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Las operaciones secretas del espionaje británico para apoyar a los terroristas sirios durante la guerra (3)

En el otoño de 2013 Gran Bretaña reorientó su campaña de apoyo a los terroristas sirios. Según el periódico The Guardian, el gobierno británico proporcionó 2,4 millones de libras esterlinas (unos 2,75 millones de euros) a empresas privadas de mercenarios para prestar apoyo estratégico a los medios de comunicación de los grupos que combatían en Siria.

Jaysh Al-Islam (Ejército del Islam), una coalición formada por unas 50 facciones yihadistas financiada por Arabia Saudí, fue uno de los grupos clasificados por Gran Bretaña como parte de la “oposición armada moderada”.

A finales de 2013 el espionaje británico y estadounidense se reunió en secreto en Ankara con los dirigentes de algunos grupos yihadistas para forjar una nueva alianza entre ellos. El diario Telegraph señaló que durante las discusiones, los terroristas exigieron la creación de un Estado confesional gobernado por la shariá, mientras las fuerzas laicas iban perdiendo terreno.

Aunque no sabemos con qué grupos yihadistas se reunieron los espías británicos, parece que en aquel período surgió una nueva coalición, el Frente Islámico, que incluía a Jaysh Al-Islam y Ahrar Al-Sham, que cooperaron regularmente con el Frente Al-Nosra y el Califato Islámico hasta enero de 2014. El cofundador de Ahrar Al-Sham, Abu Jaled Al-Suri, fue representante de Al-Qaeda en Siria antes de ser asesinado en febrero de 2014; una serie de transferencias de dinero y contactos personales le relacionan con los atentados de Atocha de 2004.

Durante los primeros años de la guerra las operaciones secretas británicas y estadounidenses estaban centradas en derrocar a Assad. Estados Unidos comenzó sus ataques aéreos contra el Califato Islámico en Siria en septiembre de 2014. No he encontrado ninguna prueba del entrenamiento británico de la oposición siria para combatir al Califato Islámico hasta mayo de 2015, cuando Londres envió 85 soldados a Turquía y Jordania para entrenar a los terroristas en la lucha contra Assad.

En julio de 2015 Gran Bretaña estaba entrenando sirios en Arabia Saudí, Turquía, Jordania y Qatar para luchar contra el Califato Islámico, pero la guerra contra Assad continuaba.

Durante varios años las operaciones desplegadas por los británicos con sus aliados en Siria incluyeron la creación y el apoyo a grupos yihadistas. En 2016 el antiguo embajador británico en Siria, Peter Ford, dijo a una comisión parlamentaria de investigación que la existencia de grupos “moderados” en la oposición armada era “en gran medida imaginaria”.

Aunque el “Ejército Libre de Siria” tenía algunas unidades laicas, fue un aliado de hecho del Califato Islámico hasta finales de 2013 y colaboró con dicha organización en el campo de batalla hasta 2014, a pesar de las tensiones entre ambos grupos. “Tenemos buenas relaciones con nuestros hermanos en el Ejército Libre de Siria”, dijo Abu Al-Atheer, dirigente del Califato Islámico en 2013 tras comprarles sus armas.

(Extractos del libro “Secret Affairs: Britain’s Collusion with Radical Islam” publicado este año por Mark Curtis)

Abu Jaled Al-Suri, representante de
Al-Qaeda en Siria y fundador de Ahrar Al-Sham, relacionado con los atentados de Atocha de 2004

Las operaciones secretas del espionaje británico para apoyar a los terroristas sirios durante la guerra (2)

La formación de terroristas por parte de Reino Unido en bases en Jordania para luchar contra Assad fue autorizada entonces por informes de que las fuerzas especiales que operaban desde esas bases “probablemente” habrían sido enviadas a Siria para ejecutar misiones militares. En agosto de 2012 la base militar y de inteligencia británica en Chipre también proporcionó inteligencia al “Ejército Libre de Siria” a través de Turquía, mientras que Reino Unido proporcionó teléfonos satelitales a los grupos terroristas para coordinar las operaciones militares.

Por su parte, el Ministerio de Asuntos Exteriores enseñó técnicas de negociación y estabilización a los dirigentes yihadistas y les asesoró sobre cómo debían dirigirse al pueblo sirio y al público internacional.

Estados Unidos era plenamente consciente de que la mayoría de las armas proporcionadas por sus aliados saudíes y qataríes estaban llegando a yihadistas terroristas y no a los grupos más laicos de la oposición. Sin embargo, la participación de Estados Unidos y Gran Bretaña en la guerra se intensificó aún más en noviembre de 2012, cuando en una conferencia en Qatar de los “amigos” de Siria, un grupo de países opuestos a Assad, Gran Bretaña anunció que estaba tratando de organizar a los terroristas sirios en una fuerza de combate efectiva.

El secretario de Asuntos Exteriores, William Hague, estudió la posibilidad de establecer un gobierno interino en el norte de Siria y reunir a las fuerzas de la oposición siria sobre el terreno para derrocar a Assad.

Dos días después, el general David Richards, jefe del Estado Mayor del ejército británico, convocó una reunión en Londres para intensificar el armamento de la oposición. Poco después Estados Unidos coordinó un transporte aéreo de 3.000 toneladas de armas para el “Ejército Libre de Siria” desde Croacia, con la ayuda de Gran Bretaña y otros Estados europeos, una iniciativa pagada por Arabia saudí.

Lord Ashdown, el dirigente de los Liberales Demócratas, afirmó más tarde que esta enorme cantidad de armas terminó “casi exclusivamente” en manos de los grupos terroristas más radicales. El Frente Al-Nosra y otro grupo yihadista islamista, Ahrar Al-Sham, incautaron algunas de las armas suministradas al “Ejército Libre de Siria”, mientras que otras fueron recuperadas por miembros del Califato Islámico en el vecino Irak.

Gran Bretaña estuvo estrechamente asociada al programa “Timber Sycamore” de Obama, iniciado en abril de 2013, que se convirtió en la principal operación estadounidense para suministrar armas y entrenamiento a los terroristas sirios. Las salas de mando de Turquía y Jordania, gestionadas por funcionarios de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Gran Bretaña, Turquía, Francia, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, suministraron misiles y cohetes antitanque a diversos grupos de la oposición.

Una vez más, muchas de las armas cayeron en manos del Califato Islámico y Al-Qaeda, a veces después de haber sido comercializadas en el mercado negro. Estados Unidos gastó más de mil millones de dólares en la Operación “Timber Sycamore”, que Trump clausuró en 2017, cuando quedó en evidencia que todo el esfuerzo había sido inútil.

(Extractos del libro “Secret Affairs: Britain’s Collusion with Radical Islam” publicado este año por Mark Curtis)

Las operaciones secretas del espionaje británico para apoyar a los terroristas sirios durante la guerra (1)

Durante más de seis años Reino Unido ha ejecutado operaciones secretas con sus aliados para derrocar al Presidente Bashar al-Assad, y esa política contribuyó a prolongar y radicalizar una terrible guerra. Pueden pasar varios años antes de que se conozca toda la historia de esta operación secreta, pero algunos elementos ya se pueden reconstruir.

El Reino Unido y sus aliados vieron la oportunidad que durante mucho tiempo habían buscado para eliminar un régimen nacionalista independiente en la región y fortalecer su control general sobre el Oriente Medio.

En la primavera de 2011 Qatar comenzó a enviar armas a grupos de oposición en Siria con la aprobación de Estados Unidos. En pocas semanas, el gobierno de Obama recibió informes de que estas armas estaban llegando a los grupos terroristas. En noviembre el agente de la CIA Philip Giraldi escribió que a Turquía llegaban “aviones de combate no identificados de la OTAN”, que transportaban armas y que 600 cazas despegaron de Libia para apoyar al “Ejército Libre de Siria”.

El MI6 británico y las fuerzas especiales francesas ayudaron a los terroristas sirios y evaluaron sus necesidades de entrenamiento, armamento y comunicación, mientras que la CIA proporcionó equipo de comunicación e inteligencia. 

El gobierno de David Cameron inició la operación secreta en Siria después de que acabara de derrocar a Muammar Gaddafi en Libia, donde también trabajó junto a los yihadistas. Algunos de los terroristas libios que se unieron a los yihadistas sirios fueron entrenados por fuerzas británicas, francesas o estadounidenses en Libia para luchar contra Gaddafi. Algunos de ellos se unieron más tarde al Califato Islámico o a la filial de Al-Qaeda en Siria, el Frente Al-Nosra, que se convirtió en el grupo terrorista sirio más poderoso.

