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Un sindicato de UGT despedirá a la mitad de sus trabajadores

La Federación Estatal de Industria, Construcción y Agro de UGT, ha presentado un Expediente de Regulación de Empleo contra 110 trabajadores, más de la mitad de su plantilla.

Para proceder a los despidos el sindicato se ampara en la legislación laboral aprobada por el PP durante la última legislatura y que tantas críticas, huelgas y manifestaciones levantó entre los sindicatos, incluido la propia UGT.

Los funcionarios del sindicato socialista reclaman que el despido colectivo, que afecta a 110 trabajadores de un total de 208 repartidos en 11 centros de trabajo de la Federación en 10 comunidades autónomas, se sustituya por otras medidas “no traumáticas, dignas y negociadas” con los representantes de los trabajadores.

Asimismo, afirman que el ERE presentado es una medida desproporcionada, que carga de forma traumática sobre los trabajadores la responsabilidad de la crisis económica por la que atraviesa el sindicato.

También lamentan que el sindicato no haya buscado medidas alternativas dirigidas a reducir el número de trabajadores despedidos, ni a sustituir los despidos traumáticos por vías alternativas tan y como se vienen exigiendo en todos los ERE que se producen en la mayoría de las empresas de este sector.

La empresa no ha mejorado desde el inicio de negociación del expediente la cifra de despedidos, a los que ofrece 25 días por año trabajado con un máximo de 13 mensualidades.

Además, critican que no se les haya ofrecido la posibilidad de acogerse a bajas voluntarias, reducciones de jornada o prejubilaciones, tal y como reclama el propio sindicato en cualquier negociación de un expediente colectivo.

Los trabajadores de la federación estatal no han cobrado el mes de agosto y se encuentran en una situación de suspensión de sueldo, sin saber cuándo van a cobrar, ni si la situación se va a prolongar más tiempo.

Una manifestación de 150 millones de trabajadores

Esta noticia es la típica que el lector jamás va a encontrar en ningún noticiario, ni periódico, ni radio, pero ocurrió en India el 6 de setiembre y la convocaron 10 sindicatos para defender los servicios públicos.

La gigantesca protesta, en la participaron uno de cada ocho hindúes, estaba dirigida contra la política económica del Primer Ministro, Narendra Modi, que quiere privatizar los servicios públicos.

Los sindicatos exigían que el gobierno garantizara la seguridad social y la protección de la salud para todos los trabajadores.

Como tantos otros países, la India es una país cuya imagen está absolutamente deformada por el “efecto lupa” de las grandes cadenas de intoxicación, que siempre muestran determinado tipo de información y siempre silencian las de otro tipo. Se trata de crear el mito de que ya no hay ni clases sociales, ni luchar de clases.


India es el típico país en el que no existe movimiento obrero ni revolucionario porque nadie habla de ellos. Las agencias de prensa sólo se refieren a ella para relatar la pobreza, las enfermedades, el pacifismo gandhiano, los desastres ecológicos y los tipismos folklóricos y religiosos.

No existen noticias tales como la lucha sindical en India contra el trabajo precario en la industria de la automoción, una campaña iniciada el viernes en Chennai, Bengaluru y Pune.

El lector se puede quedar sorprendido al enterarse de que el 28 de febrero de 2012, hace muy pocos años, los 11 sindicatos de ámbito nacional convocaron una jornada de huelga junto con 50.000 sindicatos más pequeños que agrupan a 100 millones de trabajadores.

Como en cualquier otro país, la actuación sindical no es lo que parece y buena parte de las movilizaciones tratan de contener un movimiento obrero que crece y se desarrolla a pasos agigantados, sobrepasando los estrechos cauces sindicales en los que quieren encajonarlos.

Es necesario que la OTAN nos orine encima para que nos demos por enterados

En uno de tantos intentos de ocultar lo más evidente, el 27 de julio L’Express entrevistó al kurdo Hamit Bozarslan (1), que a su condición nacional le añade la de universitario con varios libros y conferencias sobre la materia a sus espaldas. Es evidente que este tipo de “expertos” se han convertido en imprescindibles transmisores del engaño sistemático, sin perjuicio de lanzar indirectas como esa equiparación de Erdogan con Mao durante la Revolución Cultural que se está convirtiendo en antológica de la gilipollez académica y política.

Es posible que a determinados kurdos les guste engañarse a sí mismos pero, desde luego, que un experto ni siquiera sea capaz de apuntar indirectamente a la OTAN, o a las bases militares, o a la intervención turca para derrocar al gobierno de Siria, muestra que en todo lo relativo al reciente golpe de Estado en Turquía hay un fraude político, histórico e intelectual de importantes proporciones.

