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50 años de la Conferencia Tricontinental

Mensaje a la Tricontinental
Ernesto ‘Che’ Gevara
Ya se han cumplido veintiún años desde el fin de la última conflagración mundial y diversas publicaciones, en infinidad de lenguas, celebran el acontecimiento simbolizado en la derrota del Japón. Hay un clima de aparente optimismo en muchos sectores de los dispares campos en que el mundo se divide.

Veintiún años sin guerra mundial, en estos tiempos de confrontaciones máximas, de choques violentos y cambios repentinos, parecen una cifra muy alta. Pero, sin analizar los resultados prácticos de esa paz por la que todos nos manifestamos dispuestos a luchar (la miseria, la degradación, la explotación cada vez mayor de enormes sectores del mundo) cabe preguntarse si ella es real.

No es la intención de estas notas historiar los diversos conflictos de carácter local que se han sucedido desde la rendición del Japón, no es tampoco nuestra tarea hacer el recuento, numeroso y creciente, de luchas civiles ocurridas durante estos años de pretendida paz. Bástenos poner como ejemplos contra el desmedido optimismo las guerras de Corea y Vietnam.

En la primera, tras años de lucha feroz, la parte norte del país quedó sumida en la más terrible devastación que figure en los anales de la guerra moderna; acribillada a bombas; sin fábricas, escuelas u hospitales; sin ningún tipo de habitación para albergar a diez millones de habitantes.

En esta guerra intervinieron, bajo la fementida bandera de las Naciones Unidas, decenas de países conducidos militarmente por los Estados Unidos, con la participación masiva de soldados de esa nacionalidad y el uso, como carne de cañón, de la población sudcoreana enrolada.

En el otro bando, el ejército y el pueblo de Corea y los voluntarios de la República Popular China contaron con el abastecimiento y asesoría del aparato militar soviético. Por parte de los norteamericanos se hicieron toda clase de pruebas de armas de destrucción, excluyendo las termonucleares pero incluyendo las bacteriológicas y químicas, en escala limitada. En Vietnam se han sucedido acciones bélicas, sostenidas por las fuerzas patrióticas de ese país casi ininterrumpidamente contra tres potencias imperialistas: Japón, cuyo poderío sufriera una caída vertical a partir de las bombas de Hiroshima y Nagasaki; Francia, que recupera en aquel país vencido sus colonias indochinas e ignoraba las promesas hechas en momentos difíciles; y los Estados Unidos, en esta última fase de la contienda.

Hubieron confrontaciones limitadas en todos los continentes, aún cuando en el americano, durante mucho tiempo, sólo se produjeron conatos de lucha de liberación y cuartelazos, hasta que la revolución cubana diera su clarinada de alerta sobre la importancia de esta región y atrajera las iras imperialistas, obligándola a la defensa de sus costas en Playa Girón, primero, y durante la Crisis de Octubre, después.

Este último incidente pudo haber provocado una guerra de incalculables proporciones, al producirse, en torno a Cuba, el choque de norteamericanos y soviéticos.

Pero, evidentemente, el foco de las contradicciones, en este momento, está radicado en los territorios de la península indochina y los países aledaños. Laos y Vietnam son sacudidos por guerras civiles, que dejan de ser tales al hacerse presente, con todo su poderío, el imperialismo norteamericano, y toda la zona se convierte en una peligrosa espoleta presta a detonar.

En Vietnam la confrontación ha adquirido características de una agudeza extrema. Tampoco es nuestra intención historiar esta guerra. Simplemente, señalaremos algunos hitos de recuerdo.

En 1954, tras la derrota aniquilante de Dien-Bien-Phu, se firmaron los acuerdos de Ginebra, que dividía al país en dos zonas y estipulaba la realización de elecciones en un plazo de 18 meses para determinar quiénes debían gobernar a Vietnam y cómo se reunificaría el país. Los norteamericanos no firmaron dicho documento, comenzando las maniobras para sustituir al emperador Bao-Dai, títere francés, por un hombre adecuado a sus intenciones. Este resultó ser Ngo-Din-Diem, cuyo trágico fin -el de la naranja exprimida por el imperialismo- es conocido de todos.

En los meses posteriores a la firma del acuerdo, reinó el optimismo en el campo de las fuerzas populares. Se desmantelaron reductos de lucha antifrancesa en el sur del país y se esperó el cumplimiento de lo pactado. Pero pronto comprendieron los patriotas que no habría elecciones a menos que los Estados Unidos se sintieran capaces de imponer su voluntad en las urnas, cosa que no podría ocurrir, aún utilizando todos los métodos de fraude de ellos conocidos.

Nuevamente se iniciaron las luchas en el sur del país y fueron adquiriendo mayor intensidad hasta llegar al momento actual, en que el ejército norteamericano se compone de casi medio millón de invasores, mientras las fuerzas títeres disminuyen su número, y sobre todo, han perdido totalmente la combatividad.

Hace cerca de dos años que los norteamericanos comenzaron el bombardeo sistemático de la República Democrática de Vietnam en un intento más de frenar la combatividad del sur y obligar a una conferencia desde posiciones de fuerza. Al principio, los bombardeos fueron más o menos aislados y se revestían de la máscara de represalias por supuestas provocaciones del Norte. Después aumentaron en intensidad y método, hasta convertirse en una gigantesca batida llevada a cabo por las unidades aéreas de los Estados Unidos, día a día, con el propósito de destruir todo vestigio de civilización en la zona norte del país. Es un episodio de la tristemente célebre escalada.

Las aspiraciones materiales del mundo yanqui se han cumplido en buena parte a pesar de la denodada defensa de las unidades antiaéreas vietnamitas, de los más de 1.700 aviones derribados y de la ayuda del campo socialista en material de guerra.

Hay una penosa realidad: Vietnam, esa nación que representa las aspiraciones, las esperanzas de victoria de todo un mundo preterido, está trágicamente solo. Ese pueblo debe soportar los embates de la técnica norteamericana, casi a mansalva en el sur, con algunas posibilidades de defensa en el norte, pero siempre solo.

La solidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnam semeja a la amarga ironía que significaba para los gladiadores del circo romano el estímulo de la plebe. No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr su misma suerte; acompañarlo a la muerte o la victoria.

Cuando analizamos la soledad vietnamita nos asalta la angustia de este momento ilógico de la humanidad.

El imperialismo norteamericano es culpable de agresión; sus crímenes son inmensos y repartidos por todo el orbe. ¡Ya lo sabemos, señores! Pero también son culpables los que en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista, corriendo, sí, los riesgos de una guerra de alcance mundial, pero también obligando a una decisión a los imperialistas norteamericanos. Y son culpables los que mantienen una guerra de denuestos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del campo socialista.

Preguntemos, para lograr una respuesta honrada: ¿Está o no aislado el Vietnam, haciendo equilibrios peligrosos entre las dos potencias en pugna?

Y, ¡qué grandeza la de ese pueblo! ¡Qué estoicismo y valor, el de ese pueblo! Y qué lección para el mundo entraña esa lucha. Hasta dentro de mucho tiempo no sabremos si el presidente Johnson pensaba en serio iniciar algunas de las reformas necesarias a un pueblo –para limar aristas de las contradicciones de clase que asoman con fuerza explosiva y cada vez más frecuentemente–. Lo cierto es que las mejoras anunciadas bajo el pomposo título de lucha por la gran sociedad han caído en el sumidero de Vietnam.

El más grande de los poderes imperialistas siente en sus entrañas el desangramiento provocado por un país pobre y atrasado y su fabulosa economía se resiente del esfuerzo de guerra. Matar deja de ser el más cómodo negocio de los monopolios. Armas de contención, y no en número suficiente, es todo lo que tienen estos soldados maravillosos, además del amor de su patria, a su sociedad y un valor a toda prueba.

Pero el imperialismo se empantana en Vietnam, no halla camino de salida y busca desesperadamente alguno que le permita sortear con dignidad este peligroso trance en que se ve. Mas los “cuatro puntos” del Norte y “los cinco” del Sur lo atenazan, haciendo aún más decidida la confrontación.

Todo parece indicar que la paz, esa paz precaria a la que se ha dado tal nombre, sólo porque no se ha producido ninguna conflagración de carácter mundial, está otra vez en peligro de romperse ante cualquier paso irreversible, e inaceptable, dado por los norteamericanos.

Y, a nosotros, explotados del mundo, ¿cuál es el papel que nos corresponde? Los pueblos de tres continentes observan y aprenden su lección en Vietnam. Ya que, con la amenaza de guerra, los imperialistas ejercen su chantaje sobre la humanidad, no temer la guerra, es la respuesta justa. Atacar dura e ininterrumpidamente en cada punto de confrontación, debe ser la táctica general de los pueblos.

Pero, en los lugares en que esta mísera paz que sufrimos no ha sido rota, ¿cuál será nuestra tarea? Liberarnos a cualquier precio.

El panorama del mundo muestra una gran complejidad. La tarea de la liberación espera aún a países de la vieja Europa, suficientemente desarrollados para sentir todas las contradicciones del capitalismo, pero tan débiles que no pueden ya seguir el rumbo del imperialismo o iniciar esta ruta. Allí las contradicciones alcanzarán en los próximos años carácter explosivo, pero sus problemas y, por ende, la solución de los mismos son diferentes a la de nuestros pueblos dependientes y atrasados económicamente.

El campo fundamental de la explotación del imperialismo abarca los tres continentes atrasados, América, Asia y África. Cada país tiene características propias, pero los continentes, en su conjunto, también las presentan.

América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de su territorio los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta. Los gobiernos títeres o, en el mejor de los casos, débiles y medrosos, no pueden oponerse a las órdenes del amo yanqui. Los norteamericanos han llegado casi al máximo de su dominación política y económica, poco más podrían avanzar ya; cualquier cambio de la situación podría convertirse en un retroceso en su primacía. Su política es mantener lo conquistado. La línea de acción se reduce en el momento actual, al uso brutal de la fuerza para impedir movimientos de liberación, de cualquier tipo que sean.

Bajo el eslogan, “no permitiremos otra Cuba”, se encubre la posibilidad de agresiones a mansalva, como la perpetrada contra Santo Domingo, o anteriormente, la masacre de Panamá, y la clara advertencia de que las tropas yanquis están dispuestas a intervenir en cualquier lugar de América donde el orden establecido sea alterado, poniendo en peligro sus intereses. Esa política cuenta con una impunidad casi absoluta; la OEA es una máscara cómoda, por desprestigiada que esté; la ONU es de una ineficiencia rayana en el ridículo o en lo trágico; los ejércitos de todos los países de América están listos a intervenir para aplastar a sus pueblos. Se ha formado, de hecho, la internacional del crimen y la traición.

Por otra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo -si alguna vez la tuvieron- y sólo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer: o revolución socialista o caricatura de revolución.

