían empeñado en la lucha contra el comunismo: los nazis. En un diario juvenil fue escribiendo la repugnancia que le producían las nuevas y viejas teorías racistas, tanto nazis como polacas, que se convirtieron en la puerta de entrada a un desarrollo político personal.

En 1939 vio a los nazis ocupar Varsovia. En un momento de lucidez, su padre atisbó que la tragedia se aproximaba y le propuso huir para que, al menos, alguien de la familia se salvara del desastre. Huir, sí, pero ¿hacia dónde? A pesar de que los estúpidos manuales de “historia” de la burguesía dicen que la URSS “invadió” Polonia o se la repartió con los nazis, ni los polacos ni nadie lo vivieron así y muchísimos judíos, como Klinberg, no dudaron en el camino que debían tomar para salvar sus vidas: debían ir a la URSS. Toda la familia de Klinberg fue exterminada, tanto la paterna como la materna. Sólo se salvó él, por lo que la lección para la humanidad es más que evidente: los nazis eran la muerte y la URSS era la vida. Algunos aún no se quieren enterar de algo que entonces era tan sencillo pero tan vital para millones de personas.

La URSS no sólo acogió a un refugiado como Klinberg sino que le facilitó que culminara sus estudios de medicina en Minsk, Bielorrusia, en junio de 1941, justo en el momento en el que, tras el ataque a la URSS, los nazis volvieron a acercarse peligrosamente. La URSS le concedió la nacionalidad y el Ministerio de Sanidad le trasladó a Lida para que hiciera sus primeras prácticas de epidemiología, pero él no quiso huir por segunda vez. Aquella barbarie había que pararla en algún sitio. Prefirió combatir al fascismo de la única manera posible: con las armas en la mano.

¿Cómo pagar un tributo de sangre?

Su vida se confundió con la de la misma URSS. Estudiaba al mismo tiempo que combatía. La situación era tan delicada que no permitía elegir sólo una de las dos cosas. Siguió cursos de especialización en Perm, cerca de los Urales, de donde le trasladaron a un centro epidemiológico de Moscú.

En diciembre de 1943 le nombraron jefe de epidemiología del Ministerio bielorruso de Sanidad y acabó la guerra con el grado de capitán del Ejército Rojo. En aquel momento de euforia sus meditaciones debían ser como las de tantos millones de seres humanos a los que la URSS había rescatado del infierno: ¿cómo pagar aquel tributo de sangre?

En diciembre de 1944 Klinberg entra con el Ejército Rojo en una Polonia exterminada y arrasada por el fascismo. En muy pocos años todo su mundo anterior había desaparecido: la familia, los vecinos, los amigos, las casas, las escuelas, las calles…

En junio del siguiente año se casa con Wanda Jasinska, una colega epidemióloga, también judía, que había logrado escapar del ghetto de Varsovia, donde su familia también había sido completamente exterminada. Para los supervivientes del fascismo, Polonia era un gran vacío. Marcus y Wanda sólo se tenían el uno al otro.

En 1946 el nuevo gobierno polaco les envía a ambos con un puesto en la embajada en Estocolmo, que cambian para trabajar en un hospital de contagiosos, hasta que dos años después se crea el Estado Israel, a donde emigran. Era el momento de pagar el tributo pendiente.

El Instituto de Guerra Bacteriológica Nes Ziona

Allá obtiene en 1969 una plaza en la Facultad de Medicina de Tel-Aviv, donde a partir de 1978 dirige la Escuela de Medicina Preventiva y Social. Escribió y dirigió la publicación de una veintena de libros científicos, así como más de cien artículos de su especialidad en revistas internacionales. Desde 1979 presidía la Asociación de seguimiento de malformaciones congénitas, presidente del comité internacional que realizó al seguimiento a la catástrofe química de Seveso, en Italia, profesor de las universidades de Pensilvania, Filadelfia, Oslo, Londres, Oxford…

Como suele ocurrir en la ciencia moderna, sus galones académicos eran el reverso de la tarea que desempeñaba para el ejército israelí. Desde 1950 fue jefe de medicina preventiva militar, director del Instituto de Medicina Militar, director del Instituto de Investigación Biológica Nes Ziona…

Esa es la palabra clave: el Instituto Nes Ziona es el centro de guerra bacteriológica israelí que dirige directamente el Primer Ministro. Se saben muy pocas cosas de la repugnante tarea que llevan a cabo los “científicos” (matarifes, en realidad) que trabajan en ese centro, pero una de ellas es que han logrado elaborar 43 tipos diferentes de eso que llaman púdicamente “armamento no convencional” y que en otros sitios se conoce como “armas de destrucción masiva” que ha costado la devastación de todo un país, como Irak. Se trata de la fabricación de bacterias, virus, hongos, toxinas y venenos sintéticos para matar en masa a las poblaciones.

A unos “científicos” canallas les corresponden unos amos de la misma naturaleza. A pesar de que el Estado de Israel firmó en 1993 en París el tratado de desarme que prohíbe la fabricación, el uso y el almacenamiento de armas bacterioquímicas, actualmente en el Instituto Nes Ziona de Tel-Aviv hay (sigue habiendo) ese mismo tipo de armamento.

La firma de dicho tratado por Israel hubiera debido poner en libertad a Klinberg automáticamente, pero no fue así porque Israel necesitaba mantener todo el asunto en el más estricto secreto: el caso Klinberg era el fracaso más importante de sus todopoderosos servicios de seguridad, una prueba de la vulnerabilidad del Estado de Israel.

Eso explica algunas cosas pero no todas ni mucho menos. Si Israel es una parte de esta historia, la URSS es la otra ¿Por qué Klinberg no fue uno de aquellos espías que los países del este se intercambiaron con los del oeste? La familia realizó gestiones con Gorbachov en este sentido. Por todos los rincones del mundo se hicieron listados de espías y presos a intercambiar, con ramificaciones que llegaban hasta Nelson Mandela… Quizá no hay que buscarle tres pies al gato: no hubo tiempo. Cuando cayó la URSS ya no había nada que negociar porque no había nada que ofrecer. Unos lo tenían todo y otros, como Klinberg, lo habían perdido. Hasta sus ilusiones.

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