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El cuerno de África, en el ojo del huracán de las grandes potencias

Moussa Ali

Occidental por error, islámico por contingencias, chino por realismo; las potencias reunidas en la República de Yibuti corren el riesgo de un enfrentamiento entre sistemas de alianzas contra natura, de las cuales es el nudo fundamental.

La crisis siria y sus ramificaciones tienden  rápido hacia una solución militar, duramente alcanzada por el mando sirio, su ejército y sus aliados frente a los terroristas. El fracaso de la doctrina occidental de “cambio de régimen” en Siria suscita un giro sin precedentes desde el fin de la URSS en las relaciones de fuerza y las lógicas de poder internacionales. La derrota militar de “los soldados de la OTAN” y sus cómplices árabes en Siria abre un nuevo episodio en las rivalidades internacionales entre el Oeste, especialmente entre norteamericanos y rusos y los bloques europeos de un lado, y chinos e iraníes de otro. Por consiguiente, en una configuración de relaciones de fuerza entre potencias como fuera el caso de la guerra fría, los puntos de contacto de su poder son a menudo el lugar de los enfrentamientos. El cuerno de África lo es, entre potencias regionales e internacionales repartidas en complejos sistemas de alianzas, en donde esa pequeña república cristaliza el cara a acara de lógicas y orientaciones geopolíticas diametralmente opuestas.

Este pequeño país corre el riesgo de ser epicentro de rivalidades y tensiones geopolíticas en competencia de lo que podría calificarse de “nuevo reparto de África” entre las fuerzas de la OTAN y sus aliados árabes por una parte y China por otra parte. Ha sido un aliado tradicional de los países de la OTAN, desde hace mucho alineado en el campo occidental. Las potencias extranjeras no han estado interesadas, dejando a un lado sus imperativos militares y geoestratégicos, en invertir en infraestructuras geoestratégicas que se adaptaran a las ambiciones de los dirigentes locales de servir como intermediarios en la región. Obtienen solamente derechos por uso de terreno que, a la vista del presupuesto nacional, no supone más del 20 por ciento. Por tanto, para los poderes locales, la elección de acoger a China y a su dispositivo militar obedece más al realismo que a tendencias ideológicas.

La dictadura del punto medio seduce mucho a los dirigentes africanos, que establecen relaciones que les suponen ventajas en cualquier caso. En Yibuti, en contraposición a la presencia de potencias de la OTAN que se resumen en asociaciones estrictamente de intereses militares, China se ha comprometido a acompañar con préstamos sin límites la visión de ser un pivot acariciada por las autoridades de ese país. De esa forma, China, con la vista puesta en los mercados de Etiopía, de Sudán del Sur y de todo África, entra en el baile y acompaña las ambiciones de Yibuti, financiando todos los proyectos de infraestructuras estratégicas que, como el ferrocarril, puertos, aeropuertos y una zona económica especial, servirán a China para posicionarse de forma duradera en África.

De esa manera Yibuti, que comparte una herencia orientada tradicionalmente hacia Occidente y el deseo de hacer de su país un intercambiador regional, que solo los fondos chinos son capaces de satisfacer, se encuentra en el centro del choque de espadas de potencias con tendencias opuestas. La virulentas críticas a los encuentros entre China con los Estados africanos por parte del Secretario para Asuntos Exteriores de Estados Unidos durante su visita en Yibuti en marzo pasado constituye un aperitivo de la rivalidad chino-americana en África. Junto al ministro de Yibuti de Exteriores declaró, haciendo alusión a las relaciones chino-africanas, que “anima la dependencia apoyándose en contratos opacos, préstamos abusivos y acuerdos corruptos que llevan a las naciones a hundirse en el endeudamiento y que dañan su soberanía, no permitiéndoles alcanzar un crecimiento autosuficiente a largo plazo”.

Por otro lado, según el último número del semanario de inteligencia geopolítica francés “Lettre de l’Ocean Indien”, los chinos se han quejado ante las autoridades de Yibuti de actividades de espionaje de la OTAN contra su base militar, así como sobre los menores movimientos del Ejército Popular de Liberación en ese territorio. Según este mismo semanario y en el mismo número, el jefe del Estado Mayor del ejército de Yibuti ha reunido al jefe de la flota china y al jefe del Estado Mayor de las fuerzas francesas estacionadas en Yibuti, ciertamente para calmar la situación. Por el momento las cosas no pasan de simples acusaciones verbales o de acusaciones mutuas de espionaje. En consecuencia, las autoridades, a falta de un Estado potente con buenos cimientos en un dispositivo militar consecuente, y consciente del limitado alcance de su poder de presión sobre estas potencias, son susceptibles de ser desbordadas. Esta incapacidad para situarse como dueños del tablero nacional para contener las veleidades geoestratégicas de sus poderosos invitados, con intereses y objetivos opuestos, les obligan a menudo a adoptar una postura de servilismo y a la voluntad de cada potencia y cada sistema de alianzas, del cual son a la vez nudo y cordón umbilical. Y ello a expensas de su soberanía y de sus intereses nacionales. Y por otra parte, entre Yibuti y Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos ya se han decidido a favor de éstos últimos; son considerados como aliado seguro y rico, en oposición a Yibuti, país pobre y no fiable que ha acogido al Ejército Popular de Liberación en su suelo.

Es por lo que hay que leer los movimientos de Emiratos contra Yibuti, como se revelan en el último número de “Lettre de L’ocean Indien”, sobre todo su implantación económica y militar en Somalia y en Eritrea, sus quejas ante el Tribunal de Arbitraje Internacional de Londres, relativo al contencioso producido por la nacionalización que hizo Yibuti de la participación de DPW en el capital de DCT (Doraleh Conteners Terminal), y, en fin, su lucha sin piedad contra la diplomacia yibutiana en todo el área. En consecuencia, ya sea un simple error de apreciación relacionado con el complejo sistema de alianzas contra natura establecido por las autoridades locales, o sean veleidades maquiavélicas buscadas intencionalmente por el eje Estados Unidos/Emiratos Árabes para desestabilizar Yibuti, todo es susceptible de desequilibrar la región instalando un caos generalizado, que a corto o medio plazo puede ciertamente comprometer a Estados Unidos y a China de una u otra forma. Los dados están lanzados, y también la lógica de las potencias actuantes. El tiempo aclarará el embrollo yibutiano.

https://www.legrandsoir.info/apres-le-moyen-orient-la-corne-d-afrique-sentinelle-de-la-nouvelle-logique-de-puissance-geopolitique.html

Lo que los imperialistas ofrecen a Putin para que traicione a Bashar Al-Assad

Las principales capitales occidentales mantienen en estos momentos negociaciones secretas con Moscú para que Putin abandone a Bashar Al-Assad, según el periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung (*).