Asia es un continente de características diferentes. Las luchas de liberación contra una serie de poderes coloniales europeos, dieron por resultado el establecimiento de gobiernos más o menos progresistas, cuya evolución posterior ha sido, en algunos casos, de profundización de los objetivos primarios de la liberación nacional y en otros de reversión hacia posiciones pro-imperialistas.

Desde el punto de vista económico, Estados Unidos tenía poco que perder y mucho que ganar en Asia. Los cambios le favorecen; se lucha por desplazar a otros poderes neocoloniales, penetrar nuevas esferas de acción en el campo económico, a veces directamente, otras utilizando al Japón.

Pero existen condiciones políticas especiales, sobre todo en la península indochina, que le dan características de capital importancia al Asia y juegan un papel importante en la estrategia militar global del imperialismo norteamericano. Este ejerce un cerco a China a través de Corea del Sur, Japón, Taiwan, Vietnam del Sur y Tailandia, por lo menos.

Esa doble situación; un interés estratégico tan importante como el cerco militar a la República Popular China y la ambición de sus capitales por penetrar esos grandes mercados que todavía no dominan, hacen que el Asia sea uno de los lugares más explosivos del mundo actual, a pesar de la aparente estabilidad fuera del área vietnamita.

Perteneciendo geográficamente a este continente, pero con sus propias contradicciones, el Oriente Medio está en plena ebullición, sin que se pueda prever hasta donde llegará esa guerra fría entre Israel, respaldada por los imperialistas, y los países progresistas de la zona. Es otro de los volcanes amenazadores del mundo.

El África, ofrece las características de ser un campo casi virgen para la invasión neocolonial. Se han producido cambios que, en alguna medida, obligaron a los poderes neocoloniales a ceder sus antiguas prerrogativas de carácter absoluto. Pero, cuando los procesos se llevan a cabo ininterrumpidamente, al colonialismo sucede, sin violencia, un neocolonialismo de iguales efectos en cuanto a la dominación económica se refiere.

Estados Unidos no tenía colonias en esta región y ahora lucha por penetrar en los antiguos cotos cerrados de sus socios. Se puede asegurar que África constituye, en los planes estratégicos del imperialismo norteamericano, su reservorio a largo plazo; sus inversiones actuales sólo tienen importancia en la Unión Sudafricana y comienza su penetración en el Congo, Nigeria y otros países, donde se inicia una violenta competencia (con carácter pacífico hasta ahora) con otros poderes imperialistas.

No tiene todavía grandes intereses que defender salvo su pretendido derecho a intervenir en cada lugar del globo en que sus monopolios olfateen buenas ganancias o la existencia de grandes reservas de materias primas.

Todos estos antecedentes hacen lícito el planteamiento interrogante sobre las posibilidades de liberación de los pueblos a corto o mediano plazo.

Si analizamos el África veremos que se lucha con alguna intensidad en las colonias portuguesas de Guinea, Mozambique y Angola, con particular éxito en la primera y con éxito variable en las dos restantes. Que todavía se asiste a la lucha entre los sucesores de Lumumba y los viejos cómplices de Tshombe en el Congo, lucha que, en el momento actual, parece inclinarse a favor de los últimos, los que han “pacificado” en su propio provecho una gran parte del país, aunque la guerra se mantenga latente.

En Rhodesia el problema es diferente: el imperialismo británico utilizó todos los mecanismos a su alcance para entregar el poder a la minoría blanca que lo detenta actualmente. El conflicto, desde el punto de vista de Inglaterra, es absolutamente artificial, sólo que esta potencia, con su habitual habilidad diplomática –también llamada hipocresía en buen romance– presenta una fachada de disgustos ante las medidas tomadas por el gobierno de Ian Smith, y es apoyada en su taimada actitud por algunos de los países del Commonwealth que la siguen, y atacada por una buena parte de los países del África Negra, sean o no dóciles vasallos económicos del imperialismo inglés.

En Rhodesia la situación puede tornarse sumamente explosiva si cristalizan los esfuerzos de los patriotas negros para alzarse en armas y este movimiento fuera apoyado efectivamente por las naciones africanas vecinas. Pero por ahora todos los problemas se ventilan en organismos tan inocuos como la ONU, el Commonwealth o la OUA.

Sin embargo, la evolución política y social del África no hace prever una situación revolucionaria continental. Las luchas de liberación contra los portugueses deben terminar victoriosamente, pero Portugal no significa nada en la nómina imperialista. Las confrontaciones de importancia revolucionaria son las que ponen en jaque a todo el aparato imperialista, aunque no por eso dejemos de luchar por la liberación de las tres colonias portuguesas y por la profundización de sus revoluciones.

Cuando las masas negras de Sudáfrica o Rodesia inicien su auténtica lucha revolucionaria, se habrá iniciado una nueva época en el África. O, cuando las masas empobrecidas de un país se lancen a rescatar su derecho a una vida digna, de las manos de las oligarquías gobernantes.

Hasta ahora se suceden los golpes cuartelarios en que un grupo de oficiales reemplaza a otro o a un gobernante que ya no sirva sus intereses de casta y a los de la potencias que los manejan solapadamente pero no hay convulsiones populares. En el Congo se dieron fugazmente estas características impulsadas por el recuerdo de Lumumba, pero han ido perdiendo fuerzas en los últimos meses.

En Asia, como vimos, la situación es explosiva, y no son sólo Vietnam y Laos, donde se lucha, los puntos de fricción. También lo es Camboya, donde en cualquier momento puede iniciarse la agresión directa norteamericana, Tailandia, Malasia y, por supuesto, Indonesia, donde no podemos pensar que se haya dicho la última palabra pese al aniquilamiento del Partido Comunista de ese país, al ocupar el poder los reaccionarios. Y, por supuesto, el Oriente Medio.

En América Latina se lucha con las armas en la mano en Guatemala, Colombia, Venezuela y Bolivia y despuntan ya los primeros brotes en Brasil. Hay otros focos de resistencia que aparecen y se extinguen. Pero casi todos los países de este continente están maduros para una lucha de tipo tal, que para resultar triunfante, no puede conformarse con menos que la instauración de un gobierno de corte socialista.

En este continente se habla prácticamente una lengua, salvo el caso excepcional del Brasil, con cuyo pueblo los de habla hispana pueden entenderse, dada la similitud entre ambos idiomas. Hay una identidad tan grande entre las clases de estos países que logran una identificación de tipo “internacional americano”, mucho más completa que en otros continentes. Lengua, costumbres, religión, amo común, los unen. El grado y las formas de explotación son similares en sus efectos para explotadores y explotados de una buena parte de los países de nuestra América. Y la rebelión está madurando aceleradamente en ella.

Podemos preguntarnos: esta rebelión, ¿cómo fructificará?; ¿de qué tipo será? Hemos sostenido desde hace tiempo que, dadas sus características similares, la lucha en América adquirirá, en su momento, dimensiones continentales. Será escenario de muchas grandes batallas dadas por la humanidad para su liberación.

En el marco de esa lucha de alcance continental, las que actualmente se sostienen en forma activa son sólo episodios, pero ya han dado los mártires que figurarán en la historia americana como entregando su cuota de sangre necesaria en esta última etapa de la lucha por la libertad plena del hombre. Allí figurarán los nombres del Comandante Turcios Lima, del cura Camilo Torres, del Comandante Fabricio Ojeda, de los Comandantes Lobatón y Luis de la Puente Uceda, figuras principalísimas en los movimientos revolucionarios de Guatemala, Colombia, Venezuela y Perú.

Pero la movilización activa del pueblo crea sus nuevos dirigentes; César Montes y Yon Sosa levantan la bandera en Guatemala, Fabio Vázquez y Marulanda lo hacen en Colombia, Douglas Bravo en el occidente del país y Américo Martín en El Bachiller, dirigen sus respectivos frentes en Venezuela.

Nuevos brotes de guerra surgirán en estos y otros países americanos, como ya ha ocurrido en Bolivia, e irán creciendo, con todas las vicisitudes que entraña este peligroso oficio de revolucionario moderno. Muchos morirán víctimas de sus errores, otros caerán en el duro combate que se avecina; nuevos luchadores y nuevos dirigentes surgirán al calor de la lucha revolucionaria. El pueblo irá formando sus combatientes y sus conductores en el marco selectivo de la guerra misma, y los agentes yanquis de represión aumentarán. Hoy hay asesores en todos los países donde la lucha armada se mantiene y el ejército peruano realizó, al parecer, una exitosa batida contra los revolucionarios de ese país, también asesorado y entrenado por los yanquis. Pero si los focos de guerra se llevan con suficiente destreza política y militar, se harán prácticamente imbatibles y exigirán nuevos envíos de los yanquis. En el propio Perú, con tenacidad y firmeza, nuevas figuras aún no completamente conocidas, reorganizan la lucha guerrillera. Poco a poco, las armas absolutas que bastan para la represión de las pequeñas bandas armadas, irán convirtiéndose en armas modernas y los grupos de asesores en combatientes norteamericanos, hasta que, en un momento dado, se vean obligados a enviar cantidades crecientes de tropas regulares para asegurar la relativa estabilidad de un poder cuyo ejército nacional títere se desintegra ante los combates de las guerrillas. Es el camino de Vietnam; es el camino que deben seguir los pueblos; es el camino que seguirá América, con la característica especial de que los grupos en armas pudieran formar algo así como Juntas de Coordinación para hacer más difícil la tarea represiva del imperialismo yanqui y facilitar la propia causa.

América, continente olvidado por las últimas luchas políticas de liberación, que empieza a hacerse sentir a través de la Tricontinental en la voz de la vanguardia de sus pueblos, que es la Revolución Cubana, tendrá una tarea de mucho mayor relieve: la de la creación del Segundo o Tercer Vietnam del mundo.

En definitiva, hay que tener en cuenta que el imperialismo es un sistema mundial, última etapa del capitalismo, y que hay que batirlo en una gran confrontación mundial. La finalidad estratégica de esa lucha debe ser la destrucción del imperialismo. La participación que nos toca a nosotros, los explotados y atrasados del mundo, es la de eliminar las bases de sustentación del imperialismo: nuestros pueblos oprimidos, de donde extraen capitales, materias primas, técnicos y obreros baratos y a donde exportan nuevos capitales -instrumentos de dominación-, armas y toda clase de artículos, sumiéndonos en una dependencia absoluta.

El elemento fundamental de esa finalidad estratégica será, entonces, la liberación real de los pueblos; liberación que se producirá, a través de lucha armada, en la mayoría de los casos, y que tendrá, en América, casi indefectiblemente, la propiedad de convertirse en una Revolución Socialista.

Al enfocar la destrucción del imperialismo, hay que identificar a su cabeza, la que no es otra que los Estados Unidos de Norteamérica.

