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Ataques cibernéticos contra Ucrania

El ciberespacio es un nuevo escenario de guerra, descrito en los manuales militares como la “quinta dimensión”, después de la terrestre, la marítima, la aérea y la espacial. Las guerras informáticas son tan destructivas como las viejas y mucho más baratas de implementar. El agresor difícilmente sale a la luz pública, por lo que no parece ser tal agresor, pero hay algo evidente: en el ciberespacio todos atacan a todos y todos se defienden de todos. En otras palabras, no hay agresores ni agredidos.

Desde el Golpe de Estado de 2014, Ucrania se ha convertido en un laboratorio de las operaciones cibernéticas. Ha padecido numerosos ataques informáticos, con diversos objetivos y formas. Algunos han surgido allí antes de extenderse a otros países.

Una de las primeras tuvo como objetivo la Comisión Electoral Central durante la primera farsa electoral presidencial de 2014, posterior al Golpe de Estado.

El ataque a la central eléctrica de Ivano-Frankivsk en 2015 dejó parte de la región sin electricidad a mediados de diciembre. Los autores consiguieron acceder a las redes Scada (Supervisory Control and Data Acquisition), lo que recordó el ataque israelí Stuxnet, que tuvo como objetivo la central nuclear iraní de Natanz en 2009.

El ataque a los sistemas eléctricos se hace eco del Experimento Aurora, realizado en 2007 por un equipo del Laboratorio Nacional de Idaho. Se demostró que una penetración en las infraestructuras eléctricas podían destruir permanentemente un generador diesel de 2,25 megavatios.

Un año después, en 2016, un nuevo ataque dirigido a los sistemas eléctricos afectó a Kiev durante varias horas.

En 2017, primero NotPetya y luego WannaCry se hicieron famosos. Al destruir datos, las aplicaciones piratas -disfrazadas con pticiones de rescate- provocaron el caos más allá de la frontera ucraniana y afectaron a 300.000 servidores de más de 100 países. Naturalmente, ambos se atribuyeron a Rusia sin ningún tipo de pruebas.

Además, hay numerosos bots en las redes sociales para influir sobre la información que circula, ya sea para difundir noticias verdaderas como falsas.

El SBU, el servicio de inteligencia ucraniano, afirma haber detectado un gran número de intentos de ataque en los últimos meses, como intentos de conexión a servidores de mando y control para obtener acceso no autorizado, ataques a aplicaciones web y uso de aplicaciones informáticas maliciosas.

El ciberataque de mediados del mes pasado no fue, pues, una sorpresa. Tenía como objetivo a organismos publicas que participan en la gestión logística del ejército que, en caso de invasión, podría haber afectado a la eficacia operativa de Kiev.

El SBU acusa al grupo de piratas UNC 1151 que, a su vez, como no podía ser otra forma, asocian con la inteligencia militar bielorrusa, al tiempo que observa similitudes en la aplicación utilizada con las que emplean los piratas rusos.

El 18 de enero, la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras de Estados Unidos (CISA) se refirió a los ataques en Ucrania, que podrían presagiar posibles amenazas a Estados Unidos, y recordó los anteriores ataques NotPetya y WannaCry, es decir, que apuntaba a Rusia. Como siempre.

Al mismo tiempo, la OTAN advirtió que apoyaría a Ucrania contra los ciberataques. Un ataque DDoS dirigido al código del propio sitio web acaba de afectar al Ministerio de Defensa ucraniano y a dos bancos, entre ellos el gigante PrivatBank.

En junio del año pasado, Biden atribuyó a Rusia el ataque a la cadena de suministro Solar Gate, que afectó a muchas instituciones estadounidenses. Fue un pretexto para imponer más sanciones, incluida la creación de una lista negra de empresas informáticas rusas (ERA Technopolis, Pasit, SVA, Neobit, AST y Positive Technologies) en la que se prohibía a las empresas e instituciones financieras estadounidenses trabajar con ellas.

El ciberespacio es como el mundo terrenal: nnos quieren hacer creer que Rusia ataca sin que nadie le ataque.