Las conversaciones comenzaron tras los bombardeos aéreos del 14 de abril sobre Siria, aunque Merkel ya había iniciado los contactos por adelantado.

Los occidentales han realizado tres ofertas a los rusos. La primera es la de garantizar la seguridad de las dos bases militares rusas en Tartus y Latakia. Los imperialistas creen que estas dos bases tienen una importancia estratégica para el ejército ruso, ya que le dan acceso al Mediterráneo.

La segunda propuesta es una financiación inmediata de la reconstrucción de Siria, de la que los rusos podrían beneficiarse en gran medida. Los occidentales han asegurado a sus interlocutores rusos que las potencias occidentales, así como las monarquías del Golfo, ya están dispuestas a inyectar miles de millones de dólares en este gigantesco proyecto si aceptan renunciar a su apoyo al gobierno de Damasco. Basándose en las necesidades actuales de la economía rusa, que lucharía por encontrar salidas fuera de las fronteras, los emisarios occidentales quieren atraer a los rusos ofreciéndoles, también allí, garantías sobre su parte del pastel.

La tercera propuesta parece la más sustanciosa: las potencias occidentales se comprometen a reconocer a Rusia como una superpotencia mundial y a tratarla como tal a todos los niveles, con todo lo que ello implica en términos de eliminación de las sanciones que Washington y la Unión Europea han impuesto.

Las fuentes diplomáticas citadas por el diario alemán creen que la oferta de los imperialistas no es una “rendición”, sino la admisión de un fracaso impuesto por la falta de alternativas para poner fin a la guerra siria. La socialdemocracia alemana lo explica así: la negociación con Rusia no es una opción sino una necesidad.

Hasta aquí llega la información del Frankfurter Allgemeine Zeitung, respecto de la cual hemos de decir que es la consagración del fracaso que todo el mundo conoce y admite, salvo los propios vencidos, que no lo pueden hacer porque son fuerzas hegemónicas. “Nos guste o no, no hay manera de solucionar el conflicto de Siria sin Rusia”, añadió el lunes Heiko Maas, el ministro alemán de Asuntos Exteriores

La oferta deja claro que los imperialistas tratan a Moscú de la única manera que saben: como tales imperialistas. De ahí que ofrezcan a Rusia (pero no a Siria) una parte del “pastel”. Necesitan aclararles que si lo que quieren es eso, en Siria hay un “pastel” muy grande, del que se podían llevar un pedazo. Se trata de los 500.000 cadáveres, según el diario alemán, muchos de los cuales están aún sin enterrar.

Es imposible que Rusia acepte una propuesta que no les concede nada que no tengan y se hayan ganado. Rusia ya es una gran potencia mundial y todo los intentos de los imperalistas por omitir ese dato están condenados al ridículo.

Rusia ya tenía una base naval en Tartus desde los tiempos soviéticos y ahora tiene otra más, aérea, en Hmeimim que los imperialistas no tienen que garantizar porque está protegida por Siria y por la propia Rusia.

Los imperialistas y los sátrapas del Golfo tienen que pagar los cuantiosos daños causados por la guerra porque ellos los han causado. Aquí tampoco hay ninguna oferta interesante, ni siquiera como “salida” a los problemas del capitalismo ruso, que son de otro orden.

No es necesario acabar diciendo que, al más puro estilo mafioso, los imperialistas quieren llevar a Putin por el camino de la traición a su aliado Bashar Al-Assad, lo que complementa su conocido estilo diplomático.

(*) http://www.faz.net/aktuell/politik/ausland/angela-merkel-und-wladimir-putin-sprechen-ueber-lage-und-entwicklungen-in-syrien-15553725.html

Siria y el ciudadano sirio Macron

Darío Herchhoren

Es mi intención aclarar algunos aspectos de la realidad de Siria, y con ello despejar algunos de los clichés que aplica la propaganda imperial sobre ese país, que por otra parte es siempre la misma. Se culpa a los agredidos de las agresiones de los agresores.

Bashar El Assad, presidente legítimo de Siria, es acusado de dictador, de tirano, de déspota, y en fin de toda una suerte de calificativos descalificantes, y con ello legitimar las intervenciones militares «liberadoras» del «Ejército libre sirio», de Daesh, De Al Qaeda, y demás grupos «democráticos».

Una de las características de una dictadura es el control absoluto del territorio y de su población, y lo ocurrido en Siria es justamente lo contrario. En Siria, los yihadistas han «trabajado» a la luz del día durante mucho tiempo, ya que la agresión de estos grupos criminales financiados generosamente por el imperio USA por Arabia Saudí, y por los emiratos árabes unidos, prepararon una enorme infraestructura consistente en túneles, grandes instalaciones subterráneas, y fortificaciones. Para todo ello, la empresa francesa Lafargue proveyó ocho millones metros cúbicos de cemento. Una cantidad como esa no se puede disimular fácilmente, ni transportarla en camiones mezcladora sin llamar la atención. Las excavaciones a realizar para una obra semejante necesitan de maquinaria pesada, que es muy difícil de esconder, y si «el régimen» fuera realmente un gobierno tiránico, hubiera tenido noticia de lo que se estaba cociendo bajo sus pies. La empresa de maquinaria pesada Caterpillar, proveyó lo necesario para mover millones de metros cúbicos de tierra. Se trata de una de las mayores fabricantes de maquinaria pesada del mundo. ¿Es posible hacer todo esto sin llamar la atención del estado? No se trata de montar una vivienda, ni un barrio de viviendas; se trata de una enorme estructura militar. ¿ Nadie se dio cuenta de esto? Parece que no.