Gran Bretaña participó en una red de transporte de armas entregadas a Siria desde Libia a través del sur de Turquía, que fue autorizada a principios de 2012 tras un acuerdo secreto entre Estados Unidos y Turquía. Revelado por el periodista Seymour Hersh, el proyecto fue financiado por Turquía, Arabia saudí y Qatar, mientras que la CIA, con el apoyo del MI6, era responsable del transporte de armas desde los arsenales de Gaddafi hasta Siria.

La operación no fue revelada a las comisiones de inteligencia del Congreso de Estados Unidos, lo cual es necesario por la ley de Estados Unidos, y la participación del MI6 permitió a la CIA eludir la ley al clasificar la misión como una operación de enlace.

Hersh señaló que un gran número de terroristas en Siria que finalmente recibieron las armas eran yihadistas, algunos de los cuales estaban afiliados a Al-Qaeda. Qatar, principal aliado de Reino Unido en el derrocamiento de Gaddafi y que recuperaba su papel en Siria, ha estado suministrando armas y dinero al Frente Al-Nosra. El diario Telegraph informó de los comentarios de un diplomático de Oriente Medio de que Qatar era responsable del hecho de que el Frente Al-Nosra tuviera dinero, armas y todo lo que necesitaba parea la guerra.

En 2012 el ejército británico desarrolló planes para formar un ejército de 100.000 terroristas sirios “moderados” con el objetivo de derrocar a Assad, que iba a avanzar sobre Damasco bajo la cobertura aérea occidental y de los países del Golfo. Cameron fue informado de que esta iniciativa de extracción, equipamiento y formación tardaría un año en desarrollarse, pero el Consejo de Seguridad Nacional Británico rechazó la idea por considerarla demasiado arriesgada.

El plan estadounidense de formar una gran fuerza terrorista siria, que apareció en 2013, ha sido descrito como un eco de aquel plan británico.

(Extractos del libro “Secret Affairs: Britain’s Collusion with Radical Islam” publicado este año por Mark Curtis)

Es EEUU quien ha activado la ofensiva judicial contra Cristina Kirchner

El periodista económico Roberto Navarro
El conductor del digital argentino El Destape, Roberto Navarro, advirtió sobre el brutal ajuste que va a llevar a cabo el Gobierno de Mauricio Macri para este año y el próximo que perjudicará a los beneficiarios de planes sociales y jubilados, pero además, reveló qué hay detrás de la operación de los “cuadernos de la corrupción”.

En su editorial de todos los domingos, el periodista recordó cómo viene cayendo la imagen del presidente Mauricio Macri que alcanzó una caída de 15 puntos y cómo afecto la investigación del mismo medio, Juan Amorín, sobre una trama de falsos aportantes a la campaña de la sucesora de Macri y actual gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, donde se habría blanqueado enormes sumas de dinero para que ganara al candidato del kirchnerismo, Aníbal Fernández.

¿Y qué haces? Tenés que armar un circo gigantesco, una enorme farsa, la farsa más grande, jugarte hasta los últimos cartuchos porque estas a todo o nada aunque eso te lleve a romper con algunos sectores y pongas en peligro tu propia estabilidad porque te peleas con los grandes empresarios pero hay un muy grande que esta atrás tuyo y te banca”, lanzó Navarro.

Adelantó que para el Gobierno “el tema primero es llegar al 2019 y después enfrentar a Cristina” que comenzó a subir en las encuestas y se posiciona con la dirigente con mayor intención de voto.

Ante la investigación de “las fotocopias de la corrupción” que desató una ola de detenciones de ex funcionarios y empresarios vinculados al anterior gobierno, el conductor advirtió: “El fin es acabar con Cristina. En la obra pública al fin y al cabo hace 100 años que hay coima [soborno], no está bien, está para la mierda pero lo que nunca voy a pensar que el debate nacional pasa por ahí, por quién recibe más coima”.

Puntualizó que “solo el 7% del presupuesto va destinado a obra pública” y arremetió que la causa de “los cuadernos de la corrupción” tiene como fin “cambiar el eje, frenar a Cristina, asustar pero no hay ninguna prueba”. Para Navarro, el plan es idéntico al operativo Lava Jato, por el cual ha sido encarcelado el ex presidente brasileño Lula da Silva, y que evidentemente es el gobierno de Estados Unidos el principal interesado en evitar que se revierta en la región el ascenso de gobiernos de la derecha latinoamericana.

Toda la batalla es mediática y el objetivo es convencerte a vos que el tema de la semana es la obra pública y que la culpa la tiene la yegua”, sentenció.

El enigmático asesinato de tres periodistas rusos en la República Centroafricana

El 31 de julio tres periodistas rusos, Orhan Dzhemal, Alexander Rastorguyev y Kirill Radchenko fueron asesinados en la República Centroafricana, en una zona controlada por las milicias Seleka (musulmanes).

Desde hace años el país, como otras regiones estratégicas de África, está sumido en un baño de sangre, como consecuencia de los enfrentamientos provocados por los colonialistas franceses entre cristianos (Anti-Balaka) y musulmanes (Seleka).

En una entrada publicada en mayo (1) ya informamos de que Rusia había empezado a colaborar con el gobierno de Bangui, mientras que Francia apoyaba a las fuerzas Seleka que, junto con Estados Unidos, se esfuerza por evitar la llegada de Rusia, tanto como de China.

En este contexto es en el que ocurre el triple asesinato, cuyo escenario no puede ser más oscuro y se presta a toda clase de interpretaciones.

Según Kazagui, ministro portavoz del gobierno centroafricano, los periodistas rusos no se acreditaron como tales, ni ante el gobierno centroafricano, ni ante la embajada rusa, ni ante ninguna otra autoridad. Tenían visados de turistas, lo cual es muy extraño en un país en plena guerra civil.

Los rusos viajaban con un vehículo con un conductor local al que detuvieron en un control de carreteras impuesto por los milicianos y que fue el único en liberarse de la muerte, por lo que los asesinos dejaron un testigo excepcional, y además herido, lo que no es muy común.

También demuestra que los asesinos tenían bien localizados a sus objetivos, aunque el portavoz centroafricano dice que el objeto del crimen fue el robo de los equipos de rodaje que llevaban los periodistas, lo que no es de recibo. Más bien parece un crimen político.

A partir de ahí, el relato tiene muy pocos hechos verosímiles. La versión del gobierno centroafricano se basa en la declaración del conductor del vehículo: uno de los periodistas fue asesinado de inmediato y los otros dos murieron como resultado de sus heridas. El primero se opuso violentamente a los hombres armados que querían robarles su equipo.

Los farsantes de Reporteros Sin Fronteras apoyan la versión oficial porque ocurrió en una zona peligrosa, ha explicado Arnaud Froger, responsable para África de la ONG. Quieren echar tierra encima del asunto, un versión se adaptan al papel que cada país juega en África como un guante a la mano.

Hay que poner más naipes encima de la mesa. Por ejemplo, El Periodico aporta (2) varios datos fundamentales: los periodistas rusos habían sido enviados a África por una organización financiada por el oligarca Jodorkovsky para investigar a Wagner, la empresa rusa de mercenarios que, como ya dijimos, se encarga de la seguridad del Presidente del país centroafricano.

Anteriormente los tres periodistas habían trabajado en las campañas de la oposición a Putin, en la Guerra de Chechenia  y en la parte ucraniana del Donbas. Por lo demás, la empresa rusa Wagner está involucrada en las guerra del Donbas y Siria, aunque no tiene existencia legal en Rusia.

Jodorkovski ha sido condenado por los tribunales rusos por sus fraudes en el Caso Yukos y es de los que no ha descansado ni un momento en su campaña contra Putin, financiando varias plataformas de la oposición, en particular la organización que envió a estos tres periodistas a la República Centroafricana.

Parece obvio que los periodistas asesinados hacían un trabajo “de encargo” no a favor de Rusia sino contra su presencia en África, posiblemente para orquestar una de esas campañas de desinformación con las que nos vienen inundando últimamente.

En los últimos años Rusia ha fortalecido su influencia en África. Suministra armas al ejército centroafricano, entrena a los batallones de la ONU y ejerce de guardaespaldas del Presidente centroafricano. Empieza a ocupar mucho espacio en un territorio tradicionalmente acotado por los colonialistas europeos de siempre.

Queda reseñar las versiones autóctonas, como la del periódico Palmares Centrafrique, clara y contundente a más no poder, todo un signo del despertar africano (3). Para el periódico los tres periodistas fueron primero secuestrados, luego interrogados y torturados antes de ser ejecutados.

Pero si tratas de robarle a alguien sus pertenencias, no necesitas ni secuestrarle ni interrogarle ni torturarle.