La directora de la Policía Metropolitana de Londres se felicita del aumento del poder de vigilancia

En su despedida del cargo, Cressida Dick, directora de la Policía Metropolitana de Londres, afirmó que uno de los aspectos más destacados de su carrera represiva ha sido el aumento del poder de vigilancia sobre la población.

Ahora la Policía Metropolitana “tiene visión de futuro y está preparada para hacer frente a futuras amenazas. Los agentes están mejor equipados y mejor informados, ya que aprovechamos las ventajas de las tecnologías móviles y de otro tipo, las capacidades forenses, e introducimos mejores uniformes y equipos de seguridad”, dijo Dick en su despedida (*).

“Estamos realizando grandes cambios de transformación, mejorando nuestros sistemas y probando tecnologías innovadoras y de vanguardia, como el reconocimiento facial en vivo y formas más rápidas de capturar y revisar la información digital”, añadió.

Grupos de derechos digitales y libertades civiles, como Big Brother Watch, Liberty y Amnistía Internacional del Reino Unido, han planteado su preocupación por el uso de la tecnología de reconocimiento facial por parte de las fuerzas del orden. Sin embargo, durante su despedida, Dick atacó a los que crítican el reconocimiento facial por la policía, afirmando que estaban mal informados y que utilizaban argumentos muy inexactos.

“Tanto yo como otros hemos defendido el uso proporcionado de la tecnología en la labor policial, pero en este momento las voces más fuertes en el debate parecen ser las de los críticos, a veces muy incorrectas o muy mal informadas”, dijo. “Yo diría que son los críticos los que deben justificar ante las víctimas de los delitos por qué la policía no debe utilizar la tecnología de forma lícita y proporcionada para atrapar a los delincuentes”.

La directora aseguró que la tecnología de reconocimiento facial no almacena datos biométricos y no tiene ningún sesgo étnico. Sin embargo, reconoció que la vigilancia era mejor para identificar a los hombres que a las mujeres. Añadió que el sistema es sólo para las personas que están en la lista negra, sometidos a una vigilancia permanente.

“En la era de Twitter, Instagram y Facebook, el hecho de que mi imagen y las imágenes de mis conciudadanos respetuosos con la ley pasen por el sistema de reconocimiento facial en directo y no se almacenen me parece mucho, mucho, mucho menos importante que mi expectativa vital y la del público de estar protegido de un cuchillo en el pecho”.

Una revisión independiente de los reconocimientos faciales de la policía descubrió que el sistema sólo era preciso sólo en el 19 por ciento de los casos.

(*) https://www.independent.co.uk/news/uk/home-news/cressida-dick-met-police-statement-resign-b2012557.html

Facebook pierde usuarios por primera vez en su historia

Las persistentes tropelías de Facebook comienzan a pasar factura. La pérdida de usuarios demuestra que su mejor momento ya ha pasado. En el último trimestre del año pasado el número de usuarios activos se ha redujo por primera vez en 18 años.

Otras filiales del holding, como Instagram y WhatsApp, siguen la misma senda, con un estancamiento en el número de usuarios, por lo que pronto empezará su caída. Cuando millones de personas han estado enganchadas al teclado como nunca antes por los dos años de confinamiento, son muy malas noticias.

El miércoles su valor en bolsa de Facebook se desplomó, perdiendo un 25 por ciento en una sesión, lo que supone 200.000 millones de dólares que se esfuman.

La recaudación por publicidad ha sido inferior a la prevista, en un momento pandémico en el que los anuncios en las redes sociales se han disparado.

La división Reality Labs, encargada del desarrollo de los negocios de realidad virtual, cuyos resultados específicos se detallaron por primera vez, registró una pérdida neta de 10.200 millones de dólares el año pasado.

Todas las sucursales de Facebook se enfrentan a la competencia de otras plataformas, como Tiktok, mucho más dinámicas.