Debemos realizar una tarea de tipo general que tenga como finalidad táctica sacar al enemigo de su ambiente obligándolo a luchar en lugares donde sus hábitos de vida choquen con la realidad imperante. No se debe despreciar al adversario: el soldado norteamericano tiene capacidad técnica y está respaldado por medios de tal magnitud que lo hacen temible. Le falta esencialmente la motivación ideológica que tienen en grado sumo sus más enconados rivales de hoy: los soldados vietnamitas. Solamente podremos triunfar contra ese ejército en la medida en que logremos minar su moral. Y ésta se mina infligiéndole derrotas y ocasionándole sufrimientos repetidos.

Pero este pequeño esquema de victorias encierra dentro de sí sacrificios inmensos de los pueblos, sacrificios que deben exigirse desde hoy, a la luz del día y que quizá sean menos dolorosos que los que debieron soportar si rehuyéramos constantemente el combate, para tratar de que otros sean los que nos saquen las castañas del fuego.

Claro que, el último país en liberarse, muy probablemente lo hará sin lucha armada, y los sufrimientos de una guerra larga y tan cruel como la que hacen los imperialistas, se le ahorrará a ese pueblo. Pero tal vez sea imposible eludir esa lucha o sus efectos, en una contienda de carácter mundial y se sufra igual o más aún. No podemos predecir el futuros pero jamás debemos ceder a la tentación claudicante de ser los abanderados de un pueblo que anhela su libertad, pero reniega de la lucha que ésta conlleva y la espera como un mendrugo de victoria.

Es absolutamente justo evitar todo sacrificio inútil. Por eso es tan importante el esclarecimiento de las posibilidades efectivas que tiene la América dependiente de liberarse en forma pacífica. Para nosotros está clara la solución de esta interrogante; podrá ser o no el momento actual el indicado para iniciar la lucha, pero no podemos hacernos ninguna ilusión, ni tenemos derecho a ello, de lograr la libertad sin combatir. Y los combates no serán meras luchas callejeras de piedras contra gases lacrimógenos, ni de huelgas generales pacíficas; ni será la lucha de un pueblo enfurecido que destruya en dos o tres días el andamiaje represivo de las oligarquías gobernantes; será una lucha larga, cruenta, donde su frente estará en los refugios guerrilleros, en las ciudades, en las casas de los combatientes -donde la represión irá buscando víctimas fáciles entre sus familiares- en la población campesina masacrada, en las aldeas o ciudades destruidas por el bombardeo enemigo.

Nos empujan a esa lucha; no hay más remedio que prepararla y decidirse a emprenderla.

Los comienzos no serán fáciles: serán sumamente difíciles. Toda la capacidad de represión, toda la capacidad de brutalidad y demagogia de las oligarquías se pondrá al servicio de su causa. Nuestra misión, en la primera hora, es sobrevivir, después actuará el ejemplo perenne de la guerrilla realizando la propaganda armada en la acepción vietnamita de la frase, vale decir, la propaganda de los tiros, de los combates que se ganan o se pierden, pero se dan, contra los enemigos. La gran enseñanza de la invencibilidad de la guerrilla prendiendo en las masas de los desposeídos. La galvanización del espíritu nacional, la preparación para tareas más duras, para resistir represiones mas violentas. El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así; un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.

Hay que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a su casa, a sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle tener un minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego fuera de sus cuarteles, y aún dentro de los mismos: atacarlo donde quiera que se encuentre; hacerlo sentir una fiera acosada por cada lugar que transite. Entonces su moral irá decayendo. Se hará más bestial todavía, pero se notarán los signos del decaimiento que asoma.

Y que se desarrolle un verdadero internacionalismo proletario; con ejércitos proletarios internacionales, donde la bandera bajo la que se luche sea la causa sagrada de la redención de la humanidad, de tal modo que morir bajo las enseñas de Vietnam, de Venezuela, de Guatemala, de Laos, de Guinea, de Colombia, de Bolivia, de Brasil, para citar sólo los escenarios actuales de la lucha armada, sea igualmente gloriosa y apetecible para un americano, un asiático, un africano y, aún, un europeo.

Cada gota de sangre derramada en un territorio bajo cuya bandera no se ha nacido, es experiencia que recoge quien sobrevive para aplicarla luego en la lucha por la liberación de su lugar de origen. Y cada pueblo que se libere, es una fase de la batalla por la liberación del propio pueblo que se ha ganado.

Es la hora de atemperar nuestras discrepancias y ponerlo todo al servicio de la lucha.

Que agitan grandes controversias al mundo que lucha por la libertad, lo sabemos todos y no lo podemos esconder. Que han adquirido un carácter y una agudeza tales que luce sumamente difícil, si no imposible, el diálogo y la conciliación también lo sabemos. Buscar métodos para iniciar un diálogo que los contendientes rehuyen es una tarea inútil. Pero el enemigo está allí, golpea todos los días y amenaza con nuevos golpes y esos golpes nos unirán, hoy, mañana o pasado. Quienes antes lo capten y se preparen a esa unión necesaria tendrán el reconocimiento de los pueblos.

Dadas las virulencias e intransigencias con que se defiende cada causa, nosotros, los desposeídos, no podemos tomar partido por una u otra forma de manifestar las discrepancias, aún cuando coincidamos a veces con algunos planteamientos de una u otra parte, o en mayor medida con los de una parte que con los de la otra. En el momento de la lucha, la forma en que se hacen visibles las actuales diferencias constituyen una debilidad: pero en el estado en que se encuentran, querer arreglarlas mediante palabras es una ilusión. La historia las irá borrando o dándoles su verdadera explicación.

En nuestro mundo en lucha, todo lo que sea discrepancia en torno a la táctica, método de acción para la consecución de objetivos limitados, debe analizarse con el respeto que merecen las apreciaciones ajenas. En cuanto al gran objetivo estratégico, la destrucción total del imperialismo por medio de la lucha, debemos ser intransigentes.

Sinteticemos así nuestras aspiraciones de victoria: destrucción del imperialismo mediante la eliminación de su baluarte más fuerte: el dominio imperialista de los Estados Unidos de Norteamérica. Tomar como función táctica la liberación gradual de los pueblos, uno a uno o por grupos, llevando al enemigo a una lucha difícil fuera de su terreno: liquidándole sus bases de sustentación, que son sus territorios dependientes.

Eso significa una guerra larga. Y, lo repetimos una vez más, una guerra cruel. Que nadie se engañe cuando la vaya a iniciar y que nadie vacile en iniciarla por temor a los resultados que pueda traer para su pueblo. Es casi la única esperanza de victoria.

No podemos eludir el llamado de la hora. Nos lo enseña Vietnam con su permanente lección de heroísmo, su trágica y cotidiana lección de lucha y de muerte para lograr la victoria final.

Allí, los soldados del imperialismo encuentran la incomodidad de quien, acostumbrado al nivel de vida que ostenta la nación norteamericana, tiene que enfrentarse con la tierra hostil; la inseguridad de quien no puede moverse sin sentir que pisa territorio enemigo; la muerte a los que avanzan mas allá de sus reductos fortificados; la hostilidad permanente de toda la población. Todo eso va provocando la repercusión interior en los Estados Unidos; va haciendo surgir un factor atenuado por el imperialismo en pleno vigor, la lucha de clases aún dentro de su propio territorio.

¡Cómo podríamos mirar el futuro de luminoso y cercano, si dos, tres, muchos Vietnam florecieran en la superficie del globo, con su cuota de muerte y sus tragedias inmensas, con su heroísmo cotidiano, con sus golpes repetidos al imperialismo, con la obligación que entraña para éste de dispersar sus fuerzas, bajo el embate del odio creciente de los pueblos del mundo!

Y si todos fuéramos capaces de unirnos, para que nuestros golpes fueran más sólidos y certeros, para que la ayuda de todo tipo a los pueblos en lucha fuera aún más efectiva, ¡qué grande sería el futuro, y qué cercano!

Si a nosotros, los que en un pequeño punto del mapa del mundo cumplimos el deber que preconizamos y ponemos a disposición de la lucha este poco que nos es permitido dar: nuestras vidas, nuestro sacrificio, nos toca alguno de estos días lanzar el último suspiro sobre cualquier tierra, ya nuestra, regada con nuestra sangre, sépase que hemos medido el alcance de nuestros actos y que no nos consideramos nada más que elementos en el gran ejército del proletariado, pero nos sentimos orgullosos de haber aprendido de la Revolución Cubana y de su gran dirigente máximo la gran lección que emana de su actitud en esta parte del mundo: “Qué importan los peligros o los sacrificios de un hombre o de un pueblo, cuando está en juego el destino de la humanidad”.

Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo y un clamor por la unidad de los pueblos contra el gran enemigo del género humano: los Estados Unidos de Norteamérica. En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo, y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas, y otros hombres se apresten a entonar los cantos luctuosos con tableteo de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y de victoria.

[La Conferencia Tricontinental, en la que participaron 500 delegados procedentes de los países del Tercer Mundo, se celebró entre el 3 y el 15 de enero de 1966 en La Habana]

Clooney encabeza la manifestación contra el genocidio armenio

El domingo pasado el actor norteamericano George Clooney encabezó la manifestación de millares de armenios en Eravan, la capital del país, que conmemoraba el 101 aniversario del genocidio cometido por Turquía.

Los manifestantes marcharon hasta la cumbre de la colina en la que se encuentra el memorial del genocidio, depositando flores ante la llama eterna.

De origen irlandés por parte de padre y alemán por su madre, el actor lucha desde hace tiempo para que la masacre de un millón y medio de armenios a manos de Turquía durante la Primera Guerra Mundial se reconozca como un genocidio.

Clooney llegó el día anterior a Eravan. En una rueda de presa declaró que el genocidio “forma parte de la historia de Armenia y también de la historia mundial, no es el dolor de una única nación”.

Por su parte el presidente armenio, Sarkissian, lamentó que “la política de negación de Turquía no ha cambiado”.

Armenia es en la actualidad un país sin acceso al mar, situado en el Pequeño Cáucaso, constituido en su mayoría por países musulmanes. Tiene fronteras terrestres con Turquía al oeste, Georgia al norte, Azerbaián al este e Irán al sur. Se ve apoyada por su alianza con Rusia, con la cual tiene importantes acuerdos de cooperación y defensa.

El pasado año, centenario del genocidio, Putin estuvo presente en Erevan al mismo tiempo que François Hollande, mientras que la mayoría de los jefes de Estado del planeta prefirieron celebrar la batalla de Gallipoli en Turquía.