Los africanos lo tienen muy claro: el crimen “es el resultado del trabajo sucio de Francia, que apoya activamente a pequeños grupos musulmanes contra el poder y no puede aceptar la influencia de Rusia en la zona”, dicen.

“Está claro que Francia está detrás de las crisis perpetuas que paralizan la República Centroafricana. Durante mucho tiempo ha sido la aliada incondicional de las rebeliones, incluida la de Seleka, que acaba de golpear con fuerza con el asesinato de los tres periodistas rusos en una zona controlada por Seleka”, añaden.

(1) Moscú pone un pie en la República Centroafricana
(2) https://www.elperiodico.com/es/internacional/20180802/asesinados-periodistas-seguian-mercenarios-rusos-africa-6973043
(3) http://palmarescentrafrique.com/centrafrique-assassinat-de-trois-journalistes-russes-un-jeu-de-la-france/

Lenin: la transformación de la guerra imperialista en guerra civil

El derrotismo es un concepto que habitualmente se emplea en un sentido negativo, como pesimismo. El derrotista se rinde antes de empezar la batalla.Sin embargo, durante la guerra ruso japonesa de 1905, la Segunda Internacional defendió la derrota del zarismo, que en el caso de los marxistas rusos suponía la derrota de su propio país, e incluso más: la derrota de todo un continente, la vieja y reaccionaria Europa, frente al Asia emergente, escribió Lenin.

El movimiento obrero internacional defendió esta postura a pesar de que se trataba de una guerra de naturaleza imperialista, una situación que se reprodujo en 1912, ya antes de estallar la Primera Guerra Mundial.

A partir de entonces el derrotismo adquirió un nuevo significado: positivo, internacionalista y revolucionario, aunque la Segunda Internacional se deshizo de él, pasando a ser asumido exclusivamente por los leninistas. Ante la guerra imperialista los revolucionarios asumen, pues, una postura que no tiene nada que ver con la de ninguna otra organización política.

Según la conocida caracterización de Clausewitz, la guerra es la continuación de la política por otros medios. Por lo tanto, no todas las guerras son iguales. Hay que analizar la naturaleza de cada una de ellas en concreto, decía Lenin: “Hay que situar esta guerra [la Primera Guerra Mundial] en las condiciones históricas en que transcurre. Sólo entonces se puede determinar la actitud ante ella”.

“La actitud ante la guerra debe ser distinta en momentos diferentes”, añade Lenin, porque su carácter cambia con el tiempo. Mientras las guerras del siglo XIX fueron revolucionarias, las del siglo siguiente fueron reaccionarias, como consecuencia de la entrada en la fase imperialista del capitalismo, una época caracterizada por las guerras precisamente, el rearme y el belicismo. Las guerras actuales son inherentes al imperialismo, lo mismo que las revoluciones. “La guerra significa la revolución”, escribió Lenin, lo que a veces se expresa diciendo que “o la revolución impide la guerra, o la guerra desencadena la revolución”.

“El marxismo no es pacifismo”, escribió también. Los marxistas no están “contra la guerra” ni son neutrales dentro de ella, ni se lavan las manos con la excusa de las contradicciones entre unos imperialistas y otros, que se plantean como si se tratara de algo que les resulta ajeno. No se escudan en frases vacías, como la de que no hay imperialismo bueno, o que le resultan indiferentes tanto la victoria como la derrota o expresan el deseo que no haya vencedores ni vencidos. Sólo hay una línea realmente marxista: “En una guerra reaccionaria, una clase revolucionaria no puede dejar de desear la derrota de su gobierno”, afirmó Lenin.

El derrotismo es lo más opuesto posible a la que el chovinismo y patrioterismo burgués quiere arrastrar porque se dirige contra su propio país, por lo que en todas partes los revolucionarios son acusados de traidores, de vendidos al “enemigo” o a unas u otras potencias, frente a las cuales sólo cabe la neutralidad. La burguesía aprovecha la ocasión para acusar a los internacionalistas de “falta de amor a la patria”, una especie de vacío nacional o de raíces, e incluso de desarraigo. Una vez más fue Lenin quien lo tuvo que aclarar: a los bolcheviques “nos invade el sentimiento de orgullo nacional”, escribió en 1914, aunque la Rusia que amaba Lenin no era la zarista precisamente, sino la otra, la que luchaba contra el zarismo.

La postura leninista frente a la guerra también se opone a los reformistas, que se convierten en un apéndice de la propia burguesía, es decir, en socialimperialistas y, por lo tanto, acaban con el internacionalismo, que es el signo distintivo del movimiento obrero

El enemigo de la clase obrera no es otro país, ni mucho menos el proletariado de otro país, sino la burguesía propia, que es la que conduce al país a la guerra y los revolucionarios tratan de derrotar a esa burguesía, de donde deriva la consigna de “transformar la guerra imperialista en guerrra civil”, a la que Lenin califica como “la única consigna proletaria justa”.

“Lo que ve y siente todo obrero consciente es que, si debemos perder la vida, que sea luchando por nuestra propia causa, por la causa de los obreros, por la revolución socialista y no por los intereses de los capitalistas, de los terratenientes y los zares”, escribió.

La neutralidad de los reformistas conduce siempre a la peor de las políticas posibles, la pasividad, que convierte la “lucha” contra la guerra imperialista en frases vacías, tales como “guerra a la guerra”. En medio de una guerra, por reaccionaria que sea, el movimiento obrero internacional, además de tomar partido abiertamente, debe llevar a cabo una actividad práctica, revolucionaria: “Las acciones revolucionarias contra el gobierno propio en tiempos de guerra significan indudable e indiscutiblemente no sólo el deseo de su derrota, sino tambien aportar un concurso activo a esa derrota”.

Incluso dirigentes reconocidas del movimiento obrero, como Rosa Luxemburgo, criticaron el derrotismo de Lenin y sostuvieron que tanto la victoria como la derrota de unos u otros eran malas alternativas, una postura que, por un costado o por el otro, se vuelve a plantear dentro del movimiento obrero internacional, una y otra vez.

Luxemburgo no entendió nunca la postura de Lenin, y la propia prensa del Partido bolchevique llegó a censurar algunos de sus artículos. El derrotismo, escribió Lenin, no se podía plantear sólo desde un punto de vista nacional sino también internacional. Tanto la victoria como la derrota de una determinada potencia en una guerra tiene consecuencias, tanto internas como internacionales.

Por lo demás, el derrotismo que los bolcheviques preconizaban no sólo se refería a Rusia como país, ni tampoco como potencia imperialista. Se refería a la derrota de un régimen político, el zarismo, el enemigo principal de la clase obrera:

“En cada país, la lucha contra el gobierno propio que sostiene la guerra imperialista no debe detenerse ante la posibilidad de la derrota de dicho país como resultado de la agitación revolucionaria. La derrota del ejercito gubernamental debilita a ese gobierno, contribuye a la liberación de las nacionalidades que oprime y facilita la guerra civil contra las clases dirigentes.

“Esta tesis es acertada especialmente si se aplica a Rusia. La victoria de Rusia traería consigo el fortalecimiento de la reacción mundial, la intensificación de la reacción dentro del país…”

Tanto los zaristas como los trotskistas criticaron el derrotismo leninista porque -según decían- deseaba la victoria de Alemania. ¿Acaso los bolcheviques preferían la victoria de los alemanes en lugar de los rusos? Ni entonces ni ahora se entendió que, movido por su partidismo, para Lenin la derrota de Rusia en la guerra era un “mal menor”, una expresión que repite una y otra vez machaconamente: “La derrota de Rusia ha resultado ser el mal menor, ya que hizo avanzar enormemente la crisis revolucionaria”.

Un análisis concreto, como el que lleva a cabo Lenin de la Primera Guerra Mundial, pone de manifiesto que los burgueses, los Estados, los imperialistas o los regímenes políticos de unos u otros países no son equiparables. Hace un siglo para el proletariado internacional era especialmente deseable la derrota del zarismo porque se trataba del gobierno “más reaccionario y bárbaro que oprime al mayor número de naciones y a la mayor masa de población de Europa y Asia”.

Por lo demás, los oportunistas siempre presentan la cuestión a la inversa. La guerra imperialista no sólo concierne al proletariado, sino también a la burguesía. En una etapa de crisis revolucionaria, escribió Lenin, la única manera que tenía el zarismo de mantenerse en el poder era participar en una guerra exterior de la que -naturalmente- confiaban salir victoriosos.