Todo va mal en el holding de Mark Zuckerberg, que se ha ganado su infamia a pulso. Ahora mismo es sinónimo de censura de textos y espionaje a sus propios usuarios. Está por ver si el cambio de nombre a “Metaverso” engaña a alguien y lava la cara de la red social.

A otros monopolios tecnológicos no les va mejor. Desde principios de año Google, Apple, Amazon, Microsoft y Netflix han perdido cerca de un billón de dólares, una caída sin precedentes.

Israel planea controlar los contenidos de las redes sociales palestinas

Resulta irónico que incluso el ex primer ministro israelí de derechas, Benjamin Netanyahu, haya rechazado un proyecto de ley de la Knesset (Parlamento israelí) que proponía dar al gobierno un mayor poder para controlar y suprimir los contenidos en línea. Esto fue en 2016, y el proyecto de ley fue presentado por el rival del partido Likud de Netanyahu, Gideon Sa’ar.

Algunos analistas argumentaron que Netanyahu había temido que una ley destinada a suprimir la libertad de expresión palestina en línea pudiera ser aprovechada por sus enemigos para controlar su propio discurso e incitación. Ahora que Netanyahu ya no está en el panorama, el proyecto de ley ha vuelto, y también Sa’ar.

Gideon Sa’ar es actualmente ministro de Justicia y viceprimer ministro de Israel. Mientras su jefe, Naftali Bennett, avanza rápidamente en la expansión de los asentamientos y en el empeoramiento de las ya horribles realidades de los palestinos sobre el terreno, Sa’ar está ampliando la ocupación militar israelí de los palestinos al ámbito digital. Lo que se conoce como la “Ley de Facebook” va a conceder “a los tribunales israelíes la facultad de exigir la retirada de contenidos generados por los usuarios en las plataformas de contenido de las redes sociales que puedan percibirse como incendiarios o que perjudiquen la seguridad del Estado, o la seguridad de las personas o la seguridad del público”.

Según una declaración del 30 de diciembre de la Coalición Palestina por los Derechos Digitales (PDRC) y el Consejo de Organizaciones Palestinas de Derechos Humanos (PHROC), la censura israelí de los contenidos palestinos en línea se ha profundizado desde 2016, cuando se presentó por primera vez el proyecto de ley de Sa’ar.

En su declaración, las dos organizaciones destacaron el hecho de que la llamada Unidad Cibernética de Israel había presentado 2.421 solicitudes a las empresas de medios sociales para eliminar el contenido palestino en 2016. Esa cifra ha crecido exponencialmente desde entonces, hasta el punto de que solo la Unidad Cibernética ha solicitado la eliminación de más de 20.000 artículos palestinos. El PDRC y el PHROC sugieren que la nueva legislación, que ya fue aprobada por el Comité Ministerial de Legislación el 27 de diciembre, “sólo reforzaría la relación entre la Unidad Cibernética y las empresas de medios sociales”.

Desgraciadamente, esa relación ya es fuerte, al menos con Facebook, que censura habitualmente contenidos palestinos y ha sido muy criticada por Human Rights Watch y otras organizaciones. Tras examinar las numerosas denuncias de censura de Facebook, Deborah Brown, investigadora principal de derechos digitales y defensora de HRW, concluyó que “Facebook ha suprimido contenidos publicados por palestinos y sus partidarios que hablan de cuestiones de derechos humanos en Israel y Palestina”.

La implicación de Facebook en los esfuerzos de Israel destinados a silenciar las voces palestinas en línea que piden justicia, libertad y el fin de la ocupación, se sitúa a su vez en un acuerdo que la empresa había alcanzado con Israel en septiembre de 2016. Entonces, el gobierno israelí anunció que había firmado un acuerdo con el gigante de las redes sociales “para trabajar juntos y determinar cómo abordar la incitación en la red de medios sociales”. A los pocos días, se informó de que se habían eliminado las cuentas de destacados periodistas y activistas palestinos.