El imperialismo cambia su política ‘antidrogas’

Ahora mismo la ONU está reunida para replantear la política antidrogas en el mundo entero y, para calentar el ambiente, el mes pasado la revista científica “The Lancet”, una de esas a la que siempre acompaña la etiqueta de “prestigiosa”, lanzó un extenso informe para pedir que cese la represión del comercio de drogas.Pocos temas hay más apasionantes que el de las drogas, que se ha simplificado hasta el punto de hablar de “la droga”, en singular, aunque tiene aspectos políticos, económicos, culturales, médicos… todo en el mismo paquete.

A pesar de la complejidad, en pocos asuntos se ha simplificado más que en éste, hasta el punto de convertirlo en una caricatura. Ha sido la única manera de encubrir lo más esencial, a saber, que hace un siglo el imperialismo convirtió a determinadas drogas en un instrumento de dominación política.

Ciertamente el consumo de drogas ya existía; siempre existió. También el colonialismo británico había convertido al opio en un medio de sometimiento de China, pero fue Estados Unidos quien incorporó las drogas a su arsenal de una forma sistemática.

Las drogas están prohibidas en el mundo por imposición de Estados Unidos. La política “antidrogas” de Estados Unidos es la política mundial. El cine lo ha retratado mil veces porque hace 100 años entre las drogas se contaba al alcohol. Nadie como Estados Unidos para decir -e imponer- al mundo lo que es bueno para nuestra salud, lo que debemos consumir y lo que no.

Según “The Lancet” lo que hace 100 años se justificó por razones de salud, ahora ya no lo es tanto, con lo cual ya no podemos saber ni siquiera a qué llaman “salud” algunas revistas científicas. Con sus giros copernicanos los médicos nos llenan de preguntas: ¿a qué llaman “drogas”?, ¿en qué se diferencia una droga de un medicamento o de un alimento?, ¿quién hace esa diferencia y por qué?, ¿tiene eso algún carácter científico o es sólo ideológico, político y económico?, ¿están los médicos al servicio del comercio de drogas?

Este tipo de asuntos son otro filón de reflexiones. Se me ocurre una comparación con el tabaco y creo que dentro de otros 100 años es posible que nuestros nietos sean víctimas de otra campaña “científica” por parte de “The Lancet” y la ONU a favor del tabaco porque es beneficioso para la salud. Al tiempo.

Nada me parece más estupendo que la ciencia rectifique sus errores. Si las drogas no son tan malas para la salud quiere decir que los médicos nos han estado engañando durante 100 años, lo cual no es tan sorprendente como parece. No es la primera vez que ocurre.

Pero aquí hay muy poca ciencia y que “The Lancet” se introduzca en un terreno tan pantanoso es significativo. Las drogas no sólo alucinan a quienes las consumen. También los médicos de “The Lancet”, como tantos otros, científicos o no, parecen haberse metido una buena sobredosis de tontería: que algunas drogas estén prohibidas formalmente no significa que el imperialismo haya pretendido erradicar nunca el tráfico y el consumo de drogas en el mundo.

Muy al contrario, como los hechos ponen de manifiesto: en su forma actual, las drogas son una creación del imperialismo, que las ha difundido, justificado, promovido y financiado hasta alcanzar la cota actual, es decir, hasta convertirlas en la subcultura que hoy son en las grandes metrópolis imperialistas.

Dicho con otras palabras: hace 100 años el imperialismo prohibió las drogas para difundirlas por todo el mundo en la forma en la que hoy se difunden, es decir, ilegalmente, porque hasta donde llega el último alijo de drogas, llega el imperialismo.

El avispado lector apreciará que las drogas no son nada diferente del yihadismo y otros instrumentos del imperialismo, que es capaz de crear sus propios enemigos como Don Quijote creó gigantes para luchar contra ellos y alcanzar una gloria imperecedera. Alucinaba.

‘Revoluciones’ coloridas y primaverales

El Cairo, Plaza Tahrir, 2011
Karim Mohsen
[…] Los golpes “de colores” y “primaverales” han enriquecido el lenguaje de la subversión. Golpes de Estado muy normales se han visto travestidos de colores en las llamadas “revoluciones de colores”, llevadas de la mano magistralmente por especialistas de la agit-prop. Tras las “revoluciones de color” naranja, azul, amarilla, rosa e incluso “verde” que han marcado el período posterior a la caída del bloque soviético se encuentran los Estados Unidos, y más exactamente una serie de instituciones oficiales estadounidenses cuya misión es la de remodelar la configuración geopolítica mundial mediante la eliminación de regímenes hostiles, o que se niegan a participar en la nueva política exterior estadounidense de la posguerra fría.

Desde 1989, Rumanía, Bulgaria y otros países de la Europa del Este ex socialista han sido el teatro de las revoluciones de “color”. Incluso se organizó un intento de revolución verde en 2009 en Irán, que fracasó penosamente. Numerosas organizaciones e instituciones estadounidenses estaban detrás de la nueva situación, que consiste en hacer caer “desde el interior” (mediante manifestaciones supuestamente populares) los regímenes.

En la cumbre de estas organizaciones está la NED (National Endowment for Democracy), que junto con la USIP (United States Institute of Peace) y la USAID (United States Agency for International Development) supervisan las operaciones. La USAID es conocida en América latina y en África, sus terrenos de acción. Hay que notar igualmente la presencia del NDI (National Democratic Institute for International Affairs, del Partido Demócrata, muy activa en África y países árabes), el IRI (International Republican Institute, del Partido Republicano) y, desde luego la CIA, la directora de los golpes retorcidos. La NED y la USAID tienen su origen en el Departamento de Estado, y la USIP en el Departamento de Defensa. Pero las dos estructuras, NED Y USIP, son organismos orgánicamente relacionados, mientras que la USAID sirve de camuflaje de la CIA.

Hasta mediados de los años 80, los Estados Unidos instalaron, especialmente en América latina, dictadores devotos, siendo el mas espectacular y sangriento el golpe impulsado por Pinochet con ayuda de la CIA contra el presidente socialista, Salvador Allende en 1973. Si este violento método (igualmente usado en África) ha servido los intereses de los Estados Unidos durante muchas décadas, no estaba en sintonía con la evolución que conocía el mundo, en relación con el fin de la Guerra Fría y el hundimiento de la URSS.

Por ello Estados Unidos, buscando asegurarse gobiernos bajo su bota, se las ingenia para cambiar regímenes tibios, cuando no antiamericanos, por regímenes mas dóciles y pro americanos. Fue el presidente republicano Ronald Reagan quien estructuró la “injerencia” estadounidense en los asuntos de otros países con la creación de las organizaciones citadas (la CIA existe desde 1947). Tras las juntas militares, es la agitación “popular” la que derriba los regímenes que suponen un obstáculo a la hegemonía norteamericana y perjudican sus intereses. La esencia de las “revoluciones de colores” no era la de derribar regímenes, claramente hostiles, sino reemplazarlos por gobiernos mas dóciles, al servicio del “amo”. No regatearon gastos para conseguir sus fines atrayéndose la simpatía de los nuevos conversos. Se encargaban de la agitación popular “coloreada” de la calle, financiándola.

Para EE.UU. no se trataba de cambiar, fuera de ciertos límites, las instituciones, sino reemplazar a los dirigentes por una élite que efectuará una política económica favorable a sus intereses, lo que explica el control de las multinacionales y la instalación de bases militares estadounidenses en las antiguas repúblicas socialistas del Asia musulmana. De lo colorido a la primavera no había más que un paso, que  dieron los países árabes con los resultados que se conoce en Libia y en Siria principalmente.

Es evidente que los golpes de Estado sangrientos de los años 1950-1980 y las revoluciones coloridas y primaverales de los años 1990-2000, pasando por Al Qaeda y el Daesh (iniciados, y/o creados, armados y financiados para instalar el caos en el mundo no occidental) tienen como denominador común los Estados Unidos. Aún no conocemos todo de un país que bajo la apariencia de la corrección revela ser una hidra de muchas cabezas.

Fuente: http://www.lexpressiondz.com/article/0/0-0-0/240030.html

Estados Unidos y Rusia: el policía y el pacificador

Karine Bechet-Golovko

A petición directa de Obama, Rusia ayudó a la liberación de un ciudadano norteamericano en Siria, en donde entró de forma ilegal. Estados Unidos apreció el gesto, y lo olvidó de inmediato. Pero no se olvidó de enviar contingentes militares a Europa. El reparto de papeles se confirma: el policía contra el pacificador.

Como señala el ministerio ruso de Asuntos Exteriores, Obama solicitó de forma especial a Putin su ayuda para liberar un ciudadano norteamericano, detenido en Siria desde hacía cuatro años después de haber entrado ilegalmente y haber cometido varias infracciones.  A instancias de Rusia, fue liberado y enviado a Moscú el 1 de abril, donde fue llevado a la embajada de los Estados Unidos.

El portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores espera que Estados Unidos “sabrá apreciar” el gesto. Pero los norteamericanos parecen tener la memoria frágil, porque el portavoz de la Casa Blanca reconocía y agradecía la intervención rusa, pero no estaba al corriente de que hubiera una petición personal.

¿Cómo podría reconocer que su país, la primera potencia mundial sea incapaz, sin la ayuda rusa, de repatriar a sus ciudadanos? Especialmente Rusia, que sigue siendo el mayor peligro de Europa, motivo por el cual, pese a todos los esfuerzos de De Gaulle para hacer salir a todos los soldados norteamericanos, esos soldados regresan. A Estonia, para proteger los países bálticos de una hipotética y fantasmagórica invasión rusa. Pero también a Europa del oeste. Nunca se sabe. Tanques, millares de efectivos y todo lo que lo acompaña.

Curiosamente, esto no proporciona seguridad. ¿Qué van a hacer todos estos militares extranjeros en nuestro territorio europeo? ¿Defendernos de Rusia? ¿Pero de que supuesta agresión?, ¿Del terrorismo? Para eso sería mucho mejor aliarse con Rusia, lo que va a ser más complicado con una presencia militar reforzada.

A principios de los años 50 el hotel Astoria, en la avenida de los Campos Elíseos, se ofrece a los oficiales norteamericanos, que estaban preparando la coordinación de las fuerzas aliadas en Europa. Un búnker, que costó 733 millones de francos de la época, se construyó en Mesnil-le-Roi. ¿Podría servirse de nuevo el mismo plato?

Crear un enemigo para, acto seguido, instalar sobre el terreno una defensa imaginaria; que bonita es la guerra moderna. E, igualmente, por esto, no combatimos demasiado violentamente.

Fuente: http://www.comite-valmy.org/spip.php?article7046

Fundación Ford, la fachada filantrópica de la CIA

George F.Kennan
Paul Labarique

Entre 1947 y 1966, la Fundación Ford desempeñó un papel clave en las redes de injerencia norteamericana en Europa mediante la subvención de revistas, programas científicos y organizaciones de izquierda no comunistas. La mayor organización filantrópica del mundo ofrecía en realidad una fachada respetable para las operaciones de financiamiento y contacto de la CIA. Este papel se facilitaba aún más por el hecho de que fueron las mismas personas las que conformaron y dirigieron ambas organizaciones. A continuación la primera parte de nuestra investigación sobre la rama cultural del intervencionismo atlántico.