La experiencia histórica confirmó la exactitud de las previsiones de Lenin. La guerra imperialista no sólo inició la crisis revolucionaria en Rusia sino en toda Europa. No benefició a unos imperialistas (los alemanes) en perjuicio de otros (los rusos), sino que debilitó a ambos. Tras las guerras imperialistas en Rusia estallaron tres revoluciones en 1905, en febrero de 1917 y en octubre del mismo año, y lo mismo ocurrió en Alemania, donde también se abrió camino a la revolución.

La salida del gobierno de Cristina Kirchner en Argentina estaba fraguándose desde 2012

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Diego Herchhoren

«A volver, vamos a volver», era el grito de campaña de los simpatizantes de la ex presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner en diciembre de 2015 cuando Mauricio Macri, contra pronóstico, el ex Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires triunfaba en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales argentinas.

La afirmación que acabamos de hacer de «contra pronóstico», es relativa, porque la salida del gobierno kirchnerista se venía fraguando desde hacía tiempo, en un contexto en el cual altos funcionarios del Frente para la Victoria hicieron caso omiso de las múltiples alertas que se venían manifestando ya desde noviembre de 2011, tras el rotundo triunfo de Cristina Fernández en primera vuelta, con el 54% de los votos. Quienes se encargaban de analizar esas alertas, hoy ocupan puestos importantes en el gobierno de Macri, caracterizado por nombrar en su equipo a ex CEO’s de empresas multinacionales.

El contexto

El año 2010 fue un año de intensa movilización política en la Argentina. El año del bicentenario se desarrollaba en un incremento de la popularidad del gobierno kirchnerista por dos materias clave: el incremento del poder adquisitivo de las clases medias (contra la tendencia mundial de empobrecimiento por la crisis de 2008) y la consolidación de América Latina como bloque regional que disputaba la hegemonía de los EEUU en el subcontinente. Era el período en que Néstor Kirchner, presidente de la Nación de 2003 a 2007 pasaba a ser titular de la Unión de Naciones del Sur (UNASUR), que tenía como misión desplazar en la toma de decisiones a la tristemente célebre Organización de Estados Americanos (OEA), avalista de invasiones y golpes de Estado en la historia latinoamericana.

Resultado de imagen de ley de medios argentinaCristina Kirchner incorporaba con diversas medidas sociales a millones de personas al consumo de productos y servicios hasta entonces vedados a las clases populares, y las costas argentinas se poblaban de negros y grasas, en terminología de la derecha. Entre tanto, se generaba una enorme expectación durante ese año por la aplicación parcial de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual o Ley de Medios que abría el principio del fin de la hegemonía mediática del Grupo Clarín, asociado a la Embajada de EEUU. Para colmo, la repentina muerte de Néstor Kirchner en octubre de 2010, conmocionó al país, dando el definitivo espaldarazo a la victoria de Cristina a finales de 2011.
Los pasos que parecían darse apuntaban a cambios profundos en el lugar que iba a tener Argentina hacia fuera y hacia dentro del país. El pueblo argentino es tradicionalmente ajeno a los conflictos y bloques de poder que se disputan el globo. También suele ver desde la lejanía su ubicación en esos juegos, lo que suele conllevar que sean otros quienes decidan dicho lugar. Ha sido durante el gobierno kirchnerista que se empezó a hablar, un poco, de política internacional y de toma de decisiones, pero en general con bastante superficialidad.
El incidente del Globemaster de EEUU abre la escena
Un extraño incidente en el aeropuerto internacional de Ezeiza de Buenos Aires puso sobre la mesa la bicefalía que existió en el gobierno argentino en el año 2011, donde se disputaban el espacio político dos almas. La Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) intervenía a principios de febrero de ese año un avión de la Fuerza Aérea de EEUU que traía al país un «curso de capacitación» para la Policía Federal Argentina junto con armas y drogas no declaradas; estas últimas eran sedantes y sueros a aplicar en interrogatorios y bajo metodologías prohibidas en el país. El citado curso había sido convenido por el Ministro de Justicia Seguridad y Derechos Humanos Julio Alak tiempo atrás, pero la creación en 2010 del Ministerio de Seguridad como cartera autónoma complicó las cosas.

Resultado de imagen de nilda garreEste ministerio de nueva creación sería dirigido por Nilda Garré, militante del Frente Grande e histórica de la izquierda peronista que había tenido un protagonista rol en la depuración de las Fuerzas Armadas argentinas de quienes habían tenido participación en la última dictadura militar. Su nombramiento se precipitó por la muerte del joven militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra a manos de un grupo parapolicial con vínculos con la Policía Federal, mientras participaba de una protesta de trabajadores ferroviarios en las vías del Ferrocarril Roca, que conecta Buenos Aires con La Plata. La conclusión y el mandato de Cristina Kirchner parecía evidente: para evitar una maniobra de desestabilización había que depurar las Fuerzas de Seguridad.

El incidente diplomático del Globemaster se desató pocas semanas después de su toma de posesión, y la fuerza policial que intervino en aquel operativo de análisis del material incautado a los EEUU, la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), no era cualquiera. La PSA es una policía de nueva creación que vino a sustituir durante el gobierno de Néstor Kirchner a la Policía Aeronáutica Nacional (PAN), dependiente de la Fuerza Aérea, y cuyo primer director, Marcelo Saín, se propuso dos premisas: «que ni la DEA [la agencia antidroga norteamericana] ni el FBI pongan un pie acá«. Lo que encontró la PSA en aquella maleta eran armas y drogas difícilmente compatibles con un esquema de seguridad democrática. La cosa era tan grave que los marines que custodiaban aquel bulto se pasaron seis horas sentados sobre ella para que los funcionarios argentinos no pudieran abrirla, hasta que tras diversas gestiones diplomáticas, se accedió a la maleta.

La reacción de Garré a este incidente (supervisado minuto a minuto por Cristina Kirchner) fue rescindir los convenios de colaboración de las cuatro fuerzas federales, PSA, Policía Federal, Prefectura y Gendarmería Nacional con las agencias de EEUU, principalmente el FBI y la DEA. Pero sin embargo, esta medida drástica no fue del todo cumplida, ya que las policías provinciales siguieron contaminadas por la influencia de las agencias policiales de EEUU, con quienes compartían información, seguimientos y de quienes adquirían material policial.

«Vamos por todo»

Con estos antecedentes y con los editoriales de los diarios resaltando esta frase que Cristina Kirchner realizaba en febrero de 2012 en el homenaje a los 200 años de la bandera nacional en la ciudad de Rosario, los medios del monopolio mediático alertaban de una «chavización» del gobierno argentino. Y los hechos parecían darles la razón.

El déficit de la balanza energética nacional, en aquel momento controlada en exclusiva por entidades privadas, motivó en abril de ese año el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que intervenía la ex empresa estatal YPF, en manos de la española Repsol, y la posterior nacionalización del 51% de las acciones.

Resultado de imagen de nacionalizacion de ypfLa escenografía de cómo se desarrollaron los acontecimientos fue electrizante. Por un lado, grupos de militantes y simpatizantes del kirchnerismo poblaron aquellos días tanto la Plaza de Mayo como la Plaza de los Dos Congresos, mientras que el Ministro de Planificación Federal, Julio de Vido acudía acompañado de su escolta de la Policía Federal y varios miembros de su equipo al lujoso edificio del barrio de Puerto Madero para echar personalmente a los ejecutivos españoles. Para colmo, el gobierno español de Mariano Rajoy levantaba la defensa de Repsol como una cuestión de Estado (a pesar no ser una empresa española) y abría una crisis diplomática sin precedentes.

Además, a diferentes episodios del enfrentamiento del gobierno nacional con los factores de poder tradicionales se sumaba la iniciativa presidencial de retomar el histórico reclamo por la soberanía argentina en el archipiélago de Malvinas. Es decir, el país se polarizaba y se generaba un debate nacional sobre aspectos clave de la economía donde empezaron a discutirse, tímidamente, la distribución de la riqueza, el sistema de transportes, derechos civiles, el modelo productivo, etc.

Los camioneros entran al plató

El sindicato de camioneros, conducido por el histórico dirigente de la CGT Hugo Moyano, había sido hasta este momento un aliado imprescindible del kirchnerismo. Se trataba de un gremio que creció al costado del crecimiento económico general, ya que el aumento de la producción interna y la amplia demanda vino acompañada de enormes inversiones en transporte por carretera.

Moyano es uno de esos dirigentes sindicales que se mueve entre el obrerismo y la mafia. Lidera un conglomerado gremial con inversiones en el transporte por carretera, salud o el turismo que podía verse afectado por otro problema que acuciaba al comercio interior: los sobrecostes del transporte por camión.