La última “Ley Facebook” de Israel no sólo se refiere al control de los contenidos en las plataformas relacionadas con Facebook, incluyendo Instagram y otras. Según un editorial de Haaretz publicado el 29 de diciembre, el impacto de este proyecto de ley en particular es de gran alcance, ya que otorgará a los jueces de los tribunales de distrito de todo el país el poder de eliminar publicaciones, no sólo de Facebook y otros medios de comunicación social, “sino de cualquier sitio web”.

Como es lógico, la censura israelí de los contenidos palestinos se justifica con el típico pretexto de proteger la “seguridad nacional” de Israel. Todos sabemos cómo interpreta Israel este escurridizo concepto para incluir cualquier cosa, desde un palestino que pide que Israel rinda cuentas por sus crímenes en los territorios ocupados, hasta otro que exige el fin del apartheid israelí o un tercero que escribe un poema. Un ejemplo de ello fue el humillante encarcelamiento del poeta palestino Dareen Tatour. Éste, ciudadano israelí, fue encarcelado en 2015 por orden judicial por escribir un breve poema titulado “Resiste, pueblo mío, resiste a ellos”.

A juzgar por la experiencia pasada, no cabe duda de que la “Ley de Facebook” se dirigiría casi exclusivamente a los palestinos. Además, a juzgar por los éxitos anteriores de Israel, muchas empresas de medios digitales y sociales cumplirían con las exigencias de Israel de censurar a los palestinos en todas partes.

En su informe del 11 de enero, el Centro Árabe para el Avance de los Medios Sociales -7Amleh- detalló algunas de las prácticas que Israel lleva a cabo para vigilar, silenciar y espiar a los palestinos. El informe de 7Amleh, titulado “Hashtag Palestina 2021”, analiza el creciente uso de tecnologías de vigilancia, especialmente en el contexto de una propuesta de ley israelí que ampliaría el uso de cámaras de reconocimiento facial en espacios públicos. Cabe señalar que estas tecnologías ya se han utilizado contra los palestinos en los puestos de control militar israelíes en toda Cisjordania durante al menos dos años.

Además, el programa espía israelí Pegasus, que recientemente ha sido noticia en todo el mundo por su uso contra numerosas personalidades, también se ha utilizado durante mucho tiempo contra activistas palestinos. En otras palabras, Palestina sigue siendo el campo de pruebas de las violaciones de los derechos humanos de todo tipo por parte de Israel, ya sea con nuevo armamento, control de multitudes o vigilancia.

Como es de esperar, lo que se aplica a los palestinos que exigen su libertad en Internet no se aplica a los israelíes que incitan a la violencia y difunden el odio contra esos mismos palestinos. Según el “Índice de Racismo e Incitación” de 7Amleh, publicado el pasado mes de junio, durante la guerra israelí contra la asediada Franja de Gaza y la posterior violencia antipalestina en toda Palestina en mayo de 2021, “la incitación en hebreo contra árabes y palestinos aumentó 15 veces” si se compara con el mismo periodo del año anterior. Mucho de esto ha pasado desapercibido, y apenas es objeto de la propuesta de “Ley Facebook” o de las siniestras actividades de la Unidad Cibernética. Para Gideon Sa’ar y los suyos, la incitación antipalestina, junto con la violencia diaria ejercida contra los palestinos ocupados, no es un problema.

Mientras que a Israel se le permite, gracias al silencio ensordecedor de la comunidad internacional, mantener su ocupación militar de Palestina, cimentar su apartheid y profundizar su control de la vida palestina en todas partes, no se le debería permitir ampliar esta matriz de control también al ámbito digital. Las organizaciones de la sociedad civil, los activistas y los ciudadanos de a pie de todo el mundo deben alzar la voz para poner fin a esta burla.

Además, como nos han enseñado las experiencias de las tecnologías de vigilancia Pegasus y de reconocimiento facial, lo que suele aplicarse primero a los palestinos acaba normalizándose y aplicándose en todos los demás lugares. Por tanto, hay que hacer frente a Israel en sus abusos de los derechos humanos en Palestina, porque estos abusos, si se normalizan, pasarán a formar parte de nuestra vida cotidiana, independientemente del lugar del mundo en el que nos encontremos.