No nos referimos sólo a un intento deliberado de manipulación en lo que a Turquía concierne, sino a lo que es la esencia misma del imperialismo como sistema internacional de dominación, a la OTAN como una de sus expresiones concretas y a experiencias históricas tan importantes como Gladio, sin ir más lejos.

Este tipo de manipulaciones permite que los oportunistas se muevan como pez en el agua de la confusión cuanto toca aludir a asuntos bastante más espinosos, como la situación en Oriente Medio y, sobre todo, Rusia (la maldita Rusia de Putin), convertida en la bestia negra del imperialismo y del oportunismo de todos los colores. Que no se preocupen porque los malos fetiches se enredarán delante de sus narices como una madeja inextricable para darles la ocasión de ponerse en evidencia.

Veamos la otra cara de la Luna. Un historiador turco de verdad, Mehmet Perinçek, ha relatado que el antiguo Primer Ministro  Davutoglu, destituido en mayo de este año, fue quien dio personalmente la orden de derribar el caza ruso Sujoi-24, lo cual él mismo ha reconocido (2), aunque el historiador añade un dato más: que lo hizo “en coordinación con Gülen y con la CIA”(3), lo cual tampoco debería ser ninguna sorpresa para quien esté atento a los hechos (4). El historiador refiere el dato para abogar por una “alianza estratégica” entre Turquía y Rusia, que el fallido golpe de Estado de 15 de julio trató de impedir.

Se acumulan, pues, las evidencias de que, en realidad, el bombardero fue derribado por Estados Unidos, lo cual debería ser un motivo más que suficiente para ponerse a reflexionar un poco más detenidamente acerca de lo que está ocurriendo detrás de los bastidores, en Turquía por supuesto, pero también en todo Oriente Medio: lo mismo que en el Pacífico, los imperialistas están jugando con fuego y no siempre van a poder esconderse bajo las faldas de terceros.

Para entender la situación es necesario volver a recordar el papel del general estadounidense Campbell en el golpe de Estado, del que tampoco nadie quiere hablar porque se creen que si no ladran no nos daremos cuenta de que son unos perros. No sólo lo ha relatado con pelos y señales la prensa turca sino también (¡qué casualidad!) la rusa (5).

Los perros orinan para marcar su territorio, para acotar los sitios en los que nadie puede entrar sin su autorización. Naturalmente que nos referimos a los perros de verdad, a los imperialistas, no a los caniches cuya tarea se limita a ladrar en el mundo virtual. La OTAN no ladra, orina, y el golpe del 15 de julio ha dejado el olor característico de una meada de la OTAN en Turquía con la que quieren dejar muy claros los límites.

Como comprenderán, no les estamos hablando de todo esto para que estén informados sobre la situación en Turquía. ¿Saben que en España la OTAN también tiene bases aéreas y navales?, ¿alguna vez han supuesto que esas bases sólo servían para atacar a terceros países?, ¿no saben que la OTAN orina todos los días un poco en Morón, en Rota, en Torrejón?, ¿no lo huelen?

Es posible que muchos tengan claro lo que pueden esperar del imperialismo y de portavoces suyos en España como Europa Press, TVE, El País, Onda Cero, La Sexta y otros. También es posible que para tener otra versión acudan a medios alternativos, como Gara, Rebelión, Nodo 50 o Kaos en la Red, y se encuentren con más de lo mismo: ocultación y manipulación. Ni son medios ni son remedios, y lo mismo cabe decir de las mareas, confluencias, colectivos, ONG y partidos que se mueven en esos círculos, empeñados sistemáticamente en el mismo fraude.

Unos se mueven por las bases y otros por las alturas. Como decía la Internacional Comunista en los viejos tiempos, el imperialismo tiene su complemento en el socialimperialismo. Las guerras de agresión, como la de los Balcanes, no hubieran sido posibles sin esa labor sistemática de tergiversación en la que se invocaron razones “humanitarias” para matar y despedazar países enteros, razones que han sido mejoradas durante la Primavera Árabe, la destrucción de Libia y la guerra de Siria con argumentos remozados cuyo objetivo es siempre el mismo: lavar el rastro de sangre que el imperialismo va dejando a su paso.

Durante la guerra de Afganistán el diario “The Independent” publicó este reportaje, presidido por una foto de Bin Laden y un titular que decía “El luchador antisoviético pone su ejército en el camino de la paz”:

Lo dicho: tres décadas después de la guerra de Afganistán sigue siendo necesario que la OTAN nos orine encima para que nos demos por enterados de lo que tenemos entre manos.
Notas:
(1) http://www.lexpress.fr/actualite/monde/europe/hamit-bozarslan-la-turquie-otage-d-erdogan_1816088.html
(2) https://fr.sputniknews.com/international/201607281027045295-ahmet-davoutoglu-ordonnance-su24-avion/
(3) http://www.fort-russ.com/2016/08/gulen-allied-davutoglu-would-have.html
(4) http://katehon.com/article/su-24-incident-trace-gulen-and-cia
(5) http://tsargrad.tv/article/2016/08/02/za-perevorotom-v-turcii-stojal-amerikanskij-general

La guerra civil en Francia

Cuando en Francia aún no conocía el significado de la palabra yihadismo, a finales de 2001 el gobierno creó una Oficina de Inteligencia Penitenciaria, una especie de espionaje de los presos, a imitación del régimen FIES en España.