El gremio de camioneros es una rama de la CGT que fue amamantada por los Estados Unidos a partir de la caída de Juan Domingo Perón en 1955. En aquél entonces, el sistema de transporte argentino estaba basado en la política autárquica del peronismo y con un fuerte desarrollo del ferrocarril como transporte de cargas y pasajeros barato para un país de enormes dimensiones. En 1956, los EEUU se veían en el problema de dar salida a la industria militar de posguerra, viendo en la fabricación de coches y camiones una alternativa de reconversión de su maquinaria de guerra, necesitando crear mercados compradores de todos sus excedentes de producción.

Desalojado y perseguido el peronismo, Argentina adopta a partir de los años 60 un plan ideado por el general norteamericano Thomas Larkin para incorporar paulatinamente el camión y hacer desaparecer el ferrocarril. Por esta razón histórica, el gremio de camioneros ha estado vinculado, al igual que en Chile o Brasil, a las peores políticas y represiones en la historia argentina. El mismo Hugo Moyano fue en los 70 miembro de la Triple A en Bahía Blanca, participando de los operativos donde fueron asesinados y agredidos varios militantes de la izquierda peronista, según el testimonio del ex militante del PST Carlos Petroni.

Los trailers bloquean las refinerías de YPF

En junio de 2012, tras varias amenazas y tira y aflojas de la CGT con el gobierno argentino, Hugo Moyano hace un sorprendente anuncio desde los estudios del canal TN, vinculado al grupo Clarín. Convoca a un paro nacional al que se adherirían los principales gremios del transporte, además del sindicato de camioneros, en lucha por un difuso horizonte salarial que no se concreta pero que viene cargado de reproches políticos hacia el gobierno de Cristina Kirchner.

El 19 de junio de 2012, piquetes alineados con Moyano empiezan a bloquear las refinerías de YPF en lo que viene a ser el primer paro nacional contra la flamante empresa nacional. Es la reacción de un gremio estratégico a una decisión de amplia popularidad. El objetivo era crear un clima de desabastecimiento y generar pánico entre las clases medias porteñas y cordobesas, que demandaran un cambio de gobierno con recetas de mano dura.

Moyano contaba al principio con el apoyo de los sindicatos ferroviarios (UTA y La Fraternidad), que serían los que permitirían inclinar la balanza, pero la escasa popularidad del paro hizo que se bajaran de la huelga, fracturándose la CGT en dos escisiones.

Prefectura y Gendarmería Nacional se amotinan

Hasta el mes de octubre de 2012, las fuerzas de seguridad federales tenían un amplio control y capacidad de autoorganización en el manejo de fondos. De hecho, un jefe policial podía inclusive decidir sobre los sueldos de sus subordinados con bastante discrecionalidad. La cuestión es que el último día hábil del mes de septiembre, prefectos y gendarmes se encontraron que la liquidación de sus haberes contenía drásticas reducciones inexplicables, y con el paso de las horas la cosa empezaba a calentarse. 
El diario La Nación, el histórico medio de la oligarquía nacional, publicaba una catarata de noticias que advertía de la extensión de un amotinamiento de personal de las fuerzas de seguridad al interior del país, y al Ministerio de Seguridad llegaban faxes de destacamentos de todo el interior que se sumaban al amotinamiento. Para colmo (y sin que les afectara esta reducción salarial), la Policía Bonaerense, que no dependía del Estado sino del gobierno provincial, iba a realizar protestas parecidas «en solidaridad con los compañeros».

La dirigente trotskysta Vilma Ripoll, que se acercó al Edificio Guardacostas (situado a 500 metros de la Casa Rosada, sede de la Presidencia) a solidarizarse con los «compañeros prefectos» fue agredida y expulsada de la toma al grito de «zurda de mierda».

Resultado de imagen de amotinamiento gendarmeria 2012

Y puntualicemos algo. La Gendarmería Nacional estaba dirigida en ese momento por el que fuera oficial de enlace en los 90 del dispositivo Gendarmería-DEA para la lucha antidroga, Hector Schenone, amigo de la embajada de EEUU y uno de los asistentes a los «cursos» que la agencia norteamericana hacía a las policías latinoamericanas en aquella infame década.

Una liquidación salarial indebida en un cuerpo de estas características era evidente que iba a sublevar a la tropa. Se hizo una liquidación errónea de los sueldos con el único fin de promover un amotinamiento que impusiera condiciones políticas al gobierno de Cristina Kirchner y que desplazara a la «vieja montonera» Nilda Garré. Y lo consiguieron.

Si bien Nilda Garré siguió siendo titular durante un tiempo más del Ministerio de Seguridad, la toma de decisiones se desplazó a un político de un perfil muy distinto, el médico militar Sergio Berni, quien desde marzo ya había sido nombrado Secretario de Seguridad. Berni fue un ex militar que participó y simpatizó con el movimiento militar carapintada, que en los años 80 había protagonizado varias sublevaciones en protesta contra los juicios por los crímenes que el propio Ejército había protagonizado durante la última dictadura. Lo vendieron como un «político duro y pragmático», pero lo cierto es que tras su pose fascistoide se encubría un rediseño de la política de seguridad que restablecía la autonomía que las fuerzas policiales habían perdido con la gestión de Garré, algo que los EEUU venían demandando insistentemente.

Era la victoria más importante de la Estación de la CIA en Buenos Aires.

La agitación callejera

Curiosamente, días antes de esta asonada policial, el fiscal federal Luís Horacio Comparatore abría una investigación preliminar donde advertía que se estaban produciendo tanto en Capital Federal como en el conurbano bonaersense una serie de episodios que podrían deberse a un «plan de desestabilización». Comparatore cruzó varios datos de caos organizado en hospitales públicos y de delincuencia callejera que se habrían producido con connivencia policial.

«Nuestra modesta experiencia es que siempre cuando se empiezan a movilizar las aguas, es porque hay un viento que sopla de algún lado. Es mucha casualidad que de golpe estando la Presidenta en el exterior, (aparezcan) los cacerolazos…«, afirmó entonces el fiscal a varios medios de comunicación. Incluso varios dirigentes políticos del kirchnerismo fueron escrachados en sus domicilios por grupos de la derecha.

Parecía un guión preestablecido, que culminaría con una gigantesca movilización el 8 de noviembre de 2012, que todas las radios y medios de comunicación del Grupo Clarín se encargaron de agitar. Al año siguiente, los organizadores de aquellas protestas reconocieron que recibían financiación de la American Task Force Argentina, el lobby de fondos buitre de EEUU en el país, perjudicados por la política económica proteccionista de Cristina Kirchner.

Epílogo

 El año concluía con imágenes que siempre han tenido un impacto emocional en la sociedad argentina: los saqueos de supermercados. San Fernando, Zárate y Bariloche eran epicentros de una violencia inusitada que tuvo un saldo de 11 muertos, entre ellos un policía, por disparos tanto de fuerzas de seguridad como seguridad privada.

En un país donde el consumo se encontraba en niveles récord, asociar los saqueos a la pobreza parecía un despropósito, independientemente de la simpatía o antipatía que el lector pueda tener con el kirchnerismo.

El año 2012 fue un año de imposición de condicionantes que forjaron el futuro del gobierno argentino, y sus dirigentes no quisieron darse cuenta.

Una nota para concluir: El Brigadier Mayor (R) del Ejército de los Estados Unidos Richard
Goetze, uno de los especialistas estadounidenses en Seguridad Nacional,
Guerra No Convencional y Operaciones de Información, fue uno de los asesores contratados por el ministro de defensa Arturo Puricelli en octubre de 2012 para entrenar a tres docenas de funcionarios civiles de su cartera que versaba sobre la necesidad de emplear a las Fuerzas Armadas en la seguridad interior, algo prohibido en Argentina precisamente por la experiencia de la dictadura militar y por la UNASUR, pero claro, el empleado norteamericano fue agregado militar en la Argentina durante los peores años del terrorismo de Estado.

Durante el año 2012, la agregaduría de defensa de la Embajada norteamercana en Buenos Aires era dirigida por el coronel Patrick D.
Hall, quien estaba asignado en Caracas cuando el presidente Hugo
Chávez denunció la injerencia militar estadounidense en la política de
su país y que condujo al posterior golpe dirigido por Pedro Carmona Estanga en abril de 2002.

En Argentina no hizo falta llegar a tanto. Fueron los extraños compañeros de cama que hay en el peronismo los que contribuyeron a que los años venideros impusieran un giro a la derecha del kirchnerismo que terminó como tenía que terminar.