Ramzy Baroud https://www.monitordeoriente.com/20220120-como-la-ley-facebook-de-israel-planea-controlar-todo-el-contenido-palestino-online/

El sueño del control se hace realidad: la identidad digital

El Banco Internacional de Pagos se ha manifestado a favor de la vacunación generalizada, con el peregrino principio de que es la única manera de lograr la recuperación económica.

En su reciente informe anual de 2021, también aboga por un sistema mundial de identidad digital, es decir, de asociar a cada uno de los habitantes del mundo a un código de barras.

Finalmente, el Banco es partidario de la introducción de las monedas digitales de los bancos centrales (CBCD) que sustituirán a los dólares y otras monedas fiduciarias.

A falta de ideas originales, el Banco tira de tópicos conocidos. Las monedas digitales, como el bitcoin, sirven para el blanqueo de dinero, para financiar el terrorismo y, ¡cómo no!, son una amenaza para el medio ambiente porque consume demasiada energía.

Unas monedas digitales son malas, pero hay otras que son buenas porque se pueden controlar. Para ello, las deben emitir los bancos centrales y hay que controlar cada una de las transacciones mundiales y, en consecuencia, cada una de las personas, empresas, sociedades e instituciones que hay en el mundo.

El dinero en efectivo se tiene que acabar y la pandemia ha dado un gran salto en esa línea con la imposición de los pagos mediante tarjeta, de manera que el control se extiende hasta el último céntimo.

Cada ciudadano tendrá una cuenta abierta en su banco central, sin intermediarios, y cada transacción es un movimiento de dicha cuenta. La más mínima transacción monetaria, en cualquier parte del mundo y para cada individuo, cada negocio, cada empresa, puede ser analizada y diseccionada.

Lo más interesante es que de esa manera, además de las transacciones, se controlan a las personas, a las empresas y todo tipo de sociedades, no sólo desde el punto de vista económico, sino en todas las facetas de su vida. La identidad digital es todo en uno: un lugar de trabajo, una cuenta corriente, un pasaporte, un certificado de vacunas, un carnet de conducir, una declaración de impuestos, redes sociales…

(*) https://www.bis.org/publ/arpdf/ar2021e.pdf

China envía especialistas en ciberguerra a Kazajistán

El gobierno chino ha enviado especialistas en ciberguerra y telecomunicaciones para ayudar al gobierno kazajo a bloquear las redes de internet y filtrar la telefonía móvil con la que se coordina la desestabilización del país.

El miércoles unos 500 manifestantes asaltaron la cadena de televisión Mir en Almaty. También asesinaron a un colaborador del canal de televisión de Almaty y atacaron al hijo del director de un periódico de la ciudad meridional de Saryaghash.

China, que tiene enormes intereses económicos en Kazajstán, quiere poner a prueba sus capacidades de contraguerra cibernética y clausura de redes en condiciones de guerra híbrida de fase I en un país de 2.724.900 kilómetros cuadrados. Se trata de un ensayo a pequeña escala de lo que probablemente ocurrirá a mayor escala en un futuro muy próximo.

Por su parte, el gobierno kazajo ha detenido al antiguo ministro, Karim Massimov, por alta traición. Es un socio comercial del hijo de Biden (*). El jefe de los servicios especiales y altos oficiales del ejército también están implicados en la desestabilización del país.

Más de 4.400 personas, entre ellas muchos extranjeros, han sido también detenidos desde el inicio de la revuelta.

Mientras, los países de la OTSC siguen enviando tropas y el equipo militar a Kazajistán, sobre todo Rusia. El objetivo es desmantelar, o al menos neutralizar, las poderosas redes desestabilizadoras creadas dentro de los servicios de inteligencia y el alto mando del ejército kazajo.

El país sigue bajo toque de queda y se ha decretado de facto la ley marcial en varias ciudades de Kazajistán. La policía tienen instrucciones de disparar a los insurgentes armados sin previo aviso.