Poco después el 27 de octubre de 2005 se produjeron sublevaciones en los barrios de las grandes ciudades francesas, pero tampoco se habló aún de islamismo sino de guerra civil y de insurrección.

El levantamiento espontáneo estalló en Clichy-sous-Bois, cerca de París, y fue similar a los que ocurren hoy en Estados Unidos: la policía mató a tiros a dos adolescentes del barrio que no se detuvieron en un control policial.

La revuelta se extendió a numerosos barrios, sacudidos por la crisis, el paro, las drogas, el tráfico de armas y la prostitución.

El estado de urgencia no se aprueba con los atentados de 2015 sino 10 años antes como consecuencia de manifestaciones, protestas y amotinamientos populares. Desde entonces la palabra de moda en Francia es “guerra civil”.

Los atentados yihadistas llegaron mucho después y uno de sus objetivos es el de distraer la atención de la verdadera “guerra civil” hacia otro tipo de guerra en la que sólo el Estado puede ganar.

“Estamos al borde de la guerra civil”, dijo Patrick Calvar, jefe de la Dirección General de Seguridad Interior de Francia (DGSI), el 12 de julio a los miembros de una comisión parlamentaria encargada de realizar un estudio sobre los atentados del pasado año.

En mayo de este año lanzó un mensaje casi idéntico a otra comisión parlamentaria, en esta ocasión responsable de la defensa nacional. “Europa –dijo– está en peligro. El extremismo va al alza en todas partes, y ahora estamos dedicando nuestra atención a algunos movimientos de extrema derecha que están preparando una confrontación”.

¿Qué clase de confrontación? “Confrontaciones intercomunitarias”, dijo. “Uno o dos atentados más, y quizá veamos una guerra civil”, añadió.

En febrero de este año, ante una comisión del Senado dedicada a la información de los servicios de inteligencia, volvió a decir: “Estamos observando a los extremistas de derechas, que sólo están esperando a que se produzcan más ataques terroristas para iniciar una confrontación violenta”.

Las luchas de las obreras textiles de Túnez

Giulia Bertoluzzi y Costanza Spocci

En Chebba, situada en el distrito de Mahdia, del centro este de Túnez, las obreras de la fábrica Mamotex, en peligro de quiebra, han conseguido en febrero un acuerdo entre el Estado, la Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT) y el propietario. Esta inédita disposición, alcanzada tras ardua lucha, autorizaba la autogestión provisional de la empresa por parte de sus empleados, hasta el reembolso total de la deuda social. Es la primera vez que sucede en Túnez; pero no tenía en cuenta las presiones ejercidas por otra empresa local, perteneciente a la misma familia […]

En enero de 2016, Mohammed Driss, propietario de esta fábrica textil que produce disfraces de carnaval y que emplea a sesenta y siete mujeres y tres hombres de la localidad cerró, porque no podían pagar los salarios. Sin embargo, a finales de febrero las obreras tomaron otro camino para superar el desafío, y obtuvieron un acuerdo entre el Estado, la UGTT y el propietario para tomar la dirección de la fábrica. Es la primera vez que se firma en Túnez un acuerdo de estas características. Pero la Sodrico, una empresa de Mahdia que es proveedora de tejidos de Mamotex, ha ejercido muchas presiones sobre las obreras, impidiendo la toma de la fábrica en autogestión y haciendo inevitable el fracaso de Mamotex. A pesar de ello, la experiencia constituye un precedente en la historia de las luchas obreras en Túnez.

Veinte de marzo de 2016. La entrada de la fábrica está desierta. Todo está parado, silencioso e inmóvil, entre cactus y olivos, cuando la moto de Samia Chuchane ruge en la esquina de la calle. Detrás va Imen Fartul, de 25 años, con una larga trenza negra. Nos enseña los alrededores de la fábrica. Samia, con dos teléfonos en la mano, convence a otras obreras de venir a vernos a la fábrica. “Ahora todas están cansadas, no tenemos sueldos desde enero, y el algo muy duro para nuestras familias”, explica Imen.