La Fundación Ford fue creada en 1936 por Henry Ford. Antisemita militante, publicó La Juiverie internationale. Figura legendaria de la industria automovilística, apoyó todos los proyectos totalitarios del siglo XX: financió el nacional-socialismo alemán antes de 1933, fue condecorado por el canciller Hitler con la Gran Cruz del Águila Alemana en 1938 y proveyó una buena parte del capital del químico IG Farben, fabricante del gas Zyklon B. Desde los años 30 construyó también las primeras fábricas de autos para Stalin, en Gorki, y durante los años 50 y 60 continuó fabricando en la URSS los vehículos destinados al ejército norvietnamita.

Sin embargo, no es hasta después de su muerte que su fundación adquiere su máximo esplendor cuando hereda 70 millones de dólares de las empresas Ford y se convierte en la mayor asociación filantrópica del mundo. Como lo afirma Henry Ford II, nuevo presidente del consejo de administración, los años 1949-1950 “marcan un viraje en la historia de la Fundación Ford”.

El mismo se produce cuando los Estados Unidos acceden al estatus de potencia mundial de primer plano. En Washington, el ex embajador en la Unión Soviética, el general George F. Kennan, lleva adelante una campaña para persuadir a sus compatriotas de que el peligro rojo es mucho mayor que la amenaza nazi y lleva al presidente Truman a no desarmarse, sino a ocultar la maquinaria de guerra norteamericana y a prepararse para un nuevo enfrentamiento.

Logra convencer al secretario adjunto de Guerra, John J. McCloy, de no desmantelar los servicios secretos en funciones durante la Segunda Guerra Mundial, sino de adaptarlos a los nuevos tiempos. Es el teórico del “stay-behind”, una red compuesta inicialmente por agentes nazis y fascistas que permanecieron detrás de la línea del frente al producirse la capitulación del Reich y que luego fueron aprovechados por los anglo-norteamericanos para continuar la lucha contra la influencia comunista en Europa.

Asimismo, un grupo de industriales reunidos alrededor del jurista H. Rowan Gaither Jr logra impedir el desmantelamiento del servicio de investigación y desarrollo de la Secretaría de Guerra, privatizándolo y bautizándolo como Rand Corporation (Rand es el acrónimo de Research And Developpment).

Llevando a término toda esta lógica, Kennan crea una estructura permanente y secreta del aparato de Estado a través del National Security Act, validado por el Congreso en 1947. Instituye la CIA, el Consejo de Seguridad Nacional y el Estado Mayor Inter-ejércitos. Este dispositivo tiene además un plan de intervención pública, promovido por el general George C. Marshall, en forma de préstamo para la reconstrucción que es otorgado a los Estados europeos bajo la égida de Washington y cuya implementación es confiada a Paul G. Hoffman.

Los Estados Unidos y la URSS se enfrentan ahora en una guerra implacable, no directamente en el campo militar, que evitan, sino en los campos político, intelectual y social. Sus realizaciones en estos campos, así como la conquista espacial constituyen victorias simbólicas. Las fundaciones norteamericanas, al frente de las cuales se encuentra la Fundación Ford, serán “soldados” de Washington en esta “Guerra Fría”.

La nueva dimensión financiera adquirida por la Fundación Ford en 1947 desarrolla sus ambiciones. Para redefinir sus objetivos, el consejo de administración decide, en el otoño de 1948, encargar “un estudio detallado (…) a personas competentes e independientes que sirva de guía sobre la forma (…) en que los fondos ampliados de la Fundación pudieran ser utilizados lo mejor posible en aras del interés general”.

La comisión creada al efecto es presidida por H. Rowan Gaither Jr, quien acaba de crear la Rand Corporation gracias a las garantías bancarias de la Fundación Ford. Gaither había sido administrador del MIT durante la guerra y se había codeado con los físicos del Manhattan Project. Aconsejado por esta comisión, el consejo de administración mueve al director del Plan Marshall, Paul G. Hoffman, hacia el puesto de presidente de la Fundación, función que asume el 1º de enero de 1951.

Según el periodista Volker R. Berghahm, este encarna “el papel más amplio e internacional concebido por el informe Gaither para la Fundación”. La pauta ha sido trazada: paralelamente a la red stay-behind en el campo político y al Plan Marshall en el económico, la Fundación Ford será el brazo cultural de las redes de injerencia norteamericana en Europa.

Sin embargo, a pesar de las apariencias, la Fundación no es solamente una herramienta complementaria en el dispositivo imaginado por Kennan en 1946-48, sino también una posición de repliegue. En la élite dirigente en los Estados Unidos a favor de la guerra de Corea, el padre de la Guerra Fría fue adelantado por la senda de la extrema derecha por un teórico temible, Paul H. Nitze. Al mismo tiempo, la vida política interna se sumerge en la “cacería de brujas” de la que el senador Joseph McCarthy se convierte en el líder.

La mayoría de las fundaciones que prosperan al final de la guerra gastan la mayor parte de su presupuesto en programas nacionales: así, la Fundación Ford gasta, de 1951 a 1960, 32,6 millones de dólares en programas educativos, 75 millones para la enseñanza de la economía y la gestión, y cerca de 300 millones para los hospitales y las escuelas de formación en medicina. Sin embargo, una parte de sus cuadros desea dirigir la actividad hacia la arena internacional.

Una primera tentativa se refiere al Free Russia Fund, cuya presidencia es confiada, naturalmente, al padre de la Guerra Fría, el general George F. Kennan, que encuentra en ello una vía para continuar su carrera. Su presupuesto es de 200.000 dólares. En julio de 1951 la Fundación ofrece igualmente 1,4 millones de dólares a la Free University, en Berlín Occidental. Esta fue fundada en 1948, entonces la más antigua universidad berlinense, y, situada en el sector soviético, había sido “estalinizada”.

En el informe anual de 1951, Henry Ford menciona la “creación de condiciones para la paz”. Este programa tendría como objetivo “tratar de reducir las tensiones exacerbadas por la ignorancia, la envidia y la incomprensión” y “aumentar la madurez del juicio y la estabilidad de la determinación en los Estados Unidos y en el extranjero”. Hoffman organiza un equipo dedicado a promover esta idea de “condiciones para la paz”.

Junto a él se encuentra Rowan Gaither, pero también Milton Katz, su ex asistente en la administración del Plan Marshall (ECA) y Robert M. Hutchins de la universidad de Chicago. A partir del 1º de enero de 1952 el equipo es reforzado por otro consultor de la ECA, Richard M. Bissell Jr. El 15 de julio de 1952, el presupuesto de los programas internacionales de la Fundación Ford se aproximaba a los 13,8 millones de dólares, es decir, la mitad de la suma destinada a los programas nacionales.

En marzo de 1952, Richard M. Bissell redacta un texto de dieciséis páginas titulado “Crear las Condiciones para la Paz”, en el que fija los lineamientos del próximo programa. Según el documento, “el objetivo de la Fundación debe ser contribuir a la creación de un contexto en el cual sea posible para Occidente, gracias a la nueva posición de fuerza militar que está llevando a cabo, negociar una paz justa y honorable con el Este”.

Esto pasaría por “una discusión sobre el desarme” que condujera a la negociación y todo suscitaría “una opinión pública favorable” al proceso. Bissell rechaza la idea de una confrontación directa, pero no cree en la posibilidad de un desarme ni de una verdadera paz. Piensa más bien “que se puede vivir en el mismo mundo que los rusos sin ir a la guerra contra ellos a pesar de las profundas y constantes diferencias de mentalidad e intereses”. En cuanto a esto crea una doctrina cercana a la de la “coexistencia pacífica” preconizada por Krutchev tras la muerte de Stalin en 1956.

El proceder moderado de Bissell se aplica de forma idéntica a nivel nacional: en su opinión, “el estado de opinión que prevalece en los Estados Unidos es demasiado tenso y emocional, demasiado cercano a una guerra religiosa”. Por lo tanto se opone al maccartismo, pero aconseja prudencia. Considera que todo proceder ostensible en cuanto a la idea del desarme podría ser malinterpretado en el plano interno, pues la opinión pública no estaba preparada para pensar en un sistema en el que no hubiera “ni guerra ni paz”.

Bissel propone que la fundación Ford no se enfrasque públicamente en un combate de esa índole, pero que trate de poner en marcha su idea reuniendo datos y contactando a especialistas en relaciones internacionales. En este contexto, Hoffman recurre al ex secretario adjunto de Guerra, John J. McCloy (quien ha pasado a ser presidente del Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo, antecesor del Banco Mundial) quien se une a la Fundación con uno de sus colaboradores: Shepard Stone.

Según Volker R. Berhahn, desde sus orígenes la iniciativa de la Fundación Ford iba más allá del simple desarrollo “de un contrapeso para el anticomunismo maccartista replegado en sí mismo o de un combate de Guerra Fría por medios más sutiles. Dado que los Estados Unidos se habían convertido en una potencia mundial y que la opinión pública mundial no estaba aún lista para los desafíos por venir, el objetivo era crear las bases populares de una política exterior democrática que sería llevada a cabo por las élites de la costa oriental y asegurar que las mismas no perdieran terreno frente al nuevo resurgimiento de las políticas populistas y de aislamiento”.

Desde el verano de 1952 Hoffman se compromete junto a Dwight D. Eisenhower, candidato a la elección presidencial, esperando obtener el puesto de secretario de Estado en la nueva administración. Un equipo de la Fundación, bajo la dirección de Shepard Stone, redacta con diligencia el programa del candidato republicano, trabajando hábilmente las susceptibilidades de los demócratas.

Fracasa la tentativa de alianza y, desde su entrada en la Casa Blanca, Eisenhower nombra a John Foster Dulles en el puesto de secretario de Estado. Su hermano, Allen Dulles, es nombrado al frente de la CIA donde adopta una posición muy dura con respecto a la URSS, desarrollando la estrategia del “rollback” en Europa Central.

Estas nominaciones son un nuevo camuflaje para los proyectos de Hoffman, Kennan, Stone, McCloy y Milton Katz, que continúan multiplicando los contactos con intelectuales liberales y especialistas en cuestiones internacionales para conducir una estrategia más diplomática en relación con la URSS. Durante estos encuentros les surge la idea de que los países no alineados podrían constituir un buen terreno para proyectos pilotos elaborados por la Fundación.

Según los archivos de la correspondencia entre los diferentes dirigentes de la Fundación, John J. McCloy se preguntaba en aquel entonces si “el trabajo que hacían no era más difícil (…) que gobernar Alemania o tratar de establecer una comunidad europea”.