El golpe de Estado contra Trump sigue ganando terreno en Washington

Peter Strozk pone voz a las mentiras del FBI
La filtración a Wikileaks de 30.000 correos electrónicos de la secretaria de Estado Hillary Clinton forma parte integrante del montaje del “Candidato Manchú” orquestado en 2016 por determinadas fuerzas políticas en Washington para oponerse a la política experior que quiso implementar el nuevo gobierno de Trump.

Lo mismo que la intrusión en los servidores del Partido Demócrata, según la campaña de intoxicación fue un ataque de Rusia para impedir que Clinton llegara a la Casa Blanca.

A mediados de este mes Peter Strozk, el policía del FBI que investiga este caso, fue interrogado en la Cámara de Representantes de Washington y confirmó lo que los congresistas querían oir: los rusos espiaron los correos electrónicos de Clinton, a pesar de que en la audiencia Louis Gohmert, representante por Texas le dijo que el país “extranjero” implicado en el espionaje a Clinton “no está vinculado a Rusia”.

A Strozk los congresistas le dijeron muchas cosas, como que la filtración era una grave chapuza, una violación de las normas de seguridad por parte de Clinton, que se estaba tratando de camuflar con el consabido escándalo ruso. En plena campaña electoral no se podía decir que la candidata había creado un enorme agujero de seguridad.

Menos cuatro de ellos, los 30.000 correos estaban dirigidos “en abierto” a direcciones que no estaban en la lista de distribución, según el Inspector General de la Comunidad de Inteligencia, Chuck McCullough, lo cual no excluye la averiguación de los “extranjeros” que los capturaron. ¿Quiénes fueron?

Parece que fue una operación de piratería de China, que penetró en el sistema informático desprotegido de la secretaria de Estado y capturó el tráfico de su correo electrónico, miles de mensajes. El Inspector General de la comunidad de inteligencia informó de ello a Strozk cuando le encargaron la investigación del escándalo, pero decidió ignorarlo.

China, pues, ocupa un segundo plano en las preocupaciones de Washington. Strozk y los demás (FBI, CIA, NSA) sabían desde el primer momento quién había capturado los correos, pero se callaron porque necesitaban seguir con la farsa rusa para bloquear las relaciones entre Trump y Puntin.

Durante dos días de audiencia a puerta cerrada Page reveló detalles del encubrimiento que de la filtración ha venido haciendo el FBI, por lo que Strzok y sus jefes (James Comey, Andrew McCabe, Bill Priestap) han sido acusados de ocultar información, mientras el grueso de los parlamentarios y los principales medios de comunicación siguen atacando continuamente a Rusia.

Al día siguiente de la cumbre de Helsinki entre Trump y Putin se produjo otra muestra del clima imperante en Washington contra Trump. El general de cuatro estrellas de la Fuerza Aérea que dirigió tanto a la CIA como a la NSA, Michael Hayden, dijo lo siguiente:

“Entre bastidores, secciones del ejército activo, espías de la CIA y ex jefes de importantes agencias de inteligencia estadounidenses discuten qué hacer con Donald Trump. Si los militares lanzaran un golpe de estado contra Trump, no hay duda de que los dirigentes del Partido Demócrata se unirían detrás de una junta estadounidense”.

Las presiones han sido tan fuertes que Trump ha tenido que dar otro paso hacia atrás: desmentir, aclarar, matizar… En Washington el golpe de Estado no se ha detenido a lo largo de estos dos años. Más bien da la impresión de que va ganando terreno.

El papel de las ONG en las nuevas tácticas golpistas del imperialismo

En los últimos años han estallado varias “revueltas” en todo el mundo. Aunque todas tienen sus propias características, la mayoría de ellas tienen una cosa en común: la presencia durante los eventos, pero también aguas arriba, de varias ONG estadounidenses. Tienen dos caras. Uno es aparente: democratización, lucha contra la corrupción y defensa de los derechos humanos. El otro es desestabilizar los países en los que operan y promover los interses del imperialismo.

Aunque no ocultan sus actividades, siguen siendo muy poco conocidas, por lo que vamos a presentar cuáles son esas ONG y sus métodos de actuación.

La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) es una agencia federal independiente creada en 1961. Está organizada en torno a nueve oficinas especializadas, una de las cuales se dedica a la “promoción de la democracia”. Por una parte, financia a los extranjeros que llevan a cabo proyectos democráticos en sus países y, por la otra, a otras ONG estadounidenses para que pongan en marcha sus propios proyectos relacionados con la democracia.

El National Endowment for Democracy (NED) es una organización privada bipartidista sin fines de lucro. Creada en 1983, también tiene como objetivo promover la democracia. Para ello actúa de tres maneras. Publica trimestralmente Journal of Democracy, que se centra en el estudio teórico de la democracia y en el análisis más práctico de los movimientos prodemocráticos en todo el mundo; financia a actores estadounidenses o extranjeros que tienen objetivos compatibles con los suyos propios y financia a cuatro ONG norteamericanas afiliadas a él que desarrollan proyectos supervisados sobre el terreno. Son las siguientes:

1) El Instituto Republicano Internacional (IRI), que se ocupa de los movimientos políticos y de la sociedad civil de derecha en el extranjero. De este modo, puede contribuir a la creación o al desarrollo de un partido político o de un observatorio electoral, a la formación de un candidato a las elecciones, a la educación cívica o al establecimiento de movimientos estudiantiles. Esto puede ser simple asesoramiento, financiación o incluso el suministro de equipos informáticos, educativos y de ropa (camisetas, insignias, pegatinas con la efigie del movimiento). A pesar de su orientación ideológica, el IRI se presenta como no partidista y por lo tanto independiente del Partido Republicano.

2) El Instituto Nacional Demócrata (NDI) es la ideología opuesta al IRI: trata con los llamados movimientos de izquierda. Por otro lado, en términos de su funcionamiento, se le parece mucho: también se presenta como no partidista y por lo tanto independiente del Partido Demócrata y sus acciones son del mismo orden.

3) El Centro para la Empresa Privada Internacional (CIPE) es la tercera ONG afiliada a la NED. Para fortalecer la democracia, el CIPE desarrolla proyectos con empresarios y políticos extranjeros para llevar a cabo reformas orientadas al mercado y a la empresa privada. También ayuda en la lucha contra la corrupción.

4) El Centro Americano para la Solidaridad Laboral Internacional (ACILS), también llamado Centro de Solidaridad, tiene como objetivo fortalecer la democracia en el mundo, a través de los sindicatos, mediante el desarrollo del poder económico y político de los trabajadores.

Fundada en 1983 por Gene Sharp, la Institución Albert Einstein (AEI) es una organización sin ánimo de lucro que tiene como objetivo difundir la democracia en todo el mundo mediante el estudio de métodos de acción no violenta y su uso en conflictos pasados para fomentarlos para el presente y el futuro. Para llevar a cabo su misión, la AEI publica numerosos escritos, disponibles gratuitamente en varios idiomas en su sitio web. De la dictadura a la democracia es la referencia de LA organización. Sharp describe 198 métodos no violentos que pretenden convertir los pilares del apoyo a una dictadura, como la policía, el partido, la justicia y los medios de comunicación serviles, en debilidades. Estos incluyen demostrar, comunicar en masa, confraternizar con las fuerzas de seguridad ofreciendo flores o comida, y usando logotipos y eslóganes fuertes. Estos métodos deben permitir presionar al líder, pero también atraer la simpatía, o incluso el apoyo, de la opinión pública internacional, de los medios de comunicación extranjeros y de algunos gobiernos, para derrocar al gobierno en el poder. La AEI también entra en contacto directo con algunos disidentes extranjeros para formarlos en estos métodos.

Finalmente, Freedom House, fundada en 1941, es una organización privada, no partidista y sin fines de lucro que promueve la democracia mediante la asistencia a iniciativas no violentas en países donde las libertades están restringidas. Para ello se utilizan dos procesos. En primer lugar, Freedom House escribe muchos informes, que a lo largo de los años han ganado cierto peso, como se lee, por ejemplo, en la ONU. En segundo lugar, financia a los defensores de los derechos humanos y a los líderes de la sociedad civil en el extranjero, en particular para la formación con la AEI, así como con los medios de comunicación.

Estas diferentes ONG ofrecen diferentes tipos de asistencia: financiera (USAID, IRI, NDI, CIPE, ACILS, Freedom House); organizativa (USAID, IRI, NDI, CIPE, ACILS); de visibilidad (NED, Freedom House); material (IRI, NDI, CIPE, ACILS) y técnica (AEI). Se han comprometido presupuestos considerables. En 2011, fueron 1.800 millones de dólares para la Oficina de Democracia de USAID, 136 millones de dólares para NED, 75 millones de dólares para IRI, 148 millones de dólares para NDI, 19 millones de dólares para CIPE, 30 millones de dólares para ACILS, un millón de dólares para AEI y 40 millones de dólares para Freedom House.