Las tropas rusas en Kazajistán están asistidas por las de Armenia, Bielorrusia y Tayikistán.

(*) https://www.rt.com/russia/545442-kazakhstan-security-chief-arrested-treason/

La verificación de hechos no existe, lo que se censura son opiniones divergentes

Facebook ha admitido, por fin, su verdadero papel censor: eso que presentan como “verificación de hechos” es una caza de brujas de opiniones divergentes (1).

El periodista John Stossel presentó una demanda judicial para demostrar que la supuesta lucha contra la “desinformación” de los monopolios tecnológicos es una farsa (2). Publicó dos vídeos en los que abordaba el cambio climático. Ninguno de los dos cuestionaba la realidad del cambio climático, sino que cada uno de ellos abordaba otras cuestiones conexas, como la gestión forestal y el uso de la tecnología para adaptarse.

Sin embargo, los sicarios de Facebook, llamados Science Feedback, los calificaron de “falsos” o, como dicen ahora, “faltos de contexto” porque no les gustó el “tono”.

Esto demuestra que en asuntos como el cambio climático no basta con repetir sólo una parte; hay que insistir en todo el repertorio clásico de temas ligados a la cuestión central para no dejar lugar a dudas: es la peor catástrofe de la historia de la humanidad, hay que gastar billones para combatirlo…

Sólo por eso, Facebook prohíbe o margina algunos reportajes, privándoles de lectores. Pero cuando le demandan, Facebook se encoge de hombres y dice “¡No hemos sido nosotros!” Ellos subcontratan la censura a sicarios como Science Feedback, que deben cobrar por cada hereje al que llevan a la hoguera.

Facebook califica a este tipo de mercenarios, estilo Newtral y Maldita, de “verificadores independientes” porque venden la burra muy barata. Al mejor postor.

El New York Post se ha encontrado con el mismo problema varias veces. En febrero del año pasado publicaron un artículo preguntando si el coronavirus se había escapado desde el laboratorio de Wuhan. La información fue calificada de falsa por los censores de Facebook.

Los verificadores, dice el New York Post, se basan en un grupo reducido de “expertos” interesados en rechazar ciertas teorías, incluyendo EcoHealth, que financió el funcionamiento del laboratorio de Wuhan. Por lo tanto, si la fuga del virus fuera cierta, serían responsables de los daños causados y estarían obligados a indemnizar.

Cuando Twitter bloqueó los informes del New York Post asegurando que el ordenador de Hunter Biden era un “equipo pirateado”, no se basó en nada. Sólo era una excusa para que la reputación de la familia presidencial, padre e hijo, permaneciera inmaculada y, con ella, el partido demócrata al que Twitter sirve.

La “verificación de hechos” se ha convertido en un negocio, otro más, propicio para trepas y vendidos de todos los pelajes. Está financiada por magnates oscuros, como George Soros, con la apariencia de ONG y al servicio de los monopolios tecnológicos y, por supuesto, del discurso dominante.

(1) https://thefederalist.com/2021/12/13/facebook-quietly-admits-its-third-party-fact-checks-are-opinions/
(2) https://www.hollywoodreporter.com/business/digital/john-stossel-sues-facebook-1235019248/

‘Multas sin contacto’: otra innovación que la pandemia ha traído a la policía

El término “multas sin contacto” significa que la policía redacta y envía denuncias sin llegar a controlar físicamente a la persona sancionada. También se podrían llamar multas a distancia o multas sin control. En algunos casos se trata de multas sin infracción.

Después del confinamiento comenzaron a llegar sanciones a los domicilios de muchos franceses por haber sido rastreados en la calle o viajando en un transporte público. Las cámaras de videovigilancia los han grabado e identificado. Algunas veces incluso los han confundido, pero eso no importa porque el método ya está en marcha. La “inteligencia artificial” aprende, sobre todo, con los errores, las quejas y los recursos de los propios afectados.