Pero la historia de Siria como estado es muy peculiar. Siria, Líbano, Arabia, Irak, Yemen, es decir, todo el Medio Oriente formaban parte del imperio turco hasta el fin de la primera guerra mundial en 1918. Esa guerra trajo como consecuencia algunos hechos de extraordinaria trascendencia tales como el nacimiento de la URSS, o la disolución del imperio turco. Turquía era aliada de las potencias llamadas centrales, que eran Austria y Alemania, que perdieron la guerra; y los ganadores de esa contienda (Inglaterra, Francia e Italia) se repartieron los despojos del imperio turco en calidad de «fideicomisarios», es decir, que no podía incorporar esos territorios al suyo propio; pero nada se dijo de lo que había en el subsuelo, que era petróleo, mucho petróleo. Es así como Francia se hace con Siria y el Líbano, y explota el suelo, el subsuelo y sus habitantes. Allí deja para cuando llegue la «independencia», a partidos políticos afines, como la Falange Libanesa, a cuyo frente deja al farmacéutico Pierre Gemayel, que era un cipayo fascista, autor de graves masacres de patriotas que luchaban por la independencia contra el poder francés. En Líbano se forman guerrillas integradas por árabes y drusos, consiguen desplazar a los franceses, y los sirios logran su independencia luego de grandes revueltas populares a raíz de la ocupación nazi de Francia.

Los diversos gobiernos franceses nunca ocultaron su interés por volver a lo que consideraban «su» territorio; y siempre apoyaron a los enemigos de Siria independiente, tales como los USA, Israel y Arabia Saudí. El territorio sirio es clave para que el petróleo Saudí fluya hacia el Mediterráneo a través de un oleoducto, pero los gobiernos sirios de Bashar El Assad y antes de su padre Hafez El Assad siempre se opusieron a esas pretensiones porque siempre consideraron a Arabia una colonia USA. Como no podía ser de otra manera, los gobiernos de Francois Hollande y ahora de Emmanuel Macron, vuelven a lo mismo.

El peón de los EEUU Macron ha hecho algunas propuestas entre las cuales la más hilarante ha sido la de crear una «nueva Siria», es decir, una vieja Siria colonizada, aherrojada y maniatada por las potencias imperiales. Macron que sepamos no es sirio, pero sí es un imperialista francés. Más bien es un subimperialista, ya que al igual que todos los gobiernos franceses, con la excepción del de De Gaulle, han sido siempre un instrumento del imperio norteamericano. Pero Macron se equivoca: no es sirio y quiere subirse a un tren que ya no funciona a horario. Los USA están perdedores en Siria, al igual que Israel; pero Macron como buen lacayo, se hunde con su «señor».

70 años de planes imperialistas para destruir el corazón de Oriente Medio

Un cable del 13 de diciembre de 2006 publicado por WikiLeaks reveló (1) que cinco años antes del comienzo de la Primavera Árabe, Estados Unidos buscaba los puntos débiles del gobierno de Bashar Al-Assad que pudieran explotar para destruirlo. Un funcionario de la embajada de Estados Unidos en Damasco, William Roebuck, decía lo siguiente en el cable:

“Creemos que las debilidades de Bashar [Al-Assad] radican en la forma en que decide reaccionar ante cuestiones inminentes, tanto percibidas como reales, como el conflicto entre las medidas de reforma económica (por muy limitadas que sean) y las fuerzas corruptas y arraigadas, la cuestión kurda y la amenaza potencial para el régimen de la creciente presencia de extremistas islamistas en tránsito. Este cable resume nuestra evaluación de estas vulnerabilidades y sugiere que puede haber acciones, declaraciones y señales que el gobierno de Estados Unidos puede enviar para mejorar la probabilidad de que surjan tales oportunidades”.

Roland Dumas, antiguo ministro de Asuntos Exteriores de Francia, declaró que en 2009, dos años antes de que comenzase la Primavera Árabe, en Gran Bretaña le informaron de los planes que preparaban contra Siria, según declaró a la cadena de televisión francesa LCP:

“Yo estaba en Inglaterra dos años antes de estallase la violencia en Siria por otros motivos. Me reuní con altos funcionarios británicos, que me confesaron que estaban preparando algo en Siria. Esto fue en Gran Bretaña, no en América. Gran Bretaña estaba organizando una invasión de rebeldes en Siria. Incluso me preguntaron, aunque ya no era ministro de Asuntos Exteriores, si me gustaría participar. Naturalmente, me negué, dije que soy francés, eso no me interesa”.

“Esta operación se remonta a hace mucho tiempo. Estaba preparado, preconcebido y planeado”, añadió Dumas.


En 2007 el general Wesley Clark hizo una interesante revelación a Democracy Now (2) sobre una conversación que mantuvo con otro general del ejército de Estados Unidos, inmediatamente después de que la Casa Blanca tomara la decisión de atacar a Irak.

Clark le pregunta a su colega: “Vamos a la guerra con Irak? ¿Por qué?”

Él me dijo: “No lo sé. Supongo que no saben qué otra cosa pueden hacer”.

Así que le dije: “¿Encontraron alguna información que conectara a Sadam con Al-Qaeda?”

El otro le respondió: “No, no. No hay nada nuevo en eso. Acaban de tomar la decisión de ir a la guerra con Irak. Supongo que es como si no supiéramos qué hacer con los terroristas, pero tenemos un buen ejército y podemos derribar gobiernos. Supongo que si la única herramienta que tienes es un martillo, todos los problemas tienen que parecerse a un clavo”.

Unas semanas después Clark volvió a coincidir con aquel general cuando ya estaban bombardeando Afganistán y le preguntó: “¿Seguimos yendo a la guerra con Irak?”