“Todo empezó con un incidente en la fiesta de Aid Al-Adha en 2013”, nos cuenta Imen. “Cuando esperábamos cobrar para comprar el cordero, el propietario, el señor Driss, nos dijo que no tenía dinero para pagarnos”. Las obreras, cansadas de años de maltrato sufrido en la fábrica se reunieron en los locales de la UGTT para fundar su propio sindicato.

Las trabajadoras se hacen dueñas del taller

Samia Chuchane toma la palabra en tanto que representante electa del sindicato de Mamotex: “Fue a partir de 2013 cuando todas las muchachas empezaron a pensar en organizarse. Evidentemente, el patrón no estaba de acuerdo, pero tras este incidente de el Aid no tuvimos ninguna duda sobre la necesidad de tener una organización interna”. Recuerda que el primer día no eran más de quince. “El patrón nos amenazó con el despido para impedirnos participar, pero se continuó, y rápidamente se nos fueron uniendo otras”. Mediante el sindicato empezaron a reclamar sus derechos: “las vacaciones pagadas, las primas de rendimiento, las horas extras, que antes nunca nos había pagado. Desde que empezamos a conseguir esos derechos, todas las chicas nos siguieron”, dice. Tanto, que al día de hoy todas las obreras de Mamotex están sindicadas.

Después de Samia comienzan a llegar otras trabajadoras, y también el guarda, que abre la puerta de la fábrica. Los fluorescentes se van encendiendo a tirones, en un vasto espacio abandonado. Las antiguas máquinas de coser están hundidas en un extraño silencio. Con las costureras, Bahri Hedili, representante de la sección local de la UGTT señala con el dedo las mesas de trabajo. “Estas máquinas no se renovaron nunca, el propietario no invertían en las instalaciones, y eso fue una de las causas de su quiebra”, dice, mientras que Imen Fartul se afana recogiendo los trozos de gasa y los pompones esparcidos por el suelo. Nos acompaña entre las perchas, las máquinas de coser, los disfraces de Papá Noel, las camisas de d’Artagnan y los vestidos de Guiñol. Encima de las mesas están expuestas las fichas de los porcentajes de producción de cada obrera. “Intento hacer creer que la fábrica había quebrado debido a las muchachas que se sindicaron y por las huelgas que retrasaron, en su opinión, el ritmo de trabajo. Es falso, en la mayoría de los talleres los trabajadores están sindicados y no existen estos problemas”, afirma Hedili, siguiendo la fila de disfraces que Imen expone. “La realidad es que desde hace mucho tiempo ya no se invertía en las máquinas, que a menudo se averían, y que gestionó mal el dinero”.

Mamotex es subcontratista de Sodrico, una empresa de Mahdia perteneciente a la misma familia Driss, que le provee de telas y exporta toda su producción a Europa. Al mismo tiempo, Mamotex subcontrata con otras sociedades. Los mismos clientes y proveedores han deplorado la falta de fiabilidad del patrón. Mantenía deudas con ellos y han retirado simultáneamente los créditos y las telas para que al final Mamotex se encuentre sin trabajo y sin cobros”, explica el sindicalista. Es Samir Driss, director de Sodrico y primo de Mohammed Driss quien después de aceptar el acuerdo firmado entre todas las partes, rechazó reiniciar la entrega del dinero durante más de dos meses, poniendo así en dificultades a Mamotex.

La competencia asiática

El sector textil es actualmente que sector industrial que más contrata en Túnez. Según el informe de la Agencia de Promoción de la Industria y la Innovación de 2014, emplean a 179.000 asalariados, que representan el 34 por ciento del conjunto de las industrias manufactureras tunecinas. La mayoría de estos trabajadores son mujeres, que tienen más dificultades para el acceso a otros sectores de empleo.

Pero en 2005, con la supresión del acuerdo multifibras que regía el comercio internacional del textil desde hacía treinta años, mediante cuotas de importación, el mercado textil tunecino conoció un gran retroceso: después de esta fecha, 2.500 empresas empleaban a más de 250.000 obreros. Las exportaciones tunecinas se beneficiaban del hecho de que Europa protegía su mercado interno contra la producción asiática, mediante ese sistema de cuotas, favoreciendo a otros países menos competitivos que China o India, entre los cuales estaba Túnez. Una vez desmantelado el sistema, las puertas del mercado europeo se abrieron de par en par a las importaciones asiáticas. Si se considera que el 86,50 por ciento de las empresas tunecinas del sector exportan hacia Europa, la competencia asiática ha tenido como consecuencia una drástica disminución de su cifra de negocios. Centenares de empresas han cerrado, y millares de trabajadores han perdido su empleo.