Dado que algunas organizaciones son financiadas parcialmente por otras, la suma total no corresponde a la suma de esos presupuestos. Sin embargo, esto sigue siendo muy importante, sobre todo teniendo en cuenta que la tendencia presupuestaria de los últimos años va en aumento para la mayoría de estas ONG. Esta financiación mutua (especialmente de USAID y la NED) revela que, lejos de actuar de forma independiente, todas estas ONG están forjando vínculos y colaborando entre sí. Se trata, pues, de una verdadera red de promoción del imperialismo, compuesta por actores complementarios, en pleno desarrollo y dotados de medios financieros muy importantes.

Con el fin de promover el imperialismo, esta red de ONG ha establecido una especie de escenario modelo que aplica más o menos estrictamente en todo el mundo. Consta de varios pasos. La primera es elegir prioridades. Mientras que estas ONG están activas en casi 100 Estados del mundo, no están activas de la misma manera en todas partes. Fijan objetivos prioritarios y, en función de estos objetivos, afectan a diferentes medios de un lugar a otro.

En los últimos años, un número significativo de países se ha convertido en escenario de acontecimientos vinculados a las prioridades establecidas por esta red de ONG americanas. En 2000 la “revolución de las excavadoras” derrocó a Slobodan Milosevic en Serbia; un intento de golpe de Estado contra Hugo Chávez fracasó en Venezuela en 2002; en Georgia, la “revolución de las rosas” derrocó a Edward Shevardnadze en 2003; en 2004 le tocó el turno a Viktor Yanukovich, que fue derrocado por la “revolución naranja” en beneficio de su rival Viktor Yushchenko; la “revolución de los tulipanes” de 2005 derrocó a Askar Akayev en Kirguistán; el mismo año la “Revolución del Cedro” derrocó al gobierno pro-sirio en el Líbano; en 2009 la “revolución verde” trató de derrocar al presidente Mahmud Ahmadineyad, que acababa de ser reelegido; la “revolución jazmín” derrocó al régimen de Zine el-Abidine Ben Ali; en 2012 Hosni Mubarak fue destituido del poder en Egipto y la “revolución blanca” tampoco logró derrocar a Putin en Rusia.

Una vez establecidas las prioridades, las ONG identifican a los actores locales con los que cooperarán. Sólo entonces se proporcionará asistencia financiera, organizativa, de visibilidad, material o técnica a los actores seleccionados, dependiendo del ámbito de competencia de la ONG activa en el país en cuestión.

Los acontecimientos mencionados anteriormente están vinculados a toda una serie de actores locales que estuvieron en contacto con una u otra de estas ONG americanas o incluso obtuvieron ayuda de ellas. En Serbia, por ejemplo, Vojislav Kostunica, sucesor de Milosevic, recibió asistencia del NDI, mientras que el movimiento estudiantil Otpor («Resistencia»), que lideró la protesta popular, fue asistido por el IRI y el AEI. Tras el éxito y la eficacia de Otpor, Freedom House contrató a varios de sus ejecutivos para fundar el Centro de Estrategias de Acción No Violenta Aplicada (CANVAS), que desde entonces ha ofrecido una formación similar a AEI. En Venezuela, el sindicato patronal Fedecámaras, que lideró la protesta y del que Pedro Carmona ocupó el lugar de Chávez durante dos días, contó con el apoyo del CIPE, mientras que USAID ofreció su ayuda al canal de televisión RCTV para llevar a cabo una verdadera propaganda contra Chávez durante el golpe. En Georgia, Saakashvili, que llegó al poder después de Shevardnadze, fue apoyado por el NDI y Kmara, un movimiento estudiantil que dirigía una protesta popular, estaba cerca del NDI, el AEI y CANVAS. El Ioutchenko ucraniano pudo contar con la ayuda del IRI y Pora, el movimiento estudiantil de protesta, el NDI, el AEI y CANVAS. Lo mismo ocurrió con el movimiento estudiantil KelKel en Kirguistán, mientras que el periódico de oposición MSN fue apoyado por Freedom House. En Líbano, el movimiento popular «Alianza del 14 de marzo», que ganó las elecciones organizadas tras la dimisión del gobierno pro-sirio, fue apoyado por el NDI y el AEI. En Irán, la NED ayudó a Freedom Of Information, una organización estadounidense que trabaja para mejorar la difusión de información por parte de los opositores políticos iraníes, mientras que la AEI y CANVAS apoyó a algunos disidentes y ciberdisidentes. La Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT), un sindicato activo durante la movilización popular contra Ben Ali, recibió asistencia de ACILS y varios disidentes y ciberdisidentes fueron asistidos por el NDI, AEI y CANVAS. En Egipto, el Movimiento 6 de abril recibió asistencia de USAID, NDI, Freedom House, AEI y CANVAS. Finalmente, el movimiento de protesta ruso Da, liderado por jóvenes activistas, recibió el apoyo del NED.

A través de los movimientos ciudadanos, compuestos esencialmente por jóvenes, son capaces de reunir un importante movimiento popular. Luego, para que los actores locales en contacto con las ONG puedan pasar a la acción, debe haber un detonante, en la mayoría de los casos elecciones. Si el dirigente en el poder gana, los actores locales denuncian los fraudes electorales con el fin de movilizar a la población para que exijan su salida (Serbia, Georgia, Ucrania, Kirguistán, Irán, Rusia). Pero el detonante es a veces diferente: una manifestación que degenera (Venezuela), el asesinato de una personalidad (Líbano con el ataque a Rafiq Hariri), el suicidio simbólico de un anónimo (Túnez), sin olvidar el famoso “efecto dominó” (Egipto).

Una vez que se ha producido el desencadenante, los acontecimientos observados en los distintos países son muy similares. Así, un movimiento popular se hace cargo de la dirección de la protesta y desarrolla una doble campaña. Una negativa, que consiste en responsabilizar al dirigente en el poder de todo lo que se denuncia (corrupción, censura, falta de libertad, pobreza); la otra positiva, para movilizar al máximo a la población. Para ello, el movimiento utiliza las técnicas de la AEI: una serie de manifestaciones pacíficas, confraternización con la policía, comunicación de masas, un mensaje único y claro contra el dirigente, el uso de un logotipo fácilmente identificable, que se puede encontrar en casi todas partes en el campo de acción.

Esta red de ONG estadounidenses promueven los intereses del imperialismo en todo el mundo y han demostrado ser eficaces. El movimiento “popular” creado, financiado y asistido por la red a menudo logra ejercer tal presión sobre el Estado que finalmente los que están se ven obligados a abandonar sus puestos en beneficio de otros, más sumisos.

Estados Unidos financia el Golpe de Estado en Nicaragua

Mientras algunos medios de comunicación corporativos han retratado al violento movimiento de protesta que atrapa a Nicaragua como una corriente progresista de base, los propios estudiantes del país han dejado ver todo lo contrario.

A principios de junio, un reducido grupo de activistas opositores de Nicaragua fueron a reunirse a Washington, con la cabeza del grupo derechista de defensa del Estado estadounidense Freedom House. El grupo opositor, conocido como M19, estaba allí para suplicar a Donald Trump y otros funcionarios de derecha del gobierno de Estados Unidos que los ayudaran en su lucha contra el presidente nicaragüense Daniel Ortega.

En una gira a la capital de Estados Unidos, los dirigentes del M19 posaron para las fotos con algunos de los neoconservadores más notorios del Congreso de Estados Unidos: los senadores Ted Cruz y Marco Rubio y la representante Ileana Ros-Lehtinen. Los M19 también fueron guiados a las reuniones con altos funcionarios del Departamento de Estado y la organización de poder bélico USAID. Allí, se les aseguró que contarían con el apoyo rotundo de Washington.

Un mes antes de las reuniones del M19 con legisladores ultraconservadores en Washington, una publicación financiada por el brazo de cambio de régimen del gobierno de Estados Unidos, National Endowment for Democracy (NED), afirmó sin rodeos que las organizaciones respaldadas por NED han pasado años y millones de dólares “sentando las bases para la insurrección” en Nicaragua.

Este artículo que se jacta abiertamente de la intromisión de Estados Unidos se publicó en el sitio web de noticias enfocado en América Latina, Global Americans, y fue escrito por el académico estadounidense Benjamin Waddell, director académico de la Escuela de Capacitación Internacional en Nicaragua.