Al final, los contactos realizados por el grupo permiten a los dirigentes de la Fundación considerarla un “elemento de dirección estimulante” par repensar la relación soviético-norteamericana según el informe final de McCloy y Stone.

Según este documento, Europa Occidental sería una región clave cuya base institucional debería ser fortalecida y donde la Fundación Ford “podría patrocinar de forma útil la creación de una institución o una serie de instituciones dedicadas al estudio de los problemas de la comunidad europea”. Este proyecto se titula Programa Condiciones para la Paz. Se crea un comité consultivo presidido por McCloy, en el que Shepard Stone ocupa el puesto de director.

Uno de sus objetivos es elaborar un método que permita “obtener el apoyo de los socialistas de Europa para la paz internacional”. Por lo tanto, la Fundación debe “considerar la idea de reunir a los pensadores socialistas avanzados de estos países, hombres con prestigio en el seno de sus propios partidos, estudiar el problema de la coexistencia y proponer soluciones”.

El programa suscita las ambiciones personales. Al término de luchas de influencia, se pone bajo la jurisdicción del Council on Foreign Relations (CFR) y Shepard Stone se convierte en un elemento clave en calidad de jefe de la División para los Asuntos Europeos e Internacionales de la Fundación Ford.

Sea como sea, la Fundación es una herramienta que desea utilizar cada departamento ministerial. Desde el 5 de mayo de 1951, Hans Speier, de la Rand Corporation, envía un memorando a Rowan Gaither en el que revela que el Departamento de Estado y el Alto Comisionado Civil en Alemania (HICOG) desean disimular su apoyo a organizaciones en Alemania Occidental para que dejen de aparecer como sometidas a Washington. Por lo tanto, junto con la CIA, tratan de encontrar los medios para hacerles llegar los fondos indirectamente.

El 20 de marzo de 1952, Milton Katz hace circular un memorando en el seno de la dirección de la Fundación en el que recuerda la especial importancia de Europa para la diplomacia norteamericana. Según él, Europa sólo puede ser considerada “de forma constructiva si es miembro de la comunidad atlántica”. En este sentido, es importante contribuir a la liberación “de los grandes sindicatos franceses e italianos del puño del comunismo”.

Katz enumera entonces una serie de proyectos de la Fundación Ford como la instauración del equivalente del CDE (Comité para el Desarrollo Económico) para Europa Continental. Termina con una lista de personalidades que podrían difundir la acción de la Fundación: Jean Monnet, Oliver Franks, Hugh Gaitskell, Geoffrey Crowther, Robert Marjolin, Dirk Stikker y Dag Hammarskjöld.

En mayo de 1953 Rowan Gaither redacta un memorando en el que refiere un nuevo principio: la Fundación debe evitar “lo que sea una prolongación o repetición de acciones efectivas del gobierno u otras agencias”. Después de todo, prosigue, “algunas de las más importantes oportunidades de la Fundación (…) pueden residir en el hecho de completar, estimular y hacer mejores las actividades de otros, especialmente las del gobierno”. El vínculo Gobierno norteamericano/Fundación Ford encuentra aquí su modus operandi.

Con el final del maccartismo y el inicio de la coexistencia pacífica, se atenúan las querellas en Washington. La Ford no se presenta ya como una alternativa de la CIA, sino como su asociada. Richard Bissell Jr deja la Fundación para hacerse cargo de la dirección operativa del stay-behind, mientras que la Ford asiste a la CIA en varias grandes operaciones.

La sustituye en el financiamiento del Congreso para la Libertad de la Cultura y le confía un estudio sobre el fracaso del tratado de la Comunidad Europea de Defensa en Francia a David Lerner y a Raymond Aron, figura esencial del Congreso. Financia la orquesta Hungarica Philarmonica, compuesta por músicos obligados a exilarse debido al estalinismo y que la CIA quiere erigir en símbolo del mundo libre.

Financia igualmente la American Committee on United Europe (ACUE), una fachada de la CIA encargada de favorecer la construcción de una Europa Federal conforme a los intereses de Washington. El ACUE es presidido por el ex director de los servicios secretos durante la Guerra Mundial y su vicepresidente es el fundador de la CIA.

La acción de la Ford junto al Congreso para la Libertad de la Cultura es posible, explica Grémion, por la proximidad entre los actores que forman parte de ambas entidades. Al igual que el Congreso, la Ford está compuesta por “liberales” (en el sentido norteamericano del término), es decir, por la izquierda no comunista. “Herramienta de una diplomacia no gubernamental, el objetivo de sus dirigentes [en el campo del arte] es dar una imagen diferente de la cultura norteamericana, alejada de la frecuente imagen de cultura popular de masas”.

En ese sentido, “la Ford sitúa así su acción desde el inicio en el marco de una práctica de mecenazgo ilustrado”. En el campo económico, la acción de la Fundación “se inscribe en la corriente reformista del New Deal”, lo que le vale los favores de los intelectuales del Congreso que son en su mayoría partidarios de la planificación y del Welfare State.

Finalmente está orientada hacia el desarrollo de las ciencias sociales: Rowan Gaither estima que, algún día, estas permitirán obtener resultados tan brillantes en el campo de lo social como la ingeniería en el campo de la técnica. La Ford financia con mucha prioridad las ciencias sociales antes que las humanidades y la medicina. Multiplica igualmente los intercambios universitarios y académicos, así como las creaciones institucionales: financia el Centro de Sociología Europea de Raymon Aron y la red de planificadores Futuribles, de Bertrand de Jouvenel.

Su presencia es tan discreta que, según un memorando redactado por Shepard Stone después de un viaje a Europa en 1954, la Fundación tiene gran reconocimiento en Europa “incluso en los círculos de extrema izquierda del Partido Laborista británico, el SPD alemán y entre numerosos intelectuales izquierdistas en Francia”. La admiración es recíproca: Shepard Stone siente gran atracción por la cultura europea, la que opone a la cultura popular norteamericana, y se siente próximo de los intelectuales del Congreso que, luego de haber criticado el comunismo, “valoran las virtudes de la libertad individual y de una sociedad libre”. Así, financia revistas próximas al Congreso como Encounter, Preuves y Forum.

Luego de varios meses de conflictos internos, Shepard Stone obtiene la dirección de la totalidad del programa europeo de la Ford a mediados de 1956. La actividad de la Ford se amplifica. Stone reclama cinco millones de dólares suplementarios de presupuesto simplemente para el programa europeo. Las revoluciones húngara y polaca, reprimidas en 1956 por los soviéticos, convencen a todos los accionistas de acceder a sus demandas.

Este dinero permite ayudar a los refugiados procedentes de Hungría o Polonia e instalar estructuras para acogerlos. La Fundación Ford organiza igualmente programas de formación y estudio para científicos procedentes del Pacto de Varsovia, invitados para ello a Estados Unidos y a Europa Occidental. Hay en esto un juego perverso como es del agrado de los servicios especiales: la CIA espera reclutar agentes entre los economistas, los investigadores en ciencias sociales y los expertos invitados por la Ford, mientras que la KGB piensa en enviar a elementos fiables a adquirir el conocimiento norteamericano.

Al mismo tiempo, se lanzan en Japón programas de promoción de lengua inglesa, estudios norteamericanos y contactos entre Japón y Europa. La diplomacia filantrópica de la Ford se vuelve mundial. En todas partes del mundo se encarga de impulsar la cultura estadounidense y ganar para su causa a los No Alineados. En África, la amenaza de un alineamiento con Moscú de los países recientemente independientes motiva numerosos programas de ayuda en esa dirección, especialmente en Argelia. Se monta igualmente un programa agrícola en la India con la ayuda de inversores europeos a quienes Shepard Stone instó a crear fundaciones al estilo de la Ford.

A nivel universitario, la Fundación Ford financia el St Antony’s College de Oxford, especializado en Humanidades, en 1959. El Centro Europeo de Investigación Nuclear (CERN) también recibe subvenciones a partir de 1956, así como el instituto del físico nuclear danés Niels Bohr. Así, con la aprobación de la CIA, este puede llevar a Dinamarca a delegaciones de científicos polacos, soviéticos e incluso chinos, en virtud, oficialmente, del “diálogo científico”. En ese mismo sentido, la propia universidad de Oxford recibe una subvención de un millón de dólares en 1958, al igual que el Churchill College de Cambridge.

En Francia, la Maison des sciences de l’homme (Casa de las Ciencias del Hombre), dirigida por Gaston Berger, recibe un millón de dólares en 1959 para la creación de un centro de investigación en ciencias sociales defendido por profesores universitarios como Fernand Braudel.

La revelación, en 1966 y 1967, del financiamiento del Congreso por la Libertad de la Cultura por parte de la CIA, tiene como consecuencia el descrédito de la Ford. Se extiende la idea de un vínculo entre la Ford y los servicios secretos norteamericanos. Más allá, es el conjunto de las actividades pretendidamente filantrópicas realizadas por la Fundación en Europa las que son vistas a través de una nueva mirada: ¿no se trata acaso de una formidable operación de injerencia cultural estadounidense?

Fuente: http://www.voltairenet.org/article123675.html

La no proliferación nuclear como instrumento de competencia económica

Jean Baptiste Darphin
Estados Unidos presiona a los Estados en el terreno de la energía nuclear civil mediante la lucha contra la proliferación de materia fisibles y su empleo por terroristas. Desarrollan acuerdos bilaterales y orientan las elecciones estratégicas más allá de aspecto puramente de seguridad. China, que representará el 50% del mercado mundial del átomo en 2030, es un objetivo prioritario.

En 2010 Barack Obama organizó un encuentro sobre seguridad nuclear en Washington. El encuentro se centró en la lucha contra la proliferación de uranio y plutonio de tipo militar, a fin de evitar los riesgos del terrorismo nuclear. Fue la mayor reunión de jefes de Estado desde la Conferencia Naciones Unidas en 1945. En el marco de la cumbre, los políticos chinos y norteamericanos acordaron la necesidad de establecer un centro de seguridad nuclear en Pekín.

Seis años mas tarde, el pasado 19 de marzo, ese centro, el mayor de la región Asia-Pacífico, se ha inaugurado en presencia del viceprimer ministro chino Ma Kai y del secretario de Energía norteamericano Ernest Moniz. Está financiado únicamente por China y por Estados Unidos. Fue concebido  por la China Atomic Energy Authority (CAEA) y el Departamento de Energía (DOE) norteamericano. Según Xu Dazhe, director del CAEA, tiene capacidad para formar en seguridad nuclear a 2.000 personas (tanto chinas como de otras naciones de la región Asia-Pacífico) al año. Como explica Wang Yiren, director adjunto del CAEA: “Este centro es una realización importante en la cooperación chino-americana sobre seguridad nuclear, y va a potenciar la cooperación en la región Asia-Pacífico y en el mundo […] También promoverá el uso de la energía nuclear civil”. Las misiones de este centro irán muy por delante del objetivo inicial, la lucha contra la proliferación y el terrorismo nuclear.