El Forum Tunecino por los Derechos Económicos y Sociales (FTDES) detalló en un informe publicado en 2013 las principales consecuencias de esta suspensión de cuotas para el sector textil tunecino, en términos de daños a los derechos económicos y sociales en la región de Monastir. Deducen que las condiciones contractuales de las mujeres son precarias, con salarios bajos y una débil tasa de sindicalización. Según el FTDES, a causa de la dificultad para competir con el mercado asiático, “la mayoría de las empresas tunecinas se han especializado en la subcontrata de segundo grado, que se caracteriza por una débil tasa de transformación industrial y una mano de obra poco cualificada”. Estas subcontratas consiguen beneficios mínimos, y la vida media de una empresa es de cinco años. Desde 2007 a 2012, 87 empresas han cerrado, y 4.500 obreros ha ido al paro.

El 87 por ciento de la mano de obra del sector es femenina, y el 80 por ciento de ellas tienen entre 16 y 35 años. La mayoría de las obreras están en la pobreza. Más del 42 por ciento de ellas tienen a su cargo familias enteras. Debido a ello, de un salario de 300 dinares (129 euros) de media mensual, el ingreso individual no superaría los 2 dinares diarios, 1 euro.

Solamente el 10 por ciento de las obreras del sector textil encuestadas (4.000 de un total de 56.000) están sindicadas, y generalmente se trata de empleadas con antigüedad. “El motivo hay que buscarlo en el miedo de las obreras a verse despedidas por su patrón, tanto más cuanto la mayoría de los contratos son de duración limitada”, precisa el informe. A esta precariedad se añade la visión tradicionalista y moralista que ven mal el trabajo de las mujeres, lo que hace aún más difícil la lucha por la obtención de sus derechos.

“Antes de 2013 era muy difícil trabajar”, recuerda Samia Mabruk, que llega con su hijo en brazos al los locales de Mamotex. “Había fichas de rendimiento, con los porcentajes de producción que cada muchacha tenía que hacer cada día. Al menor error, el castigo era quedarse de pie durante horas contra la pared esperando al patrón”. “Igualmente, nos impedía salir de la fábrica, y cerraba la puerta con llave. Muchas veces hemos salido de aquí saltando el muro de entrada”, sonríe, mientras que las demás ríen con cierta amargura. Imen Fartul evoca las condiciones salariales antes y después de unirse al sindicato: “Cuando yo empecé, hace ocho años, mi salario era de 80 dinares (40 euros) por nueve horas diarias, seis días a la semana. Luego, poco a poco, empezó a mejorar, pasando a 150 y después a 200 dinares (86 euros), hasta llegar a los 400-500 dinares (entre 172 y 214 euros) (*) desde que me uní al sindicato y las primas de rendimiento y las horas extras se empezaron a pagar”.

Organizarse para dejar de sufrir

El 11 de enero de 2016 los salarios no se habían pagado. “Se sabía que la situación de la fábrica era mala”, comenta Samia Chuchane. “Estuvimos a la puerta de la fábrica un mes entero para pedir nuestros salarios, y al mismo tiempo presionábamos al patrón a través de la UGTT local y regional, y con la dirección de la Inspección de Trabajo”.

“Las trabajadoras discutieron con la inspección, con el gobierno y el propio gobernador para llegar a una solución con el patrón”, explica el responsable sindical de la UGTT. “También se manifestaron en el pueblo y delante de la casa del propietario, para llegar a una solución, Una vez que el patrón aseguró que no quería cerrar la fábrica propusieron dirigirla ellas mismas, con ayuda del sindicato, para recuperar la deuda que la empresa tenía con ellas”.

El patrón de la fábrica se resistía al principio, pero luego las presiones ejercidas por los obreros sobre las autoridades locales le obligaron a aceptar y a firmar el acuerdo. “Los clientes y los proveedores, que exigieron garantías contra los retrasos, no querían tener problemas ni con las trabajadoras ni con el patrón, y una vez obtenido el acuerdo firmado por las dos partes se declararon dispuestos a reiniciar los pedidos”, resume Bahri Hedili. Sin embargo, dos meses y medios después, el boicot de la Sodrico decidió a las obreras, a mediados de mayo, a llevar el asunto a los tribunales. Estos trabajan ahora en el procedimiento de quiebra de la fábrica, hasta ahora no ejecutado.

Según los términos del acuerdo, la dirección y la administración se confiaban a la secretaria, quien dirigiría la fábrica con ayuda del sindicato. Las obreras gestionarían las relaciones con los proveedores de telas, así como con los clientes. Se pagarían sus propios salarios y liquidarían la deuda del propietario con ellas con los beneficios de la empresa. “Cuando la deuda con los trabajadores y con la Seguridad Social desapareciera”, explicaba en marzo Bahri Hedili, “el propietario podrá recuperar su puesto”. Damia Chuchane enumeraba: “nos debe la mitad de las primas de rendimiento y de las vacaciones pagadas de 2015, los salarios de enero, febrero y marzo y las cotizaciones”.