El colega le respondió: “Oh, es peor que eso”. Se acercó a su escritorio, cogió un trozo de papel y dijo: “Hoy acabo de recibir esto de arriba”, es decir, de la oficina del Secretario de Defensa. Añadió: “Este es un memorándum que describe cómo vamos a destruir siete países en cinco años, comenzando con Irak, y luego Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán y, por último, Irán”.

Esos son los planes del imperialismo: Siria, el corazón de Oriente Medio, siempre ha sido uno de sus objetivos. Pero no es el único. Tienen la intención de destruir siete países de Oriente Medio y el norte de África. Comenzaron con Irak, siguieron con Siria, Líbano, Libia, Somalia, Sudán y, por último, tienen la intención de dar el gran bocado: Irán.

(1) https://wikileaks.org/plusd/cables/06DAMASCUS5399_a.html
(2) https://www.youtube.com/watch?v=9RC1Mepk_Sw

Oriente Medio: el imperialismo tensa pero no rompe la cuerda

Un soldado ruso monta guardia en Alepo
Cada vez son más los que sostienen que estamos en vísperas de una nueva guerra mundial. La situación mundial nunca ha sido tan explosiva; ni siquiera en los peores tiempos de Guerra Fría. Las noticias hablan de un inminente ataque estadounidense contra Siria que provocaría una respuesta de los aliados de Damasco, desencadenando así una escalada bélica.

Es el contexto típico de cualquier guerra: amenazas y contraamenazas, acusaciones mutuas y colapso total del Consejo de Seguridad de la ONU.

Sin embargo, este escenario no es nuevo; se viene repitiendo desde 2011 cada vez que el ejército regular sirio logra importantes avances militares, lo cual es un dato a tener en cuenta. El ejército regular sirio y sus aliados (Irán, Rusia, Hezbollah) son la columna vertebral de la resistencia contra el imperialismo en Siria y, por extensión, en Oriente Medio.

Desde que la Batalla de Alepo desequilibró el balance de fuerzas de manera definitiva sobre el terreno, los planes de los imperialistas y sus secuaces locales, se desploman uno tras otro y tratan de encubrirlo con montajes propagandísticos cada vez más burdos para distraer la atención.

Es propio de estúpidos creer que un ejército, como el sirio, que está ganando la guerra, incluso en los barrios de la Guta, decida utilizar armas tóxicas contra criminales que negocian un acuerdo de evacuación.

Esta tensión, lo mismo que la impuesta a Corea del norte recientemente, no significa que esté a punto de estallar una nueva guerra, y menos a escala internacional. Hasta la fecha el imperialismo viene recurriendo tanto a la intoxicación como a la tensión, manteniendo la presión hasta los últimos extremos, tanto en Oriente Medio (Siria) como el Extremo Oriente (Corea, China).

La experiencia acumulada durante la Guerra Fría lo que demostró es que la mayor parte de las veces al imperialismo le basta con mostrar y hacer exhibiciones de fuerza, más que en utilizarla. Cuestión diferente es que las potencias hegemónicas sean capaces de mantener una situación así, sin que se le vaya de las manos. Con la guerra no pueden jugar ni siquiera los ejércitos más poderosos, como el de Estados Unidos, que por su propia exhuberancia tienen tendencia a pasarse de rosca.

Para los imperialistas el riesgo es tanto mayor en cuanto que sobre el terreno se rodean de unos cómplices, especialmente Israel y Arabia saudí, que tienen su propios planes y han dado sobradas muestras de que intentan provocar a Estados Unidos para que vaya mucho más lejos. Da la impresión de que es eso lo que explica montajes reales o inventados, como el ataque tóxico del sábado pasado.

La llegada de Trump a la Casa Blanca está favoreciendo las provocaciones militares de Israel, que busca una guerra contra Siria e, indirectamente, contra Irán, en Oriente Medio, un propósito en el que coincide con los sátrapas saudíes. Ambos, sionistas y saudíes, creen que nunca van a tener una oportunidad mejor para sus propósitos que con Trump al frente del gobierno de Estados Unidos.

En particular, Israel esta jugando con fuego con ataques como el desencadenado contra el aeropuerto T4, que causó la muerte de sirios e iraníes.

Pero la experiencia demuestra también que en Oriente Medio no hay manera de mantener una guerra limitada, y ahora menos que nunca, cuando Siria y sus vecinos tienen el territorio más militarizado del mundo. Más en concreto: no hay manera de desatar un ataque a Siria sin entrar en guerra con Rusia, lo cual son palabras mayores.

El embajador ruso en Beirut ha advertido con claridad que su ejército responderá a cualquier ataque imperialista contra Damasco. Por su parte, a pesar de las amenazas de guerra de Trump, ahora mismo el Pentágono es reacio a un ataque así. A pesar de las agresivas acusaciones lanzadas contra Rusia, Estados Unidos ha eludido cuidadosamente un choque directo, para lo cual tienen abiertos numerosas canales, civiles y militares, a fin de evitar “malos entendidos”. El Pentágono prefiere seguir presionando a través de sus sicarios yihadistas y kurdos.

En la ecuación queda una incóginita, Turquía, cuya evolución diplomática no ha podido ser peor para los planes imperialistas. Erdogan no cae simpático a nadie, pero aún no ha acabado de jugar todas sus cartas, aunque todo indica que la OTAN no puede contar con quien hasta ahora con un ejército que hasta ahora había sido un perro muy fiel. Más bien al contrario, los negocios con Rusia van viento en popa, sobre todo en dos aspectos tan capitales, como los oleoductos y las centrales nucleares. A ello hay que unir, en el terreno político, una luna de miel en la que entra Irán.

En la última cumbre, Turquía ha admitido la derrota de los yihadistas en la Guta oriental y se ha comprometido a evacuar a los dirigentes -que son sus propios peones- hacia Jarablus.

A pesar de la verborrea, la escalada de la tensión en Oriente Medio es muy contenida, tanto que su objetivo se focaliza ahora en Irán, donde ya han emprendido las típicas acciones de desestabilización y protestas, al tiempo que Trump anunciaba su retirada del acuerdo nuclear.