Es un verdadero hostigamiento policial contra poblaciones que están en el punto de mira, como los barrios obreros o las concentraciones de inmigrantes. La prensa se está llenando de quejas porque reciben multas por deambular por lugares en los que no han estado nunca. A veces reciben multas por haber permanecido al mismo tiempo en lugares diferentes.

Las quejas muestran que la población está desesperada porque no pueden demostrar que no han estado en un lugar concreto en un momento determinado.

Hay jóvenes que han recibido diez o incluso quince multas de golpe. Pone de manifiesto la voluntad política y policial de vigilar y seleccionar a determinadas poblaciones para excluirlas de un espacio público cada vez más higienizado y vaciado de sus habitantes naturales.

El origen de las multas es siempre una cámara de videovigilancia instalada en la calle y conectada a un servidor policial dotado con un programa de reconocimiento facial.

En Millau, Aveyron, 50 vecinos recibieron una multa de 135 euros en sus buzones en mayo del año pasado por reunirse sin cumplir con las medidas sanitarias tras salir del confinamiento. La identificación la realizó la inteligencia territorial de la policía por medio de una memoria de datos masiva de la población.

En Foix ocurrió lo mismo tras el fin del primer encierro. En este caso fue un carnaval organizado en mayo del ao pasado. Algunos sancionados afirman no haber estado presentes, pero eso es lo demás. Es otro experimento de la pandemia. El ayuntamiento quiere instalar más cámaras, mientras los vecinos se organizan para luchar contra ellas.

La mayor parte de las multas se impusieron una vez finalizado el confinamiento, pero en otras localidades la estrategia de acoso en los barrios obreros ya estaba en marcha antes de la pandemia. Ahora no ha hecho más que intensificarse. Es la política de “limpieza de las calles” que ha seguido la comisaría del distrito 20 de París.

La pandemia ha aumentado considerablemente el poder coercitivo de la policía, se ha modernizado tecnológicamente, se ha convertido en una política masivas y sistemática. Ya no está limitada, como antes, por los recursos humanos y materiales de la policía.

Las nuevas tecnologías represivas se basan en un trabajo previo de inteligencia policial, que ha formado ficheros con fotos, nombres, apellidos, direcciones, huellas dactilares, grupo sanguíneo, amigos, contactos…

La policía se apoya en la vídeovigilancia. Ya no necesitan desplazarse al lugar. Se limitan a comprobar a posteriori las grabaciones.

Algunos municipios se están asociando con las empresas para incorporar tecnologías de lectura automática de matrículas a sus sistemas. Las multas y las bases de datos financian los costosos programas y equipos de esas empresas.

Es un cambio de escala. Las cámaras de videovigilancia más modernas permiten crear nuevas infracciones y recaudar más multas, o multas más elevadas. Algunas están equipadas con altavoces que ordenan a los residentes que recojan los excrementos de sus perros.

—https://www.bondyblog.fr/societe/police-justice/des-jeunes-surendettes-a-cause-des-amendes-du-couvre-feu-dans-les-quartiers/

El efecto manipulación de Google

Un buscador de internet no es un algoritmo neutral sino que toma partido, como hemos repetido tantas veces aquí. Google no está para buscar información sino para ocultarla. Es algo conocido desde hace muchos años que se ha hecho especialmente evidente y grave durante la pandemia.

El gigante tecnológico es un instrumento de la hegemonía imperialista y de control de la información que circula. Oculta las fuentes que no son oficiales o no están autorizadas o, en suma, lo que no quieren que se difunda.

Originalmente fue un proyecto de investigación financiado y apoyado por la inteligencia y el ejército estadounidense para mantener el control en la guerra de la información.

Los usuarios avanzados de internet no utilizan Google para buscar sino para averiguar el alcance de la censura. En 2015 el investigador estadounidense Robert Epstein lo llamó SEME (Search Engine Manipulation Effect o Efecto de Manipulación de los Motores de Búsqueda) (1). Epstein trabaja como sicólogo en el Instituto Americano de Investigación del Comportamiento y la Tecnología y en 2019 testificó en el Senado acerca de la manipulación de los resultados de búsqueda por parte de Google (2).