Las trabajadoras se hacen dueñas del taller

El procedimiento judicial normal hubiera debido esperar a una decisión judicial para recuperar los salarios no pagados. “Se ha presentado una reclamación. El juez ha pedido aplicar la ley y pagar los salarios, pero si continúa por esa vía, la fábrica debe declarar la quiebra, y luego ser puesta en liquidación por el tribunal. Nosotros queremos trabajar, y por ello se ha llegado a ese acuerdo por ahora”.

Sin embargo, la cuestión no es tan sencilla para los trabajadores. Hala Khalifa no puede evitar confesar que con tres hijos, un marido en el paro y un alquiler que pagar, se siente desanimada, nerviosa y frustrada. “Tengo que vivir en casa de mis suegros, y es muy difícil. Es un combate muy duro, pero continuamos luchando juntos por conservar nuestros empleos”. Con solidaridad, Naisha Ben Nasser también asume la dificultad de la lucha. “Mi marido es pescador y ahora está sin empleo, hay muchas deudas que se remontan a nuestra boda”. Tiene la suerte de tener una familia que la puede ayudar, “pero eso no es una solución duradera”, afirma con convencimiento. “Quiero trabajar y poder por mis medios cubrir las necesidades de mi familia”.

Todas las obreras son conscientes de que volver ante el juez significa la quiebra de la fábrica y el final de sus luchas. Es la pasada semana, muchas obreras, desesperadas, han buscado otros empleos en los talleres textiles de Chebba, arriesgándose a sufrir de nuevo condiciones de trabajo difíciles en un sector textil en crisis. “Con las presiones de Sodrico, Sami Driss sabía que podría hacer ceder a las obreras”, explica el responsable sindical. Es el fin de una experiencia de la que millares de obreros en Túnez podrán, en cualquier caso, sacar lecciones.

(*) El salario mínimo interprofesional garantizado es desde 2015 de 338 dinares (145 euros) al mes, por 48 horas semanales, y de 289 dinares 639 millimes (124 euros) al mes por una jornada de 40 horas.

Fuente: http://orientxxi.info/magazine/le-combat-perdu-des-ouvrieres-tunisiennes-de-mamotex,1339,1339

La CIA y la mafia marsellesa. Los socialistas, los Guerini y la CIA (y 2)

La primera medida tomada por los socialistas para romper la huelga de Marsella [de 1947] consistió en eliminar de las filas de los CRS [policías antidisturbios franceses] a los partisanos, supuestamente comunistas. Una vez alcanzado eso, sería posible, sin dificultad dar a estas unidades, la orden de emplear métodos violentos contra los huelguistas. A estos efectos, y dado que los informes oficiales no habían sido cortos de elogios respecto a la conciencia profesional de estos policías (1), el alcalde socialista [de Marsella] Gaston Defferre les reprochó haberse colocado de parte de los manifestantes en los choques del 12 de noviembre [de 1947] (2).

Después de que los responsables socialistas confeccionaran la lista de hombres sospechosos de comunismo, Defferre la transmitió al ministro socialista Jules Moch, quien ordenó la destitución de los acusados (3). Esta iniciativa de los socialistas fue ciertamente del gusto de las acosadas organizaciones corsas. A diferencia de la policía regular, los CRS habían atacado seriamente el contrabando y el mercado negro a los que se dedicaban los bajos fondos (4). Una vez ejecutada la depuración, los CRS se lanzaron al ataque de los piquetes de huelga con una violencia desatada (5).

Pero hacía falta algo más que una depuración policial para romper la determinación de 24.000 huelguistas de Marsella. Si los americanos pensaban lograr una victoria en Marsella, tendrían que combatir. Esto es exactamente lo que hizo la CIA. Gracias a sus relaciones con el Partido Socialista, la CIA había enviado a Marsella agentes y un equipo de especialistas en guerra sicológica que negociaron directamente con los jefes de las organizaciones corsas para la participación de los hermanos Guerini. Los agentes de la CIA proporcionaron armas y dinero a las bandas corsas para que pudieran atacar los piquetes de huelga comunistas y fustigar a los principales dirigentes sindicales.

Durante este mes de huelgas, los gángsters de la CIA y los CRS maltrataron a los piquetes de huelga, asesinando numerosos huelguistas. Para rematar, los especialistas de guerra psicológica difundieron manifiestos, emisiones de radio y carteles dirigidos a disuadir a los trabajadores de continuar la huelga. Algunas iniciativas de la guerra psicológica fueron bastante brillantes: en un momento en el que el gobierno americano amenaza con repatriar a Estados Unidos un cargamento de 65.000 sacos de harina destinada a la ciudad hambrienta si los estibadores no la descargaban inmediatamente (6). La violencia y el hambre se hicieron sentir tan duramente que el 9 de diciembre los trabajadores de Marsella abandonaron la huelga al mismo tiempo que sus compañeros del resto de Francia. La conclusión de este episodio no está exenta de ironía.