El plan imperialista es el siguiente: una parte muy importante de los yihadistas que están abandonando Siria se están instalando en Afganistán en una región fronteriza con Irán, Baluchistán, poblada principalmente por sunitas. Es el talón de Aquiles de Irán y el foco de la desestabilización de los últimos meses.

Trump cancelará el acuerdo nuclear con Irán el próximo mes, coincidiendo con una nueva “primavera” de protestas al estilo de las de 2011 en los países árabes. A cambio de aflojar la trensión, los imperialistas exigirán que las unidades militares iraníes se retiren de Siria y Líbano. Sería una manera indirecta de aislar a Siria y Hezbolah y alejar el fantasma de una guerra generalizada.

Regresó a Brasil el papel tutelar de los militares

Ernesto López
La destitución del Dilma Rousseff se consumó el 30 de agosto de 2016.
Poco apegado a derecho, polémico y contumaz, el Senado concluyó un
proceso que había comenzado nueve meses antes. No existía prueba
suficiente sobre la implicación de la presidenta en el delito por el que
se la acusaba, que pudiera justificar su impeachment. Sin
embargo ocurrió. Un anticipo de lo que terminaría resultando pudo verse
en la sesión de la Cámara de Diputados que trató el asunto. Una mezcla
de insustancialidad y malicia, en ambos casos políticamente orientada
–aunque casi payasesca— fundamentó los votos. “Por mi esposa Paula”,
argumentó uno; “por mi nieto Gabriel”, explicó otro; “por la tía que me
cuidó de pequeño”, arguyó un cuarto; “por los militares del ’64” indicó
un quinto, y así de seguido. El capitán retirado y también diputado Jair
Bolsonaro, actual candidato a presidente, dedicó el suyo al coronel
Brilhante Ustra, un destacado torturador de la última dictadura militar
brasileña.
En este primer momento hubo algo así como una aquiescencia silenciosa
de los uniformados que hicieron llegar por vías no públicas sus
opiniones (o presiones) a diputados y senadores. Boaventura de Sousa
Santos calificó como neogolpe a lo sucedido e indicó: “Hay una
presencia no muy obvia, discreta pero evidente de los militares”, en
declaraciones que ofreció en medio del proceso a BBC Mundo (13/05/17).
Algunos analistas prefirieron hablar de golpe palaciego o legislativo y
otros –entre los que me cuento— de golpe blando. Es que la ausencia de
una participación activa de los uniformados que impusiera por la fuerza
una alteración del orden político vigente descartaba la figura clásica
del golpe militar.
La ofensiva contra Luis Ignacio Lula Da Silva, segunda fase
del ya consumado golpe blando (o como se prefiera llamarlo), no se
desenvolvió en el plano parlamentario sino en el judicial. Y en esta
oportunidad los militares han tenido un papel más perceptible.
Con el proceso contra el ex presidente ya iniciado, pasaron a operar
más abiertamente. El 17 de septiembre de 2017 el general Antonio
Hamilton Mourão, entonces a cargo de la Secretaría de Economía y
Finanzas del Ejército, desarrolló una conferencia realizada en Brasilia
ante una asociación masónica.
Mencionó en ella tres veces la palabra intervención con
referencia a los uniformados. En su parte más saliente afirmó: “O las
instituciones solucionan el problema político por la acción del Poder
Judicial retirando de la vida pública a esos elementos envueltos en
todos los ilícitos o entonces nosotros tendremos que imponer eso
[eufemismo que reemplaza a intervenir (E.L.)]. Entonces si tuviera que
haber, habrá [intervención]. Pero hoy consideramos que las
aproximaciones sucesivas tendrán que ser hechas”. Un tanto elíptico en
aquel entonces, este aviso –transmitido mediante una exposición oral, no
en forma escrita— se hace completamente claro hoy en día y revela una
elaborada maquinación. Ante tamaña expresión de un subordinado, el
general Eduardo Vilas Boas, comandante del Ejército, se mantuvo
impasible en aquel momento. Consultado por los medios se limitó a
elogiarlo en el plano profesional: “Es un buen soldado”, dijo. Mourão,
por su parte, no se detuvo. En diciembre de 2017 volvió a hacer una
defensa de la intervención militar como solución a la crisis política de
Brasil. Entre otras cosas aclaró que el Ejército podría desarrollar un
papel “moderador y pacificador”.
Lo ocurrido en estos días –la negativa del Supremo Tribunal Federal a conceder el hábeas corpus
al ex presidente y la casi inmediata decisión del juez Moro de disponer
su encarcelamiento— pone en evidencia que Mourão no era un antojadizo
opinador castrense sino el expositor de un plan preconcebido que se
había puesto en marcha. En su tramo final vinieron a corroborarlo las
palabras de Vilas Boas, dadas a conocer por Twitter el día previo a la
reunión (y a la decisión) del antedicho Tribunal: “Aseguro a la Nación
que el Ejército Brasileño busca compartir el anhelo de todos los
ciudadanos de bien, de repudiar la impunidad y de respetar la
Constitución, la paz social y la democracia, y el ejército se mantiene
atento a sus misiones institucionales”. Por la misma vía le respondieron
inmediatamente tres generales en actividad: “Tengo la espada al lado,
la silla equipada, el caballo listo y aguardo sus órdenes” (general
Chagas); “Comandante, estamos juntos en la misma trinchera” (general
Miotto); “Estamos juntos comandante” (general Freitas). Otros lo harían
un poco más tarde.
El mensaje estaba mandado. El momento crucial de la acción anunciado
por Mourão había llegado: el Poder Judicial en su más alta instancia
debía retirar de la vida pública a Lula. Sutil –malgré la
grosería de sus tres adláteres, que hacían público lo que el jefe del
Ejército camuflaba—, Vilas Boas, como al acaso, apretó el acelerador.
Anunció que el ejército estaba preparado para intervenir en caso de ser
necesario. La advertencia estaba a flor de agua: o las instancias
judiciales limpiaban el camino para que las instituciones políticas
aceptables retomaran el rumbo o el ejército intervenía. El círculo se
había cerrado y la presión sobre los altos magistrados se hizo muy
intensa. Finalmente fue conseguida la mayoría que se necesitaba para
denegar el hábeas corpus solicitado por la defensa de Lula:
seis a cinco a favor de esto último. (Queda para discernir con
prolijidad y un poco más de tiempo la coherencia del comportamiento de
esos once magistrados; da la impresión prima facie que uno de ellos/as cambió su voto respecto de desempeños anteriores.)
No es del todo sorprendente la actitud del ejército brasileño. El
politólogo norteamericano Alfred Stepan –fallecido en septiembre del año
pasado— dedicó dos de los cuatro capítulos de su acreditado libro Brasil: los militares y la política al
examen de lo que llamó la “pauta moderadora”, esa facultad tutelar,
arbitral e intervencionista de ser necesario que tuvieron los
uniformados entre 1945 y 1964 (años de la caída de Getulio Vargas y del
golpe militar respectivamente). Stepan invoca como antecedentes el
“poder moderador” reservado al emperador en el siglo XIX y algunas
disposiciones de la constitución de 1937 sancionada en tiempos de
Vargas. Dicha pauta caducó durante la larga dictadura militar por la
obvia razón de que los uniformados eran gobierno. Con el desarrollo de
la democracia, la propensión moderadora (o tutelar) menguó pero no
desapareció e hizo una progresiva rentrée ya en tiempos de los gobiernos del PT.
Da la impresión de que llegó para quedarse junto a otros giros
efectuados por los uniformados, como aceptar la realización de
ejercicios antinarcóticos combinados en la Triple Frontera amazónica con
Perú, Colombia y los Estados Unidos, asumir una participación sostenida
en el plano de la seguridad interior y aceptar sin objeciones una vía
de desenvolvimiento neoliberal abierta, por ejemplo, a la explotación
privada del petróleo off shore y de los minerales amazónicos. Son todas decisiones castrenses que se entrelazan con la re-asunción plena del papel tutelar.
Habrá que ver cómo termina de desovillarse el hilo de los
acontecimientos en curso. Aun en el peor de los escenarios habrá
elecciones generales en octubre próximo y en este terreno no está dicha
aun la última palabra.