Después de la publicación de este artículo, Global Americans reemplazó el término ”insurrección” con la palabra más inocua ”cambio”. Sin embargo, el título original aún se puede ver en la URL del artículo.

A pesar de la alteración cosmética, el artículo de Waddell ofrece una evaluación notablemente sincera del impacto de las inversiones sostenidas de National Endowment for Democracy en la sociedad civil nicaragüense. Las conclusiones del autor se hicieron eco inadvertidamente de las del presidente nicaragüense Daniel Ortega y sus partidarios, que han enmarcado las protestas como una trama cuidadosamente montada respaldada hasta los dientes por Washington.

“La prensa internacional describió la rápida escalada de disturbios civiles en Nicaragua como una explosión espontánea de descontento colectivo, desencadenada por los cambios del gobierno al sistema de seguridad social”. Waddell escribió que “cada vez es más claro que el apoyo de Estados Unidos ha ayudado a desempeñar un papel en el fomento de los levantamientos actuales”.

En otro pasaje llamativo, concluyó Waddell, “la participación actual de la NED en nutrir a los grupos de la sociedad civil en Nicaragua arroja luz sobre el poder de la financiación transnacional para influir en los resultados políticos en el siglo XXI”.

El NED es un agente del poder blando de Estados Unidos que se ha metido en asuntos de otros países desde su fundación en el apogeo de la Guerra Fría en 1983. Su primer éxito tuvo lugar en Nicaragua, donde incubó trajes anti sandinistas como el diario La Prensa a través de un recorte, PRODEMCA, que también fue financiado encubiertamente por aliados de Oliver North.

En 1990, los sandinistas fueron derrotados en las urnas por la candidata derechista Violeta Chamorro, cuya familia era dueña de La Prensa. La victoria de Chamorro representó la culminación de casi 16 millones de dólares en subvenciones de NED a partidos políticos y medios de comunicación antisandinistas.

“Mucho de lo que hacemos hoy fue hecho encubiertamente hace 25 años por la CIA”, comentó Allen Weinstein, fundador de la NED, en 1991.

En los años que siguieron, la NED y sus socios han ayudado a impulsar las elecciones para los candidatos neoliberales de derecha en Rusia y Mongolia en 1996; fomentó un golpe que expulsó del poder al presidente democráticamente electo de Haití, Jean Bertrand Aristide; y dirigió a millones hacia el desmantelamiento del gobierno socialista de Venezuela, un esfuerzo continuo complementado por aplastamiento de las sanciones de Estados Unidos.

Las protestas que han estallado en Nicaragua han vuelto a enfocar la influencia del NED. Según Waddell, la NED ha gastado 4,1 millones de dólares en el país desde 2014, ayudando a que 54 grupos se conviertan en actores importantes en la escena política y ”sentando las bases para la insurrección”.

La red respaldada por Estados Unidos detrás de las protestas

Los disturbios que paralizaron a Nicaragua fueron provocados por el anuncio de reformas al sistema de seguridad social. El Fondo Monetario Internacional y un grupo paraguas de empresas locales insistieron en cambios que elevarían la edad de jubilación y privatizaron gradualmente las clínicas de salud, amenazando algunas de las ganancias más importantes de la revolución sandinista.

Cuando Ortega respondió con una propuesta que habría exigido una mayor contribución al sistema por parte de las empresas y los jubilados, con los dueños de negocios pagando la mayor parte, un sector del público explotó con indignación.

Las caras más visibles del movimiento anti Ortega no han sido los jubilados afectados por las reformas de la seguridad social, sino los estudiantes urbanos, políticamente no afiliados, que buscan una victoria total y han forjado una alianza con los opositores de la derecha.

Mientras tanto, hombres enmascarados con morteros y armas de fuego han formado la primera línea de los bloqueos viales que ya han drenado la economía de Nicaragua de unos 250 millones de dólares en ingresos. Hasta la fecha, unas 170 personas han sido asesinadas en el caos. A medida que aumenta el número de muertos en ambos lados, hablar de una nueva guerra civil parece una posibilidad más que remota.

Desde que comenzaron los disturbios, la NED tomó medidas para ocultar los nombres de los grupos que financia en Nicaragua con el argumento de que podrían enfrentar represalias del gobierno. Pero los principales receptores del respaldo de Washington ya eran bien conocidos en el país.

“Hagamos Democracia” (Let’s Make Democracy) es el mayor receptor de fondos NED, cosechando más de 525.000 dólares en subvenciones desde 2014. El presidente del grupo, Luciano García, que supervisa una red de reporteros y activistas, ha declarado que Ortega ha convertido a Nicaragua en un ”Estado fallido” y exigió su renuncia inmediata.

El Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (IEEPP) de Managua, cuyo presidente es Félix Maradiaga, recibió al menos 260.000 dólares del NED desde 2014. Las subvenciones se destinaron a apoyar el trabajo del IEEPP en la capacitación de activistas para “fomentar el debate y generar información sobre seguridad y violencia”. La financiación también cubrió los esfuerzos para rastrear la “mayor presencia de Rusia y China en la región”, una prioridad obvia para Washington.

Tan pronto como se iniciaron las violentas protestas contra Ortega, el director de IEEPP, Félix Mariadiaga, sacó a la luz su agenda. Antiguo dirigente mundial del Young World Forum educado en Yale y Harvard, fue elogiado por La Prensa por “sudar, sangrar y llorar junto a los jóvenes estudiantes que han encabezado las protestas en Nicaragua que continúan desde abril hasta finales de mayo”.

Cuando La Prensa le preguntó si había alguna forma de salir de la violencia sin un cambio de régimen, Mariadaga fue franco: “No puedo imaginar una salida en este momento que no incluya una transición a la democracia sin Daniel Ortega”.

‘Nos hemos dado una imagen terrible’

Este junio, Mariadaga dirigió una delegación de oposición a Washington para denunciar el gobierno de Ortega ante la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos. A él se unió Anibal Toruno, director de Radio Darío, otro receptor de apoyo desde hace mucho tiempo de NED y uno de los centros clave de los medios anti Ortega en la ciudad nicaragüense de León.

Mientras Mariadaga estaba en Washington, la policía nicaragüense lo acusó de supervisar una red criminal organizada que ha asesinado a varias personas durante los violentos disturbios que se han apoderado del país. Mariadaga criticó las acusaciones como una ”persecución política” y una “acusación ridícula”, pero pospuso su regreso a Nicaragua. El Departamento de Estado de Estados Unidos lo respaldó con una declaración de apoyo vehemente.

Al mismo tiempo, un grupo de manifestantes de las protestas contra Ortega estaban en Washington para presionar al gobierno de Trump en busca de ayuda para derrocar al dirigente de su país.

Entre los funcionarios de Estados Unidos que recibieron a los estudiantes figura el director de USAID, Mark Green. “Necesitamos apoyar a aquellos que defienden las cosas en las que debemos creer”, dijo Green sobre los estudiantes, en una entrevista con McClatchy .

Además de NED, USAID ha sido el promotor más activo del cambio de régimen contra los gobiernos de orientación socialista en América Latina. En Nicaragua, el presupuesto de USAID superó los 5.2 millones de dólares en 2018, con la mayoría de los fondos destinados a la capacitación de la sociedad civil y las organizaciones de medios.

El viaje de los estudiantes nicaragüenses a Washington fue financiado por Freedom House, un socio de NED financiado por el gobierno de Estados Unidos cuya agenda típicamente se alinea con el ala neoconservadora de los gestores de la política exterior estadounidense.

Freedom House elaboró un itinerario para los estudiantes que culminó con una sesión fotográfica con algunos de los republicanos más belicosos de Washington: los senadores Ted Cruz y Marco Rubio, y la representante Ileana Ros-Lehtinen.

De regreso en Managua, otra prominente dirigente estudiantil, Harley Morales, se tambaleó con disgusto ante la aparición de sus compañeros en el Capitolio. “Fue terrible”, dijo Morales al periódico El Faro. “Ellos (Cruz, Rubio y Ros-Lehtinen) son la derecha republicana extrema. Estamos muy descontentos con este viaje; fueron pagados por Estados Unidos y se les impuso una agenda. Nos hemos dado una imagen terrible”.

Aunque esperaba “un plan de corrección de errores”. Morales admitió que el control de poderosos intereses externos sobre los manifestantes estudiantiles era cada vez más estricto. “Todos los movimientos ahora tienen asesores”, se lamentó. “Motores y agitadores. Hijos de políticos, empresarios… Tienen una línea política muy clara”.

Max Blumenthal http://resistenciadigitalnews.blogspot.com/2018/06/periodista-max-blumenthal-destapa-el.html

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