La Nochebuena de 1947, ochenta y siete vagones llegaban a la estación de Marsella, cargados de harina, de leche, de azúcar y de fruta, “donativo del pueblo americano”, con la aclamación de centenares de escolares que agitaban pequeñas banderas norteamericanas (7). Los Guerini obtuvieron poder y notoriedad por el papel que jugaron en el aplastamiento de la huelga de 1947, para afirmarse como los nuevos jefes de la mafia corsa. Pero aun cuando la CIA contribuyó a restablecer este poder, no fue más que hasta la huelga de portuarios de 1950 cuando los Guerini adquirieron suficiente fuerza para tomar el control de los muelles de Marsella. Influencia política y dominio sobre los muelles creaban las condiciones perfectas para el desarrollo de los laboratorios de heroína de Marsella, justo cuando el patrón de la Mafia, Lucky Luciano, buscaba nuevos proveedores. La austeridad económica que había provocado la huelga de 1947 también estuvo en el origen de la de 1950. Las condiciones de los trabajadores, lejos de mejorar en ese intervalo de tres años, habían empeorado. Marsella con su tradición de radicalismo obrero tenía desde luego razones para ponerse en huelga.

Marsella era la “Puerta de Oriente” de Francia, por la que circulaba el material (principalmente las municiones y los víveres norteamericanos) destinados a los cuerpos expedicionarios franceses que combatían en Indochina. La guerra de Indochina era tan impopular en Francia como lo iba a ser la guerra de Vietnam en Estados Unidos. Además, Ho Chi Minh había participado en la creación del Partido Comunista francés y era considerado en Francia como un héroe por los miembros progresistas de la clase obrera, especialmente en Marsella, en donde residían numerosos indochinos (8). En enero, los portuarios de Marsella emprendieron el boicot selectivo de barcos que transportaran mercancías hacia la zona de combates. Y el 3 de febrero la CGT convocó una asamblea de portuarios que decidió publicar una declaración: “El regreso de los cuerpos expedicionarios de Indochina para poner fin a la guerra de Vietnam”, exhortando a “todos los sindicatos a iniciar las acciones mas eficaces posibles contra la guerra de Vietnam”. La circulación de los cargamentos de armas con destino a Indochina fue “paralizada” (9).

Aunque los puertos del Atlántico se unieron al embargo a principios de febrero, su acción no tuvo la misma eficacia ni la misma importancia que la huelga de Marsella (10). A mediados de febrero la huelga se había extendido a la industria metalúrgica (11).

Pero la mayoría de estas huelgas se iniciaban a regañadientes. El 18 de febrero el periódico parisino Combat escribía que Marsella estaba otra vez preparada para el combate: el 70 por cien de los trabajadores marselleses apoyaban la huelga, contra solamente el 2 por cien en Burdeos, el 20 por cien en Toulouse y el 20 por cien en Niza (12). El radicalismo de la clase obrera de Marsella necesitaba una vez mas de métodos especiales, y Thomas Braden, de la CIA, ha narrado posteriormente de qué manera resolvió el problema:

“Ante mí, en la mesa, hay una hoja de papel amarillo, arrugada y descolorida. Lleva la siguiente inscripción, escrita a lápiz: ‘Recibido de Warren G. Haskins la suma de 15.000 dólares (Firmado) Norris A. Grambo’ He buscado este papel el mismo día en que los periódicos revelaban el ‘escándalo’ de las relaciones existentes entre la Agencia Central de Investigación y los estudiantes y dirigentes sindicales. Fue una búsqueda melancólica, y cuando terminé me sentí triste. Porque Warren G. Haskins era yo. Norris A. Grambo era Irving Brown, de la American Federation of Labor (AFL). Los 15.000 dólares procedían de la caja de la CIA, y este papel amarillento es el último recuerdo que poseo de una vasta operación secreta… Fui yo quien dio la idea de dar 15.000 dólares a Irving Brown. Tenía la necesidad de pagar a sus escuadras de pandilleros de los puertos del Mediterráneo, para que los cargamentos norteamericanos pudieran ser descargados contra la oposición de los portuarios comunistas” (13).

Gracias a los dos millones de dólares proporcionados por la CIA, el dirigente de la AFL, Irving Brown, hizo venir de Italia a esquiroles, que puso disposición de su aliado, Pierre Ferri-Pisani (14).