‘El Imperio Británico será petróleo o no será nada’

El año pasado no sólo se celebró el centenario de la Revolución de Octubre sino otros dos centenarios trascendentales, el Tratado de Sykes-Picot y la Declaración Balfour, para comprender el imperialismo y la historia de Oriente Medio en el siglo pasado.

Es una redundancia decir que no es posible entender los acontecimientos más recientes de Oriente Medio sin esos tres fenómenos. El Tratado Sykes-Picot se firmó 16 de mayo de 1916 en secreto y la Declaración Balfour el 2 de noviembre de 1917, sólo cinco días antes de la Revolución de Octubre.

El Tratado Sykes-Picot es el reparto del Imperio Otomano, es decir, de Oriente Medio, tras su derrota en la Primera Guerra Mundial por las potencias vencedoras, Gran Bretaña y Francia fundamentalmente.

La Declaración Balfour es una carta mecanografiada de 122 palabras dirigida por Arthur James Balfour a Rothschild, sin ninguna condición oficial.

A diferencia del Tratado, que tenía un carácter general, la carta establece los fundamentos de la hegemonía británica de 1920 a 1948 sobre una parte de Oriente Medio, Palestina, cuyas consecuencias deberían ser ampliamente conocidas porque se cuenta por cientos de millones de muertes, sólo de momento.

El imperialismo británico pretendía convertir a Oriente Medio y Palestina en una plaza fuerte en la ruta hacia la “joya de la Corona”, la India, protegiendo el Canal de Suez. El diseño de las fronteras de Oriente Medio, que surgen entonces, incluida la destrucción de Palestina, tiene ese objetivo.

Las fronteras geográficas van acompañadas de las religiosas. El imperialismo no sólo promociona los diferentes derivados wahabitas (takfiristas, salafistas) sino sus simétricos judíos: el sionismo.

Sus víctimas, pues, no sólo son los árabes o los musulmanes, sino los propios judíos. Entre otros, son Herzl y los sionistas los que promueven el antisemitismo para sacar adelante sus propios proyectos políticos, que son los del imperialismo.

El sionismo comparte, pues, un rasgo fundamental con el yihadismo actual que la ideología dominante -que es imperialista- presenta de manera invertida, como es habitual en todos los formatos ideológicos de la conciencia, sea política o religiosa: no fue la presión del sionismo la que dio origen a la Declaración Balfour sino al revés: la Declaración Balfour convirtió al sionismo un movimiento político porque obtuvo el respaldo del imperialismo hegemónico del momento, que era el británico.

Hasta ese momento, el sionismo sólo interesaba a una minoría judía, principalmente de Europa central y oriental, incluida Rusia, que se enfrentaba a toda Europa occidental y Estados Unidos.

Petróleo y Oriente Medio

Es casi un tópico aludir al petróleo cuando se habla de Oriente Medio, relacionándolo con la expansión del automóvil. Pero no es exacto: hace 100 años el carácter estratégico del petróleo derivó de la decisión tomada por el Almirantazgo británico a principios del siglo XX de reconvertir los buques de la Marina de Guerra, que hasta entonces se habían alimentado de carbón, al gasóleo.

Al frente del Almirantazgo, en 1911 Churchill creyó que la decadencia británica, que era económica y política, podía tener un remedio técnico en el cambio de los motores de propulsión. El imperio dependía de la marina y, a su vez, la marina dependía de los nuevos motores, de los que Alemania aún no disponía.

Pero en las islas no había petróleo y en julio de 1913 Churchill declaraba en la Cámara de los Comunes con una claridad meridiana:

“Sin petróleo, Inglaterra ya no recibirá maíz, algodón ni ningún otro material necesario para el funcionamiento de su economía.

“El Almirantazgo debe ser capaz de controlar el petróleo en origen; debe ser capaz de extraer, refinar y transportar el petróleo. En resumen, el Imperio Británico será petróleo o no será nada”.

El petróleo, pues, nunca ha sido en Oriente Medio un fin en sí mismo, ni una forma de lucro capitalista, sino un instrumento de la hegemonía, que es militar.