Es un importante acontecimiento que asienta la influencia norteamericana sobre la energía nuclear china, y favorece las normas, los standards y la concepción norteamericana de la protección y la seguridad nuclear.

Grupos de presión organizados en el seno de prestigiosas universidades norteamericanas influyen sobre la estrategia china de retirada del combustible usado de las centrales atómicas. Pekín decidió reciclar sus materias nucleares, lo que permite valorizar mejor el uranio, disminuyendo el almacenamiento de desechos. Esta estrategia china es favorable a Francia, que podría encontrar oportunidades comerciales importantes, principalmente la entrega de una planta de tratamiento de combustible estimada en 20.000 millones de euros. Las conversaciones comerciales están en curso entre AREVA y la China National Nuclear Corporation (CNNC).

Las críticas norteamericanas comienzan a dar sus frutos, alcanzando eco entre ciertos responsables de la industria nuclear china. El argumento principal esgrimido por los grupos de presión norteamericanos es de orden político. Se trata del riesgo de proliferación. Matthew Pennington (Asociated Press Washington) explica: “Los defensores de la no-proliferación advierten que los residuos resultado del tratamiento producirían plutonio de calidad militar, planteando un riesgo de seguridad, y exacerbando las rivalidades nucleares en Asia”.

La Unión de Científicos Comprometidos (UCS), importante grupo de presión fundado por científicos y estudiantes de Massachusetts Institute of Technology (MIT), declaraba que el tratamiento de residuos no reduce la necesidad de un almacenamiento seguro para los desechos. Igualmente, Henry Sokolski, antiguo funcionario del Ministerio de Defensa norteamericano y actual director de Nonproliferation Policy Education Center (NPEC), con sede en Washington, aclara que “los expertos nucleares chinos que se encargan de asegurar que el programa electronuclear chino esté al día y seguro están realmente inquietos por los riesgos financieros, técnicos y diplomáticos que representa el reciclaje de plutonio”.

El informe de enero de 2016 de la Universidad de Harvard (Belfer Center) explica que la estrategia de tratamiento de residuos  no tiene sentido desde un punto de vista económico. El estudio muestra que China podría ahorrar miles de millones de dólares almacenando el combustible usado (sin tratamiento), e invertir más bien en nuevas centrales: “China tiene tiempo porque tiene acceso a cantidades de uranio que le permiten alimentar su crecimiento nuclear durante muchas decenas de años, y el almacenamiento en seco puede proporcionar un medio seguro y económico de gestión de combustible usado para décadas, dejando las demás opciones posibles para el futuro”. Hay que destacar que este estudio ha sido redactado junto con un ingeniero de la China Nuclear Power Engineering (CNPE), director adjunto de la División de Evaluación Económica en la CNNC. Matthew Bunn, otro autor de este informe es un antiguo consejero de la Casa Blanca. El informe ha sido publicado entre dos rondas de las negociaciones comerciales entre AREVA y la CNNC para la venta de la planta de tratamiento mencionada mas arriba.

Las acciones de los políticos, las instituciones y grupos de de presión académicos norteamericanos son coherentes. La Nuclear Regulatory Commission (NRC) y el departamento de Energía (DOE) son grandes exportadores de sus criterios y standards, y utilizan muy satisfechos las vías diplomáticas, como la lucha contra el terrorismo nuclear, para difundirlos.

De la misma forma, Estados Unidos desarrolla su influencia gracias a las redes creadas por los intercambios académicos y al prestigio de universidades como Harvard o el MIT. Estos se benefician de numerosos contactos en el seno de instituciones e industrias mundiales, sobre todo en China. Entre otras cosas, continúan acogiendo y formando  abundantes futuros dirigentes extranjeros, a través del programa “Jóvenes Dirigentes” y de las bolsas de estudio.

Estas acciones, aplicadas durante numerosas décadas, preparan eficazmente el terreno a las industrias norteamericanas, en detrimento de sus competidoras. Podemos preguntarnos cuándo las instituciones francesas y europeas estarán en disposición de aportar un nivel de influencia tan avanzado, coherente y a largo plazo a los empresarios franceses.

Fuente: http://www.knowckers.org/2016/04/le-contre-terrorisme-nucleaire-au-service-des-interets-economiques-americains/

El yihadismo obliga a revisar la historia del colonialismo

Jacques Bardoux
Así lo afirma Michel J. Cuny en su web (1), recordando el significado último de los millones de personas muertas en la Primera Guerra Mundial, es decir, sacrificadas en pro de un nuevo reparto del mundo.

Continúa relatando Cuny que aquella guerra despedazó al Imperio Otomano y que sus despojos fueron devorados por el Tratado Sykes-Picot, firmado en 1916, sólo dos años después de que se apagara el estruendo de la última batalla.

Los británicos (Sykes) y los franceses (Picot) dibujaron en secreto el mapa de Oriente Medio tal y como ahora lo conocemos. En aquel momento nadie se enteró siquiera de su existencia. Entonces se llamaba “diplomacia secreta”, como si hubiera alguna diplomacia imperialista que no lo fuera.

Pero tuvieron mala suerte porque sólo un año después estalló la Revolución de Octubre que sacó la mierda flote para que el mundo tuviera que taparse la nariz con pinzas.

Los periodistas deberían estar interesados -casi tanto como los obreros- en otra Revolución como aquella. Ese tipo de cambios histórico-sociales -y no montajes como los “Papeles de Panamá”– son los que permiten que el mundo se entere de lo que ocurre realmente.

El francés que firmó el acuerdo, Picot, tenía una hermana de nombre aristocrático, Genoveva Henriqueta Jorge, que se casó con Jacques Bardoux.

La idolatrada República francesa es lo más parecido que puede haber a una monarquía. En 1936, cuando allá gobernaba el Frente Popular, Bardoux inició una campaña para acusar al Partido Comunista de preparar un golpe de Estado y empujar a Francia a una guerra contra Alemania para beneficiar a la URSS. En otras palabras: acusaba a los comunistas de pretender hacer lo que hizo la burguesía. Con la ayuda, entre otros, de Bardoux, una parte de la burguesía francesa dio un golpe de Estado y entregó el poder a los fascistas, mientras que la otra acabó luchando contra Alemania.

Luego el fascista Bardoux fue uno de los padres fundadores de la V República y su nieto Valery Giscard d’Estaing se convirtió en Presidente de esa misma República en 1974 (2), mostrando una enorme preocupación por retirar a los antifranquistas españoles (y vascos) el estatuto de refugiados políticos, como hoy se lo niegan a los sirios.

Tras el cambio de siglo, en Francia siguen gobernando los mismos. Los mismos que firmaron el Tratado Sykes-Picot, han destrozado Libia, aunque sigamos sin conocer los detalles que nos gustaría. Si una revolución proletaria no lo impide, tendremos que esperar 100 años, cuando la política se haya convertido en historia y ese tipo de anécdotas sólo interesen en las facultades universitarias.

Sabemos cuatro cosillas del trazo grueso, lo suficiente para observar el paralelismo entre las revueltas árabes contra el Imperio Otomano, azuzadas por los imperialistas franco-británicos, y la Primavera Árabe un siglo después.

Para que se levantaran, los imperialistas prometieron a los árabes un único Estado, que jamás tuvieron ocasión de edificar porque a Londres y París, lo mismo que hoy a Washington, le gusta el minifundismo, países del tamaño aproximado de Luxemburgo. Es lo que propusieron Sykes y Picot en 1916 y es lo que propone hoy el Plan Yinon.

Pero no basta dividir para dominar; desde siempre el colonialismo tuvo que asegurar sobre qué virreyes locales asentaba su dominación, que recayó en el wahabismo y las corrientes más reaccionarias del mundo islámico, que ellos se encargaron siempre de alimentar. ¿Quieren conocer el origen del yihadismo? Busquen en algún archivo de Londres, París o Washington… dentro de 100 años.

Marx diría que la historia se repite, aunque una vez vestida de tragedia y la otra de farsa.

(1) http://unefrancearefaire.com/2016/04/06/quand-daesh-nous-oblige-a-relire-lhistoire-coloniale-de-la-france/
(2) http://www.agoravox.fr/tribune-libre/article/parmi-les-petites-mains-du-168525

Los ‘Papeles de Panamá’ forman parte del golpe de Estado judicial (3)

Los “Papeles de Panamá”, la filtración de once millones de documentos reservados, la mayor de la historia del periodismo, forman parte del golpe de Estado judicial en curso en varios países, incluidos Brasil, Venezuela, Siria y, naturalmente, Rusia.Lo mismo que las últimas maniobras desestabilizadoras que se han producido en el mundo, como las “revoluciones” de colores o la Primavera Árabe, detrás está la mano de Estados Unidos. Los medios de comunicación que trabajan con el imperialismo en la desestabilización son uno de sus largos tentáculos.

Los periodistas se rasgan las vestimentas como buenos fariseos. Los hechos ni siquiera son nuevos. Hace ya tiempo que Yves Smith publicó (1) varios reportajes sobre el bufete panameño Mossak Fonseca. En diciembre de 2014 Ken Silverstein publicó otro en la revista Vice (2). Entonces la revista “Intercept” de Pierre Omidyar, rechazó la publicación.

En aquel momento el malo de la película se llamaba Bashar Al-Assad y lo que Silverstein quería contar era que un primo suyo millonario, Rami Makhlouf, tenía dinero escondido en el bufete panameño. Naturalmente se trataba de un testaferro de Al-Assad… Es “casi” seguro.

Hay que empezar todo este asunto, como dice el diario “Moon of Alabama” (3), preguntando por lo que no aparece entre las toneladas de papeles. ¿No hay bancos implicados?, ¿no hay fondos buitre?, ¿no hay grandes multinacionales?, ¿no hay senadores y congresistas de Estados Unidos? Los abogados panameños, titula la web “ZeroHedge”, tenían 441 clientes estadounidenses (4), ¿dónde están?

No, la pieza maestra de la corrupción mundial es el Primer Ministro… de Islandia.

No cabe duda: además de quitarse de encima a sujetos incómodos para Estados Unidos, en el listado de los 14.000 clientes sólo hay hombres de paja destinados a alimentar el morbo y el cotilleo de los medios de comunicación, empezando por Almodóvar y siguiendo por Messi, en el caso de España, aunque naturalmente al poner en marcha el ventilador la mierda pueda ir un poco más allá. Pero merece la pena correr algún riesgo.