La censura de la multinacional no sólo afecta a los resultados de las búsquedas, sino incluso a las sugerencias de búsqueda. El motor primero manipula lo que busca el usuario y luego manipula aún más los resultados que le remite. Epstein afirma que la manipulación es “uno de los efectos conductuales más grandes jamás descubierto”.

Cuando tienen que votar, los electores no estudian el programa el electoral, sino que recurren al motor de búsqueda. En las elecciones de 2018 en Estados Unidos, Google logró cambiar el voto de más de 78 millones de electores a favor de los demócratas. Una empresa multinacional logra cambiar más del 25 por ciento de los votos en el mundo pero, sobre todo, determina el voto de los indecisos, asegura Epstein (3).

En un móvil o en un ordenador, el usuario no aprecia la intervención de un ser humano. Se cree que interacciona con una máquina, y los votantes tienen más confianza en ellas que en los seres humanos. Cree que las máquinas son imparciales, no afiliadas, reaccionarias ni progresistas.

Google es una maquinaria publicitaria que lo mismo vende mercancías que candidaturas electorales. En ambos casos se ha enfrentado a cuantiosas multas por manipular los resultados de las búsquedas. En 2017 la Unión Europea impuso una multa de 2.400 millones de euros por manipular los resultados de las búsquedas para favorecer su propio servicio de comparación de compras.

Un año más tarde, la multinacional recibió una multa de 21,1 millones de dólares, esta vez en India, condenada por dirigir a los usuarios de la web que buscaban vuelos a su propia página de búsqueda de vuelos, privando a otras empresas de la competencia de su mercado.

(1) https://www.pnas.org/content/112/33/E4512
(2) https://www.c-span.org/video/?c4808451/user-clip-dr-robert-epstein-testimony
(3) https://www.latimes.com/politics/la-na-pol-google-search-bias-elections-20190322-story.html

Los robots de la policía patrullan las calles de Singapur

La infinidad de cámaras de videovigilancia instaladas en cada esquina no son suficientes. Los drones tampoco. Con la pandemia han llegado los robots que se pasean por la acera a nuestro lado. Naturalmente, ahora dichos artilugios están dotados de programas de reconocimiento facial.

Desde el inicio de las restricciones Singapur ha visto una explosión de los artefactos utilizadas para vigilar a la población. Utilizan robots de patrulla, llamados “Xavier”, para vigilar a la población.

Los robots tienen cámaras que les permiten observar su entorno en 360 grados y ver en la oscuridad. Buscan a las personas que fuman, que infringen las restricciones sanitarias, que aparcan la moto de forma incorrecta o que venden mercancías en el “top manta”.

Desde una terminal, cómodamente senados, los policías los manejan a distancia y se pueden comunicar directamente con los infractores a través del robot (*). El sistema de análisis de vídeo está programado para reconocer la postura de una persona, el contorno de un cigarrillo en la boca y otras señales visuales.

El gobierno defiende el uso de sus robots alegando que los robots podrían ayudar a reducir el número de policías necesarios para patrullar las calles, es decir que se puede controlar a más vecinos con menos policías.

“La mano de obra se está reduciendo”, afirma Ong Ka Hing, técnico de la agencia gubernamental que desarrolló los robots. «Tenemos que abordar la falta de trabajadores ante el envejecimiento de la población”, añade.

Desde su despliegue, los incidentes se han multiplicado. Durante una patrulla reciente, uno de los robots entró en una zona residencial y se detuvo frente a un grupo de personas mayores que miraban una partida de ajedrez. “Por favor, mantengan una distancia de un metro y limítense a cinco personas por grupo”, advirtió una voz robótica, mientras una cámara indiscreta enfocaba a las personas detenidas.

Este incidente, aparentemente inocuo, está teniendo un gran impacto en la población. En Singapur tienen que tener más cuidado con lo que dicen y hacen que en otros países.

(*) https://www.straitstimes.com/singapore/autonomous-robots-checking-on-bad-behaviour-in-the-heartland

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