Estados Unidos tomó buena nota. A partir de 1925 lanza sus principales empresas petroleras y tras la Segunda Guerra Mundial firma con el rey Ibn Saud el llamado Pacto del Quincy (14 de febrero de 1945).

Las empresas estadounidenses obtuvieron la explotación de las mayores reservas de hidrocarburos del mundo a cambio de la protección de una dinastía beduina que no tenía legitimidad para reclamar la gestión de los lugares sagrados del islam, que son La Meca y Medina.

El pacto fundacional de Arabia saudí moderna se basa en un Golpe de Estado cuyos cimientos fueron puestos por el Servicio de Inteligencia británico.

Desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial, Londres había confiado en Hussein, un dirigente tribal hachemita, es decir, descendiente de Mahoma al que los otomanos le habían encargado la custodia de los lugares santos. Se casó con la hija de un alto funcionario turco y estuvo sostenido por el Imperio Otomano… hasta que los británicos empezaron a utilizarlo contra el Imperio Otomano.

Londres le prometió que él y sus hijos Alí, Abdalah y Faysal reinarían sobre los Estados independientes (Siria, Irak, Jordania) creados tras el reparto de los despojos del Imperio Otomano.

Sin embargo, para sostener la ficción de la unidad árabe, los imperialistas le hablaron de un una gran federación gobernada desde La Meca o Damasco.

Los 300.000 árabes que lucharon en las filas del ejército otomano durante la Primera Guerra Mundial siguieron siendo leales al Imperio; los que se unieron al imperialismo y a su lacayo Hussein fueron una minoría insignificante, unos pocos miles de desertores dispuestos a enfrentarse con otros árabes. Todo lo contrario de la versión Hollywood sobre Lawrence de Arabia.

En sus memorias, el propio Lawrence reconoció:

“Entendí que si ganábamos la guerra, las promesas hechas a los árabes serían papel mojado. Si hubiera sido un consejero honesto, debería haber enviado a mis hombres a casa en lugar de dejarlos arriesgar sus vidas en estas historias dudosas.

“Pero, ¿no fue el entusiasmo árabe nuestra mejor baza en la guerra de Oriente Medio? Por eso les dije a mis compañeros de lucha que Inglaterra cumplía la letra y el espíritu de sus promesas. Lucharon valientemente confiados en ello. Para mí, lejos de estar orgulloso de lo que hacíamos juntos, nunca dejé de sentir una amarga vergüenza”.

Pero Roma no paga a los traidores. Londres se olvidó pronto de los hachemitas y poco a poco se volvió hacia los saudíes, que eran aún más sumisos. Un engaño seguía a otro y lo mismo ocurría con las traiciones.

Sólo quedaba silenciar a los testigos incómodos, como el famoso Lawrence de Arabia que en 1935 tuvo un oportuno “accidente” que le acalló para siempre. Es imposible no sospechar de la mano asesina del Servicio de Inteligencia británico.

Más información:

— El fin del Pacto del Quincy
— El wahabismo va de la mano del imperialismo

La población de Raqqa crea una milicia para atacar las bases imperialistas en el norte de Siria

“No se relajen de día ni de noche: nuestras armas les alcanzarán donde sea que se encuentren”, advirtió la milicia popular de Raqqa autodenominada “La Ira del Éufrates” en un comunicado.

Dicha milicia lanzó proyectiles de mortero contra la base del ejército de Estados Unidos en la localidad de Ayn Issa, a 70 kilómetros al norte de Raqqa, según informó ayer el movimiento a través de un comunicado.

“Tras las actividades de inteligencia”, la milicia efectuó esta noche “una operación especial” contra la base militar de Estados Unidos, situada en el norte de Siria, asegura la declaración.

En el marco de la operación, dispararon varios proyectiles de mortero “contra blancos individuales, sin que se registraran víctimas en nuestro bando”, detalla la milicia.

El comunicado explica que los combatientes de la resistencia no tolerarán la presencia de “fuerzas de ocupación de Estados Unidos, Turquía ni de sus aliados en el norte de Siria”. “No se relajen de día ni de noche: nuestras armas les alcanzarán donde sea que se encuentren”, asevera la milicia, subrayando a continuación que “la operación ‘La Ira del Éufrates’ ha comenzado”.

La milicia popular de Raqa fue creada el pasado 26 de marzo para promover un levantamiento contra la presencia de las fuerzas estadounidenses y demás imperialistas en la provincia.

Según explicó el jefe del principal mando operativo del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Rusia, Serguei Rudskoi, el mando de las Fuerzas Democráticas Sirias y el gobierno municipal designado por los imperialistas no son capaces de resolver la situación humanitaria, mientras que la represión, las exacciones y la movilización forzosa desencadenan un importante descontento de la población local.

En otro operativo, el jueves por la noche un grupo desconocido activó un explosivo al paso de un vehículo de las fuerzas de ocupación en Manbij que acabó con la vida de un militar estadounidense y otro británico e hirieron a otros cinco militares, según una información oficial del Pentágono.

Por su parte, el Ministerio de Defensa británico confirmó el operativo “con pesar”, añadiendo que el soldado británico se había integrado en las fuerzas estadounidenses, por lo que es posible que se tratara de un mercenario.

Ninguna organización reivindicó la autoría del ataque.

Níger: cabeza de puente de Estados Unidos en África

La emboscada de Níger
Bob Woodward

Con 800 soldados estadounidenses y una gran base de vehículos aéreos no tripulados desplegada en su territorio, Níger es la cabeza de puente de las fuerzas estadounidenses para luchar contra los grupos armados islamistas en África occidental. La emboscada que se cobró la vida de cuatro soldados estadounidenses a principios de octubre reveló la magnitud de esta presencia militar y provocó controversia en Estados Unidos, lo que llevó al ejército a revelar cifras y justificar su compromiso.

En total, 6.000 soldados americanos están desplegados en el continente africano, pero una gran parte de ellos vigilan las embajadas. Las fuerzas especiales son especialmente activas contra los grupos yihadistas. La fuerza de estas tropas de élite (de varios cuerpos del ejército estadounidense) aumentó de 450 en 2012 a 1.300 en 2017.