Descrito por la revista Time como un “corso rudo e impetuoso”, Pierre Ferri-Pisani puso a trabajar a estos esquiroles así como a un escuadrón de criminales corsos en los muelles, en donde descargaban las armas procedentes de Norteamérica, consiguiendo así romper la huelga. Rodeado de sus mercenarios, Ferri-Pisani irrumpía en las células locales del Partido comunista amenazando con hacer “pagar personalmente” a los dirigentes del Partido si el boicot continuaba. Y, como informaba con satisfacción esa misma revista Time, “el primer comunista que intentó expulsar a los hombres de Ferri-Pisani fue arrojado al agua” (15). Por otra parte, los hombres de Guerini fueron los encargados de caer a golpes sobre los piquetes de huelga comunistas para permitir a las pandillas y a los esquiroles llegar a los muelles, para poder empezar a descargar las municiones y los víveres. El 13 de marzo los representantes del gobierno estaban en disposición de anunciar que, a pesar de un boicot persistente por parte de los trabajadores comunistas, 900 portuarios reforzados por la tropa habían restablecido el servicio normal del puerto de Marsella” (16).

Aunque hubo boicots esporádicos, hacia mediados de abril Marsella estaba ya sometida y la huelga prácticamente terminada (17). Pero esas “victorias“ durante la guerra fría tuvieron consecuencias imprevistas. Al proporcionar dinero y apoyo a las organizaciones corsas, la CIA había eliminado el último obstáculo que impedía las operaciones de contrabando de los corsos en Marsella. Cuando el “medio“ añadió la toma del control de los muelles a la influencia política que había adquirido con ayuda de la CIA en 1947, se reunieron todas las condiciones para que Marsella se convirtiera en el laboratorio de heroína de Norteamérica. La policía francesa declararía mas tarde que los primeros laboratorios de Marsella se abrieron en 1951, solo algunos meses después de que el hampa tomara el control de los muelles.

Gaston Defferre y el partido socialista también salieron victoriosos de las huelgas de 1947 y 1950 que debilitaron al Partido comunista local. Desde 1953 hasta su muerte, en 1986, Defferre y los socialistas han reinado sin pausa en el ayuntamiento de Marsella. Los Guerini parecen haber mantenido sus relaciones con los socialistas de la ciudad. Los miembros del clan Guerini han servido de guardia personal y como pega-carteles a los candidatos socialistas locales, hasta la caída del clan, en 1967.

(1) Agulhon et Barrat, CRS à Marseille, pgs. 156-173.
(2) Le Provençal, 14 de noviembre de 1947
(3) Agulhon et Barrat, CRS à Marseille, pg. 204.
(4) Ibid, pg. 76.
(5) Ibid, pg. 196. Entrevista con el teniente coronel Lucien Conein, McLean, Virginie, 18 de junio de 1971 (Lucien Conein sirvió de oficial de enlace de la OSS por parte de la Resistencia francesa durante la II Guerra Mundial, convirtiéndose después en un agente de la CIA.
(6) Castellari, La Belle Histoire de Marseille, pg. 22
(7) Ibid, pg. 222.
(8) Las estrechas relaciones existentes entre la comunidad vietnamita de Marsella y la izquierda francesa tuvieron igualmente un papel en la historia de la segunda guerra de Indochina. Tras la Liberación, el comisario de Marsella, Raymond Aubrac, que simpatizaba con la izquierda, descubrió las miserables condiciones que sufrían los campamentos de trabajadores indochinos instalados en las afueras de la ciudad e hizo todo lo posible para sanearlos. Sus esfuerzos le valieron el respeto de las organizaciones nacionalistas vietnamitas y, por su mediación, fue presentado a Ho Chi Minh, quien había venido a Francia a negociar en 1946. Cuando la comisión Pugwash elaboró en 1967 una proposición de desescalada destinada a poner fin a la guerra de Vietnam, Aubrac fue elegido para transmitirla a Ho Chi Minh en Hanoi (Agulhon et Barrat, CRS à Marseille, pg. 43).
(9) Combat (Paris), 4 de febrero de 1950.
(10) New York Times, 18 febrero de 1950, pg. 5.
(11) New York Times, 24 de febrero de 1950, pg. 12.
(12) Combat, 18-19 febrero de 1950.
(13) Braden, Me encanta que la CIA sea inmoral, pg. 10.
(14) Filippelli, American Labor, pg. 181; Ronald Radosh, American Labor and United States Foreign Policy, New York, Random House, 1969, pgs. 323-324.
(15) Time, 17 de marzo de 1952. pg.23.
(16) New York Times, 14 de marzo de 1950, pg.5.
(17) New York Times, 16 de abril de 1950, 4 sección, pg. 4.

Extractos de “Marseille sur héroïne, la French Connection (1945-1975)”, de Alfred McCoy

Primera parte

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