Sin embargo, como ha reconocido el periódico británico The Guardian, “la parte más sustancial de las informaciones capturadas jamás se divulgará”. Ya nos vamos enterando de que la tarea de la prensa imperialista no es publicar lo que sabe sino callar la mayor parte de la información. Pues a mí personalmente lo que me gustaría saber no es lo que cuentan sino lo que callan…

El segundo pilar de las filtraciones, el “Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación”, es una organización creada y financiada por el llamado “Centro de Estados Unidos para la integridad pública”, a su vez creado y financiado por la Fundación Ford, la Fundación Carnegie, la Fundación Rockefeller, la Fundación W.K.Kellogg y la Fundación para una sociedad abierta, o sea, el especulador internacional George Soros, que de paraísos fiscales sabe bastante.

A través de la USAID, que doy por conocida, el referido “Consorcio” forma parte de un proyecto más amplio del imperialismo de control de lo que califican como crimen organizado y corrupción (OCCRP, Organized Crime and Corruption Reporting Project) pero que, en realidad, vigila a la mafia… rusa, es decir, vigila a Rusia con la disculpa de la mafia, tal y como muestran las últimas películas fabricadas en Hollywood.

La foto que encabeza este artículo está tomada en la sede del despacho de abogados de Panamá; pero si alguien ha creído ver ahí el emblema de la OTAN, ha padecido un espejismo. Sólo se parecen, y además eso no significa nada.

Lo que no es ningún espejismo es que la fuga no procede de ese bufete sino de los organismos de inteligencia de Estados Unidos y la filtración se irá dosificando a los medios internacionales en función de los intereses políticos y económicos de Estados Unidos.

La manera en que se va a divulgar la información gota a gota es un instrumento descarado de chantaje por parte del imperialismo, que filtrará unos datos y callará otros en función de la sumisión del hombre de paja correspondiente en algún remoto país.

(1) http://www.nakedcapitalism.com/?s=Mossack+Fonseca+
(2) http://www.vice.com/read/evil-llc-0000524-v21n12
(3) http://www.moonofalabama.org/2016/04/selected-leak-of-the-panamapapers-creates-huge-blackmail-potential.html
(4) http://www.zerohedge.com/news/2016-04-04/mossack-fonseca-has-441-us-clients-who-are-they

Más información:
— El golpe de Estado judicial. Primera parte
— Del árbol caído todos hacen leña

El proceso Karadzic ha llegado a su final

Radovan Karadzic
John Laughland

Cuando el antiguo presidente yugoslavo, Slobodan Milosevic, murió en la prisión de Tribunal Penal Internacional en Scheveningen, cerca de La Haya, el 11 de marzo de 2006, los medios se entregaron a una auténtica orgía de denuncia del “verdugo de los Balcanes”. Lo hicieron sin considerar ninguna sesión del proceso, que, sin embargo, había durado 4 años y que estaba en curso cuando Milosevic falleció a causa de una enfermedad cardíaca, que los jueces se negaron a tratar. El proceso pudiera no haberse celebrado, de lo rápido que quisieron cerrar el paréntesis.

Su método consistió en sacar del armario todas las viejas historias que conocían a principios de los años 90, cuando estallaron las guerras yugoslavas, resultado de la política occidental dictada por alemanes y norteamericanos que competían para denunciar a los serbios y para ayudar, también en lo militar, a los secesionistas, primero croatas y eslovenos y luego a los bosnios islámicos.

En realidad, el proceso había causado muchas sorpresas. Numerosos testimonios habían disculpado al ex presidente, incluyendo a parte de los testigos de cargo, algunos de los cuales acusaron a la fiscalía de tortura.

Los jueces se deshonraron, haciendo callar al acusado cada vez que demostraba las mentiras de sus acusadores. La fiscalía fue incluso obligada a abandonar a mitad del proceso su acusación principal, la de que Milosevic hubiera buscado la creación de una Gran Serbia. Como yo fui el último periodista occidental en visitar a Milosevic en su celda, algo de ello sabía. Estaba tan disgustado por la ligereza y la deshonestidad de los reportajes que redacté un libro sobre el proceso, cuyo título resume bien el argumento: “La parodia”, “Travesty” en inglés.

Tras la muerte de Milosevic muchos acontecimientos jurídicos se dieron en el sentido de una reevaluación de las guerras yugoslavas. Nunca se inició ninguna demanda por genocidio en Kosovo, cuando eso fue el pretexto para el ilegal bombardeo de Yugoslavia por la OTAN en 1999. En 2007, tras catorce años de deliberaciones, el Tribunal Internacional de Justicia (la instancia jurídica mas alta de Naciones Unidas, y no un tribunal ad-hoc tramado por razones políticas por los norteamericanos, como el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia) dictó su veredicto en el litigio que enfrentaba a Bosnia-Herzegovina con Serbia desde 1993.

El tribunal dictaminó que Serbia no había jugado ningún papel decisivo en la guerra civil bosnia, y que la inmensa mayoría de las acusaciones de genocidio contra los serbios de Bosnia no tenían fundamento. Bosnia había afirmado que desde el principio de los combates los serbios querían exterminar a los musulmanes, y que Milosevic y los serbios de Bosnia no hacían más que repetir el trabajo emprendido contra los judíos por Adolf Hitler. La misma tesis fue presentada por un académico norteamericano, Norman Cigar, en un libro publicado antes de la toma de la ciudad de Srebrenica, en julio de 1995.

Todos estos desarrollos jurídicos permanecen desconocidos en su mayoría para el gran público, y con motivos. Si el miércoles 24 de marzo de 2016, la sala de prensa del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia estaba repleta para escuchar el veredicto de los jueces en el proceso Karadzic, era la primera vez que sucedía esto desde el inicio del proceso, en 2009. Exactamente igual que en el proceso de Milosevic, los periodistas dieron muestra de un soberbio desprecio en cuanto al verdadero desarrollo del procedimiento contra Karadzic. No asistieron a ninguna sesión. Todos aquellos que se han encargado con deleite de anunciarnos que el antiguo presidente de la República serbia de Bosnia había sido juzgado culpable de genocidio son totalmente incapaces de darnos el nombre de un solo testigo de los 585 que han sido oídos durante los últimos cinco años.

Y lo que es peor, los jueces parecen haber actuado de la misma forma. Al escuchar la voz robótica del presidente coreano de la Sala de primera instancia, O-Gon Kwin, que leía el resumen del juicio (que consta de 2.600 páginas) se hubiera podido creer que el proceso no había existido. Ni un solo argumento de la defensa ha sido citado o considerado; ni el menor reequilibrio o matiz de los hechos se ha podido observar. Por el contrario, el juicio no ha consistido más que en la repetición de acusaciones de hace 25 años y de temas de la propaganda occidental desde los primeros meses de la guerra.

Este simplismo que roza la debilidad es particularmente estridente en el caso del mayor tabú de todos, el de las masacres que tuvieron lugar en Srebrenica después de tres años de guerra atroz. Con el enorme memorial construido cerca de la ciudad para fijar este suceso en la piedra (frente al cual además, se venden libros y DVD islamistas en un quiosco), Srebrenica constituye una referencia negativa tan fuerte como la de la Shoah, con la que comparan los sucesos de julio de 1995. Pero ¿qué dicen los jueces en el asunto Karadzic sobre Srebrenica? Cuentan exactamente las mismas tonterías que sus predecesores en los otros procesos ante el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia.

Cuentan, en particular, como hizo el Tribunal Internacional de Justicia en 2007, que los serbios de Bosnia no tenían ninguna intención de cometer un genocidio contra los musulmanes de Bosnia en general. Karadzic ha sido absuelto ayer de genocidio en 7 municipalidades, allá en donde la acusación había afirmado su culpabilidad. Desmiente así la afirmación central presentada por Bosnia desde 1992. A cambio, los jueces nos invitan a creer que la voluntad genocida de los serbios de Bosnia no se aplicaba a todos los musulmanes de Bosnia, sino únicamente a los hombres musulmanes de la villa de Srebrenica.

Nos invitan a creer, además, que después de tres años de duros combates el plan genocida fue concebido a las 20:00 horas del 13 de julio de 1995. En el juicio del 24 de marzo de 2016, Karadzic fue absuelto por sus jueces de toda acusación de genocidio anterior a aquel preciso momento.

Si no fuera tan macabro sería para hartarse de reír. Muchas masacres ciertamente sucedieron tras la captura de la ciudad por las fuerzas serbias de Bosnia, nadie lo pone en duda. La mayoría de las víctimas eran combatientes o antiguos combatientes, quienes formaron la columna de muchos miles que intentaron huir de la ciudad para llegar a Tuzla, territorio bosnio. Los serbios los dispararon y ellos respondieron. Pero los jueces no mencionan ninguna respuesta, pretendiendo que en la columna solo había civiles no armados. Lo repito una vez más: que hubo barbarie, nadie lo niega. ¿Pero como puede un genocidio aplicarse únicamente a los habitantes masculinos de una sola ciudad?

Ese no es el significado de “genocidio”, que quiere decir “destrucción de todo un pueblo” o “de toda una raza”, de los hombres y mujeres de una cierta raza o religión, allá en donde se encuentren.

Queriendo preservar a cualquier precio la condena sensacionalista por genocidio, que constituye un gran éxito institucional para el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, los jueces no solamente no han prestado ninguna atención a los centenares de testigos de la defensa, ni a los argumentos de la defensa que probaban que Karadzic había intentado evitar lo peor. Especialmente han cometido un grueso error de análisis que viciará en las próximas décadas la ley de guerra que pretenden reforzar. Lo que sucedió en Srebrenica, en medio del verano de 1995, fueron claramente una serie de actos de venganza, de un furor y una violencia poco frecuentes. Durante tres años, los serbios del entorno de Srebrenica habían sido víctimas de ataques bárbaros por los islamistas bajo el mando de Nasir Oric, gran cortador de cabezas exonerado por el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia en 2006, como las muy numerosas tumbas en los pueblos vecinos atestiguan. Odiaban a los que les habían aterrorizado y querían un ajuste de cuentas. Sus actos fueron sin dudas condenables, pero no pueden ser calificados de genocidas, porque el genocidio es una operación planificada y aplicada metódicamente por motivos racistas. No es una explosión espontánea de violencia.

Al ignorar de forma voluntariamente la antropología de la guerra, y en particular el fenómeno del aumento extremista de la espiral de violencia, violencia que, no olvidemos, los musulmanes fueron los primeros en desencadenar, los jueces del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia han deformado la realidad de la guerra. Su enésima condena, basada en semejante deformación y que no toma en cuenta las verdaderas raíces de los problemas que pretende resolver, nunca podrá llegar a ser una referencia. Nunca podrá contribuir a mitigar, y aún menos a evitar, las futuras guerras.

Fuente: Fuente: http://www.interet-general.info/spip.php?article22872

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