El jefe de estado mayor de los ejércitos estadounidenses, el general Joe Dunford, reveló que Níger es actualmente el hogar de la mayor fuerza estadounidense en África. La elección de este país se justifica en primer lugar por motivos geoestratégicos. Níger está cerca de dos grandes amenazas, Boko Haram y Al-Qaeda del Magreb Islámico (AQMI), explica una fuente de seguridad en la región. Los yihadistas nigerianos de Boko Haram y AQMI, cuyas células operan en toda la zona del Sahel son, de hecho, los dos grupos más activos de África occidental.

Además, “Washington tiene acuerdos políticos con Niamey”, dijo la fuente. Níger ha permitido la construcción de una importante base americana de UAV en Agadez, en el centro del país, cuyo coste se estima en cien millones de dólares y que dota a Estados Unidos de una plataforma de vigilancia puntera. Los norteamericanos, por su parte, entrenaron y equiparon a un batallón del ejército nigeriano y “realizan muchas misiones conjuntas”, según la fuente de seguridad.

Otra ventaja: Níger es percibido como un país relativamente estable políticamente, en comparación con sus vecinos. Frontera de Libia en el norte, Nigeria en el sur y Malí en el oeste, Níger, cuyo territorio es en su mayor parte desértico, es también el corazón de muchos tráficos en África occidental: drogas, armas, migrantes ilegales y mercancías de todo tipo. Una fuente militar francesa señala que “las redes terroristas se financian mediante el tráfico”. La lucha contra este tráfico permite agotar las fuentes de financiación de los grupos yihadistas.

El lunes 23 de octubre de 2017 el general Dunford dijo que Estados Unidos reforzaría aún más su presencia, porque África es uno de los lugares donde el Califato islámico espera reforzar su presencia. Según el ejército estadounidense, la emboscada en la que murieron los cuatro soldados estadounidenses fue perpetrada por un grupo vinculado al Califato islámico.

El despliegue americano en Níger parece complementario al de las fuerzas francesas estacionadas en el Sahel para la operación antiyihadista Barjan. Unos 4.000 soldados franceses están desplegados en varios países de África occidental, principalmente en Chad y Malí. En particular, el ejército estadounidense proporciona asistencia de inteligencia al ejército francés.

Los estadounidenses parecen estar avanzando hacia una mayor actividad militar, según dijeron el viernes el general Dunford y la senadora republicana Lindsey Graham. “Vamos a ver más acción en África”, dijo a la prensa tras una entrevista con el Secretario de Defensa de Estados Unidos, James Mattis.

http://www.decryptnewsonline.com/2018/03/le-niger-tete-de-pont-des-etats-unis-en-afrique.html

Más información:

– La ‘guerra contra el terrorismo’ esconde la rivalidad imperialista en África
– Grandes manifestaciones contra el imperialismo en varias ciudades de Níger
– ¿A qué se dedican las tropas estadounidenses desplegadas en el Sahel africano?
– La expansión militar de Estados Unidos en África
– Las tropas del Pentágono que operan en África utilizan la base de Morón de la Frontera
 

Espías, mamadas y desinformación: Washington es la capital mundial de la degeneración

Nader: un pedófilo al servicio de Washington
Al antiguo director del FBI, Robert Mueller, le encargaron la “investigación” sobre la injerencia de Rusia en las elecciones que llevaron a Trump a la Casa Blanca.

Uno de los testigos de Muller en esa “investigación” era George Nader, un empresario de origen libanés que en 2003 fue condenado por pedófilo. Pagó 100 dólares a un niño para que le hiciera una mamada en el Hotel Hilton de Praga, la capital checa (1).

La sentencia fue tan benévola, un año de cárcel, que no queda más remedio que sospechar sobre las poderosas influencias de Nader, sobre todo teniendo en cuenta que los jueces reconocieron que entre 1999 y 2002 había ofrecido dinero, móviles y joyas a otros niños a cambio de prestaciones sexuales.

Gracias a sus contactos, hasta ahora Nader siempre ha salido muy airoso de las acusaciones de pedofilia. En Washington en 1985 fue acusado de pornografía infantil, pero le retiraron los cargos.

Al destaparse la pedofilia de Nader, es evidente que para “demostrar” la injerencia de Rusia en las elecciones, a falta de algo mejor, Mueller estaba chantajeando al pedófilo, es decir, el típico estilo policial de las películas de Hollywood para fabricar testigos “ad hoc”, de esos que son capaces de colaborar en el montaje más inverosímil.

Nader ha desempeñado varias misiones oscuras en Oriente Medio. Estuvo en la Torre Trump junto con Steve Bannon y Jared Kushner en una reunión con el príncipe emiratí Mohammed bin Zayed y en otra con él y con Erik Prince, el multimillonario dueño de la empresa de mercanarios Blackwater, en las islas Seychelles.

En esta segunda reunión también estaba presente Kiril Dimitriev, un banquero ruso al que Mueller considera como “próximo” a Putin.

A finales de 2015, el pedófilo organizó otra reunión, no menos oscura, en un yate en el Mar Rojo con varios dirigentes árabes (2) para crear un grupo regional de seis países árabes para sustituir a la Liga Árabe y al Consejo de Cooperación del Golfo.

Allí estaban los elegidos para la gloria, dispuestos a convertirse en los más leales a la Casa Blanca: Mohammed bin Salman por Arabia saudí, el citado Mohammed bin Zayed por Abu Dhabi, Abdel Fattah Al-Sisi por Egipto, el príncipe Salman heredero de Bahrein y el rey Abdallah de Jordania.


(1) http://www.dailymail.co.uk/news/article-5503595/Nader-Muellers-latest-cooperator-convicted-pedophile.html
(2) http://www.middleeasteye.net/news/george-nader-yacht-how-mbs-salman-red-sea-summit-mbz-sisi-plotted-qatar-turkey-jordan-saudi-gcc-arab-league-867425259

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